Conferencia General Octubre 2007
Revelación personal: Las enseñanzas y el ejemplo de los profetas
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles
La revelación personal es el modo por el cual sabemos por nosotros mismos las verdades más importantes de nuestra existencia.
Al comenzar la última sesión de esta histórica conferencia, me uno a ustedes para expresar gratitud por el privilegio de sostener al presidente Henry B. Eyring como consejero de la Primera Presidencia, al élder Quentin L. Cook como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, y al élder Walter F. González como uno de los siete presidentes de los Setenta. A ellos brindo mi amor y apoyo, y testifico que son llamados de Dios por un profeta viviente, el presidente Gordon B. Hinckley, “de acuerdo con el espíritu de revelación y profecía” 1 .
Los acontecimientos de estos dos últimos días nos enseñan que necesitamos revelación en la obra del Señor y revelación personal para nuestra propia vida. La revelación personal es el modo por el cual sabemos por nosotros mismos las verdades más importantes de nuestra existencia: la realidad viviente de Dios, nuestro Padre Eterno, y de Su Hijo Jesucristo; la veracidad del Evangelio restaurado, así como el propósito y la guía que Dios tiene para nosotros.
Casi todo lo que sé sobre la revelación personal lo he aprendido del ejemplo de los profetas, tanto antiguos como modernos. Esta tarde quisiera compartir algunos de esos ejemplos y ruego que nos inspiren a cada uno de nosotros a buscar las bendiciones de la revelación personal en nuestra propia vida.
Cuando era un joven Representante Regional se me asignó ayudar al élder Marion G. Romney a reorganizar una estaca. Durante el largo y apacible viaje a la conferencia, la conversación se tornó hacia la magnitud espiritual de nuestra asignación. El élder Romney me enseñó cómo el Señor nos bendice con revelación. “Robert”, me dijo, “he aprendido que cuando estamos en la obra del Señor, contamos con Su bendición para lograr cualquier cosa que se nos pida hacer”. El élder Romney me explicó, además, que llegaríamos a la ciudad distante, nos arrodillaríamos en oración, entrevistaríamos a poseedores del sacerdocio, volveríamos a arrodillarnos en oración y el Espíritu Santo nos revelaría cuál era la persona que el Señor había elegido para ser el nuevo presidente de estaca. Me prometió que sería una de las grandes experiencias espirituales de mi vida, y así fue.
Nuestro Padre Celestial nos ha enviado a cada uno de nosotros a la tierra para hacernos merecedores de la vida eterna: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” 2 . ¿Cómo conocemos al Padre y al Hijo por nosotros mismos? Mediante la revelación personal. La revelación personal es la manera en que nuestro Padre Celestial nos ayuda a conocerlo a Él y a Su Hijo, a aprender y vivir el Evangelio, a perseverar en rectitud hasta el fin, y a ser merecedores de la vida eterna, para así regresar a Su presencia.
Tal vez se pregunten: “¿Cómo obtenemos revelación personal?”. Pablo aconsejó a los santos que confiaran en el Espíritu más bien que en la sabiduría del mundo 3 . A fin de obtener ese Espíritu, empezamos con la oración. El presidente Lorenzo Snow había estudiado el Evangelio varios años antes de unirse a la Iglesia, pero no recibió un testimonio sino hasta dos o tres semanas después de su bautismo, cuando se retiró en secreta oración. “El Espíritu de Dios descendió sobre mí”, dijo. “Oh, qué dicha y felicidad sentí, [pues] entonces recibí un conocimiento perfecto de que Dios vive, que Jesucristo es el Hijo de Dios, y de la restauración del santo sacerdocio y de la plenitud del Evangelio” 4 .
He aprendido que la oración es un firme cimiento para la revelación personal, pero hace falta más que eso. Mientras aún era representante regional, tuve la oportunidad de aprender de otro apóstol: el élder Boyd K. Packer. Se nos asignó el reorganizar una estaca y comenzamos arrodillándonos juntos en oración. Después de entrevistar a los líderes del sacerdocio y de orar, el élder Packer sugirió que camináramos juntos alrededor del edificio. Mientras caminábamos, me demostró un principio esencial para recibir revelación personal, el principio que el Señor le enseñó a Oliver Cowdery: “He aquí… debes estudiarlo en tu mente” 5 . Reflexionamos sobre nuestra asignación, deliberamos juntos y dimos oído a la voz del Espíritu. Al regresar, oramos y meditamos más; entonces estuvimos preparados para recibir revelación. Seguir leyendo

























