Cara a Cara con el presidente Eyring y el élder Holland,
04 de Marzo de 2017
Esta transmisión mundial presentó un análisis con el presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, y el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles. Todos los jóvenes pueden mirar este evento para ayudarlos a aprender sobre la oración.
Conferencia General Abril 2008 Experiencias especiales
Élder Ronald A. Rasband
De la Presidencia de los Setenta
Nuestro trayecto por la vida nos brinda muchas experiencias especiales que se convierten en bloques para edificar la fe y el testimonio.
En este día especial, me gustaría agregar mi testimonio de que el presidente Thomas S. Monson es el profeta del Señor en la tierra. Estoy agradecido por el privilegio de hablar en la conferencia general.
Estoy agradecido, como ustedes, por la experiencia que tenemos en esta histórica conferencia de sostener, según el orden y modelo establecidos, a nuestro nuevo profeta, a la Primera Presidencia y a otros líderes de la Iglesia.
Este tipo de experiencias fortalece nuestro testimonio y acrecienta nuestra fe en el conocimiento de que ésta es, en verdad, la Iglesia verdadera y viviente del Señor.
Nuestro trayecto por la vida nos brinda muchas experiencias especiales que se convierten en bloques para edificar la fe y el testimonio. Dichas experiencias vienen en gran variedad de formas y en momentos impredecibles; pueden ser acontecimientos espirituales poderosos o pequeños momentos de inspiración. Algunas se presentarán como serios desafíos y pruebas difíciles que pondrán a prueba nuestra habilidad de superarlas. Sin importar cuál sea la experiencia, cada una nos ofrece una ocasión de progresar, de adquirir más sabiduría y, en muchos casos, de servir a los demás con mayor empatía y amor. Tal como el Señor le dijo al profeta José Smith para consolarlo en una de sus pruebas más difíciles en la cárcel de Liberty: “…todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien” (D. y C. 122:7).
Al acumularse las experiencias de la vida, se fortalecen y se complementan unas con otras. Tal como los ladrillos de nuestra casa sostienen al resto de la estructura, las experiencias personales se convierten en bloques que edifican nuestro testimonio y aumentan nuestra fe en el Señor Jesucristo.
Esta misma sesión de la conferencia ilustra el valor de una vida llena de experiencias. Al seguir el sabio consejo de nuestros líderes, y al maravillarnos ante sus enseñanzas y su espíritu, ¿nos sorprende que el Señor elija al apóstol de mayor antigüedad, después de años de preparación, para que sea Su profeta escogido?
En mi bendición patriarcal se indica que se me darían experiencias especiales que fortalecerían mi propio testimonio.
Hermanos y hermanas, piensen en las experiencias especiales que han tenido en la vida, que han traído convicción y gozo a su corazón. ¿Recuerdan la primera vez que supieron que José Smith era el profeta de Dios de la Restauración? ¿Recuerdan cuando aceptaron el desafío de Moroni y supieron que el Libro de Mormón era en verdad otro testamento de Jesucristo? ¿Recuerdan cuando recibieron respuesta a una ferviente oración y se dieron cuenta de que su Padre Celestial los conoce y los ama en forma personal? Al meditar en esas experiencias especiales, ¿no les brindan un sentimiento de gratitud y resolución para seguir adelante con renovada fe y determinación? Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2008 La salvación y la exaltación
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles
En el plan eterno de Dios, la salvación es un asunto individual y la exaltación es un asunto familiar.
Con gratitud, damos la bienvenida al élder D. Todd Christofferson al Quórum de los Doce Apóstoles. Con todo nuestro corazón, sostenemos a esta maravillosa Primera Presidencia y a todos los que han sido llamados.
Hermanos y hermanas, cuando recibimos la noticia de que el presidente Gordon B. Hinckley había fallecido, todos experimentamos de inmediato una profunda sensación de pérdida; no obstante, sabíamos que su destino se encontraba en las manos del Señor y nuestra tristeza se tornó en gratitud. Nos sentimos sumamente agradecidos por lo que hemos aprendido de ese gran profeta de Dios.
Hoy, en esta asamblea solemne, hemos cumplido con la voluntad del Señor, quien dijo que “a ninguno le será permitido salir a predicar mi evangelio ni a edificar mi iglesia, a menos que sea ordenado por alguien que tenga autoridad, y sepa la iglesia que tiene autoridad, y que ha sido debidamente ordenado por las autoridades de la iglesia” 1 . Se ha recurrido a esta ley del común acuerdo 2 y la Iglesia seguirá avanzando por su curso prescrito.
Los miembros del mundo entero sostienen al presidente Thomas S. Monson y a sus capaces consejeros. Ya no somos “extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios;
“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” 3 .
El Señor reveló la razón por la cual “constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas”. Lo hizo “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios” 4 .
Por tanto, el ministerio de los apóstoles —la Primera Presidencia y los Doce— consiste en lograr esa unidad de fe y proclamar nuestro conocimiento del Maestro; nuestro ministerio consiste en bendecir la vida de todos los que aprendan y sigan el “camino aun más excelente” del Señor 5 , y debemos ayudar a las personas a prepararse para su posible salvación y exaltación.
El tercer Artículo de Fe declara que “por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio”.
Ser salvos, o alcanzar la salvación, significa ser redimidos de la muerte física y de la espiritual. Debido a la resurrección de Jesucristo, todas las personas resucitarán y serán salvas de la muerte física. Las personas también podrán ser salvas de la muerte espiritual individual por medio de la expiación de Jesucristo, por su fe en Él, mediante una vida de obediencia a las leyes y ordenanzas de Su Evangelio, y al servirle.
Ser exaltados, o alcanzar la exaltación, se refiere al estado supremo de felicidad y gloria del reino celestial. Podemos obtener esas bendiciones una vez que abandonemos esta existencia frágil y terrenal. Ahora es el momento de prepararnos para nuestra salvación y exaltación 6 .
Como parte de esa preparación, primero debemos oír y comprender el Evangelio. Éste es el motivo por el cual se está llevando el evangelio de Jesucristo “a toda nación, tribu, lengua y pueblo” 7 .
Responsabilidad individual
Hace algunos años, en África, me reuní con el rey de una tribu. Cuando se dio cuenta de que le estaba enseñando un Apóstol del Señor, se quedó profundamente conmovido. Me dijo que los de su pueblo se bautizarían en multitudes si él, como rey, así se los mandaba. Agradecí su amabilidad, pero le expliqué que el Señor no obra de esa manera.
El cultivar la fe en el Señor es una cuestión individual; el arrepentimiento también es una cuestión individual. Sólo podemos bautizarnos y recibir el Espíritu Santo de manera individual. Cada uno de nosotros nace individualmente; del mismo modo, cada uno de nosotros “nace de nuevo” 8 individualmente. La salvación es una cuestión individual. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2007 Tres metas para guiarte
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Su influencia se extiende más allá de ustedes mismas y de sus hogares e influye en otras personas por todo el mundo.
Esta tarde nuestras almas han alcanzado el cielo. Hemos sido bendecidos con hermosa música y mensajes inspirados. El Espíritu del Señor está presente.
Hermanas Julie Beck, Silvia Allred y Barbara Thompson, ¡qué bendición que sus amados padres, maestros, líderes de la juventud y demás personas se dieron cuenta de su potencial!
Parafraseando un pensamiento:
El valor de una joven no lo puedes saber,
por lo que debes esperar y ver;
toda mujer que en un puesto noble esté
alguna vez una jovencita fue 1 .
Es un gran privilegio para mí estar con ustedes. Sé que además de las que se encuentran reunidas en el Centro de Conferencias hay muchas miles que están viendo y escuchando la reunión vía satélite.
Al dirigirme a ustedes, me doy cuenta de que, como hombre, estoy en vasta minoría y que debo tener cuidado con lo que diga. Me recuerda a un hombre que entró en una librería y le preguntó a la dependienta: “¿Tienen un libro titulado El hombre: Amo de la mujer?”. La mujer lo miró directamente a los ojos y le contestó con sarcasmo: “¡Busque entre los libros de ficción!”.
Les aseguro esta tarde que las honro, mujeres de la Iglesia, y de que sé, citando a William R. Wallace, que “la mano que mece la cuna es la mano que gobierna al mundo” 2 .
En 1901, el presidente Lorenzo Snow dijo: “Los miembros de la Sociedad de Socorro han… ministrado a los afligidos, han puesto sus brazos de amor alrededor de los huérfanos y de las viudas, y se han guardado sin mancha del mundo. Testifico que no hay mujeres en el mundo más puras y más espirituales que las que integran la Sociedad de Socorro” 3 .
Tal como en la época del presidente Snow, aquí y ahora hay visitas que realizar, saludos y bienvenidas que dar y almas hambrientas que alimentar. Al contemplar la Sociedad de Socorro de la actualidad, humilde ante el privilegio de dirigirme a ustedes, acudo a nuestro Padre Celestial en busca de Su guía divina.
En ese espíritu, he sentido que debía presentar a cada miembro de la Sociedad de Socorro de todo el mundo tres metas que alcanzar:
1. Estudiar diligentemente.
2. Orar de todo corazón.
3. Prestar servicio de buena voluntad.
Examinemos cada una de esas metas. Primero, estudiar diligentemente. El Salvador del mundo enseñó: “…sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” 4 . Y agregó: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” 5 .
Un estudio de las Escrituras fortalecerá nuestros testimonios y los testimonios de nuestros familiares. En la actualidad, nuestros hijos crecen rodeados de voces que los instan a abandonar lo recto y a buscar en su lugar los placeres del mundo. A menos que tengan un firme cimiento del evangelio de Jesucristo, un testimonio de la verdad y la determinación de vivir rectamente, ellos son vulnerables a esas influencias. La responsabilidad de fortalecerlos y protegerlos es nuestra.
Hasta un punto alarmante, nuestros niños están siendo educados en la actualidad por los medios de comunicación, entre ellos internet. Se dice que en los Estados Unidos un niño común y corriente ve televisión aproximadamente cuatro horas al día, donde la mayoría de los programas están llenos de violencia, alcohol, drogas y contenido sexual. El ver películas y jugar juegos de videos es tiempo adicional a las cuatro horas 6 . Las estadísticas son muy similares en otros países desarrollados. Los mensajes que se presentan en la televisión, en las películas y en los otros medios de comunicación están muchas veces totalmente opuestos a lo que deseamos que nuestros hijos acepten y guarden en gran estima. Nuestra responsabilidad no sólo es la de enseñarles a ser sanos en espíritu y en doctrina, sino también a que se mantengan de esa forma, pese a las fuerzas externas que puedan encontrar. Eso exigirá mucho tiempo y empeño de nuestra parte y, a fin de ayudar a los demás, nosotros mismos necesitamos la valentía espiritual y moral para resistir la maldad que vemos por todas partes.
Vivimos en la época que se menciona en 2 Nefi, capítulo 9:
“¡Oh las vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán.
“Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios” 7 .
Se necesita valentía para aferrarnos a nuestras normas a pesar del escarnio del mundo. El presidente J. Reuben Clark, Jr., que por muchos años fue miembro de la Primera Presidencia, dijo: “No son desconocidos los casos en los que [aquellos] de supuesta fe… han sentido que, por el hecho de que el defender su fe íntegra quizás acarrease el ridículo de sus colegas incrédulos, tienen que modificar o justificar su fe, o debilitarla de forma destructiva, o incluso aparentar desecharla. Tales son hipócritas…” 8 .
Acuden a mi mente los poderosos versículos que se encuentran en el Nuevo Testamento, en 2 Timoteo, capítulo 1, versículos 7 y 8:
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”.
Además de nuestro estudio sobre temas espirituales, el aprendizaje secular es también esencial. Por lo general, se desconoce el futuro; por lo tanto, es necesario que nos preparemos para las situaciones inciertas. Las estadísticas demuestran que en algún momento, debido a enfermedad o al fallecimiento del esposo, o por necesidades económicas, ustedes desempeñarán el papel del proveedor económico. Algunas ya ocupan ese lugar. Les insto a procurar obtener instrucción académica, si es que aún no lo están haciendo o no lo han hecho, con el fin de estar preparadas para mantener el hogar si las circunstancias lo hicieran necesario.
Sus talentos aumentarán a medida que estudien y aprendan. Podrán ayudar mejor a sus familias en su aprendizaje y se sentirán tranquilas al saber que se han preparado para las eventualidades de la vida.
Les reitero: Estudien diligentemente.
La segunda meta que deseo mencionar es: Orar de todo corazón. El Señor indicó: “Ora siempre, y derramaré mi Espíritu sobre ti, y grande será tu bendición…” 9 .
Quizás nunca ha habido una época en la que necesitáramos orar más y enseñar a nuestra familia a hacerlo. La oración es una defensa contra la tentación. Es por medio de la oración sincera y genuina que podemos recibir las bendiciones y el apoyo necesarios para seguir adelante en este a veces difícil y desafiante trayecto al que llamamos vida terrenal.
Podemos enseñar a nuestros hijos y a nuestros nietos la importancia de la oración, tanto por la palabra como por el ejemplo. Voy a compartir con ustedes una lección acerca de enseñar a orar mediante el ejemplo, tal y como me lo relató una madre en su carta. “Estimado presidente Monson: A veces me pregunto si en verdad tengo una influencia positiva en la vida de mis hijos. Especialmente, al ser una madre soltera que trabaja en dos empleos para poder sufragar los gastos, a veces llego a casa y sólo encuentro desorden, pero nunca pierdo la esperanza”.
En su carta relata que ella y sus hijos estaban viendo la conferencia general, en el momento en que yo hablaba de la oración. Su hijo comentó: “Mamá, tú ya nos enseñaste eso”. Ella preguntó: “¿Qué quieres decir?”, y él respondió: “Bueno, nos enseñaste a orar y cómo hacerlo, pero la otra noche fui a tu cuarto para preguntarte algo y te encontré de rodillas orando a nuestro Padre Celestial. Si Él es importante para ti, también lo será para mí”. La carta terminaba así: “Me imagino que uno nunca sabe qué clase de influencia ejercerá hasta que un hijo nos observe hacer lo que a él se le ha tratado de enseñar”.
Hace algunos años, poco antes de salir de Salt Lake City para asistir a la reunión anual de los Boy Scouts de América, en Atlanta, Georgia, decidí llevar conmigo varios ejemplares de la revista New Era y obsequiar a los oficiales de escultismo esa excelente publicación. Al llegar al hotel en Atlanta, abrí el paquete de las revistas y me di cuenta de que mi secretaria, aparentemente sin razón alguna, había incluido en el paquete dos ejemplares adicionales de la revista de junio, en la que se hablaba del matrimonio en el templo. Dejé esos dos ejemplares en el cuarto del hotel y, como había planeado, distribuí los demás.
El último día de reuniones, no sentí deseos de asistir al almuerzo que estaba planeado, sino que sentí el impulso de regresar a mi habitación. Al entrar, el teléfono estaba sonando. La llamada era de un miembro de la Iglesia que se había enterado de que yo estaba en Atlanta. Después de presentarse, me preguntó si podría darle una bendición a su hija de diez años. Accedí de inmediato, y ella indicó que su esposo, su hija y su hijo irían inmediatamente a mi cuarto del hotel. Mientras esperaba, oré para recibir ayuda; el sentimiento de paz que acompaña a la oración reemplazó los aplausos de la convención.
Tocaron a la puerta y tuve el privilegio de conocer a una familia especial. La niña de diez años caminaba con la ayuda de muletas. A causa del cáncer, había sido necesario que le amputaran la pierna izquierda; sin embargo, su semblante era radiante y su confianza en Dios inquebrantable. Se dio la bendición mientras madre e hijo permanecían arrodillados junto a la cama y el padre y yo poníamos las manos sobre esa pequeñita. Recibimos la dirección del Espíritu de Dios y nos sentimos humildes bajo Su poder.
Sentí que las lágrimas me corrían por las mejillas y caían sobre mis manos, que descansaban sobre la cabeza de esa hermosa hija de Dios. Hablé de las ordenanzas eternas y de la exaltación familiar. El Señor me inspiró a instar a esa familia a que entrara en el santo templo de Dios. Al terminar la bendición, me enteré de que la visita al templo ya estaba planeada. Se me hicieron preguntas acerca del templo, y entonces, sin oír ninguna voz celestial ni tener ninguna visión, en mi mente escuché claramente las palabras: “Acude a la New Era”. Dirigí la mirada hacia el tocador donde estaban las dos revistas extras de la New Era acerca del templo. Entregué un ejemplar a la hija y el otro a sus padres, y lo examinamos juntos.
La familia se despidió y el cuarto quedó nuevamente en silencio; una oración de gratitud se elevó sin dificultad y, otra vez, tomé la determinación de que la oración siempre sería parte de todo lo que hiciera.
Mis queridas hermanas, no oren para recibir tareas que igualen su habilidad, sino oren para recibir la habilidad para cumplir con esas tareas. De ese modo, el desempeño de sus tareas no será un milagro, sino que ustedes mismas serán el milagro.
Oren de todo corazón.
Por último: prestar servicio de buena voluntad. Ustedes son una poderosa fuerza para bien, una de las más poderosas del mundo. Su influencia se extiende más allá de ustedes mismas y de sus hogares e influye en otras personas por todo el mundo. Ustedes han extendido una mano de ayuda a sus hermanos y hermanas a través de calles, ciudades, naciones, continentes y océanos. Ustedes personifican el lema de la Sociedad de Socorro: “La caridad nunca deja de ser”.
Claro está que se encuentran rodeadas de oportunidades para prestar servicio. No hay duda de que a veces ven tantas de esas oportunidades que en cierta forma se sientan abrumadas. ¿Por dónde comenzar? ¿Cómo hacerlo todo? ¿Cómo escoger, entre todas las necesidades que ven, en dónde y cómo prestar servicio?
Muchas veces, todo lo que se requiere son pequeños actos de servicio para elevar y bendecir a los demás: una pregunta acerca de alguien de la familia, unas palabras de aliento, un sincero cumplido, una pequeña nota de agradecimiento o una breve llamada telefónica. Si somos observadores y nos mantenemos informados, y si actuamos de acuerdo con la inspiración que recibimos, podemos hacer mucho bien. Naturalmente, a veces se necesita más que eso.
Hace poco me enteré de un amoroso acto de servicio que se le brindó a una madre cuando sus hijos eran muy pequeños. Con frecuencia, ella se levantaba a medianoche para atender a sus pequeños, como las madres suelen hacerlo. En ocasiones, su amiga y vecina que vivía enfrente iba a verla al día siguiente y le decía: “Vi luces encendidas durante la noche y sé que estuviste levantada con los niños. Me los voy a llevar a casa un par de horas para que puedas dormir un rato”. Esa madre dijo: “Me sentía tan agradecida por su cálido ofrecimiento que no fue sino hasta que eso hubo sucedido varias veces que me di cuenta de que si ella había visto mis luces encendidas a medianoche era porque ella también estaba levantada con alguno de sus hijos, y que necesitaba una siesta tanto como yo. Me enseñó una gran lección y desde ese entonces he tratado de ser observadora como ella, para buscar oportunidades de prestar servicio a los demás”.
Innumerables son los actos de servicio que ha proporcionado el numeroso ejército de las maestras visitantes de la Sociedad de Socorro. Hace unos años, me enteré de cómo dos de ellas habían socorrido a una desconsolada viuda, Ángela, la nieta de un primo mío. El esposo de Ángela y un amigo con el que había salido a pasear en trineo a motor habían sido víctimas de asfixia a causa de una avalancha de nieve. Cada uno de ellos dejó a su esposa embarazada; en el caso de Ángela, se trataba del primer hijo, pero en el otro caso, la esposa no sólo estaba esperando un hijo, sino que también ya era madre de un pequeño. En el funeral del esposo de Ángela, el obispo contó que tan pronto como se enteró del trágico accidente, había ido inmediatamente a casa de ella, y que apenas había llegado, sonó el timbre. A la puerta estaban sus dos maestras visitantes. El obispo dijo que él presenció cómo le expresaban su cariño y su compasión. Las tres mujeres lloraron juntas y era evidente que esas dos buenas maestras visitantes la querían mucho. Tal vez, como sólo las mujeres saben hacerlo, le indicaron con dulzura —sin que ella se lo pidiera— exactamente la ayuda que le proporcionarían. Era evidente que permanecerían cerca de ella todo el tiempo que Ángela las necesitara. El obispo expresó su profunda gratitud por saber que ellas serían una verdadera fuente de consuelo para ella en los días venideros.
Las maravillosas maestras visitantes repiten una y otra vez esos actos de amor y compasión, no siempre en situaciones tan dramáticas como ésa, pero con la misma sinceridad.
Rindo encomio a ustedes que, con cuidado amoroso y preocupación compasiva, alimentan al hambriento, visten al desnudo y brindan techo al que no lo tiene. Él, que advierte hasta la caída de un gorrión, no pasará por alto ese servicio. El deseo de elevar, la voluntad de ayudar y de dar gentilmente proviene de un corazón lleno de amor. Presten servicio de buena voluntad.
Nuestro amado profeta, sí, el presidente Gordon B. Hinckley, ha dicho en cuanto a ustedes: “Dios ha puesto en el alma de la mujer algo divino que se expresa en tácita fortaleza, en refinamiento, en paz, en virtud, en verdad y en amor” 10 .
Mis queridas hermanas, que nuestro Padre Celestial bendiga a cada una de ustedes, casadas o solteras, en sus hogares, en su familia, en su propia vida, para que sean merecedoras del glorioso saludo del Salvador del mundo: “Bien, buen siervo y fiel” 11 , es mi ruego, al bendecirlas a ustedes y también a la querida esposa de James E. Faust, su amada Ruth, que se encuentra aquí esta tarde, en la primera fila, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
1. Véase “Nobody Knows What a Boy Is Worth”, en Best-Loved Poems of the LDS People, editado por Jack M. Lyon y otros, 1996, pág. 19.
2. “The Hand That Rocks the Cradle Is the Hand That Rules the World”, en The World’s Best-Loved Poems, compilación de James Gilchrist Lawson, 1955, pág. 242.
3. The Teachings of Lorenzo Snow, editado por Clyde J. Williams, 1984, pág. 143.
4. D. y C. 88:118.
5. Juan 5:39.
6. American Academy of Pediatrics, “Television and the Family”, 1, http://www.aap.org/family tv1.htm.
7. 2 Nefi 9:28–29.
8. “El curso trazado por la Iglesia en la educación”, presentado en la escuela de verano de la Universidad Brigham Young en Aspen Grove, el 8 de agosto de 1938, en James R. Clark, comp., Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 6 tomos, 1965–1975, Tomo VI, pág. 52.
9. D. y C. 19:38.
10. Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 387; citado en “Si estáis preparados no temeréis”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 116.
11. Mateo 25:21
Conferencia General Octubre 2007 Te ayudaré… yo soy tu socorro
Barbara Thompson
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro
La ayuda más grande que tendremos para fortalecer a las familias es conocer y seguir las doctrinas de Cristo
Hace unos meses, la hermana Beck me pidió que considerara hablar sobre la familia y relatar mis propias experiencias con las familias. Soy soltera y no tengo hijos propios. Creo que la hermana Beck pensó que yo estaba capacitada para hablar sobre las familias debido a que nunca he cometido un error con ningún hijo propio, a diferencia de muchas mujeres.
Soy trabajadora social de profesión, y en el correr de los años he trabajado con muchas familias, mayormente con las que están pasando dificultades o grandes desafíos. He visto situaciones muy dolorosas donde niños han resultado gravemente heridos, tanto en el aspecto físico como emocional. He visto a niños que han sido abandonados y olvidados debido al abuso de drogas o a las adicciones de los padres. He visto a jovencitos de 18 años al cuidado de padres tutelares, y que actualmente viven por cuenta propia, sin el apoyo ni el respaldo de una familia amorosa que les brinde ayuda.
Menos mal que en la mayoría de nuestras familias no hay maltrato ni descuido, pero todas las familias pasarán por algún tipo de dificultad: enfermedad, muerte, desobediencia, problemas económicos, etc.
A raíz de esas dificultades surgen algunas importantes preguntas. ¿Qué les está sucediendo a las familias? ¿Qué diferencia hay entre una familia estable y una disfuncional? ¿Cuáles son algunas cosas sencillas que serán de ayuda para las familias? y ¿quién puede brindar ayuda a las familias?
Hoy me gustaría hablar brevemente sobre estas preguntas y darles varias observaciones que he hecho a lo largo de los años, con la esperanza de que les ayuden.
¿Qué les está sucediendo a las familias?
Satanás está trabajando muy fuerte para atacar a la familia; nos dice que el matrimonio no es importante, que los hijos no necesitan un padre y una madre, y que las familias fuertes no son importantes; nos dice que los valores morales son anticuados y que son ridículos. Cuando llegan las dificultades, Satanás nos dice que abandonemos nuestras creencias y vayamos por los caminos del mundo. Nos tienta con la fama y el dinero y nos dice dónde encontrar la vida fácil; ataca nuestra fe en Dios y trata de desalentar incluso a las familias más fuertes y amorosas. Satanás se complace cuando cedemos, aunque sea un poco.
¿Qué diferencia hay entre una familia estable y una disfuncional?
Los miembros de una familia estable saben quiénes son, a dónde van y lo que desean lograr. Los miembros de una familia disfuncional no saben quiénes son, no tienen un plan, ni estabilidad, ni un núcleo de valores o normas para fijar su rumbo.
A algunos padres de familias disfuncionales se les enseñaron buenos principios, pero siguieron el sendero equivocado debido al alcohol, las drogas u otras adicciones que los privaron de su buen criterio y de su habilidad para tomar decisiones correctas. En una familia estable, padres amorosos enseñan por medio del ejemplo y no simplemente les mandan a los hijos a hacer algo; ellos lo hacen con los hijos y les demuestran cómo hacerlo.
¿Cuáles son algunas cosas sencillas que serán de ayuda para las familias?
Recuerden, los hijos son de gran valor; son hijos espirituales de Dios. He visto brillar la fortaleza del alma humana en ocasiones en las que no me podía imaginar cómo un niño podría sobrevivir.
Queridas hermanas, amen y nutran con amor a sus hijos; exprésenles su amor; abrácenlos, ya que el afecto físico apropiado logrará milagros. Expresen palabras bondadosas; enséñenles a trabajar por medio del ejemplo; enséñenles a orar. El presidente James E. Faust dijo: “El orar juntos en familia es una experiencia que crea vínculos. Los hijos más pequeños aprenden a orar al oír las oraciones de sus padres y de sus hermanos mayores… Las oraciones individuales y familiares son indispensables para la felicidad personal y de la familia” 1 .
Lean a sus hijos; lean las Escrituras; ayúdenlos a aprender que las Escrituras los guiarán a lo largo de su vida; efectúen la noche de hogar con ellos; háganles saber que para ustedes es muy importante el tiempo que la familia pasa junta.
Por lo general, los niños aceptan con facilidad a sus padres y los errores que éstos cometen. Muchas veces perdonan, olvidan y siguen adelante con más rapidez que los adultos. No se sientan culpables; pidan disculpas cuando cometan un error; busquen el perdón del niño; enmienden sus errores y sigan adelante.
Tengan presente que se necesita mucha paciencia para criar a un hijo. A pesar de que los queramos mucho, los niños a veces pueden sacar de quicio, causar frustración e incluso ser traviesos. Para criarlos se necesita mucha paciencia y compostura a fin de evitar hacer o decir cosas de las que nos tengamos que lamentar. A veces los padres tienen que alejarse momentáneamente del conflicto para evitar cometer serios errores. Con frecuencia resulta muy eficaz salir de la habitación unos minutos a fin de recobrar la compostura. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2007 “Apacienta mis ovejas”
Silvia H. Allred
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro
Por medio de las visitas mensuales que hacemos a nuestras hermanas, podemos crear lazos de amor, amistad y confianza.
Mis queridas hermanas: Me siento humilde por la oportunidad de estar ante ustedes y compartir los sentimientos de mi corazón. Soy una mujer común y corriente, insignificante según las normas del mundo, pero el Señor, en Su gran misericordia, siempre me ha bendecido con oportunidades singulares y un don muy valioso: He recibido el don de la veracidad de este Evangelio y de la realidad de Jesucristo y Su sacrificio expiatorio. He sentido la guía del Espíritu Santo desde que tenía sólo catorce años de edad, que fue cuando escuché a los misioneros y leí el Libro de Mormón. Mi testimonio siempre arde en mi corazón y mi fe es inquebrantable. Este don de fe y testimonio ha sido una gran bendición en mi vida.
Hoy me encuentro en presencia de las mejores y más valiosas mujeres del mundo, y siento el peso de la gran responsabilidad que descansa sobre mí en este momento. He orado, estudiado y meditado las Escrituras para buscar inspiración para decir lo que el Señor desea que les diga en esta ocasión.
Como presidencia de la Sociedad de Socorro, hemos estudiado y meditado la historia y el propósito de esta Sociedad, esta singular organización que fue divinamente organizada por un profeta de Dios para bendecir a las mujeres de la Iglesia. Ese inspirado comienzo ocurrió en respuesta a los tiernos deseos del corazón de las mujeres de aquella época. Se organizó con dos propósitos muy claros: socorrer al pobre y salvar almas 1 .
La hermana Beck mencionó que algo en lo que las mujeres de esta Iglesia pueden y deben ser las mejores es en dar ayuda.
Pensemos en el principio que se enseñó en Juan 21:15–17. El Señor le preguntó a Pedro: “¿me amas?”. Pedro contestó: “tú sabes que te amo”. El Señor le dijo: “Apacienta mis corderos”. El Señor le preguntó por segunda vez: “¿me amas?”. Pedro contestó de nuevo: “Sí, Señor; tú sabes que te amo”. El Señor le dijo: “Pastorea mis ovejas”. El Señor preguntó por tercera vez: “¿me amas?”. Pedro le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”.
Como discípulas de Cristo, nosotras también declaramos que lo amamos. Entonces, ¿en qué forma apacentamos a Sus ovejas?
Una manera en que las hermanas de la Sociedad de Socorro pueden apacentar a Sus ovejas es mediante las visitas de las maestras visitantes. “Los objetivos del programa de las maestras visitantes son establecer lazos de amistad y de afecto con cada una de las hermanas y brindar apoyo, consuelo y amistad” 2 . A fin de lograr esos objetivos, las maestras visitantes deben hacer lo siguiente:
1. Cada mes, visitan a cada hermana asignada (de ser posible en su hogar).
2. “…averiguan de las necesidades espirituales y temporales de la hermana y de la familia de ella”.
3. “Brindan la ayuda correspondiente”.
4. “Dan instrucción espiritual por medio de un mensaje mensual” 3 .
El Señor ha bendecido a las mujeres con atributos divinos de amor, compasión, bondad y caridad. A través de nuestras visitas mensuales como maestras visitantes, tenemos el poder de bendecir a cada hermana al ofrecer nuestro amor y bondad y brindar los dones de compasión y caridad. No importa cuáles sean nuestras circunstancias personales, todas tenemos la oportunidad de edificar y de amar a los demás.
He vivido en diversos países de Centro y Sudamérica, en el Caribe y España; he visto que las visitas de las maestras visitantes se han hecho con fidelidad al caminar distancias cortas y largas, al ir en autobús, en metro o en tren. Mi amiga, Ana, era una joven madre de Costa Rica que fielmente hacía sus visitas todos los meses, caminando muchas veces bajo intensa lluvia. Treinta años después, es abuela y sigue siendo una fiel maestra visitante. Ella ha sido una bendición para muchas hermanas.
Por medio de las visitas mensuales que hacemos a nuestras hermanas, podemos crear lazos de amor, amistad y confianza. Si escuchamos los susurros del Espíritu, aumentaremos nuestra percepción de las necesidades de otras personas. Si actuamos de acuerdo con esas impresiones divinas, podemos ser una bendición para los que necesitan ayuda. Pero tenemos que estar dispuestas a dar: a dar de nuestros recursos y nuestro tiempo. La magnitud de nuestra vida no se mide con lo que recibimos, sino con lo que damos. El programa de las maestras visitantes brinda la oportunidad de dar, a medida que atendemos las necesidades físicas, espirituales y emocionales de las hermanas.
Cuando vivía en la República Dominicana, visité a una hermana que acababa de salir del hospital y regresaba a casa después del nacimiento de su tercer hijo. Me sorprendió ver lo tranquila que lucía. ¡Sus dos otros hijos eran todavía tan pequeños! Después de conversar unos minutos, me contó que se sentía tranquila porque las hermanas de la Sociedad de Socorro se habían a-puntado para ir a ayudarla todos los días durante varios días. Ella sintió el amor de ellas.
Mis maestras visitantes eran siempre las primeras en ir a verme y llevarme de comer cuando regresaba a casa con cada uno de mis bebés, en San José, Costa Rica.
El presidente Boyd K. Packer dijo que en la Sociedad de Socorro el dar servicio magnifica y santifica a cada una de las hermanas, y nos ha aconsejado dar prioridad al servicio en la Sociedad de Socorro por sobre toda otra sociedad o club similar 4 . Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2007 Lo que las mujeres Santos de los Últimos Días hacen mejor: Ser firmes e inquebrantables
Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
Debemos ser firmes e inquebrantables en la fe, firmes e inquebrantables en la familia, y firmes e inquebrantables al dar ayuda.
Mis queridas hermanas, vengo con una oración en mi corazón ante esta gran responsabilidad. Tengo un testimonio del verdadero Evangelio restaurado de Jesucristo. El Salvador es nuestro líder y ejemplo, nuestra roca, nuestra fuerza y nuestro defensor. Cualquier cosa que haga para ayudarlo a Él y a Sus profetas ordenados es una bendición para mí. Siempre he tenido gran amor y respeto por las hermanas de esta sociedad, y creo que las mujeres de esta Iglesia son las mejores y más capaces del mundo. Quiero que sepan del amor que tengo por ustedes, las magníficas mujeres de esta Iglesia.
El presidente Hinckley dijo en una reunión mundial de capacitación de líderes: “Estoy convencido de que no hay otra organización en lugar alguno que se compare con la Sociedad de Socorro de esta Iglesia. Sus miembros suman más de cinco millones de mujeres por toda la tierra. Si ellas se unen y hablan con una voz, su fortaleza será incalculable… Es de enorme importancia que las mujeres de la Iglesia defiendan de un modo firme e inquebrantable lo que es correcto y digno bajo el plan del Señor” 1 .
He meditado y estudiado este mandato inspirado y he buscado respuestas en cuanto a la forma en que las mujeres de esta Iglesia podrían cumplir con el cometido y la promesa del presidente Hinckley. ¿Cómo pueden ser unidas, firmes e inquebrantables hacia lo que es correcto y digno? Dentro del plan del Señor, hay cosas específicas que las mujeres Santos de los Últimos Días deben hacer por ser hijas de Dios, elegidas para venir a la tierra en la que se ha considerado “una época muy difícil de la historia del mundo” 2 .
Para hacer nuestra parte como mujeres bajo el plan del Señor, debemos ser firmes e inquebrantables en la fe, firmes e inquebrantables en la familia, y firmes e inquebrantables al dar ayuda. Debemos sobresalir en estos tres puntos importantes que nos distinguen como discípulas del Señor. La Sociedad de Socorro es donde practicamos el ser discípulas de Cristo; aprendemos lo que Él quiere que aprendamos, hacemos lo que quiere que hagamos y llegamos a ser lo que quiere que seamos. Al reunirnos con esta mira, la obra de la Sociedad de Socorro nos ayuda en cualquier situación, ya sea que tengan dieciocho años u ochenta y ocho años, sean solteras o casadas, tengan hijos o no, ya vivan en Bountiful, Utah o en Bangalore, India.
Sean firmes e inquebrantables en la fe
Primero, las mujeres Santos de los Últimos Días deben ser firmes e inquebrantables en su fe. Ellas pueden y deben sobresalir en vivir y compartir su testimonio del Señor Jesucristo y de Su evangelio restaurado. Para ello, hacemos lo siguiente:
1. Hacemos convenios con Él y los guardamos.
2. Somos dignas y adoramos en Sus templos.
3. Estudiamos Su doctrina en las Escrituras y en las palabras de los profetas.
4. Somos dignas de recibir el Espíritu Santo y lo reconocemos y lo seguimos.
5. Compartimos Su evangelio y lo defendemos.
6. Participamos en sincera oración personal y familiar.
7. Llevamos a cabo la noche de hogar.
8. Vivimos los principios de la autosuficiencia y la vida próvida.
Éstas son cosas esenciales que se deben hacer antes de las que se consideran no esenciales; son prácticas sencillas y necesarias que parecen casi triviales al hablar de ellas. Sin embargo, son el símbolo del discipulado, el cual siempre ha sido fundamental para las hermanas de la Sociedad de Socorro. Nadie puede hacer esas cosas por nosotros; son prácticas y hábitos personales que nos distinguen como firmes e inquebrantables en lo que es correcto.
¡Qué diferentes serían el mundo y la Iglesia si toda hermana Santo de los Últimos Días sobresaliera en hacer, renovar y guardar convenios; si toda hermana fuese digna de tener una recomendación para el templo y adorara en los templos con más frecuencia; si toda hermana estudiara las Escrituras y las doctrinas de Cristo y las conociera de tal manera que pudiese enseñarlas y defenderlas a toda hora y en todo lugar! Piensen en nuestra fuerza combinada si toda hermana orara cada mañana y noche, o, mejor todavía, si orara sin cesar, como el Señor ha mandado. Si cada familia orara a diario y efectuara la noche de hogar una vez por semana, seríamos más firmes. Si toda hermana fuera tan autosuficiente para dar libremente de su conocimiento, talentos y recursos, y si su modo de seguir al Señor se reflejara en lo que dijera y en cómo se vistiera, seríamos inquebrantables en lo que es correcto.
Sean firmes e inquebrantables en la familia
Segundo, las mujeres Santos de los Últimos Días deben ser firmes e inquebrantables en la familia. Ellas pueden y deben criar familias mejor que nadie. Nosotras, como discípulas de Cristo, podemos y debemos ser las mejores mujeres del mundo en sostener, sustentar y proteger a nuestra familia. Para ello, hacemos lo siguiente:
1. Comprendemos y defendemos las divinas funciones de la mujer.
2. Abrazamos las bendiciones del sacerdocio.
3. Formamos familias eternas.
4. Mantenemos matrimonios fuertes.
5. Damos a luz y criamos hijos.
6. Expresamos amor por la familia y le damos cuidado.
7. Aceptamos la responsabilidad de preparar a una nueva generación justa.
8. Conocemos, vivimos y defendemos la doctrina de la familia.
9. Buscamos datos y llevamos a cabo las ordenanzas del templo por familiares fallecidos.
Como discípula de Jesucristo, a toda mujer de esta Iglesia se le da la responsabilidad de sostener, sustentar y proteger a la familia. A las mujeres se les han dado asignaciones particulares desde antes de la fundación del mundo y, como mujeres que guardan convenios, ustedes saben que el alzar su voz en defensa de la doctrina de la familia 3 es vital para la fortaleza de las familias de todas partes. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2007 Palabras de Clausura
Presidente Gordon B. Hinckley
Hemos sido inspirados y encumbrados a un grado más elevado de gratitud por este maravilloso Evangelio.
Mis queridos hermanos y hermanas, hemos llegado al final de una gran conferencia. Hemos sido edificados y elevados. Hemos sido inspirados y encumbrados a un grado más elevado de gratitud por este maravilloso Evangelio. Tanto la música como los discursos y las oraciones han sido magníficos.
Ahora regresaremos a nuestros hogares. Si vamos a conducir, seamos cuidadosos y no permitamos que la tragedia empañe la experiencia que hemos disfrutado.
Todo lo que ha acontecido en esta conferencia será publicado próximamente en las revistas Ensign y Liahona. Les alentamos a leer de nuevo los discursos en las noches de hogar y conversar sobre ellos en familia. Esos discursos son el resultado de mucha oración y meditación, y vale realmente la pena estudiarlos detenidamente.
La conferencia entra en receso por seis meses. Deseamos de corazón verlos nuevamente el próximo abril. Tengo 97 años, pero espero poder estar. Que durante este tiempo las bendiciones del cielo los acompañen, es nuestra humilde y sincera oración, en el nombre de nuestro Redentor, sí, el Señor Jesucristo. Amén.
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Debemos abandonar algunas cosas buenas a fin de elegir otras que son mejores o excelentes porque desarrollan la fe en el Señor Jesucristo y fortalecen a nuestra familia.
De la mayoría de nosotros se espera que hagamos más de lo que nos es posible hacer. Como personas que se ganan el pan de cada día, como padres y como obreros y miembros de la Iglesia, afrontamos muchas decisiones sobre lo que haremos con nuestro tiempo y demás recursos.
I.
Para empezar, debemos darnos cuenta de que el solo hecho de que algo sea bueno, no es razón suficiente para hacerlo. El número de las cosas buenas que podemos hacer es mucho mayor que el tiempo disponible para lograrlas. Algunas cosas son mejores que buenas, y merecen que les demos prioridad.
Jesucristo enseñó este principio en el hogar de Marta. Mientras ella “se preocupaba con muchos quehaceres” (Lucas 10:40), su hermana, María, “[se sentaba] a los pies de Jesús, [y] oía su palabra” (versículo 39). Cuando Marta se quejó de que su hermana la había dejado servir sola, Jesús elogió a Marta por lo que estaba haciendo (versículo 41), pero le enseñó que “sólo una cosa es necesaria: y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (versículo 42). Era encomiable que Marta estuviese “afanada y turbada… con muchas cosas” (versículo 41), pero era “más necesario” aprender el Evangelio del Maestro de maestros. En las Escrituras se encuentran otras enseñanzas de que algunas cosas son más bendecidas que otras (véase Hechos 20:35; Alma 32:14–15).
Una experiencia de la niñez me demostró el concepto de que algunas decisiones son buenas, pero que otras son mejores. Durante dos años viví en una granja y raras veces íbamos a la ciudad. Las compras de Navidad las hacíamos consultando el catálogo de la tienda Sears Roebuck, donde yo pasaba horas enfrascado en sus páginas. Para las familias rurales de esa época, las páginas del catálogo eran como los centros comerciales o internet de nuestros días.
Algo en particular de algunos anuncios de la mercancía que aparecía en el catálogo se quedó grabado en mi mente. Había tres grados de calidad: buena, mejor y excelente. Por ejemplo, algunos zapatos para hombre tenían la categoría de buena ($1.84), otros mejor ($2.98) y otros excelentes ($3.45) 1 .
Al considerar varias opciones, debemos recordar que no es suficiente que algo sea bueno. Otras opciones son mejores e incluso otras son excelentes. A pesar de que una opción en particular cueste más, por el hecho de que su valor sea mayor, tal vez resulte ser la mejor elección de todas.
Consideremos la forma en que utilizamos nuestro tiempo en las decisiones que tomamos al ver televisión, jugar videojuegos, navegar por internet o leer libros o revistas. Naturalmente es bueno ver diversiones sanas o adquirir información interesante, pero no todo ese tipo de cosas vale el tiempo que dedicamos para obtenerlas. Algunas cosas son mejores y otras son excelentes. Cuando el Señor nos dijo que buscásemos conocimiento, dijo: “…buscad palabras de sabiduría de los mejores libros” (D. y C. 88:118; cursiva agregada).
II.
Algunas de nuestras decisiones más importantes tienen que ver con las actividades familiares. Muchos de los que se ganan el pan se preocupan de que sus ocupaciones les dejen muy poco tiempo para la familia. No existe una fórmula fácil para esa competencia de prioridades; no obstante, nunca he conocido a un hombre que, al mirar en retrospectiva sus años de trabajo, haya dicho: “No pasé tiempo suficiente en mi trabajo”.
Al decidir cómo vamos a pasar tiempo como familia, debemos tener cuidado de no agotar nuestro tiempo disponible en cosas que simplemente son buenas y dejar poco tiempo para las que son mejores o excelentes. Un amigo llevó a su joven familia a varios viajes durante las vacaciones de verano, incluso visitas a lugares históricos memorables. Al final del verano, le preguntó a su hijo adolescente cuál de esas buenas actividades veraniegas había disfrutado más. El padre aprendió de la respuesta, al igual que lo hicieron aquellos a quienes él se los contó. “Lo que más me gustó este verano”, dijo el muchacho, “fue la noche en que tú y yo nos acostamos en el césped y conversamos, mirando las estrellas”. Las actividades familiares extraordinarias pueden ser buenas para los hijos, pero no siempre son mejores que el pasar tiempo en forma individual con un padre amoroso.
También se necesita planificar con mucho cuidado la cantidad de tiempo que padres e hijos dedican a las buenas actividades que incluyen lecciones privadas, deportes y otras actividades escolares extracurriculares; de otro modo, los hijos tendrán demasiadas actividades y los padres se encontrarán rendidos y frustrados. Los padres deben preservar el tiempo dedicado a la oración familiar, al estudio de las Escrituras en familia, la noche de hogar y otros valiosos momentos para estar todos juntos o en forma individual, por que une a la familia y ayuda a los hijos a valorar las cosas de valor eterno. Los padres deben enseñar lo más importante del Evangelio mediante lo que hacen con los hijos.
Los expertos en cuanto a la familia han amonestado en contra de no programar excesivas actividades para los hijos. En la última generación, los hijos están mucho más ocupados y la familia pasa mucho menos tiempo junta. Entre los muchos indicadores de esta alarmante tendencia hay informes de que el tiempo dedicado a deportes organizados se ha duplicado, mientras que el tiempo libre de los hijos ha disminuido unas 12 horas por semana, y que las actividades informales al aire libre han disminuido en un 50 por ciento 2 .
El número de personas que informan que “toda su familia por lo general cena junta”, ha disminuido en un 33 por ciento. Esto es motivo de gran preocupación, ya que el tiempo que la familia pasa junta “a la hora de comer en casa [es] uno de los indicadores más convincentes del éxito académico y de la adaptación psicológica de los hijos” 3 . Se ha demostrado también que las horas en que las familias se reúnen para comer son una firme defensa para que los hijos no fumen, beban ni usen drogas 4 . Hay una inspirada sabiduría en este consejo para los padres: Lo que los hijos quieren en verdad a la hora de cenar es a ustedes.
El presidente Gordon B. Hinckley ha suplicado que nos esforcemos “por cumplir con nuestra responsabilidad de padres como si todo en la vida dependiera de ello, porque, de hecho, todo en la vida sí depende de ello”. Agregó: “Pido a ustedes, los varones, en particular, que se detengan a hacerse un examen de conciencia en su calidad de esposos y padres y cabezas de familia. Oren y pidan orientación, ayuda y dirección, y después sigan lo que les indiquen los susurros del Espíritu para guiarles en la más seria de todas sus responsabilidades, puesto que las consecuencias de su liderazgo en el hogar serán eternas e imperecederas” 5 . Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2007 El servicio
Élder Steven E. Snow
De la Presidencia de los Setenta
Hay que buscar las maneras de bendecir a los demás con actos de servicio que sean sencillos.
En una ocasión el presidente David O. McKay citó las palabras de Abraham Lincoln y dijo: “Todo lo que soy o espero ser se lo debo a mi madre angelical” 1 . Esas palabras expresan mis sentimientos hacia mi propia madre. Viola Jean Goates Snow, Jeanie, para los que la conocían, nació en 1929 y murió en 1989, poco después de cumplir 60 años. Ella me enseñó, me animó y me convenció de que realmente podía lograr todo lo que me propusiera; y también me disciplinó. Tal como mis hijos dicen de su madre: “Era especialista en hacernos sentir culpables”. Mamá era una madre excepcional, un gran ejemplo, y no pasa un solo día sin que yo piense en ella y la extrañe.
Unos años antes de morir, le diagnosticaron cáncer, enfermedad contra la que luchó con gran valentía. Como familia aprendimos, aunque suene raro, que el cáncer es una enfermedad de amor; ya que nos da la oportunidad de enmendar relaciones, de despedirnos y de expresar amor. Unas semanas antes del fallecimiento de mi madre, charlábamos en la sala de la casa donde crecí. Mamá tenía buen gusto y le agradaban las cosas lindas; también soñaba con viajar, pero teníamos recursos económicos limitados y ese sueño no se cumplió completamente. Al saber eso, le pregunté si se lamentaba de algo. Esperaba escuchar que siempre había querido una casa más grande y más bonita, o quizás que expresara su tristeza y desilusión por no haber podido viajar, pero ella meditó mi pregunta por unos momentos y simplemente respondió: “Ojalá hubiera brindado más servicio”.
Su respuesta me asombró. Mi madre siempre había aceptado llamamientos en la Iglesia; había servido como presidenta de la Sociedad de Socorro de barrio, maestra de la Escuela Dominical, maestra visitante y de la Primaria. Cuando éramos niños, siempre llevábamos comidas, mermeladas y fruta envasada a los vecinos y a los miembros del barrio. Cuando le recordé todo eso, no cambió de parecer, “Pude haber hecho más”, fue todo lo que dijo. Mi madre había vivido una vida plena y ejemplar; su familia y sus amigos la amaban; había logrado mucho en una vida a menudo difícil y que quedó truncada por la enfermedad. A pesar de todo ello, su mayor pesar era no haber prestado suficiente servicio. No tengo duda de que el Señor ha aceptado el sacrificio terrenal de mi madre y la ha recibido en Su presencia. ¿Pero por qué eso ocupaba un lugar importante en su mente unos días antes de morir? ¿Qué es el servicio y por qué es tan importante en el evangelio de Jesucristo?
Primero: Se nos manda servirnos unos a otros.
El primer mandamiento es amar a Dios.
“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” 2 .
Demostramos nuestro amor cuando nos ayudamos y nos servimos mutuamente.
El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho: “Ningún hombre que no sea un buen vecino, que no tienda la mano para ayudar a los demás, es un verdadero Santo de los Últimos Días. El que lo hagamos es inherente a la naturaleza del Evangelio. Mis hermanos y hermanas, no podemos vivir sólo para nosotros mismos” 3 .
En Mateo, el Salvador enseñó a Sus discípulos este importante principio:
“…Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?
“¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?
“¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” 4 .
Este servicio se debe dar desinteresadamente, sin esperar obtener ganancia o recompensa personal. Se debe dar cuando sea necesario y no cuando convenga. Las oportunidades de servir no siempre serán obvias, ya que la tendencia natural es preocuparnos por nuestros propios deseos y carencias. Debemos resistir esa tendencia y buscar oportunidades de prestar servicio. Cuando visitamos a los que sufren por enfermedad, por la muerte de un ser querido o por otros pesares, no basta con decir simplemente: “Llámeme si le puedo ayudar en algo”, sino que hay que buscar las maneras de bendecir a los demás con actos de servicio que sean sencillos; es mejor hacer cosas pequeñas, de poca importancia, que no hacer nada. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2007 Cuando sabemos que lo sabemos
Élder Douglas L. Callister
De los Setenta
El testimonio de los demás puede dar inicio y nutrir el deseo de obtener la fe y el testimonio pero, con el tiempo, cada persona debe descubrirlo por sí misma.
Hace algunos años se acusó a un hombre de un serio delito y el fiscal presentó tres testigos, cada uno de los cuales vio al acusado cometer el delito en cuestión. El abogado defensor presentó tres testigos, y éstos sostenían que el hombre no lo había hecho. El sencillo jurado estaba confundido y, basado en el número de testigos, la evidencia parecía estar dividida en forma equitativa, por lo que el hombre fue absuelto. Desde luego, era intrascendente que millones de personas no hubiesen visto el delito: Sólo se necesitaba un testigo.
En la genialidad del plan del Evangelio sólo debe haber un solo testigo, y ese testigo debe ser cada uno de ustedes. El testimonio de los demás puede dar inicio y nutrir el deseo de obtener la fe y el testimonio pero, con el tiempo, cada persona debe descubrirlo por sí misma. Nadie puede sostenerse para siempre con una luz prestada.
El Evangelio restaurado no es más cierto hoy de lo que fue cuando un joven salió solo de la Arboleda Sagrada en 1820. La verdad nunca ha dependido del número de personas que la aceptan. Cuando José salió de la Arboleda había un solo hombre en la tierra que sabía la verdad acerca de Dios el Padre y de Su Hijo Jesucristo. Sin embargo, es necesario que cada uno lo sepa por sí mismo y lleve consigo a la otra vida ese fuerte testimonio.
Cuando se llamó al joven Heber J. Grant, de veintitrés años para servir en calidad de presidente de la estaca Tooele, él les dijo a los santos que creía que el Evangelio era verdadero. El presidente Joseph F. Smith, consejero de la Primera Presidencia, preguntó: “Heber, dijiste que crees en el Evangelio con todo tu corazón, pero no compartiste tu testimonio de que sabes que es cierto. ¿Acaso no sabes con certeza absoluta que este Evangelio es verdadero?”.
Heber contestó: “No lo sé”; entonces Joseph F. Smith se volvió a John Taylor, Presidente de la Iglesia y dijo: “Estoy a favor de que anulemos esta tarde lo que hicimos esta mañana. No creo que ningún hombre que no tenga un conocimiento perfecto y duradero de la divinidad de esta obra deba presidir una estaca”.
El presidente Taylor contestó: “Joseph, Joseph, Joseph, [Heber] lo sabe tan bien como tú lo sabes; lo único que no sabe es que él lo sabe”.
En pocas semanas ese testimonio creció y el joven Heber J. Grant derramó lágrimas de agradecimiento por el testimonio perfecto, duradero y absoluto que vino a él 1 .
Es grandioso saber, y saber que uno lo sabe, que esa luz no se ha tomado prestada de otra persona.
Hace unos años presidí una misión cuyas oficinas estaban en la región central de los Estados Unidos. Un día hablé con un estimado representante de otra iglesia cristiana, mientras me encontraba junto con algunos de nuestros misioneros. Ese amable hombre habló sobre la historia y doctrina de su religión, y llegó a repetir la tan conocida frase: “Por gracia sois salvos. Todos los hombres y las mujeres deben ejercitar la fe en Cristo para llegar a ser salvos”.
Entre los presentes, había un nuevo misionero que no era muy experto en otras religiones y se sintió impulsado a preguntar: “Pero, señor, ¿qué pasa con el bebé que muere antes de tener la edad suficiente para comprender y ejercitar la fe en Cristo?”. El hombre culto inclinó su cabeza, miró hacia el piso y dijo: “Debería haber una salida, debería haber una excepción a la regla, debería haber una manera; pero no la hay”.
El misionero me miró y con lágrimas en sus ojos dijo: “¡Cielos, presidente! Tenemos la verdad, ¿no es así?”.
Ese momento en que uno se da cuenta de que tiene un testimonio —que es dulce y sublime— llega cuando uno sabe que lo sabe. Ese testimonio, si se nutre, descansará sobre ustedes como un manto. Cuando vemos la luz, ésta nos envuelve y las luces del entendimiento se encienden dentro de nosotros.
Una vez conversé con un excelente joven que no era de nuestra religión, aunque había asistido durante más de un año a la mayor parte de nuestros servicios de adoración. Le pregunté por qué no se había unido a la Iglesia y me contestó: “Porque no sé si es verdadera; creo que podría serlo, pero no puedo ponerme de pie y testificar como ustedes y decir: ‘En verdad sé que es verdadera’”. Le pregunté: “¿Has leído el Libro de Mormón?”, y me contestó que había leído partes del mismo. Entonces le pregunté si había orado en cuanto al libro; y me contestó: “Lo he mencionado en mis oraciones”. Le dije a mi amigo que mientras leyera y orara de manera despreocupada, por los siglos de los siglos, nunca lo sabría; pero cuando él apartara un tiempo para ayunar y orar, la verdad ardería en su corazón y él sabría que lo sabía. No me dijo nada más, pero a la mañana siguiente le dijo a su esposa que ayunaría y se bautizó el siguiente sábado. Si desean saber que ustedes saben que lo saben, existe un precio que uno mismo debe pagar. Es cierto que hay representantes para efectuar las ordenanzas, pero no los hay para adquirir un testimonio.
Alma habló sobre su conversión con estas hermosas palabras: “…he ayunado y orado muchos días para poder saber estas cosas por mí mismo. Y ahora sé por mí mismo que son verdaderas; porque el Señor Dios me las ha manifestado…” (Alma 5:46).
Cuando alguien se da cuenta de que posee un testimonio, esta persona tiene un fuerte deseo de compartirlo con los demás. Cuando Brigham Young salió de las aguas bautismales, dijo: “…el Espíritu del Señor estaba sobre mí y sentí como si mis huesos fueran a consumirse a menos que hablara a la gente… y en el primer discurso que di, hablé por más de una hora. Yo abrí la boca y el Señor la llenó” 2 . Como el fuego que no quema, a menos que la llama se manifieste, un testimonio no puede permanecer a menos que se exprese.
Más adelante, Brigham Young dijo lo siguiente de Orson Pratt: “Si al hermano Orson [se] le cortara en pedacitos de una pulgada, cada pedazo clamaría: ‘El Mormonismo [es] verdadero’” 3 . El padre Lehi elogió a su noble hijo Nefi, con estas palabras: “…Mas he aquí, no fue él, sino el Espíritu del Señor que en él estaba, el cual le abrió la boca para que hablara, de modo que no la podía cerrar” (2 Nefi 1:27).
La oportunidad y la responsabilidad de compartir el testimonio existen primero en el entorno familiar. Nuestros hijos deben poder recordar la luz de nuestros ojos, el sonido de nuestros testimonios al compartírselos, y el sentimiento en su corazón al dar testimonio, a nuestra audiencia más importante, de que Jesús fue realmente el Hijo de Dios y de que José fue Su profeta. Nuestra posteridad debe saber que lo sabemos, porque se lo decimos con frecuencia.
Los primeros líderes de la Iglesia pagaron un precio muy alto para establecer esta dispensación. Quizás los conoceremos en la vida venidera y escuchemos sus testimonios, y cuando se nos llame a testificar, ¿qué diremos? En la vida venidera habrá pequeños y gigantes espirituales. La eternidad es demasiado tiempo para vivir sin luz, en especial si nuestro cónyuge y nuestros descendientes también viven en la oscuridad, porque no había luz dentro de nosotros ni en los demás y, por lo tanto, no podrían encender sus lámparas.
Debemos arrodillarnos cada mañana y noche para suplicar al Señor que nunca perdamos nuestra fe, nuestro testimonio ni nuestra virtud. Sólo debe haber un testigo, pero ese debe ser uno mismo.
Tengo un testimonio y un fuerte deseo de expresarlo. Testifico que el poder del Dios viviente está en esta Iglesia. Sé que lo sé y mi testimonio es verdadero. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
1. Véase Heber J. Grant, Gospel Standards, comp. G. Homer Durham, 1941, págs. 191–193.
2. En Deseret News, 3 de agosto de 1870, pág. 306.
3. Véase President Brigham Young’s Office Journal, 1º de octubre de 1860, Brigham Young Office Files, Archivos de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; se han actualizado la puntuación y el uso de las letras mayúsculas.
Conferencia General Octubre 2007 Después de hacer cuanto podamos
Élder Claudio D. Zivic
De los Setenta
En calidad de miembros de la Iglesia de Jesucristo hemos elegido ser hombres y mujeres fuera de lo común.
He escuchado decir que nadie ha muerto dando un discurso en una Conferencia General. Si hoy ocurre por primera vez, desde ya les pido disculpas.
Cuando estaba cumpliendo en Argentina con el servicio militar obligatorio, leí un libro, del cual no recuerdo su autor, que comenzaba diciendo: “No elijo ser un hombre común, está en mi derecho el ser alguien fuera de lo común, si es que puedo”.
Ser fuera de lo común significa ser exitoso, singular, sorprendente.
Esa frase siempre quedó impresa en mi mente y corazón puesto que mi sentimiento fue y es, que en calidad de miembros de la Iglesia de Jesucristo hemos elegido ser hombres y mujeres fuera de lo común. Las últimas palabras de esa frase dicen “si es que puedo”, lo que me hizo pensar en que no basta con haber sido bautizados y confirmados, debemos honrar y cumplir con los compromisos que asumimos ante el Señor en aquel día tan memorable.
Lehi enseñando a su hijo Jacob le dijo: “Así pues, los hombres son libres según la carne; y les son dadas todas las cosas que para ellos son propias. Y son libres para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo; pues él busca que todos los hombres sean miserables como él” (2 Nefi 2: 27).
Sin duda todos deseamos la libertad y la vida eterna. Temblamos de sólo pensar que también existe la opción de ser cautivos por Satanás.
Nefi nos enseñó claramente lo que debemos hacer. Él dijo: “…pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25: 23).
Creo que lo primero que debemos tener en cuenta, para “hacer cuanto podamos”, es arrepentirnos de nuestros pecados. Nunca podremos alcanzar nuestro potencial divino si permanecemos en nuestros errores.
Recuerdo en forma muy especial el día de mi bautismo cuando tenía ocho años. Se realizó en la rama de Liniers, la cual fue la primera capilla construida por la Iglesia en Sudamérica. Cuando regresaba a mi casa, junto con mi familia, mi hermano mayor comenzó a jugar de manos conmigo, como siempre lo hacíamos. Entonces desde lo más profundo de mi corazón le dije: “¡No me toques porque no puedo pecar más!”. Con el transcurso de los días me di cuenta que no era posible permanecer el resto de mi vida sin pecar.
Es difícil soportar los sufrimientos que vienen del exterior. Pero el verdadero tormento en la vida es sufrir las consecuencias de nuestras propias faltas y pecados.
Hay una única manera en que ese tormento desaparezca y es por medio del sincero arrepentimiento. Comprendí que podía presentar al Señor un corazón quebrantado y un espíritu contrito, sintiendo profundo pesar por mis pecados, humillándome, arrepintiéndome de mis faltas, y que Él milagrosamente, a través de Su sacrificio expiatorio, podía borrar esos pecados para nunca más tenerlos en cuenta.
El poeta argentino José Hernández, en su famoso libro Martín Fierro, escribió:
“Muchas cosas pierde el hombre
Que a veces las vuelve hallar,
Pero les debo enseñar
Y es bueno que lo recuerden
Si la vergüenza se pierde
Jamás se vuelve a encontrar”
(La Vuelta de Martín Fierro, part 2 of Martín Fierro, 1879, canto 32; bilingual ed., trans. C. E. Ward, 1967, pág. 493).
Si carecemos de ese sentimiento penoso ocasionado por alguna falta o acción deshonrosa, será imposible permanecer en este camino que es “fuera de lo común”.
Otro concepto muy importante para tener en cuenta en “hacer cuanto podamos” es buscar y desarrollar las oportunidades que la vida nos ofrece constantemente dentro del Evangelio, y reconocer al Señor como el Dador de todo lo bueno que poseemos y somos.
Otro asunto que debe ser nuestra responsabilidad permanente es “hacer cuanto podamos” para dar a conocer este Evangelio de felicidad a todo el género humano.
Hace un tiempo recibí una carta del hermano Rafael Pérez Cisneros de Galicia, España, relatándome su conversión. Parte de esa carta decía lo siguiente:
“La perspectiva que tenía sobre la vida y la familia era nula. Cuando finalmente acepté que los misioneros entrasen a mi casa, les dije: ‘Denme ese mensaje, pero les advierto que nada me va a hacer cambiar de religión’. En esa primera ocasión mis hijos y mi esposa estaban escuchando atentamente y yo me sentí separado del grupo. Sentí miedo y, sin pensarlo, me fui a mi habitación. Cerré la puerta y clamé con toda mi alma como nunca había clamado y dije en oración: ‘Padre, si de verdad estos jóvenes son discípulos Tuyos y vienen a ayudarnos, por favor, házmelo saber’. Fue en ese preciso momento que empecé a llorar como un niño pequeño. Mis lágrimas eran abundantes y pude percibir una felicidad como nunca antes había sentido. Estaba realmente absorbido en una esfera llena de gozo y felicidad que penetraban mi alma. Comprendí que Dios estaba contestando afirmativamente a mi pregunta.
“Toda mi familia se bautizó y oportunamente fuimos sellados en el templo de Suiza, convirtiéndome en el hombre más feliz del mundo”.
Creo que esta historia nos debe motivar para “hacer cuanto podamos” para compartir las bendiciones de gozo que vienen de vivir el Evangelio de felicidad.
El último concepto importante que deseo resaltar es que debemos “hacer cuanto podamos” hasta el fin de nuestros días en la vida terrenal. Sin duda tenemos ejemplos vivientes, como el presidente Gordon B. Hinckley y muchos otros hombres y mujeres, que continúan sirviendo fielmente a una edad en que otros consideran que son demasiado ancianos para tener responsabilidades.
Cuando serví como presidente de la Misión España Bilbao, me impresionó la calidad de miembros y misioneros que conocí, quienes llevan adelante la obra con tanto amor y disposición, como también los miembros fieles de la Iglesia de otras partes del mundo. A todos ellos mi más sincero respeto y admiración.
El Señor dijo que se “deleita en honrar a los que le sirven en rectitud y en verdad hasta el fin, y para ellos grande será su galardón y eterna será su gloria” (véase D. y C. 76: 5–6).
Que tengamos siempre en nuestra mente y corazón las palabras de Nefi: “¡Despierta, alma mía! No desfallezcas más en el pecado… mi alma se regocijará en ti, mi Dios, y la roca de mi salvación” (2 Nefi 4: 28, 30).
Es mi humilde súplica que el Señor nos bendiga para que hagamos “cuanto podamos” en este camino “fuera de lo común” que hemos escogido, del cual testifico que es verdadero. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Conferencia General Octubre 2007 El poder de la divinidad se manifiesta en los templos de Dios
Élder Octaviano Tenorio
De los Setenta
El poder de la divinidad se manifiesta a todos los hombres que… llegan a hacer convenios sagrados con nuestro Padre Celestial.
Mis queridos hermanos y hermanas, una de las cosas por la que estoy muy agradecido con mi Padre Celestial es por la oportunidad que tuve de trabajar por 15 años como registrador del Templo de la Ciudad de México. En ese sagrado lugar, como en todos los demás templos, se realizan ordenanzas a favor de vivos y muertos por el poder del sacerdocio. En 1832, el profeta José Smith recibió una revelación sobre el sacerdocio:
“Y este sacerdocio mayor administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios.
“Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad” (D. y C. 84:19–20).
He tenido maravillosas experiencias dentro de las paredes del templo que así lo verifican.
En 1993, después de servir como presidente de la Misión México Tuxtla Gutiérrez, viajábamos como familia para visitar a mis padres que vivían en el norte de México. Durante el viaje, hablamos sobre el gozo de servir al Señor y de ver el cambio en las personas que habían aceptado el Evangelio durante los 3 años que estuvimos en la misión. Comentábamos sobre aquellas personas que se habían bautizado, confirmado y que habían recibido el sacerdocio, y sobre aquellas que supimos que habían entrado en el templo y había sido selladas como familias por la eternidad.
Mi hijo más pequeño hizo una pregunta que me hizo reflexionar: “¿Papá, tú estás sellado a tus padres?”. Le dije que, debido a que mi padre había estado menos activo por algunos años, él y mi madre no habían sido sellados en el templo. Entonces, a fin de ayudar a mi padre a activarse, ideé un plan, en el que haría participar a mis hijos. Les expliqué lo que harían. Cada domingo mi padre se levantaba temprano para llevar a mi madre y a mi hermana a la Iglesia, entonces regresaba a casa, esperaba a que finalizaran los servicios y luego regresaba a buscarlas. Así que les pedí a mis hijos que fueran y le preguntaran: “¿Abuelito, nos harías un favor?”. Yo sabía que su respuesta sería: “Lo que ustedes quieran, mis hijos”. Entonces ellos le pedirían que los acompañara a la Iglesia y se quedara con ellos a fin de escuchar sus testimonios. Sería el primer domingo del mes. También sabía que mi padre pondría alguna excusa para no ir, así que yo entraría a auxiliar a mis hijos para convencerlo. Llegó el tiempo de llevar a cabo el plan. Mi hija, Susana, se acercó a mi padre y le pidió el favor. Sin dudarlo, mi padre le dijo que haría lo que fuera por ellos. Entonces le hizo la invitación para ir a la Iglesia y, tal como lo habíamos previsto, vino la excusa: “No puedo porque aún no me he bañado”. Fue cuando yo, que estaba detrás de la puerta con mi esposa, grité: “Te esperamos”. Como vimos que no se decidía, mi esposa y yo entramos al cuarto y junto a nuestros hijos, comenzamos a insistir: “¡Qué se bañe! ¡Qué se bañe!”. Entonces sucedió lo esperado. Mi padre nos acompañó, se quedó a los servicios, escuchó los testimonios de mis hijos, su corazón fue enternecido, y desde ese domingo en adelante nunca más faltó a la Iglesia. Meses más tarde, a la edad de 78 años, él y mi madre fueron sellados y nosotros, sus hijos, fuimos sellados a ellos.
Sé que gracias al poder de la divinidad que se manifiesta en las ordenanzas del templo puedo reunirme con mis padres por toda la eternidad, aún después de la muerte.
Muchas veces no comprendemos el significado de las ordenanzas del templo en su plenitud sino hasta después de que pasamos por aflicciones o experiencias que pudieran ser muy tristes sin el conocimiento del plan de salvación.
Cuando mi esposa y yo teníamos tan solo un año y medio de casados, ella estaba esperando a nuestro primer bebé. Habíamos decidido que lo tendría en las Colonias de Chihuahua, donde ella había nacido. En ese tiempo, yo trabajaba en la Ciudad de México y decidimos que ella se iría un mes antes de la fecha del parto, y después yo me reuniría con ella. Entonces llegó la fecha del parto. Yo me encontraba trabajando cuando recibí una llamada de mi suegro. La noticia era buena: “Octaviano, tu esposa ha dado a luz y ahora tienen una pequeña hija, que es hermosa”. Entonces, en mi felicidad, comencé a anunciarlo a mis amigos y compañeros de trabajo, quienes a su vez me pidieron chocolates para celebrar el nacimiento de mi pequeña. Al día siguiente, comencé a repartir chocolates por los cuatro pisos de las oficinas. Cuando iba en el segundo piso, recibí otra llamada de mi suegro. Esta vez la noticia fue diferente: “Octaviano, tú esposa está bien, pero tu hija ha fallecido. El funeral será hoy y no tienes tiempo de llegar. ¿Qué vas a hacer?”. Pedí hablar con Rosa, mi esposa, y le pregunté si se encontraba bien. Ella respondió que estaba bien dependiendo de cómo yo me sintiera. Entonces hablamos acerca del plan de salvación, y recordamos este pasaje de las Escrituras:
“Y también vi que todos los niños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad se salvan en el reino de los cielos” (D. y C. 137:10).
Le pregunté: “¿Crees en eso?”. Y me dijo: “Sí, lo creo”. Entonces le dije: “En ese caso, debemos estar felices. Te amo y, si tú estás de acuerdo, tomaré mis vacaciones en dos semanas, pasaremos tiempo juntos y regresaremos juntos a la Ciudad de México”. Sabíamos que algún día nos reuniríamos con nuestra hija puesto que estamos sellados en el templo por el poder del sacerdocio. Terminamos la llamada y continué repartiendo chocolates en las oficinas.
Al ver lo que hacía, uno de mis compañeros de trabajo me preguntó sorprendido cómo es que podía hacer eso después de haber recibido tan terrible noticia. Le contesté: “Si tienes tres horas de tu tiempo, te puedo explicar por qué es que no me siento tan triste y qué ocurre después de la muerte”. No tuvo tres horas en ese momento, pero tuvo tiempo después; y terminamos hablando por cuatro horas. Él aceptó el Evangelio y, junto a su madre y un hermano, fue bautizado en la Iglesia después de escuchar las lecciones.
Sé que gracias al poder de la divinidad que se manifiesta en las ordenanzas del templo podré conocer a mi hija, abrazarla y estaremos con ella por la eternidad, del mismo modo que ahora estamos con los tres hijos que tenemos vivos.
Me regocijo en las palabras de Malaquías:
“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:5–6).
Este sacerdocio hace posible que las familias sean eternas. Me permite, como hijo, volver mi corazón hacia mi padre, quién falleció el año pasado, y permanecer tranquilo con la esperanza que me da mi Salvador, de que lo veré nuevamente. Este sacerdocio me permite, como padre, volver mi corazón hacia nuestros dos hijos que murieron pequeños y permanecer tranquilo con la esperanza que me da mi Salvador de que los conoceré y ellos sabrán que fui su padre terrenal, mientras los miro a los ojos y les digo que los amo. Es este sacerdocio el que me ha permitido ver dentro de la santidad del templo, cómo el poder de la divinidad se manifiesta a todos los hombres que, con fe en Cristo, arrepentidos de sus pecados y con un deseo ferviente de buscar la felicidad, llegan a hacer convenios sagrados con nuestro Padre Celestial y a recibir Sus santas ordenanzas, que son atadas tanto en la tierra así como en el cielo.
Amo la obra del templo. Yo sé que Dios vive, que Jesucristo es mi Salvador y que el presidente Gordon B. Hinckley es un profeta verdadero. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Conferencia General Octubre 2007 Nutridos por la buena palabra de Dios
Daniel K Judd
Primer Consejero de la Presidencia General de la Escuela Dominical
Es esencial que nutramos a quienes enseñemos y guiemos centrándonos en las doctrinas, los principios y las aplicaciones básicas que se recalcan en las Escrituras y en las palabras de los profetas de los últimos días.
Cuando era joven, trabajaba con mi padre y mis hermanos criando ganado y caballos en nuestra hacienda al sur de Utah y norte de Arizona. Mi padre nos enseñó que cuando quisiéramos atrapar un caballo para montarlo todo lo que teníamos que hacer era poner un puñado de grano en un cubo y sacudirlo por unos segundos; no importaba si los caballos estaban en el corral o en un campo grande; ellos vendrían corriendo a comer el grano. Entonces le pasábamos la brida suavemente por la cabeza mientras comían. Siempre me asombraba que un proceso tan simple funcionara tan bien.
En algunas ocasiones, cuando no queríamos tomarnos el tiempo de buscar el grano del granero, poníamos tierra en el cubo y lo sacudíamos tratando de engañar a los caballos y hacerles pensar que teníamos grano para que comieran. Cuando se daban cuenta del engaño, algunos de los caballos se quedaban, pero otros se escapaban y era casi imposible atraparlos; con frecuencia nos llevaba varios días volver a ganar su confianza. Aprendimos que si nos tomábamos el tiempo de alimentar regularmente con grano a los caballos sería más fácil trabajar con ellos y proveerles más nutrición y mayor fuerza.
Aun cuando han pasado muchos años desde mis días en la hacienda, lo que acabo de describir me ha ayudado a considerar las siguientes preguntas: cómo maestros y líderes de la Iglesia, ¿qué podemos hacer para proporcionar más nutrición doctrinal y espiritual a quienes servimos?
El élder Jeffrey R. Holland enseñó: “La mayoría de la gente no va a la Iglesia únicamente para buscar unos cuantos conceptos nuevos del Evangelio o para ver a viejos amigos, aunque ambas cosas son importantes; van en busca de una experiencia espiritual; desean paz; desean que su fe sea fortalecida y que su esperanza sea renovada; en una palabra, desean ser nutridos ‘por la buena palabra de Dios’, para ser fortalecidos por los poderes del cielo. Aquellos de nosotros que seamos llamados a tomar la palabra, a enseñar o a dirigir tenemos la obligación de proporcionar eso, de la mejor manera posible” 1 .
El Salvador y Sus siervos no sólo nos han enseñado la importancia de ayudar a los demás a ser “nutridos por la buena palabra de Dios” (Moroni 6:4); sino que también han dado instrucciones inspiradas de cómo se puede enseñar y dirigir mejor. La sección 50 de Doctrina y Convenios es una de las tantas referencias que nos da esos consejos tan valiosos. Después de reconocer los problemas que existían en algunas de las primeras ramas de la Iglesia, el Salvador instruyó a un grupo de líderes en cuanto a la solución a los problemas que enfrentaban. Sus instrucciones comenzaron con una pregunta crucial: “Por tanto, yo, el Señor, os hago esta pregunta: ¿A qué se os ordenó?” (D. y C. 50:13). En el versículo 14 continúa la respuesta del Señor: “A predicar mi evangelio por el Espíritu, sí, el Consolador que fue enviado para enseñar la verdad”.
Las respuestas a los problemas que los santos enfrentaban en 1831 son las mismas para los desafíos que enfrentamos hoy: debemos predicar el Evangelio de Jesucristo por el poder del Espíritu Santo.
La sección 50 incluye varias claves fundamentales para nutrir a los que enseñamos y a los que guiamos. La primera clave se encuentra en la admonición del Salvador de “predicar mi evangelio” (D. y C. 50:14, cursiva agregada). Las Escrituras enseñan claramente que el Evangelio que debemos predicar no es la “sabiduría del mundo” (Mosíah 24:7) sino la “doctrina de Cristo” (2 Nefi 31:21). Si bien el evangelio de Jesucristo comprende toda la verdad, no todas las verdades tienen el mismo valor 2 . El Salvador enseñó claramente que Su evangelio, ante todo, es Su sacrificio expiatorio. Su evangelio también es una invitación a recibir las bendiciones de la Expiación a través de la fe en Cristo, el arrepentimiento, el bautismo, recibir el Espíritu Santo y perseverar fielmente hasta el fin. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2007 La verdad: La base de las decisiones correctas
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles
El conocimiento de la verdad tiene poco valor a menos que lo apliquemos al tomar decisiones correctas.
Dado que la verdad es la única base significativa sobre la cual podemos tomar decisiones correctas, ¿cómo establecer, entonces, cuál es realmente la verdad? Cada vez más personas encuentran que se intensifica la dificultad de tomar buenas decisiones debido al mundo tan intercomunicado en el que vivimos. Un aluvión incesante de consejos, recomendaciones y propaganda entra avasallante a nuestra conciencia en forma constante, mediante una confusa combinación de medios de difusión, internet y otros medios semejantes. Sobre un tema en particular, podemos recibir múltiples mensajes, expresados con convicción y muy bien presentados, dando soluciones; sin embargo, muy a menudo dos de las soluciones pueden ser diametralmente opuestas. No es de sorprenderse que algunas personas se confundan y no sepan con seguridad cómo tomar decisiones correctas.
Para complicar más las cosas, otros tratan de persuadirnos de que nuestras decisiones deben ser socialmente aceptables y políticamente correctas. Algunos, al meditar sobre ese criterio, se dan cuenta de lo equivocado que es. Puesto que la estructura social y la política difieren muchísimo alrededor del mundo, y pueden cambiar drásticamente con el tiempo, es obvio lo absurdo de seguir ese método para tomar decisiones.
Hay dos formas de encontrar la verdad, ambas útiles siempre que sigamos las leyes sobre las cuales se basan. La primera es el método científico, que puede requerir de un análisis de datos para confirmar una teoría o la alternativa de validar un principio por medio de la experimentación. El método científico es una forma valiosa de buscar la verdad; sin embargo, tiene dos desventajas. Primero, nunca podremos estar seguros de haber encontrado la verdad absoluta, aun cuando a menudo nos acerquemos más y más a ella. Segundo, en ocasiones, sin importar con cuánta eficacia apliquemos ese método, es posible que lleguemos a la conclusión equivocada.
La mejor manera de encontrar la verdad es ir sencillamente al origen de toda verdad y preguntar o responder a la inspiración 1 . Para tener éxito, son esenciales dos elementos: primero, una fe inquebrantable en la fuente de toda verdad; segundo, la disposición de guardar los mandamientos de Dios con el fin de mantener abierta la comunicación con Él. El élder Robert D. Hales nos acaba de hablar acerca de esa revelación personal y de cómo obtenerla.
El método científico 2
¿Qué hemos aprendido usando el método científico para descubrir la verdad? Un ejemplo lo ilustrará. Por más que trato no puedo comprender, ni siquiera en lo más mínimo, lo vasto, lo profundo y lo extraordinario de la grandeza de lo que nuestro Santo Padre Celestial, Elohim, ha permitido que sea revelado por el método científico. Si pudiéramos viajar al espacio, lo primero que veríamos sería la tierra, tal como sucedió con los astronautas; y si fuéramos más allá, tendríamos una vista panorámica del sol y de los planetas que giran a su alrededor, los que nos parecerían como un pequeño círculo de objetos dentro de un panorama enorme de estrellas titilantes. Si continuáramos nuestro viaje espacial, tendríamos una vista gloriosa de nuestra galaxia, la Vía Láctea, con más de cien mil millones de estrellas girando en círculo, sus órbitas controladas por la gravedad alrededor de una concentrada región central. Más adelante, podríamos mirar hacia un grupo de galaxias llamadas el cúmulo de Virgo, que algunos piensan que abarca nuestra Vía Láctea, y que se calcula que esté a unos 50 millones de años luz de distancia. Más lejos aún, encontramos galaxias a aproximadamente diez mil millones de años luz, que el telescopio espacial Hubble ha fotografiado. La enormidad astronómica de esa distancia se percibe al advertir que la luz viaja a más de mil millones de kilómetros por hora. Aun desde esa extraordinaria perspectiva, no existe la más pequeña evidencia de que se haya alcanzado el límite de las creaciones de Dios el Padre.
A pesar de lo asombrosamente inspirador que sería ese increíble panorama de los cielos, existe algo más para tener en cuenta, igualmente capaz de confirmar los poderes inmensurables de nuestro Padre Celestial. Si nos dirigiéramos en dirección opuesta para explorar la estructura de la materia, podríamos observar de cerca la doble cadena helicoidal de la molécula de ADN. Ésta es una estructura molecular extraordinaria que se auto replica y que determina la composición de nuestro cuerpo. Una exploración más a fondo nos llevaría al nivel de un átomo compuesto de protones, neutrones y electrones, de los que ya hemos oído hablar. Seguir leyendo →