Conferencia General Octubre 2026
Enseñar la verdad con amor
Por el élder Clark G. Gilbert
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Enseñar la verdad con amor será el sello distintivo de los discípulos de Cristo en los últimos días.
Introducción
Se necesita valor para defender la verdad. Se necesita aún más valor para defender la verdad con amor. El presidente Dallin H. Oaks ha recalcado repetidamente este mensaje. En la última conferencia general, explicó el desafío: “Cuando tratamos de guardar todos los mandamientos en nuestra vida personal, a veces se nos acusa de no amar a quienes no lo hacen. Cuando mostramos un amor personal y apoyamos causas nobles, a veces se nos malinterpreta como sugiriendo que apoyamos resultados que contradicen nuestros […] deberes religiosos”.
Al preparar mi mensaje de hoy, me ha preocupado que algunos selectivamente se centren solo en la verdad o que otros se centren solo en el amor. También me preocupaba que algunos solo vieran las deficiencias de los demás y olvidaran sus propias debilidades. Recuerdo que cuando el presidente Russell M. Nelson dio un discurso sobre ser pacificadores, comencé a hacer una lista mental de todas las personas que pensé que necesitaban su mensaje. Entonces, él dio esta advertencia: “Tal vez piensen que este mensaje en verdad ayudaría a alguien [más] que conocen […]. Pero también tengo la esperanza de que examinen bien el corazón de ustedes para ver si hay pequeños fragmentos de orgullo o de celos que no les permitan convertirse en pacificadores”.
Hoy extiendo esa misma invitación a cada uno de nosotros.
Cinco principios para defender la verdad con amor
Hace varios años, recibí la asignación de discursar en Ensign College. El presidente Oaks fue el orador principal del devocional y me pidió que hablara con él sobre algunos de los temas doctrinales difíciles de aquel entonces. Esa era una asignación de enormes proporciones. Luego él sugirió que no usáramos mensajes formales por escrito. Sé que seguimos al profeta, pero le respondí vacilante, incluso avergonzado que, por el bien de la Iglesia, tal vez debíamos escribir al menos lo que yo diría. Él cedió y el devocional se tituló: “Estar firmes al proclamar la verdad con amor”. En el discurso, el presidente Oaks compartió cinco principios que me he sentido inspirado a ampliar hoy.
Principio 1: Evitar las situaciones demasiado conflictivas
Primero, eviten las situaciones demasiado conflictivas. El élder Neil L. Andersen enseñó: “Hay ocasiones en que ser pacificadores significa resistir el impulso de responder y, en vez de ello, permanecer callados con dignidad”.
Consideremos la descripción literaria que hace Dostoievski de Cristo y el Gran Inquisidor. Después de haber sido denunciado repetidamente, el Salvador simplemente besó a Su acusador sin dar otra respuesta. En menor medida, recientemente sentí esto cuando un grupo de líderes académicos nacionales criticó agresivamente el papel de la fe en la educación superior. Al reconocer la escalada de tensión del momento, elegí, al menos en esa ocasión, posponer la discusión a pesar de mi fuerte desacuerdo con lo que se estaba diciendo.
A veces, los momentos tensos hacen que sea más difícil ver qué es lo que realmente está causando las protestas de alguien. El presidente Nelson enseñó: “Si tienen amigos o familiares que se apartan de la Iglesia, sigan amándolos […]. No sean engañados por aquellos cuyas dudas pueden provenir de cosas que ustedes no pueden ver en la vida de ellos”. Pienso en la historia de la hermana Anette Dennis sobre el perro herido que, de manera inusual, no respondía a su dueño. A veces, lo que percibimos como hostilidad puede ser, en realidad, el dolor o el remordimiento ocultos de alguien.
No pude darme cuenta de esto con un amigo que, en otros tiempos, había sido fiel espiritualmente, pero que ahora atacaba a la Iglesia. Mi frustración no se debía solo a su amargura, sino a que yo sabía que él conocía la verdad. Lamentablemente, en lugar de reconocer la tensión del momento o que él podría estar sufriendo por razones que yo no podía ver, le respondí con enojo. Puede que yo ganara el debate en ese momento, pero perdí el Espíritu y no logré ayudar a mi amigo, que estaba pasando por un mal momento. Ese día defendí la verdad, pero lo hice sin amor y sin caridad.
Principio 2: Encontrar puntos en común
Una segunda manera de defender la verdad con amor es primero encontrar puntos en común. Una vez, un presidente de estaca me trajo una larga lista de visitas de ministración. Le sugerí que eligiera solo una casa, dadas las limitaciones de nuestro horario. Técnicamente, él cumplió con la petición, pero cuando llegamos a la casa, había cinco personas distintas esperando adentro; cada una con una preocupación completamente diferente. Le pregunté: “Bueno, ¿por dónde quiere empezar?”. Mientras escuchaba sus historias, en ocasiones tuve la tentación de intervenir, pero el Espíritu seguía inspirándome a esperar. Después de casi dos horas de escuchar, incluso durante el tiempo de nuestra siguiente reunión, empecé a entender mejor sus dificultades y pude sentir sus esfuerzos sinceros. Y cuando les invité a venir a la conferencia de estaca de esa noche, cada una de esas personas aceptó.
Resistir el impulso de responder de inmediato creó un punto en común, lo que me permitió más tarde enseñar desde un lugar de amor. Al igual que con el Salvador, “nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”.
Principio 3: Ser una luz
El tercer principio es ser una luz. El presidente Nelson enseñó: “Hagan que sus amigos escépticos vean cuánto aman ustedes al Señor y a Su Evangelio. ¡Sorprendan a los corazones dudosos de ellos con los corazones creyentes de ustedes!”. La mejor manera de ayudar a otra persona a guardar sus convenios es que ustedes guarden sus propios convenios. Como nos recordó la hermana Tamara Runia: “Permanezcan junto a él […], continúen haciendo señas a aquellos que aman […], que comer del fruto trae felicidad”.
Anteriormente compartí la historia de un ambiente tenso con líderes académicos. Tal vez en parte porque elegí no participar en el momento, posteriormente el rector me pidió asesoramiento para crear un curso sobre el carácter en una de las instituciones académicas más prestigiosas del país. Ser una luz abre más puertas que las que jamás abrirá cualquier argumento punzante.
Principio 4: Aferrarse a la verdad incluso al acercarse a los demás
El cuarto principio es aferrarse a la verdad, incluso al acercarnos a los demás. En abril, el presidente Oaks declaró que mostrar amor por los demás “no significa renunciar a nuestros valores. Los convenios que hemos hecho nos posicionan, inevitablemente, como participantes devotos en la eterna batalla entre la verdad y el error”.
El presidente Jeffrey R. Holland también nos recordó: “Jesús entendía claramente lo que muchos de la cultura moderna parecen olvidar: que hay una diferencia fundamental entre el mandamiento de perdonar el pecado (para lo que Él tenía una capacidad infinita) y el amonestar en contra de justificarlo (lo cual Él nunca hizo, ni siquiera una vez)”.
El presidente Holland lo simplificó aún más cuando declaró: “Hasta donde sé, Cristo nunca le negó Su amor a nadie, pero tampoco dijo ni una sola vez: ‘Porque te amo, estás exento de guardar mis mandamientos’”.
Algunas personas han argumentado que amar a nuestro prójimo (el segundo mandamiento) de alguna manera reemplaza o tiene prioridad sobre amar a Dios (el primer mandamiento). Pero el presidente D. Todd Christofferson señaló: “Poner el primer mandamiento en primer lugar no reduce ni limita nuestra capacidad de guardar el segundo mandamiento; al contrario, la amplía y la fortalece […]. Nuestro amor por Dios eleva nuestra capacidad de amar a los demás de manera más completa y perfecta porque, en esencia, nos asociamos con Dios en el cuidado de Sus hijos”.
Cuando tratamos de amar a los demás minimizando las leyes de Dios, nos separamos de la persona que los ama más que nadie. El Salvador mostró amor por la mujer sorprendida en adulterio, pero Él también le mandó: “Vete, y no peques más”.
Principio 5: Permanecer anclados en Jesucristo
El presidente Nelson advirtió que los “mensajes [del adversario] suelen ser estruendosos, atrevidos y arrogantes”, mientras que el Padre Celestial se comunica “con sencillez, en voz baja y con tan asombrosa claridad que no podemos malentenderlo”. Cristo ejemplificó esto a la perfección para nosotros.
El quinto principio, entonces, es permanecer anclados en Jesucristo. Pregúntense si tienen estos atributos cristianos cuando se esfuerzan por defender la verdad con amor: “Y la caridad es sufrida y es benigna, y no tiene envidia, ni se envanece, no busca lo suyo, no se irrita fácilmente, no piensa el mal, no se regocija en la iniquidad, sino se regocija en la verdad”.
Conclusión
Para los discípulos de Jesucristo, la verdad y el amor siempre van juntos. Creo que enseñar la verdad con amor será el sello distintivo de los discípulos de Cristo en los últimos días. Para algunos, eso requerirá mayor convicción; para otros, exigirá mayor caridad. Sé que el Señor nos ayudará a medida que nos esforcemos por enseñar la verdad con amor. En el nombre de Jesucristo. Amén.


























