Conferencia General Octubre 2026
Jesús vive para elevar
Por el élder Patrick Kearon
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Su Salvador es su sustento. Él es el aire que siempre los elevará. No hay límite hasta dónde podamos subir con Él.
Hace unas semanas, el presidente Dieter F. Uchtdorf me hizo a un lado y me dijo: “Patrick, tus discursos están… bien. Pero ¿dónde está la aviación?”. Así es que aquí hay un poquito de aviación.
Mi sueño de joven
Pasé gran parte de mi niñez en un internado en Inglaterra, mirando los aeroplanos que cruzaban el cielo y soñando volar a casa de mis padres, a miles de kilómetros de distancia, en Arabia. ¡Anhelaba volar! Quería convertirme en piloto de caza.
Los conceptos básicos para aprender a planear
La Real Fuerza Aérea estaba reclutando pilotos, y la forma más rápida de volar para mí era aprender a planear.
Un planeador es una aeronave liviana con alas largas y delgadas, y sin motor, que se mantiene en el aire dentro de las corrientes ascendentes.
Así que, de jovencito, pasé parte de dos veranos en una pista de Oxfordshire, aprendiendo a volar un planeador en la fuerza aérea. Primero, aprendí a volar “recto y nivelado”, a hacer giros estables, luego a despegar remolcado por un avión y, finalmente, a aterrizar a salvo. Solo entonces estuve listo para aprender a mantenerme en el aire, ascender y, finalmente, remontar el vuelo, ¡todo sin motor!
Sustentación
La habilidad crucial para planear es encontrar el aire ascendente. No pueden verlo, pero pueden ver lo que hace. Se me enseñó a buscar las nubes cúmulos, pues a menudo indican dónde el aire cálido sube, y aprendí a volar hacia ellas.
Pero aún más importante que usar indicios visuales para encontrar aire ascendente, es aprender a sentirlo. Al volar, comenzaba a sentir cómo estaba siendo elevado por una fuerza invisible. El aire que sube se llama “sustentación”. Un ala se elevaba y yo giraba hacia ella, hacia el sustento.
Me enseñaron cómo permanecer en la sustentación, subiendo en espiral para ganar altura, y con frecuencia, a unirme a otros pilotos que la habían encontrado subiendo con ellos en la misma columna invisible de aire ascendente.
Volar es fantástico, pero subir con sustentación y volar sin motor es casi indescriptible. Para mí fue hermoso: ¡solo el silbido del viento, el crujido ocasional del planeador y la magnífica sensación de ser llevado a las alturas!
Hundimiento
Así como hay aire que sube, también hay aire que baja, llamado “hundimiento”. Tampoco se ve, pero se siente, y aprendí rápidamente a evitarlo. El hundimiento, al planear, puede dar la sensación de estar cayendo, a veces rápidamente. Acorta la distancia que uno puede volar y pone en riesgo un aterrizaje a salvo. Aprendí a dar la vuelta para evitar el hundimiento y volar en dirección contraria.
A nuestro Salvador le encanta elevarnos
Una década después de esos días planeando y no muy avanzado en mi senda de fe, reconocí que los principios del planeo que había aprendido siendo joven tienen grandes similitudes con principios espirituales: en ambos casos, debemos evitar hundirnos y buscar elevarnos.
En el centro de nuestra fe se encuentra la gloriosa verdad de que tenemos un Padre Celestial que nos adora, a cuyo Hijo, nuestro Salvador, ¡le encanta elevarnos!
Solo piensen en todos los relatos de las Escrituras que muestran a nuestro Redentor elevando a personas de la desesperación, de su “hundimiento” figurado. Con Su mano todopoderosa, elevó a Su amado Pedro cuando se hundía entre las olas; Él levantó a la hija de Jairo de las profundidades de la muerte; y tras sanar al muchacho afligido por un espíritu inmundo, que estaba “como muerto, […] Jesús, tomándole de la mano, [lo] levantó”.
Nuestro Salvador buscaba constantemente a las almas más desesperadas que se estuvieran hundiendo en la oscuridad y el temor, y las elevaba. ¡Y Él quiere elevarlos a ustedes!
Podemos aprender a evitar el hundimiento espiritual y hallar el sustento espiritual
Mediante la sublime gracia de Jesucristo, podemos evitar el hundimiento espiritual y hallar el sustento espiritual. El sustento espiritual no se puede ver; pero conforme aprendemos a discernir y a actuar de acuerdo con las delicadas impresiones del Santo Espíritu, podemos sentirlo tan ciertamente como yo sentía el aire elevar un ala.
¿Reconocen momentos en que hayan sentido de modo innegable el sustento espiritual? ¿Dónde estaban? ¿Qué sintieron? ¿No es magnífico sentir que se les impulsa a las alturas, ascendiendo más y más hacia su Padre Celestial y hacia el potencial eterno que les corresponde?
Asimismo, ¿reconocen momentos en los que han sentido el hundimiento espiritual? Es probable que recuerden lo que sintieron por contraste. Tal como al planear, nos alejamos de ello con decisión.
Si no se está elevando con sustento, se está descendiendo
Al planear, si no se está subiendo activamente con sustento, se está descendiendo. Este es un hecho incómodo. El descenso puede ser tan gradual que, a menos que presten atención a la altitud, quizá no noten que están cayendo.
¿No es así en la vida? ¡Qué fácil es deslizarse lentamente desde las alturas espirituales a las que tanto nos ha costado elevarnos cuando descuidamos los hábitos y comportamientos que nos llevaron hasta ahí! Rara vez tenemos la intención de descender; queremos el sustento, el gozo y las bendiciones que conlleva, pero puede que no reconozcamos el costo sutil de descuidar la comunión vital con nuestro Padre, nuestro Salvador y el Santo Espíritu.
Experimentar la sustentación
Cuando por primera vez experimentamos el sustento espiritual, es maravilloso. Podemos tener un sentimiento de ligereza que expande el alma, diferente a cualquier cosa que hayamos experimentado.
Un ejemplo convincente de esto en el Libro de Mormón es cuando Ammón alaba a Dios, al “solt[ar] a [sus] hermanos de las cadenas del infierno”. Ellos habían estado “rodeados de eternas tinieblas y destrucción” y fueron “traído[s] a Su luz eterna; […] [circundados por] la incomparable munificencia de Su amor”: ¡una redención del hundimiento más extremo a la sustentación más elevada!
Ammón trata de expresar su agradecimiento: “He aquí, ¿quién puede gloriarse demasiado en el Señor? Sí, ¿y quién podrá decir demasiado de su gran poder, y de su misericordia y de su longanimidad [hacia] los hijos de los hombres? He aquí, os digo que no puedo expresar ni la más mínima parte de lo que siento”.
Ammón no logra describir esta profunda transición de una caída devastadora a un sustento tan glorioso. Y no he conocido a alguien que pueda hacerlo. El idioma del Espíritu de Dios no es un idioma de palabras.
Mantenernos en la sustentación
Pero la sustentación y el hundimiento en la esfera espiritual son reales. Presten mucha atención a los sentimientos dulces y apacibles que vienen cuando eligen el sustento espiritual, a las fuerzas ascendentes que los acercan a la amorosa influencia elevadora del Salvador.
Asimismo, presten atención a los sentimientos confusos y debilitantes que los alejan del Redentor y de Su amor infinito.
¡Y, oh, el gozo que viene cuando otros experimentan el sustento, elevándonos en espiral en el amor y la luz de Jesucristo! Como hijos del convenio, tenemos el privilegio y la responsabilidad de ayudar al Señor a cumplir Sus promesas a todos Sus hijos. Ayudar a los demás a apartarse del hundimiento y dirigirse hacia el sustento de Jesucristo; esa es nuestra gloriosa oportunidad y brinda un gozo incomparable.
Jesucristo vive y le encanta elevarnos
Podemos aprender a vivir en el sustento espiritual y, al hundirnos, nuestro amable Salvador está presto para elevarnos al acercarnos a Él. ¡A Jesucristo le encanta elevarnos!
¿Cómo sería vivir en sustentación? Es sencillo: busquen un guía fiel y aprendan de él dónde hallarla. Sintonicen activamente los dulces sentimientos del Espíritu Santo con las cosas de su vida que los conducen a ese lugar. Súmense a los que están subiendo. Hagan lo que ellos hacen. Busquen esas señales sutiles de hundimiento en su propia vida y aléjense con decisión. Y cuando encuentren el sustento, ¡muéstrenle a otra persona dónde y cómo elevarse! ¡Y vuelen en el gozo del Señor!
La promesa del Salvador es: “Si hacéis estas cosas, benditos sois, porque seréis enaltecidos en el postrer día”.
Nada de esto es complicado; solo hay que seguir volviéndonos hacia el Salvador, hacia la fuente de sustento y seguir escogiendo elevarnos hacia la luz, en vez de desviarnos imperceptiblemente hacia la oscuridad.
Recuerden: nuestro Padre envió a Su magnífico Hijo para ser levantado sobre la cruz de modo que pudiese atraer a todos nosotros a Sus brazos amorosos.
Su Salvador es su sustento. Él es el aire que siempre los elevará. No hay límite hasta dónde podamos subir con Él. Jesucristo vive para elevar. En el nombre de Jesucristo. Amén.


























