Sed Uno

SED UNO
Una celebración de la revelación de 1978 en cuanto al sacerdocio

La Primera Presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días . Hace una celebración en Salt Lake City conmemorando el 40 aniversario de la revelación de 1978 sobre el sacerdocio.

Hace cuarenta años, el presidente Spencer W. Kimball anunció que las bendiciones del sacerdocio se extenderían a todos los hijos de Dios en todo el mundo.


 

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¿Qué camino seguiréis?

¿Qué camino seguiréis?

por el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Liahona, Octubre 1991

Nuestro Padre Celestial no nos lanzó a nuestro viaje eterno sin darnos los medios para que recibamos de Él la guía que nos asegure el retorno al final de esta carrera de la vida. Al nombrar esa guía, me estoy refiriendo a la oración.

Una negra cinta de asfalto serpentea a través de las montañas del norte de Utah, entra al valle del Gran Lago Salado y luego sigue hacia el sur. Se trata de una importante carretera por la cual se transportan diariamente los productos de las fábricas y el comercio, y grandes masas de viajeros se dirigen a su destino.

Recuerdo que una vez, hace algunos años, mientras viajaba rumbo a mi casa, cerca de una rampa de entrada en esta carretera, vi a tres jóvenes que llevaban grandes carteles, evidentemente con la esperanza de que alguien los llevara gratis a su destino. Dos de ellos habían escrito en sus carteles el nombre de dos ciudades importantes; sin embargo, el tercer cartel fue el que no sólo me llamó la atención sino que también me hizo reflexionar en su mensaje. En él, el joven no había escrito el nombre de ninguna ciudad, ningún pueblo o lugar, sino las simples palabras: “A CUALQUIER PARTE”.

He allí alguien que se encontraba satisfecho de ir en cualquier dirección, de acuerdo con el capricho del conductor que estuviera dispuesto a transportarlo gratuitamente. Pero, qué enorme precio pagaría por aquel viaje! Andar sin plan, sin objetivo, sin meta. El camino a “cualquier parte” es el camino a ninguna parte, y este último conduce a una vida de sueños sacrificados, oportunidades malgastadas y una ausencia total de cometidos.

A diferencia de aquel joven, nosotros tenemos el divino don de elegir el camino que deseamos seguir. El apóstol Pablo comparó la vida con una carrera que tiene una meta a la cual hay que llegar, y les dijo a los santos de Corinto: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis” (1 Cor. 9:24). Pero en nuestro celo, no descuidemos el sabio consejo que se nos da en Eclesiastés: “…ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes…” (9:11). En realidad, el premio pertenecerá a aquel que persevere hasta el fin. Y cada uno de nosotros debe preguntarse: “¿Adónde deseo ir? ¿Cómo llegaré allí? Y ¿cuál es mi destino divino?” Seguir leyendo

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“A vosotros os es requerido perdonar”

“A vosotros os es requerido perdonar”

por el presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Liahona, Noviembre 1991

Cuando Jesús agonizaba en la cruz, clamó a Su Padre: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).
Si hubiera alguien que anidara en su corazón la ponzoña de la enemistad hacia otra persona, le ruego que pida al Señor la fuerza necesaria para perdonar.

El espíritu de perdón y la predisposición para amar y para tener compasión hacia aquellos que nos hieran constituyen la esencia misma del Evangelio de Jesucristo. Cada uno de nosotros necesita tener ese espíritu; el mundo entero lo necesita. Así lo enseñó el Señor; Él fue ejemplo de ello como ninguna otra persona lo ha sido. Durante Su agonía en la cruz del calvario, rodeado de viles acusadores que lo despreciaban, y quienes lo habían arrojado a tan terrible crucifixión, el Salvador clamó: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

De ninguno de nosotros se espera que perdonemos tan generosamente, más cada uno se encuentra bajo cierta obligación divina de extender perdón y misericordia. El Señor ha declarado por medio de la revelación:

“En la antigüedad mis discípulos buscaron motivo el uno contra el otro, y no se perdonaron unos a otros en su corazón; y por esta maldad fueron gravemente afligidos y castigados.

“Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado.

“Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, más a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres.

“Y debéis decir en vuestros corazones: Juzgue Dios entre tú y yo, y te premie de acuerdo con tus hechos” (D. y C. 64:8-11).

¡Cuánta necesidad tenemos de aplicar este principio divino, y aquel que lo acompaña: el arrepentimiento! Vemos esta necesidad en el hogar, en donde pequeños malos entendidos se transforman en grandes disputas. Es evidente entre vecinos, en donde insignificantes diferencias conducen a interminables muestras de desprecio. Lo vemos en el mundo de los negocios, que está plagado de aquellos que se niegan a claudicar y perdonar. En la mayoría de los casos, si hubiera existido la buena voluntad de conversar y de analizar las cosas con calma, bien se podrían haber evitado estas situaciones para provecho y bendición de todos, en vez de pasar los días alimentando rencores y planeando venganza. Seguir leyendo

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Las bienaventuranzas: Un camino hacia el Salvador

Las bienaventuranzas:
Un camino hacia el Salvador

por S. Michael Wilcox
Liahona, Noviembre 1991

Estas enseñanzas del Sermón del Monte testifican de la divinidad del Salvador y nos indican la manera de seguirlo.

En un sermón similar al Sermón del monte que pronunció en el Viejo Mundo, Jesús enseñó a los nefitas qué hacer para venir a Él.

Cuando el Cristo resucitado habló a los nefitas a través de “los vapores de obscuridad” (3 Nefi 8:22), su mensaje fue “venid a mi (véase 3 Nefi 9:13-14, 20, 22). Después, al aparecer ante ellos, su primer mandato fue: “Levantaos y venid a mí… a fin de que sepáis que soy el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra…” (3 Nefi 11:14). Uno por uno, todos los de la multitud se acercaron al Salvador del mundo.

Aunque nosotros no hayamos estado presentes para gozar de tan maravilloso privilegio, la invitación de venir a Cristo es tan real para nosotros como lo fue para aquellos santos nefitas de la antigüedad. En un sermón similar al Sermón del monte que pronunció en el Viejo Mundo, (véase Mateo 5-7), Jesús les enseñó a los nefitas —y por extensión, a todos nosotros— qué hacer para venir a Él. Los principios que expuso, a los que se conoce con el nombre de Bienaventuranzas, pueden conducirnos a obtener un profundo testimonio de la divinidad del Salvador.

Seguir a los líderes

El primer principio que el Salvador resucitado enseñó a los nefitas fue el de seguir a sus siervos escogidos: “…Bienaventurados sois si prestáis atención a las palabras de estos doce que yo he escogido de entre vosotros para ejercer su ministerio en bien de vosotros y ser vuestros siervos…” (3 Nefi 12:1).

Cuando era diácono, mi madre me dijo que el élder William J. Critchlow, hijo, que era entonces Ayudante del Quórum de los Doce, iba a hablar en la conferencia de nuestra estaca. Ese día llegamos tarde y tuvimos que sentarnos en la parte de atrás del salón, muy alejados del pulpito; así que cuando el élder Critchlow se puso de pie para hablar, a mí me era imposible verlo desde donde estaba. Mamá me dijo entonces que tomara una silla, la llevara por el pasillo, la pusiera enfrente del estrado, y me sentara allí. Al élder Critchlow le debe de haber parecido muy extraño ver a un muchachito de doce años sentado en medio del pasillo, con la mirada fija en él.

No recuerdo todo lo que dijo, pero en cambio tengo presente que al oírlo hablar sentí un espíritu especial que me decía: “Este es un hombre de Dios; puedes confiar en lo que dice”. Al finalizar la sesión, se acercó a mí y me colocó una mano sobre el hombro; sentí entonces una paz y una felicidad profundas y en aquel momento supe lo que significa ser bienaventurado. Esa experiencia de la adolescencia me enseñó que si escuchamos y obedecemos las palabras de las Autoridades Generales, nos encontraremos en camino a ser ciertamente bienaventurados en la presencia de Cristo. ¡Qué felices seríamos todos si viniéramos a Cristo mediante la confianza y la obediencia a Sus siervos! Seguir leyendo

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Mi padre y mi recomendación para el Templo

Mi padre y mi recomendación para el Templo

por el élder L. Tom Perry
del Quórum de los Doce
Liahona, Mayo 1991

Nunca olvidaré la primera entrevista que tuve con el obispo para obtener la recomendación para ir al templo, cuando me preparaba para ir a recibir la investidura. El obispo era mí padre. Todos los días pasábamos mucho tiempo juntos, y podía haberme entrevistado en casa, en el granero, en el campo, en el auto o en cualquier otro sitio que le resultara conveniente. Pero papá quería que aquélla fuera para mí una ocasión especial, un suceso del que jamás me olvidara.

Un día me llamaron por teléfono de la oficina del obispo, diciéndome que mi padre deseaba fijar fecha y hora para entrevistarme acerca de la recomendación para el templo. Me pareció raro, puesto que nunca me había llamado antes para tener una entrevista conmigo ni para fijar una cita. Concertamos el día y la hora para reunirme con el obispo en su oficina. Cuando llegó el momento y entré en la oficina, su escritorio estaba completamente despejado, lo cual era poco común porque generalmente se hallaba cubierto de papeles y libros; pero ese día sólo se veían las Escrituras sobre él. Además de hacer que la entrevista fuera formal, papá quería que también fuera una experiencia de aprendizaje para mí.

Una vez que nos sentamos, me alcanzó las Escrituras y me pidió que leyera: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hurtarás, ni cometerás adulterio, ni matarás, ni harás ninguna cosa semejante” (D. y C. 59:6). La última frase se grabó en mi memoria para siempre.

Hablamos de lo que significa ser moralmente limpio, particularmente de la pureza de pensamientos. Me dijo que casi siempre nuestros pensamientos se convierten en acciones, y que si lo que pensamos es limpio y puro, nunca cometeremos actos que nos impidan tener la recomendación para el templo. Después, tomó las Escrituras y me leyó lo siguiente: Seguir leyendo

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La sagrada ley del diezmo

La sagrada ley del diezmo

por el presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Liahona, Mayo 1991

«Siempre estaré agradecido a mis padres, quienes, desde que tengo uso de razón, nos enseñaron a pagar nuestro diezmo. Nunca he encontrado un fiel pagador del diezmo que no estuviera dispuesto a testificar que las ventanas de los cielos se han abierto y han derramado bendiciones sobre él.»

Siendo joven, en más de una ocasión escuché al presidente Heber J. Grant dar su testimonio, con un firme tono de convicción, concerniente a la sagrada ley del diezmo y a las maravillosas promesas que el Señor ha hecho a los que sean fieles en el pago del diezmo y las ofrendas. Cada vez que lo oí, sus palabras me impresionaron profundamente.

A menudo citaba estas notables palabras del antiguo profeta Malaquías:

“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.
“Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.
“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
“Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.
“Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.” (Malaquías 3:8-12.)

Yo sabía que era el Señor, el Dios de los cielos, quien hacía esas promesas; y sabía que, por ser El quien es, cumple lo que promete.

Siempre estaré agradecido a mis padres, quienes, desde que tengo uso de razón, nos enseñaron a pagar nuestro diezmo. En aquellos días, en el barrio al que pertenecíamos, el obispo no disponía de una oficina en el centro de reuniones, así que íbamos a su casa para el ajuste de diezmos. Todavía recuerdo la sensación de nerviosismo que tenía al entrar en aquella casa, cuando de niño iba a realizar el ajuste de diezmos con el obispo John C. Duncan. La cantidad que pagaba quizás no fuera más que veinticinco centavos, puesto que en esa época de dificultades económicas los niños no teníamos muchos ingresos; pero, según nuestros cálculos infantiles, era exactamente la décima parte de lo que hubiéramos recibido, de acuerdo con este versito que repetíamos en la Escuela Dominical: Seguir leyendo

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Esas preciosas manos

Esas preciosas manos

Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Liahona Marzo 1991

Cuando Jesús de Nazareth impartió sus enseñanzas entre los hombres y ministró entre ellos, no les habló como lo hacían los escribas ni los letrados de aquel tiempo, sino que utilizó un lenguaje comprensible para todos. Jesús les enseñó por medio de parábolas, y sus mensajes conmovieron a quienes los escucharon y los motivaron a llevar una vida nueva. El pastor de la montaña, el sembrador del campo, el pescador con su red—todos se convertían al entender las verdades eternas que enseñaba el Maestro.

El cuerpo humano divinamente creado, con sus verdaderamente admirables poderes y complejos elementos, cobró un nuevo significado cuando el Señor habló de los ojos de los ciegos y de los oídos de los sordos que se abrieron para ver y oír realmente, y de los corazones que se ablandaron y sintieron al recibir el nuevo conocimiento. Al impartir sus enseñanzas, el Salvador hizo mención de los pies, la nariz, el rostro, el costado, la espalda, y fueron notables las ocasiones en las que se refirió a otros miembros realmente peculiares del cuerpo: las manos.

Consideradas por los artistas y escultores como los miembros del cuerpo humano más difíciles de plasmar en un lienzo, o de moldear con arcilla, las manos son una maravilla dignas de contemplar. No hay edad, color, tamaño, ni forma que distorsione ese milagro de la creación.

Hablemos primero de las manos de un niño. ¿Quién de nosotros no ha alabado a Dios o no se ha maravillado de sus poderes al sostener a una criatura entre sus brazos? Esas manitas, tan pequeñas pero tan perfectas a la vez, provocan siempre un tema de conversación. ¿Puede alguien resistir el tierno apretón de las diminutas manos de un bebé? En el acto aflora una sonrisa en nuestros labios y un brillo especial ilumina nuestros ojos. Al reflexionar sobre todo esto, podemos comprender sin lugar a dudas el tipo de sentimientos que inspiraron al poeta a escribir:

Cual dulce retoño humano, que del seno de Dios ha brotado ha venido… el bebé a la tierra a florecer.

A medida que un niño crece, se abre su puño cerrado en una expresión de perfecta confianza, que sugiere: “Tómame de la mano, mamá, para que ya no tenga miedo”. Hay un bello canto que los niños entonan al unísono, y en el cual se refleja una súplica de paciencia, una invitación a la enseñanza y una oportunidad para servir, y que dice:

Mis manitas cruzadas y quietas están
Y aunque son muy pequeñas lo bueno harán durante las horas del día he de ver cuántas cosas podrán mis manitas hacer.
Por mis manos buen Padre doy gracias a ti
Y enséñanos siempre a ellas y a mí que sólo contento y feliz es aquel
que es siempre obediente, cumplido y fiel.
(Canta Conmigo, No. B-74-) Seguir leyendo

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Con la mira hacia el templo

Con la mira hacia el Templo

Por el élder John A. Widtsoe (1872–1952)
Del Quórum de los Doce Apóstoles

John A. Widtsoe, hijo de John A. y Anna K. Gaarden Widtsoe, nació en la Isla de Frøya, Noruega, en 1872. Se casó con Leah E. Dunford en el Templo de Salt Lake el 1 de junio de 1898. Antes de ser ordenado apóstol el 17 de marzo de 1921, gozó de renombre como científico, educador, autor y académico, y prestó servicio en calidad de presidente del Colegio Universitario de Agricultura de Utah así como de la Universidad de Utah. El élder Widtsoe, un prolífico autor de libros sobre la historia y la doctrina de la Iglesia, falleció en Salt Lake City, Utah, a los 80 años de edad. El presente artículo apareció por primera vez en la edición de octubre de 1962 de la revista en inglés Improvement Era. Se han actualizado el uso de las mayúsculas, la división de párrafos y la puntuación; las cursivas se preservan como en el original.

El templo es una casa u hogar del Señor. En caso de que el Señor visitara la tierra, vendría a Su templo. Somos de la familia del Señor; somos Sus hijos engendrados en la vida preexistente [premortal], por lo cual, así como un padre y una madre terrenales juntan a su familia en el hogar, los miembros dignos de la familia del Señor pueden congregarse, como lo hacemos nosotros, en la casa del Señor.

El templo es un lugar de instrucción. Aquí se hace un repaso de los principios del Evangelio y se revelan las verdades profundas del reino de Dios. Si entramos al templo con el debido espíritu y prestamos atención, salimos enriquecidos con el conocimiento y la sabiduría del Evangelio.

El templo es un lugar de paz. Aquí podemos dejar a un lado las inquietudes y preocupaciones del turbulento mundo exterior. En este lugar nuestra mente se ha de concentrar en las realidades espirituales, ya que en él sólo nos ocupamos de las cosas del espíritu.

El templo es un lugar de convenios, los cuales nos ayudarán a vivir en rectitud. Aquí declaramos que obedeceremos las leyes de Dios y prometemos usar el valioso conocimiento del Evangelio para bendición nuestra y para el bien del hombre. Las sencillas ceremonias nos permiten salir del templo con la firme resolución de llevar vidas dignas de los dones del Evangelio.

El templo es un lugar de bendiciones. Aquí se nos hacen promesas cuyo cumplimiento depende únicamente de nuestra fidelidad y las cuales se extienden desde el tiempo hasta la eternidad. Esas promesas nos servirán para entender la cercanía de nuestros padres celestiales. Es así que el poder del sacerdocio se nos otorga en nuevas y grandes medidas.

El templo es un lugar en el que se presentan ceremonias correspondientes a la divinidad. En ese lugar se esclarecen los grandes misterios de la vida, con las interrogantes del hombre a las que no ha recibido respuesta: (1) ¿De dónde vine? (2) ¿Por qué estoy aquí? (3) ¿A dónde voy después de esta vida? Allí, las necesidades del espíritu, de las cuales se desprende todo lo demás en la vida, se consideran sumamente importantes. Seguir leyendo

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El estar preparados espiritualmente

El estar preparados espiritualmente
El consejo de nuestro Profeta

Por el presidente Thomas S. Monson

“En nuestra búsqueda para llegar a ser lo mejor de nosotros mismos, hay varias preguntas que podrían guiarnos: ¿Soy lo que quiero ser? ¿Estoy hoy más cerca del Salvador que ayer? ¿Estaré aún más cerca de Él mañana? ¿Tengo el valor necesario para cambiar?”.

Un fundamento de fe

“Si no tenemos un cimiento profundo de fe ni un sólido testimonio de la verdad, tendremos dificultades para soportar las rigurosas tempestades y los vientos glaciales de la adversidad que inevitablemente nos sobrevienen a cada uno de nosotros.

“La vida terrenal es un periodo de prueba, el tiempo para probar que somos dignos de volver a la presencia de nuestro Padre Celestial. A fin de ser probados, debemos hacer frente a problemas y dificultades. Éstos podrán derribarnos y la superficie de nuestra alma podrá agrietarse y desmoronarse si nuestro cimiento de fe y nuestro testimonio de la verdad no están firme y profundamente establecidos en nuestro interior”1.

Aprendan las lecciones del pasado

“En nuestra búsqueda para llegar a ser lo mejor de nosotros mismos, hay varias preguntas que podrían guiarnos: ¿Soy lo que quiero ser? ¿Estoy hoy más cerca del Salvador que ayer? ¿Estaré aún más cerca de Él mañana? ¿Tengo el valor necesario para cambiar? …

“Los años han pasado, pero la necesidad de un testimonio del Evangelio continúa siendo esencial. A medida que seguimos adelante hacia el futuro, no debemos descuidar las lecciones del pasado”2.

Tu propia Liahona

“La bendición patriarcal es para aquel que la recibe y ningún otro. Tal vez sea breve o extensa, sencilla o profunda. No es ni su extensión ni su complejidad lo que caracteriza a una bendición patriarcal, sino que es el Espíritu el que transmite su verdadero significado. La bendición de ustedes no es para doblarla con cuidado y archivarla para siempre. No es para ponerla en un marco ni para publicarla. Más bien es para leerla. Es para amarla, y para seguirla. La bendición patriarcal es para ayudarnos a pasar la noche más negra. Les guiará a través de los peligros de la vida… La bendición patriarcal es una Liahona personal que nos traza el curso y nos muestra el camino… Seguir leyendo

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La familia: Una proclamación para el mundo

 La familia: Una proclamación para el mundo

• La felicidad en la vida familiar tiene más posibilidades de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes.”

Nuestras asignaciones más importantes y poderosas están en la familia; son importantes porque la familia tiene la oportunidad, al comienzo de la vida de un niño, de poner sus pies firmemente en el sendero de regreso al hogar”. — Ayúdenlos en el camino de regreso al hogar. Henry B. Eyring

“El progreso individual se fomenta en la familia, la cual ‘es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos’”.

“Cerca del fin de sus días, un padre reflexionaba en cómo había empleado su tiempo. Siendo un aclamado y respetado autor de numerosas obras de erudición, dijo: ‘Desearía haber escrito un libro menos y haber llevado a mis hijos de pesca un poco más a menudo’. El tiempo pasa fugazmente. Muchos padres dicen que fue ayer cuando sus hijos nacieron. Ahora esos hijos han crecido; quizás tengan sus propios hijos. ‘¿A dónde se fueron los años?’, se preguntan. No podemos reclamar el tiempo pasado, no podemos detener el tiempo actual y no podemos vivir el futuro en el presente. El tiempo es un don, un tesoro que no podemos hacer a un lado para el mañana, sino para usarlo sabiamente hoy”.

• Cómo edificar una familia de fe

La fe en nuestra familia comienza teniendo confianza en nuestro Padre Celestial y Sus promesas. Seguimos adelante, a pesar de los desafíos, nunca dándonos por vencidos, ni nosotros mismos ni con nuestros hijos. Enseñamos a nuestra familia a tener fe en Cristo al vivir lo que sabemos que es verdad. Nuestros hijos aprenden las lecciones más poderosas por medio de nuestra fidelidad.

“El temor es lo opuesto a la fe. Nosotros avanzamos seguros de que el Señor nos cuidará, especialmente dentro de la familia”. — El poder del sacerdocio. Boyd K. Packer Seguir leyendo

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Un millar de hebras de amor

Un millar de hebras de amor

Por el Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Sin duda, no hay labor más importante en este mundo que la de preparar a nuestros hijos para ser temerosos de Dios, felices, honrados y productivos.

El ser padres es la responsabilidad más grande del mundo. De hecho, a este respecto hay casi tantas opiniones como padres. No obstante, son pocos los que afirman saberlo todo y, ciertamente, yo no me cuento entre ellos.

Creo que hoy en día hay entre nosotros más jóvenes y jovencitas excepcionales que en cualquier otra época de mi vida. De ello se deduce que la mayoría de esos jóvenes excelentes procede de buenos hogares y tiene padres dedicados y abnegados. Sin embargo, aun los padres más responsables creen que quizás hayan cometido algunos errores. Recuerdo una ocasión en la que cometí una imprudencia y mi madre exclamó: “¿En qué fallé?”.

El Señor dijo: “…[criad] a vuestros hijos en la luz y la verdad”1. Para mí, ésa es la labor humana más importante. Ser padre o madre no sólo es una gran responsabilidad, sino un llamamiento divino, una obra que requiere consagración. El presidente David O. McKay (1873–1970) dijo que el ser padres es la responsabilidad “más grande que pueda depositarse en el ser humano”2.

Un gran reto

No obstante que pocos de los retos que tiene el hombre son más grandes que el de ser buenos padres, pocas son las oportunidades que ofrecen una mayor probabilidad de gozo. Sin duda no hay labor más importante en este mundo que la de preparar a nuestros hijos para que sean temerosos de Dios, felices, honrados y productivos. Los padres no encontrarán mayor felicidad que el lograr que sus hijos los honren a ellos y a sus enseñanzas; es la gloria de ser padres. Juan testificó: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad”3. Seguir leyendo

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Para trazar el derrotero de tu vida

Para trazar el derrotero de tu vida

por el élder Richard P. Lindsay
de los Setenta

Puedes emplear tu bendición patriarcal para guiarte durante toda tu vida.

Cuando mi padre murió de pulmonía, yo era un niño; a los pocos días, murió también mi hermano, que tenía catorce años. Era en los primeros años de la década de 1930, y los Estados Unidos se encontraban en medio de la Gran Depresión económica; era difícil encontrar trabajo y el dinero escaseaba. Mi madre era enfermera y tuvo que luchar duramente para poder mantenemos a los cinco hijos que le quedaban. La vida no era fácil para ninguno de nosotros, y muchas veces yo pensaba cómo iríamos a salir del paso.

No obstante, en esa época tan penosa sucedió algo que recuerdo tan claramente como si hubiera ocurrido ayer, algo que me hizo mirar hacia el futuro con valor y esperanza.

Aproximadamente un año después de la muerte de papá, vino a visitarnos uno de sus primos, de nombre Israel Bennion; pero aquélla no era la visita corriente de un familiar, sino que había venido en su calidad de patriarca de la estaca. Cada uno de los niños, bien lavado y vestido como si fuera a la Iglesia, esperó su turno para que aquel hombre de digna presencia le pusiera las manos sobre la cabeza y le diera su bendición patriarcal.

Yo no tenía más que siete años, una edad en la que no se comprende todo el significado de aquel acontecimiento. (Actualmente, la Iglesia aconseja a los jovencitos que esperen a ser un poco mayores para recibir la bendición patriarcal.) Sin embargo, tuve un profundo sentido de reverencia, la misma reverencia que sentía durante la reunión de ayuno y testimonios. Recuerdo que en sus instrucciones, aunque breves, me dijo que la bendición debía ser una guía para mí, un medio que me sirviera para trazar mi derrotero en la vida. Seguir leyendo

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“Fortalece tus estacas”

“Fortalece tus estacas”

por el presidente Ezra Taft Benson

La función de una estaca es unificar y perfeccionar a los miembros y ser un estandarte de rectitud, una defensa en contra del mal y un refugio de tormentas futuras.

El término estaca se usa como expresión simbólica. Imaginad una gran tienda de campaña sostenida por cuerdas, cada una de ellas atada a una estaca que se encuentra firmemente clavada en la tierra.

Los Profetas compararon a la Sión de los últimos días con una gran tienda que cubriera toda la tierra y que estuviera sostenida por cuerdas atadas a estacas. En nuestra época, por supuesto, las estacas son organizaciones locales que se encuentran en todo el mundo. En la actualidad, se está congregando a Israel en todas las estacas de Sión.

A fin de que comprendáis mejor el propósito de las estacas, os citaré algunos pasajes de las Escrituras:

“Y además, si hay padres que tienen hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñan a comprender la doctrina del arrepentimiento; de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente; del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres.

“Porque ésta será una ley para los habitantes de Sión, o en cualquiera de sus estacas que se hayan organizado” (D. y C. 68:25-26; cursiva agregada).

En esas palabras vemos uno de los principales propósitos de las estacas: se han organizado para ayudar a los padres “que tienen hijos en Sión” a enseñarles el Evangelio de Jesucristo y administrar las ordenanzas de la salvación. Se forman estacas con el objeto de perfeccionar a los santos, y esa evolución empieza en el hogar, con la enseñanza apropiada del evangelio.

El programa completo de la Iglesia para el beneficio de los miembros se autoriza sólo en las estacas ya organizadas. Ese programa comprende los quórumes del sacerdocio para los varones jóvenes y adultos, y las organizaciones auxiliares de la Iglesia, que existen para ayudar a los miembros, individualmente y en los grupos familiares, a forjar y fortalecer su testimonio del evangelio y a prepararse para progresar espiritualmente durante su probación terrenal. Seguir leyendo

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Una voz de perfecta suavidad

Una voz de perfecta suavidad

por el élder Marvin J. Ashton
del Consejo de los Doce
(Tomado de un discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young, Provo, Utah.)

Los Profetas a quienes he llegado a conocer bien han llamado y exhortado a la gente con una voz y un espíritu de perfecta suavidad. Agradezco a Dios el haberlos conocido.

Una de las grandes bendiciones de mi vida ha sido el haber tenido la oportunidad de trabajar hombro a hombro con Presidentes de la Iglesia. Entre otros de sus rasgos sobresalientes, he notado que son hombres humildes, de modales suaves, mansos, bondadosos y amables en su liderazgo y en sus relaciones con los demás. Las experiencias muy personales que he tenido con ellos me han hecho apreciar mejor el contenido de estas palabras del libro de Helamán:

“Y ocurrió que cuando oyeron esta voz, y percibieron que no era una voz de trueno, ni una voz de un gran ruido tumultuoso, más he aquí, era una voz: apacible de perfecta suavidad, cual si hubiese sido un susurro, y penetraba hasta el alma misma…” (Helamán 5:30; cursiva agregada.)

Os exhorto a que escuchéis a vuestros líderes, que cumplen su ministerio con voz apacible y palabras humildes. Lamentablemente, nos dejamos impresionar demasiado con lo sonoro, lo rimbombante y lo espectacular. A veces, los miembros de la Iglesia se desvían del camino hacia una vida plena, dejándose influir por lo sensacional y siguiendo voces falsas. En el afanoso mundo actual, a menudo pasamos por alto las apacibles exhortaciones de nuestros líderes y de aquellos que nos guían con palabras suaves.

Tuve el honor y el privilegio especiales de ser la última persona a quien el presidente David O. McKay llamó como Autoridad General antes de su muerte. Mientras conversaba con él en su apartamento, vi que era un anciano avanzado en años y muy frágil en cuanto a su condición física; tenía el cuerpo debilitado y hablaba con un hilo de voz, pronunciando las palabras con dificultad. Me senté junto a él y me quedé en silencio, esperando que me explicara el motivo por el cual me había citado. Al fin, con una voz apacible de perfecta suavidad, me dijo: “Quiero que me ayudes”. Esa fue la invitación que recibí, el llamamiento para ser Autoridad General, y fue una de las serenas e inolvidables experiencias que tuve con el presidente David O. McKay. Seguir leyendo

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Las claves para tener éxito en la obra misional

Las claves para tener éxito
en la Obra Misional

por el presidente Ezra Taft Benson
(Tomado de un discurso pronunciado por el presidente Benson ante los misioneros regulares.)
Liahona Abril 1991

No os preocupéis pensando si tendremos éxito o no; por supuesto que lo tendremos, sin duda alguna. El Señor nos ha enviado a la tierra en la época de la cosecha y El no espera que fracasemos; Él no ha llamado a nadie a esta obra para fracasar. Lo que espera es que tengamos éxito.

La Iglesia se encuentra actualmente en un período de crecimiento muy veloz. En realidad, muchos de los principales problemas que tenemos son precisamente el resultado de ese crecimiento, lo que también nos pone en una situación muy favorable ya que con la restauración del evangelio y el establecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el reino de Dios quedó instituido en la tierra, la grandiosa profecía de Daniel se está cumpliendo, y los que vivimos en la tierra en estos últimos días ciertamente vivimos en una de las épocas más emocionantes de la historia.

A partir de sus modestos comienzos en el año 1830, el reino de Dios se ha desarrollado a una velocidad asombrosa; desde ese comienzo con unos pocos miembros, la Iglesia ha crecido a paso acelerado.

Tenemos en la actualidad siete millones de miembros, que se encuentran en países del mundo entero, como prueba viviente de la veracidad de la profecía de Daniel.

La Iglesia no ha tenido nunca la oportunidad que tiene en el presente de dar a conocer el Evangelio, por tratarse de la organización religiosa que presenta más atractivos en el mundo. La opinión pública nunca le ha sido más favorable que en la actualidad y cada vez se nos conoce más por lo que somos que por lo que nuestros enemigos han dicho de nosotros. Seguir leyendo

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