El libro de Esdras

Capítulo 7


El capítulo constituye un punto de inflexión doctrinal en la narrativa de la restauración, al desplazar el énfasis desde la reconstrucción física del templo hacia la restauración espiritual mediante la ley de Dios. Esdras emerge no solo como líder político o sacerdote, sino como un modelo paradigmático de discipulado: “preparó su corazón para buscar… cumplir… y enseñar”, lo cual establece una secuencia doctrinal esencial donde la revelación es internalizada antes de ser vivida y posteriormente transmitida. Este orden refleja una teología de la transformación personal que precede a la reforma comunitaria. Asimismo, la reiterada expresión de que “la mano de Jehová… estaba sobre él” revela la doctrina de la gracia capacitadora, mediante la cual Dios no solo llama, sino que habilita y prospera a Sus siervos en el cumplimiento de Su obra. De manera significativa, el respaldo del rey Artajerjes —incluyendo recursos, autoridad judicial y libertad religiosa— ilustra nuevamente la soberanía divina sobre los sistemas terrenales, mostrando que Dios puede alinear estructuras políticas para sostener la instrucción y observancia de Su ley. En conjunto, este capítulo enseña que la verdadera restauración no se consuma únicamente en la edificación externa, sino en la formación de un pueblo instruido, obediente y gobernado por la ley divina, donde líderes fieles, fortalecidos por la mano de Dios, actúan como instrumentos para enseñar, organizar y establecer justicia conforme al orden celestial.

Estos versículos revelan una teología centrada en la transformación mediante la ley de Dios, donde el siervo fiel es guiado por la mano divina, se forma interiormente en la obediencia, y luego enseña y organiza al pueblo bajo principios de justicia y revelación, con el respaldo incluso de estructuras externas dirigidas por la providencia de Dios.


Esdras 7:1 — En el reinado de Artajerjes, rey de Persia, vino Esdras

Siempre es agradable conocer la identidad del autor de cualquier texto. En gran parte del Antiguo Testamento no conocemos al autor, por ejemplo, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes, 2 Reyes, etc. Ahora se nos presenta al autor del libro de Esdras. El estudiante debe saber que algunos eruditos le atribuyen también la autoría de 1 y 2 Crónicas. Además, en los libros apócrifos existe una obra llamada 2 Esdras, que es más extensa que 1 Esdras e incluye grandes verdades junto con algunos errores doctrinales, tal como se promete en Doctrina y Convenios 91. (Véase The Apocrypha, traducido por Edgar J. Goodspeed [Nueva York: Vintage, 1989], págs. 45, 48, 64–65 y 71).

Así, Esdras toma su pluma y escribe la historia de la migración de regreso a Jerusalén (Esdras 1–6). Esta había comenzado con Sesbasar y Zorobabel unos 75–85 años antes de su época (Esdras 1). La historia de Esdras es muy semejante a la de ellos: él dirigirá a un grupo de judíos de regreso a su tierra natal con órdenes del rey de Persia para reconstruir los muros de la ciudad: la Segunda Gran Migración.

Amigo del rey y experto en la Ley de Moisés, Esdras era un sacerdote del linaje de Aarón que vivía en Babilonia. No todos los judíos habían salido de Babilonia con Zorobabel, por lo que todavía había muchos más que recibieron la oportunidad de huir de Babilonia y acudir al monte de la Casa del Señor.

“Esdras, un sacerdote y escriba justo, fue nombrado en el año 458 a. C. para organizar un grupo de exiliados judíos y regresar a la tierra de sus padres (véase Esdras 7:1–11). Numerosos judíos se unieron a las peligrosas caravanas para ayudar a restaurar la dignidad de su antigua tierra y sociedad. Esdras puso en orden los asuntos religiosos e inició reformas rigurosas en Jerusalén y Judá”. (David B. Galbraith, D. Kelly Ogden y Andrew C. Skinner, Jerusalem: The Eternal City [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1996], págs. 123–124).

Historias externas, incluido Josefo, afirman que Jerjes, y no Artajerjes, era el rey de Persia en los días de Esdras, aunque eso es un detalle técnico. Josefo declara que era “sumamente amistoso con los judíos”. (Antigüedades de los Judíos, Libro XI, 5:1).


Esdras 7:6 — “Le concedió el rey todo lo que pidió, pues la mano de Jehová su Dios estaba sobre él.”
Este versículo introduce la doctrina de la gracia divina operante en la vida del siervo fiel. El éxito de Esdras no es meramente humano, sino resultado de la intervención y favor de Dios.

La declaración ofrece una profunda ventana doctrinal hacia la interacción entre la agencia humana y la providencia divina. El texto no atribuye el favor real a la persuasión de Esdras ni a circunstancias políticas fortuitas, sino a la “mano de Jehová”, una expresión teológica que denota poder activo, guía y aprobación divina. Este principio sugiere que cuando un siervo ha alineado su voluntad con la ley de Dios —como se evidencia en la preparación espiritual previa de Esdras—, el Señor no solo bendice sus esfuerzos internos, sino que también dispone las condiciones externas para el cumplimiento de Su obra. Así, la respuesta favorable del rey no es un fin en sí mismo, sino un medio mediante el cual Dios valida y facilita la misión de Su siervo. El versículo enseña que el éxito en la obra divina no depende exclusivamente de habilidades humanas, sino de la presencia activa de Dios que abre puertas, inclina voluntades y concede favor ante los hombres, confirmando que la verdadera eficacia espiritual surge cuando la iniciativa humana está subordinada a la dirección soberana del Señor.


Esdras 7:6 — “Esdras… era escriba diligente en la ley de Moisés”

“En retrospectiva, la lectura de la Ley ante la congregación por parte de Esdras, el ‘escriba diligente en la ley de Moisés’ (Esdras 7:6), fue un acontecimiento muy importante en la historia judía. Este evento y las actitudes que surgieron a partir de él se consideran el comienzo de una afinidad nueva y más fuerte hacia la Ley de Moisés y el establecimiento de una sólida tradición escribal entre los judíos. Aunque existe poca información sobre este período, ya sea de fuentes seculares o escriturales, los historiadores creen que esta tradición escribal, a su vez, llevó a Tierra Santa una forma de adoración en sinagoga que tenía sus raíces en el cautiverio babilónico.

Richard D. Draper: “Parece que antes del cautiverio, el pueblo de Judá había sido descuidado en la preservación de sus escritos sagrados. En ocasiones, las Escrituras incluso se perdieron del conocimiento público, como sucedió en los días anteriores al rey Josías (véase 2 Reyes 22–24). Pero durante los años del cautiverio, los judíos realizaron una especie de ‘operación de rescate’, cuando sus escribas comenzaron a reunir, preservar y multiplicar las obras de los profetas fallecidos. La Torá (los primeros cinco libros de la Biblia, que contienen la Ley de Moisés) era considerada la clave para restablecer la relación especial de Israel con el Señor; y, al procurar una reforma en el corazón del pueblo de Israel, Esdras y otros líderes resolvieron que el pueblo nunca más sería ignorante de la Ley.

“Originalmente, los escribas eran hombres instruidos que se ganaban la vida copiando las Escrituras. Estudiaban diligentemente los escritos sagrados, no solo para detectar errores de copia, sino también para comprender el significado de las Escrituras. Así, en Tierra Santa, el papel de los escribas se amplió. Llegaron a ser maestros de la Ley, explicando su significado y ofreciendo orientación sobre cómo cumplir fielmente sus detalles. Los títulos que adoptaron reflejaban su creciente importancia: abogados, doctores, ancianos y rabinos”. (Richard D. Draper, “Judah between the Testaments”, Ensign, octubre de 1982, págs. 37–38).


Esdras 7:9 — “Pues la buena mano de su Dios estaba sobre él.”
Reafirma el principio de la providencia constante de Dios. No es un evento aislado, sino una guía continua que dirige el camino del justo.

La expresión constituye una formulación teológica rica que encapsula la doctrina de la providencia divina en su dimensión personal y operativa. Esta frase no solo describe protección general, sino una presencia activa y favorable de Dios que guía, abre caminos y asegura el cumplimiento de Sus propósitos en la vida del siervo fiel. En el contexto del viaje de Esdras, la “buena mano” implica dirección en medio de la incertidumbre, preservación frente a los peligros y éxito en una misión que trasciende lo humano. Se sugiere que la gracia de Dios no actúa de manera abstracta, sino concreta, acompañando a aquellos que han preparado su corazón —como se declara en el versículo siguiente— para buscar, obedecer y enseñar la ley divina. Así, esta frase revela una relación de reciprocidad sagrada: cuando el individuo se dispone voluntariamente a alinearse con la voluntad de Dios, el Señor responde con guía, favor y fortalecimiento. En términos más amplios, enseña que el progreso espiritual y el éxito en la obra del Señor no son fruto del mérito humano aislado, sino de la interacción entre la fidelidad del creyente y la intervención constante de la “mano” divina que dirige la historia y sostiene a Sus instrumentos escogidos.


Esdras 7:10 — “Esdras había preparado su corazón para buscar la ley… cumplirla y enseñar…”
Este es el versículo central del capítulo. Establece una secuencia doctrinal clave: buscar, obedecer y enseñar. Representa el modelo ideal de discipulado y liderazgo espiritual.

La afirmación constituye una formulación paradigmática del discipulado en la tradición bíblica, articulando una secuencia teológica que une revelación, transformación personal y responsabilidad comunitaria. El verbo “preparar” indica una disposición deliberada del interior, sugiriendo que el acceso a la ley de Dios no es meramente intelectual, sino espiritual y volitivo; es decir, el corazón debe ser alineado antes que la mente instruida. La progresión tripartita —buscar, cumplir y enseñar— establece un orden doctrinal inalterable: primero, la búsqueda diligente de la voluntad divina mediante el estudio y la revelación; segundo, la encarnación de esa verdad en la vida práctica mediante la obediencia; y tercero, la transmisión autorizada de esa verdad a la comunidad. Este patrón revela que la autoridad para enseñar no deriva únicamente del conocimiento, sino de la fidelidad vivida. En un marco más amplio, Esdras emerge como modelo de líder restaurador, cuya influencia no se fundamenta en poder político, sino en la coherencia entre doctrina y vida. Así, este versículo enseña que la verdadera renovación del pueblo de Dios comienza en la preparación interior del individuo, se consolida en la obediencia, y se extiende mediante la enseñanza, formando una comunidad cimentada en la ley divina vivida y comprendida.


“Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová, y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”. (Esdras 7:10).

“Según la presidencia general de la Escuela Dominical, este pasaje de Esdras explica cómo una persona puede tener éxito al aprender y enseñar la voluntad del Señor. El élder Merlin R. Lybbert, presidente general de la Escuela Dominical, y su segundo consejero, el élder Ronald E. Poelman, hablaron con el Church News acerca del curso de Doctrina del Evangelio de 1994, que estudiaba el Antiguo Testamento.

“El élder Poelman, refiriéndose a Esdras 7:10, comentó: ‘Es interesante que Esdras no preparó sus datos, su lógica ni su intelecto. Preparó su corazón para buscar la ley del Señor. Ahí es donde el Espíritu puede obrar. Podemos preparar nuestro corazón para buscar la ley del Señor preguntándonos: “¿Qué desea el Señor que aprendamos de esto?”. Algunos maestros están ansiosos por causar una buena impresión. Pero si preguntan: “¿Qué quiere el Señor que suceda aquí?” y luego lo hacen, estarán mejor preparados para enseñar’.

“Y añadió el élder Lybbert, el miembro de la clase, al aplicar las mismas preguntas, estará mejor preparado para aprender”. (LDS Church News, 1 de enero de 1994).


Esdras 7:14 — “Conforme a la ley de tu Dios que está en tus manos…”
Aquí se resalta la doctrina de la autoridad basada en la ley divina. Esdras actúa no por iniciativa propia, sino como portador autorizado de la revelación.

La expresión revela una dimensión doctrinal fundamental sobre la relación entre revelación, autoridad y responsabilidad personal. Esta frase no solo describe la posesión física de la ley, sino que implica una mayordomía sagrada: Esdras porta la ley como depositario autorizado de la voluntad divina, lo que le confiere legitimidad para enseñar, juzgar y ordenar al pueblo. El hecho de que un rey gentil reconozca esta ley como norma suprema subraya la universalidad del gobierno de Dios, cuya autoridad trasciende estructuras políticas y culturales. El pasaje enseña que tener “la ley en las manos” conlleva más que conocimiento intelectual; implica la obligación de interpretarla fielmente, vivirla íntegramente y aplicarla con justicia en la comunidad. Así, la ley se convierte en un instrumento vivo de restauración espiritual, y el portador de ella —como Esdras— en un mediador entre la voluntad divina y la vida del pueblo, estableciendo que la verdadera autoridad espiritual no reside en el poder humano, sino en la fidelidad al mandato revelado.


Esdras 7:23 — “Todo lo que es mandado por el Dios del cielo sea hecho prontamente…”
Este versículo refleja la urgencia de la obediencia a Dios, incluso reconocida por un rey gentil. Doctrinalmente, subraya la supremacía del mandato divino.

La declaración encierra una afirmación doctrinal de notable profundidad, al situar la obediencia a Dios como un imperativo no solo espiritual, sino también práctico y urgente. Este mandato, pronunciado por un monarca gentil, revela cómo la autoridad divina trasciende las fronteras del pueblo del convenio y es reconocida, incluso implícitamente, por estructuras políticas externas. La prontitud en la ejecución de los mandamientos sugiere una teología de la obediencia diligente, donde el retraso no es neutral, sino potencialmente una forma de resistencia a la voluntad divina. Además, el contexto del versículo —evitar la ira sobre el reino— indica que la obediencia a Dios tiene implicaciones tanto espirituales como sociales, afectando el bienestar colectivo. Este pasaje enseña que los mandatos divinos demandan una respuesta inmediata y comprometida, y que cuando la ley de Dios es honrada con prontitud, se preserva el orden, se evita el juicio y se facilita la prosperidad de la obra. Así, la frase no solo instruye sobre el qué hacer, sino sobre el cómo: con diligencia, reverencia y reconocimiento de la supremacía del Dios del cielo sobre toda autoridad humana.


Esdras 7:25 — “Pon jueces… a todos los que conocen las leyes de tu Dios; y al que no las conozca, enséñaselas.”
Aquí se manifiesta la doctrina del gobierno justo basado en la ley de Dios y la responsabilidad de enseñar la verdad como fundamento del orden social.

La instrucción articula una visión doctrinal profundamente integrada entre revelación, justicia y pedagogía sagrada. Este mandato no solo establece una estructura administrativa, sino que revela que el orden social del pueblo del convenio debe fundamentarse en la ley divina como norma suprema. Los jueces no son meros funcionarios civiles, sino intérpretes de la voluntad de Dios, lo que sugiere una teología del gobierno donde la autoridad legítima deriva del conocimiento y la fidelidad a la ley revelada. Aún más significativo es el imperativo de enseñar al que no conoce, lo cual introduce el principio de que la ignorancia espiritual no se castiga primero, sino que se redime mediante instrucción, evidenciando un equilibrio entre justicia y misericordia. Este pasaje enseña que la verdadera reforma no se logra únicamente mediante la imposición de normas, sino mediante la transformación del entendimiento del pueblo; así, la enseñanza de la ley se convierte en un acto redentor que capacita a la comunidad para vivir conforme al orden divino, consolidando una sociedad donde la justicia emana del conocimiento de Dios y de la disposición a obedecerle.


Esdras 7:27 — “Bendito Jehová… que puso tal cosa en el corazón del rey…”
Este versículo enseña la soberanía divina sobre los corazones humanos, incluso en líderes políticos, para cumplir Sus propósitos.

La expresión ofrece una ventana teológica hacia la comprensión de la soberanía divina operando en la esfera de la voluntad humana. Este pasaje no presenta a Dios como anulando la agencia del rey, sino como influyendo providencialmente en sus disposiciones internas, alineando sus decisiones con los propósitos del convenio. El reconocimiento de Esdras no se dirige al poder político en sí, sino a la fuente divina que lo orienta, lo cual revela una doctrina fundamental: Dios gobierna no solo mediante revelación directa a Su pueblo, sino también mediante la disposición de los corazones de quienes detentan autoridad temporal. Este principio sugiere que los acontecimientos favorables para la obra de Dios no son meramente coincidencias históricas, sino manifestaciones de una dirección divina intencional. Asimismo, el acto de bendecir a Jehová refleja una teología de gratitud consciente, donde el siervo reconoce que incluso los apoyos externos —recursos, decretos, protección— son expresiones de la gracia divina. En consecuencia, este versículo enseña que la restauración del pueblo y de la adoración no depende exclusivamente de la fidelidad interna, sino también de la intervención de Dios en el orden político, reafirmando que Él es Señor tanto de los corazones individuales como de las estructuras de poder que influyen en la historia redentora.


Esdras 7:28 — “Fortalecido según la mano de Jehová mi Dios sobre mí…”
Refleja la doctrina de la fortaleza espiritual que proviene de Dios, capacitadora para liderar y reunir al pueblo del convenio.

La expresión encapsula una doctrina fundamental acerca de la capacitación divina en el liderazgo del convenio. El “fortalecimiento” que Esdras experimenta no es meramente emocional o circunstancial, sino una dotación espiritual que proviene de la “mano de Jehová”, una frase recurrente que denota la intervención activa, personal y sostenida de Dios en la vida de Sus siervos. Este fortalecimiento no solo le permite actuar con valentía —reuniendo a los jefes de Israel y emprendiendo la obra—, sino que también legitima su autoridad como líder, evidenciando que su iniciativa está alineada con la voluntad divina. El pasaje enseña que el verdadero liderazgo en la obra de Dios no surge de la autosuficiencia, sino de la dependencia consciente de la gracia divina, la cual capacita, guía y sostiene al individuo en medio de responsabilidades sagradas. Así, Esdras se convierte en un modelo de cómo la fortaleza espiritual no es el resultado del esfuerzo humano aislado, sino de una sinergia entre preparación personal y la intervención de Dios, quien fortalece a aquellos que se disponen a cumplir Su ley y a edificar Su pueblo.


“Y me esforcé, porque la mano de Jehová mi Dios estaba sobre mí”

Esdras era un hombre justo con una tarea difícil: conducir con seguridad a un grupo de inmigrantes desde Babilonia hasta Jerusalén. Ese era su llamamiento.

Sabía que no estaba a la altura de la tarea sin la ayuda del Señor, pero también fue lo suficientemente sabio para reconocer la fortaleza que venía de lo alto.

George Q. Cannon: Estas personas necesitan continuamente la fortaleza del Señor. Nunca ha habido un día, ni siquiera una hora, desde el comienzo de esta obra sobre la tierra en estos últimos días, en que los Santos de los Últimos Días hayan carecido del consejo del cielo, de la palabra de Dios y de la guía de ese Espíritu Santo que Dios ha prometido conceder a Sus hijos fieles.

Habiendo sido guiados de esa manera en el pasado, sigue siendo esencial que seamos guiados así en el futuro, para que vivamos de toda palabra que sale de la boca de Dios; no solamente de la que salió de Su boca hace 1.800 años, sino de la que sale de Su boca hoy, en este año de nuestro Señor de 1883.

Y necesitamos esa guía tanto hoy como siempre la hemos necesitado. Necesitamos la intervención directa de la providencia de Dios a nuestro favor; necesitamos la ayuda de Su Santo Espíritu; necesitamos Su palabra, Su bendición, Su poder y Su intervención directa en nuestro beneficio tanto hoy como la necesitó esta Iglesia hace cincuenta años, o como la Iglesia la necesitó hace 1.850 años.

Es absolutamente indispensable para nuestro progreso, para nuestro avance en las cosas que pertenecen a la rectitud y al conocimiento de Dios, que seamos ayudados, sostenidos e inspirados de esta manera. (Journal of Discourses, 24:180–181).

1 Response to El libro de Esdras

  1. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    me eccato por que estoy estudiando esdras

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