Somos testigos: Los Doce Apóstoles en la actualidad

Somos testigos:
Los Doce Apóstoles en la actualidad

Por Sarah Jane Weaver y Jason Swensen
Noticias de la Iglesia
Liahona, Julio 2019

Los Apóstoles de la actualidad comparten sus pensamientos acerca de sus sagrados llamamientos.

En los 189 años que han transcurrido desde la organización de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se ha llamado a 102 hombres a servir como miembros del Cuórum de los Doce Apóstoles. Si bien el Señor ha indicado muchos cambios en la Iglesia desde aquel entonces, los deberes fundamentales de un Apóstol siguen siendo los mismos.

Desde su oficina cerca de la Manzana del Templo, el presidente M. Russell Ballard, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, habló acerca del mandato espiritual que se ha dado a los Apóstoles de testificar del Salvador en todo el mundo, de la conexión especial que comparten con los misioneros, y de algunos conceptos erróneos pero comunes sobre lo que es ser un “apóstol, vidente y revelador”. Cuando se le preguntó si habría otros miembros del Cuórum de los Doce Apóstoles que él recomendaría entrevistar para este artículo sobre sus llamamientos sagra­dos, el presidente Ballard respondió rápidamente: “Sí; a todos ellos”.

Permanecer en sintonía

Los Apóstoles de la actualidad afrontan enormes desafíos. Ministran a congregaciones de todo el mundo que afrontan pruebas como la inestabilidad política, la desintegración de la familia, las presiones constantes de las redes sociales y la incertidumbre económica. Es importante que los Apóstoles comprendan los desafíos y las circunstancias que los miembros afrontan.

Como líderes de la Iglesia, los Apóstoles deben llegar a conocer a las personas y sus circunstancias para poder servir­les mejor.

“Necesitamos saber qué cosas afectan la vida de las perso­nas”, dijo el élder Ulisses Soares. “Los Apóstoles deben vivir en un proceso constante de aprendizaje, investigación y de recibir inspiración y revelación”. Seguir leyendo

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Un modelo de SERVICIO más santo

Un modelo de SERVICIO más santo

Por el élder Patrick Kearon
De la Presidencia de los Setenta
Liahona, Julio 2019

Ruego que sigamos al Cristo viviente con mayor deseo y de manera más eficaz mientras nos esforzamos por llegar a ser verdaderos discípulos de Él, ministrando como Él lo haría.

Cuando tenía 15 o 16 años era muy egocéntrico y, como muchos en la adolescen­cia, inestable, inseguro y vulnerable. Me sentía perdido, acomplejado y torpe. No me ayudó el que mis padres vivieran lejos, en Arabia Saudita, mientras yo residía en un internado de una zona desolada de la costa de Inglaterra. En cuanto a la escuela, no era un lugar muy acogedor.

El mal tiempo era común en esa costa, pero, cierto invierno, una tormenta parti­cularmente grande barrió el mar de Irlanda con vientos huracanados. Cerca de 5000 viviendas quedaron inundadas; los alimentos comenzaron a escasear y la gente se quedó sin electricidad y sin medios para calentar o iluminar sus hogares.

Cuando el nivel del agua empezó a bajar, la escuela nos envió para ayudar con la limpieza. Fue un gran impacto vivir un desastre natural de esa magnitud tan de cerca. Había agua y barro por todas partes. Los rostros de los propietarios de las viviendas inundadas estaban pálidos y demacrados; no habían dormido durante días. Mis com­pañeros de escuela y yo nos pusimos a trabajar, trasladando pertenencias empapadas a los pisos superiores y levantando las alfombras arruinadas. Seguir leyendo

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¿Quién ha visto al Padre y al Hijo?

¿Quién ha visto al Padre y al Hijo?

por Bruce R. McConkie
Liahona, Septiembre 1951


“. . . vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!1. José Smith, hijo.

Muchos profetas han visto a Dios José Smith vió al Padre y al Hijo juntos, mirándolos como personajes glorificados, hombres exaltados, presentes personalmente con él en la Arboleda Sagrada.

Los Santos de los Últimos Días naturalmente han pensado si esta aparición de los dos Gobernantes Supremos del universo fué una revelación reservada para esta última dispensación o si profetas y videntes anteriormente han tenido semejante honor de Dios.

Nuestro conocimiento de apariciones personales y otras manifestaciones de Dios al hombre caen en estas categorías:

1. Vimos y conocimos a ambos, el Padre y el Hijo en la preexistencia.

El Padre es el padre personal de nuestros espíritus. Nacimos a Su imagen él teniendo un cuerpo de carne y huesos, nosotros un cuerpo de materia espiritual. Cristo es nuestro hermano mayor el Primogénito Hijo en Espíritu del Padre.

Brigham Young dijo:

… si pudiéramos ver a nuestro Padre que mora en los cielos, aprenderíamos que somos tan bien conocidos a él como a nuestros padres terrenales; y él sería tan conocido a nosotros en su semblante y estaríamos listos para abrazarlo y besarlo, si tuviéramos el privilegio. 2

Nosotros también vimos al Hijo en la preexistencia. “Entonces sabréis que me habéis visto”, él dijo, y este conocimiento volverá en aquel día cuando los fieles “comprenderéis aun a Dios.” 3

2. Varios profetas, en visión han visto al Padre y al Hijo en los cielos.

Por ejemplo: Esteban, al tiempo de su martirio.

. . . Estando lleno del Espíritu Santo, puesto los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios. Seguir leyendo

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Seis pasos para conseguir empleo

LAS BENDICIONES DE LA AUTOSUFICIENCIA

Seis pasos para conseguir empleo

Por Bruno Vassel III
Liahona, Julio 2019

No podemos ser autosuficientes en lo material si necesitamos un empleo y no lo tenemos. Estos son seis pasos para llegar a conseguir un empleo.

¿Necesita un empleo o un trabajo mejor? ¿Sabe de alguien que lo necesite? La dificultad hoy en día para muchas personas que necesitan desesperadamente un empleo o un trabajo mejor es que con frecuencia no están seguros de cómo encontrar el empleo que desean. Se preguntan: “¿Preparo un currículo? ¿Me doy a conocer en internet? ¿Hago ambas cosas? ¿Y cómo lo hago?”. “¿Cuál es la manera adecuada de responder preguntas como: ‘¿Cuáles son sus puntos débiles?’ y ‘¿Por qué debería contratarlo para este trabajo?’”.

Este artículo contiene un plan de seis pasos (que ha demostrado ser eficaz) sobre lo que debe saber y hacer para conseguir el empleo que desea. Los seis pasos se basan, en parte, en los resultados de una encuesta que realicé sobre prácticas de contratación a 760 empleadores que acudieron a la Universidad Brigham Young en busca de trabajadores. Estos pasos también se elaboraron a partir de la información que recibí de expertos en contrataciones y de mi expe­riencia de más de 30 años proporcionando capacitación en formación laboral y contrataciones a miles de personas en más de 20 países. Por último, mi esposa y yo acabamos de prestar servicio como matrimonio misionero asignado a la implementación de los Servicios de Autosuficiencia en toda Europa. Nuestras experiencias reafirmaron que las personas que buscan empleo necesitan esta ayuda específica. Sin importar dónde viva, cuáles sean sus aptitudes laborales o el puesto de trabajo al que aspire, estos seis pasos pueden ayudarle.

El proceso de conseguir el empleo que desea puede tomar desde unos pocos días hasta varios meses, pero lo importante es que este proceso funciona. Los seis pasos pueden ayudar a las personas que buscan cualquier tipo de empleo dentro de estas tres categorías: (1) quienes buscan un primer empleo, (2) quienes quieren cambiar de empleo o ascender en la empresa para la que trabajan actualmente, y (3) quienes desean obtener un puesto en otra organización.

Paso 1. Determinar el empleo específico que desea ahora mismo.

Debe determinar un empleo realista que pueda desempeñar de inmediato, que encaje con sus aptitudes laborales actuales, su experiencia, sus logros o su formación académica. Cuando lo haya decidido, anote el título del puesto. Si precisa ayuda, hay varios sitios web con listas de muchos tipos de empleo y sus descripciones. Para el paso 1 no necesita encontrar una oferta de empleo, solo determinar el tipo de empleo para el que está preparado y que le interesa. Seguir leyendo

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¿Cómo podemos crear una cultura de inclusión en la Iglesia?

Principios de ministración

¿Cómo podemos crear una cultura de inclusión en la Iglesia?

Liahona, Julio 2019

Cuando echamos un vistazo a nuestros barrios y ramas, vemos personas que pare­cen congeniar con facilidad. De lo que no nos damos cuenta es que, incluso entre quienes parecen congeniar, hay muchos que se sienten excluidos. Por ejemplo, un estudio descubrió recientemente que cerca de la mitad de los adultos de los Estados Unidos se sienten solos, excluidos o aislados de los demás1.

Es importante sentirse incluido; es una necesidad humana fundamental y duele cuando nos sentimos excluidos. Ser excluido puede producir sentimientos de tristeza o enojo2.

Cuando sentimos que no formamos parte de algo, tendemos a buscar un lugar en el que estemos más cómodos. Debemos ayudar a todos a sentir que pertenecen a la Iglesia.

Incluir como lo hizo el Salvador

El Salvador fue el ejemplo perfecto de cómo valorar e incluir a los demás. Cuando escogió a Sus apóstoles, no prestó atención a posiciones sociales, riquezas ni profesiones encumbradas. Valoró a la mujer samaritana junto al pozo al testificarle de Su divinidad a pesar de que los judíos menospreciaban a los samaritanos (véase Juan 4). Él mira el corazón y no hace acepción de personas (véanse 1 Samuel 16:7; Doctrina y Convenios 38:16, 26).

El Salvador dijo:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros. Seguir leyendo

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El mayor ejemplo de caridad

El mayor ejemplo de caridad


No hace mucho tiempo, una niña de tres años veía una película con su familia. Con un gesto de perplejidad señaló la pantalla y dijo: “Mamá, ¡esa gallina es extraña!”.

Sonriendo, la madre respondió: “No es una gallina, es un pavo real”.

A veces creemos reconocer lo que vemos, pero nuestra comprensión es limitada —trátese de gallinas, pavos reales, o personas. No siempre conocemos la historia completa de otros, y no sabemos mucho sobre aquellos con quienes tenemos contacto diario.

Todos sabemos cuán frustrante es ser erróneamente juzgados. Lo cierto es que nadie tiene derecho a juzgar a otras personas ya que nuestras imperfecciones y falta del debido entendimiento nos impiden hacerlo. Además, nadie está preparado para abrir un juicio “terminante” ya que todos somos proyectos sin terminar.

Si nos centramos en lo que nos hace diferentes, y en las fallas de los demás, eso es lo que hallaremos, pero si tratamos de ver lo que tenemos en común y lo que nos une, habrá más posibilidades de conectarnos con otras personas y entendernos mutuamente. Todos compartimos esta tierra en la que vivimos, todos queremos la felicidad y la paz, y todos anhelamos amar y vivir en armonía. En comparación, nuestras diferencias son insignificantes. Seguir leyendo

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La pureza en pensamiento y obra

La pureza en pensamiento y obra

El presidente Gordon B. Hinckley exhorta a los Santos de los Últimos Días a elevarse “por encima de la maldad del mundo”. Aun cuando nos recuerda que “es un desafío trabajar en el mundo y vivir por encima de su inmundicia”, nos pide que seamos fuertes y que “nuestra integridad personal… [gobierne] nuestros actos” (“Los pastores del rebaño” , Conferencia General, abril 1999). Su consejo reafirma el mandato del Señor de que debemos “practicar la virtud y la santidad delante de [él] constantemente” (D. y C. 46:33).

Una vida pura emana de los pensamientos puros. El presidente David O. McKay concretó el proceso:
“Siembra un pensamiento y cose­charás un acto;
“Siembra un acto y cosecharás un hábito;
“Siembra un hábito y cosecharás un carácter;
“Siembra un carácter y cosecharás un destino” (citando en Conference Report, abril de 1962).

Aunque no siempre podemos evitar que los pensamientos impuros entren en nuestra mente, sí podemos evitar que se queden allí. Cuando era consejero del Obispado Presidente, el obispo H. Burke Peterson nos dio un importante consejo:

Primero, debemos impedir que entren en nuestra mente el torrente de… cuentos, chistes, fotografías y conversaciones vulgares y un sinnú­mero de otros productos satánicos…

“Ahora, suponiendo que hayamos cortado este torrente completa­mente —digo cortado por completo y no tan sólo disminuido—, el segundo paso que debemos dar es desarrollar un sistema de filtros que limpiará la gran represa de nuestra mente, de modo que los pensamientos vivifi­cantes que surjan de ella puedan ser nuevamente puros, aptos para el uso… Seguir leyendo

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Viviendo Conforme a la luz

Viviendo Conforme a la luz

Por el Presidente George Albert Smith
Liahona Junio 1951

Encontramos en el mundo un  gran número de hombres y mujeres muy buenos quienes, según su pun­to de vista, están procurando hacer el bien, pero comparativamente, hay muy pocos que tienen una seguridad satisfac­toria del plan y los propósitos de nuestro Padre Celestial para el progreso de sus hijos.

Seguramente nosotros como Santos de los Últimos Días debemos apreciar el co­nocimiento que el evangelio nos da, y de­bemos mostrar nuestra gratitud viviendo conforme a la luz de la verdad y ense­ñándola a otros.

El mormonismo, como es llamado, es el evangelio de Jesucristo; por consiguien­te, es el poder de Dios para la salvación a todo aquel que cree y obedece sus en­señanzas. Pero no son aquellos que sola­mente dicen, “Señor, Señor”, que gozan del compañerismo de su Espíritu, sino aque­llos que hacen su voluntad. Y si no somos más perfectos en nuestras vidas, si no so­mos más justos de lo que son aquellos que no han recibido un conocimiento de es­tas verdades, nos encontraremos atrás de ellos en recibir las bendiciones de nuestro Padre Celestial. Pero si obedecemos sus mandamientos, conservándonos limpios y sin mancha de los pecados del mundo, su poder descansará sobre nosotros, y cada generación en la Iglesia edificará sobre las virtudes de la generación que la ante­cedió.

Recuerden esta admonición: “Mas bus­cad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán aña­didas”. (Mateo 6:33.) Es sobre este pun­to que quiero llamarles la atención. Si los Santos de los Últimos Días guardan los mandamientos de Dios, serán felices; si se conservan puros y sin mancha de los pecados del mundo, el evangelio tal como es enseñado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días redimirá al mundo por causa de la perfección de sus hombres y mujeres. Pero aquellos que con egoísmo se dedican a las cosas de es­te mundo, y a las aspiraciones egoístas de altas posiciones, ignorando o quebrantan­do las leyes naturales de Dios en su bus­ca del placer, y sembrando las semillas de disolución por permitir que sus pasiones más bajas les dominen, no sólo serán infe­lices sino que se marchitarán y morirán, y una raza más digna habitará la tierra. Seguir leyendo

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Un Ejemplo para todos los Hombres

Un Ejemplo para todos los Hombres

Por el Presidente David O. McKay
Liahona Junio 1951

En hechos de amor y servicio bondadoso, el Presidente Smith sobresale como uno que ama a sus semejantes; por consiguiente, “su nombre está a la cabeza de todos los demás” como uno que ama al Señor.

En las mentes de los miembros de la Iglesia y miles de amigos será despenado, como joyas en una diadema, las muchas virtudes que contribuyeron al carácter noble del Presidente Jorge Alberto Smith. De éstos mencionaré solamente dos —Amor y Confianza— mientras rindo tributo a aquel con quien fui honrado en asociarme y conocer íntimamente por más de medio siglo. A las virtudes que contribuyen al éxito en la vida, estas dos son lo que el diamante y la perla son para otras joyas preciosas.

Amor Para con sus Semejantes

Cuando a Jesús se le preguntó cuáles eran los dos mandamientos mayores, él respondió:

Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.
Este es el primero y el grande mandamiento.
Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. —Mateo: 22:37-40.

El presidente Smith ejemplificó esta verdad durante toda su vida. Como un verdadero representante del Señor hizo siempre el bien —ministrando a los enfermos, consolando a los acongojados, amonestando con bondad a los descafilados, visitando a los huérfanos y las viudas, enseñando la luz del evangelio a los que basta entonces no conocían su gloria— ganando la gratitud de aquellos que habían creído que se les había tratado injustamente, y obteniendo el favor merecido de hombres en altas posiciones. Seguir leyendo

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La función de Adán al hacernos llegar la vida terrenal

La función de Adán
al hacernos llegar la vida terrenal

Por el Presidente Joseph Fielding Smith (1876–1972)
Discurso de la conferencia general de octubre de 1967

Cuando se puso a Adán en el Jardín de Edén, estaba en presencia de Dios nuestro Padre Eterno. Hablaba con el Padre y el Padre con él. Pero sucedió algo que tenía que suceder: Adán comió cierto fruto. En mi Biblia, la versión del rey Santiago [en inglés] dice [en una nota al pie] de la caída de Adán que fue “la vergonzosa caída del hombre”. Y bien, la Caída no fue en absoluto vergonzosa.

Adán vino aquí a traer la muerte a la tierra y eso dio como resultado que se expulsara a Adán y a Eva y a su posteridad de la presencia del Eterno Padre. A partir de entonces, el Hijo de Dios entra en escena como nuestro Redentor… El Salvador es quien se halla entre la humanidad y nuestro Padre Celestial… El Hijo es el Mediador entre la raza humana y el Padre Eterno. Raramente se oye una oración a nuestro Padre Celestial que no se ofrezca en el nombre de Su Hijo Amado, y así debe ser. Cristo vino a este mundo a representar a Su Padre; vino al mundo a enseñar a la humanidad quién es Su Padre, por qué debemos adorarlo y cómo debemos hacerlo. Por la ofrenda de Su sangre, Él llevó a cabo la obra más grandiosa que se haya realizado en este mundo terrenal, la cual pagó una deuda que el ser humano debe al Padre Eterno, deuda que heredamos por la caída de Adán.

Ellos nos abrieron la puerta

Adán sólo hizo lo que tenía que hacer: Comió de aquel fruto por un buen motivo, que era abrir la puerta para traernos a este mundo, a ustedes, a mí y a todos los demás, porque él y Eva habrían podido quedarse en el Jardín de Edén; podrían estar allí todavía si Eva no hubiese hecho algo.

Uno de estos días, si alguna vez llego al lugar en donde puedo hablar con nuestra madre Eva, quiero agradecerle el haber tentado a Adán para que comiera el fruto. Él aceptó la tentación, cuyo resultado fue el nacimiento de niños en este mundo… Si ella no hubiese tenido esa influencia en Adán, y si él hubiese actuado de acuerdo con el primer mandamiento que se les había dado, todavía estarían en el Jardín de Edén y nosotros no estaríamos aquí; no habríamos venido a este mundo. Por eso, los que pusieron las notas al pie en la Biblia cometieron un gran error al escribir… “la vergonzosa caída del hombre”.

Bien, eso era lo que el Señor esperaba que Adán hiciera, porque su acción abrió la puerta a la condición mortal; y vinimos aquí, a este mundo terrenal, para recibir capacitación en esa condición que no podíamos obtener en ninguna otra parte ni de ninguna otra manera. Vinimos a este mundo a tomar parte en todas las vicisitudes, para recibir las lecciones que se reciben en un cuerpo terrenal y de un mundo terrenal; así es como estamos sujetos al dolor, a la enfermedad. Somos, además, bendecidos por obedecer los mandamientos del Señor, con todo lo que Él nos ha dado, y si lo seguimos y somos constantes y fieles, eso nos llevará de regreso a la presencia de Dios nuestro Padre Eterno, como Sus hijos e hijas con el derecho de recibir la plenitud de la gloria celestial.

Somos privilegiados por ser mortales

No habría sido posible que recibiéramos esa gran bendición de la gloria celestial sin un período como seres mortales; por eso vinimos a este mundo terrenal. Estamos en la escuela, en una escuela de mortales, a fin de obtener las experiencias, la capacitación, los gozos y los sufrimientos por los que pasamos y así educarnos en todos esos aspectos y prepararnos, si somos fieles y constantes a los mandamientos de Dios, para llegar a ser los hijos y las hijas de Dios y coherederos con Jesucristo, y en Su presencia pasar a la plenitud y a la continuación de las simientes para siempre, y, tal vez por medio de nuestra fidelidad, tener la oportunidad de organizar mundos y de poblarlos.

Hermanos y hermanas, cuando oremos, démosle gracias al Señor por Adán. Si no hubiera sido por él, yo no estaría aquí; ustedes tampoco; estaríamos todavía en los cielos esperando como espíritus y rogando que alguien… pasara por cierta condición que produjera nuestro estado mortal.

Estamos en la vida terrenal para obtener la experiencia, la capacitación que no podríamos lograr de ninguna otra manera. Y a fin de que lleguemos a ser dioses, es necesario que sepamos algo sobre el dolor, sobre la enfermedad y sobre todo lo demás que pasamos en esta escuela terrenal.

Por eso, hermanos y hermanas, no nos quejemos de Adán ni deseemos que él no hubiera hecho lo que hizo. Yo se lo agradezco; estoy contento de tener el privilegio de estar aquí y de pasar por la vida terrenal; y si soy constante y fiel a los convenios y a las obligaciones que tengo como miembro de la Iglesia y en el reino de Dios, podré tener el privilegio de regresar a la presencia del Eterno Padre; y eso mismo les sucederá a ustedes, hijos e hijas de Dios con derecho a la plenitud de la gloria celestial.

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Cuando estamos equivocados

Cuando estamos equivocados


Bien sabemos que nadie es perfecto; las evidencias de ello abundan a nuestro alrededor. No es difícil notar fallas en otras personas, pero a menudo nos cuesta admitir nuestros propios errores, por ser vergonzoso, incómodo y hasta riesgoso. ¿Qué se pensará de nosotros cuando confesamos estar equivocados?

Una vez un alumno fue a hablar con su maestra para cuestionar la calificación recibida en una composición que había hecho. En vez de desentenderse del asunto, la maestra volvió a leer el texto y vio que lo había subestimado, y que había cometido un error. Tras corregir la nota, no sólo se sintió bien consigo misma, sino que causó una buena impresión en el alumno. En vez del joven perder confianza en su maestra, cobró más respeto hacia esa persona que estuvo dispuesta a asumir responsabilidad por su error.

El admitir errores no degrada sino que indica que estamos aprendiendo a ser más sabios de lo que éramos antes. Todos cuantos han logrado algo encomiable —inventores, científicos, artistas, deportistas, hombres de negocios— sufrieron muchos fracasos antes de alcanzar el éxito, pero estos son provechosos sólo si estamos dispuestos a aceptarlos como tales.

Quienes son demasiado orgullosos para reconocer sus imperfecciones se engañan únicamente a sí mismos. Se crean una imagen que no les permite ver lo que tienen por delante en su camino para ser mejores, y se privan de la paz que resulta de vivir honradamente, pese a su condición de ser imperfectos.

Cuando una persona admite un error, sentimos admiración hacia ella. Del mismo modo nos sentimos seguros al reconocer nuestras fallas y al saber que también nosotros podemos mejorar. Piense en el efecto que tiene en un hijo que nos ve admitir un error y esforzarnos por hacer las cosas mejor la próxima vez. Cuánto más vale eso que el tratar de hacerles creer que somos infalibles.

No es sino hasta que aceptamos que todos debemos mejorar que en realidad progresamos. Resulta hermosamente paradójico reconocer que no podemos avanzar hasta que admitimos que hemos estado retrocediendo. Aceptar nuestras debilidades es la mejor forma de demostrar fortaleza.


•  Ver más palabras de inspiración

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¿Robará el Hombre a Dios?

¿Robará el Hombre a Dios?

Por Milton R. Hunter
del Primer Concilio de los Setenta.

Pronunciado en la Conferencia Semestral de la Iglesia en Octubre de 1950.

Cuando entramos en las aguas del bautismo y llegamos a ser miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, aceptamos todos los principios del evangelio, incluyendo el principio de los Diezmos.

En verdad esta es una experiencia que trae humildad—ocupando esta posición. Por eso, pido un interés en su fe y en sus oraciones, y que el Espíritu de Dios descanse sobre mí.

Hace más de dos mil años que un antiguo profeta hebreo, hablando por el Señor, dijo: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te liemos robado? Los diezmos y las primicias”. (Mal. 3:8)

Durante los últimos cinco años y medio, desde que fui hecho miembro del Primer Concilio de los Setenta, be tenido la maravillosa experiencia y oportunidad de viajar por todas las estacas de Sión y por las misiones, he notado con gozo la mucha fe expresada y manifestada por los Santos de los Últimos Días. Miles y miles de ellos están pagando al Señor sus diezmos y ofrendas completos, contribuyendo al programa de bienestar, mandando sus hijos e hijas a la misión, y en casi todos respectos viviendo el Evangelio de Jesucristo. Hacen todas aquellas cosas y mucho más, porque saben que Dios vive; que Jesús es el Cristo y el Salvador del mundo; que José Smith es un profeta de Dios; y que el Evangelio ha sido restaurado por medio del profeta José Smith en nuestros días.

Frecuentemente siento que estoy seguro que Dios está complacido con la Iglesia en general y con muchos de los Santos de los Últimos Días en particular.

Sin embargo, en cambio, he observado que hay ciertos miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días —y quizá miles de ellos— quienes cumplen la profecía o predicción de Malaquías en estos días. Ellos roban a Dios en diezmos y ofrendas. Muchas veces he pensado y aun he expresado la idea de que creo que casi todos los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días, si entendieran completamente la ley de los diezmos; esto es, si supieran la voluntad de Dios a este respecto y especialmente si se les pudieran enseñar a saber y apreciar las grandes bendiciones espirituales que se recibirían como resultado de dar obediencia a esta ley, pagarían sus diezmos y ofrendas al señor completamente. He sugerido en los cultos de los líderes del sacerdocio mientras he viajado Por la Iglesia, que los líderes de las estacas, presidentes de quórumes, obispos, y presidentes de las estacas procuren enseñarle a la gente, la ley de diezmos. Seguir leyendo

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Las Metas Determinan el Éxito del Hombre

Las Metas Determinan el Éxito del Hombre

Por El Presidente David O. McKay.
Segundo Consejero de la Primera Presidencia.

Discurso pronunciado el 19 de octubre de 1950 en la quinta sesión de la Conferencia Semestral número 121 de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.


Con el Presidente Smith y otros de los Hermanos y todos vosotros echo de menos al Presidente Jorge F. Richards, y al otro compañero íntimo de nosotros, el Hermano Frank Evans. Pero ¿quién sabe si no estén más cerca de lo que pensamos?

Y los dos discípulos le oyeron hablar y siguieron a Jesús.

Y volviéndose Jesús y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí (que interpretado quiere decir Maestro), ¿dónde moras?” (Juan 1:37-38)

Hace como cuarenta años, un extranjero se sentaba en este tabernáculo y escuchaba un mensaje tal como el que hemos escuchado durante esta conferencia. Mi informante no me dijo quién había hablado en, esa ocasión, pero pensaba que era Carlos W. Penrose. Al salirse el extranjero y su huésped, el visitante dijo a su compañero, “Daría todo lo que poseo si supiera que lo que ha dicho ese hombre esta tarde es verdad”.

Bueno, no tendría que dar todo lo que poseía para saber que si sólo hubiese seguido el ejemplo de estos dos discípulos hubiese conocido, como ellos, de la verdad de las palabras del Presidente Penrose o de quienquiera que habló en esa ocasión.

Con vuestra ayuda cooperativa y con la inspiración del Señor, deseo señalar esa senda.

“¿Qué Buscáis?” y la respuesta, “Maestro, ¿dónde moras?” Y su respuesta, “Venid y ved”. Estos dos discípulos buscaban a Jesús por el testimonio de Juan el Bautista, a quien habían estado siguiendo, quien solamente unos cuantos días antes, viendo a Jesús pasar cerca del Jordán, dijo, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29) Parece que en esta ocasión ninguno dejó el lado de Juan, pero al día siguiente, Juan lo repitió y estos dos discípulos, uno de los cuales era Andrés, el hermano de Simón Pedro, siguieron a Jesús. Sólo podemos conjeturar de cuán claramente o profundamente sintieron ellos el hecho de que en así buscar al Hijo del Hombre estaban tomando el primer paso hacia la vida eterna. Pero esto sí sabemos, que el Salvador ha dado la seguridad divina que “…esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. (Juan 17:3) Seguir leyendo

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Advertencia Proclamada contra las Herejías

Advertencia Proclamada contra las Herejías

Por el Presidente J. Ruben Clark Jr.
Primer Consejero de la Primera Presidencia.

Discurso pronunciado el día 30 de septiembre de 1950 en la cuarta sesión de la Conferencia Semestral número 121 de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.


Me siento muy humilde, hermanos y hermanas, al pararme ante vosotros este día, y es mi deseo más grande que el espíritu que hasta ahora ha estado presente en esta conferencia continúe con nosotros mientras hable yo. Y a ese fin pido humildemente por vuestra fe y oraciones para que pueda yo ser guiado a decir algo que será beneficioso para vosotros y para todos los que están escuchando por radio.

Podría principiar por dar tributo a aquella gran alma que no está con nosotros este día, quien estuvo en la última conferencia, el Presidente Jorge F. Richards. Jamás he conocido un hombre de espíritu más fino, mayor integridad, más devoción, más lealtad de lo que poseyó y practicó el Presidente Jorge F. Richards durante su vida.

El hermano Frank Evans también era un carácter espléndido, un hombre de gran habilidad, un hombre cuyo lugar será difícil llenar.

Estamos reunidos hoy como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días— y estoy impresionado con ese nombre, La Iglesia de Jesucristo. Quisiera decir algunas palabras hoy tocante la necesidad de recordar nosotros ese nombre y rendir lealtad y obediencia a él.

En el Monte de las Olivas el día antes de su crucifixión, el Señor pronunció un gran discurso a sus Apóstoles, en el cual habló de los tiempos venideros. El Profeta José Smith nos ha dado una traducción revisada de ese gran discurso. En ese discurso habló de los tiempos cuando el anti-Cristo vendría. También habló de la destrucción de Jerusalén y lo que precedería ese evento, aparentemente la destrucción que vino por medio de Tito. Tendréis que leer el discurso con cuidado para entender cuándo Cristo hablaba de un evento y entonces del otro, pero la traducción inspirada os ayudará en vuestro estudio. Seguir leyendo

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Los Jóvenes Guerreros de Helamán y las Correspondencia Moroni-Pahoran (Alma 53-63)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Los Jóvenes Guerreros de Helamán y las Correspondencia Moroni-Pahoran
(Alma 53-63)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


Este capítulo contiene una gran cantidad de material, mucho más de lo que puede ser cubierto en una clase de Doctrina del Evangelio, o incluso en una lección del Instituto CES. Los materiales complementarios que se encuentran en este capítulo le ayudarán a llenar los espacios en blanco históricos y geográficos de este importante período de la historia nefita.

En este capítulo se nos presenta a los maravillosos jóvenes guerreros que lucharon por la libertad de los nefitas, a pesar de que ellos mismos eran lamanitas-hijos de paz pactada con los amonitas que habían enterrado sus armas con el compromiso de nunca más tomarlas de nuevo.

También profundizamos en los personajes nobles, tanto el capitán Moroni como Pahorán, el juez superior y gobernador del pueblo nefita, mediante la lectura de las cartas que escribieron el uno al otro durante algunos de los momentos más peligrosos de los nefitas.

•  Alma 53:8 «El mar al oeste, al sur»

Daniel H. Ludlow dijo:

Cuando los nefitas desembarcaron por primera vez en la tierra prometida, dieron nombre a algunos de los mares y las tierras que los rodeaban. En ese momento el mar al oeste de su lugar de aterrizaje se llama evidentemente el «mar del oeste.» Más tarde, Nefi dejó esa tierra, llevó a sus seguidores, y se dirigió hacia el norte, donde se establecieron en la tierra de Nefi. Los descendientes de Nefi y su grupo vivieron allí durante varios cientos de años.

Entonces Mosíah, bajo la inspiración del Señor, llevó a un grupo de nefitas incluso más al norte, a la tierra de Zarahemla. El grupo principal de nefitas se encuentra ahora en la tierra de Zarahemla, muy al norte del lugar del destino inicial. Por lo tanto, el «mar del oeste» original está en realidad mucho más al sur de donde viven ahora, y se refiere a «el mar al oeste, al sur.»1 Seguir leyendo

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