Bendecir a los menos activos

Liahona Agosto 2017

Bendecir a los menos activos

Por el élder Terence M. Vinson
De los Setenta

Al vivir en armonía con el Espíritu y procurar la ayuda del Señor, Él bendecirá nuestros esfuerzos por llevar de regreso al redil a Su oveja perdida.

Christ healing

Muchas de las hermosas verdades de la vida las descubrimos a través de nuestros sentidos espirituales en lugar de nuestros sentidos físicos. De hecho, muchas cosas importantes —incluso las eternas— pueden sentirse, pero no verse.

El apóstol Pablo enseñó ese principio a los santos de Corinto: “No [miramos] nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (véase 2 Corintios 4:18).

El amor se aprende y se siente, principalmente, mediante los sentidos espirituales. De igual modo, la compasión, la amistad, la longanimidad y la fe son frutos del Espíritu (véase Gálatas 5:22).  El Padre Celestial emplea esos sentimientos del Espíritu para bendecir a Sus hijos, incluso a aquellos que se han descarriado.

He vivido la mayoría de mi vida en la región del océano Pacífico. Muchas personas de la región del Pacífico tienen un gran entendimiento de la importancia de las cosas que no se ven que describe Pablo, y muchas claramente dan prioridad a las cosas espirituales por encima de las necesidades físicas.

Esa zona de la Iglesia es diversa, con naciones desarrolladas y avanzadas, tales como Australia y Nueva Zelanda; así como naciones agrícolas y pesqueras, como Tonga y Samoa, donde los miembros de la Iglesia representan una gran proporción de la población. Luego hay naciones en vías de desarrollo, como, por ejemplo, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón, donde las personas afrontan significativas dificultades.

Esa diversidad brinda oportunidades de aprender.

La urgencia de visitar a los menos activos

Una de tales experiencias de aprendizaje se destaca por encima de las demás. Se me había asignado como Setenta de Área a presidir una conferencia de estaca en Nueva Zelanda. Solo unos meses antes, el presidente Thomas S. Monson había dirigido un elocuente mensaje a todos los setentas del mundo. Su discurso se centraba en rescatar a quienes se habían apartado de las ordenanzas del Evangelio.

Como resultado del mensaje del presidente Monson y la consiguiente admonición que nos extendió, yo sentía la premura de visitar e invitar a quienes no participaban plenamente del Evangelio a regresar a los convenios y a las ordenanzas de salvación. Invité a los presidentes de estaca a que me llevaran, durante los fines de semana de las conferencias de estaca, a visitar a los miembros menos activos. Aquellas visitas siempre eran maravillosas.

Un sábado, durante un fin de semana de conferencia de estaca en particular, el presidente de estaca y yo visitamos a varias familias. El esposo y la esposa de una de aquellas familias habían estado casados durante unos diez años y se habían sellado en el templo, pero ahora estaban menos activos. Nos recibieron cordialmente y fue una visita espiritual. Conforme la visita llegaba a su fin, me sentí inspirado a preguntar al esposo si deseaba recibir una bendición, y luego a pedirle que diera una bendición a su esposa.

Se trataba de una impresión fuera de lo común. Se me había enseñado que, como invitado en casa ajena, debía asumir un rol secundario y que el cabeza de familia había de ser quien decidía lo que se hacía. Sin embargo, aquel hermano estaba agradecido por la invitación a recibir la bendición y se hallaba claramente conmovido después que el presidente de estaca y yo hubimos concluido.

No obstante, al ponerse de pie, preguntó si alguno de nosotros quería bendecir a su esposa. Nos dijo que, a pesar de llevar casados diez años, jamás le había dado una bendición y se sentía incómodo al respecto.

Lo alenté diciéndole: “Nosotros lo ayudaremos”.

woman receiving priesthood blessing

Después de explicarle cómo dar una bendición y de ayudarle a practicar lo que debía decir al principio y al final, él le dio una maravillosa bendición a su esposa. Cuando terminó, todos teníamos los ojos llorosos, y él y su esposa aceptaron nuestra invitación de regresar al Evangelio.

Como resultado de aquella tierna experiencia, el presidente de estaca se sintió inspirado durante el discurso que dirigió a los miembros de la estaca al día siguiente a exhortar a los poseedores del sacerdocio a dar bendiciones a los integrantes de la familia al regresar a casa tras la conferencia.

Inspirado a bendecir

Al concluir aquella sesión dominical de la conferencia de estaca, sentí otra impresión; esta vez, la de acercarme a una hermana joven que estaba sentada a unas diez filas del frente de la capilla y preguntarle si necesitaba una bendición. No la conocía, pero la impresión era fuerte.

La hermana, a quien tomé de improviso, dijo vacilante: “No, gracias”.

Yo estaba un tanto agradecido por su respuesta, pero sentía que había hecho lo que el Espíritu había indicado. Regresé al frente de la capilla para saludar a los miembros y de pronto se me acercó aquella misma joven, y me preguntó si aún estaba dispuesto a darle una bendición. Le dije: “Por supuesto”, y la invité a pasar a la oficina del presidente de estaca, donde en breve estaríamos con ella.

Cuando el presidente de estaca y yo nos dirigíamos a su despacho, le pregunté en cuanto a la mujer. Me explicó que ella acababa de volver a la Iglesia tras diez años de no asistir; vivía sola, pero durante esos diez años había llevado una vida contraria a las normas del Evangelio.

Antes de la bendición, la joven hermana nos habló sobre sus sentimientos de indignidad. Nos dijo que, durante el tiempo que pasó apartada de la Iglesia, sencillamente había hecho lo que quería sin pensar en los asuntos espirituales. Desde entonces, había despertado de nuevo al Evangelio, pero sentía que se había atrasado tanto en su desarrollo espiritual que no tenía esperanzas de recuperar lo perdido.

Le enseñamos que los obreros que entren tarde en la viña —y aquellos que regresen a esta tras ausentarse por algún tiempo— recibirán el mismo galardón que los que hayan trabajado en ella desde hace mucho (véase Mateo 20:1–16). Luego, le dimos una bendición del sacerdocio.

vineyard

Al actuar como portavoz en aquella bendición, me sentí sobrecogido por la abundancia de amor que percibí que el Señor tenía por la hermana. Fue un sentimiento más potente de lo que jamás había sentido antes; un sentimiento que me hizo ver que estaba en presencia de un espíritu particularmente noble. Cuando concluimos la bendición, la hermana se levantó de la silla; tenía dos líneas negras de rímel que le corrían desde los ojos; yo también me conmoví hasta las lágrimas.

El Señor me había permitido ver que aquella joven mujer excepcional estaba en las primeras etapas de un proceso que todos debemos experimentar para lograr nuestro máximo potencial aquí en la tierra. Cuando perdemos nuestro rumbo espiritual y cuando cometemos pecados, todos debemos humillarnos y arrepentirnos.

Tal como el apóstol Pablo enseñó a los gálatas, esta vida es el momento de que el espíritu se someta a la carne. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais” (Gálatas 5:17).

Si alcanzamos o no nuestro potencial depende de que nuestro espíritu gobierne nuestro cuerpo, de que prevalezcamos sobre “el hombre natural” (Mosíah 3:19). En el mundo de hoy, muchas personas parecen no dar pelea en esa batalla. Los apetitos de la carne gobiernan sus vidas y la carne somete sus espíritus.

Aquella joven mujer se hallaba en la senda que permitiría que su espíritu se sometiera a la carne. Había comenzado una batalla que estaba resuelta a ganar.

“Andad en el Espíritu”

Al partir de la estaca aquel día, le pedí al presidente de estaca que me diera la información de contacto de quienes había conocido ese fin de semana a fin de poder alentarlos a seguir en la senda del Evangelio y recordar los compromisos que habían hecho.

La joven hermana siguió progresando y lo hizo rápidamente. Mediante su fe, empezó a “[andar] en el Espíritu” y a “[vivir] por el Espíritu” (Gálatas 5:16, 25). Se mantuvo en contacto conmigo y me confió las grandes dificultades que había superado y que ha afrontado desde entonces. Se ha vuelto una querida amiga de nuestra familia y hemos visto la fortaleza de su espíritu conforme ella se ha acercado al Salvador.

Ahora disfruta de las bendiciones del templo, ha prestado servicio como obrera de ordenanzas, e irradia los dones espirituales de la caridad y la benignidad. Desde entonces se ha casado en el templo con un joven hombre digno.

Es claro que en esa joven mujer lo espiritual ha vencido a lo temporal. Hemos visto cómo se purificaba su corazón y que ella “ya no [tiene] más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente” (véase Mosíah 5:2).

Tal vez, el conocimiento que el Señor tenía de la nobleza del alma de ella fuera la causa de la inspiración que recibí aquel día. Aquella impresión me ha bendecido para que pudiera ver manifestarse el poder y la gracia del Padre Celestial en la vida de ella.

Todos tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hermanos y hermanas menos activos, y a todos se nos puede inspirar concerniente a la forma de bendecirlos. Al vivir en armonía con el Espíritu y procurar la ayuda del Señor, Él bendecirá nuestros esfuerzos por “[volverles] a Su redil” (“Ama el Pastor las ovejas”, Himnos, nro. 139; véase también Alma 26:4).

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Ocho estrategias para ayudar a los niños a rechazar la pornografía

Liahona Agosto 2017

Ocho estrategias para ayudar a los niños a rechazar la pornografía

Por Lisa Ann Thomson

little boy with armor

Las estadísticas pueden llegar a agobiar a los padres; Extremetech.com calcula que un treinta por ciento de todos los datos que se transfieren por internet son pornografía1. Se halla, literalmente, en cientos de millones de páginas web, hasta en los gigantes de las redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube. Puede accederse a ella a través de la televisión, las computadoras, las tabletas y los teléfonos inteligentes.

“El material al que el niño se ve expuesto sencillamente traumatiza el tierno y frágil cerebro de un pequeño”, señala una terapeuta, la Dra. Jill C. Manning, quien es una frecuente disertante sobre los efectos de la pornografía en el matrimonio y la familia.

Pero hay esperanza.

Aun con la aparente omnipresencia de la pornografía, los padres tienen el poder para proteger a sus hijos y prepararlos para afrontar y rechazar la pornografía.

A continuación se presentan ocho estrategias de líderes de la Iglesia y expertos para ayudar a los padres a fortalecer sus familias.

1. Aborden la cuestión del accesoy de las reglas familiares

Comiencen con las defensas exteriores. “Salvaguardamos a nuestros hijos hasta el momento en que ellos pueden salvaguardarse a sí mismos”, dice Jason S. Carroll, profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young. Este explica que el tronco encefálico, que alberga los centros de placer del cerebro, se desarrolla primero. Solo después se desarrollan completamente la capacidad de razonar y tomar decisiones en la corteza frontal. “De modo que los niños tienen el pedal del acelerador, pero sin los frenos al completo”, dice. Por lo tanto, los filtros externos y la supervisión son cruciales para las personas jóvenes.

Hay pasos sencillos y reglas que pueden proteger a los niños (y adultos) de la exposición involuntaria, y ayudarlos a pensárselo dos veces en cuanto al contenido que deciden ver:

  • Utilicen los filtros de la computadora, del enrutador y de los niveles del proveedor de servicios de internet.
  • Activen el control parental y el de contenidos mediante los proveedores de televisión por cable y los servicios de medios de comunicación en línea.
  • Configuren la restricción de contenidos en los dispositivos móviles.
  • Mantengan las computadoras y tabletas en las áreas de uso compartido.
  • Pidan a los niños y adolescentes que les entreguen los teléfonos y dispositivos móviles por la noche.
  • Establezcan una política de transparencia: Los padres pueden ver los mensajes de texto y las cuentas de las redes sociales en cualquier momento.

Enseñen a los hijos qué hacer si se encuentran con pornografía: (1) cerrar los ojos y apagar el dispositivo, (2) contarle a un adulto y (3) dirigir los pensamientos a otra cosa. Asegúrenles que no han hecho nada malo y que no se los regañará.

2. Prediquen de Cristo

“Los filtros son herramientas útiles, pero el mejor filtro en este mundo, el único que en última instancia funciona, es el filtro personal interno que proviene de un testimonio profundo y duradero del amor de nuestro Padre Celestial y del sacrificio expiatorio de nuestro Salvador por cada uno de nosotros”, dijo Linda S. Reeves, Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro2.

Para ayudar a nuestros hijos a cultivar dicho filtro interno, la hermana Reeves destaca el consejo de Nefi: “Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, [y] profetizamos de Cristo… para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

Los expertos concuerdan con ello. Hay estudios que han confirmado que la religiosidad en el hogar, junto con una “forma de crianza afectuosa”, tiene un efecto protector contra la pornografía3.

“La mejor medida preventiva y la mejor medida reparadora ante la pornografía es la verdadera enseñanza del Evangelio en el hogar”, dice Timothy Rarick, profesor de Técnicas para la Crianza de los Hijos de la Universidad Brigham Young–Idaho, y miembro asesor de la Mesa Directiva de la United Families International [organización Familias Unidas Internacional]. “Lo mejor que podemos hacer es ayudar a nuestros hijos a establecer su propia conexión con los cielos”.

3. Enseñen a los hijos a usar un filtro interior

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Los padres pueden enseñar estrategias específicas para filtrar los medios de comunicación mediante las normas del Evangelio. Para la Dra. Manning, el Artículo de Fe número trece es el filtro perfecto para todas las decisiones que se tomen en cuanto a los medios de comunicación.

“‘Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres [y mujeres]… Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos” (Artículos de Fe 1:13). Hay mucho material en los últimos días que no se ajusta a dichos criterios; y si lo que hallamos no se ajusta, tenemos que seguir buscando”, dice la Dra. Manning.

No obstante, es ese esfuerzo lo que diferencia a los Santos de los Últimos, señaló el presidente Thomas S. Monson: “Conforme el mundo se aleja más y más de los principios y las pautas que nos dio un amoroso Padre Celestial, sobresaldremos de la multitud… Seremos diferentes al decidir no llenar nuestra mente con opciones de multimedia que son viles y degradantes y que harán que el Espíritu deje nuestro hogar y nuestra vida”4.

4. Enseñen a sus hijos una sexualidad sana

El principio de la “oposición en todas las cosas” [2 Nefi 2:11] se aplica a la pornografía. No basta con indicar que la pornografía es mala; los padres también deben enseñar a sus hijos lo que es bueno.

“Una de las defensas y protecciones más poderosas de nuestros jóvenes es que les enseñemos sobre la sexualidad, en el hogar y desde temprano”, dice la Dra. Manning. “Nuestros jóvenes sufren, puesto que crecen en un entorno de mensajes tóxicos con muy escasos mensajes positivos dentro del marco del Evangelio”.

El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de la Universidad Brigham Young, Mark H. Butler, recomienda las explicaciones directas: “El ciclo de la respuesta sexual existe de forma natural en nosotros, los seres humanos. Los deseos e impulsos sexuales que tenemos son un don concedido por Dios, los cuales nos bendicen y nos atraen natural y afectivamente al sexo opuesto, al matrimonio y a la vida familiar”.

Las charlas apropiadas según la edad en cuanto a la sexualidad sana pueden comenzar desde una temprana etapa. El profesor Carroll señala que las conversaciones sobre el contacto físico bueno y el contacto físico malo, así como sobre la privacidad personal, junto con el uso de la terminología correcta de las partes del cuerpo, pueden empezar a enseñarse desde temprana edad. Para la edad de ocho años, el niño tiene la capacidad de lograr una comprensión básica del sexo en el contexto físico, espiritual, emocional y en el pertinente a las relaciones, dice.

Además, los jovencitos y las jovencitas valoran la forma de hablar correcta y directa. Un joven dijo: “Si se anda con rodeos, las personas pueden malinterpretar mucho. Se me enseñó acerca de la ley de castidad una decena de veces antes de que me diera cuenta de que hablaban de sexo”.

El profesor Carroll dice que los padres también deben prestar atención al contexto de dichas charlas. “Hagan todo lo posible para no hacer de esas conversaciones algo estructurado”, dice. “Llevamos a nuestro hijo a cenar, nos vestimos con ropa de domingo o lo conversamos en el estacionamiento del templo”, dice. Sin embargo, si los hijos reciben el mensaje de que solo puede hablarse de sexo bajo esas circunstancias, tal vez no sepan cómo recrear tales circunstancias cuando tengan preguntas.

En vez de eso, los padres deben generar un diálogo y oportunidades continuas para que los hijos hagan preguntas cuando las tengan. “Si la conversación se produce cuando están sentados en el suelo del dormitorio o en la camioneta, o mientras recogen fresas, sabrán cómo volver a hablar”, dice Carroll.

“La experiencia me ha enseñado que los adolescentes más activos sexualmente son, por lo general, los menos informados”, señala el profesor adjunto de BYU Bradley R. Wilcox. “Los jovencitos que reciben respuestas de los padres desde una edad temprana son, por lo común, los que evitan la experimentación sexual”.

5. Destruyan el mito de la pornografía

El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) manifestó claramente la verdad sobre [el uso de] la pornografía. Dijo: “Es malsano. Es lujurioso e inmundo. Es tentador y crea hábito. [Los] llevará… directo a la destrucción, no les quepa la menor duda. Es abyecta sordidez que enriquece a los que lo explotan y empobrece a sus víctimas”5.

“El consumo de pornografía por parte de los adolescentes y adultos jóvenes con frecuencia conduce a una idea distorsionada de la sexualidad y su función de fomentar sanas relaciones interpersonales”, sostiene el American College of Pediatricians [Colegio Estadounidense de Pediatras]. “Tales distorsiones incluyen la sobrestimación de la frecuencia de la actividad sexual en la comunidad, la creencia de que la promiscuidad sexual es normal y la creencia de que la abstinencia sexual no es saludable”6.

En las conversaciones concernientes a la pornografía, los padres deben señalar que esta es ficticia en todos los aspectos. Los comportamientos que se describen en la pornografía no son ni normales ni un reflejo de lo que se debe prever ni esperar en una relación sana. “La pornografía es atractiva solo mientras se acepten sus mitos”, dice el profesor Carroll.

6. Cambien la conversación concerniente al problema

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Los expertos y líderes de la Iglesia advierten en cuanto a concluir demasiado rápido que cualquier uso de pornografía indica necesariamente una adicción.

“No todo el que hace uso consciente de la pornografía es adicto a ella”, señala el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “De hecho, la mayoría de los jóvenes y las jovencitas que tienen problemas con la pornografía no son adictos, lo cual es una diferenciación importante que debemos hacer no solo los padres, los cónyuges y los líderes que desean ayudar, sino también quienes padecen el problema”7.

“Los jóvenes y las jovencitas se involucran con la pornografía debido a la curiosidad, debido a su accesibilidad y debido a, fundamentalmente, la falta de madurez”, dice el profesor Carroll. “Cada uno de nosotros experimenta el poder del ciclo de respuesta sexual que se despierta durante la pubertad mucho antes de que tengamos la madurez emocional o espiritual para entenderlo por completo”.

Richard Neitzel Holzapfel, profesor de Historia de la Iglesia en BYU y asesor docente del club estudiantil Remediar la Pornografía, indica que “el problema es real y tiene consecuencias terribles, pero hacer declaraciones generales sobre el problema a menudo lo arraiga más en el alma de quienes luchan contra él”.

El élder Oaks afirma que los problemas con la pornografía pueden oscilar entre “el uso ocasional o reiterado deliberado, el uso intensivo o el uso compulsivo (adictivo)… Si la conducta se clasifica incorrectamente como una adicción, el usuario podría pensar que ha perdido su albedrío y la capacidad de superar el problema… Por otro lado, tener una mayor comprensión de la gravedad de un problema —que tal vez no esté tan arraigado ni sea tan extremo como se temía— puede brindar esperanza y una mayor capacidad de… arrepentirse”8.

Al abordar los problemas, el profesor Butler sugiere que los padres adopten un método de evaluación: ¿Por cuánto tiempo ha estado ocurriendo? ¿Con qué frecuencia la consumen? ¿De qué manera acceden a ella? Luego, los padres pueden trabajar con los jóvenes para determinar el nivel de acción adecuado.

“Comprendan a las personas y quiénes son”, dice el profesor Holzapfel. “¿Cuán grave es su problema? ¿Qué es lo que sucede en realidad? ¿Cuál es la razón por la que ven pornografía y cómo podemos abordar los problemas más profundos?”

7. Enseñen a lidiar con las emociones

Es probable que el abordar problemas más graves también pueda ser clave para evitar problemas con la pornografía, dice Nathan Acree, un terapeuta que reside en Utah. Aparte de la curiosidad natural, la pornografía suele utilizarse como un modo de lidiar con las emociones, en particular, con las emociones agobiantes”.

El profesor Butler añade: “En cierto punto, el joven o la joven tiene alguna experiencia difícil o angustiosa en materia psicológica, en materia de relaciones o en materia espiritual”. Dice que las experiencias negativas pueden conducir el cerebro adolescente a tornarse a “las experiencias que le hacen a uno sentirse bien” como ver pornografía y a tener conductas relacionadas, como la masturbación. Entonces, las emociones que se crean en dichas conductas reemplazan o enmascaran las emociones estresantes. Y en ello yace el peligro: “La persona pasa de una experiencia que le hace sentirse bien a iniciar el tránsito a la dependencia psicológica. Ahora la persona se vale de esa conducta como un medio de lidiar con la vida”.

parents with young daughter
El hermano Acree dice que los padres deben enseñar a los hijos que tanto las emociones agradables como las desagradables son normales, y que está bien experimentar sentimientos negativos tales como tristeza, enojo, frustración o dolor. Con frecuencia, los padres sienten la necesidad de controlar las emociones de sus hijos, pero el permitirles experimentar y afrontar los sentimientos negativos fomenta un conjunto de capacidades cruciales.

Si existe un problema con la pornografía, los padres deben procurar no aumentar la carga emocional del hijo avergonzándolo. El profesor de Ciencias Orientadas a la Vida Familiar de BYU, James M. Harper, indicó que, mientras que la culpa es una reacción natural ante los errores que puede motivar el cambio, la vergüenza es un sentimiento destructivo que puede conducir a una sensación de desesperanza.

En otras palabras, generar o exacerbar el sentimiento de vergüenza en los hijos daña la capacidad de estos tanto de cultivar reacciones emocionales positivas como de reconocer la influencia del Espíritu, quien, en última instancia, es el aliado más poderoso en la prevención y la recuperación frente al uso de pornografía.

Un joven que luchaba contra la pornografía recuerda con claridad cómo reaccionaron sus padres cuando su problema salió a la luz: “Mi madre reaccionó severamente, con gritos y vociferando, y me hizo sentir peor al respecto en vez de sentir esperanzas de superarlo”, dice. “Quien fue de mayor ayuda fue mi padre, al decirme repetidamente cuánto me amaba”.

“Por favor, no los condenen”, ruega el élder Oaks. “no son malos, ni carecen de esperanza; son hijos e hijas de nuestro Padre Celestial”9.

8. Enseñen que la expiación del Salvador funciona

En discursos, lecciones y materiales de lectura, los jóvenes reciben el claro mensaje de que la pornografía es un mal peligroso, pero tenemos que dar más énfasis a la doctrina de la expiación de Jesucristo.

En el caso de los jóvenes, el profesor Butler cree que el cerebro de los adolescentes podría ser una de las principales razones para enseñarles acerca de la Expiación. “El cerebro adolescente no está formado por completo y eso conduce a ciertas dificultades como el control de los impulsos y una falta de pensamiento con previsión”, explica. “El adolescente espiritualmente sincero, que se esfuerza, puede llegar a quedar mutilado por una culpa abrumadora al afrontar debilidades ante las que que él es especialmente vulnerable al tener dicho cerebro aún en una fase adolescente. Es extremadamente crucial que, junto con la enseñanza de los mandamientos, enseñen a los adolescentes la Expiación; que existe a fin de ayudarnos a cultivar la paciencia y la perseverancia en la vida”.

“Todos necesitamos la expiación de Jesucristo… Mediante el arrepentimiento adecuado y completo, [todos] pueden llegar a ser limpios, puros y dignos de todo convenio y bendición del templo que Dios ha prometido”, dice el élder Oaks10. Eso incluye a quienes han utilizado pornografía.

Y es un mensaje esperanzador: Hay mucho que los padres pueden hacer a fin de preparar a sus hijos para rechazar la pornografía; y cuando flaqueen, la expiación infinita del Salvador hace posible el cambio y el arrepentimiento.

“Eso significa, que pase lo que pase, el Padre Celestial nunca dejará de amarlos, y que nosotros, sus padres, nunca dejaremos de amarlos”, dice el profesor Rarick. Para un hijo, no puede existir una esperanza mayor que esa.


El 30% de los datos de internet son pornografía.

En 2015 se vieron 136 miles de millones de videos pornográficos en teléfonos inteligentes.

La pornografía es una industria de $97 mil millones de dólares estadounidenses.

En contraste, los ingresos en conjunto de las 10 principales ligas deportivas de Norteamérica, Europa y Asia es de $45.800 millones de dólares estadounidenses.

La exposición a la pornografía comienza en los años de la preadolescencia.

Las plataformas de las redes sociales se han convertido en sitios de gran tráfico de intercambio de pornografía.

76%de los usuarios de internet de 40 países usan redes sociales.

Vea un video de niños que explican cómo mantenerse a salvo de la pornografía en lds.org/go/81722.


Notas

  1. Sebastian Anthony, “Just How Big Are Porn Sites?”, ExtremeTech, 4 de abril de 2012, extremetech.com.

  2. Linda S. Reeves, “Cómo protegerse de la pornografía: Un hogar centrado en Cristo”, Liahona, mayo de 2014, pág. 16.

  3. Véase Sam A. Hardy et al., “Adolescent Religiousness as a Protective Factor against Pornography Use”, Journal of Applied Developmental Psychology, tomo XXXIV (mayo–junio de 2013), págs. 131–139, sciencedirect.com. La autora también entrevistó al investigador principal.

  4. Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo y una luz”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 88.

  5. Véase Gordon B. Hinckley, “Y se multiplicará la paz de tus hijos”, Liahona, enero de 2001, pág. 62.

  6. “The Impact of Pornography on Children”, American College of Pediatrics, junio de 2016, acpeds.org.

  7. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, Liahona, octubre de 2015, pág. 52.

  8. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, págs. 52–53.

  9. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.

  10. Dallin H. Oaks, “Recuperarse de la trampa de la pornografía”, pág. 55.

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La norma divina de la honradez

Liahona Agosto 2017

La norma divina de la honradez

Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso “Honesty—The Heart of Spirituality”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young, el 13 de septiembre de 2011. Para leer el discurso completo en inglés, vaya a speeches.byu.edu.

Para un discípulo de Cristo, la honradez es parte central de la espiritualidad.

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Dios, nuestro Padre, y Su Hijo Jesucristo son seres de absoluta, perfecta y completa honradez y verdad. Somos hijos e hijas de Dios. Nuestro destino es llegar a ser como Él. Procuramos ser perfectamente honrados y verídicos como nuestro Padre y Su Hijo. La honradez describe el carácter de Dios (véase Isaías 65:16) y, por lo tanto, la honradez es un elemento clave de nuestro progreso espiritual y de los dones espirituales.

Jesús declaró: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14:6; véanse también Juan 18:37D. y C. 84:4593:36).

El Señor preguntó al hermano de Jared: “¿Creerás las palabras que hablaré?”.

El hermano de Jared respondió: “Sí, Señor, sé que hablas la verdad, porque eres un Dios de verdad, y no puedes mentir” (Éter 3:11, 12).

Estas son las propias palabras del Salvador: “Yo soy el Espíritu de verdad” (D. y C. 93:26; véase también el versículo 24). “… yo os digo la verdad” (Juan 16:7; véase también Juan 16:13).

Por otra parte, a Satanás se le describe como el padre de las mentiras: “… y llegó a ser Satanás, sí, el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres y llevarlos cautivos según la voluntad de él, sí, a cuantos no quieran escuchar mi voz” (Moisés 4:4).

Jesús dijo: “… el diablo… no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de sí mismo habla, porque es mentiroso y padre de la mentira”  (Juan 8:44; véase también D. y C. 93:39).

El Salvador reprendía constantemente a quienes profesaban algo públicamente, pero en su corazón vivían de manera diferente (véase Mateo 23:27). Él alabó a quienes vivían sin engaño (véase D. y C. 124:15). ¿Se dan cuenta del contraste? Por un lado están las mentiras, los engaños, la hipocresía y la oscuridad; por el otro, están la verdad, la luz, la honradez y la integridad. El Señor hace una marcada distinción.

El presidente Thomas S. Monson ha dicho:

“Si bien antes las normas de la Iglesia eran casi todas compatibles con las de la sociedad, ahora nos divide un gran abismo que cada vez se agranda más…

“El Salvador de la humanidad se describió a Sí mismo diciendo que estaba en el mundo sin ser del mundo [véanse Juan 17:14D. y C. 49:5]. Nosotros también podemos estar en el mundo sin ser del mundo al rechazar los conceptos falsos y las enseñanzas falsas, y ser fieles a lo que Dios nos ha mandado”1.

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El mundo nos diría que es difícil definir la verdad y la honradez. Al mundo le causa gracia mentir de vez en cuando y no demora en excusar las supuestas mentiras “piadosas”. El contraste entre el bien y el mal se atenúa y las consecuencias de la falta de honradez se minimizan.

Para recibir constantemente el Espíritu de Verdad —el Espíritu Santo—, debemos llenar nuestra vida con lo verdadero y lo honrado. A medida que llegamos a ser completamente honrados, nuestros ojos espirituales se abren a un mayor grado de iluminación.

Ustedes pueden entender fácilmente la forma en que esa fuerza espiritual favorece el aprendizaje en el salón de clase; pero, ¿pueden ver también cómo ese principio se aplica a las decisiones importantes sobre la forma en la que utilizan su tiempo, con quién lo pasan y la manera en que moldean su vida?

Comprométanse a la honradez personal

El don espiritual de verdad que ustedes necesitan y desean no se puede separar del hecho de que sean una persona honrada y verídica. La verdad que procuran es parte de la persona que son. La luz, las respuestas espirituales y la dirección celestial están inalterablemente vinculadas a su propia honradez y veracidad. Gran parte de la satisfacción duradera que tengan en la vida la recibirán a medida que continuamente eleven su compromiso de honradez personal.

Roy D. Atkin relató lo siguiente:

“Después de que varios estudiantes abandonaron sus estudios al finalizar [mi] primer año en la universidad, mis clases en la facultad de odontología se hicieron aun más competitivas. Todos se esforzaban al máximo por estar entre los primeros de la clase. A medida que aumentaba la rivalidad, algunos estudiantes decidieron que la manera de salir adelante era hacer trampa, lo cual me preocupó mucho…

“Sabía que no debía hacer trampa; más que llegar a ser dentista, quería estar bien ante Dios.

“[Durante] mi tercer año, me ofrecieron una copia de un examen que íbamos a tener en una clase muy importante. Obviamente, eso significaba que algunos de mis compañeros de clase tendrían de antemano las preguntas del examen. Rechacé la oferta. Cuando se nos devolvieron los exámenes corregidos, el promedio del grupo era extremadamente alto, lo que hizo que mi puntuación fuese más baja en comparación. El profesor pidió hablar conmigo.

“‘Roy’, dijo, ‘por lo general sacas buenas calificaciones en las pruebas; ¿qué sucedió?’.

“‘Señor’, le dije a mi profesor, ‘en el próximo examen, si da una prueba que nunca haya dado antes, creo que descubrirá que me irá muy bien’. No respondió.

pencil and test“Tuvimos otro examen en esa misma clase. Mientras se repartían los exámenes, se oían fuertes gemidos. Era una prueba que el maestro nunca había dado. Cuando nos devolvieron los exámenes corregidos, la calificación que obtuve fue una de las más altas de la clase. A partir de ese momento, todos los exámenes que nos daban eran nuevos”2.

Debido a que somos discípulos de Cristo, la norma divina de la honradez forma parte de nosotros. En el Libro de Mormón, la amonestación del rey Benjamín de “[despojarse] del hombre natural” (Mosíah 3:19) es, en parte, un llamado para adquirir un sentido más elevado de honradez y de verdad.

El apóstol Pablo aconsejó a los efesios: “… despojaos del viejo hombre, que está viciado… y renovaos en el espíritu de vuestra mente”. Y después dio un consejo específico en cuanto a llegar a ser un “nuevo hombre” o una “nueva mujer”: lo primero que les dijo que hicieran fue “[dejar] la mentira, [y hablar] verdad cada uno” (véase Efesios 4:22–25; véanse también Colosenses 3:93 Nefi 30:2).

Me gusta esta definición de la honradez: “La honradez es ser completamente verídico, recto y justo”. Además, la integridad es “[tener] el valor moral de hacer que [tus] acciones sean compatibles con el conocimiento que [tienes] del bien y del mal”3.

El presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, relató lo que sucedió cuando se postuló como candidato para ingresar en la Escuela de Oficiales del Ejército de Estados Unidos. Dijo:

“… me llamaron a comparecer ante la comisión investigadora. Mis títulos eran pocos, pero había cursado dos años en la universidad y acababa de regresar de mi misión en Sudamérica.

“Las preguntas que me formularon los oficiales de la comisión tomaron un giro sorprendente; casi todas tenían que ver con mis creencias: ‘¿Fuma usted?’ ‘¿Bebe alcohol?’ ‘¿Qué piensa en cuanto a otras personas que fuman y beben?’ Yo no tuve problemas para contestar esas preguntas.

“‘¿Ora usted?’ ‘¿Cree usted que un oficial debe orar?’ El oficial que me hacía las preguntas era un aguerrido militar de carrera. No aparentaba ser uno que orara con frecuencia… Yo anhelaba ser oficial…

“Decidí no ser ambiguo. Les dije que sí oraba y que creía que un oficial podría procurar la ayuda divina tal como algunos generales notables lo habían hecho…

“Entonces me hicieron otras preguntas más interesantes: ‘En épocas de guerra, ¿no deberíamos disminuir un tanto el código de la moral? ¿No justificarían las exigencias de las batallas que los hombres hicieran cosas que no harían en su hogar ante circunstancias normales?’.

“… Me parecía que esas preguntas provenían de hombres que no vivían de conformidad con las normas que se me habían enseñado. Pensé por un instante que quizás podría decirles que yo tenía mis propias creencias, pero que no quería imponérselas a los demás. Sin embargo, en mi mente me pareció ver los rostros de las muchas personas a las que, como misionero, les había enseñado la ley de castidad; así que, al final, simplemente les contesté que no creía que hubiera más de una norma de moralidad’.

“Salí del interrogatorio pensando que aquellos toscos oficiales… me calificarían muy bajo. Pocos días después, cuando se publicaron los resultados, quedé gratamente sorprendido. Me encontraba en el primer grupo de candidatos para la Escuela de Oficiales”.

Entonces, el presidente Faust, al darse cuenta de cómo las decisiones pequeñas pueden traer grandes consecuencias, dijo: “Esa fue una de las encrucijadas de mi existencia”4.

La honradez, la integridad y la verdad son principios eternos que moldean de manera significativa nuestra experiencia mortal y ayudan a determinar nuestro destino eterno. Para un discípulo de Cristo, la honradez es parte central de la espiritualidad.

Sean fieles a su palabra

La honradez abarca todo aspecto de la vida diaria, pero permítanme mencionar algunos ejemplos específicos. En mi época de estudiante, recuerdo que el rector de aquel entonces de la Universidad Brigham Young, Dallin H. Oaks, ahora miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió esta cita de Karl G. Maeser: “Mis jóvenes amigos, se me ha preguntado lo que quiero decir con palabra de honor. Se lo diré. Si me colocan detrás de los muros de una prisión —muros de piedra bien altos y gruesos, con cimentos muy profundos— existe la posibilidad de que de una manera u otra pueda escapar; pero si me colocan allí en el suelo, dibujan un círculo a mi alrededor y me piden que dé mi palabra de honor de nunca cruzarlo, ¿podría salir de ese círculo? ¡No, jamás! ¡Antes moriría!”5.

man standing in circleHay momentos en los que honramos los compromisos simplemente porque hemos acordado honrarlos. Habrá situaciones en la vida en que se verán tentados a ignorar un acuerdo que hayan hecho. Al principio concertarán el acuerdo debido a algo que desean recibir a cambio. Más tarde, debido a un cambio en las circunstancias, ya no querrán honrar los términos del acuerdo. Aprendan ahora que cuando dan su palabra, cuando hacen una promesa, cuando ponen su firma, su honradez y su integridad personales los obligan a cumplir su palabra, su compromiso, su acuerdo.

Estamos muy agradecidos de que “[creen] en ser honrados” (Artículos de Fe 1:13), que dicen la verdad, que no harían trampa en un examen, que no plagiarían un documento ni engañarían a otra persona. El Señor nos dice:

“… y la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser;

“y lo que sea más o menos que esto es el espíritu de aquel inicuo que fue mentiroso desde el principio” (D. y C. 93:24–25).

Nuestros retos con frecuencia se presentan en lo “más o menos”, en las pequeñas tentaciones que están al borde del ser completamente honrado. Cuando cursaba el primer año de universidad, tenía sobre mi escritorio una declaración que con frecuencia citaba el entonces presidente David O. McKay (1873–1970). Dice: “Las batallas más grandes de la vida se libran dentro de las cámaras silenciosas del alma”6.

¿Cómo creen que se siente el Señor cuando tomamos decisiones difíciles en cuanto a la honradez? Hay un enorme poder espiritual al permanecer fieles y honrados cuando las consecuencias de su honradez podrían parecer una desventaja. Cada uno de ustedes enfrentará tales decisiones, y esos momentos decisivos pondrán a prueba su integridad. Al escoger la honradez y la verdad —ya sea que la situación se resuelva de la manera que ustedes esperan o no—, se darán cuenta de que esas importantes encrucijadas se convierten en pilares fundamentales de fortaleza en su crecimiento espiritual.

“Sean rectos en la oscuridad”

El presidente Brigham Young (1801–1877) una vez dijo: “Debemos aprender a ser rectos en la oscuridad”7. Una definición de esta frase es que debemos aprender a ser honrados cuando nadie sabe si estamos siendo deshonrados. Los exhorto a ser “rectos en la oscuridad”. Elijan el camino que el Salvador mismo elegiría.

El poeta Edgar A. Guest escribió:

No quiero mantener ocultos
todos mis muchos secretos;
ni engañarme de que en mi andar
ningún otro se habrá de enterar8.

Recordemos las bellas palabras del Profeta José Smith: “… yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condenación” (José Smith—Historia 1:25).

man in viceExiste la presión para sobresalir, para mantener altas calificaciones, para encontrar empleo, para encontrar amigos, para complacer a los que los rodean, para graduarse. No permitan que esas presiones afecten su honradez. Sean honrados cuando las consecuencias parezcan estar en su contra. Oren para tener mayor honradez; piensen en los aspectos en los que el Señor desearía que fuesen más honrados y tengan el valor de tomar las medidas necesarias para elevar su espíritu a un nivel más alto de determinación a ser completamente honrados.

El presidente Monson nos ha amonestado: “Seamos ejemplos de honradez y de integridad dondequiera que vayamos y en lo que sea que hagamos”9. Tal vez deberían pensar en poner el consejo que dio el profeta del Señor donde lo puedan ver a menudo.

El élder Oaks nos ha aconsejado: “… no debemos ser tolerantes con nosotros mismos; Debemos regirnos por las demandas de la verdad”10. Sean intransigentes con ustedes mismos. El Salvador dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24).

Termino donde empecé. Nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo son seres de absoluta, perfecta y completa honradez. Testifico que nuestro Padre Celestial y Su amado Hijo viven. Ellos los conocen a ustedes personalmente y los aman. Su destino como hijo o hija de Dios es llegar a ser como Ellos. Somos discípulos del Señor Jesucristo. Tengamos el valor de seguirlo.

Notas

1. Thomas S. Monson, “El poder del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2011, págs. 66, 67.

2. Roy D. Atkin, “I Wouldn’t Cheat”, New Era, octubre de 2006, págs. 22–23.

3. Progreso Personal para las Mujeres Jóvenes, librito, 2009, pág. 61.

4. Véase de James E. Faust, “La honradez, una brújula de la moral”, Liahona, enero de 1997, págs. 45–48.

5. En Alma P. Burton, Karl G. Maeser: Mormon Educator, 1953, pág. 71; véase también de Dallin H. Oaks, “Be Honest in All Behavior” (Devocional de la Universidad Brigham Young, 30 de enero de 1973), pág. 4, speeches.byu.edu.

6. Véase de James L. Gordon, The Young Man and His Problems, 1911, pág. 130.

7. Diario de la oficina de Brigham Young, 28 de enero de 1857.

8. Edgar A. Guest, “Myself”, en The Best Loved Poems of the American People, 1936, pág. 91; traducción libre.

9. Thomas S. Monson, “Al partir”, Liahona, mayo de 2011, pág. 114.

10. Dallin H. Oaks, “El equilibrio entre la verdad y la tolerancia”, Liahona, febrero de 2013, pág. 32.

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El aprendizaje para toda el alma

Liahona Agosto 2017

El aprendizaje para toda el alma

Por el élder Kim B. Clark
De los Setenta
Comisionado del Sistema Educativo de la Iglesia

El Señor está actuando con poder en Su Iglesia para que ustedes obtengan la educación que Él desea que tengan.

young woman and young man looking at computer screen

Este mensaje es para los jóvenes y los jóvenes adultos de la Iglesia del Señor. Hace muchos años, tuve una fuerte impresión sobre ustedes y sobre estos días. Fue como si viera a niños de la Primaria por toda la tierra. Sabía que ellos harían convenios con el Señor y los guardarían, y sabía que el Señor los bendeciría con oportunidades de aprendizaje profundo, tanto espiritual como temporal, y los levantaría como un potente ejército para edificar Su reino y preparar la tierra para Su regreso.

Ustedes son esos niños, y estos son sus días.

Es un día grandioso en el reino de Dios, un día lleno de oportunidades para que aprendan, crezcan y experimenten alegría y felicidad. Por supuesto, hay desafíos importantes. Sin embargo, mediante el poder redentor y fortalecedor de la expiación de Jesucristo, por medio de Su glorioso evangelio y Su Iglesia verdadera y viviente, el Señor continúa abriendo puertas y preparando el camino para que ustedes se arrepientan, aprendan profundamente, crezcan espiritualmente y se conviertan a Él. El Señor está preparando Su reino y a Su pueblo para Su regreso, y ustedes, los de la nueva generación, están desempeñando un papel central en esa gran obra

Este es un día de milagros. Las nuevas tecnologías permiten que el aprendizaje y la educación florezcan, y eso ocurre tanto para el conocimiento secular como el espiritual. El Señor está actuando con poder en Su Iglesia para que ustedes obtengan la educación que Él desea que tengan.

Todo esto es parte del mandamiento que el Señor dio al profeta José Smith (1805–1844) al comienzo de la Restauración: “… es mi voluntad que… [adquieras] un conocimiento de la historia, y de los países y de los reinos, y de las leyes de Dios y de los hombres, y todo esto para la salvación de Sion” (D. y C. 93:53).

Este mandamiento ha adquirido un carácter de urgencia en nuestros días a medida que el Señor apresura su obra. Ahora es el momento para que aprovechen las oportunidades de educación que tienen ante ustedes, y del potencial de aprendizaje y progreso que llevan en su interior.

Todos los días deben resonar en sus oídos estas palabras del presidente Thomas S. Monson:

“Les insto a procurar obtener instrucción académica”1.

“Sus talentos aumentarán a medida que estudien y aprendan”2.

“Cada uno de ustedes… [tiene] la oportunidad de aprender y… [progresar]. Expandan su conocimiento, tanto intelectual como espiritual, hasta la medida completa de su potencial divino”3.

Aprendizaje profundo

El aprendizaje que permite que cada uno de ustedes se eleve “a la plena estatura de su potencial divino” es lo que llamaré aprendizaje profundo: el aprendizaje de toda el alma: la mente, el corazón, el cuerpo y el espíritu inmortal. El aprendizaje profundo se aplica a todo tipo de conocimiento, ya sea espiritual o secular. El aprendizaje es profundo cuando aumenta el poder que ustedes tienen de hacer tres cosas: (1) saber y comprender; (2) tomar medidas eficaces y justas; y (3) llegar a ser más como nuestro Padre Celestial.4

Tal como el Señor enseñó al profeta José, el aprendizaje profundo se debe hacer a la manera del Señor, mediante la revelación y la inspiración en la Luz de Cristo y por el poder del Espíritu Santo y mediante el estudio activo y diligente y la enseñanza mutua, con la ayuda de la gracia de Jesucristo. Eso se aplica a cualquier tipo de conocimiento. A continuación figuran los mandamientos del Señor sobre el aprendizaje profundo:

“Buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”  (D. y C. 88:118).

“Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos… en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender” (D. y C. 88:78).

El conocimiento espiritual tiene prioridad

young woman holding scripturesEl aprendizaje profundo, en cualquier campo de estudio, es una experiencia espiritual innata, anclada a un fundamento de fe en Jesucristo, arrepentimiento y obediencia a Sus mandamientos para que el Espíritu Santo pueda enseñarles. El aprendizaje profundo no es fácil, ¡pero vale la pena el esfuerzo! Si realmente desean aprender profundamente, si su corazón y mente son receptivos al aprendizaje, y si actúan de acuerdo con ese deseo, el Señor los bendecirá. Si ustedes hacen su parte: si oran con fe, se preparan, estudian, si participan activamente y ponen su mejor esfuerzo, el Espíritu Santo les enseñará, les magnificará la capacidad para actuar según lo que aprendan, y los ayudará a llegar a ser lo que el Señor desea que lleguen a ser. “… con la expiación de Cristo, la salvación misma”, enseñó el presidente Joseph F. Smith (1838–1918), “es un proceso de educación… El conocimiento es un medio de progreso eterno”5.

Ese proceso se aplica a cualquier entorno en el que se encuentren y a cualquier tipo de conocimiento. Sin embargo, el conocimiento más importante que necesitan adquirir es el conocimiento de las cosas de Dios. Por lo tanto, el conocimiento espiritual debe ocupar el primer lugar en su corazón y en sus prioridades. El profeta José Smith recalcó la prioridad del conocimiento espiritual con estas palabras: “El hombre no puede ser salvo sino al paso que adquiera conocimiento, porque si no lo obtiene, algún poder maligno lo conducirá al cautiverio en el otro mundo; porque los espíritus malos tendrán más conocimiento y, por consiguiente, más poder que muchos de los hombres que se hallan en el mundo. De modo que se precisa la revelación para que nos ayude y nos dé conocimiento de las cosas de Dios”6.

Es cierto que el Evangelio abarca toda la verdad7, pero el conocimiento y la comprensión de las verdades claras y sencillas del evangelio de Jesucristo deben ser el cimiento de todo el aprendizaje profundo. Poner el conocimiento espiritual en primer lugar en su mente y en su corazón asegura que confiarán en el Señor y en el Espíritu Santo en su aprendizaje, que todo lo que estudien lo verán a la luz de Su evangelio, y que continuarán aprendiendo profundamente a lo largo de su vida.

Aprendizaje profundo para toda la vida

El aprendizaje profundo tanto del conocimiento espiritual como del secular es un mandamiento del Señor. Imaginen lo que pasaría si dejaran de aprender. ¿Qué habría pasado si hubiera dejado de aprender cuando me gradué de la universidad a mediados de la década de 1970? No habría tenido nuevas perspectivas ni revelación de los profetas vivientes, las Escrituras, o del Espíritu Santo; no sabría nada del desarrollo continuo en la tecnología, del cuidado de la salud, de los asuntos mundiales, de las regulaciones gubernamentales ni de la educación. No habría ocurrido ningún progreso personal ni desarrollo espiritual mediante el arrepentimiento y el aprendizaje que se logra de la experiencia.

Cuando fui Presidente de la Universidad Brigham Young–Idaho, con frecuencia le preguntaban a la hermana Clark: “¿Cómo conoció al presidente Clark?”. Su respuesta solía empezar con estas palabras: “No era el presidente Clark cuando lo conocí”. Si yo no hubiera seguido aprendiendo, habría entrado en años, pero todavía sería el joven de 25 años de edad que la hermana Clark conoció cuando me gradué de la universidad, ¡él no era un candidato prometedor para la hermana Clark ni para nuestra familia!

Si dejan de aprender, no pueden llegar a tener más conocimiento, ser más eficaces, más útiles, más fieles o ser más como su Padre Celestial.

Su experiencia con el aprendizaje en su juventud y los años en que son jóvenes adultos sienta las bases para una vida de aprendizaje. Si desarrollan la capacidad de aprender profundamente a la manera del Señor, mediante el Espíritu y el estudio diligente y activo, será una gran bendición para ustedes.

Una clave para cosechar esa bendición es mantener el corazón y la mente abiertos al aprendizaje. A continuación figuran tres cosas que pueden hacer para estar siempre listos para aprender:

1. Pedir al Señor que los bendiga con el deseo de aprender profundamente.
Será maravilloso si ya tienen el deseo de aprender profundamente; si no es así, pidan al Señor ese don. El Señor educará sus deseos a fin de que deseen aprender qué es lo que Él desea que aprendan a lo largo de sus vidas, y cómo lograrlo. En el plan del Señor, el cómo desea Él que aprendan —mediante el Espíritu, con estudio diligente— es tan importante como el qué quiere que aprendan.

2. Hacer del arrepentimiento una parte central de su vida.
El arrepentimiento es un proceso divino; es la forma en que cambiamos, progresamos y mejoramos mediante el poder redentor y fortalecedor de la expiación de Jesucristo. Si el arrepentimiento forma parte central de su vida, siempre se encontrarán de rodillas, humillándose ante el Señor, buscando Su ayuda en cómo utilizar su tiempo y cómo servirle.

3. Adorar en el templo tan a menudo como les sea posible.
El templo es la casa de revelación y aprendizaje del Señor. Si van allí con frecuencia, si llevan consigo sus preguntas y sus deseos para aprender, el Señor mismo les enseñará.

Superar la oposición al aprendizaje profundo

young man with tablet
El aprendizaje profundo ahora mismo los preparará para toda una vida de aprendizaje. Sin embargo, sé que enfrentan obstáculos e incluso directa oposición al aprendizaje que el Señor desea que obtengan. El miedo, el desánimo, la pereza, la dificultad con la lectura, la falta de apoyo u oportunidad, las tradiciones culturales o familiares, las preocupaciones sobre los costos, las tentaciones del mundo, las ideas falsas sobre la educación y muchas otras cosas pueden interponerse en su camino8.

Sé que algunos de ustedes se enfrentan a varias de esas cosas que parecen obstáculos insuperables para el aprendizaje.

Les doy mi testimonio de que no importa dónde vivan, no importa cuáles sean sus circunstancias, el Señor Jesucristo está con ustedes en contra de toda esa oposición con Su amor redentor y Su poder omnipotente. A través de Su sacrificio expiatorio, Él ha experimentado y superado todo lo que podría impedir el progreso de ustedes hacia la vida eterna. En Su fuerza y con Su poder, pueden vencer lo que se interponga entre ustedes y el aprendizaje que el Señor desea que obtengan.

Esa es la promesa que les hace, y Sus promesas son verdaderas: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá” (D. y C. 88:63; véase también Mateo 7:7).

Conclusión

Este es realmente un gran día en el reino de Dios. El Señor está apresurando Su obra, y hemos visto milagro tras milagro mientras el Señor actúa con poder para abrirles maravillosas oportunidades para que aprendan profundamente.

El Señor está obrando en sus vidas para bendecirlos y prepararlos. Ruego que actúen con fe en Jesucristo para aprovechar cada oportunidad de aprender profundamente, crecer en conocimiento y entendimiento, lograr Sus propósitos rectos y convertirse en lo que nacieron para llegar a ser.

Para obtener más información sobre las oportunidades de educación en la Iglesia, visiten education.lds.org. Para aprender más sobre Seminario para los jóvenes, consulten la página 50 de este ejemplar. Para aprender más sobre Instituto para jóvenes adultos, véanse las páginas 44 y 46 de este ejemplar.

BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial]

Por el élder Kim B. Clark
young adult at seminary graduationEn nuestros días, el Señor está actuando con poder en Su Iglesia para profundizar el aprendizaje y ampliar su alcance a más y más de ustedes. Quizás el mejor ejemplo de ampliar el alcance del aprendizaje profundo en la Iglesia sea el anuncio de una nueva organización dentro del Sistema Educativo de la Iglesia (SEI) conocida como BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial]. Esta nueva organización se concibió a raíz del programa Pathway.

Pathway

En 2009, la Mesa de Educación de la Iglesia concedió permiso a la Universidad Brigham Young–Idaho para crear un nuevo programa académico llamado Pathway, con el fin de brindar oportunidades de educación superior a un mayor número de miembros de la Iglesia. Pathway consiste en un programa de tres semestres que prepara a los alumnos para recibir educación superior al tomar cursos en línea y reunirse en un instituto o centro de reuniones cada semana para recibir educación religiosa y participar en análisis dirigidos por los alumnos sobre el material de los cursos en línea. El programa Pathway está bajo la guía de los líderes locales del sacerdocio y lo supervisan los misioneros de servicio a la Iglesia, quienes asesoran y dan apoyo a los alumnos. El triple propósito de Pathway es (1) llevar el Evangelio al corazón de los alumnos, (2) ayudarlos a convertirse en alumnos capaces, y (3) prepararlos para dirigir y mantener a una familia.

Pathway actualmente funciona en 500 sitios por todo el mundo, y ha proporcionado servicio a más de 57.000 estudiantes, abriéndoles las puertas de las oportunidades, aumentando la esperanza y la fe en el Salvador, y profundizando el aprendizaje para miles de ustedes. El completar el programa Pathway ha permitido que muchos alumnos se inscriban en oportunidades de educación superior, entre ellas los programas de certificado y de título que se ofrecen en línea a través de BYU–Idaho o en instituciones educativas locales.

BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial]

El progreso y el éxito del programa Pathway ha inspirado la creación de una nueva organización, afiliada con todas las instituciones del SEI, llamada BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial] (BYU–PW [por sus siglas en inglés]). BYU–PW supervisa Pathway y coordina todos los otros programas del SEI de certificado y de título de educación superior que se ofrecen en línea. La organización presta servicio a los alumnos por medio de cursos en línea y administra las actividades al congregarse en los sitios de Pathway de todo el mundo, incluso los análisis académicos a cargo de los alumnos, talleres y servicios profesionales locales.

BYU–PW es el resultado de una norma aprobada por la Mesa de Educación de la Iglesia en noviembre de 2015: “El Sistema Educativo de la Iglesia procurará brindar oportunidades de educación a los miembros de la Iglesia dondequiera que la Iglesia esté organizada”.

BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial] les puede ayudar a tener acceso a sus programas de certificado y de título en línea, lo que dará lugar a mejores oportunidades de empleo. Conjuntamente con la educación religiosa en instituto y el aprender por el Espíritu a la manera del Señor, ustedes pueden aprender a fondo dondequiera que estudien. Además del asesoramiento académico, ustedes tendrán acceso a asesoramiento y apoyo por parte del SEI y del personal de los Servicios de Autosuficiencia para ayudarlos a encontrar pasantías y puestos de trabajo o procurar oportunidades educativas locales.

A través de sus unidades y líderes locales de la Iglesia, pueden acceder a los programas de BYU–Pathway Worldwide [BYU–Pathway Mundial], incluso Pathway, la instrucción en el idioma inglés, y los certificados y títulos. Esos programas ya están disponibles en muchos lugares, y BYU–PW seguirá agregando nuevos sitios Pathway y nuevos programas de manera mesurada y constante, a medida que la Iglesia sigue adelante bajo la dirección del Señor.

Para más información, visite pathway.lds.org (en inglés).

Notas

1. Thomas S. Monson, “Si estáis preparados, no temeréis”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 116.

2. Thomas S. Monson, “Tres metas para guiarte”, Liahona, noviembre de 2007, pág. 119.

3. Véase de Thomas S. Monson, “La fortaleza extraordinaria de la Sociedad de Socorro”, Liahona, enero de 1998, pág. 112.

4. El modelo de “saber, hacer, llegar a ser” se ha utilizado ampliamente como un marco para el desarrollo del liderazgo y en el análisis del plan del Señor para el desarrollo espiritual de sus hijos. Véase de Thomas S. Monson, “Aprendamos, hagamos, seamos”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 60–68; y de Dallin H. Oaks, “El desafío de lo que debemos llegar a ser”, Liahona, noviembre de 2000, págs. 32–34. Para tratar a fondo cada uno de los elementos de este modelo, véase la serie de tres tomos por David A. Bednar, Increase in Learning 2011; Act in Doctrine 2012; y Power to Become 2014.

5. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, pág. 337.

6. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 280.

7. Esta cita de Brigham Young capta bien la idea: “La religión de Jesucristo no sólo familiariza a la gente con las cosas de Dios y cultiva en ella la excelencia y la pureza morales, sino que también otorga todo aliento y estímulo posible para que aumente su conocimiento y su inteligencia, en toda rama de la mecánica, en las artes y en las ciencias, porque toda sabiduría, todas las artes y las ciencias del mundo son de Dios y han sido diseñadas para beneficio de Su pueblo” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young 1997, págs. 203–205).

8. El siguiente es un ejemplo de una idea falsa derivada de las tradiciones culturales que pueden afectar a los jóvenes adultos: Hace una generación, una persona que vivía en el mundo desarrollado podía encontrar un trabajo bueno y bien pagado con ingresos suficientes para mantener a una familia si contaba con estudios secundarios o, mejor aún, al haberse graduado de la escuela secundaria. Esa idea aún persiste a pesar de que para la mayoría de la gente, en la mayoría de los países desarrollados, e incluso en los que están en vías de desarrollo, esos días ya han pasado. La educación y el aprendizaje más allá de la escuela secundaria en los campos de mayor demanda, ya sea obteniendo la certificación en enseñanza técnica o la adquisición de un título universitario (y en algunos campos un título avanzado), ha llegado a ser esencial para la manutención de una familia, para proveer de lo necesario para los años de jubilación, y el establecimiento de un cimiento temporal para prestar servicio en la Iglesia.

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Instituto es para nosotros

Liahona Agosto 2017

Instituto es para nosotros

Por Leah Welker
Revistas de la Iglesia

¿De qué manera puede Instituto de Religión de la Iglesia bendecir tu vida?

institute students 2Tenemos muchas cosas que debemos hacer. Algunos de nosotros somos estudiantes; algunos trabajamos durante muchas horas; algunos nos encontramos lejos de los amigos y la familia, o tenemos responsabilidades que nos preocupan mucho; algunos estamos tratando de adaptarnos después de regresar de una misión, o recién nos hemos graduado de la escuela secundaria y no estamos seguros de qué es lo que debemos hacer ahora.

Podría parecer contrario al sentido común agregar Instituto encima de todo lo demás. Muchos de nosotros nos hemos preguntado en una u otra ocasión: ¿me será Instituto de ayuda realmente?

La respuesta es sí.

Miles de jóvenes adultos de todo el mundo, muchos de ellos en situaciones como la tuya, encuentran en Instituto fortaleza, apoyo, amistad y enriquecimiento espiritual. A continuación hay solo dos ejemplos de jóvenes adultos extraordinarios que, a pesar de todos sus desafíos, saben que Instituto es para ellos.

Instituto es bueno para el corazón

Aric and friendLa historia de Aric, de Toronto, Ontario

Aric (arriba, a la derecha) es un estudiante de doctorado en la Universidad de Toronto y trabaja con tejido cardíaco y medicina regenerativa.

Al describir su investigación, él explica: “Ciertos tipos de células madre pueden transformarse en cualquier parte de tu cuerpo. Podemos colocar células madre en una placa de Petri y convertirlas en células cardíacas. Después de dos semanas, comienzan a latir por sí mismas. A continuación, las utilizamos para simular diferentes enfermedades y probar distintas drogas. Mi meta es algún día cultivar un corazón en un laboratorio como este”.

Aric experimentó su propio cambio de corazón durante su misión en Belo Horizonte, Brasil. “Cuando serví en una misión, aprendí a escuchar y seguir al Espíritu. Me ayudó a aprender a estudiar, a aprender cómo dedicarme”. Él cambió tanto que se sintió preocupado por volver a casa. “Realmente no sabía cómo actuar ni qué hacer”, admitió. “Tuve que volver a aprender la forma de actuar en ciertas situaciones. El ir a Instituto me ayudó”.

La red social en Instituto es importante para Aric. “He podido entablar amistad con personas que necesitaban amigos. He podido consolar a personas cuando necesitaban ser consoladas. Eso es importante para mí, ayudar a otras personas, pero también es importante para mí sentir eso mismo de las demás personas”.

Él bromea acerca del largo período de tiempo que ha ido a Instituto, pero sigue yendo. “Cada vez que voy, siento el Espíritu que se halla presente allí. Y me ayuda a ser una mejor persona, a permanecer en buenos lugares y a hacer bien mi trabajo”.

Aric hace una comparación entre su trabajo e Instituto. “Si colocamos una célula en un buen ambiente, ocurren cambios internos en la célula que la hacen más receptiva a los cambios positivos o las señales positivas que queremos darle. Con el tiempo, la célula cambia, se transforma en algo mejor, más grande que sí misma. Para mí, eso es algo muy, muy especial. Si yo me coloco en el ambiente adecuado, entonces me volveré más receptivo a los aspectos espirituales de la vida y menos receptivo a las influencias negativas que suceden en el mundo”.

Él concluye: “Dios es real. Eso es algo que siento muy profundamente. No siempre he sentido Su amor en mi vida; estoy comenzando entender que eso es así debido a las decisiones que he tomado. Me doy cuenta de que Él está allí para ayudarme, de que Él realmente desea que yo sea lo mejor que puedo ser”.

Instituto me ayuda a recordar a Cristo

La historia de Verónica, de Madrid, España

Cuando Verónica (foto en la parte inferior) tenía 17 años, su hermana melliza murió en sus brazos. Tres años después de la muerte de su hermana, sola y abriéndose paso por la vida, Verónica comenzó a salir a caminar para resolver sus sentimientos de tristeza. Ella siempre había creído en Dios, por lo que un día, mientras caminaba, oró: “Señor, ¿por qué me haces todo esto?”.

VeronicaEn ese momento, levantó la vista hacia un edificio de la Iglesia SUD al lado del cual ella siempre pasaba. Al verlo realmente por primera vez, sintió curiosidad; entró en él y se presentó a dos misioneras, quienes le enseñaron posteriormente esa semana.

Verónica dijo que después de la primera lección, “me puse de pie y les dije: ‘Todos ustedes están locos’, y me fui”. Ella no quería tener nada que ver con eso, pero finalmente comenzó a recapacitar.

“Creo que fue la primera vez que oré tanto. Me sentía como si Dios me estuviera diciendo: ‘Te estoy enviando esta oportunidad para que puedas llegar a conocerme mejor. ¿No la quieres?’”.

Ella decidió que sí la quería. A pesar de perder su hogar y su trabajo a causa del Evangelio, ella se bautizó. Aun cuando su vida continuó siendo difícil en algunas ocasiones, ella confió en el Señor. “Antes de conocer la Iglesia, yo lloraba o me enojaba si no sabía cómo iba a pagar mi alquiler. Pero ahora sé que el Señor proveerá”.

La bendición patriarcal de Verónica le dijo que debía cumplir una misión, pero ella no tenía faldas ni ninguna forma de comprarlas. Un miembro de los Setenta y su esposa visitaban esa área y oyeron acerca de su necesidad; la esposa se había sentido inspirada a llevar faldas extra para el viaje y le dio muchas de ellas a Verónica; también la animó a que asistiera a Instituto. Cuando el obispo de Verónica comenzó un programa de Instituto para su área, ella comenzó a asistir con regularidad.

Instituto le ha dado paz y felicidad. “Creo que lo que más me gusta de Instituto es que durante la semana tenemos un montón de tareas diferentes por realizar. Tenemos los domingos para renovar nuestros convenios con nuestro Padre Celestial, pero los lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, ¿qué tenemos? Estoy agradecida porque tenemos Instituto al menos una vez durante la semana, porque es una manera de recordar a Jesucristo. Instituto es una manera en la que Él me está ayudando a progresar”.

Y Verónica sí cumplió una misión. En octubre de 2016 partió para prestar servicio en la Misión Chile Osorno.

Ella dice: “Sé que hoy estoy aquí gracias a Él. Sé que Él ha preparado un plan perfecto para cada uno de nosotros. Él nos dará oportunidades a lo largo de nuestra vida. Puedo sentir Su amor cada día, aun cuando en ocasiones digo: ‘Padre, ¿por qué me está pasando esto a mí?’. Pero antes de irme a dormir, Él responde: ‘Esto está sucediendo a causa de esto otro. Ahora, vete a dormir’. Y lo amo, también. Quizás tuve que pasar por todo lo que pasé para llegar a sentir tanto amor por Él”.

Instituto es para mí, Historias en video

Ve las historias de Aric, Verónica y otros jóvenes adultos en lds.org/go/81749.

Haz de Instituto una prioridad

“Piénsalo. Harás nuevas amistades, sentirás el Espíritu y tu fe se fortalecerá. Te prometo que, al participar en Instituto y estudiar las Escrituras de manera diligente, aumentará tu poder para evitar las tentaciones y para recibir la guía del Espíritu Santo en todo lo que hagas. Esa es una promesa que te hago”.

Presidente Thomas S. Monson, 21 de abril de 2009, si.lds.org.

Invitar a los jóvenes adultos a Instituto: Una historia de éxito

institute students 3Invitar a todos los jóvenes adultos a asistir a Instituto es una de las metas de la Iglesia. Dependiendo de la estaca, dicho esfuerzo podría involucrar a varios líderes:

  • Coordinadores de Instituto
  • Miembros de la presidencia de estaca y obispos
  • Maestros de Instituto
  • Representantes de los jóvenes adultos solteros
  • Alumnos

Un pequeño pueblo de Nueva Zelanda ofrece un ejemplo asombroso de cómo los líderes de una estaca aunaron esfuerzos para crear una clase de Instituto que atendiera mejor las necesidades de su área.

El obispo del Barrio Ngaruawahia, Sam Higgins, quería saber de qué manera podía ayudar a los jóvenes adultos de su barrio. El presidente Bobby Hamon, segundo consejero de la presidencia de la Estaca Hamilton, Nueva Zelanda, sugirió Instituto y se puso en contacto con Jonathan Warwick, el coordinador de Instituto para esa área.

El hermano Warwick explica: “Al principio, propusimos hacer una mayor publicidad y contacto personal para animar a los alumnos a hacer el viaje de 30 a 45 minutos de duración hasta Hamilton, para asistir a la clase de Instituto, pero todos sentían que tener una clase en Ngaruawahia les ayudaría a los alumnos a sentirse como en casa”.

Con la ayuda de un matrimonio misionero, crearon una clase de Instituto en Ngaruawahia. La clase ha pasado de tener 2 alumnos a tener más de 40.

El hermano Warwick dice: “La clase de Instituto de Ngaruawahia se ha convertido en una respuesta milagrosa a las oraciones. Mediante esta clase, se les recuerda a los jóvenes que el Señor verdaderamente ama a cada uno de Sus hijos y está ansioso por proveer soluciones que fortalezcan su testimonio de Jesucristo, les ayuden a experimentar una conversión duradera al Evangelio y les ayuden a sentir el poder de la expiación de Jesucristo en su vida”.

Para conocer más ideas de estos líderes acerca de esta exitosa experiencia o para buscar ayuda sobre cómo colaborar en el fortalecimiento de los jóvenes adultos de su estaca, visite lds.org/go/81747.

Lo que los líderes deben saber acerca de Instituto

Debe animarse a todos los jóvenes adultos que no se hayan graduado de una universidad de la Iglesia o de un Instituto de Religión a inscribirse y graduarse de Instituto.

Los líderes locales deliberan juntos para crear un plan eficaz a fin de reconocer e invitar a cada joven adulto soltero a que asista a Instituto. El personal de Seminario e Instituto está preparado para ayudar a los líderes del sacerdocio en esta tarea.

Los esfuerzos más eficaces incluyen lo siguiente:

  • Los líderes del sacerdocio dirigen la iniciativa.
  • Se extienden invitaciones personales a los jóvenes adultos.
  • Los líderes utilizan un sistema de responsabilidades para informar sobre las invitaciones.
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Seminario: Donde establecemos relaciones

Liahona Agosto 2017

Seminario: Donde establecemos relaciones

Por David A. Edwards
Revistas de la Iglesia

En muchos sentidos, Seminario es donde todo se combina.

marking scriptures
¿Te sientes aislado a veces al tratar de comprender tu vida, tus pruebas y las Escrituras? Si es así, una forma de escapar de ese sentimiento es establecer relaciones.

Uno de los mejores lugares para hacerlo es Seminario. Las siguientes son algunas de las relaciones que puedes establecer allí.

Relaciónate con otras personas

Seminario es un gran recordatorio de que no estás solo, y es un gran lugar para relacionarte con otras personas en un ambiente seguro y alentador.

Ya sea que se reúnan todos los días en un salón o que estudies en casa o por internet, Seminario te permite relacionarte con otros jóvenes y con un maestro afectuoso. Esas son personas con las que puedes ser lo mejor que puedas ser. Puedes escudriñar las Escrituras, hacer preguntas, buscar respuestas, compartir pensamientos y sentimientos y experiencias; pueden reír, llorar y cantar juntos y, posiblemente, hasta comer juntos (pregúntale a tu maestro; si la respuesta es no, no te preocupes).

Relaciónate con las Escrituras

Aunque las Escrituras se escribieron hace mucho tiempo y muy lejos, Seminario te ayuda a atravesar el espacio y el tiempo para realmente relacionarte con ellas. Te ayuda a entender las similitudes y diferencias entre el mundo antiguo y el mundo actual. Y te ayuda a ver la uniformidad del mensaje de Dios a Su pueblo y al mundo. De esta manera, Seminario puede ayudarte a ver la forma en que Dios puede hablarte por medio de las Escrituras y el Espíritu para darte guía personalizada. También contribuye a hacer que las Escrituras se conviertan en amigas para toda la vida, en una fuente constante de consuelo, consejo y ayuda.

Relaciona las Escrituras entre sí

¿Qué relación tiene Alma con Mateo? ¿Tienen algo en común Isaías y Doctrina y Convenios? Seminario te ayuda a ver los hilos que unen todas las enseñanzas del Evangelio en las Escrituras. Una vez que comienzas a establecer esas relaciones, las Escrituras se vuelven tanto útiles como emocionantes, así como también amigables y familiares. Eso avivará tu interés en establecer más de esas relaciones entre las Escrituras, y Seminario te ayudará a hacerlo.

Relaciona tu presente con tu futuro

Es posible que el actual tú haya escuchado del futuro tú, pero sería bueno que se conocieran mejor. Por medio de Seminario puedes tener una mejor idea de quién es el futuro tú. Por ejemplo, podrías ver cómo el futuro misionero tú utiliza las Escrituras para enseñar el Evangelio a las personas, resolver sus dudas y ayudarlas a cambiar su vida. O podrías echar un vistazo a cómo el futuro padre tú siembra el amor por las Escrituras en el corazón de sus hijos. O podrías empezar a comprender cómo el enfocarte en verdades de las Escrituras puede ayudar al futuro tú que sirve en la Iglesia a prestar servicio, enseñar e inspirar a otras personas. Y, por supuesto, verás cómo el futuro tú siente gozo personal, paz e inspiración gracias al hábito de estudiar las Escrituras a diario.

Relaciónate con tu verdadera identidad

Tu verdadera identidad es la parte de ti que sabe qué tipo de ser eres, de dónde provienes y quiénes son tus Padres Celestiales. Tu verdadera identidad también sabe cuál es tu verdadero potencial, qué tipo de poder ya posees y el vasto poder al que puedes tener acceso si tomas las decisiones correctas.

A medida que, por medio de Seminario, domines las doctrinas que se hallan en las Escrituras y sientas que el Espíritu Santo confirma la verdad de ellas a tu corazón, tu conocimiento aumentará. También sentirás los susurros del Espíritu que te inspirarán a actuar: a arrepentirte, servir, orar, aprender y hacer todo lo posible para relacionarte con la verdadera identidad que tu Padre Celestial y Jesucristo saben que puedes desarrollar.

Relaciónate con el Padre Celestial

Puedes fortalecer tu relación con el Padre Celestial al orar a Él, aprender de Él y el Salvador y vivir como Ellos desean que vivas. En Seminario aprendes cómo el Padre Celestial te habla mediante las Escrituras y el Espíritu Santo, el cual se acerca a ti cuando estudias fervientemente las Escrituras. Seminario también te da frecuentes oportunidades de orar, meditar, testificar y relacionarte de muchas otras maneras con el Padre Celestial.

Mira la forma en que los siguientes jóvenes establecieron relaciones.

Cada vez que estoy en Seminario sé que el Padre Celestial me ama y se interesa por mí. Asistir a Seminario me ha bendecido con una comprensión más clara de quién soy y por qué estoy aquí. Los principios y las doctrinas que he aprendido en Seminario me han ayudado a tomar decisiones justas. Ahora tengo una mayor determinación de servir en una misión de tiempo completo y tengo más ganas de compartir el Evangelio con los demás.

Marlou T., 20 años, Sorsogón, Filipinas

De pequeña nunca fui activa en la Iglesia; no tenía un testimonio firme, pero al asistir a Seminario todos los días aprendí que puedes orar y recibir consuelo y respuestas. Me sentí identificada con los relatos de las Escrituras. Creo que nunca leí un capítulo por mí misma antes de Seminario. Aprendí los principios básicos del Evangelio gracias a que me inscribí en Seminario, y siempre hallé paz allí. Me faltan palabras para expresar que Seminario es guiado por el Señor.

Brynn W., 17 años, Idaho, EE. UU.

Durante los años que he asistido a Seminario, he aprendido mucho acerca de dónde provengo, por qué estoy aquí y qué debo hacer. Seminario me enseñó a hacer preguntas y hallar respuestas. Antes me costaba aplicar las Escrituras a mí misma, pero en cada lección hicimos paralelismos con nuestra vida, así que no solo aprendí relatos de las Escrituras, sino que también me di cuenta de que mi vida es parte de esa historia y que los profetas me han dejado indicaciones. Gracias a eso, es más fácil para mí buscar el camino correcto y tomar buenas decisiones.

Anastasia V., 18 años, Moscú, Rusia

Mi amor por los libros canónicos aumenta profundamente cada año de Seminario. Ese amor me ayudó a sentir un mayor deseo de cumplir lo que el Padre Celestial desea que hagamos. Me ayudó a sentir un amor sincero por mi prójimo. Tuve la oportunidad de compartir el Evangelio con todos los que me rodean. Por medio de Seminario, un programa inspirado por Dios, pude librarme de las dificultades que el mundo me presentó. El Padre Celestial me ayudó a saber qué tipo de hija Él quiere que yo sea, en qué cosas debo enfocarme y cómo debo actuar.

Mirian C., 18 años, Guatemala, Guatemala

Durante los últimos años he luchado contra la depresión clínica y la ansiedad. El año pasado fue el peor para mí. Estaba perdiendo mi testimonio, y Seminario fue lo único que, apenas, me estaba ayudando a salir adelante. Conocí a algunas chicas y enseguida nos hicimos buenas amigas. Empecé a sentirme identificada con las Escrituras. Y nuestra maestra enseñaba de manera tal, que los relatos del Nuevo Testamento sobre Jesucristo, que habían pasado hace tanto tiempo, se volvieron relevantes para nuestra vida adolescente. Llegué a conocer a mi Salvador y a mi Padre Celestial. Lentamente no solo recuperé mi testimonio, sino que se hizo más fuerte y más inamovible. Mi lucha contra la salud mental nunca desapareció, pero, gracias a Seminario, la esperanza que una vez perdí ahora es abundante. Tengo un testimonio de Jesucristo; sé que Él vive, nos ama y puede llevar nuestras cargas si venimos a Él. Sin Seminario no hubiera recibido esa bendición.

Jalee D., 16 años, Colorado, EE. UU.

Antes de mi primer año en Seminario yo no comprendía por qué tenemos que estudiar las Escrituras. Pensaba que solo tenían historias aburridas, pero, gracias a Seminario, aprendí que cada relato contiene una lección valiosa que ahora mismo puedo aplicar en mi vida. Tengo el deseo de continuar aprendiendo en las Escrituras.

Oscar B., 15 años, Limón, Costa Rica

Me bauticé en mayo de 2016. Mi primer año de Seminario comenzó unos meses después. Al principio tenía mis dudas, y no estaba lista para levantarme temprano, pero sentí que debía ir. Todavía no estaba segura de cómo reconocer la voz del Espíritu, pero estar en Seminario me ha ayudado a reconocerla. Por medio del Espíritu puedo saber que las Escrituras son verdaderas. Sé que el Espíritu me inspira a marcar las Escrituras que tienen significado y que siempre hay una razón. Las Escrituras me guían cuando estoy perdida, y me enseñan. Cada vez que tengo un mal día, puedo abrirlas y hacer que el día sea mejor.

Shelby L., 16 años, Montana, EE. UU.

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Cómo puedes ayudar en la obra del templo

Liahona Agosto 2017

Cómo puedes ayudar en la obra del templo

Por Megan Armknecht
La autora vive en Utah, EE. UU.

La obra del templo brinda gozo a ti y a tu seres queridos.

taking pictures of old photographs¿Alguna vez has estado tan entusiasmado con algo que no veías la hora de comenzar? Tal vez estabas ansioso por ir con tu hermano a ver jugar a tu equipo deportivo preferido, o quizás tu mejor amiga te invitó a un concierto increíble.

En la década de 1840, Dios restauró una verdad del Evangelio que realmente alegró y entusiasmó a José Smith. Él aprendió que por medio de la autoridad del sacerdocio la gente podía ser bautizada de forma vicaria por sus seres queridos que no habían sido bautizados en esta vida.

La doctrina del bautismo por los muertos fue especialmente emocionante para José porque su hermano mayor, Alvin, había muerto a los 25 años sin ser bautizado. A José le preocupaba que Alvin fuera condenado a un sufrimiento eterno porque no había sido bautizado en esta vida.

Sin embargo, mediante las revelaciones sobre la salvación de los muertos, José se dio cuenta de que Alvin podía ser bautizado en forma vicaria y salvarse en el reino celestial (véase D. y C. 137).

Compartir con los demás la verdad del bautismo por los muertos

Esa noticia fue emocionante no solo para la familia Smith, sino también para otros santos de Nauvoo, Illinois. El 15 de agosto de 1840, José Smith enseñó acerca de la ordenanza del bautismo por los antepasados en el funeral de Seymour Brunson. José dijo que era hora de cumplir y restaurar esa práctica, la cual habían realizado los santos de la antigüedad (véase 1 Corintios 15:29)1.

Cuando los santos de Nauvoo supieron que podían ser bautizados por los miembros de su familia que habían fallecido, se sintieron muy emocionados. “En cuanto lo oí, mi alma saltó de gozo”, dijo el presidente Wilford Woodruff (1807–98)2.

Cuando los santos se dieron cuenta de que podían realizar bautismos por los muertos, tuvieron el deseo de efectuar la obra por su familia lo antes posible. Muchos escribieron a su familia para reunir los nombres de familiares fallecidos. Debido a que en ese entonces no había un templo, cientos de personas fueron al río Misisipí para llevar a cabo las ordenanzas.

Tu parte en el bautismo por los muertos

El entusiasmo por la obra del templo y el bautismo por los muertos continúa hoy en día. Hay templos en todo el mundo, y la obra del templo abre la puerta para que todos reciban la salvación. ¡Es una gran bendición!

Al igual que los santos de Nauvoo, puedes reunirte con tu familia y amigos y efectuar bautismos vicarios en favor de aquellos que han muerto. Puedes llevar a tu familia al templo, lo cual significa llevar no solo a tus familiares vivos, sino también a tus seres queridos que han fallecido. Si tu familia no puede ir al templo, puedes pedir a amigos, líderes o miembros del cuórum o clase que te acompañen.

Ir al templo con seres queridos brinda gozo; conecta a las familias, da paz y nos recuerda que Dios nos ama a todos y que brinda la salvación a todos Sus hijos.

Y eso es algo que nos alegra a todos.

Unir a nuestra familia

“Si los jóvenes de todos los barrios no solo fueran al templo a efectuar bautismos por sus parientes muertos sino que también trabajaran con su familia y con otros miembros del barrio a fin de obtener nombres de familiares para las ordenanzas que lleven a cabo, tanto ellos como la Iglesia serían grandemente bendecidos… La bendición eternamente importante de unir a nuestra propia familia es algo que casi sobrepasa toda comprensión”.

Élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Raíces y ramas”, Liahona, mayo de 2014, pág. 47.

Notas

1. Véase Matthew McBride, “Las cartas en cuanto al bautismo por los muertos”, 29 de mayo de 2013, history.lds.org.

2. Wilford Woodruff, en Deseret News, 27 de mayo de 1857, pág. 91.

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La decisión de ser fiel

Liahona Agosto 2017

La decisión de ser fiel


Por el élder Enrique R. Falabella
De los Setenta

Estas cuatro decisiones pueden ser muy provechosas para ti.

walking down a dirt roadUno de los mayores desafíos que afronté cuando era niño en Guatemala fue la pobreza: la pobreza espiritual porque no conocíamos el Evangelio y la pobreza temporal porque no teníamos dinero. Mi madre murió cuando yo tenía cinco años, por lo que mi padre tuvo que criar él solo a cuatro niños pequeños. Debido a que mi padre quería que todos permaneciéramos juntos, tuvo que delegar algunas de las responsabilidades del hogar a nosotros, sus hijos.

Yo era el hijo mayor, y se me asignó la tarea de preparar el almuerzo y la cena para la familia todos los días. Al principio fue difícil, pero aprendí varias formas de cocinar. Cada día mi papá me dejaba 25 centavos para comprar alimentos. Yo compraba medio kilo de frijoles por 6 centavos y medio kilo de arroz por 7 centavos. Luego compraba 5 centavos de carbón que usaba para cocinar todo, 2 centavos de madera para encender el fuego y 5 centavos de tortillas. Hacía eso todos los días, y cada día comíamos arroz y frijoles con tortillas. Aun en aquel entonces 25 centavos no era mucho, pero así nos las arreglábamos.

El desafío era cómo abandonar aquel ciclo de pobreza. Y todo se reduce a las decisiones: la decisión de hacer algo para mejorar mi vida. Nosotros como personas siempre tomamos decisiones para nosotros mismos, aun cuando no creamos que lo hacemos. Por ejemplo, tomamos la decisión de creer. En ocasiones podemos sentirnos confundidos cuando tenemos ante nosotros lo que el mundo enseña y lo que enseña Jesucristo. Sin embargo, la mejor fuente de guía para nuestra vida es la doctrina de Jesucristo. Al tomar decisiones basándome en esa doctrina, sentí la mano del Señor en mi vida.

Me gustaría compartir contigo cuatro decisiones que han tenido una profunda influencia en mi vida. Si tomas estas mismas decisiones y te mantienes firme, también serán una bendición para ti: (1) la decisión de bautizarse, (2) la decisión de creer en Jesucristo y permanecer activo en la Iglesia, (3) la decisión de confiar en las promesas del Señor y (4) la decisión de permanecer fiel y seguir el consejo de los profetas.

La decisión de bautizarse

baptismCuando yo tenía 12 años, los misioneros comenzaron a enseñarnos a mis hermanos y a mí. Al principio mi padre no participaba; se sentaba detrás de una cortina en un cuarto del fondo y escuchaba. Pero luego leyó un folleto de la Iglesia que describía la forma en que un hombre y una mujer casados con la debida autoridad podían vivir juntos para siempre. Eso le llamó la atención porque aunque su esposa había fallecido, él podía volver a estar con ella. Cuando supo eso decidió ser bautizado, y todos nos bautizamos como familia.

La nueva perspectiva que me dio el Evangelio me ayudó a darme cuenta de que era posible lograr mejores cosas en la vida si yo era dedicado y obediente. Tomé la decisión personal de que haría todo lo que fuera necesario para permanecer en la senda del Señor.

La decisión de creer en Cristo y permanecer activo en la Iglesia

Recuerdo específicamente que un día hice esta promesa mientras esperaba sentado en un salón sacramental a que comenzara un servicio bautismal. Mientras meditaba la doctrina de Cristo, empecé a tener un fuerte sentimiento de gozo que me decía que todo lo que había aprendido de los misioneros era verdad. En ese momento, en silencio, me comprometí con Dios a siempre confiar en Él y permanecer activo en Su Iglesia a lo largo de mi vida si eso significaba que seguiría sintiendo el gozo que proviene del Espíritu Santo. Para mí, esa promesa incluía no solo asistir a la Iglesia cada semana, sino también confiar en la doctrina del Señor, en las Escrituras, en los profetas vivientes y especialmente en mi Salvador Jesucristo.

La decisión de confiar en las promesas del Señor

Fue relativamente a temprana edad que tomé la importante decisión de confiar en las promesas del Señor. Desde entonces mi decisión ha demostrado ser muy beneficiosa para mí. Cada vez que ha surgido una duda o una pregunta, he podido recordar el compromiso que hice, y he basado las decisiones importantes de mi vida en dicho compromiso. El escoger con anticipación las normas según las cuales vas a vivir te ayudará a tomar decisiones correctas cuando aparezcan las dudas o los problemas.

Tuve una experiencia inolvidable con ese principio cuando era estudiante. Siempre me esforcé en la escuela por tratar de aprender y prepararme para el futuro. Sabía que para salir de la pobreza tendría que encontrar una carrera que abriera la puerta a nuevas oportunidades en mi vida. Sabía además que a fin de hacer ese tipo de carrera tendría que enfocarme en mis estudios.

Aun con lo importante que los estudios eran para mí, tomé la decisión personal de abstenerme de estudiar los domingos. Como miembro de la Iglesia, sabía que el Señor había dicho que el día de reposo es Su día, no nuestro. Traté de tomar decisiones significativas acerca de lo que haría en ese día especial. Sin embargo, aun después de haber tomado esa decisión, en ocasiones fui tentado a romper mi propia regla, en especial cuando tenía un examen. Pensaba: “No es nada malo; nomás es estudiar. Puedo ir a la Iglesia por la mañana y estudiar por la tarde”.

Pero al recordar la promesa que había hecho de que permanecería activo y sería fiel al consejo de los profetas del Señor, era mucho más fácil obrar según mi decisión de no estudiar los domingos y, en vez de ello, utilizar el día del Señor para prestar servicio y adorar. Ya había decidido permanecer fiel, así que para mí fue cuestión de interpretar lo que el Señor había dicho sobre el día de reposo y poner en práctica Su consejo en mi vida de la mejor manera posible.

Terminé sobresaliendo en mis estudios e hice una buena carrera que me ayudó a mantener a mi familia. Sé que debido a que cumplí mi promesa al Señor, Él me bendijo para que yo pudiera crear una vida mejor.

La decisión de permanecer fiel y seguir el consejo de los profetas

Para cada uno de nosotros, permanecer fiel al Señor es cuestión de establecer hasta qué punto creemos personalmente que Jesús es el Cristo, que quienes escribieron las Escrituras fueron inspirados por Dios y que los miembros de la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles en verdad son siervos de Dios. El saber que la revelación existe en nuestros días y que los profetas fueron llamados por Dios hace que sea más fácil permanecer firmes en el Evangelio cuando afrontas situaciones difíciles.

Si puedes desarrollar ese tipo de confianza, entonces nunca te sentirás afligido por preguntas en cuanto a qué comportamiento o actividades son o no son apropiados. Recibirás respuestas a todas esas preocupaciones al buscar dichas respuestas con fe mediante las Escrituras, el Espíritu y los profetas, los siervos designados de Dios.

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Nuestra búsqueda de la felicidad

Nuestra búsqueda de la felicidad

por el presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Deseo hablar de nuestra búsqueda de la felicidad. Tras haber vivido ya unos cuantos años, he llegado a la conclusión de que, dado que no siempre deseamos aquello que es bueno, el que se nos concediesen todos nuestros deseos no nos haría felices (véase Alma 41:3-7). De hecho, el placer instantáneo y sin límites de todos nuestros deseos sería el camino más breve y directo a la infelicidad. Las muchas horas que he dedicado a escuchar las tribulaciones de hombres y mujeres me han convencido de que, tanto la felicidad como la infelicidad son fruto de nuestros propios actos.

Tal como nos dijo el profeta José Smith (1805-1844): “La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios1’ (Enséñanos del Profeta José Smith, pág. 312).

Cuanto más fieles seamos en guardar los mandamientos de Dios, tanto más felices seremos, por lo general.

Aunque “existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25), eso no significa que nuestra vida estará llena únicamente de dicha, “porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas” (2 Nefi 2:11). La felicidad no se nos da en un envoltorio que simplemente podamos abrir y consumir; no hay nadie que sea feliz las 24 horas del día, siete días a la semana. En vez de pensar en términos de días, quizás debamos dividir la felicidad en trozos pequeños y aprender a reconocer sus elementos, para atesorarlos mientras duren.

Con frecuencia el placer se confunde con la felicidad, pero de ninguna manera ambos términos son sinónimos. El poeta Robert Burns (1759—1796) escribió una definición excelente del placer con estas palabras:

Es el placer como las amapolas
que al tenerlas en las manos se deshojan;
como los copos de nieve que caen sobre las olas
de su blancura para siempre se despojan.

O como los destellos de la luz boreal
que fugaces huyen por el firmamento;
o como el arco iris de forma angelical
que en la tormenta desaparece con el viento,

(“Tam o’ Shanter”, en The Complete Poetical Works of Robert Burns, 1897, pág. 91, líneas 59—66; traducción).

El placer, a diferencia de la felicidad, es aquello que nos complace o que nos da satisfacción, y por lo general dura sólo un corto tiempo. Tal como dijo una vez el élder David O. McKay (1873—1970), en aquel entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles: “Puedes encontrar placer momentáneo si sucumbes a los halagos mundanales, es cierto; pero no encontrarás gozo ni feli­cidad. Esta sólo se consigue en aquel transitado camino, angosto y derecho, que conduce a la vida eterna” (en Conference Report, octubre de 1919, pág. 180).

Diariamente se nos induce a buscar los placeres del mundo que pueden alejarnos del sendero que conduce a la felicidad; pero el sendero que conduce a la verdadera felicidad es, otra vez en boca del profeta José Smith: “virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios” (.Enseñanzas, pág. 312). Ralph Waldo Emerson (1803-1882) dijo: “La rectitud es una victoria perpetua, celebrada no con gritos de gozo, sino con la serenidad, la cual es un gozo fijo o habitual” (“Character”, Essays: Second Series, 1844).

Obviamente, existe una gran diferencia entre sentirse feliz en un momento concreto y ser feliz durante toda la vida, entre disfrutar de un buen momento y llevar una buena vida.

Como uno de sus derechos inalienables, la mayoría de los norteameri­canos reclaman la búsqueda de la felicidad, tal como lo establecieron los fundadores de la nación. Sin embargo, no fueron ellos los que introdujeron este concepto, pues filósofos del pasado, como Aristóteles, Platón, Sócrates, Locke,

Aquino y Mili opinaban que la feli­cidad era la más elemental de todas las búsquedas del hombre.

En el libro de Tolstoi, Guerra y paz, el autor ruso hizo que el perso­naje Pierre Bezúkhov aprendiera que “El hombre es creado para la feli­cidad, esa felicidad que está en él, en la satisfacción de las necesidades humanas básicas, y que toda infelicidad nace no de la privación, sino del exceso” (traducción del inglés por Louise y Aylmer Maude, 1942, pág. 1176). Con frecuencia nos hallamos luchando por el exceso; no estamos contentos con lo que tenemos y pensamos que la felicidad se logra al tener más, o al adquirir más o ser más. Buscamos la felicidad, pero la buscamos en la dirección equivocada. Seguir leyendo

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Las palabras de los líderes

Conferencia General Octubre 1975

Las palabras de los líderes

Por el presidente Spencer W. Kimball
Domingo 5 de octubre Sesión de la tarde

Hermanos y hermanas, estas ocho sesiones de los últimos tres días han constituido una gloriosa conferen­cia. Los hermanos que nos han hablado ¡o han hecho con todo su corazón y nos han llamado la atención con respecto a muchas grandes verdades del evangelio de Jesucristo, nuestro Señor y Maestro.

Confiamos en que los líderes y los miembros de la Iglesia que han asistido y escuchado la conferencia hayan sido inspirados y elevados. Confiamos en que hayáis tomado abundante nota de los pensamientos que han cruzado vuestra mente mientras las Autoridades Generales os hablaban. Se han dado muchas sugerencias que os ayudarán en vuestra condición de directores para perfeccionar vuestro trabajo. Hemos oído pensamientos que nos serán de mucha ayuda para perfeccionar nuestra propia vida; esto es, sin duda, la razón básica de nuestra presencia aquí.

Mientras me encontraba sentado en el estrado, tomé la determinación de que cuando regrese a mi hogar tras la finalización de esta conferencia hoy, ha­brá muchos, muchos aspectos en mi vi­da que puedo perfeccionar; he hecho una lista mental de los mismos, y espe­ro ponerme a trabajar tan pronto como esta conferencia termine.

Habéis escuchado a las Autoridades Generales hablar con gran fortaleza de los principios del evangelio. Escuchas­teis decir al hermano Benson en su ins­pirado sermón, que las leyes inmuta­bles de Dios permanecen en los cielos y que, cuando los hombres y las naciones rehúsan vivir de acuerdo con ellas, su­fren consecuencias lamentables. Dijo además que el pecado demanda castigo: «Por lo tanto, como humildes siervos del Señor, amonestamos a los líderes de las naciones a que sean humildes y a que se humillen a sí mismos ante Dios, y que busquen su inspiración y su guía». Esa es una declaración audaz, pe­ro sumamente atinada.

Escuchasteis al élder Tomas S. Monson, hablar de cómo el presidente del Consejo de los Doce es guiado por la inspiración del Señor para llevar a cabo cambios como el que hizo que él mismo pudiera estar en el lugar apropiado y dar una bendición a una niña moribun­da. Nos dijo cómo sucedieron las cosas para que él asistiera a esa conferencia, manejara ciento veintinueve kilómetros fuera de su ruta y hallara a aquella fa­milia que pronto tendría que dar sepul­tura a su pequeña.

Oísteis al élder Sill compartir el ejemplo de personas grandes y podero­sas que perdieron su poder al perder el control y entregarse a las demandas de una vida lujuriosa. Contó también la historia de un hombre que rehusó una corona porque dedicó su vida a rastri­llar estiércol. «Somos representantes de la más grande de las causas conocidas en este mundo» dijo, «y la única inte­rrogante es cómo vamos a pelear la ba­talla.»

Escuchasteis al élder Cullimore ha­blar del Programa de la Noche de Ho­gar. ¡Cuán maravilloso es! Confío en que cada uno de vosotros vaya a su ho­gar y se asegure de que no fracasará en cuanto a la Implantación de este glorioso programa para la familia. En la con­ferencia de la Sociedad de Socorro se dijo que el Maligno sabe dónde atacar; atacará el hogar; destruirá a la familia. Eso es lo que desea hacer. Y veréis que estas obras de Satanás, las que han sido mencionadas por las Autoridades Gene­rales que nos han hablado, tienen como resultado final la destrucción del hogar, la familia, los padres, los seres queri­dos. Esto es lo que Satanás desearía lo­grar. Tomemos la firme decisión de que no lo permitiremos en nuestras fami­lias.

Del élder Tuttle y otras de las Auto­ridades Generales escuchasteis acerca de una gran obra misional.

El presidente Romney nos habló de la historia de las naciones de este con­tinente, de los nefitas, de los jareditas y de las promesas hechas por el Señor, en cuanto a que la nación que posea esta tierra de promisión será libre del cauti­verio, de la esclavitud y de todas las otras naciones debajo del cielo si tan sólo sirve al Dios de esta tierra, que es Jesucristo. Esto, dicho en unas pocas pa­labras; pero, ¡cuán importante y tras­cendental es!

Otras Autoridades Generales nos hablaron sobre el patriotismo y ya sea que vengamos de los mares del Sur, de Sudamérica, de Europa o de Asia, todos podemos aprender de estas palabras; todos debemos ser leales, apreciar la li­bertad de vivir y adorar de acuerdo con los dictados de nuestra conciencia. También oímos consejos sumamente instructivos sobre la Palabra de Sabi­duría, particularmente sobre el licor, y algunas estadísticas verdaderamente alarmantes. Todas las publicaciones cla­man que se necesita más alimento para todo el mundo; pero aquí recibimos in­formación de cómo se podría alimentar al mundo, si tan sólo no se utilizara la cebada para hacer licores.

Escuchasteis al hermano McConkie decir que una o dos veces cada mil años, suceden acontecimientos glorio­sos, de los cuales nos habló. También habló del gran programa que nos fue dado en esta dispensación, el gran pro­grama de la restauración del evangelio.

El élder Hanks habló del poder de los padres sobre los hijos, y lo que pue­den y deben hacer para capacitarlos, en­señarles, y guiarlos.

Oísteis al élder Hinckley hablar so­bre el diluvio de pornografía que nos invade y el énfasis que se le está dando al sexo y a la violencia. Me gustó la for­ma en que nos pidió que estimulemos a los líderes, a aquellos que formulan las leyes para que elaboren las que sean adecuadas para controlar estas situa­ciones, y que cuando así lo hagan, les demostremos agradecimiento y aprecio; pero si no lo hacen, debemos recordar­les lo que tienen que hacer.

El élder Haight expresó que la Iglesia no podría funcionar eficazmente sin la delegación de responsabilidades y que, para delegar se necesita el sacerdocio. El sacerdocio nos ha sido conferido y estamos preparados para seguir adelan­te.

Así podría continuar con todo el res­to de los discursos que escuchamos; to­dos fueron excepcionalmente buenos. Estoy seguro de que nos han llegad; al corazón.

Desearía mencionar el discurso del élder Hunter esta mañana sobre la historia de este edificio. Estoy agradecido por la hermosa historia de los sacrificios y los esfuerzos que esta buena gente, nuestros padres, tuvieron que realizar, para que pudiéramos sentarnos con bastante comodidad en este gran Tabernáculo. Y ¡cuánto tiempo nos ha senitido! El hermano Hunter nos ha dicho que este edificio tiene 100 años. Puedo imaginarme que bajo este techo se han escuchado numerosos y grandes sermones de profetas, apóstoles y otros líderes; puedo imaginar las numerosas oraciones, profundas y sinceras, ofrecidas por las Autoridades Generales; puedo imaginar a los coros que han cantado aquí a través de los años; ha sido aún gran servicio el que este edificio ha prestado. Confío en que pueda permanecer de pie por otros 100 años por lo menos.

Creo que el hermano Hunter, ha- blando sobre la obra misional dijo que si fuéramos a leer desde este pulpito los nombres de las personas que están por salir como misioneros, llevaría todo el resto del día sólo nombrarlos, porque los misioneros que hemos llamado en este año serían tantos como las personas que forman esta congregación en el Tabernáculo. ¿Qué sucedería si es llamásemos a todos vosotros como misioneros?

Desearía que hubiera tiempo para mencionar algunos de los otros maravillosos sermones, porque eso me ayuda a hacer un sumario de estas cosas y de todo lo que oí, sacar lo que quiero retener y lo que quiero que me sirva para hacer algo positivo en mi vida. Desearía mencionar el poderoso sermón del hermano Perry en relación al matrimonio. Este es un problema real, cuando pensamos en que Satanás está embarcado en la tarea de atacarnos con aquellas cosas que nos destruirán. Y este punto es muy importante, ¿no es así? Si dejamos de lado el matrimonio y la vida del hogar, estamos derrotados.

Pues bien, queridos hermanos, os digo que éste es el evangelio de Jesucristo y a todos los que nos están escuchando les decimos que no estamos engañando. Lo que hemos dicho durante estos tres días es verdad, verdad absoluta y clara y e ercerá una gran influencia en la salvación y exaltación de toda alma que pueda escuchar y comprender.

Este es el evangelio de Cristo. Él es nuestro Señor. Esta es una Iglesia cristiana. A El seguimos; a El amamos, honramos y glorificamos. Y ahora debemos continuar hacia adelante y seguirle en todo detalle. El evangelio ha sido res­taurado; está aquí para que lo utilicemos en su plenitud. Nunca en la historia ha sido tan pleno, completo y com­prensible; nunca, que sepamos, ha suce­dido esto en el mundo. Y aquí está a disposición de nosotros y de millones de personas, algunas de las cuales nos están escuchando. Confiamos en que no cometeréis el error de dejarlo de lado o ignorarlo. Que el Señor bendiga a los que escuchan y ponen atención.

Que el Señor os bendiga a todos los que estáis aquí; que os acompañe a vuestros hogares y al regresar a vuestras familias, que la paz os acompañe, que vuestra propia vida sea maravillosa, que la vida de vuestra familia sea grandiosa. Pido estas bendiciones y dejo mi testi­monio en cuanto a la divinidad de la obra, en cuanto a que Dios vive, que Je­sús es el Cristo, nuestro Salvador, nues­tro Redentor. Y que la vía que Él ha pre­parado, el camino de vida, es correcto y verdadero en todo detalle. Y os dejo es­te testimonio con gran afecto, con todo nuestro amor y aprecio, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El lenguaje del Espíritu

Conferencia General Octubre 1975

El lenguaje del Espíritu

Por el élder Joseph B. Wirthlin
Ayudante del Consejo de los Doce
Domingo 5 de octubre Sesión de la tarde

Mis hermanos y amigos, es un pri­vilegio estar en este sagrado lu­gar y participar de esta inspirada confe­rencia. Sé que el Espíritu del Señor está aquí porque lo he sentido y confío en que vosotros lo hayáis sentido también, porque vuestra fe y oraciones magnifi­can esa divina presencia. En verdad, nos reunimos con el propósito de testificar al mundo que ésta es la Iglesia de Dios y que el presidente Spencer W. Kimball es un verdadero Profeta de nuestro Pa­dre Celestial. Estoy seguro de que mi padre habría estado realmente emo­cionado en este día si hubiera podido oír y presenciar el sostenimiento del hermano Lee como Autoridad General. Él amaba a los lamanitas; también noso­tros los amamos y es por eso que esta­mos tan complacidos con su llamamien­to.

Últimamente hemos observado en la gente de Europa un espíritu de inquie­tud y zozobra. ¿A qué se debe esto? Es que hay una especie de hambre roedor en el corazón humano que si no se ali­menta con las verdades del evangelio, deja la vida vacía y completamente des­provista de paz. Los distintos sistemas económicos que defienden los llamados «sabios del mundo», han solucionado algunos problemas, si a eso se le puede llamar solución; pero estas soluciones no han traído un bienestar auténtico.

Este tipo de «cúratodo» ha condu­cido a la humanidad a interesarse en lo mundano y en el poder que dan las co­sas materiales, cegándola a la verdad de que sólo una vida justa y firmante dedicada a vivir diariamente los mandamientos de Dios, puede traer la verdadera felicidad. Cualquier otra cosa deja al corazón con una gran sed interior una sed que debemos identificar y definir para luego advertir al mundo. He visto cómo se han cumplido en  Europa las palabras de Amos de que habría «hambre en la tierra, no hambre de pan sino de oír la palabra de Jehová» (Amos 8:11). Seguir leyendo

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El espíritu misional

Conferencia General Octubre 1975

El espíritu misional

Por el élder Rex D. Pinegar
Del Primer Consejo de los Setenta
Domingo 5 de octubre Sesión de la tarde

Por medio de su Profeta, el Señor nos ha encomendado que lleve­mos a otros el mensaje de la Iglesia y que lo hagamos hoy.

El celo con el que los miembros de la Iglesia han respondido al llamado del Presidente Kimball es fascinante. Du­rante el año 1973, nuevos misioneros ingresaron a las filas del campo mi­sional en un promedio de aproximada­mente 761 por mes. En 1974, el prome­dio mensual aumentó a 847 misioneros y durante los primeros nueve meses de 1975 este promedio ha sido de aproxi­madamente 1.200 por mes. El espíritu con el que tanto los jóvenes como los adultos están respondiendo al llamado, se expresa a las claras en las palabras de uno de ellos cuando escribió:

«No pude contener las lágrimas cuando recibí el llamamiento misional, no porque estuviera triste, o con miedo, sino de gozo por la confianza que el Señor había depositado en mí. Nefi tu­vo la fe que yo deseaba tener; ahora tengo una tarea lo suficientemente vasta como para aplicar esa fe.»

Todos sabemos de misioneros que hacen grandes sacrificios a fin de cum­plir con el llamamiento del Señor. No es poco común encontrar destacado deportistas que interrumpen sus prometedoras carreras para ingresar en las filas misionales; otros jóvenes pos- ponen su educación y su preparación profesional para «tomar las armas» del Señor.

Como representante de estos nobles ejemplos tenemos a un joven de Brasil;

Fernando Requino estaba en un reunión sacramental en su pequeña rama cuando escuchó que el presidente de misión recalcaba la declaración del presidente Kimball de que cada joven debería prepararse para el servicio misional. Hasta ese momento no había pensado que podría o sería necesario prepararse para una misión. Ya había comenzado a aprender un oficio; se mantenía y ganaba apenas lo suficiente para pagar su educación. Sus padres no eran miembros de la Iglesia, ni simpati­zaban con su afiliación a la misma. Aun así las palabras del Profeta le quedaron grabadas en el corazón y la mente.

Una mañana se acercó a su padre y le dijo lo mucho que lo amaba y respe­taba. Después, llenándose de todo el va­lor posible, miró directamente a los ojos de su progenitor y con voz suave y hu­milde le dijo: «Papá, deseo que me des tu permiso para salir a cumplir una mi­sión para el Señor, para servir como misionero en la Iglesia a la cual pertenez­co.»

Su padre se opuso terminantemente. Le recordó que él no contaba con los re­cursos financieros como para costearse tal empresa. Con las lágrimas rodándole por las mejillas, Fernando ofreció ven­der el pedazo de tierra que era su here­dad y usar el dinero para costearse los gastos de la misión. Le explicó a su pa­dre cómo un Profeta de Dios había soli­citado que cada joven se preparara para cumplir una misión para el Señor; le di­jo que él había ayunado y orado duran­te tres días y que el Señor le había indi­cado lo que debía hacer para cumplir con esa responsabilidad del sacerdocio. El corazón del padre se enterneció abrazó a su hijo y juntos lloraron. «Si tu deseo de ir es tan grande que deseas aun sacrificar toda tu herencia», le dijo «te concederé el permiso para que va­yas. No tendrás que vender tu propie­dad. Yo te daré el apoyo financiero para tu misión.»

El Señor abre la puerta para que los que tengan el deseo, sean obedientes y fieles y estén deseosos de sacrificarse, puedan servirle.

Recientemente tuve el privilegio de reunirme con algunos misioneros en Stuttgart, Alemania. Hablamos de la ur­gencia de nuestro trabajo y examinamos los métodos para mejorar la eficacia de los esfuerzos de proselitismo. Tratamos el desafío del presidente Kimball de que los misioneros fueran ocho veces más eficaces al obtener oportunidades para enseñar. Cuando un grupo de él­deres regresó a su departamento des­pués de la reunión, uno de ellos dijo: «Si el Profeta del Señor dice que pode­mos hacerlo, podremos; ya encontrare­mos la manera». Y lo hicieron. Estudia­ron, oraron y trabajaron. Al finalizar la siguiente semana de proselitismo las cinco parejas de misioneros habían pre­sentado 200 lecciones. Cada pareja había cumplido la meta de ser ocho ve­ces más eficaz.

En cada parte del mundo que he tenido el privilegio de visitar, he visto ejemplos similares de celo y devoción. Los miembros en las ramas y barrios también están poniendo en práctica el llamado del Señor.

Uno de esos valientes miembros es un hermano de Guaratengeta, Brasil, que comparte el evangelio en forma continua, infatigable. Cuando conoce a una persona se presenta mediante una tarjeta impresa que dice: Eider E. J. Sari- va, Sión. Muy a menudo las personas le preguntan, «¿Qué significa eso de Sión?». A lo cual él responde, «¿Usted no sabe de Sión? Permítame explicarle qué es Sión». Entonces le habla a su in­terlocutor de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Valién­dose de esta técnica tan audaz y con gran amor y celo por el Señor, el her­mano Sariva ha sido el instrumento pa­ra que ciento treinta almas se hayan unido al reino de nuestro Padre Celes­tial.

Otro fiel soldado para el Señor es un conductor de taxi, que en su coche tiene un letrero que dice, «A mime importa». La mayoría de sus pasajeros le pregun­tan, «¿Qué es lo que a usted le impor­ta?» Este buen hermano entonces expli­ca que pertenece a una Iglesia que se preocupa por sus miembros. Si los pa­sajeros hacen más preguntas él Ies pre­senta una copia del Libro de Mormón, copias que lleva junto a sí en el asiento. Este fiel miembro ha participado en la conversión de más de doscientas almas.

¡Qué tiempo más hermoso para estar aquí, sobre la tierra! A medida que ob­servamos el progreso de la obra, deseo que todos participemos y lleguemos a ser parte íntegra del mismo. Que poda­mos por medio de un fiel servicio reco­ger el fruto de la cosecha de las semillas plantadas en la viña del Señor. Testifico que este es el reino de Dios sobre la tie­rra y que su fiel mayordomo y Profeta es Spencer W. Kimball. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Orgulloso de mi linaje

Conferencia General Octubre 1975

Orgulloso de mi linaje

Por el élder George P. Lee
Del Primer Quorum de los Setenta
Domingo 5 de octubre Sesión de la tarde

Mis hermanos, es un gran honor y un privilegio estar hoy ante vo­sotros, ante nuestro Profeta y todos aquellos que le ayudan en su obra en el reino de Dios.

Me siento muy orgulloso al declarar que soy un descendiente de Lehi, Nefi y todos los grandes profetas del Libro de Mormón. Me siento orgulloso de ser hijo del pueblo del Libro de Mormón. He encontrado mi linaje, mi verdadera identidad: soy un hijo de Dios, un des­cendiente de Lehi con un linaje que se extiende en el pasado hasta mi Padre Celestial mediante Moisés, Abraham y otros grandes profetas.

También me siento orgulloso de descender de los grandes jefes indios de nuestra tierra: Nube Roja, Toro Senta­do, Jefe José, Caballo Loco y todos los que fueron grandes caudillos para su pueblo. Todos ellos fueron buenos hombres y no me extrañaría saber que están en el paraíso; no me sorprendería tampoco que se hubieran convertido al evangelio.

Y vosotros, mi pueblo, el pueblo la- manita que está esparcido en esta tierra y en las islas del mar, deseo que sepáis que Jesucristo es nuestro Hermano Ma­yor, .nuestro Salvador, nuestro Reden­tor.

Nosotros somos de un linaje escogi­do. Pueblo tamañita, quiero que sepáis que el Padre Celestial os ama y que también os ama Jesucristo. El murió por nosotros, sacrificando su vida para lo­grar el perdón de nuestros pecados; conquistó la muerte para cada uno de nosotros, para cada persona que haya vivido o viva en el mundo. Él vive y es el Dios de esta tierra.

A todos los miembros de la Iglesia os declaro que ha llegado el momento de hacer a un lado nuestras diferencias, de tomarnos de las manos como hijos de Dios. Tenemos una gran labor por delante, la de traer al reino de nuestro Padre Celestial muchos más de sus espíritus escogidos que están en todo el mundo. Ha llegado el momento de que seamos Santos de los Últimos Días du­rante los trescientos sesenta y cinco días del año, en cada uno de los siete días de la semana, y no solamente santos «de domingo». El Señor necesita que cada uno de sus santos sea misionero para traer a otros a su Iglesia.

Ha llegado el momento, hermanos, de que comprendamos que no tenemos garantías para entrar al reino de los cie­los. El sólo hecho de ser miembros de esta Iglesia no nos asegura la entrada al Reino Celestial, sino que tenemos que perseverar hasta el fin y ser fieles hasta que el Señor venga.

A vosotros, mis hermanos en todo el mundo que todavía estáis buscando la verdad, a aquellos que negáis la existen­cia de Dios, quiero desafiaros a que ha­gáis dos cosas: Primero, que busquéis otra iglesia u organización que tenga doce apóstoles y un profeta, que se diri­ja por medio de la revelación, que bau­tice por inmersión y tenga el Sacerdocio de Dios. Veréis que no hay otra. Noso­tros tenemos la misma Iglesia que Jesu­cristo organizó en su época en las tierras bíblicas y acá, sobre este continente. Y segundo, que miréis a vuestro alrede­dor. ¿Qué veis? Veis la hermosa crea­ción, obra de tas manos de Jesucristo, nuestro Salvador.

El Señor ha hecho por nosotros tan­tas cosas maravillosas. ¿Cómo podemos los seres inteligentes negar su existencia o la de Dios? Los mejores testigos de Je­sucristo están aquí, delante de nuestros ojos: son los árboles, las plantas, el sol, la luna, el universo entero.

¿Acaso un mortal puede crear seres humanos?

¿Puede un mortal crear plantas, as­tros, lluvia, nieve, árboles, alimentos?

¿Puede un ser mortal crear un mun­do hermoso como éste en que vivimos?

Los científicos y eruditos tienen de­lante de sus ojos la bellísima creación, llena de orden, precisión, exactitud; ¿có­mo pueden negar la existencia de Dios y Jesucristo? No hay hombre mortal que pueda duplicar ninguna de estas cosas. Esto debería ser suficiente para asegura­rnos a todos que hay un Dios divino, un Cristo divino; que Jesucristo vive y es el Creador de este mundo. El evangelio es su plan, la forma en que Él quiere que vivamos.

Debemos darnos cuenta de que cuando muramos y vayamos al paraíso —si es allí donde vamos— no encontra­remos en él nuestro país. Debemos comprender que todos iremos al mismo lugar. Los indios no encontrarán allá una reservación; no estará Japón para los japoneses, ni China para los chinos.

Vivamos juntos como hijos de Dios; todos somos hermanos y todos iremos al mismo sitio si somos justos y perseveramos hasta el fin. En el paraíso no hay Estados Unidos, ni reservaciones indias, ni nacionalidades, ni ninguna forma de vida excepto la de Dios.

Dios vive, Jesucristo vive, mis hermanos.

En el nombre de Jesucristo Amén.

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La redención de los muertos

Conferencia General Octubre 1975

La redención de los muertos

Por el élder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce
Domingo 5 de octubre Sesión de la tarde

Mis hermanos, tengo razón para sentirme inmensamente impre­sionado por el tema que he escogido hoy, y siento más que nunca que necesito vuestras oraciones, por la sagrada naturaleza del mismo.

Cuando el Señor estuvo sobre la tie­rra dijo claramente que había sólo un camino y una manera para que el hom­bre pudiese ser salvo: «Yo soy el ca­mino y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6). Para seguir ese camino, hay dos cosas que son necesarias: Primero, en su nombre descansa la autoridad para asegurar la salvación de la humanidad, «Porque no hay otro nombre bajo el cielo, en que podamos ser salvos» (Hechos 4:12). Y segundo, una ordenanza esencial, el bautismo, que es como una puerta por la cual toda alma debe pasar a fin de obtener la vida eterna.

El Señor no vaciló ni dio excusas al proclamar que tenía la autoridad exclu­siva sobre esos procedimientos, por los cuales nosotros podemos regresar a la presencia de nuestro Padre Celestial. Ese ideal también fue muy claro para sus apóstoles, y la prédica de éstos ofrecía sólo una manera para que el hombre se salvase.

A través de los siglos el hombre vio que han sido muchos en realidad, los que nunca encontraron ese camino. Esto llegó a ser muy difícil de explicar, y tal vez pensaron que lo lógico sería admitir que había otras maneras, así es que hi­cieron más fácil la doctrina; o sea que la corrompieron.

El énfasis estricto en «un Señor, un bautismo», se consideró demasiado res­trictivo y muy exclusivista, aunque el Señor mismo lo había descrito como es­trecho: «porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida» (Mateo 7:14).

Siendo que el bautismo es esencial tenemos que sentir la urgente necesidad de llevar el mensaje del evangelio de Je­sucristo a «toda nación, y tribu, y len­gua, y pueblo». Este es un mandamien­to de Dios.

Sus verdaderos siervos irán para convertir a todos los que escuchan los principios del evangelio y les ofrecerán ese bautismo que El proclamó como esencial. La predicación del evangelio se realiza, hasta cierto grado, en la mayor parte de las Iglesias cristianas. Sin em­bargo, la mayoría de los cristianos están, satisfechos de gozar de lo que pueda obtener por ser miembros en sus igle­sias, sin hacer ningún esfuerzo para que otros escuchen lo que para ellos es la verdad.

El tremendo espíritu misional y el vigoroso esfuerzo proselitista que se ha­ce en la Iglesia de Jesucristo de los San­tos de los Últimos Días testifican en forma significativa que el evangelio es verdadero y que esta Iglesia posee la autoridad. Nosotros aceptamos la res­ponsabilidad de enseñar el evangelio a toda persona sobre esta tierra. Y si se hace la pregunta, «¿Quiere decir que es­táis aquí para convertir a todo el mun­do?», la respuesta es «Sí, trataremos de llegar a toda alma viviente.»

Quizás, al comprender la magnitud de este cometido, haya quienes digan «¡Eso es imposible! ¡No se puede ha­cer!» A ellos sencillamente les respon­deríamos, «Tal vez, pero nosotros lo ha­remos de todas maneras». A pesar de los que afirmen que no se puede efec­tuar, estamos deseosos de poner todo lo que esté de nuestra parte para llevar a cabo esta obra. No obstante, aunque nuestros esfuerzos parezcan modestos comparados con la enorme tarea, no pueden ignorarse cuando se comparar con lo que estamos logrando o tratando de lograr en todo el mundo.

Actualmente, tenemos más de 21.000 misioneros en el campo misional, que pagan por el privilegio de predicar el evangelio. Y eso es sólo parte del es­fuerzo. No estoy insinuando que este sea un número impresionante, sino que sabemos que no estamos haciendo tanto como deberíamos. Pero cualquiera de ellos sería evidencia suficiente si conociéramos el origen de la convicción in­dividual de cada uno. No deseamos ha­cer un alto en la asignación de buscar almas para enseñarles el evangelio y ofrecerles el bautismo. Tampoco po­dríamos sentirnos desanimados, porque hay gran poder en esta obra y eso lo puede verificar cualquiera que busque sinceramente.

Otra característica que también identifica a la Iglesia de Jesucristo y que tiene que ver con el bautismo, es la in­quietante pregunta que nos hacemos to­cante a aquellos que han muerto sin re­cibirlo: «¿Qué será de ellos?» Si no hay otro nombre dado bajo el cielo por el cual el hombre pueda salvarse (y no lo hay), y han vivido y muerto sin haber escuchado ese nombre; si el bautismo es esencial, como lo es, y si han muerto sin haber tenido la oportunidad de aceptarlo, ¿dónde están ahora? Estos forman la mayor parte de la familia hu­mana. Seguir leyendo

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No podemos vivir en soledad

Conferencia General Octubre 1975

No podemos vivir en soledad

Por el élder Robert D. Hales
Ayudante del Consejo de los Doce
Domingo 5 de octubre Sesión de la mañana

Mis queridos hermanos, me siento bendecido por estar aquí esta mañana. Hay un espíritu hermoso-que viene del coro. Estas cosas me ayudan a tratar un tema que estimo mucho.

Quisiera que tuviéramos juntos unos momentos de reflexión considerando la  frase «no podemos hacerlo solos». To­dos sentimos el testimonio con diferen­te intensidad; a todos se nos ha dado al nacer el Espíritu de Cristo como un don. Nosotros mismos hemos desarrollado nuestro testimonio en el curso de nues­tra vida y el Espíritu Santo nos ha ayu­dado a obtenerlo. Aunque sepamos que Dios vive y que Jesús es el Cristo; aun­que sepamos que El dio su vida por nuestra redención, que resucitó a fin de que podamos vivir, y que hoy vive; aun­que sepamos que José Smith ha restau­rado la Iglesia de Jesucristo de los San­tos de los Últimos Días en la última dis­pensación del cumplimiento de los tiempos, sí, y que vivimos en esa época selecta anterior a la segunda venida de Jesucristo, una época en que se nos han revelado todas las escrituras que podían darse a conocer al género humano. Aunque sepamos que el presidente Spencer W. Kimball es un Profeta de Dios, a quien se han conferido todas las llaves del Sacerdocio para guiar esta Iglesia por revelación en estos postreros días, no obstante mis hermanos, aun con todo ese conocimiento no logramos entender que no vinimos a esta vida pa­ra vivirla solos.

Tampoco podemos esconder nues­tros actos de nosotros mismos ni de los demás. El consejo dado por Polonio a su hijo Laertes: «Y, sobre todo, esto: Sé sincero contigo mismo, y de ello se seguirá, como la noche al día, que no puedes ser falso con nadie» (Hamlet Ac­to 1 Escena 3), es válido; pero debe adaptarse y ampliarse a fin de poder comprender cómo puede uno ser since­ro consigo mismo y con sus semejantes La persona que se aísla, se separa de la «luz de Cristo» y esto lo hace falible y lo expone a la desilusión. El equilibrio y la perspectiva de sentir preocupación por los demás y permitir que ellos se preocupen por nosotros, constituyen la esencia misma de la vida. Necesitamos la ayuda inspirada de otros para evitar engañarnos a nosotros mismos; siempre ha sido para mí un misterio el motive por el cual los que se consideran inte­lectualmente superiores, a veces se apartan del Espíritu de Dios.

Quiero daros mi testimonio de que estuvimos con nuestro Padre Celestial antes de venir a esta vida; las escrituras así nos lo dicen. También sabemos que aceptamos recibir un cuerpo físico a fin de venir a vivir en este estado mortal obedecer los mandamientos del Señor y tener oposición en todas las cosas. La oposición que aquí conocemos nos for­talece; el fuego que tenemos que sopor­tar, tiempla nuestro espíritu.

También es parte del plan de Dios el que no podamos volver a su presencia solos, sin la ayuda de otro. Santiago lo expresa mejor: «Así también la fe, si no tiene obras es muerta en sí misma (Santiago 2:17).

El plan del evangelio consiste en dar y recibir. La fe en sí misma no es sufi­ciente; necesitamos las «obras» para servir y ser servidos. No podemos ha­cerlo solos.

Las muchas misiones que tenemos en la vida no se pueden iniciar con éxito sin la ayuda de otros. El nacimiento re­quiere padres terrenales; nuestra bendi­ción al nacer, nuestro bautismo, la im­posición de manos para que recibamos el don del Espíritu Santo, a fin de ser miembros de la Iglesia, la ordenación al sacerdocio, el cumplir una misión, el matrimonio, el nacimiento de nuestros hijos, las bendiciones de salud o en épocas de necesidad, todas estas cosas exigen la intervención de otras per­sonas. Y todos éstos son actos de amor y servicio que requieren la ayuda de otros y nuestra ayuda a los demás.

Cuando volvamos a nuestro Padre Celestial, Él no quiere que volvamos solos, sino que regresemos a su lado con honor, acompañados de nuestras familias y de aquellos a quienes haya­mos ayudado en el transcurso de la vi­da. Al preparar este mensaje, he podido comprender muy claramente que la na­turaleza verdadera del plan del evange­lio, es la interdependencia que existe entre unos y otros en esta vida y en el estado en que ahora vivimos.

Es evidente para mí que tenemos im­perfecciones físicas, imperfecciones de la mente y del intelecto y, que por tal razón tenemos que depender de otros. Debemos ser capaces de bastarnos a no­sotros mismos, pero esto no significa que no necesitemos de los demás. No podemos lograr un testimonio sin con­tar con la ayuda del Espíritu Santo; no podemos trabajar en la genealogía sin la ayuda de aquellos que nos precedieron, es decir nuestros antepasados. Estamos aquí para ver si serviremos «al más pequeñito de nuestros hermanos»; y he descubierto desde que soy Autoridad General, que el presidente de la Iglesia, sus consejeros y los Doce Apóstoles, se consideran siervos de todos nosotros. Seguir leyendo

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