Ahora mi conocimiento es preciso

Ahora mi conocimiento es preciso

Annie D. Noble
Conferencia de junio de la Asociación de Mejoramiento Mutuo
Salón de Asambleas, Manzana del Templo, Salt Lake City, Utah
11 de junio de 1916

Mis hermanos y hermanas, considero que es un gran honor estar entre ustedes esta mañana. Siento que estoy entre la aristocracia del mundo, y me ha impresionado profundamente la belleza de los rostros del pueblo de Sion.

Llevo solo tres años y medio en este país, y cerca de seis años en la Iglesia. Estoy agradecida por estar aquí, en Sion, y por las grandes bendiciones que el Señor ha derramado sobre mí11. En menos de seis años, mis hijos e hijas han sido recogidos en el redil de Cristo, habiendo investigado cada uno de ellos por sí mismo. Soy consciente de que el conocimiento básico de los principios del Evangelio nos hace fuertes, y me regocijo hoy día. Y puedo testificar de la verdad, y del conocimiento y el fuerte testimonio que tienen mis hijos y que tiene mi esposo. Bendigo al Señor porque nos ha llamado en este día para que veamos la luz del Evangelio; fue algo grandioso para nosotros. Habíamos pertenecido muchísimos años a la denominación bautista, y debo decir que durante algunos años me había preocupado mucho lo que se esperaría de mí como cristiana12. Y me preguntaba, ¿cuánto debería hacer? Continuamente daba lo que sentía que era correcto, pero seguía teniendo dudas y pensaba lo agradable que sería saber con claridad cuánto se esperaba de nosotros, tanto en servicio como en recursos. Y deseo regocijarme porque ahora tengo un conocimiento preciso, no solo en cuanto a este punto, sino sobre otros muchos aspectos que han llegado a ser muy claros para mí y para todos nosotros.

Deseo dar mi testimonio de que sé que este Evangelio es verdadero; que sé que José Smith fue un verdadero profeta del Señor. No fue sino hasta casi seis meses después de unirme a la Iglesia que pude decir que sabía que José era un profeta del Señor. Cada semana solía asistir a reuniones espirituales en casas de miembros en Nottingham13, en la ciudad de la que vengo, y cuando escuchaba a los hermanos y las hermanas dar testimonio de que el Profeta era un verdadero profeta del Señor… Yo sabía que el Evangelio era verdadero, tenía un testimonio de eso, pero, oh, sentía que me gustaría decir que yo sabía que José Smith era un profeta del Señor. Resulta extraño que pudiera tener un testimonio del Evangelio y aún no tuviese un testimonio de los siervos por medio de quienes el Señor habló y a quienes entregó ese Evangelio, pero así era. Una tarde me dirigía como de costumbre a una de esas reuniones espirituales cuando ese deseo de poder declarar a mis hermanos y hermanas que José Smith era un verdadero profeta del Señor me embargó mientras caminaba14. Y en un instante fue como si una voz dijera: Ahora puedes decirlo; y yo dije, sí, puedo decirlo. Sé que él es un verdadero profeta del Señor. Esa es la respuesta que recibí, y fui a la reunión y declaré, y he declarado desde entonces, el testimonio que me fue dado al instante15.

Mis queridas hermanas, deseo decirles cuánto las amo a todas. Amo a mis hermanas de la Estaca Weber, y a todas mis hermanas. Mi corazón se conmueve cuando miro los rostros de las hermanas, a quienes a menudo no conozco personalmente, y mi corazón se llena de amor por ellas, porque sé que son mis hermanas en la Iglesia, y ruego que el Señor las bendiga a todas y las guarde en obediencia. La obediencia es algo grande. Ruego que el Señor las bendiga a todas. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Annie D. Noble, Discourse, 11 de junio de 1916, en “Fast Meeting”, Young Woman’s Journal, tomo XXVII, nro. 10, octubre de 1916, págs. 626–627. Título proporcionado por los editores.

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Una gran locomotora

Una gran locomotora

Amelia Flygare
Conferencia de junio de la Asociación de Mejoramiento Mutuo
Salón de Asambleas, Manzana del Templo, Salt Lake City, Utah
10 de junio de 1916

Amelia Flygare. Aproximadamente década de 1910. La hermana Flygare prestó servicio como presidenta de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes (YLMIA, por sus siglas en inglés) de la Estaca Weber entre 1911 y 1922. Además de su servicio en la YLMIA, sirvió también como la primera presidenta de la Sociedad de Socorro de su barrio. Ella y su esposo, Christian Flygare, participaban activamente en organizaciones de la comunidad y en el gobierno de la ciudad. (Fotografía en posesión de la familia. Por cortesía de Steve Coray).


El tema que se me ha asignado es “La responsabilidad de los oficiales”: directores de música y de coro, miembros de comités y otros oficiales. El deber y la responsabilidad van de la mano.

Esta mañana no puedo dejar de hacer referencia a la parábola que nuestro Salvador nos ha dejado de manera tan bella acerca de los talentos. En esta parábola, Él explica que cada miembro de esta gran organización tiene un talento. A algunos se les da más que a otros, pero eso no significa que el que tiene el talento menor no deba hacer hincapié en él ni cultivarlo ni asumir la responsabilidad por ese talento. No entraré en detalles sobre los talentos, porque están en el capítulo 25 de San Mateo —están ahí para que los leamos, están para beneficiarnos— pero les diré que, cuando los hombres a quienes Dios mismo había dado los talentos fueron llevados ante Él, aquel a quien se le habían dado cinco talentos llegó y dijo: “Yo he duplicado los talentos que me diste”; y Jesús respondió: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré”. También dijo esto a aquel a quien había dado solamente dos talentos13. Eso es un gran estímulo para nosotros, porque ya sea que se nos llame a la presidencia, a la función de consejero o a cualquier función, nuestro lugar en esta gran obra significa tanto como el lugar más importante14. Se puede comparar, mis hermanos y hermanas, con una gran locomotora. Cada tornillito, cada rueda chiquita, cada pequeño mecanismo cumple una función a fin de mantener toda la maquinaria en armonía15. En nuestra Iglesia ocupamos un lugar propio, y no importa dónde se nos llame a trabajar, no importa cuál sea nuestra función, debemos hacer nuestra parte y hacerla con alegría; y cuando hagamos una parte, nuestras responsabilidades y talentos se sumarán, e iremos hacia adelante y hacia arriba, porque así está señalado.

Deseo llamar su atención a la directora de música, por ejemplo. En primer lugar, oficiales, se espera que elijamos a las personas que trabajan con nosotros, tal como nos ha dicho tan bellamente nuestra presidenta esta mañana, con sabiduría y con un corazón dedicado a la oración, de modo que podamos elegir a las personas más adecuadas que se ajusten a cada puesto en particular, aquellas a quienes Dios ha bendecido con talentos concretos, y entonces, cuando las hayamos elegido, debemos poner sobre ellas la responsabilidad16. Supervisen sus progresos y sus reveses, sin decir: “Ahora nos gustaría que desempeñara esta función” para luego darse la vuelta y decirle a otra persona: “Asegúrese de que lo haga, por favor”. ¿Saben que eso debilita nuestra fortaleza y nuestra confianza y debilita la confianza que ese miembro en particular tiene en nosotros? Si podemos hacer que una oficial sienta que ciertamente es obrera y que su posición es importante para esa asociación, creo que ella asumirá su parte.

Durante toda esta conferencia no pude evitar pensar que de poco sirve que yo tome cinco minutos. Sobre este tema concreto hemos visto un ejemplo tras otro. La hermana Cooper nos ha dirigido cuando hemos cantado17. Todos sabemos y sentimos que ella está realmente inspirada cuando nos dirige, y eso ha ayudado a inspirar a nuestras directoras de música de manera que irán a casa con el sentimiento de que también deben asumir las responsabilidades de liderazgo en ese llamamiento en particular. Incluso cuando ponemos a un humilde miembro en un pequeño comité, esa posición también debe magnificarse, y no desmereceremos a sus ojos si de vez en cuando vamos a esos oficiales y les decimos: “Bien hecho; lo han hecho realmente bien y esperamos que hagan muchas, muchas más cosas”, y de ese modo creo que sienten que sería un pecado traicionar esa confianza que hemos puesto en ellos18.

Creo que no sería inapropiado contarles lo que una vez escuché decir al presidente Woodruff19. Para mí, el presidente Wilford Woodruff era tan perfecto como cualquier otro hombre que haya conocido. Cuando yo era niña, él era un hombre pequeño y sin pretensiones que vivía apartado en el campo con una de sus familias, y se me enseñó a reverenciarlo y respetarlo20. No conozco a ningún otro hombre al que se me enseñara a respetar tanto. Fue justo en una etapa de mi vida en la que cedí a esa influencia, y en los años que siguieron le escuché decir, cuando estaba a la cabeza de esta gran organización, que fue tan bendecido siendo un humilde élder de la Iglesia como lo había sido como Presidente21. Para mí eso es un estímulo para la vida, y lo cuento con mucha frecuencia en nuestra organización. No importa qué posición ocupen; procuren entender que, a menos que magnifiquen esa posición, no la ocuparán; de hecho no habrá una posición para ustedes.

Debemos recordarles que, en nuestra organización, nuestra fortaleza y poder se miden en función del apoyo que nosotros le damos como miembros de Mejoramiento Mutuo. En esta gran organización mutual, nuestro poder solo se mide en función de la responsabilidad que asumimos en ella, y así es en toda la Iglesia. El poder y el progreso de la Iglesia se observan en la responsabilidad que los miembros asumen22.

Ahora, mis queridas hermanas, no sé si he fortalecido su fe en cuanto a esto, ni si alguna de mis reflexiones les ha quedado, pero recuerden con todo que somos hijas de Dios y le debemos todo aquello que podamos hacer para servirlo, y que no debería haber una posición —ni una sola— que no merezca nuestros mejores esfuerzos, y si ponemos nuestros mejores esfuerzos en cualquier llamamiento al que seamos llamadas a servir, lo mejor nos será devuelto.

Que Dios bendiga esta obra y bendiga a cada obrero sincero en ella, para que nuestra influencia pueda sentirse a lo largo y ancho de la tierra. Lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

Amelia Flygare, Discourse, 10 de junio de 1916, en “Division of Responsibility: Five Minute Talks by Stake Officers”, Young Woman’s Journal, tomo XXVII, nro. 7, julio de 1916, págs. 445–446. Título proporcionado por los editores.

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Dios me lo ha revelado

Dios me lo ha revelado

Rachel H. Leatham
Reunión adyacente al aire libre por exceso de aforo durante la conferencia general anual
Manzana del Templo, Salt Lake City, Utah
5 de abril de 1908

Rachel H. Leatham. Aproximadamente 1906. Leatham trabajó como guía del Centro de información de la Manzana del Templo hasta 1911, cuando contrajo matrimonio con James Jensen. Ellos vivieron en Bingham, Salt Lake City y Sandy, Utah, donde Leatham prestó servicio en la presidencia de varias organizaciones auxiliares a nivel de barrio y de estaca. (Fotografía en posesión de la familia. Por cortesía de Mary Austin Ungerman).

Mis hermanos y hermanas, sé que algunos comprenderán mis sentimientos al dirigirme a ustedes. Creo que soy una de las muchachas más felices de todo el mundo, y es el Evangelio lo que hace que me sienta así, porque yo sé que el Evangelio es verdadero. Yo sé que Dios, nuestro Padre, y Su hijo Jesucristo, descendieron y trajeron el Evangelio, y lo establecieron, y hablaron al profeta José Smith. Sé que Jesús es el Cristo y que José Smith es Su profeta. Siento que si pudiera vivir para siempre nunca podría agradecer lo suficiente a mi Padre Celestial las bendiciones que he recibido en mi vida, el privilegio de salir al mundo y compartir este testimonio, y darles a conocer que el Evangelio ha sido restaurado, que Cristo ha dado autoridad a Sus siervos, y las bendiciones que están reservadas para aquellos que escuchen y obedezcan las palabras de verdad, de vida y de salvación que brotan de los labios de los siervos de Dios que son enviados a predicar el Evangelio.

A veces pienso que nosotros, los jóvenes en casa, no somos del todo conscientes de las responsabilidades que descansan sobre nosotros. No siempre recordamos que quienes nos dirigen son mayores y que, cuando nuestros padres y madres se hayan ido, recaerá sobre nosotros la responsabilidad de asumir su trabajo; que somos los futuros responsables de Sion. ¿Estamos haciendo nuestra parte y preparándonos para ser capaces de hacer la obra que nuestros padres han hecho? ¿Estamos ordenando nuestra vida para que el Espíritu de Dios more en nosotros como ha morado en nuestros padres? ¿Nos damos cuenta de la magnitud de las bendiciones que Dios nos ha dado, y comprendemos las palabras de vida y salvación que se encuentran en las Escrituras y en Doctrina y Convenios? ¿Somos capaces de decir cuáles son las promesas que Dios nos ha hecho si guardamos Sus mandamientos?13. ¿Estamos familiarizados con el antiguo registro de los habitantes de este continente, el Libro de Mormón? ¿Estamos familiarizados con las grandes verdades que se nos enseñan en él y con los libros que nos enseñan las bellezas de la obra en la que estamos embarcados en la actualidad? Me temo que no somos suficientemente versados en los principios del Evangelio, y que no somos tan diligentes como deberíamos14.

Donde mucho se da, mucho se requiere, y cada uno de ustedes sabe cuánto se nos ha dado a nosotros y cuánto se requerirá de nuestras manos15. ¿Nos estamos preparando para estar a la altura? Vivamos de toda palabra que sale de la boca de Dios16. Vivamos de modo que Él siempre esté dispuesto a reconocernos como Suyos, a bendecirnos y a amarnos.

No quiero alargarme, pero deseo compartir mi testimonio una vez más. Quiero volver a decir que sé que el Evangelio es verdadero. No porque mi padre lo sepa, ni porque mi madre siempre me lo haya enseñado; yo sé que el Evangelio es verdadero porque Dios me lo ha revelado. Su Espíritu ha dado testimonio a mi espíritu, y ese testimonio es el don más preciado que Dios me ha dado17.

Que Dios nos bendiga a todos, lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Rachel H. Leatham, Discourse, 5 de abril de 1908, en “Outdoor Meeting”, Seventy-Eighth Annual Conference of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 4–6 de abril de 1908, Salt Lake City: Deseret News, 1908, págs. 81–82. Título proporcionado por los editores.

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Todavía tenemos una misión mayor

Todavía tenemos una misión mayor

Bathsheba W. Smith
Discurso en el periódico Woman’s Exponent
Salt Lake City, Utah
Enero de 1906

Escuchad el fuerte repicar, el son.
Es el tiempo que, ajetreado, toca su fin.
El año ha pasado,
llevándose con él esperanzas y temores,
sonrisas y lágrimas de multitudes, carentes de canción.
E. R. Snow16

El fin del año 1905, que es el año del centenario del Profeta, remueve en mi mente multitud de pensamientos17.

En mis recuerdos vuelvo a los años de mi niñez y mi juventud en Virginia18 —los élderes llegan pregonando: “Arrepentíos y sed bautizados, porque el reino de los cielos está cerca”19— y, al igual que antaño, me conmueven las buenas nuevas de la restauración del evangelio de Cristo20; una vez más me reúno con los santos en Misuri, y oigo los horribles gritos de los del populacho cuando capturan a José y a Hyrum21. Veo a los heridos y los moribundos; me expulsan de Misuri, pero en Quincy, en una conferencia de la Iglesia, encuentro con gozo a José y Hyrum, y a los apóstoles que allí son llamados a trabajar en Europa22.

Recuerdo al Profeta y su asombroso poder espiritual, su inteligencia, su amorosa amabilidad y la inmensa bondad de su corazón23. Sus sermones, sus dichos, la organización de nuestra propia Sociedad de Socorro en 184224. Sus revelaciones, persecuciones, el martirio y el pesar de los santos allá. Queda poco en este mundo, aparte de nuestros hogares y nuestras familias, pero el Evangelio llega a serlo todo para mí. Luego llega la quema de nuestros hogares y el éxodo forzoso de Nauvoo en pleno invierno25. Los elementos rugen sobre nosotros y alrededor nuestro, pero somos capaces de resistir, de descansar al final, aun en sombra de muerte, por así decirlo, porque aquí nos separamos de multitud de nuestros seres queridos26. Pero, resurgiendo de nuestra debilidad, en obediencia a los siervos del Altísimo, avanzamos a través de intransitables planicies, vadeando torrentes, escalando cumbres escarpadas y llegando “al valle” para hallar en el desierto consuelo y descanso de la persecución27.

Todos los acontecimientos de aquellos años de probación se unen hoy para revelarme, en el ocaso de mi vida, la grandiosa importancia del Plan de Salvación. Un mensaje consolador del Dador de todo lo bueno parece brindarme la dulce certeza de que nada de lo sufrido, y nada de lo logrado, fue en vano, no importa cuán alto el precio; sí, la sabiduría cauterizó nuestras heridas; el dolor alumbró paciencia; y nuestros santos mártires por ventura llevaron a nuestros mejores defensores a los tribunales de lo alto28.

Y estoy convencida de que fue mejor ser fiel y perseverar hasta el fin, mostrando el mérito de subyugar nuestro ego y sostener el estandarte de la verdad, que detenernos en la apatía y la comodidad, olvidando a Dios y haciendo caso omiso del débil, el cansado y el desamparado.

Es bueno reflexionar en el pasado, pero más allá y por encima de las sombras de la pena y el error, nuestro deber siempre se despliega ante nosotros.

Confortar al que está triste, socorrer al oprimido,
visitar a la viuda y al huérfano29.

Ir de casa en casa buscando al pobre, al abatido, ministrar al enfermo, preparar los cuerpos de los difuntos, recoger y distribuir —como ustedes han hecho, mis hermanas, durante tantos años— presentes y donaciones para dar alivio.

No obstante tenemos una misión más importante: enseñar a las madres a criar a sus hijos en sencillez y en verdad y virtud, para que abunden entre nosotros círculos de familias felices30.

Y todavía tenemos una misión mayor. No desmayamos en nuestro empeño por enseñar a los demás pero manifestamos una enorme carencia de religión verdadera cuando seguimos sin enmendar nuestras propias faltas. ¿Cuándo aprenderemos que la viga está en nuestro propio ojo y que la paja solamente turba la visión de nuestro prójimo?31.

Somos llamados mediante la voz suave y apacible, un susurro que proviene de nuestro Padre, a labrar nuestra propia salvación32.

En pocas palabras, los elementos constructivos del Plan de Salvación son estos: Como el hombre es, Dios una vez fue; como Dios es, el hombre puede llegar a ser33; la gloria de Dios es la inteligencia34. Nada puede ser completamente aniquilado, ni ningún acto perdido35. Es imposible salvarse en la ignorancia36. El Espíritu de Dios, que es el Espíritu Santo y el Consolador, nos rodea e impregna el universo, y es el medio a través del cual podemos recibir la inspiración de Dios hacia la inteligencia, y por medio del cual es nuestro derecho recibir consuelo; y finalmente que la fe, la esperanza y la caridad son necesarias para la gracia divina, ¡pero la mayor de ellas es la caridad!37.

Por tanto es sencillamente necesario que, mientras vivan, tanto las mujeres como los hombres no cesen de estudiar con diligencia para adquirir el conocimiento de lo que es de mayor valor. Para mí, la mejor manera de conseguirlo es desechar la maldición del tedio al aprender a realizar nuestro trabajo tan bien que disfrutemos hacerlo, y tendremos motivo para regocijarnos por los logros de nuestras manos.

Aprendamos de las obras de Dios al estudiar la naturaleza, descubrir sus flores, sus modalidades, sus leyes. Estudiemos para mejorar nuestros pensamientos, acercándonos a nuestro Padre Celestial, orando para recibir la inspiración del Espíritu Santo.

Mejoremos nuestro vocabulario en el hogar y con nuestros hijos, para que nuestras palabras no sean ociosas, quejumbrosas ni vanas, sino que, dado que nada se pierde, sean alegres, llenas de esperanza, inteligentes, y reflejen un espíritu de caridad.

Abramos los libros de la vida y la salvación, y estudiemos también a los grandes escritores, poetas y pintores, para que nuestra mente pueda vestirse de inteligencia y nuestro corazón abunde en sensibilidad.

Y ahora deseo hacer una reflexión para la labor del año que tenemos por delante. Puede que nuestras múltiples tareas nos impidan visitar a alguna hermana mayor o desvalida para animarla, pero podríamos prestarle un libro para que lea cuando desee, y por ventura sirva para fortalecer su determinación, alegrar su vida y edificar su mente. Del mismo modo, después de leer un buen libro, pásenlo a otra hermana diciendo: “Le encomiendo este libro. A mí me ha instruido y puede que le edifique a usted; y cuando lo haya leído, devuélvalo para que yo pueda prestarlo otra vez”.

Otra reflexión: Cuando se sienta fatigada, después de haber hecho bien su parte, ceda satisfecha el peso a una mujer más fuerte.

Y ahora, mis hermanas, las bendiciones más escogidas de Dios sean sobre ustedes, y la paz sea con ustedes.

Bathsheba W. Smith, “Relief Society Annual Greeting: President Bathsheba W. Smith Addresses Associate Workers in All the World”, Woman’s Exponent, tomo XXXIV, nro. 7, enero de 1906, págs. 41–42. Título proporcionado por los editores.

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La oración

La oración

Ann M. Cannon
Conferencia de junio de la Asociación de Mejoramiento Mutuo
Salón de Asambleas del Barrio Catorce, Salt Lake City, Utah
4 de junio de 1901

El tema de la oración es muy especial para mí. Sé que la oración puede aliviar las cargas más pesadas y dar reposo al cansado15. Nada más puede otorgar un alivio tan perfecto. Aun el derramamiento de una lágrima es una oración. En la vida de todos hay momentos en que necesitamos fortaleza y consuelo adicionales16. No se desalienten al orar una y otra vez por lo mismo17. Dios comprende nuestras necesidades y nos bendecirá a Su propia manera. Para mí, el poder de la oración se asemeja mucho a la electricidad. Tal como el cable es el que conduce la corriente eléctrica, de la misma manera me parece a mí que la oración es el canal a través del cual la inspiración viene al hombre.

Ann M. Cannon, “Prayer”, 4 de junio de 1901, en “General M.I.A. Conference”, Young Woman’s Journal, tomo XII, nro. 8, agosto de 1901, pág. 366.

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Nuestro sexto sentido, o sentido del entendimiento espiritual

Nuestro sexto sentido, o sentido del entendimiento espiritual

Sarah M. Kimball
Consejo Nacional de Mujeres
Auditorio de Música Metzerott, Washington D. C.
21 de febrero de 1895

Sarah M. Kimball. Aproximadamente década de 1890. En su papel como secretaria de la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro, la hermana Kimball coordinó la recolección de registros autobiográficos de hombres y mujeres en 1880. Esta cápsula del tiempo se creó para celebrar el aniversario de la fundación de la Iglesia, y se recuperó en 1930. Los objetos se distribuyeron entre las mujeres vivas más ancianas que descendían de los autores originales. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Ven, Santo Espíritu, celestial paloma;
con tus poderes vivificantes,
de amor sagrado prende una llama
en estos fríos corazones nuestros16.

En ocasiones como esta conviene tener en cuenta aquellos temas que serán de mayor beneficio para el género femenino; y en mi opinión es oportuno hablar aquí de la capacidad mental en que la mujer está preferentemente preparada para sobresalir. La contemplación del sentido del entendimiento espiritual me produce, en primer lugar, un sentimiento de pequeñez e incapacidad, y luego me anima en mi intento de expresar algunos pensamientos sobre este apasionante tema.

Esta facultad, como nuestros sentidos físicos, es algo que se puede cultivar. Sus posibilidades son ilimitadas; es la causa más incomprendida; es lo divino de nuestra naturaleza; abre nuestro entendimiento a cosas que no se ven con los ojos naturales ni se disciernen con la mente terrenal; amplía nuestra percepción. Con los ojos y los sentidos de nuestra naturaleza física nos conectamos con nuestro entorno físico; con los ojos y los sentidos espirituales despiertos y cultivados entramos en comunión con el infinito.

Este sexto sentido conecta la existencia terrenal con la inmortal; testifica con un lenguaje inconfundible de la inmortalidad del alma17. Instruye, exalta y refina a quienes prestan atención a sus susurros y siguen su influencia guiadora. Este sentido conduce a cumbres maravillosas de entendimiento superior; enseña los secretos de la siempre existente vida —nuestra relación con el pasado, el presente y el futuro— y restituye nuestra armonía con la fuente infinita de vida e inteligencia18. Ilumina al alma que lo cultiva, purifica los pensamientos y las acciones, ensancha la esfera de comprensión y exalta las aspiraciones. El ejercerlo continuamente acerca al que lo posee cada vez más al trono del Todopoderoso.

Quienes responden a los susurros de este sentido se acercan con compasión los unos a los otros, tal como se vio ejemplificado en el congreso religioso que se celebró en Chicago en 1893, donde peregrinos religiosos y potenciales reformadores de todas las tierras y todos los credos se reunieron y armonizaron en un vínculo de amor. Esto fue especialmente cierto en la sección femenina de ese memorable congreso19.

La luz de este sentido se ha presagiado en varias épocas de la historia del mundo. En el siglo diecinueve, los brillantes reflectores de la religión, la filosofía y la ciencia se han unido en el estudio de una senda inexplorada hacia un refugio de luz que es inextinguible.

El ejercicio legítimo del poder espiritual que se adquiere por medio del funcionamiento de este sentido pone a la persona en posesión de las llaves del conocimiento, y la viste con una responsabilidad adicional relacionada con el entendimiento y la elevación de la familia humana.

Aquellos que buscan mediante la fe y la sincera oración hallan la luz que conduce a la puerta de oro20. El camino angosto se abre ante los que llaman con la seguridad que proviene del estudio y la fe21, y son recibidos en comunión con el Padre y la Madre Infinitos22, se les permite entrar en las sagradas mansiones, asistir a la escuela de los profetas23 y, paso a paso, llegar a la escuela de los dioses, donde aprenden los procesos mediante los cuales se organizan los mundos al combinar elementos eternos, inteligentes y obedientes; los usos por los que los mundos son creados; el modo en que son gobernados y las leyes de progreso mediante las cuales todos los seres y las cosas animadas son perfeccionadas y glorificadas en sus respectivas esferas24.

Los estudiosos de este sentido llegan a familiarizarse —unos más y otros menos— con la condición de esa porción de la familia humana cuyos diversos estados son a semejanza de las estrellas. Ellos contemplan la inteligencia, la gloria y la paz que son a semejanza de la luna; y progresivamente este sentido instruye, disciplina, ilumina y pone al que lo posee en armonía con el resplandor de la luz celestial y la gloria que son a semejanza del sol25. Todos los que entran en esta gloria superior son herederos con Jesucristo, nuestro hermano mayor en el estado preterrenal, de todo conocimiento, poder, exaltación y gloria que posee el Padre26.

Cuando a través de nuestra naturaleza espiritual estamos en comunión con Dios, nos acercamos cada vez más los unos a los otros, y nuestras palabras y obras se combinarán de manera cada vez más armoniosa hasta que los hijos diligentes de la tierra, reconociendo el parentesco espiritual universal, saluden al apacible amanecer milenario y participen en el triunfante reino de nuestro Dios y Su Cristo.

Se espera mucho de las aventajadas pensadoras y diligentes obreras que componen el Consejo Trienal de la Mujer27. Sus labores de preparación han sido arduas; los susurros de este sentido han desarmado la oposición y les han traído una gran medida de victoria. El poder de muchas oraciones ondea sobre ustedes en forma de inspiración; y, en respuesta, la más sublime expresión de su sabiduría combinada debe irradiar e inspirar a las almas receptivas de todo el mundo, despertando esperanzas más elevadas y actividades más firmes en la causa de una civilización más refinada, y a un entendimiento más perfecto de la ciencia divina, tal como nos revela nuestro sexto sentido, o sentido del entendimiento espiritual.

Para concluir, la autora, en amorosa solidaridad, pide que esa luz espiritual aumentada ilumine la senda de las diversas líneas del buen trabajo representado en el Consejo Trienal.

Sarah M. Kimball, “Our Sixth Sense, or the Sense of Spiritual Understanding”, febrero de 1895, documento mecanografiado, Biblioteca de Historia de la Iglesia; véase también Sarah M. Kimball, “Our Sixth Sense, or the Sense of Spiritual Understanding: Read at the Triennial Council of Women in Washington, February 21, 1895”, Woman’s Exponent, tomo XIII, nro. 18, 15 de abril de 1895, pág. 251.

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La escuela de la experiencia

La escuela de la experiencia

Mattie Horne Tingey
Congreso Mundial de Mujeres en Órganos Representativos
Instituto de Arte de Chicago, Chicago, Illinois
19 de mayo de 1893

Mujer, madre; madre, esposa…
Las palabras más hermosas que el hombre jamás haya conocido17.

La escuela de la vida, de la que todos nosotros somos pupilos, es una institución grande y gloriosa. De concepción divina, es perfecta en organización; generalizada y de largo alcance en su funcionamiento; e incomprensible en sus resultados. Se remonta a la existencia preterrenal del hombre, y se prolonga hasta las vastas eternidades por venir18.

Cuando nos dedicamos al estudio de la naturaleza y nos familiarizamos un poco con sus bellezas, su armonía, su grandeza y perfección, nuestra mente se expande y no podemos sino pensar en el Creador, el Organizador, el Poder que controla tanta vida e inteligencia; y casi sin darnos cuenta nos invade un sentimiento de reverencia por ese Poder invisible, por esa inmensa Inteligencia, y surgen naturalmente en nuestra mente las preguntas: ¿Por medio de qué poder llegaron a existir todas estas cosas?19. ¿Quién planeó y quién controla un sistema tan perfecto, y cuál es el objeto de su creación? Este espíritu de indagación en cuanto al porqué de nuestra existencia terrenal es el principio de la teología; porque la religión pura y sin mancha es la verdadera ciencia de la vida20. Desde la perspectiva del llamado pueblo mormón, esta tierra es solamente un departamento de un grandioso sistema de educación que ha sido concebido por nuestro Padre Celestial para el refinamiento y el progreso de Sus hijos. Las sagradas Escrituras —la Santa Biblia— enseñan que todas las cosas fueron creadas primero espiritual y luego temporalmente, y el hombre no es una excepción a la regla21. El departamento primario, o primer grado, en esta escuela de la vida fue el mundo de los espíritus, donde los hijos y las hijas de Dios pasaron por una probación espiritual que les permitió adquirir la inteligencia y la experiencia necesarias a fin de prepararlos para un futuro estado de existencia; en otras palabras, para permitirles entrar en el departamento preparatorio de la escuela de la experiencia22. Su posición o estado en esta segunda probación, o probación terrenal, es conforme a su diligencia y fidelidad en el primer departamento. No tengo tiempo para entrar en detalles sobre esta organización; baste decir que, en la sabiduría de Dios, el hombre ha sido puesto a cargo de este departamento, pero a la mujer se le ha dado el poder y el honor de abrir la puerta que todos deben cruzar antes de poder acceder a esa etapa de acción superior y avanzar en la tarea de progresión que fue diseñada y delineada por nuestros Padres Celestiales23. Y digo padres porque, si bien oímos hablar mucho de nuestro Padre Celestial y muy poco —o nada— de nuestra Madre Celestial, tanto la razón como la revelación nos enseñan que madre hay también allá24. Esta es la maternidad pura y verdadera: proporcionar cuerpos físicos a los espíritus celestiales, para que lo temporal y lo espiritual se unan y avancen en la obra de perfeccionamiento.

Y quisiera preguntar a esta inteligente audiencia: ¿Es acaso desdeñable esta labor? ¿Hay una obra mayor o más noble, o una que sea más importante y beneficiosa para la familia humana que la maternidad? Es igual de importante para el noble y el plebeyo, para el rico y el pobre. El hombre nunca podrá alcanzar una altura de perfección tal, una cumbre de grandeza tal, que pueda negar que le debe la posibilidad de su éxito a una mujer: su madre. Es por esta razón que inculcamos a nuestras niñas la necesidad de prepararse a fin de llegar a ser esposas y madres puras, fuertes e inteligentes, para que sus hijos puedan comenzar su vida en esta tierra con expectativas justas: cuerpos fuertes y sanos; mentes brillantes y activas; libres de enfermedades o vicios heredados. Y a fin de que esto pueda cumplirse de manera perfecta, es un derecho de la mujer —más aún, es su deber— demandar del esposo y padre la misma pureza de vida y de carácter que ella misma mantiene y que él demanda de ella. Porque, a los ojos de Dios, el hombre se halla bajo tan grande condenación como la mujer por la falta de castidad y la vida pecaminosa. Si no, la mujer debe ser el poder superior, la inteligencia mayor, si se espera y se requiere de ella más que de su hermano varón25.

Tampoco es esta una obra solo para la mujer. Por razones que nuestro Padre Celestial conoce mejor, la inteligencia que adquirimos en nuestra existencia previa se nos retira por el momento, y venimos a la tierra en la forma de bebés puros, inocentes e indefensos. Sobre las madres se ha puesto la responsabilidad de nutrir y enseñar a esas tiernas plantas. Durante la infancia es cuando se graban en la mente las impresiones más perdurables. Tengamos madres educadas, refinadas y juiciosas, y el hogar, la sociedad, el país y el mundo cosecharán los frutos. Una vez escuché a un prominente hombre de Utah señalar que, si solo pudiera educar a una parte de su familia, educaría sin duda a sus hijas antes que a sus hijos. Él comprendía el poder y la influencia que tiene la mujer, especialmente cuando se convierte en madre, sobre las generaciones presentes y futuras26.

¡Oh!, si las madres entendieran a fondo, apreciaran plenamente y utilizaran con sabiduría el poder que Dios les ha otorgado, no habría mayor axioma que el viejo dicho: “La mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo”27.

Cuando las mujeres albergan la idea de la esposa y madre que se me enseñó a mí, que al casarse renuncia a su propia individualidad y siente que no tiene opinión ni voluntad independientes de las de su marido, ¿podrá sorprendernos que sus hijos crezcan con la idea de que padre y madre son uno, y que ese uno es el padre? Siempre me ha causado un sentimiento de indignación oír a una mujer decir en respuesta a la pregunta de su hijo: “Oh, yo no sé nada de esas cosas; pregúntale a tu padre”. Cada vez que hace un comentario de ese tipo, la madre pierde influencia y el padre la adquiere.

Dejen que la mujer se prepare para estar lado a lado, hombro a hombro con su esposo en todos los asuntos de la vida, para ser una sabia consejera y una ayuda idónea para él, conforme a los designios de su Creador28; dejen que las madres inculquen en sus hijos los principios de justicia e igualdad de derechos, y las mujeres de la próxima generación no tendrán que mendigar y suplicar lo que en justicia les pertenece.

¿Por qué será que hoy en día hay una visión mucho más amplia que antes de la posición que ocupa la mujer? Porque la propia mujer está comenzando a sentir que es un ser inteligente y responsable, con una mente capaz de la inteligencia más elevada, con talentos que es su deber desarrollar y utilizar para el progreso y la sublimación de la familia humana. Este sentimiento aumenta de manera gradual pero incesante; se siente por todo el mundo, y continuará creciendo hasta que llegue a ser un poder sobre la tierra.

Rindo honor a las nobles mujeres de este congreso, que se han mantenido firmes muchas veces frente a oposición extrema y amargo desprecio, y han osado mantener sus convicciones de la verdad y la rectitud. Que su número aumente y su influencia se sienta hasta que llegue a cada rincón y a cada extremo del mundo habitado29.

Mattie Horne Tingey, “Address of Mrs. Mattie Horne Tingey: Delivered in the Woman’s Congress at Chicago, during the Services of the Y.L.M.I.A.”, Young Woman’s Journal, tomo IV, nro. 12, septiembre de 1893, págs. 547–549. Título proporcionado por los editores.

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Oración

Oración

Elvira S. Barney
Asociación de Sufragio de la Mujer en Utah
Salón de Asambleas, Manzana del Templo, Salt Lake City, Territorio de Utah
7 de octubre de 1889

Elvira S. Barney. Aproximadamente década de 1880. La hermana Barney ejerció la obstetricia y la medicina en Utah. Ella estaba profundamente comprometida con la causa de los derechos de la mujer y de la libertad religiosa. En una reunión multitudinaria que tuvo lugar en Salt Lake City el 6 de marzo de 1886, dijo: “Oh, si mi voz pudiera llegar a los oídos de aquellos que, en los Estados Unidos, están desinformados o mal informados. Les pediría que escuchasen el testimonio de las diez mil esposas y madres de Utah que tienen familias grandes, inteligentes y amorosas de hijos bellos y puros”. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Oh, Dios, el Eterno, el Padre de los cielos y la tierra, en el nombre de Tu Hijo, Jesucristo, nosotros, una pequeña porción de la familia humana, nos congregamos bajo este techo con un propósito particular, y te rogamos que inspires tanto a los oradores como a la audiencia con una porción de Tu celestial influencia divina para que el resultado de nuestra asamblea sea el bien, y podamos aprender y prepararnos para la tempestad o la calma, para la guerra o la paz, para la prosperidad o la adversidad. Nos has bendecido en nuestra juventud, hasta ahora has estado con nosotros en todo el camino de la vida, y te rogamos que no nos olvides en los años de nuestro ocaso.

Hiciste que la tierra fuera creada, y del caos la formaste. Hiciste que la tierra produjera vegetación, y que los animales y el ser humano que creaste pudieran subsistir en ella y morar sobre su faz; y ahora te imploramos que bendigas la tierra para que siga produciendo vegetación, y hagas que el rocío de los cielos descienda, y las lluvias en su estación16. Te pedimos que temples el clima en bien de la humanidad y de toda creación animal, a fin de que sintamos deseos de alabar Tu santo nombre porque vive el hombre. Te pedimos a Ti, el Gran Eterno, que ordenes a los relámpagos, los terremotos y los elementos que se manifiesten para el bien de toda creación vegetal y animal17.

Oramos por los débiles, oramos por los afligidos, y oramos por los fuertes, para que estén dispuestos a ayudar a llevar las cargas de los débiles18. Oramos para que, en Tu propio tiempo y a Tu propia manera, ablandes el corazón de los inicuos y los inmorales, para que Tu gracia se extienda y cubra toda la tierra como con dosel, a fin de que no haya pecado ni iniquidad, y triunfe la rectitud. Te pedimos que estés con los gobernantes del país para que Tu voz llegue a sus oídos en las cámaras de consejo, de modo que teman dictar leyes injustas19 y contemplen la posibilidad de mejorar y regenerar aquellas que ya existen, para que las quejas de este pueblo no asciendan a Ti por causa de la opresión20. Rogamos que ablandes el corazón de los inflexibles, a fin de que los medios de los que dispone el hombre puedan utilizarse para toda la humanidad; que no se olviden de su benefactor, sino que siempre doblen la rodilla en humilde reverencia ante Ti21.

Suplicamos que estés con la mujer, como has estado con el hombre, para fortalecerla donde ella es débil y así pueda ayudar en la defensa de la verdad y la rectitud; y que donde se escuche su voz por toda la vasta superficie de la tierra, esta llegue al corazón de los que son honestos, y pueda ella servir para alisar las arrugas de leyes injustas tal como hace y ha hecho con las almohadas bajo las doloridas cabezas de Tus soldados y siervos22. Te rogamos que bendigas a Tus siervas aquí, en este pequeño rincón en los valles de las montañas, para que podamos realizar actos nobles y grandes que se comparen con la grandeza de las montañas que nos rodean.

Escúchanos, oh, Padre, en esta ocasión, y acepta nuestra humilde ofrenda, porque nos dedicamos nosotros mismos, nuestra reunión y nuestra causa a Ti, pidiendo perdón por nuestros pecados, en el nombre de Jesús. Amén.

Elvira S. Barney, “Prayer: By Dr. Elvira S. Barney, at the U.W.S.A. Convention Held in the S.L. Assembly Hall”, Woman’s Exponent, tomo XVIII, nro. 12, 15 de noviembre de 1889, pág. 94.

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El poder de la oración

El poder de la oración

Ellenor G. Jones
Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes del Barrio Once de Salt Lake City
Salt Lake City, Territorio de Utah
1 de febrero de 1882

La oración es la llave que abrirá las compuertas del conocimiento16.

Es la roca fundamental de la vida de todo cristiano, y podemos decir sin temor a equivocarnos que, sin conocimiento, nadie puede alcanzar una posición de utilidad en el Reino de Dios.

Sabemos que nuestro Salvador, a quien todos deberíamos elegir como nuestro modelo a seguir, oraba con frecuencia; y en el Evangelio según San Lucas, capítulo 22, versículos 39 y 40, después de haber administrado la última cena a Sus apóstoles, leemos: “Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Y cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad para que no entréis en tentación”17.

De estas pocas palabras de nuestro Salvador aprendemos que la oración también es una salvaguardia que nos refrenará de hacer lo malo en la hora de tentación.

Por medio de la oración, nuestra fe se fortalece, nuestra capacidad de comprensión aumenta y recibimos poder para discernir el bien del mal.

Por medio de la oración somos guiados a buscar la verdad y aprendemos a amar y a guardar las leyes de rectitud que se establecen en Su Iglesia y reino, y mediante las cuales podemos ser llevados de regreso a la santa y divina presencia de nuestro Dios.

Por medio de la oración, las ventanas de los cielos se abren, y se derraman bendiciones sobre nuestra cabeza y sobre aquellos a los que amamos y por quienes oramos18.

Por medio de la oración, las tinieblas que durante siglos se habían cernido sobre la tierra se disiparon, y la luz de la verdad sempiterna resplandeció; porque fue mientras José Smith —por entonces apenas un muchacho— estaba orando a Dios para saber cuál de todas las doctrinas que había oído predicar era verdadera que la verdad fue revelada, para que quienes vivían en los días de José el Profeta conocieran la verdad, así como las generaciones por venir.

Si leen la Biblia, el Libro de Mormón y otros buenos libros, aprenderán que todas las personas buenas y grandes fueron aquellas que oraban a Dios, porque esa es la única manera de llegar a ser bueno y grande. Mis jóvenes amigas, es bueno que, mientras recorren esta travesía de la vida, recuerden que no hay prisión tan oscura, ni hoyo tan profundo, ni extensión de envergadura tal, que el Espíritu de Dios no pueda penetrar; y cuando todos los demás privilegios nos son negados, podemos orar y Dios nos escuchará19. Esto nadie nos lo puede quitar. Pero recuerden que es un don sumamente valioso, es algo que se debe cultivar; y cuando la voz suave y apacible susurre: “vayan y oren”, ustedes deben obedecer, porque no hacerlo contrista al Espíritu, y con el tiempo la voz se apaga.

Si en algún momento sienten el peso abrumador de la decepción o la pena, recuerden que aunque sus oraciones apenas sean como los gemidos del más frágil de los bebés, Dios, que es más amoroso que la más tierna de las madres, les oirá y responderá20. Pero no podemos decir que responderá siempre según los deseos de su mente; sin embargo, en Su gran sabiduría, Él ve y sabe lo que es mejor para ustedes, y responderá conforme a Su sabiduría.

A los jóvenes diremos: Sean dedicados a la oración; pidan a Dios que inspire su corazón con aspiraciones nobles y les ayude a llegar a ser buenos y grandes en Su Iglesia y reino. Y que cuando lleguen al final de su vida puedan hallar ese espíritu de paz que había en nuestro Señor cuando se apareció a Sus discípulos después de Su resurrección, y pronunció esas dulces palabras: “Paz a vosotros”21.

Que Dios les dé Su Espíritu para que puedan buscarlo a Él, es mi ruego, en el nombre de Jesucristo. Amén.

E. G. Jones, “The Power of Prayer”, en Improvement Star, tomo I, nro. 4, periódico manuscrito, Barrio Once, YLMIA; reimpreso en Woman’s Exponent, tomo X, nro. 17, 1 de febrero de 1882, págs. 134–135.

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Cada hermana debe dar un paso al frente

Cada hermana debe dar un paso al frente

Eliza R. Snow
Sociedad de Socorro de Kanab
Escuela, Kanab, Territorio de Utah
13 de febrero de 1881

Eliza R. Snow

Eliza R. Snow. Aproximadamente 1875. Snow era poetisa, trotamundos y una reconocida líder de las mujeres Santos de los Últimos Días. Ella conectó con eficacia la Sociedad de Socorro de Nauvoo con el resurgimiento de la organización en el Territorio de Utah al conservar el libro de actas de la Sociedad de Socorro de Nauvoo y viajar por todos los asentamientos mormones para ayudar a organizar a las mujeres y animarlas a hablar. Fotografía por Charles Carter. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

La hermana Snow Smith dijo que hubo un tiempo en que pensábamos que nuestros esposos nos salvarían, independientemente de nuestros propios esfuerzos. Ahora entendemos que, en lugar de depender totalmente de nuestros esposos para nuestra salvación y posición, tenemos que labrar estas por nosotras mismas12. La responsabilidad y el trabajo que recaen sobre las mujeres son cada vez más importantes. Si la sociedad mejora es en gran parte porque las mujeres se refinan; y el bienestar de sus hijos depende mucho de la influencia y del ejemplo de ellas. Estas sociedades están para ayudar a los obispos y reducir muchas de las cargas que recaen sobre ellos. Estamos organizadas en estructuras de estaca y de barrio, y es necesario que cada hermana dé un paso al frente y tome las riendas de esta obra para el beneficio de sus hijas. El Señor desea que seamos un pueblo singular. Sentía que ninguna de nosotras se acerca al Padre tanto como debería. Cuando logramos la victoria sobre nosotras mismas, entonces somos salvas. “A mis jóvenes hermanas les diría: No eludan nunca su deber13. Dios ha puesto en sus manos los medios para que lleguen a ser reinas y sacerdotisas en Su reino si tan solo viven para lograrlo”14.

Eliza R. Snow, Discourse, 13 de febrero de 1881, en “Kanab Relief Society”, Woman’s Exponent, tomo IX, nro. 21, 1 de abril de 1881, págs. 165–166. Registrado por M. Elizabeth Little15. Título proporcionado por los editores.

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Los frutos de nuestra labor

Los frutos de nuestra labor

Lillie T. Freeze
Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes del Barrio Once de Salt Lake City
Salt Lake City, Territorio de Utah
18 de octubre de 1880

Hace ya nueve años que iniciamos la tarea de remodelarnos8, que comenzamos a ser conscientes de la existencia de nuestro ser espiritual, y de que la vida no se nos dio para que pudiéramos comer, dormir, hacer dinero y morir, sino que empezamos a aprender la necesidad de cultivar la mente, atender las necesidades del alma inmortal y entrenar el corazón en las sendas de la obediencia a Dios y a la luz de la inspiración. Vislumbramos el destello de un propósito más noble y elevado de la vida.

Se ha hecho mucho, pero la obra acaba de comenzar. ¿Cuántas de las niñas que hace años acudían en tropel al banquete para la mente y el alma que se preparaba para ellas cada semana en nuestras pequeñas reuniones son ahora felices esposas (pese a que un gran número de ellas han entrado en el orden del matrimonio celestial)9 y son madres devotas más cualificadas para cumplir con las sagradas tareas de la maternidad y, en consecuencia, hacen un bien a la sociedad?10.

De nuestras filas han salido, y seguirán saliendo a nuevos campos de trabajo, mujeres cuyos nombres serán honrados en todo lugar al que llegue el son del Evangelio. Las semillas de su éxito y su honra se plantaron cuando hicieron su primer conato de hablar en un contexto organizado11, y se sustentaron en una sucesión de incansables esfuerzos, luchando mano a mano contra los poderes de las tinieblas y la maldad que podían ver en sí mismas. Y vencieron en cierta medida mediante el ayuno y la ferviente oración, con cantos y adorando a Dios, y las horas les parecían instantes.

Apenas nos detenemos a pensar seriamente en otra cosa que no sea la moda12. Muchas de nuestras aspiraciones no van más allá de las plumas que adornan nuestra cabeza. Nuestros ojos no ven sino los defectos de otras personas y nuestros oídos consienten el chisme y el prejuicio, mientras que nuestros labios no son sino siervos de nuestros pensamientos frívolos y ociosos. Con demasiada facilidad nos sentimos conformes con nosotras mismas y con nuestras labores. Mientras la gran obra de la vida avanza sin cesar y requiere obreros activos y sinceros en la causa de la humanidad, nosotras, en nuestra búsqueda obsesiva de placer, pasamos de largo toda oportunidad de hacer lo bueno y toda puerta abierta para nuestro progreso mientras nuestra naturaleza espiritual, ansiosa y muerta de hambre, debe hacerse a un lado y esperar el momento en que se le permita abogar por su justa causa sin ser acallada para siempre por la severa e insensible voz de nuestra propia naturaleza egoísta. Ahora, salgamos de este camino que destruye el alma y el cuerpo, y escuchemos el razonamiento que nos mantendrá en la senda de la paz, la honra y la vida eterna.

¡Oh, que nosotras, las hijas de Sion, reclamemos nuestro privilegio de ir a la cabeza en todo lo que sea puro y refinado! Dios requiere esto de nuestras manos. Cultivemos más la verdadera modestia y menos la mojigatería13. Más caridad mutua y respeto fraternal sincero, y menos complacencia en los halagos; que nuestras conversaciones cotidianas dentro y fuera del hogar sean propios de la nobleza pura del alma. Podemos vencer nuestros modales bruscos y ordinarios, usar solamente un lenguaje casto y elegante, y mostrar siempre respeto y consideración por los sentimientos y las opiniones de los demás14. Fortalecidas de este modo podremos sentirnos confiadas en presencia de personas refinadas sin tener que llevar un libro de protocolo en el bolsillo15.

Busquemos esa guía que mantenga limpia una reputación sin mancha y evite que nos relacionemos con los maleducados y los inicuos. Sintámonos orgullosas de preservar los principios de la verdad que permanecerán cuando las naciones que ahora son prósperas se desmoronen, sin amedrentarnos ante las burlas ni temer nada que no sea el castigo de nuestro Creador ofendido. No nos privemos de una herencia con nuestro Padre Celestial por causa de la insensatez y la desobediencia. Dios requiere de nosotras todo lo que podamos hacer, y al final nuestros corazones serán henchidos del gozo y la gratitud sempiternos que sobrepasan todo entendimiento.

Lillie Freeze, “The Fruits of Our Labor: Read at the Annual Meeting of the Y.L.M.I.A., 11 Ward”, Woman’s Exponent, tomo IX, nro. 12, 15 de noviembre de 1880, pág. 95.

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Ensayo sobre la fe

Ensayo sobre la fe

Mary B. Ferguson
Asociación de las Mujeres Jóvenes de Spanish Fork
Spanish Fork, Territorio de Utah
20 de septiembre de 1879

Ya que la fe es el primer principio del Evangelio, es necesario que nos preguntemos ¿qué es la fe? Las Escrituras nos dicen que “la fe es la certeza de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven13; por ejemplo, si yo les dijera que yendo a cierto lugar podrían conseguir una pieza de oro o una perla de gran belleza, y entonces van y la encuentran, ustedes manifiestan su fe por sus obras14. Así es cuando obedecemos el Evangelio: recibimos ciertas bendiciones. Pero si decimos que creemos y no obedecemos, nuestra fe es vana. Es como el cuerpo sin el espíritu: muerto. Esta fe viva, mis jóvenes hermanas, fue lo que hizo que sus padres y madres obedecieran el Evangelio en sus países y hogares de origen. En medio del desprecio y la persecución, por la fe dejaron sus hogares y a sus familias, y todo lo que les era de estima, y se embarcaron en el imponente océano, azotados por las ondas y las olas durante semanas y meses, lejos de tierra a la vista, mareados y cansados, pero confiando en que el brazo de Jehová con certeza los conduciría a un lugar de descanso. Muchos de ellos nunca habían experimentado las pruebas y las privaciones de la vida, y dejaron amigos llorosos, abstraídos por el dolor, que no tenían fe y no comprendían los propósitos de Dios15. Por la fe cruzaron las planicies con la lenta y fatigosa marcha de los bueyes, y aun con la más fatigosa marcha de los carros de mano. Piensen en ello, mis jóvenes hermanas: sus padres y sus madres viajando más de mil seiscientos kilómetros (mil millas) tirando de un carro de mano, con sus raciones y lechos, utensilios para cocinar, prendas de vestir, etc., muchos de ellos con niños pequeños; vadeando ríos que les llegaban hasta la cintura, afanándose a lo largo de kilómetros de pesada arena, y en la noche, junto al fuego del campamento, resonando sus cantos de alabanza a Dios, porque los principios de fe estaban plantados en su corazón16. Ellos tenían la certeza de las cosas que no se ven; por la fe llegaron a estos valles, que entonces no eran los ricos y fértiles valles que ven ahora. Por la fe suavizaron la árida tierra estéril, y mediante las bendiciones de Dios lograron que el desierto floreciera como la rosa17. Puede que de nosotros se diga en las generaciones futuras aun como fue dicho de Moisés: golpearon la tierra y brotó en abundancia; pero ha requerido años de ardua labor, una labor que actualmente da testimonio de la resolución de quienes pasaron por ello.

No tengo tiempo de hablarles de las pruebas a nuestra fe que supusieron los grillos, los saltamontes, las sequías, las inundaciones, y también la persecución de nuestros enemigos. Pero en general somos un pueblo extremadamente bendecido y feliz; y mediante la fe tratamos de crecer y aumentar y expandirnos hasta que, al igual que Abraham de antaño, nuestro aumento no tenga fin18.

Ahora, mis queridas jóvenes amigas, no deben pensar que porque nosotros hayamos hecho tanto ustedes no tienen nada que hacer; ustedes han de extenderse. No piensen que los hijos de Sion van a caber en el territorio de Utah. Ustedes tendrán que establecer nuevas colonias.

Son nuestros jóvenes, a medida que sean llamados, los que han de dejar a sus padres y madres, porque las estacas de Sion deben fortalecerse, y sus cuerdas alargarse19. “Danos lugar donde podamos morar, claman en alta voz los hijos de Sion”20. Las Escrituras se están cumpliendo ante nuestros ojos; los inicuos temen que les quitemos su nombre y su nación, pero las profecías se deben cumplir, aunque la tierra y el infierno se atrevan a oponerse.

Por tanto, luchen seriamente por la fe que se ha otorgado en estos últimos días a sus padres, para que por la fe ustedes sean capaces de ayudar a llevar a cabo los propósitos de Jehová; y que la vivificante influencia del Espíritu de Dios descanse sobre los hijos de Sion, y sea como fuego vivo en ellos, produciendo mucho fruto para rectitud. Entonces podrán decir con el poeta:

En peligro, en pruebas y aflicciones,
con los nobles de antaño tuvimos porción,
para unirnos a ellos en el festín de la verdad
una vez acabado el gran conflicto del error21.

Mary Ferguson, “Essay on Faith: Read at a Meeting of the Y.L.A.”, Woman’s Exponent, tomo VIII, nro. 9, 1 de octubre de 1879, págs. 70–7122.

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Nuestra misión

Nuestra misión

Mary Ann Freeze
Asociaciones de Mejoramiento Mutuo de los Hombres Jóvenes y las Mujeres Jóvenes del Barrio Once de Salt Lake City
Salt Lake City, Territorio de Utah
Enero de 1879

Mary Ann Freeze

Mary Ann Freeze. Aproximadamente década de 1880. Freeze se unió a la Mesa Directiva General de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes en 1898. Trabajó en el Templo de Salt Lake así como en el Centro de información de la Manzana del Templo. También participó en el Club Femenino de Prensa de Utah. Fotografía por Fox y Symons. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Mis jóvenes hermanos y hermanas, todos fuimos enviados aquí, a la tierra, con un propósito, y todos tenemos una misión que cumplir. Es el deber de cada uno de nosotros comprender esa misión. Muchos de nuestros grandes hombres nos han dicho que los espíritus más nobles fueron reservados para venir en estos nuestros días por causa de la grande e imponente obra que se ha de efectuar de preparar la segunda venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo8. Me pregunto cuántos de nosotros nos damos cuenta de que el nuestro es uno de esos espíritus nobles, y si alguna vez nos preguntamos: “¿Estamos honrando nuestro cuerpo y esforzándonos por sujetarlo a ese puro y noble espíritu que en él habita, el cual siempre inspira actos de virtud y santidad, y nos advierte cuando sentimos el impulso de hacer el mal o elegir lo incorrecto?”. ¡Cuán henchido de gratitud a Dios debería estar nuestro corazón por haber reservado para nosotros este gran privilegio que muchos de nuestros antepasados anhelaron disfrutar pero les fue negado!

¡Qué poco conscientes éramos de estas grandes verdades del Evangelio hasta que se instituyeron estas organizaciones para el crecimiento y el desarrollo de los jóvenes!9. Ahora comenzamos a saber quiénes somos, de dónde vinimos y cuál será nuestro destino futuro si somos fieles a Dios y obedecemos todos Sus mandamientos; y no pensemos por un momento que podemos hacer demasiado bien en el poco tiempo que pasaremos aquí, porque solo mediante la máxima diligencia de nuestra parte podremos ganar un lugar en el Reino Celestial10. No solo debemos ser capaces de decir: “No le hemos hecho daño a nadie”, sino que debemos poder decir: “Hemos hecho todo lo que estaba a nuestro alcance por impulsar y ​adelantar la Sion de Dios sobre la tierra, siendo prestos en toda buena palabra y obra”. Asistamos fielmente a todas nuestras reuniones, y procuremos recibir conocimiento de toda fuente disponible, porque el conocimiento es poder, y cuanto más poseamos, más capaces seremos de ayudar en la gran obra de los últimos días.

Todos deseamos ser buenos y útiles; así pues, llevemos nuestros buenos deseos a la práctica, porque hacerlo está en nuestras manos. Es probable que antes de venir aquí hiciésemos convenio con nuestro Padre Celestial de ser activos en la causa de la rectitud si nos concedía el grande e inestimable privilegio de tener un cuerpo sobre la tierra; porque podíamos ver cuán grandes eran las bendiciones que recibiríamos así, las cuales no podríamos obtener de ningún otro modo. Ahora no podemos ver como podíamos entonces, pero tenemos el santo Evangelio para conducirnos y guiarnos a toda verdad, y para enseñarnos de vez en cuando nuestro deber. También somos bendecidos con el sacerdocio viviente, mediante el cual podemos recibir la palabra de Dios, de modo que no andemos a tientas, como en tinieblas. Estas asociaciones fueron organizadas por medio del sacerdocio viviente, y por lo tanto vienen del cielo; y cualquier hombre o mujer joven que asista fielmente a estas reuniones, participando a medida que sean llamados por quienes presiden, avanzarán a paso de gigante, sabrán cuál es su misión, y llegarán a ser grandes y poderosos pilares en la Iglesia de Dios sobre la tierra; y finalmente serán coronados en la presencia de Dios y el Cordero, mientras que aquellos que no tomen parte, o tomando parte eludan su deber, también cosecharán los frutos de sus obras en la carne, y recibirán solo lo que merezcan en justicia. La oración de esta hermana suya es que quienes estamos aquí esta tarde nos vistamos de toda la armadura de rectitud11 y luchemos con valor para vencer el pecado y establecer un reinado de paz sobre la tierra; y que podamos recibir toda la gloria que seamos capaces de disfrutar.

Mary A. Freeze, “Our Mission: Read Before the Conjoint Meeting of the M. I. Associations of the 11th Ward, S. L. City, Jan. 1879”, Woman’s Exponent, tomo VII, nro. 20, 15 de marzo de 1879, pág. 209.

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Una elevación muy por encima de lo común

Una elevación muy por encima de lo común

Eliza R. Snow
Asociación de Moderación Cooperativa para Jóvenes y Mayores
Salón de Asambleas del Barrio Catorce, Salt Lake City, Territorio de Utah
11 de octubre de 1872

Los santos de Dios no pueden ser edificados sino por el Espíritu de Dios. Hemos logrado elevarnos tan por encima de las cotidianidades de la vida, que no hay nada que edifique a los santos sino las revelaciones de los cielos, al ser sus aspiraciones mucho más altas. Me agradó un comentario en el acta de una hermana que dijo que es una ardua empresa11. Es ardua, y si continúan llegarán mucho más alto que aquellos que eligen el camino fácil. ¡Cuánto más satisfactorio será si podemos mirar atrás, a los años pasados, habiendo hecho lo que Dios requirió de nosotras! Puede que quienes siguen un curso contrario al que han tomado las señoritas parezcan divertirse por un breve momento, pero no saben lo que es probar la felicidad verdadera. No es más que la gratificación de las más bajas capacidades de la mente; las emociones más elevadas ​emanan de Dios. Me interesan mis jóvenes hermanas; ellas han tomado un rumbo que las elevará, las preparará y las purificará para estar en presencia de diosas en la eternidad.​

Salón de Asambleas del Barrio CatorceSalón de Asambleas del Barrio Catorce. Aproximadamente 1886. En este salón en Salt Lake City se celebraban diferentes tipos de reuniones de mujeres, como las reuniones de moderación o las sesiones de la conferencia de junio de la Asociación de Mejoramiento Mutuo. Fotografía por C. E. Johnson. (Cortesía de la Sociedad Histórica del Estado de Utah, Salt Lake City).

​Esta vida está llena de dificultades. Entonces, ¿por qué habríamos de enfocarlo todo en lo que se desvanece y desaparecerá? Mis jóvenes hermanas, no se enfríen, sino prepárense activamente para ser de alguna utilidad en el Reino de Dios. Algunas parecen pensar que no viven para nada que no sea su propia gratificación. Nuestra religión no es una fábula; es una realidad. Y si la vivimos de manera que tengamos el Espíritu de Dios en nuestro corazón, no importa lo que tengamos que pasar, Dios está con nosotras para darnos consuelo y fortaleza. A veces pienso que todas debemos mirar hacia arriba, pero para las mujeres parece natural mirar a los lados. Eso no es suficiente. Mis jóvenes hermanas que se reúnen y tienen el Espíritu de Dios en su corazón tienen una pequeña muestra de lo que es la felicidad eterna.

La sabiduría humana nunca puede transmitir el espíritu y la inteligencia que ellas poseen12. Podemos hablar con alguien por horas, pero ni aun así podremos iluminar su entendimiento con palabras. Si tenemos la influencia de Dios para penetrar su corazón, eso les mostrará la diferencia que hay entre las cosas de Dios y las cosas del mundo. Es necesario que las jóvenes se reúnan y practiquen su religión; es de tanta utilidad para ellas como para cualquiera. Debemos considerarnos seres inmortales y vivir para la inmortalidad. Debemos mejorar cada oportunidad de atesorar conocimiento y todo lo que tienda a iluminar nuestro entendimiento y hacernos útiles, pero no para engrandecernos. Hemos de vivir para los demás; al hacerlo, nos beneficiamos a nosotras mismas. La persona que hace el mayor bien, es la más feliz. Cuando era niña, tuve la bendición de darme cuenta de las ventajas y la superioridad de hacer lo bueno para ser útil. Dediqué los primeros años de mi vida a estudiar. ¡Cuánto me aflige la pérdida de tiempo y de energías físicas de algunas jóvenes que se entregan a la diversión en lugar de al estudio!13. No es que yo deseche la diversión, pero no hago una prioridad de ello. En ese caso deja de ser diversión.

Me sentí muy complacida con la conferencia. Al hablar de las personas que viven muy por debajo de sus privilegios, el presidente Young ha dicho hasta en tres ocasiones: “Aun de entre este pueblo, el Señor llamará a un pueblo que hará Su voluntad”. Me he preguntado cómo, cuándo y a quién se hará este llamado. En sus palabras un día durante la conferencia, el presidente Young habló de establecer una colonia formada por aquellos que confíen lo suficiente los unos en los otros como para unirse en una alianza eterna14. Aquellos que no pueden ver el orden de Enoc pensarán que es un arrebato de los hermanos. Mi corazón se regocija al ver que Dios está obrando entre nosotros, ¿y quiénes están preparados para ser parte de ello? Aquellos que se han sujetado a toda la ley. Cuando nos examinemos a nosotros mismos veremos las debilidades de la carne.

​Agradezco a Dios por poder relacionarme con buenas hermanas. Sé que muchas de ellas piensan en algo más que en la grandeza del hombre y las riquezas terrenales; sé que ustedes aman y buscan las cosas de Dios. Hagámoslo con todo nuestro corazón. Sugiero que pongamos sobre la mesa temas que nos mejorarán y nos beneficiarán como hijas del Altísimo. Dejemos de lado aquellas cosas que son ajenas a nosotras. No quiero que piensen que los ejercicios espirituales van a perfeccionarnos. No lo harán por sí solos. Nos congregamos para renovar energías que nos ayuden en las tareas de la vida. Para los seres mortales resulta difícil seguir un curso constante, dedicar a cada tarea la porción de tiempo que le corresponde.

Queremos estudiar, reflexionar, orar, hablar, cantar, asistir a reuniones, tomar la Santa Cena, buscar al pobre y al necesitado y a quienes están perdiendo la luz de la eternidad en su pecho. No creo en seguir el curso que está tomando el mundo sectario, esto es, ocuparse de los paganos y descuidar sus deberes en el hogar15. No se olviden de quienes están cerca para ir en pos de quienes están lejos de nosotros. Nuestras obras a favor del avance del Reino de Dios no serán en vano; de cierto tendrán su recompensa. Podemos trabajar por otras cosas, y estas perecerán como la hierba. Quisiera exhortar a las ancianas a utilizar su influencia en las jóvenes para tratar de despertar en ellas el interés en las cuestiones académicas. Deseamos ser buenas amas de casa. Nuestras jovencitas deben aprender oficios y obtener todo el conocimiento que puedan de los libros. Pero el conocimiento perfecto de las tareas del hogar es la base de una dama completamente realizada. Esto constituye el fundamento sobre el cual pueden acumular una gran cantidad de logros más finos sin que estos se tambaleen. Pero los ornamentos no son útiles si carecemos de otros conocimientos. Para llegar a ser reinas y sacerdotisas, debemos ser mujeres emprendedoras16. Estamos poniendo los cimientos del Reino de Dios, y es nuestro deber moldear el carácter de esta generación. No queremos ser ignorantes con respecto a los principios del Evangelio ni a ningún aspecto de la educación que nos eleve para el campo de acción. Esperamos que en el cielo haya un orden más alto y más perfecto y libre de las debilidades y la impureza de la carne.

Senior and Junior Cooperative Retrenchment Association, Minutes, Salt Lake City, Territorio de Utah, hojas sueltas, 1871–1874, 11 de octubre de 1872, 42ª reunión, págs. 2–5, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Maggie Mair. Título proporcionado por los editores.

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La oración de fe

La oración de fe

Drusilla D. Hendricks
Sociedad de Socorro de Smithfield
Residencia particular, Smithfield, Territorio de Utah
7 de agosto de 1871

La hermana Drusilla Hendricks, una visitante de Richmond, se levantó y tomó la palabra en la reunión: Habría preferido sentarse y escuchar a sus hermanas, pero siempre estaba dispuesta a compartir su testimonio de la verdad y decir unas palabras de aliento. Sentía la necesidad de vivir de manera tal que en su corazón hubiera constantemente una oración de fe. En los últimos días se había dado cuenta de la importancia que eso tenía. Había trabajado día y noche para mantener a su familia y había pagado el diezmo cuando para sostenerla no había nada más que una oración de fe y el consuelo que recibió como respuesta13.

Después de que a su esposo lo abatieron a tiros en Misuri y que el populacho sin compasión lo arrastró de un lado a otro al no poder valerse por sí mismo14, y después de ser expulsados de su hogar, cuando se pidieron voluntarios para que se uniesen al batallón ella estaba tan indignada por la forma en que se había tratado a los mormones que dijo que su hijo no podía ir, y le impidió que hiciera ningún preparativo hasta la mañana en que la compañía había de partir15. Entonces, al verle adentrarse en el alto y húmedo pasto que rodeaba su campamento para traer a la vaca, pensó en cuán fácilmente podía arrancárselo la muerte por congelación, o por las privaciones que tendría que pasar si se quedaba con ella16; y cuántas vueltas le daría a que eso no habría sucedido si el chico se hubiera ido con el batallón. Pero entonces la impresión volvió: “¡No puedo dejarlo ir!”. Luego tuvo una extraña sensación, y fue como si una voz le dijera: “¿No deseas la gloria más alta?”. Naturalmente respondió: “Sí”, y la voz continuó: “¿Cómo esperas ganarla si no es al hacer los sacrificios más grandes?”. Ella preguntó: “Señor, ¿qué más me falta?”17. “Deja al hijo ir con el batallón”, fue la respuesta que recibió. Pero ella alegó: “Es demasiado tarde, ya se están yendo; y además es demasiado joven y no puede portar armas”. Su corazón estaba enormemente angustiado.

James y Drusilla D. Hendricks con un niñoJames y Drusilla D. Hendricks con su nieto. Aproximadamente 1852. Drusilla Hendricks fue una de las primeras partidarias de la Sociedad de Socorro. Ella rememoraba que, antes de que la Sociedad de Socorro fuera organizada en Nauvoo, soñó que las mujeres tenían reuniones y llevaban registros de su labor. Hendricks se unió a la Sociedad de Socorro de Nauvoo el 14 de abril de 1842, y fue llamada a formar parte de un comité visitante en el Barrio Dos de Nauvoo. (Fotografía en posesión de la familia).

​Inmediatamente el muchacho llegó con la vaca, y poco después apareció un hombre gritando: “Preséntense y ofrézcanse como voluntarios para ir con el batallón. Todavía nos faltan algunos hombres; ​pero no queremos presionar a nadie”18. En ese momento quiso ocultarse detrás de la vaca y, tomando un cubo, se arrodilló como si fuera a ordeñarla, pero en realidad iba a orar. Y así fue como oró: “Señor, si quieres a mi hijo, tómalo; solo permite que regrese a mí, tal como el hijo de Abraham”. La respuesta llegó en espíritu: “Así será, tal como tú has dicho”19. Se levantó y con la ayuda de algunos vecinos preparó rápidamente al muchacho y lo dejó ir con la firme convicción de que Dios cumpliría Su palabra y le traería a su hijo de regreso. Durante su ausencia, oró constantemente por él, y como recompensa por su fidelidad su hijo le fue devuelto20. Así será con todos nosotros; tenemos que hacer sacrificios, pero si lo hacemos con espíritu de mansedumbre, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios, nunca dejaremos de cosechar un rico galardón21.

Smithfield Branch, Cache Stake, Relief Society Minutes, tomo I, 1868–1878, 7 de agosto de 1871, págs. 98–99, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Louise L. Greene. Título proporcionado por los editores.

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