Conferencia General Octubre 2026
La hora de su misión ha llegado
Por el obispo Sean Douglas
Segundo Consejero del Obispado Presidente
Invito a toda la nueva generación de la Iglesia a que pongan el servir en una misión de tiempo completo en lo más alto de su lista.
Como miembro del Obispado Presidente, tengo el privilegio de servir en el Consejo Ejecutivo Misional de la Iglesia. Tengo un profundo amor por los misioneros de la Iglesia. Son apartados del mundo de una manera única y divinamente comisionados por el Salvador. El presidente Dallin H. Oaks enseña: “Invitamos a todos [los hijos de Dios] a venir a Cristo mediante el arrepentimiento, el bautismo y la confirmación a fin de abrir las puertas del Reino Celestial a los hijos y las hijas de Dios. Nadie más puede hacerlo”. Los misioneros son llamados a ayudar en esta obra.
Hoy en día, hay más misioneros sirviendo en más misiones y más hijos de Dios eligiendo entrar en la Iglesia del Señor por medio del bautismo que nunca antes en esta dispensación.
Amamos a los misioneros de todas las edades. Ustedes son un ejército de rectitud cuyo objetivo es la doctrina de Cristo. Son una fuerza de fe, poder, amor y gozo. Ustedes son lo que predican; no son solo los mensajeros, sino también ejemplos vivientes del mensaje. Sin duda alguna, están haciendo la obra más importante que podrían estar haciendo. Les damos gracias por edificar el Reino de Dios en la tierra.
Hace unos meses, asistí a una reunión sacramental en la que mis dos sobrinos nietos, que son hermanos, hablaron antes de partir para sus misiones. Estaban radiantes de entusiasmo y ansiosos por servir. Tal vez se debía a que sus asignaciones están a miles de kilómetros de casa en extremos opuestos de la tierra. Pero en realidad, su deseo de servir al Señor era inconfundible.
Me recordaron a los hijos de Mosíah, en el Libro de Mormón, quienes “estaban deseosos de que la salvación fuese declarada a toda criatura, porque no podían soportar que alma humana alguna pereciera”.
Su deseo de servir al Señor estaba por encima de cualquier otra ambición personal. Eso es lo que hace especiales a los misioneros; es por eso que irradian la Luz de Cristo y enseñan con poder convincente. Por un tiempo, dejan todo de lado: la formación académica, las citas, las carreras profesionales, el tiempo en familia e incluso dormir hasta tarde los sábados por la mañana. ¡Sí, el Señor tiene altas expectativas en cuanto a ustedes! Pero, ¡sí que vale la pena!. El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Nada se le compara en magnitud, nada se le compara en importancia, nada se le compara en majestad”.
Dios los reservó para este momento. Se les enseñó y preparó, antes de nacer, para invitar a los hijos de Dios a venir a Cristo. Podríamos decir que está en su ADN espiritual. Tengan cuidado de no distraerse. Denle prioridad y no dejen que nada se interponga en el camino. ¡Los necesitamos!
La hermana Douglas y yo servimos como líderes de misión en Lima, Perú. Uno de nuestros maravillosos misioneros fue el élder Merlín Sánchez. Merlín fue bautizado cuando tenía casi veinticuatro años. Como hacen algunos, dejó de participar por un tiempo. Un amigo fiel lo ayudó a comenzar a llenar sus papeles y a programar un examen físico, aunque Merlín aún no había decidido servir en una misión.
Con la ayuda de amigos y líderes, Merlín regresó a la Iglesia a los veinticinco años y un deseo de servir en una misión de pronto llenó su corazón. Por suerte, sus papeles ya estaban muy avanzados. Una vez que tomó la decisión de ir, fue milagroso ver cómo el Señor eliminó uno por uno los obstáculos que parecían insuperables. Cuando le pregunté por qué quería servir, respondió: “Solo quiero estar cerca de Jesucristo y seguirlo”.
Llegó a ser un maravilloso misionero, convertido a Jesucristo y a Su doctrina. Cada una de sus experiencias, pruebas y compañeros se consagraron para su beneficio. Curiosamente, el élder Sánchez sirvió dos veces con el mismo compañero, por un total de ocho meses. Aunque tenían personalidades opuestas, llegaron a estar unidos en propósito, juntos por designio divino.
Merlín conoció a su compañera eterna, Gali, unos pocos meses después de la misión. El día de su boda fue llamado a ser obispo, ¡todo un regalo de bodas! No hubo tiempo para que su discipulado se interrumpiera ni para que su fe disminuyera. Después de todo, servir en una misión es solo uno de los muchos pasos significativos en la senda de un discipulado para toda la vida.
Merlín y Gali hoy tienen una hermosa familia con tres hijos, mientras Merlín sirve como presidente de estaca. No pueden imaginar sus vidas si Merlín no hubiera servido en una misión.
Maravillosos jóvenes conversos de la Iglesia, puede ser que una misión no haya sido parte de sus planes, pero ahora sí debería serlo. Invito a toda la nueva generación de la Iglesia a que pongan el servir en una misión de tiempo completo en lo más alto de su lista. No se distraigan con alternativas de mucho menos valor. Algunos podrían ser como Amulek, en el Libro de Mormón, que expresó: “Porque fui llamado muchas veces, y no quise oír”.
Hoy, los profetas de Dios enérgicamente reafirman que “el Señor ha pedido a cada hombre joven digno y capaz que se prepare para la misión y sirva en ella. Para [ustedes], el servicio misional es una responsabilidad del sacerdocio […]. Para ustedes, capaces y jóvenes hermanas, la misión también es una oportunidad poderosa, aunque opcional […]. Oren para saber si el Señor desea que sirvan en una misión”.
Nos regocijamos profundamente por su fiel respuesta al llamado del profeta a actuar. Un número récord de misioneros de todas las edades están hallando gran gozo al dedicarse humildemente a servir al Señor mediante su labor entre los hijos del Padre Celestial. Deseo añadir de todo corazón: ¡Todavía hay mucho espacio y hay un lugar especial reservado para cada uno de ustedes! ¡Los necesitamos! “¡Firmes marchad!”.
Ustedes tienen un testimonio de Jesucristo y Su Expiación que puede bendecir a un mundo que sufre sin el conocimiento de Su misión divina. Ruego que hagan suya la gran comisión del Salvador.
Concluyo con las palabras de nuestro Salvador dadas a José Smith y dirigidas a Thomas B. Marsh, quien fue llamado a predicar el Evangelio en 1830. Los invito a sustituir el nombre de Thomas por su propio nombre:
“Tomás, hijo mío [o hija mía] […],
“Alza tu corazón y regocíjate, porque la hora de tu misión ha llegado; y será desatada tu lengua y declararás buenas nuevas de gran gozo a esta generación […].
“Por tanto, mete tu hoz con toda tu alma, y tus pecados te son perdonados, y tus espaldas serán cargadas de gavillas […]. Por consiguiente tu familia vivirá.
“He aquí […], apártate de ellos por un corto tiempo solamente y declara mi palabra, y yo prepararé un lugar para ellos. […]
“Abriré el corazón de los del pueblo, y te recibirán; y estableceré la iglesia por tu mano”.
En el nombre de Jesucristo. Amén.


























