Con la mira hacia el templo

Con la mira hacia el Templo

Por el élder John A. Widtsoe (1872–1952)
Del Quórum de los Doce Apóstoles

John A. Widtsoe, hijo de John A. y Anna K. Gaarden Widtsoe, nació en la Isla de Frøya, Noruega, en 1872. Se casó con Leah E. Dunford en el Templo de Salt Lake el 1 de junio de 1898. Antes de ser ordenado apóstol el 17 de marzo de 1921, gozó de renombre como científico, educador, autor y académico, y prestó servicio en calidad de presidente del Colegio Universitario de Agricultura de Utah así como de la Universidad de Utah. El élder Widtsoe, un prolífico autor de libros sobre la historia y la doctrina de la Iglesia, falleció en Salt Lake City, Utah, a los 80 años de edad. El presente artículo apareció por primera vez en la edición de octubre de 1962 de la revista en inglés Improvement Era. Se han actualizado el uso de las mayúsculas, la división de párrafos y la puntuación; las cursivas se preservan como en el original.

El templo es una casa u hogar del Señor. En caso de que el Señor visitara la tierra, vendría a Su templo. Somos de la familia del Señor; somos Sus hijos engendrados en la vida preexistente [premortal], por lo cual, así como un padre y una madre terrenales juntan a su familia en el hogar, los miembros dignos de la familia del Señor pueden congregarse, como lo hacemos nosotros, en la casa del Señor.

El templo es un lugar de instrucción. Aquí se hace un repaso de los principios del Evangelio y se revelan las verdades profundas del reino de Dios. Si entramos al templo con el debido espíritu y prestamos atención, salimos enriquecidos con el conocimiento y la sabiduría del Evangelio.

El templo es un lugar de paz. Aquí podemos dejar a un lado las inquietudes y preocupaciones del turbulento mundo exterior. En este lugar nuestra mente se ha de concentrar en las realidades espirituales, ya que en él sólo nos ocupamos de las cosas del espíritu.

El templo es un lugar de convenios, los cuales nos ayudarán a vivir en rectitud. Aquí declaramos que obedeceremos las leyes de Dios y prometemos usar el valioso conocimiento del Evangelio para bendición nuestra y para el bien del hombre. Las sencillas ceremonias nos permiten salir del templo con la firme resolución de llevar vidas dignas de los dones del Evangelio.

El templo es un lugar de bendiciones. Aquí se nos hacen promesas cuyo cumplimiento depende únicamente de nuestra fidelidad y las cuales se extienden desde el tiempo hasta la eternidad. Esas promesas nos servirán para entender la cercanía de nuestros padres celestiales. Es así que el poder del sacerdocio se nos otorga en nuevas y grandes medidas.

El templo es un lugar en el que se presentan ceremonias correspondientes a la divinidad. En ese lugar se esclarecen los grandes misterios de la vida, con las interrogantes del hombre a las que no ha recibido respuesta: (1) ¿De dónde vine? (2) ¿Por qué estoy aquí? (3) ¿A dónde voy después de esta vida? Allí, las necesidades del espíritu, de las cuales se desprende todo lo demás en la vida, se consideran sumamente importantes. Seguir leyendo

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El estar preparados espiritualmente

El estar preparados espiritualmente
El consejo de nuestro Profeta

Por el presidente Thomas S. Monson

“En nuestra búsqueda para llegar a ser lo mejor de nosotros mismos, hay varias preguntas que podrían guiarnos: ¿Soy lo que quiero ser? ¿Estoy hoy más cerca del Salvador que ayer? ¿Estaré aún más cerca de Él mañana? ¿Tengo el valor necesario para cambiar?”.

Un fundamento de fe

“Si no tenemos un cimiento profundo de fe ni un sólido testimonio de la verdad, tendremos dificultades para soportar las rigurosas tempestades y los vientos glaciales de la adversidad que inevitablemente nos sobrevienen a cada uno de nosotros.

“La vida terrenal es un periodo de prueba, el tiempo para probar que somos dignos de volver a la presencia de nuestro Padre Celestial. A fin de ser probados, debemos hacer frente a problemas y dificultades. Éstos podrán derribarnos y la superficie de nuestra alma podrá agrietarse y desmoronarse si nuestro cimiento de fe y nuestro testimonio de la verdad no están firme y profundamente establecidos en nuestro interior”1.

Aprendan las lecciones del pasado

“En nuestra búsqueda para llegar a ser lo mejor de nosotros mismos, hay varias preguntas que podrían guiarnos: ¿Soy lo que quiero ser? ¿Estoy hoy más cerca del Salvador que ayer? ¿Estaré aún más cerca de Él mañana? ¿Tengo el valor necesario para cambiar? …

“Los años han pasado, pero la necesidad de un testimonio del Evangelio continúa siendo esencial. A medida que seguimos adelante hacia el futuro, no debemos descuidar las lecciones del pasado”2.

Tu propia Liahona

“La bendición patriarcal es para aquel que la recibe y ningún otro. Tal vez sea breve o extensa, sencilla o profunda. No es ni su extensión ni su complejidad lo que caracteriza a una bendición patriarcal, sino que es el Espíritu el que transmite su verdadero significado. La bendición de ustedes no es para doblarla con cuidado y archivarla para siempre. No es para ponerla en un marco ni para publicarla. Más bien es para leerla. Es para amarla, y para seguirla. La bendición patriarcal es para ayudarnos a pasar la noche más negra. Les guiará a través de los peligros de la vida… La bendición patriarcal es una Liahona personal que nos traza el curso y nos muestra el camino… Seguir leyendo

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La familia: Una proclamación para el mundo

 La familia: Una proclamación para el mundo

• La felicidad en la vida familiar tiene más posibilidades de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes.”

Nuestras asignaciones más importantes y poderosas están en la familia; son importantes porque la familia tiene la oportunidad, al comienzo de la vida de un niño, de poner sus pies firmemente en el sendero de regreso al hogar”. — Ayúdenlos en el camino de regreso al hogar. Henry B. Eyring

“El progreso individual se fomenta en la familia, la cual ‘es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos’”.

“Cerca del fin de sus días, un padre reflexionaba en cómo había empleado su tiempo. Siendo un aclamado y respetado autor de numerosas obras de erudición, dijo: ‘Desearía haber escrito un libro menos y haber llevado a mis hijos de pesca un poco más a menudo’. El tiempo pasa fugazmente. Muchos padres dicen que fue ayer cuando sus hijos nacieron. Ahora esos hijos han crecido; quizás tengan sus propios hijos. ‘¿A dónde se fueron los años?’, se preguntan. No podemos reclamar el tiempo pasado, no podemos detener el tiempo actual y no podemos vivir el futuro en el presente. El tiempo es un don, un tesoro que no podemos hacer a un lado para el mañana, sino para usarlo sabiamente hoy”.

• Cómo edificar una familia de fe

La fe en nuestra familia comienza teniendo confianza en nuestro Padre Celestial y Sus promesas. Seguimos adelante, a pesar de los desafíos, nunca dándonos por vencidos, ni nosotros mismos ni con nuestros hijos. Enseñamos a nuestra familia a tener fe en Cristo al vivir lo que sabemos que es verdad. Nuestros hijos aprenden las lecciones más poderosas por medio de nuestra fidelidad.

“El temor es lo opuesto a la fe. Nosotros avanzamos seguros de que el Señor nos cuidará, especialmente dentro de la familia”. — El poder del sacerdocio. Boyd K. Packer Seguir leyendo

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Un millar de hebras de amor

Un millar de hebras de amor

Por el Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Sin duda, no hay labor más importante en este mundo que la de preparar a nuestros hijos para ser temerosos de Dios, felices, honrados y productivos.

El ser padres es la responsabilidad más grande del mundo. De hecho, a este respecto hay casi tantas opiniones como padres. No obstante, son pocos los que afirman saberlo todo y, ciertamente, yo no me cuento entre ellos.

Creo que hoy en día hay entre nosotros más jóvenes y jovencitas excepcionales que en cualquier otra época de mi vida. De ello se deduce que la mayoría de esos jóvenes excelentes procede de buenos hogares y tiene padres dedicados y abnegados. Sin embargo, aun los padres más responsables creen que quizás hayan cometido algunos errores. Recuerdo una ocasión en la que cometí una imprudencia y mi madre exclamó: “¿En qué fallé?”.

El Señor dijo: “…[criad] a vuestros hijos en la luz y la verdad”1. Para mí, ésa es la labor humana más importante. Ser padre o madre no sólo es una gran responsabilidad, sino un llamamiento divino, una obra que requiere consagración. El presidente David O. McKay (1873–1970) dijo que el ser padres es la responsabilidad “más grande que pueda depositarse en el ser humano”2.

Un gran reto

No obstante que pocos de los retos que tiene el hombre son más grandes que el de ser buenos padres, pocas son las oportunidades que ofrecen una mayor probabilidad de gozo. Sin duda no hay labor más importante en este mundo que la de preparar a nuestros hijos para que sean temerosos de Dios, felices, honrados y productivos. Los padres no encontrarán mayor felicidad que el lograr que sus hijos los honren a ellos y a sus enseñanzas; es la gloria de ser padres. Juan testificó: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad”3. Seguir leyendo

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Para trazar el derrotero de tu vida

Para trazar el derrotero de tu vida

por el élder Richard P. Lindsay
de los Setenta

Puedes emplear tu bendición patriarcal para guiarte durante toda tu vida.

Cuando mi padre murió de pulmonía, yo era un niño; a los pocos días, murió también mi hermano, que tenía catorce años. Era en los primeros años de la década de 1930, y los Estados Unidos se encontraban en medio de la Gran Depresión económica; era difícil encontrar trabajo y el dinero escaseaba. Mi madre era enfermera y tuvo que luchar duramente para poder mantenemos a los cinco hijos que le quedaban. La vida no era fácil para ninguno de nosotros, y muchas veces yo pensaba cómo iríamos a salir del paso.

No obstante, en esa época tan penosa sucedió algo que recuerdo tan claramente como si hubiera ocurrido ayer, algo que me hizo mirar hacia el futuro con valor y esperanza.

Aproximadamente un año después de la muerte de papá, vino a visitarnos uno de sus primos, de nombre Israel Bennion; pero aquélla no era la visita corriente de un familiar, sino que había venido en su calidad de patriarca de la estaca. Cada uno de los niños, bien lavado y vestido como si fuera a la Iglesia, esperó su turno para que aquel hombre de digna presencia le pusiera las manos sobre la cabeza y le diera su bendición patriarcal.

Yo no tenía más que siete años, una edad en la que no se comprende todo el significado de aquel acontecimiento. (Actualmente, la Iglesia aconseja a los jovencitos que esperen a ser un poco mayores para recibir la bendición patriarcal.) Sin embargo, tuve un profundo sentido de reverencia, la misma reverencia que sentía durante la reunión de ayuno y testimonios. Recuerdo que en sus instrucciones, aunque breves, me dijo que la bendición debía ser una guía para mí, un medio que me sirviera para trazar mi derrotero en la vida. Seguir leyendo

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“Fortalece tus estacas”

“Fortalece tus estacas”

por el presidente Ezra Taft Benson

La función de una estaca es unificar y perfeccionar a los miembros y ser un estandarte de rectitud, una defensa en contra del mal y un refugio de tormentas futuras.

El término estaca se usa como expresión simbólica. Imaginad una gran tienda de campaña sostenida por cuerdas, cada una de ellas atada a una estaca que se encuentra firmemente clavada en la tierra.

Los Profetas compararon a la Sión de los últimos días con una gran tienda que cubriera toda la tierra y que estuviera sostenida por cuerdas atadas a estacas. En nuestra época, por supuesto, las estacas son organizaciones locales que se encuentran en todo el mundo. En la actualidad, se está congregando a Israel en todas las estacas de Sión.

A fin de que comprendáis mejor el propósito de las estacas, os citaré algunos pasajes de las Escrituras:

“Y además, si hay padres que tienen hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñan a comprender la doctrina del arrepentimiento; de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente; del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres.

“Porque ésta será una ley para los habitantes de Sión, o en cualquiera de sus estacas que se hayan organizado” (D. y C. 68:25-26; cursiva agregada).

En esas palabras vemos uno de los principales propósitos de las estacas: se han organizado para ayudar a los padres “que tienen hijos en Sión” a enseñarles el Evangelio de Jesucristo y administrar las ordenanzas de la salvación. Se forman estacas con el objeto de perfeccionar a los santos, y esa evolución empieza en el hogar, con la enseñanza apropiada del evangelio.

El programa completo de la Iglesia para el beneficio de los miembros se autoriza sólo en las estacas ya organizadas. Ese programa comprende los quórumes del sacerdocio para los varones jóvenes y adultos, y las organizaciones auxiliares de la Iglesia, que existen para ayudar a los miembros, individualmente y en los grupos familiares, a forjar y fortalecer su testimonio del evangelio y a prepararse para progresar espiritualmente durante su probación terrenal. Seguir leyendo

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Una voz de perfecta suavidad

Una voz de perfecta suavidad

por el élder Marvin J. Ashton
del Consejo de los Doce
(Tomado de un discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young, Provo, Utah.)

Los Profetas a quienes he llegado a conocer bien han llamado y exhortado a la gente con una voz y un espíritu de perfecta suavidad. Agradezco a Dios el haberlos conocido.

Una de las grandes bendiciones de mi vida ha sido el haber tenido la oportunidad de trabajar hombro a hombro con Presidentes de la Iglesia. Entre otros de sus rasgos sobresalientes, he notado que son hombres humildes, de modales suaves, mansos, bondadosos y amables en su liderazgo y en sus relaciones con los demás. Las experiencias muy personales que he tenido con ellos me han hecho apreciar mejor el contenido de estas palabras del libro de Helamán:

“Y ocurrió que cuando oyeron esta voz, y percibieron que no era una voz de trueno, ni una voz de un gran ruido tumultuoso, más he aquí, era una voz: apacible de perfecta suavidad, cual si hubiese sido un susurro, y penetraba hasta el alma misma…” (Helamán 5:30; cursiva agregada.)

Os exhorto a que escuchéis a vuestros líderes, que cumplen su ministerio con voz apacible y palabras humildes. Lamentablemente, nos dejamos impresionar demasiado con lo sonoro, lo rimbombante y lo espectacular. A veces, los miembros de la Iglesia se desvían del camino hacia una vida plena, dejándose influir por lo sensacional y siguiendo voces falsas. En el afanoso mundo actual, a menudo pasamos por alto las apacibles exhortaciones de nuestros líderes y de aquellos que nos guían con palabras suaves.

Tuve el honor y el privilegio especiales de ser la última persona a quien el presidente David O. McKay llamó como Autoridad General antes de su muerte. Mientras conversaba con él en su apartamento, vi que era un anciano avanzado en años y muy frágil en cuanto a su condición física; tenía el cuerpo debilitado y hablaba con un hilo de voz, pronunciando las palabras con dificultad. Me senté junto a él y me quedé en silencio, esperando que me explicara el motivo por el cual me había citado. Al fin, con una voz apacible de perfecta suavidad, me dijo: “Quiero que me ayudes”. Esa fue la invitación que recibí, el llamamiento para ser Autoridad General, y fue una de las serenas e inolvidables experiencias que tuve con el presidente David O. McKay. Seguir leyendo

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Las claves para tener éxito en la obra misional

Las claves para tener éxito
en la Obra Misional

por el presidente Ezra Taft Benson
(Tomado de un discurso pronunciado por el presidente Benson ante los misioneros regulares.)
Liahona Abril 1991

No os preocupéis pensando si tendremos éxito o no; por supuesto que lo tendremos, sin duda alguna. El Señor nos ha enviado a la tierra en la época de la cosecha y El no espera que fracasemos; Él no ha llamado a nadie a esta obra para fracasar. Lo que espera es que tengamos éxito.

La Iglesia se encuentra actualmente en un período de crecimiento muy veloz. En realidad, muchos de los principales problemas que tenemos son precisamente el resultado de ese crecimiento, lo que también nos pone en una situación muy favorable ya que con la restauración del evangelio y el establecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el reino de Dios quedó instituido en la tierra, la grandiosa profecía de Daniel se está cumpliendo, y los que vivimos en la tierra en estos últimos días ciertamente vivimos en una de las épocas más emocionantes de la historia.

A partir de sus modestos comienzos en el año 1830, el reino de Dios se ha desarrollado a una velocidad asombrosa; desde ese comienzo con unos pocos miembros, la Iglesia ha crecido a paso acelerado.

Tenemos en la actualidad siete millones de miembros, que se encuentran en países del mundo entero, como prueba viviente de la veracidad de la profecía de Daniel.

La Iglesia no ha tenido nunca la oportunidad que tiene en el presente de dar a conocer el Evangelio, por tratarse de la organización religiosa que presenta más atractivos en el mundo. La opinión pública nunca le ha sido más favorable que en la actualidad y cada vez se nos conoce más por lo que somos que por lo que nuestros enemigos han dicho de nosotros. Seguir leyendo

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Revelación

Revelación

por el élder Harold B. Lee

Discurso dado por el élder Harold B. Lee ante una asamblea de alumnos de la Universidad de Brigham Young, el día 15 de octubre de 1952.


Como el Presidente Wilkinson ha anunciado, se me ha pedido hablarles un rato esta mañana sobre el tema “el principio de la revelación”. Me siento muy humilde y tengo necesidad de la dirección divina mientras les dirijo la palabra. Estoy abrumado al contemplar la multitud de caras por todos lados. Quisiera relatar tres historias para poder iluminar sus mentes tocante a este sujeto de la revelación.

Hace varios años recibimos la visita de un prominente ingeniero civil del este, el cual fué hospedado por un hombre de alta posición en la Iglesia. Cuando aquél había regresado a su casa, nuestro hermano de la Iglesia dijo: —¿Saben ustedes qué me dijo el ingeniero civil? Dijo, —Sabe que podría aceptar esta Iglesia. Me maravillo de las cosas que están haciendo, su magnífico sistema educacional, el plan de bienestar, la vida tan fina de las comunidades mor-monas, la limpieza de su vida social y las demás de sus virtudes. Y si no fuera por una de sus reclamaciones podría entregarme completamente a la vida de ustedes—. Nuestro hermano le preguntó, —¿Y cuál es la cosa que no puede aceptar?— Respondió el ingeniero, —Si quitaran de la Iglesia el principio de la revelación, podría ser yo miembro de ella—. Y luego nuestro hermano hizo una observación sorprendente. —¿Qué no debemos tomar en cuenta el parecer del ingeniero?

La segunda historia es una repetida muy a menudo por el hermano Widstoe, el cual, volviendo a casa después de haber oficiado en una conferencia de estaca, contaba una discusión que había tenido con unos de los oficiales de estaca. Uno del grupo le había preguntado, —Hermano Widstoe, ¿cuánto hace desde que la Iglesia recibió una revelación?— Estregando la barba pensativamente, el hermano Widstoe dijo, —A ver. El jueves pasado recibió una—. Los que le preguntaron se quedaron muy sorprendidos.

La tercera historia resulta de una discusión que tuve con un ilustre joven educador quien se perturbaba por causa de las palabras de los que dicen que las autoridades generales hablan la voluntad del Señor. Y para dar énfasis a lo que dijo, me platicó de una conversación que había tenido con un profesor de la universidad de Brigham Young. Discutían un discurso que fué dado por el presidente Clark, cuyo discurso se trató de las relaciones internacionales y tuvo por su título “Nuestra menguada soberanía”. Según el joven educador este profesor opinaba del discurso de la siguiente manera: —Por salir de los labios de uno de la primera presidencia, el discurso del presidente Clark es la voluntad del Señor, y si no lo acepta uno, no anda en armonía con él en este particular.

Pues, esto le había desagradado al educador, y él resistía la opinión del profesor. Me dijo, —¿Qué piensa de eso?— Yo contesté, —pues, recuerdo que el presidente Clark dijo por vía de introducción en sus observaciones esa noche, —Ahora, yo tengo toda la responsabilidad por lo que voy a decirles a ustedes esta noche. No estoy hablando por parte de nadie—. Y luego le dije que yo había tenido una entrevista con uno que estaba listo para ejercer su carrera de maestro de la Iglesia antes de que se fuera a uno de nuestros seminarios para enseñar, y que cuando le hablaba de su fe y su lealtad, él había dicho, —No concuerdo con todo lo que las autoridades generales dicen. Por ejemplo, no estoy de acuerdo con lo que dijo el presidente Clark en la universidad esa noche—. Me habría gustado decir a ese joven, —Pues, supongo que sería difícil que un pigmeo obtuviera el punto de vista de un gigante—. Pero no dije eso porque habría sido un poco áspero. En cambio, le dije, —Sabe usted que cuando he tenido la oportunidad de sentarme a los pies de un gran abogado internacional, un perito en su trabajo, gasto todos mis esfuerzos en escuchar en vez de hablar. Por mi parte, yo le prestaba toda mi atención al hermano Clark. No me encontraba en una posición para criticar. Seguir leyendo

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El pecado de la ingratitud

El pecado de la ingratitud

Por Joseph Fielding Smith
del concilio de los doce.
Liahona Junio 1953


He sido edificado por las palabras de mis hermanos durante las varias sesiones de esta conferencia. Hemos recibido instrucción, admonición, amonestación; nuestra atención ha sido llamada a nuestras faltas, y espero que todo sea recordado.

Es mi deseo, en los pocos minutos que tengo, añadir mi pequeña parte por testimonio, instrucción y consejo como el Señor me inspire a hablar. He tenido varios temas desde el principio de esta conferencia, pero siempre alguien se ha levantado y presentado esos temas. Por lo tanto, pensaba que quizá podría pensar de algo que ninguna otra persona pensaría, y quiero hablar esta tarde unos momentos sobre el pecado de la ingratitud, que yo considero ser el más prevaleciente de todos los pecados, porque todos somos culpables de ella; yo lo soy, ustedes lo son, la gente en todas partes sobre la faz de este mundo es culpable de este pecado en algún grado.

En una ocasión, leemos en las escrituras, un abogado joven vino al Salvador con una pregunta, tentándole y diciendo:

Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley?
Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.
Este es el primero y el grande mandamiento.
Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:36-40).

Si observamos la primera ley, seguirá naturalmente la segunda, y de hecho, como el Salvador lo señaló, no seremos culpables de no observar la ley y los profetas en otra cosa alguna.

Jesucristo vino a este mundo con una misión definida como el Salvador del hombre y el Redentor del mundo. Cuando Nicodemo vino al Salvador, preguntando, vino en la noche porque tenía miedo a los judíos, pero creyendo en Jesucristo, le hizo unas preguntas y el Salvador le dió unas instrucciones definidas acerca del bautismo por agua y el espíritu, y en el curso de la conversación que siguió, el Salvador dijo esto: Seguir leyendo

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La Influencia de una Madre

La Influencia de una Madre

por Joseph L. Wirthlin
del Obispado General
Liahona Mayo 1951

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?
por qué su valor sobrepasa grandemente al de las piedras preciosas.
El corazón de su marido está en ella confiado. . .
Se levantan sus hijos y  la llaman bienaventurada;
y su marido también la alaba. —Proverbios 31:10-11, 28.

Cada hombre que ha hecho un logro meritorio en la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo o en cualquier otra cosa, ha sido incitado a hacer lo bueno, a ser enérgico, y lograr su ambición por su madre o esposa.

Presidenta Spafford y hermanas, estimo ser un gran honor participar con ustedes en esta sesión de su gran conferencia.

Veo sus caras y ¿qué es lo que veo? Veo lo mejor de la maternidad. Ustedes representan lo mejor en la vida, porque viven el evangelio del Señor Jesucristo, y en esta gran Sociedad de Socorro de la cual son miembros, dan servicio semejante al de Cristo, cuidando a los que están en dolor o angustia. También son responsables por el desarrollo cultural y espiritual de las madres de Israel, y no sé de ninguna otra obra que es más importante.

Al pensar de ustedes esta mañana, las palabras del antiguo autor de los Proverbios vinieron a mi mente. El escribió:

Mujer fuerte, ¿Quién la hallará?
Porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas.
El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida.
Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos.
Es como nave de mercader trae su pan de lejos.
Se levanta siendo aun de noche y da comida a su familia, y tarea a sus criadas.
Considera un campo y lo compra;  y planta viña del fruto de sus manos. . .
Abrió su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua.
Considera la marcha de su casa, y no come el pan de balde.
Se levantan sus hijos y llama bienaventurada; y su marido también la alaba. (Proverbios 31:10-16, 26-28).

Estoy seguro que estas palabras son muy aplicables a todas ustedes. La unidad de más importancia en la Iglesia y en la nación es el hogar, y ustedes son las que velan sobre el hogar. Seguir leyendo

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Eternidad de los lazos familiares

Eternidad de los lazos familiares

por Joseph Fielding Smith

(Discurso pronunciado por radio el do­mingo 3 de diciembre de 1944 por la es­tación KSL de Salt Lake City).

El matrimonio fue instituido por el Señor para que se prolongase eter­namente. De la misma manera, como es natural, esto es respecto a la fami­lia. El plan dado en el Evangelio para el gobierno del hombre en la tierra es típico de la ley celestial. Me parece imposible imaginarme un estado de tristeza mayor que el de ser dejado en el mundo eterno sin poder recla­mar al padre y a la madre, esposa e hijos. Debe ser horrible ver a aque­llos que viven en unidad de familia donde prevalece el gozo, la paz y la unidad, y pensar que en la vida eter­na, esa sociedad será quebrantada y disuelta y los miembros forzados a vivir su eternidad fuera de ese círcu­lo familiar como extraños unos con otros; cuando menos con todos los sentimientos más finos que estimu­lan y unen a los miembros de la fami­lia, totalmente destruidos y los miem­bros estando en el mismo nivel como ahora consideran a sus amigos y des­conocidos. ¿Podría llamárseles “cielos” a tal condición? ¿Es razonable el creer que cuando el padre y la ma­dre al encontrarse, si son dignos de la salvación, deben encontrarse el uno al otro con el mismo sentimien­to con el cual se encuentran con aque­llos que les son desconocidos en la tierra? ¿Es razonable creer que no continuará en los corazones y senti­mientos de los padres y las madres, el mismo afecto y amor mutuo que cultivaron aquí, y que no continuará el mismo estado entre ellos y sus hi­jos? Para los Santos de los Últimos Días, tales pensamientos son contra­rios, fuera de pensarse, sin ningún semblante de misericordia, amor o justicia. Para ellos, un lugar tal co­mo este no puede ser “los cielos”.

El reino de Dios un gobierno

El reino de Dios es un gobierno. Es gobernado por oficiales debida­mente nombrados. Tiene un Rey que guarda el mando supremo; que go­bierna en misericordia y justicia. Es­tá escrito acerca de Él, “Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fide­lidad ceñidor de sus riñones.” “Él es el Señor Omnipotente”; “El Dios de las Huestes”, cuyo centro es la recti­tud y la verdad y cuyo dominio es eterno. Pero no gobierna solo. Él ha nombrado oficiales a los cuales ha dado autoridad para gobernar y rei­nar. De estos oficiales que han sido nombrados para tomar posiciones im­portantes, el Rey ha dicho que ellos se sentarán en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Habrá en este reino, Sacerdotes y reyes “hacia Dios y su Padre”, y así está escrito, y “ellos reinarán para siempre”.

En este mundo la familia es la uni­dad que forma el gobierno. Destrúyase a la familia y perecerá el go­bierno. Debe ser que en el gobierno de los cielos, siendo manejado por oficiales comisionados y sujetos a le­yes eternas, también debe existir la familia en unidad para que forme ese gobierno, igualmente deben ha­ber comunidades, ciudades y estados, porque la tierra es típica de los cie­los donde todas las cosas están orde­nadas. ¿Cómo podría haber una ley y orden con la familia destruida? Pensar en tal cosa en este mundo co­mo un gobierno progresivo, sin fa­milia, está más allá del dominio de la razón. Las leyes que gobiernan en el reino de Dios son leyes naturales, pues todas las leyes de la naturaleza son leyes de Dios. Un gobierno compuesto de individuos, sin obligacio­nes familiares no es ni será el plan del Señor. Los individuos, a la vista del Señor no son controlados por el estado. Seguir leyendo

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La Maternidad

La Maternidad

Por el presidente David O. McKay

 (El siguiente discurso fué pronuncia­do el Día de las Madres, en tributo a la maternidad, el 14 de mayo de 1944 por el presidente David O. McKay en la Escuela Dominical del Barrio Vein­tiséis (Pioneer Stake).


“Dice a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dice al discípulo: He ahí tu madre”. (Juan 19:26-27).

Mis hermanos y hermanas:

Este es un servicio muy impresio­nante, y particularmente se debe a la presencia de tantas madres, a su contribución personal en el progra­ma. Ustedes estarán de acuerdo con­migo que cada número ha sido no so­lamente apropiado sino eficiente — los discursos, los cantos, la música sacramental, y la Santa Cena misma, administrada tan idealmente por los presbíteros y diáconos.

La hora sacramental es un lapso de contemplación, en el que hacemos convenios. Debemos llevar en men­te el sacrificio que ofreció el Salva­dor, y lo sucedido en Getsemaní cuando introdujo el sacramento en La Ultima Cena. La Santa Cena no es la Cena del Señor. Los apóstoles habían participado de las pascuas antes que el Señor hubiera instituido la Santa Cena. Nosotros tenemos el privilegio de participar ahora en la misma forma que lo hicieron los On­ce cuando Cristo lo instituyó una no­che antes de ir a Getsemaní.

Deseo llamarles la atención esta mañana a los principios de un hogar ideal como fue proyectado durante la vida de Cristo. Sabemos poco acer­ca de la vida hogareña de Jesús, y nunca la he asociado con el Día de las Madres; pero creo que el Salva­dor nos da un mensaje con respeto al Día de las Madres como lo hace en cada otra fase de nuestra vida.

Un artista conocido, una vez gravó un impresionante cuadro de María, que la presentaba hincada al lado de una cuna acariciando amorosamente en sus manos la mano suave de su niño dormido.

Las lágrimas se asoman a sus ojos y ruedan por sus mejillas mientras ella, adivinando el futuro, ve la gran responsabilidad que su querido ha de asumir y el enorme sacrificio que ha de hacer cuando haya llegado a ser hombre. En la parte inferior del cuadro existe la siguiente referencia: Seguir leyendo

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Una característica distintiva de la Iglesia verdadera y viviente del Señor

Una característica distintiva de la Iglesia verdadera y viviente del Señor

Élder Patrick Kearon
De la Presidencia de los Setenta
Una velada con el élder Patrick Kearon
Devocional mundial para jóvenes adultos • 6 de mayo de 2018 • Universidad Brigham Young–Centro Idaho

Con la participación del Élder Patrick Kearon de la Presidencia de los Setenta y la hna. Kearon

Tu valor infinito y el amor infinito de Dios

Hermana Jennifer Kearon

Gracias al coro por ese bello himno en alabanza a nuestro Creador.

Es una delicia y privilegio absolutos estar con ustedes en este devocional. Disfrutamos de cada oportunidad de estar con los jóvenes adultos de la Iglesia. Los amamos. Qué emoción ser participantes activos con ustedes en un período tan vibrante en la restauración continua del evangelio de Jesucristo.

Jóvenes o mayores, a todos nos gustan los cuentos de hadas, en especial cuando es una historia de amor. Tengo que decir que nuestra historia de amor fue hermosa y un cuento de hadas totalmente inesperado. Crecí en California; mi esposo en Inglaterra y Arabia Saudita. Me crié en la Iglesia desde que nací; mi esposo se convirtió a la Iglesia a mediados de sus veinte. Se nos unió desde dos continentes separados en la gran ciudad de Londres. Él había sido miembro de la Iglesia por dos años y estaba asistiendo al barrio de adultos solteros en Londres, mientras yo llegué para pasar seis meses estudiando historia del arte y literatura inglesa. Nunca tuve la intención, ni esperaba, enamorarme perdidamente mientras estudiaba en el Reino Unido, pero la vida puede tener vueltas impredecibles y magníficas.

Estoy tan agradecida de que el Señor nos guio el uno al otro. Nos casamos en el Templo de Oakland, California, y me mudé directo a Inglaterra donde vivimos por los siguientes 19 años, hasta el momento del llamamiento de mi esposo como Autoridad General en 2010.

Hemos sido bendecimos con cuatro hijos. Perdimos a nuestro hijo mayor, un varón, durante una cirugía de corazón cuando tenía 19 días de nacido. Su defecto en el corazón se descubrió durante mi embarazo y nuestra lucha firme por su corta vida nos enseñó de milagros, de la voluntad de Dios y de la realidad íntima y personal de la expiación y resurrección de Jesucristo.

A nuestro dulce hijo le siguieron nuestras tres preciadas hijas, a quienes adoramos, respetamos y aprendemos de ellas cada día. Son tesoros para nosotros. Con una fe poco común, han estado dispuestas a mudarse —todas ellas adolescentes— de su hogar en Inglaterra a Utah, a Alemania y ahora de vuelta a Utah, mientras su padre ha sido asignado a servir en varias posiciones en la Iglesia.

Tu valor infinito y el amor infinito de Dios

Ahora, ¿hay cosas que realmente no les gustaban de niños que ahora aman de adultos? ¿Qué tal la hora de la siesta? Apuesto a que nunca quisieron tomar siestas cuando eran niños. ¡Yo no quería! ¡Pero ahora la oportunidad de dormir un poco más es un lujo! Me encanta la hora de la siesta. Bien, ¿y respecto al brócoli u otra comida que no les gustaba de niños? Bien, ¿les gusta ahora?

Sin importar cómo se sientan respecto a la siesta o al brócoli, hay cosas que no les gustaba de niños —muchas de ellas— que aún no les gusta de adultos. Nunca nos gustó caernos y lastimarnos las rodillas. Nunca nos gustó intentar entrar en un equipo deportivo y no lograrlo. Nunca nos gustó que se metieran con nosotros, se burlaran, nos dejaran de lado o deliberadamente alguien nos hiriera. Y aún no nos gusta.

Recuerdo en la escuela primaria que me iba muy bien en el salón de clases, pero era bailarina y un fracaso total en el área deportiva. Podía hacer una pirueta, pero no podía pasar —ni tirar, ni lanzar, ni patear, ni atrapar, ni batear. Algunos niños me ponían apodos y se burlaban de mis brazos delgados. Sí, tenía brazos delgados, es verdad, pero ¡todavía duele! Recuerdo con claridad que si elegíamos a nuestros propios equipos para alguna clase de competencia académica, mis compañeros me escogían entre los primeros. Pero si alguna vez elegíamos equipos para una competencia atlética, siempre me escogían de última. ¡Se sentía horrible!

Ahora, ¿por qué comparto esto con ustedes, varias décadas después de los hechos? Porque, como pueden ver, ese tipo de cosas se queda con nosotros. Recordamos cómo se sentía el ser rechazado, no querido o desaprobado por nuestros compañeros y quizás, trágicamente, por nuestros familiares. Y eso no cambia solo porque crecemos y nos hacemos adultos. Quizás ayer mismo se sintieron así. Compañeros, padres, hermanos, cónyuges, maestros, colegas de trabajo, amigos, pueden decir y hacer cosas que nos lastiman profundamente. A menudo, sin intención, pero a veces, puede ser a propósito. Y, de vez en cuando, tomamos represalia.

Aprender a encontrar, sentir y comprender nuestro valor personal sin importar lo que otras personas quizás piensen o digan sobre nosotros es crítico para nuestro bienestar espiritual y emocional de toda la vida. Cuando permitimos que las palabras, acciones u opiniones de los demás dicten cómo nos sentimos, nos convertimos en víctimas frágiles, sin saber cuándo la aprobación de alguien hacia nosotros se tornará en desprecio.

Igualmente, si basamos nuestro valor solo en nuestros logros, desempeño o dones percibidos visualmente, nos predisponemos al fracaso y a la decepción cuando no estamos a la altura o no destacamos.

Saben esto, pero aquellos de ustedes que luchan con eso deben escucharlo a menudo y que se les asegure su infinito valor, que está desconectado de sus logros, pero muy vinculado a su relación con Dios. ¿Qué significa infinito? Ilimitado, inagotable, sin fin. Cada uno de ustedes tiene valor ilimitado, inagotable y sin fin. ¿Para quién? ¿Para la persona que metafóricamente les pone apodos en el parque? No. Son de valor ilimitado, inagotable y sin fin para su Padre Celestial, el Único que los conoce mejor, sin importar lo que alguien más pueda pensar o decir de ustedes. Solo dejen que la belleza y quietud de esa verdad pese sobre su alma por un momento. Ustedes son “ante [Sus] ojos… de gran estima”1.

Cuando alguien los hiere o experimentan un fracaso de algún tipo, vayan a donde nunca son rechazados o ridiculizados. Su Padre Celestial los ama, sea quienes sean, con lo que sea que estén luchando. Son lo suficiente; son lo suficiente. Los ama simplemente de la manera que son, aquí, ahora, con su hermosa complejidad. Pero también los ama lo suficiente como no para dejarlos que sigan de la manera que son aquí y ahora. ¡Él tiene planes mucho más grandes para ustedes! Ustedes son “herederos de Dios, y coherederos con Cristo”2 y entonces deben continuar aprendiendo a guardar los mandamientos, cometer errores, crecer, luchar y cambiar, hasta que lleguen a su potencial divino, refinado y purificado —y algún día eterno perfeccionados— mediante la gracia de Cristo3.

Si trazáramos el diseño de nuestra vida, probablemente planearíamos una vida de felicidad, éxito y relativa facilidad, quizás con nociones de dificultades leves para que podamos superarlas sin mucho esfuerzo. ¿Quién quiere experimentar fracasos, luchas o cualquier tipo de pérdida o sufrimiento? ¿Quién quiere hacer cosas difíciles? Si viviéramos la clase de vida que quisiéramos, siempre nos aceptarían en las mejores universidades o en las de postgrado, tendríamos el trabajo soñado y nos casaríamos con nuestra alma gemela perfecta, con quien nunca tendríamos una discusión. Nunca tendríamos que luchar con un llamamiento de la Iglesia, nuestros seres queridos permanecerían convertidos en cuerpo y alma al evangelio de Jesucristo y con quienes compartiéramos nuestra fe serían bautizados en una semana. Nuestras madres no tendrían cáncer, nuestros padres no nos dejarían y nuestros hermanos no morirían jóvenes en accidentes trágicos. No perderíamos bebés en operaciones de corazón y nunca tendríamos que esperar el tiempo del Señor. Ustedes me entienden. Pero tampoco desarrollaríamos grados significativos de paciencia, compasión, humildad, longanimidad, bondad amorosa, perseverancia, disciplina, generosidad o fe, esperanza y caridad. Volveríamos a nuestro Padre Celestial más o menos en el mismo estado que estuvimos cuando dejamos Su presencia, porque no habríamos experimentado nada que requiriera cambio o nuestro crecimiento completo y total dependencia en Dios.

Pero no estamos viviendo vidas tranquilas, diseñadas por nosotros. Estamos viviendo la vida que Dios ha planeado para nuestro gozo y progreso máximos. Así que tengan confianza de que el amor infinito y tierno de Dios los invitará a hacer los cambios en su vida mediante las experiencias que lleguen a su camino, tanto dulces como amargas. Pero Él siempre invita al cambio de una manera amorosa, alentadora y confirmadora. No escuchen las voces en su cabeza —que quizás estén ahí desde su infancia— que les dicen que no pueden cambiar, que no son lo suficientemente buenos y que incluso fallarán otra vez. Escuchen solo los susurros del Espíritu Santo y “la agradable palabra de Dios… que sana el alma herida”4 que confirma su valor infinito y el consuelo amoroso de Dios de que pueden hacerlo.

Cuando estén cansados de la vida y sientan que no pueden ver que viene algo bueno de todos sus esfuerzos de vivir con rectitud, no renuncien. No comprometan sus sueños y metas. Aumenten su fe de que siempre vale la pena esperar por el tiempo del Señor.

Y cuando cosas terribles, dolorosas y trágicas pasen en su vida, y ustedes verdaderamente no sepan cómo sobrevivirán el camino a través su propio Getsemaní personal, recuerden que Cristo, el Ungido, ya ha soportado sus aflicciones y sufrió sus dolores5. Ha sido molido por sus iniquidades y por Sus heridas son sanados6. Él conoce, íntima y personalmente, el dolor que padecen. Él es el Primogénito del Padre y Él ha padecido primero sus sufrimientos en su totalidad, ya sean mentales, físicos, emocionales o espirituales. Nunca duden de Sus prometas de esperanza y sanación. Han sido creados para tener una existencia gozosa y abundante. Su valor es infinito y también el amor de Dios por ustedes.

Conclusión

Me entusiasma que escuchen a mi esposo. Quiero que sepan —sin importar su edad o etapa en la vida, si salen en citas o están casados— que este hombre que amo profundamente ha sido infinitamente amable conmigo durante 27 años de matrimonio. Él nunca, nunca, me ha hecho sentir pequeña o no querida, y nunca ha hecho una broma a mis expensas. Espero que puedan aprender de eso.

Deseo expresar mi fe viviente en el Cristo Viviente, quien en verdad “es la luz, la vida y la esperanza del mundo. Su camino es el sendero que lleva a la felicidad en esta vida y a la vida eterna en el mundo venidero”7. Esta es Su Iglesia guiada por Su profeta.

En el nombre sagrado y salvador de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Isaías 43:4.
  2. Romanos 8:17.
  3. Véase Moroni 10:32.
  4. Jacob 2:8.
  5. Véase Isaías 53:4
  6. Véase Isaías 53:5.
  7. “El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, Liahona, abril de 2000, págs. 2–3.

Una característica distintiva de la Iglesia verdadera y viviente del Señor

Élder Patrick Kearon
De la Presidencia de los Setenta
Una velada con el élder Patrick Kearon

Estoy muy agradecido por Jen, quien, sin excepción, vive lo que enseña. Ella sabe quién es y se regocija en saberlo; es valiente al compartirlo con los demás donde sea que esté. Agradezco mucho que nos conociéramos dos años después de que yo me uniera a la Iglesia. Ella ha sido un ejemplo bendito para mí desde entonces y lo continúa siendo.

Es maravilloso pensar en ustedes reuniéndose en todo el mundo. Ruego, en el espíritu de la hermosa oración de apertura de Landon, que reciban lo que necesitan, que si requieren inspiración, que la reciban. Si ustedes necesitan algo excepcional, esto vendrá. Hay tal poder cuando nos reunimos así, cuando nos preparamos para momentos como este. Hay poder al reunirse. Si necesitan sanación, que tengan sanación; si necesitan consuelo, que reciban consuelo; si necesitan paz, que tengan paz. Si necesitan ayuda con los exámenes, supongo que es un poco temprano para eso en la mayoría de sus semestres, pero que cuando venga el momento, que la tengan también.

Ruego que cuando sean inspirados, cuando reciban un mensaje para ustedes, que entonces tengan la fortaleza y la convicción para actuar en consecuencia y no solo retrocedan a cualesquiera sean sus hábitos actuales. Si necesitan un momento de cambio, si requieren un momento de renovada fortaleza y fe, que ese sea su regalo.

Cuando tenía 15 o 16 años, era muy egocéntrico y tenía muchos de los sentimientos de inestabilidad, incertidumbre y vulnerabilidad que surgen como parte de la adolescencia. Algunos de esos sentimientos persistieron, pero fueron más intensos en aquellos años de juventud. Me sentía perdido, inseguro e inadecuado. No me ayudó vivir en un internado en un área desolada de la costa de Inglaterra. Mis padres vivían muy lejos en Arabia Saudita. Con respecto a la escuela, Hogwarts con Snape habría sido un lugar más acogedor.

El mal tiempo era común en esa costa, pero un invierno una tormenta particularmente grande sopló a través del Mar de Irlanda con ráfagas huracanadas. El mar se estrellaba sobre las barreras y en algunos casos las sobrepasó. Entonces unas 5000 viviendas se inundaron en los alrededores, y las personas quedaron aisladas, sin electricidad ni medios de calefacción o iluminación en sus hogares, y con pocos alimentos.

Cuando la inundación comenzó a bajar, la escuela nos envió. Jamás había visto un desastre natural de esa magnitud antes, y me causaba asombro vivirlo de cerca. Había agua y barro por todas partes. Los rostros de los afectados lucían pálidos y demacrados. No habían podido dormir por días. Mis compañeros de escuela y yo nos pusimos a trabajar, moviendo las cosas mojadas a los pisos superiores donde podrían secarse y levantando las alfombras arruinadas. Las alfombras empapadas eran increíblemente pesadas, y el mal olor en las casas era terrible.

Lo que me sorprendió fue la camaradería que se desarrolló entre los que ayudamos y los que recibieron ayuda. Había un sentimiento maravilloso y de bondad entre las personas, unidas en una causa digna en circunstancias difíciles. Luego reflexioné que esos sentimientos de inseguridad que habitualmente consumían mi mente adolescente desaparecieron al involucrarme en el gran esfuerzo de ayudar a los vecinos.

Desearía que esa realización hubiera perdurado. Descubrir que ayudar a otros era el antídoto para mi pesimismo y egocentrismo debería haber sido transformador. Pero no fue así, porque el descubrimiento no se arraigó lo suficiente, y fallé en reflexionar más sobre lo que había sucedido. Ese entendimiento vino después. Ustedes probablemente han descubierto esa verdad en su propia vida. Podría ser útil para ustedes pensar sobre cuándo les pasó esto y cómo.

La invitación de la conferencia general a ministrar

Estaba considerando esto durante la conferencia general. Me siento muy afortunado de la oportunidad de hablarles poco después de la histórica conferencia general de hace solo unas semanas. Las impresiones, la paz y la infusión de energía recibida todavía permanecen en mí.

El enfoque de los mensajes fue el llamado repetido a ministrar como el Salvador, haciéndolo por amor, sabiendo que nosotros y quienes nos rodean somos hijos de nuestro Padre Celestial. No serviremos porque nuestro servicio se está contando ni midiendo, sino porque amamos a nuestro Padre Celestial y nos motiva un objetivo superior y más noble: ayudar a nuestros amigos a encontrar y permanecer en el camino a casa hacia Él. Amamos y servimos a nuestro prójimo como lo haría Jesús si Él estuviera en nuestro lugar, tratando en verdad de mejorar las vidas de las personas y aligerar sus cargas. De allí surge gozo y satisfacción perdurables, tanto para el que da como para el que recibe, compartiendo los frutos de saber y sentir nuestro valor infinito y el amor eterno de Dios por cada uno de nosotros.

Este mensaje fue resumido por el presidente Nelson de esta manera: “Una característica distintiva de la Iglesia verdadera y viviente del Señor será siempre un esfuerzo organizado y dirigido a ministrar a los hijos de Dios individualmente y a sus familias. Puesto que esta es Su iglesia, nosotros, como Sus siervos, hemos de ministrar a la persona en particular, tal como Él lo hizo. Ministraremos en Su nombre, con Su poder y autoridad, y con Su amorosa bondad”1.

Al reflexionar sobre lo que nos enseñaron, sé que si aceptamos este llamado a ministrar, tendremos la oportunidad de pensar en otros; crecer en fe, confianza y felicidad; y vencer nuestro enfoque egoísta y la sensación de vacío y tristeza que conlleva. Ojalá hubiera llegado a esa conclusión mucho antes en mi vida, pero estoy muy agradecido de haberlo aprendido a través de los años y de recibir recordatorios constantes de esta gran verdad.

Los beneficios y las bendiciones de este tipo de ministración

La belleza de este tipo de servicio, ministración o discipulado es que ayuda a los demás de maneras muy numerosas, y además nos transforma, alejándonos de nuestras preocupaciones, temores, ansiedades y dudas. Al principio, el servicio nos distrae de nuestros problemas, pero eso rápidamente se convierte en algo mucho más elevado y hermoso. Comenzamos a sentir luz y paz, casi sin darnos cuenta. Sentimos calma, calidez y consuelo. Reconocemos un gozo que no viene de otra manera. Estos dones nos llegan en un grado mucho mayor de lo que realmente hemos hecho, en términos de ayudar a otro.

El presidente Spencer W. Kimball lo explicó, en parte, como sigue: “La vida en abundancia que mencionan las Escrituras, es el capital espiritual que se obtiene con la multiplicación de nuestro servicio a los demás, y la inversión de nuestros talentos al servicio de Dios y de la humanidad”2. Al prestar servicio a los demás, nos convertimos en mejores personas… Ciertamente, es mucho más fácil ‘hallarnos’ ¡porque hay mucho más de nosotros para hallar!”3.

Ejemplos de la transformación que experimentamos cuando ministramos y la diferencia cuando no lo hacemos

Esta transformación es lo que los nuevos misioneros descubren al dejar de preocuparse por sí mismos y preguntarse: “¿A quién puedo ayudar y cómo?”. Lo que sucede es que dejan de pensar en sí mismos y se enfocan en su propósito de traer almas a Cristo. Este descubrimiento a menudo es difícil para los misioneros. Pueden sentirse abrumados por estar en un lugar nuevo con diferentes personas, comidas, costumbres y, a menudo, un idioma desafiante que les resulta muy difícil enfocarse en los demás y servir. Pero cuando lo hacen, todo cambia. Dejan de preocuparse, trabajan y asumen la tarea altruista ante ellos, y descubren una nueva dimensión en sus misiones y sus vidas, con paz y un sentimiento de propósito.

Tristemente, el reverso de este descubrimiento a menudo afecta a los misioneros cuando regresan y comienzan a canalizar las necesidades de la siguiente etapa de su vida, sea esta educación, empleo o asuntos personales y familiares. Han pasado 18 meses o 2 años aprendiendo que somos más felices cuando no nos preocupamos por nosotros o, como dijo el presidente Hinckley, cuando nos olvidamos de nosotros y nos ponemos a trabajar. A menudo, cuando regresan a la vida que dejaron, también regresan a muchos de los hábitos más egocéntricos que formaron parte de esa vida. En particular, vuelven a centrarse en sí mismos, cómo están, cómo lucen o suenan, y qué piensan los demás de ellos.

Tan cierto como enfocarse y ayudar a otros trae luz, paz y alegría, centrarnos en nosotros trae dudas, ansiedad y tristeza.

Tuve una experiencia hace un par de meses cuando estuve despierto durante muchas horas, intentando dormir, pero sin lograrlo. Finalmente me levanté y caminé un poco por la casa, luego volví a la cama para intentar dormir. Mientras que el sueño continuaba eludiéndome, de repente me vino un pensamiento transformador: “Deja de pensar en ti mismo”. Luego vino la pregunta:

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América, un país escogido

Conferencia General, Octubre 1944

América, un país escogido

Por Élder Ezra T. Benson
del Concilio de los Doce

Discurso difundi­do por la KSL y otras estaciones de la Columbia Broadcasting System el día 8 de octubre de 1944 durante la 115a. Conferencia Semestral de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

A los pueblos que habían de morar sobre el bendito país de las Américas, o sea el Hemisferio Occidental, un profeta antiguo dirigió esta promesa significativa y adver­tencia solemne:

“Porque, he aquí, que éste es un país es­cogido; y cualquier pueblo que lo posea, se verá libre de la esclavitud y de la cauti­vidad, y también de cuantas naciones haya debajo del cielo, siempre que el pueblo sirva únicamente al Dios del país, que es Je­sucristo… porque, he aquí, que ésta es una tierra escogida sobre todas las demás; por tanto, el que la posea tiene que servir a Dios, o, de otro modo, será barrido; porque éste es el decreto eterno de Dios”. (Libro de Mormón, Éter 2:10 y 12).

Fundada sobre la verdad de principios cristianos, esta nación norteamericana ha llegado a ser la potencia más grande del mundo. ¿De dónde han venido sus bendicio­nes de influencia y éxito? ¿Y qué seguri­dad tenemos de que estas bendiciones con­tinuarán? ¿No han venido por motivo de haber reconocido humilde y devotamente el poder dominante de Dios Todopoderoso durante el establecimiento de la nación, y por la voluntad que tuvieron los padres fundadores de sujetar sus hechos a la ley divina?

Los primeros colonos de los Estados Uni­dos llegaron allí impulsados por un mismo fin: la libertad de adorar como quisieran y la libertad de conciencia. Los peregrinos y los puritanos en Nueva Inglaterra, los cuáqueros en Pennsylvania, los católicos en Maryland, los luteranos en Georgia, los hu­gonotes en Virginia —todos vinieron bus­cando a Dios y el ejercicio de sus derechos dados de Dios y evidentes en sí mismos; de­rechos basados sobre principios eternos.

Como estaban familiarizados con las Sa­gradas Escrituras, creían que la libertad es un don del cielo. Para ellos el hombre, sien­do hijo de Dios, hacía resaltar     el carácter sagrado del individuo y el interés que la Pro­videncia misericordiosa manifestaba en los asuntos de los hombres y las naciones. Re­conocieron que dependían enteramente de Dios, y mostraron su fe humilde y su devo­ción hacia los principios cristianos.

Aquellos que más tarde fueron los di­rectores y fundadores, humildemente reco­nocieron la necesidad que había de recibir ayuda divina. Claramente vieron la impor­tancia de religión y moralidad vitales en los asuntos de los hombres y las nacio­nes. En seguida citó unas palabras de sus sinceras declaraciones. Jorge Washington di­jo:

“No puede hallarse un pueblo que reco­nozca y adore esa Mano Invisible que dirige los asuntos de los hombres más que el pue­blo de los Estados Unidos. Parece que una seña de esa agencia providencial ha mar­cado cada uno de los pasos mediante los cua­les han llegado al estado de una nación in­dependiente”.

Entonces, refiriéndose al lugar que de­ben ocupar la religión y la moralidad, el’ padre de esa nación sigue diciendo:

“De todas las disposiciones y hábitos que son la causa de la prosperidad política, la religión y la moralidad son apoyos indis­pensables… Tanto la razón como la expe­riencia nos prohíben pensar que la morali­dad puede prevalecer en la nación si se excluye el principio religioso”.

Daniel Webster, con visión profética, de­claró:

“Si nosotros y nuestra posteridad somos fieles a la religión cristiana, y si nosotros y ellos vivimos siempre en el temor de Dios y respetamos sus mandamientos… po­dremos abrigar las esperanzas más hala­gadoras en cuanto al futuro destino de es­te país”.

No obstante, indicó que si lo hacíamos, entonces…

“Ningún hombre podrá decir qué tan re­pentinamente nos sobrevendrá una catástrofe que hundirá toda nuestra gloria en una obscuridad profunda”.

Estas son palabras solemnes, pero igual­mente graves fueron las que Abraham Lin­coln pronunció muchos años después; y és­tas fueron: Seguir leyendo

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