Cada hermana debe dar un paso al frente

Cada hermana debe dar un paso al frente

Eliza R. Snow
Sociedad de Socorro de Kanab
Escuela, Kanab, Territorio de Utah
13 de febrero de 1881

Eliza R. Snow

Eliza R. Snow. Aproximadamente 1875. Snow era poetisa, trotamundos y una reconocida líder de las mujeres Santos de los Últimos Días. Ella conectó con eficacia la Sociedad de Socorro de Nauvoo con el resurgimiento de la organización en el Territorio de Utah al conservar el libro de actas de la Sociedad de Socorro de Nauvoo y viajar por todos los asentamientos mormones para ayudar a organizar a las mujeres y animarlas a hablar. Fotografía por Charles Carter. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

La hermana Snow Smith dijo que hubo un tiempo en que pensábamos que nuestros esposos nos salvarían, independientemente de nuestros propios esfuerzos. Ahora entendemos que, en lugar de depender totalmente de nuestros esposos para nuestra salvación y posición, tenemos que labrar estas por nosotras mismas12. La responsabilidad y el trabajo que recaen sobre las mujeres son cada vez más importantes. Si la sociedad mejora es en gran parte porque las mujeres se refinan; y el bienestar de sus hijos depende mucho de la influencia y del ejemplo de ellas. Estas sociedades están para ayudar a los obispos y reducir muchas de las cargas que recaen sobre ellos. Estamos organizadas en estructuras de estaca y de barrio, y es necesario que cada hermana dé un paso al frente y tome las riendas de esta obra para el beneficio de sus hijas. El Señor desea que seamos un pueblo singular. Sentía que ninguna de nosotras se acerca al Padre tanto como debería. Cuando logramos la victoria sobre nosotras mismas, entonces somos salvas. “A mis jóvenes hermanas les diría: No eludan nunca su deber13. Dios ha puesto en sus manos los medios para que lleguen a ser reinas y sacerdotisas en Su reino si tan solo viven para lograrlo”14.

Eliza R. Snow, Discourse, 13 de febrero de 1881, en “Kanab Relief Society”, Woman’s Exponent, tomo IX, nro. 21, 1 de abril de 1881, págs. 165–166. Registrado por M. Elizabeth Little15. Título proporcionado por los editores.

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Los frutos de nuestra labor

Los frutos de nuestra labor

Lillie T. Freeze
Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes del Barrio Once de Salt Lake City
Salt Lake City, Territorio de Utah
18 de octubre de 1880

Hace ya nueve años que iniciamos la tarea de remodelarnos8, que comenzamos a ser conscientes de la existencia de nuestro ser espiritual, y de que la vida no se nos dio para que pudiéramos comer, dormir, hacer dinero y morir, sino que empezamos a aprender la necesidad de cultivar la mente, atender las necesidades del alma inmortal y entrenar el corazón en las sendas de la obediencia a Dios y a la luz de la inspiración. Vislumbramos el destello de un propósito más noble y elevado de la vida.

Se ha hecho mucho, pero la obra acaba de comenzar. ¿Cuántas de las niñas que hace años acudían en tropel al banquete para la mente y el alma que se preparaba para ellas cada semana en nuestras pequeñas reuniones son ahora felices esposas (pese a que un gran número de ellas han entrado en el orden del matrimonio celestial)9 y son madres devotas más cualificadas para cumplir con las sagradas tareas de la maternidad y, en consecuencia, hacen un bien a la sociedad?10.

De nuestras filas han salido, y seguirán saliendo a nuevos campos de trabajo, mujeres cuyos nombres serán honrados en todo lugar al que llegue el son del Evangelio. Las semillas de su éxito y su honra se plantaron cuando hicieron su primer conato de hablar en un contexto organizado11, y se sustentaron en una sucesión de incansables esfuerzos, luchando mano a mano contra los poderes de las tinieblas y la maldad que podían ver en sí mismas. Y vencieron en cierta medida mediante el ayuno y la ferviente oración, con cantos y adorando a Dios, y las horas les parecían instantes.

Apenas nos detenemos a pensar seriamente en otra cosa que no sea la moda12. Muchas de nuestras aspiraciones no van más allá de las plumas que adornan nuestra cabeza. Nuestros ojos no ven sino los defectos de otras personas y nuestros oídos consienten el chisme y el prejuicio, mientras que nuestros labios no son sino siervos de nuestros pensamientos frívolos y ociosos. Con demasiada facilidad nos sentimos conformes con nosotras mismas y con nuestras labores. Mientras la gran obra de la vida avanza sin cesar y requiere obreros activos y sinceros en la causa de la humanidad, nosotras, en nuestra búsqueda obsesiva de placer, pasamos de largo toda oportunidad de hacer lo bueno y toda puerta abierta para nuestro progreso mientras nuestra naturaleza espiritual, ansiosa y muerta de hambre, debe hacerse a un lado y esperar el momento en que se le permita abogar por su justa causa sin ser acallada para siempre por la severa e insensible voz de nuestra propia naturaleza egoísta. Ahora, salgamos de este camino que destruye el alma y el cuerpo, y escuchemos el razonamiento que nos mantendrá en la senda de la paz, la honra y la vida eterna.

¡Oh, que nosotras, las hijas de Sion, reclamemos nuestro privilegio de ir a la cabeza en todo lo que sea puro y refinado! Dios requiere esto de nuestras manos. Cultivemos más la verdadera modestia y menos la mojigatería13. Más caridad mutua y respeto fraternal sincero, y menos complacencia en los halagos; que nuestras conversaciones cotidianas dentro y fuera del hogar sean propios de la nobleza pura del alma. Podemos vencer nuestros modales bruscos y ordinarios, usar solamente un lenguaje casto y elegante, y mostrar siempre respeto y consideración por los sentimientos y las opiniones de los demás14. Fortalecidas de este modo podremos sentirnos confiadas en presencia de personas refinadas sin tener que llevar un libro de protocolo en el bolsillo15.

Busquemos esa guía que mantenga limpia una reputación sin mancha y evite que nos relacionemos con los maleducados y los inicuos. Sintámonos orgullosas de preservar los principios de la verdad que permanecerán cuando las naciones que ahora son prósperas se desmoronen, sin amedrentarnos ante las burlas ni temer nada que no sea el castigo de nuestro Creador ofendido. No nos privemos de una herencia con nuestro Padre Celestial por causa de la insensatez y la desobediencia. Dios requiere de nosotras todo lo que podamos hacer, y al final nuestros corazones serán henchidos del gozo y la gratitud sempiternos que sobrepasan todo entendimiento.

Lillie Freeze, “The Fruits of Our Labor: Read at the Annual Meeting of the Y.L.M.I.A., 11 Ward”, Woman’s Exponent, tomo IX, nro. 12, 15 de noviembre de 1880, pág. 95.

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Ensayo sobre la fe

Ensayo sobre la fe

Mary B. Ferguson
Asociación de las Mujeres Jóvenes de Spanish Fork
Spanish Fork, Territorio de Utah
20 de septiembre de 1879

Ya que la fe es el primer principio del Evangelio, es necesario que nos preguntemos ¿qué es la fe? Las Escrituras nos dicen que “la fe es la certeza de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven13; por ejemplo, si yo les dijera que yendo a cierto lugar podrían conseguir una pieza de oro o una perla de gran belleza, y entonces van y la encuentran, ustedes manifiestan su fe por sus obras14. Así es cuando obedecemos el Evangelio: recibimos ciertas bendiciones. Pero si decimos que creemos y no obedecemos, nuestra fe es vana. Es como el cuerpo sin el espíritu: muerto. Esta fe viva, mis jóvenes hermanas, fue lo que hizo que sus padres y madres obedecieran el Evangelio en sus países y hogares de origen. En medio del desprecio y la persecución, por la fe dejaron sus hogares y a sus familias, y todo lo que les era de estima, y se embarcaron en el imponente océano, azotados por las ondas y las olas durante semanas y meses, lejos de tierra a la vista, mareados y cansados, pero confiando en que el brazo de Jehová con certeza los conduciría a un lugar de descanso. Muchos de ellos nunca habían experimentado las pruebas y las privaciones de la vida, y dejaron amigos llorosos, abstraídos por el dolor, que no tenían fe y no comprendían los propósitos de Dios15. Por la fe cruzaron las planicies con la lenta y fatigosa marcha de los bueyes, y aun con la más fatigosa marcha de los carros de mano. Piensen en ello, mis jóvenes hermanas: sus padres y sus madres viajando más de mil seiscientos kilómetros (mil millas) tirando de un carro de mano, con sus raciones y lechos, utensilios para cocinar, prendas de vestir, etc., muchos de ellos con niños pequeños; vadeando ríos que les llegaban hasta la cintura, afanándose a lo largo de kilómetros de pesada arena, y en la noche, junto al fuego del campamento, resonando sus cantos de alabanza a Dios, porque los principios de fe estaban plantados en su corazón16. Ellos tenían la certeza de las cosas que no se ven; por la fe llegaron a estos valles, que entonces no eran los ricos y fértiles valles que ven ahora. Por la fe suavizaron la árida tierra estéril, y mediante las bendiciones de Dios lograron que el desierto floreciera como la rosa17. Puede que de nosotros se diga en las generaciones futuras aun como fue dicho de Moisés: golpearon la tierra y brotó en abundancia; pero ha requerido años de ardua labor, una labor que actualmente da testimonio de la resolución de quienes pasaron por ello.

No tengo tiempo de hablarles de las pruebas a nuestra fe que supusieron los grillos, los saltamontes, las sequías, las inundaciones, y también la persecución de nuestros enemigos. Pero en general somos un pueblo extremadamente bendecido y feliz; y mediante la fe tratamos de crecer y aumentar y expandirnos hasta que, al igual que Abraham de antaño, nuestro aumento no tenga fin18.

Ahora, mis queridas jóvenes amigas, no deben pensar que porque nosotros hayamos hecho tanto ustedes no tienen nada que hacer; ustedes han de extenderse. No piensen que los hijos de Sion van a caber en el territorio de Utah. Ustedes tendrán que establecer nuevas colonias.

Son nuestros jóvenes, a medida que sean llamados, los que han de dejar a sus padres y madres, porque las estacas de Sion deben fortalecerse, y sus cuerdas alargarse19. “Danos lugar donde podamos morar, claman en alta voz los hijos de Sion”20. Las Escrituras se están cumpliendo ante nuestros ojos; los inicuos temen que les quitemos su nombre y su nación, pero las profecías se deben cumplir, aunque la tierra y el infierno se atrevan a oponerse.

Por tanto, luchen seriamente por la fe que se ha otorgado en estos últimos días a sus padres, para que por la fe ustedes sean capaces de ayudar a llevar a cabo los propósitos de Jehová; y que la vivificante influencia del Espíritu de Dios descanse sobre los hijos de Sion, y sea como fuego vivo en ellos, produciendo mucho fruto para rectitud. Entonces podrán decir con el poeta:

En peligro, en pruebas y aflicciones,
con los nobles de antaño tuvimos porción,
para unirnos a ellos en el festín de la verdad
una vez acabado el gran conflicto del error21.

Mary Ferguson, “Essay on Faith: Read at a Meeting of the Y.L.A.”, Woman’s Exponent, tomo VIII, nro. 9, 1 de octubre de 1879, págs. 70–7122.

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Nuestra misión

Nuestra misión

Mary Ann Freeze
Asociaciones de Mejoramiento Mutuo de los Hombres Jóvenes y las Mujeres Jóvenes del Barrio Once de Salt Lake City
Salt Lake City, Territorio de Utah
Enero de 1879

Mary Ann Freeze

Mary Ann Freeze. Aproximadamente década de 1880. Freeze se unió a la Mesa Directiva General de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes en 1898. Trabajó en el Templo de Salt Lake así como en el Centro de información de la Manzana del Templo. También participó en el Club Femenino de Prensa de Utah. Fotografía por Fox y Symons. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Mis jóvenes hermanos y hermanas, todos fuimos enviados aquí, a la tierra, con un propósito, y todos tenemos una misión que cumplir. Es el deber de cada uno de nosotros comprender esa misión. Muchos de nuestros grandes hombres nos han dicho que los espíritus más nobles fueron reservados para venir en estos nuestros días por causa de la grande e imponente obra que se ha de efectuar de preparar la segunda venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo8. Me pregunto cuántos de nosotros nos damos cuenta de que el nuestro es uno de esos espíritus nobles, y si alguna vez nos preguntamos: “¿Estamos honrando nuestro cuerpo y esforzándonos por sujetarlo a ese puro y noble espíritu que en él habita, el cual siempre inspira actos de virtud y santidad, y nos advierte cuando sentimos el impulso de hacer el mal o elegir lo incorrecto?”. ¡Cuán henchido de gratitud a Dios debería estar nuestro corazón por haber reservado para nosotros este gran privilegio que muchos de nuestros antepasados anhelaron disfrutar pero les fue negado!

¡Qué poco conscientes éramos de estas grandes verdades del Evangelio hasta que se instituyeron estas organizaciones para el crecimiento y el desarrollo de los jóvenes!9. Ahora comenzamos a saber quiénes somos, de dónde vinimos y cuál será nuestro destino futuro si somos fieles a Dios y obedecemos todos Sus mandamientos; y no pensemos por un momento que podemos hacer demasiado bien en el poco tiempo que pasaremos aquí, porque solo mediante la máxima diligencia de nuestra parte podremos ganar un lugar en el Reino Celestial10. No solo debemos ser capaces de decir: “No le hemos hecho daño a nadie”, sino que debemos poder decir: “Hemos hecho todo lo que estaba a nuestro alcance por impulsar y ​adelantar la Sion de Dios sobre la tierra, siendo prestos en toda buena palabra y obra”. Asistamos fielmente a todas nuestras reuniones, y procuremos recibir conocimiento de toda fuente disponible, porque el conocimiento es poder, y cuanto más poseamos, más capaces seremos de ayudar en la gran obra de los últimos días.

Todos deseamos ser buenos y útiles; así pues, llevemos nuestros buenos deseos a la práctica, porque hacerlo está en nuestras manos. Es probable que antes de venir aquí hiciésemos convenio con nuestro Padre Celestial de ser activos en la causa de la rectitud si nos concedía el grande e inestimable privilegio de tener un cuerpo sobre la tierra; porque podíamos ver cuán grandes eran las bendiciones que recibiríamos así, las cuales no podríamos obtener de ningún otro modo. Ahora no podemos ver como podíamos entonces, pero tenemos el santo Evangelio para conducirnos y guiarnos a toda verdad, y para enseñarnos de vez en cuando nuestro deber. También somos bendecidos con el sacerdocio viviente, mediante el cual podemos recibir la palabra de Dios, de modo que no andemos a tientas, como en tinieblas. Estas asociaciones fueron organizadas por medio del sacerdocio viviente, y por lo tanto vienen del cielo; y cualquier hombre o mujer joven que asista fielmente a estas reuniones, participando a medida que sean llamados por quienes presiden, avanzarán a paso de gigante, sabrán cuál es su misión, y llegarán a ser grandes y poderosos pilares en la Iglesia de Dios sobre la tierra; y finalmente serán coronados en la presencia de Dios y el Cordero, mientras que aquellos que no tomen parte, o tomando parte eludan su deber, también cosecharán los frutos de sus obras en la carne, y recibirán solo lo que merezcan en justicia. La oración de esta hermana suya es que quienes estamos aquí esta tarde nos vistamos de toda la armadura de rectitud11 y luchemos con valor para vencer el pecado y establecer un reinado de paz sobre la tierra; y que podamos recibir toda la gloria que seamos capaces de disfrutar.

Mary A. Freeze, “Our Mission: Read Before the Conjoint Meeting of the M. I. Associations of the 11th Ward, S. L. City, Jan. 1879”, Woman’s Exponent, tomo VII, nro. 20, 15 de marzo de 1879, pág. 209.

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Una elevación muy por encima de lo común

Una elevación muy por encima de lo común

Eliza R. Snow
Asociación de Moderación Cooperativa para Jóvenes y Mayores
Salón de Asambleas del Barrio Catorce, Salt Lake City, Territorio de Utah
11 de octubre de 1872

Los santos de Dios no pueden ser edificados sino por el Espíritu de Dios. Hemos logrado elevarnos tan por encima de las cotidianidades de la vida, que no hay nada que edifique a los santos sino las revelaciones de los cielos, al ser sus aspiraciones mucho más altas. Me agradó un comentario en el acta de una hermana que dijo que es una ardua empresa11. Es ardua, y si continúan llegarán mucho más alto que aquellos que eligen el camino fácil. ¡Cuánto más satisfactorio será si podemos mirar atrás, a los años pasados, habiendo hecho lo que Dios requirió de nosotras! Puede que quienes siguen un curso contrario al que han tomado las señoritas parezcan divertirse por un breve momento, pero no saben lo que es probar la felicidad verdadera. No es más que la gratificación de las más bajas capacidades de la mente; las emociones más elevadas ​emanan de Dios. Me interesan mis jóvenes hermanas; ellas han tomado un rumbo que las elevará, las preparará y las purificará para estar en presencia de diosas en la eternidad.​

Salón de Asambleas del Barrio CatorceSalón de Asambleas del Barrio Catorce. Aproximadamente 1886. En este salón en Salt Lake City se celebraban diferentes tipos de reuniones de mujeres, como las reuniones de moderación o las sesiones de la conferencia de junio de la Asociación de Mejoramiento Mutuo. Fotografía por C. E. Johnson. (Cortesía de la Sociedad Histórica del Estado de Utah, Salt Lake City).

​Esta vida está llena de dificultades. Entonces, ¿por qué habríamos de enfocarlo todo en lo que se desvanece y desaparecerá? Mis jóvenes hermanas, no se enfríen, sino prepárense activamente para ser de alguna utilidad en el Reino de Dios. Algunas parecen pensar que no viven para nada que no sea su propia gratificación. Nuestra religión no es una fábula; es una realidad. Y si la vivimos de manera que tengamos el Espíritu de Dios en nuestro corazón, no importa lo que tengamos que pasar, Dios está con nosotras para darnos consuelo y fortaleza. A veces pienso que todas debemos mirar hacia arriba, pero para las mujeres parece natural mirar a los lados. Eso no es suficiente. Mis jóvenes hermanas que se reúnen y tienen el Espíritu de Dios en su corazón tienen una pequeña muestra de lo que es la felicidad eterna.

La sabiduría humana nunca puede transmitir el espíritu y la inteligencia que ellas poseen12. Podemos hablar con alguien por horas, pero ni aun así podremos iluminar su entendimiento con palabras. Si tenemos la influencia de Dios para penetrar su corazón, eso les mostrará la diferencia que hay entre las cosas de Dios y las cosas del mundo. Es necesario que las jóvenes se reúnan y practiquen su religión; es de tanta utilidad para ellas como para cualquiera. Debemos considerarnos seres inmortales y vivir para la inmortalidad. Debemos mejorar cada oportunidad de atesorar conocimiento y todo lo que tienda a iluminar nuestro entendimiento y hacernos útiles, pero no para engrandecernos. Hemos de vivir para los demás; al hacerlo, nos beneficiamos a nosotras mismas. La persona que hace el mayor bien, es la más feliz. Cuando era niña, tuve la bendición de darme cuenta de las ventajas y la superioridad de hacer lo bueno para ser útil. Dediqué los primeros años de mi vida a estudiar. ¡Cuánto me aflige la pérdida de tiempo y de energías físicas de algunas jóvenes que se entregan a la diversión en lugar de al estudio!13. No es que yo deseche la diversión, pero no hago una prioridad de ello. En ese caso deja de ser diversión.

Me sentí muy complacida con la conferencia. Al hablar de las personas que viven muy por debajo de sus privilegios, el presidente Young ha dicho hasta en tres ocasiones: “Aun de entre este pueblo, el Señor llamará a un pueblo que hará Su voluntad”. Me he preguntado cómo, cuándo y a quién se hará este llamado. En sus palabras un día durante la conferencia, el presidente Young habló de establecer una colonia formada por aquellos que confíen lo suficiente los unos en los otros como para unirse en una alianza eterna14. Aquellos que no pueden ver el orden de Enoc pensarán que es un arrebato de los hermanos. Mi corazón se regocija al ver que Dios está obrando entre nosotros, ¿y quiénes están preparados para ser parte de ello? Aquellos que se han sujetado a toda la ley. Cuando nos examinemos a nosotros mismos veremos las debilidades de la carne.

​Agradezco a Dios por poder relacionarme con buenas hermanas. Sé que muchas de ellas piensan en algo más que en la grandeza del hombre y las riquezas terrenales; sé que ustedes aman y buscan las cosas de Dios. Hagámoslo con todo nuestro corazón. Sugiero que pongamos sobre la mesa temas que nos mejorarán y nos beneficiarán como hijas del Altísimo. Dejemos de lado aquellas cosas que son ajenas a nosotras. No quiero que piensen que los ejercicios espirituales van a perfeccionarnos. No lo harán por sí solos. Nos congregamos para renovar energías que nos ayuden en las tareas de la vida. Para los seres mortales resulta difícil seguir un curso constante, dedicar a cada tarea la porción de tiempo que le corresponde.

Queremos estudiar, reflexionar, orar, hablar, cantar, asistir a reuniones, tomar la Santa Cena, buscar al pobre y al necesitado y a quienes están perdiendo la luz de la eternidad en su pecho. No creo en seguir el curso que está tomando el mundo sectario, esto es, ocuparse de los paganos y descuidar sus deberes en el hogar15. No se olviden de quienes están cerca para ir en pos de quienes están lejos de nosotros. Nuestras obras a favor del avance del Reino de Dios no serán en vano; de cierto tendrán su recompensa. Podemos trabajar por otras cosas, y estas perecerán como la hierba. Quisiera exhortar a las ancianas a utilizar su influencia en las jóvenes para tratar de despertar en ellas el interés en las cuestiones académicas. Deseamos ser buenas amas de casa. Nuestras jovencitas deben aprender oficios y obtener todo el conocimiento que puedan de los libros. Pero el conocimiento perfecto de las tareas del hogar es la base de una dama completamente realizada. Esto constituye el fundamento sobre el cual pueden acumular una gran cantidad de logros más finos sin que estos se tambaleen. Pero los ornamentos no son útiles si carecemos de otros conocimientos. Para llegar a ser reinas y sacerdotisas, debemos ser mujeres emprendedoras16. Estamos poniendo los cimientos del Reino de Dios, y es nuestro deber moldear el carácter de esta generación. No queremos ser ignorantes con respecto a los principios del Evangelio ni a ningún aspecto de la educación que nos eleve para el campo de acción. Esperamos que en el cielo haya un orden más alto y más perfecto y libre de las debilidades y la impureza de la carne.

Senior and Junior Cooperative Retrenchment Association, Minutes, Salt Lake City, Territorio de Utah, hojas sueltas, 1871–1874, 11 de octubre de 1872, 42ª reunión, págs. 2–5, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Maggie Mair. Título proporcionado por los editores.

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La oración de fe

La oración de fe

Drusilla D. Hendricks
Sociedad de Socorro de Smithfield
Residencia particular, Smithfield, Territorio de Utah
7 de agosto de 1871

La hermana Drusilla Hendricks, una visitante de Richmond, se levantó y tomó la palabra en la reunión: Habría preferido sentarse y escuchar a sus hermanas, pero siempre estaba dispuesta a compartir su testimonio de la verdad y decir unas palabras de aliento. Sentía la necesidad de vivir de manera tal que en su corazón hubiera constantemente una oración de fe. En los últimos días se había dado cuenta de la importancia que eso tenía. Había trabajado día y noche para mantener a su familia y había pagado el diezmo cuando para sostenerla no había nada más que una oración de fe y el consuelo que recibió como respuesta13.

Después de que a su esposo lo abatieron a tiros en Misuri y que el populacho sin compasión lo arrastró de un lado a otro al no poder valerse por sí mismo14, y después de ser expulsados de su hogar, cuando se pidieron voluntarios para que se uniesen al batallón ella estaba tan indignada por la forma en que se había tratado a los mormones que dijo que su hijo no podía ir, y le impidió que hiciera ningún preparativo hasta la mañana en que la compañía había de partir15. Entonces, al verle adentrarse en el alto y húmedo pasto que rodeaba su campamento para traer a la vaca, pensó en cuán fácilmente podía arrancárselo la muerte por congelación, o por las privaciones que tendría que pasar si se quedaba con ella16; y cuántas vueltas le daría a que eso no habría sucedido si el chico se hubiera ido con el batallón. Pero entonces la impresión volvió: “¡No puedo dejarlo ir!”. Luego tuvo una extraña sensación, y fue como si una voz le dijera: “¿No deseas la gloria más alta?”. Naturalmente respondió: “Sí”, y la voz continuó: “¿Cómo esperas ganarla si no es al hacer los sacrificios más grandes?”. Ella preguntó: “Señor, ¿qué más me falta?”17. “Deja al hijo ir con el batallón”, fue la respuesta que recibió. Pero ella alegó: “Es demasiado tarde, ya se están yendo; y además es demasiado joven y no puede portar armas”. Su corazón estaba enormemente angustiado.

James y Drusilla D. Hendricks con un niñoJames y Drusilla D. Hendricks con su nieto. Aproximadamente 1852. Drusilla Hendricks fue una de las primeras partidarias de la Sociedad de Socorro. Ella rememoraba que, antes de que la Sociedad de Socorro fuera organizada en Nauvoo, soñó que las mujeres tenían reuniones y llevaban registros de su labor. Hendricks se unió a la Sociedad de Socorro de Nauvoo el 14 de abril de 1842, y fue llamada a formar parte de un comité visitante en el Barrio Dos de Nauvoo. (Fotografía en posesión de la familia).

​Inmediatamente el muchacho llegó con la vaca, y poco después apareció un hombre gritando: “Preséntense y ofrézcanse como voluntarios para ir con el batallón. Todavía nos faltan algunos hombres; ​pero no queremos presionar a nadie”18. En ese momento quiso ocultarse detrás de la vaca y, tomando un cubo, se arrodilló como si fuera a ordeñarla, pero en realidad iba a orar. Y así fue como oró: “Señor, si quieres a mi hijo, tómalo; solo permite que regrese a mí, tal como el hijo de Abraham”. La respuesta llegó en espíritu: “Así será, tal como tú has dicho”19. Se levantó y con la ayuda de algunos vecinos preparó rápidamente al muchacho y lo dejó ir con la firme convicción de que Dios cumpliría Su palabra y le traería a su hijo de regreso. Durante su ausencia, oró constantemente por él, y como recompensa por su fidelidad su hijo le fue devuelto20. Así será con todos nosotros; tenemos que hacer sacrificios, pero si lo hacemos con espíritu de mansedumbre, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios, nunca dejaremos de cosechar un rico galardón21.

Smithfield Branch, Cache Stake, Relief Society Minutes, tomo I, 1868–1878, 7 de agosto de 1871, págs. 98–99, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Louise L. Greene. Título proporcionado por los editores.

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Sean pacientes y dispuestas a perdonar

Sean pacientes y dispuestas a perdonar

Jane H. Neyman
Sociedad de Socorro de Beaver
Tabernáculo, Beaver, Territorio de Utah
4 de noviembre de 1869

Mamá Neyman trató en la reunión el tema de la caridad, alentando a todas a ser pacientes y dispuestas a perdonar; a abstenerse todo lo posible de escrutar la conducta de nuestro prójimo, y siempre recordar que somos humanos, por lo que cometeremos errores. Al parecer fue el acuerdo unánime del Espíritu que presidió la reunión que la acusación y la calumnia debían sufrir una muerte natural; que la caridad, que cubre multitud de pecados11, que no piensa el mal y es sufrida y benigna12, debía cavar la tumba y ayudar a enterrar toda malicia y toda envidia que en cualquier momento hubiera perturbado nuestra armonía y nuestra paz13, y en su lugar establecer la verdad y la integridad, hermanas gemelas de la caridad, y luego poner el credo mormón a la retaguardia para repeler el primer ataque del enemigo y poder ser advertidas a tiempo a fin de evitar un mal que pudiera destruir nuestra confianza mutua14. Todo esto, en esencia lo mismo aunque dicho en menos palabras, era sin duda el parecer de todos los presentes. Esperamos que nuestras nuevas hermanas entiendan lo que se espera de ellas en esta honorable hermandad: que vivan por encima del reproche y que, guardando la puerta de sus labios, eviten ser objeto de censura15.

Beaver First Ward, Beaver Stake, Relief Society Minutes, tomo I, 1868–1878, 4 de noviembre de 1869, págs. 25–26, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Louisa B. Pratt. Título proporcionado por los editores.

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Servimos a un Dios justo

Servimos a un Dios justo

Zina D. H. Young
Sociedad de Socorro de Lehi
Tabernáculo, Lehi, Territorio de Utah
27 de octubre de 1869

No estoy acostumbrada a hablar en público15 pero me complace mirar los rostros de mis hermanas16 y saber que estamos embarcadas en esta gran obra17. Deseo exhortarlas a ser fieles en el desempeño de todo deber, y a las madres decirles que cumplan con sus obligaciones para con sus hijos, porque son bendiciones de Dios confiados a su cuidado. Y para ustedes, mis hermanas que no tienen hijos, sean consoladas. Servimos a un Dios justo y, si son fieles a Su causa, no perderán nada18. Procuremos tener el Espíritu de Dios y aprendamos a sobrellevar todas las cosas y a tener paciencia las unas con las otras, y si una hermana viene a nosotras con sus problemas y sus penas, no la alentemos a sumirse en ellos, sino mostrémosle que el Señor no pondrá sobre nosotras más de lo que podamos soportar19, y cuando lo hayamos superado todo y hayamos vencido, entonces heredaremos todas las cosas20. Que Dios las bendiga y las guarde fieles para siempre. Amén.

Lehi Ward, Utah Stake, Relief Society Minutes and Records, tomo I, 1868–1879, 27 de octubre de 1869, pág. 30, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Rebecca Standring. Título proporcionado por los editores.

Zina D. H. YoungZina D. H. Young. Aproximadamente 1867. Young prestó servicio como Presidenta General de la Sociedad de Socorro entre 1888 y 1901. También fue la primera directora de las obreras del Templo de Salt Lake, en 1893. Fotografía por Edward Martin. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

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Dediquémonos a cultivarnos

Dediquémonos a cultivarnos

Eliza R. Snow
Sociedad de Socorro del Barrio Diecisiete de Salt Lake City
Union Hall, Salt Lake City, Territorio de Utah
18 de febrero de 1869

Con frecuencia he pensado que, a menos que tuviéramos que hacer más de lo que parecía posible conseguir, no desplegaríamos todo nuestro potencial13.

Para nosotras es una bendición encontrarnos a veces en circunstancias cuyo fin es llevarnos a hacer uso de cada poder y facultad que poseemos. Es cierto que en el momento puede parecer poco deseable, pero tiende a fortalecer y desarrollar nuestras habilidades y a prepararnos para ser de mayor utilidad.

Se nos ha enseñado que cada uno de nosotros en nuestras organizaciones lleva en sí la semilla de toda facultad que se requiere para llegar a ser un dios o una diosa14. Estos pequeñitos en brazos de sus madres tienen el germen de todas las capacidades que nosotras demostramos, ¿y cuál es la diferencia entre ellos y nosotras? Simplemente la falta de desarrollo de ellos, y ese desarrollo requiere cultivación, energía y perseverancia.

La organización de la Sociedad de Socorro Femenina coloca a las hermanas en posición de hacer uso —y por tanto de desarrollar— todas nuestras facultades. De este modo, al hacer el bien a otras personas, nos beneficiamos a nosotras mismas. “Al bendecir, te bendeciré grandemente”15. Y quienes hagan el mayor bien serán los más bendecidos.

Mis hermanas, dediquémonos a cultivarnos para que podamos hacer mucho bien. Somos hijas de nuestro Padre Celestial, y nuestra posición como santos del Altísimo está a la cabeza del mundo.

​Tratemos de cumplir con nuestras responsabilidades y de honrar nuestra posición.

Para nosotras, las hermanas, es complicado actuar en una estructura organizada. Nuestros hermanos están acostumbrados a desenvolverse en cuerpos organizados pero nosotras no, y necesitamos una gran dosis del Espíritu y de la sabiduría de Dios para conducirnos. Aunque afrontaremos dificultades, no nos desalentemos nunca, sino sigamos adelante en la senda del deber; y mediante la bendición de Dios y el aliento de nuestros hermanos, superaremos cada obstáculo16. Cuando puedan ver un paso por delante, den ese paso, y no esperen a ver dónde está el siguiente. Si podemos ver un paso no debemos permanecer quietos hasta que podamos ver el camino despejado en la distancia, sino avanzar; y el camino se abrirá ante nosotros, paso a paso. Esto es un principio. Dios requiere que hagamos el esfuerzo, y de este modo prueba nuestra fe y nuestra confianza en Él, y entonces ciertamente extiende Su auxilio. Tenemos un grato ejemplo de este principio aquí, ante nosotras. La hermana Rich informa que el hermano Rich dona a esta sociedad maderos con valor de cincuenta dólares17. Si la sociedad no hubiera dado el paso de prepararse para construir, no habríamos recibido esa generosa donación18. Seguir leyendo

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Dios nos habilitará para vencer

Dios nos habilitará para vencer

Mary Isabella HorneMary Isabella Horne
Sociedad de Socorro del Barrio Diecisiete de Salt Lake City
Union Hall, Salt Lake City, Territorio de Utah
30 de julio de 1868

Me complace reunirme con ustedes como parte de la Sociedad de Socorro Femenina. Siento que estas sociedades son peldaños que conducen a obras mucho mayores, y que finalmente cosecharemos los frutos, pero debemos llevar vidas fieles y luchar con éxito contra el mal, y Dios nos habilitará para vencer. Mi fe nunca flaqueó por causa de los saltamontes, porque sabía que el Padre podía sostenernos y estaba dispuesto a hacerlo, y que en ocasiones nos prueba para que nos acerquemos a Él11. Sé que para nosotras es bueno que nos reunamos de vez en cuando en calidad de hermanas; el intercambio de pensamientos y sentimientos hacia una buena causa tiende a elevarnos. Y si somos fieles, cuando nuestra obra haya acabado sobre la tierra llegaremos al Reino Celestial de nuestro Dios.

Salt Lake City Seventeenth Ward, Salt Lake Stake, Relief Society Minutes, tomo II, 1868–1871, 30 de julio de 1868, págs. 97–98, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Lydia Dunford Alder. Título proporcionado por los editores.

Mary Isabella Horne

Mary Isabella Horne. Aproximadamente década de 1860. La hermana Horne ejerció como presidenta de la Asociación de Moderación Cooperativa de Mujeres entre 1870 y 1904, como presidenta de la Sociedad de Socorro de la Estaca Salt Lake entre 1877 y 1903, y como tesorera de la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro entre 1880 y 1901. También prestó servicio como presidenta del comité ejecutivo del Hospital Deseret entre 1882 y 1894. Fotografía por Edward Martin. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

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Todas tenemos una misión que cumplir

Todas tenemos una misión que cumplir

Elicia A. Grist
Discurso en Latter-day Saints’ Millennial Star
Liverpool, Inglaterra 4 de mayo de 1861

Al dirigirme a las hermanas de la Iglesia, lo hago con la intención de promover y alentar los mejores sentimientos entre ellas, pero de ninguna manera pretendo ser prescriptora. Simplemente sugiero lo que considero que produciría un interés más activo de las unas por las otras, al unirnos más en nuestros esfuerzos y extender una importante influencia en la esfera en que seamos llamadas a obrar.

Cuando tenemos en cuenta las muchas oportunidades y las diversas maneras en que podemos ser de utilidad, y todo lo bueno que podemos lograr quienes estamos embarcadas en una causa tan grande, puede que algunas de ustedes sientan que no nos corresponde interferir en lo más mínimo ni dar un paso para edificar el Reino de Dios. Pero creo que es un error suponer que no podemos realizar actos que ennoblecerían nuestro carácter y posición cuando estamos tan estrechamente alineadas con los hermanos del sacerdocio y a ellos se les requiere realizar intensos esfuerzos para impulsar la causa de Dios. No querría dar a entender que sugiero algo que interferiría con los derechos y las responsabilidades del alto y santo llamamiento de ellos, pero ¿no podríamos abrigar un amoroso espíritu fraternal las unas por las otras? Si no podemos reunirnos con frecuencia en un entorno social, podríamos retener individualmente una unidad más sagrada, e imbuir nuestros pensamientos y sentimientos de un mayor deseo de bendecir y edificar, de fortalecer y alentar, y ser así un medio para esparcir ampliamente un interés más activo en el reino de nuestro Padre, por quien declaramos haber sido adoptadas. Ya que todas somos una familia, seamos unidas en hacer todo el ​bien que podamos en nuestra área de influencia, porque podemos lograr mucho si tenemos el deseo de hacerlo. Además, nuestras reuniones de hermanamiento dependen mucho de lo que nosotras aportemos12.

Todas tenemos una misión que cumplir si tan solo tenemos en cuenta la responsabilidad que recae sobre nosotras en cada cosa que hacemos, aunque seamos la parte débil y no podamos ser llamadas a cumplir las más altas responsabilidades que recaen sobre aquellos que poseen los oráculos de Dios13. Pero ¿no podríamos, queridas hermanas, tener un sentimiento puro de bondad y ayudar a crear un espíritu entusiasta y una devota sinceridad hacia la causa? Y no hace falta que nombre siquiera uno de nuestros grandes privilegios cuando se nos han dado abundantes oportunidades para testificar y ejercer los dones del Espíritu. ¡Cuántas veces hemos visto claramente el poder de Dios manifestarse en nuestras reuniones!14. En muchos casos, al participar en esas santas inspiraciones, puede que nuestro testimonio haya hecho que alguno de los presentes reflexionase más profunda y atentamente en cuanto a lo que se había declarado15. También se puede hacer lo mismo en otras ocasiones, cuando estamos en compañía de una vecina o de una amable visitante que, quizás, hayan acudido a nosotras para pedirnos un libro prestado. Es posible que esa sea la oportunidad de conversar sobre los principios de la Iglesia y también de difundir la labor de la Iglesia. Y quién sabe, quizá así seamos el medio para convencer a algún amante sincero de la verdad y mostrarle el camino de la salvación. Podría mencionar muchos ejemplos de este tipo, pero básteme decir que no es propio de mí dar ese tipo de instrucciones a mis hermanas, que quizás comprenden plenamente sus deberes y las muchas maneras en que pueden ser de utilidad, y cómo pueden ellas participar más en la propagación del conocimiento de la verdad al invitar a otras personas a asistir a las asambleas y las congregaciones de los santos, porque “la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” para quienes capten la indirecta16.

Ahora dirijamos nuestra atención al ámbito doméstico. Gran parte de la clase de espíritu que impregna nuestro hogar depende de nosotras. Como esposas, podemos crear un pedacito de cielo aquí. Cuando el cabeza de familia regresa de un largo día de trabajo, inevitablemente busca esas comodidades y atenciones que no hace falta que mencione, ya que todas saben cuál es la mejor manera para ellas de complacer y consolar a quienes es su privilegio mostrar deferencia. También recaen importantes responsabilidades sobre aquellas de nosotras que somos madres, esto es, la adecuada formación y educación de nuestros hijos. Nunca es demasiado pronto para inculcar en sus jóvenes mentes los principios de la Iglesia. Las preguntas de mis pequeñitos sobre la Iglesia me conducen con frecuencia a una procesión de serias reflexiones. Sus preguntas a menudo despiertan mi sentido del deber. Nosotras, queridas hermanas, somos responsables ante Dios del modo en que criemos a nuestros hijos. ¿Nos escuchan alguna vez nuestros pequeñitos orar por ellos? ¿Nos ven arrodillarnos junto a sus camitas? Porque son los niños que escuchan a sus madres orar los que con mayor probabilidad orarán por sí mismos.

Permítanme sugerirles también otra fuente de bien para nuestros hijos, esto es, ​leerles en voz alta las obras impresas de la Iglesia tan a menudo como nos sea posible17. Sus jóvenes mentes son muy receptivas, las impresiones se forjan pronto y su interés se estimula con facilidad hacia lo que es bueno. Tomen, por ejemplo, una idea que han sugerido últimamente algunos hermanos del sacerdocio: la de viajar a Sion por un penique cada cinco kilómetros (tres millas), de modo que cada penique ahorrado ¡nos acercará a Sion cinco kilómetros más!18. Si tan solo logramos despertar el interés de nuestros hijos en esto, controlaremos el deseo natural tan extendido entre ellos de correr a comprar pasteles (tortas) y dulces que solo les hacen mal.

Les contaré una anécdota que llegó a mi conocimiento para animar a los jóvenes que puedan leerlo o escucharlo. Dos pequeñitos de una familia de la Iglesia recibieron dos peniques cada uno, y fueron corriendo a su madre con rostros rebosantes de alegría: “¡Oh, madre, ya estamos diez kilómetros (seis millas) más cerca de Sion! Póngalo en la caja, por favor”. Sería bueno animar a nuestros hijos en este nuevo movimiento. Aunque parezca sencillo, nuestros niños más pequeños pueden en algunos casos viajar cinco kilómetros cada día, y podrían hacerlo fácilmente poniendo su penique en la alcancía para este fin19. Esto hará que en su corazón y en el nuestro surja el interés en el recogimiento.

Confío en que estas pocas palabras dispersas, escritas con toda humildad, se reciban con el mismo amable sentimiento; y espero que alguna hermana con más talento retome este tema, para que de ese modo podamos beneficiarnos grandemente las unas a las otras. No quiero que piensen que afirmo ser perfecta. Desafortunadamente no lo soy. Siento mis propias imperfecciones, pero trato de vencer esas cosas que sé que me impiden progresar hacia el Reino de Dios.

Elicia Grist, “Address to the Sisters of the Church”, Latter-day Saints’ Millennial Star, tomo XXIII, nro. 18, 4 de mayo de 1861, págs. 277–278. Título proporcionado por los editores.

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El convenio de la Sociedad de Socorro del Barrio Trece

El convenio de la Sociedad de Socorro del Barrio Trece

Matilda Dudley Busby
Sociedad de Socorro del Barrio Trece de Salt Lake City
Residencias privadas, Salt Lake City, Territorio de Utah
14 de junio de 1854 y 6 de mayo de 1857


 [14 de junio de 1854]

Promovido por M. Dudley, secundado por A Cobb13 y aprobado por unanimidad, que el siguiente convenio sea concertado por quienes lleguen a ser miembros de esta sociedad, a saber, que no hablemos mal las unas de las otras, ni de las autoridades de la Iglesia, sino que procuremos, por todos los medios que tengamos a nuestro alcance, cultivar un espíritu de unidad, humildad y amor, y que este será el convenio que celebrarán todas las hermanas que se hagan miembros de esta sociedad.


[6 de mayo de 1857]

La hermana M. Busby14 propuso que el convenio concertado al comienzo de la primera organización de la sociedad debía ser renovado como sigue: Que todas las que seamos miembros de esta sociedad no hablaremos mal las unas de las otras en nuestras reuniones, ni de las autoridades de la Iglesia ni de ninguna otra persona, sino que procuraremos, por todos los medios a nuestro alcance, cultivar un espíritu de unidad, humildad y amor, y que este será el convenio que celebrarán quienes se hagan miembros de esta sociedad.

​Salt Lake City Thirteenth Ward, Salt Lake Stake, Relief Society Minutes, tomo I, 1854–1857, 14 de junio de 1854, 6 de mayo de 1857, págs. 4, 14–15, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Martha J. Coray y Elizabeth Goddard15. Título proporcionado por los editores.

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Buscar al Señor para obtener sabiduría

Buscar al Señor para obtener sabiduría

Phoebe M. Angell
Consejo Femenino de Salud
Antiguo Tabernáculo de Adobe, Manzana del Templo, Salt Lake City, Territorio de Utah
14 de agosto de 1852

La hermana Angell habló y exhortó al consejo a no confiar en el conocimiento que se obtiene de los libros, ni a confiar enteramente en las hierbas, sino a buscar al Señor para obtener sabiduría15. Hizo referencia a una ocasión en Nauvoo en la que había mucha fiebre y escalofríos entre la gente. Ella clamó al Señor para que le mostrara alguna cosa que les hiciera bien. Por la noche recibió la siguiente receta como si una voz le hablara16: “Toma un poco de boneset; un puñado de lobelia; ponle medio litro de vinagre, déjalo reposar hasta mañana y adminístraselo a los enfermos cuando tengan escalofríos; una cucharada cada hora”17. Dio testimonio del gran bien que hizo esta receta, y ese verano utilizó una fanega de boneset18.

Consejo Femenino de Salud, Actas, Salt Lake City, Territorio de Utah, 14 de agosto de 1852, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de George D. Watt. Título proporcionado por los editores.

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Este Evangelio de alegres nuevas para todos

Este Evangelio de alegres nuevas para todos

Lucy Mack Smith
Conferencia general
Jardines del templo, Nauvoo, Illinois
8 de octubre de 1845

Hermanos y hermanas, he estado observando a esta congregación. Por mucho tiempo he esperado el momento en que el Señor me diera fuerzas para contemplarles a ustedes y a mis hijos18. Me siento solemne. Deseo que todos ​miren en su corazón para averiguar la razón por la que han venido a este lugar, ya sea para seguir a Cristo por buena o mala fama, o por cualquier otra causa. Quiero darles un consejo. Quiero tener tiempo para hablar sobre mi esposo, y sobre Hyrum y José. Quiero darles a todos un consejo. Brigham Young ha cumplido con el encargo; lo ha arreglado completamente. He esperado mucho tiempo para preguntarles si estarían dispuestos a aceptar artículos robados o no19. Quiero saber si creen en tales cosas. Hay algo de lo que deseo hablar. Puede que aquí haya dos mil personas que nunca conocieron al señor Smith ni a mi familia. He criado a once hijos, siete de ellos varones20. Los crié en el temor de Dios. Cuando tenían dos o tres años de edad les dije que quería que amasen a Dios con todo su corazón. Les dije que hiciesen el bien.

Deseo que todos ustedes hagan lo mismo. Dios nos da a nuestros hijos, y nosotros somos responsables. En el temor de Dios les advierto. Quiero que tomen a sus pequeñitos y les enseñen en el temor de Dios. Quiero que les enseñen acerca de José en Egipto y esas cosas y, cuando tengan cuatro años de edad, les encantará leer la Biblia. Supongo que nunca hubo una familia más obediente que la mía. Solo tenía que decirles las cosas una vez. Enseñen a sus hijos a trabajar y traten de criarlos para su tranquilidad. No les permitan jugar fuera de la casa21. Si no puedo hablar a unos cuantos miles aquí, ¿cómo voy a conocer a millones y hablar en la gloria celestial? Quiero que los jóvenes recuerden que amo a los niños, a los jóvenes y a todo el mundo. Quiero que sean obedientes a sus padres. Sean buenos y amables, y hagan en secreto lo mismo que harían en presencia de millones. Les llamo hermanos, hermanas e hijos. Si me consideran una madre en Israel quiero que lo digan. (El presidente B. Young se levantó y dijo: “Todos aquellos que consideren a Mamá Smith una madre en Israel, sírvanse indicarlo diciendo ‘Sí’”. Exclamaciones de “¡Sí!”)22.

Me ha dolido escucharles decir “vieja Mamá Smith”: “Ahí va la vieja Mamá Smith”. Me ha dolido mucho.

Deseo hablar de los muertos. El pasado 22 de septiembre hizo dieciocho años que José sacó las planchas de la tierra, y el lunes pasado23 hizo dieciocho años desde que José Smith, el profeta del Señor…

Fue una mañana cuando mi hijo vino a mí y me dijo que había sacado esas planchas de la tierra, y dijo: “Vaya y dígales a los tres (la familia Harris) que he sacado las planchas de la tierra24, y quiero que Martin me ayude. Deseo extraer algunos de los caracteres y enviarlos a Nueva York”25.

Ahora tengo setenta años. Hace dieciocho años que comencé a recibir este Evangelio de alegres nuevas para todos26. Lo he reunido todo en un registro histórico, y deseo que este pueblo sea tan bueno y tan amable de imprimirlo antes de irse al Oeste27. Martin Harris fue la primera persona que ayudó a José en esta tarea de imprimir el Libro de Mormón28, porque el Evangelio no podía ser predicado hasta que estuviera impreso. Aquí solo estaba ​mi familia y Martin Harris para hacerlo todo. Tan pronto comenzaron, el diablo empezó a rugir y a tratar de destruirlos. Pero un poco antes de que nos expulsaran de nuestra casa y hogar, José fue a Pensilvania29. Hyrum y Samuel tuvieron que trabajar todo el día en el bosque, y por la noche tuvieron que acarrear la madera y conseguir los medios para ayudar a José a publicar el libro. Dos de ellos vigilaban la casa30.

Así fue como comenzó todo, y miren ahora a esta congregación, que habla de ir al Oeste, con qué facilidad puede hacerse. Mi familia pudo trabajar y conseguir los medios para imprimir el Libro de Mormón. No se desalienten ni digan que no pueden conseguir carromatos y cosas; como dice Brigham, han de ser completamente honestos o no llegarán allá31. Si sienten enojo tendrán problemas.

Mi familia se esforzó para imprimir el libro. El ángel del Señor les dijo qué hacer. El lunes hizo dieciocho años que comenzaron.

Miles se han unido a la Iglesia desde entonces, y no han conocido a José, a Hyrum, a [Don] Carlos ni a William. Todos se han ido menos el pobre William; y él se ha marchado y no sé adónde32.

Tengo tres hijas en casa; ellas nunca han tenido nada, pero han trabajado en beneficio de la Iglesia33. Después de que el libro fuera impreso, Samuel tomó algunos ejemplares para venderlos y le cerraron la puerta tres veces34. Fue a casa del hermano Green, un predicador metodista35. Samuel dijo: “¿No quiere comprar un libro?”. “¿Qué es?”, preguntó ella, y Samuel respondió: “Es un Libro de Mormón que mi hermano José ha traducido de unas planchas que ha sacado de la tierra”. Le preguntó a su esposo, pero él no quiso comprarlo, y Samuel dejó un ejemplar hasta su regreso. Él tenía que venderlos para comprarnos provisiones. Quiero hablar de esto para que no se quejen de los tiempos difíciles. Entró en una casa y pidió el desayuno a cambio de un libro36. Volvió a casa de la hermana Green y ella dijo que tenía que devolverle el libro. Samuel lo tomó y la miró fijamente37. Más tarde ella me dijo que nunca había visto a un hombre mirar así; supo que tenía el Espíritu de Dios. Él respondió: “El Espíritu me prohíbe tomar este libro”. Ella se arrodilló y le pidió que orase con ella. Leyó el libro y se hizo mormona38. Y así comenzó la obra, y luego se propagó como la semilla de mostaza39.

Después de que la Iglesia comenzara a crecer, fuimos expulsados de un lugar a otro, a Kirtland y luego a Misuri40. William enfermó, y también la esposa de Samuel y otros 41, y durante la persecución del populacho yo cuidé de veinte o treinta personas enfermas42. Yo estaba bien de salud; podía cuidar de treinta enfermos entonces mejor de lo que puedo sentarme en una silla ahora.

Mientras William yacía enfermo vio en una visión venir al populacho. Dijo que vio venir a miles y miles, y añadió: “Madre, usted será expulsada”, y continuó: “Si muero, quiero que cuide de mi esposa y que lleve mi cadáver adondequiera que vaya”. El populacho llegó el primer día que William estuvo en condiciones de caminar hasta la puerta. Diez de ellos entraron en mi habitación después de llevarse a ​José y a Hyrum a su campamento43. Había miles azuzando y chirriando en mis oídos. ¿Cómo creen que me sentí? ¿No sienten compasión por mí?

Mientras estuvieron en el campamento no pude verlos, y ahora mis hijos están muertos. Vinieron diez hombres y dijeron: “Hemos venido a matar al cabeza de familia”. “¿Quieren matarme?”, repliqué yo, y ellos asintieron. Les dije: “Quiero que hagan rápido su trabajo, porque entonces seré feliz”44. Luego dijeron: “Maldita sea; estos mormones están tan dispuestos a morir como a vivir”. Luego procesaron a José y a Hyrum y los sentenciaron a ser fusilados en quince minutos. Un hombre entró y dijo: “Mamá Smith, si quiere volver a ver a José debe ir ahora, porque lo van a fusilar en el condado de Jackson”45. Me tomó de la mano y nos costó muchísimo pasar entre la muchedumbre hasta llegar al carromato.

Los hombres alzaron sus espadas y juraron que no los vería. Por fin llegué al carromato y extendí mi mano. Él la agarró y la besó. Yo dije: “José, déjame escuchar tu voz una vez más”. Replicó él: “Dios la bendiga, mi pobre madre”. Se los llevaron atados y esposados46. Todo ese tiempo mi hijo William y su esposa estuvieron enfermos47. La esposa de Samuel y otras personas estaban enfermas, y yo estaba al cuidado de todos48. Después de eso tuvimos que irnos.

Luego José fue a la ciudad de Washington49. Durante tres días llovió a raudales, pero tuvimos que viajar y no teníamos nada para cobijarnos. Caminé diez kilómetros (seis millas) por el fondo del río. Tenía la ropa tan empapada que apenas podía caminar, y cuando llegamos al río Quincy nevó y llovió y granizó50. Hicimos nuestra cama sobre la nieve helada y nos cubrimos con una cobija; nos quitamos los calcetines empapados e hicimos lo mejor que pudimos. Por la mañana, la cobija estaba congelada. No pudimos hacer fuego a causa de la nieve51. Entonces José fue a la ciudad de Washington, ya que se le había revelado que había de apelar personalmente al gobernador y al presidente, y el Señor dijo que, si no prestaban atención a su causa, Él afligiría al país52. Cuando llegó a casa, predicó entre la casa del señor Durfee y la Mansión. Dijo a los hermanos y a las hermanas que había hecho todo lo posible por ellos: “Están resueltos a no hacernos justicia mientras permanezcamos en Nauvoo”53. Pero dijo: “Mantengan el buen ánimo. Nunca les faltará el pan como sucedió en el pasado”; y prosiguió: “Todos estos casos se registran en la tierra, y lo que se registra aquí, se registra en los cielos54. Ahora bien”, dijo, “expondré este caso de expropiación a la que hemos sido sometidos, etc. Voy a llevarlo ante el más alto tribunal de los cielos”. Lo repitió tres veces. Yo ni imaginaba que nos dejaría tan pronto para llevar ese caso a los cielos. Nunca se nos hubiera podido hacer justicia hasta que él lo llevara allí.

El Señor tiene incluso al jefe de policía allá55. Ellos conocen todos nuestros padecimientos, ¿y creen que nuestro caso no está siendo juzgado? Creo que harán más por nosotros allí de lo que podrían hacer si estuvieran aquí. Siento que si cada alma se quedara en casa, serían bendecidos. Siento como si Dios estuviera afligiendo al país, un poco aquí y ​allí, y siento que el Señor dejará que el hermano Brigham se lleve a este pueblo de aquí. No sé si yo iré, pero si el resto de mi familia va, yo iré, y ruego que el Señor bendiga a los líderes de la Iglesia, al hermano Brigham y a todos ustedes, y cuando yo salga de este mundo deseo encontrarlos a todos. Aquí yacen mis muertos, mi esposo y mis hijos56. Quiero que mis huesos descansen aquí, para que en la resurrección pueda levantarme con mi esposo y mis hijos, si es que mis hijos se van. Y suplico a Dios que todos mis hijos se marchen. Ellos no se irán sin mí, y si yo me voy deseo que mis huesos sean traídos de vuelta para que reposen con mi esposo e hijos57.

Lucy Mack Smith, Conferencia General, 8 de octubre de 1845, Nauvoo, Illinois, Historian’s Office, General Church Minutes, 1839–1877, 6–8 de octubre de 1845, págs. 7–13, Biblioteca de Historia de la Iglesia (CHL, por sus siglas en inglés). Letra manuscrita de Curtis E. Bolton. Título proporcionado por los editores.

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Conforme al orden de los cielos

Conforme al orden de los cielos

Sarah Cleveland, Elizabeth Ann Whitney, Presendia Buell, Lucy Mack Smith, Elizabeth Durfee, Eliza R. Snow y Patty Sessions
Sociedad de Socorro de Nauvoo
Salón de la Logia, Tienda de Ladrillos Rojos, Nauvoo, Illinois 19 de abril de 1842

Una reunión especial de la sociedad convocada conforme a lo acordado con anterioridad; al no hallarse presente la presidenta Emma Smith, presidió la consejera Cleveland10.

La reunión comenzó con el canto de un himno. Oración por la consejera Cleveland. Número musical por el coro…

Luego se levantó la consejera Cleveland y tomó la palabra diciendo que, dado que la reunión había sido especialmente convocada para la admisión de la señora Buell, la cual por vivir lejos estaba privada de los privilegios que disfrutaban las hermanas en Nauvoo y deseaba convertirse en miembro de esta sociedad, no había muchos asuntos que atender, por lo que podríamos dedicar el tiempo a los ejercicios religiosos ante el Señor. Habló de la felicidad que sentía en la actual asociación de mujeres, e hizo observaciones muy apropiadas en cuanto a los deberes y las posibilidades de la sociedad, que había sido organizada conforme al orden de los cielos, etc., etc.11.

La consejera Whitney hizo también muchos comentarios interesantes e invitó a todas las presentes a compartir libremente sus sentimientos.

La señora Buell se levantó y dijo que se regocijaba en la oportunidad, la cual consideraba un gran privilegio. Sentía que el Espíritu del Señor estaba con la sociedad, y se alegraba de poder pertenecer a ella, aunque viviese a cierta distancia y no pudiese asistir a las reuniones.​

La tienda de ladrillos rojos de José Smith. Aproximadamente 1885–1886. La reunión fundacional de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo tuvo lugar en el segundo piso de esta tienda de artículos varios el 17 de marzo de 1842. La tienda de ladrillos rojos se convirtió en un lugar en donde las mujeres se reunían y compartían necesidades, preocupaciones y su ministerio espiritual. Fotografía tomada u obtenida por Brigham H. Roberts. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

​Mamá Smith habló muy lastimosamente de su solitaria situación, y de los sentimientos que tenía al reflexionar en el cariño que Papá Smith siempre sintió por las hermanas cuando presidía en vida las reuniones12.

La señora Durfee testificó de la gran bendición que le fue administrada por la presidenta E. Smith y las consejeras Cleveland y Whitney tras la conclusión de la reunión anterior13. Dijo que nunca recibió un beneficio mayor por medio de una bendición, que fue sanada y que pensaba que las hermanas tenían más fe que los hermanos.

La señorita Snow, después de hacer comentarios en relación a la sociedad, la importancia de obrar con prudencia y de caminar con humildad ante Dios, etc., dijo que tenía una bendición para la señora Buell: que, en vista de que había entrado a formar parte de esta sociedad, tal como el espíritu de una persona impregna a cada miembro del grupo, así estará con ella el Espíritu del Señor que impregna a esta sociedad. Ella lo sentirá y se regocijará. Será bendecida allá donde esté, el Señor abrirá el camino y ella será fundamental para hacer muchas cosas. A través de sus propios esfuerzos y por conducto de otras personas, ella tendrá la oportunidad de contribuir mucho a los fondos de la sociedad. Dará calor a los corazones de quienes se han enfriado y adormecido, y contribuirá decisivamente a hacer mucho bien.

La señora Leonard, la consejera W. y la consejera C. dieron testimonio de la verdad de lo que la señorita Snow le había dicho a la señora Buell.

La consejera Cleveland declaró que muchas veces había sentido en su corazón lo que no podía expresar con palabras, y dado que el Profeta nos había dado libertad para aumentar los dones del Evangelio en nuestras reuniones, y sintiendo que el poder descendía sobre ella, deseaba hablar con el don de lenguas, lo cual hizo de manera poderosa14.

La señora Sessions se levantó e interpretó las palabras que la consejera C. había hablado en una lengua desconocida, y dijo que Dios estaba bien complacido con esta sociedad, que si éramos humildes y fieles el Señor derramaría en general el don de profecía sobre sus miembros. Que cuando la oradora pusiera su mano sobre la cabeza de la hermana Snow, dijo que no solo tendría el Espíritu, sino que todas lo tendrían también. Que luego la oradora se dirigió personalmente a Mamá Smith diciendo que las oraciones de Papá Smith eran ahora contestadas sobre los miembros de la sociedad. Que los días de Mamá Smith serían prolongados y se reuniría muchas veces con la sociedad, disfrutaría mucho de su asociación con las hermanas, y en el más allá sería coronada como madre de quienes demuestren ser fieles, etc.15.

La reunión fue muy interesante, casi todas las hermanas presentes se levantaron y hablaron, y el Espíritu del Señor, como un riachuelo purificador, reconfortó cada corazón.

La señora Mary Smith recomendó a Elizabeth Eaton al patronato de la sociedad, al ser ella una hábil costurera.

​La reunión concluyó con una oración ofrecida por Mamá Smith y el canto del coro, después de lo cual las consejeras Cleveland y Whitney le dieron a la señora Leonard una bendición de salud.

Nauvoo Relief Society Minute Book, 19 de abril de 1842, págs. 30–33, en Jill Mulvay Derr, Carol Cornwall Madsen, Kate Holbrook y Matthew J. Grow, editores, The First Fifty Years of Relief Society: Key Documents in Latter-day Saint Women’s History, Salt Lake City: Church Historian’s Press, 2016, págs. 49–52. Letra manuscrita de Eliza R. Snow. Título proporcionado por los editores.

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