Las bendiciones finales de Lehi y sus enseñanzas

Guía de estudio del Libro de Mormón

Las bendiciones finales de Lehi y sus enseñanzas
(2 Nefi 1-2)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


Al comenzar esta porción del Libro de Mormón, encontramos al envejecido Lehi; listo para partir de este mundo y ansioso de bendecir a su descendencia. Él da bendiciones patriarcales proféticas para enseñarlas; de las cuales aprendemos mucho. También aprendemos acerca del plan de salvación.

Como parte de este proceso, Lehi le recuerda a sus hijos cómo Dios los protegió al sacarlos de Jerusalén antes de su destrucción y guiándolos a la tierra prometida (2 Nefi 1:1-4). También les recuerda cómo la tierra prometida fue obtenida por convenio (2 Nefi 1:5-9) y las consecuencias si los habitantes de la tierra rechazan el Salvador (2 Nefi 1:10-12). Teniendo esto en mente, Nefi llama a sus hijos al arrepentimiento (2 Nefi 1:13-27). Él específicamente les enseña que por medio de el sacrificio expiatorio de Jesucristo, podemos ser «para siempre envueltos entre los brazos del amor del Salvador» (v. 15). Un gran número de otras importantes discusiones doctrinales se encuentran en los consejos de Lehi para su descendencia.

AMÉRICA: UNA TIERRA BENDECIDA DE PROMESA (2 Nefi 1)

•  2 Nefi 1:4 Jerusalén es destruida. Mucho antes de que los lehitas vinieran a su tierra prometida, el Señor le dijo a Lehi que Él destruiría a Jerusalén; y estaba sacando a su familia para protegerlos (1 Nefi 1; 2:1-2). Ahora en la tierra prometida, Lehi recibió otra visión en la cual se le fue mostrado que Jerusalén verdaderamente había sido destruida. Daniel H. Ludlow dijo: «La destrucción de Jerusalén a la que se refiere en 2 Nefi 1:4, está escrita en la Biblia en 2 Reyes 25 … La mayoría de los eruditos de la Biblia, datan la destrucción de Jerusalén a mano de los babilonios aproximadamente entre los años 586 y 590 A. C. Entonces, en las notas al pie cronológicas en esta sección del Libro de Mormón, el hermano Talmage sugiere que los eventos que siguen a la visión de Lehi de la destrucción de Jerusalén, sucedieron aproximadamente después del año 588 A.C.»1

•  2 Nefi 1:5 América es una tierra prometida para siempre para los descendientes de Lehi. Al final de su existencia temporal en la tierra, ésta será heredada por los justos, y ciertas porciones de ella han sido designadas como tierra de herencia para algunas personas en particular. América es la herencia y lugar de re-unión para los descendientes de José y por ende, para la descendencia de Lehi.

El élder Orson Pratt dijo:

Diferentes porciones de la tierra han sido señaladas por el Todopoderoso, de época en época, para Sus hijos, como su herencia eterna. Por ejemplo, Abrán y a su posteridad, que fue justa, les fue prometida Palestina. A Moab y Amón—los hijos del justo Lot—se les prometió una porción no lejos de las fronteras de las Doce Tribus. A los mansos ente los Jareditas, junto con el resto de la tribu de José se les prometió el gran continente occidental. Los justos de todas las naciones que serán reunidos en esta tierra, recibirán su herencia en común en esta dispensación junto con los mansos que viajaron anteriormente a la tierra. En la resurrección, los mansos de todas las edades y naciones serán restaurados a esa porción de la tierra previamente prometida para ellos. Y entonces, todas las diferentes porciones de la tierra han estado y estarán disponibles para los correspondientes herederos mientras que aquellos que no pueden probar su herencia legalmente, o quienes no puedan probar que recibieron alguna porción de la tierra por promesa, serán echados fuera a algún otro reino o mundo.2 Seguir leyendo

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La bendición de la gracia

La expiación Infinita:
La bendición de la gracia

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


El poder para exaltarnos

Puede resultar apropiado preguntarse cómo la Expiación es eficaz en las vidas de los seres mortales. Aunque procuramos ser dignos y arrepentimos de nuestros pecados, al final somos, de una forma u otra, siervos improductivos (véase Mosíah 2:21). A la vista de nuestras debilidades y nuestros defectos recurren­tes, ¿cómo podemos recibir las numerosas bendiciones de la Expiación? ¿Cómo podemos recibir sus poderes purificadores, o la paz, el socorro o la libertad? ¿Cómo se producen la perfec­ción y la exaltación de un ser imperfecto? Nefi nos da la res­puesta: «sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos» (2 Nefi 25:23). Este pasaje bien podría leerse de la siguiente manera: «sabemos que es por la gracia por la que nos exaltamos, después de hacer cuanto po­damos». Algunos no han entendido este pasaje correctamente y suponen que la Expiación aporta el poder purificador, mientras que nuestras obras exclusivamente proporcionan el poder perfeccionador; y así, codo con codo, se alcanza la exaltación. Pero esta interpretación no es correcta. Es cierto que la Expiación propor­ciona el poder purificador. Asimismo, es también verdad que las obras son un ingrediente necesario del proceso de perfecciona­miento. Dicho esto, sin la Expiación, sin la gracia, sin el poder de Cristo, todas las obras del mundo se quedarían cortas, muy cor­tas, a la hora de perfeccionar incluso a un único ser humano. Las obras deben ir acompañadas de la gracia, tanto para perfeccionar como para purificar a una persona hasta alcanzar la exaltación. Dicho de otra manera, la gracia no es solamente necesaria para limpiarnos; también la necesitamos para perfeccionarnos.

El diccionario de la Biblia SUD en inglés define la gracia como «medio divino de ayuda o fortaleza» posibilitada por la Expiación. Y a continuación, añade que la gracia es un medio de «fortalecer y ayudar a hacer buenas obras que [el hombre] no podría mantener por sí solo». Y finalmente, el diccionario afirma que la gracia es «un poder que faculta», necesario para elevar al hombre por encima de sus debilidades y defectos, a fin de poder «obtener la vida eterna y la exaltación después de haber dedicado sus propios esfuerzos».1 En definitiva, la gracia es un don de po­der divino, que la Expiación hace posible, y susceptible de trans­formar a un simple mortal con todas sus carencias en un dios con todas sus fortalezas; todo ello siempre y cuando hayamos hecho «cuanto podamos» (2 Nefi 25:23). Eso es exactamente lo que en­señó Pedro: «todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder [el de Cristo]» (2 Pedro 1:3; énfasis añadido). Seguir leyendo

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La bendición de la libertad

La expiación Infinita:
La bendición de la libertad

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


¿Qué es la libertad?

Nefi habló de una consecuencia más, otra bendición, que fluye de la fuente inagotable de la Expiación: «Y porque son redimidos de la caída, han llegado a quedar libres para siempre» (2 Nefi 2:26). El élder James E. Talmage entendía que sin la Expiación no podía haber libertad: «Proclamamos que la expiación efectua­da por Jesucristo (…) es para todos los seres humanos; es el men­saje de liberación del pecado y de las penas que lo acompañan, el decreto de la libertad, la carta de la libertad».1 Como sucede con las demás bendiciones de la Expiación, esta no se encuentra ais­lada; complementa, suplementa a las demás y se solapa con ellas.

El poder de llegar a ser como Dios, la bendición culminante de la Expiación, está relacionada esencialmente con el poder de ser libre, puesto que, verdaderamente, el más libre de todos los seres es Dios mismo. El presidente David O. McKay observó que «Dios no podía hacer al hombre a su semejanza sin hacerlos li­bres». Y a continuación citó al Dr. Iverach, filósofo escocés, quien compartió esta interesante afirmación suplementaria: «Es una manifestación enorme de poder divino hacer a seres susceptibles de hacer ellos mismos, a su vez que seres incapaces de hacerlo, puesto que los primeros son hombres y los segundos marionetas y, a fin de cuentas, las marionetas no son más que objetos».2

Si la Expiación nos hace libres, entonces cabe preguntarse: «¿Qué significa ser libre?». Ser libre es ser como Dios. Los Dioses son los seres más libres de todos «porque todas las cosas les es­tarán sujetas (…) porque tendrán todo poder» (DyC 132:20). Actúan «por sí mismos» en lugar de «se actúe sobre ellos» (2 Nefi 2:26). Eso era lo que Alma intentaba decirnos acerca de Adán y Eva, que en algunos aspectos se volvieron «como dioses». ¿Y por qué? Porque conocían «el bien del mal», y estaban «en condicio­nes de actuar según su voluntad y placer» (Alma 12:31).

Las vidas de los dioses se mueven por un motor interno, y no por fuerzas externas. Su libertad emana del poder que tienen de actuar por voluntad propia sin cortapisas impuestas desde fuentes exteriores. No existe una fuerza exógena que controle su destino, ninguna limitación espiritual ni física que restrinja su expresión deseada. Si desean viajar a la velocidad del pensamiento, parece que pueden hacerlo. Si quieren comprender todo pensamiento de toda criatura viviente, lo hacen (quizá automáticamente). Los dioses actúan, no se actúa sobre ellos. Controlan todos y cada uno de los elementos en todas las esferas. No están sometidos a la enfermedad ni a las inclemencias del tiempo. Al contrario, todas las formas de vida, incluidos los elementos mismos, ceden rindiendo pleitesía a los dioses. Seguir leyendo

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El viaje al Nuevo Mundo

Guía de estudio del Libro de Mormón

El viaje al Nuevo Mundo
(1 Nefi 16-22)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase

En este capítulo se describen (1) los viajes de la familia de Lehi a través de la Península Arábica (2) La muerte de Ismael en Nahom, (3) Su llegada a la tierra de Abundancia, (4) La construcción de un barco, (5) La travesía de océanos hacia las Américas y (6) Sus experiencias iniciales en la tierra prometida. Durante la cruzada de ese difícil viaje a través del desierto y de los océanos, el verdadero carácter de Lehi y de la familia de Ismael sale a la luz. En cierto punto, cuando se rompe el arco de Nefi, vemos a cada miembro de la compañía—incluso a Lehi y a su esposa—salirse de sus casillas bajo la presión del miedo. Pero en medio de todo, Nefi permanece sólido en su fe como una roca y confía en el Señor, y en su deseo de hacer todo lo que pueda para resolver problemas, demostrándonos por qué él fue tan altamente favorecido por Dios.

EL VIAJE A TRAVÉS DEL DESIERTO (1 Nefi 16)

Viajando con la Liahona

La familia había estado en el Valle de Lemuel por lo menos por algún tiempo; porque Nefi ya era lo suficientemente mayor para casarse, lo que significa, que probablemente habían pasado cuatro o cinco años desde que llegaron. En total, desde Jerusalén hasta la Tierra de la Abundancia, le tomó a la compañía de Lehi ocho años viajar una distancia que podría ser recorrida en tres meses de viaje continuo con camellos. Por ende, ellos viajaron otros tres años después de irse del Valle de Lemuel.

•  La Liahona. En hebreo, La palabra Liahona significa «Dios da luz». Era un aparato físico que ayudaba a la llegada de la revelación y también señalaba la dirección del viaje para la familia de Lehi (1 Nefi 16:9-10).

Consistía de una bola redonda en donde había dos flechas o punteros además de la escritura que aparecían en la bola para instruir y exhortar a la familia de Lehi (1 Nefi 16: 26-29).

El doctor Hugh Nibley dijo:

El proverbio árabe «¡sepa por usted mismo!» es absir wasma qidhikal lo que quiere decir literalmente:»

¡Examine la marca en su flecha adivinadora!»… con certeza, los hombres de tiempos remotos han buscado guía, al consultar los señalamientos y las inscripciones de flechas sin cabeza y sin cola … el número natural y original de las flechas usadas en la adivinación parecen haber sido dos

El… arreglo era que dos flechas señalaban la conveniencia o no de un viaje [y la mayoría] de la consultas a las flechas provenían de los que enfrentaban problemas en el viaje … sería un lector verdaderamente obtuso si necesitara [yo] que le explicaran el parecido entre la adivinación antigua con flechas, y la Liahona: dos «pernos o punteros» los cuales proporcionaban instrucciones escritas; dando una guía súper humana páralos viajeros en el desierto. ¿Qué más se podía querer? Seguir leyendo

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Padres, nunca se den por vencidos

Padres, nunca se den por vencidos

por el élder F. Melvin Hammond
de los Setenta

Había terminado la reunión de la Iglesia cuando se me acercó un padre y me contó que su único hijo había cambiado drásticamente. Si bien antes había sido un joven obediente con un gran futuro delante de él, ahora, bajo la influencia de los ami­gos, se revelaba y pecaba.

Con ternura el padre recordó la juventud de su hijo; el muchacho había sido un chico callado, feliz y buen trabajador en la granja familiar. Durante toda su vida, su intención había sido honrar el sacerdocio y cumplir una misión. Para ello, fielmente había ahorrado dinero; pero ahora, junto con sus buenas intenciones, ese dinero había desaparecido arrastrado por la turbulencia de las drogas, las bebidas alcohólicas y la inmoralidad.

Los fieles padres habían tratado de hacer todo lo posible por ayudar a su extraviado hijo a volver al buen camino: le habían expresado su amor; le habían ense­ñado principios correctos; habían tratado, con cariño, de persuadirlo a cambiar; habían orado, rogado y bus­cado la ayuda de los líderes del sacerdocio; pero el muchacho, desafiante, rehusó escucharlos y obedecer. “Es mi vida”, les gritó enojado. “Con ella hago lo que quiero. Yo soy el único que sale perjudicado”. Su respuesta se asemeja mucho a la tonta actitud que asu­mieron algunos de los hijos de Adán y Eva, nuestros pri­meros padres, que enseñaron con esmero las verdades del evangelio a su progenie “[haciéndoles] saber todas las cosas a sus hijos e hijas.

“Y Satanás vino entre ellos, diciendo: Yo también soy un hijo de Dios; y les mandó, y dijo: No lo creáis; y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios” (Moisés 5:12-13).

El perturbado y desesperado padre que se me había acercado buscando ayuda me contó que había subido a una colina arbolada y, poniéndose de rodillas, había expuesto su acongojado corazón delante de nuestro Padre Celestial, preguntándole por qué su hijo no se daba cuenta del mal que estaba causándose a sí mismo y a los demás. “¿Es que no se da cuenta de la angustia que le causa a su madre? ¿Cómo no comprende nuestro dolor?”, gimió acongojado.

“¿Qué podemos hacer?”, me preguntó mientras las lágri­mas le rodaban por las mejillas. “¿Le parece que ya es demasiado tarde? ¿Puede todavía haber esperanza para él?”

Las palabras de un ángel, dirigidas a otro hijo rebelde, Alma, hijo, me vinieron a la mente: “He aquí, el Señor ha oído las oraciones… de su siervo Alma, que es tu padre; porque él ha orado con mucha fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad” (Mosíah 27:14). Le aseguré al acongojado padre que se encontraba delante de mí que con seguridad sus oraciones también habían sido escuchadas y que, des­pués que él hubiera hecho todo lo que estaba a su alcance, había cier­tas cosas que debía dejar en las manos de nuestro amo­roso Padre Celestial. Le recordé que para los fieles todas las cosas son en verdad posibles y que debía continuar teniendo esperanza y nunca darse por vencido.

Hablamos de otro padre, el mismo Alma que una vez fue confrontado por el ángel, y que sufrió por las iniqui­dades de uno de sus hijos. Alma pasó por la angustia de ver que su hijo Coriantón abandonaba su misión entre los zoramitas para ir “tras la ramera Isabel” (Alma 39:3). Esa falta moral influyó para que los zoramitas rechazaran el mensaje del evangelio, “porque al observar ellos tu conducta”, dijo Alma a su hijo, “no quisieron creer en mis palabras” (Alma 39:1 1). Seguir leyendo

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Los verdaderos creyentes

Los verdaderos creyentes

por el élder Neal A. Maxwell
del Quorum de los Doce

Los verdaderos creyentes buscan las palabras del Salvador en las Escrituras. Su espiritualidad está centrada en Él, así que el enfoque de todo lo demás se basa en esa hermosa perspectiva.

En ciertas culturas, las palabras verdaderos creyentes han venido a simbolizar “fanático”. Pero muchos años atrás, Alma y el apóstol Nefi emplearon una frase similar al escribir sobre los “verdaderos creyentes en Cristo”, definiendo a aquellos que pertenecen “a la Iglesia de Dios” y que son “verdade­ros adoradores” (Alma 46:14; 4 Nefi 1:36-37).

Jesús, por supuesto, sabe quiénes son Sus verdaderos creyentes. Otros pueden saber quiénes son Sus discí­pulos por el amor que ellos muestran por el Salvador, por el amor que se tienen los unos a los otros y el que tienen hacia su prójimo. A continua­ción hacemos notar algunas de las características que definen a aquellos que creen verdaderamente en el Salvador:

Los verdaderos creyentes están seguros en lo que respecta a la opi­nión que tienen de Cristo. A pesar de sus debilidades, su espiritualidad está centrada en El, así que el enfo­que de todo lo demás se basa en esa hermosa perspectiva.

Los verdaderos creyentes cumplen gustosamente con sus obligaciones en el reino. Estas obligaciones, por lo general, se pueden delinear y son obvias; inclu­yen el participar dignamente de la Santa Cena, prestar servicio cris­tiano, estudiar las Escrituras, orar, ayunar, recibir ordenanzas, cumplir con las obligaciones familiares, pagar los diezmos y las ofrendas, hacer la obra misional y trabajar en la historia familiar, asistir a las reuniones, pre­pararse para ir al templo y mucho más. Los verdaderos creyentes hacen estas cosas voluntariamente porque ven con claridad que el hacerlo los ayuda a guardar los mandamientos básicos. Seguir leyendo

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Las visiones proféticas de Nefi

Guía de estudio del Libro de Mormón

Las visiones proféticas de Nefi
(1 Nefi 12-14)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase

El élder Ezra Taft Benson definió la profecía como una «historia en reverso —una revelación divina de eventos futuros.»1 En esta parte del Libro de Mormón, a Nefi se le muestra el futuro de su simiente, de los lamanitas, y de Israel. Él profetiza con exactitud la venida de los peregrinos y de Cristóbal Colón a las Américas; así como la formación de Los Estados Unidos de América, el cual él dice será liberado y protegido de otras naciones por el poder de Dios. Él predice la relación de estos «gentiles» con los lamanitas y habla de la Biblia, así como del Libro de Mormón.

La maravillosa exactitud de estas profecías puede ser enteramente apreciada sólo a posteriori, mirando atrás en la historia de estos pueblos y notando cuán sus profecías fueron cumplidas. Notando esto, tenemos una plena confianza en que sus profecías aún no cumplidas, también se cumplirán con exactitud.

Al continuar las visiones de Nefi, él es capacitado para profetizar lo que concirne (1) al destino de sus descendientes (2) cómo los gentiles heredarán esta tierra en los últimos días (3) la Biblia que saldrá a luz entre los gentiles (4) la gran y abominable iglesia que luchará en contra de la iglesia del Cordero de Dios y (5) la posible destrucción del mal.

EL FUTURO DE LOS DESCENDIENTES DE NEFI (1 Nefi 12)

•  1 Nefi 12:1-23 Nefi ve en una asombrosa y exacta visión el futuro de sus descendientes. Nefi vio a su posteridad en la tierra prometida y el conflicto entre los lamanitas y los nefitas hasta el tiempo de la aparición del Salvador entre ellos (versículos 1-3). Él vio una gran destrucción en el tiempo de la crucifixión de Cristo (versículos 4-5). El vio a Cristo y a los doce nefitas evangelizando a la gente (versículos 610).

El Profeta José Smith dijo: «[el Libro de Mormón] nos dice que nuestro Salvador apareció en este continente después de su resurrección; aquí Él estableció el evangelio en toda su plenitud, riqueza, poder y bendición; y tenían apóstoles, profetas, pastores, maestros, y evangelistas. Tenía el mismo orden, el mismo sacerdocio, las mismas ordenanzas, dones, poderes, y bendiciones tal como las disfrutaron en el continente oriental.»2

Nefi vio que los doce nefitas serían juzgados por los doce apóstoles originales quienes fueron llamados a Palestina (v. 9). Él vio que como resultado de las labores de los doce nefitas, «sus vestidos quedaron blancos» (v. 10). Joseph Fielding McConkie y Robert L. Millet explican: «Tener los vestidos blanqueados en la sangre del Cordero, es haber sido liberado de pecado y de sus efectos; por medio del arrepentimiento sincero y el sometimiento a la voluntad del Maestro. Es haber sido limpiado y santificado, es haber sido hecho puro y sagrado—apto para morar en presencia de Dios y de los ángeles. Tal estado deviene de adherir a las ordenanzas del evangelio y de rendir el corazón a Dios… estas son las personas cuyos vestidos están libres de la sangre (pecados—2 Nefi 9:44) del mundo; por la sangre de Él, quien venció al mundo … ‘y han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero’ (Apocalipsis 7:14).»3
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El significado del árbol de la vida

Guía de estudio del Libro de Mormón

El significado del árbol de la vida
(1 Nefi 8-12,15)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase

En este capítulo estudiamos las visiones de Lehi y de Nefi del árbol de la vida. Nefi indicó que su padre escribió muchas profecías y tuvo muchas visiones; de las cuales Nefi no dio un relato completo (1 Nefi 1:16). Pero él describió la visión del árbol de la vida en gran detalle. A diferencia de sus hermanos, quienes consideraron a su padre como «un hombre «visionario» (1 Nefi 2:11), Nefi creyó en la visión de su padre. Sin embargo, no estaba satisfecho con simplemente escuchar acerca de estas cosas. Él intentó fervientemente ver la misma visión por sí mismo; y entender lo que significaba. Esto demuestra la gran fe de Nefi, que era muy joven en ese momento, probablemente un adolescente. Gran parte de lo que sabemos acerca de esta visión y de sus elementos simbólicos, viene de la visión que le fue dada a Nefi; y sobre la cual escribió en las planchas menores de Nefi años más tarde.

ELEMENTOS SYMBÓLICOS DE LA VISIÓN
(1Nefi 8,11-12]

El árbol de la vida: un antiguo y penetrante símbolo

Lehi no fue ni el primero ni el único profeta en hablar del árbol de la vida. Es un antiguo y penetrante símbolo usado a través de la Biblia; y en muchas otras culturas y religiones. Era un árbol verdadero en el jardín del Edén y representaba la vida eterna (Génesis 2:9), El árbol con el fruto prohibido representaba la muerte—lo opuesto a la vida (2 Nefi 2:15)—y Dios invitó a todos Sus hijos a tomar del fruto del árbol de la vida (Alma 5:34]. Éste todavía está localizado dentro del paraíso (Apocalipsis 2:7). y estará presente en la tierra celestial (Apocalipsis 22:1-6,14).

En la mayoría de las culturas antiguas, el árbol de la vida era representado como una palmera. Los frutos blancos que estos árboles producen son muy dulces y pueden mantener la vida en el ambiente severo del desierto porque no se pudren bajo el sol caliente. Por esta razón, los árabes llaman a las palmeras «árboles de vida.»

El árbol de la vida representa a Cristo, su sacrificio expiatorio y el amor de Dios en mandarlo a Él para salvarnos. También representa la vida eterna que disfrutaremos si probamos estos frutos. El élder Jeffrey R. Holland dijo: «Las imágenes de Cristo y el árbol [están] inextricablemente ligadas … ya en el comienzo del Libro de Mormón… Cristo es descrito como la fuente y gozo de vida eterna; la evidencia viviente del amor divino y el medio por el cual Dios cumplirá Su convenio con la casa de Israel. Ésta es verdaderamente la familia entera del hombre, volviéndolos a todos a sus promesas eternas.»1 y El élder Boyd K. Packer dijo: «Lehi tuvo una visión del árbol de la vida. Su hijo Nefi oró para saber su significado. Como respuesta, se le dio una maravillosa visión de Cristo … Esa visión es el mensaje central del Libro de Mormón. El Libro de Mormón es verdaderamente otro testamento de Jesucristo.»2 Seguir leyendo

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Revelación, obediencia, y las planchas de bronce

Guía de estudio del Libro de Mormón

Revelación, obediencia, y las planchas de bronce
(1 Nefi 1-7)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase

Tenemos una intro­ducción de (1) las circunstancias que ex­istieron en Jerusalén en el año 600 A.C., (2)el lenguaje y el aprendizaje de Nefi, y (3) la naturaleza de las planchas en las cuales Nefi grabó sus anotaciones.

Observamos la obediencia y desobed­iencia de los varios miembros de la fam­ilia de Lehi y su respuesta al llamamiento profético de éste; y las repetidas petici­ones de volver brevemente a Jerusalén. Esto incluye obtener las planchas de bron­ce y persuadir a la familia de Ismael a unírseles en la travesía.

NOTAS DE ENCABEZADO, PREFACIOS, Y RESÚMENES

Al comenzar nuestro estudio del Libro de Mormón, podemos apoyarnos en muchas ayudas significativas que las nuevas versiones de las escrituras de los Santos de los Últimos Días proveen.

Algunas de estas ayudas conformaron parte de las anotaciones originales; y algunas han sido añadidas en los años recientes.

Las notas de encabezado aparecen en el comienzo de algunos libros (como 1 Nefi). Éstas fueron parte del texto original de las planchas traducidas por José Smith.

Los resúmenes aparecen en el encabezado de cada capítulo y no fueron parte del texto original—estos fueron añadidos más tarde para conveniencia del lector. Seguir leyendo

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La bendición de la exaltación

La expiación Infinita:
La bendición de la exaltación

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


El poder para exaltar

La Expiación no solo fue una redención de lo que se perdió en la Caída; también supuso un «añadido» (Abraham 3:26) para Adán y Eva y todos sus descendientes, elevándolos por encima de su condición anterior a la Caída. La Expiación tiene una natura­leza redentora y exaltadora al mismo tiempo. C. S. Lewis enten­día este principio: «Porque Dios no está solamente arreglando, no se limita a restaurar un statu quo. La humanidad redimida es algo más glorioso de lo que habría sido una humanidad sin caída, más gloriosa de lo que es ahora cualquier raza sin caída (si es que, en estos momentos, el cielo nocturno oculta una raza semejante). (…) Y esta gloria superpuesta exaltará, de forma genuinamente vicaria, a todas las criaturas».1 Reconociendo la necesidad de la Expiación por sus cualidades perfeccionadoras además de por sus virtudes redentoras, Lewis agregó: «Habría tenido lugar para la Glorificación y la Perfección, incluso si no hubiese sido una exi­gencia para la Redención».2

Qué tragedia sería que la Expiación se hubiera limitado a restaurarnos a un estado edénico. Una redención literal de la transgresión de Adán, así sin más, hubiera conllevado el retorno a la inocencia, a la incapacidad para tener hijos, a una ausencia de oportunidad de elección entre el bien o el mal y a esperanzas frustradas de alcanzar la naturaleza divina. Afortunadamente, la Expiación fue más que una restauración de lo que se había perdi­do, mucho más que un retorno a la línea de partida. El presiden­te John Taylor ofreció información reveladora al respecto:

«El Evangelio, presentado y predicado a Adán después de la caída —mediante la expiación de Jesucristo—, le permitió, no sólo triunfar sobre la muerte, sino tener también a su alcance la perennidad, no solo de la vida terrenal, sino de la vida celestial; no solo del dominio terrenal; también del dominio celestial; y en virtud de la ley de ese evangelio se hizo posible (y no solamente a él; a toda su posteridad también) obtener, tanto su primer es­tado, como una exaltación más alta en la tierra y en los cielos de la que hubiese podido tener si no hubiera caído, siendo los poderes y las bendiciones relacionados con la Expiación totalmente más elevados y superiores a cualquier disfrute o privilegios que hubiese podido tener en su primer estado».3

Y en otra ocasión, el presidente Taylor afirmó: «Como hom­bre, mediante las facultades de su cuerpo, puede llegar a la dig­nidad y plenitud de la edad adulta, pero no puede ir más allá; como hombre nace, como hombre vive y como hombre muere; sin embargo, mediante la esencia y el poder de la divinidad, que en él residen, y que han descendido sobre él como el don de Dios procedente de su Padre Celestial, es capaz alzarse de los reducidos límites de los hombres hasta alcanzar la dignidad de un Dios, y, de ese modo, gracias a la expiación de Jesucristo y la adopción es capaz de alcanzar la exaltación eterna, vidas eternas y progreso eterno. Pero esa transición de su condición humana a la de Dios sólo se es posible en virtud de un poder superior al hombre: un poder infinito, un poder eterno, sí, el poder de la Deidad».4

El élder Bruce Hafen escribió un artículo esclarecedor titula­do «La Expiación no es solo para los pecadores».5 De este títu­lo se desprende, naturalmente, que el círculo de influencia de la Expiación va mucho más allá de una purificación de nuestras fe­chorías voluntarias. De hecho, cuanto más se explora, se investiga y se analiza esta doctrina, más lejos parecen expandirse sus lindes, casi con elasticidad sin fin. Es como si alguien hubiera instalado una interminable serie de telones en el espacio. Al principio, cada telón se levanta con la expectativa de que sea el último, la con­clusión de todo espacio; pero, cuando se sigue en esta dirección sin descanso, finalmente uno se da cuenta de que estos telones no terminan nunca. Asimismo, no hay límite en las bendiciones que otorga la Expiación; no hay final para los interrogantes ni para sus respuestas… Al menos no lo hay en nuestras vidas terrenales. Es una búsqueda de lo más emocionante, pero también una lec­ción de humildad; una mente finita en pos del infinito. En algún momento, uno siente que ha llegado a una nube; ve el objeto cercano, pero carece de los instrumentos necesarios para captarlo. Esta circunstancia, en modo alguno supone una enmienda a la totalidad de la búsqueda; más bien se trata de un acicate para volver a emprenderla con renovado vigor, sabiendo que, con cada nueva verdad, cada nueva perspectiva, incluso con cada pregunta nueva, la búsqueda de la verdad, esa verdad que salva almas, for­talece la fe y aumenta nuestra comprensión de la eternidad, está avanzando, por insignificante que pueda ser en la escala de las verdades cósmicas. Seguir leyendo

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La bendición de la motivación

La expiación Infinita:
La bendición de la motivación

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


El poder de atraer a los hombres a Él

Otra bendición significativa que emana de la Expiación es el poder de motivar. La finalidad primordial del sufrimiento del Salvador era redimirnos de la Caída y de los efectos de nues­tros propios pecados. En el proceso de llevar a cabo ese acto di­vino, sin embargo, hubo una «repercusión divina», parte de la cual consistía en el poder motivador que atrae a los hombres a él. Algunos se han referido a ello con el nombre de «teoría de la influencia moral» o «síndrome del atractivo del amor», pero el nombre reviste escasa importancia en comparación con las con­secuencias.

Los poderes de la Expiación no permanecen inactivos hasta que se comete un pecado y entonces, súbitamente, se activan para satisfacer las necesidades de la persona arrepentida. Más bien, al igual que sucede con la fuerza de la gravedad, están presentes por doquier, ejerciendo su influencia invisible y potente a la vez.

Nefi hizo referencia a la omnipresencia de estos poderes motivadores: «El no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo; porque él ama al mundo, al grado de dar su propia vida para traer a todos los hombres a él». (2 Nefi 26:24; énfasis añadi­do). Tras su resurrección, el Salvador enseñó: «y por esta razón he sido levantado; por consiguiente, (…) atraeré a mí mismo a todos los hombre» (3 Nefi 27:15; énfasis añadido; véase también Santiago 4:10). En este sentido, el Salvador ejerce una forma de gravedad espiritual que atrae y seduce a todos los hombres para que se acerquen a él.

Estos poderes motivadores siempre están extendiéndose, alar­gando la mano, penetrando en cada corazón abierto. Son estos poderes los que contribuyen a encender el deseo de arrepenti­miento. Son estos poderes los que pueden inspirar nuestra línea de conducta antes de que se cometa siquiera el pecado. De la misma manera que pensar en las vidas y el sacrificio de nuestras madres puede influir en nuestra conducta para bien, reflexionar sobre la vida y el sacrificio del Salvador puede inspirar nuestro proceder antes incluso de que se cometa un pecado. Por tanto, los poderes que emanan de la Expiación no son exclusivamen­te de naturaleza reactiva; son también proactivos, y este hecho reviste idéntica importancia. Baste señalar que la Expiación es mucho más que un remedio divino orientado a corregir nuestros pecados una vez cometidos. La Expiación es, de hecho, la moti­vación más poderosa del mundo para ser bueno cotidianamente y, de ser necesario, arrepentirse cuando nos quedamos cortos. El élder Charles W. Penrose enseñó: «Si en verdad creemos en Dios y en Jesucristo», entonces «en nuestros corazones entrará el deseo de apartarnos del pecado».1 Seguir leyendo

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Introducción al Libro de Mormón: la clave de nuestra religión

Introducción al Libro de Mormón:
la clave de nuestra religión

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase

El propósito de este estudio es una introducción del Libro de Mormón. Exploraremos (1) su lugar en la Restauración, (2) su propósito como es descrito en su páginas introductorias—como un testigo de Jesucristo, (3) el testimonio de sus testigos, (4) su importancia para nuestra salvación personal, (5) que comprueba, (6) su verdad y exactitud como un libro antiguo de escritura, (7) su contribuciones doctrinales, y (8) sus significado para nosotros en nuestros días.

El presidente Ezra Taft Benson dijo: «Un poderoso … testimonio de la importancia del Libro de Mormón se encuentra al darse cuenta del momento en que el Señor permitió que se publicara, dentro del cuadro cronológico de la Restauración [que iba avanzando]. Lo único que le precedió fue la Primera Visión… Piensen en eso y en lo que implica. La aparición del Libro de Mormón precedió a la restauración del sacerdocio. Se publicó pocos días antes de que se organizara la Iglesia. A los santos se les dio el Libro de Mormón para que lo leyesen antes de dárseles las grandes revelaciones que explicaban grandes doctrinas como los tres grados de gloria, el matrimonio celestial o la obra vicaria. Apareció antes de que se organizaran los quórumes del sacerdocio y la Iglesia. ¿No nos dice esto algo sobre cómoconsidera el Señor esta obra sagrada?»1

Cuando consideramos esta cronología, podemos ver inmediatamente que el Libro de Mormón jugó un papel central en la Restauración. La Primera Visión es el único evento en la Restauración que le precedió. El trabajo de traducción del Libro de Mormón en 1829 fue un prerrequisito para la restauración del sacerdocio más tarde en ese mismo año, para la organización de la Iglesia en 1830, para la organización de los quórumes del sacerdocio en 1832, para las estacas en 1834, para los sumos consejos en 1834, de los Apóstoles en 1835, para las investiduras del templo en 1836, y para la obra por los muertos en 1840. Algunos de los propósitos más importantes del Libro de Mormón se pueden encontrar en las páginas introductorias del libro mismo.

LAS PAGINAS INTRODUCTORIAS DEL LIBRO DE MORMÓN

«Otro testamento de Jesucristo”

El élder Boyd K. Packer anunció en la conferencia general de octubre de 1982 lo siguiente:.. debo deciros que, de acuerdo con una reciente decisión de las Autoridades Generales, el Libro de Mormón de ahora en adelante se publicará con el título ‘El Libro de Mormón’ y el subtítulo ‘Otro testamento de Jesucristo.”’2 Ésta no fue una idea nueva. La página titular del libro ha declarado desde el principio que testificar de Cristo es uno de sus propósitos primordiales. Pero la importancia de resaltar ese propósito se ha vuelto clara en un mundo que duda cada vez más de la divinidad de Jesucristo.

Una encuesta realizada por la revista Redbook3 reveló la siguiente información acerca de aquellos quienes estaban a punto de graduarse y de ir a un pastorado de tiempo completo de una iglesia o ministerio en Los Estados Unidos de América:

  • Un 56% rechazó el nacimiento virgen de Jesucristo de madre virgen.
  • Un 71% rechazó el concepto de cualquier vida después de la muerte.
  • Un 54% rechazó la resurrección corporal de Jesucristo.
  • Un 98% rechazó la idea de que Jesucristo retornaría alguna vez a la tierra.

La página titular

El profeta José Smith declaró: “La portada del Libro de Mormón es una traducción literal, tomada de la última hoja, del lado izquierdo de la colección o libro de planchas.”4 Concluimos que la página titular fue escrita por Moroni ya que fue «la última hoja” o página, del grabado, y el Libro de Mormón fue «sellado por la mano de Moroni.»

La página titular declara que el libro fue escrito «para convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo.” Como mencionamos antes, el Libro de Mormón confirma como otro testigo en nuestro tiempo que Jesús de Nazaret era divino y de que Él fue resucitado y vendrá de Nuevo. Si el registro del Libro de Mormón es correcto en testificar que el Señor resucitado visitó el continente americano después de Su muerte y resurrección, entonces Jesús de Nazaret es verdaderamente el Salvador viviente y resucitado del mundo. El Presidente Ezra Taft Benson dijo: “¿Cual es el propósito principal del Libro de Mormón? El traer a los hombres a Cristo, para que se reconcilien con Él, y se unan a Su Iglesia—en ese orden.”5 Seguir leyendo

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El fortalecimiento del yo interior

El fortalecimiento del yo interior

Por el Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

La niebla opresiva que empaña los senderos tortuosos y los caminos de la vida de ustedes desaparecerá ante la luz espiritual que emana exclusivamente de Dios. Esta luz espiritual no brillará a menos que de manera diligente y humilde nos esforcemos por disfrutar de Su Espíritu.

El apóstol Pablo deseaba que el Señor concediera a los efesios “el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). De igual modo, el programa básico de la Iglesia hoy día es el fortalecimiento del yo interior. Nuestro objetivo es que todos sientan la seguridad, el amor y el cálido abrazo del Evangelio. El Redentor divino nos ofrece la manera de lograrlo cuando manda: “…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37, 39).

Ansiamos edificar la fortaleza y el carácter moral interiores de los miembros de la Iglesia en absoluta armonía con las siguientes declaraciones de los profetas y apóstoles modernos: “Nuestro objetivo principal [es el establecimiento de]… independencia, laboriosidad, ahorro y respeto propio”1. Nuestro “verdadero objetivo…, a largo plazo, es edificar el carácter de los miembros de la Iglesia… rescatar lo más noble de su interior y hacer que florezca y dé fruto la riqueza latente de su Espíritu, lo cual —después de todo— es la misión, el propósito y la razón de ser de esta Iglesia”2.

Nuestras prioridades

A fin de edificar esta fortaleza interior, tal vez al planear y realizar las actividades de los programas locales de la Iglesia sea necesario cambiar el orden de prioridad que les damos. Llevaremos a cabo la obra del Señor mucho mejor si nos dejamos guiar por los principios revelados del Evangelio, en vez de limitarnos a simplemente efectuar las actividades que se sugieren en los manuales.

Al pensar en la forma de acercarnos, de dar participación y de servir a las personas en forma individual, debemos tener siempre presentes, como si estuvieran ante nosotros en una gran pantalla panorámica, los dos grandes mandamientos del Salvador a todos Sus hijos: amar y servir a Dios, y amar y servir a nuestro prójimo. Al planear las actividades, se debe comenzar relacionándolas con las necesidades espirituales de los miembros, incluso el facilitarles oportunidades para que presten servicio significativo a los demás y, por propia elección, para que tomen parte en actividades apropiadas de carácter cultural, educativo, recreativo y social aprobadas por los líderes del sacerdocio. Debemos recordar que el éxito de determinada actividad no se puede juzgar siempre por el número de personas que asistan a ella, sino más bien por el efecto que surta en su vida. Debe existir la clara comprensión de que los principios son más importantes que los programas y que la gente es más importante que las organizaciones. Al buscar el fortalecimiento del hombre interior mediante el Espíritu de Dios, intentamos enseñar principios y pautas más que promover programas.

Nuestros hechos

El haber convertido nuestra fortaleza interior en hechos es la mejor indicación de nuestra eficacia; nuestra forma de vivir es la mejor indicación de lo que es en realidad nuestra religión. Thomas Carlyle nos recuerda que “la convicción… es inútil a menos que se convierta en conducta”3. Para ser fortalecidos por Dios, por Su Espíritu, el presidente Harold B. Lee (1899–1973) aconsejó que el ser miembros de la Iglesia “debe significar algo más que el hecho de estar inscrito como miembro de la Iglesia, con un recibo de diezmos, una cédula de miembro, una recomendación para el templo, etc.; significa vencer la tendencia a criticar y esforzarse constantemente por mejorar en lo que respecta a superar las debilidades interiores y no tan sólo las apariencias exteriores”4. Seguir leyendo

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Guía de estudio del Libro de Mormón, Parte 1

Guía de estudio del Libro de Mormón, Parte 1
De 1 Nefi a Mosíah
Randal S. Chase

Haciendo las cosas preciosas simples

Título de Capítulo Escrituras asociadas
1.   Introducción al Libro de Mormón: la clave de nuestra religión
2.  Revelación, obediencia, y las planchas de bronce 1 Nefi 1-7
3.  El significado del árbol de la vida 1 Nefi 8-12; 15
4.  La visiones proféticas de Nefi 1 Nefi 12-14
5.  El viaje al Nuevo Mundo 1 Nefi 16-22.
6.  Las bendiciones finales de Lehi y sus enseñanzas 2 Nefi 1-2
7.  José y La Restauración; Los nefitas salen 2 Nefi 3-5
8.  Las primeras enseñanzas de Jacob 2 Nefi 6-10
Especial Interpretando a Isaías** 1 Nefi 20-21; 2 Nefi 7-8 (Isaías 48-51)
9.   Isaías en el Libro de Mormón 2 Nefi 11-24 (Isaías 2-14)
10. Las profecías de Nefi 2 Nefi 25-30
11. La doctrina de Cristo 2 Nefi 31-33
12. Las enseñanzas de Jacob en el Templo Jacob 1-4
13. La alegoría de Zenós de los olivos Jacob 5-7
14. La oración personal y la precognición de Dios Enós; Jarom; Omni; las palabras de Mormón
15. El sermón final del Rey Benjamín Mosíah 1-3
16. La gran conversión del pueblo Mosíah 4-6
17. Zeniff y Noé en la tierra de Nefi Mosíah 7-11
18. El mensaje de Abinadí y su muerte Mosíah 12-17 (Isaíah 53)
19. La esclavitud de los nefitas y la liberación Mosíah 18-24
Acerca del autor

**El capítulo que habla de la interpretación de Isaías no está asociado con ninguna lección particular de la doctrina del evangelio pero ayudará a los estudiantes y a los maestros a entender los capítulos 9 y 18; y otras escrituras del Libro de Mormón en las cuales se citan los escritos de Isaías.

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Con la mano y con el corazón

Con la mano y con el corazón

por el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primero Presidencia

El Salvador desea que lo imitemos y que utilicemos las manos para socorrer a los débiles, sanar a los enfermos, fortalecer las rodillas debilitadas y comprometer nuestro corazón en la edificación de Su reino sobre la tierra.

Tanto en las conferencias generales como en las de barrio y de estaca se le da a cada uno de los miembros el privilegio de levantar la mano derecha para sostener a los líderes de la Iglesia en los cargos a los cuales han sido llamados. La mano levantada es una exteriorización de lo que sentimos. Al levantar la mano comprometemos también nuestro corazón.

El Maestro habló con frecuencia de la mano y del corazón. Era una revela­ción que dio por medio del profeta José Smith en Hiram, estado de Ohio, en marzo de 1832, exhortó:

“De manera que, sé fiel; ocupa el oficio al que te he nombrado; socorre a los débiles, levanta las manos caídas y fortalece las rodillas debilitadas.

“Y si eres fiel hasta el fin, recibirás una corona de inmortalidad, así como la vida eterna en las mansiones que he preparado en la casa de mi Padre» (D. y C. 81:5-6).

Al reflexionar en las palabras del Señor, casi me parece percibir el ruido que producen al caminar los pies calzados con sandalias y los murmullos de asombro de la multitud, que resuenan en el sereno escenario de Capernaum. Allí, la multitud se aglomeraba alrededor de Jesús al llevarle a sus enfer­mos para que El los sanara. Un paralítico tomó su cama y salió caminando, y la fe de un centurión romano restauró la salud de su sirviente.

Jesús no sólo enseñó por medio del precepto, sino tam­bién por medio del ejemplo. Él fue fiel a Su misión divina y extendió la mano para que otros se elevaran basta Dios.

En Galilea se le acercó un leproso que le rogó:

“Señor, si quieres, puedes limpiarme.

“Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció” (Mateo 8:2-3).

La mano de Jesús no se contagió por haber tocado el cuerpo del leproso, sino que el cuerpo de éste quedó lim­pio debido a la mano santa que lo tocó.

En Capernaum, en casa de Pedro, encontramos otro ejemplo similar. La madre de la esposa de Pedro estaba acostada con fiebre; y los sagrados registros revelan que Jesús “se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre” (Marcos 1:31). Seguir leyendo

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