“Tengo una obra para ti”

Conferencia General Octubre 2017

“Tengo una obra para ti”

Por el élder John C. Pingree Jr.
De los Setenta

Cada uno de nosotros tiene una función importante que cumplir para hacer avanzar la obra de Dios.

Dios declaró a Moisés: “Tengo una obra para ti” (Moisés 1:6). ¿Alguna vez se han preguntado si nuestro Padre Celestial tiene una obra para ustedes? ¿Hay cosas importantes que lograr para las cuales Él los haya preparado a ustedes específicamente? Testifico que la respuesta es ¡sí!

Girish Ghimire

Consideren a Girish Ghimire, que nació y se crió en Nepal. De adolescente, estudió en China, donde un compañero de clase compartió el evangelio de Jesucristo con él. Después de un tiempo, Girish vino a la Universidad Brigham Young para cursar estudios de posgrado y conoció a su futura esposa. Se establecieron en el valle de Lago Salado y adoptaron a dos niños de Nepal.

Años después, cuando más de 1500 refugiados de campamentos en Nepal fueron trasladados a Utah1, Girish se sintió inspirado a ayudar. Con la capacidad de hablar el idioma y un conocimiento de la cultura, Girish sirvió como intérprete, maestro y mentor. Después de establecerse en la comunidad, algunos refugiados nepaleses mostraron interés en el Evangelio; se organizó una rama de habla nepalí y posteriormente Girish sirvió como el presidente de rama. También él fue parte fundamental a la hora de traducir el Libro de Mormón al nepalés.

Girish Ghimire con un Libro de Mormón Nepalés

¿Pueden ver cómo el Padre Celestial preparó y está utilizando a Girish?

Dios tiene una obra para cada uno de nosotros

Hermanos y hermanas, Dios tiene una obra importante para cada uno de nosotros. Dirigiéndose a las hermanas, pero enseñando verdades que se aplican a todos, el presidente Spencer W. Kimball enseñó: “En el mundo preterrenal, [se nos] dieron ciertas asignaciones… Aunque no recordemos ahora esos detalles, ello no altera la gloriosa realidad de que en una oportunidad estuvimos de acuerdo con ese plan”2. ¡Qué verdad tan ennoblecedora! Nuestro Padre Celestial tiene cosas específicas e importantes para que hagamos ustedes y yo (véase Efesios 2:10).

Estas asignaciones divinas no están reservadas para unos pocos privilegiados, sino que son para todos nosotros, sin importar nuestro sexo, edad, raza, nacionalidad, nivel de ingresos, estatus social o llamamiento en la Iglesia. Cada uno de nosotros tiene una función importante que cumplir para hacer avanzar la obra de Dios (véase Moisés 1:39).

Algunos dudamos de que el Padre Celestial pueda utilizarnos, a nosotros, para hacer contribuciones importantes; pero recuerden, Él siempre ha utilizado a personas comunes y corrientes para lograr cosas extraordinarias (véanse  1 Corintios 1:27–28D. y C. 35:13124:1). “[Somos] agentes” y “el poder está en [nosotros]” para “efectuar mucha justicia” (D. y C. 58:27–28)3.

El presidente Russell M. Nelson explicó:

“El Señor tiene más en mente para ustedes de lo que ustedes tienen en mente para ustedes mismos! “Ustedes han sido reservados y preservados para esta época y lugar…

“El Señor necesita que cambien el mundo. A medida que aceptan y siguen Su voluntad para ustedes, ¡se encontrarán logrando lo imposible!”4.

De modo que, ¿cómo llegamos a comprender y hacer la obra que Dios espera que hagamos? Permítanme compartir cuatro principios que ayudarán:

Centrarse en los demás

Primero, centrarse en los demás. Podemos seguir a Cristo, quien “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38; véase también 2 Nefi 26:24).

Cuando regresé de mi misión de tiempo completo, extrañaba el propósito diario del que había disfrutado. Obviamente, necesitaba guardar mis convenios, recibir una educación, establecer una familia y ganarme la vida; pero me preguntaba si había algo más, o incluso algo especial, que el Señor quería que yo hiciera. Después de meditarlo por varios meses, leí este versículo: “Si quieres, serás el medio para hacer mucho bien en esta generación” (D. y C. 11:8) El Espíritu me ayudó a comprender que el propósito principal de las asignaciones divinas es bendecir a los demás y “hacer mucho bien”.

Podemos abordar las decisiones importantes de nuestra vida —como qué estudiar, en qué trabajar o dónde vivir— dentro del contexto de ayudar a los demás.

Una familia se mudó a una nueva ciudad, y en lugar de buscar una casa en un barrio próspero, sintieron la impresión de establecerse en un zona con grandes necesidades sociales y económicas. A través de los años, el Señor ha trabajado por medio de ellos para apoyar a muchas personas y para edificar su barrio y estaca.

Un profesional médico tenía un consultorio típico, pero se sintió guiado a proporcionar atención gratuita un día a la semana a personas que no tenían seguro médico. Gracias a la disposición de este hombre y su esposa de bendecir a los demás, el Señor proporcionó una manera para que ellos apoyaran a cientos de pacientes necesitados al mismo tiempo que criaban a su gran familia.

Descubrir y cultivar dones espirituales

Segundo, descubrir y cultivar dones espirituales. El Padre Celestial nos dio estos dones para ayudarnos a determinar, llevar a cabo y disfrutar de la obra que Él tiene para nosotros.

Algunos de nosotros nos preguntamos: “¿Tengo algún don?”. De nuevo, la respuesta es, ¡sí!. “A todo hombre [y mujer] le es dado un don por el Espíritu de Dios… para que así todos se beneficien”  (D. y C. 46:11–12; énfasis agregado)5. Varios dones espirituales se documentan en las Escrituras (véanse  1 Corintios 12:1-11, 31Moroni 10:8–18D. y C. 46:8–26), pero hay muchos más6. Algunos podrían ser: tener compasión, expresar esperanza, llevarse bien con las personas, organizar eficazmente, hablar o escribir de modo persuasivo, enseñar con claridad y trabajar arduamente.

Entonces, ¿cómo llegamos a conocer nuestros dones? Podemos consultar nuestra bendición patriarcal, preguntar a las personas que mejor nos conocen y reconocer personalmente lo que naturalmente podemos hacer bien y lo que disfrutamos. Más importante aun, podemos preguntarle a Dios (véanse  Santiago 1:5D. y C. 112:10); Él sabe cuáles son nuestros dones, ya que fue Él quien nos los dio (véase D. y C. 46:26).

A medida que descubrimos nuestros dones, tenemos la responsabilidad de desarrollarlos (véase Mateo 25:14–30). Aun Jesucristo “no recibió de la plenitud al principio, sino que continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud” (D. y C. 93:13).

Cuadro del Salvador por Ben Simonsen

Un joven creó ilustraciones para promover valores religiosos. Mi favorita es un retrato del Salvador, una copia del cual está colgada en nuestro hogar. Este hermano desarrolló y utilizó sus dones artísticos; por medio de él, el Padre Celestial ha inspirado a otras personas a que mejoren su discipulado.

A veces sentimos que no tenemos ningún don que sea particularmente importante. Un día, una hermana que se sentía desanimada rogó: “Señor, ¿cuál es mi ministerio personal?”. Él contestó: “Estar pendiente de los demás”. ¡Era un don espiritual! Desde entonces, ella ha encontrado gozo al estar pendiente de aquellas personas que a menudo están olvidadas, y Dios ha bendecido a muchas personas por medio de ella. Mientras que algunos de nuestros dones espirituales tal vez no nos hagan prominentes según las normas del mundo, son esenciales para Dios y Su obra7.

Utilizar la adversidad

Tercero, utilizar la adversidad. Nuestras pruebas nos ayudan a descubrir la obra que el Padre Celestial tiene para nosotros y a prepararnos para ella. Alma explicó: “… después de mucha tribulación, el Señor… me ha hecho instrumento en sus manos” (Mosíah 23:10)8. Igual que el Salvador, cuyo sacrificio expiatorio le permite socorrernos (véase  Alma 7:11–12), nosotros podemos usar el conocimiento que adquirimos de las experiencias difíciles para levantar, fortalecer y bendecir a los demás.

Después de que un exitoso ejecutivo de recursos humanos fue despedido, leyó su bendición patriarcal y se sintió inspirado a fundar una compañía para ayudar a otros profesionales a encontrar empleo. (Incluso me ayudó a mí a encontrar trabajo cuando nuestra familia regresó de servir una misión). El Señor usó esa prueba como un peldaño para bendecir a los demás, mientras que le proporcionó a él una carrera más significativa.

Una pareja joven tuvo una bebé que nació muerta. Con corazones rotos, para honrar a su hija, decidieron proporcionar terapia y apoyo material a padres que estaban pasando por situaciones parecidas. El Señor ha trabajado por medio de esa pareja debido a la empatía especializada que obtuvieron por medio de la adversidad.

Confiar en Dios

Y cuarto, confiar en Dios. Cuando le preguntamos a Él con fe y verdadera intención, Él nos revelará nuestras asignaciones divinas9. Una vez que las descubramos, Él nos ayudará a cumplir esas asignaciones. “Todas las cosas… están presentes ante [Sus] ojos” (D. y C. 38:2; véase también Abraham 2:8), y en el momento adecuado, Él abrirá las puertas que sean necesarias para nosotros (véase Apocalipsis 3:8). Hasta envió a Su Hijo, Jesucristo, a fin de que podamos depender de Él para obtener fuerza más allá de nuestras habilidades naturales (véanse Filipenses 4:13Alma 26:12).

Un hermano, preocupado por las decisiones del gobierno local, sintió la impresión de postularse para un cargo público. A pesar del proceso abrumador de hacer campaña, él ejerció la fe y reunió los recursos para hacerlo. Al final, no ganó, pero sintió que el Señor le dio guía y fortaleza para abordar temas que eran importantes para la comunidad.

Una madre soltera, que tiene hijos con discapacidades de desarrollo, dudaba de poder satisfacer las necesidades de su familia adecuadamente. Aunque ha sido difícil, ella siente fortaleza por parte del Señor para cumplir con éxito su misión tan importante.

Palabras de advertencia

Al mismo tiempo que Dios nos ayuda a cumplir con nuestras asignaciones divinas, el adversario intenta distraernos y disuadirnos de tener una vida significativa.

El pecado probablemente es nuestra piedra de tropiezo más grande, nos insensibiliza al Espíritu Santo y restringe nuestro acceso al poder espiritual. Para efectuar la obra que el Padre Celestial tiene para nosotros, debemos esforzarnos por ser puros (véase 3 Nefi 8:1). ¿Vivimos de tal manera que Dios pueda trabajar por medio de nosotros?

Satanás también busca distraernos con cosas menos importantes. El Señor advirtió a un líder de los comienzos de la Iglesia: “Tus pensamientos han estado en las cosas de la tierra más que en las que son de mí… y en el ministerio al cual has sido llamado” (D. y C. 30:2).¿Estamos tan preocupados con las cosas del mundo que nos distraemos de nuestras asignaciones divinas?

Además, Satanás nos desalienta con sentimientos de ineptitud; hace que nuestro trabajo parezca demasiado difícil o intimidatorio. Sin embargo, ¡podemos confiar en Dios!. Él nos ama. Él desea que tengamos éxito. Él “va delante de [nosotros]; él estará [con nosotros], no [nos] dejará” (Deuteronomio 31:8; véanse también Salmo 32:8Proverbios 3:5–6Mateo 19:26D y C 78:18).

Puede que Satanás también intente convencernos de que nuestra labor no es tan importante como la labor asignada a los demás; Pero cada asignación que venga de Dios es importante, y sentiremos satisfacción a medida que nos “[gloriemos]… en lo que el Señor [nos] ha mandado” (Alma 29:9).

Al trabajar Dios por medio de nosotros, puede que el adversario nos tiente a atribuirnos el mérito de cualquier logro; no obstante, podemos emular la humildad del Salvador al desviar los elogios personales y glorificar al Padre (véanse Mateo 5:16Moisés 4:2). Cuando un reportero intentó reconocer a la Madre Teresa por la misión de su vida de ayudar a los pobres, ella respondió: “Es la obra de [Dios]. Yo soy como un… lápiz en Su mano… Él es el que piensa. Él es el que escribe. el lápiz no tiene nada que ver. El lápiz solo tiene que permitir que lo usen”10.

Conclusión

Mis queridos hermanos y hermanas, invito a cada uno de nosotros a que nos “[presentemos] a Dios… como instrumentos de justicia” (Romanos 6:13). Eso significa hacerle saber que queremos ser útiles, buscar Su dirección y acceder a Su fortaleza.

Como siempre, podemos acudir a Jesucristo, nuestro ejemplo perfecto. En la vida preterrenal, el Padre Celestial preguntó: “¿A quién enviaré?”.

Y Jesús respondió: “Heme aquí; envíame” (Abraham 3:27; véase también Isaías 6:8).

Jesucristo aceptó Su función preordinada como nuestro Salvador y Redentor, se preparó para ella y la llevó a cabo. Él cumplió la voluntad del Padre (véanse Juan 5:306:383 Nefi 27:13) y completó Sus asignaciones divinas.

A medida que seguimos el ejemplo de Cristo y nos sometemos a Dios, testifico que Él también nos utilizará para hacer avanzar Su obra y bendecir a los demás. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

1. Véase Refugee Processing Center, “Admissions and Arrivals,” ireports.wrapsnet.org/Interactive-Reporting.
2. Spencer W. Kimball, “Vuestro papel como mujeres justas”, Liahona, enero de 1980, pág. 168.
3. El presidente Gordon B. Hinckley compartió: “Crean en ustedes mismos y en la capacidad que tienen de hacer cosas grandes… Son hijos de Dios y tienen una capacidad infinita” ( Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley [2016], pág. 77).
4. Russell M. Nelson, Accomplishing the Impossible: What God Does, What We Can Do, 2015, pág. 147.
5. El presidente Dieter F. Uchtdorf dijo: “Nuestro Padre Celestial ve nuestro verdadero potencial. Él sabe cosas de nosotros que ni nosotros mismos sabemos. Durante nuestra vida, Él nos impulsa a cumplir con la medida de nuestra creación…
“Decidamos seguir al Salvador y trabajar con diligencia a fin de llegar a ser la persona que fuimos creados a ser. Escuchemos y obedezcamos las indicaciones del Santo Espíritu; al hacerlo, el Padre Celestial nos revelará cosas que no sabíamos sobre nosotros mismos. Él iluminará el camino por delante y nos abrirá los ojos para que veamos nuestros desconocidos y quizá nunca imaginados talentos” (“Lamentos y resoluciones,” Liahona, noviembre, 2012, págs. 22-23).
6. El élder Bruce R. McConkie, explicó: “Los dones espirituales son infinitos, tanto en número como en diversidad. Los que se mencionan en la palabra revelada son sencillamente una muestra de lo que la gracia divina de un Dios benevolente concede ilimitadamente a quienes le aman y le prestan servicio” (A New Witness for the Articles of Faith,1985, pág. 371).
7. El élder Marvin J. Ashton enseñó: “Quisiera mencionar algunos de ellos al azar, a modo de ejemplo, los cuales no siempre son evidentes, pero sí son muy importantes. Tal vez entre ellos encuentren algunos de los dones que ustedes tienen; dones no muy evidentes pero sí reales y valiosos.
“Repasemos algunos de estos dones menos obvios: el don de preguntar, el don de escuchar, el don de oír y de emplear una voz suave y apacible, el don de poder llorar, el don de evitar la contención, el don de congeniar, el don de evitar las repeticiones vanas, el don de procurar lo que es recto, el don de no condenar, el don de buscar la guía de Dios, el don de ser un discípulo, el don de preocuparse por los demás, el don de ser capaces de meditar, el don de ofrecer oraciones, el don de testificar elocuentemente y el don de recibir el Espíritu Santo” (“Hay muchos dones”, Liahona, enero de 1988, pág. 19).
8. Pablo también instruyó: “[Dios] nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, con la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:4).
9. El élder Richard G. Scott explicó: “Dios tiene un plan específico para tu vida. Él te revelará partes de ese plan a medida que las busques con fe y obediencia constantes” (“Cómo vivir bien en medio de la creciente maldad”, Liahona, mayo de 2004, pág.102).
10. Madre Teresa, en Edward W. Desmond, “Interview with Mother Teresa: A Pencil in the Hand of God,” Time, 4 de diciembre de 1989, time.com.

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El plan y la proclamación

Conferencia General Octubre 2017

El plan y la proclamación

Por el élder Dallin H. Oaks
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La proclamación para la familia es la reiteración dada por el Señor de las verdades del Evangelio que necesitamos para sustentarnos a través de los desafíos actuales de la familia.

Como es evidente en nuestra Proclamación para la Familia, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días somos bendecidos con una doctrina única y una manera diferente de ver el mundo. Participamos e incluso nos destacamos en muchas actividades del mundo, pero renunciamos a participar en algunos asuntos para procurar seguir las enseñanzas de Jesucristo y Sus apóstoles, tanto antiguos como modernos.

I.

En una parábola, Jesús describió a aquellos que “[oyen] la palabra” pero se vuelven infructuosos cuando esa palabra es ahogada por “el afán de este mundo y el engaño de las riquezas” (Mateo 13:22). Más adelante, Jesús corrigió a Pedro por no disfrutar “lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres” al declarar: “Porque, ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” (Mateo 16:23, 26). En Sus últimas enseñanzas en la vida terrenal, les dijo a Sus apóstoles: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo… os aborrece el mundo” (Juan 15:19; véase también Juan 17:14, 16).

De manera similar, los escritos de los primeros apóstoles de Jesús a menudo usan la imagen del “mundo” para representar la oposición a las enseñanzas del Evangelio. “Y no os adaptéis a este mundo” (Romanos 12:2), enseñó el apóstol Pablo. “Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios” (1 Corintios 3:19). “Mirad”, advirtió, “que ninguno os engañe… según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:8). El apóstol Santiago enseñó que “la amistad del mundo es enemistad con Dios[.] Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

A menudo, el Libro de Mormón usa esa imagen de la oposición del “mundo”. Nefi profetizó la destrucción final de aquellas personas “que se hayan fundado para hacerse populares ante los ojos del mundo, y aquellas que busquen… las cosas del mundo” (1 Nefi 22:23; véase también 2 Nefi 9:30). Alma condenó a aquellos que se inflan “con las vanidades del mundo” (Alma 31:27). El sueño de Lehi demuestra que aquellos que procuran seguir la barra de hierro, la palabra de Dios, se enfrentarán a la oposición del mundo. Los ocupantes del “edificio grande y espacioso” que Lehi vio estaban “burlándose y señalando” con “dedo de escarnio” (1 Nefi 8:26–27, 33). En la visión que tuvo de la interpretación del sueño, Nefi aprendió que el ridículo y la oposición llegaban de “las multitudes de la tierra, … el mundo y su sabiduría;… el orgullo del mundo” (1 Nefi 11:34–36).

Retrato del presidente Thomas S. Monson

¿Cuál es el significado de estas advertencias y estos mandamientos de las Escrituras de no ser “del mundo” o el mandamiento de nuestros días de “renunciar al mundo”? (D. y C. 53:2). El presidente Thomas S. Monson resumió estas enseñanzas: “Debemos estar atentos en un mundo que se ha alejado tanto de lo que es espiritual. Es esencial que rechacemos cualquier cosa que no se ajuste a nuestras normas, negándonos, en el proceso, a renunciar a lo que más deseamos: la vida eterna en el reino de Dios”1.

Dios creó esta tierra de acuerdo con Su plan de ofrecer a Sus hijos en espíritu un lugar donde experimentar la mortalidad como un paso necesario hacia las glorias que Él desea para todos Sus hijos. Aunque hay varios reinos y glorias, lo que más desea el Padre Celestial para Sus hijos es lo que el presidente Monson llamó “la vida eterna en el reino de Dios”, que es la exaltación en familias. Eso es más que la salvación. El presidente Russell M. Nelson nos ha recordado: “En el plan eterno de Dios, la salvación es un asunto individual y la exaltación es un asunto familiar”2.

El evangelio restaurado de Jesucristo y la inspirada Proclamación para la familia, de la que hablaremos más adelante, son enseñanzas esenciales para guiarnos en la preparación terrenal para la exaltación. Aunque debemos vivir con las leyes y otras tradiciones del matrimonio de un mundo en declive, aquellos que se esfuerzan por obtener la exaltación deben tomar decisiones personales sobre la vida familiar de acuerdo a la manera del Señor, cuando esta difiera de la manera del mundo.

En esta vida terrenal, no tenemos memoria de lo que sucedió antes de nuestro nacimiento, y ahora experimentamos la oposición. Crecemos y maduramos espiritualmente al escoger obedecer los mandamientos de Dios en una sucesión de decisiones correctas, las cuales incluyen los convenios y las ordenanzas, así como el arrepentimiento cuando nuestras decisiones no son las correctas.Por el contrario, si no tenemos fe en el plan de Dios y somos desobedientes o nos abstenemos deliberadamente de actuar de la manera requerida, nos privamos de ese crecimiento y madurez. El Libro de Mormón nos enseña que “esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios” (Alma 34:32).

II.

Los Santos de los Últimos Días que comprenden el Plan de Salvación tienen un punto de vista único acerca del mundo que les ayuda a ver la razón de los mandamientos de Dios, la naturaleza inalterable de Sus ordenanzas requeridas y el rol fundamental de nuestro Salvador, Jesucristo. La expiación de nuestro Salvador nos recupera tras la muerte y, de acuerdo a nuestro arrepentimiento, nos salva del pecado. Con ese punto de vista del mundo, los Santos de los Últimos Días tienen prioridades y prácticas específicas y son bendecidos con la fortaleza para aguantar las frustraciones y los pesares de la vida terrenal.

Inevitablemente, las acciones de las personas que intentan seguir el Plan de Salvación de Dios pueden causar malentendidos e incluso conflicto con familiares o amigos que no crean en esos principios. Tal conflicto es siempre así. Cada generación que ha procurado seguir el plan de Dios ha tenido sus desafíos. En la antigüedad, el profeta Isaías dio fortaleza a los Israelitas, a quienes llamó “los que conocéis rectitud… en cuyo corazón está mi ley”. A ellos declaró, “No temáis afrenta de hombre ni tengáis miedo de sus ultrajes” (Isaías 51:7; véase también 2 Nefi 8:7).Sea cual sea la causa del conflicto con aquellos que no entienden o creen el plan de Dios, aquellos que sí lo creen tienen el mandamiento de escoger la manera del Señor en lugar de la manera del mundo.

III.

El plan del Evangelio que cada familia debería seguir para prepararse para la vida eterna y la exaltación se encuentra delineado en la proclamación de la Iglesia de 1995: “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”3. Por supuesto, sus declaraciones son visiblemente diferentes de algunas leyes, prácticas y posturas actuales que se defienden en el mundo en que vivimos. En nuestros días, las diferencias más evidentes son la cohabitación sin el matrimonio, el matrimonio entre personas del mismo sexo, y el criar hijos cuando se es parte de tales relaciones. Aquellos que no creen en la exaltación o no aspiran a ella, y que son a los que más persuaden las maneras del mundo, consideran que esta proclamación sobre la familia es tan solo una declaración de normas que se debería cambiar. Por el contrario, los Santos de los Últimos Días afirman que la proclamación para la familia define el tipo de relaciones familiares donde la parte más importante de nuestro desarrollo eterno se puede dar.

Hemos sido testigos de una aceptación pública rápida y creciente de la cohabitación sin el matrimonio y del matrimonio entre personas del mismo sexo.La correspondiente propaganda en los medios de comunicación, la educación e incluso los requisitos ocupacionales crean desafíos difíciles para los Santos de los Últimos Días. Debemos intentar equilibrar las demandas en tensión de seguir la ley del Evangelio en nuestra vidas y enseñanzas personales, aun mientras procuramos mostrar amor hacia todas las personas4. Al hacer eso, a veces nos enfrentamos a lo que Isaías llamó “afrenta de hombre”.

Los Santos de los Últimos Días convertidos creen que la proclamación para la familia, publicada hace casi un cuarto de siglo y ahora traducida a muchos idiomas, es el énfasis reiterado por el Señor de las verdades del Evangelio que necesitamos para sustentarnos a través de los desafíos actuales de la familia. Dos ejemplos son el matrimonio entre personas del mismo sexo y la cohabitación fuera del matrimonio. Tan solo veinte años después de la proclamación sobre la familia, la Corte Suprema de los Estados Unidos autorizó el matrimonio entre personas del mismo sexo, anulando miles de años en los que el matrimonio estaba limitado a efectuarse entre un hombre y una mujer. El impactante porcentaje de niños en Estados Unidos nacidos de una madre que no está casada con el padre llegó de manera más gradual: 5% en 19605, 32% en 19956 y ahora el 40%7.

IV.

La proclamación para la familia comienza declarando que “el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”. También afirma que “el ser hombre o el ser mujer es una característica esencial de la identidad y del propósito premortales, mortales y eternos de la persona”. Además, declara que “Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación han de emplearse sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados como esposo y esposa”.

La proclamación afirma el deber continuo del esposo y la esposa de multiplicarse y henchir la tierra, así como “la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos”: “Los hijos merecen nacer dentro de los lazos del matrimonio y ser criados por un padre y una madre que honran sus votos matrimoniales con completa fidelidad”. Advierte solemnemente contra el abuso del cónyuge o de los hijos, y afirma que “la felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”. Por último, pide que se promuevan, de manera oficial, “medidas designadas a fortalecer a la familia y a mantenerla como la unidad fundamental de la sociedad”.

En 1995, un Presidente de la Iglesia y otros catorce apóstoles del Señor emitieron estas importantes declaraciones doctrinales. Como uno de entre solamente siete de esos apóstoles que todavía viven, siento la obligación de compartir lo que llevó a la proclamación para la familia, para la información de todo aquel que la tenga en cuenta.

La inspiración que identificaba la necesidad de una proclamación sobre la familia llegó al liderazgo de la Iglesia hace más de veintitrés años. Sorprendió a algunos que pensaban que las verdades doctrinales sobre el matrimonio y la familia se entendían bien sin necesidad de reafirmación8. Sin embargo, sentimos la confirmación y nos pusimos a trabajar. Durante casi un año, los miembros del Cuórum de los Doce determinaron y analizaron los temas. Se propuso, se analizó y se revisó el contenido lingüístico. Con espíritu de oración, rogamos continuamente al Señor que nos diera Su inspiración sobre lo que debíamos decir y de qué manera hacerlo. Todos aprendimos “línea sobre línea, precepto tras precepto”, como el Señor ha prometido (D. y C. 98:12).

Retrato del presidente GordonB. Hinckley

Durante este proceso de revelación, un texto propuesto fue presentado a la Primera Presidencia, que supervisa y promulga las enseñanzas y la doctrina de la Iglesia. Después de que la Presidencia hiciera algunos cambios más, el Presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley, anunció la proclamación sobre la familia. En la reunión para las mujeres del 23 de septiembre de 1995, él presentó la proclamación con las siguientes palabras: “Con tanta sofistería que se hace pasar como verdad, con tanto engaño en cuanto a las normas y los valores, con tanta tentación de seguir los consejos del mundo, hemos sentido la necesidad de amonestar y advertir sobre todo ello”9.

Testifico que la proclamación sobre la familia es una declaración de verdad eterna, la voluntad del Señor para Sus hijos que buscan la vida eterna. Ha sido la base de la enseñanza y la práctica de la Iglesia durante los últimos veintidós años y seguirá siéndolo en el futuro. Considérenla como tal, enséñenla, vívanla y serán bendecidos al esforzarse ustedes hacia la vida eterna.

Hace cuarenta años, el presidente Ezra Taft Benson enseñó que “Cada generación tiene sus pruebas y su oportunidad de resistir y probarse a sí misma”10. Creo que nuestra actitud hacia la proclamación y nuestro uso de ella es una de esas pruebas para esta generación. Es mi oración que todos los Santos de los Últimos Días se mantengan firmes ante esta prueba.

Concluyo con las enseñanzas que el presidente Gordon B. Hinckley pronunció dos años después de que se anunciara la proclamación. Dijo: “Veo un maravilloso futuro en un mundo muy incierto. Si nos aferramos a nuestros valores, si edificamos sobre nuestro legado, si andamos en obediencia ante el Señor, si tan solo vivimos el Evangelio, seremos bendecidos en forma magnífica y maravillosa. Se nos contemplará como un pueblo peculiar que ha encontrado la clave para una felicidad peculiar”11.

Testifico de la veracidad y de la importancia eterna de la proclamación de la familia, que reveló el Señor Jesucristo a Sus apóstoles para la exaltación de los hijos de Dios (véase Doctrina y Convenios 131:1–4). En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Thomas S. Monson, “Permaneced en lugares santos”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 83.
  2. Russell M. Nelson, “La salvación y la exaltación”, Liahona, mayo de 2008, pág. 10.
  3. Véase “Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  4. Véase Dallin H. Oaks, “El amor y la ley,” Liahona, noviembre de 2009, págs. 26–29.
  5. Véase “‘Disastrous’ Illegitimacy Trends”, Washington Times, 1º de diciembre de 2006, washingtontimes.com.
  6. Véase Joyce A. Martin y otros, “Report of Final Natality Statistics, 1996”, Monthly Vital Statistics Report, 30 de junio de 1998, pág. 9.
  7. Véase Joyce A. Martin y otros, “Births: Provisional Data for 2016”, Vital Statistics Rapid Release, junio de 2017, pág. 10.
  8. Veinte años después, nuestra Presidenta General de las Mujeres Jóvenes lo expresó muy bien: “Sin embargo, en ese entonces no nos dimos cuenta de lo mucho que íbamos a necesitar esas declaraciones básicas hoy en día como la norma para juzgar cada nueva ráfaga de creencias mundanas que nos llega a través de las publicaciones, internet, los eruditos, la televisión, el cine, e incluso los legisladores. La proclamación sobre la familia se ha convertido en nuestro modelo para juzgar las filosofías del mundo; y testifico que los principios que allí se declaran son tan verdaderos hoy como lo eran hace casi veinte años, cuando los recibimos de un profeta de Dios” (Bonnie L. Oscarson, “Defensoras de la Proclamación sobre la Familia”,, Liahona, mayo de 2015, págs. 14–15).
  9. Gordon B. Hinckley, véase “Permanezcan firmes frente a las asechanzas del mundo”, Liahona, enero de 1996, pág. 116.
  10. Ezra Taft Benson, “Our Obligation and Challenge”, seminario para representantes regionales, 30 de septiembre de 1977, pág. 2; no se publicó el texto; citado en David A. Bednar, “¿Quién sigue al Señor? Las lecciones del Campo de Sion”, Liahona, julio de 2017.
  11. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley 2016, pág. 74; véase también Gordon B. Hinckley, “Miren hacia el futuro,” Liahona, enero de 1998, pág.82.
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Las necesidades ante nosotros

Conferencia General Octubre 2017

Las necesidades ante nosotros

Por Bonnie L. Oscarson
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Algunas de las necesidades más importantes que podemos encontrar están en nuestras propias familias, nuestros amigos, en nuestros barrios y comunidades.

Recientemente hemos presenciado un gran número de desastres naturales, en México, Estados Unidos, Asia, el Caribe y África. Eso ha sacado a relucir lo mejor de las personas a medida que miles han intervenido para ayudar a quienes están en peligro o necesidad y quienes han sufrido pérdidas. Me ha maravillado ver a jovencitas en Texas y Florida quienes, junto con muchos otros, se han puesto las camisetas amarillas de Manos Mormonas que Ayudan y están colaborando para quitar los escombros de casas tras los recientes huracanes. Muchos miles más irían gustosamente a centros donde más los necesitan si no fuera por la distancia. En cambio, ustedes han brindado generosas donaciones para aliviar el sufrimiento; su generosidad y compasión son inspiradoras y cristianas.

Mujeres Jóvenes con el presidente Eyring

Hoy quiero mencionar un aspecto del servicio que creo que es importante para todos, sin importar dónde estemos. Para nosotros que hemos visto las noticias de acontecimientos recientes y nos hemos sentido incapaces de saber qué hacer, la respuesta podría estar en realidad ante nosotros.

El Salvador enseñó: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará”1. El presidente Thomas S. Monson dijo de este pasaje: “Creo que el Salvador nos está diciendo que a menos que nos perdamos en dar servicio a los demás, nuestra propia vida tiene poco propósito. Aquellos que viven únicamente para sí mismos al final se marchitan y, en sentido figurado, pierden la vida, mientras que aquellos que se pierden a sí mismos en prestar servicio a los demás progresan y florecen… y en efecto salvan su vida”2.

Vivimos en una cultura donde más y más nos centramos en la pequeña pantalla que está en nuestras manos que en las personas a nuestro alrededor. Hemos sustituido enviar textos y tweets por mirar en realidad a alguien a los ojos y sonreír o, incluso más raro, por tener una conversación cara a cara. A menudo nos preocupa más cuántos “seguidores” y “me gusta” tengamos que en poner el brazo alrededor de un amigo y mostrar amor, preocupación e interés tangibles. Tan asombrosa como puede ser la tecnología moderna para difundir el mensaje del evangelio de Jesucristo y ayudarnos a mantenernos en contacto con familiares y amigos, si no estamos alertas sobre cómo usamos los dispositivos personales, nosotros también podemos comenzar a centrarnos solo en nosotros mismos y olvidar que la esencia de vivir el Evangelio es el servicio.

Siento gran amor y fe por aquellos de ustedes que están en su adolescencia y juventud. He visto y sentido sus deseos de servir y hacer una diferencia en el mundo. Creo que la mayoría de los miembros consideran que el servicio es el núcleo de sus convenios y discipulado, pero también creo que a veces es fácil no ver algunas de las oportunidades más grandes de servir a los demás debido a que estamos distraídos obuscando maneras ambiciosas de cambiar el mundo y no vemos que algunas de las necesidades más importantes que podemos satisfacer están en nuestras propias familias, nuestros amigos, en nuestros barrios y comunidades. Nos conmueve cuando vemos el sufrimiento y las grandes necesidades de quienes están al otro lado del mundo, pero quizás no veamos que en nuestra clase hay una persona sentada justo a nuestro lado que necesita nuestra amistad.

La hermana Linda K. Burton contó la historia de una presidenta de la Sociedad de Socorro quien, al trabajar con otras personas, recolectó acolchados para personas necesitadas durante la década de 1990. “Ella… [condujo] con su hija un camión lleno de esos acolchados desde Londres hasta Kosovo. Al regresar a casa, recibió una clara impresión espiritual que le llegó profundamente al corazón. Fue la siguiente: “Lo que has hecho es algo muy bueno; ahora ve a casa, cruza la calle, y presta servicio a tu vecino’”3.

¿De qué sirve salvar al mundo si descuidamos las necesidades de aquellos más cercanos a nosotros y aquellos a quienes más amamos? ¿Qué vale arreglar el mundo si las personas que nos rodean están en dificultades y no nos damos cuenta? El Padre Celestial quizás haya puesto cerca de nosotros a quienes nos necesitan, sabiendo que somos los más indicados para satisfacer sus necesidades.

Sarah y su hermana caminando

Todos pueden encontrar maneras de brindar servicio cristiano. Mi consejera, la hermana Carol F. McConkie, recientemente me contó sobre su nieta Sarah, de 10 años, quien, cuando se dio cuenta que su madre estaba enferma, decidió ser de ayuda. Levantó a su hermanita, la ayudó a vestirse, le cepilló los dientes, le arregló el cabello y desayunó para que su madre pudiera descansar. Discretamente llevó a cabo ese simple acto de servicio sin que se le pidiera porque vio una necesidad y decidió ayudar. Sarah no solo bendijo a su madre, sino que estoy segura que ella también sintió gozo al saber que había aligerado la carga de alguien a quien amaba y, al mismo tiempo, fortaleció su relación con su hermana. El presidente James E. Faust dijo: “El servicio a los demás puede comenzar casi a cualquier edad… No tiene que ser a grande escala, y es más noble dentro de la familia”4.

Sarah y su hermana leyendo un libro

Ustedes, los hijos, ¿se dan cuenta cuánto significa para sus padres y familiares cuando buscan maneras de servir en el hogar? Para aquellos que son adolescentes, el fortalecer y servir a sus familiares deberían estar entre sus prioridades principales cuando busquen maneras de cambiar el mundo. El mostrar bondad y preocupación por sus hermanos y padres contribuye a crear un ambiente de unidad e invita al Espíritu al hogar. El cambiar el mundo comienza al fortalecer a su propia familia.

Otra esfera para centrarnos en nuestro servicio puede ser en la familia que es nuestro barrio. De vez en cuando sus hijos preguntarán: “¿Por qué tengo que ir a la Mutual? ¡En realidad no me beneficio en nada!”.

Si como padre tuviera un momento inspirado, respondería: “¿Qué te hace pensar que vas a la Mutual por lo que túte beneficias?”.

Mis jóvenes amigos, les garantizo que siempre habrá una persona en cada reunión de la Iglesia a la que asistan que está sola, que está pasando por desafíos y necesita un amigo, o que siente que no encaja. Ustedes tienen algo importante que contribuir a cada reunión o actividad, y el Señor desea que miren a su alrededor, a sus compañeros y luego ministren como Él lo haría.

El élder D. Todd Christofferson ha enseñado: “Una de las razones principales por las que el Señor ha creado una Iglesia es para crear una comunidad de santos que se apoyen uno al otro en el ‘estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna’”. Continúa diciendo: “En esta religión no nos preocupamos solo de nosotros mismos, sino que también se nos llama a servir. Somos los ojos, las manos, los pies y otros miembros del cuerpo de Cristo”5.

Es cierto que asistimos a nuestras reuniones semanales de la Iglesia para participar de las ordenanzas, aprender doctrina y ser inspirados, pero otra razón muy importante para asistir es que, como la familia que es nuestro barrio y como discípulos del Salvador Jesucristo, cuidamos el uno del otro, nos alentamos unos a otros y buscamos maneras de servirnos y fortalecernos unos a otros. No solo recibimos y tomamos lo que se ofrece en la Iglesia; sino que se nos necesita para dar y proveer. Jovencitas y jovencitos, la próxima vez que estén en la Mutual, en lugar de tomar sus teléfonos para ver lo que están haciendo sus amigos, deténganse, miren a su alrededor y pregúntense: “¿Quién me necesita hoy?”. Ustedes pueden ser la clave para tender una mano e influir en la vida de un compañero o dar aliento a un amigo que esté teniendo dificultades en silencio.

Pidan a su Padre Celestial que les muestre aquellos a su alrededor que necesitan su ayuda y que los inspire en cuanto a cómo servirles mejor. Recuerden que el Salvador a menudo ministraba a una persona a la vez.

Ethan y su familia

Nuestro nieto Ethan tiene 17 años. Me conmovió este verano cuando me dijo que, inspirado por el ejemplo de su madre, ora cada día para tener una oportunidad de servir a alguien. Al pasar tiempo con su familia, observé cómo Ethan trata a su hermano y hermanas con paciencia, amor y bondad, es servicial con sus padres y busca maneras de tender una mano a los demás. Me impresiona cuán al tanto está de las personas a su alrededor y de su deseo de servirles. Él es un ejemplo para mí. El hacer lo que Ethan hace —invitar al Señor a ayudarnos a buscar maneras de servir— permitirá que el Espíritu nos abra los ojos para ver las necesidades a nuestro alrededor, para ver a “aquel” que nos necesita ese día y saber cómo ministrarle.

Retrato de Ethan

Además de servir a sus familias y miembros del barrio, busquen oportunidades de servir en su vecindario y comunidad. Aunque a veces se nos llama para ayudar después de un desastre natural, se nos alienta a que cada día busquemos oportunidades en nuestras propias áreas para elevar y ayudar a los necesitados. Recientemente, un Presidente de Área que sirve en un país con muchos desafíos temporales, me enseñó que la mejor manera de ayudar a los necesitados en otras partes del mundo es pagar una generosa ofrenda de ayuno, contribuir al fondo de ayuda humanitaria de la Iglesia y buscar maneras de servir a los de su propia comunidad, dondequiera que vivan. ¡Imaginen cómo sería bendecido el mundo si todas las personas siguieran ese consejo!

Hermanos y hermanas, y en especial los jóvenes, al esforzarse por llegar a ser más como el Salvador Jesucristo y vivir sus convenios, continuarán siendo bendecidos con deseos de aliviar el sufrimiento y ayudar a los menos afortunados. Recuerden que algunas de las necesidades más grandes pueden ser aquellas que estén justo frente a ustedes. Comiencen su servicio en sus propios hogares y dentro de sus propias familias. Esas son las relaciones que pueden ser eternas. Incluso, y quizás especialmente, si su situación familiar es menos que perfecta, ustedes pueden encontrar maneras de servir, elevar y fortalecer. Comiencen en donde estén, ámenlos tal cual son y prepárense para la familia que quieren tener en el futuro.

Oren por ayuda para reconocer a aquellos en la familia que es su barrio, que necesitan amor y aliento. En lugar de asistir a la capilla con la pregunta: “¿Cómo me va a beneficiar esta reunión?”, pregúntense: “¿Quién me necesita hoy? ¿Qué tengo para ofrecer?”.

Al bendecir a sus propias familias y miembros del barrio, busquen maneras de bendecir a aquellos en sus comunidades locales. Ya sea que tengan mucho tiempo para servir o puedan dar solo unas cuantas horas al mes, sus esfuerzos bendecirán vidas y también los bendecirá a ustedes en maneras que ni siquiera se pueden comenzar a imaginar.

El presidente Spencer W. Kimball enseñó: “Dios nos tiene en cuenta y vela por nosotros, pero por lo general, es por medio de otra persona que atiende a nuestras necesidades”6. Que todos reconozcamos el privilegio y la bendición de participar en el cumplimiento de la obra de nuestro Padre Celestial al satisfacer las necesidades de Sus hijos, es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Lucas 9:24.
  2. Thomas S. Monson, “¿Qué he hecho hoy por alguien?”,Liahona, noviembre de 2009, pág. 85.
  3. Linda K. Burton, “Fui forastero”, Liahona, mayo de 2016, pág. 15.
  4. James E. Faust, “El ser mujer: El más alto lugar de honor”, Liahona, julio de 2000, pág. 117.
  5. D. Todd Christofferson, “El porqué de la Iglesia”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 109.
  6. Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 92.
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El anhelo de volver a casa

Conferenca General Octubre 2017

El anhelo de volver a casa

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Vuelvan su alma hacia la luz. Emprendan su propio y maravilloso camino a casa. Al hacerlo, su vida mejorará, será más feliz y tendrá un mayor propósito.


Recientemente, al reunirnos con el presidente Thomas S. Monson, él expresó, con gran solemnidad y un semblante de felicidad, cuánto ama al Señor y que sabe que el Señor lo ama a él. Mis queridos hermanos y hermanas, sé que el presidente Monson está muy agradecido por su amor, sus oraciones y su dedicación al Señor y a Su gran evangelio.

Bobbie, el “perro maravilla”

Hace casi un siglo, una familia de Oregón estaba de vacaciones en Indiana —a más de 3.200 km de distancia— cuando perdieron a su querido perro, Bobbie. La familia, desesperada, buscó al perro por todos lados, pero fue en vano; Bobbie no apareció.

Con el corazón destrozado, regresaron a casa, y cada kilómetro que recorrían los alejaba más de su querida mascota.

Seis meses después, la familia quedó atónita al hallar a Bobbie frente a la puerta de su casa en Oregón. “Sucio, escuálido, con las patas gastadas hasta los huesos, parecía haber caminado toda aquella distancia… por sí mismo”1. La historia de Bobbie suscitó el interés de la gente en todo Estados Unidos, y se lo llegó a conocer como Bobbie, el “perro maravilla”. Seguir leyendo

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Podría haber sido.

Devocional Universidad Brigham Young, 14 de noviembre de 1995.

Podría haber sido.

Élder Carlos E. Asay.

Considero que es un honor estar en su presencia esta mañana. Digo esto no sólo por lo que son, sino por lo que pueden llegar a ser. Hace unos treinta seis años, un prometedor joven sirvió como el presidente de los estudiantes de esta universidad. Hoy se yergue como el presidente de la Universidad Brigham Young después de distinguirse a sí mismo como un hombre de ley, un hombre de fe, y un hombre de coraje. Hablo del presidente Rex Lee, quien es una inspiración para todos nosotros.

En una reunión de los años setenta celebradas el 17 de noviembre de 1844, el presidente Joseph Young al dirigirse a la congregación a quien iba a predicar (véase Registro General de los años setenta; libro B, 1844-1847, la tarde de domingo 17 de noviembre de 1844) tuvo en cuenta algunas verdades importantes que sentía debían ser compartidas; Sin embargo, sabía que el Espíritu Santo tenía que estar presente si el predicador y los oyentes debían entenderse entre sí, ser edificados y regocijarse conjuntamente (Doctrina y Convenios 50:13, 14, 22, 23). A pesar de que tengo preparado un texto, les invito a ejercer su fe y oraciones en mi nombre, para que algo significativo pueda ser «extraído» de mí y comunicado a ustedes durante los próximos minutos.

Hace varios años presidí una misión en Texas. Durante esos años preciosos tuve el privilegio de servir con más de 500 misioneros (515, para ser exactos), la mayoría de los cuales eran hombres y mujeres jóvenes de edad universitaria. Con cada misionero que terminó su misión, mantuve una entrevista y le hice algunas preguntas tales como:

  • ¿Qué ha aprendido en estos últimos dos años?
  • ¿Tiene planes para el futuro? ¿Cuáles son?
  • ¿Qué espera llegar a ser?
  • ¿Cómo va a conservar su «carácter misionero?»

La mayoría de los misioneros reconocieron las virtudes de una misión de tiempo completo. La mayoría indicó que tenía planes de asistir a la Universidad Brigham Young o Ricks College. Casi todos regresaron a casa con deseos de casarse en el templo, tener una familia, una profesión respetable, salud, riqueza y felicidad. Pero algunas entrevistas me hicieron pensar si había tenido éxito como un líder de la misión.

Una conversación con un élder incluyó este intercambio:

«¿Tiene planes de volver a BYU?»

«Sí, quiero ser médico.»

«¿Por qué quieres ser médico?»

«Quiero hacer un montón de dinero, vivir en el lado derecho de la vía, y retirarme antes de tiempo.»

Me sentí decepcionado por esta respuesta egoísta y materialista. Me preguntaba donde la mente y el corazón de los misioneros habían estado durante su período de servicio. Como diría el abuelo de mi esposa, el joven era como el tipo que se cayó del árbol. Sólo que no estaba en el (ni había estado en el).

A través de los años he intentado realizar un seguimiento de nuestros misioneros, sin invadir las prerrogativas de los líderes locales de la Iglesia.

Sé lo que la mayoría de ellos están haciendo, sé de sus familias, su actividad en la iglesia, y lo que están haciendo en el mundo del trabajo. Sé cómo algunos han perseguido y han hecho realidad sus objetivos declarados. También sé que algunos abandonaron sus sueños y consintieron a los desafíos menores. Y sé del sufrimiento de unos pocos que me hicieron entender estas líneas: «De todas las palabras tristes de la lengua o la pluma, la más triste son los siguientes: “¡Podría haber sido!” (John Greenleaf Whittier, Maude Muller [1856], 53 st;. cursivas en el original).

Yo no tengo el poder de retroceder en el tiempo y mejorar el consejo que di a los misioneros hace una generación, «la flecha que vuela y los momentos que se han ido, no vuelven». Sin embargo, tengo esta y otras oportunidades para asesorar a los miembros de la nueva generación, incluyendo a los hijos e hijas de aquellos que sirvieron conmigo en Texas. Creo que Dios me hará responsable si fracaso en ayudar a los hombres y mujeres jóvenes a reconocer su potencial.

Se dice que el consejo es la única cosa que es más «bienaventurado es dar que recibir» (Hechos 20:35). Este hecho se ilustra en la historia de John Erskine sobre el Dr. George Harris, quien se desempeñaba como presidente de la universidad de Amherst.

Al dirigirse a los estudiantes en la primera asamblea del año, después de una o dos frases se cansó y con una feliz sonrisa se iluminó «tenía la intención de dar un consejo, pero ahora me acuerdo de lo mucho que queda desde el año pasado sin hacer. «Con eso, se quitó el sombrero y se marchó. [John Erskine, La memoria de ciertas personas (Filadelfia, Nueva York: JB Lippincott Company, 1947), p. 142]

Tal vez, también nosotros, tenemos un pequeño consejo recibido del Presidente Lee y otros, que no hemos utilizado y que quede por hacer desde el año pasado, Sería presuntivo de mí para salir como el Dr. Harris lo hizo, y ya que no tengo el sombrero, seguiré adelante confiando en que mi consejo será beneficioso para algunos.

«La misión de la Universidad Brigham Young. . . es ayudar a los individuos en su búsqueda de la perfección y la vida eterna «(del folleto titulado La Misión de la Universidad Brigham Young y los objetivos de una educación BYU [Provo: BYU, 1995], p 1; énfasis añadido.). Subrayo misión porque implica una emocionante búsqueda de la verdad y un viaje que implica grandes aventuras. También sugiere una vida con propósito y el avance hacia un destino digno.

Algunos de ustedes persiguen sus objetivos con la vista puesta en las ciencias. Algunos muestran interés en los campos de la comunicación. Otros pueden avanzar con un instinto para las humanidades, y así sucesivamente. Se espera, sin embargo, que todos ustedes, sin tener en cuenta los intereses de disciplina, llevarán a cabo su búsqueda de una manera que les permitirá reconocer y aceptar las «cosas como realmente son, y. . . las cosas como realmente serán» (Jacob 4:13). Tal será el caso, en mi opinión, si ustedes prestan atención a los siguientes consejos: (1) «buscar a [Dios] diariamente;» (2) «Buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe;» (3) «buscar con ahínco los mejores dones;» (4) «no buscar las cosas de este mundo, sino que buscar primeramente edificar el reino de Dios; «y (5) buscar» el interés de [asociados], y [hacer] todas las cosas con la mira puesta únicamente para la gloria de Dios».

Voy a tratar estos cinco «se busca» con más detalle.

  1. «buscar a [Dios] cada día, y querer saber [sus] caminos. . . y no [abandonar] [su] ordenanza [s] «(Isaías 58: 2). Estas palabras del profeta Isaías nos recuerdan que nuestras baterías espirituales deben ser recargados cada día a través de la oración, la meditación, la lectura de las Escrituras, y una vida recta. Al igual que Israel, debemos reunir nuestro maná espiritual diariamente y permitir que se nutran nuestras almas. Si la adoración personal cada vez se convierte en una carga y su alma aborrece el «pan de luz» de la oración, las escrituras, o la iglesia, ¡cuidado! (Números 21: 5-9.) Nuestro Padre Celestial podría enviarles serpientes ardientes voladoras para corregir su comportamiento, o él podría retirar su espíritu y dejarlo solo.

Es posible que algunos misioneros hayan vuelto a reanudar sus estudios en la Universidad Brigham Young pensando que como ellos han puesto a Dios en deuda y que se les debe algo a cambio de sus dos años de servicio. Por lo tanto, se toman un año sabático de Dios y sus prácticas religiosas, mientras buscan sus objetivos educativos. Tales estudiantes, si no se arrepienten, tendrán una «ballena» similar a la de los tiempos Jonás. Si no hay una corrección del rumbo, alcanzarán el punto dolorosamente cuando sus almas se fatiguen dentro de ellos al igual que Jonás, y llorarán:

Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová; y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo. . .

Pero yo, con voz de alabanza, te ofreceré sacrificios; cumpliré lo que prometí. La salvación pertenece a Jehová. [Jonás 2: 7, 9]

Hay un error peligroso que circula entre algunos Santos de los Últimos Días, haciendo mella entre los jóvenes. Es que un «hombre equilibrado» o una mujer puede volverse justo. Esta es una idea errónea el de hacernos creer que es posible vivir con éxito y feliz siendo personas de «doble ánimo» (Santiago 1:8).

Me encanta la historia de dos jóvenes que habían sido formados en un monasterio. Una mañana, mientras buscaban aventuras, pasaron por una catedral. Cuanto el más justos de los dos recordó que no habían orado por la mañana y dijo: «¿Cómo podemos [que] esperar [de Dios] bendición este día?»

El menos justo respondió: «Mi amigo, yo he orado tanto durante los últimos meses. . . que yo mismo siento que he orado demasiado».

«¿Cómo puede un hombre tener tanta religión?», Preguntó el primero.

Es la única cosa que vale la pena. Un hombre no es más que una bestia que vive el día a día, come y bebe, respira y duerme. Es sólo cuando se plantea a sí mismo, y se refiere a sí mismo con un espíritu inmortal dentro de él, que se convierte en verdad en un hombre. Piensen qué triste cosa sería que la sangre del Redentor hubiese sido derramada en vano. [UN. Conan Doyle, The White Company (Nueva York: Dodd, Mead, 1962), pp. 58-59]

En un número reciente del diario Universo, un escritor reportó una tendencia de «perfeccionismo religioso.» Perfeccionismo religioso se define como «la colocación de las expectativas poco realistas sobre uno mismo como consecuencia de la interpretación literal y rígida de las directrices dadas por las escrituras y los líderes de la iglesia» (Amy Mueller, «Ofertas Grad Estudiante religiosa perfeccionistas ayuda» Daily Universo, vol. 49, No. 48, noviembre de 1995, pág. 1). Supongo que hay unos cuantos súper consientes, impacientes, jóvenes que establecen altas expectativas para sí mismos y sufren excesiva culpabilidad cuando no alcanzan la marca. Estas buenas personas necesitan que se les recuerde que no se obtendrá la perfección durante la noche o en un solo golpe. Es un proceso gradual el de convertirse a la vida cristiana.

Al mismo tiempo, sin embargo, es importante que en la búsqueda del «equilibrio» uno no abandone las normas, los principios de compromiso, o racionalizar el rendimiento religioso mediocre. Nosotros, los que nos llamamos cristianos no debemos dejar de ensayar para llegar a ser santos (Doctrina y Convenios 125:2). Debemos hacer nuestro mejor esfuerzo día a día y confiar en el Señor.

Deben ceder al influjo del Espíritu Santo y tratar de adquirir virtudes semejantes a las de Cristo mientras realizan sus estudios. Deben permitir que el Espíritu llame a la cadencia de sus vidas dentro y fuera del aula. «Recuerden que ser de ánimo carnal es muerte, y ser de ánimo espiritual es vida eterna» (2 Nefi 9:39).

Alguien ha dicho: «Si tu objetivo en la vida es sólo satisfacer tus apetitos también podrías ir pastar con el ganado» (foto y texto, David Bly, «El ojo de la mente», Deseret News, domingo por, 5 de noviembre de 1995 p. V3).

Ustedes no son ganados, y sus apetitos van mucho más allá de la satisfacción de los apetitos físicos. Por lo tanto, confíen en Dios y búsquenlo todos los días, recuerden que «cuando uno tiene éxito debido a su elegancia, diez tienen éxito debido a su fidelidad» (autor desconocido).

Nadie está más solo, incluso en un campus lleno de gente, que la persona que da la espalda a la deidad y trata de ir solo. Él es a menudo el que grita «pude haber sido.» Contrariamente, nadie se siente más apoyado que él que corteja el Espíritu y camina con Dios.

  1. «Buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe» (Doctrina y Convenios 88: 118). Estoy de acuerdo con lo que el presidente Rex Lee ha dicho sobre el «carácter bilingüe» de la Universidad Brigham Young, que indica que está dedicada a la excelencia en la mente y el espíritu. Si bien en este campus, se espera que todos los estudiantes a aprender el lenguaje de la mente, una lengua que se centra en la investigación honesta. Al mismo tiempo, cada uno debe aprender a distinguir las pequeñas voces del Espíritu a medida que realizan sus estudios. Nunca hay que olvidar que fue el Espíritu Santo o el espíritu de revelación «por la que Moisés sacó a los hijos de Israel a través del Mar Rojo sobre tierra seca» (Doctrina y Convenios 8: 2-3). Ustedes, también, pueden luchar con el laberinto de hechos y cifras en sus varios cursos de estudio e incluso salir de clases en seco sin sufrir daño alguno si buscan conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.

Sé de uno o dos misioneros que buscaban aprender mediante el estudio y olvidaron por completo de la fe. En algún lugar en su búsqueda de conocimientos fue que subió el volumen de la voz de la mente y ahogó la voz del Espíritu. Ellos hicieron oídos sordos a esta advertencia:

¡Oh ese sutil plan del maligno! ¡Oh las vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán.

Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios. [2 Nefi 9: 28-29]

También sé de algunos misioneros que buscaban aprender solamente por la fe, con la esperanza de que el Espíritu haría la investigación necesaria en la biblioteca mientras que el cuerpo estaba jugando en otro lugar. Del mismo modo que la fe sin obras está muerta, la fe sin estudio es algo sin vida. No hay que olvidar, lo que la Escritura dice: «buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.»

La cubierta de polvo de una publicación de los escritos del Dr. Hugh Nibley, un hombre que es universalmente conocido y admirado por los líderes de la Iglesia y académicos contiene esta declaración interesante:

Cuando era joven, memoricé vastas porciones de Shakespeare y estudié inglés antiguo, latín, griego y otros idiomas. Como estudiante en Berkeley, empecé a leer en la esquina suroeste del noveno nivel de la biblioteca y me abrí camino hasta la esquina noreste del primer nivel, estudié de cada libro significativo que me llamó la atención. [Antiguo Testamento y Estudios Relacionados (Salt Lake City: Deseret Book, 1986), sobrecubierta, interior de la portada; véase también ensing, mayo de 1986, p. 48]

Según mis fuentes, la distancia estante de la esquina suroeste del noveno nivel de la antigua Biblioteca de Berkeley hasta el piso ocho de la esquina noreste del primer nivel cubre una distancia de aproximadamente doscientos mil pies.

En referencia a este informe de la sed insaciable de conocimiento del Dr. Nibley, el presidente Hinckley comentó:

Su conocimiento enciclopédico le ha dado el estado de tremenda y merecida reputación entre sus pares académicos. También él es un poderoso promotor de la obra del Señor. Su apetito por el aprendizaje ha sido estimulado por el Evangelio que ama. [Gordon B. Hinckley, «venid a beber», Ensing, mayo de 1986, p. 48]

Oh, cuán afortunados son en sentarse a los pies de profesores con conocimientos que comparten con ustedes información acerca de los grandes hombres y las grandes ideas del pasado y del presente en el contexto de la fe. A diferencia de los eruditos en otros lugares, cada maestro en esta institución tiene la misión de «mantener su tema bañado en la luz y el color del Evangelio restaurado» (Spencer W. Kimball, «Educación para la eternidad», preescolar Dirección de BYU Facultad y Personal 12 de septiembre de 1967, p. 11).

Estoy convencido de que cuando un maestro mantiene su tema bañado por la luz y el color del Evangelio restaurado, estimula el apetito del estudiante para el aprendizaje, al igual que el apetito del Dr. Nibley el aprendizaje se había agudizado por el Evangelio que amaba. Como no podía ser de otra manera cuando «La gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad.» (Doctrina y Convenios 93:36). Pero cuán desafortunado es un estudiante cuando sufre de una ceguera de mente y dureza de corazón y no alcanza a ver la luz o distinguir el color del Evangelio en los sujetos estudiados. Nadie, independientemente de que sea maestro o estudiante, avanza de manera significativa mediante la búsqueda de sombras en lugar de la luz. El tiempo es precioso y no debe ser desperdiciado mirando la cuneta cuando la vista hacia arriba está llena de la belleza y las maravillas del universo, y las bellezas y maravillas del Evangelio de Jesucristo.

Por lo tanto, como alguien ha aconsejado, yo insto a los estudiantes a no dejar pasar un día sin el contacto con la mejor literatura del mundo. Láncense hoy mismo a las mentes de los grandes pensadores, sigan los pasos de los gigantes intelectuales que nos han precedido, y marquen así el comportamiento de los que han inventado, descubierto y extraído las corrientes del conocimiento. Sin embargo, «como el alma es teñida por los pensamientos, no dejan pasar un día sin el contacto con [las escrituras]. En la formación del carácter y en la conformación de la conducta, [que todavía tienen su] antiguo poder «(William Osler, una forma de vida [Nueva York: Paul B. Hoeber, Departamento de Medicina Harper y los hermanos de 1937 del libro], pp. 37-38).

Muy pocos al completar su educación formal se lamentarían diciendo «que podría haber sido» cuando han buscado palabras de sabiduría de los mejores libros y el aprendizaje tanto por el estudio como por la fe. Hay que recordar que la fe trae el espíritu a tu estudio, un espíritu que sirve de tutor e insta al aprendizaje. Llamamos a ese espíritu del Espíritu Santo, el que enseña todas las cosas y las trae a la memoria (Juan 14:26).

  1. «. . . Buscad diligentemente los mejores dones, recordando siempre para qué son dados.» La escritura continúa: «Porque. . . que se dan para el beneficio de los que me aman y guardan todos mis mandamientos, y lo que procuran hacerlo » (Doctrina y Convenios 46:8-9).

Hay sabiduría en la historia que el Dr. Robert K. Thomas, el ex vicepresidente académico de la Universidad Brigham Young, el habló de su lucha por encontrar su lugar en la vida. Al principio, él decidió que iba a convertirse en un boxeador profesional. Él era grande de estatura y parecía poseer todas las cualidades necesarias para convertirse en un campeón del mundo. Afortunadamente, sin embargo, escuchó el «despertar» de campana a través de un boxeador retirado que le enseñó una lección dolorosa pero impresionante. Después de sufrir una paliza humillante a manos del viejo luchador, Robert volvió a casa derrotado en el cuerpo y el espíritu y se quejó a su madre por su falta de talento. Su madre sabia y amorosa lo consoló diciendo, “¡Oh, Bobby, lo que tiene es suficiente!» («Las cosas que están diciendo,» New Era, octubre 1972, p. 42).

¡Qué lástima habría sido si Robert Thomas no se hubiese visto obligado a abandonar su sueño de boxeo! Fue a través de la derrota que obtuvo la victoria porque no se rendiría. Una puerta se cerró abruptamente en su cara, pero él buscó otra puerta para la liberación de sus talentos especiales. Con el tiempo, se movió en la dirección de las escrituras, la enseñanza y otras actividades académicas, donde fueron descubiertos y utilizados para bendecir la vida de miles de personas.

Lo mismo se puede decirse de ustedes. Lo que ustedes tienen es suficiente, siempre y cuando utilicen al máximo lo que Dios le ha dado. Cuando el viento de la adversidad golpea a su nave, aprieten las velas y asistan a su curso, como lo hizo Bob Thomas. Su recompensa será el descubrimiento de la verdadera dirección en su vida.

De vez en cuando nos encontramos con un joven que se desanima y se queja de que estaba ausente cuando los dones se distribuyeron en ese gran centro de distribución en el cielo. Dicha denuncia se contradice con la palabra del Señor. Leemos afirmaciones como éstas:

«Y todos estos dones vienen por el Espíritu de Cristo; y vienen a todo hombre, respectivamente, de acuerdo con su voluntad. » (Moroni 10:17);

«Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios.» (Doctrina y Convenios 46:11);

«Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.» (1 Corintios 12:7).

El presidente Boyd K. Packer dijo:

Vayan, entonces, ustedes que están dotados; y cultiven sus dones. . . Si ustedes tienen la capacidad y el deseo, busquen una carrera o empleen su talento en un pasatiempo o cultiven un hobby. Bendigan a otros con ese talento. Establezcan un estándar de excelencia. Utilícelo de manera digna con todas sus ventajas, pero nunca profanamente. Nunca expresen su don indignamente. [«El Arte y el Espíritu del Señor”, Liahona, agosto de 1976, pág. 75]

Aquí, en esta escuela los estudiantes son educados en amplias áreas del conocimiento humano. Esto le proporciona muchas oportunidades de oro para investigar los intereses, encontrar ensanchamientos, y generar los talentos que los llevarán en dirección adecuada. Es de esperar que persigan la estrella que es emocionante y desafiante en lugar de una de fácil acceso. Ruego para que puedan encontrar un profesor que tome algo más que un interés pasajero y les ayuda a reconocer los sueños imposibles que permanecen latentes en su interior.

Afirmo que «un tiempo precioso y energía» pueden desperdiciarse si, en el sondeo de talentos, una persona no es honesto consigo mismo. He oído decir: «No puedes llevar una carga de caballería si crees que te ves gracioso en un caballo». Si usted piensa que se ve divertido en un caballo, entonces posponga la carga. «Yo añadiría, venda el maldito caballo, olvide la carga, y trate de llevarlo a cabo de alguna otra manera».

Me temo que muchos hombres y mujeres miran hacia atrás sobre sus carreras educativas con sentimientos de «podría haber sido» todo porque no pudieron buscar con seriedad y cultivar adecuadamente dotes espirituales dados por Dios. No deje que esto ocurra a ustedes.

4.»Por tanto, no busquéis las cosas de este mundo, más buscad primeramente edificar el reino de Dios, y establecer su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (TJS, Mateo 6:38). Nótese la prioridad y la promesa en esta declaración inspirada. Se nos dice que el reino de Dios es lo primero; y las cosas del mundo deberían ser secundarias. Así que, si ustedes mantienen sus prioridades en orden y siguen esta amonestación del Señor, está la promesa de que se les darán otras cosas.

Más luz es derramada sobre este tema por Jacob, el hijo de Lehi. Él dijo:

Pero antes de buscar riquezas, buscad el reino de Dios.

Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido. [Jacob 2:18-19; véase también el versículo 17]

Una vez más, se establece la prioridad el reino de Dios es en primer lugar, las otras cosas después. Tengan en cuenta que estas dos condiciones se colocan sobre la conquista de la riqueza. Ellos son: (1) «si las buscáis», y (2) si «las buscaréis con el fin de hacer bien.»

Vivimos en un mundo muy materialista. El amor al dinero y las baratijas que se puede comprar parecen ocupar los pensamientos y esfuerzos de muchos. Demasiada persecución del «todopoderoso dólar» a expensas de todas las mejores cosas que el dinero no puede comprar.

Recientemente entrevisté a un líder del sacerdocio cuyo diezmo en el último año fue una cantidad de seis cifras. Era dueño de muchas empresas, y todo lo que tocaba parecía obtener algún beneficio. Sin embargo, él era uno de los hombres más tristes que he conocido. Al término de nuestra conversación, lloró y dijo: «Me gustaría renunciar a todo lo que gano por un poco de amor y armonía en el hogar.» Volví a casa sintiendo que era realmente un hombre muy rico.

Alma enseñó a su hijo rebelde, «No busques las riquezas ni las vanidades de este mundo, porque he aquí, no las puedes llevar contigo.» (Alma 39:14). Un alma equivocada que había amasado una fortuna y se moría declaró: «Si no puedo llevarlo conmigo, volveré por ella» A él y a otros como él, digo: ¡Pruébalo!

La mayoría de nosotros sabemos de un joven al que se le dieron algunos registros preciosos y se le advirtió que Satanás lo tentaría con la idea de hacerse rico. Un mensajero celestial le dijo que «no debía tener otro objetivo a la vista sino en conseguir las planchas, para glorificar a Dios, y no debía ser influenciado por cualquier otro motivo que el de edificar [el] reino [de Dios]» (JSH 46). Si la pureza del motivo era esencial para el éxito de José Smith, sin duda es esencial para tu éxito y felicidad futura.

Por desgracia, la palabra podría haber sido caen de los labios de los que se pelean por las riquezas y apartan a un lado a Dios. Muchos de ellos nunca aprenderán el principio de la casualidad ni la promesa de que «los íntegros heredarán el bien.» (Proverbios 28:10).

La lucha por las riquezas sin principio o sentimiento conduce siempre al sueño de la visión nocturna en la que el hombre sueña que tiene hambre, “y he aquí, come, más despierta y su alma está vacía» (2 Nefi 27: 3).

  1. «Todo hombre [y toda mujer] que buscando cada cual el bienestar de su prójimo, y haciendo todas las cosas con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios.» (Doctrina y Convenios 82:19). Hay una escritura compañera que dice: «No nos cansemos, pues, de hacer el bien. . . Así que, siempre que tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.» (Gálatas 6: 9-10).

Los objetivos impresos de BYU incluyen referencia a una ética de servicio. Entre otras cosas, dice:

Por lo tanto, la Universidad Brigham Young, deben cultivar en sus estudiantes el deseo de utilizar sus conocimientos y habilidades no sólo para enriquecer sus propias vidas, sino también para bendecir a sus familias, sus comunidades, la Iglesia y la sociedad en general. Los estudiantes deben aprender, y a continuación, demostrar, que su lealtad última es a los valores más altos, principios y compromisos humanos, más que a meros intereses propios. [La misión de la Universidad Brigham Young, pág.13]

No tengo idea de quién escribió estas líneas, pero son inspiradas. El cultivo del mero «interés propio» es una contradicción a esta universidad como lo es la enseñanza de la falsa doctrina. Los elementos opuestos de la verdad y el servicio desinteresado están en su corazón.

José Smith, el profeta de la Restauración, comparó la búsqueda de la verdad a subir una escalera, el Dijo:

Cuando subís por una escalera, tenéis que empezar desde abajo y ascender paso por paso hasta que llegáis a la cima; y así es con los principios del evangelio: tenéis que empezar por el primero, y seguir adelante hasta aprender todos los principios que atañen a la exaltación. [Enseñanzas, pág. 348]

Cada peldaño de la escala educativa es una parte de los conocimientos adquiridos a través de un estudio serio. Cada escalera tiene dos carriles que el alumno debe captar para estabilizar su ascenso del pozo de la ignorancia. Un riel es la «barra de hierro» o la palabra de Dios. Aquellos que se aferran a esta influencia estabilizadora ascenderán la escalera con un ojo hacia arriba. El otro riel es la comunidad de los Santos entre los cuales viven y sirven.

Espero que se den cuenta de las ventajas de vivir en una comunidad universitaria que está organizada en barrios y estacas. Esta organización de la Iglesia extiende a todos ustedes dos barandillas tan esenciales para su progreso. Deben, por lo tanto, aferrarse a la Iglesia, aferrarse a las Escrituras, y servir con sus compañeros para que no ser sacudidos a la deriva y ser zarandeados por cualquier viento de doctrina o teoría que podría bloquear su ascenso hacia las metas educativas dignas.

Ustedes deben considerar la organización de la Iglesia como una especie de laboratorio, un lugar donde podrán aplicarse las enseñanzas en el aula. Las experiencias dentro de ese laboratorio les ayudarán a compartir las enseñanzas y prestar servicio que asegure su aprendizaje. Además, estas experiencias facilitarán la transición de la escuela a la sociedad después de la graduación.

Recientemente, el presidente Gordon B. Hinckley aconsejó a algunos estudiantes universitarios a amar al Señor, aferrarse a la Iglesia, y vivir el Evangelio. Hizo hincapié en:

No pierdan nunca de vista el hecho de que la Iglesia debe siempre permanecer preeminente en sus vidas si van a ser feliz con el paso de los años. . .

Nunca se dejen encontrar en la posición de luchar contra La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Aférrense y sean fieles a ella. Manténganla y sosténgala. Enseñen su doctrina y vivan por ella. Y no dudo en decir que vuestras vidas serán más ricas y más felices por eso. No se puede encontrar la felicidad luchando contra la obra de Dios. [«Profeta advierte,” Church News, 4 de noviembre de 1995 p. 4]

Casi todo el mundo está familiarizado con el lema BYU: «Entren a aprender; salgan a servir».

Agradezco la intención pura de estas palabras, pero si fuera por mí, se leería lo siguiente: «Entren para aprender y servir; vayan a servir y aprendan más. «¿Realmente hemos aprendido algo a menos que lo hayamos compartido y aplicado? »

Anteriormente hice referencia a un joven cuyo objetivo declarado era volver a la Universidad Brigham Young, convertirse en un médico, hacer un montón de dinero, y retirarse. También he dicho que conozco unos misioneros que habían abandonado sus sueños y cuya decepción me había ayudado a entender el significado de estas palabras desgarradoras: «De todas las palabras tristes de la lengua o la pluma, las más triste son los siguientes: Podría tener ¡estado!»

Me doy cuenta de que los que fracasan y se decepcionan son relativamente pocos en esta universidad. Los estudios han demostrado que la mayoría de los graduados de la BYU se convierten en Santos de los Últimos Días y líderes en las comunidades en las que eligen vivir. A pesar de todo esto, hay pocos que miran hacia atrás en sus carreras educativas con pesar, y unos pocos son demasiados, especialmente cuando eso incluye a gente que conocemos personalmente.

Por lo tanto, con toda la fuerza de mi alma les aconsejo

  • Busque a Dios todos los días: No camine o estudie solo cuando la compañía divina está disponible, o cuando la asistencia tutorial divina está disponible.
  • buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe: No alimente la mente y que el espíritu muera de hambre. Mire toda la materia a través de los lentes del Evangelio.
  • Busque los mejores dones: No olviden los dones que hay en ti, ni permitan que nadie desprecie sus ambiciones juveniles (1 Timoteo 4: 12-16).
  • No busques las cosas de este mundo, sino busca primeramente edificar el reino de Dios: No permita que la persecución del «todopoderoso dólar» los lleve lejos del Dios Todopoderoso.
  • Busque el interés de sus compañeros de clase o vecinos y mantenga su mira puesta únicamente en la gloria de Dios: Como ya he dicho, entre para aprender y para servir; salgan a servir y aprendan aún más.

Estos cinco pequeños consejos son simples, obvio, y muy importantes. ¡No los tomen por sentado, pues, si los aprovechan, dejarán de lado todo el dolor y el lamento “Podría haber sido” y lo reemplazarán con el grito de júbilo “Lo hicimos! y somos muy bendecidos!»

El profeta Alma enseñó que los hombres son llamados como sacerdotes a causa de su fe excepcional y buenas obras, y según la presciencia de Dios. También hizo mención a otros que no han sido llamados a este santo llamamiento, ya que «rechazan el Espíritu de Dios a causa de la dureza de sus corazones y la ceguedad de su mente, cuando de no haber sido por esto, hubieran podido tener tan grande privilegio como sus hermanos.» (Alma 13: 4). Subrayo las palabras podrían haber tenido o, podría haber sido. Lo mismo sucede con los privilegios de una educación superior. Ejercer la fe; participar en el estudio y buenas obras; y llegar a ser todo lo que quieren llegar a ser y más.

Tras mi liberación como presidente de misión hace veintidós años, regresé a la Universidad Brigham Young y reanudé mis responsabilidades de enseñar. Un asociado bien intencionado me aconsejó que no me volviera demasiado «sermoneador» en mi clase. Me recordó que yo había estado comiendo, bebiendo, y respirando religión durante tres años y que, si no era cuidadoso, se volvería abrumador para mis estudiantes. Yo, por lo tanto, presté la máxima atención en la mezcla de materia y espíritu.

Al final de ese primer año en el trabajo, recibí un comentario negativo sobre los documentos de evaluación de los estudiantes. Se relacionaba con mi renuencia a compartir abiertamente mi fe con aquellos que enseñé. Yo estaba muy ofendida por esa crítica y lo que causó que sucediera. Y desde entonces he llevado esa carga de negligencia conmigo.

Podría haber sido diferente, y debería haber sido diferente, porque yo sabía entonces como sé ahora que Dios vive, que Jesús es el Cristo, nuestro Redentor y nuestro Salvador, y que José Smith fue el profeta de la Restauración.

También sé ahora como sabía entonces que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la iglesia verdadera y viviente que se hace referencia en las escrituras. Es dirigida por aquel a quien se nombra a través de un profeta, incluso Gordon B. Hinckley. De esto testifico borrando la culpa de «podría haber sido» relacionada con años atrás, cuando dudé en compartir lo que es más valioso para mí que la vida misma. Digo esto en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La oración del profeta José Smith y la primera visión….

Ensign, abril, 1995

La oración del profeta José Smith y la primera visión…

Élder Carlos E. Asay.

Durante muchos años, los Santos de los Últimos Días han entonado con dignidad y profundo sentimiento el inspirado himno «La oración del Profeta», escrito por George Manwaring. La letra de este sagrado himno describe la aparición de Dios al hombre, la cual llena de emoción el alma de todos los creyentes. Observemos la belleza pintoresca de estas palabras:

Qué hermosa la mañana; qué brillante era ̮el sol.
Pajaritos y abejas daban voces de loor
cuando en la arboleda suplicó José a Dios,
cuando en la arboleda suplicó José a Dios.
Con ahínco suplicaba en ferviente oración,
y la fuerza del maligno de angustia le llenó.
Más en Dios él esperaba y confiaba en Su ̮amor.
Más en Dios él esperaba y confiaba en Su ̮amor.
Descendió gran luz del cielo, más brillante que el sol,
y gloriosa, la columna sobre ̮el joven descansó.
Vio dos Seres celestiales, Dios el Padre y Jesús.
Vio dos Seres celestiales, Dios el Padre y Jesús.
“Este es mi Hijo ̮amado; da oído”, dijo Dios.
Su ̮oración fue contestada y ̮escuchó al Salvador.
¡Oh qué gozo en su pecho porque vio José a Dios!
¡Oh qué gozo en su pecho porque vio José a Dios!
Letra: George Manwaring, 1854–1889.

Tal como se describe en el himno, la primera oración de José Smith resultó en la extraordinaria experiencia que millones de personas actualmente conocen como la Primera Visión. Fue la primera de muchas visiones que el profeta José Smith recibió durante su breve ministerio terrenal. Fue la primera de una serie de acontecimientos que dieron inicio a la dispensación del cumplimiento de los tiempos, una época en que se llevaría a cabo una restauración de todas las cosas que habían anunciado todos los santos Profetas desde la fundación del mundo (Hechos 3:18-21).

Fue el primero de una serie de sucesos espirituales que acompañaron la restauración del Evangelio de Jesucristo y al establecimiento de «la única iglesia verdadera y viviente» (Doctrina y Convenios 1:30); marcó el comienzo de un movimiento mundial que ha de rodar «hasta que llene toda la tierra» (Doctrina y Convenios 65:2).

Pero la primera visión de José Smith no fue la primera de su tipo en la historia de la humanidad. Moisés vio a Dios cara a cara y habló con Él. En dicha visión, Moisés aprendió en cuanto a su relación con Dios, entendió que era un hijo de Dios, «a semejanza de [Su] Unigénito» (Moisés 1:6); aprendió, también, en cuanto a las tinieblas de Satanás y la gloria de la Deidad, en contraste con la condición actual del hombre (Moisés 1:2-20).

El apóstol Pablo testificó que Jesús de Nazaret se le apareció en el camino a Damasco, cambiando así el curso de su vida (Hechos 26:9-23). Su relato de la visión celestial llevó al rey Agripa a decir: «Por poco me persuades a ser cristiano» (versículo 28). ¡Quién sabe cuántos conversos más habrá tenido Pablo durante sus viajes misionales después de recibir aquella experiencia que cambió su vida! Otros, tales como Lehi, Nefi y Alma.

Un día, cuando José tenía catorce años, estaba leyendo la Biblia, y leyó Santiago 1:5. Más tarde escribió: «Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío» (José Smith—Historia 1:12). Agregar a la lista de personas privilegiadas que recibieron manifestaciones maravillosas por vía de poderes divinos. Cada visión que se recibió y se registró era gloriosa en sí, y se proporcionó de acuerdo con la voluntad divina y para llevar a cabo los propósitos divinos.

Bien podríamos preguntarnos cuáles fueron los fines divinos que se lograron por medio de la manifestación que se llevó a cabo en una arboleda cerca de Palmyra, Nueva York, en la primavera de 1820. La respuesta cabal a esa pregunta la reciben únicamente aquellos que comprenden las circunstancias en torno a ese singular acontecimiento.

La larga noche de obscuridad espiritual, la agitación extraordinaria sobre el tema de la religión, la división entre los que profesaban ser cristianos, las personas sencillas de granja que buscaban un mayor conocimiento en cuanto a asuntos divinos, así como otras condiciones singulares sirvieron para preparar el escenario para la entrada del profeta José en un drama cuya presentación aún no se ha terminado. Entre los muchos objetivos que se lograron y las verdades de inestimable valor que emanaron de la abundante fuente de la Primera Visión, se encuentran las siguientes:

  1. En las guerras de las palabras no hay ganadores. José descubrió que en el tumulto de opiniones en cuanto a los asuntos de la religión no hay ganadores. Tales contenciones favorecen los designios de Satanás, ya que él es el «padre de la contención» (3 Nefi 11:29). Él es el diablo, que hace que sacerdote contienda contra sacerdote y converso contra converso, creando así conflicto o suscitando buenos sentimientos más fingidos que verdaderos (José Smith—Historia 6).

Más aún, José verificó el hecho de que los asuntos importantes que tienen que ver con el Espíritu no se pueden resolver sólo «recurriendo a la Biblia», en tanto los maestros religiosos entendieran el mismo pasaje de las Escrituras de un modo tan distinto (José Smith—Historia 12).

  1. Los poderes y la obscuridad satánicos son reales. José descubrió el «poder de un ser efectivo del mundo invisible», que hizo que se le trabara la lengua y lo envolvió en una densa obscuridad cuando empezó a orar (José Smith— Historia 16; véase también el versículo 15). Éste fue el poder que utilizó el maligno, quien consideraba a José Smith como una amenaza para su reino de pecado y de error.

Pocos han sido los hombres que han perturbado y molestado al adversario más que José, pocos han sentido los poderes combinados de las tinieblas más que él, pocos han triunfado más noblemente sobre Satanás que él (José Smith—Historia 20).

  1. Los poderes de la luz y la verdad provienen de Dios. Mientras oraba para escapar de la influencia que le había trabado la lengua y había creado en él un sentimiento de destrucción, José descubrió lo que Moisés había descubierto hacía siglos en cuanto a la obscuridad y la nulidad de Satanás, en comparación con la luz y la libertad que van unidas a Dios (Moisés 1.10-15). José dijo:

«. . . Vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.

«No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. . .» (José Smith—Histoua 16-17).

«La luz y la verdad desechan a aquel inicuo.» (Doctrina y Convenios 93:37) Los poderes de la obscuridad huyen de los poderes de la luz, así como la noche desaparece con la alborada.

  1. El único Dios verdadero y Jesucristo se aparecieron. Al contemplar el glorioso aspecto del Padre y del Hijo, José descubrió que él había sido creado a la imagen de Dios, tal como lo afirman las Escrituras. José registró:

«. . . Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!» (José Smith— Historia 17).

En tan sólo unos momentos, se disipó el detestable mito de un Dios impersonal, frío e incomprensible. Se había manifestado la verdadera naturaleza de un Padre Celestial —el padre de nuestro espíritu— en compañía de su Hijo Amado, o sea, Jesucristo, quien había expiado los pecados del hombre (Hebreos 12:9).

George Q. Cannon dijo: «Pero todo esto [los mitos del cristianismo] se desvanecieron en un instante con la aparición del Todopoderoso mismo. . . En un instante se disipó toda esa obscuridad, y una vez más se encontró en la tierra un ser mortal que había visto a Dios, que había visto a Jesús, y quien podría describir la personalidad de Ambos» (Journal of Discourses, 24:371-372),

  1. Se reveló la unidad del Padre y del Hijo. José descubrió, con una mirada y por medio de algunas cuantas palabras habladas, la verdadera doctrina de la unidad de la Trinidad: una doctrina que por siglos habían confundido a los hombres equivocados. Ante él aparecieron dos personajes que eran tan separados y distintos como lo son cualquier padre e hijo terrenales. Sin embargo, los dos personajes manifestaron una unidad perfecta de pensamiento y de propósito que no se podía refutar. El Padre expresó Su amor por el Hijo y lo invitó a hablar, ya que sabía que el Hijo diría lo que el Padre diría si hubiera optado por tomar la palabra.

Una vez aclarada esa doctrina, no era preciso especular en las palabras registradas del Salvador:

«Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos;

Para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.» (Juan 17:20-21).

  1. Ninguna de las sectas de aquellos días era la verdadera. A José se le indicó que no se uniera a ninguna de ellas. El registró dice:

«Había sido mi objeto recurrir al Señor para saber cuál de todas las sectas era la verdadera, a fin de saber a cuál unirme. Por tanto, luego que me hube recobrado lo suficiente para poder hablar, pregunté a los Personajes que estaban en la luz arriba de mí, cuál de todas las sectas era la verdadera (porque hasta ese momento nunca se me había ocurrido pensar que todas estuvieran en error), y a cuál debía unirme.

«Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en error. . .» (José Smith—Historia 18-19).

Quizás al principio esta declaración le haya causado alguna preocupación a José, ya que algunos miembros de su familia estaban afiliados a una iglesia específica y él tenía inclinaciones hacia otra. Pero Dios había hablado, y, ¿quién era José para disputar lo que Él había dicho?

  1. Quedaron al descubierto los errores de las iglesias existentes. José descubrió por qué no debía unirse a ninguna de aquellas iglesias:

«. . . El personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que “con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, más negando el poder de ella.» (José Smith—Historia 19).

Después de haber visto lo que vio y de escuchar lo que había escuchado, ¿cómo era posible que José se uniera a una iglesia que no era aceptable ante el Todopoderoso? Tal vez algunos de los profesores fuesen «humildes discípulos de Cristo; sin embargo, [eran] guiados de tal manera que a menudo [erraban] porque [eran], enseñados por los preceptos de los hombres» (2 Nefi 28:14).

Quizás los esfuerzos de estos maestros fueran sinceros, pero, pese a lo que se estaba haciendo, no bastaban «para enseñar a cualquier hombre la senda verdadera» (2 Nefi 25:28).

  1. El testimonio de Santiago era verdadero. José descubrió que «el testimonio de Santiago era cierto: que, si el hombre carece de sabiduría, puede pedirla a Dios y la obtendrá sin reproche» (José Smith—Historia 26).

También descubrió que un alma de principios del siglo diecinueve era de tanto valor ante los ojos de Dios como lo era un alma de la época de Moisés o del meridiano de los tiempos, ya que, ¿por qué razón contestaría el Señor la humilde oración de él y se aparecería en persona? Más aún, José descubrió que aquellos que se humillan y se acercan a Dios con fe firme y con corazones quebrantados y espíritus contritos pueden recibir revelación personal.

  1. José Smith tenía una misión. Tres años después de haber recibido la Primera Visión, José descubrió que «Dios tenía una obra para [él]» y que «entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría [su] nombre para bien y para mal» (José Smith—Historia 33).

Esa declaración se ha cumplido mediante la publicación del Libro de Mormón, la restauración del santo sacerdocio, el establecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y la predicación de la plenitud del Evangelio por todo el mundo.

  1. José llegó a ser un testigo especial de Dios y de Su Hijo Jesucristo. Desde el momento que recibió la Primera visión, hasta el momento de su muerte, la amarga persecución y las injurias persiguieron al profeta José. Sin embargo, permaneció fiel a su palabra, así como a su llamamiento especial. Él dijo;

«. . . Porque había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo.» (José Smith—Historia 25).

A la tierna edad de treinta y ocho años y medio, José Smith fue martirizado, sellando su testimonio con su propia sangre, un testimonio que tenía como fundamento la Primera Visión.

Estas, y otras verdades tienen que ver con la primera visión del profeta José Smith. Cada una de las diez verdades previamente mencionadas constituye un singular y poderoso rayo de luz viviente que penetró la larga noche de obscuridad y apostasía que durante muchos siglos había mantenido a la humanidad en la esclavitud espiritual. Todos esos rayos, en combinación, proporcionaron una abundancia de inteligencia que ha acercado a muchos hombres y a muchas mujeres a Dios. Orson Pratt abrevió de la siguiente manera: «Un minuto de instrucción proveniente, de personajes investidos con la gloria de Dios que descienden de los mundos eternos vale más que todos los tomos que jamás hayan escrito los hombres sin inspiración» (Journal of Discourses, 12:354).

Todo empezó de manera tan callada, sencilla y maravillosa hace 177 años. Un jovencito crédulo dio un pequeño paso y oró. Un amoroso Padre Celestial escuchó y respondió. Lo que ha ocurrido a consecuencia de ello podría muy bien considerarse como un paso gigantesco para la humanidad.

Todas las torres que jamás se hayan construido y todas las naves que se hayan lanzado al espacio son ínfimas, en comparación a la primera visión de José Smith. A pesar de que los hombres alcancen alturas cada vez más asombrosas hacia el firmamento, nunca encontrarán a Dios ni verán Su rostro a menos que se humillen, oren y den oído a las verdades reveladas por medio del Profeta de la Restauración.

Neciamente, algunas personas han comentado: «Podemos aceptar su mensaje si le quitan lo relativo a José Smith, su oración en la arboleda y la Primera Visión». Esas personas querrían que enterrásemos el tesoro de las verdades salvadoras que se han citado, y muchas más, y que rechazáramos «el acontecimiento más importante que se ha llevado a cabo en toda la historia del mundo desde el día del ministerio de Cristo hasta la hora gloriosa en que ocurrió [la Primera Visión]» (Bruce R. McConkie, Mormón Doctrine, segunda edición 11966], pág. 285).

José Smith «vivió grande y murió grande a los ojos de. Dios» (Doctrina y Convenios 135:3). Él «. . . ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él, exceptuando sólo, a Jesús» (versículo 3) Estas palabras de tributo, escritas por John Taylor, un amigo personal del profeta José y testigo ocular del martirio de José y Hyrum, eran verídicas cuando se pronunciaron y se ratifican con el paso de los días, a medida que él reino de Dios sigue adelante para que venga el reino de los cielos (Doctrina y Convenios 65:6).

Cuan tremendamente hermosa fue la mañana, en la primavera de 1820, cuando José Smith suplicó a Dios en humilde oración. Y cuan maravilloso es que un Padre Celestial amoroso, en compañía de Su Amado Hijo, diera respuesta a esa oración por medio de la Primera Visión. Nosotros, los que ahora nos regocijamos en la luz y en la verdad que emanaron de esa trascendental conversación que se efectuó entre Dios y el hombre, les debemos mucho a los que participaron en ese acontecimiento memorable.

Nuestro es el privilegio de dar loor al Profeta que habló con Jehová; de servir a Aquel que es el medio por el cual se logra la salvación, o sea, Jesucristo; y de adorar en espíritu y en verdad a Dios, nuestro Padre, el Dios; verdadero y viviente.

 

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Los chequeos espirituales.

Devotional and Fireside Speeches, (Provo, UT: University Publications, 1990)

Los chequeos espirituales.

Élder Carlos E. Asay

Presidente Lee, hermanos y hermanas, me siento privilegiado al reunirme con ustedes esta mañana. También me siento humilde y con una urgente necesidad de la asistencia espiritual al compartir con ustedes algunas reflexiones personales que han preocupado mi mente desde el verano pasado.

Algunos de ustedes pueden haber escuchado una parte de lo que pienso decir. Por favor, sin embargo, tengan paciencia conmigo, y tal vez la repetición vaya mejorando su aprendizaje.

Hace más de cuarenta años, leí estas líneas:

Un examen físico completo de vez en cuando, se considera una planta de la sabiduría para la mayoría de los hombres de raciocinio claro. ¿Por qué no hacer el mismo tipo de chequeo en nuestra búsqueda de la meta final? Un chequeo, no sólo del cuerpo, sino también uno para el alma.

Hubo un momento en que sentí que iba a vivir para siempre. Yo era joven, mi cuerpo era delgado y fuerte, y mi energía era casi ilimitada. Corrí cuando podría haber caminado, salté cuando podría haber brincado. Pero con el paso de los años, muchos de los remaches se han aflojado en mi maravillosa máquina, y me viene casi todos los días la necesidad de usar la sabiduría y cuidar de mí mismo. De lo contrario, no voy a ser capaz de «caminar y no desmayar,» y ni el «ángel destructor» pasará por mí (Doctrina y Convenios 89:20-21).

Recibo un chequeo físico anual, veo a mi dentista al menos dos veces al año y sigo mi dieta, trato de obtener la cantidad adecuada de descanso, y camino por el bulevar casi a diario. Hago esto religiosamente para alargar mis días en la mortalidad y disfrutar de la plenitud de la vida.

Yo suscribo a la filosofía indicada por un médico quien señaló: «Para mantener el cuerpo en forma es de mucha ayuda mantener la mente pura, y las sensaciones de las primeras horas del día son la mejor prueba de un estado normal. La lengua limpia, la cabeza clara, y los ojos brillantes son derechos del nacimiento de cada día «(William Osler, una forma de vida, p. 25).

Sin embargo, me pregunto si estoy prestando suficiente atención a los aspectos espirituales o dimensiones de mi vida. Lo hago porque sé que «el espíritu y el cuerpo [constituyen] el alma del hombre» y que debería existir una relación sinérgica entre la carne y la chispa divina dentro de todos nosotros (Doctrina y Convenios 88:15). También me pregunto si estoy llevando a cabo «chequeos espirituales» frecuentes y exhaustivos para evaluar mi posición delante de Dios y para determinar si estoy en el camino que lleva a la vida eterna mi «objetivo final.» Me beneficiaría poco si tuviera que cerrar mi vida en la tierra con los músculos abultados, un conjunto completo de dientes, y un espíritu anémicos o flacidez.

Fue el apóstol Pablo, quien escribió: «Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos.» (2 Corintios 13: 5). Pablo no incluyó en sus escritos una lista de comprobación o prueba de instrumento específico que podríamos utilizar en la determinación de nuestra salud espiritual. Sin embargo, creo que hay varias maneras de llevar a cabo chequeos espirituales mediante los cuales podemos obtener lecturas del espíritu comparable con ECG, presión arterial, temperatura y otras lecturas del cuerpo.

Me permito sugerir cinco oportunidades para probarnos a nosotros mismos o someterse a chequeos regulares espirituales. Hay otros, estoy seguro, que podrían citarse; sin embargo, estas cinco pruebas de fe y fidelidad parecen ser la más obvia y prácticas.

Cuatro de las cinco oportunidades del chequeo Espiritual

  1. La asistencia a la reunión sacramental

Un chequeo espiritual está relacionado con el servicio sacramental semanal. En esta reunión al participar de la Santa Cena y renovamos nuestros convenios con el Señor. Por otra parte, ayunamos y oramos y hablamos unos con otros concerniente al bienestar de nuestras almas (Moroni 6: 5-6, 9). Los que participan en este servicio correctamente y con adoración realizan una tranquila introspección en torno a la búsqueda de preguntas:

  • ¿Recuerdo al Salvador y su Expiación?
  • ¿Realmente amo al Señor?
  • ¿He tomado sobre mí el nombre de Cristo?
  • ¿Estoy guardando todos los mandamientos?
  • ¿El Espíritu Santo mora conmigo?
  • ¿Qué más puedo hacer para fortalecer mi fe, aumentar mi devoción, y demostrar mi amor y agradecimiento a la deidad?

Las respuestas a estas preguntas proporcionan una lectura de nuestra espiritualidad similar a las lecturas físicas obtenidas con un instrumento termómetro o la presión arterial. Cada respuesta debe revelar los cambios necesarios. Y, la renovación y la determinación deben ser lo más importante en nuestra mente al participar de la Santa Cena.

Se dice que inmediatamente después de una presentación de diez minutos la persona promedio recuerda sólo la mitad de lo que se dijo. Dos días o cuarenta y ocho horas después el recuerdo se reduce a 25 por ciento.

Dentro de una semana, el recuerdo baja aún más, quizás hasta un mínimo de 10 por ciento o menos, dependiendo de las circunstancias en que se dé el orden y nuestra propia receptividad. No es de extrañar que Dios nos mande reunirnos de forma periódica para renovar nuestros convenios con él.

¿Considere cada servicio sacramental como un tiempo para examinar y probarse a sí mismo, si estáis firmemente plantados en la fe? Tenga en cuenta estas palabras de Pablo:

«. . . Examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.» (1 Corintios 11:28), y, yo añadiría, que lo haga del modo más digno.

  1. Las entrevistas con los líderes del sacerdocio.

El segundo chequeo espiritual se produce cuando son entrevistados por un líder del sacerdocio y él determinará nuestra aptitud para el servicio, para recibir una recomendación para el templo, o para disfrutar de algún otro privilegio en la Iglesia. Cada líder representa al Gran Médico, Jesucristo, y está autorizado para hacer ciertas preguntas en confianza.

  • ¿Apoya a las Autoridades Generales de la Iglesia?
  • ¿Es honrado en su trato con sus semejantes?
  • ¿Se siente moralmente limpio?
  • ¿Paga un diezmo, etc.?

Cómo respondemos a las preguntas del líder del sacerdocio y cómo nos sentimos en su presencia revela mucho acerca de nuestra posición ante el Señor.

Recientemente, una hermana fue entrevistada por un líder del sacerdocio, mientras buscaba la renovación de una recomendación para el templo. Preguntó:

«¿Cuánto tiempo ha pasado desde que recibió su primera recomiendan?»

«Veinte y cinco años», respondió.

El presidente de estaca se detuvo por unos instantes, y luego preguntó: «¿Está veinticinco veces mejor hoy que la primera vez que fue al templo?»

Ella hizo un serio examen de conciencia en esa ocasión.

Todos debemos recordar que no nos convertimos automáticamente en santos, en el pleno sentido de la palabra, a través del bautismo. Somos bautizados para que pudiéramos entrar en el reino de Dios; pero una vez que entramos por la puerta, debemos tratar de convertirnos en santos del Dios vivo (Doctrinas y convenios 125:2). Cada familia SUD debe tener en cuenta la escritura que se encuentra en Mosíah capítulo 3, versículo 19. Este pasaje nos recuerda que debemos ser santos a través de la expiación de Cristo, cediendo al influjo del Espíritu Santo y adquirir las virtudes de Cristo.

¿Considere cada entrevista con un líder del sacerdocio como un tiempo para examinar y probarse a sí mismo, y ver si estáis plantados firmemente en la fe?

  1. La asistencia templo

Una tercera oportunidad de recibir un chequeo espiritual se produce en el templo. Se registra que la casa del Señor que es un lugar donde podemos crecer en Dios, recibir la plenitud del Espíritu Santo, ser organizados de acuerdo con las leyes divinas, y estar preparado para recibir cuanto fuere necesario (Doctrinas y Convenios 109:15).

Sin embargo, la realización de estas bendiciones del templo se basa en nuestra dignidad personal y la fidelidad. Quien va al templo dignamente se acerca al Señor y se siente en su santa presencia. Pero aquel que va al templo indignamente y con engaños lo hace con una conciencia que le molesta y no puede recibir la instrucción de una manera edificante. Permítanme ilustrarlo.

Hace algunos años, mi esposa y yo asistimos a una sesión de la tarde en el Templo de Salt Lake. La compañía era pequeña, consiste en no más de una docena de hombres y una docena de mujeres. Examiné el grupo, casualmente observando que todos eran desconocidos para mí, excepto mi esposa. Nos dieron instrucciones en la primera habitación y luego nos trasladaron a la siguiente. Ya que tomamos nuestros asientos en la segunda habitación, había una ligera conmoción. Miré a mí alrededor para ver lo que estaba mal. Al hacerlo, vi a una mujer salir de la habitación. Todos nosotros supusimos que estaba enferma o tal vez había olvidado una pieza de ropa. La interrupción fue breve y la instrucción se reanudó. Fue una experiencia refrescante para nosotros, y volvimos a casa regocijados.

Al día siguiente recibí una llamada telefónica muy inusual. Mi secretaria llegó a la puerta de mi oficina y dijo: «Una mujer quiere hablar con usted, pero ella no me va a dar su nombre.»

Cogí el teléfono y me anuncié a mí mismo. El interlocutor preguntó rápidamente, «Elder Asay, ¿qué sabe de mí?»

«¿Cómo puedo responder a su pregunta», respondí, «cuando no ni siquiera me ha dado su nombre?»

Y continuó: «Usted estaba en la sesión templo ayer, ¿verdad?»

«Sí», respondí, «yo estaba allí.»

Ella dijo: «¿Se acuerda que alguien caminó fuera de la segunda habitación?»

«Sí», le contesté.

«Fui yo quien salió del templo ayer. Elder Asay, ¿qué sabe de mí? »

En este punto, la conversación se estaba volviendo un poco tediosa, y me dijo: «Mi querida, por favor, no juegues conmigo. A menos que me digas quién eres, ¿cómo puedo responder a su pregunta?»

Casi totalmente ignorando lo que le dije, la mujer confesó: «Fui yo quien salió de la sala del templo ayer antes de que comenzara la instrucción. Lo hice porque usted me miró con una mirada de búsqueda, que me hizo sentir como si yo no fuera digna de estar allí. «Una vez más, me preguntó:» ¿Qué sabe usted de mí? »

Le dije: «Bueno, si usted asistió el templo digna el día de ayer, me disculpo por la forma en que puede haberla mirado y por cuánto la puede haber hecho sentir. Sin embargo, sí estuvo allí indignamente, no me disculpo».

Hubo un largo silencio y llanto después más suave a través del teléfono. Por último, la mujer confesó: «He cometido un pecado grave, y asistí ayer el templo de manera fraudulenta. Sin embargo, «añadió,» Visité a mi obispo anoche, y voy a seguir su consejo y asesoramiento.»

Esta inusual experiencia me recordó las palabras de Moroni:

¿Seguiréis entonces negando al Cristo, o podréis mirar al Cordero de Dios? ¿Suponéis que moraréis con él, estando conscientes de vuestra culpa? ¿Suponéis que podríais ser felices morando con ese santo Ser, mientras atormentara vuestras almas una sensación de culpa de haber siempre violado sus leyes?

He aquí, os digo que seríais más desdichados, morando en la presencia de un Dios santo y justo, con la conciencia de vuestra impureza ante él, que si vivierais con las almas condenadas en el infierno.

Porque he aquí, cuando se os haga ver vuestra desnudez delante de Dios, y también la gloria de Dios y la santidad de Jesucristo, ello encenderá una llama de fuego inextinguible en vosotros. [Mormón 9: 3-5]

Era importante que la mujer se juzgara a sí misma a través de mis ojos en la casa del Señor, para que se verificará, en parte, la verdad de que «ninguna cosa impura puede morar con Dios; así que, debéis ser desechados para siempre» (1 Nefi 10:21), porque el «ojo penetrante del Dios Omnipotente» todo lo ve (Jacob 2:10). Nada escapa a su juicio, sea en privado o en público. Por lo tanto, debemos ser constantes en nuestra rectitud y tratar de llegar a ese estado de bondad con lo que nos sentimos cómodos en su santa casa, el lugar donde se manifiesta a su pueblo (Doctrina y Convenios 109:5).

¿Considera cada visita al templo como un tiempo para examinar y probarse a sí mismo, si estás plantado firmemente en la fe?

  1. Reflexionar las Escrituras

Una cuarta forma de someterse a un examen espiritual o chequeo es mediante la lectura y la meditación de escrituras seleccionadas. Una escritura moderna dice:

Estas palabras no son de hombres, ni de hombre, sino mías; por tanto, testificaréis que son de mí, y no del hombre.

Porque es mi voz la que os las declara; porque os son dadas por mi Espíritu, y por mi poder las podéis leer los unos a los otros; y si no fuera por mi poder, no podríais tenerlas.

Por tanto, podéis testificar que habéis oído mi voz y que conocéis mis palabras. [Doctrina y Convenios 18: 34-36]

Tenga en cuenta que las Escrituras afirma que podamos escuchar la voz de Dios a través de las escrituras. Por eso me refiero a mi lectura de las escrituras como mi entrevista diaria con el Señor. Él no sólo me habla al reflexionar su santa palabra, sino que también pone delante de mí un espejo con las normas y principios que reflejan mi nivel de rendimiento.

Por ejemplo, hay un capítulo en el libro de Mormón al que me refiero como el capítulo del «espejo». Hablo de Alma 5. El centro de esta escritura tiene más de cuarenta preguntas de introspección, de acuerdo con mi cuenta. El que lea estas preguntas y las responda personal y honestamente obtendrá una lectura bastante precisa de su posición delante de Dios.

Permitidme poner este espejo ante sus caras y preguntar, sólo once preguntas:

Y ahora os pregunto, hermanos míos de la iglesia: ¿Habéis nacido espiritualmente de Dios? ¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros? ¿Habéis experimentado este potente cambio en vuestros corazones?

¿Ejercéis la fe en la redención de aquel que os creó? ¿Miráis hacia adelante con el ojo de la fe y veis este cuerpo mortal levantado en inmortalidad, y esta corrupción levantada en incorrupción, para presentaros ante Dios y ser juzgados de acuerdo con las obras que se han hecho en el cuerpo mortal?

Os digo: ¿Podéis imaginaros oír la voz del Señor en aquel día, diciéndoos: Venid a mí, benditos, porque, he aquí, vuestras obras han sido obras de rectitud sobre la faz de la tierra?

¿O suponéis que podréis mentir al Señor en aquel día, y decir: Señor, nuestras obras han sido justas sobre la faz de la tierra; y que entonces él os salvará?

O de lo contrario, ¿podéis imaginaros llevados ante el tribunal de Dios con vuestras almas llenas de culpa y remordimiento, teniendo un recuerdo de toda vuestra culpa; sí, un recuerdo perfecto de todas vuestras iniquidades; sí, un recuerdo de haber desafiado los mandamientos de Dios?

Os digo: ¿Podréis mirar a Dios en aquel día con un corazón puro y manos limpias? ¿Podréis alzar la vista, teniendo la imagen de Dios grabada en vuestros semblantes? [Alma 5:14-19]

¿Cómo te fue? ¿Tiene las respuestas correctas a las preguntas? ¿Pasó el examen espiritual del Alma?

Alguien que esté delante de un espejo de las escrituras y se quede corto, y que se niegue a hacer las correcciones necesarias en su estilo de vida me recuerda estas palabras inspiradas:

Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.

Porque después de mirarse a sí mismo, se va, y enseguida se olvida de cómo era. [Santiago 1:23-24]

¿Considera que la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras es un tiempo para examinarse y probarse a sí mismo, si estás plantado firmemente en la fe?

  1. Chequeo Espiritual

Un quinto chequeo espiritual debe llevarse a cabo a medida que participen en programas especiales como la Semana de la Educación Universidad de Brigham Young.

Como fue anunciado, el tema de esta reunión es «Educación: despertar al entendimiento.» El párrafo inicial en el horario de clases es el siguiente:

«Bienvenida a la semana de la Educación sesenta y ocho años de esta rica tradición. Ya sea que sus intereses incluyan educación religiosa, relaciones familiares, superación, arte, literatura, historia, u otras docenas de temas, la Semana de la Educación puede proporcionar una visión esclarecedora e informativa. Con una facultad distinguida y distintivamente cualificada, el amanecer de los nuevos reinos de entendimiento le esperan aquí «(énfasis añadido).

Subrayo estas palabras, el amanecer de los nuevos reinos de entendimiento, que sugieren que todos ustedes van a participar en una revista educativa esta semana, una revista con más de 168 profesores y que consta de más de 1.000 formaciones o clases diferentes. Se espera que cada instructor hará sonar su trompeta en una forma que le llamará la atención, despertará sus sentidos, y abrirá los ojos del entendimiento de las cosas que más le importan. Se espera que cada uno de ustedes pueda aplica a sí mismo el aprendizaje y despertar y sacudirse de las cadenas de la ignorancia de una manera u otra.

Winston Churchill dijo: «El hombre de vez en cuando tropieza con la verdad, pero la mayoría de las veces va a levantarse por sí mismo y seguirá adelante.» Tal «tropiezo» no está en armonía con el propósito e intención de este programa. Lo que se busca aquí es un serio examen de conciencia, hambre de conocer la verdad, incluso una búsqueda del conocimiento escondido y una aplicación más coherente de los principios justos en nuestra vida diaria; de lo contrario, no vamos a ganar la comprensión ni vamos a deshacernos del polvo que se acumula a partir de nuestras caídas.

Lehi dijo a sus hijos:

¡Oh que despertaseis; que despertaseis de ese profundo sueño, sí, del sueño del infierno, y os sacudieseis de las espantosas cadenas que os tienen atados, cadenas que sujetan a los hijos de los hombres a tal grado que son llevados cautivos al eterno abismo de miseria y angustia!

¡Despertad y levantaos del polvo! . . . [2 Nefi 1:13-14]

El llamamiento de Lehi a sus hijos puede tener 2.500 años de antigüedad, pero constituye una llamada oportuna para nosotros hoy. Muchos de nosotros estamos dormidos y ajenos a «las cosas como realmente son, y de las cosas como realmente serán» (Jacob 4:13). Nosotros, por lo tanto, vemos las cosas «a través de un vidrio, oscuro» y se pierde las vistas magníficas de la vida que marcan la diferencia (1 Corintios 13:12; véase también 2 Nefi 1:24). Y si no nos despertamos, nuestro adormecimiento tendrá un efecto contundente sobre nosotros para siempre, quizá haciéndonos cautivos del enemigo de nuestras almas.

A medida que se prepara para recibir instrucciones en una o más de las ofertas educativa quizás sea el momento de la prueba espiritual, tal vez las palabras del profeta Jacob se apliquen: «. . . ¡Oh hermanos míos, [y hermanas] escuchad mis palabras; estimulad las facultades de vuestras almas. . .» (Jacob 3:11; énfasis añadido).

Si va a asistir a una de las clases más tradicionales, tales como

  • El antiguo Testamento;
  • Fe vida y salvación;
  • Revelación;
  • El perfil de un profeta; o uno de los títulos más exóticos como
  • Snap, Crackle, Pop, o copos de maíz empapados;
  • La vida de un Juglar;
  • Peligro: ¡Burn-out Por delante!;
  • No hay ningún atasco de tráfico en la milla adicional, etc., es de esperar que habrá una inversión completa de las mentes, espíritus, y fuerza de voluntad. Cuando todas las facultades del alma de uno se despiertan por la luz y la verdad, el conocimiento se transfiere a la sabiduría, la sabiduría conduce a la comprensión, el entendimiento proporciona una plenitud de vida, y Dios concede a los hombres según su voluntad.

La revelación o prueba espiritual que yo siento deben estar asociados con esta experiencia educativa se centra en estas preguntas basadas en las escrituras:

  • ¿Tiene un conocimiento de la bondad de Dios?
  • ¿Tiene usted conocimiento del juicio de Dios y de sus causa o efectos?
  • ¿Un alma completamente despierta es capaz de defenderse de todas las formas de pecado?
  • ¿Tiene un completo sentido de su deber para con Dios, y estás caminando en integridad delante de él?

¿En efecto, es usted un hombres y mujeres de comprensión?

Sentido de la nada

El rey Benjamín hizo referencia a un despertar, de un «conocimiento de la bondad de Dios en esta ocasión» y «el sentido de vuestra nulidad» (Mosíah 4:5). Tal realización nos recuerda a todos de nuestra pequeñez ante fomenta sentimientos de humildad colocándonos en un estado de ánimo enseñable.

Con frecuencia cantamos estas palabras inspiradas:

Señor, mi Dios, al contemplar los cielos,
el firmamento y las estrellas mil;
al oír tu voz en los potentes truenos
y ver brillar el sol en su cenit;
Mi alma canta a mi Señor y Dios:
¡Grande eres Tú! ¡Grande eres Tú!
Mi alma canta a mi Señor y Dios:
¡Grande eres Tú! ¡Grande eres Tú!
[«Grande eres tú», Himnos, 1985, no. 86, versículos 1]

No tenemos que encogernos de miedo ante nuestro Hacedor o participar en prácticas denigrantes, sino que debemos permitir que su grandeza y bondad dobleguen nuestras rodillas y levantemos los ojos para siempre. Si no lo hacemos, nuestro progreso espiritual será atrofiado y nuestra búsqueda de entendimiento desviado.

¿Tiene usted un conocimiento y comprensión de la bondad de Dios? ¿Tiene una idea de su propia nulidad? ¿Es usted humilde y enseñable a medida que comienza la Semana de la Educación?

La causa y el juicio de Dios

El salmista escribió: «Muévete y despierta para hacerme justicia, para mi causa, Dios mío y Señor mío.» (Salmo 35:23). A menos que agitamos en nosotros una conciencia de Dios y sus santos propósitos, gran parte de lo que aprendamos aquí se perderá y rápidamente será olvidado. No tendremos ganchos para colgar nuestro nuevo conocimiento. Pero si tenemos en nuestras mentes al Gran Planificador y su gran plan, todo lo que aprendemos aquí tendrá una perspectiva adecuada y un significado real.

Moisés no entendió completamente el juicio de Dios, hasta que subió al Monte Nebo. Sin embargo, una vez que puso sus pies sobre esa cima y «le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan, y todo Neftalí, y la tierra de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar occidental, y la parte meridional, y la llanura y el valle de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Zoar».

«Entonces se dio cuenta de todas las consecuencias de su transgresión» (véase Deuteronomio 32: 49-52, 34: 1-4).

Es de esperar que subamos a nuestro propio Monte Nebo en este campus y asistir a clases que no sólo agiten sus almas, sino abran sus ojos a una vista panorámica del esquema divino de las cosas y su posición delante del Dios Todopoderoso.

¿Está plenamente consciente de la causa de Dios, sus propósitos, su plan, y su juicio y el trabajo entre los hombres?

«La justicia, y no el pecado»

El apóstol Pablo hizo un llamado a los santos de Corinto «Velad debidamente, y no pequéis» (1 Corintios 15:34). «Despierta y vuela a la derecha» diríamos hoy en el lenguaje moderno, Nefi lo dijo de esta manera: «¡Despierta, alma mía! No desfallezcas más en el pecado. ¡Regocíjate, oh corazón mío, y no des más lugar al enemigo de mi alma!» (2 Nefi 4:28).

El mismo Satanás, se especializa en el canto más suave, más dulce y más siniestro de todas las canciones de cuna. Adormece a la gente llamando al mal bien, justifica el pecado, ridiculiza la bondad, torciendo la verdad muy ligeramente hasta que se convierte en doctrina falsa, vana y tonta (2 Nefi 28: 7-9).

Un escritor se refiere a la comprensión como «esa facultad mediante la cual nos da la posibilidad de aprender del conocimiento general, así como de datos, cosas ausentes, así como presente, para juzgar de su verdad o falsedad, bueno o malo» (John Wilkins; énfasis añadido).

Nuestro bienestar espiritual depende de nuestra capacidad de discernir entre la verdad y el error y retener lo que es bueno. La pregunta se hace una vez más: ¿Está el alma completamente despierta y es capaz de discernir, para defenderse de todas las formas de pecado?

Sentido del deber

Alma dijo a las personas en una ciudad llamada Gedeón:

«Y ahora bien, mis queridos hermanos, os he dicho estas cosas a fin de despertar en vosotros el sentido de vuestro deber para con Dios, para que andéis sin culpa delante de él, para que caminéis según el santo orden de Dios, conforme al cual se os ha recibido.» (Alma 7:22).

Dos preguntas siguen: ¿Cuál es nuestro deber para con Dios? ¿Estamos caminando en integridad delante de él, según el santo orden de Dios?

Está escrito: «El fin de todo este asunto que has oído es este: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre.» (Eclesiastés 12:13).

Esta afirmación responde a una pregunta, pero ¿y la otro? Tal vez será respondida a medida que aprendan más esta semana sobre el sacerdocio, las ordenanzas, la familia y otros aspectos de salvación del Evangelio de Cristo. Y quizás a través de esta experiencia que su resolución sea «cumpliré lo que prometí.» (Jonás 2:9). El desarrollo de la autodisciplina se verá reforzada a medida que participen en las clases.

Si este programa no hace nada más por ti, pido que les ayude a entender más claramente su deber hacia Dios y reforzar su determinación para recorrer el sendero que conduce a la vida eterna.

Poder espiritual

Temo que subestimamos el potencial de poder espiritual que reside dentro de todos nosotros. Por lo tanto, ignoramos la necesidad de que la salud espiritual, y permitimos que nuestros espíritus se vuelvan flácidos y terriblemente fuera de forma. En lugar de «[establezcan] del hombre natural», como se nos ha dicho que hagamos, le permitimos ganar la mano, desperdiciando así los poderes internos y espirituales (Mosíah 3:19).

Tal vez pueda ilustrar esos poderes compartiré una cita del Seminario de Estrategia de Defensa del Colegio Nacional de Guerra en 1972. Cito:

Las increíbles hazañas de Japón durante la Segunda Guerra mundial no se pueden explicar en términos de sus escasos recursos y objetivos, sino que deben ser atribuidos sobre todo a la existencia de una autoimagen que se ha traducido en la moral nacional superior. Esta moral nacional se convirtió en un inmenso almacén de energía. Un estudiante bien conocido de Japón, Ruth Benedict, ofrece un ejemplo fascinante de este factor moral en su informe de una emisión de radio japonesa que describe el comportamiento de un piloto japonés durante la guerra:

«Después que las batallas aéreas habían terminado, los aviones japoneses regresaron a su base en pequeñas formaciones de tres o cuatro. Un capitán estaba en uno de los primeros aviones para regresar. Después de descender de su avión, se puso de pie en el suelo y miró hacia el cielo a través de los binoculares. Como regresaron a sus hombres, contó. Se veía un poco pálido, pero bastante estable. Después del regresó del último avión, hizo un informe y se dirigió a la Sede. En la Sede hizo su informe al oficial al mando. Tan pronto como terminó su informe, sin embargo, de repente se dejó caer al suelo. Los agentes sobre el terreno corrieron para ayudarlo, pero por desgracia él estaba muerto. Al examinar su cuerpo se encontró que ya estaba frío, él tenía una herida de bala en el pecho, que había sido fatal. Es imposible que el cuerpo de una persona recién muerta este frío. Sin embargo, el cuerpo del capitán muerto estaba tan frío como el hielo. El capitán debe haber estado muerto mucho antes, y era su espíritu el que hizo el informe. Tal hecho milagroso debe haber sido alcanzado por el estricto sentido de la responsabilidad que el capitán poseía».

Para un no-japones, esta historia podría parecer un hilo muy delgado. Para los militares japoneses en Shanghaí esta historia se creía casi sin excepción, sabían que un espíritu disciplinado era maestro del cuerpo, que, efectivamente, «un espíritu compuesto podría durar mil años.» ¿Por qué no podría ser posible que el espíritu de un hombre pudiera sobrevivir a su cuerpo por unas pocas horas y cumplir con su deber y responsabilidad para con el emperador y los principios centrales de su vida? [John G. Stoessinger, «la naturaleza del poder», reimpreso en la fuerza de las Naciones: Política Mundial en nuestro tiempo, 3ª ed. (Nueva York: Random House, 1969), pp. 15-27]

Permítanme leer esta última frase, una vez más, sustituyendo algunas palabras. «¿Por qué no puede ser posible que el espíritu de un hombre pueda sobrevivir a su cuerpo. . . y cumplir con su deber y la responsabilidad para con Dios y los principios centrales de su vida?»

El conocimiento de lo que somos, una imagen de sí mismo que es ennoblecedor, un estricto sentido de la responsabilidad moral, un espíritu disciplinado, y un agudo sentido del deber a Dios, éstas son las claves para el poder espiritual.

El entendimiento

A lo largo de las Escrituras leemos de personas que fueron espiritualmente fuerte y que tenían conocimiento, un rasgo de carácter más codiciado. En el libro de Esdras, un grupo fue identificado como «hombres entendidos» (Esdras 8:16). Abigail fue mencionado como una «mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia» (1 Samuel 25:3). Dios le dio a Daniel y sus asociados «sabiduría e inteligencia» que era diez veces mejor que la de todos los magos y astrólogos en el país (Daniel 1:20). Y, por supuesto, no fueron Salomón, y los hijos de Mosíah, y Moroni. Tales gigantes espirituales que nos recuerdan la necesidad de que la salud espiritual es real, porque «un hombre [o mujer] de entendimiento» (de acuerdo con la sagrada escritura) es de «un espíritu excelente » (Proverbios 17:27).

Me parece interesante que los hombres y las mujeres de entendimiento se describen en el Antiguo Testamento como las personas que

  • tiene sabiduría (Proverbios 10:23),
  • callaran (Proverbios 11:12, 17:28),
  • seguirán a los buenos líderes (Proverbios 12:11),
  • es lento para la ira (Proverbios 14:29),
  • buscar el conocimiento (Proverbios 15:14),
  • anda rectamente (Proverbios 15:21)

También me resulta interesante observar que, en la Sagrada Escritura, la comprensión se adquiere por

  • la búsqueda de ella (Proverbios 4: 7),
  • ponderando la verdad (D & C 110: 1; 138: 11, 29; Salmo 49: 3),
  • guardar los mandamientos (D & C 01:24),
  • estudio de las Escrituras (Alma 17: 2; 32:28, 34),
  • estudiar la lengua (Mosíah 1: 2),
  • la aplicación de los corazones (Mosíah 12:27; Proverbios 2: 2),
  • amar a Dios (Marcos 12:33),
  • no volver a pecar (Oseas 13: 2; Job 28:28),
  • confiar en Dios (Proverbios 3: 5),
  • recibir consejo del Señor (Deuteronomio 32:28), y
  • pedirle él (1 Reyes 3: 9).

¿No es este el propósito de su experiencia aquí en esta universidad, buscar el entendimiento y la sabiduría y la fuerza espiritual?

En una conferencia general Hace años, el presidente Brigham Young expresó su preocupación por los Santos y su grado de comprensión. Preguntó:

¿Qué entendemos? ¿Cuánto hemos avanzado? ¿Qué esperamos recibir? ¿Cómo estamos mirando las cosas de este mundo? . . . ¿Cómo vivimos nuestra religión para que podamos mejorar la calidad de todo el conocimiento que Dios nos ha dado? ¿Vivimos a la luz que el Señor ha revelado? [ JD 12: 258]

En resumen, el presidente Young estaba preguntando: ¿Son los miembros de la Iglesia hombres y mujeres de comprensión? ¿Están progresando espiritualmente cómo deberían? Estas son preguntas relevantes hoy en día.

Conclusión

He sugerido, hermanos y hermanas, la necesidad de que nosotros realizemos chequeos espirituales sobre una base regular. También he propuesto cinco ocasiones en las que podemos evaluar nuestra espiritualidad. Estas ocasiones son los siguientes:

  1. Cuando participamos de la Santa Cena en nuestros servicios de adoración.
  2. Cuando nos entrevistamos con los líderes del sacerdocio que representan al Señor.
  3. Cuando asistimos al templo, la casa de Dios.
  4. Cuando leemos las escrituras «como espejo» Alma 5.
  5. Cuando asistimos a conferencias educativas como la Semana de la Educación Universidad de Brigham Young.

Todo estos «chequeos» tienen su lugar y son muy importantes, siempre y cuando los apliquemos plenamente. Cada uno debe servir para despertarnos del denominado «el sueño del infierno» y sacudirnos de las cadenas de la ignorancia. Cada una de estas cinco ocasiones deben ayudarnos a entender que la condición espiritual, de la que he hablado, es más importante que el oro y la plata y las cosas que se pueden comprar (Proverbios 16:16).

El apóstol Pablo debe haber tenido este pensamiento en mente cuando le aconsejó a Timoteo,

. . . Ejercítate para la piedad.

Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera. [1 Timoteo 4: 7-8]

Los hijos de Isacar fueron reconocidos en la antigüedad como hombres «entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer» (1 Crónicas 12:32). Si alguna vez hubo un momento en que un grupo de hombre y mujeres necesitó tal comprensión (multiplicado por mil más) es ahora.

Dios los bendiga. Dios bendiga a sus instructores de esta semana. Y que Dios bendiga a todos los que buscar nuevos ámbitos de conocimiento mediante el despertar de los poderes, incluso las fuerzas del espíritu. Digo esto en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La Memoria y Usted.

Devotional and Fireside Speeches, Provo, UT: University Publications, 1985

La Memoria y Usted.

Élder Carlos E. Asay

Parece algo increíble el que el cerebro humano tenga la capacidad de retener mil billones de bits (unidades elementales de información del sistema binario) de información. Si ello es verdad, aun cuando haya un error de diez a doce bits, ¿por qué entonces tenemos tanta dificultad para recordar los trece Artículos de Fe, las charlas misionales o lo básico de las materias que estudiamos en los centros de enseñanza?

Para mí es también algo increíble el que haya una relación tan estrecha entre la memoria y el estado de ánimo, entre la memoria y el testimonio, entre la memoria y los ejemplos que tomamos como modelos, entre la memoria y los pensamientos y, finalmente, entre la memoria y nosotros. Permitidme, por lo tanto, explicar algunas de las conclusiones a las que he llegado acerca de esas cinco relaciones, vistas a la luz del evangelio.

La memoria y el estado de ánimo

La memoria, según los entendidos, es la que muchas veces determina nuestro estado de ánimo.

Las personas que sólo recuerdan las experiencias negativas que han tenido en la vida tienden a comportarse amargada y cínicamente. Los que solamente recuerdan a sus enemigos y todo lo que está en contra de ellos pueden llegar a perder su valentía. Así también, los que sólo recuerdan los daños que han recibido pueden vivir en una continua pugna con el mundo. En cambio, aquellos que sólo, recuerdan los momentos buenos y positivos se mantienen alegres, vivaces y optimistas.

Recuerdo a un misionero con el que trabajé en la obra proselitista, que tenía un carácter bastante irritable. Era obvio que le carcomía una gran carga de dolorosos y amargos recuerdos, los cuales afectaban completamente su perspectiva de la vida.

Pienso que tiene que ser muy triste que los recuerdos amargos de una persona le hagan ir por la vida con un concepto distorsionado de todas las cosas. No sé en qué estado de ánimo se encontraría Enós cuando fue a cazar bestias en los bosques y sostuvo una lucha ante Dios. Todo nos hace pensar que en cierto modo se sentía deprimido por el hecho de no haber recibido una remisión de sus pecados. Sin embargo, a medida que volvió a su memoria el recuerdo de las palabras que su padre había pronunciado sobre la vida eterna, y al reflexionar sobre el gozo de los miembros de la Iglesia, se disipó la nube de desaliento que lo abatía. Por medio de la oración y el ejercicio de la fe, Enós salió del bosque, sintiéndose elevado y aliviado de sus pesares (Enós 1-8)

Cuando Alma y sus amigos buscaron destruir la Iglesia de Dios, un ángel del cielo se les apareció y los reprendió. Alma dijo que, cuando recordó todos sus pecados, se vio martirizado por un tormento eterno; pero luego, cuando recordó todo lo que su padre había profetizado acerca de la expiación de Jesucristo, le ocurrió algo maravilloso. Esto fue lo que dijo:

«Y he aquí que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados.

«Y ¡oh qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! Sí, mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo había sido mi dolor.

«Sí, hijo mío, te digo que no podía haber cosa tan intensa ni tan amarga como mis dolores. Sí, hijo mío, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa tan exquisita y dulce como lo fue mi gozo.» (Alma 36:19 21)

Yo os pregunto: ¿Dejáis que vuestra mente albergue los daños y las amarguras del pasado, y que éstos empañen vuestra visión de todo lo demás? ¿O recordáis en cambio todo aquello bueno y positivo que alegra vuestra vida y os permite ser optimistas? ¿En qué estado de ánimo se encuentran vuestros recuerdos? No olvidéis que los recuerdos son vuestros y que sólo vosotros podréis determinar vuestro propio estado de ánimo.

La memoria y el testimonio

Cuando trabajamos en la obra misional, generalmente instamos a los investigadores a leer el Libro de Mormón y a orar sobre su contenido con el fin de poder obtener un testimonio. Para ello utilizamos los versículos del tres al cinco del capítulo diez de Moroní. Usualmente les decimos a nuestros amigos: «Lean este libro y luego pregúntenle a Dios si es verdadero». En seguida agregamos, tal como dice el libro: «y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad. . . »

De ninguna manera critico a las personas que utilizan el método descrito anteriormente; sin embargo, os sugiero una forma más eficaz de conducir la situación. Permitidme leeros esos versículos, destacando cuatro pasos que llevan a un testimonio, dos de los cuales a menudo se pasan por alto.

«He aquí, quisiera exhortaros [a] que cuando [1] leáis estas cosas. . . [2] recordéis cuan misericordioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo [3] meditéis en vuestros corazones. «y. . . quisiera exhortaros a que [4] preguntéis a Dios. . . si son verdaderas estas cosas; y. . . él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo.» (Moroni 10:3-4; cursiva agregada)

He recalcado las palabras recordar y meditar porque tengo la firme convicción de que leer las cosas de Dios sin recordar y meditar en qué forma todo ello encaja en el plan divino tiende a confundir en lugar de brindar conocimiento. Se obtiene conocimiento y se revela la verdad cuando todas las cosas concuerdan unas con otras de una manera comprensible. En ese proceso la mente comienza a trabajar, se aviva la memoria y el corazón se prepara para responder a los susurros del Espíritu.

Ammón explicó al rey Lamoní muchas verdades antes de que el soberano se convirtiera al evangelio. Entre otras cosas:

«. . . Empezó por la creación del mundo, y también la creación de Adán; y le declaró todas las cosas concernientes a la caída del hombre; y le. . . explicó los anales y las santas escrituras del pueblo, las cuales los profetas habían declarado. . .» (Alma 18:36)

En forma similar, Aarón había hecho lo mismo con el padre del rey Lamoni. El también, al igual que Ammón, le había predicado acerca de Adán, de la Caída, del plan de redención y de la expiación de Cristo. Todo ello se hizo con el fin de poner las cosas en su debida perspectiva y cimentar un testimonio.

Cuando vuestro testimonio se debilite o parezca que decae a lo largo del camino, ¿por qué no recordar las bondades del Señor? Es probable que durante el proceso de recordar todas esas cosas positivas podáis experimentar una recuperación espiritual similar a la que tuvieron el rey Lamoni y su padre. ¡Qué vivificante es meditar sobre la naturaleza misericordiosa de Dios, y qué reconfortante es recordar los dones eternos de Dios!

La memoria y los ejemplos que tomamos como modelos

La mayoría de nosotros ha recibido en su vida la influencia tanto de hombres como de mujeres ejemplares. El élder James E. Talmage escribió que el plan original del Padre fue el «de emplear influencias persuasivas de preceptos sanos y ejemplo sacrificante para con los habitantes de la tierra, dejándolos luego en libertad de escoger por sí mismos. . . “(James E. Talmage, Artículos de Fe, Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1974, 1980, pág. 60; cursiva agregada).

Pienso que todos nosotros tenemos un modelo o un héroe guardado en lo más recóndito de nuestra memoria. Incluso podemos tener varios, y de vez en cuando pensar en él o en ella, o en ellos, y obtener por su intermedio la inspiración que necesitemos, en particular cuando la decisión que tengamos que tomar nos parezca muy difícil.

No hay duda de que Helamán conocía el valor de los recuerdos y los ejemplos de otros, ya que instruyó a sus hijos diciéndoles:

«. . . Os he dado los nombres de nuestros primeros padres que salieron de la tierra de Jerusalén; y he hecho esto para que cuando recordéis vuestros nombres, podáis recordarlos a ellos; y cuando os acordéis de ellos, podáis recordar sus obras; y cuando recordéis sus obras, podáis saber por qué se dice y también se escribe, que eran buenos.

«Por lo tanto, hijos míos, quisiera que hicieseis lo que es bueno, a fin de que se pueda decir, y también escribir, de vosotros, así como se ha dicho y escrito de ellos.» (Helamán 5:6-7)

No debéis atestar vuestra memoria con recuerdos de personas de dudosa reputación, ya que os desilusionarán y arrastrarán al precipicio. Seleccionad, en cambio, y poned en vuestra memoria a los gigantes de bondad y, cada vez que penséis en ellos, poneos como meta seguir sus pasos y llegar aún más lejos de lo que ellos llegaron.

La memoria y los pensamientos

Nuestra mente es mayormente un producto de lo que ponemos en ella. Esta declaración no tiene nada de sorprendente ya que todo el mundo parece conocerla. Sin embargo, la gente continúa leyendo pornografía, viendo películas poco recomendables y cantando canciones cuya letra deja mucho que desear. Consciente o inconscientemente, esas personas acumulan basura en su mente.

Para mí es difícil comprender cómo algunos miembros de la Iglesia pueden hacer caso omiso de esta divina amonestación:

«. . .Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se hará fuerte en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobro tu alma como rocío del cielo.

«El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad. . .» (Doctrinas y Convenios 121:45-46)

¡Qué mina de oro tan llena de promesas la que contiene este pasaje de las Escrituras! ¿Quién de los que tengan la cabeza bien puesta podría poner en peligro esta promesa de confianza, de doctrina del sacerdocio y de la compañía del Espíritu Santo?

No os esclavicéis con pensamientos destructivos y degradantes. Ellos pueden convertirse en cadenas de hierro tan fuertes y poderosas como las de

Satanás mismo.

No olvidéis que la memoria y los pensamientos se encuentran inseparablemente conectados; que la una influencia a los otros. Por lo tanto, dejad que la virtud engalane vuestros pensamientos, contad vuestras bendiciones y nutríos de las grandes mentes de la raza humana. Ello os ayudará a construir un santuario sagrado de agradables recuerdos.

La memoria y nosotros

Se dice que Dios nos dio la memoria para que pudiéramos disfrutar en el invierno del recuerdo de los rosales en flor. Pero también es cierto que sin la memoria no podríamos tener identidad propia en ningún momento. Cuantas más memorias tengamos, más tendremos de nosotros mismos.

Hasta que compilé, con Id ayuda de otras personas, mi historia personal, no había apreciado realmente los recuerdos y la personalidad que nos identifica.

Cuando le di a mi esposa el borrador para que lo leyera y corrigiera, mis instrucciones específicas fueron:

—Tú me conoces mejor que yo mismo, así que por favor lee cuidadosamente y haz todas las correcciones que creas ‘necesarias.

Media hora más tarde, cuando volví a ver cómo le iba, la encontré llorando.

— ¡Oh no! ¿Está tan mal? —le pregunté.

—No —me dijo—. ¡Está muy bien!

— ¿Has hecho algún cambio? —inquirí de nuevo.

—No; eres tú mismo hablando y no quiero borrar o cambiar nada que de lo que tú hayas dicho.

Tiempo después hicimos copias y se las dimos a nuestros hijos. Los dos supimos que lo más probable era que las guardarían y las leerían alguna vez, quién sabe cuándo. Sin embargo, hace unas semanas, una de nuestras hijas me dijo:

— ¡Papá, te quiero tanto! Pensando que quizás existiera algún problema, le pregunté:

— ¿Por qué me lo dices ahora?

—Bueno, lo que pasa es que he estado leyendo tu historia personal y aprendiendo acerca de tu vida —me dijo—. Nunca pensé que tú hubieras hecho tantas cosas y hubieras pasado por tantas experiencias.

¿No leemos acaso que los registros que guardaron los antiguos engrandecieron la memoria del pueblo? Y creedlo, es cierto. Sí, se llevan apropiadamente, los registros preservan los idiomas, salvaguardan la verdad e inspiran a los futuros lectores.

Sería una pena que vuestros hijos y vuestros nietos se vieran privados de esa parte de vosotros que realmente debería registrarse. Aseguraos de pasar a vuestra posteridad, junto con otras cosas buenas de la vida, vuestros pensamientos más íntimos, vuestros sentimientos más profundos y vuestro sincero testimonio. Esa bendición, y aún más, le debéis a las generaciones venideras.

Se podría decir mucho más acerca de la memoria y los recuerdos cuando los relacionamos con nosotros mismos y el Evangelio de Jesucristo. Por ejemplo, no he dicho nada sobre la necesidad de recordar nuestros convenios sagrados, nuestros juramentos, nuestras ordenanzas. Ni tampoco he hablado de la función que cumplirá la memoria en el Día del Juicio.

Ruego que podáis santificaros por medio del arrepentimiento y vuestra creencia en la promesa de Dios que dice:

«. . . Quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y, yo, el Señor, no los recuerdo más» (Doctrinas y Convenios 58:42)

Al mismo tiempo, le pido al Señor que viváis en forma tal que vuestros nombres aparezcan en la lista de los justos, y que puedan escribirse en el «libro de memorias» que sirve como registro «para aquellos que temían al Señor y pensaban en su nombre» (3 Nefi 24:16)

Testifico que la memoria juega un papel crucial, ya que moldea nuestro estado de ánimo y nuestro carácter y se relaciona estrechamente con nuestro testimonio; debe contener modelos de rectitud; no hay ninguna duda de que es el producto de nuestros pensamientos, y finalmente, es lo que realmente Somos.

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Lo vendería.

Devocional Universidad Brigham Young, 13 de marzo de 1984,

Lo vendería.

Élder Carlos E. Asay

Se ha informado que el profeta José Smith dijo: «Tengo un gran sentido de humildad al dirigirme a los hombres y mujeres jóvenes que el estar de pie delante de los reyes y reinas.» Se sentía de esta manera, sospecho, porque sabía perfectamente quiénes eran y lo que podrían llegar a ser. Comparto los sentimientos de José, sobre todo hoy, porque veo ante mí representantes de una nueva generación con posibilidades casi ilimitadas.

Por lo tanto, ruego humildemente, que pueda ser guiado por el Espíritu Santo al entregar este mensaje que está relacionado con el proceso de conversión. Sería bueno si pudiera presentar el material original, incluyendo los nuevos pensamientos y nuevas ideas. Muchos han tratado el tema que tengo en mente, y muchos han dado un consejo similar. Mark Twain dijo: «¡Lo bueno de Adán es que cuando tuvo algo bueno que decir, sabía que nadie lo había dicho antes!» Tal vez, sin embargo, mi enfoque y mis experiencias personales compensen la inevitable redundancia.

Lección del campo de remolacha

Poco después de mi cumpleaños número dieciocho fui invitado por mi obispo (que resultó ser mi padre) para trabajar en la granja de bienestar del barrio. La tarea consistía en trabajar en el campo de remolacha en compañía de otros poseedores del sacerdocio. Yo era un maestro en este tipo de trabajo; Tengo un dolor de espalda para probarlo. Podía hacer un acre en un día si empezaba antes del amanecer y terminaba mucho después de la puesta del sol.

He trabajado con diligencia una fila hacia arriba y hacia abajo otra, con la esperanza de terminar la tarea antes de tiempo. Uno de los trabajadores de más edad era mi presidente de estaca, un banquero de profesión. Se complació verle excavando en el suelo y sudando bajo el ardiente sol. Fue la primera vez que había visto a este líder del sacerdocio vestido con algo distinto que no sea un traje oscuro, camisa blanca y corbata. Debo admitir que disfrute viendo la suciedad en sus manos. De hecho, estaba tan satisfecho por este placer (¡el cielo me perdone!) que me apuré para patear deliberadamente nubes de polvo en su dirección mientras me movía.

En un momento el presidente Roland Tietjen, me llamó por mi nombre y me invitó a participar en la conversación. Me detuve, dejando mi azadón, y se sentó en el suelo. Él preguntó: «Carlos, ¿qué edad tienes?»

Le respondí: «Dieciocho».

«¿Sabe usted cuántos años tengo?», Continuó.

«Oh, alrededor de setenta», fue mi respuesta rápida y tonta. (¡Estuve lejos de la marca por muchos años!) Y sin risa, y supongo llorando dentro, dijo, «Mi tiempo en la tierra se está acabando, el suyo acaba de comenzar. Carlos, ¿me venderías los próximos diez años de tu vida?», ¿Pensé para mí mismo, que está mal con este cambiador de dinero? ¿No se puede olvidar del dinero y la compraventa por sólo una mañana?

Él fue capaz de discernir mis pensamientos y tomar nota de mi malestar. Y añadió rápidamente: «Yo sé que es imposible que puedas transferirme parte de tu vida. ¿Sin embargo, si fuera posible, la venderías? »

Con poca vacilación me espetó: «No, no lo haría.»

«Supongamos que yo te ofreciera $100.000 por esos años». Una vez más, rechacé su oferta, diciendo que tenía cosas que hacer en los próximos años.

Durante los próximos diez años, mis visitas con el presidente Tietjen fueron pocas y dispersas. En cada ocasión me remitió de nuevo la pregunta planteada en el campo de remolacha. Él decía: «¿Vas a tomar $ 90.000 por los nueve años restantes? ¿Ochenta mil por los próximo ocho? «Y así siguió hasta que diez años habían pasado.

No me tomó una década apreciar la profunda lección que mi estupendo líder de la Iglesia estaba tratando de enseñarme. Él me hizo atesorar esos años cruciales de formación entre los dieciocho y veintiocho años. También me motivó a hacer planes e iniciar acciones que me permitieran reclamar la mayor parte de mis oportunidades.

¿Lo vendería?

Al mirar sus rostros, me pregunto qué precio o valor le darían a sus próximos diez años de vidas. ¿Usted estaría dispuesto a intercambiar algunos de sus años por un precio?

No, no se puede empaquetar una parte de su vida y transferirla a otro. Pero se puede, si no se tiene cuidado, derrocharan la perspectiva de un futuro inmediato. Del mismo modo como Esaú menospreció la primogenitura y la vendió por un «guisado de lentejas», así que a través de la negligencia y de la miopía se puede perder todo lo que se ha ganado en una década, (Génesis 25: 29-34; Hebreos 12:16-17).

Hay una profunda escritura en el Libro de Mormón en donde se hace referencia a aquellos que han sido «llamado con un santo llamamiento.» Se afirma que estos sagrados llamamientos fueron dados a personas seleccionadas «a causa de su fe», las buenas obras, decisiones inteligentes, y su confianza en el Espíritu de Dios. Otros, según el registro, rechazaron el Espíritu de Dios «a causa de la dureza de sus corazones y la ceguedad de su mente, cuando de no haber sido por esto, hubieran podido tener tan grande privilegio como sus hermanos» (Alma 13:3-4).

Sus privilegios, oportunidades, su santo llamado, y los sueños pueden ser arrancados de su alcance por esos ladrones gemelos llamados «ceguera de la mente» y «dureza de corazón.» Ellos se aprovechan de todos los miembros de la familia de Adán, en particular los jóvenes, estos ladrones saben que el camino de la juventud es resbaladizo y lleno de riesgos.

Permitidme, por lo tanto, sugerir seis formas específicas de protección de sí mismos y la salvaguardia de sus posibilidades.

Evitar la ceguera de la mente

En primer lugar, se debe evitar la ceguera de la mente mediante el establecimiento de objetivos. Una persona que se fija metas realistas y alcanzables, pero desafiantes pintas en los pasillos de su mente una imagen de lo que puede hacer y puede llegar a ser. Esta imagen sirve como un catalizador para cada acción tomada en la dirección de alcanzar los objetivos establecidos.

Sin metas, ¿cómo se puede llevar la cuenta? ¿Cómo sabe uno si está ganando o perdiendo el juego? ¿Qué propósito tendría tener en el juego del fútbol si la línea de gol fuera borrada o las barras transversales en la zona de anotación retiradas? ¿Quién quiere jugar al baloncesto si se quitaron los aros y las redes? ¿Que sería del estímulo a dribliar, pasar, y la pantalla si no hay medios para hacer un gol?

Lo mismo se aplica para el juego de la vida. Los objetivos prestan propósito y dirección a nuestra vida. Excitan la imaginación y despiertan el interés, y generan una fuerza de anticipación que puede reunir a todos los poderes del alma en uno. Un hombre dijo:

La apatía puede ser superada únicamente por el entusiasmo y el entusiasmo puede ser despertado por sólo dos cosas: (1) un ideal (objeto o fin) (2) un plan inteligible preciso para llevar ese ideal a la práctica. [Ward, Cantrell]

Dios tiene un propósito declarado. Es «llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39). Por otra parte, él tiene un plan para la realización de su objetivo declarado, y nos referimos a ese plan como el Evangelio de Jesucristo. Sumado a todo esto, está la determinación de los objetivos y esfuerzos de la deidad descrita en esta escritura:

Porque Dios no anda por vías torcidas, ni se vuelve a la derecha ni a la izquierda, ni se aparta de lo que ha dicho; por tanto, sus sendas son rectas y su vía es un giro eterno. [Doctrina y Convenios 3: 2]

He sostenido durante mucho tiempo que la persona que establece metas y que se esfuerza por alcanzarlas tal es dueño de su propio destino. Por otra parte, la persona sin metas se convierte en el peón de tiempo, llevado por las circunstancias y por cualquier viento de influencia. El presidente Kimball tenía esto en mente cuando dijo: «Estoy convencido de que, si no nos fijamos metas, no nos movemos del lugar» (Dirección Seminario Regional de Representantes 3 de abril de 1975).

Está escrito, «Sin profecía, el pueblo se desenfrena» (Proverbios 29:18). Lo mismo puede decirse de aquellos que no pueden establecer metas y que cierran sus mentes a una visión del futuro. Por lo tanto, insto a evitar la ceguera de la mente mediante el establecimiento de objetivos bajo la inspiración del Espíritu Santo. El fijarlas en su corazón y visualizarlas en su mente, desarrollando un plan de acción y moviéndose hacia adelante sin desconfianza, les llevará de un éxito que conduce a otro. Y poco a poco se convertirá en todo y más de lo que soñaron.

Sigan modelos rectos

En segundo lugar, se debe evitar la ceguera de la mente siguiendo los modelos de justicia. Hace varios años, en una conferencia general, el presidente Kimball citó estas palabras de Walter MacPeek:

Los hombres jóvenes necesitan un montón de héroes como Lincoln y Washington. Pero también es necesario tener algunos héroes cercanos. Necesita un hombre de imponente fuerza e integridad, en lo personal. Tiene que reunirse con ellos en la calle, caminar y acampar con ellos, sentirse lo suficientemente cerca de ellos para hacerles preguntas y hablar sobre cosas de hombre a hombre con ellos. [Ensign May 1976, p. 47]

Lo mismo podría decirse de las mujeres jóvenes. Todos nosotros, al parecer, necesitamos la fuerza y el aliento que sólo un modelo a seguir puede proporcionar.

Hay momentos en que el camino se vuelve borroso por delante en la mente de uno. Tal vez el objetivo está demasiado fuera de la vista, o los obstáculos sobre los que hay que saltar bloquean nuestra visión y dan lugar a la sensación, «no puedo hacerlo.» En momentos como este un héroe puede llegar al rescate. Su aparición en la escena nos asegura en estas palabras implícitas: «Él lo hizo! ¡Y si él pudo hacerlo, yo también puedo! »

Usted debe ser muy cuidadoso en la selección de un modelo a seguir. Usted tendrá que elegir a alguien en quien pueda confiar, y no alguien con pies de barro. Usted tendrá que seguir a alguien que camine por la senda recta, no alguien que le llevará por caminos extraños.

Cuando pienso en el modelo, pienso en ese gran jefe el capitán Moroni. Se ha dicho de él:

. . . Si todos los hombres hubieran sido, y fueran y pudieran siempre ser como Moroni, he aquí, los poderes mismos del infierno se habrían sacudido para siempre; sí, el diablo jamás tendría poder sobre el corazón [y las mentes] de los hijos de los hombres. [Alma 48:17]

Me preocupé cuando leí los resultados de las encuestas de la universidad, como la llevada a cabo en la Universidad Brown hace unos años. Bajo el título «En busca de los Héroes» se informó que los políticos (algunos buenos y otros no tan buenos) y un doble de acción temeraria superaron al Salvador de la humanidad.

¡Usted debe ser muy afortunado en este campus donde los modelos fiables se encuentran en abundancia! Muchos miembros de la facultad de BYU han alcanzado altos honores en sus campos profesionales sin comprometer las normas o la entrega de un poco de fe. Sus ejemplos son fuente de inspiración, elevan, y son digno de emulación.

Me maravilla la sabiduría Helamán que está representada en el nombramiento de sus hijos. Como él les concedió los nombres de Nefi y Lehi, y les dio instrucciones:

. . . Os he dado los nombres de nuestros primeros padres que salieron de la tierra de Jerusalén; y he hecho esto para que cuando recordéis vuestros nombres, los recordéis a ellos; y cuando os acordéis de ellos, recordéis sus obras; y cuando recordéis sus obras, sepáis por qué se dice y también se escribe, que eran buenos.

Por lo tanto, hijos míos, quisiera que hicieseis lo que es bueno, a fin de que se diga, y también se escriba, de vosotros, así como se ha dicho y escrito de ellos. [Helamán 5: 6-7]

Sí, insto a evitar la ceguera de la mente siguiendo los modelos de justicia. Llevar a cabo este modelado con las palabras del Salvador en mente:

«. . . Por lo tanto, ¿qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy.» (3 Nefi 27:27).

Cultive los dones

En tercer lugar, se debe evitar la ceguera de la mente al descubrir y cultivar los dones. Pablo aconsejó a Timoteo: «No descuides el don que hay en ti» (1Timoteo 4:14). El Apóstol puede haber dicho esto en referencia a la atribución del sacerdocio y las bendiciones. Yo personalmente creo, sin embargo, que hay una aplicación más amplia.

Si no me equivoco, uno de los propósitos de esta universidad y de otras universidades, es ayudar a los estudiantes a descubrir sus talentos, intereses y habilidades especiales. Tales descubrimientos pueden llegar fácilmente y temprano; otros pueden surgir dolorosamente y mucho más tarde. Pero la búsqueda debe continuar.

Un precioso tiempo y energía pueden ser desperdiciados si en el sondeo de los dones, uno no es honesto consigo mismo. Hay una máxima que advierte: «No se puede llevar una carga de caballería, si crees que te ves gracioso en un caballo, entonces pospón la carga «(Leyes de Gestión de Spiegel). Yo añadiría, es mejor vender el caballo y tratar de llevarlo a cabo de alguna otra manera.

Sospecho que muchos de ustedes se han preguntado dónde estaba cuando se distribuyeron los talentos. Tal vez incluso sientan que fueron pasados por alto por completo. A veces he envidiado los dones evidentes en la vida de otros. Me he preguntado por qué no he recibido más de una dotación. Pero como he estudiado este tema y mi conocimiento de los dones ha aumentado, me he arrepentido de sentimientos pasados, porque sé que «a cada hombre [y la mujer] se da un don por el Espíritu de Dios» (Doctrina y Convenios 46: 1. También sé que todo hombre y mujer tiene su propio don de Dios (1 Corintios 7:7). Por otra parte, sé que algunos dones pueden darse en abundancia (Doctrina y Convenios 46:29).

Nos encontramos en la Sagrada Escritura con más que una invitación informal para obtener dones espirituales. Se nos dice que debemos desear los dones espirituales, buscar los mejores dones, echa mano de toda buena dádiva, y aplicar a nosotros mismos nuestro propio don (1 Corintios 14: 1; Doctrina y Convenios 46: 8; Moroni 10:30; Doctrina y Convenios 8:4).

Los dones no son emitidos libremente en el viento. Ellos deben buscarse, deben ser cultivados, deben ser utilizados en beneficio de los demás, porque esa es la condición por la que se conceden. Siempre debemos tener en cuenta que ellos están reservados para aquellos que aman a Dios y guardan sus mandamientos.

¿Es posible que un don permanezca latente dentro de ti? Tal vez ustedes no han excavado con suficiente profundidad dentro de los recovecos de su alma para descubrir el «oro» que reside allí. Tal vez ustedes no han prestado suficiente atención a los indicios sutiles del Espíritu que proporcionan pistas sobre los poderes especiales e interiores.

Cuando un hombre ignora la dimensión espiritual de su alma, se une a sí mismo con las debilidades de la carne. Pero cuando reconoce la chispa divina dentro de sí y permite que esa chispa encienda los fuegos celestiales, poderes casi ilimitados se desataran. Moisés no se convirtió en el gran libertador hasta que los poderes espirituales fueron encendidos en su interior; José Smith, el joven granjero, no se convirtió en el profeta de la Restauración hasta que buscó la luz y de la verdad; nunca nos elevaremos a las santas alturas hasta que busquemos los dones que magnificarán nuestras capacidades físicas, mentales y espirituales.

Evitar la dureza del corazón

En cuarto lugar, se debe evitar la dureza del corazón mediante la obediencia a los mandamientos de Dios. Un gran hombre dijo en este campus:

A veces pensamos en la ley como lo contrario de la libertad. Pero eso es una falsa concepción. . . Dios no se contradice a sí mismo. Él no creó al hombre y luego, en el último momento, le imponen una serie de reglas arbitrarias, irritantes, restrictivas. El hizo al hombre libre y luego le dio los mandamientos para mantenerlo libre.

No podemos romper los diez mandamientos. . . Dios quiere que seamos libres. . . Él nos dio el poder de elección. [Cecil B. DeMille, «el mayor entendimiento,» BYU discurso central 31 de mayo de 1957]

Considero cada ley y cada mandamiento como una expresión del amor divino de Dios. Él nos amó lo suficiente como para permitir algunos «no harás». Y en ocasiones simplemente nos ha desafiado a ejercer juicio y utilizar la sabiduría. Todo es hecho por un Padre amoroso que advierte a sus hijos (Doctrina y Convenios 89: 4).

Con cada mandamiento hay dos certezas: (1) una bendición prometida a los obedientes; (2) una maldición o la pérdida de la bendición a los desobedientes (Deuteronomio 11: 26-28). Es simple y sencillo. La elección se nos deja a nosotros.

Ustedes que están sentando las bases de futuros trabajos o profesiones necesita conservar en la memoria la promesa predicada sobre su fidelidad, que el Señor ha declarado: «Yo. . . estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; más cuando no hacéis lo que digo, ninguna promesa tenéis » (Doctrina y Convenios 82:10). Ustedes pueden ir más allá de sus capacidades naturales; pueden acelerar su aprendizaje si viven de acuerdo con los mandamientos de Dios.

En los últimos meses un ataque satánico ha sido lanzado contra los hombres y mujeres jóvenes de esta Iglesia. Los líderes de este ataque son en gran parte los apóstatas que buscan hacer infeliz a la gente. Se burlan de los convenios sagrados y ordenanzas de salvación. Se sientan en edificios amplios, hinchados en el orgullo del mundo y tientan a los jóvenes más vulnerables a creer que su sabiduría del mundo es superior a la religión revelada.

Tengan cuidado con este tipo de víboras, carteristas de la fe. Pretenden destilar sobre vosotros verdades correctivas, cuando en realidad están agitando «vapores de tinieblas», que sólo sirven para ojos ciegos, que endurecen el corazón, y conducen las almas preciosas a apartarse del Dios vivo y verdadero (1 Nefi 12:17). Si hay virtud en esa oposición, se me hace muy difícil de identificar. Podría estar relacionado con este pensamiento inspirado:

Un barco, como el ser humano, se mueve mejor a través el viento, solo tiene que mantener sus velas apretadas y seguir su curso. Los barcos, al igual que los hombres, tienen un pronóstico desalentador cuando el viento está directamente detrás, empujándolos descuidadamente de su camino, por lo que no se requiere cuidado en la dirección o en el manejo de las velas; cuando el viento parece favorable, y sopla en la dirección que uno se dirige, en realidad es destructiva, ya que induce a una relajación de la tensión y habilidad. Lo que se necesita es un poco de viento en oposición a la nave, ya que entonces la tensión se puede mantener, y luego puede fluir y las ideas pueden germinar, los buques, como los hombres, deben responder al desafío. [James A. Michener, Chesapeake (Nueva York: Fawcett Crest, 1978), p. 566]

Me gustaría que recuerden que el pecado, la ignorancia y el error tienen una influencia en el endurecimiento del interior del corazón hombre, mientras que la obediencia, el conocimiento, la verdad y libertad del alma pueden alcanzar alturas de grandeza. En verdad los justos son los favoritos de Dios (1 Nefi 17:35). Yo diría mirad a Dios, guardad sus mandamientos, y vivid.

Obedecer a los padres y líderes

En quinto lugar, se debe evitar la dureza del corazón mediante la obediencia a los padres y los líderes del sacerdocio que tienen más de un interés casual en ti. Desde la antigüedad este requisito ha aparecido en los libros:

«Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.» (Éxodo 20:12).

Una declaración más reciente dice:

«Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo.

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa.» (Efesios 6: 1-2).

Tenga en cuenta las palabras «en el Señor.» Interpreto esto como que un hijo o hija está obligado a sostener y obedecer a los padres sólo en la justicia. El injusto dominio en las relaciones entre padres e hijos, siento que es tan condenable como lo es en las relaciones entre esposos. Uno realmente no mantiene al otra cuando se ve comprometida la bondad.

Permítanme ilustrar este punto. Un joven de fe práctica con diligencia se convirtió en un campeón de natación. Se destacó hasta el punto en que le ofrecieron becas de muchas universidades. Uno a uno las rechazó. Su padre le preguntó: «Hijo, ¿por qué no aceptas una de estas becas?»

«No puedo,» contestó el chico. «iré a una misión. No sería honesto aceptar una y luego dejarla antes que termine el año».

Con rabia el padre gritó: «¿Cómo puedes ser tan tonto? ¡Estás desechando la oportunidad de su vida!»

«Lo siento, papá,» el chico añadido con respeto, pero me tomo en serio lo que dijo el Señor acerca de su retorno. Y, cuando él venga, que no quiero que me encuentre en la piscina practicando de espalda».

No quiero dar la impresión de que el consejo de los padres está generalmente mal dirigido. Este no es el caso. En general, los padres le darán un abogado que sea fiable. Está provocado por el amor genuino y dado con sus mejores intereses en mente.

Lo mismo se aplica a la dirección dada por los líderes de la Iglesia. Ellos también tienen interés en su bienestar. Su función es la de servir como pastores de la grey.

Tal vez deberíamos ver la obediencia a los padres como un deber preparatorio. Pablo dijo:

Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban y los reverenciábamos, ¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? [Hebreos 12: 9]

El amor de los padres es parecido al amor de Dios. La obediencia a los padres, en el Señor, ablandará el corazón y nos hará más receptivos a la voluntad de Dios.

Obedecer el ritmo eterno

En sexto lugar, y, por último, se debe evitar la dureza del corazón obedeciendo el ritmo eterno. Con esto quiero decir que hay una secuencia ordenada de eventos en esta vida que no deben ser alterados. El poeta lo expresó de esta manera:

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:

Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado. [Eclesiastés 3: 1-2]

Yo añadiría: un tiempo para servir en una misión, un tiempo para casarse, un tiempo para explorar los campos de aprendizaje, y un tiempo para especializarse. Sus profesores querían que diga: un tiempo para estudiar, un tiempo para jugar, un tiempo para asistir a clase, y un tiempo para estar en la biblioteca.

El presidente Kimball ha abordado este tema. Sus palabras son:

Todo joven puede contar con las bendiciones que desea en la vida si organiza la misma de tal modo que pueda ser dueño y señor de sus hechos y pueda controlar su futuro, viviendo las experiencias necesarias en el debido orden y secuencia: primero, algunas relaciones sociales limitadas, inmediatamente después, su misión; al término de la misión le corresponde el período del cortejo, después del cual debe establecerse la meta del casamiento en el templo; y finalmente, luego del casamiento podrá finalizar los estudios si no lo hizo antes, y dedicarse a su trabajo y familia. Si esta planificación se llevara a cabo en cualquier otra secuencia, la persona podría verse envuelta en dificultades. [«La decisión de casarse», Liahona, febrero de 1975 p. 4]

Tal vez usted está familiarizado con esta cuenta espléndida y estimulante:

Recordé una mañana cuando descubrí un capullo en la corteza de un árbol, una mariposa estaba haciendo un agujero preparándose para salir. Esperé un rato, pero la espera era demasiado larga y yo estaba impaciente. Me incliné sobre ella y respiré en ella para que se calentara. La calenté lo más rápido que pude y el milagro comenzó a suceder ante mis ojos, la mariposa comenzó lentamente a arrastrarse hacia afuera y nunca olvidaré mi horror cuando vi cómo sus alas se plegaban hacia atrás arrugadas; la infeliz mariposa trataba con todo su cuerpo tembloroso desarrollarse. Inclinándome sobre ella, traté de ayudarla con la respiración. Fue en vano. Tenía que ser incubada con paciencia y el despliegue de las alas debía ser un proceso gradual en el sol. Ahora era demasiado tarde. Mi respiración había obligado a la mariposa a aparecer, toda arrugada, antes de su tiempo. Luchó desesperadamente y, unos segundos más tarde, murió en la palma de la mano.

Ese pequeño recuerdo es, yo creo, el mayor peso que tengo en mi conciencia. Creo que es un pecado mortal violar las grandes leyes de la naturaleza. No debemos apurarnos, no hay que ser impacientes, sino que debemos obedecer con confianza el ritmo eterno. [Nikos Kazantzakis, Zorba el griego (Nueva York: Ginn and Company, 1953), p. 120-21]

Palabras finales

A principios de esta presentación he compartido con ustedes una conversación del campo de remolacha que tuve con mi presidente de estaca hace años. Ustedes recordarán que he rechazado su oferta de $ 100.000 por diez años de mi vida. Esos años entre los dieciocho y los veintiocho han ido y venido como un sueño en la noche. ¿Tiene alguna idea de lo que habría perdido si hubiera estado dispuesto a vender diez años de mi vida?

* Dos años de servicio militar en la Segunda Guerra Mundial, un precioso tiempo de prueba.

* Casi tres años en la Misión de Palestina y Siria, una experiencia de valor eterno.

* Cuatro años en la Universidad de Utah, un aprendizaje valioso y la hora de la preparación.

* Mi primer año de enseñanza en las escuelas públicas.

* Y acunado dentro de todo esto el matrimonio con mi novia de la infancia y el nacimiento de una hija y un hijo.

¿Se puede poner un valor monetario a estos años de formación? ¡No! Ellos no tienen precio.

¿Cuánto significan para usted los próximos diez años? Aunque mi tiempo se está acabando y el suyo está apenas comenzando, no voy a ofrecer comprar lo que es suyo. Yo, sin embargo, le advierto en el espíritu de querer ayudarlos a protegerse contra el despilfarro y derroche, y la pérdida de sus privilegios. He sugerido que hay que luchar enérgicamente contra dos malas condiciones, «la ceguera de la mente» y «dureza de corazón». Esto se puede hacer, como he propuesto, mediante el establecimiento de objetivos, siguiendo modelos de justicia, descubrir y cultivar los dones, obedecer los mandamientos de Dios, la obediencia a los padres y los líderes de la Iglesia, y obedeciendo el ritmo eterno.

En las palabras de un himno:

El tiempo vuela en las alas de un rayo;
No podemos llamar de nuevo;
Se trata, de seguir hacia adelante
A lo largo de su trayectoria;
Y si no somos conscientes,
la probabilidad se desvanece;
Porque la vida es rápida.
Es Como un solo día.
[RB Baird, Himnos, no. 73]

Deben seguir adelante con fe y firme resolución, y hacer todo lo que sea necesario para evitar esas «tristes palabras habladas o escritas. . . «Podría haber sido» (John Greenleaf Whittier, Maud Muller, 1856). Ésta es mi oración en el nombre del Señor, Jesucristo. Amén

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Tres preguntas.

Ensign, enero, 1984

Tres preguntas.

Élder Carlos E. Asay

Un antiguo profeta dijo a una audiencia muy parecida a los reunidos aquí esta noche, «. . . hablo por vía de mandamiento a vosotros que pertenecéis a la iglesia; y por vía de invitación os hablo a los que no pertenecéis a ella. . . » (Alma 5:62).

Mi mensaje tiene como finalidad suscitar dentro de los corazones de los miembros de la Iglesia el añadir respeto por el Rey de Reyes, aun Jesucristo. Espero que este aumento de reverencia provoque una mayor lealtad a Cristo. Al mismo tiempo, quiero compartir con nuestros invitados el conocimiento acerca del Cristo que «ilumine [su] entendimiento». (Alma 32:28) No tenemos nada de mayor valor que compartir con usted las verdades reveladas de él es el centro de nuestra fe, el Salvador del mundo.

Incluidos en el Nuevo Testamento se encuentran tres cuestiones de importancia vital. El primero fue formulado por Jesús en la región de Cesarea de Filipo, cuando dijo a sus discípulos:

«¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» (Mateo 16:13).

La segunda pregunta, Jesús preguntó a los fariseos:

«¿Qué pensáis del Cristo?» (Mateo 22:42)

La tercera fue expresada por Pilato:

«¿Qué, pues, haré con Jesús, que es llamado el Cristo?» (Mateo 27:22)

Estas tres preguntas son importantes porque lo que decimos, pensamos, y lo que hacemos con Jesús el Cristo tendrá efectos sobre nuestras vidas. Si yo considero a Jesús solo como a un hombre inteligente, no tendría mucho sentido que lo siga. Sin embargo, si sé que él es el Hijo de Dios, sería absurdo ignorar sus enseñanzas y hacer alarde de sus mandamientos. Permitidme, por lo tanto, discutir una por una, estas preguntas con sus implicaciones eternas.

Cristo en un momento de su ministerio les preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» Ellos respondieron: «Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.» (Mateo 16:14) Al parecer, estaban los que creían en la reencarnación y que especulaban que él era un profeta de la antigüedad.

En cuanto a la pregunta planteada a los demás ese día, sospecho que algunos hubieran respondido: «¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María? ¿Puede salir algo bueno de Nazaret?» (Mateo 13:53-58)

En nuestro mundo moderno, muchos hombres dicen que Jesús fue un gran maestro y sabio, pero nada más. Algunos lo reconocen como un profeta. Otros podrían reconocerlo como un profeta, tal vez incluso el más grande. ¡Y otros dan testimonio de que él es más que un maestro, más que un profeta, mucho más!

Cuando Jesús dijo a Pedro: «¿quién decís que soy yo?» Pedro dio esta declaración emocionante de fe: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!» Esta respuesta agradó al Señor, porque dijo: «Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.» (Mateo 16:15-17).

Me resulta muy significativo que el «Padre que está en los cielos», se refiera a Cristo, anunciándolo al mundo como su Hijo en al menos cuatro ocasiones. En el momento del bautismo de Jesús en el río Jordán, una voz del cielo declaró: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.» (Mateo 3:17)

Esa misma voz habló palabras similares en el Monte de la transfiguración y en la Tierra de Abundancia. (Mateo 17: 5; 3 Nefi 11: 3, 7).

La última vez que Dios anunció a su Hijo fue hace sólo 163 años. Se produjo en un bosque en el estado de Nueva York, cuando José Smith se arrodilló y buscó conocimiento de lo alto. En respuesta a su humilde petición, se le aparecieron dos personajes que estaban por encima de él en el aire, y uno dijo, señalando al otro: «Este es mi Hijo Amado. ¡Escúchalo!» (José Smith-Historia 17).

La primera visión de José Smith disipó todas las dudas, misterios y conceptos erróneos acerca del Dios vivo y su hijo que se había acumulado durante siglos. Vio, oyó, y supo la verdad. Y aunque muchos lo vilipendiaron y ridiculizaron, audazmente declaró, «Yo efectivamente había visto una luz, y en medio de la luz vi a dos Personajes, los cuales en realidad me hablaron.» (JS-H 25)

La luz y la revelación que vino al profeta José Smith marcó el comienzo de una nueva dispensación de la verdad. La luz sustituyó a la oscuridad; el conocimiento empujó a un lado la ignorancia. Tenemos el privilegio de tomar el sol en la luz y el conocimiento. Por lo tanto, invitamos a los hombres y mujeres de todo el mundo a recibir la verdad revelada, ya que es la roca sobre la que se construye nuestra fe.

A lo largo de sus breves años públicos, los detractores de Cristo a menudo le tentaron haciéndole preguntas. Una vez «mientras que los fariseos estaban reunidos,» Jesús cambió de función y convirtió su pregunta en otra pregunta «¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?» (Mateo 22: 41-42).

Cuando pienso en Cristo, mi mente se vuelve hacia el Niño de Belén. Su madre era una mortal, llamada María «Una virgen, más hermosa y pura que toda otra virgen.» (1 Nefi 11:15) De su madre, Jesús heredó los poderes de la mortalidad y la posibilidad de morir. Su padre, sin embargo, era Dios; de su Eterno Padre, Jesús heredó los poderes de la inmortalidad, la habilidad de vivir de nuevo después de la muerte. Sí, Jesús era el Hijo Unigénito de Dios en la carne según lo declarado por él mismo y por otros testigos. Él era «el verbo [que] se hizo carne, y habitó entre nosotros.» (Juan 1:14)

Cuando pienso en Cristo, mi mente se vuelve también al niño de Nazaret, que «crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría. Y la gracia de Dios estaba sobre él» En el ojo de mi mente, lo veo cada vez mayor en estatura y en gracia para con Dios y el hombre. Lo veo preparándose para estar en los negocios de su Padre. (Lucas 2:40, 49, 52).

Cuando pienso en Cristo, mi mente se vuelve aún más al hombre de Galilea, el hombre que había hecho las señales poderosas, que predicaban las verdades, y que invitó a hombres y mujeres a seguir sus pasos. Creo que uno de cuyo amor era infinito, cuya vida fue impecable, y cuyas enseñanzas fueron divinas.

Cuando pienso en Cristo, mi mente se vuelve al Rey en el Calvario. En las palabras de un himno:

«Pienso en sus manos perforadas y sangrado para pagar la deuda!

¿Tal misericordia, tal amor y la devoción pueden olvidarlo?

No, no, voy a alabar y adorar en el propiciatorio

Hasta en el trono glorificado Me arrodillo a sus pies”.

(«Asombro me da», Himnos, núm. 80.)

Los Santos de los Últimos Días no sólo piensan, sino que saben que no hay «otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente.» (Mosíah 3:17) proclamamos que, a través de su muerte y resurrección, el don de la inmortalidad se extiende a todos los hombres. Este don de la gracia provee a todos los hijos de Dios que han vivido en esta tierra la seguridad de vivir para siempre en un estado resucitado. Él ha roto las ligaduras de la muerte física; ha quitado el miedo a la tumba. (1 Corintios 15:55). Damos fe de que «hay una resurrección; por tanto, no hay victoria para el sepulcro, y el aguijón de la muerte es consumido en Cristo.» (Mosíah 16: 8).

Por otra parte, pensamos y sabemos que Cristo nos ofrece a todos «el más grande de todos los dones de Dios», que es la vida eterna. (Doctrina y Convenios 14:7) La vida eterna es la vida de Dios; y que comparte con los que obedecen las leyes del evangelio. Se administra a aquellos que desarrollan la fe, se arrepienten de todos sus pecados, son bautizados, y reciben el don del Espíritu Santo, y perseverar fielmente hasta el final. Se ofrece a través de la expiación de Cristo, porque él tomó sobre sí los pecados de toda la humanidad, proporcionándolo a todos los hombres que se arrepienten.

Nosotros creemos y sabemos que Cristo es un Salvador vivo. Su vida no terminó en el Gólgota. El ministró durante cuarenta días después de su resurrección entre sus discípulos en la Tierra Santa. Se dieron muchas pruebas infalibles de esta verdad. (Hechos 1:1-14) También ministró a los ancianos de Estados Unidos después de su crucifixión. Un registro de esta visita se encuentra en el Libro de Mormón un segundo testigo de Cristo. Y lo más emocionante de todo, él y su padre se revelaron al joven José Smith. Al hacerlo, le dieron la seguridad de que un alma en los tiempos modernos es tan valiosa como un alma de años anteriores.

De todas las preguntas acerca de Cristo, sin duda una de las más críticas es la que Pilato preguntó: «¿Qué, pues, haré con Jesús, que es llamado el Cristo?» (Mateo 27:22). En última instancia, a cada uno de nosotros se nos requerirá proporcionar una respuesta y vivir de acuerdo con ella.

Pilato trató de evitar el tema por completo mediante el lavado de sus manos. (Mateo 27:24) Traicionó el papel de un juez. Nosotros, también, lavamos nuestras manos de él y traicionamos su causa, cuando nos alejamos de sus enseñanzas.

La multitud gritó ante los gobernantes, «¡Sea crucificado!» (Mateo 27:22). Nos preguntamos cómo pudieron haber sido tan duros y tan ciegos. ¿Sin embargo, no le crucificamos de nuevo cuando pecamos sin motivo y lo colocamos en vituperio?

Algunos de los primeros discípulos de Cristo considerado sus estrictas palabras y sus altas expectativas, se fueron y siguieron a la multitud por caminos más fáciles. «Vamos lejos» también cuando abandonamos las verdades del Señor y llegamos a ser tragados por los caminos del mundo. (Juan 6: 66-69)

Un hombre llamado Simón se vio obligado a llevar la cruz de Cristo al Calvario. (Mateo 27:32) Él ciertamente recibió una recompensa justa. Debemos preguntarnos si nuestro discipulado está dispuesto y lleno de deseo de obedecerle, o si llevamos nuestra cruz de una manera forzada y de mala gana.

Una mujer que amaba al Señor ungió su cabeza con ungüento precioso mientras se sentaba a la mesa. Algunos discípulos cuestionaron la economía del acto. Pero el Salvador explicó: «lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura.» Él predijo «que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella.» Mateo 26.: 12-13)

No podemos hacer por Cristo precisamente lo que hizo María. Podemos, sin embargo, vestir, visitar, alimentar y hacer el bien a los demás. Tal servicio cristiano va a ganar para nosotros estas palabras de aprobación del Rey de Reyes: «en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.» (Mateo 25:40). ¿Hay algo mayor que estas palabras de aceptación?

Pocas palabras son más inspiradoras que las pronunciadas por Pedro cuando el Señor le preguntó: «¿También vosotros queréis iros?» Pedro respondió: «Señor ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.» (Juan 6:67-69) No había ninguna duda acerca de lo que Pedro pensaba hacer con Jesús.

Cuando Pilato estaba en esta etapa de la vida, y se preguntaba qué hacer con Cristo, escuchó las voces de una multitud enfurecida y consintió en su muerte. ¿Ahora que estamos en el centro del escenario, que impulsos vamos a seguir? En las alas de nuestro escenario, profetas del pasado y el presente nos están pidiendo a nosotros «acudir a Dios y vivir» (Alma 37:47), y «buscar a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles» (Éter 12:41), para degustar y conocer de «la bondad de Jesús», y para ser hombres y mujeres de Cristo.

A partir de las fuentes anteriores, oímos el llamado del Buen Pastor, «Venid y ved» (Juan 1:39); «Yo soy la vid verdadera. . . Permaneced en mí» (Juan 15:1,7); «Guarda mis mandamientos» (Juan 15:10).

Las tres preguntas acerca de Cristo, que he discutido no son triviales. Ellas son profundas y dignas de nuestra consideración en oración. Requieren de nuestro serio examen de conciencia.

Mi esposa y yo fuimos invitados a participar en una charla fogonera en la isla de Mauricio en el Océano Índico. Mientras estaba dando mi testimonio, una niña de catorce años, frágil en una silla de ruedas se colocó directamente en frente de mí. Fijó sus bellos ojos oscuros sobre mí y no volvió la mirada mientras hablaba. Inmediatamente después de la reunión, se acercó aún más y en su insipiente inglés preguntó: «¿Usted habla con Dios?» Le respondí: «Sí, lo creo. Oro y leo las Escrituras todos los días. «Y añadí,» considero mis oraciones y lectura de las Escrituras como conversaciones diarias con la deidad.

Ella sacudió la cabeza y dijo: «¡No! Eso no es lo que quería decir. Lo ha visto; ¿ha oído su voz?», le indique que su «voz apacible y delicada» (1 Reyes 19:12), había entrado en mi mente en muchas ocasiones.

Tal vez mis respuestas no fueron completamente satisfactorias a mi pequeña amiga de Mauricio. Es posible que ella esperara más de mí. Aun así, la conversación me hizo para evaluar la profundidad de mi fe y para reflexionar sobre mi posición delante de Dios.

Soy consciente de que nos pusieron en la tierra para ganar experiencia, para ser probado, y caminar por la fe. Ustedes recordarán que Tomás, uno de los Doce, dijo del Cristo resucitado, «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto mi dedo en el lugar de los clavos y meto mi mano en su costado, no creeré.» (Juan 20:25).

El Salvador quitó las dudas de Tomas invitándole a tocar las heridas. Sin embargo, el Salvador enseñó: «Porque me has visto, Tomás, has creído; bienaventurados los que no vieron y creyeron.» (Juan 20:29).

Sí, he caminado por donde Jesús caminó. He bañado mis pies en las costas de Galilea; He probado las aguas del pozo de Jacob, donde Jesús habló a la mujer de Samaria; He orado en Getsemaní; y he adorado en silencio ante la tumba del jardín. Cada lugar agita mi alma y me ha hecho sentir su santa presencia.

Pero yo no lo he visto en esta vida, ni he hablado con él cara a cara. Sé, sin embargo, que vive y que él me ama. A través del poder del Espíritu Santo puedo dar fe de que lo conozco como si lo hubiera visto con mis propios ojos y oído su voz con mis propios oídos. Tengo en mi corazón el deseo expresado por un discípulo anterior: «Me regocijo en el día en que mi ser mortal se vestirá de inmortalidad, y estaré delante de él; entonces veré su faz con placer.» (Enós 1:27).

El gran misionero Pablo nos dio a entender que «nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y nadie puede afirmar que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo.» (1 Corintios 12:3).

Podemos buscar la compañía del Espíritu Santo y prepararnos para que podamos decir con convicción, «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16:16), para que podamos pensar en él como «el camino, la verdad, y la vida » (Juan 14:6), y que podríamos hacer su voluntad y guardar sus mandamientos.

Doy testimonio, a través de estas palabras prestadas, «Él fue el único hombre perfecto, el ideal de la humanidad; Su doctrina la enseñanza absoluta. El mundo no ha conocido nada igual. Y el mundo ha poseído, no por el testimonio de las palabras, sino por la evidencia de los hechos.» (Alfred Edersheim, La Vida y tiempos de Jesús el Mesías, Vol. 1, Longmans, Green, and Co., Londres, 1903, p. 180.)

En el nombre de Jesucristo, amén.

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Hilos de Lino

Universidad Brigham Young el 7 de febrero 1982,  

Hilos de Lino

Élder Carlos E. Asay

Doy gracias al presidente Condie por esa generosa presentación. Fue tan halagador que me recuerda a una experiencia que tuve recientemente con el presidente Marion G. Romney. Entré en el edificio de Oficinas de la Iglesia, entré en el ascensor, y él estaba allí. Se veía un poco cansado, así que pensé que pensé en animarlo. Le pregunté cómo estaba.

Él dijo: «Oh, en la media.»

Le dije: «Bueno, presidente, la media para usted es superior para la mayoría de nosotros.»

Él sonrió, me miró, y dijo: «Muchacho, eres muy amable, pero no eres en nada honesto.»

Presidente Condie le mencionó que estoy un poco más a gusto en una cancha de baloncesto, o al menos eso solía ser. Desde que salí de la Universidad de Utah hace años, he intentado mantenerme en forma. Seguí jugando al baloncesto en un esfuerzo por conservar mis habilidades. Pero sufrí una lesión y tuve que someterse a una operación en la espalda. La operación fue una tortura, y el largo período de convalecencia de la misma. Por último, cuando el médico estaba dispuesto a renunciar a liberarme, le pregunté si podía jugar al baloncesto otra vez. Me miró, sonrió un poco, y dijo: «Carlos, te vas a casa, y lee 1 Corintios 13:11.»

Volví a casa, abrí la Biblia y leí:

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Eso fue suficiente para retirarme.

Es un placer y un gran honor, mis hermanos y hermanas, estar en su presencia esta tarde; y espero y ruego para que el Espíritu del Señor me ayude a entregar el mensaje que tengo en mente.

Atado con hilo de lino

He invitado a dos jóvenes, personas mayores Brockman Robey, para que me ayude a presentar mi tema. Por favor den un paso adelante. Ustedes notarán que ambos tienen sus muñecas atadas. Aunque es posible que no puedan ver el material que he utilizado en la unión de mis amigos, es el mismo para cada uno.

Las muñecas de Robey están atadas con una sola hebra de material de lino. Ahora voy a invitarlos a reunir toda su fuerza y coraje y liberarse. (Pausa) ¿Se dio cuenta de lo fácil que era y sin esfuerzo?

Las muñecas de Brockman están atadas con veinte hebras de hilo de lino. Ahora le pido que haga lo que hizo Elder Robey. (Pausa) Si vienen cerca del púlpito, se darán cuenta que mi cautivo realmente está tratando de romper sus cuerdas. También observo que, mientras se esfuerza por romper el hilo, se está empezando a hacer muescas en sus muñecas, y, si continua, creo que se cortara y comenzara a salir sangre. Muchas gracias.

Obligado por hábitos

Os he participado en esta demostración simple de hacer un punto. Supongamos que cada hebra de hilo utilizado en la unión de estos jóvenes representa un mal hábito. A partir de la manifestación, podemos concluir que un solo mal hábito ha limitado la restricción de energía. Una serie de malos hábitos, sin embargo, tiene un gran poder casi ilimitado.

«Las cadenas del hábito», dijo un hombre, «son demasiado pequeñas para ser detectadas hasta que son demasiado fuertes para ser rotas» (Samuel Johnson).

Platón, se dice, una vez reprendió a una persona por participar en un juego de azar. Cuando la persona se quejó de que sólo había jugado un poco, Platón respondió: «El hábito no es un poco» (Libro Inicio de Citas, Burton Stevenson (ed) [Nueva York: Dodd, Mead, 1956] P 845).

Cuando enseñaba en esta institución, trabaje con estudiantes que eran flojos, o estaban fallado. Y los que vinieron con un propósito, resolución, y buenos hábitos de trabajo. Los que flojeaban aparecieron en escena un semestre o dos y se cambiaron a algo menos difícil cuando sus calificaciones finalmente los atraparon.

Me parece que la mayoría de los fracasos fueron encadenados por los malos hábitos. Algunos no tenían la costumbre de asistir a las clases con regularidad; algunos no tenían el hábito de la lectura de textos requeridos; algunos presentaban habitualmente tarde sus asignaciones de trabajo; y algunos ni siquiera estaban condicionados a trabajar. En demasiados casos, lo que me pareció, una debilidad pareció dar pie a otro, y lo que parecía al principio ser un hábito de lino demostrado ser un cable de inhibición fuerte.

Un proverbio español dice lo siguiente: «Los hábitos son telarañas en un primer momento, y luego son cables.» Sospecho que la mayoría de los estudiantes que vienen aquí lo hacen con la intención más pura. Se registran, seleccionan sus cursos de estudio, y asisten a sus clases con grandes esperanzas de alcanzar sus objetivos. Sin embargo, cuando uno se vuelve descuidado, cuando uno se permite resolver a ceder, los hábitos holgados aparecen, y les sobreviene una anemia académica. Esta enfermedad viene mediante por el desinterés al aprendizaje y el crecimiento es ahogado por los cables fuera de la inactividad intelectual.

Hace más de una década, un joven escribió el presidente Ernest L. Wilkinson de esta institución y le preguntó qué debía hacer para ser un líder exitoso. El presidente Wilkinson le respondió con un sabio consejo. Se incluye en su consejo esta cita del filósofo y psicólogo William James:

El infierno que soporte en adelante, de los cuales dice la teología, no es peor que los demonios que hacemos nosotros mismos en este mundo por la configuración de nuestros personajes habitualmente en el camino equivocado. Cada tilde de virtud o de vicio deja su pequeña cicatriz. El borracho Rip Van Winkle, en la obra de Jefferson, se excusa por cada incumplimiento diciendo: «No voy a contar esta vez» ¡Bueno! Puede que no lo cuente, el cielo puede no contarlo; pero está siendo contado, no obstante. Abajo nerviosas entre sus células y fibras de las moléculas se están contando, su registro y su almacenamiento para ser utilizados en su contra cuando llegue la próxima tentación. Nada de lo que hacemos es, en estricta literalidad científica, aniquilado. [Nota de Ernest L. Wilkinson a Bryce V. Redd 2 Mar. 1971, pp. 2-3. Citado de James, William, Principios de psicología, Grandes Libros del Mundo Occidental, vol. 53. Chicago: Enciclopedia Británica de 1952]

Les recuerdo «llevar paquetes de hábitos al caminar» y que existe una relación entre los pensamientos, acciones, hábitos y el carácter. Al leer del lenguaje de la Biblia bien podríamos decir: «El pensamiento engendró acción; y la acción tomó para sí el hábito; el carácter nació de la costumbre; el carácter se expresó a través de la personalidad. Y, carácter y personalidad viven a la manera de sus padres».

Una forma más convencional de vincular los conceptos anteriores se encuentra en las palabras de CA Hill: «Sembramos nuestros pensamientos, y cosechamos nuestras acciones; sembramos nuestras acciones, y cosechar nuestros hábitos; sembramos nuestros hábitos, y personajes; sembramos nuestros personajes, y cosechamos nuestro destino. «(Libro Inicio de Citas, Pág. 845).

El carácter misional nace de la costumbre

Me he referido a menudo y predicado del «carácter misionero» del personaje más deseado de todos, en mi opinión. Este personaje, que siento, es la suma de todos los buenos hábitos adquiridos a través del servicio desinteresado día a día y una vida obediente. Se moldea lentamente, como el embajador de la justicia comparte el evangelio de Jesucristo y trata de salvar almas.

Como misioneros completaron su trabajo en la Misión del Norte de Texas, donde serví, los invitó a sentarse, para reflexionar, y para enumerar todos los hábitos que sentían que habían adquirido durante sus términos de servicio. La mayoría de las listas incluirían frases como esta:

* La costumbre de levantarse y retirarse temprano.

* La costumbre de orar con frecuencia.

* El hábito de estudiar las Escrituras con regularidad.

* El hábito de hacer ejercicio todos los días.

* El hábito de trabajar duro, constantemente.

Cuando la lista se completa, le pediría al misionero identificar aquellos hábitos que sentía que debía romper y desechar tras su regreso a casa y su posterior relevo. Casi todos los misioneros echarían un ojo a su lista cuidadosamente y responderían algo como esto: «presidente, puedo ver sólo un hábito que me puedo permitir colocar a un lado.»

«¿Qué es eso?», Me pregunto.

Invariablemente, el misionero llegaría a la conclusión, «Puedo dejar caer mis hábitos diarios.»

Si el carácter es realmente nacido de la costumbre y es vital que todos entendemos el proceso de formación de los hábitos. Y no sólo el proceso, sino que aplícalo, nos permitirá afinar el carácter, y también nos asegurará el éxito en nuestras misiones en el campo misional, en el hogar, en la escuela, o donde sea.

Pasos para los buenos hábitos

Ahora, no soy un experto en el tema de las costumbres. Sin embargo, me gustaría compartir con ustedes algunos pasos que considero están involucrados en el cultivo de un hábito deseable.

En primer lugar, se debe definir el hábito deseado. Debe identificarlo, verbalizarlo, y anotarlo. Debe ser lo más específico posible. Por ejemplo, puede escribir: «Voy a asistir a todas mis clases este semestre y llegar a tiempo.» O: «Voy a asistir a los servicios religiosos de la Iglesia todos los domingos sin falta este año.» Las posibilidades de adquirir con éxito el nuevo hábito dependen tanto sobre la claridad con la que se planta en su mente y en su corazón. Las resoluciones difusas o vagas son generalmente de corta duración. Lo sabes tan bien como yo. Una declaración firme y definitiva de la intención tiene poder de permanencia. Josué no dijo a los hijos de Israel:

«Escoge, si quieres, el próximo mes o cuando sea, a quién serviréis. Pero en cuanto a mí y mi casa, es posible que, si todo va bien, serviremos al Señor «Con firme resolución y claridad de propósito, declaró.

Escogeos hoy a quién sirváis. . . pero yo y mi casa serviremos a Jehová. [Josué 24:15]

En segundo lugar, debe unirse a sí mismo para actuar y para cumplir con su voluntad declarada. Por medio del profeta José Smith, el Señor enseñó a los santos cómo beneficiarse de las reuniones y conferencias. Dio instrucciones de que los Santos se reunieran e instruyeran mutuamente; y, para que la instrucción no fuera un tiempo gastado y perdido, pidió que nos obligáramos a actuar. Las palabras del Señor son: «y os obligaréis a obrar con toda santidad ante mí» (Doctrina y Convenios 43:9). Siento que uno se une a sí mismo mejor que una acción deseada mediante el intercambio de su resolución con un amigo, con una mujer, con un marido, con un obispo, o con otra persona que pueda monitorear su progreso. También siento que uno encuentra la fuerza al compartir sus deseos con Dios y pide su ayuda divina.

En tercer lugar, hay que poner el nuevo modo de conducta en funcionamiento. Sólo de pensar en la iglesia o la asistencia a clase no es suficiente. Los pensamientos deben ser apoyados por acción. El viejo dicho «La práctica hace al maestro» ciertamente se aplica en este caso. Y con cada acción planificada y adecuada, una repetición tras otra, se entrega mayor resistencia. El presidente Heber J. Grant cito con frecuencia esta declaración de Emerson:

Lo que tratamos de hacer, y persistimos en hacer, se convierte en fácil de hacer, no porque haya cambiado su naturaleza, sino porque hemos desarrollado la habilidad para hacerlo. [Josías Gilbert Holanda (Timothy Titcomb, pseud.), De lámina de oro: martillado con Popular Proverbios (Nueva York: Charles Scribner, 1859), 291]

El presidente Grant practicaba lo que predicaba. Se dice que esta historia de cómo él trató de pulir algunas habilidades para el canto:

Tras mi reciente viaje a Arizona, me preguntó el Elder Rudger Clawson y J. Golden Kimball si tenían alguna objeción en cantar cien himnos ese día. Ellos lo tomaron como una broma y me aseguraron que estarían encantados. Nos quedamos en el camino desde Holbrook a St. Johns, una distancia de cerca de sesenta millas. Después de haber cantado cuarenta canciones, que me aseguró que si yo cantaba los sesenta restantes iban a estar seguro de tener postración nerviosa. Ciento quince canciones en un día, y cuatrocientos en cuatro días, es la mayor cantidad de prácticas que he hecho.

Hoy [1900] mi sordera musical está desapareciendo, y sentado a un piano y tocando las notas, puedo aprender una canción en menos de una décima parte del tiempo que se requiere cuando por primera vez comencé a practicar. [ GS, p. 354]

En cuarto lugar, deben reforzar su voluntad o deseo remarcando en su mente las virtudes de los hábitos deseados. Un hombre no adquiere el hábito de fumar saboreando el placer de fumar un cigarrillo. Sino más bien, gana en salud y estará libre del hábito. La motivación para bajar de peso viene por querer tener una buena apariencia y vitalidad, no por saborear alimentos calóricos y platos exóticos.

En las Escrituras, leemos de buenos deseos y voluntades. Alma enseñó:

Sé que él [Dios] concede a los hombres según lo que deseen. . . sí, sé que él concede a los hombres. . . según la voluntad de ellos. [Alma 29: 4]

Así que, cuando hayan tomado una determinación, y construido su voluntad. Recopile datos, identifique las razones, y haga todo lo posible para justificar su lucha en adquirir un nuevo hábito.

En quinto lugar, no debe mirar hacia atrás o permitir excepciones que se produzcan una vez que hayan iniciado el nuevo curso de acción. ¡Sin excepciones! Las famosas últimas palabras de un alcohólico son: «Sólo un trago más. Voy a beber sólo éste» ¿Puedes oír a la mujer de Lot diciendo, mientras corrían lejos de Sodoma,» Espera un minuto . . . déjame echar una mirada más a la ciudad» Eso fue un error fatal (Génesis 19: 15-26).

Una vez que hemos determinado el nuevo hábito o el patrón de mejora de la vida, debemos evitar cualquier inclinación a desviarnos. No hay excepciones, deben ser tolerante, no hay que inventar excusas. Por cada violación de nuestra nueva resolución volvemos al punto cero, o por debajo, y añadimos fuerza al comportamiento que estamos tratando de conquistar.

«. . . No mires tras ti. . . “(Génesis 19:17), fueron las palabras del Señor a Lot y su compañía, y esas palabras se aplican a ustedes y a mí a medida que tratamos de mejorar nuestra suerte.

Sexto, debes sumergirte de lleno en el nuevo programa de conducta. De todo corazón: No debes dejar de lado los viejos hábitos poco a poco ni muévete lentamente a otros nuevos. Eso no es disminuir los viejo hábitos, porque eso sólo sirve para prolongar la lucha. Eso también proporciona oportunidades para que los viejos hábitos aumenten su control. Los nuevos hábitos, si han de sobrevivir, se debe favorecer en todo lo posible y repetirlo en su forma completa con la mayor frecuencia posible.

He sugerido seis pasos que pueden ayudar a cultivar nuevos hábitos. Permítanme repasar el proceso de forma rápida: (1) Definir el hábito deseado, (2) se unen a sí mismo para actuar, (3) poner la nueva conducta en funcionamiento, (4) reforzar su voluntad o deseo, (5) no mirar hacia atrás, y (6) sumergirse de lleno en la nueva conducta.

De un pequeño paso a la vez

A medida que sigan estos pasos, por favor, tengan en cuenta la necesidad de tomar una decisión a la vez. El gran problema con la mayoría de nuestros propósitos de Año Nuevo es que la lista es generalmente demasiado larga y demasiado ambiciosa. Parece que nuestra tendencia a abandonar resuelve aumenta a medida que crece la lista. Creo que una determinación hecha y cumplida es mejor que una docena de hecho abandonados. Por lo tanto, deben avanzar en su progreso un paso, un hábito a la vez.

Encuentro sabiduría e inspiración en la letra de una canción escrita en honor a algunos astronautas de Estados Unidos. Usted puede reconocer estas palabras:

Un pequeño pasó para el hombre,

pero un gran salto para la humanidad.

No hay una cosa que el hombre no puede hacer,

si se toma un pequeño paso a la vez.

[R. Harris, «Un pequeño paso», cantada por el Coro del Tabernáculo Mormón, Columbia MS 7399]

También deben tener en cuenta la necesidad de tomar ventaja de su estado. Por favor, comprendan que todo el mundo se vuelve más y más fijo en sus hábitos cuando crecen. Mientras ustedes son jóvenes y relativamente maleable, formaran hábitos que van a trabajar en su favor en lugar de hábitos que los esclavicen. Haga todo lo posible para mantener la tendencia a crecer y mejorar.

Me gustan las palabras de Hubbard:

Puede que no sea fuera de lugar decir que todos los hombres (y toda mujer) son controlados por los hábitos. Cuando son jóvenes los hábitos son como cachorros de león, fáciles de manejar, pero más tarde llega un momento en el que se las arreglan. . . Los buenos hábitos son mentores, ángeles de la guarda, y los funcionarios que regulan el sueño, su trabajo, su pensamiento. [ Escritos selectos de Elbert Hubbard (Nueva York: William H. Wise, 1922), vol. 2., p. 195]

El pecado, el hermano de los malos hábitos

Al principio de esta presentación, llevé a cabo una demostración sencilla. He utilizado un hilo de lino para esposar a dos jóvenes. El hilo se utilizó para ilustrar las fuerzas de ligadura de los malos hábitos. Permitidme ahora convertir sus mentes al pecado, el mayor y el hermano feo de los malos hábitos.

El pecado, al igual que la costumbre, pueden entrar en la vida de una manera aparentemente inocua. Puede comenzar de a poco y ocupan sólo un rincón de nuestras vidas. Sin embargo, si no se corrige, y se le permite que florezca y se le tolera, puede consumir nuestra alma.

Un antiguo profeta americano entendía perfectamente este concepto de la que hablo. Se refirió al diablo como el fundador del pecado quien funciona desde la oscuridad y advirtió: Él [el diablo] «los lleva del cuello con cordel de lino, hasta que los ata para siempre jamás con sus fuertes cuerdas.» (2 Nefi 26:22).

Aquellos que se hacen seguidores del maligno por lo general no llegan a su estado de cautiverio con una mala acción. Pierden su libertad por un pecado, por un error, uno tras otro, hasta que casi todo está perdido. El cordel de lino se transforma en una espantosa cadena de acero siguiendo un curso descendente. Cada paso hacia la línea de la bondad y la verdad hace que sea cada vez más difícil de recuperar.

Hace más de 2500 años, el profeta Nefi predijo las condiciones de nuestro tiempo. Entre otras cosas, dijo,

Sí, y habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos, porque mañana moriremos; y nos irá bien.

Y también habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un poco, aprovechaos de alguno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro prójimo; en esto no hay mal; y haced todas estas cosas, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos azotes, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios. [2 Nefi 28: 7-8]

Nefi etiqueto tales enseñanzas como «enseñanzas falsas, vanas e insensatas doctrinas» (2 Nefi 28: 9), y declaró, además:

. . . El diablo los prenderá con sus sempiternas cadenas. . .

Y a otros los pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sion; sí, Sion prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.

Y he aquí, a otros los lisonjea y les cuenta que no hay infierno; y les dice: Yo no soy el diablo, porque no lo hay; y así les susurra al oído, hasta que los prende con sus terribles cadenas, de las cuales no hay liberación. [2 Nefi 28:19, 21-22]

Hace varios años, en una gran ciudad, mi esposa y yo vimos un letrero en frente de una iglesia con este aviso con el presente anuncio en el tablón de anuncios: «Servicios de Adoración domingos, 10:00 am» Y debajo de eso, «Tema Sermón Domingo: buenos pecados para la gente buena» a pesar de que no asistí a estos servicios, me he preguntado desde entonces sobre el favorecedor y la pacificación y el arrullador y el cosquilleo de oreja que debe haber tenido lugar en ese entorno.

¡Que no te engañen! No hay sutilezas, no hay bondades asociadas con el pecado, por pequeño o grande la transgresión puede aparecer vestido de hilos de lino el rey David y Betsabé dieron lugar a los fuertes lazos del adulterio y la muerte. Los pequeños murmullos de Laman y Lemuel llevaron a la gran ruptura de una familia y la división de una nación. Por otra parte, los pequeños errores que se cometen y que pueden llegar a ser muy vinculante si no se controlan. Está escrito,

Apresarán al malvado sus propias iniquidades, y retenido será con las cuerdas de su pecado. [Proverbios 5:22]

Le sugiero que hagan una evaluación cuidadosa de su vida y determinen su propio estado de cosas. ¿Está gravado con los llamados pecados «buenos»? ¿Mientes un poco? ¿Eres imprudente con la verdad? ¿Eres perfectamente honesto con los demás? ¿Eres chismoso, excavando pozos verbales para tus amigos? ¿Hay alguna evidencia del cordel de lino en tu vida? Si es así, ten mucho cuidado.

El arrepentimiento; como cultivar buenos hábitos

También quisiera sugerirles, en el espíritu de ayuda, que el proceso de arrepentimiento es el medio para escapar de las garras del pecado y no es diferente al proceso de cultivar un hábito deseable. Permítanme hacer la comparación:

El primer paso en la formación de hábitos, El hábito es la acción equivalente en el arrepentimiento al reconocimiento del error.

El segundo paso en la formación de hábitos es unirse a sí mismo a la acción. Este paso es el arrepentimiento es la determinación de mejorar.

El tercer paso en la formación de hábitos es poner la nueva conducta en funcionamiento. En el arrepentimiento, nos reformamos a nuestro patrón de vida.

El cuarto paso en la formación de hábitos para reforzar la voluntad o el deseo. En el arrepentimiento, es reflexionar seriamente sobre la naturaleza de perdón de Dios y la expiación de Cristo.

El quinto paso en la formación de hábitos es no mirar hacia atrás. En el arrepentimiento, nos abstenemos de cometer el error de nuevo.

Paso seis en la formación de hábitos es sumergirse de lleno en la nueva conducta. Esta acción en el arrepentimiento es completa fe y confianza en la nueva dirección que hemos tomando.

Un líder de la Iglesia describe el arrepentimiento como el proceso mediante el cual un alma mortal, impura y manchada con la culpa del pecado -puede arrojar la carga de culpa -, lavar la mancha de iniquidad y volverse totalmente limpia, completamente libre de las cadenas del pecado. [MD, p. 630]

Sin las esperanzas y las perspectivas contenidas en el principio del arrepentimiento, es dudoso que mucho de nosotros seríamos capaces de mantener el equilibrio y cordura. Nos desviamos con frecuencia; nos estamos a la altura de las circunstancias; a menudo nos decepcionamos a nosotros mismos y a los que nos rodean. Si un medio de escape y el alivio a través del arrepentimiento no nos fueran extendidos, probablemente no seriamos lo suficientemente fuertes como para hacer frente a la vida.

Un espíritu encadenado por el remordimiento del pecado exclamó:

Me gustaría que hubiera algún lugar maravilloso llamado la Tierra donde se pudiera comenzar una vez más, donde pudiéramos prescindir de todos nuestros errores y todas nuestras angustias y toda nuestra pena como un abrigo viejo en mal estado y nunca más usarlo de nuevo. [Louisa Fletcher, «Comenzando una vez más,» seleccionados por Hazel Felleman (Garden City, Nueva York: Garden City Publishing, 1936), p. 101]

¡Somos bendecidos al saber que hay una “tierra donde podemos comenzar de nuevo”! Esta tierra es el Evangelio de Jesucristo, y la puerta es el principio bendito del arrepentimiento. Cuando aplicamos este principio en el camino del Señor, las cuerdas y las cadenas nos son quitadas, y somos liberados de los enemigos de nuestra alma.

Un mal comienzo no es el fin

Hace algunos años, en este mismo recinto, el obispo Robert L. Simpson, uno de mis queridos asociados en el quórum, habló sobre los nuevos comienzos y el principio del arrepentimiento. Me gustaría compartir con ustedes una parte de su inspirado mensaje. Él dijo, hablando a un grupo muy parecido a usted:

Casi puedo oír a algunos de ustedes diciendo en este mismo momento, Es todo tan inútil. Aquí estoy a solo 38 días en el nuevo año, y ya me he burlado dos veces.

Jóvenes, quiero asegurarle que ustedes no están demasiado lejos del curso. Casi todo el mundo ha tenido un mal comienzo en algún momento u otro. Cuando yo estaba viendo el juego Rose Bowl en la televisión el otro día, tuve un flashback de algo que me sucedió hace muchos años en un campo de fútbol del instituto no demasiado lejos de Rose Bowl. Hablando de tener un mal comienzo, creo que tengo el récord. Era mi primer año en el fútbol de la escuela secundaria. Había estado jugando toda la segunda cuerda a través de los juegos de práctica, y este fue el primer juego de las Grandes Ligas. Seis mil personas estaban animando en las gradas. Como estábamos rompiendo después de nuestra charla del medio tiempo pep, el entrenador dijo de repente, «Simpson, usted comienza en la segunda mitad.»

La adrenalina llegó corriendo, y me fui a la cancha. Esta era mi oportunidad. Casi todo el tiempo que el entrenador dijo, «Ah, y por cierto, quiero que comiences, Simpson».

Decidí en ese mismo momento que iba a patear la pelota más lejos que cualquier fútbolista nunca lo había hecho en la historia. Tenía muchas ganas de hacer un buen papel en mi primera oportunidad. Así, el árbitro agitó el brazo e hizo sonar su silbato. Podía oír a esas seis mil personas. Miré a la pelota y vine de carga por el campo. Sentía hormigueo en todo mi cuerpo; la emoción era muy alta.

Bueno, probablemente ya han adivinado. Perdí la pelota. . . Pero eso es solo la mitad. Eran los días en que el mariscal de campo afirmaba con sus dedos la pelota. Rompí el dedo del mariscal de campo.

Ahora, si usted piensa que está en un mal comienzo, sólo quiero fijar su mente en la facilidad y hacerle saber que podría ser peor. También quiero que sepas que yo tenía un entrenador que tenía confianza [en mí] porque él me dejó. No sé por qué, pero jugué el resto del juego. Si no fuera tan modesta, también les podría decir que hice toda la liga ese año. [«Tu plan de juego” BYU Discursos del Año 1975 (Provo, Utah: Brigham Young University Press, 1976), pp. 319-20; También Ensing , enero de 1977, p. 83]

Me encanta la lección que nos enseña de su experiencia el obispo Simpson. Un joven con menos determinación podría haber estado atado a un fallo por esa falta. Sin embargo, el Elder Simpson tenía «plasticidad» confianza y resolución, se arrepintió de su error y jugó toda la liga.

Hace sólo una semana escuché a un joven en California, en una conferencia de estaca hablar sobre el arrepentimiento, o la «tierra de comenzar de nuevo.» Él compartió con nosotros la secuencia de acciones que, en el transcurso del año, le ha enseñado a respetar el asesoramiento y la orientación de sus padres. Esta es la forma en que se indica que: uno, Dan decide hacer algo; dos, Dan habla con sus padres; tres, los padres sugieren a Dan que no lo haga, y le explican por qué; cuatro, Dan lo hace de todos modos; cinco, Dan termina en problemas; seis, Dan no hace eso nunca más. Bueno, ese es el espíritu del arrepentimiento. Ese es el espíritu de la «tierra de comenzar de nuevo», que glorioso principio de arrepentimiento el que se nos proporcionó a todos nosotros.

Podemos evitar las cadenas de Satanás

A medida que reflexionamos más a fondo sobre lo que he dicho acerca de los malos hábitos y el pecado, espero que puedan retener en sus mentes una escena que Enoc tuvo el privilegio de ver. Él vio en su visión la venida del Hijo del Hombre, la restauración del Evangelio, y muchas otras cosas. Incluso pudo haber visto en la visión de esta institución. Entonces oyó una voz que decía:

. . . ¡Ay de los habitantes de la tierra!

Y vio a Satanás; y este tenía en su mano una cadena grande que cubrió de obscuridad toda la faz de la tierra; y miró hacia arriba, y se rio, y sus ángeles se alegraron. [Moisés 7: 25-26]

Las cadenas son el poder de Satanás que se menciona en las Escrituras como «las cadenas del infierno» (Alma 12:11), «las cadenas de la iniquidad» (Mosíah 23:12), «prisiones de oscuridad» (2 Pedro 2: 4) y «las eternas cadenas de la muerte» (Alma 36:18). Dichas cadenas se utilizan en hacernos cautivos del maligno. Normalmente, no arrastran a un hombre o una mujer en un solo acto. Comienzan como hilos de lino y gravan un hábito en la persona, el pecado por el pecado, y el mechón por mechón. Y si no es cortado de raíz a través del proceso de arrepentimiento, pueden convertirse en pesadas cadenas y el » horrible lazo del diablo» (2 Timoteo 2:26).

Por lo tanto, debemos ser muy cuidadosos. Mientras usted esté en esta institución, mientras que usted este en sus años «plástico», y pueda identificar sus debilidades, y reemplazar los malos hábitos con los buenos, y evitar cualquier y toda apariencia de mal. Tengo un deseo para todos ustedes, y ese deseo es que tengan éxito en sus vidas académicas y religiosas. Por favor, tengan cuidado. No permitan que las cadenas de Satanás caigan sobre ustedes. No permitan que esos pequeños hilos que le rodean se acerquen. Despístelos, córtelos. No permita que él haga de las suya. Satanás es miserable, y el busca que ustedes y yo seamos miserables como él.

Dios los bendiga, mis amigos. Doy testimonio de que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en la tierra. Tengo absoluta confianza en el principio del arrepentimiento. Yo sé que Cristo expió sus pecados y los míos, pero si nos arrepentirnos. Podemos tomar ventaja de eso que nos ha proporcionado y utilizar su gracia para avanzar en el camino que conduce a la vida eterna. Esta es mi oración esta tarde en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Los Poderes Celestiales

Devotional, University Brigham Young, 23 September 1980.

Los Poderes Celestiales

Élder Carlos E. Asay

En armonía con el espíritu y la fiebre de esta temporada de fútbol, pensé que podrían querer oír hablar de una experiencia que tuve hace unos dos años.

Miré mi horario de la conferencia de estaca y descubrí que tenía lo que se llama un fin de semana «empresa libre». Esto significaba que mi tarea consistiría en quedarme en casa y asistir a mis responsabilidades familiares. Esta libertad me agradó mucho porque en ese fin de semana en particular, la Universidad Brigham Young programó jugar un partido de fútbol muy importante; y, en la medida en que he aprendido a apreciar las cosas buenas de la vida, rápidamente hice los arreglos para asistir a ese juego.

El lunes anterior al sábado especial, le dije a mi esposa lo contento que estaba con las perspectivas de la próxima semana. El viernes de esa semana le dije que estaba seguro de que no me iban a enviar a una misión y que iba a ser capaz de ver el juego de BYU.

Diez minutos después de que llegué a mi oficina el viernes por la mañana, sonó el teléfono. Era el secretario del presidente Benson. Él me informó que el presidente Benson tuvo una emergencia, y me preguntó si podía aceptar para el fin de semana una asignación de una conferencia de estaca. Le dije que supongo que lo haría. Entonces llamé a casa y dije algo como esto a mi mujer: «Cariño, ahí va mi partido de fútbol. Empaca mis maletas. Tengo una misión; Tengo que salir a las tres de la tarde a «Colleen detectó un tono de decepción en mi voz; y en su forma diplomática habitual, dijo, «Carlos,  no fueron llamados para ir a los partidos de fútbol.»

Es un placer estar con ustedes, mis jóvenes amigos, y hablar acerca de un tema muy serio. No hace mucho tiempo, recibí una carta de la oficina del Consejo de los Doce autorizándome de entrevistar a un hombre para determinar si era digno de recibir una restauración de bendiciones. Se adjuntaba a este escrito de la asignación dos páginas de información acerca de este individuo. Al leer estas páginas, aprendí, entre otras cosas, que el hombre era un ex poseedor del Sacerdocio de Melquisedec; que había recibido en sus últimos años la investidura del templo; y que una vez había sido sellado con su esposa y familia. Por otra parte, supe que el hombre había cometido una seria transgresión hace varios años y que, a causa de sus transgresiones, él había sido excomulgado de la Iglesia. Tal excomunión dio lugar a su desafiliación, el bautismo, don del Espíritu Santo, el santo sacerdocio, y sellamiento en el templo. Todos estos sagrados privilegios y bendiciones habían sido cancelados o retirado.

En el día y hora señalada, me encontré con el hombre. Con él estaba su encantadora esposa. Una vez que los saludé y las sutilezas se habían intercambiado, lo invité a contarme su historia. Me habló de su conversión y de sus variadas actividades en la Iglesia. Me habló de su primera esposa, su primer matrimonio, y el posterior nacimiento de tres hijos. También me habló de su amor por su familia y su deseo de proporcionarles seguridad y los lujos de la vida. Entonces, con un poco de despliegue de emoción, me contó cómo su fuerte deseo de reunir estas cosas materiales le había hecho descuidar a su esposa e hijos. Con el tiempo, los problemas graves se habían desarrollado entre el hombre y su compañera, y ella había pedido el divorcio.

Se obtuvo el divorcio. Sensación de que su mundo se había derrumbado a su alrededor, el hombre perdió todo interés en la vida. Por lo tanto, vendió su negocio, se trasladó a una nueva ubicación, y empezó a vivir según la forma del mundo. Se ahogó en la bebida, se volvió hacia el uso del tabaco, y se convirtió en un hombre involucrado en el sexo. Un asunto lo llevó a otro. Cada incidente nefasto le llevó a hundirse cada vez más en el fango del pecado.

Entonces conoció a una mujer que era diferente. Ella tenía principios y normas, y vivía en consecuencia. La cortejó durante un breve tiempo, y se casaron.

Un mes después de su matrimonio, la mujer sorprendió a su marido con la pregunta «¿Por qué vislumbro bondad y grandeza en ti y luego se va?» Y añadió: «A veces me siento como si estuviera casada sólo con la mitad de un hombre. «El marido fue movido por lo que su esposa había dicho y respondió:» supongo que es hora de nivelarme contigo. Soy un mormón, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. «A continuación, le explicó a su esposa lo que había significado para él pertenecer a la Iglesia una vez. Además, habló sobre los principios básicos y las ordenanzas del Evangelio. Describió el sacerdocio y su matrimonio en el templo y el sellamiento con su antigua compañera.

Cuando más fueron las explicaciones, la mujer estaba llorando. Ella le dijo a su marido que ella nunca había oído nada tan hermoso. Ella preguntó: «¿Cómo podemos tener esas bendiciones de nuevo en nuestras vidas y mantenerlas?» Él le dijo que tendría que buscar a un obispo, confesar sus pecados, ser sometido a los procedimientos judiciales, y ser sometido a un período bastante largo de arrepentimiento. La mujer dijo: «Sea cual sea el precio, vamos a pagarlo. Y vamos a empezar ahora».

A medida que el hombre se decidió, y el obispo había sido localizado, se llevó a cabo un tribunal, y fue despojado de todas sus bendiciones. Pero a medida que esta buena mujer se había comprometido, subieron juntos el largo camino de regreso. Habían luchado durante cuatro años antes de ser rebautizado y, finalmente, recibió el don del Espíritu Santo.

Al término de esta entrevista exitosa, Restauré las bendiciones al hombre, incluyendo el sacerdocio, la investidura del templo y el sellamiento en el templo. Tan pronto como había pronunciado el «Amén», la mujer se precipitó en brazos de su marido y declaró: «¡Ahora tengo un hombre, un hombre todo completo!»

Con demasiada frecuencia, me temo que no somos capaces de apreciar el valor de algo hasta que se pierde o nos es quitado. Somos propensos a tener salud por sentado hasta que la enfermedad ataca. El calor del verano da lugar a la queja hasta las primeras lluvias. Incluso los dones y poderes celestiales reciben tratamiento ocasional hasta que surgen las necesidades y urgencias para recordarnos nuestra dependencia total de Dios que nos dio la vida.

Tal ha sido el caso con mi amigo. Debido al pecado había sufrido una disipación de poderes. El proceso había sido demasiado lento para él hasta reconocer y comprender realmente que estaba siendo drenada de su alma. Comenzó con una fuga en la conciencia; continuó como miembro de la Iglesia y el derecho al don del Espíritu Santo fueron revocados; se aceleró cuando le fueron retirados los poderes del sacerdocio; y avanzó casi hasta el punto de no retorno con su investidura del templo y el sellamiento fue cancelado.

Aun así, un rayo de luz fue observado por su esposa. A pesar de que desconocía los poderes celestiales, vio la chispa y sintió su singularidad. ¡Qué bendición fue que ella hiciera el descubrimiento que hizo y causó que su marido reflexionara sobre lo que había perdido! Y lo bendecido que él era al encontrar una compañera que quería que él fuera un hombre completo y que estaba dispuesta a ayudarlo en la lucha por recuperar los preciosos poderes.

¿Por qué es que muchos de nosotros insistimos en el aprendizaje de la manera más dura? ¿No deberíamos aprender una lección de los que han tropezado y han sufrido, y elegir nuestras medidas de forma más inteligente? La escuela de la vida, sospecho, tiene su lugar. Sin embargo, cuando se trata de cosas espirituales, el riesgo de ensayo y error es demasiado alto. Un golpe, un ensayo, un error puede ser fatal; o, en la lengua vernácula de la jornada, se puede soplar las perspectivas de la eternidad.

Me pregunto si reconocemos y apreciamos el poder asociado a Cristo, como el sacerdocio, y su reino sobre la tierra. Qué si se entiende completamente puede ser nuestro si vivimos de acuerdo con la ley divina que se apoya en la verdadera fuente de luz y verdad. Si me permiten hacer referencia a cinco poderes preciosos que están disponibles para todos nosotros. Todos estos poderes hacen que hombres y mujer sean hombres y mujeres en Cristo.

Conciencia

Hablo del primer poder asociada con la conciencia. De acuerdo con la Escritura, cada persona que nace en este mundo está dotado con la luz de Cristo (véase Doctrina y Convenios 84:45-48). Elder Bruce R. McConkie explica:

Por virtud de esta gracia los hombres conocen en forma intuitiva y automática la diferencia entre el bien y el mal y se ven alentados a hacer lo correcto. (Moroni 7:16.) El reconocido impulso de este Espíritu que ilumina la mente y alienta al hombre a hacer lo correcto, es llamada conciencia. [Doctrina Mormona, 2ª ed. (Salt Lake City: Bookcraft, 1966), p. 156]

Cuán agradecidos debemos estar por estar dotados con la luz de Cristo, y con qué cuidado debemos evitar cualquier pérdida de su dirección tranquilizadora. El apóstol Pablo advirtió que la desobediencia y el pecado sofocan la voz de la conciencia. Él escribió acerca de los pecadores que tienen sus conciencias «cauterizada» (1 Timoteo 4:2), y también se refirió a los malos y los que tiene su conciencia corrompida (Tito 1:15). ¿No es la mente contaminada una mente depravada? ¿Y no es reprobado el de mente depravada? (Romanos 1:28).

Muchos de nosotros hemos estado expuestos a las personas que parecen ser completamente huecos y vacíos de conciencia. Ellos tratan de ofender las leyes y principios de izquierda y derecha. Su discurso es ofensivo, y sus acciones son propias. Justifican el pecado, una pequeña mentira, aprovechándose debido a su palabrería. Y al hacerlo, permiten que el diablo engañe sus almas. (2 Nefi 28: 8,21)

Uno de los comentarios más tristes que se han hecho acerca de un pueblo se registra en el Libro de Mormón. Se decía de un grupo degenerado que «no tienen principios y han perdido toda sensibilidad» (Moroni 9:20). Al parecer, habían perdido toda conciencia, y toda la luz de Cristo.

En tu búsqueda del conocimiento y la verdad, ya sea que seas un estudiante o un misionero, debes aferrarte a esta dotación esencial del poder. Es necesario que esos sentimientos instintivos de lo correcto o incorrecto te guíen. Es necesario el esclarecimiento de Jesucristo. Tengan en cuenta que la paz de la conciencia es sinónimo de alegría (Alma 29:5). Y recuerda también que la conciencia tranquila da luz a la confianza, una cualidad sin la cual no podemos vivir.

Espíritu Santo

Hablo del segundo poder asociado con el don del Espíritu Santo. Este regalo se extiende a todos los que tienen fe y están dispuestos a arrepentirse y ser bautizados. Como se sabe, viene dado por la imposición de manos; es recibido y retenido por la justicia y la vida perspicaz.

No debemos olvidar que nosotros, los miembros de la Iglesia, hemos recibimos el don del Espíritu Santo. Se nos ha conferido este poder adicional de energía que proporciona a nuestra conciencia la guía y nos lleva a decir la verdad, son añadidos a los ya múltiples dones del Espíritu y se ponen a nuestra disposición a través de este maravilloso poder.

Un líder de la Iglesia describe este poder en estas palabras:

Él [el Espíritu Santo] instruye y guía, testifica del Padre y del Hijo, redarguye del pecado, habla, manda y comisiona, intercede por los pecadores, se aflige, busca y escudriña, persuade y sabe todas las cosas. [James E. Talmage, Artículos de Fe, 12 ed. (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1924), pp. 64]

Me encanta lo que el presidente Romney ha escrito. Él dijo del Espíritu Santo; Te digo que puedes tomar todas las decisiones correctamente en tu vida si aprendes a seguir la guía del Espíritu Santo. Esto se puede hacer si nos disciplinamos y seguimos los impulsos del Espíritu. Estudia tus problemas y en oración toma una decisión. Luego de tomar esa decisión, de una manera sencilla súplica, honestamente, «Padre, quiero tomar la decisión correcta. Quiero hacer lo correcto. Esto es lo que creo que debo hacer; quisiera saber si es el camino correcto. «Al hacer esto, podrás sentir un ardor en tu pecho, si tu decisión es correcta. Si no sientes es te ardor, a continuación, cambiar tu decisión. Cuando se aprende a andar por el Espíritu, nunca tendrás la necesidad de cometer un error. [Marion G. Romney, «buscar el Espíritu”, Improvement Era, 1961, diciembre, p. 947]

Al igual que el Espíritu de Cristo, el poder del Espíritu Santo es disfrutado por aquellos que son limpios y dignos de recibir su compañía. Se dice de un hombre que «llevó a cabo un cortejo toda la vida con el Espíritu Santo.» ¡Lo cual es un homenaje!

¿Este poder esta iluminaciónestá disponible en tu vida? ¿Puedes testificar que el Espíritu Santo ha estado sobre ti continuamente a medida que has estudiado en esta universidad? Yo espero, que este poder sea de ustedes a medida que leen, hablan, escriben, y consideran las verdades que se encuentran en las diversas disciplinas. Sé que todos ustedes podrían testificar de su experiencia aquí tal como Parley P. Pratt lo hizo con su experiencia en las islas Sandwich. Él dijo:

Desde que he llegado hasta aquí he sido diligente en los deberes de mi profesión [y mis estudios] cada hora, y he pedido a Dios por su Espíritu para que me ayude con toda la energía que poseía, y sin cesar. El resultado es, el Espíritu del Señor ha estado sobre mí por siempre, con tal luz y alegría, y un testimonio que rara vez he experimentado. [Autobiografía de Parley P. Pratt (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1964), p. 386]

Sus profesores, creo, también se alegrarían si pudieran testificar.

Sacerdocio

Como saben, «el sacerdocio es el eterno poder y la autoridad de la Deidad por la cual todas las cosas existen; por el que se crean, gobiernan y controlan. . . Es el poder de Dios «. (Doctrina Mormona, p. 594.)

El presidente Spencer W. Kimball ofrece esta definición de sacerdocio:

El sacerdocio es el poder y la autoridad de Dios delegado al hombre en la tierra para actuar en todas las cosas que pertenecen a la salvación de los hombres. Es el medio por el cual el Señor actúa a través de los hombres para salvar almas. Sin este poder del sacerdocio, los hombres están perdidos. [«El ejemplo de Abraham”, Liahona, junio de 1975, p. 3]

Podríamos añadir que, sin este poder, los hombres están incompletos.

Cuanto más vivo y sirvo, más aprecio la realidad del poder del sacerdocio. Durante muchos años, cuando era joven, me maravillé con los relatos de Pedro y sus compañeros pescadores que se transformaron en hombres poderosos de Dios después de haber recibido comisiones del sacerdocio. En años más recientes, he sido testigo de primera mano de la expresión de los poderes del maravilloso sacerdocio en la vida de los Apóstoles modernos y en muchos de mis asociados. Por otra parte, he observado cambios en las vidas de otros hombres en barrios y estacas que han recibido, honrados, y magnifican los llamamientos del sacerdocio. El poder del sacerdocio es real; ¡si existe!

Hemos aprendido de las revelaciones modernas que a través del sacerdocio y las ordenanzas del sacerdocio el poder de la divinidad se manifiesta (Doctrina y Convenios 84:19-21). También se nos dice que «los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que los poderes del cielos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud» (Doctrina y Convenios 121: 36).

Los estudiantes, no deben colocar este poder del sacerdocio en el estante durante sus años universitarios. No se debe permitir que disminuya ni se atrofie por falta de ejercicio. Usa tus poderes del sacerdocio para bendecir la vida de los miembros de la familia y otros acerca de ti. Usa ese poder para declarar la verdad y salvar almas. Deben estar absolutamente seguros de que el poder de la divinidad se manifiesta a través de ustedes.

La investidura del templo

En cuarto lugar, hablo del poder asociado con la investidura del templo. Para dotar, se nos dice, enriquecer, y otorgar poder o capacidad, para dar a otro algo de larga duración y de mucho valor. Se dice de la ordenanza del templo que (1) el que recibe la ordenanza se le da el poder de Dios. «Los receptores están dotados de poder desde lo alto» (Doctrina Mormona , p. 227). Y (2) los destinatarios de la investidura del templo también están dotados de información y conocimiento. «Reciben una educación en relación con los propósitos y planes del Señor» (Ibid.).

Una publicación de la Iglesia contiene esta declaración acerca de la dotación:

Ni una jota, ni una tilde de los ritos del templo es otra cosa que elevar y santificar. En todos los detalles de la ceremonia de la investidura contribuye a los convenios o la moralidad de la vida, la consagración de la persona a altos ideales, la devoción a la verdad, el patriotismo de la nación, y la lealtad a Dios. [ La Casa del Señor. (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1968), pp 83-84]

La dotación es una bendición más importante y significativa que Dios desea compartir con sus hijos dignos. Necesitamos la plenitud del poder que se encuentra en estas santas ordenanzas. ¿Por qué localizar el Centro de Capacitación Misional tan cerca de un templo? Debido a que, en ese templo, los misioneros se les dan una dotación de poder. Y con ese poder, entran en el mundo para llevar almas a Cristo.

Sellamiento en el templo

Por último, me refiero a la energía asociada con el matrimonio celestial. Cada vez que participo u ofician en un matrimonio en el templo, estoy intimidado por el poder dado a unirse en la tierra y sellar eternamente en el cielo. Me acuerdo de una fuente de trabajo y que, si no se efectúa, se traduciría en la más absoluta de residuos más allá de nuestra comprensión.

Un apóstol vivo nos informa:

Así de amplio es este poder que abarca ordenanzas por los vivos y los muertos, sella a los hijos en la tierra a sus padres que van delante, y forma la cadena patriarcal perdurable que existirá eternamente entre los seres exaltados. [ Doctrina Mormona, p. 683]

Sabiendo lo que sabemos sobre el matrimonio celestial y sus poderes inherentes y bendiciones, no puedo imaginar a ningún Santo de los Últimos Días que no haya pensando en la otra forma de matrimonio. Tampoco puedo entender por qué las personas que han sido selladas por el tiempo y la eternidad se colocan en situaciones comprometedoras y renuncian a las promesas y bendiciones del sellamiento en el templo. La venta de Esaú su primogenitura por un «plato de lentejas» palidece en comparación con la pérdida de las perspectivas eternas asociadas con el matrimonio celestial.

En conclusión, me permito instar para tener en cuenta las reservas de energía extendidas a través del Evangelio de Jesucristo y por medio de su reino en la tierra. No demos por sentados los poderes de conciencia, el Espíritu Santo, el sacerdocio, la investidura del templo, y el matrimonio celestial. No permitan que ninguna influencia entre en su vida aquí o en otro lugar que les arrebate los poderes celestiales.

Espero que mis pensamientos en relación con los poderes espirituales o celestiales no sean contrarios a los propósitos declarados de esta institución de educación superior. Por lo que sé, la búsqueda del conocimiento y las competencias relacionadas con el conocimiento son los más importantes. Todos nosotros entendemos que la obtención de conocimientos y la inteligencia de los mejores libros y con la ayuda de los mejores instructores es una parte vital del Evangelio de Jesucristo. Sin embargo, la búsqueda del conocimiento no debe llevarse a cabo a expensas de las cosas espirituales. Los dos deben estar entrelazados y perfectamente equilibrada.

Cuando pienso en esta escuela y su mandato especial, me acuerdo de la profecía desafiante que se encuentra en el Libro de Mormón. Un profeta, tuvo el privilegio de ver los acontecimientos de los últimos días, vio a las naciones del mundo que se reunieron para luchar contra el pueblo de Dios. En la profecía, los Santos fueron vistos como pocos en número; la oposición fue vista como una multitud de naciones. Tenga en cuenta estas palabras:

Y aconteció que yo, Nefi, vi que el poder del Cordero de Dios descendió sobre los santos de la iglesia del Cordero y sobre el pueblo del convenio del Señor, que se hallaban dispersados sobre toda la superficie de la tierra; y tenían por armas su rectitud y el poder de Dios en gran gloria. [1 Nefi 14:14]

Cada vez que leo esta escritura, pienso especialmente en los jóvenes. Y pienso especialmente en el desafío, que tenemos: de vestir a nuestros jóvenes con el poder y la justicia para que las futuras batallas se puedan ganar.

Este es un lugar de poder. La Universidad Brigham Young, si una de las instituciones más poderosas de la tierra, y me refiero a algo más que el equipo de fútbol. No sólo es su programa académico cargado de energía, la facultad está dotada con el poder. Si se aplica correctamente a sí mismos, de conformidad con las normas de la escuela y las normas de la Iglesia patrocinadora, irá hacia adelante desde este lugar con los poderes de conocimiento y con los poderes de la justicia; y sí, incluso con poderes celestiales.

Es mi sincera oración que todos ustedes harán lo que sea necesario para llegar a ser íntegros ante en el Señor Jesucristo. Que puedan demandar los poderes celestiales y hacer todo lo que sea necesario para mantener esos poderes con ustedes durante todas sus vidas. Doy testimonio de la realidad de su importancia, y ruego humildemente que puedan hacer lo que sea necesario y requerido para mantener esos poderes que les pertenecen, para su beneficio y para el beneficio de aquellos que le rodean. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Llegar al Madison Squore Garden

Ensign, octubre, 1979

Llegar al Madison  Squore Garden

Élder Carlos E. Asay

Poco después de cumplir los catorce años, fui ordenado un maestro en el Sacerdocio Aarónico y asignado como un maestro orientador. El miembro del Sacerdocio de Melquisedec designado como mi compañero era Melvin Jensen, un hombre varios años mayor que yo.

El hermano Jensen asumió la dirección en la programación de las citas y en la realización de las charlas en los hogares. Sin embargo, él me involucró en las visitas de una manera tal que me proporciono experiencias positivas.

Una noche, mientras caminábamos hacia la última cita de la tarde, Mel se detuvo conmigo bajo una farola y me dedico una conversación. Entre otras cosas, me hizo preguntas sobre mi futuro. Una pregunta específica fue: «¿Cuál es tu gran ambición en la vida?»

Momentáneamente no dudando porque no tenía un objetivo en mente, sino porque temía que mi respuesta podría sonar tonta. Mel me habló algunas palabras tranquilizadoras y se ganó mi completa confianza. Así que le dije lo que había en mi corazón: «Algún día, espero jugar baloncesto en el Madison Square Garden.»

Hubo un silencio incómodo. No creo que el hermano Jensen espera el tipo de respuesta que le di. Gracias a Dios, sin embargo, no se río de mi expresión honesta. Si lo hubiera hecho, creo que mis esperanzas y sueños se habrían repartido a golpes aplastante. En su lugar, Mel puso su gran mano sobre mi hombro y dijo: «Eso es maravilloso, Carlos. Sé que puedes hacerlo.» Añadió estímulos comentando mi tamaño y capacidad.; y él me prometió que, si me mantenía limpio y practicaba constantemente, algún día mi sueño se haría realidad.

Las palabras de confianza del hermano Jensen me elevaron más de lo que puedo describir. Había compartido un íntimo deseo, de corazón con un adulto, alguien en quien yo confiaba y admiraba, un adulto, que expresaba fe en mi capacidad de realizarlo.

Cuando nuestras visitas se completaron esa noche, me despedí de mi compañero de orientación familiar y me fui corriendo a casa. Mi madre estaba en la cocina cuando entré en la casa, y no perdí tiempo en hablarle de la conversación de la calle la luz con Mel. Ella también se sorprendió al enterarse de mi ambición secreta.

Aunque el interés de mi madre en el deporte fue inferior al ávido, con los años, había aprendido a tolerar la «charla de juego» y los comentarios «lunes del estratega» de su esposo y cuatro hijos activos; y su interés en mí era genuino. Dijo algunas cosas tranquilizadoras y me preguntó cuánto sabía sobre el Madison Square Garden. Le confesé que sabía muy poco sobre el lugar. «Si el jardín está relacionado con su objetivo», comentó, «¿por qué no conocerlo mejor?» Ella me sugirió que podría recoger periódicos y revistas, recortes de fotos y artículos relacionados con el Madison Square Garden. Con su ayuda y estímulo, lo hice.

En los meses siguientes, llené mi bloc de notas y me convertí en algo así como una autoridad en la ciudad de Nueva York del Madison Square Garden. Recuerdo lanzar una canasta a un aro unido a un árbol de manzanas en el huerto de mi padre, en todo tipo de clima. Nunca estaba solo, los árboles de los alrededores parecían tribunas llenas de gente que me animaban como vivir mi fantasía.

Mi «sueño» hizo que entrenara constantemente. Traté de mantener mi cuerpo limpio y mejorar mis habilidades. No quería que los malos hábitos o debilidades físicas impidieran que yo llegara a mi meta.

Y a medida que pasaban los años y las temporadas de baloncesto iban y venían, continué para conseguirlo. Después de la escuela secundaria llegó mi experiencia militar y otras, y poco a poco mi entusiasmo por el libro de recuerdos decayó. Mi entusiasmo por el objetivo en sí, sin embargo, permaneció clavada en mi mente. Siempre he practicado, siempre estaba aquel sueño de actuar ante miles en el Madison Square Garden. Permanecí en punta hacia mi sueño.

En 1946, a la edad de veinte años, me inscribí en la Universidad de Utah. Ese otoño, en mi primer año, probé y gané un lugar en el equipo universitario de baloncesto. En Navidad nos dimos una vuelta por la parte este de los Estados Unidos. Parte de nuestra excursión incluía un juego en el Madison Square Garden.

Al entrar en el Madison Square Garden por primera vez fue casi como volver a casa. Había leído sobre el lugar, había visto fotos del lugar, y en mi mente y corazón había estado allí muchas veces.

Más tarde esa misma temporada de baloncesto, en marzo de 1947, volví al Madison Square Garden con el equipo de la Universidad de Utah para participar en el Torneo Nacional de Invitación (NIT). Gracias a una fuerte alineación inicial que consistía en Arni Ferrin, Vern Gardner, Wat Misaka, Fred Weidner, y Leon Watson, ganamos el torneo. Inmediatamente después de nuestra victoria en el piso de juego del Madison Square Garden, mis compañeros y yo estábamos recibiendo nuestros bellos relojes Bulova.

Me he puesto mi reloj de pulsera desde hace casi treinta y dos años. Cada vez que lo miro, me acuerdo de la fuerza de arrastre que tiene un objetivo para un hombre joven. Me acuerdo de la fuerza y de la resolución que se produce cuando un objetivo se verbaliza y se visualiza. Y me acuerdo de la importante función que los adultos, padres y amigos juegan en la formación de las vidas de los jóvenes.

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Nube de Testigos

 Devocional, Universidad Brigham Young el 6 de mayo 1979,

Nube de Testigos

Élder Carlos E. Asay

Mis hermanos y hermanas, es una vista impresionante el mirar y darse cuenta de que tengo la asignación de decir algo, más allá de lo que ya han escuchado hoy, que sea de alguna ayuda. Es una cosa maravillosa el darse cuenta de que hay gente como ustedes que son fieles al Evangelio de Jesucristo, suficientemente fieles para asistir a una reunión especial de este tipo en un día de reposo muy ocupado. Oro para que el Espíritu del Señor esté conmigo para poder decir algunas cosas que serán de utilidad para todos ustedes.

En pocas horas, el primer domingo de mayo 1979 se convertirá en historia. El cierre de este día, de ayuno y testimonios día que, para la mayoría de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pone fin al ayuno, la oración, el canto, el aprendizaje, y testimonio de actividades llevadas a cabo en las congregaciones mormonas en todo el mundo. Es concebible que muchos miembros marcarán este día como cualquier otro día de reposo. Para otros, en particular para aquellos que participaron activamente en la reunión de testimonio, este día se registrará como algo especial y memorable.

Según mis cálculos, aproximadamente diez mil grupos separados de los Santos se han reunido hoy en las reuniones de ayuno y testimonios. Si una quincena de personas por barrio o rama expresaron sus testimonios, un potente coro de más de ciento cincuenta mil testimonios han resonado sobre la superficie de la tierra durante estas últimas veinticuatro horas. Esto significa que una gran cantidad de los Santos lo suficientemente grandes en número para llenar las siete y media de la cadena Centros Marriott testificando de Dios y de su bondad. Si se añade el testimonio de los misioneros de tiempo completo en el campo misional, habría más que suficiente para llenar otro Centro Marriott.

Es emocionante el darse cuenta de que tantos testimonios pueden ser compartidos en tan poco tiempo. Me regocijo en la seguridad de que estamos circunscritos a tan grande nube de testigos, y mi corazón se llena de orgullo de ser de aquellos que tienen el deseo de creer, la fe para saber, y el valor para declarar. ¡Lo contento que nuestro Padre Celestial debe estar al observar y escuchar las expresiones de testimonio en este su día santo! El que responde a la caída de un gorrión en la tierra con toda seguridad responde a los testimonios individuales de sus hijos.

Como este día de testimonios termina, me pregunto por el mañana. Me pregunto si el lunes, el martes, el miércoles y el resto de los días de trabajo a seguir estarán lleno de testimonios no declarados. Una cosa es reconocer evidencias de un ser supremo y declarar la existencia de Dios, pero una cosa mucho mejor es vivir de acuerdo con su voluntad divina. Muchas personas de su propia boca dan testimonio el domingo, pero no todos son un modelo del mismo. Leemos en el Nuevo Testamento:

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.

Porque después de mirarse a sí mismo, se va, y enseguida se olvida de cómo era. (Santiago 1:22-24)

Cuando un miembro de la Iglesia se para en el púlpito y comparte su testimonio con los demás, él, en un sentido real, se coloca a sí mismo ante el espejo que refleja sus deseos, su fe y su compromiso de vivir el Evangelio de Jesucristo. Podría añadir que pocos hombres o mujeres se ven mejor que cuando se observan compartiendo sus testimonios.

Al dar la espalda al espejo del testimonio y vivir en contradicción con la creencia que uno ha declarado es una afrenta a la Deidad y una forma grave de burla. Leemos de los que se burlaron del Cristo durante su ministerio terrenal, y nos preguntamos: «¿Cómo pudieron hacerlo?»

Los dictadores. . . se burlaban de él, diciendo:

“. . . A otros salvó; sálvese a sí mismo, si este es el Mesías, el escogido de Dios.

También los soldados se burlaban de él, acercándose y ofreciéndole vinagre,

Y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.” (Lucas 23:35-37)

Tales burlas son desgarradoras, y nos preguntamos cómo la gente pudo ser tan dura de corazón y cruel. Sin embargo, mostramos con la misma dureza y cierta crueldad de nosotros mismos cuando nos involucramos en burlas graves. Cuando nosotros, los creyentes profesos, tomamos el nombre de Dios en vano, nos burlamos. Cuando profanamos el sábado, nos burlamos. Cuando maldecimos a Dios durante tribulaciones, nos burlamos. Cuando permitimos que cualquier forma de hipocresía entre en nuestra vida, nos burlamos. Nos burlamos de Cristo cuando no damos testimonio de su naturaleza santa y al siguiente día abusamos de sus enseñanzas. Sería bueno que hablemos menos de los Judíos y los que se burlaron de la Crucifixión del hijo de Dios hasta que todo rastro de burla se borre de nuestra propia conducta.

El día de hoy, me senté en una reunión al norte de aquí y oí a varias personas expresar el amor por el Salvador. Sus testimonios fueron muy emotivos. Mientras escuchaba pensaba en otra congregación que se reunió hace casi dos mil años para considerar la cuestión de Cristo. La congregación de la que hablo está bajo la dirección de Pilato. Las instrucciones de Pilato están centradas en la pregunta:

“. . . ¿Qué, pues, haré con Jesús, que es llamado el Cristo?». . . (Mateo 27:22).

Estas palabras de los labios de Pilato abrieron la compuerta a todos los azotes, la flagelación, las palmadas, y la expectoración que los Judíos y los soldados romanos administraron a Jesús; como el registro atestigua «injuriado» (Lucas 18:32). Cuando leemos de estas humillaciones infligidas por los perseguidores del Salvador, nos preguntamos, «¿Cómo pudieron hacer este tipo de cosas tan malas?»

Mientras reflexionaba acerca de Cristo y su maltrato hace dos mil años, me sentí seguro en mi propio corazón que los Santos cuyos testimonios oí esta mañana lo tratarían más amablemente si él los visitara hoy. Pero lo que refleja aún más, me preguntaba, «¿Soy y son todos los testigos de Cristo libres de tendencias a azotar y maltratar al Salvador de la humanidad?» Se me ocurrió que nosotros también somos culpables y estamos en peligro de grave condena cuando abusamos de nuestro cónyuges e hijos, cuando mostramos la falta de respeto a nuestros padres o las personas de edad, cuando maltratamos a quienes sirven los misioneros del Señor y líderes del sacerdociocuando descuidamos a los pobres o los menos favorecidos, o cuando ofendemos a cualquiera de nuestros amigos o hablamos mal de ellos. ¿Cómo puedo justificar tal afirmación? No dijo Cristo, en referencia al juicio final, «En cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.» (Mateo 25:40)

De esta y otras escrituras, llego a la conclusión de que en tal sentido litigamos a Cristo cuando litigamos a los niños inocentes. Golpeamos a Cristo cuando golpeamos a otros con ira. Lo flagelamos cuando flagelamos a sus seguidores. Cristo oró al Padre que perdonara a los Judíos y los soldados romanos, le suplicó, diciendo, «porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34). ¿Va a ser tan indulgente con nosotros cuando estemos delante de la congregación y demos nuestro testimonio, declarando su divinidad, y luego al dar la vuelta maltratemos a nuestros hijos? Creo firmemente que los testimonios de esta mañana deben ser apoyados por los hechos del mañana.

Me pregunto si al escuchar que se nos invita a sostener una acción tomada por el obispado o presidente de rama, ¿Estamos realmente involucrados en esta acción? ¿Realmente apoyamos a nuestros oficiales y maestros? A última hora de la reunión ¿Usted o alguien rindió homenaje a un maestro o un obispo? ¿Expresa usted las gracias a un socio o a un miembro de la familia? Sospecho que muchos de nosotros hemos expresado promesas de lealtad a Dios, a nuestra familia, a los líderes de la Iglesia y al Evangelio de Jesucristo. Si todas estas cosas ocurrieran en las reuniones de testimonios de hoy en día, ¿Qué ocurriría en la vida de mañana? ¿Vamos a seguir siendo fieles a nuestras promesas para sostener la obra del Señor y los obreros del Señor?

En días pasados, los discípulos de Cristo expresaron su amor y devoción a él una y otra vez. En la ocasión cuando Cristo lavó los pies de sus discípulos, Pedro se opuso. Jesús dijo:

«Si no te lavo, no tendrás parte conmigo.»

La rápida respuesta del jefe de los apóstoles fue:

«Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza.»

El compromiso total y absoluto de lealtad al Salvador fueron la intención de estas palabras y las que siguen:

«¡Mi vida pondré por ti!» (Juan 13: 5-9, 37.)

Sin embargo, después de todas estas palabras, Pedro y los demás abandonaron al Salvador en el momento de su juicio y crucifixión. El registro declara simplemente:

«. . . Todos los discípulos, dejándole, huyeron» (Mateo 26:56)

Como se predijo, incluso Pedro, la roca, le negó tres veces (Mateo 26: 69-75).

Ahora antes de condenar a Pedro y a los otros, ¿no deberíamos preguntarnos si estamos en peligro de similares actos? ¿No deberíamos comprobar para ver si nosotros estamos por encima de la tentación de olvidar o negar? Es mi fuerte sensación de que abandonamos al Salvador en la votación para sostener a sus oficiales del sacerdocio, pero luego rechazamos la invitación de servir. Cuando damos testimonio de que el Evangelio es verdadero, pero nos negamos a compartir ese testimonio con los no creyentes, nosotros también lo estamos negando. Cuando no huimos ante las tentaciones, cuando no somos capaces de defender la verdad, lo traicionamos y nos alejamos.

Nuestras reuniones de testimonios incluyen una ordenanza de gran importancia: el sacramento. Comemos del pan y bebemos agua en memoria del sacrificio de Cristo, y al participar de estos emblemas, hacemos promesas específicas. A la vez, recibimos la promesa de que su Espíritu siempre estará con nosotros. Les recuerdo que, al participar del pan y del agua, damos testimonio a Dios de que estamos dispuestos a llevar su nombre y guardar sus mandamientos. Aunque dos poseedores del sacerdocio de Aarón pronuncian las oraciones, quienes son partes en dicho testamento; nosotros actuamos también como testigos. Durante su participación en los servicios sacramentales o de ayuno y testimonios, a menudo me he preguntado acerca de mi dignidad y de la dignidad de los demás para hacer lo que hacemos en esta ordenanza sagrada. Me he preguntado acerca de la pureza del espíritu, la limpieza del cuerpo, y la unidad de propósito.

Hace años, un tal Judas Iscariote participó en una ordenanza sagrada. En el transcurso de la realización de la presente ordenanza, Cristo dijo a sus discípulos:

«. . . Vosotros limpios estáis, aunque no todos.» (Juan 13:10)

Porque sabía que lo iba a entregar. Más tarde, después que el bocado, había sido comido, Satanás entró en Judas. Aún más tarde Judas hizo convenio para entregar al Maestro a sus torturadores por treinta monedas de plata. Parece obvio que los motivos impuros, el culto a los bienes materiales, la falta de limpieza, y los factores relacionados hicieron a Judas traicionar al Salvador. Su obra fue mala, inexcusable, y en armonía con su vocación como discípulo elegido.

Nuestros corazones se rompen cuando se revisan los acontecimientos en torno a la traición, y nuestra mente lloramos: «Judas, ¿cómo pudo haber hecho algo así?» Sin embargo, antes de condenar al hombre, no debemos buscar en nuestras propias almas y determinar si somos libres de todas las tendencias de la traición. Temo que traicionamos al Señor cuando nos entretenemos con pensamientos impuros y nos dejamos llevar por motivos contrarios a los de glorificar a Dios y la construcción de su reino.

Cuando ponemos nuestros corazones en los tesoros del mundo, lo traicionamos. Cuando contaminamos nuestros cuerpos, y permitimos que las influencias satánicas entren nuestras vidas, somos vulnerables al igual que Judas.

No hay lugar entre los declarantes del Señor Jesucristo para la burla, flagelación, abandono, o traición en ninguna manera. Oh, ¡cómo oro para que podamos dar testimonio, y un testimonio puro y luego vivir en consecuencia, para que podamos abrir nuestra boca el domingo de testimonio y luego vivir de acuerdo con el modelo de ese testimonio todos los días de nuestras vidas! Debemos estar llenos del deseo de declarar, pero debemos estar llenos también con la determinación de vivir de acuerdo con nuestros testimonios. Debemos ser fieles; debemos ser puros.

Anteriormente hice referencia a una escritura registrada en hebreos, y me gustaría citar de nuevo, esta vez añadiendo a la misma.

Por tanto, nosotros también, teniendo a nuestro al redor tan gran nube de testigos [los ciento cincuenta mil o más que he mencionado que han dado testimonio hoy], dejemos a un lado todo peso y pecado que nos rodea, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. (Hebreos 12:1)

Al leer estas palabras, siento que es nuestra sagrada obligación dejar a un lado estos pesos y pecados e ir hacia adelante como discípulos de Jesucristo.

Esto me recuerda que todos fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios; y que todos fuimos hechos un poco menor que los ángeles (Salmo 8:5). Es nuestro reto mantenernos limpio y puros y llegar a ser como él. Cristo no nos cuestiona que no seamos perfectos, como su Padre celestial es perfecto (Mateo 5:48) Sino que nos reta a ser como él es (3 Nefi 12:48). Ese es el reto, y eso es lo que debemos hacer si realmente creemos y queremos dar testimonio con convicción.

Me encantan las palabras escritas por James Talmage, según consta en Jesús el Cristo, en el que habla de nuestra acuñación divina:

Toda alma humana lleva estampada la imagen e inscripción de Dios, pese a lo borrado e indistinto que la corrosión o desgaste del pecado haya dejado la acuñación;’ y así como a César se deben entregar las monedas sobre las que aparece su imagen, en igual manera deben entregarse a Dios las almas que con su imagen han sido grabadas. Entréguense al mundo las piezas acuñadas, convertidas en uso corriente por las insignias de los poderes mundanos; y a Dios y su servicio entreguémonos nosotros mismos en calidad de la divina moneda de su reino eterno. [James E. Talmage, Jesús el Cristo, Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1956), pp. 289]

Todos nosotros hemos tenido la experiencia de notar en los rostros de la gente los efectos del pecado. Es obvio, se puede observar y es desgarrador. Hace algunos años, mi esposa y yo tuvimos el privilegio de servir en una misión en Texas. Al regresar de una visita en la parte oriental de ese estado, paramos en una cafetería para el almuerzo. Tomamos lugares en una cabina y empezamos a pedir nuestra comida, pero estaba molestos por la conversación en la cabina junto a la nuestra. En esa cabina una mujer muy fea y sucia. El humo a su alrededor, su lenguaje era fatal, y su tratamiento con las personas era muy abusivo. Llegó a ser tan molesto para nosotros que decidimos salir; pero cuando estábamos levantándonos para hacerlo, se fue. Ella estaba en una silla de ruedas, al parecer lisiada. Desde que se había ido, nos instalamos y acabamos de comer. Cuando terminamos fuimos a la caja para pagar la factura y quedamos impactados al verla detrás del mostrador; era la dueña del lugar. Al pagar la cuenta miramos detrás de ella y vimos en la pared un retrato precioso, casi de tamaño natural de una joven muy hermosa. Estudiamos esa imagen mientras esperábamos para que ella nos diera el cambio, y me di cuenta de la similitud entre los ojos y los ojos de la chica de la pintura. Le pregunté a la mujer si la imagen era de ella, y ella respondió con orgullo que era de hecho una foto de ella en su juventud. Al cuestionar su más allá, descubrimos que tenía la edad de mi esposa. Pero fue desgarrador observar cómo su belleza se había ido y perdido por el pecado. Era obvio que había abusado de su acuñación divina y que estaba empantanada con el pecado.

Mis hermanos y hermanas, es imperativo que nosotros, como hijos e hijas de Dios, como declarantes del Cristo dejemos a un lado las cargas, y nos liberemos del pecado, para llegar a ser como él. ¿Cómo hacemos eso? Lo hacemos mediante el establecimiento de los ojos solo para su gloria. Lo hacemos asegurándonos de que la verdad pasa a través de nuestros labios. Me parece interesante, en la lectura del Libro de Mormón, que nos dice cómo hablar. El capítulo 32 de 2 Nefi, versos 2 y 3 se lee:

¿No os acordáis que os dije que después que hubieseis recibido el Espíritu Santo, podríais hablar con lengua de ángeles? ¿Y cómo podríais hablar con lengua de ángeles sino por el Espíritu Santo?

Los ángeles hablan por el poder del Espíritu Santo. . .

Si los ojos son individuales, si hablamos con la lengua de ángeles, si tenemos las manos limpias y el corazón puro del que habla el salmista (Salmo 24:4), y si hacemos todo lo que esté a nuestro alcance para asumir el rostro de Cristo, y estar a la altura como sus testigos.

En el capítulo 5, verso 14, de Alma, el profeta Alma plantea estas preguntas a un grupo de creyentes:

«Y ahora os pregunto, hermanos míos de la iglesia: ¿Habéis nacido espiritualmente de Dios? ¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros?»

Cuando miro el presidente Kimball, LeGrand Richards, y otros que han vivido los mandamientos, que han puesto a un lado los pesos, y que se han librado del pecado, veo pureza, rostros brillantes, y testigos maravillosos y efectivos de la verdad.

Volvamos a hebreos, capítulo doce. Más allá de lo que ya he leído, hay algo de más grande importancia a lo que deseo remitirme. Comenzando por el principio:

Por tanto, nosotros también, teniendo a nuestro alrededor tan gran nube de testigos, dejemos a un lado todo peso y pecado que nos rodea, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien, por el gozo puesto delante de él, sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:1-2)

Como testigos sin duda hay que mirar a Cristo. Las Escrituras afirman claramente esta idea y muy bien, y me gustaría compartir tres en particular con ustedes. El primero se encuentra en Helamán:

Y ahora bien, recordad, hijos míos, recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos, sí, sus dardos en el torbellino, sí, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros al abismo de miseria y angustia sin fin, a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán. (Helamán 5:12)

Ese debe ser nuestro fundamento. Una escritura en Alma declara una idea similar:

Y te he dicho esto, hijo mío, para que aprendas sabiduría, para que aprendas de mí que no hay otro modo o medio por el cual el hombre pueda ser salvo, sino en Cristo y por medio de él. He aquí, él es la vida y la luz del mundo. He aquí, él es la palabra de verdad y de rectitud. (Alma 38:9)

Además de estas dos, tenemos la siguiente escritura, que es tan hermosa y llena de significado:

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer. (Juan 15: 1-5)

Hermanos y hermanas, este ha sido un día maravilloso de testimonio. Yo estaba tratando de contar todos los testimonios que he escuchado en las pocas horas, que va más allá de los quince años. ¡Estamos rodeados por una nube de testigos, lo que es una cosa maravillosa y hermosa! Pero es imprescindible, hermanos y hermanas, que esta nube de testigos sea coherente, fiel, y fiel a todo lo que han expresado. Sus días lunes, martes, sus miércoles, y las cosas que hagan en esos días, sin duda deben apoyar todo lo que han expresado el domingo. ¡Si así fuera, la fuerza que vendría, el poder y lo bello le correspondería a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días!

Me gusta pensar en el ejemplo María, que durante las últimas horas de la vida del Salvador vino con su frasco de alabastro de ungüento y ungió sus pies. He aquí una mujer que sabía de su vocación divina; Estoy seguro de que ella había declarado muchas veces. Pero más allá de eso, ella estaba interesada en las buenas obras. Los discípulos trataron de impedírselo pensando que estaba perdiendo la pomada. Pero el Salvador les prohibió y le permitió hacer lo que hizo, diciendo que su acto haría memoria de ella.

Ruego para que apoyemos nuestros testimonios mediante la apertura de nuestras cajas de alabastro con perfume, dándole a él y a su causa lo mejor. Debemos dar lo mejor de nosotros mismos libremente. Debemos dar de nuestra sustancia; debemos dar todo si somos realmente y verdaderamente declarantes del Evangelio de Jesucristo. Que seamos agradecidos de la nube de testigos; ¿Podemos dejar a un lado nuestros pecados; podemos evitar todas las formas de burla; podemos evitar todas las formas de flagelación; podemos evitar todas las formas de traición a la verdad de Cristo viviendo en armonía con nuestros testimonios?

Doy testimonio de que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en el día de hoy. Sé con todo mi corazón que el Salvador es real, que está vivo, y que dirige su reino a través de un profeta viviente, Spencer W. Kimball

Les testifico, hermanos y hermanas, que su felicidad y la mía serán recibidas en proporción a nuestra obediencia y nuestra fidelidad a nuestros testimonios declarados. Que podamos ser verídicos en todos los sentidos; Que podamos ser testigos fuertes y robustos; Que podamos ser misioneros y salir determinados, limpios, puros y vivir en completa armonía como testigos de Cristo. Esta es una gran obra, y es un privilegio estar asociado con él. Que Dios nos bendiga para vivir dignos de todas las bendiciones es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén

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La feliz obligación de la obra misional.

Devocional, Universidad Brigham Young, 17 de agosto 1977.

La feliz obligación de la obra misional.

Élder Carlos E. Asay

Siempre es una experiencia agradable, ser nombrado para estar en su presencia. Son ustedes una generación muy especial, y les saludo no sólo por lo que son, sino por lo que pueden llegar a ser. Agradezco la amable presentación dada por el hermano Gundersen. Ha sido bastante generoso en su presentación y la lista de logros personales; y, como ocurre generalmente en estos casos, hizo que sonara más prometedor y significativo de lo que realmente es. A menudo me he preguntado cómo reaccionaría el Señor a dichas introducciones cuando supervisa nuestras reuniones. Ustedes recordarán que él, el Cristo resucitado y Salvador de toda la humanidad, ha recibido esta sencilla pero profunda introducción de siete palabras: «Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!» (José Smith 2:17).

Estas últimas semanas he orado y reflexionado largo y tendido sobre esta misión y mi objetivo más importante ha sido la idea de que debo instruir por el Espíritu de la verdad, de lo contrario mis palabras no edificarán ni harán que se regocijen. Lo más importante en mi corazón ha sido el deseo de presentar un mensaje que el profeta aprobaría y respaldaría. Además, he sentido una preocupación acuciante para los dos grupos de personas: los que no han probado la alegría de asociarse con el servicio misional, ya sea por tiempo completo o como misioneros de estaca; y aquellos que han servido como misioneros en un momento u otro, y han probado la dulzura de este servicio, pero que desde entonces se han excusado a sí mismos de una mayor participación.

En la sección 123 de Doctrina y Convenios se menciona tres veces que es «una obligación imperiosa.» Este deber imperativo, se nos dice, que tenemos para con Dios y los ángeles, ante quienes nos presentaremos, así como para con nosotros mismos, nuestras esposas e hijos que han sido agobiados por la angustia, tristeza y congoja, bajo la mano más detestable del homicidio, la tiranía y la opresión, apoyados, incitados y sostenidos por la influencia de ese espíritu que tan fuertemente ha remachado los credos de los padres, quienes han heredado mentiras, en el corazón de los hijos, y ha llenado el mundo de confusión, y se ha estado haciendo cada vez más fuerte, y es ahora la fuente misma de toda corrupción, y la tierra entera gime bajo el peso de su iniquidad.

Es un yugo de hierro, una ligadura fuerte; son las esposas y cadenas, las ataduras y grilletes mismos del infierno. (Doctrina y Convenios 123:7-8)

¿Qué, pues, de acuerdo con esta escritura, es nuestro deber imperativo, nuestra tarea urgente y que no debe ser evitada? Es sacar a la luz todos los secretos de las tinieblas y de construir el reino de Dios. Es ser embajadores de la verdad y participantes activos en la gran causa misional del Señor.

Hace tres semanas, tuve el privilegio de conocer a un converso muy inusual, un ex ministro protestante. Este joven, me dijeron, una vez finalizada su formación para el ministerio, se convirtió en un portavoz de su iglesia en contra de los mormones. Estudió cuidadosamente la literatura anti-mormón y desarrollo presentaciones de gran alcance para desacreditar a la Iglesia. Con el tiempo se convirtió en algo popular y famoso. Me han dicho que en una ocasión asistió a una conferencia dada por un profesor de LDS. Quedó impresionado por lo que escuchó y se quedó después de la clase para cumplir con el instructor de mormón. Procedió a decirle al profesor de su trabajo, su ministerio especial en oposición a la fe mormona. El profesor escuchó educadamente y respondió algo como esto: «Sospecho que debe hacer lo que creo que es correcto; Sin embargo, asegúrese de que lo que enseña acerca del mormonismo sea verdad».

Al ministro le dieron vueltas estas palabras del profesor en la cabeza. Unos días más tarde volvió a visitar al profesor y lo invitó a leer y criticar el texto de sus conversaciones anti mormones, declarando que era sincero en su deseo de enseñar la verdad. Como pueden adivinar, el profesor encontró algunos errores en el material y procedió a hacer las correcciones necesarias. También sugirió que el ministro podría obtener más verdad sobre el mormonismo, asistiendo a las reuniones de la Iglesia, escuchando a los misioneros, y la comunión con los santos en esa área en particular. Él hizo todas estas cosas y más. Llegó el momento en que la verdad se sobrepuso al error, y el prejuicio fue reemplazado por la comprensión y el amor.

Permítaseme describir la escena de conclusión de esta historia de conversión como se me ha dicho. Un gran sumo sacerdote, uno de los mejores misioneros que conozco, visitó al ministro y lo invitó a ser bautizado. El ministro admitió que sabía que la Iglesia era verdadera, pero eludió el tema del bautismo diciendo que él no quería romper su matrimonio.

«Bueno», dijo el misionero, «¿ha hablado con su esposa acerca de unirse a la Iglesia?»

«No», dijo, «no me he atrevido a hacerlo.»

«Hágalo ahora», instó el misionero.

Y así lo hizo; llamó a su esposa y le anunció su deseo de convertirse en un mormón. La esposa voló por la habitación y saltó a los brazos de su marido, exclamando. «He estado esperando semanas para oírte decir esto!» Como he dicho antes, me encontré y visité brevemente a esta extraordinaria pareja. Su expresión de testimonio para mí fue simplemente: «Nunca hemos conocido tal alegría.»

Una y otra vez el Señor ha hecho mención de nuestro deber imperativo misional. ¿Recuerdan aquella porción significativa de la alianza bautismal que se enseña entre los nefitas en las aguas de Mormón? Los bautizados se comprometen a:

«. . . ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar. . . aun hasta la muerte» (Mosíah 18:9)

¿Recuerdan el mandamiento contenido en la revelación dada a la Iglesia en 1831? Por favor, tenga en cuenta estas palabras:

Y además, os digo que os doy el mandamiento de que todo hombre, tanto el que sea élder, presbítero, o maestro, así como también el miembro, se dedique con su fuerza, con el trabajo de sus manos, a preparar y a realizar las cosas que he mandado.

Y sea vuestra predicación la voz de amonestación, cada hombre a su vecino, con mansedumbre y humildad. (Doctrina y Convenios 38:40-41)

¿Recuerdan la instrucción que se encuentra en la revelación moderna que nos recuerda el deber de advertir a nuestros vecinos? Se lee:

«He aquí, os envié para testificar y amonestar al pueblo, y conviene que todo hombre que ha sido amonestado, amoneste a su prójimo.

Por tanto, quedan sin excusa, y sus pecados descansan sobre su propia cabeza.» (Doctrina y Convenios 88:81-82)

El presidente Kimball hace referencia frecuentemente a los versos finales que se encuentran en el Evangelio según San Mateo:

Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mateo 28: 19-20)

Estas y otras escrituras dejan muy en claro que aquellos que encuentran la verdad tienen la responsabilidad sagrada de compartir esa nueva verdad que encuentra con los demás. Dios espera de nosotros, sus hijos, que seamos participes de hacer avanzar su causa. Nuestro trabajo y gloria, como la suya, debe ser «llevar a cabo la inmortalidad una vida eterna del hombre» (Moisés 1:39). Este asunto de salvar almas es urgente, y hay que hacer cuanto esté en nuestro poder para salvar a los hijos de nuestro Padre. Es nuestro deber imperativo.

Reconociendo que el Evangelio fue restaurado a la tierra hace casi un siglo y medio, nos hacemos la pregunta: «¿Cómo lo estamos haciendo? ¿Qué progreso estamos haciendo en términos de llevar el Evangelio a todas las tierras y a todo el mundo?» En mi juventud he oído a líderes locales del sacerdocio leer y exponer en muchas ocasiones la siguiente escritura:

«Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre en la tierra, y de allí rodará el evangelio hasta los extremos de ella, como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra.» (Doctrina y Convenios 65:2)

A pesar de que estas palabras eran parte de una revelación dada al profeta José Smith en 1831, y aunque yo confiaba en las Escrituras y las palabras de mis líderes, en serio me preguntaba si es que alguna vez se cumplirían. Después de todo, en ese momento nuestros números eran relativamente pocos, nuestra fuerza misional era pequeña, y el crecimiento de la Iglesia era lento. En los últimos años, sin embargo, ciertas cosas se han producido en nuestro esfuerzo proselitista para cambiar mi punto de vista de uno de escepticismo a una de perspectiva y esperanza. Tengan en cuenta estas estadísticas interesantes incluidas en un informe realizado por el presidente Kimball en la conferencia general de octubre de 1976. Cito:

Se estima que se tardó 117 años, desde 1830 hasta 1947, para alcanzar un millón de miembros. Luego nos llevó dieciséis años, 1947-1963, para alcanzar el segundo millón de miembros, y después de nueve años, desde 1963 hasta 1972, para alcanzar el tercer millón. Probablemente tomará unos cuatro o cinco años para moverse hasta la marca de cuatro millones, y entonces podemos adivinar lo que nos depara el futuro. (Ensign, noviembre de 1976, p. 4)

¿Quién puede leer este tipo de estadísticas y aún dudar de la palabra del Señor?

Permítanme compartir otros hechos relacionados con los esfuerzos misionales de la Iglesia que proporcionan evidencia adicional de que la piedra está rodando hasta llenar toda la tierra. ¿Ustedes sabía que ahora tenemos ciento cincuenta y seis misiones completas, además de las casi novecientas misiones de estaca organizadas? Ahora tenemos más de veinte y cinco mil misioneros de tiempo completo en el campo. Hace treinta años nos jactábamos cuando llegamos a la marca de tres mil. Se llevaron a cabo más de 140.000 bautismos de conversos en 1976, un aumento de cuarenta y ocho por ciento respecto al período misional de productividad en 1975; de nuevo, hace treinta años tuvimos el orgullo de llegar a 6.000 conversos. Ahora hemos organizado misiones ubicadas en cincuenta y tres países.

Otras estadísticas podrían citarse para confirmar la verdad de que se están cumpliendo las profecías, y que estamos comprometidos en la obra divina del Señor. Aún así, sin embargo, nuestro trabajo debe acelerarse. Debemos ver la urgencia de la causa misional como el profeta ve y cumplir con nuestro deber imperativo de compartir el Evangelio con todas las personas. Si esperamos mantener el ritmo con el profeta en este negocio de salvar almas hay que aceptar su visión. Él ha declarado a los miembros de la Iglesia:

Esperamos tener una cooperación completa entre la estaca y los misioneros de tiempo completo, e involucrar a los miembros de la Iglesia en general, en la apertura de la puerta del evangelio a otros hijos de nuestro Padre. . .

Me parece vislumbrar. . . miles. . . preparados y ansiosos. . . para el servicio misional. . . hasta que el ejército de misioneros del Señor cubrirá la tierra como las aguas cubren el gran océano.

. . . Es poco realista esperar que 19.000 o incluso 100.000 misioneros puedan cubrir el globo. . . Hacemos un llamado a los líderes del sacerdocio para que enseñen a todas las familias de la Iglesia a asumir sus responsabilidades. (Seminarios Representantes regionales, 4 de abril de 1974, y 3 de abril, 1975)

En mi mente esto no es una creencia o un deseo asociado con el éxito del trabajo misional; si uno no abraza esta creencia y el deseo, el reto de ser misionero de tiempo completo o un miembro son sólo una de tantas palabras. Con esta creencia y el deseo, sin embargo, la participación en la actividad misional asume un sentido de urgencia y emoción. El deber imperativo del que hablo se convierte en una labor de amor, no sólo otra asignación de la Iglesia. Me explico. La creencia a la que me refiero es la siguiente:

Porque todavía hay muchos en la tierra, entre todas las sectas, partidos y denominaciones, que son cegados por la sutil astucia de los hombres que acechan para engañar, y no llegan a la verdad solo porque no saben dónde hallarla. (Doctrina y Convenios 123:12)

Hace unos días mi esposa y yo asistimos a una conferencia para la juventud en Texas. La sesión de clausura fue una reunión de testimonios, y entre los que expresaron su testimonio una joven y bella dama, comenzó diciendo, «Yo no pertenezco a su iglesia, pero ustedes tienen algo grande y quiero ser parte de ella.»

A principios de este año hemos recibido una carta conmovedora de una mujer joven del Este. Me gustaría leer una parte de la carta.

Estoy tan motivada por el programa de la Noche de Hogar. Casi no puedo esperar para mostrárselo a mis amigos. Mi marido y yo estamos casados y habiendo sido educados con fuertes creencias religiosas, él católico y yo Bautista [y eso es una combinación explosiva], ahora estamos buscando una iglesia que satisfaga nuestras necesidades y una en la que podemos satisfacer nuestras necesidades. ¿No es interesante? Tenga en cuenta lo siguiente: Con esto quiero decir que queremos encontrar una Iglesia donde podemos ampliar nuestros conocimientos y renunciar a parte de nuestro tiempo y de nosotros mismos. No creemos en tan sólo asistir a la iglesia el domingo por la mañana, queremos creer que vivimos las enseñanzas de Jesucristo durante toda la semana en lugar de sólo el domingo.

[Ella afirma además] Sabemos muy poco acerca de la iglesia mormona, su historia, su presente, o sus esperanzas futuras. Estamos tratando de encontrar material y ampliar nuestra comprensión y le agradeceríamos cualquier información que podría enviarnos o recomendarnos. [Y, les aseguro que, dicha solicitud ha sido cumplida] Estamos realmente emocionados. Esto es como abrir un nuevo mundo ante nosotros y casi no puedo esperar para entrar en él. Gracias por su inspiración.

Una ilustración más. Varios años atrás, al presidir la Misión del Norte de Texas, tuve la oportunidad de volar de Dallas a Lubbock. Al entrar en el avión vi a una joven sentada leyendo la Biblia. Al principio pensé que era una dama misionera de camino a casa de su misión; Sin embargo, al mirar más de cerca pude ver que su Biblia no era la versión del Rey Santiago. Así que le pregunté si le importaba. Me senté junto a ella. Ella me invitó a hacerlo. Una vez en el aire, le comenté que parecía como si ella amaba las Escrituras. En respuesta ella levantó el libro y lo agitó en mi cara y dijo: «Señor, este libro me salvó la vida. Significa todo para mí.»

Luego procedió a contarme su historia. Entre otras cosas que había abandonado a su familia, la escuela y la iglesia. De hecho, ella confesó que su vida se había vuelto tan sórdida y confusa que había considerado la posibilidad de cometer suicidio. Cuando la vida parecía más oscura fue que alguien le presentó la Biblia, fue la palabra del Señor la que le cambió. Me conmovió su testimonio.

En medio de la conversación el piloto anunció que Lubbock estaba nublado con nubes pesadas y que nuestro destino había sido cambiado. Este anuncio decepciono a todos. En silencio y en privado oré para que las nubes se disiparan y que pudiéramos aterrizar en Lubbock. Tuve una reunión muy especial a la que tenía que asistir. Unos minutos más tarde, el piloto de nuevo interrumpió la conversación con el anuncio de que la tormenta había cambiado y que aterrizaría en Lubbock como estaba previsto. Todo el mundo aplaudió. Me volví hacia mi compañero de viaje y dije: «Una rápida respuesta a una oración.»

«Oh», respondió ella, «¿verdad ora, también?» Por el resto de mi vida voy a recordar que mi oración fue escuchada.

Muchos más casos e historias podrían añadirse en apoyo de la creencia de que hay muchas personas buenas, fieles y temerosas de Dios, que no llegan a la verdad sólo porque no saben dónde encontrarla. El deseo del trabajo misional debe ser el mismo que motivo a Alma y a los hijos de Mosíah en sus labores. Se dice de ellos:

«Estaban deseosos de que la salvación fuese declarada a toda criatura, porque no podían soportar que alma humana alguna pereciera; sí, aun el solo pensamiento de que alma alguna tuviera que padecer un tormento sin fin los hacía estremecer y temblar.» (Mosíah 28:3)

Ha sido mi deseo que la mayoría de los nuevos conversos a la Iglesia compartan este sentimiento. Después de haber probado los frutos del Evangelio, deseen que otros, en particular los miembros de su familia participen de él también. Para que sepan, como sabía Lehi, que es deseable más que cualquier otro fruto. Una joven recién convertida expresó su deseo de compartir el Evangelio cuando dijo sobre los miembros de su familia: «Quiero que sepan que yo sé. Quiero que se sientan como me siento. Quiero que ellos hagan lo que he hecho».

Siento que la creencia y el deseo de la obra misional que he discutido constituyen el espíritu del servicio misional. ¿Puede uno sentarse y no hacer nada al respecto de compartir el Evangelio cuando se reconoce el valor de las almas y sabe que estas almas tienen sed de la verdad? Yo creo que no. He pasado muchas horas reflexionando sobre el problema de la participación de los miembros en la obra misional, incluyendo la mía; y poco a poco he llegado a la conclusión de que la participación productiva en el esfuerzo proselitista del Señor comienza con el espíritu, crece a medida que se gana confianza, y madura a través de la plena participación en las actividades de hermanar y teniendo comunión. No tengo el tiempo para discutir este proceso de participación con gran detalle, pero me gustaría exponer tres sencillos pasos.

El primer paso es captar el espíritu de mantener el esfuerzo misional. Este paso invita a los miembros a sostener el esfuerzo misional mediante el modelo del Evangelio, por el ayuno y la oración para abrir las puertas de las naciones y los corazones de los hombres, y mediante el apoyo de tiempo completo y los misioneros de estaca. Tales acciones son bastante simples pero muy importantes.

No hace mucho asistí a una conferencia de estaca, donde un recién converso fue llamado a dar su testimonio. Empezó su historia diciendo que su interés inicial en la Iglesia fue provocado por un socio de negocios, un miembro de la presidencia de estaca. Después de relatar los incidentes que condujeron a su conversión el hombre dijo, señalando al consejero, «Estoy aquí gracias a él. Gracias a Dios que él es un modelo del Evangelio y me hizo querer ser como él».

Hay que recordar también la naturaleza preciosa de las almas y el poder de la oración y así solicitar la ayuda de Dios para obtener el éxito en el trabajo con los demás. Tenemos que levantar nuestras voces al cielo como lo hizo Alma y llorar,

¡Oh Señor, concédenos lograr el éxito al traerlos nuevamente a ti en Cristo!

¡He aquí, sus almas son preciosas, oh Señor, y muchos de ellos son nuestros hermanos; por tanto, danos, oh Señor, poder y sabiduría para que podamos traer a estos, nuestros hermanos, nuevamente a ti! (Alma 31:34-35)

Muchas veces he escuchado al presidente Kimball invitar a miembros de la Iglesia a orar para que nuestro trabajo tenga éxito, que se abran las puertas. Al hacer estas cosas similares y dirigir nuestros pensamientos más allá de nosotros mismos hacia los demás y preocuparnos por su bienestar. De esta manera el espíritu misional se siente y te atrapa.

Hablando del poder de la oración y el poder del ayuno y de la redención de las almas, permítanme compartir esta historia. Recientemente entrevisté a una futura misionera con una historia muy inusual. A los diecisiete años se escapó de su casa y vivió con un hombre sin molestarse en tener un matrimonio formal. Su compañero utilizó a la joven para obtener ventajas comerciales. En muchas ocasiones se dispuso a dormir con los clientes. Después de dos años de revolcarse en el pecado, la joven se despertó con un sobresalto, una mañana, preguntándose, «¿Qué estoy haciendo? ¿Qué le estoy haciendo a mi familia? ¿Dónde está mi líder? «No había tenido pensamientos como esto antes. Se molestó hasta el punto de que se vistió, salió del apartamento, y vagó por las calles. Estaba confundida y se preguntó qué debía hacer. Por último, se determinó a regresar a su casa, como el hijo pródigo, y buscar ayuda de sus seres queridos. A su regreso a casa se enteró de que sus padres, hermanos y hermanas, y otros estaban ayunando y orando en ese momento para que ella encontrara el camino a su casa. Un padre amoroso y obispo pueden aceptar su confesión y hacer lo que sea necesario para ayudar a limpiar su vida. De hecho, la pusieron en un programa de limpieza que duró tres años.

Como esta joven y hermosa mujer completó su programa, fue aceptada de nuevo en la Iglesia en comunión plena, su único deseo era servir al Señor como misionera de tiempo completo. Ella me explicó que había recibido muchas propuestas, pero que las había rechazado porque, como ella declaró: «Tengo una deuda que pagar. Fui rescatada por la gracia de Dios y quiero hacer algo a cambio. «Hay poder en el ayuno y la oración y se debe aplicar en nuestros esfuerzos por redimir las almas. Debemos ayunar y orar para que todos los hijos de Dios encuentren su camino a casa.

Una vez que el espíritu de la obra está con nosotros por lo general, queremos compartir nuestras bendiciones con los demás. Esta es la segunda etapa, en la que construimos la confianza por compartir. El deseo de compartir nos debe motivar a servir en misiones si tenemos la edad apropiada y no hemos servido previamente, debemos preparar a nuestros hijos e hijas para la misión, contribuir al fondo misional, compartir copias del libro de Mormón, compartir suscripciones a las revistas de la Iglesia, y buscar referencias. Estas acciones tienden a fomentar la confianza en el programa, y pueden ser realizadas por los más tímidos de nosotros. Me emociono cada vez que reflexiono sobre la puesta en común que se ejemplifica en la familia James R. Boone de Jacksonville, Florida. Hermano Boone, su primera esposa, y trece hijos e hijas han servido todas misiones de tiempo completo. Su segunda esposa también sirvió en una misión. ¡Imagínese, dieciséis misioneros en una familia, la alegría y la confianza que han cosechado!

Cada vez que pienso en compartir un ejemplar del Libro de Mormón, me acuerdo de una joven en Texas que le fue presentado el Evangelio por mi hija. En su estudio prospectivo de conversión tuvo un tiempo difícil de aceptar las enseñanzas presentadas por los misioneros en las primeras charlas, y al mismo tiempo, cuando se le informó que su bautismo anterior, llevado a cabo por una iglesia protestante, fue invalidado, se alejó de la casa de la misión prometiendo nunca regresar. Semanas más tarde, sin embargo, a causa de algunas experiencias que promovieron su fe, la joven volvió a escuchar las charlas y fue bautizada en la Iglesia.

Después de su bautismo le pregunté: «¿Qué te trajo de vuelta?»

«Fue el libro», dijo, «el Libro de Mormón.» El Libro de Mormón y revistas de la Iglesia son grandes herramientas que los misioneros deben compartir generosamente con otros. Ellas ayudan a enseñar y dan testimonio de la verdad, incluso mientras los misioneros duermen.

Los pasos uno y dos deben promover un deseo de participar plenamente en hermanar y el hermanamiento de las familias que no son miembros, que es el paso tres. Independientemente del número de su unidad familiar, independientemente de donde vive, el proceso es el mismo: la oración, seleccione un amigo o familiar que no es miembro, un plan actividades para hermanar, invitar a aprender más sobre la Iglesia, y continuar teniendo comunión con esos amigos o familias después de que se conviertan en miembros de la Iglesia. Me emocioné cuando vivíamos en Hawai, nuestro hijo trajo a casa a uno de sus asociados, uno que se había encontrado en el trabajo, y lo invitó a compartir una noche de hogar con nosotros. Tengo que admitir que no parecía tan limpio, y me preguntaba por qué nuestro hijo se asociaba con él; pero no era mucho tiempo en absoluto, después de algunas actividades de hermanamiento y teniendo comunión, este joven se limpió y fue bautizado en la Iglesia. Lo emocionante para mí fue, que hace unos meses cuando visité la Misión de Arcadia California, pude ver a este joven sentado como un misionero. Él está allí cumpliendo una misión de tiempo completo.

Tengo un amigo, el hermano George Goff, quien atribuye su conversión y crecimiento en la Iglesia a este tipo de hermanamiento. Permítanme leer una parte de su historia.

Cuando mi esposa, Linda, y yo nos trasladamos a Waco, Texas, en 1969, pude sentir que algo raro iba a pasar. Los bautistas del sur eran activos y tenía un estilo de vida conservador. Cuando asistimos a nuestro primer partido de la compañía, nos sentimos un poco incómodos, pero pronto me identifique con alguna gente que se sentía como nosotros. Cuando Leo entró Weidner, el grupo comenzó a preguntarle en broma si había llevado su propia cerveza. Pronto se hizo evidente que no necesitaban alcohol para pasar un buen rato. Estaba impresionado con su espíritu jovial y al día siguiente le pregunté acerca de sus creencias religiosas. Me dijo de inmediato que era un miembro de la Iglesia y nos invitó a una reunión misional con el Libro de Mormón.

Tan pronto como oí la historia de José Smith y vi su foto en el bosque, sabía que la Iglesia era verdadera. Di mi testimonio a la familia y amigos y ellos expresaron que estaban perturbados con mi » extraño comportamiento».

El hermano Weidner nos dio una atención constante y pronto nos presentó a una nueva pareja. Esta pareja, Del y Vergie Rogers, se convirtieron en una fuerza tremenda en nuestra conversión. Se convirtieron en nuestros amigos y descubrieron nuestras necesidades individuales. A pesar de que el Espíritu me había tocado, todavía tenía un deseo insaciable de conocer la doctrina. Ellos nos presentaron a los misioneros de tiempo completo, e hicieron todo lo posible para ayudarnos a ganar conocimiento.

Se hizo evidente que Linda realmente no estaba interesada en la iglesia. Vergie Rogers nos dijo más tarde que ella había decidió «convertirse en una buena amiga de Linda y no mencionar la religión nunca más.» A través de esta amistad se encontró con que Linda tenía un gran interés en la genealogía y el almacenamiento de alimentos. Linda incluso llegó a ser tan entusiasta que compramos suministro de alimentos para un año completo antes de que nos uniéramos a la Iglesia.

Debido a que Texas fue nuestra casa y había pocos Santos de los Últimos Días en nuestra área, estas tres personas tenían una dura resistencia en convencernos de hacer un cambio religioso. Tuvimos un compañerismo constante durante un año antes de ser bautizados. Casi todas las semanas nos invitaron a sus casas para la cena o compartir un helado, o fuimos invitados a ver una película, o eventos sociales de la Iglesia, y reuniones de la Iglesia. Estaban sinceramente interesado en nosotros que realmente no podíamos sentirnos intimidados. En nuestro bautismo y después tuvimos la evidencia total de la sinceridad de estos Santos:

  1. Un ex presidente de la misión (Sanford Eliason) viajó 120 millas para hablar en nuestro bautismo.
  2. El nuevo presidente de la misión (Carlos E. Asay) nos escribió una carta de felicitación y nos dio aliento constante después de nuestro bautismo.
  3. Del y Vergie Rogers viajaron 1.400 millas para asistir al Templo de Los Ángeles con nosotros un año después de nuestro bautismo.
  4. Recientemente Leo Weidner me dijo cómo él me consideraba como un hermano y realmente ha demostrado al estar cerca cuando he necesitado una mano de ayuda.

Todos los que han estado en comunión con nosotros en estos últimos siete años nos han demostrado su amistad, y nos han dado toda su ayuda, tal como lo hicieron antes de nuestro bautismo.

Aunque el Espíritu se mueva rápidamente, nunca podríamos haber tenido la fuerza para hacer frente a la adversidad de abandonar las creencias familiares y las viejas amistades sin estos nuevos amigos. No hay bienes materiales que puedan reemplazan al amigo verdadero y sincero. Y estas amistades han sobrevivido a pesar de los cientos de millas que nos separan.

¿No es hermoso? Me gustaría que esta historia se repitiera cientos y miles de veces más. Con demasiada frecuencia, me temo, los miembros evitan o posponen sus oportunidades misionales porque no saben cómo participar. Ellos no entienden el proceso que he descrito; en consecuencia, se niegan a sí mismos bendiciones y experiencias. Los invito, a pesar de que muchos han servido en misiones de tiempo completo, a pensar en los tres pasos que he descrito. Animese a tomar cuidadoso inventario de su círculo de amigos y de continuar con sus actividades misionales. De esta manera el entusiasmo sustituirá a la apatía, la confianza va a superar el miedo, y la participación coronará sus esfuerzos con éxito.

De vez en cuando, me temo, los ex misioneros se excusan de la actividad de ser un miembro misionero diciendo que ya han servido y han hecho su parte. A tales personas les digo: «Arrepentíos; arrepiéntanse antes de perder el espíritu de compartir el Evangelio de Jesucristo.

¡Qué pérdida de tiempo y esfuerzo y energía y dinero es cuando un misionero vuelve a casa y abandona sus hábitos de misionero y el carácter! Debemos esforzarnos para reclamar sobre una base de por vida de los beneficios de servir como misioneros. Siempre debemos ser misioneros. Me encanta este pensamiento expresado por Amasa M. Lyman, cuando dijo:

No estoy contento de estar aquí porque mi misión se terminó, por ejemplo, no considero que sea el caso en absoluto. A menudo decimos que hemos estado en una misión, y hemos cumplido una misión, y volvemos como si algo ya ha sido completado y cumplido. . . He estado en una misión; He llegado a casa después de una misión; Todavía estoy en una misión. Las obligaciones de esa misión no han disminuido, sino que aumentan día a día y de año en año con el aumento del conocimiento y la comprensión y la aprehensión de los principios de la verdad. [Diario de discursos 10:83]

El deber imperativo de compartir el Evangelio adquiere mayor urgencia cuando entendemos que nuestra salvación se entrelaza con la salvación de otros. Un escritor expreso su pensamiento con estas palabras: «la puerta del cielo se cerró para aquel que viene por sí solo; Guarda tú un alma, y será salva la propia «(John Greenleaf Whittier,» Los dos rabinos «). Fue el presidente John Taylor, quien advirtió: «Dios nos hará responsables de aquellos a los que pudieron haber salvado si hubiesen cumplido con nuestro deber» (Diario de Discursos 20:23). Esta advertencia no debe tomarse a la ligera.

Al comienzo de esta charla hice referencia a la sección 123 de Doctrina y Convenios. Permítanme pasar de nuevo a esa referencia una vez más. En ella se lee la siguiente conclusión:

Por lo tanto, consumamos y agotemos nuestras vidas dando a conocer todas las cosas ocultas de las tinieblas, hasta donde las sepamos; y en verdad estas se manifiestan de los cielos;

De manera que se debe atender a estas cosas con gran diligencia.

Por tanto, muy queridos hermanos, hagamos con buen ánimo cuanta cosa esté a nuestro alcance; y entonces podremos permanecer tranquilos, con la más completa seguridad, para ver la salvación de Dios y que se revele su brazo. (Doctrina y Convenios 123:13-14,17)

Oro para que podamos entender nuestro deber imperativo y que tomemos en serio nuestra responsabilidad de compartir el evangelio de Jesucristo siempre. Podemos seguir a uno de los profetas misionero más grandes de todos los tiempos, el presidente Spencer W. Kimball. Podemos coger su visión de esta gran obra y avanzar para cumplir la profecía sagrada. Les doy mi testimonio de que es nuestra sagrada responsabilidad el establecer la verdad, y para ser embajadores de la verdad y la justicia y salvadores de los hombres. Sé que Dios vive, que somos sus hijos, y que debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para tener derecho de regresar a su presencia. Les doy este testimonio humilde y sincero, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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