Jesucristo es la Luz y la Vida del mundo

Conferencia General Octubre 2026

Jesucristo es la Luz y la Vida del mundo

Por el élder Thabo Lebethoa
De los Setenta

Sean cuales sean las preocupaciones, los desafíos y las dificultades que tengamos en nuestra vida, la respuesta siempre es Jesucristo.


En mi país natal, Sudáfrica, es costumbre que los padres les pongan a sus hijos nombres con un significado especial. Mi nombre es Thabo; significa “gozo”. El segundo nombre de mi amada esposa es Gadifele, que significa “eterno o sin fin”. Juntos, nuestros nombres significan “gozo eterno”. ¡Qué gran expectativa!

Pero poco después de casarnos, una noche una conversación se convirtió de forma inesperada en nuestro primer desacuerdo serio. Rápidamente derivó en una discusión y pasamos de ser una pareja alegre y feliz a dejar de hablarnos, sumidos en un egoísta estado de silenciosa desesperación.

Muchos de nosotros hemos vivido momentos en los que una conversación o un debate con un cónyuge, un hijo, un familiar, un amigo, un colega o un vecino no terminó como esperábamos. En esos momentos, lo que quizás comenzó como un simple intercambio de ideas podría dejarnos con sentimientos de enojo, decepción, frustración o incluso remordimiento.

Mientras meditaba sobre qué hacer, acudieron a mi mente las palabras que pronunció Jesucristo cuando se apareció al pueblo de Nefi en el Libro de Mormón. Él enseñó:

“Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.

“He aquí, esta no es mi doctrina, agitar con ira el corazón de los hombres, el uno contra el otro; antes bien mi doctrina es esta, que se acaben tales cosas” (3 Nefi 11:29–30, cursiva agregada).

Jesucristo es la Luz y la Vida del mundo

Estas palabras de las Escrituras me iluminaron la mente y me ayudaron a saber cómo resolver la dificultad que afrontaba. Esa iluminación proviene del Salvador. En 3 Nefi 11:11, el Salvador dijo: “Soy la luz y la vida del mundo” (cursiva agregada). Por medio de Su Espíritu, Él nos ilumina la mente (véase Doctrina y Convenios 6:15). Su luz también se revela por medio de Su vida perfecta y Sus enseñanzas. Él declaró: “Yo soy la luz; yo os he dado el ejemplo” (3 Nefi 18:16), y Sus palabras son “luz a [nuestro] camino” (Salmo 119:105).

¿Cómo podemos recibir más luz del Salvador en nuestra vida?

Muchos de nosotros quizás nos preguntemos cómo podemos recibir más luz del Salvador al lidiar con las dificultades y los desafíos cotidianos de la vida. Tal vez nos preocupe llegar a ser autosuficientes; satisfacer las exigencias que se nos imponen en los estudios o en el trabajo; tener sentimientos de incapacidad, temor y duda; saber cómo afrontar la pérdida de un ser querido; o, simplemente, saber qué hacer con nuestra vida. Sean cuales sean las preocupaciones, los desafíos y las dificultades que tengamos en nuestra vida, la respuesta siempre es Jesucristo.

Jesucristo puede traer luz a nuestros momentos de oscuridad y restaurar la esperanza donde haya desesperanza. Él sabe dónde hemos estado, dónde estamos y dónde debemos estar. Por medio de Él, hoy puede ser un nuevo día y mañana puede ser un día mejor.

Estas son algunas cosas que podemos hacer para aumentar la luz del Salvador en nuestra vida.

Primero, aumentar nuestra fe en el Señor Jesucristo
Tener fe en Jesucristo significa confiar en que Él entiende nuestras dificultades diarias y sabe cómo ayudarnos a superarlas porque ha experimentado todos nuestros dolores, aflicciones y debilidades (véase Alma 7:11–12). Debemos confiar en que Él siempre está dispuesto a ayudarnos cuando recordemos “mira[r] hacia [Él] en todo pensamiento” y “no dud[emo]s; no tem[amo]s” (Doctrina y Convenios 6:36).

En la Conferencia General de octubre de 2024, el presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó: “Una fe firme en Jesucristo no sucede de la noche a la mañana. No, en este mundo terrenal, los que crecen espontáneamente son los espinos y los cardos de la duda. El árbol saludable y fructífero de la fe requiere un esfuerzo intencional” (“Nutran las raíces, y las ramas crecerán”, Liahona, noviembre de 2024, pág. 102).

En un discurso dirigido a los estudiantes de BYU, el presidente Dallin H. Oaks enseñó: “Una fe firme requiere más que un fuerte deseo; significa esforzarse a diario, paso a paso, con oración y el estudio de las Escrituras” (“Acercarnos más a Jesucristo”, devocional en la Universidad Brigham Young, 10 de febrero de 2026, pág. 2; speeches.byu.edu).

Segundo, estudiar las Escrituras a diario, en particular el Libro de Mormón
En Predicad Mi Evangelio aprendemos: “A medida que las personas lean y oren acerca del Libro de Mormón, llegarán a conocer mejor al Salvador y experimentarán Su amor” (Predicad Mi Evangelio: Una guía para compartir el Evangelio de Jesucristo, 2023, pág. 117).

No existe una única manera correcta de estudiar las Escrituras. Podríamos optar por leer cronológicamente, estudiar por temas, centrarnos en una pregunta en particular o comenzar por un pasaje o versículo que nos llame la atención. También podríamos elegir el momento más oportuno para nuestras circunstancias. En última instancia, el método, el momento y la duración de nuestro estudio de las Escrituras importan menos que la constancia y sinceridad de nuestro esfuerzo.

Cuando servíamos como líderes de misión en nuestro país natal, uno de nuestros misioneros nos contó la historia de un hombre al que estaban enseñando que, después de leer el Libro de Mormón, tomó una pala, cavó un hoyo en su jardín, vació en él una lata grande de café que acababa de comprar y lo enterró allí. Ese hombre fue iluminado por el Espíritu en cuanto a los cambios que debía hacer y actuó en consecuencia. Nosotros también podemos recibir iluminación al estudiar las Escrituras.

Tercero, practicar el arrepentimiento a diario
El arrepentimiento significa cambiar el modo de pensar y volver el corazón a Dios. Meditemos sobre los cambios que debemos hacer en nuestra vida. Estos podrían abarcar cómo usamos el tiempo, las cosas que vemos o escuchamos, y el lenguaje y el tono que usamos al comunicarnos con los demás. Tal vez podamos comenzar preguntándonos qué necesitamos cambiar en nuestra vida. Es importante que recordemos que no tenemos que pasar por esto solos. El Salvador siempre está dispuesto a ayudarnos porque Él ve el fin desde el principio y entiende perfectamente nuestras debilidades; Él siempre está listo para “socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos” (Alma 7:12).

La hermana Tamara W. Runia enseñó que “la invitación a arrepentirse es una expresión del amor de Dios. Decir sí a esa invitación es una expresión del nuestro” (“Su arrepentimiento no es una carga para Jesucristo, sino que intensifica Su gozo”, Liahona, mayo de 2025, pág. 91).

Testifico que hoy puede ser un nuevo día y que mañana será un día mejor para todos aquellos que vienen a Jesucristo y reciben Su luz en su vida. Con amor Él nos llama: “Venid a mí […], y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). En el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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