“Pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros”
Ezequiel 1–3; 33–34; 36–37; 47
Para comprender el mensaje de Ezequiel debemos situarnos en una de las etapas más dolorosas de la historia de Judá: el exilio en Babilonia.
Ezequiel era sacerdote y fue llevado cautivo alrededor del año 597 antes de Cristo. Su ministerio profético comenzó aproximadamente cinco años después, cuando Jerusalén y su templo todavía permanecían en pie. Por tanto, sus primeras advertencias precedieron a la destrucción definitiva de la ciudad.
Para los desterrados, perder su tierra significaba también una profunda crisis espiritual. Podían preguntarse qué había ocurrido con las promesas del Señor y cuál sería el futuro del pueblo del convenio.
Es precisamente en Babilonia donde Ezequiel contempla la gloria de Jehová. El capítulo primero sitúa la visión entre los cautivos, junto al río Quebar. Este detalle resulta fundamental: lejos de Jerusalén, el profeta recibe una manifestación de la presencia y del poder de Dios.
Podemos reconocer aquí una enseñanza de esperanza. El exilio había alterado sus circunstancias, pero el Señor todavía podía hablarles, llamarlos al arrepentimiento y darles una responsabilidad espiritual.
El texto también recuerda que Ezequiel se sentó donde estaban sentados los cautivos. Podemos leer ese gesto como una invitación a considerar la realidad de quienes sufren. Su misión se desarrollaba entre personas que conocían la pérdida y el desarraigo.
Sin embargo, el mensaje del profeta exigía reconocer las causas espirituales de la crisis. Las visiones de los capítulos 8 al 11 presentan la corrupción de Jerusalén y la partida de la gloria divina del templo. La existencia de un edificio sagrado no justificaba la infidelidad del pueblo.
Esta relación entre adoración y conducta nos invita a examinarnos. ¿Permitimos que nuestros convenios influyan en nuestras decisiones? ¿Estamos dispuestos a recibir corrección cuando descubrimos una distancia entre lo que profesamos y lo que vivimos?
En la segunda parte del libro, la promesa de restauración adquiere una fuerza especial. El Señor anuncia un corazón nuevo y un espíritu nuevo. La imagen del corazón de piedra sustituido por uno de carne comunica sensibilidad y disposición para obedecer. La renovación prometida incluye la ayuda divina para vivir Sus mandamientos.
Aquí encontramos una dimensión profunda del arrepentimiento. Podemos necesitar corregir una acción y, al mismo tiempo, permitir que cambien nuestros deseos, actitudes y motivos. Esa transformación requiere humildad y una relación continua con el Señor.
La visión de los huesos secos amplía esta esperanza. El propio capítulo identifica aquellos huesos con Israel, que consideraba perdida su esperanza. Dios anuncia que puede darle vida nuevamente. La reunión de los dos palos expresa también la restauración de un pueblo dividido.
Finalmente, las aguas que salen del templo llevan vida y sanación. El libro culmina con el nombre de una ciudad: Jehová-sama, “Jehová está allí”. La presencia del Señor constituye el centro de la restauración anunciada.
Hermanos y hermanas, este recorrido histórico nos ayuda a comprender la unidad del mensaje: el Señor llama a un pueblo herido a reconocer sus pecados, volver a Él y recibir renovación.
Para nosotros, la invitación es abrir el corazón a Jesucristo. Podemos escuchar Su palabra, arrepentirnos y vivir nuestros convenios con mayor intención. Aun en circunstancias difíciles, podemos buscar Su presencia y permitir que Su Espíritu transforme nuestra manera de pensar, de actuar y de amar.
Ezequiel 3; 34
El Señor me invita a apacentar Sus ovejas
Al estudiar Ezequiel 3 y 34 encontramos dos imágenes que nos ayudan a comprender nuestra responsabilidad hacia los demás: el atalaya y el pastor.
El atalaya permanece atento para advertir del peligro. El pastor conoce a sus ovejas, procura alimento y atiende a las que necesitan cuidado. Ambas imágenes nos invitan a preguntarnos: ¿Cómo estoy cuidando a las personas que el Señor ha puesto en mi camino?
En Ezequiel 3, el Señor manda al profeta recibir Sus palabras en el corazón y comunicarlas al pueblo. Esto nos enseña que, antes de orientar a otros, necesitamos procurar que el Evangelio influya en nuestra propia vida.
Un padre, una madre, un maestro o un líder pueden preguntarse: “¿Estoy buscando dirección del Señor? ¿Mi ejemplo está de acuerdo con lo que enseño?”. La preparación espiritual nos ayuda a hablar con mayor humildad y claridad.
El atalaya tiene el deber de advertir, pero quienes escuchan conservan su capacidad de decidir. Del mismo modo, podemos enseñar y expresar preocupación con amor, respetando siempre el albedrío de los demás.
En Ezequiel 34, el Señor reprende a los pastores que buscan su propio beneficio y descuidan al rebaño. Señala que no fortalecieron a las débiles, no cuidaron a las enfermas ni buscaron a las perdidas. También condena la violencia y la severidad.
Esta enseñanza nos invita a examinar cómo ejercemos nuestra influencia. ¿Las personas encuentran comprensión cuando se acercan a nosotros? ¿Pueden expresar una dificultad sin temor a ser avergonzadas?
Entonces surge una pregunta personal: ¿Quiénes son las ovejas que el Señor quiere que apaciente?
Podemos pensar en nuestros hijos, familiares, alumnos y en las personas a quienes se nos ha asignado ministrar. También en un vecino que vive solo, alguien que acaba de llegar a la congregación o una persona que atraviesa una dificultad.
Conviene poner un nombre a esta reflexión. ¿Quién necesita que lo escuche? ¿A quién he dejado de buscar? ¿Qué persona podría beneficiarse de mi ayuda esta semana?
Este capítulo ofrece enseñanzas para distintas responsabilidades.
A quienes se preparan para servir en una misión, les invita a interesarse sinceramente por las personas, escuchar sus preguntas y enseñar con paciencia. Esa preparación puede comenzar ahora mediante el estudio de las Escrituras y el servicio cotidiano.
A los padres, les recuerda la importancia de conocer a sus hijos. Podemos crear oportunidades para conversar, comprender sus preocupaciones y enseñarles mediante nuestro ejemplo. También podemos reconocer nuestros errores y pedir perdón cuando sea necesario.
A quienes ministramos, nos invita a cultivar relaciones de confianza. Podemos preguntar cómo ayudar y escuchar la respuesta, respetando las circunstancias y preferencias de cada persona.
¿Cómo podemos seguir el ejemplo del Salvador?
En Ezequiel 34, Jehová declara que buscará a Sus ovejas, las reunirá, las alimentará y atenderá sus heridas. Sus acciones nos muestran un cuidado cercano y atento.
Podemos seguir ese ejemplo acercándonos a alguien que se ha distanciado, acompañando a una persona enferma o ayudando a una familia sobrecargada. Nuestro servicio puede contribuir a que otros reconozcan el amor de Jesucristo y fortalezcan su relación con Él.
El capítulo también habla de “buenos pastos” y de un “buen redil”. Estas imágenes expresan alimento, descanso y seguridad.
Como aplicación espiritual, podemos relacionar los buenos pastos con las verdades del Evangelio que nutren nuestra fe. El buen redil puede recordarnos la importancia de ofrecer un ambiente de pertenencia y cuidado en nuestros hogares y congregaciones.
Podemos preguntarnos: ¿Estoy contribuyendo a que otros se sientan recibidos y valorados?
El Señor también distingue entre buscar a la oveja perdida y hacer volver a la descarriada. El texto no establece una clasificación detallada. Para nosotros, lo importante es conocer las circunstancias de cada persona y evitar suponer por qué se ha alejado.
Escuchar con respeto nos permitirá comprender mejor qué ayuda podemos ofrecer.
Hermanos y hermanas, cuando el Salvador pidió a Pedro que apacentara Sus ovejas, relacionó ese encargo con el amor que Pedro sentía por Él. Nuestro amor por Jesucristo también puede expresarse mediante el cuidado de los demás.
Esta semana, escojamos a una persona. Oremos por ella, procuremos conocer su necesidad y realicemos una acción concreta. Al hacerlo, recordemos que también nosotros necesitamos al Buen Pastor y podemos acudir a Él para aprender a servir con paciencia, responsabilidad y amor.
El Señor quiere perdonar
Ezequiel 33:10–19
El mensaje central de estos versículos es que el Señor invita al pecador a cambiar y vivir. Su llamado al arrepentimiento ofrece esperanza a quienes sienten el peso de sus errores y recuerda a quienes procuran ser fieles que necesitan perseverar con humildad.
Los israelitas expresaban una angustia profunda: sus pecados los estaban consumiendo y se preguntaban cómo podrían vivir. Jehová respondió que deseaba que abandonaran sus malos caminos y vivieran. Esa respuesta revela Su disposición misericordiosa hacia quienes vuelven a Él.
Podemos comenzar con una pregunta personal: Cuando reconozco una falta, ¿me acerco al Señor o permito que la vergüenza me aleje de Él?
¿Qué significa estar “confiados en nuestra justicia”?
En Ezequiel 33:12–13, la advertencia se dirige a quien se apoya en su rectitud anterior y después comete iniquidad. Sus buenas acciones pasadas no justifican su decisión de apartarse del bien.
Como aplicación, podemos examinar si usamos nuestros antecedentes religiosos para evitar una corrección presente. Alguien podría pensar: “He servido durante muchos años”, “Siempre he cumplido mis responsabilidades” o “He hecho mucho bien”. Esas experiencias pueden ser valiosas, pero necesitamos seguir evaluando nuestras decisiones con sinceridad.
La pregunta sería: ¿Hay algo que estoy justificando porque considero que ya he demostrado suficiente fidelidad?
Lucas 18:9–14 amplía esta reflexión. El fariseo destaca sus prácticas religiosas y se compara favorablemente con otros; el publicano reconoce su condición y suplica misericordia. Jesús presenta la humildad del publicano como la actitud que recibe aprobación ante Dios.
Podemos aprender a agradecer nuestras oportunidades de servir sin sentirnos superiores. Una oración humilde podría incluir: “Padre Celestial, ayúdame a reconocer lo que necesito corregir y a recibir Tu ayuda”.
¿Son justos los tratos del Señor descritos en estos versículos?
Podría parecer injusto que alguien con un pasado de rectitud reciba condenación, mientras otra persona con un pasado de pecado reciba perdón. Sin embargo, Ezequiel describe dos cambios de dirección: una persona abandona la justicia y otra abandona la maldad. El arrepentimiento incluye restituir y practicar lo recto.
La comparación nos invita a considerar seriamente el albedrío. Podemos cambiar para bien, y también podemos apartarnos del bien. Nuestra historia merece ser comprendida, pero no elimina nuestra responsabilidad de escoger hoy.
En Mateo 21:28–31, Jesús relata que un hijo se niega inicialmente a trabajar en la viña, pero después se arrepiente y va. El otro acepta de palabra, pero no cumple. El primero termina haciendo la voluntad de su padre. La parábola destaca el valor de una respuesta que llega a convertirse en acción.
A quien cuestionara la justicia de estos pasajes, podríamos decirle:
“El Señor toma en serio tanto nuestras decisiones como nuestra capacidad de cambiar. El arrepentimiento permite que una persona vuelva a Él, y la fidelidad requiere que continuemos escogiendo el bien”.
También podemos preguntarnos cómo tratamos nosotros a quienes se arrepienten. ¿Les permitimos crecer, o seguimos definiéndolos exclusivamente por una falta anterior? Aceptar que alguien puede cambiar nos invita a responder con esperanza, manteniendo la prudencia y respetando los procesos necesarios para reparar la confianza.
¿Qué significa arrepentirse según Ezequiel?
Los ejemplos de Ezequiel 33:14–16 incluyen devolver lo robado, restituir y dejar de cometer injusticia. El cambio se manifiesta en la conducta y en la atención al daño causado.
Para nuestra reflexión, podemos considerar tres preguntas:
- ¿Qué debo reconocer? Nombrar nuestra falta con sinceridad, sin trasladar la culpa a otros.
- ¿Qué debo abandonar? Identificar la conducta y las decisiones que la sostienen.
- ¿Qué puedo reparar? Procurar restitución, pedir perdón y aceptar responsabilidades.
Por ejemplo, si hemos difundido una acusación falsa, podemos corregirla ante quienes la escucharon. Si hemos herido mediante nuestras palabras, podemos reconocerlo sin añadir excusas y trabajar para cambiar nuestra manera de hablar.
En algunos casos, la reparación requerirá orientación y tiempo. También debemos respetar que la persona afectada puede necesitar límites y un proceso propio de recuperación.
¿Qué añade la promesa de un “corazón nuevo”?
Ezequiel 36:26–27 presenta al Señor dando a Su pueblo un corazón y un espíritu nuevos. La imagen del corazón de piedra sustituido por uno de carne comunica una transformación interior vinculada con vivir Sus mandamientos.
Esta promesa nos invita a buscar la ayuda divina para cambiar nuestros deseos y respuestas. Podemos preguntarnos: “¿Estoy dispuesto a escuchar cuando me corrigen? ¿Puedo reconocer el dolor que he causado? ¿Qué necesito aprender para actuar de otra manera?”.
La sensibilidad espiritual puede crecer al orar sinceramente, estudiar el Evangelio y practicar decisiones más fieles. Podemos prestar atención a pequeños avances: escuchar antes de defendernos, reconocer antes una falta o estar más dispuestos a reparar un daño.
¿Cómo nos conduce el arrepentimiento a Jesucristo?
Alma 7:14–16 invita a ejercer fe en el Cordero de Dios, arrepentirse, nacer de nuevo y entrar mediante el bautismo en un convenio de obediencia. El pasaje sitúa nuestra esperanza en el poder de Jesucristo para salvar y limpiar del pecado.
Desde la perspectiva del Evangelio restaurado, podemos acercarnos al Salvador reconociendo que necesitamos Su gracia. Nuestros esfuerzos por cambiar expresan fe en Él. Podemos pedir ayuda y comenzar a actuar aun cuando todavía sintamos pesar.
Para quienes ya hemos sido bautizados, esta reflexión nos invita a considerar cómo estamos viviendo nuestros compromisos con el Señor y qué necesitamos corregir.
El tema “El Señor quiere perdonar” nos llama a unir esperanza y responsabilidad. Podemos dejar de escondernos detrás de nuestros logros y dejar de pensar que nuestros errores hacen inútil todo esfuerzo por volver.
Escojamos una acción concreta: reconocer una falta en oración, abandonar una justificación, procurar una reparación o buscar orientación espiritual. Acerquémonos a Jesucristo con humildad y disposición para cambiar. El arrepentimiento nos ofrece un camino que podemos empezar a recorrer hoy.
El Señor está recogiendo a Su pueblo y dándole vida nueva
Ezequiel 37
El recogimiento de Israel expresa el deseo del Señor de reunir a Su pueblo, renovar su relación con Él y conducirlo hacia las bendiciones de Sus convenios. Este capítulo nos invita a confiar en Su poder y a participar en Su obra.
Ezequiel habla a un pueblo que conoce el cautiverio y la pérdida. En ese contexto, presenta dos símbolos: unos huesos secos que reciben vida y dos palos que llegan a ser uno. Ambos comunican esperanza para un Israel disperso y dividido.
¿Qué enseña la visión de los huesos secos?
En Ezequiel 37:11, el Señor identifica los huesos con la casa de Israel, que considera perdida su esperanza. La visión anuncia que Él puede restaurar a Su pueblo y darle vida. La edición de las Escrituras de la Iglesia también relaciona este pasaje con la Resurrección.
Podemos reflexionar sobre lo que significa confiar cuando todavía no vemos una salida. Quizás una relación está debilitada o sentimos que nuestro progreso espiritual se ha detenido. Esta visión nos invita a llevar esas preocupaciones al Señor y considerar qué podemos hacer con Su ayuda.
No necesitamos convertirla en una garantía de que todas nuestras circunstancias cambiarán como esperamos. Podemos recibirla como una invitación a perseverar, buscar dirección y mantenernos dispuestos a actuar.
¿Qué está tratando de lograr el Señor mediante el recogimiento?
El capítulo presenta un pueblo reunido, purificado y unido bajo un solo Pastor, con un convenio de paz y la presencia del santuario del Señor. El recogimiento comprende una relación renovada con Dios, además de la reunión del pueblo en su tierra.
Para nuestra reflexión personal, podemos preguntar: ¿Estoy permitiendo que mi pertenencia al pueblo del convenio transforme mi vida?
Podemos participar en reuniones y actividades mientras todavía necesitamos aprender a perdonar, escuchar o vivir con mayor honradez. Considerar el propósito del recogimiento nos invita a examinar nuestra conversión y nuestro trato hacia los demás.
También podemos contribuir a la unidad. En una familia o congregación, podemos escuchar una preocupación, evitar un comentario despectivo o acercarnos a quien suele quedar al margen.
¿Cómo está llevando a cabo el recogimiento a ambos lados del velo?
En las enseñanzas de la Iglesia, participar en el recogimiento incluye ayudar a las personas a venir a Jesucristo y hacer y guardar convenios con Dios. Esto abarca la obra misional, la ministración y la obra del templo y de historia familiar.
La expresión “a ambos lados del velo” incluye a quienes viven y a quienes han fallecido. Es una aplicación del Evangelio restaurado; Ezequiel 37 no explica por sí solo todos los detalles de esa obra.
Podemos participar mediante acciones concretas: compartir nuestra fe con respeto, acompañar a alguien en su aprendizaje del Evangelio o dedicar tiempo a conocer nuestra historia familiar y prepararnos para servir en el templo.
Esta perspectiva puede ayudarnos a valorar las oportunidades pequeñas. Una conversación sincera, una invitación apropiada o una labor realizada con constancia pueden formar parte de nuestro servicio.
¿Qué significan los dos palos?
En la explicación del propio capítulo, los palos representan a Judá y José, junto con sus compañeros de Israel, que serán reunidos como un solo pueblo. En la interpretación de la Iglesia, representan también la unión de la Biblia y el Libro de Mormón como testimonios de Jesucristo.
Es importante conservar ambos niveles de lectura: la promesa de unidad para Israel y la función conjunta de los registros sagrados en el recogimiento.
No necesitamos resolver exactamente cómo estaban construidos aquellos objetos para comprender la acción simbólica: Ezequiel los presenta unidos en su mano.
¿Qué función tienen las Escrituras en el recogimiento?
En 2 Nefi 3:11–13 se enseña que los escritos de los descendientes de José y de Judá obrarán juntos para aclarar la doctrina, disminuir las contenciones y dar a conocer los convenios del Señor. En 2 Nefi 29:14 se relacionan la reunión de Su pueblo y la unión de Su palabra.
Podemos aplicar esta enseñanza estudiando ambos libros con una pregunta común: ¿Qué aprendo aquí acerca de Jesucristo y cómo puedo responderle?
El estudio puede ayudarnos a reconocer una verdad, pero necesitamos meditar en cómo vivirla. Si leemos acerca del perdón, podemos considerar una reconciliación pendiente. Si estudiamos el servicio, podemos identificar a alguien que necesite apoyo.
¿Cómo pueden obrar juntas la Biblia y el Libro de Mormón en nuestra vida?
Podemos estudiar pasajes relacionados, prestando atención tanto a lo que comparten como a la contribución particular de cada uno.
| Tema para estudiar | Pasajes que podemos relacionar |
| La fe y el arrepentimiento | Juan 3 y Alma 7 |
| El amor y el servicio | Juan 13 y Mosíah 2 |
| La Resurrección | Juan 20 y Alma 40 |
| El recogimiento y los convenios | Ezequiel 37 y 2 Nefi 29 |
Estas asociaciones son propuestas de estudio. Al leer, podemos anotar lo que cada pasaje nos ayuda a comprender y una acción que deseamos realizar.
La pregunta sobre qué pasajes han sido significativos requiere una respuesta personal. Podemos recordar una ocasión concreta: ¿qué estábamos viviendo?, ¿qué enseñanza reconocimos?, ¿cómo influyó en nuestras decisiones? Compartir esa experiencia con sencillez puede fortalecer una conversación familiar o una clase.
Este estudio nos invita a confiar en el Señor y a participar con intención en Su obra. Durante esta semana, podemos escoger un pasaje de la Biblia y otro del Libro de Mormón, estudiarlos juntos y considerar cómo acercarnos más a Jesucristo.
Después, pensemos en una persona a quien podamos servir. El recogimiento adquiere un significado personal cuando procuramos vivir nuestros convenios y ayudamos a otros, con amor y respeto, a conocer al Salvador.
Puedo encontrar sanación espiritual en la Casa del Señor
Ezequiel 47:1–12
La visión de Ezequiel nos invita a confiar en el poder vivificador de Dios y a buscar las bendiciones de Jesucristo mediante nuestra adoración y nuestros convenios. El templo dirige nuestra atención hacia Él, la fuente de nuestra esperanza de sanación.
Esta enseñanza puede ser especialmente significativa cuando sentimos cansancio espiritual, pesar o preocupación por nuestra familia. Nos invita a preguntarnos: ¿Qué necesito presentar ante el Señor y cómo puedo acercarme más a Él?
¿Qué llama la atención de las aguas de la visión?
El agua sale del santuario y aumenta de profundidad: primero llega a los tobillos, después a las rodillas y a los lomos, hasta convertirse en un río que Ezequiel no puede atravesar caminando. Al llegar al mar, lleva vida donde antes no podía prosperar.
Podemos reflexionar sobre dos aspectos: su origen y su crecimiento. La vida que aparece en el paisaje está relacionada con las aguas procedentes de la Casa del Señor.
Como aplicación personal, esto nos invita a examinar dónde buscamos renovación. Quizás dedicamos esfuerzo a nuestras obligaciones mientras dejamos poco espacio para la oración, las Escrituras y la adoración. Podemos comenzar estableciendo una oportunidad concreta para acercarnos al Señor con mayor atención.
La profundidad creciente del río también puede ayudarnos a meditar sobre nuestra comprensión espiritual. Con el tiempo y la fidelidad, podemos reconocer con mayor claridad el significado de nuestros convenios. Esta es una aplicación del símbolo, no una explicación exclusiva de cada profundidad.
¿Qué podrían simbolizar esas aguas?
Apocalipsis 22:1 describe un río de agua de vida que procede del trono de Dios y del Cordero. Leído junto con Ezequiel, este pasaje dirige nuestra mirada hacia Dios y Jesucristo como fuente de vida.
Desde la perspectiva del Evangelio restaurado, podemos relacionar las aguas con las bendiciones del Salvador que recibimos al acercarnos a Él y vivir nuestros convenios.
Esto nos ayuda a preparar nuestra adoración. Podemos llevar una pregunta sincera, procurar escuchar y considerar qué necesitamos cambiar. Después, podemos prestar atención a cómo respondemos en nuestra vida cotidiana.
La pregunta sería: ¿Estoy permitiendo que lo que aprendo en la Casa del Señor influya en mi manera de vivir?
¿Qué podrían representar los árboles?
Ezequiel describe árboles alimentados por el río, con fruto para comer y hojas para medicina. La imagen une alimento, continuidad y sanación. Apocalipsis 22:2 presenta una imagen semejante y relaciona las hojas con la sanidad de las naciones.
Sin atribuir a cada elemento un significado único, podemos reflexionar así:
| Elemento de la visión | Posible aplicación espiritual |
| Árboles junto al río | La importancia de permanecer cerca del Señor. |
| Fruto que alimenta | Las verdades y bendiciones que sostienen nuestra fe. |
| Hojas para medicina | El consuelo y la renovación que buscamos en Jesucristo. |
También podemos preguntarnos qué efecto tiene nuestra adoración en los demás. ¿Estamos aprendiendo a escuchar con paciencia, hablar con respeto y ofrecer ayuda? Podemos procurar que nuestras experiencias espirituales se expresen en un trato más compasivo.
¿Qué añade el mensaje del élder Dale G. Renlund?
El élder Renlund destaca dos características del río: crece sin que se mencionen afluentes y renueva lo que alcanza. Relaciona ese crecimiento con las bendiciones del sellamiento a través de las generaciones y su poder sanador con las bendiciones del templo para personas y familias.
Su mensaje incluye la reconciliación de Orson y Parley Pratt. El interés de Orson por sus antepasados contribuyó a enternecer su corazón y a que pidiera perdón a su hermano. El relato muestra cómo la historia familiar puede influir también en nuestras relaciones presentes.
Podemos preguntarnos: ¿Qué puedo hacer para contribuir a la sanación de una relación? Quizás necesitemos reconocer una falta, expresar gratitud o escuchar una experiencia que no hemos comprendido.
Al mismo tiempo, debemos respetar el albedrío y las circunstancias de cada persona. La reconciliación puede requerir tiempo, reparación y límites apropiados.
¿Cómo podemos reconocer vida y sanación espirituales gracias al templo?
Esta pregunta requiere una reflexión personal. Podemos recordar una ocasión concreta y considerar:
- ¿Recibí una impresión que me ayudó a tomar una decisión?
- ¿Comprendí mejor un compromiso con el Señor?
- ¿Sentí fortaleza para afrontar una situación?
- ¿Reconocí algo que necesitaba corregir o una persona a quien servir?
El élder Renlund enseña que la obra del templo y de historia familiar puede fortalecer nuestra fe, ampliar nuestra comprensión del Salvador y ayudarnos a reconocer lo que necesita sanación.
Podemos reconocer esas bendiciones gradualmente. La persistencia de una dificultad o del dolor no debe llevarnos a concluir que hemos fracasado espiritualmente. Podemos continuar buscando al Señor y recibir también la ayuda que nuestras circunstancias requieran.
Si todavía no podemos asistir al templo, podemos considerar un paso apropiado de preparación: estudiar su propósito, vivir nuestros compromisos con Dios, trabajar en nuestra historia familiar o buscar orientación de nuestros líderes.
¿Qué aclaran las ayudas para las Escrituras?
Las ayudas oficiales ofrecen estas explicaciones:
| Pregunta | Explicación |
| ¿Por qué se llama a Ezequiel “hijo de hombre”? | La expresión destaca su condición humana frente a la naturaleza divina de Dios. Debe distinguirse del título de Cristo “Hijo del Hombre”. |
| ¿Por qué come un rollo? | El acto probablemente simboliza aceptar e interiorizar el mensaje de Jehová. |
| ¿Quién es el pastor llamado “mi siervo David”? | Es una referencia mesiánica a Jesucristo, descendiente de David, el Buen Pastor. |
Estas aclaraciones ayudan a leer los símbolos en su contexto y a conservar a Jesucristo como centro de nuestra reflexión.
Hermanos y hermanas, pensemos en una necesidad que deseamos presentar ante el Señor. Podemos acompañar esa oración con una acción: preparar nuestra próxima visita al templo, vivir con mayor intención un convenio o dedicar tiempo a la historia familiar.
Al hacerlo, procuremos escuchar y actuar. La visión de las aguas nos invita a confiar en el Señor mientras buscamos renovación y permitimos que nuestra relación con Él influya en nuestro corazón, nuestras decisiones y nuestro servicio.
Conclusión final
Al concluir nuestro estudio de “Pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros”, recordemos la esperanza que recorre el mensaje de Ezequiel: el Señor invita a Su pueblo a volver a Él, recibir renovación y vivir en una relación más profunda con Dios.
Ezequiel recibió su llamamiento entre los cautivos de Babilonia. Allí, lejos de Jerusalén, contempló la gloria de Jehová. Ese comienzo nos invita a recordar que podemos buscar al Señor aun cuando nuestras circunstancias sean difíciles y nuestro futuro parezca incierto.
A lo largo del estudio hemos considerado lo que significa recibir un corazón nuevo. Podemos reconocer esa transformación en nuestra disposición para escuchar, arrepentirnos y tratar a los demás con mayor compasión. A veces, un cambio profundo comienza con una decisión sencilla: aceptar una corrección, abandonar una excusa o pedir perdón sinceramente.
También hemos aprendido que el Señor quiere perdonar. Su invitación al arrepentimiento nos permite mirar nuestros errores con responsabilidad y esperanza. Podemos reconocer lo que hemos hecho, procurar reparar el daño y acudir a Jesucristo para recibir Su ayuda. Al mismo tiempo, nuestra fidelidad requiere atención constante: cada día tenemos oportunidades de escoger el bien.
Las imágenes del atalaya y del pastor nos han llevado a examinar cómo cuidamos a las personas. Podemos enseñar con claridad y advertir con amor, respetando el albedrío. Podemos conocer mejor a nuestros hijos, escuchar a quienes ministramos y acercarnos a alguien que necesita compañía. Nuestro amor por el Salvador puede expresarse en ese cuidado paciente y personal.
La visión de los huesos secos nos ha recordado la capacidad del Señor para dar vida y esperanza a Su pueblo. Los dos palos nos han invitado a valorar el testimonio conjunto de la Biblia y del Libro de Mormón. Al estudiarlos, procuremos comprender mejor a Jesucristo y permitir que Sus enseñanzas orienten nuestras acciones.
Participar en el recogimiento de Israel también comienza cerca de nosotros. Podemos fortalecer nuestros convenios, compartir nuestra fe con respeto y dedicar tiempo a la obra del templo y de historia familiar. Cada oportunidad merece nuestra atención y una respuesta sincera.
Finalmente, las aguas que salen del santuario nos han dirigido hacia la sanación espiritual que buscamos en el Señor. Podemos llevar ante Él nuestro cansancio, nuestras preguntas y nuestras preocupaciones familiares. La renovación puede llegar gradualmente, mientras seguimos aprendiendo, actuando y recibiendo ayuda.


























