PARTE TRES
“CRIAD A VUESTROS HIJOS EN LUZ Y VERDAD”
Padres, Sacerdocio e Hijos
CAPÍTULO ONCE
Miles de Puntos de Amor
SER BUENOS PADRES ES el mayor desafío del mundo. Sobre este asunto, existen tantas opiniones como padres, aunque son pocos los que afirman tener todas las respuestas. Yo, ciertamente, no las tengo.
Siento que actualmente hay más jóvenes notables entre nuestro pueblo que en cualquier otra época de mi vida. Creo que muchos de esos maravillosos jóvenes provienen de buenos hogares y han sido bendecidos con padres dedicados y cariñosos. Aun así, incluso los padres más conscientes sienten que han cometido muchos errores. En una ocasión, cuando hice una tontería, recuerdo que mi madre exclamó: “¿En qué me habré equivocado?”
El Señor ordenó: “[Criad] a vuestros hijos en luz y verdad” (D. y C. 93:40). Para mí, no hay logro humano más importante. Ser padre o madre no es solamente un gran desafío, sino un llamamiento divino. Es una labor que exige consagración. El presidente David O. McKay declaró que ser padre o madre es “la mayor prueba de confianza” que le fue dada al ser humano.
Aunque pocos desafíos humanos son mayores que el de ser buenos padres, pocas oportunidades ofrecen mayor potencial de gozo. Sin duda, no hay labor más importante que preparar a nuestros hijos para que sean temerosos de Dios, felices, honorables y productivos. Los padres no hallarán mayor felicidad que la de ver a sus hijos honrarlos y seguir sus enseñanzas. Esa es la gloria de la paternidad. Juan testificó: “No tengo mayor gozo que este: el de oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 1:4).
En mi opinión, la enseñanza, la educación y la crianza de los hijos exigen más inteligencia, comprensión intuitiva, humildad, fortaleza, sabiduría, espiritualidad, perseverancia y arduo trabajo que cualquier otro desafío de la vida. Esto es particularmente cierto en esta época en que los fundamentos morales del honor y la decencia se están degradando a nuestro alrededor. Para tener un hogar exitoso, necesitamos enseñar valores. Debe haber reglas y normas, y estas tienen que ser absolutas. Muchas comunidades dan a los padres poco apoyo en la enseñanza y en la valoración de principios morales. Ciertas culturas están perdiendo prácticamente todos sus valores, y muchos jóvenes de esos entornos están volviéndose escépticos en cuanto a la moralidad.
Al ver que la sociedad en su conjunto se degenera y pierde su identidad moral, y que muchos hogares se deshacen, nuestra mejor esperanza está en dedicarnos más y prestar mayor atención a la enseñanza de la nueva generación, que son nuestros hijos. Para ello, en primer lugar es necesario que los maestros de nuestros hijos sean fortalecidos. Entre ellos, los más importantes son los padres y otros familiares, y el mejor ambiente para ese aprendizaje debería ser el propio hogar. Necesitamos esforzarnos con más empeño, usando todo lo que esté a nuestro alcance para fortalecer nuestro hogar, a fin de que se convierta en un santuario contra la perniciosa y difundida podredumbre moral que nos rodea. La armonía, la felicidad, la paz y el amor en el hogar pueden proporcionar a los hijos la fuerza interior que necesitan para enfrentar en igualdad de condiciones los desafíos de la vida.
La esposa del presidente George Bush, Barbara Bush, dijo a los graduados del Wellesley College:
«No importa la época o el tiempo, hay algo que nunca cambiará: Padres y madres, si tienen hijos, ellos vienen en primer lugar. Deben leerles, abrazarlos y amarlos. Su éxito como familia y nuestro éxito como sociedad dependen no de lo que sucede en la Casa Blanca, sino de lo que sucede dentro de su casa.»
Para ser un buen padre o una buena madre es necesario que ambos den prioridad a las necesidades de sus hijos y no a sus propias necesidades. Como resultado de ese sacrificio, los padres conscientes desarrollan nobleza de carácter y ponen en práctica las verdades altruistas enseñadas por el propio Salvador.
Tengo el mayor respeto por el padre o la madre que se esfuerza y sacrifica en soledad, tratando de mantener la familia unida a pesar de todas las probabilidades en contra. Esas personas deben ser honradas y ayudadas en su heroico esfuerzo. La tarea del padre o de la madre se torna mucho más fácil cuando ambos trabajan juntos en el hogar. Los hijos con frecuencia desafían y ponen a prueba la fortaleza y la sabiduría de los padres.
Hace algunos años, el obispo Stanley Smoot estaba siendo entrevistado por el presidente Spencer W. Kimball, quien le preguntó:
«¿Con qué frecuencia hacen la oración familiar?»
El obispo Smoot respondió: «Tratamos de hacerla dos veces al día, pero el promedio ha sido una vez.»
El presidente Kimball replicó: «En el pasado, hacer una oración familiar una vez al día era razonable, pero en el futuro no será suficiente si queremos salvar a nuestra familia.»
Me sorprenderá si en el futuro una noche de hogar realizada de manera negligente o esporádica es suficiente para dar fuerza moral a nuestros hijos. En el futuro, el estudio ocasional de las Escrituras en familia no bastará para darles a nuestros hijos la fortaleza que necesitarán para enfrentar la decadencia moral del ambiente en que vivirán. ¿En qué lugar del mundo aprenderán los hijos sobre la castidad, la honestidad y la decencia humana básica, si no es en el hogar? Esos valores, obviamente, serán reforzados en la Iglesia, pero son los padres quienes los enseñarán con mayor constancia.
Al enseñar a los hijos a huir de los peligros, no corresponde que los padres digan: “Tenemos más experiencia y conocemos muy bien los caminos del mundo, por eso podemos acercarnos más al borde del abismo que ustedes.” La hipocresía de los padres puede hacer que los hijos se vuelvan escépticos e incrédulos en relación con las cosas que se enseñan en el hogar. Por ejemplo, si los padres miran una película y prohíben a sus hijos hacer lo mismo, la credibilidad de los padres disminuye. Los padres deben ser honestos si esperan que los hijos sean honestos. Deben ser virtuosos si esperan que los hijos sean virtuosos; honorables si esperan que los hijos sean honorables.
Otros valores que deben enseñarse a los hijos son el respeto al prójimo, comenzando por los hermanos y la propia familia; respeto a los símbolos de fe y creencias patrióticas de otras personas; respeto a la ley y al orden; respeto a la propiedad ajena; respeto a la autoridad. Pablo advierte que los hijos deben “aprender primero a ejercer piedad para con su propia familia” (1 Timoteo 5:4).
Uno de los desafíos más difíciles para los padres es saber disciplinar a los hijos. La crianza de un hijo es algo muy personal. Cada hijo es único y diferente. Lo que funciona con uno puede no dar resultado con otro. Creo que nadie tiene la sabiduría suficiente para determinar qué tipo de disciplina es demasiado severa o demasiado blanda para los hijos, salvo los propios padres, que son quienes más los aman. Esta es una cuestión que debe decidirse en espíritu de oración por los padres. Sin duda, el principio determinante es que la disciplina de los hijos debe basarse más en el amor que en el castigo. El presidente Brigham Young aconsejó: “Si tienes que reprender a alguien, nunca permitas que tu reprensión exceda tu capacidad de consolar a la persona que fue reprendida.” La orientación y la disciplina, sin lugar a dudas, son parte indispensable de la educación de los hijos. Si los padres no disciplinan a los hijos, el poder público lo hará, y de una manera desagradable para los padres. Sin disciplina, los hijos no respetarán las reglas del hogar ni las de la sociedad.
El propósito principal de la disciplina es enseñar la obediencia. El presidente David O. McKay dijo: “Si los padres dejan de enseñar obediencia a los hijos, si no hay obediencia en el hogar, la sociedad la exigirá de los hijos e impondrá esa obediencia. Es mejor, por tanto, educar al hijo en el hogar, enseñándole obediencia con bondad, empatía y comprensión, que permitir negligentemente que sea disciplinado brutal e implacablemente por la sociedad, si esa obligación no se cumplió en el hogar.”
Una parte esencial de la labor de educar al hijo para que se vuelva disciplinado y responsable es enseñarle a trabajar. Cuando crecemos, muchos de nosotros somos como aquel hombre que dijo: “Me gusta el trabajo porque me fascina. Puedo sentarme y mirarlo durante horas.” Repito que los mejores maestros del principio del trabajo son los propios padres. Fue una gran alegría la primera vez que trabajé junto a mi padre, mi abuelo, tíos y hermanos. Estoy seguro de que, la mayoría de las veces, fui más un estorbo que una ayuda, pero los recuerdos son extremadamente gratos y las lecciones que aprendí, muy valiosas. Los hijos necesitan aprender a ser responsables e independientes. ¿Están los padres personalmente empeñados en enseñar, demostrar y explicar estas cosas a sus hijos, para que puedan, como Lehi enseñó, “actuar por sí mismos y no […] ser objeto de la acción”? (2 Nefi 2:26).
Luther Burbank, uno de los más grandes horticultores del mundo, dijo: “Si prestáramos tanta atención a nuestras plantas como damos a nuestros hijos, hoy estaríamos viviendo en medio de una selva de malezas.”
Los hijos también se benefician del albedrío moral por medio del cual todos tenemos la oportunidad de progresar, crecer y desarrollarnos. Ese mismo albedrío permite que los hijos busquen lo opuesto al egoísmo, al derroche, a la autocomplacencia y a la autodestrucción. Los hijos con frecuencia expresan ese albedrío aun siendo muy jóvenes.
Deseo que los padres que han sido conscientes, amorosos y preocupados, y que han vivido los principios de rectitud de la mejor forma posible, tengan el consuelo de saber que son buenos padres, a pesar de las acciones de algunos de sus hijos. Los propios hijos tienen la responsabilidad de escuchar, obedecer y aprender cuando se les enseña. Los padres no siempre pueden responder por la mala conducta de los hijos, porque ni siquiera los padres más diligentes son capaces de garantizar el buen comportamiento de ellos. Algunos hijos ponen a prueba hasta la sabiduría de Salomón y la paciencia de Job.
Hay un desafío especial que con frecuencia enfrentan los padres que son acomodados o excesivamente indulgentes. En cierto sentido, algunos hijos que viven en esas condiciones convierten a sus padres en esclavos, rehusándose a aceptar las reglas establecidas por ellos a menos que satisfagan todos sus deseos. El élder Neal A. Maxwell dijo: “Los que hacen demasiado por los hijos pronto descubrirán que no sabrán qué hacer con ellos. Algunos padres hacen tanto por sus hijos que terminan por malcriarlos.” Parece ser de la naturaleza humana no dar el debido valor a las cosas materiales que no se obtuvieron mediante el propio esfuerzo.
Hay cierta ironía en el hecho de que algunos padres se muestren extremadamente ansiosos de que sus hijos sean aceptados por sus compañeros y se vuelvan populares entre ellos, aunque esos mismos padres teman que sus hijos estén haciendo las mismas cosas que hacen sus compañeros.
En general, los hijos que deciden abstenerse de drogas, bebidas alcohólicas y sexo ilícito han adoptado y asimilado los valores que sus padres viven en casa. En el momento de tomar decisiones difíciles, estarán más propensos a seguir las enseñanzas de sus padres que el ejemplo de sus compañeros o los sofismas de los medios de comunicación que exaltan el consumo de bebidas alcohólicas, el sexo ilícito, la infidelidad, la deshonestidad y otros vicios. Los jóvenes que tienen el valor de vivir los principios morales son como los dos mil jóvenes de Helamán que “habían sido enseñados por sus madres que, si no dudaban, Dios los libraría” de la muerte (Alma 56:47). “Y repitieron […] las palabras de sus madres, diciendo: No dudamos de que nuestras madres lo supieran” (versículo 48).
Lo que parece consolidar las enseñanzas de los padres y los valores morales en la vida de los hijos es la firme creencia en Dios. Cuando esa creencia forme verdaderamente parte de su alma, tendrán una gran fuerza interior. Por lo tanto, de todo lo que es importante enseñar, ¿qué deben enseñar los padres? Las Escrituras declaran que los padres deben enseñar a los hijos “fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, y el bautismo y el don del Espíritu Santo por la imposición de manos” y la “doctrina del arrepentimiento” (D. y C. 68:25). Estas verdades necesitan ser enseñadas en el hogar. No pueden ser enseñadas en la escuela ni serán patrocinadas por el gobierno o por la sociedad. Claro que los programas de la Iglesia pueden ayudar, pero la enseñanza más eficaz se da en el hogar.
Los momentos que los padres dedican a enseñar a los hijos no necesitan ser largos, dramáticos ni grandiosos. Lo aprendemos del Maestro de Maestros. Charles Henry Parkhurst dijo:
“La plena belleza de la vida de Cristo está en la suma de sus pequeños gestos hermosos, casi imperceptibles: la conversación con la mujer en el pozo; la ocasión en que mostró al joven rico la ambición secreta de su corazón que le impedía alcanzar el reino de los cielos; […] el momento en que enseñó a un pequeño grupo de seguidores a orar; […] la ocasión en que encendió el fuego y preparó los peces para que sus discípulos se alimentaran cuando volvían de una noche de pesca, con frío, cansados y desanimados. Todas esas cosas claramente nos muestran la calidad y el verdadero carácter de los intereses de Cristo, tan específicos, tan dirigidos, expresados en los gestos más mínimos y tan engrandecidos en las cosas más pequeñas.”
Eso es lo que significa ser padres. Las pequeñas cosas se vuelven grandes cuando se reúnen en el tapiz de la familia hecho de miles de puntadas de amor, fe, disciplina, sacrificio, paciencia y trabajo.
Hay grandes promesas espirituales que pueden ayudar a los padres fieles de esta Iglesia. Los hijos del convenio eterno pueden recibir las divinas promesas hechas a sus valientes antepasados que guardaron los convenios. Los convenios recordados por los padres serán recordados por Dios. De ese modo, los hijos pueden llegar a ser herederos y beneficiarios de esos grandiosos convenios y promesas, por ser hijos del convenio.
Dios bendiga a los padres esforzados y honrados que se sacrifican en este mundo. Que el Señor honre los convenios de los padres fieles de nuestro pueblo y proteja a los hijos del convenio.
























