Conferencia General de octubre 2018
Padres e hijos
Por el presidente Dallin H. Oaks
Primer Consejero de la Primera Presidencia
El gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial les explica quiénes son y el propósito de su vida.
Mis queridas hermanas, qué maravilloso tener esta nueva sesión de la conferencia general para mujeres de la Iglesia de ocho años en adelante. Hemos escuchado mensajes inspiradores de las hermanas líderes y del presidente Henry B. Eyring. Al presidente Eyring y a mí nos encanta trabajar bajo la dirección del presidente Russell M. Nelson, y ansiamos escuchar su mensaje profético.
I.
Los hijos son nuestro don más preciado de Dios, nuestro aumento eterno. Sin embargo, vivimos en una época en la que muchas mujeres no desean dar a luz ni criar hijos. Muchos jóvenes adultos demoran el matrimonio hasta poder satisfacer sus necesidades materiales. El promedio de edad de los matrimonios de nuestros miembros de la Iglesia ha aumentado más de dos años, y el número de nacimientos de hijos de miembros de la Iglesia está disminuyendo. Los Estados Unidos y otras naciones afrontan un futuro con muy pocos niños que madurarán hasta una edad adulta para mantener al número de adultos jubilados1. Más del 40 por ciento de los nacimientos en los Estados Unidos son de madres solteras. Esos niños son vulnerables. Cada una de esas tendencias tiene un efecto adverso en el divino Plan de Salvación de nuestro Padre.
II.
Las mujeres Santo de los Últimos Días comprenden que ser madre es su principal prioridad, su mayor gozo. El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “En su gran mayoría, las mujeres hallan su mayor satisfacción, su más grande felicidad, en el hogar y la familia. Dios plantó en las mujeres algo divino que se manifiesta en la serena fortaleza, en el refinamiento, en la paz, en la bondad, en la virtud, en la verdad, en el amor. Y todas esas cualidades admirables encuentran su expresión más verdadera y gratificante en la maternidad”.
Él prosiguió: “La mayor labor que toda mujer jamás podrá realizar es educar, enseñar, vivir, alentar y criar a sus hijos en rectitud y verdad. No existe ninguna otra cosa que se le compare, sin importar lo que ella haga”2.
Madres, queridas hermanas, las amamos por quienes son y por lo que hacen por todos nosotros.
En su importante mensaje de 2015 titulado “Una súplica a mis Tres hermanas”, el presidente Russell M. Nelson dijo: Seguir leyendo



























