Conferencia General Octubre 2011
Lo que espero que mis nietas (y nietos) comprendan acerca de la Sociedad de Socorro
Por Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
A partir del día en que el Evangelio se empezó a restaurar en esta dispensación, el Señor ha necesitado mujeres fieles que participen como discípulas Suyas.
Es un privilegio dirigirme a ustedes en esta histórica reunión. Es una bendición estar juntas. Durante mi servicio como presidenta general de la Sociedad de Socorro, he cultivado un profundo amor por ustedes, las hermanas de la Sociedad de Socorro de esta Iglesia, y el Señor ha expandido mi visión de lo que Él siente por nosotras y de lo que espera de nosotras.
He intitulado este mensaje: “Lo que espero que mis nietas (y nietos) comprendan acerca de la Sociedad de Socorro”. Mis nietas mayores están ocupadas trabajando en el Progreso Personal y cultivando los hábitos y las características de lo que es ser una mujer recta. En poco tiempo, ellas y sus compañeras tendrán a su cargo la responsabilidad por esta gran hermandad mundial.
Espero que lo que diga en este mensaje les dé a ellas, y a todos los que lo oigan o lo lean, un claro entendimiento de lo que el Señor tenía en mente para Sus hijas cuando se organizó la Sociedad de Socorro.
Un antiguo modelo de discipulado
Espero que mis nietas entiendan que hoy día la Sociedad de Socorro está organizada según el modelo de discipulado que existía en la antigua Iglesia. Cuando el Salvador organizó Su Iglesia en la época del Nuevo Testamento, “[las mujeres] fueron participantes de suma importancia en [Su] ministerio”1. Él visitó a Marta y a María, dos de Sus más dedicadas seguidoras, en el hogar de Marta. Mientras ésta lo escuchaba y lo atendía según la costumbre de esa época, Él la ayudó a ver que podía hacer más que eso. Ayudó a Marta y a María a comprender que podían escoger “la buena parte”, la cual no les sería quitada2. Ese tierno comentario sirvió como invitación para que participaran en el ministerio del Señor. Y más tarde, en el Nuevo Testamento, el firme testimonio de Marta en cuanto a la divinidad del Salvador nos proporciona una idea de su fe y discipulado3.
Al leer más adelante en el Nuevo Testamento, nos enteramos de que los apóstoles continuaron estableciendo la Iglesia del Señor. También nos enteramos de mujeres fieles cuyo modelo de discipulado contribuyó al crecimiento de la Iglesia. Pablo hizo referencia a las discípulas en lugares tales como Éfeso4 y Filipos5; pero cuando la Iglesia del Señor se perdió en la apostasía, también se perdió ese modelo de discipulado.
Cuando el Señor empezó a restaurar Su Iglesia por medio del profeta José Smith, de nuevo incluyó a las mujeres en un modelo de discipulado. Pocos meses después de que la Iglesia se organizó formalmente, el Señor reveló que Emma Smith habría de ser apartada como líder y maestra en la Iglesia, y como ayudante oficial de su esposo, el Profeta6. En su llamamiento para ayudar al Señor a edificar Su reino, se le dieron instrucciones para aumentar su fe y rectitud personales, para fortalecer a su familia y su hogar, y para servir a los demás.
Espero que mis nietas comprendan que a partir del día en que el Evangelio se empezó a restaurar en esta dispensación, el Señor ha necesitado mujeres fieles que participen como discípulas Suyas.
Tan sólo un ejemplo de su excepcional contribución fue la obra misional. El gran crecimiento de la Iglesia en los primeros días fue posible debido a hombres fieles que estuvieron dispuestos a dejar a sus familias para viajar a lugares desconocidos y sufrir privaciones y dificultades para enseñar el Evangelio. Sin embargo, esos hombres entendieron que sus misiones no habrían sido posibles sin la plena fe y el esfuerzo mancomunado de las mujeres que formaban parte de sus vidas, que sustentaban hogares y negocios, y ganaban dinero para sus familias y los misioneros. Las hermanas también cuidaron de los miles de conversos que llegaron a sus comunidades. Se dedicaron de lleno a su nuevo modo de vida, ayudando a edificar el reino del Señor y participando en Su obra de Salvación.
Conectadas con el sacerdocio
Espero que mis nietas entiendan que el Señor inspiró al profeta José Smith para organizar a las mujeres de la Iglesia “bajo la dirección del sacerdocio y de acuerdo con el modelo de éste”7, y a enseñarles “la forma en que podrían poseer los privilegios, las bendiciones y los dones del sacerdocio”8.
Cuando se organizó oficialmente la Sociedad de Socorro, Emma Smith siguió en su llamamiento como líder. Fue nombrada presidenta de la organización, con dos consejeras que sirvieran con ella en una presidencia. En vez de ser seleccionada mediante el voto popular, como era común en organizaciones fuera de la Iglesia, esa presidencia fue llamada por revelación, sostenida por las personas a las que dirigirían, y apartada por los líderes del sacerdocio para servir en sus llamamientos, siendo así llamadas “por Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad”9. Haber sido organizadas bajo el sacerdocio hizo posible que la presidencia recibiera dirección del Señor y de Su profeta para una obra específica. La organización de la Sociedad de Socorro permitió que en el almacén del Señor hubiera talento, tiempo y recursos para administrarse en sabiduría y orden.
Ese primer grupo de mujeres comprendió que se les había otorgado autoridad para enseñar, inspirar y organizar a las mujeres como discípulas para colaborar en la obra de salvación del Señor. En las primeras reuniones, a las hermanas se les enseñaron los principios guiadores de la Sociedad de Socorro: aumentar la fe y la rectitud personales, fortalecer a las familias y los hogares, y buscar y ayudar a los necesitados.
Espero que mis nietas comprendan que la organización de la Sociedad de Socorro fue una parte esencial de preparar a los santos para los privilegios, las bendiciones y los dones que sólo se encuentran en el templo. El presidente Joseph Fielding Smith enseñó que la Sociedad de Socorro “es parte vital del reino de Dios sobre la tierra… cuyo diseño y funcionamiento ayuda a sus miembros fieles a obtener la vida eterna en el reino de nuestro Padre”10. Podemos imaginar lo que debió haber sido para las hermanas estar en la tienda de ladrillos rojos de José Smith en aquellas primeras reuniones de la Sociedad de Socorro, mirando hacia la colina donde se estaba construyendo un templo, mientras el Profeta les enseñaba que “debe existir una sociedad selecta, separada de todas las iniquidades del mundo, distinguida, virtuosa y santa”11. Seguir leyendo


























