Sean pacientes y dispuestas a perdonar

Sean pacientes y dispuestas a perdonar

Jane H. Neyman
Sociedad de Socorro de Beaver
Tabernáculo, Beaver, Territorio de Utah
4 de noviembre de 1869

Mamá Neyman trató en la reunión el tema de la caridad, alentando a todas a ser pacientes y dispuestas a perdonar; a abstenerse todo lo posible de escrutar la conducta de nuestro prójimo, y siempre recordar que somos humanos, por lo que cometeremos errores. Al parecer fue el acuerdo unánime del Espíritu que presidió la reunión que la acusación y la calumnia debían sufrir una muerte natural; que la caridad, que cubre multitud de pecados11, que no piensa el mal y es sufrida y benigna12, debía cavar la tumba y ayudar a enterrar toda malicia y toda envidia que en cualquier momento hubiera perturbado nuestra armonía y nuestra paz13, y en su lugar establecer la verdad y la integridad, hermanas gemelas de la caridad, y luego poner el credo mormón a la retaguardia para repeler el primer ataque del enemigo y poder ser advertidas a tiempo a fin de evitar un mal que pudiera destruir nuestra confianza mutua14. Todo esto, en esencia lo mismo aunque dicho en menos palabras, era sin duda el parecer de todos los presentes. Esperamos que nuestras nuevas hermanas entiendan lo que se espera de ellas en esta honorable hermandad: que vivan por encima del reproche y que, guardando la puerta de sus labios, eviten ser objeto de censura15.

Beaver First Ward, Beaver Stake, Relief Society Minutes, tomo I, 1868–1878, 4 de noviembre de 1869, págs. 25–26, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Louisa B. Pratt. Título proporcionado por los editores.

Publicado en En el púlpito, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , | Deja un comentario

Servimos a un Dios justo

Servimos a un Dios justo

Zina D. H. Young
Sociedad de Socorro de Lehi
Tabernáculo, Lehi, Territorio de Utah
27 de octubre de 1869

No estoy acostumbrada a hablar en público15 pero me complace mirar los rostros de mis hermanas16 y saber que estamos embarcadas en esta gran obra17. Deseo exhortarlas a ser fieles en el desempeño de todo deber, y a las madres decirles que cumplan con sus obligaciones para con sus hijos, porque son bendiciones de Dios confiados a su cuidado. Y para ustedes, mis hermanas que no tienen hijos, sean consoladas. Servimos a un Dios justo y, si son fieles a Su causa, no perderán nada18. Procuremos tener el Espíritu de Dios y aprendamos a sobrellevar todas las cosas y a tener paciencia las unas con las otras, y si una hermana viene a nosotras con sus problemas y sus penas, no la alentemos a sumirse en ellos, sino mostrémosle que el Señor no pondrá sobre nosotras más de lo que podamos soportar19, y cuando lo hayamos superado todo y hayamos vencido, entonces heredaremos todas las cosas20. Que Dios las bendiga y las guarde fieles para siempre. Amén.

Lehi Ward, Utah Stake, Relief Society Minutes and Records, tomo I, 1868–1879, 27 de octubre de 1869, pág. 30, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Rebecca Standring. Título proporcionado por los editores.

Zina D. H. YoungZina D. H. Young. Aproximadamente 1867. Young prestó servicio como Presidenta General de la Sociedad de Socorro entre 1888 y 1901. También fue la primera directora de las obreras del Templo de Salt Lake, en 1893. Fotografía por Edward Martin. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Publicado en En el púlpito, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , | Deja un comentario

Dediquémonos a cultivarnos

Dediquémonos a cultivarnos

Eliza R. Snow
Sociedad de Socorro del Barrio Diecisiete de Salt Lake City
Union Hall, Salt Lake City, Territorio de Utah
18 de febrero de 1869

Con frecuencia he pensado que, a menos que tuviéramos que hacer más de lo que parecía posible conseguir, no desplegaríamos todo nuestro potencial13.

Para nosotras es una bendición encontrarnos a veces en circunstancias cuyo fin es llevarnos a hacer uso de cada poder y facultad que poseemos. Es cierto que en el momento puede parecer poco deseable, pero tiende a fortalecer y desarrollar nuestras habilidades y a prepararnos para ser de mayor utilidad.

Se nos ha enseñado que cada uno de nosotros en nuestras organizaciones lleva en sí la semilla de toda facultad que se requiere para llegar a ser un dios o una diosa14. Estos pequeñitos en brazos de sus madres tienen el germen de todas las capacidades que nosotras demostramos, ¿y cuál es la diferencia entre ellos y nosotras? Simplemente la falta de desarrollo de ellos, y ese desarrollo requiere cultivación, energía y perseverancia.

La organización de la Sociedad de Socorro Femenina coloca a las hermanas en posición de hacer uso —y por tanto de desarrollar— todas nuestras facultades. De este modo, al hacer el bien a otras personas, nos beneficiamos a nosotras mismas. “Al bendecir, te bendeciré grandemente”15. Y quienes hagan el mayor bien serán los más bendecidos.

Mis hermanas, dediquémonos a cultivarnos para que podamos hacer mucho bien. Somos hijas de nuestro Padre Celestial, y nuestra posición como santos del Altísimo está a la cabeza del mundo.

​Tratemos de cumplir con nuestras responsabilidades y de honrar nuestra posición.

Para nosotras, las hermanas, es complicado actuar en una estructura organizada. Nuestros hermanos están acostumbrados a desenvolverse en cuerpos organizados pero nosotras no, y necesitamos una gran dosis del Espíritu y de la sabiduría de Dios para conducirnos. Aunque afrontaremos dificultades, no nos desalentemos nunca, sino sigamos adelante en la senda del deber; y mediante la bendición de Dios y el aliento de nuestros hermanos, superaremos cada obstáculo16. Cuando puedan ver un paso por delante, den ese paso, y no esperen a ver dónde está el siguiente. Si podemos ver un paso no debemos permanecer quietos hasta que podamos ver el camino despejado en la distancia, sino avanzar; y el camino se abrirá ante nosotros, paso a paso. Esto es un principio. Dios requiere que hagamos el esfuerzo, y de este modo prueba nuestra fe y nuestra confianza en Él, y entonces ciertamente extiende Su auxilio. Tenemos un grato ejemplo de este principio aquí, ante nosotras. La hermana Rich informa que el hermano Rich dona a esta sociedad maderos con valor de cincuenta dólares17. Si la sociedad no hubiera dado el paso de prepararse para construir, no habríamos recibido esa generosa donación18. Seguir leyendo

Publicado en En el púlpito, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , | Deja un comentario

Dios nos habilitará para vencer

Dios nos habilitará para vencer

Mary Isabella HorneMary Isabella Horne
Sociedad de Socorro del Barrio Diecisiete de Salt Lake City
Union Hall, Salt Lake City, Territorio de Utah
30 de julio de 1868

Me complace reunirme con ustedes como parte de la Sociedad de Socorro Femenina. Siento que estas sociedades son peldaños que conducen a obras mucho mayores, y que finalmente cosecharemos los frutos, pero debemos llevar vidas fieles y luchar con éxito contra el mal, y Dios nos habilitará para vencer. Mi fe nunca flaqueó por causa de los saltamontes, porque sabía que el Padre podía sostenernos y estaba dispuesto a hacerlo, y que en ocasiones nos prueba para que nos acerquemos a Él11. Sé que para nosotras es bueno que nos reunamos de vez en cuando en calidad de hermanas; el intercambio de pensamientos y sentimientos hacia una buena causa tiende a elevarnos. Y si somos fieles, cuando nuestra obra haya acabado sobre la tierra llegaremos al Reino Celestial de nuestro Dios.

Salt Lake City Seventeenth Ward, Salt Lake Stake, Relief Society Minutes, tomo II, 1868–1871, 30 de julio de 1868, págs. 97–98, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Lydia Dunford Alder. Título proporcionado por los editores.

Mary Isabella Horne

Mary Isabella Horne. Aproximadamente década de 1860. La hermana Horne ejerció como presidenta de la Asociación de Moderación Cooperativa de Mujeres entre 1870 y 1904, como presidenta de la Sociedad de Socorro de la Estaca Salt Lake entre 1877 y 1903, y como tesorera de la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro entre 1880 y 1901. También prestó servicio como presidenta del comité ejecutivo del Hospital Deseret entre 1882 y 1894. Fotografía por Edward Martin. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Publicado en En el púlpito, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , | Deja un comentario

Todas tenemos una misión que cumplir

Todas tenemos una misión que cumplir

Elicia A. Grist
Discurso en Latter-day Saints’ Millennial Star
Liverpool, Inglaterra 4 de mayo de 1861

Al dirigirme a las hermanas de la Iglesia, lo hago con la intención de promover y alentar los mejores sentimientos entre ellas, pero de ninguna manera pretendo ser prescriptora. Simplemente sugiero lo que considero que produciría un interés más activo de las unas por las otras, al unirnos más en nuestros esfuerzos y extender una importante influencia en la esfera en que seamos llamadas a obrar.

Cuando tenemos en cuenta las muchas oportunidades y las diversas maneras en que podemos ser de utilidad, y todo lo bueno que podemos lograr quienes estamos embarcadas en una causa tan grande, puede que algunas de ustedes sientan que no nos corresponde interferir en lo más mínimo ni dar un paso para edificar el Reino de Dios. Pero creo que es un error suponer que no podemos realizar actos que ennoblecerían nuestro carácter y posición cuando estamos tan estrechamente alineadas con los hermanos del sacerdocio y a ellos se les requiere realizar intensos esfuerzos para impulsar la causa de Dios. No querría dar a entender que sugiero algo que interferiría con los derechos y las responsabilidades del alto y santo llamamiento de ellos, pero ¿no podríamos abrigar un amoroso espíritu fraternal las unas por las otras? Si no podemos reunirnos con frecuencia en un entorno social, podríamos retener individualmente una unidad más sagrada, e imbuir nuestros pensamientos y sentimientos de un mayor deseo de bendecir y edificar, de fortalecer y alentar, y ser así un medio para esparcir ampliamente un interés más activo en el reino de nuestro Padre, por quien declaramos haber sido adoptadas. Ya que todas somos una familia, seamos unidas en hacer todo el ​bien que podamos en nuestra área de influencia, porque podemos lograr mucho si tenemos el deseo de hacerlo. Además, nuestras reuniones de hermanamiento dependen mucho de lo que nosotras aportemos12.

Todas tenemos una misión que cumplir si tan solo tenemos en cuenta la responsabilidad que recae sobre nosotras en cada cosa que hacemos, aunque seamos la parte débil y no podamos ser llamadas a cumplir las más altas responsabilidades que recaen sobre aquellos que poseen los oráculos de Dios13. Pero ¿no podríamos, queridas hermanas, tener un sentimiento puro de bondad y ayudar a crear un espíritu entusiasta y una devota sinceridad hacia la causa? Y no hace falta que nombre siquiera uno de nuestros grandes privilegios cuando se nos han dado abundantes oportunidades para testificar y ejercer los dones del Espíritu. ¡Cuántas veces hemos visto claramente el poder de Dios manifestarse en nuestras reuniones!14. En muchos casos, al participar en esas santas inspiraciones, puede que nuestro testimonio haya hecho que alguno de los presentes reflexionase más profunda y atentamente en cuanto a lo que se había declarado15. También se puede hacer lo mismo en otras ocasiones, cuando estamos en compañía de una vecina o de una amable visitante que, quizás, hayan acudido a nosotras para pedirnos un libro prestado. Es posible que esa sea la oportunidad de conversar sobre los principios de la Iglesia y también de difundir la labor de la Iglesia. Y quién sabe, quizá así seamos el medio para convencer a algún amante sincero de la verdad y mostrarle el camino de la salvación. Podría mencionar muchos ejemplos de este tipo, pero básteme decir que no es propio de mí dar ese tipo de instrucciones a mis hermanas, que quizás comprenden plenamente sus deberes y las muchas maneras en que pueden ser de utilidad, y cómo pueden ellas participar más en la propagación del conocimiento de la verdad al invitar a otras personas a asistir a las asambleas y las congregaciones de los santos, porque “la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” para quienes capten la indirecta16.

Ahora dirijamos nuestra atención al ámbito doméstico. Gran parte de la clase de espíritu que impregna nuestro hogar depende de nosotras. Como esposas, podemos crear un pedacito de cielo aquí. Cuando el cabeza de familia regresa de un largo día de trabajo, inevitablemente busca esas comodidades y atenciones que no hace falta que mencione, ya que todas saben cuál es la mejor manera para ellas de complacer y consolar a quienes es su privilegio mostrar deferencia. También recaen importantes responsabilidades sobre aquellas de nosotras que somos madres, esto es, la adecuada formación y educación de nuestros hijos. Nunca es demasiado pronto para inculcar en sus jóvenes mentes los principios de la Iglesia. Las preguntas de mis pequeñitos sobre la Iglesia me conducen con frecuencia a una procesión de serias reflexiones. Sus preguntas a menudo despiertan mi sentido del deber. Nosotras, queridas hermanas, somos responsables ante Dios del modo en que criemos a nuestros hijos. ¿Nos escuchan alguna vez nuestros pequeñitos orar por ellos? ¿Nos ven arrodillarnos junto a sus camitas? Porque son los niños que escuchan a sus madres orar los que con mayor probabilidad orarán por sí mismos.

Permítanme sugerirles también otra fuente de bien para nuestros hijos, esto es, ​leerles en voz alta las obras impresas de la Iglesia tan a menudo como nos sea posible17. Sus jóvenes mentes son muy receptivas, las impresiones se forjan pronto y su interés se estimula con facilidad hacia lo que es bueno. Tomen, por ejemplo, una idea que han sugerido últimamente algunos hermanos del sacerdocio: la de viajar a Sion por un penique cada cinco kilómetros (tres millas), de modo que cada penique ahorrado ¡nos acercará a Sion cinco kilómetros más!18. Si tan solo logramos despertar el interés de nuestros hijos en esto, controlaremos el deseo natural tan extendido entre ellos de correr a comprar pasteles (tortas) y dulces que solo les hacen mal.

Les contaré una anécdota que llegó a mi conocimiento para animar a los jóvenes que puedan leerlo o escucharlo. Dos pequeñitos de una familia de la Iglesia recibieron dos peniques cada uno, y fueron corriendo a su madre con rostros rebosantes de alegría: “¡Oh, madre, ya estamos diez kilómetros (seis millas) más cerca de Sion! Póngalo en la caja, por favor”. Sería bueno animar a nuestros hijos en este nuevo movimiento. Aunque parezca sencillo, nuestros niños más pequeños pueden en algunos casos viajar cinco kilómetros cada día, y podrían hacerlo fácilmente poniendo su penique en la alcancía para este fin19. Esto hará que en su corazón y en el nuestro surja el interés en el recogimiento.

Confío en que estas pocas palabras dispersas, escritas con toda humildad, se reciban con el mismo amable sentimiento; y espero que alguna hermana con más talento retome este tema, para que de ese modo podamos beneficiarnos grandemente las unas a las otras. No quiero que piensen que afirmo ser perfecta. Desafortunadamente no lo soy. Siento mis propias imperfecciones, pero trato de vencer esas cosas que sé que me impiden progresar hacia el Reino de Dios.

Elicia Grist, “Address to the Sisters of the Church”, Latter-day Saints’ Millennial Star, tomo XXIII, nro. 18, 4 de mayo de 1861, págs. 277–278. Título proporcionado por los editores.

Publicado en En el púlpito | Etiquetado , , | Deja un comentario

El convenio de la Sociedad de Socorro del Barrio Trece

El convenio de la Sociedad de Socorro del Barrio Trece

Matilda Dudley Busby
Sociedad de Socorro del Barrio Trece de Salt Lake City
Residencias privadas, Salt Lake City, Territorio de Utah
14 de junio de 1854 y 6 de mayo de 1857


 [14 de junio de 1854]

Promovido por M. Dudley, secundado por A Cobb13 y aprobado por unanimidad, que el siguiente convenio sea concertado por quienes lleguen a ser miembros de esta sociedad, a saber, que no hablemos mal las unas de las otras, ni de las autoridades de la Iglesia, sino que procuremos, por todos los medios que tengamos a nuestro alcance, cultivar un espíritu de unidad, humildad y amor, y que este será el convenio que celebrarán todas las hermanas que se hagan miembros de esta sociedad.


[6 de mayo de 1857]

La hermana M. Busby14 propuso que el convenio concertado al comienzo de la primera organización de la sociedad debía ser renovado como sigue: Que todas las que seamos miembros de esta sociedad no hablaremos mal las unas de las otras en nuestras reuniones, ni de las autoridades de la Iglesia ni de ninguna otra persona, sino que procuraremos, por todos los medios a nuestro alcance, cultivar un espíritu de unidad, humildad y amor, y que este será el convenio que celebrarán quienes se hagan miembros de esta sociedad.

​Salt Lake City Thirteenth Ward, Salt Lake Stake, Relief Society Minutes, tomo I, 1854–1857, 14 de junio de 1854, 6 de mayo de 1857, págs. 4, 14–15, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Martha J. Coray y Elizabeth Goddard15. Título proporcionado por los editores.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Buscar al Señor para obtener sabiduría

Buscar al Señor para obtener sabiduría

Phoebe M. Angell
Consejo Femenino de Salud
Antiguo Tabernáculo de Adobe, Manzana del Templo, Salt Lake City, Territorio de Utah
14 de agosto de 1852

La hermana Angell habló y exhortó al consejo a no confiar en el conocimiento que se obtiene de los libros, ni a confiar enteramente en las hierbas, sino a buscar al Señor para obtener sabiduría15. Hizo referencia a una ocasión en Nauvoo en la que había mucha fiebre y escalofríos entre la gente. Ella clamó al Señor para que le mostrara alguna cosa que les hiciera bien. Por la noche recibió la siguiente receta como si una voz le hablara16: “Toma un poco de boneset; un puñado de lobelia; ponle medio litro de vinagre, déjalo reposar hasta mañana y adminístraselo a los enfermos cuando tengan escalofríos; una cucharada cada hora”17. Dio testimonio del gran bien que hizo esta receta, y ese verano utilizó una fanega de boneset18.

Consejo Femenino de Salud, Actas, Salt Lake City, Territorio de Utah, 14 de agosto de 1852, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de George D. Watt. Título proporcionado por los editores.

Publicado en En el púlpito | Etiquetado , , | Deja un comentario

Este Evangelio de alegres nuevas para todos

Este Evangelio de alegres nuevas para todos

Lucy Mack Smith
Conferencia general
Jardines del templo, Nauvoo, Illinois
8 de octubre de 1845

Hermanos y hermanas, he estado observando a esta congregación. Por mucho tiempo he esperado el momento en que el Señor me diera fuerzas para contemplarles a ustedes y a mis hijos18. Me siento solemne. Deseo que todos ​miren en su corazón para averiguar la razón por la que han venido a este lugar, ya sea para seguir a Cristo por buena o mala fama, o por cualquier otra causa. Quiero darles un consejo. Quiero tener tiempo para hablar sobre mi esposo, y sobre Hyrum y José. Quiero darles a todos un consejo. Brigham Young ha cumplido con el encargo; lo ha arreglado completamente. He esperado mucho tiempo para preguntarles si estarían dispuestos a aceptar artículos robados o no19. Quiero saber si creen en tales cosas. Hay algo de lo que deseo hablar. Puede que aquí haya dos mil personas que nunca conocieron al señor Smith ni a mi familia. He criado a once hijos, siete de ellos varones20. Los crié en el temor de Dios. Cuando tenían dos o tres años de edad les dije que quería que amasen a Dios con todo su corazón. Les dije que hiciesen el bien.

Deseo que todos ustedes hagan lo mismo. Dios nos da a nuestros hijos, y nosotros somos responsables. En el temor de Dios les advierto. Quiero que tomen a sus pequeñitos y les enseñen en el temor de Dios. Quiero que les enseñen acerca de José en Egipto y esas cosas y, cuando tengan cuatro años de edad, les encantará leer la Biblia. Supongo que nunca hubo una familia más obediente que la mía. Solo tenía que decirles las cosas una vez. Enseñen a sus hijos a trabajar y traten de criarlos para su tranquilidad. No les permitan jugar fuera de la casa21. Si no puedo hablar a unos cuantos miles aquí, ¿cómo voy a conocer a millones y hablar en la gloria celestial? Quiero que los jóvenes recuerden que amo a los niños, a los jóvenes y a todo el mundo. Quiero que sean obedientes a sus padres. Sean buenos y amables, y hagan en secreto lo mismo que harían en presencia de millones. Les llamo hermanos, hermanas e hijos. Si me consideran una madre en Israel quiero que lo digan. (El presidente B. Young se levantó y dijo: “Todos aquellos que consideren a Mamá Smith una madre en Israel, sírvanse indicarlo diciendo ‘Sí’”. Exclamaciones de “¡Sí!”)22.

Me ha dolido escucharles decir “vieja Mamá Smith”: “Ahí va la vieja Mamá Smith”. Me ha dolido mucho.

Deseo hablar de los muertos. El pasado 22 de septiembre hizo dieciocho años que José sacó las planchas de la tierra, y el lunes pasado23 hizo dieciocho años desde que José Smith, el profeta del Señor…

Fue una mañana cuando mi hijo vino a mí y me dijo que había sacado esas planchas de la tierra, y dijo: “Vaya y dígales a los tres (la familia Harris) que he sacado las planchas de la tierra24, y quiero que Martin me ayude. Deseo extraer algunos de los caracteres y enviarlos a Nueva York”25.

Ahora tengo setenta años. Hace dieciocho años que comencé a recibir este Evangelio de alegres nuevas para todos26. Lo he reunido todo en un registro histórico, y deseo que este pueblo sea tan bueno y tan amable de imprimirlo antes de irse al Oeste27. Martin Harris fue la primera persona que ayudó a José en esta tarea de imprimir el Libro de Mormón28, porque el Evangelio no podía ser predicado hasta que estuviera impreso. Aquí solo estaba ​mi familia y Martin Harris para hacerlo todo. Tan pronto comenzaron, el diablo empezó a rugir y a tratar de destruirlos. Pero un poco antes de que nos expulsaran de nuestra casa y hogar, José fue a Pensilvania29. Hyrum y Samuel tuvieron que trabajar todo el día en el bosque, y por la noche tuvieron que acarrear la madera y conseguir los medios para ayudar a José a publicar el libro. Dos de ellos vigilaban la casa30.

Así fue como comenzó todo, y miren ahora a esta congregación, que habla de ir al Oeste, con qué facilidad puede hacerse. Mi familia pudo trabajar y conseguir los medios para imprimir el Libro de Mormón. No se desalienten ni digan que no pueden conseguir carromatos y cosas; como dice Brigham, han de ser completamente honestos o no llegarán allá31. Si sienten enojo tendrán problemas.

Mi familia se esforzó para imprimir el libro. El ángel del Señor les dijo qué hacer. El lunes hizo dieciocho años que comenzaron.

Miles se han unido a la Iglesia desde entonces, y no han conocido a José, a Hyrum, a [Don] Carlos ni a William. Todos se han ido menos el pobre William; y él se ha marchado y no sé adónde32.

Tengo tres hijas en casa; ellas nunca han tenido nada, pero han trabajado en beneficio de la Iglesia33. Después de que el libro fuera impreso, Samuel tomó algunos ejemplares para venderlos y le cerraron la puerta tres veces34. Fue a casa del hermano Green, un predicador metodista35. Samuel dijo: “¿No quiere comprar un libro?”. “¿Qué es?”, preguntó ella, y Samuel respondió: “Es un Libro de Mormón que mi hermano José ha traducido de unas planchas que ha sacado de la tierra”. Le preguntó a su esposo, pero él no quiso comprarlo, y Samuel dejó un ejemplar hasta su regreso. Él tenía que venderlos para comprarnos provisiones. Quiero hablar de esto para que no se quejen de los tiempos difíciles. Entró en una casa y pidió el desayuno a cambio de un libro36. Volvió a casa de la hermana Green y ella dijo que tenía que devolverle el libro. Samuel lo tomó y la miró fijamente37. Más tarde ella me dijo que nunca había visto a un hombre mirar así; supo que tenía el Espíritu de Dios. Él respondió: “El Espíritu me prohíbe tomar este libro”. Ella se arrodilló y le pidió que orase con ella. Leyó el libro y se hizo mormona38. Y así comenzó la obra, y luego se propagó como la semilla de mostaza39.

Después de que la Iglesia comenzara a crecer, fuimos expulsados de un lugar a otro, a Kirtland y luego a Misuri40. William enfermó, y también la esposa de Samuel y otros 41, y durante la persecución del populacho yo cuidé de veinte o treinta personas enfermas42. Yo estaba bien de salud; podía cuidar de treinta enfermos entonces mejor de lo que puedo sentarme en una silla ahora.

Mientras William yacía enfermo vio en una visión venir al populacho. Dijo que vio venir a miles y miles, y añadió: “Madre, usted será expulsada”, y continuó: “Si muero, quiero que cuide de mi esposa y que lleve mi cadáver adondequiera que vaya”. El populacho llegó el primer día que William estuvo en condiciones de caminar hasta la puerta. Diez de ellos entraron en mi habitación después de llevarse a ​José y a Hyrum a su campamento43. Había miles azuzando y chirriando en mis oídos. ¿Cómo creen que me sentí? ¿No sienten compasión por mí?

Mientras estuvieron en el campamento no pude verlos, y ahora mis hijos están muertos. Vinieron diez hombres y dijeron: “Hemos venido a matar al cabeza de familia”. “¿Quieren matarme?”, repliqué yo, y ellos asintieron. Les dije: “Quiero que hagan rápido su trabajo, porque entonces seré feliz”44. Luego dijeron: “Maldita sea; estos mormones están tan dispuestos a morir como a vivir”. Luego procesaron a José y a Hyrum y los sentenciaron a ser fusilados en quince minutos. Un hombre entró y dijo: “Mamá Smith, si quiere volver a ver a José debe ir ahora, porque lo van a fusilar en el condado de Jackson”45. Me tomó de la mano y nos costó muchísimo pasar entre la muchedumbre hasta llegar al carromato.

Los hombres alzaron sus espadas y juraron que no los vería. Por fin llegué al carromato y extendí mi mano. Él la agarró y la besó. Yo dije: “José, déjame escuchar tu voz una vez más”. Replicó él: “Dios la bendiga, mi pobre madre”. Se los llevaron atados y esposados46. Todo ese tiempo mi hijo William y su esposa estuvieron enfermos47. La esposa de Samuel y otras personas estaban enfermas, y yo estaba al cuidado de todos48. Después de eso tuvimos que irnos.

Luego José fue a la ciudad de Washington49. Durante tres días llovió a raudales, pero tuvimos que viajar y no teníamos nada para cobijarnos. Caminé diez kilómetros (seis millas) por el fondo del río. Tenía la ropa tan empapada que apenas podía caminar, y cuando llegamos al río Quincy nevó y llovió y granizó50. Hicimos nuestra cama sobre la nieve helada y nos cubrimos con una cobija; nos quitamos los calcetines empapados e hicimos lo mejor que pudimos. Por la mañana, la cobija estaba congelada. No pudimos hacer fuego a causa de la nieve51. Entonces José fue a la ciudad de Washington, ya que se le había revelado que había de apelar personalmente al gobernador y al presidente, y el Señor dijo que, si no prestaban atención a su causa, Él afligiría al país52. Cuando llegó a casa, predicó entre la casa del señor Durfee y la Mansión. Dijo a los hermanos y a las hermanas que había hecho todo lo posible por ellos: “Están resueltos a no hacernos justicia mientras permanezcamos en Nauvoo”53. Pero dijo: “Mantengan el buen ánimo. Nunca les faltará el pan como sucedió en el pasado”; y prosiguió: “Todos estos casos se registran en la tierra, y lo que se registra aquí, se registra en los cielos54. Ahora bien”, dijo, “expondré este caso de expropiación a la que hemos sido sometidos, etc. Voy a llevarlo ante el más alto tribunal de los cielos”. Lo repitió tres veces. Yo ni imaginaba que nos dejaría tan pronto para llevar ese caso a los cielos. Nunca se nos hubiera podido hacer justicia hasta que él lo llevara allí.

El Señor tiene incluso al jefe de policía allá55. Ellos conocen todos nuestros padecimientos, ¿y creen que nuestro caso no está siendo juzgado? Creo que harán más por nosotros allí de lo que podrían hacer si estuvieran aquí. Siento que si cada alma se quedara en casa, serían bendecidos. Siento como si Dios estuviera afligiendo al país, un poco aquí y ​allí, y siento que el Señor dejará que el hermano Brigham se lleve a este pueblo de aquí. No sé si yo iré, pero si el resto de mi familia va, yo iré, y ruego que el Señor bendiga a los líderes de la Iglesia, al hermano Brigham y a todos ustedes, y cuando yo salga de este mundo deseo encontrarlos a todos. Aquí yacen mis muertos, mi esposo y mis hijos56. Quiero que mis huesos descansen aquí, para que en la resurrección pueda levantarme con mi esposo y mis hijos, si es que mis hijos se van. Y suplico a Dios que todos mis hijos se marchen. Ellos no se irán sin mí, y si yo me voy deseo que mis huesos sean traídos de vuelta para que reposen con mi esposo e hijos57.

Lucy Mack Smith, Conferencia General, 8 de octubre de 1845, Nauvoo, Illinois, Historian’s Office, General Church Minutes, 1839–1877, 6–8 de octubre de 1845, págs. 7–13, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Curtis E. Bolton. Título proporcionado por los editores.

Publicado en En el púlpito | Etiquetado , , | Deja un comentario

Conforme al orden de los cielos

Conforme al orden de los cielos

Sarah Cleveland, Elizabeth Ann Whitney, Presendia Buell, Lucy Mack Smith, Elizabeth Durfee, Eliza R. Snow y Patty Sessions
Sociedad de Socorro de Nauvoo
Salón de la Logia, Tienda de Ladrillos Rojos, Nauvoo, Illinois 19 de abril de 1842

Una reunión especial de la sociedad convocada conforme a lo acordado con anterioridad; al no hallarse presente la presidenta Emma Smith, presidió la consejera Cleveland10.

La reunión comenzó con el canto de un himno. Oración por la consejera Cleveland. Número musical por el coro…

Luego se levantó la consejera Cleveland y tomó la palabra diciendo que, dado que la reunión había sido especialmente convocada para la admisión de la señora Buell, la cual por vivir lejos estaba privada de los privilegios que disfrutaban las hermanas en Nauvoo y deseaba convertirse en miembro de esta sociedad, no había muchos asuntos que atender, por lo que podríamos dedicar el tiempo a los ejercicios religiosos ante el Señor. Habló de la felicidad que sentía en la actual asociación de mujeres, e hizo observaciones muy apropiadas en cuanto a los deberes y las posibilidades de la sociedad, que había sido organizada conforme al orden de los cielos, etc., etc.11.

La consejera Whitney hizo también muchos comentarios interesantes e invitó a todas las presentes a compartir libremente sus sentimientos.

La señora Buell se levantó y dijo que se regocijaba en la oportunidad, la cual consideraba un gran privilegio. Sentía que el Espíritu del Señor estaba con la sociedad, y se alegraba de poder pertenecer a ella, aunque viviese a cierta distancia y no pudiese asistir a las reuniones.​

La tienda de ladrillos rojos de José Smith. Aproximadamente 1885–1886. La reunión fundacional de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo tuvo lugar en el segundo piso de esta tienda de artículos varios el 17 de marzo de 1842. La tienda de ladrillos rojos se convirtió en un lugar en donde las mujeres se reunían y compartían necesidades, preocupaciones y su ministerio espiritual. Fotografía tomada u obtenida por Brigham H. Roberts. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

​Mamá Smith habló muy lastimosamente de su solitaria situación, y de los sentimientos que tenía al reflexionar en el cariño que Papá Smith siempre sintió por las hermanas cuando presidía en vida las reuniones12.

La señora Durfee testificó de la gran bendición que le fue administrada por la presidenta E. Smith y las consejeras Cleveland y Whitney tras la conclusión de la reunión anterior13. Dijo que nunca recibió un beneficio mayor por medio de una bendición, que fue sanada y que pensaba que las hermanas tenían más fe que los hermanos.

La señorita Snow, después de hacer comentarios en relación a la sociedad, la importancia de obrar con prudencia y de caminar con humildad ante Dios, etc., dijo que tenía una bendición para la señora Buell: que, en vista de que había entrado a formar parte de esta sociedad, tal como el espíritu de una persona impregna a cada miembro del grupo, así estará con ella el Espíritu del Señor que impregna a esta sociedad. Ella lo sentirá y se regocijará. Será bendecida allá donde esté, el Señor abrirá el camino y ella será fundamental para hacer muchas cosas. A través de sus propios esfuerzos y por conducto de otras personas, ella tendrá la oportunidad de contribuir mucho a los fondos de la sociedad. Dará calor a los corazones de quienes se han enfriado y adormecido, y contribuirá decisivamente a hacer mucho bien.

La señora Leonard, la consejera W. y la consejera C. dieron testimonio de la verdad de lo que la señorita Snow le había dicho a la señora Buell.

La consejera Cleveland declaró que muchas veces había sentido en su corazón lo que no podía expresar con palabras, y dado que el Profeta nos había dado libertad para aumentar los dones del Evangelio en nuestras reuniones, y sintiendo que el poder descendía sobre ella, deseaba hablar con el don de lenguas, lo cual hizo de manera poderosa14.

La señora Sessions se levantó e interpretó las palabras que la consejera C. había hablado en una lengua desconocida, y dijo que Dios estaba bien complacido con esta sociedad, que si éramos humildes y fieles el Señor derramaría en general el don de profecía sobre sus miembros. Que cuando la oradora pusiera su mano sobre la cabeza de la hermana Snow, dijo que no solo tendría el Espíritu, sino que todas lo tendrían también. Que luego la oradora se dirigió personalmente a Mamá Smith diciendo que las oraciones de Papá Smith eran ahora contestadas sobre los miembros de la sociedad. Que los días de Mamá Smith serían prolongados y se reuniría muchas veces con la sociedad, disfrutaría mucho de su asociación con las hermanas, y en el más allá sería coronada como madre de quienes demuestren ser fieles, etc.15.

La reunión fue muy interesante, casi todas las hermanas presentes se levantaron y hablaron, y el Espíritu del Señor, como un riachuelo purificador, reconfortó cada corazón.

La señora Mary Smith recomendó a Elizabeth Eaton al patronato de la sociedad, al ser ella una hábil costurera.

​La reunión concluyó con una oración ofrecida por Mamá Smith y el canto del coro, después de lo cual las consejeras Cleveland y Whitney le dieron a la señora Leonard una bendición de salud.

Nauvoo Relief Society Minute Book, 19 de abril de 1842, págs. 30–33, en Jill Mulvay Derr, Carol Cornwall Madsen, Kate Holbrook y Matthew J. Grow, editores, The First Fifty Years of Relief Society: Key Documents in Latter-day Saint Women’s History, Salt Lake City: Church Historian’s Press, 2016, págs. 49–52. Letra manuscrita de Eliza R. Snow. Título proporcionado por los editores.

Publicado en En el púlpito | Etiquetado , | Deja un comentario

Vamos a hacer algo extraordinario

Vamos a hacer algo extraordinario

Emma Hale Smith
Sociedad de Socorro de Nauvoo
Nauvoo, Illinois 1842–1844

[17 de marzo de 1842]

La presidenta Emma Smith dijo que vamos a hacer algo extraordinario. Cuando un barco se atasque en los rápidos con una multitud de mormones a bordo, consideraremos eso un llamado de auxilio16; esperamos oportunidades extraordinarias y llamamientos apremiantes…

Luego se levantó la presidenta E. Smith y procedió a decir unas pertinentes palabras sobre el propósito de la sociedad, sus deberes hacia otras personas, así como los deberes de las unas hacia las otras, es decir, salir en busca de los afligidos y darles alivio, que cada miembro debe tener la ambición de hacer el bien, que deben ser sinceras en sus tratos las unas con las otras, velar por la moralidad y tener mucho cuidado con la fama y la reputación de las hermanas de la institución, etc.

[24 de marzo de 1842]

La presidenta E. Smith se levantó a continuación y dijo que debe prestarse una cuidadosa atención a las medidas para promover la unidad en esta sociedad. Que cada hermana debe ser sostenida en completa hermandad. Como sociedad, esperaba que se despojaran de toda envidia y malos sentimientos de unas hacia otras, en caso de que tales cosas existieran. Que nuestra conducta debía ser respetable, aquí y en cualquier otro lugar. Dijo que se regocijaba por el panorama que veía ante ella…

La presidenta E. Smith dijo que nadie tiene por qué tener reparos en cuanto a los interrogantes sobre esta sociedad. No hay nada que sea privado. Sus objetivos son puramente benéficos…, sus objetivos son caritativos; nadie puede resistirse a contar lo bueno ni debe ocultar lo malo. Ella esperaba que todas se sintiesen en la obligación de observar esta norma… Dijo que era el deber de cada persona averiguar cuál es la situación del pobre y transmitir una idea real de su estado… De este modo debemos ayudarnos las unas a las otras…

[31 de marzo de 1842]

La presidenta E. S. dijo que íbamos a aprender cosas nuevas. Nuestro camino era claro. Dijo que no queríamos a nadie en esta sociedad sino a aquellas que pudieran y fueran a caminar en rectitud, y estuvieran decididas a hacer lo bueno…

[14 de abril de 1842]

La presidenta E. Smith se levantó y tomó la palabra… Su deseo era hacer lo bueno. Deseaba que todos los miembros de esta sociedad la ayudasen. Dijo que era necesario comenzar en el hogar, extirpar todo mal de nuestro propio corazón y advertir a quienes deseaban unirse a nosotras que vinieran con la idea de despojarse de todo error y de unirse para desenmascarar la iniquidad, buscarla y erradicarla. Dijo que la sociedad tenía otros deberes que atender, aparte de ocuparse de las necesidades del pobre. Exhortó a las hermanas a comportarse de modo que tuvieran el honor de comenzar una buena obra y completarla, e insistió en la necesidad de caminar de una manera que Dios aprobaría…

La presidenta Smith apeló a continuación a quienes, si estaban presentes, conocían casos de pobres que se pudieran analizar.

[19 de mayo de 1842]

La señora presidenta continuó exhortando a todas las que habían errado a arrepentirse y abandonar sus pecados. Dijo que las fuerzas de Satanás estaban contra esta Iglesia. Que todos los santos debían estar en sus puestos…

[27 de mayo de 1842]

La presidenta E. Smith se levantó y se dirigió a la congregación. Dijo que todas deben tener gracia para sí mismas… Recalcó la necesidad de estar unidas en hacer el bien a los pobres…

[23 de junio de 1842]

La señora presidenta dijo que se regocijaba al ver la creciente unidad de la sociedad. Esperaba que viviésemos siendo justas ante Dios, entre nosotras y ante el mundo… Dijo que no teníamos nada que hacer excepto temer a Dios y guardar los mandamientos y que, al hacerlo, prosperaremos.

[4 de agosto de 1842]

La señora presidenta se levantó y habló a la sociedad en cuanto a la necesidad de estar unidas entre nosotras. Dijo que vendrán suficientes dificultades del exterior sin promover entre nosotras contiendas, aspereza y malos sentimientos de unas hacia otras, etc.

Podríamos gobernar a esta generación de una manera, si no de otra. Si no por el fuerte brazo del poder, podemos hacerlo por la fe y la oración17. Dijo que creía que, si tratamos de vivir con rectitud, no seremos movidas18.

La señora presidenta continuó diciendo que Dios sabe que tenemos una obra que realizar en este lugar. Hemos de velar y orar, y tener cuidado de no agitar lo sentimientos y de no hacernos enemigas las unas de las otras, etc.

[16 de marzo de 1844]

La señora presidenta se levantó y tomó la palabra para hablar en cuanto a la necesidad de estar unidas y fortalecernos mutuamente las manos a fin de poder hacer mucho bien entre los pobres… Debemos proteger con un manto de caridad a los que se arrepientan y no pequenmás… Aconsejó a todas que se sujetasen al Libro de Mormón y Doctrina y Convenios… También las exhortó a cuidar de los pobres.

Nauvoo Relief Society Minute Book, 17 de marzo de 1842 – 16 de marzo de 1844, tomo VIII, pág. 126, en Jill Mulvay Derr, Carol Cornwall Madsen, Kate Holbrook y Matthew J. Grow, editores, The First Fifty Years of Relief Society: Key Documents in Latter-day Saint Women’s History, Salt Lake City: Church Historian’s Press, 2016, págs. 32–130. Letra manuscrita de Eliza R. Snow y Hannah M. Ells. Título proporcionado por los editores.

Publicado en En el púlpito, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , | Deja un comentario

Adán–ondi–Ahmán

Adán–ondi–Ahmán

Elizabeth Ann Whitney

Reunión de bendiciones patriarcales
Casa del Señor, Kirtland, Ohio
14 de septiembre de 1835

En tiempos ancestrales un hombre vivió,
en medio de un placentero jardín
donde bellas flores brotaban siempre,
desprendiendo su intensa fragancia.
Helo ahí; Adán es su nombre.
Uno de los nobles de la tierra,
con gran poder para bendecir.
Recibió el sacerdocio y progresó12;
bendijo a su simiente y a la tierra dio
bendiciones para su posesión13.
Para vida eterna los selló,
y a todas sus generaciones
que obedecieran el Plan de Salvación
hasta los últimos días del hombre:
una multitud de naciones.
Isaac y Jacob, cada uno a su tiempo,
tuvieron poder para bendecir a sus hijos14.
Así, por su fe aprendió Jacob,
e instrucciones en cuanto a sus huesos dio
de que fueran a Canaán llevados15.
Por el mismo espíritu dio José
poderosa y grande bendición
a Efraín y a Manasés también16,
​y así su simiente emprendió
largos viajes aun en medio de aflicción.
Por la misma fe construyeron un barco
y atravesaron el imponente océano17.
La más escogida de las tierras heredaron,
del gran Mesías predijeron el nacimiento
y toda la fuerte conmoción18.

* * * * * * * *

Por mucho tiempo el santo sacerdocio
permaneció en todo su poder y gloria,
hasta que asesinados fueron los sacerdotes de Dios,
escondidos sus registros de los inicuos
en las entrañas del cerro Cumorah.
Su remanente se hundió en el pesar,
convertido en aborrecible pueblo.
Condenados a la miseria y la pena,
la penumbra bañando sus gratos campos,
por nación de gentiles gobernados.
Pero ahora, el sacerdocio se ha restaurado19
y de sus bendiciones participamos.
Nuestros padres e hijos queridos
con el remanente de José tienen parte,
hasta la última generación.
Tal como a su familia bendijo Adán
en Adán–ondi–Ahmán20,
así bendecirá nuestro anciano padre
a su simiente que more en rectitud
sobre la tierra de Sion21.

Elizabeth Ann Whitney, “A Leaf from an Autobiography”, Woman’s Exponent, tomo VII, nro. 11, 1 de noviembre de 1878, pág. 83.

Publicado en En el púlpito, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , | Deja un comentario

Dónde está su confianza en Dios?

¿Dónde está su confianza en Dios?

Lucy Mack Smith

Concentración de santos emigrantes en el lago Erie
Buffalo, Nueva York
Mayo de 1831

“Hermanos y hermanas”, dije, “nos hacemos llamar Santos de los Últimos Días y profesamos haber salido de entre el mundo con el propósito de servir a Dios y la determinación de hacerlo con todo nuestro poder, mente y fuerza, a costa de todas las cosas de esta tierra, ¿y comenzarán a quejarse y a murmurar como los hijos de Israel al primer sacrificio que tengan que hacer de su comodidad? O peor aún, ya que aquí están mis hermanas ¡preocupadas porque no tienen sus mecedoras!9. Y, hermanos, de ustedes yo esperaba ayuda, y buscaba algo de firmeza; sin embargo se quejan porque han dejado una buena casa y porque ahora no tienen un hogar al que ir, y no saben si lo tendrán cuando lleguen al final de su viaje; y encima, ustedes no saben si morirán de hambre antes de haber salido de Buffalo. ¿Quién en esta compañía ha pasado hambre? ¿A quién le ha faltado algo para sentirse cómodo, tanto como lo permiten nuestras circunstancias? ¿No he puesto yo cada día comida ante ustedes y los he recibido a todos como a mis propios hijos, para que a quienes no habían provisto para sí mismos no les faltase nada?10.

“Y aun cuando no hubiera sido así, ¿dónde está su fe?11. ¿Dónde está su confianza en Dios? ¿Saben que todas las cosas están en Sus manos? Él creó todas las cosas y todavía rige sobre ellas, y qué fácil sería para Dios que el camino se abriera ante nosotros si tan solo cada santo aquí elevara sus deseos a Él en oración. Cuán fácil sería para Dios hacer que el hielo se partiera y pudiéramos proseguir nuestro viaje en un instante; pero, ¿cómo esperan que el Señor los prospere si están constantemente murmurando contra Él?”.

En ese momento un hombre exclamó desde la orilla del agua: “¿Es verdadero el Libro de Mormón?”. “Ese libro”, dije yo, “fue sacado a la luz por el poder de Dios y traducido por ese mismo poder. Y si pudiera hacer que mi voz sonara tan alto como la trompeta de Miguel el Arcángel, declararía la verdad de tierra en tierra y de mar en mar, y resonaría de isla en isla hasta que no hubiese ni uno solo de toda la familia del hombre que quedase sin excusa. Porque todos deben oír la verdad del evangelio del Hijo de Dios, y yo la haría resonar en cada oído, que Él se ha vuelto a revelar al hombre en estos últimos días, y ha extendido Su mano para congregar a Su pueblo sobre una buena tierra y, si le temen y andan en rectitud ante Él, será para ellos por herencia; pero si se rebelan contra Su ley, Su mano será contra ellos, para dispersarlos y barrerlos de sobre la faz de la tierra. Porque Dios se dispone a efectuar una obra sobre la tierra, y el hombre no puede impedir una obra que es para la salvación de todos los que crean plenamente en ella, sí, todos los que recurran a Él; y para todos los que se hallan aquí en este día será un salvador de vida para vida, o de muerte para muerte: un salvador de vida para vida si lo reciben, pero de muerte para muerte si rechazan el consejo de Dios para su propia condenación12. Porque cada hombre recibirá conforme a los deseos de su corazón, y si desea esta verdad, el camino está abierto para todos y, si es su voluntad, puede escuchar y vivir13; mientras que si trata la verdad con indiferencia y desprecia la sencillez de la palabra de Dios, se cerrará a sí mismo las puertas de los cielos. Ahora bien, hermanos y hermanas, si todos ustedes elevan sus deseos a los cielos para que el hielo ceda ante nosotros y seamos libres para seguir nuestro camino, tan cierto como vive el Señor será hecho”.

Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 11, pág. 12; libro 12, pág. 2, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Martha Jane Knowlton Coray y Howard Coray. Título proporcionado por los editores.

Publicado en En el púlpito, Sociedad de Socorro | Etiquetado , | 2 comentarios

Devocional mundial para jóvenes adultos 9 de septiembre de 2018

Devocional mundial para jóvenes adultos
Un evento Cara a Cara con el Élder Quentin L. Cook

 

Publicado en Devocional | Etiquetado , | Deja un comentario

Presidente Russell M. Nelson: Guiado, preparado, dedicado

Presidente Russell M. Nelson:
Guiado, preparado, dedicado

Por el presidente Dallin H. Oaks
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Tras décadas de reparar corazones como prominente cardiocirujano y luego de tocar corazones como Apóstol del Señor Jesucristo, el presidente Russell M. Nelson aporta una mano firme y un amor infalible a su ministerio como Presidente de la Iglesia.

Cuando un Presidente de la Iglesia muere, muchos se centran en el proceso mediante el cual se selecciona a su sucesor. De hecho, ese proceso, con la guía del Señor, comenzó muchos años antes. Russell M. Nelson ha tenido una vida de preparación para este sagrado llamamiento. Yo he sido testigo de gran parte de esa preparación.

La preparación del presidente Russell M. Nelson es evidente en la suma total de las experiencias y logros a lo largo de su vida. Es reconocido como un cardiocirujano innovador; es un escritor y orador brillante, capaz de comunicarse en muchos idiomas; conoce y ama a las personas, y entiende los efectos que las decisiones tienen en sus vidas; conoce y ama las Escrituras y el santo templo; es un administrador experimentado que toma decisiones de manera rápida y decisiva.

El presidente Nelson ha conocido personalmente y, en muchos casos, ha recibido instrucción de diez de los dieciséis Presidentes de la Iglesia anteriores. Ahora, como decimoséptimo Presidente, empieza su ministerio presidencial asegurando a los Santos de los Últimos Días que Jesucristo seguirá guiando Su Iglesia.

“El Señor siempre ha instruido e inspirado a Sus profetas, y siempre lo hará”, dijo durante la transmisión del anuncio el 16 de enero de 2018. “El Señor está a la cabeza. Nosotros, los que hemos sido ordenados para dar testimonio de Su santo nombre en todo el mundo, seguiremos procurando conocer Su voluntad y seguirla”1.

La preocupación del presidente Nelson por el bienestar eterno de los hijos de Dios proviene de una vida de servicio sincero. Así como literalmente ha tocado muchos corazones como cirujano, metafóricamente ha tocado los corazones de los santos de todo el mundo con sus potentes enseñanzas, servicio desinteresado y amor infalible. Como dijo durante la transmisión histórica en enero, ese amor “ha crecido durante décadas de conocerlos, de adorar con ustedes y de servirles”2. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

No dejen al Salvador

No dejen al Salvador

Por el élder Kevin W. Pearson
De los Setenta

Tomado de un devocional, “The Lens of Truth”, pronunciado en la Universidad Brigham Young–Idaho el 7 de marzo de 2017.

Vivimos en tiempos tumultuosos. Pero la pregunta no es cómo le irá a la Iglesia, sino más bien, ¿cómo nos irá a ustedes y a mí?

illustration of Savior holding a staff

Hace varios años, me reuní con un amigo para almorzar. No nos habíamos visto desde hacía muchos años. Durante la escuela secundaria y mi primera época universitaria, él había sido uno de mis mejores amigos. Era uno de los jóvenes más fuertes y dedicados que había conocido.

Fuimos a Seminario juntos, hicimos deporte juntos, asistimos a la universidad juntos, nos preparamos para la misión juntos y salimos a la misión con pocos meses de diferencia. Después de nuestras misiones, se casó con una mujer maravillosa y talentosa de mi estaca.

A medida que pasaron los años, nuestras vidas tomaron cursos diferentes; nos mudamos a distintas ciudades y finalmente perdimos contacto. Aún recuerdo lo anonadado que me quedé cuando me enteré de que él y su esposa habían abandonado la Iglesia. De todas las personas que conocía en mi juventud, él era el último que yo hubiera pensado que dejaría la Iglesia.

Durante el almuerzo evocamos recuerdos de la amistad que tanto había significado para ambos. Nos reímos nuevamente de algunas de nuestras alocadas experiencias de días pasados; hablamos de nuestras familias y tratamos de estrechar la brecha del tiempo.

Finalmente, hice la pregunta obvia: “Tim, ¿qué sucedió? ¡Estabas tan profundamente convertido y dedicado! ¿Por qué dejaste la Iglesia? ¿Qué hizo que te alejaras de los convenios del templo? ¿Has dejado también al Salvador? ¡Nos prometimos mutuamente que seríamos leales y fieles hasta el final de nuestra vida!”.

“Kevin”, respondió, “simplemente veo las cosas de manera diferente ahora. Mi visión de la Iglesia y de sus enseñanzas ha cambiado. No odio a la Iglesia; simplemente ya no la necesito”. Seguir leyendo

Publicado en Fe, Jesucristo, Testimonio | Etiquetado , , , | Deja un comentario