El ministerio inspirado

Conferencia General Abril 2018

El ministerio inspirado

Por el presidente Henry B. Eyring
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Recibimos el Santo Espíritu más plenamente cuando nos centramos en servir a los demás. Esa es la razón por la que tenemos la responsabilidad del sacerdocio de servir en nombre del Salvador.

Mis queridos hermanos, estoy agradecido por el privilegio de hablarles en esta histórica conferencia general. Hemos sostenido al presidente Russell M. Nelson como decimoséptimo Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Tras haber tenido la bendición de trabajar con él todos los días, he sentido la confirmación del Espíritu de que el presidente Nelson ha sido llamado por Dios para dirigir la Iglesia verdadera del Señor.

También tengo un testimonio de que el Señor ha llamado al élder Gerrit W. Gong y al élder Ulisses Soares a prestar servicio como miembros del Cuórum de los Doce Apóstoles. Los amo y los sostengo. Mediante su ministerio, ellos bendecirán vidas en todo el mundo y en todas las generaciones.

Esta conferencia es además histórica por otra razón. El presidente Nelson ha anunciado un inspirado avance en el plan organizado que el Señor tiene para Su Iglesia. Dicho plan incluye una nueva estructura para los cuórums del sacerdocio en los barrios y las estacas a fin de que podamos cumplir mejor nuestras responsabilidades del sacerdocio. Todas esas responsabilidades tienen que ver con la forma en que los poseedores del sacerdocio cuidamos de los hijos de nuestro Padre.

El plan del Señor para que Sus santos proporcionen un cuidado amoroso se ha llevado a cabo de muchas maneras a lo largo de los años. En los primeros días de Nauvoo, el profeta José Smith necesitaba una forma organizada de cuidar del gran número de conversos, en su mayoría pobres, que llegaban a la ciudad. Cuatro de mis bisabuelos estaban entre ellos: los Eyring, los Bennion, los Romney y los Smith. El Profeta organizó el cuidado de esos santos de forma geográfica. En Illinois, esas divisiones de la ciudad se llamaban “barrios”.

Cuando los santos cruzaron las llanuras, el cuidado de los unos por los otros se organizó en “compañías”. Uno de mis bisabuelos paternos regresaba de su misión en lo que ahora es Oklahoma cuando se encontró con una compañía en el camino. Estaba tan débil debido a una enfermedad que él y su compañero se hallaban recostados en un pequeño carromato.

El líder de la compañía envió a dos mujeres jóvenes para que ayudaran a quienquiera que estuviese en ese triste carromato. Una de ellas, una hermana joven que se había convertido en Suiza, miró a uno de los misioneros y sintió compasión. Él se salvó gracias a esa compañía de santos. Se recuperó lo suficiente para caminar el resto del trayecto hasta el Valle del Lago Salado con la joven que lo rescató a su lado. Se enamoraron y se casaron. Él llegó a ser mi bisabuelo Henry Eyring, y ella mi bisabuela Maria Bommeli Eyring.

Años después, cuando la gente comentaba la gran dificultad de cruzar un continente, ella decía: “Oh no, no fue difícil. Mientras caminábamos, hablábamos durante todo el trayecto del milagro que era el que ambos hubiésemos hallado el evangelio verdadero de Jesucristo. Fue la época más feliz que recuerdo”.

Desde entonces, el Señor ha utilizado varias maneras para ayudar a Sus santos a cuidar el uno del otro. Ahora, Él nos ha bendecido con cuórums fortalecidos y unificados en los barrios y las estacas; cuórums que trabajan en coordinación con todas las organizaciones del barrio.

Tanto los barrios municipales como las compañías y los cuórums fortalecidos han necesitado al menos dos cosas para tener éxito en cumplir el propósito del Señor de que Sus hijos cuiden unos de otros de la manera en que Él cuida de ellos. Tienen éxito cuando los santos sienten el amor de Cristo el uno por el otro por encima de su interés personal. Las Escrituras lo llaman “caridad… el amor puro de Cristo” (Moroni 7:47). Y tienen éxito cuando el Espíritu Santo guía a aquel que cuida de otro a fin de que sepa lo que el Señor sabe que es mejor para la persona a la que está tratando de ayudar.

Una y otra vez durante las últimas semanas, los miembros de la Iglesia han actuado en mi presencia como si, de alguna manera, hubiesen anticipado lo que el Señor iba a hacer, como se ha anunciado aquí hoy. Permítanme darles solo dos ejemplos. El primero, un sencillo discurso en una reunión sacramental que dio un maestro en el Sacerdocio Aarónico que tiene catorce años y quien comprende lo que los poseedores del sacerdocio pueden lograr mediante su servicio al Señor. El segundo, un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec que, con el amor de Cristo, sintió la inspiración de servir a una familia.

Primero, permítanme compartir las palabras del joven que discursó en la reunión sacramental. Yo estuve allí. Traten de recordar cómo eran ustedes cuando tenían catorce años y escuchen para oírle decir más de lo que es razonable que sepa un hombre tan joven:

“Realmente me ha gustado ser miembro del cuórum de maestros de nuestro barrio desde que cumplí catorce años el año pasado. El maestro sigue teniendo todas las responsabilidades de un diácono, además de otras nuevas.

“Ya que algunos de nosotros somos maestros, otros lo serán algún día y todos en la Iglesia son bendecidos por el sacerdocio, es importante que todos nosotros sepamos más acerca de los deberes del maestro.

“Antes que nada, Doctrina y Convenios 20:53 dice: ‘El deber del maestro es velar siempre por los miembros de la iglesia, y estar con ellos y fortalecerlos’.

“A continuación, Doctrina y Convenios 20:54–55 dice:

“‘y cuidar de que no haya iniquidad en la Iglesia, ni aspereza entre uno y otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias;

“‘y ver que los miembros de la iglesia se reúnan con frecuencia, y también ver que todos los miembros cumplan con sus deberes’”.

El joven continuó:

“El Señor nos está diciendo que es nuestra responsabilidad no tan solo cuidar de la Iglesia, sino también cuidar de las personas dentro de la Iglesia de la forma en que Cristo lo haría, porque esta es Su Iglesia. Si estamos tratando de guardar los mandamientos, ser amables unos con otros, ser honestos, ser buenos amigos y disfrutar de estar juntos, entonces podremos tener el Espíritu con nosotros y saber lo que el Padre Celestial desea que hagamos. Si no lo hacemos, entonces no podemos cumplir con nuestro llamamiento”.

Luego prosiguió diciendo:

“Cuando un maestro decide dar el ejemplo correcto al ser un buen maestro orientador, dar la bienvenida a los miembros en la capilla, preparar la Santa Cena, ayudar en casa y ser un pacificador, decide honrar su sacerdocio y cumplir con su llamamiento.

“Ser un buen maestro no solo significa ser responsable cuando estamos en la capilla o en actividades de la Iglesia. El apóstol Pablo enseñó: ‘… sé ejemplo de los creyentes en palabra, en conducta, en amor, en espíritu, en fe y en pureza’ (1 Timoteo 4:12)”.

Luego el joven dijo:

“No importa dónde estemos ni qué estemos haciendo, podemos ser un buen ejemplo de rectitud en todo momento y en todo lugar.

“Mi papá y yo somos maestros orientadores de la familia Brown1. Cada vez que vamos allá, disfruto mucho la visita y de llegar a conocerlos. Algo que realmente me gusta de los Brown es que cada vez que los visitamos, todos están dispuestos a escuchar y siempre tienen buenas historias para compartir.

“Cuando conocemos bien a las personas del barrio por medio de la orientación familiar, es más fácil hacer el siguiente deber de un maestro, que es saludar a los miembros en la capilla. Ayudar a la gente a sentirse bienvenida e integrada en la Iglesia permite que todos los miembros del barrio se sientan amados y preparados para tomar la Santa Cena.

“Después de dar la bienvenida a los miembros que han venido a la Iglesia, los maestros ayudan cada domingo al preparar la Santa Cena. Realmente disfruto de repartir y preparar la Santa Cena en este barrio porque todos son muy reverentes. Siempre siento el Espíritu cuando preparo y reparto la Santa Cena; es una verdadera bendición para mí poder hacerlo cada domingo.

“Algunos servicios, como repartir la Santa Cena, son algo que las personas ven y nos agradecen por hacerlo; pero otros servicios, como preparar la Santa Cena, por lo general se hacen sin que nadie lo note. No es importante que la gente veaque prestamos servicio; lo que importa es que el Señor sabe que le hemos prestado servicio a Él.

“Como maestros, siempre debemos tratar de fortalecer a la Iglesia, a nuestros amigos y a nuestra familia al cumplir con nuestras responsabilidades del sacerdocio. No siempre es fácil, pero el Señor no nos da mandamientos ‘sin [prepararnos] una vía para que [cumplamos] lo que [nos] ha mandado’ (1 Nefi 3:7)”.

Cuando el joven finalizó su discurso, yo seguí asombrándome de su madurez y sabiduría. Para resumir, dijo: “Sé que llegaremos a ser mejores si elegimos seguir a [Jesucristo]”.

Otra historia de servicio en el sacerdocio se relató hace un mes en una reunión sacramental de barrio. Yo estuve allí. En ese caso, el experimentado poseedor del sacerdocio no sabía que, mientras hablaba, estaba describiendo exactamente lo que el Señor desea que suceda con los cuórums fortalecidos del sacerdocio. Esta es la esencia de su relato:

A él y a su compañero de orientación familiar se les asignó prestar servicio a siete familias. Casi todas ellas no querían ser visitadas. Cuando los maestros orientadores iban a sus apartamentos, se negaban a abrir la puerta; cuando llamaban por teléfono, no respondían; cuando dejaban un mensaje, no les devolvían la llamada. Este compañero mayor finalmente recurrió a ministrar escribiendo cartas; hasta comenzó a utilizar sobres de color amarillo brillante con la esperanza de obtener una respuesta.

Una de las siete familias estaba compuesta por una hermana soltera menos activa que había emigrado de Europa; ella tenía dos hijos pequeños.

Tras numerosos intentos de contactarla, él recibió un mensaje de texto. Con brusquedad ella le hizo saber que estaba demasiado ocupada para recibir a los maestros orientadores. Tenía dos empleos y además estaba en las fuerzas armadas. Su empleo principal era el de oficial de policía y su meta profesional era convertirse en detective para regresar a su país natal y continuar trabajando allí.

El maestro orientador nunca pudo visitarla en su hogar. Periódicamente le enviaba mensajes de texto; cada mes le enviaba una carta escrita a mano, acompañada de tarjetas festivas para cada niño.

Nunca recibía respuesta; sin embargo, ella sabía quiénes eran sus maestros orientadores, cómo comunicarse con ellos y que persistirían en su servicio del sacerdocio.

Entonces, un día, él recibió un mensaje de texto urgente de ella; necesitaba ayuda desesperadamente. No sabía quién era el obispo, pero sí conocía a sus maestros orientadores.

En pocos días debía viajar fuera del estado para un entrenamiento militar de un mes, y no podía llevar a sus hijos. Su madre, que iba a cuidar de ellos, acababa de viajar a Europa para cuidar de su esposo, quien había tenido una emergencia médica.

Esa hermana soltera menos activa tenía suficiente dinero para comprar un pasaje a Europa para su hijo menor, pero no para su hijo de doce años, Eric2. ¡Le preguntó a su maestro orientador si podía encontrar una buena familia Santo de los Últimos Días que recibiera a Eric en su hogar durante los siguientes treinta días!

El maestro orientador le respondió que haría todo lo que le fuera posible. Luego se comunicó con sus líderes del sacerdocio. El obispo, quien era el sumo sacerdote presidente, le dio permiso para acudir a los miembros del consejo de barrio, entre ellos la presidenta de la Sociedad de Socorro.

La presidenta de la Sociedad de Socorro pronto halló a cuatro buenas familias SUD que tenían hijos más o menos de la edad de Eric y que lo recibirían en su hogar una semana cada una. A lo largo del siguiente mes, esas familias dieron de comer a Eric, hicieron lugar para él en sus apartamentos o pequeñas casas ya abarrotadas, lo llevaron a sus actividades de verano previamente planificadas, lo llevaron a la Iglesia, lo incluyeron en sus noches de hogar, y demás.

Las familias que tenían jovencitos de la edad de Eric lo incluyeron en sus reuniones y actividades del cuórum de diáconos. Durante ese período de treinta días, por primera vez en su vida, Eric fue a la capilla todos los domingos.

Después de que su madre regresó del entrenamiento, Eric continuó asistiendo a la Iglesia, por lo general con una de las cuatro familias SUD que se habían ofrecido de voluntarias u otros miembros con quienes había hecho amistad, entre ellos los maestros orientadores de su madre. Con el tiempo, fue ordenado diácono y comenzó a repartir la Santa Cena en forma regular.

Ahora imaginemos el futuro de Eric. No nos sorprenderá si llega a ser un líder de la Iglesia en el país natal de su madre cuando su familia regrese allí, todo gracias a santos que trabajaron en unidad, bajo la dirección del obispo, de servir por la caridad que hay en sus corazones y por el poder del Espíritu Santo.

Sabemos que la caridad es esencial para que seamos salvos en el Reino de Dios. Moroni escribió: “… a menos que tengáis caridad, de ningún modo seréis salvos en el reino de Dios…” (Moroni 10:21; véase también Éter 12:34).

Sabemos, además, que la caridad es un don que se nos otorga después de hacer cuanto podamos. Debemos “[pedir] al Padre con toda la energía de [nuestros] corazones, que [seamos] llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo” (Moroni 7:48).

Tengo la impresión de que recibimos el Santo Espíritu más plenamente cuando nos centramos en servir a los demás. Esa es la razón por la que tenemos la responsabilidad del sacerdocio de servir en nombre del Salvador. Cuando estamos consagrados al servicio de los demás, pensamos menos en nosotros mismos y el Espíritu Santo puede influir en nosotros más fácilmente y ayudarnos en nuestro esfuerzo de toda la vida para tener el don de la caridad.

Les testifico que el Señor ya ha dado un gran paso adelante en Su plan para que recibamos todavía más inspiración y seamos más caritativos en nuestro servicio de ministrar en el sacerdocio. Estoy agradecido por Su amor, el cual Él nos da tan generosamente. De ello testifico en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Se ha cambiado el nombre.
  2. Se ha cambiado el nombre.

 

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¡Mirad! Reales huestes

Conferencia General abril 2018

¡Mirad! Reales huestes

Por el élder Ronald A. Rasband
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Qué gozo será que todos los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec tengan la bendición de enseñar, aprender y prestar servicio hombro a hombro.

Mis queridos hermanos del sacerdocio, me presento ante ustedes con gran humildad en esta histórica ocasión, por asignación de nuestro amado profeta y presidente, Russell M. Nelson. ¡Cuánto quiero y sostengo a este magnífico hombre de Dios y a nuestra nueva Primera Presidencia! Añado mi testimonio al del élder D. Todd Christofferson y al de mis otros hermanos del Cuórum de los Doce Apóstoles de que los cambios que se han anunciado esta tarde son la voluntad del Señor.

Como ha dicho el presidente Nelson, este es un asunto que los apóstoles de mayor antigüedad de la Iglesia han tratado y considerado con espíritu de oración durante mucho tiempo. El deseo era procurar la voluntad del Señor y fortalecer los cuórums del Sacerdocio de Melquisedec. Se recibió inspiración, y esta tarde nuestro profeta dio a conocer la voluntad del Señor. ¡“Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”!1. ¡Cuán bendecidos somos por tener un profeta viviente hoy en día!

A lo largo de nuestra vida, la hermana Rasband y yo hemos viajado por el mundo en diversas asignaciones eclesiásticas y profesionales. He visto casi todo tipo de configuración de unidades de la Iglesia: una pequeña rama en Rusia en la que el número de poseedores del Sacerdocio de Melquisedec se contaba con los dedos de una mano; un barrio nuevo en crecimiento en África en que los sumos sacerdotes y los élderes se reunían en conjunto porque la cantidad total de poseedores del Sacerdocio de Melquisedec era baja; y barrios bien establecidos, en los que el número de élderes requería que el cuórum se dividiera en dos.

Dondequiera que hayamos ido, hemos visto cómo la mano del Señor iba delante de Sus siervos, preparando a las personas y el camino por delante para que todos Sus hijos fueran bendecidos de acuerdo con todas sus necesidades. ¿No ha prometido Él que “[irá] delante de [nuestra] faz” y que [estará] a [nuestra] diestra y a [nuestra siniestra]”, y que Su “Espíritu estará en [nuestro] corazón, y [Sus] ángeles alrededor de [nosotros]”?2.

Al pensar en todos ustedes, recuerdo el himno “¡Mirad! Reales huestes”.

¡Mirad! Reales huestes
ya entran a luchar
con armas y banderas,
el mal a conquistar.
Sus filas ya rebosan
con hombres de valor
que siguen al Caudillo
y cantan con vigor3.

El élder Christofferson ha contestado varias preguntas que ciertamente surgirán por el anuncio de que se combinarán los grupos de sumos sacerdotes y los cuórums de élderes —a nivel de barrio— para formar un ejército unificado y poderoso de hermanos del Sacerdocio de Melquisedec.

Esos cambios contribuirán a que los cuórums de élderes y las Sociedades de Socorro armonicen su labor; también simplificarán la coordinación del cuórum con el obispado y el consejo de barrio; permitirán que el obispo delegue más responsabilidades al presidente del cuórum de élderes y la presidenta de la Sociedad de Socorro, de modo que el obispo y sus consejeros puedan centrarse en sus deberes primordiales; en particular, presidir las Mujeres Jóvenes y los Hombres Jóvenes que poseen el Sacerdocio Aarónico.

Los cambios en las organizaciones y en las funciones de la Iglesia no son poco comunes. En 1883, el Señor dijo al presidente John Taylor: “[En lo concerniente] a la administración y organización de Mi Iglesia y Sacerdocio… os revelaré, de cuando en cuando, por los medios que he señalado, todo lo que será menester para el futuro progreso y perfección de Mi Iglesia, para la adecuación y el avance de Mi reino”4.

Dirijo ahora algunas palabras a ustedes, hermanos, que son sumos sacerdotes: sepan que los amamos. ¡Nuestro Padre Celestial los ama! Ustedes son una gran parte de este ejército real del sacerdocio y no podemos llevar adelante esta obra sin su bondad, servicio, experiencia y rectitud. Alma enseñó que se llama a los hombres a ser sumos sacerdotes por causa de su fe excepcional y buenas obras, para enseñar y ministrar a los demás5. Dicha experiencia se necesita ahora quizás más que nunca.

En muchos barrios, tal vez tengamos sumos sacerdotes que ahora tendrán la oportunidad de que un élder los presida como presidente de cuórum. Tenemos un antecedente de élderes que presiden a los sumos sacerdotes: élderes que sirven como presidentes de rama en algunas regiones del mundo donde residen sumos sacerdotes en la rama; y existen ramas en las que solo está organizado el cuórum de élderes y hay sumos sacerdotes presentes.

Qué gozo será que todos los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec tengan la bendición de enseñar, aprender y prestar servicio hombro a hombro con todos los miembros del barrio. Dondequiera que estén y cualesquiera que sean sus circunstancias, los invitamos a aceptar con espíritu de oración, fidelidad y gozo las nuevas oportunidades de dirigir o ser dirigidos, y de servir de manera unida como grupo de hermanos del sacerdocio.

Ahora trataré otros asuntos que quizás necesiten aclaraciones al avanzar para implementar la voluntad del Señor sobre la organización de Sus cuórums del Santo Sacerdocio.

¿Cuáles son los ajustes para el cuórum de sumos sacerdotes de la estaca? Los cuórums de sumos sacerdotes de la estaca continuarán funcionando. Las presidencias de estaca continuarán sirviendo como presidencia del cuórum de sumos sacerdotes de la estaca. Sin embargo, tal como lo mencionó el élder Christofferson, los miembros del cuórum de sumos sacerdotes de la estaca ahora serán los sumos sacerdotes que actualmente presten servicio en la presidencia de estaca, como miembros de un obispado de barrio, miembros del sumo consejo de la estaca, y el patriarca en funciones. Los secretarios y secretarios ejecutivos de barrio y de estaca no son miembros del cuórum de sumos sacerdotes de la estaca. Cuando alguien que preste servicio activamente como sumo sacerdote, patriarca, Setenta o Apóstol visite algún barrio y desee asistir a la reunión del sacerdocio, se reunirá con el cuórum de élderes.

Conforme se releve a su debido tiempo a los hermanos en esos llamamientos, volverán a su unidad de origen como miembros del cuórum de élderes.

¿Cuál es la función del cuórum de sumos sacerdotes de la estaca? La presidencia de estaca se reúne con los miembros del cuórum de sumos sacerdotes para deliberar en consejo, testificar y brindar capacitación. Las reuniones de estaca, tal como se explica en nuestros manuales, continuarán con dos ajustes:

Uno: Los barrios y las estacas ya no tendrán reuniones de comité ejecutivo del sacerdocio. Si surgiera algún problema especial en el barrio, tal como algún asunto delicado sobre alguna familia o alguna dificultad inusual tocante a bienestar, podría tratarse en una reunión de obispado ampliada. Otros asuntos menos confidenciales pueden tratarse en el consejo de barrio. Lo que se ha conocido como la reunión de comité ejecutivo del sacerdocio de la estaca ahora se llamará la “reunión del sumo consejo”.

Dos: Ya no se realizará la reunión anual de todos los sumos sacerdotes ordenados en la estaca. No obstante, la presidencia de estaca continuará efectuando una reunión anual para el cuórum de sumos sacerdotes de la estaca como se ha anunciado hoy.

¿Puede el barrio tener más de un cuórum de élderes? La respuesta es sí. En consonancia con el versículo 89 de la sección 107 de Doctrina y Convenios, cuando un barrio tenga un número inusualmente grande de poseedores del Sacerdocio de Melquisedec activos, los líderes pueden organizar más de un cuórum de élderes. En tales casos, cada cuórum debe guardar un equilibrio razonable con el otro en cuanto a edades, experiencia, y oficios y fortaleza del sacerdocio.

Testifico que conforme avancemos con esta inspirada reestructuración de cuórums en nuestros barrios y estacas, veremos una multitud de bendiciones. Permítanme citarles algunos ejemplos.

Bajo la dirección del obispo, habrá más recursos del sacerdocio que podrán contribuir a la obra de salvación. Esto incluye el recogimiento de Israel mediante la obra del templo e historia familiar, trabajar con personas y familias que pasan necesidades, y ayudar a los misioneros a traer almas a Jesucristo.

Cuando los líderes que antes presidían regresen para compartir su experiencia con el cuórum de élderes, el resultado será miembros de cuórum más fuertes.

Habrá una mayor diversidad de dones y capacidades dentro del cuórum.

Habrá más flexibilidad y disponibilidad para satisfacer las necesidades actuales y urgentes dentro del barrio y del cuórum, y para cumplir con nuestras diversas asignaciones de ministrar.

Habrá más orientación y unidad conforme el nuevo élder y el experimentado sumo sacerdote compartan experiencias, lado a lado, en las reuniones y asignaciones del cuórum.

Esperamos que los obispos y presidentes de rama estén más libres para magnificar su llamamiento de apacentar su redil y ministrar a los necesitados.

Entendemos que cada barrio y estaca es diferente. Aunque entendemos dichas diferencias, esperamos que pongan en práctica estos cambios sin demora tras la conferencia general. ¡Hemos recibidos instrucciones de un profeta de Dios! ¡Qué tremenda bendición y responsabilidad! ¡Cumplámosla con toda rectitud y diligencia!

Les recuerdo: la autoridad del sacerdocio viene mediante el apartamiento y la ordenación; pero el poder del sacerdocio real, el poder de actuar en el nombre del Señor Jesucristo, solo puede venir al vivir de manera recta.

El Señor declaró al profeta José Smith, el profeta de la Restauración:

“He aquí, yo me encargaré de vuestros rebaños, y levantaré élderes y los enviaré a ellos.

“He aquí, apresuraré mi obra en su tiempo”6.

Ciertamente, esta es una época en la que el Señor apresura Su obra.

Ruego que cada uno de nosotros use esta oportunidad para reflexionar y mejorar nuestra vida a fin de adherirse mejor a Su voluntad, para que merezcamos las muchas bendiciones que Él ha prometido a los leales y fieles.

Hermanos, gracias por todo lo que hacen para ser parte de esta magnífica obra. Ruego que avancemos en esta causa grande y honorable.

Y cuando se acabe
tan larga lucha cruel,
y todos ya descansen
con su Caudillo fiel,
a Cristo Rey eterno,
las huestes con amor
le alzarán victorias,
cantando con vigor:
¡A vencer, a vencer
por Él que nos salva!
¡A vencer, a vencer
por Cristo Rey Jesús!
¡A vencer, a vencer, a vencer
por Cristo Rey Jesús!7.

Hoy todos somos testigos de cómo el Señor revela Su voluntad por medio de Su Profeta, el presidente Russell M. Nelson. Testifico que él es el profeta de Dios aquí en la tierra. Doy mi testimonio del Señor Jesucristo, quien es nuestro gran Redentor y Salvador; esta es Su obra y esta es Su voluntad. De ello doy solemne testimonio; en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Amós 3:7.
  2. Véase Doctrina y Convenios 84:88.
  3. ¡Mirad! Reales huestes”, Himnos, nro. 163.
  4. Citado en la compilación de James R. Clark, Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints,1965, tomo II, pág. 354.
  5. Véase Alma 13.
  6. Doctrina y Convenios 88:72–73.
  7. “¡Mirad! Reales huestes”, Himnos, nro. 163.

 

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El cuórum de élderes

Conferencia General Abril 2018

El cuórum de élderes

Por el élder D. Todd Christofferson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El tener un cuórum del Sacerdocio de Melquisedec en un barrio unifica a los poseedores del sacerdocio para llevar a cabo todos los aspectos de la obra de salvación.

Poco después de organizarse la Iglesia en esta última dispensación, el Señor declaró en una revelación: “… y por vuestra oración de fe recibiréis mi ley para que sepáis cómo gobernar mi iglesia y poner todas las cosas en orden delante de mí”1. Desde entonces, se ha seguido ese principio en la Iglesia y el Señor ha honrado esa promesa. De vez en cuando, se han revelado modelos para la organización y el servicio del sacerdocio, comenzando con el profeta José Smith, cuando se establecieron los oficios y los cuórums del sacerdocio en nuestra época. Durante la administración de los presidentes Brigham Young, John Taylor y Spencer W. Kimball, entre otros, se revelaron e implementaron ajustes significativos con respecto al Cuórum de los Doce, los Setenta, los sumos sacerdotes y otros oficios y cuórums tanto en el Sacerdocio de Melquisedec como en el Aarónico2. Ahora, en una declaración histórica, hace tan solo unos momentos, el presidente Russell M. Nelson anunció un ajuste crucial adicional.

Permítanme repetir parte de sus palabras: “Esta noche anunciamos una importante reestructuración de nuestros cuórums del Sacerdocio de Melquisedec para llevar a cabo la obra del Señor de manera más eficaz. En cada barrio, los sumos sacerdotes y los élderes se combinarán en un cuórum de élderes… [y] la composición [del] cuórum [de los sumos sacerdotes de estaca] se basará en los actuales llamamientos en el sacerdocio”.

El presidente Nelson agregó:

“Estas modificaciones se han estado estudiando desde hace muchos meses. Hemos sentido la urgente necesidad de mejorar la forma en que cuidamos de nuestros miembros… Para hacerlo mejor, necesitamos fortalecer nuestros cuórums del sacerdocio a fin de brindar mayor orientación a la ministración de amor y sostén que el Señor dispone para Sus santos.

“Estos ajustes son inspirados por el Señor. A medida que los implementemos, seremos aún más eficaces de lo que previamente hemos sido”3.

Bajo la dirección de la Primera Presidencia, el élder Ronald A. Rasband y yo agregaremos algunos detalles que confiamos darán respuesta a las preguntas que puedan tener.

Cuórums de élderes y de sumos sacerdotes

Primero, y para reiterar, ¿cuáles son los ajustes para los grupos de sumos sacerdotes y cuórums de élderes de barrio? En los barrios, los miembros de los cuórums de élderes y de los grupos de sumos sacerdotes ahora se combinarán en un cuórum del Sacerdocio de Melquisedec con una presidencia de cuórum. Ese cuórum, que aumentará en número y unidad, se llamará el “cuórum de élderes”. Los grupos de sumos sacerdotes se discontinúan. El cuórum de élderes incluirá a todos los élderes y futuros élderes del barrio, así como a sumos sacerdotes que no estén actualmente sirviendo en el obispado, en la presidencia de estaca, en el sumo consejo o como patriarcas en funciones. El cuórum de sumos sacerdotes de la estaca lo integrarán aquellos sumos sacerdotes que esténsirviendo en la presidencia de la estaca, en los obispados, en el sumo consejo y como patriarcas en funciones.

La presidencia del cuórum de élderes

¿Cómo se ha de organizar la presidencia del cuórum de élderes? La presidencia de estaca relevará a los actuales líderes de grupo de sumos sacerdotes y presidencias de cuórum de élderes, y llamará a un nuevo presidente y consejeros del cuórum de élderes en cada barrio. La nueva presidencia del cuórum de élderes podrá incluir a élderes y sumos sacerdotes, de diversas edades y experiencia, sirviendo juntos en una presidencia de cuórum. En la presidencia, un élder o un sumo sacerdote podrá servir como presidente del cuórum o como consejero. Eso no significa una “toma de poder” por parte de los sumos sacerdotes de los cuórums de élderes. Esperamos que los élderes y los sumos sacerdotes trabajen conjuntamente, en cualquier combinación, en la presidencia del cuórum y en el servicio que este presta. Estos ajustes en los cuórums se deberán implementar tan pronto como sea conveniente y posible.

Oficios del sacerdocio en el cuórum de élderes

¿Cambia este ajuste, en la estructura del cuórum, el oficio en el sacerdocio que poseían los miembros del cuórum? No; esa acción no anula ningún oficio en el sacerdocio al que cualquier miembro del cuórum haya sido ordenado en el pasado. Como saben, un hombre puede ser ordenado a diferentes oficios en el sacerdocio a lo largo de su vida, y no pierde ni abandona ninguna ordenación previa cuando recibe un nuevo oficio. Si bien en algunos casos un poseedor del sacerdocio puede servir en más de un oficio a la vez, como cuando un sumo sacerdote sirve como patriarca o como obispo, por lo general no funge en todos sus oficios del sacerdocio al mismo tiempo. Por ejemplo, los obispos y los Setentas no sirven de manera activa en esos oficios una vez que son relevados o se les nombra eméritos. Por tanto, cualquier otro oficio u oficios en el sacerdocio que pueda tener un hombre, mientras sea miembro del cuórum de élderes, sirve como élder.

Hace años, el presidente Boyd K. Packer dijo: “El sacerdocio es mayor que cualquiera de sus oficios… El sacerdocio no puede dividirse. Un élder posee tanto sacerdocio como un Apóstol (véase D. y C. 20:38). Cuando un hombre recibe el sacerdocio, lo recibe en su totalidad o plenamente. Sin embargo, dentro del sacerdocio hay oficios: divisiones de autoridad y responsabilidad…  algunas veces tenemos la tendencia a considerar un oficio como ‘mayor’ o ‘menor’ que otro. En lugar de ser oficios de ‘mayor’ o ‘menor’ importancia en el Sacerdocio de Melquisedec, estos representan diferentes aspectos de servicio”4. Hermanos, espero fervientemente que dejemos de hablar en términos de ser “avanzados” a otro oficio en el Sacerdocio de Melquisedec.

Los élderes seguirán siendo ordenados sumos sacerdotes cuando se les llame a formar parte de una presidencia de estaca, un sumo consejo o un obispado, o en otras ocasiones, según lo determine el presidente de estaca mediante devota consideración e inspiración. Cuando se terminen sus periodos de servicio en una presidencia de estaca, un sumo consejo u obispado, los sumos sacerdotes volverán a integrarse al cuórum de élderes de su barrio.

Dirección para el presidente del cuórum de élderes

¿Quién dirige la obra del presidente del cuórum de élderes? El presidente de estaca preside el Sacerdocio de Melquisedec en su estaca; por tanto, el presidente del cuórum de élderes responde directamente al presidente de estaca, quien proporciona capacitación y orientación de parte de la presidencia de estaca y por medio del sumo consejo. El obispo, como sumo sacerdote presidente del barrio, también se reúne con regularidad con el presidente del cuórum de élderes. El obispo delibera en consejo con él y le brinda la debida orientación en cuanto a la mejor manera de servir y bendecir a los miembros del barrio, trabajando en armonía con todas las organizaciones del barrio5.

El propósito de estos cambios

¿Cuáles son los propósitos de los ajustes en los cuórums del Sacerdocio de Melquisedec? El tener un cuórum del Sacerdocio de Melquisedec en un barrio unifica a los poseedores del sacerdocio para llevar a cabo todos los aspectos de la obra de salvación, incluida la obra del templo y de historia familiar que previamente coordinaban los grupos de sumos sacerdotes. Permite que los miembros del cuórum, de todas las edades, procedencias y diferentes etapas de la vida, se beneficien los unos de los otros de sus perspectivas y experiencias. También brinda oportunidades adicionales para que los poseedores del sacerdocio con experiencia sirvan de mentores para los demás, entre ellos los futuros élderes, los miembros nuevos, los jóvenes adultos y aquellos que se vuelven a activar en la Iglesia. No puedo expresar adecuadamente lo entusiasmado que estoy de contemplar el papel cada vez más vital que desempeñarán los cuórums de élderes en el futuro. La sabiduría, experiencia, capacidad y fortaleza que se verán en esos cuórums auguran un nuevo día y un nuevo estándar de servicio del sacerdocio en toda la Iglesia.

Hace veinte años, en una conferencia general, relaté una historia que había contado el élder Vaughn J. Featherstone, de los Setenta, que considero que merece que se vuelva a repetir.

En 1918, el hermano George Goates era granjero y cultivaba remolacha azucarera en Lehi, Utah. Ese año el invierno empezó temprano y congeló gran parte de su cosecha de remolacha. La siega fue lenta y difícil para el hermano Goates y su pequeño hijo Francis. Entretanto, una epidemia de gripe se propagaba por todo el lugar. La terrible enfermedad ya había truncado la vida de un hijo de George, Charles, y de tres hijitos de este: dos niñitas y un varón. En el transcurso de solo seis días, el apesadumbrado George Goates había hecho tres viajes a Ogden, Utah, con el fin de llevar los cuerpos para sepultarlos. Al final de ese espantoso periodo, George y Francis Goates tomaron su carromato y se dirigieron al campo de remolachas.

“[En el camino] se cruzaron con muchas carretas conducidas por granjeros vecinos cargadas de remolachas que se dirigían a la fábrica azucarera. Al encontrarse, cada uno de los conductores lo saludaba con la mano y le decía: ‘¿Qué tal, tío George?’, ‘Lo lamento mucho, George’, ‘¡Qué pena, George!’, ‘¡Aquí estamos tus amigos, George!’.

“En la última carreta iba el pecoso Jasper Rolfe, que lo saludó alegremente, diciendo: ‘¡Aquí van todas, tío George!’.

“[El hermano Goates] se volvió hacia Francis y comentó: ‘¡Ojalá fueran todas las nuestras!’.

“Al llegar a la entrada de la granja, Francis bajó de un brinco y abrió el portón para que su padre entrara en el campo con el carromato. [George] entró, detuvo a los animales y miró a su alrededor… ¡No había una sola remolacha en todo el campo! Entonces se dio cuenta de lo que Jasper Rolfe había querido decir con sus palabras: ‘¡Aquí van todas, tío George!’.

“[George] bajó de su carromato, recogió un puñado de la fértil tierra oscura que tanto amaba, y otro de tallos, y contempló un momento esos símbolos de su labor sin poder creerlo.

“Después se sentó sobre una pila de tallos, y aquel hombre que en solo seis días había sepultado a cuatro seres queridos; que había hecho los féretros, había cavado los sepulcros e incluso ayudado a vestir a los muertos; aquel hombre sorprendente que no había flaqueado, ni se había acobardado, ni había desmayado en medio de esas penosas pruebas; aquel hombre, se sentó en una pila de tallos y sollozó como un niño.

“Luego se levantó, se secó los ojos, miró hacia el cielo y dijo: ‘Gracias, Padre, por los élderes de nuestro barrio’”6.

Sí, gracias sean dadas a Dios por los hombres del sacerdocio y por el servicio que aún prestarán al levantar a las personas, a las familias y al establecer Sion.

La Primera Presidencia, el Cuórum de los Doce Apóstoles y la Presidencia de los Setenta han considerado estos ajustes durante un período prolongado de tiempo. Con mucha oración, con el estudio minucioso de los fundamentos que se encuentran en las Escrituras sobre los cuórums del sacerdocio y la confirmación de que esta es la voluntad del Señor, avanzamos con unanimidad en lo que en realidad es un paso más en el desarrollo de la Restauración. La dirección del Señor queda manifestada, y me regocijo en ella al dar testimonio de Él, de Su sacerdocio y de las ordenaciones de ustedes en ese sacerdocio; en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Doctrina y Convenios 41:3.
  2. Véanse, por ejemplo, William G. Hartley, “The Priesthood Reorganization of 1877: Brigham Young’s Last Achievement,” in My Fellow Servants: Essays on the History of the Priesthood(2010), 227–64; “To the Seventies,” en James R. Clark, comp., Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints (1965), 352–54; Hartley, “The Seventies in the 1880s: Revelations and Reorganizing,” in My Fellow Servants, 265–300; Edward L. Kimball, Lengthen Your Stride: The Presidency of Spencer W. Kimball (2005), 254–58; Susan Easton Black, “Early Quorums of the Seventies,” en David J. Whittaker and Arnold K. Garr, eds., A Firm Foundation: Church Organization and Administration (2011), 139–60; Richard O. Cowan, “The Seventies’ Role in the Worldwide Church Administration,” en A Firm Foundation, 573–93.
  3. Russell M. Nelson, Comentarios de introducciónLiahona, mayo de 2018, pág. 54.
  4. Boyd K. Packer, “Lo que todo élder debe saber; y toda hermana también: Un compendio de los principios de la administración del sacerdocio”,Liahona, noviembre de 1994, págs. 17, 19.
  5. Véase Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 7.3.1.
  6. Todd Christofferson, “El [cuórum] del sacerdocio”, Liahona, enero de 1999, pág.47 ; véase también Vaughn J. Featherstone, “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor”, Liahona, noviembre de 1973, págs. 36–38.

 

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Comentarios de introducción

Conferencia General Abril 2018

Comentarios de introducción

Por el presidente Russell M. Nelson

Anunciamos una importante reestructuración de nuestros cuórums del Sacerdocio de Melquisedec para llevar a cabo la obra del Señor de manera más eficaz.

Gracias, hermano Holmes, por su importante mensaje.

Queridos hermanos, extrañamos profundamente al presidente Thomas S. Monson y al élder Robert D. Hales; No obstante, seguimos adelante “en la obra del Señor”1.

Estoy agradecido por cada hombre que posee el santo sacerdocio. Ustedes son la esperanza de nuestro Redentor, quien desea “que todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador del mundo”2. Él desea que todos sus hijos ordenados lo representen, que hablen en nombre de Él, que actúen en Su nombre y bendigan la vida de los hijos de Dios en todo el mundo, “para que también la fe aumente en la [toda] la tierra.”3

Algunos de ustedes prestan servicio allá donde la Iglesia ha estado establecida desde generaciones; otros sirven donde la Iglesia es relativamente nueva. Para algunos de ustedes, sus barrios son grandes; para otros, sus ramas son pequeñas y las distancias son largas. Independientemente de sus circunstancias individuales, cada uno de ustedes es miembro de un cuórum del sacerdocio con el encargo divino de aprender y enseñar, de amar y de servir a los demás.

Esta noche anunciamos una importante reestructuración de nuestros cuórums del Sacerdocio de Melquisedec para llevar a cabo la obra del Señor de manera más eficaz. En cada barrio, los sumos sacerdotes y los élderes se combinarán en un cuórum de élderes. Estos ajustes aumentarán en gran manera la capacidad y la habilidad de los hombres que portan el sacerdocio a fin de servir a los demás. Los futuros élderes recibirán la bienvenida a dicho cuórum y serán hermanados por el mismo. En cada estaca, la presidencia de estaca seguirá presidiendo el cuórum de sumos sacerdotes de la estaca; pero la composición de dicho cuórum se basará en los actuales llamamientos en el sacerdocio, según se explicará luego.

El élder D. Todd Christofferson y el élder Ronald A. Rasband del Cuórum de los Doce Apóstoles nos enseñarán ahora más sobre estos importantes ajustes.

Estas modificaciones se han estado estudiando desde hace muchos meses. Hemos sentido la urgente necesidad de mejorar la forma en que cuidamos de nuestros miembros y damos informe de nuestros contactos con ellos. Para hacerlo mejor, necesitamos fortalecer nuestros cuórums del sacerdocio a fin de brindar mayor orientación a la ministración de amor y sostén que el Señor dispone para Sus santos.

Estos ajustes son inspirados por el Señor. A medida que los implementemos, seremos aún más eficaces de lo que previamente hemos sido.

Estamos embarcados en la obra de Dios Todopoderoso. ¡Jesús es el Cristo! ¡Somos Sus humildes siervos! Que Dios los bendiga, hermanos, a medida que aprendemos y realizamos nuestro deber; lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. “Trabajemos hoy en la obra”, Himnos,  158.
  2. Doctrina y Convenios 1:20.
  3. Doctrina y Convenios 1:21.

 

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Lo que todo poseedor del Sacerdocio Aarónico debe entender

Conferencia General Abril 2018

Lo que todo poseedor del Sacerdocio Aarónico debe entender

Por Douglas D. Holmes
Primer Consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes

La ordenación al Sacerdocio Aarónico que han recibido es esencial para ayudar a los hijos de Dios a recibir el poder expiatorio de Cristo.

Hermanos, es un privilegio estar con ustedes en esta histórica conferencia. Cuando era un presidente de misión nuevo, me sentía emocionado porque íbamos a recibir a nuestro primer grupo de nuevos misioneros. Un grupo de misioneros más experimentados estaba preparando una breve reunión para ellos, cuando noté que habían colocado unas sillas de niños en semicírculo.

“¿Para quiénes son esas sillitas?”, pregunté.

Los misioneros, con cierta timidez, respondieron: “Para los nuevos misioneros”.

Creo que la forma en que vemos a los demás tiene un impacto significativo en su percepción de sí mismos, y de lo que pueden llegar a ser1. Ese día, nuestros nuevos misioneros se sentaron en sillas de adultos.

Hablando en sentido figurado, me temo que en ocasiones damos a nuestros jóvenes del Sacerdocio Aarónico sillas de niños para sentarse, en vez de ayudarles a ver que Dios les ha confiado una responsabilidad sagrada y una obra esencial para hacer.

El presidente Thomas S. Monson nos indicó que los hombres jóvenes deben comprender “lo que significa … tener el sacerdocio de Dios. Se les debe guiar a que perciban espiritualmente la santidad de su llamamiento al que han sido ordenados”2.

Hoy ruego que el Espíritu Santo nos guíe a un entendimiento mayor del poder y la santidad del Sacerdocio Aarónico y nos inspire a centrarnos más diligentemente en nuestros deberes del sacerdocio. Mi mensaje es para todos los poseedores del Sacerdocio Aarónico, incluidos los que poseen el Sacerdocio de Melquisedec.

El élder Dale G. Renlund enseñó que el propósito del sacerdocio es proveer a los hijos de Dios el acceso al poder expiatorio de Jesucristo3. Para recibir el poder expiatorio de Cristo en nuestras vidas, hemos de creer en Él, arrepentirnos de nuestros pecados, hacer y guardar convenios sagrados por medio de ordenanzas y recibir el Espíritu Santo4. No son cosas que hacemos solo una vez, ya que esos principios obran juntos, reforzándose mutuamente y edificándose uno sobre el otro en un proceso continuo de progresión ascendente para “[venir] a Cristo, y [perfeccionarnos] en él”5.

¿Cuál es la función del Sacerdocio Aarónico en esto? ¿Cómo nos ayuda a tener acceso al poder expiatorio de Cristo? Yo creo que la respuesta se halla en las llaves del Sacerdocio Aarónico: las llaves del ministerio de ángeles y del evangelio preparatorio6.

El ministerio de ángeles

Comencemos con un aspecto del ministerio de ángeles. Antes de que los hijos de Dios puedan tener fe en Jesucristo, necesitan conocerle y que se les enseñe Su evangelio. Como dijo el apóstol Pablo:

“¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

“¿Y cómo predicarán si no son enviados?…

“Así que la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios”7.

Desde el comienzo de los tiempos, Dios “envió ángeles para ministrar a los hijos de los hombres, para manifestar… la venida de Cristo”8. Los ángeles son seres celestiales que comunican el mensaje de Dios9. Tanto en hebreo como en griego, la raíz de la palabra ángel es “mensajero”10.

De la misma manera en que los ángeles son mensajeros autorizados enviados por Dios a declarar Su palabra y, de este modo, edificar la fe, a nosotros que poseemos el Sacerdocio Aarónico se nos ha ordenado para “enseñar e invitar a todos a venir a Cristo”11. Predicar el Evangelio es un deber del sacerdocio; y el poder asociado con este deber no es solo para los profetas, ni siquiera solo para misioneros. ¡Es para ustedes!12.

¿Cómo obtendremos ese poder? ¿Cómo lleva un diácono de 12 años —o cualquiera de nosotros— la fe en Cristo a los corazones de los hijos de los hombres? Empezamos atesorando Su palabra, para que el poder de ella esté en nosotros13. Él ha prometido que, si lo hacemos, tendremos “el poder de Dios para convencer a los hombres”14. Eso podría ocurrir al enseñar en una reunión del cuórum o durante una visita a un miembro en su casa. Podría ser en una situación más informal, como en una conversación con un amigo o un familiar. En todas esas situaciones, si estamos preparados, podremos enseñar el Evangelio de la forma en que lo hacen los ángeles: por el poder del Espíritu Santo15.

Hace poco escuché a Jacob, un poseedor del Sacerdocio Aarónico en Papúa Nueva Guinea, testificar del poder del Libro de Mormón y cómo le había ayudado a resistir el mal y seguir al Espíritu. Sus palabras aumentaron mi fe y la de otras personas. Mi fe también creció al escuchar a poseedores del Sacerdocio Aarónico enseñando y testificando en sus reuniones de cuórum.

Hombres jóvenes, ustedes son mensajeros autorizados. Mediante sus palabras y acciones, ustedes pueden traer la fe en Cristo a los corazones de los hijos de Dios16. Como dijo el presidente Russell M. Nelson: “Serán para [ellos] como ángeles ministrantes”17.

El evangelio preparatorio

El aumento de fe en Cristo siempre produce un deseo de cambiar y arrepentirse18. Es lógico, entonces, que la llave del ministerio de ángeles esté acompañada de la llave del evangelio preparatorio, “el evangelio de arrepentimiento y de bautismo, y la remisión de pecados”19.

A medida que estudien sus deberes en el Sacerdocio Aarónico, verán que tienen el claro cometido de invitar a los demás a arrepentirse y mejorar20. Eso no significa que nos pongamos en las esquinas de las calles a gritar: “¡Arrepentíos!”. Lo que suele significar es que nosotros nos arrepintamos, perdonemos y ministremos a los demás, les ofrezcamos la esperanza y la paz que trae consigo el arrepentimiento, porque nosotros mismos lo hemos experimentado.

He estado con poseedores del Sacerdocio Aarónico, mientras visitaban a otros miembros del cuórum. He sido testigo de cómo su interés por ellos ablandaba corazones y ayudaba a sus hermanos a sentir el amor de Dios. Escuché a un hombre joven que daba testimonio a sus compañeros sobre el poder del arrepentimiento. Al hacerlo, se ablandaron los corazones, se hicieron compromisos y se sintió el poder sanador de Cristo.

El presidente Gordon B. Hinckley enseñó: “Una cosa es arrepentirse y otra es que se nos perdonen nuestros pecados. El poder que hace esto posible está en el Sacerdocio Aarónico”21. Las ordenanzas del Sacerdocio Aarónico del bautismo y de la Santa Cena testifican y completan nuestro arrepentimiento para tener una remisión de pecados22. El presidente Dallin H. Oaks lo explicó de esta forma: “Se nos ha mandado arrepentimos de nuestros pecados y venir al Señor con el corazón quebrantado y el espíritu contrito, y participar de la Santa Cena… Al renovar nuestro convenio bautismal de esta forma, el Señor renueva el efecto limpiador de nuestro bautismo”23.

Hermanos, es un privilegio sagrado administrar las ordenanzas que traen la remisión de pecados a los corazones arrepentidos por medio del poder expiatorio del Salvador24.

Hace poco me hablaron de un presbítero, con dificultades para expresarse, que bendijo la Santa Cena por primera vez. Al hacerlo, un espíritu poderoso descendió sobre él y la congregación. Posteriormente en esa reunión, él dio su testimonio sencillo y claro del poder de Dios que había sentido durante la ordenanza.

En Sydney, Australia, cuatro miembros de un cuórum de presbíteros bautizaron a los miembros de la familia Mbuelongo. La madre de uno de esos presbíteros me contó el gran impacto que esa experiencia tuvo en su hijo. Esos presbíteros llegaron a entender lo que significa haber sido “comisionado por Jesucristo”25.

Como saben, los presbíteros pueden oficiar ahora en el templo para llevar a cabo bautismos vicarios. Mi hijo de 17 años me bautizó hace poco a favor de algunos de nuestros antepasados. Ambos nos sentimos profundamente agradecidos por el Sacerdocio Aarónico y por el privilegio de actuar para la salvación de los hijos de Dios.

Hombres jóvenes, al tomar parte diligentemente en sus deberes del sacerdocio, ustedes participan con Dios en Su obra de “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”26. Este tipo de experiencias aumenta en ustedes el deseo, y los prepara para enseñar el arrepentimiento y bautizar conversos como misioneros. También los prepara para una vida de servicio en el Sacerdocio de Melquisedec.

Juan el Bautista, nuestro ejemplo

Poseedores del Sacerdocio Aarónico, tenemos el privilegio y el deber de ser consiervos de Juan el Bautista. Juan fue enviado como un mensajero autorizado para dar testimonio de Cristo e invitar a todos a arrepentirse y bautizarse; es decir, Juan ejerció las llaves del Sacerdocio Aarónico que hemos estado analizando. Juan declaró, entonces: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento, pero el que viene tras mí… es más poderoso que yo; él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego”27.

De modo que el Sacerdocio Aarónico, con las llaves del ministerio de ángeles y el evangelio preparatorio, prepara el camino para que los hijos de Dios reciban, mediante el Sacerdocio de Melquisedec, el don del Espíritu Santo, que es el mayor don que podemos recibir en esta vida28.

¡Qué gran responsabilidad ha dado Dios a los poseedores del Sacerdocio Aarónico!

Una invitación y una promesa

Padres y líderes del sacerdocio, ¿pueden sentir la importancia del consejo que dio el presidente Monson de que ayudemos a los hombres jóvenes a comprender “lo que significa… ser portadores del sacerdocio de Dios”?29. Comprender y magnificar el Sacerdocio Aarónico los preparará para ser fieles poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, misioneros llenos de poder, y esposos y padres rectos. Al servir, ellos entenderán y sentirán la realidad del poder del sacerdocio, el poder de actuar en el nombre de Cristo para la salvación de los hijos de Dios.

Hombres jóvenes, Dios tiene una obra que ustedes han de llevar a cabo30. La ordenación al Sacerdocio Aarónico que han recibido es esencial para ayudar a Sus hijos a recibir el poder expiatorio de Cristo. Les prometo que al hacer que estos deberes sagrados sean algo preferente en sus vidas, ustedes sentirán el poder de Dios como nunca antes. Entenderán su identidad como hijos de Dios, llamados con un santo llamamiento para hacer Su obra; y, al igual que Juan el Bautista, ayudarán a preparar el camino para la venida de Su Hijo. De estas verdades doy testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Esto fue lo que le sucedió a Moisés. Luego de su extraordinario encuentro con Dios, él comenzó a verse a sí mismo diferente: como un hijo de Dios. Esta perspectiva le ayudó a resistir a Satanás, quien lo llamó “hijo del hombre” (véase Moisés 1:1–20). Véase también Thomas S. Monson, “Ver a los demás como lo que pueden llegar a ser”,Liahona,noviembre de 2012, págs. 68–71; Dale G. Renlund, “A través de los ojos de Dios”, Liahona, noviembre de 2015, págs. 93–94.
  2. Thomas S. Monson, Capacitación de la Conferencia General, marzo de 2011.
  3. Véase Dale G. Renlund, “El sacerdocio y el poder redentor del Salvador”, Liahona,noviembre de 2017, págs. 64–67.
  4. Véanse 2 Nefi 31–323 Nefi 11:30–4127:13–21Éter 4:18–19Moisés 6:52–688:24.
  5. Moroni 10:32; véase también Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 6.
  6. Véanse Doctrina y Convenios 13:184:26–27107:20.
  7. Romanos 10:14–15:17. José Smith enseñó esta misma verdad: “La fe viene por oír la palabra de Dios, mediante el testimonio de los siervos de Dios; ese testimonio siempre viene acompañado del espíritu de profecía y revelación” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith,2007, pág. 409).
  8. Moroni 7:22; véanse Alma 12:28–3013:21–2432:22–2339:17–19Helamán 5:11Moroni 7:21–25, 29–32Doctrina y Convenios 20:3529:41–42Moisés 5:58; véase también Mateo 28:19Romanos 10:13–17.
  9. Véase George Q. Cannon, Gospel Truth,selecciones de Jerreld L. Newquist, 1987, pág. 54.
  10. Véase James Strong, The New Strong’s Exhaustive Concordance of the Bible, 1984, sección Diccionario hebreo y caldeo, pág. 66, sección Diccionario griego, pág. 7.
  11. Doctrina y Convenios 20:59.
  12. Véase Henry B. Eyring, “Para que se haga fuerte también”,Liahona, noviembre de 2016, págs. 75–78; Alma 17:3Helamán 5:186:4–5Doctrina y Convenios 28:3.
  13. Véanse 1 Juan 2:14Alma 17:226:1332:42Cumplir con Mi Deber a Dios: Para poseedores del Sacerdocio Aarónicoes una valiosa herramienta para lograr esto.
  14. Doctrina y Convenios 11:21; véase también Doctrina y Convenios 84:85.
  15. Véanse 2 Nefi 32:3Doctrina y Convenios 42:1450:17–22.
  16. Véase Moroni 7:25.
  17. Véase Russell M. Nelson, “Honremos el sacerdocio”,Liahona,julio de 1993, pág. 47; véase también Alma 27:4.
  18. Véanse Alma 34:17Helamán 14:13.
  19. Doctrina y Convenios 84:27.
  20. Véanse Doctrina y Convenios 20:46, 51–59, 73–79Cumplir con Mi Deber a Dios: Para poseedores del Sacerdocio Aarónicoes una valiosa herramienta para entender nuestros deberes.
  21. Gordon B. Hinckley, “El Sacerdocio Aarónico: Un don de Dios”, Liahona,julio de 1988, pág. 48.
  22. El élder D. Todd Christofferson explicó: “El bautismo de agua es el paso final o supremo en el proceso del arrepentimiento. El renunciar al pecado, junto con nuestro convenio de obediencia, completa nuestro arrepentimiento; de hecho, el arrepentimiento permanece incompleto sin ese convenio” (“Edificar la fe en Cristo”,Liahona,septiembre de 2012, págs. 14–15). Véanse también D. Todd Christofferson, “El divino don del arrepentimiento”,Liahona, noviembre de 2011, págs. 38–41; Traducción de José Smith, Mateo 26:24 (en el Apéndice de la Biblia).  La ordenanza de la Santa Cena es “una oportunidad que tenemos semanalmente de renovar convenios sagrados que nos permiten ser partícipes de la gracia expiatoria del Salvador con el mismo efecto espiritualmente purificador del bautismo y de la confirmación” (“Entender nuestros convenios con Dios,” Liahona, julio de 2012, pág. 21). Véase también Dallin H. Oaks, “Para que siempre tengan su Espíritu”, Liahona,enero de 1997, págs. 65–68.
  1. Véase Dallin H. Oaks, “El Sacerdocio Aarónico y la Santa Cena”,Liahona,enero de 1999, pág. 44.
  2. El élder David A. Bednar explicó: “Las ordenanzas de salvación y exaltación que se administran en la Iglesia restaurada del Señor son mucho más que rituales o representaciones simbólicas. Más bien, ellas constituyen canales autorizados por medio de los cuales pueden fluir las bendiciones y los poderes del cielo en la vida de cada persona” (“Siempre retendréis la remisión de vuestros pecados”,Liahona, mayo de 2016, pág. 60).
  3. Doctrina y Convenios 20:73.
  4. Moisés 1:39.
  5. Mateo 3:11.
  6. Muchos líderes de la Iglesia han señalado que el Espíritu Santo es el mayor don que recibimos en la vida terrenal.  El presidente Dallin H. Oaks dijo: “El disfrutar de la compañía constante del Espíritu Santo es la posesión más preciosa que podemos tener en la vida mortal” (véase “El Sacerdocio Aarónico y la Santa Cena”, Liahona, enero de 1999, pág. 44).   El élder Bruce R. McConkie enseñó: “Hablando desde la perspectiva de la eternidad, la vida eterna es el mayor de todos los dones de Dios. Pero si limitamos la perspectiva a solamente esta vida terrenal, el don del Espíritu Santo es el mayor de los dones que un ser mortal puede disfrutar” (“What Is Meant by ‘The Holy Spirit’?”, Instructor, febrero de 1965, pág. 57).   El presidente Wilford Woodruff testificó: “Ahora bien, si ustedes tienen el Espíritu Santo —y cada uno debería tenerlo—, les puedo decir que no hay don más grandioso, no hay bendición más grande ni testimonio más fuerte que se hayan dado al hombre en la tierra. Pueden tener la ministración de ángeles; pueden ver muchos milagros; pueden contemplar muchas maravillas; pero afirmo que el don del Espíritu Santo es el don más grande que se pueda conferir al hombre” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, 2005, pág. 50).   Y el élder David A. Bednar agregó: “Los mandamientos de Dios que obedecemos y el inspirado consejo de los líderes de la Iglesia que seguimos, se centran principalmente en obtener la compañía del Espíritu. Básicamente, todas las enseñanzas y actividades del Evangelio se centran en venir a Cristo al recibir el Espíritu Santo en nuestra vida” (véase “Recibe el Espíritu Santo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 97).
  7. Thomas S. Monson, Capacitación de la Conferencia General, marzo de 2011.
  8. Véase Moisés 1:6.

 

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La obra del templo y de historia familiar: Sellamiento y sanación

Conferencia General Abril 2018

La obra del templo y de historia familiar:
Sellamiento y sanación

Por el élder Dale G. Renlund
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Cuando reunimos nuestras historias familiares y vamos al templo por nuestros antepasados, Dios cumple bendiciones prometidas simultáneamente a ambos lados del velo.

Las relaciones familiares pueden formar parte de las experiencias más gratificantes y a la vez exigentes que tengamos. Muchos de nosotros hemos afrontado algún tipo de fractura en el seno de nuestra familia. Una fractura semejante surgió entre dos héroes de la restauración de la Iglesia de Jesucristo en estos últimos días. Parley y Orson Pratt eran hermanos, conversos de los primeros tiempos y apóstoles ordenados. Cada uno de ellos afrontó una prueba de fe, pero la superó con un testimonio inquebrantable. Ambos sacrificaron mucho y contribuyeron enormemente a la causa de la verdad.

Durante la época de Nauvoo, su relación se tornó tensa y culminó en una acalorada confrontación pública en 1846. Se produjo una ruptura profunda y prolongada. En un primer momento, Parley le escribió a Orson para resolver la disputa, pero Orson no contestó. Parley se dio por vencido, considerando que no volverían a comunicarse, a menos que Orson diera ese paso1.

Varios años más tarde, en marzo de 1853, Orson se enteró de un proyecto de publicar un libro sobre los descendientes de William Pratt, el primer antepasado americano de estos hermanos. Orson comenzó a llorar “como un bebé” al vislumbrar este tesoro escondido de historia familiar. Su corazón se enterneció y tomó la decisión de reparar la brecha con su hermano.

Orson le escribió a Parley: “Ahora, querido hermano, no hay nadie entre todos los descendientes de nuestro antepasado, el teniente William Pratt, que tenga un interés tan profundo en buscar sus descendientes como nosotros”. Orson fue uno de los primeros en comprender que los Santos de los Últimos Días tenemos la responsabilidad de buscar y compilar historias familiares para llevar a cabo las ordenanzas vicarias por nuestros antepasados. Su carta proseguía diciendo: “Sabemos que el Dios de nuestros padres ha puesto su mano en todo esto… Deseo pedir perdón por haber sido tan negligente en escribirte… Espero que me perdones”2. A pesar de sus testimonios inquebrantables, fue el amor por sus antepasados el catalizador para sanar una riña, curar una herida, y procurar y conceder perdón3.

Cuando Dios nos guía a hacer algo, con frecuencia tiene muchos propósitos en mente. La obra del templo y de historia familiar no es solo para los muertos, sino que también bendice a los vivos. Para Orson y Parley, tornó el corazón del uno al otro. La obra del templo y de historia familiar aportó el poder de sanar lo que requería ser sanado.

Como miembros de la Iglesia, verdaderamente tenemos la responsabilidad divina de buscar nuestros antepasados y compilar historias familiares. Esto es mucho más que una afición que se nos recomienda adoptar, ya que las ordenanzas de salvación son necesarias para todos los hijos de Dios4. Debemos identificar a nuestros antepasados que murieron sin recibir las ordenanzas de salvación. Podemos llevar a cabo las ordenanzas de manera vicaria en los templos, y nuestros antepasados pueden decidir aceptarlas5. También se nos alienta a ayudar a los miembros del barrio y de la estaca con los nombres de su familia. Es verdaderamente increíble poder contribuir a redimir a los muertos mediante la obra del templo y de historia familiar.

Pero, al participar en la obra del templo y de historia familiar hoy, también nos hacemos merecedores de las bendiciones de “sanación” prometidas por los profetas y apóstoles6. Estas bendiciones también son verdaderamente increíbles por su alcance, especificidad y consecuencias en la vida mortal. Esta larga lista incluye las siguientes bendiciones:

  • Más comprensión del Salvador y de Su sacrificio expiatorio.
  • Más influencia del Espíritu Santo en nuestra vida7 para disfrutar de fortaleza y guía para nuestra propia vida.
  • Más fe, la cual hace que nuestra conversión a Él llegue a ser profunda y perdurable.
  • Más capacidad y motivación para aprender y arrepentirnos8, gracias a la comprensión de quiénes somos y de dónde venimos, así como una visión más clara de dónde vamos.
  • Más influencia refinadora, santificadora y moderadora en nuestro corazón.
  • Más gozo gracias a una capacidad superior de sentir el amor del Señor.
  • Más bendiciones para nuestra familia, independientemente de nuestra situación familiar actual, pasada o futura o de cuán imperfecto sea nuestro árbol familiar.
  • Más amor y aprecio por nuestros antepasados y familiares vivos, lo que hace que ya no nos sintamos solos.
  • Más poder para discernir lo que necesita ser sanado y así, con la ayuda del Señor, servir a los demás.
  • Más protección ante las tentaciones y la creciente influencia del adversario.
  • Más ayuda a la hora de aliviar corazones atribulados, quebrantados o angustiados y que las personas heridas sanen9.

Si ha orado para recibir cualquiera de estas bendiciones, participe en la obra del templo y de historia familiar. Al hacerlo, sus oraciones serán contestadas. Cuando se llevan a cabo ordenanzas a favor de personas fallecidas, los hijos de Dios sobre la Tierra son sanados. No en vano, el presidente Russell M. Nelson, en su primer mensaje como Presidente de la Iglesia, declaró: “Su adoración en el templo y el servicio que presten allí por sus antepasados los bendecirá con mayor revelación personal y paz, y los fortalecerá en su compromiso de mantenerse en la senda de los convenios”10.

Un profeta anterior también predijo bendiciones, tanto para los vivos como para los muertos11. Un mensajero celestial le mostró a Ezequiel la visión de un templo con agua saliendo de él a borbotones. A Ezequiel se le dijo:

“Estas aguas salen… y descenderán al desierto y entrarán en el mar [muerto]… [y] las aguas serán sanadas.

“Y acontecerá que toda alma viviente que nade por dondequiera que entren estos dos ríos, vivirá… pues serán sanadas; y vivirá todo lo que entre en este río”12.

Hay dos características destacables de esta agua. En primer lugar, aunque el pequeño arroyo no tenía afluentes, crecía hasta convertirse en un río caudaloso, ensanchándose y haciéndose más profundo según recorría su flujo. Sucede algo similar con las bendiciones que fluyen del templo a medida que las personas son selladas como familias. A medida que las ordenanzas de sellamiento fusionan las familias, se produce un crecimiento significativo hacia atrás y hacia delante a través de las generaciones.

En segundo lugar, el río renovaba todo lo que tocaba. Del mismo modo, las bendiciones del templo tienen una capacidad impresionante para sanar. Las bendiciones del templo pueden sanar corazones, vidas y familias.

Permítanme ilustrarlo: En 1999, un joven llamado Todd se desmayó por causa de la rotura de un vaso sanguíneo en su cerebro. Aunque Todd y su familia eran miembros de la Iglesia, su actividad en ella había sido esporádica, y ninguno de ellos había experimentado las bendiciones del templo. La última noche en la vida de Todd, su madre, Betty, se sentó en la cama junto a él acariciando su mano y le dijo: “Todd, si de verdad debes marcharte, te prometo que me aseguraré de que se lleve a cabo tu obra del templo”. Al día siguiente, los médicos declararon la muerte cerebral de Todd. Los cirujanos trasplantaron el corazón de Todd a mi paciente, una persona excepcional llamada Rod.

Pocos meses después del trasplante, Rod averiguó quién era la familia de la persona que le donó su corazón y comenzó a escribirse con ellos. Unos dos años más tarde, la madre de Todd, Betty, invitó a Rod a estar presente cuando ella fue al templo por primera vez. Rod y Betty se vieron por primera vez en persona en el salón celestial del Templo de St. George, Utah.

Algún tiempo después, el padre de Todd y esposo de Betty falleció. Un par de años más tarde, Betty invitó a Rod a representar vicariamente a su hijo fallecido para recibir sus ordenanzas del templo. Rod lo hizo con agradecimiento, y la obra vicaria culminó en una sala de sellamientos en el Templo de St. George, Utah. Betty fue sellada a su esposo fallecido, arrodillándose ante el altar frente a su nieto, quien sirvió como representante. Después, con lágrimas cayendo por sus mejillas, le hizo una señal a Rod para que se uniera a ellos ante el altar. Rod se arrodilló junto a ellos, actuando como representante del hijo de ella, Todd, cuyo corazón todavía latía en el pecho de Rod. El donante del corazón de Rod, Todd, fue entonces sellado a sus padres por toda la eternidad. La madre de Todd había cumplido la promesa que le hizo a su hijo moribundo años atrás.

Pero la historia no termina ahí. Quince años después de su trasplante de corazón, Rod se comprometió con una joven y me pidió que llevara a cabo el sellamiento en el Templo de Provo, Utah. El día de la boda, me reuní con Rod y su maravillosa prometida, Kim, en una sala adyacente a la sala de sellamientos, donde esperaban sus familiares y amigos más cercanos. Tras hablar brevemente con Rod y Kim, les pregunté si tenían alguna pregunta.

Rod dijo: “Sí. La familia de mi donante está presente y les encantaría conocerle”.

Esto me tomó por sorpresa y le pregunté: “¿Quiere decir que están aquí? ¿Ahora mismo?”

Rod contestó: “Sí”.

Doblé la esquina y llamé a la familia para que saliera de la sala de sellamientos. Betty, su hija, y su yerno se unieron a nosotros. Rod saludó a Betty con un abrazo, le dio las gracias por venir y después me la presentó. Rod dijo: “Betty, este es el élder Renlund. Es el médico que cuidó del corazón de tu hijo durante tantos años”. Ella cruzó la sala y me abrazó; durante unos cuantos minutos más, hubo abrazos y lágrimas de gozo por todas partes.

Una vez que nos recuperamos de la emoción, pasamos a la sala de sellamientos, donde Rod y Kim fueron sellados por el tiempo y por toda la eternidad. Rod, Kim, Betty y yo podemos testificar de que los cielos estaban muy cerca, que ese día había otras personas con nosotros que habían cruzado antes el velo de la vida mortal.

Dios, con Su capacidad infinita, sella y sana a personas y familias a pesar de las tragedias, pérdidas y adversidades. A veces comparamos los sentimientos que experimentamos en los templos con captar un destello de los cielos13. Aquel día en el Templo de Provo, Utah, me hice eco de esta afirmación de C. S. Lewis: “[Los seres mortales] dicen en cuanto a cierta medida de sufrimiento temporal: ‘Ninguna dicha futura puede compensarlo’, ignorando que los cielos, cuando los alcancemos, actuarán retrospectivamente y convertirán incluso esa agonía en una gloria… Los benditos dirán entonces: ‘Nunca hemos vivido en ningún otro lugar que no sean los cielos’”14.

Dios nos fortalecerá, ayudará y sostendrá15; y santificará para nosotros nuestra angustia más profunda16. Cuando reunimos nuestras historias familiares y vamos al templo por nuestros antepasados, Dios cumple muchas de estas bendiciones prometidas de manera simultánea a ambos lados del velo. De manera similar, somos bendecidos cuando ayudamos a otras personas en nuestros barrios y estacas a hacer lo mismo. Los miembros que no viven cerca de un templo también reciben estas bendiciones al participar en la obra de historia familiar, reuniendo los nombres de sus antepasados para que se lleven a cabo las ordenanzas del templo.

El presidente Nelson, no obstante, advirtió: “Podemos sentirnos inspirados durante todo el día sobre experiencias del templo y de historia familiar que otras personas hayan tenido. Sin embargo, debemos hacer algo para experimentar realmente la alegría por nosotros mismos”. Prosiguió diciendo: “Los invito a considerar con oración qué tipo de sacrificio —de preferencia un sacrificio de tiempo— pueden hacer para dedicarse más a la obra del templo y de historia familiar este año17. Al aceptar la invitación del presidente Nelson, descubrirán, reunirán y conectarán a su familia. Además, comenzarán a fluir bendiciones para ustedes y su familia como el río que mencionó Ezequiel. Hallarán sanación para aquello que requiera sanación.

Orson y Parley Pratt experimentaron los efectos sanadores y selladores de la obra del templo y de historia familiar en los primeros compases de esta dispensación. Betty, su familia y Rod lo experimentaron. Ustedes también pueden hacerlo. Mediante Su sacrificio expiatorio, Jesucristo ofrece estas bendiciones a todos, tanto muertos como vivos. Gracias a estas bendiciones, nos daremos cuenta de que, metafóricamente, “Nunca hemos vivido en ningún otro lugar que no sean los cielos”18. Testifico de ello en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Véase Parley P. Pratt a Orson Pratt, 25 de mayo de 1853, Orson Pratt Family Collection, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City; en Terryl L. Givens y Matthew J. Grow, Parley P. Pratt: The Apostle Paul of Mormonism, 2011, pág. 319.
  2. Orson Pratt a Parley P. Pratt, 10 de marzo de 1853, Parley P. Pratt Collection, Bibliotecas de Historia de la Iglesia, Salt Lake City; en Givens y Grow, Parley P. Pratt, pág. 319.
  3. Cabe destacar que Orson Pratt no solo ayudó a publicar el libro sobre los descendientes de William Pratt, sino que unos años más tarde, en 1870, él y su familia llevaron a cabo más de 2600 bautismos por los muertos, en la Casa de Investiduras de Salt Lake City, por los nombres recogidos en el libro, (véase Breck England, The Life and Thought of Orson Pratt, 1985, pág. 247).
  4. Véase José Smith, History of the Church,tomo 6, páginas 312–313.
  5. Véase “Names Submitted for Temple Ordinances,” First Presidency letter, Feb. 29, 2012. Los antepasados cuyos nombres se envíen para que se efectúen las ordenanzas vicarias del templo deben tener parentesco con quien haga el envío. Sin excepción, los miembros de la Iglesia no deben enviar nombres de ningún grupo no aprobado, como los de celebridades o de víctimas del Holocausto Judío.
  6. Véase Dallin H. Oaks, “In Wisdom and Order”, Tambuli, 1989, 18–23; D. Todd Christofferson, “La redención de los muertos y el testimonio de Jesús”, Liahona,enero de 2001, págs. 10–13; Boyd K. Packer, “Su historia familiar: Cómo empezar,” Liahona,agosto de 2003, págs. 12–17; Thomas S. Monson, “Verdades constantes para tiempos cambiantes”, Liahona, mayo de 2005, págs.19–22; Henry B. Eyring, “Teniendo entrelazados sus corazones”, Liahona, mayo de 2005, págs. 77–80; M. Russell Ballard, “Fe, Familia, hechos y frutos”, Liahona, noviembre de 2007, págs. 25–27; Russell M. Nelson, “Salvación y exaltación”, Liahona, mayo de 2008, págs. 7–10; Russell M. Nelson, “Generaciones entrelazadas acon amor”, Liahona, mayo de 2010, págs. 91–94; David A. Bednar, “El corazón de los hijos se volverán”, Liahona, noviembre de 2011, 24–27; Richard G. Scott, “El gozo de redimir a los muertos”, Liahona, noviembre de 2012, págs. 93–95; Quentin L. Cook, “Raíces y ramas”, Liahona, mayo de 2014, págs. 44–48; Thomas S. Monson, “Apresurar la obra”, Liahona, junio de 2014, págs. 4–5; Henry B. Eyring, “La promesa de volver los corazones”, Liahona, julio de 2014, págs. 4–5; David A. Bednar, “La obra misional, la de historia familiar y la del templo”, Liahona,octubre de 2014, págs. 14–19; Neil L. Andersen, “‘Mis días’ de templos y tecnologíaLiahona, febrero de 2015, págs. 26–33; Neil L. Andersen, “Sharing the Temple Challenge,” Family Discovery Day, Feb. 2015, LDS.org; Quentin L. Cook, “El gozo de la obra de historia familiar”, Liahona, febrero de 2016, págs. 22–27; Gary E. Stevenson, “¿Dónde están las llaves y la autoridad del sacerdocio?”.Liahona, mayo de 2016, págs. 29–32; Dieter F. Uchtdorf, “Un elogio a los que salvan”, Liahona, mayo de 2016, págs. 77–80; Quentin L. Cook, “Véanse en el templo”, Liahona, mayo de 2016, págs. 97–101; Dale G. Renlund, Ruth L. Renlund y Ashley R. Renlund, “La historia familiar y las bendiciones del templo”, Liahona, febrero de 2017, págs. 34–39; Dallin H. Oaks and Kristen M. Oaks, “Connected to Eternal Families,” Family Discovery Day, Mar. 2018, LDS.org.
  7. Véase Doctrina y Convenios 109:15.
  8. VéaseDoctrina y Convenios 109:21.
  9. Véase Boyd K. Packer, “El bálsamo de Galaad”, Liahona, enero de 1988, págs. 15–17; Jeremías 8:2251:8.
  10. Russell M. Nelson, “Al avanzar juntos”, Liahona,abril de 2018, pág. 7.
  11. VéaseEzequiel 40–47; Guía para el Estudio de las Escrituras, “Ezequiel”.
  12. Ezequiel 47:8–9.
  13. Véase Spencer W. Kimball, “Vislumbrando el cielo”, Liahona,diciembre de 1971, págs. 3–7.
  14. S. Lewis, The Great Divorce: A Dream, 2001, pág. 69.
  15. Véase Isaías 41:10.
  16. Véase “Qué firmes cimientos”, Himnos,Nº 40.
  17. Russell M. Nelson y Wendy W. Nelson, “Abran los cielos mediante la obra del templo y de historia familiar”,Liahona, octubre de 2017, pág. 19.
  18. Lewis, The Great Divorce,pág. 69.

 

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La enseñanza en el hogar: Una responsabilidad sagrada y gozosa

Conferencia General Abril 2018

La enseñanza en el hogar: Una responsabilidad sagrada y gozosa

Por Devin G. Durrant
Primer Consejero de la Presidencia General de la Escuela Dominical

Suplico la ayuda del cielo en nuestro esfuerzo por enseñar como Cristo en nuestro hogar.

Mi querida esposa, Julie, y yo hemos criado seis hijos preciosos, y hace poco nos hemos quedado con “el nido vacío”. Cuánto echo de menos tener a los hijos en casa todo el tiempo; extraño aprender de ellos y enseñarles.

Hoy dirijo mis palabras a todos los padres y a todos los que desean serlo. Muchos de ustedes están criando a sus hijos en la actualidad; otros lo harán en breve. Aun así, para otros el ser padres tal vez sea una bendición futura. Ruego que reconozcamos la sagrada y gozosa responsabilidad que es enseñar a un niño1.

Como padres, damos a conocer al Padre Celestial y a Su Hijo, Jesucristo, a nuestros hijos. Les ayudamos a decir su primera oración. Les brindamos guía y apoyo al entrar en el camino de los convenios2 a través del bautismo. Les enseñamos a obedecer los mandamientos de Dios. Les instruimos acerca del plan que Él tiene para Sus hijos y les ayudamos a reconocer los susurros del Espíritu Santo. Les contamos relatos de profetas antiguos y les animamos a seguir a los profetas vivientes. Oramos por sus triunfos y nos compadecemos de ellos durante sus pruebas. Testificamos a nuestros hijos de las bendiciones del templo y nos esforzamos por prepararlos bien para servir en misiones de tiempo completo. Les brindamos consejos amorosos cuando ellos mismos se convierten en padres, pero aun entonces jamás dejamos de ser sus padres ni sus maestros. Nunca se nos releva de esos llamamientos eternos.

Reflexionemos ahora en algunas de las maravillosas oportunidades que tenemos de enseñar a nuestros hijos en el hogar.

La enseñanza en la noche de hogar

Empecemos por la noche de hogar, que era una prioridad importantísima en el hogar fiel en el que me crie. No recuerdo lecciones específicas de la noche de hogar, pero sí recuerdo que nunca pasó una semana sin tenerla3. Yo sabía lo que era importante para mis padres4.

Recuerdo una de mis actividades favoritas de la noche de hogar: Papá invitaba a uno de sus hijos a pasar “La prueba”. Le daba al hijo una serie de instrucciones como: “Primero ve a la cocina y abre y cierra la nevera. Luego corre hasta mi cuarto y agarra un par de calcetines de mi armario. Entonces vuelve aquí, salta tres veces y di: ‘¡Lo hice, papá!’”.

Me encantaba cuando me tocaba a mí. Quería cumplir cada paso correctamente y apreciaba el momento cuando podía decir: “¡Lo hice, papá!”. Esa actividad me ayudó a desarrollar mi confianza y facilitó que un joven inquieto prestara atención cuando mamá o papá enseñaban un principio del Evangelio.

El presidente Gordon B. Hinckley aconsejó: “Si tienen alguna duda en cuanto a las virtudes de la noche de hogar, pónganla a prueba. Reúnan a sus hijos a su alrededor, enséñenles, compartan su testimonio con ellos, lean las Escrituras juntos y pasen un buen rato juntos”5.

Siempre va a haber oposición para que no hagamos la noche de hogar6. A pesar de ello, les invito a buscar una manera de sortear los obstáculos y hacer de la noche de hogar una prioridad donde la diversión sea un ingrediente clave.

La enseñanza mediante la oración familiar

La oración familiar es otra oportunidad primordial de enseñar.

Me encanta la manera en que el padre del presidente N. Eldon Tanner le enseñó durante la oración familiar. El presidente Tanner dijo lo siguiente:

“Recuerdo que una noche estábamos arrodillados en la oración familiar y mi padre le dijo al Señor: ‘Eldon hizo algo que no debería haber hecho; lo lamenta y, si le perdonas, no lo hará más’.

“Eso me ayudó a tener la determinación de no volver a hacerlo, mucho más de lo que habría logrado con un buen azote”7.

De pequeño a veces me irritaba lo que yo consideraba que era una cantidad excesiva de oraciones familiares, y pensaba para mí: “¿Pero no oramos hace unos minutos?”. Ahora que soy padre sé que una familia nunca ora demasiadas veces8.

Siempre me ha impresionado la manera en que el Padre Celestial presenta a Jesucristo como Su Hijo Amado9. Me encanta orar por mis hijos llamándolos por su nombre mientras oyen cómo le expreso al Padre Celestial lo preciados que son para mí. Parece que no hay una manera mejor de transmitir amor a nuestros hijos que cuando oramos con ellos o les damos una bendición. Se imparten lecciones poderosas y perdurables cuando las familias se unen en humilde oración.

La enseñanza a demanda

La enseñanza que brindamos los padres se parece a un médico que está de guardia. Siempre debemos estar listos para enseñar a los hijos porque nunca sabemos cuándo se presentará la ocasión.

Somos como el Salvador, cuyas enseñanzas a menudo “no ocurrieron en una sinagoga, sino en situaciones cotidianas e informales: mientras comía con Sus discípulos, sacaba agua de un pozo o pasaba cerca de una higuera”10.

Hace unos años, mi madre compartió que las dos mejores conversaciones que tuvo con mi hermano Matt sobre el Evangelio ocurrieron mientras ella doblaba la ropa lavada y cuando iban de camino al dentista. Una de las muchas cosas que admiraba de mi madre era su disposición para enseñar a sus hijos.

Su enseñanza jamás cesaba. Mientras servía como obispo, mi madre, que por entonces tenía 78 años, me dijo que yo necesitaba un corte de pelo. Ella sabía que yo debía ser un ejemplo y no dudaba en decírmelo. ¡Te quiero, mamá!

Por ser padre, tengo la motivación de estudiar las Escrituras personalmente y de meditar en ellas para ser capaz de reaccionar cuando se me presente una oportunidad de enseñar a mis hijos o nietos11. “Algunas de las mejores oportunidades para enseñar comienzan con una pregunta o una inquietud en el corazón de un integrante de la [familia]”12. ¿Prestamos atención durante esos momentos?13

Me encanta la invitación del apóstol Pablo: “Estad siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”14.

Siendo un adolescente, a mi padre y a mí nos encantaba retarnos para ver quién agarraba con más fuerza. Apretábamos la mano del contrario tan fuerte como nos era posible para que el otro hiciera muecas de dolor. Ahora no parece muy divertido pero, de algún modo, lo era entonces. Después de una de aquellas batallas, papá me miró a los ojos y me dijo: “Hijo, tienes manos fuertes. Espero que siempre tengan fuerza para nunca tocar a una jovencita de manera inapropiada”; y entonces me invitó a seguir siendo moralmente limpio y a ayudar a otras personas a hacer lo mismo.

El élder Douglas L. Callister compartió lo siguiente sobre su padre: “Mientras regresaba a casa del trabajo, mi padre dijo de manera espontánea: ‘Hoy pagué el diezmo. Escribí “gracias” en el cheque. Estoy muy agradecido al Señor por bendecir a nuestra familia’”.

Entonces el élder Callister rindió tributo a su padre y maestro: “Enseñó tanto actos como actitudes de obediencia”15.

Me parece sabio que de vez en cuando nos preguntemos: “¿Qué les enseño, o qué les estoy enseñando, a mis hijos a través de mis actos y actitudes de obediencia?”.

La enseñanza del estudio de las Escrituras en familia

El estudio de las Escrituras en familia es el momento idóneo para enseñar doctrina en el hogar.

El presidente Russell M. Nelson dijo: “Los padres no solo han de aferrarse a la palabra del Señor, sino que tienen el mandato divino de enseñarla a sus hijos”16.

Durante la crianza de nuestros hijos, Julie y yo procuramos ser coherentes y creativos. Un año decidimos leer el Libro de Mormón como familia en español. ¿Fue esa la razón por la que el Señor llamó a cada uno de nuestros hijos que fueron misioneros a servir en una misión de tiempo completo en español? Es posible.

Me emocioné profundamente cuando el hermano Brian K. Ashton compartió conmigo que él y su padre leyeron juntos cada página del Libro de Mormón durante su último año de secundaria. El hermano Ashton ama las Escrituras; las tiene escritas en la mente y en el corazón. Su padre plantó esa semilla cuando el hermano Ashton era un adolescente, una semilla17 que ha crecido hasta convertirse en un árbol arraigado profundamente en la verdad. El hermano Ashton ha hecho eso mismo con sus hijos mayores18. Su hijo de ocho años le preguntó hace poco: “Papá, ¿cuándo me toca leer el Libro de Mormón contigo?”.

La enseñanza mediante el ejemplo

Por último, el ejemplo es la enseñanza que más influencia tiene como padres. Se nos aconseja ser “ejemplo de los creyentes en palabra, en conducta, en amor, en espíritu, en fe y en pureza”19.

Durante un viaje reciente, Julie y yo fuimos a la iglesia y vimos ese versículo en acción. Un joven que salía a la misión habló en la reunión sacramental.

El joven dijo: “Ustedes creen que mi padre es un hombre muy bueno en la capilla, pero…”. Hizo una pausa y me pregunté nervioso qué iba a decir a continuación. Entonces añadió: “Es un hombre mucho mejor en casa”.

 

Después le di las gracias al joven por el inspirado tributo que le había rendido a su padre y luego descubrí que su padre era el obispo del barrio. Aun cuando este obispo servía fielmente al barrio, su hijo consideraba que era en casa donde daba lo mejor de sí mismo20.

El élder D. Todd Christofferson nos aconseja: “Tenemos muchas oportunidades para enseñar… a la nueva generación y debemos dedicar nuestras mejores ideas y esfuerzo a sacarles el máximo partido. Sobre todo, debemos continuar alentando y ayudando a los padres a ser, como maestros, mejores y más constantes… en especial mediante el ejemplo”21.

Así es como enseña el Salvador22.

El año pasado, estando de vacaciones con nuestros hijos menores, Julie sugirió que hiciésemos bautismos vicarios en los templos de St. George y San Diego. Yo murmuré para mí: “Ya vamos al templo cuando estamos en casa, pero ahora estamos de vacaciones. ¿Por qué no hacer algo más típico de vacaciones?”. Después de los bautismos, Julie quería tomar unas fotos en los exteriores del templo, y yo volví a murmurar en silencio. Seguro que adivinan lo que sucedió entonces: tomamos las fotos.

Julie quiere que nuestros hijos tengan recuerdos de cómo ayudamos a nuestros antepasados; yo también. No fue necesario impartir una lección formal sobre la importancia de los templos. La estábamos viviendo gracias a una madre que ama el templo y quiere que sus hijos compartan ese amor.

Los hijos reciben bendiciones eternas cuando los padres se aprecian mutuamente y brindan ejemplos de rectitud.

Conclusión

Ruego que todos ustedes que se esfuerzan por dar lo mejor de sí mismos para enseñar en el hogar hallen paz y gozo en ello. Si creen que aún pueden mejorar o que necesitan prepararse más, por favor, respondan con humildad a las impresiones del Espíritu y comprométanse a actuar23.

El élder L. Tom Perry dijo: “La salud de cualquier sociedad, la felicidad, la prosperidad y la paz de su gente, todas tienen su raíz en la enseñanza de los hijos en el hogar”24.

Sí, mi hogar ahora es un “nido vacío”, pero yo sigo de guardia, listo y dispuesto a encontrar oportunidades adicionales y preciadas de enseñar a mis hijos ya adultos, a sus hijos y algún día, espero, a los hijos de estos.

Suplico la ayuda del cielo en nuestro esfuerzo por enseñar como Cristo en nuestro hogar. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Véanse Doctrina y Convenios 68:2593:40.  El élder L. Tom Perry enseñó: “…la influencia del adversario está tan extendida; y él ataca, intenta corroer y destruir la base misma de nuestra sociedad: la familia. Los padres deben decidir que la enseñanza en el hogar es la responsabilidad más importante y sagrada” (“Las madres enseñan a los hijos en el hogar”, Liahona, mayo de 2010, pág. 30).  La Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles han enseñado: “El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. ‘…herencia de Jehová son los hijos’ (Salmos 127:3). Los padres tienen el deber sagrado de criar a sus hijos con amor y rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, y de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro, a observar los mandamientos de Dios y a ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, las madres y los padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones” (“La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, mayo de 2017, pág. 145).
  1. Véase Russell M. Nelson, “Al avanzar juntos”, Liahona,abril de 2018, pág. 7.
  2. El élder David A. Bednar dijo: “Si hoy les preguntaran a nuestros hijos adultos lo que recuerdan de la oración familiar, del estudio de las Escrituras y de la noche de hogar, creo que sé cómo contestarían. Seguramente no definirían una oración en particular ni una ocasión especial del estudio de las Escrituras ni una lección particularmente importante de la noche de hogar como el momento crucial de su desarrollo espiritual. Lo que dirían que recuerdan es que nuestra familia era constante” (“Más diligentes y atentos en el hogar”,Liahona, noviembre de 2009, pág. 19).
  3. Véase “El hogar es como el cielo”, Himnos, nro. 193.
  4. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley(2016), pág. 171.
  5. Véase 2 Nefi 2:11.
  6. Véase N. Eldon Tanner, “Nunca tengáis vergüenza del evangelio de Cristo”, Liahona, abril de 1980, pág. 43.
  7. Véase 3 Nefi 18:21.
  8. Véanse Mateo 3:16–173 Nefi 11:6–8Doctrina y Convenios 18:34–36José Smith—Historia 1:17.
  9. “Aproveche los momentos espontáneos de enseñanza”, Enseñar a la manera del Salvador,2016, pág. 16. Enseñar a la manera del Salvador contiene diversos consejos y herramientas para la enseñanza en el hogar.
  10. Véanse Doctrina y Convenios 11:2184:85.
  11. Enseñar a la manera del Salvador, pág. 16.
  12. Véase “Escuche”, Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, págs. 200–202.
  13. 1 Pedro 3:15.
  14. Douglas L. Callister, “Most Influential Teacher—Emeritus Seventy Pays Tribute to Father”, sección Church News de LDS.org, 29 de agosto de 2016, LDS.org/news.
  15. Russell M. Nelson, “Ponga en orden su casa”,Liahona, enero de 2002, pág. 81.
  16. Véase Alma 32:28–43.
  17. La hermana Melinda Ashton reemplaza a su esposo en las prácticas de béisbol cuando este tiene que viajar.
  18. 1 Timoteo 4:12; véase también Alma 17:11.
  19. El obispo Jeffrey L. Stewart presta servicio en el Barrio Southgate 2, St. George, Utah, EE. UU. Su hijo Samuel está sirviendo en la Misión Colombia Medellín.
  20. Todd Christofferson, “Strengthening the Faith and Long-Term Conversion of the Rising Generation”, en Reunión de liderazgo de la conferencia general, septiembre de 2017.
  21. Véase 3 Nefi 27:21, 27.
  22. Véase Doctrina y Convenios 43:8–9.
  23. Tom Perry, “Las madres enseñan a los hijos en el hogar”, pág. 30.

 

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Las ordenanzas de salvación nos darán una luz maravillosa

Conferencia General Abril 2018

Las ordenanzas de salvación nos darán una luz maravillosa

Por el élder Taniela B. Wakolo
De los Setenta

Participar en ordenanzas y honrar los convenios que se relacionan con ellas les dará una luz maravillosa y protección en este mundo cada vez más oscuro.

Hermanos y hermanas, me regocijo con ustedes en el Evangelio, o la doctrina de Cristo.

Una vez un amigo le preguntó al élder Neil L. Andersen, entonces de los Setenta, qué se sentía al hablar frente a 21 000 personas en el Centro de Conferencias. El élder Andersen respondió: “Lo que a uno lo pone nervioso no son las 21 000 personas, sino las 15 Autoridades Generales que están sentadas detrás de uno”. En ese momento me reí, pero ahora siento lo mismo. ¡Cuánto amo y sostengo a estos 15 hombres como profetas, videntes y reveladores!

El Señor le dijo a Abraham que por medio de su posteridad y del sacerdocio todas las familias de la tierra serían bendecidas “… con las bendiciones del evangelio… sí, de vida eterna” (Abraham 2:11; véanse también los versículos 2–10).

Estas bendiciones prometidas del Evangelio y el sacerdocio fueron restaurados a la tierra, y luego, en 1842, el profeta José Smith administró la investidura a un número reducido de hombres y mujeres. Mercy Fielding Thompson era una de ellas. El Profeta le dijo: “[Esta investidura] la sacará de las tinieblas a una luz maravillosa”1.

Hoy deseo centrarme en las ordenanzas de salvación, las cuales nos darán a ustedes y a mí una luz maravillosa.

Las ordenanzas y los convenios

En Leales a la Fe dice: “… una ordenanza es un acto sagrado y formal realizado por la autoridad del sacerdocio. [Las] ordenanzas [que] son esenciales para la exaltación… se llaman ordenanzas de salvación y comprenden el bautismo, la confirmación, la ordenación al Sacerdocio de Melquisedec (para los varones), la investidura del templo y el sellamiento del matrimonio”2.

El élder David A. Bednar enseñó: “Las ordenanzas de salvación y exaltación que se administran en la Iglesia restaurada del Señor… constituyen canales autorizados por medio de los cuales pueden fluir las bendiciones y los poderes del cielo en la vida de cada persona”3.

Como una moneda con dos caras, todas las ordenanzas salvadoras van acompañadas de convenios con Dios. Dios nos ha prometido bendiciones si honramos fielmente dichos convenios.

El profeta Amulek declaró: “… esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios…” (Alma 34:32). ¿Cómo nos preparamos? Al recibir ordenanzas dignamente. Además, debemos, en palabras del presidente Russell M. Nelson, “[mantenernos] en la senda del convenio”. El presidente Nelson prosiguió: “Su compromiso de seguir al Salvador, haciendo convenios con Él y luego guardando esos convenios, abrirá la puerta a cada privilegio y bendición espirituales que están disponibles para las mujeres, los hombres y los niños en todas partes”4.

Como muchos de ustedes, John y Bonnie Newman han recibido las bendiciones espirituales que prometió el presidente Nelson. Un domingo, después de asistir a la Iglesia con sus tres niños pequeños, Bonnie le dijo a John, quien no era miembro de la Iglesia: “No puedo hacer esto sola; debes decidir si vienes a mi Iglesia con nosotros o si eliges una iglesia a la que podamos ir juntos, pero los niños necesitan saber que su papá también ama a Dios”. El domingo siguiente y cada domingo a partir de entonces, John no solo asistió, sino que a lo largo de los años también prestó servicio tocando el piano en muchos barrios, ramas y Primarias. Tuve el privilegio de reunirme con John en abril de 2015, y en esa reunión comentamos que la mejor manera en que él podía manifestar su amor por Bonnie era que la llevase al templo, pero eso no era posible a menos que él se bautizara.

Después de asistir a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días por 39 años, John se bautizó en 2015. Un año más tarde, John y Bonnie fueron sellados en el Templo de Memphis, Tennessee, 20 años después de que ella había recibido su propia investidura. Su hijo de 47 años, Robert, dijo sobre su papá: “Papá realmente ha progresado desde que recibió el sacerdocio”. Bonnie agregó: “John siempre ha sido una persona feliz y alegre, pero recibir las ordenanzas y honrar sus convenios ha aumentado su benignidad”.

La expiación de Cristo y Su ejemplo

Hace muchos años, el presidente Boyd K. Packer advirtió: “Un buen comportamiento sin las ordenanzas del Evangelio no redimirá ni exaltará a la humanidad”5. De hecho, necesitamos no solo las ordenanzas y los convenios para regresar a nuestro Padre, sino también a Su Hijo Jesucristo y Su expiación.

El rey Benjamín enseñó que solo en el nombre de Cristo y por medio de él puede llegar la salvación a los hijos de los hombres (véase Mosíah 3:17; véase también Artículos de Fe 1:3).

Mediante Su expiación, Jesucristo nos redimió de las consecuencias de la caída de Adán e hizo posible nuestro arrepentimiento y futura exaltación. Por medio de Su vida, Él nos dio el ejemplo para que recibamos las ordenanzas de salvación, en las cuales “se manifiesta el poder de la divinidad” (D. y C. 84:20).

Después de que el Salvador recibió la ordenanza del bautismo “para cumplir con toda justicia” (véase 2 Nefi 31:5–6), Satanás lo tentó. De igual modo, nuestras tentaciones no terminan luego del bautismo o el sellamiento, pero recibir las sagradas ordenanzas y honrar los convenios relacionados con ellas nos llena de una luz maravillosa y nos da fortaleza para resistir y superar las tentaciones.

Advertencia

Isaías profetizó que en los últimos días “… la tierra se contaminó… porque… cambiaron la ordenanza…” (Isaías 24:5; véase también D. y C. 1:15).

Una advertencia relacionada, revelada al profeta José Smith, fue que algunos “… con sus labios…honran [al Señor], pero… enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando el poder de ella” (José Smith—Historia 1:19).

Pablo también advirtió que muchos tendrían “… apariencia de piedad, pero [negarían] la eficacia de ella; a estos evita” (2 Timoteo 3:5). Repito: a estos evita.

Las muchas distracciones y tentaciones de la vida son como “lobos rapaces” (Mateo 7:15). El verdadero pastor es aquel que prepara, protege y advierte a las ovejas y al rebaño cuando se acercan los lobos (véase Juan 10:11–12). Como siervos que procuramos emular la vida perfecta del Buen Pastor, ¿no somos pastores de nuestra propia alma, así como también de otras? Con el consejo de los profetas, videntes y reveladores, a quienes acabamos de sostener, y con el poder y el don del Espíritu Santo, podemos ver venir a los lobos si estamos alertas y preparados. Por el contrario, cuando pastoreamos nuestra alma y la de otras personas de forma descuidada, podemos esperar que haya víctimas. El descuido produce víctimas. Invito a cada uno de nosotros a ser un pastor fiel.

Experiencia y testimonio

La Santa Cena es una ordenanza que nos ayuda a permanecer en la senda, y tomarla dignamente es evidencia de que estamos guardando los convenios relacionados con todas las demás ordenanzas. Hace algunos años, mientras mi esposa Anita y yo prestábamos servicio en la Misión Arkansas Little Rock, salí a enseñar con dos jóvenes misioneros. Durante la lección, el buen hermano al que estábamos enseñando dijo: “He ido a su iglesia; ¿por qué tienen que comer pan y beber agua cada domingo? En nuestra iglesia, lo hacemos dos veces al año, en Pascua y en Navidad, y eso es muy significativo”.

Compartimos con él que se nos manda “[reunirnos] con frecuencia para participar del pan y vino” (Moroni 6:6; véase también D. y C. 20:75). Leímos en voz alta Mateo 26 y 3 Nefi 18. Respondió que aun así no veía la necesidad.

Entonces compartimos la siguiente comparación: “Imagine que sufre un accidente de tráfico muy grave; se encuentra herido e inconsciente. Alguien pasa por allí, ve que usted está inconsciente, y llama al número de emergencias, 911. Lo atienden y recupera la consciencia”.

Le preguntamos a este hermano: “Cuando usted pudiera reconocer su entorno, ¿qué preguntas tendría?”.

Respondió: “Desearía saber cómo llegué allí y quién me encontró. Querría agradecerle todos los días por haberme salvado la vida”.

¡Compartimos con este buen hermano que el Salvador nos salvó la vida y que debemos agradecerle cada día, todos los días!

Luego le preguntamos: “Al saber que Él dio Su vida por usted y por nosotros, ¿cuán a menudo desea comer el pan y beber el agua como emblemas de Su cuerpo y sangre?”.

Dijo: “Lo entiendo, lo entiendo. Pero hay algo más: Su iglesia no es alegre como la nuestra”.

A lo que respondimos: “¿Qué haría si el Salvador Jesucristo entrara por su puerta?”.

Respondió: “Me pondría de rodillas de inmediato”.

Le preguntamos: “¿No es eso lo que siente cuando entra en las capillas Santo de los Últimos Días: reverencia por el Salvador?”.

Exclamó: “¡Lo entiendo, lo entiendo, lo entiendo!”.

Vino a la Iglesia ese domingo de Pascua de Resurrección y siguió asistiendo.

Invito a cada uno de nosotros a preguntarse: “¿Qué ordenanzas, entre ellas la Santa Cena, necesito recibir, y qué convenios necesito hacer, guardar y honrar?”. Les prometo que participar en ordenanzas y honrar los convenios que se relacionan con ellas les dará una luz maravillosa y protección en este mundo cada vez más oscuro. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith 2007, pág. 441.
  2. Leales a la Fe: Una referencia del Evangelio,2004, pág. 134; véase también Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 2.1.2.
  3. David A. Bednar, “Siempre retendréis la remisión de vuestros pecados”, Liahona, mayo de 2016, pág. 60.
  4. Russell M. Nelson, “Al avanzar juntos”, Liahona,abril de 2018, pág. 7.
  5. Boyd K. Packer, “La única Iglesia verdadera”, Liahona, enero de 1986, pág. 64.

 

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Mujeres Jóvenes en acción

Conferencia General Abril 2018

Mujeres Jóvenes en acción

Por Bonnie L. Oscarson
Relevada recientemente como Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Cada jovencita de la Iglesia debe sentirse valorada, tener oportunidades de prestar servicio y sentir que tiene algo valioso que aportar a esta obra.

Hace un año, en la sesión general del sacerdocio de la conferencia, el obispo Gérald Caussé habló a los hombres de la Iglesia y describió cómo los poseedores del Sacerdocio Aarónico y de Melquisedec son compañeros inseparables al llevar a cabo la obra de salvación1. Ese mensaje ha sido una gran bendición para ayudar a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico a entender el papel que juegan en la edificación del reino de Dios sobre la tierra. Su servicio conjunto fortalece a la Iglesia y profundiza la conversión y el compromiso en los corazones de nuestros jóvenes a medida que comprenden cuán valiosa es su contribución y cuán gloriosa es esta obra.

Hoy deseo que mis palabras se sumen a ese mensaje al hablar de las mujeres jóvenes, quienes son igualmente necesarias e imprescindibles para llevar a cabo la obra del Señor en sus familias y en Su Iglesia.

Al igual que el obispo Caussé, durante buena parte de mi adolescencia viví en una pequeña rama de la Iglesia, y a menudo me pedían que cumpliera asignaciones y llamamientos que normalmente se habrían dado a los adultos. Por ejemplo, quienes estábamos en el programa de los jóvenes solíamos tomar la iniciativa para ayudar a organizar y llevar a cabo nuestras actividades y eventos especiales. Escribíamos obras de teatro, formábamos un grupo de canto para amenizar las actividades de la rama y participábamos plenamente en todas las reuniones. Fui llamada como directora de música de la rama, y cada semana dirigía la música en la reunión sacramental. Fue una gran experiencia para una joven de dieciséis años ponerse cada domingo frente a todos los miembros de la rama y dirigir el canto de los himnos. Sentía que era necesaria, y sabía que tenía algo que ofrecer. Las personas confiaban en que yo estaría allí, y me encantaba sentirme útil. Aquella experiencia me ayudó a edificar mi testimonio de Jesucristo y, al igual que le sucedió al obispo Caussé, ancló mi vida al servicio del Evangelio.

Cada miembro debe saber lo mucho que se le necesita. Cada persona tiene algo importante que aportar y posee talentos y habilidades singulares que ayudan a que avance esta importante obra. Nuestros jóvenes tienen deberes del Sacerdocio Aarónico descritos en Doctrina y Convenios que son más bien visibles. Para las jovencitas de la Iglesia, sus padres y sus líderes, puede resultar menos evidente que, desde el día en que se bautizan, ellas tienen responsabilidades adquiridas por convenio de “llorar con los que lloran; sí, y… consolar a los que necesitan de consuelo, y ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que [estuvieren], aun hasta la muerte”2. Las jóvenes tienen oportunidades de cumplir con estas responsabilidades en sus barrios y ramas, y cuando prestan servicio en presidencias de clase, consejos de la juventud y otros llamamientos. Cada jovencita de la Iglesia debe sentirse valorada, tener oportunidades de prestar servicio y sentir que tiene algo de valor con lo que contribuir a esta obra.

En el Manual 2, aprendemos que la obra de salvación dentro de nuestros barrios incluye “la obra misional de los miembros, la retención de conversos, la activación de los miembros menos activos, la obra del templo y de historia familiar, y la enseñanza del Evangelio”3. Esa obra la dirigen nuestros fieles obispos, quienes poseen las llaves del sacerdocio para su barrio. Durante muchos años, nuestra presidencia se ha estado haciendo esta pregunta: “¿En cuáles de las áreas que se mencionan no deberían participar nuestras jovencitas?”. La respuesta es que ellas tienen algo que aportar en todas las áreas de esta obra.

Por ejemplo, hace poco conocí a varias jovencitas del área de Las Vegas que han sido llamadas a servir como consultoras de templo e historia familiar de barrio. Estaban radiantes de entusiasmo por poder enseñar y ayudar a los miembros de su barrio a encontrar a sus antepasados. Tenían valiosas habilidades informáticas, habían aprendido a utilizar FamilySearch y estaban entusiasmadas por compartir ese conocimiento con otras personas. Era evidente que tenían un testimonio y comprendían la importancia de buscar los nombres de nuestros antepasados fallecidos para que las imprescindibles ordenanzas de salvación pudieran efectuarse por ellos en el templo.

Hace unos meses tuve la oportunidad de poner a prueba una idea con dos jovencitas de catorce años. Hice copias de dos agendas reales de un consejo de barrio y se las di a Emma y a Maggie. Les pedí que leyeran las agendas y vieran si había algún punto de acción en los consejos de barrio en los que ellas podrían ayudar. Emma vio que una nueva familia iba a mudarse al barrio y dijo que podía ayudarles a trasladarse y desempacar. Pensó que podía hacerse amiga de los hijos de la familia y enseñarles su nueva escuela. Ella vio que pronto se celebraría una cena de barrio, y sintió que había diversas maneras en las que podía prestar servicio.

Maggie observó que había varias personas mayores en el barrio que necesitaban recibir visitas y hermanamiento. Dijo que le encantaría visitar y ser una ayuda a esos maravillosos miembros mayores. También sintió que podía ayudar a los miembros del barrio a aprender a configurar y utilizar las redes sociales. ¡En realidad no había nada en las agendas en lo que estas dos jovencitas no pudieran ayudar!

Quienes se sientan en consejo y tienen llamamientos en el barrio, ¿ven a las jovencitas como recursos valiosos para ayudar a cubrir las muchas necesidades que hay en sus barrios? Por lo general hay una larga lista de situaciones que requieren algún servicio y a menudo solo pensamos en los adultos del barrio para satisfacer esas necesidades. Así como se ha invitado a nuestros poseedores del Sacerdocio Aarónico a trabajar con sus padres y otros hombres del Sacerdocio de Melquisedec, nuestras jovencitas pueden ser llamadas a prestar servicio y atender las necesidades de los miembros del barrio con sus madres y otras hermanas fieles. ¡Ellas son capaces y están ansiosas y dispuestas a hacer mucho más que simplemente asistir a la Iglesia los domingos!

Al considerar las funciones que se espera que nuestras jovencitas asuman en un futuro próximo, podemos preguntarnos qué clase de experiencias podríamos proporcionarles ahora para ayudarlas a prepararse para ser misioneras, eruditas del Evangelio, líderes en las organizaciones auxiliares de la Iglesia, obreras del templo, esposas, madres, mentoras y amigas. Ellas pueden comenzar ahora a desempeñar muchas de esas funciones. A menudo se les pide a los jóvenes que ayuden a dar las lecciones en sus clases dominicales. Hoy día nuestras jóvenes tienen a su alcance oportunidades de prestar un servicio, que antes realizaban los obreros de ordenanzas o voluntarios, cuando ellas van al templo con otros jóvenes para efectuar bautismos por los muertos. Actualmente se invita a las niñas en edad de Primaria a asistir a las reuniones de preparación para el templo y el sacerdocio, que las ayudarán a entender que ellas también son participantes importantes en la obra dirigida por el sacerdocio. Ellas están aprendiendo que todos, tanto hombres, como mujeres, jóvenes y niños son receptores de las bendiciones del sacerdocio, y que todos pueden asumir un papel activo en el avance de la obra dirigida por el sacerdocio.

Obispos, sabemos que sus responsabilidades a menudo son agobiantes, pero de igual forma que una de sus más altas prioridades es presidir los cuórums del Sacerdocio Aarónico, el Manual 2 indica que “el obispo y sus consejeros brindan liderazgo del sacerdocio a la organización de las Mujeres Jóvenes. Velan por cada una de las mujeres jóvenes y las fortalecen, trabajando estrechamente con los padres y las líderes de las Mujeres Jóvenes en este esfuerzo”. También dice: “El obispo y sus consejeros participan regularmente en reuniones, proyectos de servicio y actividades de las Mujeres Jóvenes”4. Estamos agradecidas por los obispos que dedican su tiempo a visitar las clases de las Mujeres Jóvenes y brindan a las jovencitas oportunidades de ser más que meras espectadoras de esta obra. ¡Gracias por asegurarse de que sus jovencitas sean participantes valiosas al atender las necesidades de los miembros del barrio! Esas oportunidades de servir de maneras significativas las bendicen mucho más que las actividades en las que solo se las entretiene.

A ustedes, jovencitas de la Iglesia: sus años de adolescencia pueden ser intensos y a menudo desafiantes. Hemos observado que un mayor número de ustedes luchan con problemas de autoestima, ansiedad, niveles altos de estrés e incluso depresión. Mirar hacia afuera en lugar de preocuparnos por nuestros propios problemas tal vez no resuelva todos esos temas, pero el servicio a menudo aligera la carga y hace que los desafíos no parezcan tan duros. Una de las mejores maneras de aumentar los sentimientos de autoestima es mostrar, a través de nuestro interés y nuestro servicio a los demás, que tenemos mucho de valor que ofrecer5. Les insto, mujeres jóvenes, a levantar las manos y a servir voluntariamente cuando noten necesidades a su alrededor. Al cumplir con las responsabilidades que han adquirido por convenio y participar en la edificación del reino de Dios, las bendiciones fluirán en su vida, y descubrirán el profundo y duradero gozo del discipulado.

Hermanos y hermanas, nuestras jovencitas son asombrosas. Tienen talentos, un entusiasmo ilimitado y energía, y son compasivas y afectuosas. Ellas desean prestar servicio. Necesitan saber que son valiosas e imprescindibles en la obra de salvación. Igual que el Sacerdocio Aarónico prepara a los jóvenes varones para un servicio mayor a medida que avanzan al Sacerdocio de Melquisedec, nuestras jovencitas se están preparando para ser miembros de la organización de mujeres más grandiosa de la tierra: la Sociedad de Socorro. Juntos, esos bellos, fuertes y fieles hombres y mujeres jóvenes se están preparando para ser esposas y esposos, madres y padres que criarán familias dignas del reino celestial de Dios.

Testifico que la obra de nuestro Padre Celestial es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos6. Nuestras preciosas jovencitas tienen un importante papel que desempeñar en ayudar a cumplir esta gran obra. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Véase Gérald Caussé, “Preparen la vía”,Liahona, mayo de 2017, págs. 75–78.
  2. Mosíah 18:9.
  3. Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, pág. 24.
  4. Manual 2,3.1.
  5. VéaseMateo 10:39.
  6. VéaseMoisés 1:39.

 

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Un día más

Conferencia General Abril 2018

Un día más

Por el élder Taylor G. Godoy
De los Setenta

Todos tenemos un “hoy” para vivir, y la clave para que ese día sea de éxito es estar dispuestos a sacrificar.

Hace unos años, mis amigos tuvieron un bello bebé a quien le dieron el nombre de Brigham. Después de su nacimiento, se le diagnosticó una rara afección llamada síndrome de Hunter, que tristemente significaba que Brigham tendría una vida corta. Un día, mientras él y su familia visitaban los terrenos del templo, Brigham pronunció una frase particular; dos veces dijo: “Un día más”. Brigham falleció precisamente al día siguiente.

He visitado varias veces la tumba de Brigham, y cada vez que lo hago, medito en la frase: “un día más”. Me pregunto qué significaría o qué efecto tendría para mí saber que solo me quedara un día más de vida. ¿Cómo trataría a mi esposa, a mis hijos y a los demás? ¿Cuán paciente y cortés sería? ¿Cómo cuidaría mi cuerpo? ¿Con cuánto fervor oraría y escudriñaría las Escrituras? Creo que, de una forma u otra, todos en algún momento reconoceremos que tenemos “un día más”, reconocimiento que debemos utilizar con prudencia el tiempo que tenemos.

En el Antiguo Testamento leemos la historia de Ezequías, rey de Judá. El profeta Isaías le anunció a Ezequías que la vida de este estaba a punto de terminar. Cuando oyó las palabras del profeta, Ezequías comenzó a orar, a suplicar y a llorar penosamente. En aquella ocasión, Jehová añadió quince años a la vida de Ezequías. (Véase Isaías 38:1–5).

Si nos dijeran que nos queda poco tiempo de vida, tal vez también suplicaríamos tener más días para realizar las cosas que deberíamos haber hecho o que habríamos hecho de manera diferente.

Independientemente del tiempo que el Señor, en Su sabiduría, determine otorgarnos, de una cosa podemos estar seguros: todos tenemos un “hoy” para vivir, y la clave para que ese día sea de éxito es estar dispuestos a sacrificar.

El Señor dijo: “He aquí, el tiempo presente es llamado hoy hasta la venida del Hijo del Hombre; y en verdad es un día de sacrificio (D. y C. 64:23; cursiva agregada).

La palabra sacrificio se deriva de las palabras latinas sacer, que significa “sagrado”, y facere, que significa “hacer”, en otras palabras, hacer las cosas sagradas, rendirles honor.

“Por sacrificios se dan bendiciones” (“Loor al Profeta,” Himnos, nro. 15).

¿De qué manera hará el sacrificio que nuestros días sean significativos y benditos?

Primero, el sacrificio personal nos fortalece y da valor a las cosas por las que nos sacrificamos.

Hace algunos años, en un domingo de ayuno, una hermana mayor se acercó al púlpito para dar su testimonio. Vivía en la ciudad de Iquitos, en la Amazonía peruana. Relató que desde el momento de su bautismo, siempre había tenido la meta de recibir las ordenanzas del templo en Lima, Perú. Durante años pagó fielmente un diezmo íntegro y ahorró sus escasos ingresos.

Su alegría al ir al templo y recibir allí las ordenanzas sagradas la expresó con estas palabras: “Hoy puedo decir que por fin estoy lista para pasar a través del velo. Soy la mujer más feliz del mundo; he ahorrado dinero, no tienen idea de cuánto tiempo, para visitar el templo, y después de siete días en el río y 18 horas en autobús, por fin me encontraba en la Casa del Señor. Al salir de ese lugar sagrado, me dije a mí misma que después de todo el sacrificio que se me había requerido para ir al templo, no dejaría que nada me hiciera tomar a la ligera todos los convenios que hice; sería un desperdicio. ¡Este es un compromiso muy importante!”

De esa dulce hermana aprendí que el sacrificio personal es una fuerza inestimable que impulsa nuestras decisiones y resoluciones. El sacrificio personal impulsa nuestras acciones, nuestras promesas y nuestros convenios, y da significado a las cosas sagradas.

Segundo, los sacrificios que hacemos por los demás, y que los demás hacen por nosotros, resulta en bendiciones para todos.

Cuando estudiaba en la facultad de odontología, el panorama económico de la economía local no era muy alentador. La inflación disminuía drásticamente el valor de la moneda de un día para otro.

Recuerdo el año en que debía matricularme en las prácticas de cirugía; necesitaba tener todo el equipo quirúrgico necesario antes de inscribirme ese semestre. Mis padres ahorraron los fondos suficientes, pero una noche ocurrió algo inesperado. Fuimos a comprar el equipo, solo para descubrir que la cantidad de dinero que teníamos para comprar todo el equipo solo alcanzaba para comprar un par de pinzas quirúrgicas, y nada más. Regresamos a casa con las manos vacías y apesadumbrados ante la idea de perder un semestre de estudios universitarios. Sin embargo, de pronto mi madre dijo: “Taylor, ven conmigo; vamos a salir”.

Fuimos al centro de la ciudad, donde había muchos lugares donde se compran y venden joyas. Cuando llegamos a una tienda, mi madre sacó de su cartera una bolsita de terciopelo azul en la que había un hermoso brazalete de oro con una inscripción que decía: “A mi querida hija, de tu padre”. Era un brazalete que mi abuelo le había regalado en uno de sus cumpleaños. Y allí, ante mis propios ojos, lo vendió.

Cuando recibió el dinero, me dijo: “Si hay algo de lo que estoy segura, es que vas a ser dentista. Ve y compra todo el equipo que necesitas”. Ahora, ¿se imaginan la clase de estudiante en que me convertí a partir de ese momento? Quería ser el mejor y terminar mis estudios lo más pronto posible porque sabía el alto costo del sacrificio que ella estaba haciendo.

Aprendí que los sacrificios que hacen nuestros seres queridos nos reaniman como el agua fresca en medio del desierto. Esa clase de sacrificio brinda esperanza y motivación.

Tercero, cualquier sacrificio que hagamos es pequeño en comparación con el sacrificio del Hijo de Dios.

¿Cuál es el valor de incluso un preciado brazalete de oro comparado con el sacrificio del mismo Hijo de Dios? ¿Cómo podemos honrar ese sacrificio infinito? Cada día podemos recordar que tenemos “un día más” de vida y ser fieles. Amulek enseñó: “Sí, quisiera que vinieseis y no endurecieseis más vuestros corazones; porque he aquí, hoy es el tiempo y el día de vuestra salvación; y por tanto, si os arrepentís y no endurecéis vuestros corazones, inmediatamente obrará para vosotros el gran plan de redención” (Alma 34:31). En otras palabras, si le brindamos al Señor el sacrificio de un corazón quebrantado y un espíritu contrito, inmediatamente se manifestarán en nuestras vidas las bendiciones del gran plan de felicidad.

El plan de redención es posible gracias al sacrificio de Jesucristo. Tal como Él mismo lo describió, el sacrificio “hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar” (D. y C. 19:18).

Y es a causa de ese sacrificio, después de seguir el proceso del arrepentimiento sincero, que podemos sentir que se nos quita el peso de nuestros errores y pecados. De hecho, la culpa, la vergüenza, el dolor, la tristeza y el degradarnos a nosotros mismos son reemplazados por una conciencia tranquila, felicidad, alegría y esperanza.

Al mismo tiempo, cuando honramos Su sacrificio y nos sentimos agradecidos por él, podemos recibir en gran medida el intenso deseo de ser mejores hijos de Dios, de permanecer alejados del pecado y de guardar los convenios como nunca antes.

Entonces, al igual que Enós después de recibir el perdón de sus pecados, sentiremos el deseo de sacrificarnos y de procurar el bienestar de nuestros hermanos y hermanas (véase Enós 1:9). Y estaremos más dispuestos, en todos los “un día más”, a seguir la invitación que nos hizo el presidente Howard W. Hunter cuando dijo: “… resuelvan una discrepancia. Busquen a un amigo olvidado; desechen una sospecha y reemplácenla con la confianza… den una respuesta amable; alienten a la juventud; manifiesten su lealtad de palabra y obra. Guarden una promesa; olviden una ofensa; perdonen a un enemigo; pidan disculpas; traten de comprender; examinen lo que exigen de los demás; piensen primero en alguien más. Sean bondadosos, amables; rían un poco más; expresen gratitud; den la bienvenida a un desconocido. Hagan feliz a un niño… Expresen su amor con palabras y vuelvan a hacerlo” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Howard W. Hunter, 2015, págs. 34–35 adaptación de “What We Think Christmas Is,” McCall’s, diciembre de 1959, 82–83).).

Ruego que llenemos nuestros días con ese impulso y con la fuerza que nos brinda el sacrificio personal y el sacrificio que nosotros hagamos por los demás, o que recibamos de ellos. Y de manera especial, ruego que disfrutemos de la paz y del regocijo que nos brinda el sacrificio del Unigénito; sí, esa paz que se menciona cuando leemos que Adán cayó para que los hombres existiesen, y que existen los hombres —ustedes— para que tengan gozo (véase 2 Nefi 2:25). Ese gozo es el verdadero gozo que solo el sacrificio y la expiación del Salvador Jesucristo pueden proporcionar.

Es mi oración que le sigamos a Él, que le creamos, que lo amemos, y que sintamos el amor que demostró en Su sacrificio cada vez que tengamos la oportunidad de vivir un día más. En el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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Mansos y humildes de corazón

Conferencia General Abril 2018

Mansos y humildes de corazón

Por el élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La mansedumbre es un atributo que caracteriza al Redentor y se distingue por una justa receptividad, una sumisión voluntaria y un firme autocontrol.

Me regocijo en la sagrada oportunidad de sostener a los líderes de nuestra Iglesia; y de todo corazón doy la bienvenida al élder Gong y al élder Soares al Cuórum de los Doce Apóstoles. El ministerio de estos hombres fieles bendecirá a las personas y a las familias de todo el mundo, y estoy ansioso por servir con ellos, y aprender de ellos.

Ruego que el Espíritu Santo nos enseñe e ilumine al aprender juntos acerca de un aspecto vital de la naturaleza divina del Salvador1 que cada uno de nosotros debería esforzarse por emular.

Presentaré varios ejemplos que destacan esa cualidad de Cristo antes de determinar el atributo específico más adelante en mi mensaje. Por favor presten atención a cada ejemplo y consideren junto conmigo las posibles respuestas a las preguntas que plantearé.

Ejemplo nro.1. El joven rico y Amulek

En el Nuevo Testamento, aprendemos acerca de un joven rico que le preguntó a Jesús: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?”2. El Salvador le mandó primeramente que guardara los mandamientos. Enseguida, el Maestro dio al joven un requisito adicional que se adaptaba a sus necesidades y circunstancias específicas.

“Le dijo Jesús: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

“Y al oír el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”3.

Comparen la respuesta del joven rico con la experiencia de Amulek, tal como se describe en el Libro de Mormón. Amulek era un hombre trabajador y próspero que tenía muchos parientes y amigos4. Se describió a sí mismo como un hombre que fue llamado muchas veces y no quiso oír; un hombre que sabía acerca de las cosas de Dios mas no quiso saber5. Siendo un hombre básicamente bueno, a Amulek lo distraían las preocupaciones mundanas, al igual que al joven rico que se describe en el Nuevo Testamento.

Aunque previamente había endurecido el corazón, Amulek obedeció la voz de un ángel, recibió al profeta Alma en su casa y le proporcionó alimento. Despertó espiritualmente durante la visita de Alma y fue llamado a predicar el Evangelio. Amulek abandonó “todo su oro, su plata y sus objetos preciosos… por la palabra de Dios; y [fue] rechazado por los que antes eran sus amigos, y también por su padre y sus parientes”6.

¿A qué se debe la diferencia entre las respuestas del joven rico y la de Amulek?

Ejemplo nro. 2. Pahorán

Durante un peligroso periodo de guerra que se describe en el Libro de Mormón, se produjo un intercambio de epístolas entre Moroni, el capitán de los ejércitos nefitas, y Pahorán, el juez superior y gobernador de la tierra. Moroni, cuyo ejército padecía a causa del apoyo deficiente del gobierno, le escribió a Pahorán “por vía de reprobación”7 y lo acusó a él y a los otros líderes de desidia, pereza, negligencia e incluso de ser traidores8.

Pahorán fácilmente podría haberse molestado con Moroni por sus acusaciones incorrectas, pero no lo hizo. Respondió compasivamente y describió una rebelión contra el gobierno acerca de la cual Moroni no estaba al tanto; y luego Pahorán declaró:

He aquí, Moroni, te digo que no me regocijo por vuestras grandes aflicciones, sí, ello contrista mi alma.

“… me has censurado en tu epístola, pero no importa; no estoy enojado, antes bien, me regocijo en la grandeza de tu corazón”9.

¿A qué se debe la respuesta mesurada de Pahorán a las acusaciones de Moroni?

Ejemplo nro. 3. El presidente Russell M. Nelson y el presidente Henry B. Eyring

En la conferencia general hace seis meses, el presidente Russell M. Nelson describió su respuesta a la invitación del presidente Thomas S. Monson de estudiar, reflexionar y aplicar las verdades que se hallan en el Libro de Mormón. Dijo lo siguiente: “… he procurado seguir su consejo. Entre otras cosas, he hecho listas de lo que es el Libro de Mormón, lo que afirma, lo que refuta, lo que cumple, lo que aclara y lo que revela. ¡Contemplar el Libro de Mormón a través de esas lentes ha sido un ejercicio esclarecedor e inspirador! Se lo recomiendo a cada uno de ustedes”10.

De igual modo, el presidente Henry B. Eyring hizo hincapié en la importancia que la solicitud del presidente Monson tenía en su vida. Él observó:

“… he leído el Libro de Mormón todos los días durante más de 50 años, por lo que hubiera sido razonable pensar que las palabras del presidente Monson iban dirigidas a otra persona. Sin embargo, al igual que muchos de ustedes, sentí que la exhortación y la promesa del profeta me invitaban a hacer un esfuerzo mayor…

“El feliz resultado para mí, y para muchos de ustedes, ha sido lo que el profeta prometió”11.

¿A qué se deben las respuestas inmediatas y sinceras de esos dos líderes de la Iglesia del Señor a la invitación del presidente Monson?

No estoy sugiriendo que las respuestas espiritualmente potentes de Amulek, de Pahorán, del presidente Nelson y del presidente Eyring se deban a una sola cualidad de Cristo. Ciertamente, muchos atributos y experiencias interrelacionados condujeron a la madurez espiritual que se manifiesta en la vida de esos cuatro nobles siervos. No obstante, el Salvador y Sus profetas han destacado una cualidad esencial que todos nosotros necesitamos comprender más plenamente y esforzarnos por incorporar en nuestras vidas.

La mansedumbre

Fíjense por favor en la característica que el Señor utilizó para describirse a Sí mismo en el siguiente pasaje de las Escrituras: ‘, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”12.

Es esclarecedor el hecho de que el Salvador eligió recalcar la mansedumbre entre todos los atributos y virtudes que potencialmente podría haber seleccionado.

Se percibe un modelo similar en una revelación que recibió el profeta José Smith en 1829. El Señor declaró: “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz”13.

La mansedumbre es un atributo que caracteriza al Redentor y se distingue por una justa receptividad, una sumisión voluntaria y un firme autocontrol. Esa cualidad nos sirve para comprender más plenamente las reacciones respectivas de Amulek, de Pahorán, del presidente Nelson y del presidente Eyring.

Por ejemplo, el presidente Nelson y el presidente Eyring respondieron de manera justa y rápida a la invitación del presidente Monson de leer y estudiar el Libro de Mormón. Aunque ambos hombres servían en puestos importantes y visibles de la Iglesia y habían estudiado las Escrituras extensamente durante décadas, demostraron por sus respuestas que no vacilaban ni tenían un sentimiento de su propia importancia personal.

Amulek se sometió voluntariamente a la voluntad de Dios, aceptó el llamado de predicar el Evangelio y dejó atrás sus cómodas circunstancias y relaciones familiares. Y Pahorán fue bendecido con perspectiva y un firme autocontrol para actuar en lugar de reaccionar mientras explicaba a Moroni los desafíos que surgían de una rebelión contra el gobierno.

En el mundo contemporáneo se suele malentender la cualidad de la mansedumbre que Cristo posee. La mansedumbre es fuerte, no débil; es activa, no pasiva; es valiente, no tímida; es controlada, no excesiva; es modesta, no engrandecida a sí misma; y es benévola, no jactanciosa. Una persona mansa no se ofende fácilmente, no es presumida ni dominante y reconoce fácilmente los logros de los demás.

Si bien la humildad generalmente denota dependencia en Dios y la constante necesidad de Su guía y apoyo, una característica distintiva de la mansedumbre es la receptividad espiritual particular para aprender del Espíritu Santo, así como de las personas que puedan parecer menos capaces, experimentadas o educadas, o que quizás no ocupen puestos importantes, o que de alguna manera no parezcan tener mucho que aportar. Recordarán cómo Naamán, capitán del ejército del rey de Siria, venció su orgullo y aceptó con mansedumbre el consejo de sus siervos de obedecer al profeta Eliseo y lavarse en el río Jordán siete veces14. La mansedumbre es la protección principal contra la orgullosa ceguera que suele surgir de la prominencia, de la posición, del poder, de la riqueza y de la adulación.

La mansedumbre, un atributo y un don espiritual de Cristo

La mansedumbre es un atributo que se logra mediante el deseo, el justo ejercicio del albedrío moral, y el constante esfuerzo por retener la remisión de nuestros pecados15. Es además un don espiritual el cual podemos apropiadamente buscar16. Sin embargo, debemos recordar los propósitos por los que se otorga tal bendición, o sea, para beneficiar y servir a los hijos de Dios17.

A medida que venimos al Salvador y le seguimos, cada vez estaremos más y más capacitados para llegar a ser más como Él. El Espíritu nos inviste de poder para tener un autocontrol disciplinado y una actitud firme y apacible. Por lo tanto, llegamos a ser mansos como discípulos del Maestro y no es solo algo que hacemos.

“Moisés fue instruido… en toda la sabiduría de los egipcios, y era poderoso en sus palabras y hechos”18, No obstante, “era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra”19. Su conocimiento y capacidad podrían haberlo llenado de orgullo, pero en vez de ello, el atributo y el don espiritual de la mansedumbre con la que fue bendecido aminoraron la arrogancia en su vida y lo engrandecieron como un instrumento para lograr los propósitos de Dios.

El Maestro como un ejemplo de mansedumbre

Los ejemplos más majestuosos y significativos de la mansedumbre se encuentran en la vida del Salvador mismo.

El Grandioso Redentor, aquel que “descendió debajo de todo”20 y sufrió, sangró y falleció para “limpiarnos de toda maldad”21, tiernamente lavó los pies polvorientos de Sus discípulos22. Tal mansedumbre es una característica distintiva del Señor como siervo y líder.

Jesús proporciona el máximo ejemplo de receptividad justa y de sumisión voluntaria al sufrir intensa agonía en Getsemaní.

“Y cuando llegó a aquel lugar, les dijo [a Sus discípulos]: Orad para que no entréis en tentación.

“y puesto de rodillas oró,

“diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”23.

La mansedumbre del Salvador en esa experiencia eternamente esencial y sumamente dolorosa nos demuestra a cada uno la importancia de poner la sabiduría de Dios por encima de nuestra propia sabiduría.

La constancia de la sumisión voluntaria del Señor y el firme autocontrol son inspiradores e instructivos para todos nosotros. Cuando una compañía armada de guardias del templo y soldados romanos llegaron a Getsemaní para capturar y arrestar a Jesús, Pedro sacó su espada y le cortó la oreja derecha al siervo del sumo sacerdote24. El Salvador tocó entonces la oreja del siervo y lo sanó25. Tengan en cuenta que Él brindó ayuda y bendijo al hombre que lo había capturado y que utilizó el mismo poder celestial que podría haber evitado que fuese capturado y crucificado.

Consideren también cómo el Maestro fue acusado y condenado ante Pilato para ser crucificado26. Cuando fue entregado, Jesús declaró: “¿Acaso piensas que no puedo orar a mi Padre ahora, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?”27. Sin embargo, el “Juez Eterno de vivos y muertos”28 paradójicamente fue juzgado ante un político suplente provisional. “Pero Jesús no le respondió ni una palabra, de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho”29. La mansedumbre del Salvador se manifiesta en Su respuesta disciplinada, en Su firme autocontrol y al no estar dispuesto a ejercer Su poder infinito para beneficio personal.

Promesa y testimonio

Mormón menciona que la mansedumbre es el fundamento del cual surgen todas las aptitudes y los dones espirituales.

“De manera que si un hombre tiene fe, es necesario que tenga esperanza; porque sin fe no puede haber esperanza.

“Y además, he aquí os digo que el hombre no puede tener fe ni esperanza, a menos que sea manso y humilde de corazón.

“Porque si no, su fe y su esperanza son vanas, porque nadie es aceptable a Dios sino los mansos y humildes de corazón; y si un hombre es manso y humilde de corazón, y confiesa por el poder del Espíritu Santo que Jesús es el Cristo, es menester que tenga caridad; porque si no tiene caridad, no es nada; por tanto, es necesario que tenga caridad”30.

El Salvador declaró: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra como heredad”31. La mansedumbre es un aspecto esencial de la naturaleza divina y lo podemos recibir y cultivar en nuestras vidas a causa de la expiación del Salvador y mediante ella.

Testifico que Jesucristo es nuestro Redentor resucitado y viviente; y prometo que Él nos guiará, nos protegerá y fortalecerá a medida que caminemos en la mansedumbre de Su espíritu. Declaro mi testimonio firme de esas verdades y promesas en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Véase 2 Pedro 1:4.
  2. Mateo 19:16.
  3. Mateo 19:21–22.
  4. Véase Alma 10:4.
  5. Véase Alma 10:5–6.
  6. Alma 15:16.
  7. Alma 60:2.
  8. Véase Alma 60:5–33.
  9. Alma 61:2, 9.
  10. Russell M. Nelson, “El Libro de Mormón: ¿Cómo sería su vida sin él?”,Liahona, noviembre de 2017, pág. 61.
  11. Henry B. Eyring, “No tengáis miedo de hacer lo buenoLiahona,noviembre de 2017, pág. 100.
  12. Mateo 11:29; cursiva agregada.
  13. Doctrina y Convenios 19:23; cursiva agregada.
  14. Véase 2 Reyes 5:1–17.
  15. Véase Mosíah 4:12, 26Moroni 8:25–26.
  16. Véase Doctrina y Convenios 46:8.
  17. Véase Doctrina y Convenios 46:8–9, 26.
  18. Hechos 7:22.
  19. Números 12:3.
  20. Doctrina y Convenios 88:6.
  21. 1 Juan 1:9; cursiva agregada.
  22. Véase Juan 13:4–5.
  23. Lucas 22:40–42.
  24. Véase Juan 18:10.
  25. Véase Lucas 22:51.
  26. Véase Mateo 27:2, 11–26.
  27. Mateo 26:53.
  28. Moroni 10:34.
  29. Mateo 27:14.
  30. Moroni 7:42–44.
  31. Mateo 5:5.

 

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El profeta de Dios

Conferencia General Abril 2018

El profeta de Dios

Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Un profeta no se interpone entre ustedes y el Salvador. Más bien, permanece a su lado y señala el camino hacia el Salvador.

Agrego mi bienvenida al élder Gerrit Gong y al élder Ulisses Soares a la incomparable fraternidad del Cuórum de los Doce.

Al sostener al presidente Russell M. Nelson como el profeta del Señor y como Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, formamos parte de una Asamblea solemne divinamente decretada —solemne porque los acontecimientos de esta última hora estaban previstos en los cielos desde antes que el mundo fuese. El Señor Jesucristo, quien dirige Su obra, ha presentado hoy, por medio del presidente Eyring, a Su profeta, Su líder ungido, ante nosotros, Su pueblo del convenio, permitiéndonos manifestar públicamente nuestra disposición de sostenerle y seguir su consejo.

A aquellos millones de miembros que no están aquí con nosotros en el Centro de Conferencias, quiero que sepan que el Espíritu del Señor en este edificio durante el sostenimiento del presidente Nelson fue exactamente como el que hubieran anticipado: lleno de poder espiritual; Pero nuestra asamblea dirigida por los cielos no se encuentra solamente en este Centro de Conferencias, sino por todo el mundo: en capillas de Asia, África y Norteamérica; en hogares de Centroamérica, Sudamérica y Europa; en patios cubiertos del Pacífico y en las islas del mar. Esta asamblea se encuentra en cualquier parte del mundo en que estén ustedes, incluso si su conexión no es más que una transmisión de audio por medio de su teléfono inteligente. Nuestras manos alzadas no fueron contadas por nuestros obispos, pero ciertamente fueron anotadas en los cielos, pues nuestro convenio es con Dios, y nuestro acto está registrado en el libro de la vida.

El Señor escoge a Sus líderes.

La selección de un profeta la lleva a cabo el Señor mismo. No existen campañas, ni debates, ni postulaciones para hacerse con un cargo, ni disensión, desconfianza, confusión o conmoción. Yo también confirmo que el poder de los cielos estuvo con nosotros en la sala superior del templo cuando, en oración, rodeamos en círculo al presidente Nelson y sentimos la innegable aprobación del Señor sobre nosotros.

La elección del presidente Nelson para servir como el profeta de Dios se llevó a cabo hace mucho tiempo. Las palabras del Señor a Jeremías también se aplican al presidente Nelson: “Antes que te formase en el vientre te conocí; y antes que nacieses, te santifiqué; te di por profeta a las naciones”1. Hace solamente tres años, el élder Nelson, con noventa años, era cuarto en antigüedad, y dos de los tres apóstoles que le precedían eran más jóvenes que él. El Señor, quien controla la vida y la muerte, selecciona a Su profeta. El presidente Nelson, a sus noventa y tres años, se encuentra con una salud impresionante. Esperamos que permanezca con nosotros durante diez o veinte años más, pero por el momento lo que estamos intentando es convencerle de que se abstenga de ir a las pistas de esquí.

Si bien sostenemos al profeta como el ungido del Señor, que quede claro que adoramos únicamente a Dios, nuestro Padre Celestial, y a Su divino Hijo. Es por medio de los méritos, y misericordia, y gracia de nuestro Salvador, Jesucristo, que podremos volver a Su presencia algún día2.

Por qué seguimos al Profeta

No obstante, Jesús también enseñó una importante verdad en cuanto a los siervos que nos envía. “El que os recibe a vosotros”, dijo Él, “a mí me recibe; y el que a mí me recibe, recibe al que me envió”3.

La función más importante del profeta del Señor es enseñarnos acerca del Salvador y guiarnos a Él.

Hay muchas razones lógicas para seguir al presidente Russell M. Nelson. Incluso personas que no son de nuestra fe lo calificarían como brillante. Era doctor médico a los veintidós años, un reputado cirujano cardíaco y un pionero de renombre en el desarrollo de la cirugía a corazón abierto.

La mayoría de las personas reconocerían su sabiduría y buen juicio: nueve décadas de aprendizaje sobre la vida y la muerte, viviendo altruistamente, amando y enseñando a los hijos de Dios en todos los rincones de la tierra, y madurar con las experiencias que aportan tener diez hijos, cincuenta y siete nietos y ciento dieciocho bisnietos (este último número aumenta con bastante frecuencia; un bisnieto nació este miércoles pasado).

President Russell M. Nelson with new great-grandson

Los que le conocen bien dirían que el presidente Nelson ha afrontado las dificultades de la vida con fe y valentía. Cuando el cáncer le arrebató la vida a su hija de treinta y siete años, Emily, dejando detrás de ella a un esposo amoroso y cinco niños pequeños, le escuché decir: “Yo era su padre, era médico y era Apóstol del Señor Jesucristo, pero tuve que inclinar mi cabeza y aceptar: ‘No se haga mi voluntad, sino la tuya’”4.

Un atalaya en la torre

Aunque admiramos todas estas nobles cualidades, ¿por qué seguimos al presidente Nelson? ¿Por qué seguimos al Salvador? Porque el Señor Jesucristo lo ha llamado y lo ha designado como Su atalaya en la torre.

Carcassonne, France

Carcasona es una imponente ciudad amurallada de Francia que se ha conservado desde la época medieval. Altas torres se yerguen desde sus murallas protegidas, construidas para atalayas que permanecían en aquellas torres día y noche, con la atención fija en la distancia para avistar al enemigo. Cuando los atalayas veían acercarse a un enemigo, su voz de advertencia protegía a la población de Carcasona del peligro inminente que no podían ver.

Un profeta es un atalaya en la torre y nos protege de los peligros espirituales que quizá no veamos.

El Señor le dijo a Ezequiel: “A ti, pues, oh hijo de hombre, te he puesto como atalaya de la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte”5.

Con frecuencia hablamos de la necesidad que tenemos de seguir al profeta, pero consideremos esa pesada carga que el Señor coloca sobre Su profeta: “Si tú no hablas para advertir al malvado… [y] ese malvado [muere] por su iniquidad… su sangre yo la demandaré de tu mano”6.

Un mayor testimonio personal

Apoyamos al presidente Nelson como habríamos apoyado a Pedro o a Moisés si hubiéramos vivido en sus días. Dios le dijo a Moisés: “Ahora pues, ve, que yo estaré en tu boca, y te enseñaré lo que has de decir”7. Escuchamos al profeta del Señor con la fe que sus palabras son “como si vinieran de [la] propia boca [del Señor]”8.

¿Es esto una fe ciega? No, no lo es. Todos tenemos un testimonio espiritual de la veracidad de la Restauración del evangelio de Jesucristo. Por nuestra propia voluntad y elección, levantamos la mano esta mañana, declarando nuestro deseo de sostener al profeta del Señor mediante nuestra “confianza, fe y oraciones”9 y seguir su consejo. Tenemos el privilegio como Santos de los Últimos Días de recibir un testimonio personal de que el llamado del presidente Nelson viene de Dios. Aunque mi esposa, Kathy, conoce al presidente Nelson personalmente desde hace casi treinta años y no tiene ninguna duda sobre su manto divino, tras su apartamiento ella comenzó a leer todos sus discursos de Conferencia General de los últimos treinta y cuatro años, orando para recibir una certeza aún más profunda de su cargo como profeta. Les prometo que este testimonio acrecentado les llegará a medida que lo busquen humilde y dignamente.

¿Por qué estamos tan dispuestos a seguir la voz de nuestro profeta? Para aquellos que buscan diligentemente la vida eterna, la voz del profeta brinda seguridad espiritual en tiempos muy turbulentos.

Vivimos en un planeta con clamores de un millón de voces. Internet, nuestros teléfonos inteligentes, nuestras cajas de entretenimiento tan recargadas, todo ello reclama nuestra atención y arroja su influencia sobre nosotros, con la esperanza de que compremos sus productos y adoptemos sus normas.

El aparentemente interminable despliegue de información y opinión nos recuerda las advertencias de las Escrituras de ser “llevados por doquiera”10, “[movidos] por el viento”11, y vencidos por la “estratagema” de aquellos que “emplean con astucia las artimañas del error”12.

Para anclar nuestra alma al Señor Jesucristo se requiere que escuchemos a aquellos a quienes Él envía. El seguir al profeta en un mundo en conmoción es como estar envueltos en una manta cálida y reconfortante en un día gélido.

Vivimos en un mundo de razón, debate, discusión, lógica y explicaciones. El cuestionar “¿por qué?” es positivo en muchísimos aspectos de nuestra vida, ya que permite que el poder de nuestro intelecto oriente una multitud de elecciones y decisiones que afrontamos cada día.

No obstante, la voz del Señor suele llegar sin explicaciones13. Mucho antes de que el mundo académico estudiara las repercusiones de la infidelidad en cónyuges e hijos llenos de confianza, el Señor declaró: “No cometerás adulterio”14. Más allá de contar solo con el intelecto, atesoramos el don del Espíritu Santo.

No se sorprendan

Noé predica

Aunque articulada con bondad, la voz del profeta con frecuencia será una voz que nos pedirá que cambiemos, que nos arrepintamos y que regresemos al Señor. Cuando se requiere corrección, no la demoremos; y no se alarmen cuando la voz de advertencia del profeta vaya en contra de las opiniones populares del momento. Las burlonas bolas de fuego de los irritados incrédulos siempre son lanzadas en el momento que el profeta comienza a hablar. A medida que sean humildes en seguir el consejo del profeta del Señor, les prometo una bendición adicional de seguridad y paz.

No se sorprendan si en ocasiones sus perspectivas personales no están inicialmente en armonía total con las enseñanzas del profeta del Señor. Estos son momentos de aprendizaje, de humildad, en los que nos arrodillamos en oración. Caminamos hacia delante con fe, sabiendo que con el tiempo recibiremos más claridad espiritual de nuestro Padre Celestial. Un profeta describió el don incomparable del Salvador como “la voluntad del Hijo siendo absorbida en la voluntad del Padre”15. El sometimiento de nuestra voluntad a la de Dios es, de hecho, no un sometimiento, sino el comienzo de una victoria gloriosa.

Samuel el Lamanita profetiza

Algunos procurarán diseccionar en extremo las palabras del profeta, devanándose por determinar cuál es su voz profética y cuál es su opinión personal.

En 1982, dos años antes de ser llamado como Autoridad General, el hermano Russell M. Nelson dijo: “Nunca me pregunto: ‘¿Cuándo habla como profeta y cuándo no?’. Lo que me ha interesado es: ‘¿cómo puedo parecerme más a él?’”. A esto agregó: “Mi [filosofía consiste en] dejar de colocar signos de interrogación tras las declaraciones del profeta y más bien poner signos de exclamación”16. Esta es la manera en que un hombre humilde y espiritual eligió ordenar su vida. Ahora, treinta y seis años después, es el profeta del Señor.

Aumentar la fe en el Salvador.

En mi vida personal, he comprobado que a medida que estudio en oración las palabras del profeta de Dios y meticulosamente, con paciencia, alineo espiritualmente mi voluntad con sus enseñanzas inspiradas, mi fe en el Señor Jesucristo siempre aumenta.17 Si decidimos dejar de lado su consejo y determinamos que nuestro criterio es más acertado, nuestra fe queda mermada y nuestra perspectiva eterna se nubla. Les prometo que, en tanto permanezcan resueltos a seguir al profeta, su fe en el Salvador aumentará.

El Salvador dijo: “Todos los profetas… han testificado de mí”18.

Un profeta no se interpone entre ustedes y el Salvador; más bien, permanece a su lado y señala el camino hacia el Salvador. La mayor responsabilidad y el mayor don de un profeta para nosotros es su testimonio firme, su conocimiento certero, de que Jesús es el Cristo. Como Pedro en la antigüedad, nuestro profeta declara: “[Él es] el Cristo, el Hijo del Dios viviente”19.

En un día futuro, cuando reflexionemos sobre nuestra vida mortal anterior, nos regocijaremos de haber caminado por la tierra en la misma época que un profeta viviente. En aquel día, ruego que podamos decir:

Le escuchamos.
Le creímos.
Estudiamos sus palabras con paciencia y fe.
Oramos por él.
Le defendimos.
Fuimos lo suficientemente humildes para seguirle.
Le amamos.

Les doy mi solemne testimonio de que Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y Redentor, y de que el presidente Russell M. Nelson es Su profeta ungido en la tierra. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Jeremías 1:5.
  2. Véase 2 Nefi 2:8.
  3. Mateo 10:40.
  4. Recuerdo personal; véase también Spencer J. Condie, Russell M. Nelson: Father, Surgeon, Apostle(2003), 235.
  5. Ezequiel 33:7.
  6. Ezequiel 33:8.
  7. Éxodo 4:12.
  8. Doctrina y Convenios 21:5.
  9. Doctrina y Convenios 107:22.
  10. Efesios 4:14.
  11. Santiago 1:6.
  12. Efesios 4:14.
  13. El presidente Dallin H. Oaks una vez dijo: “En una entrevista en 1988… expliqué mi actitud sobre los intentos de proporcionar razones mortales a la revelación divina: “‘Si leen las Escrituras considerando la pregunta: “¿Por qué el Señor mandó esto? o ¿Por qué mandó aquello?”, hallarán que el motivo se da en menos de uno entre cien mandamientos. Dar las razones no es el modelo del Señor. Nosotros [los mortales] podemos idear razones para las revelaciones; podemos conjeturar motivos para los mandamientos. Cuando lo hacemos, lo hacemos por nuestra propia cuenta. Algunas personas alegaron motivos para la [revelación]…y, al final, resultaron estar espectacularmente equivocadas. Hay una lección en ello… Yo resolví hace mucho tiempo que tenía fe en el mandamiento y que no tenía fe en las razones que se habían sugerido para este’… Todo el conjunto de razones [dadas] me parecieron asumir un riesgo innecesario… No cometamos el error que se ha cometido en el pasado… de tratar de alegar razones para la revelación. Los motivos terminan siendo, en gran medida, ideados por los hombres. Las revelaciones son lo que sostenemos como la voluntad del Señor, y ahí es donde yace la seguridad’” (Life’s Lessons Learned [2011], 68–69).
  14. Éxodo 20:14.
  15. Mosíah 15:7.
  16. Véase Russell M. Nelson, en Lane Johnson, “El Dr. Russell M. Nelson: Ejemplo de obediencia”, Liahona, abril de 1983, pág. 26.
  17. El presidente Henry B. Eyring dijo: “Otra falacia es creer que la elección de aceptar o no el consejo de los Profetas no es más que decidir entre aceptar el buen consejo y ser beneficiados por ello, o quedarnos donde estamos. Pero la elección de no aceptarlo sacude el mismo suelo que pisamos; este se torna más peligroso. El no seguir el consejo profético disminuye nuestro poder de aceptarlo en el futuro. El mejor momento para haberse decidido a ayudar a Noé a construir el arca fue la primera vez que él lo pidió; después, cada vez que él pedía ayuda, toda respuesta negativa disminuía la sensibilidad al Espíritu. Y así, cada vez que solicitaba ayuda, su petición parecía más insensata, hasta que descendió la lluvia; y luego era demasiado tarde” (“Finding Safety in Counsel,” Ensign,May 1997, 25).
  18. 3 Nefi 20:24.
  19. Mateo 16:16; véase también Juan 6:69.

 

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Hasta setenta veces siete

Conferencia General Abril 2018

Hasta setenta veces siete

Por el élder Lynn G Robbins
De la Presidencia de los Setenta

En una vida llena de obstáculos e imperfección, todos agradecemos las segundas oportunidades.

Los errores forman parte de la vida. Es prácticamente imposible aprender a tocar el piano con destreza sin cometer miles de errores, aun millones de ellos. Para aprender un idioma extranjero, uno debe sufrir la vergüenza de cometer miles de errores, puede que hasta un millón. Ni siquiera los mejores atletas del mundo dejan de cometer errores.

Se ha dicho que “el éxito no consiste en la ausencia del fracaso, sino en ir de fracaso en fracaso sin eliminar el entusiasmo”1.

Cuando Thomas Edison inventó la bombilla, supuestamente dijo: “No fracasé mil veces. La bombilla fue un invento en mil pasos”2. Charles F. Kettering llamaba a los fracasos “las señales hacia el camino del éxito”3. Con suerte, cada error que cometemos se convierte en una lección de sabiduría, transformando los obstáculos en peldaños.

La fe inquebrantable de Nefi le ayudó a ir de fracaso en fracaso hasta conseguir por fin las planchas de bronce. Moisés lo intentó diez veces antes de que finalmente lograra huir de Egipto con los israelitas.

Podríamos preguntarnos, si tanto Nefi como Moisés estaban en la obra del Señor, ¿por qué no intervino Él ni les ayudó a lograr el éxito en el primer intento? ¿Por qué les permitió que tropezaran y fracasaran, y que a nosotros nos pase lo mismo, en nuestros intentos por tener éxito? Entre las muchas respuestas importantes a esta pregunta, aquí hay algunas:

  • Primero, el Señor sabe que “todas estas cosas [nos] servirán de experiencia, y serán para [nuestro] bien”4.
  • Segundo, para permitirnos “[probar] lo amargo para saber apreciar lo bueno”5.
  • Tercero, para demostrar que “de Jehová es la batalla”6, y que solo por Su gracia podemos llevar a cabo Su obra y llegar a ser como Él7.
  • Cuarto, para ayudarnos a desarrollar y pulir numerosos atributos cristianos que no se pueden refinar sino por medio de la oposicióny “en el horno de la aflicción”9.

De modo que, en una vida llena de obstáculos e imperfección, todos agradecemos las segundas oportunidades.

En 1970, como estudiante de primer año en BYU, me inscribí en un curso básico sobre los fundamentos de la física impartido por Jae Ballif, un destacado profesor. Al final de cada unidad del curso nos hacía un examen. Si un alumno obtenía una C (una nota suficiente) para aprobar y deseaba mejorarla, el profesor Ballif le permitía tomar un examen modificado que abarcaba el mismo material. Si el alumno o la alumna mejoraba su calificación en el segundo intento, pero seguía sin estar conforme, podía tomar el examen una tercera vez, y una cuarta, etcétera. Al darme tantas segundas oportunidades, él me ayudó a sobresalir y al final obtener una A (una nota sobresaliente) en su clase.

Professor Jae Ballif

Era un profesor extraordinariamente sabio que inspiraba a sus alumnos a seguir intentándolo, a tomarse el fracaso como un maestro, no como una tragedia, y a no temer al fracaso sino a aprender de él.

Hace poco llamé a este gran hombre, cuarenta y siete años después de haber tomado su curso de física. Le pregunté por qué estuvo dispuesto a permitir que los alumnos hicieran intentos ilimitados para mejorar sus calificaciones. Su respuesta: “Quería estar del mismo lado de los alumnos”.

Si bien nos sentimos agradecidos por las segundas oportunidades después de nuestros errores, o fracasos intelectuales, asombro nos da la gracia del Salvador al darnos segundas oportunidades para vencer el pecado, o los fracasos del alma.

Nadie está más de nuestro lado que el Salvador. Él nos permite tomar y seguir tomando Sus exámenes. Llegar a ser como Él requerirá incontables segundas oportunidades en nuestras luchas diarias contra el hombre natural, como controlar los apetitos, aprender la paciencia y el perdón, vencer la pereza y evitar los pecados de omisión, solo para mencionar algunos. Si errar es humano, ¿cuántas veces fracasaremos hasta que nuestra naturaleza deje de ser humana y sea divina? ¿Miles? Muy probablemente un millón.

Sabiendo que el sendero estrecho y angosto estaría lleno de pruebas y que los fracasos serían una constante diaria en nuestra vida, el Salvador pagó un precio infinito a fin de darnos tantas oportunidades como fueran necesarias para superar con éxito nuestra prueba terrenal. La oposición que Él permite a menudo puede parecer insuperable y casi imposible de soportar, pero no nos deja sin esperanza.

Para mantener nuestra esperanza resiliente en medio de las pruebas de la vida, la gracia del Señor siempre está lista y presente. Su gracia es “un medio divino de ayuda y fortaleza… un poder habilitador que permite que los hombres y las mujeres alcancen la vida eterna y la exaltación después de haber realizado su máximo esfuerzo”10. Su gracia y Su amoroso ojo están sobre nosotros durante todo el recorrido a medida que nos inspira, aligera nuestras cargas, nos fortalece, alivia, protege, sana y de otros modos “[socorre] a los de su pueblo”, aun cuando tropecemos por el sendero estrecho y angosto11.

El arrepentimiento es un don de Dios siempre a nuestro alcance que nos permite y nos habilita para ir de fracaso en fracaso sin perder nunca el entusiasmo. El arrepentimiento no es Su plan B por si fallamos. El arrepentimiento es Su plan. Este es el Evangelio de arrepentimiento y, como señaló el presidente Russell M. Nelson, será “un curso de estudio para toda la vida”12.

En este curso de estudio para toda la vida, la Santa Cena es la manera que el Señor ha dispuesto para proporcionar un acceso continuo a Su perdón. Si participamos con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, Él nos provee cada semana el perdón mientras avanzamos de fracaso en fracaso a lo largo del sendero del convenio. Porque “no obstante sus pecados, mis entrañas están llenas de compasión por ellos”13.

Pero ¿cuántas veces nos perdonará Él? ¿Cuán vasta es Su longanimidad? En una ocasión, Pedro preguntó al Salvador: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?”14.

Peter and Jesus

Al parecer, Pedro pensaba que siete era un número lo suficientemente alto para hacer hincapié en la insensatez de perdonar tantas veces, y que la benevolencia debía tener sus límites. En respuesta, el Salvador básicamente le dijo a Pedro que no contase siquiera; que no pusiera límites al perdón.

“Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”15.

Obviamente el Salvador no estaba fijando un tope de 490 veces. Eso habría sido lo mismo que decir que participar de la Santa Cena tiene un límite de 490 veces, y en la 491 un auditor celestial intercede y dice: “Lo siento mucho, pero su carta de arrepentimiento ha expirado; de ahora en adelante usted está solo”.

El Señor usó el cálculo de setenta veces siete como metáfora de Su expiación infinita, Su amor inagotable y Su gracia sin límites. “Sí, y cuantas veces mi pueblo se arrepienta, le perdonaré sus transgresiones contra mí”16.

Eso no significa que la Santa Cena se convierta en una licencia para pecar. Esa es una razón por la que el Señor incluyó esta frase en el libro de Moroni: “Mas cuantas veces se arrepentían y pedían perdón, con verdadera intención, se les perdonaba”17.

La verdadera intención implica verdadero esfuerzo y un cambio real. “Cambio” es la palabra principal que la Guía para el Estudio de las Escrituras utiliza para definir arrepentimiento: “Un cambio que se efectúa en el corazón y en el modo de pensar, lo cual significa adoptar una nueva actitud en cuanto a Dios, en cuanto a uno mismo y en cuanto a la vida en general”18. Esa clase de cambio conduce al progreso espiritual. Así pues, nuestro éxito no consiste en ir de fracaso en fracaso, sino en progresar de fracaso en fracaso sin perder nunca el entusiasmo.

En cuanto al cambio, consideren este sencillo pensamiento: “Las cosas que no cambian permanecen igual”. Esta verdad evidente no pretende ofender su inteligencia, pero es la profunda sabiduría del presidente Boyd K. Packer, que luego añadió: “… y cuando hemos acabado de cambiar, estamos acabados”19.

Debido a que no queremos estar acabados hasta que lleguemos a ser como nuestro Salvador,20 debemos seguir levantándonos cada vez que caemos, con el deseo de seguir creciendo y progresando a pesar de nuestras debilidades. En nuestra debilidad, Él nos asegura: “Te basta mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”21.

Solo mediante la fotografía secuencial o las gráficas de crecimiento podemos percatarnos de nuestro crecimiento físico. Nuestro crecimiento espiritual suele ser igualmente imperceptible si no es a través de las lentes retrospectivas del tiempo. Sería prudente hacer a menudo una introspección a través de esas lentes para reconocer nuestro progreso e inspirarnos a “seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza”22.

Estoy eternamente agradecido por la amorosa bondad, la paciencia y longanimidad de Padres Celestiales y del Salvador, que nos dan innumerables segundas oportunidades en nuestro viaje de regreso a Su presencia. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Esta cita se ha atribuido a diferentes autores, entre ellos Abraham Lincoln y Winston Churchill.
  2. Thomas Edison, en Zorian Rotenberg, “To Succeed, You Must Fail, and Fail More,” Nov. 13, 2013, insightsquared.com.
  3. Charles F. Kettering, en Thomas Alvin Boyd, Charles F. Kettering: A Biography(1957), 40. Esta cita también ha sido atribuida a C. S. Lewis.
  4. Doctrina y Convenios 122:7. Incluso el Salvador “por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5:8). Aunque estos pasajes de las Escrituras se refieren a la tribulación y el sufrimiento por causa de nuestro entorno y condiciones desfavorables, los errores que cometemos son también para nuestro bien si aprendemos de ellos.
  5. Moisés 6:55.
  6. 1 Samuel 17:47; véase también 1 Nefi 3:29.
  7. VéaseJacob 4:7.
  8. Véase2 Nefi 2:11.
  9. Isaías 48:101 Nefi 20:10.
  10. Véase Bible Dictionary (en inglés), “Grace”; cursiva agregada.
  11. Alma 7:12.
  12. Russell M. Nelson, en Dallin H. Oaks y Neil L. Andersen, “Arrepentimiento” (discurso pronunciado en un seminario para nuevos presidentes de misión, 26 de junio de 2015), pág. 11.
  13. Doctrina y Convenios 101:9.
  14. Mateo 18:21.
  15. Mateo 18:22.
  16. Mosíah 26:30; cursiva agregada.
  17. Moroni 6:8; cursiva agregada.
  18. Guía para el Estudio de las Escrituras, “Arrepentimiento, arrepentirse”, scriptures.lds.org.
  19. Boyd K. Packer, conferencia de la Estaca Kingsland, Georgia, agosto de 1997.
  20. Véase 3 Nefi 27:27.
  21. 2 Corintios 12:9; véase también Éter 12:27.
  22. 2 Nefi 31:20.

 

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El corazón de un Profeta

Conferencia General Abril 2018

El corazón de un Profeta

Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Podemos regocijarnos en que el profeta del Señor ha entrado en funciones y que la obra del Señor se esté haciendo de la forma que Él ha prescrito divinamente.

He orado con fervor pidiendo que el Espíritu Santo esté hoy con cada uno de nosotros en esta ocasión celestial. Lo que hemos presenciado juntos ha sido admirable: el 17.º profeta de esta dispensación ha sido sostenido en Asamblea solemne.

Mientras procuraba recibir guía para conocer el tema que el Señor quería que yo abordara hoy, recordé una conversación reciente con un miembro de la nueva Primera Presidencia. En esa conversación, uno de los consejeros expresó estas palabras: “Albergo la profunda esperanza de que los miembros de la Iglesia puedan comprender la magnitud de lo sucedido al haber sido llamado un nuevo profeta, el presidente Russell M. Nelson, y la importancia y santidad de la Asamblea solemne que se llevará a cabo en la conferencia general”. Agregó: “Han pasado 10 años y muchos, en especial los jóvenes de la Iglesia, no lo recuerdan ni lo han experimentado antes”.

Presidente David O. McKay

Esto me llevó a reflexionar en las experiencias que yo he tenido. El primer profeta que recuerdo es el presidente David O. McKay. Yo tenía 14 años cuando él falleció. Recuerdo el sentimiento de pérdida que acompañó a su muerte, las lágrimas en los ojos de mi madre y la pena que sintió toda mi familia. Recuerdo cómo las palabras “Por favor, bendice al presidente David O. McKay” salían tan naturalmente de mis labios en mis oraciones que, si yo no estaba atento, aun después de su muerte, me encontraba utilizando esas mismas palabras. Me preguntaba si mi corazón y mi mente podrían albergar el mismo sentimiento y la misma convicción por los profetas que vendrían después de él. Pero, casi como los padres que aman a cada uno de sus hijos, yo llegué a sentir amor, conexión y testimonio por el presidente Joseph Fielding Smith, quien sucedió al presidente McKay, y por cada profeta que vino después: Harold B. Lee, Spencer W. Kimball, Ezra Taft Benson, Howard W. Hunter, Gordon B. Hinckley, Thomas S. Monson y, actualmente, por el presidente Russell M. Nelson. He sostenido a cada profeta con todo mi ser, con la mano y el corazón en alto.

Cada vez que fallece uno de nuestros amados profetas, es natural experimentar tristeza y una sensación de pérdida. Mas la tristeza es mitigada por el gozo y la esperanza que recibimos al experimentar una de las grandes bendiciones de la Restauración: el llamamiento y sostenimiento de un nuevo profeta viviente sobre la tierra.

Por tal motivo, hablaré acerca de este proceso divino que se ha seguido en los últimos 90 días. Lo dividiré en cuatro segmentos: primero, la muerte de nuestro profeta y la disolución de la Primera Presidencia; segundo, el período de tiempo de espera para la reorganización de la Primera Presidencia; tercero, el llamamiento del nuevo profeta; y cuarto, el sostenimiento de un nuevo profeta y de la Primera Presidencia en Asamblea solemne.

La muerte de un Profeta

President Thomas S. Monson’s funeral

El 2 de enero de 2018, nuestro querido profeta, Thomas S. Monson, pasó al otro lado del velo. Él tendrá para siempre un lugar en nuestros corazones. El presidente Henry B. Eyring expresó unas palabras, al fallecer el presidente Monson, que describen perfectamente nuestros sentimientos: “El sello distintivo de su vida, al igual que el del Salvador, será su interés individual en tender una mano a los pobres, a los enfermos y a todas las personas del mundo”1.

El presidente Spencer W. Kimball explicó:

“Así como una estrella desaparece en el horizonte, otra aparece en escena, y la muerte engendra la vida.

“La obra del Señor es ilimitada. Aun cuando fallezca un poderoso líder, ni siquiera por un instante queda la Iglesia sin dirección, gracias a la benévola Providencia que dio a Su reino continuidad y perpetuidad. Tal como ya ha sucedido… antes en esta dispensación, un pueblo cierra una tumba reverentemente, se seca las lágrimas y vuelve la cara hacia el futuro”2.

El interregno apostólico

Al período de tiempo entre la muerte del profeta y la reorganización de la Primera Presidencia se le llama “interregno apostólico”. Durante ese tiempo, el Cuórum de los Doce, bajo la dirección del Presidente del Cuórum, poseen colectivamente las llaves para administrar el liderazgo de la Iglesia. El presidente Joseph F. Smith enseñó: “Siempre hay alguien a la cabeza de la Iglesia; y si la Presidencia de la Iglesia deja de existir por muerte u otra causa, entonces siguen los Doce Apóstoles como cabeza de la Iglesia hasta que nuevamente se organice una presidencia”3.

El Cuórum de los Doce Apóstoles

El interregno apostólico más reciente comenzó con el fallecimiento del presidente Monson, el 2 de enero de 2018, y finalizó doce días después, el domingo, 14 de enero. Ese día de reposo, por la mañana, el Cuórum de los Doce se reunió en la sala superior del Templo de Salt Lake en espíritu de ayuno y oración, bajo la dirección del presidente Russell M. Nelson, el Apóstol de mayor antigüedad y Presidente del Cuórum de los Doce.

Llamamiento de un nuevo Profeta

En esa sagrada y memorable reunión, siguiendo un precedente bien establecido en unidad y con unanimidad, estas Autoridades Generales se sentaron por antigüedad en 13 asientos en semicírculo, y levantaron la mano para sostener, en primer lugar, la organización de la Primera Presidencia y, después, para sostener al presidente Russell Marion Nelson como el Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Después del sostenimiento, el Cuórum de los Doce nos juntamos en círculo y pusimos las manos sobre la cabeza del presidente Nelson para ordenarlo y apartarlo, con el siguiente Apóstol de mayor antigüedad actuando como portavoz.

Luego, el presidente Nelson nombró a sus consejeros: al presidente Dallin Harris Oaks y al presidente Henry Bennion Eyring, con el presidente Oaks como Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles y el presidente Melvin Russell Ballard como Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles. Tras los votos de sostenimiento correspondientes, el presidente Nelson apartó a cada uno de estos hermanos en sus respectivos cargos. Esa fue una experiencia profundamente sagrada con una abundante manifestación del Espíritu. Les ofrezco mi testimonio absoluto de que la voluntad del Señor, por la que habíamos orado fervientemente, se manifestó poderosamente en las actividades y acontecimientos que ocurrieron ese día.

La Primera Presidencia

Con la ordenación del presidente Nelson y la reorganización de la Primera Presidencia, finalizó el interregno apostólico y la nueva Primera Presidencia comenzó a operar sin que hubiera habido siquiera un segundo de interrupción en el gobierno del Reino del Señor sobre la tierra.

La Asamblea solemne

Esta mañana se ha culminado este proceso divino en conformidad con el mandato descrito en Doctrina y Convenios: “Porque es preciso que todas las cosas se hagan con orden y de común acuerdo en la iglesia, por la oración de fe”y “tres Sumos Sacerdotes Presidentes… sostenidos por la confianza, fe y oraciones de la iglesia, forman un cuórum de la Presidencia de la Iglesia”5.

El élder David B. Haight describió una ocasión previa de este acontecimiento en el que hemos participado hoy:

“Hoy somos testigos y partícipes de un suceso sumamente sagrado: una asamblea solemne para tratar asuntos celestiales. Como ocurría en la antigüedad, los santos en todas partes del mundo han hecho mucho ayuno y oración para recibir en abundancia el Espíritu del Señor, que se ha sentido muy fuertemente…en esta ocasión.

“Una asamblea solemne, tal como el nombre lo indica, es una ocasión sagrada, seria y reverente en que los santos se reúnen bajo la dirección de la Primera Presidencia”6.

Hermanos y hermanas, podemos regocijarnos —aun exclamar “¡Hosanna!”— porque el portavoz del Señor, un profeta de Dios, ha entrado en funciones y porque el Señor está complacido de que Su obra se esté haciendo en la forma que Él ha prescrito divinamente.

El presidente Russell M. Nelson

Este proceso divinamente ordenado conduce a tener otro profeta divinamente llamado. Al igual que el presidente Monson fue uno de los más grandes que han habitado la tierra, así lo es también el presidente Nelson. El Señor lo ha preparado extensamente y le ha instruido específicamente para liderarnos en esta época de la historia del mundo. Es una gran bendición para nosotros tener ahora al querido presidente Russell M. Nelson como nuestro amoroso y devoto Profeta, el Presidente de la Iglesia número 17 en esta, la última dispensación.

Presidente RussellM. Nelson

El presidente Nelson es verdaderamente un hombre extraordinario. He tenido el privilegio de servir en el Cuórum de los Doce, siendo él mi Presidente de Cuórum, por algo más de dos años. He viajado con él y me maravilla su energía. ¡Uno tiene que ir muy rápido para seguirle el paso! En su vida ha visitado, en total, 133 países.

Extiende la mano a todos, tanto a jóvenes como a mayores. Parece que conoce a todos y tiene la particular habilidad de recordar los nombres. Todo el que le conoce se siente como su mejor amigo. Y así es con cada uno de nosotros, debido al amor y la preocupación sinceros que siente por todas las personas.

Aunque mi relación principal con el presidente Nelson ha sido en funciones eclesiásticas, también me he llegado a familiarizar con la vida profesional que el presidente Nelson tuvo antes de ser llamado como Autoridad General. Como muchos de ustedes saben, el presidente Nelson era un reconocido cirujano del corazón desde los primeros años de su carrera; fue un desarrollador pionero de la máquina cardiopulmonar. Él formó parte del equipo de investigación que apoyó la primera operación a corazón abierto en un ser humano, en 1951, valiéndose de un baipás cardiopulmonar. El presidente Nelson realizó una operación de corazón al presidente Spencer W. Kimball poco antes de que el presidente Kimball llegara a ser el Profeta.

President Nelson as a surgeon

Resulta interesante ver que, aunque el llamado del presidente Nelson al Cuórum de los Doce hace 34 años dio fin a su carrera médica profesional de fortalecer y reparar corazones, eso dio comienzo a su ministerio como Apóstol, dedicado a fortalecer y reparar corazones de incontables decenas de miles de personas de todo el mundo, que se vieron elevadas y sanadas mediante sus palabras de sabiduría y actos de servicio y amor.

Un corazón cristiano

Cuando me imagino un corazón cristiano en acción día tras día, veo al presidente Nelson. No he conocido a nadie que ejemplifique esa característica a un mayor nivel que él. Ha sido extraordinariamente instructivo para mí poder observar de primera mano las manifestaciones del corazón cristiano del presidente Nelson.

Unas semanas después de mi llamamiento a los Doce, en octubre de 2015, tuve la oportunidad de poder contemplar lo que fue la vida profesional del presidente Nelson antes de ser llamado a los Doce en 1984. Se me invitó a asistir a un evento en el que se le distinguía como pionero en la cardiocirugía. Al ingresar en el recinto, quedé atónito al ver la gran cantidad de profesionales allí presentes para honrar y reconocer la labor que el presidente Nelson había realizado como médico y cirujano muchos años antes.

Esa noche, muchos profesionales intervinieron y expresaron su respeto y admiración por la destacada contribución que el presidente Nelson había ofrecido a su especialidad médica. Aunque cada orador esa noche describió admirablemente los diversos logros del presidente Nelson, me impactó aun más una conversación que entablé con un hombre que estaba sentado junto a mí. Él no sabía quién era yo, pero había conocido al presidente Nelson como el Dr. Nelson, cuando era director del programa de residencia de cirugía torácica de la Facultad de Medicina, en 1955.

Él había sido alumno del presidente Nelson, y compartió conmigo muchos recuerdos. Para mí, lo más interesante fue la descripción del estilo de enseñanza del presidente Nelson que, como dijo, le había aportado una gran notoriedad. Él me explicó que una buena parte de la instrucción a los residentes de cardiocirugía se llevaba a cabo en las salas de operaciones. Allí, los residentes observaban y realizaban cirugías bajo supervisión docente como si fuera un laboratorio y salón de clases. Me comentó que, con ciertos cirujanos de la facultad, el ambiente en la sala de operaciones era caótico, competitivo, con mucha presión y egocentrismo. Él lo describió como un ambiente difícil y, a veces, incluso denigrante. Por ello, los cirujanos residentes sentían con frecuencia que sus carreras pendían de un hilo.

Entonces, me explicó el ambiente singular que había en la sala de operaciones del presidente Nelson. Todo era pacífico, tranquilo y digno. Se trataba con respeto a los médicos residentes. Sin embargo, después de que el Dr. Nelson demostraba un procedimiento, esperaba el más alto nivel de desempeño de cada uno de los residentes. Este hombre continuó explicándome que los mejores resultados en los pacientes y los mejores cirujanos salieron de la sala de operaciones del Dr. Nelson.

Eso no me sorprendió en absoluto. Es lo que he observado de cerca y que me ha bendecido grandemente en el Cuórum de los Doce. Siento que he sido, en cierto modo, uno de sus “residentes en formación”.

El presidente Nelson tiene una manera única de enseñar y de corregir de forma positiva, respetuosa e inspiradora. Él es la personificación de un corazón cristiano y un ejemplo para todos nosotros. De él aprendemos que en cualquier circunstancia en que nos encontremos, nuestra conducta y nuestro corazón pueden estar a tono con los principios del evangelio de Jesucristo.

Tenemos ahora la bendición de sostener a nuestro profeta, el presidente Russell M. Nelson. En el curso de su vida, él ha magnificado las muchas funciones que ha desempeñado, como estudiante, padre, profesor, esposo, doctor, líder del sacerdocio, abuelo y Apóstol. Él cumplió con sus funciones en el pasado, y lo continúa haciendo así, con el corazón de un Profeta.

Hermanos y hermanas, lo que hemos presenciado y en lo que hemos participado hoy, una Asamblea solemne, confirma mi testimonio de que el presidente Russell M. Nelson es el portavoz viviente del Señor para toda la humanidad. Añado también mi testimonio de Dios el Padre, de Jesucristo, y de Su papel como nuestro Salvador y Redentor. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Henry B. Eyring, en Marianne Holman Prescott, “Apostles Share Thoughts about President Thomas S. Monson on Social Media”, sección de noticias de la Iglesia en LDS.org, 12 de enero de 2018, news.lds.org.
  2. Spencer W. Kimball, en Conference Report, abril de 1970, pág.118.
  3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1999, 2000, págs. 239–240.
  4. Doctrina y Convenios 28:13.
  5. Doctrina y Convenios 107:22.
  6. Véase David B. Haight, “Las asambleas solemnes”, Liahona, enero de 1995, pág. 16.

 

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De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros

Conferencia General Abril 2018

De la manera que Cristo os perdonó,
así también hacedlo vosotros

Por el Élder Larry J. Echo Hawk
De los Setenta

Todos podemos recibir paz inimaginable y asociarnos con nuestro Salvador al aprender a perdonar libremente a las personas que nos han ofendido.

“Y el primer día de la semana, muy de mañana, ellas fueron al sepulcro, llevando las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.

“Y hallaron removida la piedra del sepulcro.

“Y, al entrar, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

“Y aconteció que, estando ellas perplejas por esto, he aquí se pusieron de pie junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;

“y como ellas tuvieron temor e inclinaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

“No está aquí, sino que ha resucitado”1.

Mañana, domingo de Pascua de Resurrección, recordaremos de una manera especial lo que Jesucristo ha hecho por nosotros: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”2. Finalmente, seremos resucitados igual que Él, para vivir por siempre.

Por medio del milagro de la sagrada expiación de Jesucristo, también podemos recibir el don del perdón de nuestros pecados y faltas si aceptamos la oportunidad y responsabilidad del arrepentimiento. Y al recibir ordenanzas necesarias, guardar los convenios y obedecer los mandamientos, podemos obtener la vida eterna y la exaltación.

Hoy me gustaría concentrarme en el perdón, un don esencial y valioso que nos ofrece nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo.

En una noche de diciembre en 1982, mi esposa, Terry, y yo nos despertamos por una llamada que recibimos en nuestro hogar en Pocatello, Idaho. Cuando contesté el teléfono, solo escuché un llanto. Por fin, la voz débil de mi hermana dijo: “Tommy está muerto”.

Un conductor ebrio de 20 años de edad, manejando a más de 135km (85 millas) por hora, negligentemente no se detuvo en una luz roja en un barrio residencial en Denver, Colorado. Se estrello de forma violenta contra el auto que manejaba mi hermano menor, Tommy, matándolo al instante a él y su esposa, Joan. Regresaban a casa a su pequeña hija después de una fiesta de Navidad.

De inmediato, mi esposa y yo viajamos a Denver y nos dirigimos a la funeraria. Nos reunimos con mis padres y hermanos y lamentamos la pérdida de nuestros queridos Tommy y Joan. Los habíamos perdido debido a un acto criminal sin sentido. Nuestros corazones estaban destrozados y comencé a sentir enojo contra el joven delincuente.

Tommy había servido como abogado en el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y estaba en camino para ser un firme defensor de la protección de las tierras y recursos naturales de los indígenas norteamericanos en los siguientes años.

Después de un tiempo, se llevó a cabo en un tribunal una audiencia para dictar la condena del joven responsable de homicidio vehicular. Aún con tristeza y pesar, mis padres y mi hermana mayor, Katy, fueron a la audiencia. Los padres del conductor ebrio también estaban allí, y una vez que terminó la audiencia, se sentaron en una banca y lloraron. Sentados cerca estaban mis padres y mi hermana intentando lograr control sobre sus propias emociones. Después de un momento, mis padres y mi hermana se pusieron de pie y se dirigieron hacia los padres del conductor y les ofrecieron palabras de consuelo y perdón. Los hombres se saludaron; las mujeres se tomaron de las manos; hubo un profundo pesar, lágrimas derramadas por todos y el reconocimiento de que ambas familias habían sufrido inmensamente. Mamá, papá y Katy fueron un ejemplo con su tranquila fortaleza y le demostraron a nuestra familia lo que es el perdón.

Ese ofrecimiento de perdón en esos momentos causó que mi propio corazón se ablandara y abrió el paso a la sanación. Con el tiempo aprendí a tener un fuerte deseo de perdonar. Solo con la ayuda del Príncipe de paz pude aliviar mi dolorosa carga. Mi corazón siempre extrañará a Tommy y a Joan, pero el perdón me permite recordarlos con una alegría sin restricciones. Y sé que volveremos a estar juntos como familia.

No sugiero que toleremos la conducta ilegal. Entendemos completamente que a las personas se les tiene que hacer responsables por sus actos criminales y delitos civiles. Sin embargo, también sabemos que, como hijos e hijas de Dios, seguimos las enseñanzas de Jesucristo. Debemos perdonar aun cuando parezca que los demás no se merecen nuestro perdón.

El Salvador enseñó:

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial.

“Pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”3.

Todos podemos recibir paz inimaginable y asociarnos con nuestro Salvador al aprender a perdonar libremente a las personas que nos han ofendido. Esta asociación invita al poder del Salvador en nuestras vidas de una manera certera e inolvidable.

El apóstol Pablo aconsejó:

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios… de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;

“Soportándoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros… : de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros4.

El Señor mismo declaró:

“Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado.

“Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres”5.

Las enseñanzas de nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo, son claras, el pecador debe estar dispuesto a perdonar a otros, si es que él mismo espera obtener perdón6.

Hermanos y hermanas, ¿hay personas en nuestras vidas que nos han lastimado? ¿Guardamos sentimientos de resentimiento y enojo que parecen ser justificados? ¿Permitimos que el orgullo nos impida perdonar y seguir adelante? Insto a todos nosotros a perdonar completamente y permitir que la sanación ocurra desde el interior. Y aun si el perdón no llega hoy, tengan en cuenta que si lo deseamos y trabajamos por obtenerlo, vendrá— así como al final llegó para mí después de la muerte de mi hermano.

Y por favor recuerden que un elemento esencial del perdón es perdonarnos a nosotros mismos.

“… Quien se ha arrepentido de sus pecados” dijo el Señor, “es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más”7.

Ruego que todos nosotros en este día recordemos y sigamos el ejemplo de Jesucristo. En la cruz en el Gólgota, en Su angustia, Él pronunció estas palabras: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”8.

Cuando estamos dispuestos a perdonar y lo hacemos, como hicieron mis padres y mi hermana mayor, podemos recibir la promesa del Salvador: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”9.

Testifico que esta paz llegará a nuestras vidas a medida que obedezcamos las enseñanzas de Jesucristo y sigamos su ejemplo al perdonar a los demás. A medida que perdonemos, les prometo que el Salvador nos fortalecerá, y Su poder y alegría fluirá en nuestras vidas.

El sepulcro está vacío. ¡Cristo vive! Lo conozco. Lo amo. Estoy agradecido por Su gracia, la cual es el poder fortalecedor que es suficiente para sanar todas las cosas. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Refencias:

  1. Lucas 24:1-6.
  2. Juan 3:16.
  3. Mateo 6:14-15.
  4. Colosenses 3:12–13; cursiva agregada.
  5. Doctrina y Convenios 64:9-10.
  6. Véase James E. Talmage, Artículos de Fe, decimosegunda edición (1980), pág. 46.
  7. Doctrina y Convenios 58:42.
  8. Lucas 23:34.
  9. Juan 14:27.

 

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