Conferencia General Octubre 2000 El cultivar tradiciones rectas Élder Donald L. Hallstrom
De los Setenta
«Las tradiciones edificantes. . . aquellas que fomentan el amor por Dios, la unidad en la familia y entre las demás personas son de especial importancia».
Siempre estaré agradecido por haber nacido y haber sido criado en Hawai, tierra que forma parte de lo que las Escrituras llaman «las islas del mar». La llaman también un «crisol de culturas diversas», y otros, con más exactitud, dicen que esas islas son como un «guiso delicioso» en el que todas las culturas mantienen su propia identidad pero que se unen para formar una sociedad armoniosa de la que todos pueden disfrutar. El haber prestado servicio misional en Inglaterra, haber pasado mucho tiempo en Estados Unidos continental y ahora vivir y prestar servicio en Asia, ha hecho que desde hace mucho tenga interés en la cultura y en las tradiciones, y en la forma en que éstas influyen en nuestro aspecto, en nuestros pensamientos y en nuestros hechos. El diccionario define la cultura como el «conjunto de modos de vida y costumbres. . . grado de desarrollo artístico, científico e industrial, [de un] grupo social» (Diccionario de la Real Academia Española). Las tradiciones –hábitos de conducta trasmitidos de generación en generación– son parte inherente de una cultura. Nuestra cultura y sus tradiciones sirven para establecer nuestro sentido de identidad y satisfacen la necesidad humana de pertenecer a algo.
En cuanto a las tradiciones que complementan el Evangelio de Jesucristo, Pablo amonestó a los tesalonicenses: «Así que. . . estad firmes, y retened la doctrina [tradición] que habéis aprendido» (2 Tesalonicenses 2:15). En la Iglesia tenemos magníficas tradiciones que nos recuerdan la fortaleza y el sacrificio de nuestros antepasados e inspiran nuestros hechos. Entre ellas están la laboriosidad, la frugalidad y una dedicación plena a una causa justa. Otras están basadas en una doctrina y en normas que podrían parecer extrañas para el mundo, pero que concuerdan con las pautas de Dios. Entre ellas se encuentran una conducta casta, modestia en el vestir, evitar el lenguaje vulgar, guardar el día de reposo, cumplir con la Palabra de Sabiduría y el pago de los diezmos.
Aun en la cultura étnica, hay muchas tradiciones que pueden reafirmar las normas y los principios del Evangelio. Por ejemplo, los antiguos hawaianos tenían una costumbre, el espíritu de la cual se manifiesta todavía entre muchos isleños. Cuando se saludaba a una persona, uno se acercaba cara a cara y decía «ha» sobre su rostro, expulsando el aliento para que la otra persona lo pudiera sentir. La traducción literal de «ha» es «el aliento de vida». Era una forma de dar de sí y de demostrar un profundo sentimiento de hermandad y afecto por el prójimo. Cuando los extranjeros llegaron por primera vez a Hawai, no demostraron ese mismo respeto por los demás y fueron llamados «haole» por los nativos, palabra que significa «sin ha». Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2000 El camino hacia la paz y el gozo
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«¿Estás aprovechando plenamente del poder redentor del arrepentimiento en tu vida, con el fin de tener mayor paz y gozo?»
Existe un aspecto esencial del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial que con frecuencia se pasa por alto, aun cuando invariablemente otorga paz y gozo. El Salvador dio Su vida para que ese aspecto esencial se utilizara para bendecir a todos los hijos del Padre Celestial. Ese tema comúnmente se interpreta mal y a menudo se le teme. Algunos piensan que deben emplearlo sólo quienes han cometido graves transgresiones; sin embargo, el Señor desea que cada uno de Sus hijos lo utilice constantemente. Él ha mandado una y otra vez a Sus profetas y líderes a proclamarlo y a hablar casi exclusivamente de ello 1 . Me refiero a la bendición del arrepentimiento verdadero, sincero y continuo, que es el camino a la paz y el gozo. Es la senda que lleva al poder reformador del Señor y, cuando se comprende y se utiliza, es un amigo querido y preciado.
El arrepentimiento no es optativo. Un ángel mandó a Adán: «. . .te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás» 2. A cada uno de nosotros se nos ha mandado arrepentirnos e invocar a Dios en forma continua a lo largo de la vida. Esa pauta permite que cada día sea una página impecable en el libro de la vida, una nueva y flamante oportunidad. Se nos ha dado el privilegio renovador de superar los errores de comisión y de omisión, sean pequeños o sumamente graves. Un arrepentimiento completo da como resultado el perdón acompañado de una renovación espiritual. En cualquier momento de la vida, se puede sentir la limpieza, la pureza y la frescura que acompañan a un sincero arrepentimiento.
El Señor ha dejado muy en claro que es un requisito: «. . .te mando que te arrepientas y guardes los mandamientos. . . no sea que te humille con mi omnipotencia. . .» 3.
De igual forma, Jacob lo enseñó con diáfana claridad:
«[El Santo de Israel] viene al mundo para salvar a todos los hombres, si éstos escuchan su voz. . .
«Y él manda a todos los hombres que se arrepientan y se bauticen en su nombre, teniendo perfecta fe en el Santo de Israel, o no pueden ser salvos en el reino de Dios» 4.
¿Por qué nos mandan arrepentirnos nuestro Padre y Su Hijo? Porque nos aman. Ellos saben que todos violaremos leyes eternas. Ya sea pequeña o grande, la justicia requiere que se satisfaga toda ley quebrantada para conservar la promesa de gozo en esta vida y el privilegio de regresar con nuestro Padre Celestial. Si no se satisface, en el Día del Juicio la justicia hará que seamos desterrados de la presencia de Dios y quedemos bajo el control de Satanás 5 .
Nuestro Maestro y Su acto redentor es lo que hace posible que podamos evitar esa condenación. Eso se realiza por medio de la fe en Jesucristo, la obediencia a Sus mandamientos y la perseverancia hasta el fin con rectitud.
¿Estás aprovechando plenamente del poder redentor del arrepentimiento en tu vida, con el fin de tener mayor paz y gozo? La confusión y el desaliento muchas veces son señales de la necesidad de arrepentirse. A su vez, la falta de dirección espiritual que buscas en la vida podría ser el resultado de leyes quebrantadas. Si hubiera la necesidad, un arrepentimiento total pondrá tu vida en orden y resolverá todos los complicados dolores espirituales que provienen de la transgresión. Pero en esta vida no se pueden remediar algunas de las consecuencias físicas que los pecados graves traen como resultado. Sé prudente y vive siempre dentro de los límites de la rectitud que ha fijado el Señor. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2000 Un testimonio puro
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«Como un testigo especial del nombre de Jesucristo en todo el mundo, les prometo que si buscan al Señor, lo encontrarán. Pedid y recibiréis».
Una vez más nos reunimos en este maravilloso Centro de Conferencias y en muchos otros lugares alrededor del mundo. En esta conferencia hemos escuchado y aún escucharemos el testimonio de muchos siervos del Señor. Concerniente al testimonio, el salmista escribió: «La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel» 1.
Para los Santos de los Últimos Días, un testimonio es «la certeza de la realidad, de la verdad y de la bondad de Dios, de las enseñanzas y de la expiación de Jesucristo y del llamado divino de los profetas de los últimos días. . . Es conocimiento respaldado por la divina confirmación personal del Espíritu Santo» 2.
Las expresiones de un testimonio solemne siempre han sido importantes para los hijos de Dios sobre la tierra. Los testimonios individuales han fortalecido a esta Iglesia desde sus comienzos.
Una noche de abril de 1836, por ejemplo, el Élder Parley P. Pratt se retiró a sus aposentos temprano muy preocupado y acongojado. No sabía cómo iba a cumplir con sus obligaciones financieras. Su esposa había estado gravemente enferma y su anciana madre se había mudado a vivir con él. El año anterior, la casa que había estado construyendo había quedado reducida a cenizas después de un incendio.
Al estar en profunda meditación, alguien golpeó a la puerta; el Élder Heber C. Kimball entró y lleno del espíritu de profecía dijo al Élder Pratt que debería viajar a Toronto, Canadá, donde «encontraría gente preparada para la plenitud del Evangelio» y que «muchos serían llevados al conocimiento de la verdad» 3.
A pesar de sus preocupaciones, el Élder Pratt se dirigió a ese lugar. Al llegar a Toronto, al principio nadie parecía estar interesado en escuchar lo que él tenía que decir.
Entre los que conoció se hallaba John Taylor, quien había sido un ministro metodista. John recibió al Élder Pratt con cortesía, pero con reservas. John Taylor había escuchado rumores distorsionados acerca de un nueva secta, de su «biblia de oro» y relatos de ángeles que se habían aparecido a un joven «indocto criado en la zona rural de Nueva York» 4 .
John Taylor era un hombre sabio y había buscado la verdad toda su vida. Él escuchó lo que el Élder Pratt tenía que decir y, entre otras cosas, el extraño de Estados Unidos le prometió que cualquiera que investigara el Evangelio podría saber por sí mismo, a través de la influencia del Espíritu Santo, que era verdadero.
En un momento dado, John Taylor preguntó: «¿A qué se refiere con este Espíritu Santo?. . . [¿Dará] un conocimiento seguro de los principios en los que usted cree?».
El apóstol respondió: «Sí, y si no fuera así, entonces soy un impostor» 5.
Al escuchar eso, John Taylor aceptó el desafío, diciendo: «Si su religión es verdadera, la aceptaré sin importar cuáles sean las consecuencias; y, si es falsa, lo pondré al descubierto» 6.
No sólo aceptó el desafío, sino que «recibió ese Espíritu por medio de la obediencia al Evangelio» 7. Pronto supo por sí mismo lo que desde entonces millones han sabido: que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado sobre la tierra. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2000 Sean un eslabón fuerte
Élder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«A medida que se me debilita la vista, pienso que de alguna forma mi visión mejora: mi visión del largo sendero, mi visión de lo que yace adelante».
Cuando el presidente Gordon B. Hinckley anunció que yo sería el último orador, estoy seguro de que se preguntaba si podría yo llegar hasta el púlpito. Él sabe que acabo de cumplir 94 años, por lo que me encuentro en el 95 de mi existencia, y de ahí sus dudas.
Él sabe también que mi vista no es muy buena, pero a medida que se me debilita la vista, pienso que de alguna forma mi visión mejora: mi visión del largo sendero, mi visión de lo que yace adelante. Y lo mismo sucede con todos ustedes esta mañana. Estoy seguro de que también dirán como yo, que ésta es una época maravillosa para estar vivos y ser miembros de esta Iglesia; lo extraordinario que significa tener la libertad que poseemos, la libertad de asamblea y de congregación religiosa.
Cuando Ruby y yo nos arrodillamos ante el altar del Templo de Salt Lake, el 4 de septiembre de 1930, con las manos unidas y mirándonos a los ojos, no teníamos idea de lo que yacía adelante. Éramos dos jóvenes; yo venía del campo, del sur de Idaho, y Ruby era del Condado de Sanpete, Utah. Tanto el padre de ella como el mío habían fallecido, pero teníamos dos madres viudas maravillosas que ese día nos acompañaron al templo. Al arrodillarnos y hacer convenios y promesas, yo supe que eso era en serio.
Ahora, después de estar casados durante 70 años, les puedo decir a todos que nuestro matrimonio está mejor que nunca, que con el correr de los años ha ido perfeccionándose cada vez más, con el cariño y la ternura, y la comprensión de las bendiciones eternas que nos esperan. De modo que a todos ustedes les diría, y, si Ruby pudiera estar junto a mí ahora también les diría lo mismo, que la vida puede ser maravillosa y sumamente significativa, pero debemos vivirla en forma sencilla. Debemos vivir los principios del Evangelio, ya que lo que de veras importa es tener el Evangelio en nuestra vida al andar por el camino de nuestra existencia.
Mientras criábamos a nuestros hijos, nos mudamos a varias partes del país y ellos asistieron a escuelas en las que eran los únicos miembros de la Iglesia de su clase. Lo hicimos muchas veces, pero eso los ayudó en su desarrollo y a adquirir entendimiento, a obtener sus propios testimonios, a ver el mundo en acción pero al mismo tiempo ver las bendiciones del Evangelio en nuestra vida.
El domingo pasado Ruby y yo asistimos a la reunión sacramental de un barrio de aquí, de la ciudad de Salt Lake. La reunión fue muy interesante ya que el barrio cuenta con gente de buena posición económica así como de personas que residen en casas establecidas para los recién salidos de la cárcel. Poco antes de la reunión de testimonios, una joven con una bebita en brazos se acercó al estrado donde se encontraba el obispo, para decirle que quería que la niña recibiera una bendición. El obispo bajó, tomó a la bebita y se le bendijo. Seguir leyendo →
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«Todos necesitamos guía en la vida; la obtenemos mejor de los libros canónicos y de las enseñanzas de los profetas de Dios».
Hace poco, la hermana Nelson y yo nos encontrábamos en Dinamarca durante la conmemoración del 150 aniversario de la Iglesia en Escandinavia. Entre las reuniones, tomamos unas cuantas horas para buscar los pueblos donde habían nacido dos de los abuelos de mi padre, que se encontraban entre los primeros conversos de la Iglesia en Dinamarca. La familia de la abuela paterna de mi padre vivía en la parte oeste del país 1; la familia de su abuelo paterno vivía en el norte de Dinamarca 2 . Gracias a un buen conductor y a un mapa magnífico, encontramos cada pueblo y obtuvimos la preciada información. Durante todo el viaje, mis manos no soltaron ese valioso mapa que probó ser tan esencial para lograr nuestras metas.
En comparación, muchas personas van por la vida sin una buena guía, sin saber a dónde desean ir o cómo llegar a ese lugar, pero si se pone suma atención a un mapa de caminos para un viaje de un solo día, ¿no sería prudente también poner atención a una guía fidedigna en nuestra jornada por la vida? Es en cuanto a eso que quisiera hablar: de por qué necesitamos guía, dónde podemos obtenerla, y cómo podemos lograrla.
¿Por qué necesitamos guía?
La pregunta ¿Por qué?, pone énfasis en el propósito de la vida. El máximo objetivo de nuestra jornada terrenal lo reveló nuestro Creador cuando dijo: «Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios» 3.
Su don de vida eterna está sujeto a las condiciones que él estableció 4. Esas condiciones constituyen un plan, o, para utilizar mi analogía, un mapa espiritual. Y cuando surgen dificultades es cuando más se necesita esa guía. En nuestro viaje por Dinamarca, llegamos a una desviación inesperada que hizo que nos perdiéramos. Para volver al camino correcto, detuvimos el auto; estudiamos el mapa con detenimiento y luego hicimos la corrección necesaria.
¿Y qué sucede si andan perdidos y no tienen un mapa? Supongan que se encuentran solos y no saben dónde están. ¿Qué pueden hacer? ¡Piden ayuda! ¡Llaman a casa! ¡Llaman a la Iglesia! ¡Oran! Una vez que reciben alguna clase de ayuda, se dan cuenta de que tienen que subir por allí o dar vuelta por allá para volver al camino correcto. O tal vez tengan que volver al principio a fin de asegurarse de que pueden llegar a donde desean ir.
Dónde podemos obtener guía
Eso nos lleva a preguntarnos ¿dónde podemos obtener la guía que necesitamos? Acudimos a Aquel que nos conoce mejor: nuestro Creador. Él nos permitió venir a la tierra con la libertad de elegir nuestro propio camino. En Su gran amor, él no nos dejó solos. Él nos proporcionó una guía –un mapa espiritual– para ayudarnos a lograr éxito en la jornada. Esa guía la conocemos como los libros canónicos, así llamados porque ellos –la Santa Biblia, el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio– constituyen la norma mediante la cual debemos vivir; nos sirven como una norma de referencia, al igual que las normas de tiempo, pesos y medidas que se conservan en las agencias gubernamentales encargadas de esos asuntos.
Para lograr nuestro objetivo de la vida eterna, debemos seguir las enseñanzas de los libros canónicos y otras revelaciones recibidas de los profetas de Dios 5. Nuestro amoroso Señor previó la necesidad que tendríamos de recibir dirección. Él dijo: «Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la exaltación y continuación de las vidas, y pocos son los que la hallan» 6.
Pocos son los que encuentran el camino porque pasan por alto el divino mapa que nos ha dado el Señor. Y un error aún más serio es el no hacer caso al Hacedor del mapa. Dios declaró en el primero de Sus Diez Mandamientos: «No tendrás dioses ajenos delante de mí» 7. No obstante, el hombre carnal se inclina a dejar que su lealtad se vuelva hacia los ídolos.
Por ejemplo, nos parece increíble que las computadoras, así como Internet transmitan datos con sorprendente rapidez. De verdad estamos agradecidos por estas ayudas electrónicas, pero si permitimos que se adueñen de nuestro tiempo, perviertan nuestro potencial o envenenen nuestras mentes con pornografía, dejan de ser ayudas y en vez de ello se convierten en dioses falsos.
El Maestro nos advirtió de aquellos que «no buscan al Señor para establecer su justicia, antes todo hombre anda por su propio camino, y en pos de la imagen de su propio dios, cuya imagen es a semejanza del mundo y cuya substancia es la de un ídolo» 8.
Los dioses falsos únicamente llevan a caminos sin salida. Si nuestra jornada por la vida ha de tener éxito, debemos seguir la dirección divina. El Señor dijo: «Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis» 9 . Y el salmista escribió: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino» 10. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2000 El regocijo del ser mujer
Margaret D. Nadauld
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes
«Las hijas de Dios saben que es la naturaleza de la mujer la que puede proporcionar bendiciones eternas, y por ello viven para cultivar este atributo divino».
Es una bendición extraordinaria ser hija de Dios hoy en día. Tenemos la plenitud del Evangelio de Jesucristo. Contamos con la bendición de tener el sacerdocio restaurado en la tierra. Somos guiados por un profeta de Dios que posee todas las llaves del sacerdocio. Amo y honro al presidente Gordon B. Hinckley y a todos nuestros hermanos que poseen el sacerdocio y son dignos de él.
Me siento inspirada por la vida de las mujeres buenas y fieles. Desde el principio del tiempo, el Señor ha depositado una considerable confianza en ellas. Nos ha enviado a la tierra en una época como esta para efectuar una gran y maravillosa misión. Doctrina y Convenios enseña: «Aun antes de nacer, ellos, con muchos otros, recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y fueron preparados para venir en el debido tiempo del Señor a obrar en su viña en bien de la salvación de las almas de los hombres» (D. y C. 138:56). ¡Qué magnífica visión nos da ese pasaje con respecto a nuestro propósito en la tierra!
A quien mucho se da mucho se requiere. Nuestro Padre Celestial nos pide a Sus hijas que seamos virtuosas, que vivamos con rectitud a fin de que cumplamos la misión de nuestra vida, así como Sus propósitos. Él desea que salgamos adelante con éxito y sí nos amparará si buscamos Su ayuda.
El que las mujeres hayamos nacido como tales en esta tierra se determinó largo tiempo antes del nacimiento terrenal, como lo fueron las diferencias divinas que hay entre hombre y mujer. Me deleito en la claridad de las enseñanzas de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce que se exponen en la Proclamación sobre la Familia. Allí dicen: «El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna» 1 . En esa declaración se nos enseña que toda niña era mujer y femenina mucho antes de su nacimiento mortal.
Dios envió a las mujeres a la tierra con algunas cualidades extraordinarias. Al dirigirse a las mujeres jóvenes, el presidente Faust dijo que la femineidad «es el adorno divino del género humano, que se expresa en. . . su capacidad para amar, su espiritualidad, delicadeza, resplandor, sensibilidad, creatividad, encanto, refinamiento, ternura, dignidad y serena fuerza. Se manifiesta en forma diferente en cada jovencita o mujer, pero todas. . . la poseen. La femineidad es parte de su belleza interior» 2.
Nuestro aspecto exterior es un reflejo de lo que somos interiormente. Nuestras vidas reflejan aquello que buscamos. Y si de todo corazón buscamos en verdad conocer al Salvador y ser más semejantes a como él es, lo lograremos, porque él es nuestro divino y eterno Hermano. Pero él es más que eso: él es nuestro amado Salvador, nuestro querido Redentor. Junto con Alma de antaño, preguntamos: «¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros?» (Alma 5:14).
Se puede reconocer a las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios por su aspecto externo. Estas mujeres comprenden la mayordomía que tienen sobre su cuerpo y lo tratan con decoro; lo cuidan como cuidarían un santo templo porque entienden la enseñanza del Señor: «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» (1 Corintios 3:16). Las mujeres que aman a Dios nunca abusarían ni desfigurarían un templo con graffiti, ni abrirían de par en par las puertas de ese santo y dedicado edificio para invitar al mundo a mirarlo. Cuánto más sagrado que un templo es el cuerpo, puesto que no ha sido hecho por el hombre, sino que fue hecho por Dios. Nosotras somos las mayordomas, las guardas de la pureza con la que [nuestro cuerpo] vino del cielo. «Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es» (1Corintios 3:17).
Las agradecidas hijas de Dios cuidan su cuerpo con esmero, puesto que saben que son la fuente de la vida y reverencian la vida; no descubren su cuerpo para congraciarse con el mundo, sino que son recatadas para recibir la aprobación de su Padre Celestial, porque saben que él las ama profundamente.
Se puede reconocer a las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios por su actitud; ellas saben que las tareas de los ángeles se han dado a la mujer y desean ser parte de la tarea de Dios de amar a Sus hijos y de ministrarles; de enseñarles las doctrinas de la salvación; de llamarlos al arrepentimiento; de salvarlos espiritualmente; de guiarlos en el desempeño de la obra de Dios; de dar a conocer los mensajes de él 3 . Ellas comprenden que pueden ser una bendición para los hijos de su Padre Celestial en los hogares y en los vecindarios de ellos, y más allá de éstos. Las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios glorifican el nombre de él.
Se puede reconocer a las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios por sus aptitudes. Cumplen su potencial eterno y magnifican sus dones divinos. Son mujeres competentes y firmes que hacen bien a las familias, sirven al prójimo y entienden que «la gloria de Dios es la inteligencia» (D. y C. 93:36). Son mujeres que abrazan las virtudes eternas para ser todo lo que nuestro Padre Celestial necesita que sean. El profeta Jacob habló de algunas de esas virtudes cuando dijo que «son de sentimientos sumamente tiernos, castos y delicados ante Dios, cosa que agrada a Dios» (Jacob 2:7).
Se puede reconocer a las mujeres que están agradecidas de ser hijas de Dios mediante su reverencia por la maternidad, aun cuando esta bendición les haya sido denegada temporalmente. En estas circunstancias, su recta influencia puede ser una bendición en la vida de los hijos a quienes aman. Su enseñanza ejemplar hace eco en la voz de un hogar fiel y hace resonar la verdad en el corazón de unos hijos que necesitan de otro testigo. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2000 Testimonio
Élder Loren C. Dunn
Miembro emérito de los Setenta
«Sé que Dios nuestro Padre está presente en esta obra en grandes congregaciones como ésta, y que en la más pequeña de las ramas y la más pequeña de las congregaciones, Dios está en esta obra».
Hace apenas seis días, el presidente Gordon B. Hinckley, acompañado del presidente Boyd K. Packer, del Élder Neil Andersen y de sus respectivas esposas, dedicaron el Templo de Boston, Massachussets. La dedicación fue la culminación de un programa de puertas abiertas en el que más de 83.000 personas pasaron por el templo. Más de 16.000 asistieron a las cuatro sesiones dedicatorias, bien en el templo mismo o en los centros de estaca cercanos.
Aunque cada templo es importante y ofrece las mismas ordenanzas necesarias para la vida eterna, esta dedicación fue histórica en muchos aspectos. Éste es el primer templo de una ciudad reconocida como la cuna de la libertad en lo que por entonces era el nuevo mundo, y se le reconoce también como el primer hogar de muchos de los primeros líderes y miembros de la Iglesia. La dedicación parecía representar la reunión del gran legado de América con las raíces sagradas del Evangelio restaurado de Jesucristo.
Algunos de los asistentes tenían lazos que los unían a Boston y sus aledaños, aunque la mayoría estaba allí porque era donde vivían, y se regocijaban por la dedicación de un templo en su ciudad. Todos estaban allí como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, «conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios», tal y como dijo el presidente Hinckley en la ceremonia de la piedra angular: «edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo» (Efesios 2:19:20).
Asistieron muchos lugareños, la mayoría con sus hijos y nietos: hasta tres generaciones de dignos poseedores de una recomendación para el templo.
En la oración dedicatoria del Templo de Kirtland, el profeta José Smith pidió al Señor que quebrase el yugo de las persecuciones de la época (véase D. y C. 109:31:33, 47). Aun cuando todavía quedan algunos desafíos, vemos cómo se rompe el yugo del malentendido y del prejuicio en esta época de construcción de templos y de programas de puertas abiertas para el público.
En el templo, en los cuartos de sellamiento, hay espejos colocados en paredes opuestas. Cuando una persona mira en el espejo, puede ver su reflexión remontándose de una generación a otra, por así decirlo, o verla en el futuro, de una generación a otra, sin que haya fin, lo que significa la naturaleza eterna de todos nosotros. Quizás exista otra razón por la cual los espejos estén situados de esa manera: es una representación de todos los que vinieron antes que nosotros y de todos los que vendrán después.
Pienso en las palabras del profeta José: «Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: «¡Que vive!» (D. y C. 76:22).
A todos aquellos que han dado testimonio de esta obra, y todos los que aún darán testimonio de esta obra, en mi día y tiempo, les expreso ese testimonio en este día y tiempo. Sé que hay un Dios en los cielos, y sé que él vive. Sé que Dios vive. Sé que vive. Sé que vive, y sé que él es el Padre de todos nosotros. Sé que Dios nuestro Padre está presente en esta obra en grandes congregaciones como ésta, y que en la más pequeña de las ramas y la más pequeña de las congregaciones Dios está en esta obra. Sé que Jesucristo es nuestro Salvador y nuestro Redentor y que él nos ha comprado al derramar Su sangre por el sufrimiento que soportó en Getsemaní. Sé que hay apóstoles y profetas en el fundamento de esta obra, comenzando con el profeta José hasta llegar al presidente Gordon B. Hinckley en la actualidad. Éste, mis hermanos y hermanas, es el Evangelio de Jesucristo. Esta obra es verdadera. Ruego que el Señor nos bendiga para que vivamos de acuerdo con ella. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Conferencia General Octubre 2000 «Venid y ved»
Élder Alexander B. Morrison
Miembro emérito de los Setenta
«Vengan añorando conocerle a él, y les prometo que lo encontrarán y lo verán en Su verdadero personaje como el Salvador resucitado y redentor del mundo».
En los comienzos del ministerio de Jesús, dos discípulos acudieron a él y le preguntaron: «Maestro, ¿dónde moras?». La respuesta breve y profunda de Jesús, «Venid y ved», es la base de mis breves y humildes comentarios hoy (véase Juan 1:38:39).
«Venid y ved»; vengan añorando conocerle a él, y les prometo que lo encontrarán y lo verán en su verdadero personaje como el Salvador resucitado y redentor del mundo. «Venid y ved», y lo reconocerán como el Cristo del sepulcro vacío, el conquistador del Calvario que quebrantó los lazos de la muerte y se levantó triunfante de la tumba para dar la inmortalidad a todos y la vida eterna a los fieles. Él es el «cordero sin mancha y sin contaminación» preordenado para su papel mesiánico «desde antes de la fundación del mundo» (1 Pedro 1:19:20). Él fue «herido. . . por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. . . y por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53:5).
«Venid y ved», y, al venir, dejen sus cargas a los pies de él. Abandonen todos sus pecados para verle y conocerle (véase Alma 22:18). «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados», dijo él, «y yo os haré descansar.
«Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí. . . y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo 11:28:29). Vengan a él, y él borrará sus pecados y curará su alma aunque esté enferma de pecado. Él reemplazará el odio con el amor y el egoísmo con el servicio. Fortalecerá sus hombros para que soporten mejor las cargas y les dará nuevo valor y esperanza para el camino por recorrer.
«Venid y ved», y, al hacerlo, sus ojos serán abiertos y realmente verán, quizás por vez primera, quiénes son ustedes y quién es él. Llegarán a verse a sí mismos como hijos de Dios, hijos de padres divinos, con capacidad infinita para crecer espiritualmente y llegar a ser más semejantes a él. Llegarán a comprender que Dios «de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra» (Hechos 17:26), y verán a todos los hombres en todas partes como hermanos y a todas las mujeres como hermanas, con todas las responsabilidades filiales que ello implica. Verán que «a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres y todos son iguales ante Dios» (2 Nefi 26:33).
«Venid y ved», y, al hacerlo, encontrarán Su Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Es una Iglesia dirigida en la tierra por profetas, videntes y reveladores vivientes, pero a la cabeza no hay un hombre mortal, sino Jesús, el Señor Dios Omnipotente. Al «venir y ved», encontrarán a un pueblo feliz, un pueblo optimista y alegre que, si bien se esfuerza por vencer las faltas y flaquezas comunes de los hombres, lucha por ser mejor, por hacer el bien a todos los hombres, por edificar la ciudad de Dios, en donde todos puedan morar juntos en rectitud. Al «venir y ved», encontrarán a un pueblo que tiene un interés profundo y sincero por los pobres y los necesitados, un pueblo que extiende la mano para ayudar a la viuda y al huérfano, a los enfermos y necesitados, a los pobres y oprimidos. «Venid y ved» los frutos del vivir el Evangelio. Pruébenlos ustedes mismos y verán que son dulces y deliciosos. Cuando comprendan que «cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios» (Mosíah 2:17), se esforzarán por entregarse a una vida al servicio del Maestro.
Termino donde comencé: La declaración de Jesús, «Venid y ved», extiende tanto una invitación como una promesa a las personas de todo el mundo. Vengamos a él; veámosle como Rey de reyes y Señor de señores; reconozcamos en él al gran Mesías que vendrá de nuevo con salvación en sus alas para liberar a Su pueblo. Él les abrigará en el manto de Su amor redentor y la vida de ustedes cambiará para siempre.
De eso testifico, siendo uno de Sus siervos, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Conferencia General Octubre 2000 La redención de los muertos y el testimonio de Jesús
Élder D. Todd Christofferson
De la Presidencia de los Setenta
«Al buscar el nombre y los datos de nuestros antecesores y al efectuar por ellos las ordenanzas salvadoras que ellos mismos no pudieron efectuar, testificamos del alcance infinito de la expiación de Jesucristo».
Teólogos cristianos han lidiado largo tiempo con el interrogante: «¿Cuál es el destino de los innumerables millones de personas que han vivido y muerto sin ningún conocimiento de Jesús?» 1. Con la restauración del Evangelio de Jesucristo llegó el conocimiento de que los muertos que no fueron bautizados son redimidos y de que Dios es «un Dios perfecto, justo y misericordioso también» 2.
Cuando Jesús aún vivía en la tierra, profetizó que él también predicaría a los muertos 3. Pedro nos dice que eso ocurrió en el intervalo que hubo entre la crucifixión y la resurrección del Salvador 4. El presidente Joseph F. Smith vio en visión que el Salvador visitó el mundo de los espíritus y que «organizó sus fuerzas y nombró mensajeros de entre los [espíritus] justos, investidos con poder y autoridad, y los comisionó para que fueran y llevaran la luz del evangelio a los que se hallaban en tinieblas. . .
«A ellos se les enseñó la fe en Dios, el arrepentimiento del pecado, el bautismo vicario para la remisión de los pecados, [y] el don del Espíritu Santo por la imposición de las manos» 5.
La doctrina de que los vivientes pueden proporcionar el bautismo y otras ordenanzas esenciales a los muertos, vicariamente, fue revelada de nuevo al profeta José Smith 6. Él aprendió que a los espíritus que esperan la resurrección no sólo se les ofrece la salvación individual, sino que pueden ser unidos en el cielo como marido y mujer y ser sellados a sus padres y madres de todas las generaciones pasadas, y tener sellados a ellos a sus hijos de todas las generaciones futuras. El Señor reveló al Profeta que esos ritos sagrados sólo se efectúan apropiadamente en una casa edificada a Su nombre, un lugar santo: un templo 7.
El principio del servicio vicario no debiera parecer extraño a ningún cristiano. En el bautismo que se efectúa para una persona viviente, el oficiante actúa, como representante, por y en lugar del Salvador. ¿Y no es acaso el principio central de nuestra fe que el sacrificio de Cristo expía nuestros pecados al satisfacer vicariamente las demandas de la justicia por nosotros? Como ha dicho el presidente Gordon B. Hinckley: «Creo que la obra vicaria por los muertos se aproxima más al sacrificio vicario del Salvador mismo que ninguna otra obra de la que tenga conocimiento. Se realiza con amor, sin la esperanza de recibir compensación o pago de ninguna clase. Qué principio tan glorioso» 8.
Algunos han interpretado mal y han supuesto que las almas difuntas «son bautizadas en la fe mormona sin el conocimiento de ellas» 9 o que «a personas que una vez pertenecieron a otras fes se les impone la fe mormona como si hubiesen sido mormonas» 10 . Presuponen que de algún modo tenemos poder para forzar a un alma en asuntos de fe. Desde luego, no lo tenemos. Dios dio al hombre el albedrío desde el principio 11. «Los muertos que se arrepientan serán redimidos mediante su obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios» 12, pero sólo si aceptan esas ordenanzas. La Iglesia no los anota en sus listas ni los cuenta en su número de miembros.
Nuestro anhelo por redimir a los muertos, así como el tiempo y los recursos que invertimos en ese cometido, son, sobre todo, la expresión de nuestro testimonio con respecto a Jesucristo y constituye una afirmación tan poderosa como la que podemos hacer acerca de Su divino carácter y misión. Testifica, primero, de la resurrección de Cristo; segundo, del alcance infinito de Su expiación; tercero, de que él es la única fuente de la salvación; cuarto, que él ha establecido las condiciones de la salvación; y, quinto, que él vendrá otra vez. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2000 El convenio del bautismo: Estar en el reino y ser del reino Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«Nuestro bautismo y confirmación es la entrada a Su reino. Cuando entramos, hacemos convenio de ser de Su reino, ¡para siempre!»
Después de haberme recuperado de tres operaciones delicadas, las cuales me impidieron hablar en las dos últimas conferencias generales, ¡qué gran alegría es poder estar hoy aquí en este hermoso Centro de Conferencias para enseñar y dar testimonio a quienes deseen escuchar la palabra del Señor!
En los dos últimos años, he esperado en el Señor para que me enseñara lecciones terrenales durante períodos de dolor físico, angustia mental y meditación. Aprendí que el dolor constante e intenso es un gran purificador consagrado que nos hace ser humildes y nos acerca más al Espíritu de Dios. Si prestamos atención y obedecemos, seremos guiados por Su Espíritu y haremos Su voluntad en nuestras tareas cotidianas.
Hubo momentos en los que he hecho algunas preguntas directas en mis oraciones, tales como: «¿Qué lecciones quieres que aprenda por medio de esas experiencias?».
Al estudiar las Escrituras durante ese lapso crítico de mi vida, el velo se hizo muy fino y se me dieron las respuestas tal y como se encuentran registradas en la vida de otros que habían pasado por pruebas aún mucho más difíciles.
«Hijo mío, paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento;
«y entonces, si lo sobrellevas bien, Dios te exaltará. . . .» (D. y C. 121:7:8).
Los oscuros momentos de depresión se disiparon rápidamente gracias a la luz del Evangelio, al infundirme el Espíritu paz y consuelo y brindarme la seguridad de que todo saldría bien.
En algunas ocasiones le dije al Señor que ya había aprendido las lecciones que se me habían enseñado y que no era necesario tener que soportar más sufrimiento. Tales súplicas me dieron la impresión de ser en vano, ya que pude ver muy claro que tendría que soportar ese proceso purificador de probación en el tiempo y a la manera del Señor. Una cosa es enseñar «hágase tu voluntad», y otra cosa es vivirla. Aprendí también que no se me dejaría solo para afrontar esas pruebas y tribulaciones, porque los ángeles guardianes me atenderían. Hubo quienes fueron casi como ángeles en forma de médicos, enfermeras y, sobre todo, mi querida compañera, Mary. Y a veces, cuando el Señor así lo deseaba, yo había de recibir consuelo por medio de la visita de huestes celestiales que brindaron consuelo y confirmaciones espirituales en los momentos de necesidad.
Aun cuando mi sufrimiento no se puede comparar a la agonía que padeció el Salvador en Getsemaní, obtuve una mejor comprensión de Su expiación y de Su sufrimiento. En medio de Su agonía, pidió a Su Padre: «. . .si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26:39). Su Padre Celestial envió a un ángel para fortalecerle y consolarle en Su hora de necesidad (véase Lucas 22:43).
Jesús escogió no ser liberado de este mundo hasta que hubiese perseverado hasta el fin y terminado la misión que había sido enviado a cumplir por la humanidad. En la cruz del Calvario, Jesús encomendó Su Espíritu a Su Padre con una sencilla aseveración: «Consumado es» (Juan 19:30). Habiendo perseverado hasta el fin, se le liberó de la vida terrenal. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2000 Una gran familia en reverencia y adoración
Presidente Gordon B. Hinckley
«Pronunciamos palabras de testimonio acerca de Dios nuestro Padre Eterno y de Su Amado Hijo».
Mis hermanos y hermanas, ¡qué ocasión tan maravillosa! Que yo sepa, no hay nada que se le compare en todo el mundo. Nos encontramos reunidos esta mañana como una gran familia en reverencia y adoración hacia el Señor nuestro Dios. Somos todos de una sola fe y una doctrina. Pronunciamos palabras de testimonio acerca de Dios nuestro Padre Eterno y de Su Amado Hijo. Con convicción y certeza declaramos que en esta última dispensación ellos han restaurado La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
A las grandes voces de la radio, la televisión y el cable se une ahora Internet para llevar nuestras palabras literalmente hasta los extremos de la tierra. Nuestra señal llegará vía satélite a las congregaciones, grandes y pequeñas, que se encuentran en los centros de reuniones diseminados por el mundo. Y los santos de toda la tierra verán en sus hogares los procedimientos de esta gran conferencia vía Internet.
Los obreros han trabajado larga y arduamente en preparación para esta gran ocasión. Agradecemos a cada uno de ellos su devoto servicio. Mañana dedicaremos este magnífico Centro de Conferencias y otras instalaciones. Para entonces, se habrá escrito un importante capítulo en la historia de nuestra gente.
Damos la bienvenida a cada uno de ustedes, dondequiera que se encuentren. Ruego que todos sintamos la inspiración del Santo Espíritu al reunirnos juntos en adoración solemne, es mi humilde oración. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
“Les prometo, amadas hermanitas, que si viven las normas de dignidad personal del programa de las Mujeres Jóvenes, tendrán gran felicidad y gozo sin fin”.
Es un placer para mí estar en su presencia, jovencitas, líderes y todos los demás. Esta noche tenemos el honor especial de contar con la presencia del presidente Gordon B. Hinckley, del presidente Thomas S. Monson y de otras Autoridades Generales. Felicito a las hermanas Nadauld, Thomas y Larsen por sus excelentes mensajes. La música a cargo de este coro de mujeres jóvenes ha sido excelente. Agradecemos a todos los que participaron en el video y a los cientos de personas que han escrito a la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes acerca de la forma en que pueden ser testigos de Dios en todo tiempo y en todo lugar.
Las muchas Abejitas y Dammitas que se encuentran en la congregación me hacen recordar esta pequeña anécdota escrita por una hermana que se preparaba para una actividad de las Mujeres Jóvenes. Ella dijo: “Mi hija de cinco años me preguntó cuántas ‘colmenitas’ tenía. Después de conversar un poco con ella, llegué a la conclusión de que se refería a las Abejitas. Conté a las jóvenes que eran Abejitas y le dije cuántas eran. Ella había hecho un avioncito de papel para cada una de ellas, y enseguida contó la cantidad correcta de aviones.
“Cuando terminó de contar, aún le quedaban unos cuantos aviones, y después de pensarlo un momento, preguntó: ‘¿Cuántas damanitas tienes?’ “ 1.
Hace muchos años, durante la época de Heber J. Grant, la Primera Presidencia escribió:
“El verdadero espíritu de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días da a la mujer el más alto lugar de honor en la vida humana. A fin de mantener y merecer ese alto honor, debe poseer las virtudes que siempre han exigido y siempre exigirán el respeto y el amor del género humano. . . [porque] ‘una mujer hermosa y casta es la obra perfecta de Dios’ “ 2 . El hecho de que las mujeres jóvenes ocupen el más alto lugar de honor les da la responsabilidad de ser testigos de Dios en todo tiempo y en todo lugar.
El que las mujeres rectas ocupen “el más alto lugar de honor en la vida humana” y que sean “la obra perfecta de Dios” es una de las más grandes bendiciones del género humano. Me encanta escuchar a mi esposa Ruth y a nuestras hijas decir: “Qué bueno que soy mujer”. Eso me indica que captan la visión de su destino divino. Espero que ustedes hallen gozo en su papel de mujer durante todas las etapas de su vida.
Al mirar hacia el futuro, es interesante mirar el pasado. En 1916, toda jovencita mayor de 14 años de edad era Abejita hasta que entrara en la Sociedad de Socorro. No había Dammitas ni Laureles. Había 374 posibles requisitos para que una Abejita obtuviera un premio individual. Algunos de ellos eran:
“Por una temporada, cuidar con éxito una colmena de abejas y conocer los hábitos de éstas”. ¡Sería un desafío lograr que no la picaran!
“En un período de seis días, recorrer cuarenta kilómetros en raquetas para andar en la nieve”. Sería difícil hacer eso en Florida.
“Durante dos semanas, mantener la casa libre de moscas y destruir por lo menos 25 moscas al día”.
“En una temporada, sin recibir ayuda ni consejos, cuidar un tiro de caballos y ponerle los arreos por lo menos cinco veces y pasearlo 80 kilómetros”. Una vez, cuando yo era niño y andaba descalzo, le estaba poniendo los arreos a un caballo y me pisó un dedo.
El último que quisiera mencionar es: “Desmalezar un cuarto de hectárea” 3 . Yo he ayudado a desmalezar, y puede ser una tarea calurosa y miserable, porque hay que quemar la maleza, pero a mí me agrada el olor del humo.
En 1916, los desafíos de la vida tenían un enfoque totalmente diferente, como matar moscas, desmalezar y aprender a ponerle los arreos a un caballo. Hoy día se satisfacen esas necesidades físicas con mucha más facilidad: se oprime un interruptor para controlar la luz y se ajusta el termostato para el frío y el calor. Las conveniencias modernas nos dan más tiempo libre para enfocar la atención en las necesidades espirituales y dedicar más tiempo al servicio personal, pero el elemento básico que nunca debe cambiar en la vida de una mujer joven recta es servir a los demás. Su papel divino de cuidar a otros ayuda a las mujeres nobles a obtener ese “más alto lugar de honor en la vida humana”.El servicio a los demás puede comenzar casi a cualquier edad, y a menudo el más grande servicio es el que se realiza en forma personal. No tiene que ser a grande escala, y es más noble dentro de la familia.
He leído de nuevo los requisitos actuales del progreso personal. Son elevadas normas e indican la excelente dirección que ustedes, hermanitas, reciben de sus líderes. Les prometo, amadas hermanitas, que si viven las normas de dignidad personal del programa de las Mujeres Jóvenes, tendrán gran felicidad y gozo sin fin.
En la película “Mi Bella Dama”, el profesor Higgins hace la pregunta: “¿Por qué no puede la mujer parecerse más al hombre?” .Qué error tan grande sería. Son ilimitadas las oportunidades que ustedes tienen en el mundo de hoy. El reconocimiento de los dones especiales de las mujeres ha demorado en llegar. La publicación Woman’s Exponent de 1872 informó que algunas personas que deseaban mejorar la situación de las mujeres “son tan radicales en sus teorías extremas que quieren ponerla en antagonismo con el hombre y asumir para ella una existencia separada y opuesta a la de él, y a fin de demostrar lo totalmente independiente que ella debería ser, quieren que adopte los rasgos de carácter más censurables del hombre, los cuales deben desecharse o mejorarse en lugar de que las mujeres los imiten” 4 .
Me pregunto si ustedes, hermanas, comprenden plenamente la grandeza de sus dones y talentos y cómo todas pueden alcanzar el “más alto lugar de honor” en la Iglesia y en el mundo. Uno de los dones singulares, preciosos y sublimes que ustedes poseen es su femineidad, con su gracia, bondad y divinidad naturales. La femineidad no es sólo el lápiz labial, los peinados elegantes y la ropa de moda, sino que es el adorno divino del género humano, que se expresa en las cualidades que ustedes tienen para amar, su espiritualidad, delicadeza, resplandor, sensibilidad, creatividad, encanto, refinamiento, ternura, dignidad y serena fortaleza. Se manifiesta en forma diferente en cada jovencita o mujer, pero todas ustedes la poseen. La femineidad es parte de su belleza interior.
Uno de los dones especiales que ustedes poseen es la intuición femenina. No se limiten. Al esforzarse por conocer la voluntad de nuestro Padre Celestial en la vida y llegar a ser más espirituales, serán mucho más atractivas e incluso irresistibles. Pueden aprovechar su encanto sonriente para bendecir a las personas a las que aman y a todos los que conozcan, y para difundir gran gozo. La femineidad es parte de la divinidad que Dios ha dado a cada una de ustedes. Es su incomparable poder e influencia para hacer el bien. Mediante el uso de sus dones divinos, ustedes pueden ser una bendición para niños, mujeres y hombres. Siéntanse orgullosas de ser mujeres; realcen ese don y utilícenlo para servir a los demás.
Lamentablemente, en la sociedad de hoy vemos algunos ejemplos muy malos de lo que es la mujer. Cuando cambiamos el canal de televisión en busca de algo inspirador, vemos mujeres que participan en el boxeo y en la lucha libre. Yo creo que las mujeres de nuestra época tienen que ser fuertes, pero no en ese sentido. En mi opinión, esas actividades degradan la nobleza del ser mujer. Las mujeres jóvenes deben ser fuertes en la rectitud, y, citando el lema actual, “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” 5 .
Permítanme hablarles de una mujer joven que ha demostrado asombrosa fortaleza al enfrentar una gran tragedia. El 17 de abril de 1999, una camioneta chocó de lado contra un automóvil y lesionó severamente a Emily Jensen, de dieciséis años de edad. Ella sufrió una fractura craneal; estuvo en coma tres meses y seis en el hospital. Ha tenido que volver a aprender todo como si hubiera vuelto a nacer. Habría sido fácil darse por vencida, pero ni siquiera lo contempló. Se esfuerza tanto por recuperarse que todos los días recorre el equivalente de un maratón de cuarenta y dos kilómetros. Su fe, valor y perseverancia han fortalecido y motivado a muchos pacientes del hospital.
Emily sigue esforzándose por recuperar el habla; sin embargo, sin temor pregunta a enfermeras, técnicos y terapeutas: “¿Eres mormón?”.Si contestan que no, les dice con frases embrolladas: “Deberías ser mormón. Lee el Libro de Mormón”.Emily le dictó a su mamá lo que quería que escribiera en cinco ejemplares del Libro de Mormón que regaló a un doctor, a tres terapeutas y a un técnico antes de salir del hospital.
Emily quería mucho a una experta técnica que se encontraba totalmente inactiva en la Iglesia. Oraron juntas en el cuarto de Emily en el hospital. En lenguaje que era difícil de entender, pero con un espíritu fuerte y claro, Emily le dijo que debía regresar a la Iglesia. Esa mujer después le escribió a Emily: “Quiero darte las gracias por el Libro de Mormón que me regalaste. Lloré cuando leí lo que habías escrito. Sé que algún día amaré este libro tanto como lo amas tú”.
Recientemente, Emily se sintió feliz cuando los estudiantes de la escuela secundaria Skyline, en Salt Lake City, Utah, la escogieron como reina del baile anual como reconocimiento a su extraordinario valor. Sus compañeros se pusieron de pie y la vitorearon cuando con dificultades pasó al escenario de un auditorio lleno de estudiantes, apoyándose en el brazo del presidente de la sociedad de alumnos. Aunque Emily va a la terapia todos los días, su vida aún se destaca por su identidad espiritual, su bondad, su amabilidad con los demás y su fuerte testimonio 6 .
Nos preguntamos cuáles serán los requisitos en el año 2016 para recibir los premios de progreso personal de las Mujeres Jóvenes. Esperamos que los valores y las normas de las Mujeres Jóvenes se centren cada vez más en la espiritualidad y en el servicio a los demás. En el futuro, así como en el pasado, las mujeres encontrarán felicidad y satisfacción al responder a los sentimientos más profundos de su alma. Como dijo Ralph Waldo Emerson: “Lo que dejamos atrás y lo que está ante nosotros es insignificante, si se compara con lo que llevamos en nuestro interior”.Todos tendremos paz en el corazón y el conocimiento de nuestra verdadera identidad cuando sepamos, como dijo Tevye en Violinista en el tejado, “quiénes somos y lo que Dios espera que seamos”.
Ustedes, mujeres jóvenes, deben tener metas personales además de las excelentes metas del programa de las Mujeres Jóvenes. Entre otras, esas metas deben incluir la preparación académica y el desarrollo de aptitudes. Una madre joven a la que amo dijo recientemente a un grupo de mujeres jóvenes que las metas deben coincidir con el gozo de ser mujer. Pero, dijo ella, las metas no deben ser tan rígidas e inflexibles que les impidan escuchar los susurros del Espíritu. Mantengan el corazón y la mente receptivos para conocer la voluntad absoluta del Señor para con ustedes.
El ser testigos significa muchas cosas. Tiene que ver con la forma de actuar, de hablar y de vestir. Cuando consideren a un joven como compañero, conviene que sigan el consejo que dio el presidente David O. McKay hace algunos años: “Él nunca debe tratar de aprovecharse de ti. Si demuestra cualquier tendencia a usarte como un objeto útil o como medio de placer, puedes estar segura de que no le motiva el amor” 7 . Es muy natural que los hombres y las mujeres jóvenes se sientan atraídos unos a otros, pero deben sentir atracción a la manera de Dios y no en forma cuestionable, como el vestir inmodestamente. Entre los atractivos que Dios les dio están su encanto, belleza, decencia y bondad naturales.
Cuando los poseedores del sacerdocio que son fuertes ven a una joven vestida en forma inmodesta, la mayoría no querrá salir con ella porque demuestra que sus normas no van de acuerdo con la perspectiva eterna de ellos. La falta de modestia de las mujeres degrada su imagen, causa bochorno y la pérdida del respeto. No es probable que les ayude a conseguir a un joven digno y honorable que desee casarse con una joven recta en el templo. Ustedes, jovencitas, quizás tengan problemas para encontrar un vestido de fiesta modesto. ¿Les puedo sugerir que lo confeccionen ustedes mismas? Tal vez necesiten ayuda, pero hay mucha ayuda disponible.
Mis queridas hermanitas, su futuro es brillante; puede exceder sus más caros sueños y expectativas. No todo lo que suceda en su vida saldrá tal como ustedes lo hayan planeado o esperado, pero si viven de tal manera que puedan conocer la voluntad del Señor, tendrán paz en el alma y gran felicidad. Serán contadas entre las que disfrutan del “más alto lugar de honor en la vida humana”.
Ruego que el Señor bendiga a cada una de ustedes para que llegue a conocer su valor individual y comprenda por qué “una mujer hermosa y casta es la obra perfecta de Dios”, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
Traci Rane, “On the Bright Side”, Church News, 30 de enero de 1999.
Improvement Era, mayo de 1935, pág. 276.
Martha A. Tingey, Hand Book for the Bee-Hive Girls of the Y.L.M.I.A. (1916), 36–46.
Woman’s Exponent, 15 de julio de 1972, pág. 29.
Mosíah 18:9.
Carta de Terri F. Jensen, 14 de febrero de 2000.
David O. McKay, Gospel Ideals, 1953, págs. 459–460.
Conferencia General Abril 2000 Sé testigo
Margaret D. Nadauld
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes
“Ustedes tienen todo lo que necesitan para levantarse fuertes, firmes y fieles porque el Señor está de parte de ustedes”.
Whitney es una jovencita muy inteligente de catorce años que se unió a la Iglesia hace aproximadamente un año. Fue una experiencia especial observar al equipo de fútbol de niñas que estaba presente para su bautismo. Se habían apoyado mutuamente muchas veces. Así sucede con los equipos, y este equipo en particular era uno de los mejores, en el fútbol y en la vida. Cada una de las niñas era una Abejita, dando el ejemplo y siendo testigo de bondad, incluso en el campo de juego. A Whitney le gustaba ser parte de eso, ya que la hacía sentir bien.
Después de su bautismo, Whitney se quedó de pie ante nosotros con su amiga Elizabeth. Sus rostros brillaban, sus ojos resplandecían y sus sonrisas eran sinceras mientras repetían estas palabras que se habían aprendido de memoria: “Somos hijas de un Padre Celestial que nos ama y nosotras lo amamos a Él. Seremos ‘testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar’ “. Whitney ya se había memorizado todo el lema de las Mujeres Jóvenes. De hecho, fue por motivo de que las amigas de Whitney fueron testigos que todas estuvimos allí en ese día memorable para darle la bienvenida a una hermosa hija de Dios a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
¿Qué significa ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar?
Primero que todo, al ser testigos en todo tiempo, prometemos amar y honrar al Señor todo el tiempo –de día y de noche, en verano y en invierno, en los buenos momentos y también en los malos–, amar al Señor y demostrar ese amor por la manera como vivimos. También dedicamos tiempo para darle las gracias, dedicamos tiempo para pedir ayuda, tomamos tiempo para buscar Su guía y luego tomamos tiempo para escuchar esa voz apacible y delicada que nos susurrará, nos ayudará y nos dará valor. Permítanme ilustrar esto:
Anya vive en Rusia. Cuando sólo tenía catorce años de edad, los misioneros comenzaron a enseñarle el Evangelio. Un día en su clase de la escuela, la maestra empezó a decir cosas falsas acerca de la Iglesia y del Libro de Mormón. No había Santos de los Últimos Días en la escuela para defenderla; pero la pequeña Anya, que ni siquiera era miembro, sino sólo una investigadora de la Iglesia, sabía que lo que la maestra estaba diciendo era incorrecto. Ella se puso de pie delante de toda la clase y defendió el Libro de Mormón y la Iglesia. ¡Qué valor! Les dijo que lo que estaban diciendo no era cierto y que ella sabía que el Libro de Mormón es verdadero y que si alguien quería saber la verdad por sí mismo, ella le invitaba a leerlo como ella lo había hecho. Después, Anya se fue a casa y les dijo a los misioneros que estaba lista para ser bautizada. Me encanta el valor que tuvo Anya para ser testigo en un momento importante.
El ser testigos en todas las cosas significa todas las cosas: cosas importantes, cosas insignificantes, en todas las conversaciones y en todas las bromas, en los juegos, en los libros que se leen y en la música que se escucha. En las causas que se apoyan, en el servicio que se brinda, en la ropa que se usa y en los amigos que se hacen.
Kendra, una Laurel, dice:
“Nunca pensé que estaba dando un ejemplo o que ‘era testigo’ cuando escogía hacer lo correcto. Simplemente estaba tratando de ser digna de recibir todas las bendiciones que nuestro Padre Celestial me ha prometido”.
El ser testigos en todas las cosas significa: ser bondadosas en todas las cosas, ser las primeras en saludar, las primeras en sonreír, las primeras en integrar a las personas nuevas; las primeras en ser atentas, en pensar en los sentimientos de los demás y en incluir a los demás. Seguir leyendo →
Carol B. Thomas
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes
“La integridad las hace más virtuosas y más completas”.
Es emocionante reunirme con ustedes esta noche al pasar por el umbral de este nuevo milenio; es una época sagrada en la cual estar con vida. Ya sea que ustedes tengan 12, 15 o 17 años, lo que hagan ahora es realmente importante mientras se preparan para los futuros papeles que habrán de desempeñar en calidad de mujeres, de madres y de edificadoras del reino.
Recuerdo un verano, cuando yo tenía 16 años, en que estaba sentada escribiendo en mi diario sobre todas las cualidades que deseaba en mi futuro esposo: que tuviera un testimonio, que fuera apuesto, que tuviera un buen sentido del humor, dinero y educación. Consideré que todas ésas eran buenas cualidades. Pero cuando mi hija mayor, Becky, tenía 16 años, me preguntó: “¿Cuál es la cualidad más importante que hay que buscar en un esposo?”.A esas alturas yo ya había estado casada durante muchos años, y sabía la respuesta a esa pregunta. Considero que la cualidad más importante que podemos poseer es la integridad. ¡Cuánto aprecio el valor de la integridad!
¿Qué es este principio tan importante? Integridad significa hacer lo que uno dice que hará; cumplir con las promesas que se haga a uno mismo. El programa de las Mujeres Jóvenes define así la integridad: “Tendré el valor moral de hacer que mis acciones estén de acuerdo con el discernimiento que tengo del bien y del mal”.
“Es fácil reconocer. . . a una persona que tenga integridad; es honrada; hace lo correcto cuando nadie la está mirando; cumple con su palabra y sabe guardar nuestras confidencias; paga sus deudas y limpia lo que ensucia; asume la responsabilidad de sus propios actos” (”The Wholeness of Integrity”, Church News, 26 de junio de 1999, pág. 16).
Cada uno viene a este mundo con diferentes niveles de integridad. ¿Se han preguntado alguna vez qué cualidades reunía Jesús para que se le diera el papel de Salvador del mundo? Él fue el Primogénito del Padre, elegido desde el principio, pero, ¿qué fue lo que en verdad lo hizo perfecto? Fue Su total dedicación y deseo de complacer a nuestro Padre Celestial. El Salvador tenía la capacidad de pecar, pero Su deseo por la “honradez fue una armadura contra la tentación” (James E. Talmage, Jesús el Cristo, pág. 141). El Salvador dijo: “. . .yo hago siempre lo que le agrada [al Padre]” (Juan 8:29). Sabemos que, durante Su vida, Él siempre tomó las decisiones correctas. Tuvo el valor moral de hacer que Sus acciones estuvieran de acuerdo con Su conocimiento del bien y del mal.
El presidente Hinckley ha dicho: “En todo este mundo no hay substituto para la integridad personal. Ésta incluye el honor; incluye las acciones; incluye el cumplir con nuestra palabra; incluye el hacer lo correcto sean cuales fueran las circunstancias” (Teachings of Gordon B. Hinckley, 1997, pág. 270).
Veamos algunos ejemplos de jovencitas que están aprendiendo a amar la integridad. Han decidido hacer lo justo sean cuales fueran las circunstancias.
Conferencia General Abril 2000 Ser testigos de Dios
Sharon G. Larsen
Segunda consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes
“¿Qué significa ser testigo de Dios? Significa no inclinarse ni ceder ante cosa alguna que sea contraria a la voluntad de Dios”.
Mis queridísimas jovencitas, acaban de expresar de pie y con su propia voz su cometido a su Padre Celestial. ¿Qué pensaban mientras recitaban el lema de las Mujeres Jóvenes? ¿Qué significa para ustedes lo que acaban de decir?
¿Recuerdan la historia de los tres jóvenes que hicieron un cometido así? Vivían en Babilonia, donde la gente no seguía al Señor. Esos jóvenes, Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron testigos de Dios haciendo peligrar sus vidas. Vivían bajo el reinado del rey Nabucodonosor y se había decretado que cierto día en cuanto comenzase el son de la música, todos los del reino debían postrarse y adorar la estatua de oro de unos veintisiete metros de altura y de forma humana que representaba al rey. El que se negara a hacerlo sería echado en un horno de fuego ardiendo. Debe de haber habido miles de personas en Babilonia aquel día para la celebración de la dedicación de aquel espectacular ídolo de oro.
Al comenzar la música y anunciar el pregonero que todos se arrodillasen, todos obedecieron; ello es, todos, menos esos valerosos hebreos, pues se negaron a insultar a su Dios. ¿Se imaginan la valentía de esos jóvenes? Ninguna amenaza del rey los disuadió. Con fe en su Dios, se quedaron juntos y oraron mientras los ataban y los transportaban para quemarlos. Tan caliente estaba el horno que el fuego mató a los que los lanzaron en él. El rey Nabucodonosor se quedó a presenciar la muerte de los tres desobedientes. Mirando el fuego, preguntó a los de su consejo: “¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego?”.Y ellos le aseguraron que lo habían hecho. Sin poder creer lo que veía, el perplejo rey dijo: “He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego [y lo más desconcertante] sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses” (véase Daniel 3:24–25).
Entonces Nabucodonosor dijo a los hebreos que salieran del horno y los llamó siervos del Dios Altísimo. Y decretó otro edicto para proteger a Sadrac, a Mesac y a Abed-nego (véase Daniel 3:26–30).
¿Qué significa ser testigo de Dios? Significa no inclinarse ni ceder ante cosa alguna que sea contraria a la voluntad de Dios. Significa que defenderemos lo recto aunque tengamos temor. Significa que escucharemos y seguiremos la voz apacible y delicada del Espíritu Santo.
Echemos una mirada a una versión actual de otro heroico mensaje de la Biblia.
Una joven “descendía” de la sala de los armarios al comedor y cayó en manos de ladrones, los cuales la despojaron de su confianza y de su propia estimación al oír que otros se reían de ella por la forma en que se vestía, los cuales pasaron de largo, dejándola sola y sin amigos. Aconteció que descendió una joven por aquel camino vestida de ropas finas y, viéndola, pasó de largo.
Asimismo, una chica de las más populares, llegando cerca del lugar donde la primera estaba, viéndola, también pasó de largo sin hablarle.
Pero una joven que iba de camino por donde ella estaba, viéndola, fue movida a misericordia y acercándose, vendó sus heridas al decirle: “¿Quisieras almorzar conmigo?” (Adaptación de la parábola “El buen samaritano”, por la autora. Véase Lucas 10:30–37).
Al examinar más detenidamente esta conocida parábola, ¿por qué las otras jóvenes no se detuvieron a prestar ayuda? ¿Estamos tan inmersas en nuestros propios problemas que no advertimos que los demás también tienen los suyos? ¿Juzgamos a la joven necesitada al pensar que es de una clase social inferior y preocuparnos por lo que pensarían los chicos más populares si nos detuviésemos a ayudarla? Quizás el chico más apuesto de la escuela te espera para entrar contigo a clase y tú ¡no podrías hacerle esperar! Seguir leyendo →