Conferencia General Octubre 2026
Confiar en el Señor por medio de los diezmos y las ofrendas
Por el élder Patricio M. Giuffra
De los Setenta
La ley del diezmo es una ley de fe. Al obedecerla, demostramos nuestra confianza en el Señor.
Antes de ser bautizado en la Iglesia, los misioneros me enseñaron acerca de los diezmos y las ofrendas. Después de mi bautismo, gracias a los trabajos de verano, tuve la oportunidad de pagar diezmos íntegros y ofrendas de ayuno. Sin embargo, en ese momento, no entendía plenamente el significado de las promesas y de las bendiciones relacionadas con la obediencia a esta ley.
No fue sino hasta que serví en la misión que tuve la oportunidad de enseñar sobre este mandamiento y dar testimonio de él. Mientras servía en la Misión Chile Osorno, en la ciudad de Puerto Montt, el élder Rubén Álvarez y yo comenzamos a enseñar a una mujer que tenía unos setenta años y vivía con su hijo, quien era miembro de la Iglesia. Ella no sabía leer y tenía dificultades para retener lo que le enseñábamos, así que necesitábamos repetir cada lección dos veces.
Cuando comenzamos a enseñar sobre la ley del diezmo y las bendiciones prometidas que reciben quienes la obedecen, con gran tristeza ella me dijo: “Élder Giuffra, limpio casas y lavo ropa para varias familias. Lo que gano apenas alcanza para pagar el alquiler de la habitación donde vivimos, comprar una pequeña cantidad de leña para mantenernos calientes y proporcionar algo de comida. No creo que algún día pueda vivir la ley del diezmo porque no tendré suficiente dinero para hacerlo”.
Nosotros nos sentimos profundamente conmovidos. Todo lo que ella decía tenía sentido desde la perspectiva del mundo. Aunque dimos testimonio de las grandes bendiciones que el Señor promete a quienes obedecen ese mandamiento, ella insistió en que no podría hacerlo.
A la mañana siguiente, llamé a mi presidente de misión, el presidente Fernando Caballero, para pedirle consejo. En mi mente, me preguntaba si el Señor tendría una excepción para alguien en las circunstancias de ella.
El presidente Caballero me leyó el relato de la blanca de la viuda y luego dijo: “Élder Giuffra, usted no es nadie para negarle a esta hermana las bendiciones de la ley del diezmo. No hay excepciones a este mandamiento”.
Esas palabras se grabaron en mi corazón. Mi compañero y yo decidimos orar y ayunar, ya que dos días después volveríamos a repasar con ella los mandamientos una vez más antes de su bautismo.
Cuando llegamos a su casa y comenzamos a repasar las lecciones, volvimos a la ley del diezmo. Ella nos dijo: “Anoche me arrodillé en oración y le dije al Padre Celestial que realmente quería llegar a ser miembro de Su Iglesia y que Él tendría que ayudarme a vivir esta ley”.
Al oír esas palabras, un profundo sentimiento de paz y confianza llenó nuestra mente y corazón. Sabíamos que el Señor había escuchado tanto las oraciones de ella como las nuestras.
Ella fue bautizada el sábado siguiente. Unas semanas después, me asignaron a otra área, pero seguí en contacto con su obispo. Él me dijo que ella llegaba cada semana con su sobre de diezmo y que el primer domingo de cada mes también traía su ofrenda de ayuno.
A lo largo de mi vida, he aprendido a confiar en el Señor y he visto innumerables bendiciones que hemos recibido mi familia y yo a medida que hemos procurado vivir fielmente la ley del diezmo y las ofrendas. Algunas bendiciones han sido temporales, otras espirituales, pero todas han fortalecido nuestro testimonio de que el Señor siempre cumple Sus promesas y de que las ventanas de los cielos se abren conforme a nuestra obediencia.
Mi esposa a menudo enseña un principio que ha llegado a ser muy significativo en nuestra familia: Nosotros guardamos los mandamientos porque amamos a Dios, no simplemente porque esperamos recibir las bendiciones que provienen de la obediencia. Los mandamientos se dan para acercarnos más al Salvador, para protegernos y para ayudarnos a permanecer libres del pecado y de muchos de los desafíos que nos plantea el mundo.
Eso no significa que estaremos libres de las pruebas o las dificultades. Todos afrontaremos momentos de incertidumbre, dificultades económicas, enfermedades o pérdidas. Sin embargo, aun cuando no comprendamos el propósito de nuestras pruebas, podemos tener la seguridad de que el Señor conoce nuestras circunstancias, honra nuestra obediencia y cumple Sus promesas en Su propio tiempo y a Su propia manera.
El presidente Russell M. Nelson enseñó que “el diezmo puede romper los ciclos de pobreza en las naciones y en las familias pobres.
“‘Predicamos el diezmo a los pobres del mundo porque los pobres del mundo han vivido ciclos de pobreza, generación tras generación’, dijo. ‘Esa misma pobreza continúa de una generación a otra, hasta que las personas pagan su diezmo’”.
Durante mis años de servicio en Centroamérica, he visto a hombres y mujeres prosperar tanto temporal como espiritualmente. He conocido a familias que antes se preocupaban por su siguiente comida, pero que ahora disfrutan de una mayor estabilidad. He conocido a hijos de Dios que antes no podían comprar un par de zapatos y que hoy, mediante la fe y el esfuerzo diligente, son dueños de negocios exitosos. También he sido testigo de cómo el Señor abre las puertas del empleo, proporciona educación, fortalece matrimonios y llena de paz y esperanza los corazones fieles.
El presidente Dallin H. Oaks enseñó: “El pago del diezmo brinda […] al pagador de diezmos bendiciones espirituales únicas. El pago del diezmo es evidencia de que aceptamos la ley de sacrificio. También nos prepara para la ley de consagración y las otras leyes mayores del reino celestial”. Estas leyes se cumplen a medida que guardamos los convenios hechos en la Casa del Señor, lo cual profundiza y perpetúa nuestra relación con Jesucristo.
“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas […].
“Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.
Testifico que la ley del diezmo es una ley de fe. Al obedecerla, demostramos nuestra confianza en el Señor y permitimos que Él obre milagros en nuestra vida, a menudo de maneras que no esperamos. Cristo vive. Esta es Su Iglesia y el presidente Dallin H. Oaks es Su profeta. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.


























