Un erudito examina las evidencias para el Libro de Mormón

Un erudito examina las evidencias para el
Libro de Mormón

Daniel C. Peterson

Autor: Daniel C. Peterson, Profesor, Universidad de Brigham Young.

Hoy deseo hablar con ustedes acerca de algunas de las evidencias del Libro de Mormón. Pienso que la evidencia principal del Libro de Mormón siempre será lo que siempre ha sido: Principalmente el testimonio espiritual que la gente recibe cuando ora sinceramente y con fe acerca del Libro de Mormón. Pero hay otras cosas que pueden ser dichas acerca del libro, y deseo hablar acerca de algunas de las evidencias más recientes y de los interesantes desarrollos eruditos sobre el Libro de Mormón. Me parece también que el Libro de Mormón es una de las principales evidencias, tal vez junto con el templo, del llamamiento profético de José Smith. Ahora mismo hay muchas cosas que están ocurriendo en los estudios del Libro de Mormón que pienso que son de interés, o que deberían ser de interés a los miembros de la iglesia y a los que están investigando ésta.

Un factor que debe ser mencionado desde el principio respecto al Libro de Mormón es que la existencia del libro es algo asombroso. La pura rapidez con que fue producido es un milagro. Probablemente muchos ya saben que fue producido en un poco más de dos meses. Bueno, para algunas personas puede que eso no sea tan impresionante como en realidad lo es. Hace pocos años, fui invitado a preparar un libro para una empresa que necesitaba un libro sobre el Cercano Oriente. Lo querían bastante rápido; de hecho, lo querían sorprendentemente rápido. Les pregunté cuánto tiempo tendría para producir el libro si aceptaba la oferta y me dijeron que un poco más de dos meses. Así que, lo acepté. Una de las razones por la que lo acepté fue para ver si en realidad podía hacerlo. Bueno, lo hice. Produje un libro de cerca de 140,000 palabras en un poco más de dos meses. Yo estaba muy satisfecho, y otra gente comentó que escribí muy rápido, etcétera.

Fue hasta entonces cuando empecé a pensar. El Libro de Mormón tiene cerca de 250,000 palabras, y fue producido en casi el mismo tiempo. Pero recuerden que fue dictado sin ninguna revisión. Yo tenía un procesador de palabras y una computadora muy sofisticada que puede transferir cosas de un lado a otro, y tenía bastante tiempo trabajando en esto, ya que este tema particular de estudios del Cercano Oriente es mi especialidad. José Smith dictó el Libro de Mormón, nunca hizo cambios serios, y en el mismo período de tiempo produjo un libro más grande, y que yo diría es mucho más impresionante que el mío. Algunos dirán, «A, sí, simplemente se le rebozó su imaginación». Los desafío a que produzcan un libro como ese. La misma existencia del libro, producido bajo las circunstancias en que se hizo es algo asombroso, especialmente considerando que los hombres involucrados no eran muy educados. José Smith tenía muy poca educación. El siempre se sentía muy incómodo con su habilidad y capacidad para escribir. Debido a que tenía vergüenza, él siempre prefería dictar a un escribano. Algunos de sus propios escritos han sobrevivido y es obvio que no tenía mucha educación. Su esposa Emma, quien lo conocía muy bien, dijo que simplemente era más allá de su capacidad el haber producido el Libro de Mormón. Y aún así el libro existe, y eso mismo es un excelente reto al mundo de cómo explicar este libro. Es una cosa fácil hablar de que existe y de que fue producido por José Smith. Pero es otra ver cómo eso pudo haber sucedido. Pues, no sólo es la rapidez de la producción del libro que encuentro impresionante, sino también la credibilidad del libro como historia. Yo paso mucho de mi tiempo leyendo historia antigua y medieval escrita por autores antiguos y medievales. La gente se comporta de la misma manera que lo hacía la gente en la historia. Las sociedades y las civilizaciones se comportaban. Esto es impresionante. Esto es algo que encuentro que era más allá de la capacidad de alguien como José Smith para preparar. Al continuar trataré de darles algunos ejemplos. Seguir leyendo

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El Libro de Mormón y otros documentos antiguos

El Libro de Mormón y otros documentos antiguos

por John A. Tvedtnes

[The following article is copyrighted 2014 Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship and posted with permission.]

Cuando se publicó en inglés, por vez primera, el Libro de Mormón en 1830, parecía una obra bastante anómala, a pesar de su tono bíblico. Nadie había oído jamás hablar de la existencia de libros antiguos escritos sobre planchas de metal y ocultos en cajas de piedra. Además, el libro afirmaba que había sido redactado originalmente por antiguos israelitas en un tipo de escritura llamado “egipcio reformado”. A los críticos les faltó tiempo para ridiculizar estas ideas. Pero todo eso cambió a mediados del siglo XX.

Libros ocultos

En 1945, se encontraron en Chenoboskion, Egipto, lugar también conocido como Nag Hammadi, varios volúmenes de escritos cristianos, encuadernados en cuero, pertenecientes al siglo V d. C. Entre sus contenidos había libros supuestamente escritos por algunos de los primeros apóstoles. Al igual que el Libro de Mormón, estos libros habían sido escondidos bajo tierra en una gran vasija de cerámica. Dos años más tarde, en 1947, se descubrieron otros documentos, en mayor cantidad, ocultos en unas cuevas que se encuentran en los acantilados de la orilla occidental del Mar Muerto. De la mayoría sólo se habían preservado fragmentos, pero los que se habían guardado en recipientes de terracota estaban en condiciones relativamente buenas. En total se hallaron fragmentos de unos 800 rollos distintos. Estos Rollos del Mar Muerto incluían múltiples copias de todos los libros del Antiguo Testamento, exceptuando el de Ester, junto con muchos otros textos religiosos que fueron venerados por los judíos en tiempos antiguos, pero que no se habían incluido en la Biblia. La mayor parte de los rollos fueron escritos en el primer siglo de nuestra era, pero algunos datan de los primeros siglos antes de Cristo. Uno de los Rollos del Mar Muerto de mayor tamaño es una copia casi completa del libro bíblico del profeta Isaías. También había otra copia extensa de este libro, aunque está deteriorada. En ambos rollos se detectan pequeñas diferencias respecto al texto hebreo del que se han traducido nuestras Biblias modernas. Esto es significativo porque el Libro de Mormón, que cita material de por lo menos 22 de los 66 capítulos de Isaías, también presenta algunas pequeñas diferencias respecto al texto bíblico de Isaías. En algunos casos, concuerdan con la versión del Libro de Mormón una o más de las versiones del Isaías de los Rollos del Mar Muerto1.

Planchas de oro y cajas de piedra

Uno de los más importantes Rollos del Mar Muerto es un documento inscrito sobre una plancha de cobre que había sido enrollada y posteriormente ocultada. Pero éste es sólo uno de los muchos ejemplos de textos antiguos que, como el Libro de Mormón, fueron escritos sobre hojas de metal. Desde los años treinta, se han descubierto, en varias partes del mundo, casi cien documentos, antiguos y medievales, escritos sobre planchas u hojas de metal2. Pero los que más nos interesan son los procedentes del antiguo Cercano Oriente, la tierra natal de los pueblos del Libro de Mormón. Seguir leyendo

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La expiación Infinita en amor

La Expiación Infinita
La expiación Infinita en amor

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


El sacrificio: el amor más elevado

Si el sacrificio por el prójimo es la máxima expresión de amor, entonces la Expiación de Jesucristo es la demostración de amor más extraordinaria que este mundo haya conocido jamás. La fuerza motriz e irresistible de su sacrificio fue el amor. No lo im­pulsaban ni el deber, ni la gloria, ni el honor, ni ninguna otra re­compensa temporal. Fue el amor en sentido más puro, profundo y duradero del término.

A la visión que tuvo el presidente Joseph F. Smith del mundo de los espíritus la precedió —y motivó—, su reflexión acerca de «el grande y maravilloso amor manifestado por el Padre y el Hijo en la venida del Redentor al mundo» (DyC 138:3). Con un te­nor similar, Ammón se refirió a «la incomparable munificencia [del] amor [del Salvador]» (Alma 26:15).

Fue este amor lo que dio lugar al don expiatorio del Salvador. Emerson nos ayuda a ver en su justa perspectiva el valor de dicho don: «El único don es una parte de ti».1 En esta línea, el sacrifi­cio del Salvador fue el don más noble de todos, ya que el que lo tenía todo lo dio todo. Sus poderes espirituales, emocionales, psi­cológicos y vivificantes se depositaron totalmente en el altar del sacrificio sin restricciones. El dio hasta que no quedó nada más que dar, nada más que hacer: hasta que hubo agotado esa reser­va de virtudes que poseía a fin de elaborar un sacrificio infinito. Brigham Young afirmó: «No hay nada que el Señor no haría por la salvación de la familia humana y que haya dejado de hacer por descuido; (…) todo lo que es posible lograr por su salvación, in­dependiente de ellos, el Salvador lo ha llevado a cabo».2

El sacrificio expiatorio excede y transciende con mucho todos los sacrificios de amor. Nadie más ha dado tanto a tantos y de tan buena gana. La letra del himno es un recordatorio conmovedor:

Su santa sangre aceptad,
preciosas gotas de virtud.
¡Cuán grande sacrificio fue! 3

El amor del Hijo

Desde el concilio preterrenal hasta que expiró en el Calvario, al Salvador lo impulsó un amor sincero puesto que «en su amor y en su clemencia los redimió» (DyC 133:53). A Nefi le fue dado comprender la vejación a la que el Salvador se vería expuesto por parte de un mundo insensible e ingrato: «lo azotan, y él lo sopor­ta; lo hieren y él lo soporta. Sí, escupen sobre él, y él lo soporta» (1 Nefi 19:9). ¿A qué se debía tal sumisión? Nefi nos ofrece una respuesta sencilla a la vez que profunda: «por motivo de su amo­rosa bondad y su longanimidad para con los hijos de los hom­bres» (1 Nefi 19:9). No hubo segundas intenciones ni designios ocultos en el ministerio del Salvador; solamente hubo un amor que Él brindó sin trabas y pródigamente. Seguir leyendo

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Deliberar en consejo en cuanto a sus necesidades

Liahona Septiembre 2018

Principios para ministrar
Deliberar en consejo en cuanto a sus necesidades

No tienen que hacerlo solos; deliberar en consejo puede proporcionar la ayuda que necesitan para ayudar a los demás.

Dios los ha invitado a ministrar a una persona o familia de su barrio o rama de acuerdo con sus necesidades. ¿Cómo pueden saber cuáles son esas necesidades? El principio de deliberar en consejo, en el que se ha puesto tanto énfasis en la Iglesia, es clave.

Después de analizar sobre lo que podríamos considerar para deliberar en consejo, prestaremos atención a:

  1. Deliberar en consejo con nuestro Padre Celestial.
  2. Deliberar en consejo con la persona o familia asignada.
  3. Deliberar en consejo con nuestro(a) compañero(a).
  4. Y deliberar en consejo con otras personas que hayan sido asignadas a la misma persona o familia.

Deliberar en consejo con nuestros líderes es también esencial. Un futuro artículo sobre Principios para ministrar que aparecerá en la revista Liahona explorará la deliberación en consejo con los líderes, así como también la función de las entrevistas de ministración en ese proceso. Seguir leyendo

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Si no fuereis como niños

Por el sendero de la inmortalidad y la Vida Eterna

Por J. Rubén Clark Jr.

(Una serie de discursos del Presidente Clark de la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, difundidos por la Estación Radiodifusora KSL desde el Tabernáculo Mormón en Salt Lake City, Edo de Utah, U.S.A.)

Número 2, 18 de enero de 1948.

Si no fuereis como niños

Estimables Radio Oyentes:

Yendo de Perea a Jerusalén para celebrar su última Pascua, y después de relatar su gran parábola del fa­riseo y el publicano, la gente trajo sus niños a Jesús para que los bendi­jese. Habiéndoselo vedado los discí­pulos, Jesús los reprendió diciendo: “Dejad los niños venir a mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que cualquiera que no recibiera el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” (Lucas 18:16 en adelante; Mar­cos 10:13 en adelante.)

A sus discípulos que disputaban entre sí en cuanto a cuál de ellos ha­bía de ser el mayor, Jesús dijo:

“Si no os volviereis y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se hu­millare como un niño, éste es el ma­yor en el reino de los cielos.” (Mateo 18:1-6; Marcos 9:33-37; Lucas 9:46­48).

Sin embargo, como lo expresa un antiguo profeta, muchos hombres se han “ensalzado en el orgullo de sus ojos, y han tropezado a causa de la magnitud de su palo de tropiezo. . . echan abajo el poder y los milagros de Dios, y predican para sí mismos su propia sabiduría y su propio sa­ber.” (2Nefi 26:30).

Pablo aclaró a los Corintios la verdad concerniente a los hombres altivos del mundo:

“Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente.” (1Cor. 2: 14).

“Porque ¿quién de los hombres sa­be las cosas del hombre, sino el espí­ritu del hombre, que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios,” (Ibid. vers. 11) y “el espíritu de Dios mora en vosotros.” (1Cor. 3:16). Seguir leyendo

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Por el sendero de la inmortalidad y la Vida Eterna

Por el sendero de la inmortalidad y la Vida Eterna

Por J. Rubén Clark Jr.

(Una serie de discursos del Presidente Clark de la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, difundidos por la Estación Radiodifusora KSL desde el Tabernáculo Mormón en Salt Lake City, Edo de Utah, U.S.A.)

Número 1, 11 de enero de 1948.

Estimables Radio Oyentes:

Se me ha asignado dar por radio una serie de breves conferencias con el título general “Por el Sendero de la Inmortalidad y la Vida Eterna”, pues Dios declaró al gran Legislador: “Porque he aquí ésta es mi obra y mi gloria: llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.” (Moisés 1:39)

La brevedad de cada conferencia no permitirá extender el tema por medio de discusiones. Por lo general, expondremos principios, y llegaremos a conclusiones, dejando a nuestros oyentes la tarea de suplir razonamientos.

Acaba de terminar la época anual que se ha apartado para recordar el nacimiento de nuestro Señor. Observada debidamente, nos ocasionó aquellas reflexiones que proceden del conocimiento de que él, cuyo nacimiento conmemoramos, nos impartió el don de la vida en cuerpos resucitados para las eternidades.

Durante la época mencionada, hemos meditado repetidas veces nuestras propias vidas, de las cuales él es el camino y la luz. Volviendo a asuntos serios por medio de estas reflexiones, sentimos que nos habíamos desviado un poco. Nos acordamos de las palabras de Cristo a sus discípulos: “Entrad por la puerta estrecha, porque estrecha es la puerta, y angosto es el camino que conduce a la vida, y pocos son los que lo encuentran; pero ancha es la puerta, y espacioso es el camino que conduce a la muerte, y hay muchos que caminan por él, hasta que llegue la noche, en la que nadie puede trabajar.” (3Nefi 27:33).

Enterados de nuestra incapacidad para vencer las debilidades de la carne, humillados por el sentimiento de nuestra propia rebeldía, sin embargo animados por el espíritu de justicia que ilumina a toda alma que no se ha sumergido por completo en el pecado, hemos solicitado ayuda, con corazones quebrantados y espíritus contritos, de aquella fuente última de todo socorro, nuestro Padre Ce­lestial. Y Él nos ha bendecido trayen­do a nuestra memoria aquella glo­riosa y soberana fórmula que se nos ha revelado por medio de Santiago, la fórmula que abrió la puerta para que entrara ésta, la Ultima Dispen­sación del Cumplimiento de los Tiem­pos: Seguir leyendo

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El Lenguaje del Libro de Mormón

El Lenguaje del Libro de Mormón

por John A. Tvedtnes

Moroni, el último de los profetas que se hizo cargo del documento que conocemos como el Libro de Mormón, escribió: «hemos escrito estos anales según nuestro conocimiento, en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado; y los hemos transmitido y alterado conforme a nuestra manera de hablar. Y si nuestras planchas hubiesen sido suficientemente amplias, habríamos escrito en hebreo; pero también hemos alterado el hebreo» (Mormón 9: 32-33).

Esto sugiere que, aunque los nefitas emplearon caracteres egipcios, el hebreo siguió siendo su lengua nativa mil años después de que sus antepasados hubieran salido de Jerusalén para asentarse en el Nuevo Mundo. En el artículo anterior, sugerí que probablemente escribieron un texto hebreo haciendo uso de caracteres egipcios, y mostré ejemplos de tales textos procedentes del antiguo Cercano Oriente. Siendo así, no nos debería extrañar que se encontraran indicios del original en hebreo en la traducción al inglés del Libro de Mormón. Uno de tales indicios se advierte en el uso de consonantes en los nombre del Libro de Mormón, las cuales coinciden con las usadas en hebreo1.

Modismos hebreos

Algunas expresiones de las que se utilizan en el Libro de Mormón deben de haber parecido extrañas cuando se publicó en 1830, porque no están en buen inglés. Sin embargo, son expresiones válidas en hebreo, lo que nos da una idea de la lengua a partir de la cual tradujo José Smith.

Un ejemplo es lo que se denomina el «estado de construcción», en el que encontramos dos nombres hebreos, uno tras otro, con una estrecha relación gramatical. Por ejemplo, en inglés, se dice stone altar (lit. piedra altar, ‘altar de piedra’), si bien en hebreo sería «altar piedra». Pero para poder reflejar, de manera correcta, la relación entre los dos nombres hebreos, es necesario decir «altar de piedra», aunque la palabra «de» no existe en el hebreo bíblico. Cuando el Libro de Mormón utiliza expresiones tales como plates of brass (lit. planchas de bronce) en vez de brass plates (lit. bronce planchas, ‘planchas de bronce’), y mist of darkness (lit. niebla de oscuridad) en vez de dark mist (lit. oscura niebla), no hace sino reflejar el orden de palabras hebreo. Seguir leyendo

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El Libro de Mormón nos ayuda a entender la Biblia

El Libro de Mormón
nos ayuda a entender la Biblia

por John A. Tvedtnes

Uno de los propósitos del Libro de Mormón es prestar apoyo a la Biblia. Unos cuatro siglos después de la visita de Jesucristo a los nefitas en el Nuevo Mundo, Mormón escribió: «Porque he aquí, se escriben éstos [estos anales, es decir, el Libro de Mormón] con el fin de que creáis en aquéllos [aquellos anales, es decir, la Biblia]; y si creéis en aquéllos, también creeréis en éstos […]» (Mormón 7: 9).

En el presente artículo examinaremos algunas de las formas en que el Libro de Mormón nos ayuda a entender la Biblia.

Jesús es el Hijo de Dios

La primera forma en que el Libro de Mormón apoya a la Biblia es testificando que la declaración que se halla en la misma de que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo es correcta. Nefi, quien había llegado de Jerusalén a las Américas seis siglos antes de Cristo, escribió que «según las palabras de los profetas, el Mesías viene seiscientos años a partir de la ocasión en que mi padre salió de Jerusalén; y según las palabras de los profetas, y también la palabra del ángel de Dios, su nombre será Jesucristo, el Hijo de Dios» (2 Nefi 25: 19). Más de cuatro siglos después, uno de los descendientes de Nefi, un rey llamado Benjamín, profetizó en cuanto a la venida del Salvador: «Y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre del cielo y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio; y su madre se llamará María» (Mosíah 3: 8). Alma, un profeta de la siguiente generación, también declaró que «el Hijo de Dios viene sobre la faz de la tierra. Y he aquí, nacerá de María, en Jerusalén, que es la tierra de nuestros antepasados, y siendo ella virgen, un vaso precioso y escogido, a quien se hará sombra y concebirá por el poder del Espíritu Santo, dará a luz un hijo, sí, aun el Hijo de Dios» (Alma 7: 9-10). Cuatro siglos después que Cristo viniera a enseñar a los nefitas, Mormón escribió: «Sabed que debéis llegar al conocimiento de vuestros padres, y a arrepentiros de todos vuestros pecados e iniquidades, y creer en Jesucristo, que él es el Hijo de Dios» (Mormón 7: 5).

El Libro de Mormón deja claro que la profecía del siervo de Dios, que se encuentra en Isaías 53, se refiere a Jesucristo (ver Mosíah 14-15). También nos dice que cuando Abraham fue «obediente a los mandamientos de Dios al ofrecer a su hijo Isaac», esto era «una semejanza de Dios y de su Hijo Unigénito» (Jacob 4: 5).

Profetas que no se mencionan en la Biblia

El profeta Helamán, del Libro de Mormón, escribió que «todos los santos profetas» de los tiempos antiguos habían testificado que Cristo vendría (Helamán 8: 16). Menciona a los profetas bíblicos Abraham, Moisés, Isaías y Jeremías, y también a otros profetas llamados Zenós, Zenoc, Neum (Helamán 8: 17-20). Hay varios pasajes en la Biblia que mencionan a profetas cuyos escritos se perdieron en la antigüedad (1 Crónicas 29: 29; 2 Crónicas 9: 29; 12: 15; 13: 22; 20: 34; 26: 22; 33: 18-19). Gracias al Libro de Mormón, sabemos que hubo otros profetas cuyos escritos ya no existen. Esto concuerda con lo que dicen algunos de los primeros Padres de la Iglesia de los primeros siglos después de Cristo, tales como Eusebio, Agustín, Irineo, Clemente de Alejandría y Justino Mártir, quienes a veces citaron libros proféticos que ya no aparecen en nuestra Biblia moderna. Seguir leyendo

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Brigham Young (1801-1877)

Brigham Young 1801-1877

Edad Puntos sobresalientes de la vida de Brigham Young(1801-1877)
  Nace en Whittingham, condado de Windham, es­tado de Vermont (Junio 1, de 1801).
14 Muere su madre; Brigham comienza a ganarse la vida, convirtiéndose posteriormente en carpinte­ro (1815).
23 Contrae matrimonio con Miriam Works (1824).
31 Se bautiza en la Iglesia, es ordenado élder; muere su primera esposa, Miriam Works (1832).
33 Se casa con Mary Ann Angelí; se une a la marcha del Campamento de Sión (1834).
34 Es ordenado apóstol, miembro del Quorum origi­nal de los Doce Apóstoles (1835).
38-40 Cumple una misión en la Gran Bretaña (1839-41).
43 El martirio de José Smith; Brigham Young dirige la Iglesia en capacidad de presidente del Quorum de los Doce (1844).
45-46 Dirige el éxodo de Salt Lake City (1846-47).
46 Es sostenido como presidente de la Iglesia en Winter Quarters (1847).
49 Se convierte en gobernador del territorio de Utah (1850).
52 Coloca la primera piedra para el Templo de Salt Lake City (1853).
56-57 Sobreviene la Guerra de Utah; es relevado como gobernador después de haber servido un término de ocho años (1857-58).
66 Se termina la construcción del Tabernáculo (1867).
68 Llega el ferrocarril a Utah (1869).
76 Dedicación del Templo de St. George (1877).
76 Muere en Salt Lake City, Utah (29 de agosto de 1877).

1. Respuesta a la palabra de Dios

Cuatro años antes del nacimiento del profeta José Smith, nació un niño, el noveno hijo del matrimonio integrado por Abigail Howe Young y John Young. Para los Young, este hijo nacido el primero de junio de 1801, fue simplemente una bien recibida adición a la familia, que luchaba por salir avante en Whittingham, estado de Vermont. En los registros existentes, no hay ninguna indicación de que algún miembro de la familia supusiera que este pequeño se convertiría, un día, en uno de los más grandes hombres de la historia. Muy poco se imaginaba John Young, un veterano de la reciente Guerra de Independencia, de los Estados Unidos, que ciento cuarenta y nueve años más tarde, una estatua de este mismo hijo proyectando su fisonomía adulta, sería colocada en el Salón Estatuario del Capitolio Nacional en Washington, D.C. Sin embargo, a menos de cincuenta años de su nacimiento, Brigham Young se levantaría como líder político y espiritual de miles y miles de personas, así como gobernador del territorio de Utah y profeta del Señor. No obstante, para sus padres y hermanos, en 1801, Brigham era simplemente el recién nacido. Seguir leyendo

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La oración del Profeta

La oración del Profeta

Letra de George Manwaring.
Música de Adam Craik Smyth.

1. Qué hermosa la mañana; qué brillante era ̮el sol.
Pajaritos y abejas daban voces de loor
cuando en la arboleda suplicó José a Dios,
cuando en la arboleda suplicó José a Dios.
3. Descendió gran luz del cielo, más brillante que el sol,
y gloriosa, la columna sobre ̮el joven descansó.
Vio dos Seres celestiales, Dios el Padre y Jesús.
Vio dos Seres celestiales, Dios el Padre y Jesús.
2. Con ahínco suplicaba en ferviente oración,
y la fuerza del maligno de angustia le llenó.
Mas en Dios él esperaba y confiaba en Su ̮amor.
Mas en Dios él esperaba y confiaba en Su ̮amor.
4. “Este es mi Hijo ̮amado; da oído”, dijo Dios.
Su ̮oración fue contestada y ̮escuchó al Salvador.
¡Oh qué gozo en su pecho porque vio José a Dios!
¡Oh qué gozo en su pecho porque vio José a Dios!

 EL HIMNO

“La Oración del Profeta” se basa en el evento más grande que ha ocurrido en estos últimos días. Fué inspirado por el propio relato del Profeta de la visión del Padre y del Hijo; y su narración es el mejor fondo que puede ofrecerse como el origen de este himno. El relata:

Hallándome en medio de las inmensas dificultades que las contenciones de estos partidos de religiosos originaban, un día estaba leyendo la Epístola de Santiago, primer capítulo y quinto verso, que dice: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente, y sin reproche, y le será dada.”

Jamás llegó un pasaje de las Escrituras al corazón de un hombre con mayor fuerza que con la que este pasaje penetró en el mío en esta ocasión. Parecía introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces, sabiendo que si alguna persona necesitaba sabiduría de Dios, esa persona era yo; porque no sabía qué hacer, y, a menos que pudiese lograr más sabiduría de la que hasta entonces tenía, jamás llegaría a saber; pues los maestros religiosos de las diferentes sectas interpretaban los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto que destruía toda esperanza de resolver el problema con recurrir a la Biblia. Seguir leyendo

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No seas Cangrejo

No seas Cangrejo

Por Marvin O. Ashton (1883–1946)
Liahona, diciembre 1947

Se narra el cuento de un pescador hawaiano, que estaba pescando. Había pescado dos cangrejos y los había puesto en una cacerola. Esta no era muy profunda. Un desconocido se le acercó y le dijo: ¿Por qué no puso los cangrejos en una cacerola más profunda? Cuando usted se descuide se saldrán”. Le respondió el pescador: “Mi amigo, usted no conoce a los cangrejos. Un cangrejo nunca permitirá que el otro suba más alto que él, si es que puede evitarlo. Si uno de los cangrejos hace el intento de subir o salirse, su compañero de prisión lo jala hacia abajo”.

Cuando oí este cuento pensé que había una buena lección en él. Nosotros como hermanos o amigos, por la envidia y celos, ¿Nos retenemos uno al otro, si uno asciende un poco más en el mundo? ¿Tratamos instintivamente de degradarlo o detener su progreso? ¿Sabes que la envidia es una de las peores cosas del mundo? A veces nos duele ver que otros progresan.

Se verificaba un programa escolar. Todas las madres estaban presentes; cada una estaba orgullosa o celosa, según la importancia del papel que desempeñaban sus hijos. Vino al foro un chiquillo pomposo que con la elocuencia de Patrick Henry gritó hacia el cielo: “Amigos, Romanos, compatriotas, prestad oídos”. Esta muestra de elocuencia fué demasiado para una madre envidiosa, quien volteándose hacia su compañera de asiento y arriscando la nariz exclamó: “Ese es el hijo de los Jiménez. No sería hijo de su madre si dejara de estar pidiendo prestado”. Seguir leyendo

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La visión del futuro de los Lamanita

La visión del futura de los Lamanita

por Spencer W. Kimball

Discurso pronunciado por el élder Spencer W. Kimball, el 3 de noviem­bre de 1947, en la Conferencia Lamanita, Mesa, Arizona.

Mis queridos hermanos y herma­nas, deseo referirme a uno o dos pa­sajes del Libro de Mormón:

Ahora bien, lo que nuestro padre quiere decir concerniente al injerto de las ramas naturales, por medio de la plenitud de los gentiles, es que en los días postreros, cuando nuestros descendientes hayan degenerado en la incredulidad, sí, por el espacio de muchos años, y muchas generaciones después que el Mesías sea manifestado en la carne a los hijos de los hombres, entonces la plenitud del evangelio del Mesías vendrá a los gentiles; y de los gentiles vendrá al resto de nuestra posteridad.

Y en aquel día el resto de los de nuestra posteridad sabrán que son de la casa de Israel, y que son el pueblo del convenio del Señor; y entonces sabrán y llegarán al conocimiento de sus antepasados, y también al conocimiento del evangelio de su Redentor, que él ministró a sus padres. Por tanto, llegarán al conocimiento de su Redentor y de los principios exactos de su doctrina, para que sepan cómo venir a él y ser salvos. (1Nefi 15:13-­14)).

y significa que viene el tiempo, después que toda la casa de Israel haya sido dispersada y confundida, en que el Señor Dios levantará una nación poderosa entre los gentiles, sí, sobre la superficie de esta tierra; y nuestros descendientes serán esparcidos por ellos.

Y después que nuestra posteridad haya sido dispersada, el Señor Dios procederá a efectuar una obra maravillosa entre los gentiles, que será de gran valor para nuestra posteridad; por tanto, se compara a que serán nutridos por los gentiles y llevados en sus brazos y sobre sus hombros.

Por tanto, los sacará otra vez de su cautividad, y serán reunidos en las tierras de su herencia; y serán sacados de la obscuridad y de las tinieblas; y sabrán que el Señor es su Salvador y su Redentor, el Fuerte de Israel.” (1Nefi 22:7, 8, 12).

Grandes promesas se hicieron en estos versos a la Casa de Israel de la cual vosotros sois parte. Iban a venir gentes a este continente que esparci­rían a los lamanitas. Entonces iba a seguir el establecimiento de una grande nación entre los Gentiles, que afli­giría a los lamanitas, pero la que por fin les llevaría la luz del evangelio. Seguir leyendo

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El Libro de Mormón: Otro testamento de Jesucristo

El Libro de Mormón:
Otro testamento de Jesucristo

por John A. Tvedtnes

Uno de los libros más populares del mundo, después de la Biblia, es el Libro de Mormón. Desde que saliera a la luz, por vez primera, en 1830, se han publicado unos 78 millones de ejemplares en 94 idiomas; tan sólo en 1997 se distribuyeron más de cuatro millones de ejemplares.

La historia del Libro de Mormón comenzó en la primavera de 1820, cuando un muchacho estadounidense de catorce años llamado José Smith fue a orar a un bosque que se encontraba cerca de la granja de su familia, en el estado de Nueva York, en Estados Unidos. Él explicó cómo Dios el Padre y su hijo Jesucristo se le aparecieron y dieron respuesta a las preguntas que tenía en lo tocante al tema de la religión. Este fue el principio de su llamamiento como profeta contemporáneo.

Tres años después, se encontraba de nuevo orando cuando recibió la visita de un ángel que le dijo que se llamaba Moroni. «Dijo que se hallaba depositado un libro,» escribió José Smith más adelante, «escrito sobre planchas de oro, el cual daba una relación de los antiguos habitantes de este continente [americano], así como del origen de su procedencia. También declaró que en él se encontraba la plenitud del evangelio eterno el cual el Salvador lo había comunicado a los antiguos habitantes. (José Smith-Historia 1:34)

Se le dijo que las planchas de oro estaban escritas en egipcio reformado y que las habían escondido y enterrado en la ladera de una colina que se encontraba cerca del hogar de José, en una caja cuadrada de piedra cubierta por otra piedra redonda más grande. Con el registro se encontraba un antiguo pectoral que contenía dos piedras llamadas Urim y Tumim, que el Señor había preparado para ayudar a José Smith a traducir el antiguo registro. (En la época de la Biblia, los israelitas recibían revelación de Dios mediante el Urim y el Tumim, que el sumo sacerdote llevaba sujetos a un pectoral; cf. Éxodo 28:30. Números 27:21). Seguir leyendo

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La expiación Infinita en sufrimiento

La expiación
Infinita en sufrimiento

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


¿Sufrió el salvador como nosotros sufrimos?

El precio de la Expiación de Jesucristo fue la sangre, la vida y el sufrimiento indescriptibles de un Dios. Contrariamente a los que algunos piensan, no solo fue un sufrimiento mental; fue una angustia intensa, prolongada «tanto en el cuerpo como en el espíritu» (DyC 19:18; énfasis añadido). Fue la combinación de un dolor físico, espiritual, intelectual y emocional de primer orden. Tal fue su colosal magnitud que hizo que «Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro» (DyC 19:18).

Tan sustantivo como pareció el sufrimiento del Salvador, ¿fue este atenuado por el hecho de que poseía atributos divinos? ¿Tenía poderes de resistencia sobrehumanos que le permitieron encarar y soportar más fácilmente la triste condición humana? Dicho de otro modo, ¿contaba con un escudo, mientras que to­dos los demás han de combatir sin tal protección? Ciertamente, puede que hubiera ayunado durante cuarenta días, ¿pero estaba hambriento en su interior? ¿Necesitaba alimento su organismo imperiosamente? ¿Ansiaban sus labios saciar la sed con agua? ¿Temblaban sus músculos y, en definitiva, sufría dolor su cuerpo? ¿O unos poderes sobrehumanos le aportaban ventaja con respecto a sus homólogos mortales? Algunos sostendrán que él pasó, como mera formalidad, por las experiencias humanas, pero que nunca llegó a interiorizar el sufrimiento, que, al igual que Sadrac, Mesac y Abed-nego, él anduvo por el horno ardiente de la vida sin sen­tir jamás el calor de las llamas. Pablo contempló la cuestión, y formula la respuesta siguiente: «Porque ciertamente no auxilió a los ángeles, sino que auxilió a la descendencia de Abraham. Por lo cual, debía ser en todo semejante a sus hermanos» (Hebreos 2:16-17). Más tarde, Pablo confirmaría que el Salvador era capaz de «compadecerse de nuestras flaquezas» (Hebreos 4:15).

La vida terrenal no fue para Cristo un mero ejercicio académi­co; fue una cruda realidad que prensó el «sentir» de un hombre hasta extraer el ser de un Dios. Pablo observó que el Salvador «[gustó] la muerte por todos» (Hebreos 2:9). Esas palabras, sentir y gustar, son penosamente descriptivas. No se trataba de una sim­ple intelectualización, sino la interiorización de la patética con­dición humana. Alma enseñó esta verdad, que «el Hijo de Dios padece según la carne» (Alma 7:13). Jacob añadió su testimonio de que el Salvador se «[dejaría] someter al hombre en la carne» (2 Nefi 9:5; véase también Filipenses 2:7). Pablo predicó que Cristo se hizo «semejante a los hombres» (Filipenses 2:7). E Isaías profetizó que el Salvador sería «varón de dolores y experimenta­do en quebranto» (Isaías 53:3). Una y otra vez, los profetas han testificado que el Salvador no solamente sufrió lo que nosotros sufrimos; también sufrió como nosotros. Quizá Robert Browning no solamente escribió de sí mismo en estos versos: Seguir leyendo

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En la Judea Tierra de Dios

En la Judea Tierra de Dios

Letra y música: John Menzies Macfarlane, 1833–1892.

1. En la Judea, en tierra de Dios,
fieles pastores oyeron la voz:
¡Gloria a Dios, gloria a Dios,
gloria a Dios en lo alto!
¡Paz y buena voluntad!
¡Paz y buena voluntad!
3. Y con los ángeles santos de Dios,
siempre cantemos con alma y voz:
¡Gloria a Dios, gloria a Dios,
gloria a Dios en lo alto!
¡Paz y buena voluntad!
¡Paz y buena voluntad!
2. Dulces los cánticos de Su amor,
dulce mensaje de paz y loor:
¡Gloria a Dios, gloria a Dios,
gloria a Dios en lo alto!
¡Paz y buena voluntad!
Paz y buena voluntad!
4. Día vendrá que en todo lugar
hombres vendrán en unión a cantar:
¡Gloria a Dios, gloria a Dios,
gloria a Dios en lo alto!
¡Paz y buena voluntad!
¡Paz y buena voluntad!

 Las palabras y la melodía del him­no “en la Judea tierra de Dios” fue­ron obra de John Menzies Mcfarlane, hijo de John y Annabella Sinclair Mcfarlane nacido el 11 de octubre de 1833, en Sterling, cerca de la Ciu­dad de Glasgow, Scotland. Su padre era el cochero del Duque y cuando la Reina de Inglaterra visitó Scotland, él fué asignado como cochero de ella. El padre murió cuando John era to­davía muy joven. John vino a Amé­rica con la familia y se estableció en Cedar City Utah en 1851 ó 1852, en donde casó con Ann Chatterley. El organizó un coro y cuando St George fué fundada, llevó su coro allá y dió un concierto para animar al pueblo. Después del concierto Erastus Snow le dijo: “Necesitamos un coro en St George, vaya a su casa y venda todo lo que tenga y vengase a vivir aquí”.

Así lo hizo él. Mientras tanto ayudó a colonizar Torquerville y contruyó la primera casa allí.

Cuando el último Obispo Scanlon de la Iglesia Católica visitó a Silver Reef un campo minero floresciente en aquellos días, él expresó el deseo de celebrar una misa en St George. Las autoridades de los Santos de los Últimos Días, con una liberalidad por la cual se caracterizan, consintieron en ello y el Hno. Macfarlane sometió a su coro a una práctica de seis se­manas para aprender la misa latina. Fué celebrada en el Tabernáculo de St George. En éste tiempo él pensó que había necesidad de más cantos de Navidad, así que compuso: “En la Judea Tierra de Dios” cuya popula­ridad ha traspasado los límites de nuestra propia Iglesia.

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