Sellados por el Santo Espíritu de la Promesa

Conferencia General Octubre 2026

Sellados por el Santo Espíritu de la Promesa

(Doctrina y Convenios 132:7)

Por el élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Recibir las ordenanzas del sacerdocio y concertar convenios sagrados son pasos esenciales en la “meta principal de la vida” para alinear nuestro corazón, mente y vida con la voluntad de Dios.


Hace muchos años, aprendí una lección crucial del presidente Boyd K. Packer. Él dijo:

“No importa nuestra ciudadanía o raza, si somos hombres o mujeres, no importa nuestra educación o empleo, ni la época en que vivimos, ya que la vida para todos es un viaje de regreso al hogar, de regreso a la presencia de Dios.

“Las ordenanzas y los convenios constituyen nuestra credencial para entrar en Su presencia. El recibirlos dignamente es la meta principal de la vida; y cumplir con ellos es el objetivo de esta vida”.

Ruego que el Espíritu Santo nos instruya e ilumine a cada uno de nosotros al considerar la importancia de las ordenanzas y de los convenios como credenciales espirituales para nuestro viaje de regreso al Padre Celestial.

La parábola del pasaporte

Comenzaré con un breve relato. En una ocasión, un hombre quería visitar a unos familiares en un país lejano. Hizo los planes de viaje, empacó su maleta y viajó en avión a la ciudad donde vivían sus parientes.

El hombre salió entusiasmado del avión y se dirigió hacia el puesto de control de pasaportes. Tenía un pasaporte válido emitido por un organismo autorizado del gobierno de su país. Presentó su pasaporte a un funcionario fronterizo, quien verificó la identidad, la nacionalidad y los motivos de la visita al país. Pero el hombre no había cuidado bien su pasaporte. La página de datos personales estaba manchada y dañada y una página rasgada se había reparado de forma no autorizada con cinta adhesiva y pegamento.

Por consiguiente, el funcionario fronterizo rechazó su pasaporte y se negó a estamparle el sello necesario para que entrara en el país. El hombre se sintió decepcionado y perplejo respecto a lo que debía hacer a continuación.

La lección de esta historia es bastante sencilla: la integridad de un pasaporte debe mantenerse a lo largo del tiempo. Tener un pasaporte válido le daba al hombre la oportunidad para entrar en el país, pero el pasaporte por sí solo no garantizaba que realmente se le permitiera entrar en él.

Por supuesto, esta sencilla analogía tiene limitaciones. A diferencia del daño que pueda sufrir un pasaporte físico, las adversidades y aflicciones que experimentamos sin que sea nuestra culpa no disminuyen las promesas que Dios nos ha hecho ni invalidan nuestros convenios.

Convenios, ordenanzas y bendiciones prometidas

Para los discípulos de Jesucristo, recibir las ordenanzas del sacerdocio y concertar convenios sagrados son pasos esenciales en la “meta principal de la vida” para alinear nuestro corazón, mente y vida con la voluntad de Dios.

Un convenio es una promesa solemne, un compromiso perdurable entre Dios y Sus hijos e hijas. Dios define las condiciones de todos los convenios del Evangelio y Sus hijos ejercen su albedrío moral para conocer y aceptar lo que Él les pide que hagan.

Los convenios se reciben mediante ordenanzas sagradas. Una ordenanza es un acto sagrado efectuado mediante la autoridad del sacerdocio que tiene un propósito espiritual, importancia eterna y está relacionado con las leyes y los estatutos de Dios. Las ordenanzas también nos enseñan acerca de la naturaleza de los convenios que aceptamos en nuestra vida.

Los convenios y las ordenanzas del Evangelio restaurado del Salvador son credenciales espirituales que pueden abrir de par en par las ventanas celestiales de oportunidades para recibir en nuestra vida propósito, dirección y fortaleza divinos. Dios promete a Sus hijos e hijas bendiciones sublimes por honrar los convenios, lo que incluye la obediencia a las leyes y a las ordenanzas del Evangelio de Jesucristo. Se requiere una fidelidad continua para que esas credenciales sean válidas y para que se reciban las bendiciones prometidas.

El Espíritu Santo es el Santo Espíritu de la Promesa

El Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad. Es un personaje de espíritu, testifica de toda verdad y es el testigo y mensajero del Padre y del Hijo.

El Espíritu Santo también se describe en las Escrituras como el Santo Espíritu de la Promesa, quien ratifica o confirma como aceptables ante Dios los actos rectos de Sus hijos. En última instancia, todas las ordenanzas y los convenios del Evangelio deben ser sellados por el Santo Espíritu de la Promesa. Como el Señor reveló al profeta José Smith: “Todos los convenios […] que no son hechos, ni concertados, ni sellados por el Santo Espíritu de la Promesa […] ninguna eficacia, virtud o fuerza tienen en la resurrección de los muertos”.

Cuando el Santo Espíritu de la Promesa sella una ordenanza, una promesa o un convenio, estos se ligan en la tierra y en los cielos. Este sellamiento es condicional en la vida terrenal y puede romperse o perderse por falta de rectitud.

Recibir este sellamiento ratificador por parte del Espíritu Santo no suele ser un acontecimiento que ocurre una sola vez; más bien, se produce con el transcurso del tiempo a medida que nos arrepentimos de forma sincera y continua, honramos nuestros convenios y entregamos nuestro corazón a Dios. El procurar esa bendición con rectitud es “el objetivo de esta vida”, tal como lo describió el presidente Packer.

Al igual que el hombre de mi relato del pasaporte necesitaba un sello autorizado en su pasaporte para entrar en un país extranjero, así también cada uno de nosotros necesita el testimonio verificador del Santo Espíritu de la Promesa a fin de recibir las bendiciones eternas relacionadas con los convenios y las ordenanzas del Evangelio del Salvador.

Cada uno de nosotros debería estar siempre agradecido por las sagradas oportunidades de “anda[r] en todas las ordenanzas del Señor” y de recibir por el Santo Espíritu de la Promesa, “con el transcurso del tiempo”, el sello ratificador que garantiza todas las bendiciones prometidas.

La ordenanza selladora

El sellamiento de un hombre y de una mujer en la Casa del Señor es el convenio y la ordenanza supremos del Evangelio restaurado del Salvador. Y lo que es más importante, comprender la importancia doctrinal de que una ordenanza de sellamiento sea sellada por el Santo Espíritu de la Promesa ayuda a abordar, en parte, preguntas sumamente personales sobre si las decisiones de otra persona pueden privar de las bendiciones eternas a una persona fiel que guarda sus convenios.

La ordenanza del sellamiento comprende dos partes fundamentales que se relacionan entre sí: (1) la unión eterna de un hombre y de una mujer en matrimonio, lo que puede entenderse como un sellamiento lateral, y (2) el sellamiento del esposo y de la esposa en la familia eterna de Dios y la unión de la humanidad a través de todas las generaciones, lo que puede entenderse como un sellamiento vertical. Ambos elementos de la ordenanza son cruciales.

Los resultados deseados, y por los que se ora, de un sellamiento en el templo entre un hombre y una mujer incluyen toda una vida de crecimiento espiritual, de devoción conyugal, de fidelidad, de trabajar juntos para superar las incertidumbres y los desafíos de la vida terrenal, y de felicidad duradera.

En ocasiones, lamentablemente, los resultados deseados y por los que se ora no se producen. Los pecados, la infidelidad, la apostasía personal u otras dificultades de un cónyuge pueden causar contención, distanciamiento e incluso el divorcio. En esos casos, un cónyuge fiel podría preguntarse: “¿Puede el ejercicio no recto del albedrío moral por parte de otra persona privarme de lo que Dios ha prometido?”. ¡La respuesta a esta pregunta es un rotundo no!

Las acciones que no son dignas de un cónyuge ciertamente traen angustia y pesar al otro cónyuge y a los miembros de la familia. Sin embargo, la iniquidad de una persona no puede obstaculizar ni impedir el flujo del amor, de la fortaleza y de las bendiciones de Dios hacia otra persona. El poder de la Expiación infinita y eterna del Señor puede vencer todas las cosas, todo el tiempo, en todo lugar, para toda persona que se aferre a sus convenios con Él.

El cónyuge que viola los convenios y no se arrepiente renuncia a la oportunidad de recibir para sí mismo el sello ratificador del Santo Espíritu de la Promesa tanto en el aspecto lateral como en el vertical de la ordenanza del sellamiento.

El cónyuge fiel que honra los convenios y sigue adelante con fe permanece digno de recibir para sí mismo el sello ratificador del Santo Espíritu de la Promesa en relación con el aspecto vertical de la ordenanza del sellamiento y de recibir todas las demás bendiciones individuales relacionadas.

Tal vez se pregunten: “¿Cómo puede ser este el caso si un matrimonio en el templo no perdura?”.

La doctrina revelada de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no aborda todos los detalles y matices de tales casos. No sé ni puedo explicar con precisión cómo y cuándo se reciben las bendiciones prometidas, pero sí sé que las bendiciones prometidas se recibirán. Al final, ningún discípulo fiel se verá privado de ninguna bendición eterna que Dios le haya prometido debido al ejercicio no recto del albedrío moral por parte de otra persona.

Concluyo con el tranquilizador testimonio del rey Benjamín: “Quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad. ¡Oh recordad, recordad que estas cosas son verdaderas!, porque el Señor Dios lo ha declarado”.

Testifico con gozo de la veracidad de la promesa profética del rey Benjamín, en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 

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