Una época de nuevos comienzos

Conferencia General Abril 2000
Una época de nuevos comienzos
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“Dediquemos un poco de tiempo a meditar, a pensar en lo que podamos hacer para mejorar nuestra vida y ser mejores ejemplos de lo que debe ser un Santo de los Últimos Días”.

Sin duda ya se sienten más bien cansados de escucharme, pero haré lo mejor que pueda.

¡Ésta ha sido una magnífica conferencia, mis hermanos y hermanas! Nos hemos regocijado con todo lo que ha tenido lugar. Los oradores han sido inspirados, cada uno de ellos. La música ha sido espléndida y las oraciones hermosas y conmovedoras. Hemos sido edificados en todos los aspectos al haber participado juntos.

Había una popular pieza musical cuando yo era joven, que comenzaba diciendo: “La canción ha terminado, pero la melodía sigue vibrando” 1.

Ruego que así sea en lo que respecta a esta conferencia. Confío en que cuando nos vayamos tengamos agradables recuerdos y gratas remembranzas de esta gran ocasión.

Al regresar a nuestros hogares, vayamos con acción de gracias en el corazón. Hemos tomado parte en ésta la conferencia general número 170 de la Iglesia y, para ello, nos hemos reunido por primera vez en este impresionante nuevo edificio. Hemos estado aquí el 1 y el 2 de abril del año 2000, el comienzo de un nuevo siglo y de un gran nuevo milenio. Hay algo extraordinariamente importante acerca de todo esto. Es una época de nuevos comienzos.

Espero que cada uno de nosotros recuerde durante largo tiempo lo que ha oído, pero lo que es más importante, los sentimientos que ha experimentado. Ruego que esto constituya un áncora en nuestras vidas, una guía por la cual vivir, unos días de instrucción en los que hayamos aprendido a dar forma a nuestras acciones para con los demás y a nuestras actitudes para con nosotros mismos.

Suplico que las sensaciones experimentadas en esta conferencia se hagan sentir en nuestros hogares.

Confío en que cada uno de nosotros sea un mejor marido o una mejor esposa, más bondadosos el uno con el otro, más considerados, más moderados a la hora de criticar y más generosos al hacer cumplidos. Deseo que como padres y madres nos esforcemos con mayor ahínco por criar a nuestros hijos “en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4), tratándolos con respeto y con cariño, infundiéndoles aliento en toda oportunidad y dominando nuestras observaciones de crítica. Espero que como hijos e hijas seamos más respetuosos de lo que hayamos sido, que consideremos a nuestros padres con el conocimiento de que ellos nos quieren y que intentemos ser más obedientes al seguir sus consejos.

Como Santos de los Últimos Días, tendamos una mano de amistad a los que no sean de nuestra fe. No actuemos nunca jamás con espíritu de arrogancia ni con una actitud de superioridad moral, sino que exterioricemos afecto, respeto y amabilidad hacia ellos. Somos sumamente incomprendidos, y me temo que gran parte de ello se deba a nuestra propia culpa. Podemos ser más tolerantes, más afables, más amistosos, mejores ejemplos de lo que hemos sido en el pasado. Enseñemos a nuestros hijos a tratar a los demás con amistad, con respeto, con afecto y con admiración. Eso surtirá un resultado mucho más satisfactorio que el de una actitud egotista y arrogante.

Estudiemos las vías del Señor, leyendo Su vida y Sus enseñanzas en las sagradas Escrituras que Él nos ha dado. Dediquemos un poco de tiempo a meditar, a pensar en lo que podamos hacer para mejorar nuestra vida y ser mejores ejemplos de lo que debe ser un Santo de los Últimos Días.

Extendamos la mano al mundo en nuestro servicio misional, enseñando a todos los que deseen escuchar acerca de la restauración del Evangelio, hablando sin temor, pero también sin pretensiones de superioridad mística, de la Primera Visión, testificando del Libro de Mormón y de la restauración del sacerdocio. Pongámonos, hermanos y hermanas, de rodillas y supliquemos hallar la oportunidad de llevar a otras personas al regocijo del Evangelio.

Ahora, para terminar, quisiera informarles muy brevemente de los templos. A partir de hoy, tenemos 76 de ellos en funcionamiento, lo cual es un número mucho mayor del que teníamos hace unos pocos años. Dedicaremos el templo de Palmyra el jueves que viene. Ésa será una ocasión memorable. El templo está localizado con vista a la Arboleda Sagrada. A continuación, el domingo –el domingo que viene– dedicaremos el Templo de Fresno, California. Tenemos proyectado dedicar 36 templos nuevos en el año 2000. Pienso que lograremos lo que nos propusimos realizar. Un buen número de otros templos que están en construcción o cuya construcción se ha anunciado no se terminarán sino hasta el 2001 o el 2002.

Además, anunciamos en esta conferencia que esperamos construir una casa del Señor en Aba, Nigeria. Hermano Pace, podremos tener una tardanza en Ghana, pero confiamos en que no sea así en Nigeria. Otros templos se construirán en Asunción, Paraguay; en Helsinki, Finlandia; Lubbock, Texas; Snowflake, Arizona, y en algún lugar de la región de las tres ciudades del estado de Washington.

Y así seguiremos adelante con el procedimiento de poner templos al alcance de las personas.

Hemos pasado por un portentoso vuelo de prueba, por decirlo de alguna manera. Este edificio se ha llenado por completo. No veo un solo asiento desocupado. ¡Es un milagro! Es un prodigio y una maravilla, por lo cual damos gracias al Señor de todo corazón.

Dejo con ustedes mi amor y mi bendición, y mi testimonio de esta divina obra. Dios, nuestro Padre Eterno, vive. Ustedes lo saben y yo lo sé. Su Hijo Amado, el resucitado Redentor del mundo, está al lado del Padre. Ustedes también saben eso al igual que yo. Ellos aparecieron al profeta José Smith para dar comienzo a esta obra maravillosa. ¡Qué afortunados somos de formar parte de ella! Seamos un poco mejores y dejemos que la nobleza del buen proceder irradie de nosotros, ruego, humildemente, en el nombre de Él, que es nuestro gran Redentor, sí, el Señor Jesucristo. Amén.

Que Dios les bendiga, mis amados amigos, mis hermanos, mis hermanas, mis colaboradores, en esta extraordinaria y santa obra. Gracias.

Nota

  1. Irving Berlin, “The Song Is Ended (but the Melody Lingers On)”, 1927.
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La Creación

Conferencia General Abril 2000

La Creación

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“En su magnificencia, el planeta Tierra es parte de algo aún más grandioso: es parte del gran plan de Dios. Abreviando, la tierra se creó para que las familias fuesen”.

Durante mucho tiempo recordaremos esta inspiradora conferencia en el nuevo Centro de Conferencias. No hace mucho, sólo había un hoyo profundo en el sitio donde se encuentra este edificio, y hemos observado su construcción con interés y asombro.

El proceso de la construcción es algo que realmente me conmueve, ya que, desde el diseño hasta su finalización, todo proyecto de construcción importante refleja la obra del Maestro Creador. De hecho, la Creación del planeta Tierra y de la vida en él es la base de toda aptitud creativa. Todo lo que el hombre crea es posible sólo gracias a nuestro divino Creador. La gente que diseña y construye recibe vida y capacidad del Creador; y todos los materiales que se utilizan en la construcción de un edificio son, después de todo, derivados de los ricos recursos de la tierra. El Señor declaró: “. . .la tierra está llena, y hay suficiente y de sobra; sí, yo preparé todas las cosas” 1.

Es difícil para la mente mortal comprender la majestuosidad de la Creación. Es mucho más fácil para nosotros pensar en cosas buenas para comer o en cosas divertidas para hacer. No obstante, me gustaría que hiciéramos un esfuerzo mental a fin de pensar en cosas que sean más difíciles de alcanzar. La creación del hombre y de la mujer fue algo maravilloso y extraordinario 2, del mismo modo que lo fue la creación de la tierra como el lugar de su morada mortal.

Toda la Creación fue planeada por Dios. Se convocó en el cielo un concilio en el cual nosotros participamos 3 . Allí, nuestro Padre Celestial anunció Su divino plan 4 , al cual también se le llama el plan de felicidad 5 , el plan de salvación 6 , el plan de redención 7 , el plan de la restauración 8 , el plan de la misericordia 9 , el plan de redención 10 y el evangelio eterno 11 . La finalidad del plan es proporcionar a los hijos espirituales de Dios la oportunidad de progresar hasta alcanzar una exaltación eterna.

Los componentes del plan
El plan requería la Creación, lo que, a su vez, requirió la Caída y la Expiación. Éstos son los tres componentes fundamentales del plan. La creación de un planeta paradisíaco provino de Dios 12 ; la mortalidad y la muerte llegaron al mundo como consecuencia de la caída de Adán 13 , y la inmortalidad y la posibilidad de la vida eterna las suministró el sacrificio expiatorio de Jesucristo 14 . La Creación, la Caída y la Expiación se planearon mucho antes de que se comenzara en sí la obra de la Creación.

Un día, mientras visitaba el Museo Británico, en Londres, leí un libro sumamente inusual; no era un libro de Escrituras, sino que se trataba de una traducción de un antiguo manuscrito egipcio, del que paso a citar un diálogo entre el Padre y el Hijo. Refiriéndose a Su Padre, Jehová, el Señor premortal, decía:

“Tomó arcilla de las manos del ángel e hizo a Adán a Nuestra imagen y semejanza, y lo dejó recostado durante cuarenta días y cuarenta noches sin poner aliento de vida en él. Y cada día suspiraba junto a él, diciendo: ‘Si pongo aliento de vida en este [hombre], deberá sufrir mucho dolor’. Y yo dije a Mi Padre: ‘Pon aliento en él; yo seré su abogado’. Y Mi Padre me dijo: ‘Si pongo aliento en él, Mi Hijo amado, te verás obligado a descender al mundo y sufrir mucho dolor por él antes de que lo hayas redimido y le hagas volver a su primer estado’. Y yo dije a Mi Padre: ‘Pon aliento en él; yo seré su abogado y descenderé al mundo y cumpliré Tu mandato’ “ 15.

Aunque esta cita no es de las Escrituras, confirma las que enseñan del profundo y compasivo amor del Padre por el Hijo y del Hijo por nosotros, testificando que Jesús se ofreció voluntariamente para ser nuestro Salvador y Redentor 16.

El Señor Dios declaró: “. . .ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre 17. Él, que bajo la dirección del Padre había creado la tierra, más tarde vino a la vida terrenal para hacer la voluntad de Su Padre 18 y para cumplir con todas las profecías de la Expiación 19 , la cual redimiría a toda alma de los castigos de la transgresión personal, bajo las condiciones que Él estableció 20 .

Las fases de la creación
Toda fase de la Creación fue bien planeada antes de que se llevara a efecto. Las Escrituras nos dicen que Dios el Señor creó todas las cosas. . . “espiritualmente. . . antes que existiesen físicamente sobre la faz de la tierra” 21. Seguir leyendo

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Una breve introducción a la Iglesia

Conferencia General Abril 2000
Una breve introducción a la Iglesia
Élder John B. Dickson
De los Setenta

John B. Dickson

“Declaramos que la gran restauración de que hablaron los profetas antiguos comenzó en 1820, cuando el Señor llamó a un joven de nombre José Smith para restablecer la Iglesia”.

Es emocionante estar hoy con ustedes en este hermoso Centro de Conferencias. Me gustaría dar una breve sinopsis de algunas de nuestras creencias para aquellos que estén aprendiendo sobre la Iglesia.

La situación de muchos de ustedes puede ser como la de mi fallecido suegro, Robert E. Jones, quien se unió a la Iglesia en 1960, y fue criado en un magnífico hogar cristiano, donde la lectura de la Biblia y la observancia de principios cristianos eran parte de la vida familiar. De su madre aprendió muchas verdades, incluso la importancia de tener fe en Jesucristo y de seguir Su ejemplo.

Al investigar La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días pudo mantener las verdades que previamente había adquirido y, a la vez, disfrutó de un rico tesoro de conocimiento adicional. Quisiera mencionar diez puntos que él entendió, y que les ayudarán a ustedes.

1. Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo tienen un plan de felicidad para toda la familia humana.
Proclamamos que verdaderamente hay un Dios en los cielos y que la familia humana vivió con Él en la existencia premortal. Somos hijos de Dios, Él nos ama y ha preparado un plan en el que, gracias a Su Hijo Jesucristo, disfrutaremos de bendiciones más allá de esta vida terrenal; bendiciones que incluyen la inmortal y gloriosa resurrección del cuerpo para toda la humanidad, y la oportunidad de regresar a la presencia de nuestro Padre Celestial como familias eternas para aquellos que tengan fe en Jesucristo y sean obedientes a las condiciones de Su Evangelio.

2. Jesucristo organizó Su Iglesia durante Su ministerio terrenal.
La Biblia nos ayuda a entender que Jesús organizó Su Iglesia con apóstoles, profetas, pastores, maestros y otros oficiales que tenían el sacerdocio, que es la autoridad para actuar en el nombre de Dios. La obra de éstos consistía en traer a todos los hombres a una “unidad de la fe” respecto a Jesucristo y Sus enseñanzas (Efesios 4:13).

3. La Iglesia de Cristo y muchas verdades sencillas se perdieron.
Varios profetas de la Biblia declararon que habría una “apostasía”.(2 Tesalonicenses 2:3) del Evangelio verdadero, un tiempo en el que habría “hambre” (Amós 8:11) de la palabra de Dios y “divisiones”.(1 Corintios 11:18) ocasionadas por los “lobos rapaces” (Hechos 20:29) que entrarían y esparcirían el rebaño de la Iglesia. Estas profecías se hicieron realidad cuando en los años siguientes a la crucifixión del Salvador, los Apóstoles fueron muertos y la autoridad para dirigir la Iglesia terminó perdiéndose. Y por muchos siglos, incluyendo el período conocido como la “edad oscura”, la Iglesia de Jesucristo no estuvo sobre la tierra.

4. Se prepararon los corazones de los hombres, así como un lugar, para la restauración del Evangelio.
El oscurantismo terminó y dio lugar a la “Reforma”, en la que hombres y mujeres valientes reconocieron la importancia de incorporar nuevamente a la Iglesia las doctrinas que Jesús había instituido. Estamos agradecidos a los grandes reformadores como Lutero, Wycliff, Wesley, Tyndale y muchos otros que contribuyeron a preparar el camino del diálogo religioso, del estudio de las Escrituras y del deseo que los buenos hombres y mujeres tenían de poder disfrutar de libertad religiosa. Pero su fe, deseo, sacrificio e incluso su martirio no fueron suficientes para restaurar lo que se había perdido.

Los padres fundadores de los Estados Unidos de América fueron inspirados al redactar una constitución que garantiza a todas las personas la libertad religiosa y de otros tipos. La tolerancia religiosa y las actitudes cambiantes contribuyeron a la preparación de un pueblo, mientras que las condiciones creadas bajo la protección de la constitución estadounidense prepararon un lugar en el que podría efectuarse la restauración del Evangelio.

5. Los acontecimientos de los últimos días fueron previstos por los profetas de Dios.
Los profetas del Antiguo Testamento hablaron de los últimos días como de una época en la que todas las ordenanzas y bendiciones del Evangelio estarían al alcance del hombre. Daniel, Jeremías, Joel, Ezequiel, Malaquías y otros profetas de antaño hablaron de los grandes acontecimientos que tendrían lugar en nuestro día. Isaías habló de una obra maravillosa y un prodigio que se llevarían a cabo, refiriéndose a la prometida restauración del Evangelio de Jesucristo (véae Isaías 29:14). El apóstol Pedro habló de una restauración de todas las cosas en los últimos días (véase Hechos 3:21).

6. El Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su plenitud.
Declaramos que la gran restauración de que hablaron los profetas antiguos comenzó en 1820, cuando el Señor llamó a un joven de nombre José Smith para restablecer la Iglesia. La Restauración empezó cuando José, perplejo por la confusión existente en las iglesias de su época, buscó saber qué iglesia era la verdadera. Declaro solemnemente que este joven recibió la visita del Padre y del Hijo en la Arboleda Sagrada del estado de Nueva York, y que se le dijo que no debía unirse a ninguna de las iglesias de ese momento. Allí aprendió que iba a ser un instrumento en las manos de Dios para establecer una vez más la Iglesia de Jesucristo.

Con el tiempo, José recibió el sacerdocio de Dios, dándosele así la autoridad para volver a organizar la Iglesia, la cual existe en la actualidad con apóstoles, profetas y otras personas que tienen la autoridad para administrar las ordenanzas del Evangelio. Desde su organización el 6 de abril de 1830, la Iglesia ha comenzado a llenar toda la tierra, tal y como había predicho el antiguo profeta Daniel (Daniel 2:45). Nos hallamos ahora en el umbral de un crecimiento sin precedentes en el que millones de personas están recibiendo las buenas nuevas y se están uniendo a la Iglesia.

7. Otro testimonio de Cristo ha sido dado a nuestra generación.
En 1827, José Smith recibió unas planchas antiguas de metal de las que tradujo el Libro de Mormón, el cual contiene el relato de los tratos de Dios con Su pueblo de la antigua América y que, junto con la Biblia, es otro testamento de Jesucristo. De sus páginas aprendemos verdades fundamentales sobre la naturaleza de Dios, la misión de Su Hijo y el plan que tiene para Sus hijos.

8. La familia puede ser eterna.
Se ha vuelto a revelar en nuestra época la asombrosa verdad de que “la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos” (”La Familia: Una proclamación al mundo”.y que las familias pueden ser eternas. Se ha vuelto a conferir la autoridad a los hombres por la cual un hombre se puede sellar por toda la eternidad a su esposa, una mujer a su esposo, los padres a sus hijos, y los demás familiares pueden sellarse en unión en los templos sagrados.

Queridos amigos y vecinos, sabemos que ustedes aman a su familia del mismo modo que nosotros amamos a la nuestra, y nos complace compartir estas sagradas verdades con ustedes.

9. Hay personas llamadas por Dios para enseñarles a ustedes.
Hay aproximadamente 60.000 jóvenes y señoritas en todo el mundo que son misioneros, y que han sido llamados a enseñar la doctrina de la Iglesia a las personas que tengan interés. Los misioneros se costean sus propios gastos y por un tiempo se apartan de las cosas del mundo para poder enseñarles a ustedes. Si les invitan, les enseñarán y darán respuesta a sus preguntas.

10. Ustedes pueden saber con certeza que estas cosas son verdaderas.
Existe una solución celestial inspirada que el tiempo se ha encargado de demostrar para conocer la veracidad del Libro de Mormón y otros asuntos, la cual fue declarada por Moroni, el último profeta del Libro de Mormón, que dijo: “Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo;

“y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:4–5).

Mi suegro, yo y millones de otras personas hemos puesto a prueba la declaración y la promesa de Moroni y descubrimos que estas cosas son verdaderas. Sinceramente les prometo que pueden hacer lo que Moroni nos ha indicado y experimentarán el mismo resultado satisfactorio.

Declaro con humildad que Jesús es el Cristo, el Hijo literal de Dios, y que Su Evangelio ha sido restaurado a la tierra en nuestra época para beneficio y bendición de toda la humanidad. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Porque mi Padre me envió

Conferencia General Abril 2000
“Porque mi Padre me envió”
Élder Loren C. Dunn
De los Setenta

Loren C. Dunn

“Un padre se enaltece cuando da un paso hacia adelante y asume su responsabilidad como tal, amando, orando y haciendo siempre lo que pueda por su familia sin darse nunca por vencido”.

La semana pasada me encontraba en un ocupado aeropuerto, cuando en medio de toda esa multitud de personas que se apresuraban a tomar sus respectivos aviones, vi a un padre, de rodillas junto a su hijito, ayudándole a comer un helado de cucurucho, ya que el niño era muy pequeño para sostenerlo por sí mismo. El pequeñito necesitaba ayuda porque vestía un traje de esquiar que, si bien lo mantenía abrigado, le impedía doblar los brazos. Y pensé: ¡Qué buen padre!

No debe haber otra palabra que sea más importante para nosotros que padre o madre, y es sobre la palabra padre que me gustaría hablar. No se trata sólo de cómo ser un buen padre, ya que sobre el tema se ha escrito mucho y se han dado buenos consejos, incluso en esta conferencia. Sobre lo que me gustaría hablar también es acerca de la determinación de ser un buen padre.

La historia del Evangelio de Jesucristo, desde Adán y Eva hasta la actualidad, está estrechamente relacionada con el padre, la madre y la familia. En los pasajes introductivos del Libro de Mormón vemos que el gran profeta Nefi, conforme relata las dificultades y las bendiciones de este día, rinde primero honor a su padre diciendo: “Yo, Nefi, nací de buenos padres y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre; y habiendo conocido muchas aflicciones durante el curso de mi vida, siendo, no obstante, altamente favorecido del Señor todos mis días; sí, habiendo logrado un conocimiento grande de la bondad y los misterios de Dios, escribo, por tanto, la historia de los hechos de mi vida” 1 .

Del mismo modo, Enós veneró a su padre por la preparación que recibió: “He aquí, aconteció que yo, Enós, sabía que mi padre era un varón justo, pues me instruyó en su idioma y también me crió en disciplina y amonestación del Señor –y bendito sea el nombre de mi Dios por ello” 2.

Cuando el profeta José Smith recibió la primera visita del ángel Moroni, se le instruyó que se lo dijera a su padre quien, a su vez, confirmó que era verdad y que José debía seguir las instrucciones de Moroni. Aun tratándose de la restauración del Evangelio, el Señor no separó al hijo de su justo padre.

El Salvador del mundo, al darnos una definición del significado del Evangelio en 3 Nefi, capítulo 27, dijo claramente que Él había venido para ocuparse del plan de salvación y para dar Su vida en beneficio de toda la humanidad porque el Padre lo había enviado. El amor entre el Padre y el Hijo era tan perfecto que el Salvador lo dio como el primer motivo por el cual vino a la mortalidad y sufrió como lo hizo por nosotros en el huerto de Getsemaní y en la cruz.

El Evangelio fue diseñado para enseñarnos lo que debemos hacer como padres y madres, y parecería que cuando las familias están bien constituidas, podemos actuar bien y dar como primer motivo de ello “porque mi padre me envió” 3 o porque un padre indicó el camino a seguir. Seguir leyendo

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El Padre Celestial tiene un plan especial

Conferencia General Abril 2000
El Padre Celestial tiene un plan especial
Élder Yoshihiko Kikuchi
De los Setenta

Yoshihiko Kikuchi

“Sé que nuestro Padre Celestial tiene un plan muy especial para que ustedes y su familia puedan regresar a vivir con Él. Volvamos a casa”.

Hace algunos años, poco antes de la Navidad, asistí a una conferencia de estaca en California. En el vuelo de regreso a Utah, decidí dormir una siesta. Mi asiento estaba cerca del pasillo y, cuando estaban para cerrar la puerta de la cabina, una hermosa dama, de unos 75 años más o menos, se paró junto a mí y me dijo: “¿Me permite pasar, por favor?” Le dije: “Sí señora”. Ese fue el fin de mi siesta. A ella le encantaba hablar.

Tiene usted un amoroso y bondadoso padre celestial
Ella continuó diciendo: “No sé por qué tengo que viajar a un lugar tan frío como Utah para pasar la Navidad con mis nietos. No me agrada para nada dejar mi soleada California”.

Prosiguió, diciendo: “Además, la gente de Utah es muy extraña y rara; se llaman a sí mismos ‘mormones’; mi hija se casó con uno de ellos”.

Fue cuando le dije: “Discúlpeme, pero antes de que siga, quiero decirle que yo soy uno de ellos”.

Entonces dijo: “Perdóneme, no quise decir eso”.

Le dije: “Claro que quiso decirlo, ¿verdad?”.

Seguimos conversando hasta que casi pasábamos por sobre la ciudad de Provo; sabíamos que pronto aterrizaríamos en Salt Lake.

“Patti” (así se llamaba), “usted ha hablado durante casi todo el viaje. Pienso que la he conocido desde la vida preterrenal. Antes de que aterricemos en Salt Lake City, ¿me permite hacerle algunas preguntas?” 1

Le pregunté con cordialidad: 2 “Patti, ¿sabe que puede volver a ver a su fallecido esposo?”

Ella dijo: “¿De veras?”

“Y acerca de su hijo Matt, que falleció siendo un bebé, ¿sabe que también podrá verlo en el futuro?”

Los ojos se le llenaron de lágrimas y la voz le comenzó a temblar. El Espíritu del Señor la había conmovido. Me di cuenta de que ella los extrañaba mucho.

Entonces con espíritu de oración, le pregunté: “Patti, ¿sabe usted que tiene un amoroso y bondadoso Padre Celestial que la ama mucho?”.

Respondió: “¿Sí?”.

“Patti, ¿sabe que su Padre Celestial tiene un plan muy especial para usted, y que su familia puede ser eterna?”

“¿De veras?”, replicó.

“¿Ha oído alguna vez de ese plan?”

“No”, contestó.

Con gran sinceridad le pregunté: “¿Le gustaría saber acerca de él?”.

“Sí, me gustaría”, respondió.

El Espíritu del Señor la había conmovido profundamente. El Señor hace la promesa: “. . .porque [mis escogidos] escuchan mi voz y no endurecen su corazón” 3. Seguir leyendo

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Como palomas en nuestra ventana

Conferencia General Abril 2000

Como palomas en nuestra ventana

Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“Ruego que hagamos con las bendiciones que se nos han concedido tanto como lo que [nuestros antepasados] hicieron en medio de las privaciones que tantos de ellos sufrieron. Deseo que a pesar de esa abundancia, nunca olvidemos al Señor”.


Élder Maxwell, agradecemos a nuestro Padre Celestial la milagrosa prórroga de su ministerio apostólico. Estamos agradecidos por el hecho de que su testimonio haya llegado hasta este hermoso lugar. Le amamos y oramos por usted.

Y, presidente Hinckley, de parte de casi once millones de miembros de esta Iglesia, agradecemos al Señor la extensión de su ministerio. Recuerdo vívidamente el servicio de la palada inicial de este edificio que usted dirigió hace poco menos de tres años. En la oración final que pronunció en ese servicio, el presidente Boyd K. Packer rogó por seguridad durante la construcción, belleza para cuando estuviese terminado, y luego suplicó un favor más de los cielos. Él suplicó, presidente, que a usted se le permitiera ver el panorama que está ante nosotros, presidir en este púlpito y declarar su testimonio desde aquí. Todos damos gracias por tenerle a usted y por la contestación a esa oración.

Éstos son en verdad unos de los días que nuestros antepasados fieles y clarividentes contemplaron en los primeros años de la Restauración. En una conferencia general de la Iglesia celebrada en abril de 1844, las Autoridades Generales recordaron las primeras reuniones de la década de 1830, y uno de ellos dijo: “[Hablamos] del reino de Dios como si tuviéramos el mundo en las manos. Hablamos con gran confianza, de cosas importantes, aunque no éramos muchos [en número]. . . Al mirar no vimos esta [congregación], sino que vimos en visión a la Iglesia de Dios, mil veces mayor [de lo que era entonces], aunque [en aquella ocasión] no éramos suficientes para atender una granja o ayudar a una mujer con un cántaro de leche. . . Todos los miembros [de la Iglesia] se reunieron para la conferencia en un cuarto de unos treinta y siete metros cuadrados. . . Hablamos de que. . . la gente vendría como palomas a nuestra ventana;. . . que [todas] las naciones acudirían [a la Iglesia];. . . si hubiésemos dicho a las personas lo que nuestros ojos vieron aquel día, no nos habrían creído” 1.

Si tal era el sentimiento en aquel fatídico año de 1844, justo antes del martirio de José Smith, ¡qué deben estar viendo esos mismos hermanos y hermanas desde su hogar eterno en un día como hoy! Desde entonces han sucedido muchas cosas por las que tanto ellos como nosotros debemos estar agradecidos. Y, por supuesto, éste no es el final. Todavía nos queda mucho por hacer tanto por la calidad como por la cantidad de nuestra fidelidad y servicio. George A. Smith, consejero del presidente Brigham Young en la Primera Presidencia, dijo una vez por vía de amonestación: “Podemos edificar templos, erigir cúpulas impresionantes, agujas magníficas y torres elevadas en honor a nuestra religión, pero si no vivimos los principios de ella en nuestro hogar y reconocemos a Dios en todos nuestros pensamientos, no recibiremos las bendiciones que, de hacerlo, serían nuestras” 2. Debemos ser humildes y concienzudos. El honor y la gloria de todo lo bueno es de Dios, y todavía hay mucho por delante que será refinador y hasta difícil, mientras Él nos conduce de entereza en entereza.

En medio de todo esto, he pensado en aquellos primeros santos cuyos nombres con demasiada frecuencia se han perdido en la historia; aquellos que callada y fielmente hicieron avanzar el reino en días mucho más difíciles que éstos. Muchos de ellos son anónimos para nosotros ahora. Muchos murieron, muchas veces prematuramente, sin reconocimiento alguno. Unos pocos se han mencionado brevemente en la historia de la Iglesia, pero la mayoría ha vivido y muerto sin posición destacable ni recuerdo histórico. Éstos, todos nuestros antepasados, entraron silenciosamente en la eternidad, del mismo modo apacible y anónimo que vivieron su religión. Éstos son los santos callados de los que una vez habló el presidente J. Reuben Clark cuando a todos ellos les dio las gracias, “Especialmente. . . a los más mansos y humildes de ellos, [en gran parte] desconocidos [y] olvidados, [excepto] en los hogares de sus hijos y de los hijos de sus hijos, quienes se pasan de una generación a otra el relato de su fe” 3.

Ya sea que seamos miembros de hace muchos años o conversos más recientes, todos somos los beneficiarios de esos fieles predecesores. En este hermoso y nuevo edificio, así como durante esta histórica conferencia que estamos celebrando, he adquirido conciencia de todo lo que les debo a los que tuvieron mucho menos que yo pero que, al parecer, en casi toda circunstancia han hecho más por la edificación del reino de lo que yo he hecho. Seguir leyendo

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Conformes con lo que se nos ha concedido

Conferencia General Abril 2000
Conformes con lo que se nos ha concedido
Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. Maxwell

“Los momentos decisivos de la vida ocurren dentro de lo que se nos concede. . . Lo que importa es la forma en que respondemos. En esta vida toda persona recibe la clase de pruebas que van de acuerdo con sus necesidades”.

Al igual que todos ustedes, hermanos y hermanas, expreso agradecimiento al presidente Hinckley por sus incansables esfuerzos para moldear el futuro de la Iglesia, símbolo del cual es este Centro de Conferencias.

En pocas palabras, los que fueron convertidos recibieron de Alma gran discernimiento: “Y porque debería estar conforme con lo que el Señor me ha concedido” (Alma 29:3). No obstante, poco antes, Alma deseó con vehemencia ser “la trompeta de Dios” para entonces “estremec[er] la tierra” (Alma 29:1). Pero no por vanidad; de hecho, Alma quería proclamar el arrepentimiento y el plan de redención a toda la humanidad, a fin de que no hubiera ya más dolor humano (véase Alma 29:2). No obstante, el contentamiento de Alma se basaba en la realidad de que Dios al final concede la salvación final de acuerdo con lo que el individuo desee (véase Alma 29:4). ¿Qué podría ser más justo que eso?

Quedando satisfecho con su llamamiento, Alma entonces mansamente esperó ser un instrumento para ayudar en la salvación de alguno (véase Alma 29:9). Toda una jornada significativa y espiritual se describe en sólo nueve versículos introspectivos.

La misma satisfacción nos espera a nosotros si podemos adaptar nuestros deseos a lo que se nos ha concedido.

Lo que se concede a algunas personas incluye, por ejemplo, muy reducidas oportunidades a causa de la pobreza:

“Y empezó el pueblo a distinguirse por clases, según sus riquezas y sus oportunidades para instruirse; sí, algunos eran ignorantes a causa de su pobreza, y otros recibían abundante instrucción por motivo de sus riquezas” (3 Nefi 6:12).

Asimismo, malvadas estructuras sociales humanas han incluido en el pasado restricciones trágicas como la esclavitud y los campos de concentración.

No obstante, tenemos que hacer lo que podamos dentro de las circunstancias que se nos han concedido, esforzándonos por superar nuestras propias limitaciones. Dentro de lo que se nos ha concedido, podemos aún contentarnos espiritualmente. Pablo lo describió como “piedad acompañada de contentamiento”, que significa la adecuada presencia de atributos necesarios, tales como el amor, la esperanza, la mansedumbre, la paciencia y la obediencia (1 Timoteo 6:6).

Pero existen otras limitaciones fijas en la vida. Por ejemplo, a algunos les han tocado restricciones físicas, mentales o geográficas. Hay quienes permanecen solteros, pero no por culpa suya, o que anhelan progenie sin lograrla. Aun otros confrontan persistentes dificultades, tales como relaciones discordantes dentro de su círculo de seres queridos, incluso hijos que “act[úan] por sí mismos” rechazando el consejo de sus padres (3 Nefi 1:29). En ésta y en situaciones similares hay tantas cosas constantes y abrumadoras que nos hacen pensar en todo esto. Seguir leyendo

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Mi testimonio

Conferencia General Abril 2000

Mi testimonio

Gordon B. Hinckley

Presidente Gordon B. Hinckley

“De todas las cosas por las que me siento agradecido hay una que ocupa el lugar más destacado, y es mi testimonio viviente de Jesucristo”.


Tengo ahora la oportunidad de decir unas palabras, hermanos y hermanas. Me siento rebosante de sentimientos de acción de gracias esta mañana. Me considero abundantemente bendecido por el Señor. Al contemplar los rostros de los miles de miles que se encuentran reunidos en este nuevo y hermoso salón y pensar en los cientos de miles que están reunidos en todo el mundo escuchando esta conferencia, me quedo casi sin habla de la gratitud que siento por la gran unidad que existe entre nosotros. Si me permiten expresar mis íntimos sentimientos durante unos instantes, les diré que nadie ha sido tan abundantemente bendecido como lo he sido yo. No lo entiendo. Es profundo mi agradecimiento por las muchas expresiones de bondad y de amor de ustedes.

Gracias a la gran bondad de otras personas, he viajado a lo largo y a lo ancho de la tierra, atendiendo a los asuntos de la Iglesia. He tenido extraordinarias oportunidades de hablar al mundo mediante la generosidad de los medios de difusión. He expresado mi testimonio en los grandes salones de actos de este país, desde el “Madison Square Garden”, de Nueva York, hasta el “Astrodome”, de Houston. Hombres y mujeres de elevado rango me han acogido y hablado con gran respeto acerca de nuestra obra.

Por otro lado, durante estos años también he llegado a conocer los maliciosos y despectivos modos de actuar de nuestros detractores. Pienso que el Señor pensaba en ellos cuando dijo:

“Malditos sean todos los que alcen el calcañar contra mis ungidos, dice el Señor, clamando que han pecado cuando no pecaron delante de mí, antes hicieron lo que era propio a mis ojos y lo que yo les mandé. . .
“. . .los que claman transgresión lo hacen porque son siervos del pecado, y ellos mismos son hijos de la desobediencia. . . .
“ay de ellos!. . .
“Su cesta no se llenará, sus casas y graneros desaparecerán, y ellos mismos serán odiados de quienes los lisonjeaban” (D. y C. 121:16–17, 19–20).

Dejamos en manos del Señor, que tiene el derecho de hacerlo, los juicios que hayan de sobrevenir a los que se oponen a Su obra.

Vuelvo a mis expresiones de gratitud. Gracias, hermanos y hermanas, por sus oraciones. Gracias por su apoyo en la grandiosa obra que todos procuramos llevar a cabo. Gracias por su obediencia a los mandamientos de Dios. Él está complacido y les ama. Gracias por su fidelidad en el cumplimiento de las grandes responsabilidades que tienen. Gracias por su pronta respuesta a todo llamamiento que se les hace. Gracias por criar a sus hijos en la luz y la verdad. Gracias por el testimonio inquebrantable que llevan en el corazón acerca de Dios el Eterno Padre y de Su Hijo Amado, el Señor Jesucristo.

Me siento profundamente agradecido por los jóvenes de la Iglesia. Hay muchísima maldad en todas partes. La tentación, con sus provocativas influencias, nos rodea por todos lados. Lamentablemente, perdemos a algunos de ellos ante esas fuerzas destructoras. Sentimos gran dolor por cada uno que se pierde. Les tendemos la mano para ayudarlos, para salvarlos, pero en demasiados casos hacen oídos sordos a nuestras súplicas. Trágico es el camino que han tomado, puesto que es el que conduce a la destrucción.

Pero hay muchos, muchos cientos de miles de nuestros jóvenes que son leales y fieles, rectos como una flecha y fuertes como una gigantesca ola del océano al seguir el camino que se han trazado, el cual es el de la rectitud y la virtud, el de la realización y el éxito; esos jóvenes están sacando provecho de sus vidas y el mundo será muchísimo mejor gracias a ellos.

Estoy infinitamente agradecido por esta admirable etapa de la historia en la que vivimos. Nunca ha habido otra como ella. Nosotros, de todas las personas que han vivido en la tierra, somos bendecidos en abundancia.

Pero de todas las cosas por las que me siento agradecido hay una que ocupa el lugar más destacado, y es mi testimonio viviente de Jesucristo, el Hijo del Dios Todopoderoso, el Príncipe de Paz, el Santo [de Dios]. Seguir leyendo

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Velar y fortalecer

Conferencia General Abril 2000
Velar y fortalecer
Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Henry B. Eyring

 “El Salvador les permitirá sentir el amor que Él tiene por aquellos a quienes ustedes sirvan. El llamamiento es una invitación para llegar a ser como Él es”.

El año pasado, cientos de miles de personas fueron bautizadas y confirmadas miembros de la Iglesia, y a cada una de ellas debió habérsele dado la oportunidad de servir en un llamamiento, pues tanto para ellas como para la Iglesia, esa experiencia dará forma al futuro. Muchos de nosotros recordamos la primera vez que dimos un discurso, dirigimos una reunión o llamamos a la puerta de una casa para hacer una visita oficial. Me pongo nervioso sólo de pensarlo.

Puede que los nuevos miembros hayan sido bautizados unos días o unas semanas antes de haber sido llamados a servir, y que algunos de ellos nunca hayan visto a nadie llevar a cabo el llamamiento al que hayan sido llamados. Debido a que no tenemos un clero profesional, los miembros nuevos no son los únicos que aceptan el cometido de prestar servicio. Se calcula que el año pasado casi 2 millones de Santos de los Últimos Días recibieron un nuevo llamamiento para ser pastores o se les dio algunas ovejas nuevas sobre las cuales velar. Poco menos de la mitad de las personas llamadas eran jóvenes, algunos de doce o trece años de edad. En ese período de tiempo fueron llamados y apartados más de 30.000 misioneros, la mayoría de los cuales tenía menos de veinte años de edad; salieron tras una breve capacitación y con poca experiencia.

Las personas que conozcan el funcionamiento de las organizaciones del mundo podrían predecir el fracaso de una iglesia con un crecimiento rápido y que dependa de tantos miembros laicos nuevos. Incluso aquellos que son llamados pueden haber sentido cierto recelo. Pero aun así, cuando con los ojos de la fe ven la verdadera naturaleza del desafío, la confianza reemplaza al temor porque ellos se tornan a Dios.

Mi mensaje se dirige, en primer lugar, a las personas que han sido llamadas recientemente a servir en la Iglesia, luego a los que les llamaron y finalmente a aquellos a quienes servirán.

Digo primero a los que acaban de ser llamados: La confianza depende de la comprensión que tengan del llamamiento, el cual no viene de seres humanos, sino que es una responsabilidad que procede Dios. El servicio no se limita simplemente a realizar una tarea. Cualquiera que sea su nombre, todo llamamiento es una oportunidad y una obligación para velar y fortalecer a los hijos de nuestro Padre Celestial. La obra del Salvador consiste en llevar a cabo la inmortalidad y vida eterna de ellos (véase Moisés 1:39). Él nos ha llamado a servir a los demás para que fortalezcamos tanto nuestra fe como la de ellos. Él sabe que mediante el servicio llegaremos a conocerle.

Un inspirado profeta percibió el servicio como la forma en que llegamos a desear aquello que el Señor desea, y escribió: “Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para él, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón?” (Mosíah 5:13).

Debido a que ustedes son llamados por Jesucristo para servirle, pueden seguir adelante con gran confianza. En primer lugar, tengan la certeza de que Él les conoce a ustedes y la capacidad que tienen para progresar, porque Él les ha preparado. Los llamamientos les requerirán que amplíen sus aptitudes, con frecuencia al principio y en forma constante mientras lo cumplan, más Él les dará el Espíritu Santo por compañero, el cual les dirá qué hacer cuando el ingenio y los esfuerzos de ustedes no sean suficientes (véase Juan 14:26). El Espíritu Santo les inducirá a dar testimonio con convicción. El Salvador les permitirá sentir el amor que Él tiene por aquellos a quienes ustedes sirvan. El llamamiento es una invitación para llegar a ser como Él es (véase 3 Nefi 27:27).

Probablemente ustedes se pregunten: “¿Cómo el ver mi llamamiento de esa forma hará que tenga más confianza en lograr el éxito?”.La respuesta reside en que el verlo desde esa perspectiva divina hará que sea más probable que ustedes acudan en busca de ayuda a la única fuente que jamás les fallará.

No hace mucho tiempo vi a un joven casi completamente abrumado por un nuevo llamamiento. El Señor había inspirado a Su siervo a llamarle como presidente de estaca. Ese joven nunca había sido obispo, ni había servido en la presidencia de una estaca. La estaca contaba con muchos hombres de mayor madurez y experiencia.

Se sintió muy humilde cuando recibió el llamamiento. Su esposa dijo entre lágrimas al siervo del Señor que le extendía el llamamiento: “¿Está usted seguro?”.Su esposo dijo en voz baja que aceptaba y su esposa asintió en señal de apoyo, todavía con lágrimas bañándole el rostro. Tal y como ustedes hubiesen hecho en una situación semejante, este joven quiso hablar con su padre, quien vivía muy lejos. Esa misma tarde le llamó por teléfono. Su padre ha trabajado toda la vida en una granja con vacas. Había convertido a su hijo en un hombre a través del ordeño de las vacas y al permitirle contemplar cómo se detenía para hablar con sus vecinos y preguntarles cómo se encontraban. A la mañana siguiente, durante su primer discurso como presidente de estaca, relató lo siguiente de la conversación que sostuvo con su padre.

“Muchos de los que me conocen saben que soy un hombre de pocas palabras. Creo que lo heredé de mi padre. Cuando ayer hablé con él para hacerle saber que iba a ser llamado como presidente de estaca, su única respuesta fue: ‘Bueno, será mejor que ores mucho’. Ése fue su consejo. ¿Qué mejor consejo podría haberme dado?”. Seguir leyendo

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Somos creadores

Conferencia General Abril 2000

Somos creadores

Mary Ellen Smoot
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

“Creemos hogares llenos de amor y de serenidad. Aliviemos el sufrimiento. Creemos perdurables testimonios de las verdades eternas tanto en nosotros mismos como en otras personas”.


Todos somos creadores. Nos encontramos caminando a lo largo del puente del tiempo que atraviesa el umbral de un nuevo milenio. Ésta es una época emocionante y significativa. Éstos son los días que previeron los profetas. Ésta es una época de fe, de oportunidad y de prodigios.

Me maravillo al pensar en este mundo que está tan lleno de belleza, que es tan perfecto en su función. Este mundo fue creado por Jesucristo bajo la dirección de nuestro Padre Celestial. La Creación es una de las características que distinguen a Dios. Él toma la materia que está sin forma y la plasma en estrellas, planetas y sistemas solares. “Y he creado incontables mundos” 1, nos dice.

Hermanos y hermanas, somos hijos de Dios. ¿No nos es acaso necesario estar en los negocios de nuestro Padre? ¿No debiéramos ser creadores también?

Ustedes tal vez digan: “Es que no soy creativo”. Pues les aseguro que sí lo son. Ustedes son creadores. ¿Han hecho sonreír alguna vez a un bebé? ¿Han enseñado a alguien a perdonar? ¿Han enseñado a alguien a leer? ¿Han preparado una noche de hogar? ¿Organizado una reunión familiar? Puede ser que se hayan sentido inspirados a hacer por alguna persona, como maestra visitante o maestro orientador, algo que haya ejercido una gran influencia en su vida. Si han hecho algo de eso, quiere decir que han sido creativos.

La materia prima de la creación nos rodea por todos lados. El presidente David O. McKay enseñó: “Somos los escultores de la vida. Tenemos ante nosotros nuestras almas sin tallar. Cada uno de nosotros está dando forma a su alma” 2 .

Creo que plasmamos almas –la nuestra y la de otras personas– todos los días. Decidamos ahora hacer esas almas “puras y castas”. Creemos hogares llenos de amor y de serenidad. Aliviemos el sufrimiento. Creemos perdurables testimonios de las verdades eternas tanto en nosotros mismos como en otras personas.

Hace poco, tuve una conversación con la familia de una joven madre que murió al dar a luz su quinto hijo. Esperaba hallar angustia, pero sólo hallé esperanza y determinación. Su marido recordaba con amor el tiempo que habían pasado juntos. Sus hijos entendían el plan de salvación y sabían que podrían estar de nuevo con su madre para siempre. En medio de sus quehaceres, ella siempre había dedicado el debido tiempo a sus seres más queridos. Joven como era, esa hermana fue presidenta de la Sociedad de Socorro y siempre dio el primer lugar a su matrimonio y sus hijos.

Al conversar con la madre de esa difunta hermana, me dijo que para ésta lo más importante había sido criar a sus hijas para que fuesen mujeres rectas, que, pese a haber muerto joven, su hija había creado un modelo del vivir rectamente el Evangelio en su hogar.

Los miembros de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, bajo la dirección de los líderes del sacerdocio, creamos una declaración para nuestras hermanas de la Sociedad de Socorro de todo el mundo; esta declaración nos recuerda quiénes somos; y se ha apartado la noche de Superación personal, de la familia y del hogar para cultivar esos ideales.

¿Percibimos las oportunidades de creación que tenemos a nuestro alcance? ¿Valoramos los dones, los talentos y los espíritus escogidos que Dios nos ha dado? ¿Compartimos las creaciones de nuestro corazón, de nuestra mente y de nuestras manos con los demás? Seguir leyendo

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Las viudas de Sión

Conferencia General Abril 2000
Las viudas de Sión
Élder Earl C. Tingey
De la Presidencia de los Setenta

Earl C. Tingey

“El Señor ama a las viudas. . . Nosotros. . . debemos cuidar y ayudar a las viudas en nuestra familia, hogar, barrio y vecindario”.

He intitulado mi discurso “Las viudas de Sión”. El diccionario define la palabra viuda(o) como la persona a quien se le ha muerto su cónyuge y no ha vuelto a casarse 1.

Algunas viudas son jóvenes; sus esposos, muchas veces, han muerto prematuramente. Si en ese hogar hay hijos pequeños, en la joven viuda recae la responsabilidad total de criarlos. Ella tiene una pregunta sin respuesta: “¿Por qué me ha pasado esto a mí?”. La enorme soledad no es algo insólito.

Otras viudas son mayores; sus esposos, tras una vida de atesorada compañía, han muerto por razones de vejez o de salud. Los muchos años de tiernos recuerdos, del gozo de criar una noble familia, y de servicio mutuo a la Iglesia y a la comunidad son reemplazados por la soledad y el sentir que no se les quiere o necesita. La pregunta: “¿Cuánto debo esperar para unirme a mi compañero eterno?” continúa sin respuesta. Para ellas, la obra del templo podrá aumentar; la vida muchas veces se hace más difícil; el vivir con parientes o en instituciones de asistencia tal vez reemplacen el hogar familiar lleno de toda una vida de recuerdos.

Al enviudar, nuestras hermanas no están acostumbradas a la soledad. Ellas desean prestar servicio y contribuir al bienestar de los demás. Muchas tienen limitaciones debido a la mala salud; ellas desean permanecer fieles para un día reunirse con sus compañeros eternos. Es mucho lo que pueden enseñarnos acerca de la fe.

La doctrina de la Iglesia es bastante clara en lo que respecta a las viudas.

En los primeros días de la Iglesia, se reprendió a los líderes por descuidar a las viudas. Se llamó a siete varones de buen testimonio para que prestasen ayuda 2.

Pablo instruyó a los santos a honrar a las viudas 3 ; enseñó que cualquiera que no proveyera “para los suyos, y mayormente para los de su casa. . . ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” 4 .

Cuando Brigham Young organizó el primer viaje pionero al valle del Gran Lago Salado en 1847, dio el siguiente consejo a los santos:

“Cada compañía, en proporción al valor de sus propiedades, ayude a llevar a los pobres, a las viudas, a los huérfanos y a las familias de los que han ingresado al ejército, para que los clamores de las viudas y huérfanos no lleguen a los oídos del Señor contra este pueblo” 5.

Creo que este esfuerzo de ayudar a las viudas a cruzar las llanuras es uno de los ejemplos modernos más grandiosos de cómo debemos cuidar a las viudas.

La revelación moderna revela el orden de la Iglesia. “Las mujeres tienen el derecho de recibir sostén de sus maridos hasta que éstos mueran. . . los niños tienen el derecho de recibir el sostén de sus padres. . .

“y después de eso, pueden recurrir a la iglesia” 6.

Más adelante dice en Doctrina y Convenios: “Y se mantendrá el almacén por medio de las consagraciones de la iglesia; y se proveerá lo necesario a las viudas y a los huérfanos, como también a los pobres” 7.

En el libro de Santiago aparece una de las descripciones más bellas de la doctrina de la Iglesia en cuanto a la responsabilidad que tenemos como parientes y amigos de las viudas. “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” 8 .

El término “viudas” se utiliza 34 veces en las Escrituras. En 23 de esos pasajes, el término se refiere a las viudas y a los huérfanos. Yo creo que el Señor tiene sentimientos de ternura hacia las viudas y los huérfanos; Él sabe que quizás tengan que confiar más plenamente en Él que en otros; sus oraciones serán más personales y duraderas, su servicio al prójimo será más genuino y su fe será más grande.

En las Escrituras, la fe de las viudas es legendaria.

La viuda de Sarepta demostró su fe cuando le proporcionó al profeta Elías un bocado de pan en vez de usar la última porción de su comida y su aceite para alimentar a su hijo y a ella, y morir. En las Escrituras está registrado: “Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

“Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías” 9.

Quizás la frase “Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías” sea un simbolismo de la confianza que las viudas tienen en el Señor.

Ana, que era viuda hacía 84 años y trabajaba continuamente en el templo, reconoció al niño Jesús cuando lo presentaron en el templo 10.

Al darse cuenta de la gran fe de la viuda de Naín, Jesucristo resucitó al hijo de ella, al único que tenía, cuando lo llevaban por la puerta de la ciudad para enterrarlo 11.

Como ejemplo del verdadero espíritu de generosidad, el relato de la ofrenda de la viuda ha quedado para siempre inmortalizado como una de las más grandes enseñanzas del Salvador.

“. . .el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.

“Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas. . .

“Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca;

“porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento” 12 .

Ustedes, maravillosas hermanas que son viudas: sepan que Dios las ama. Ustedes se encuentran entre los escogidos. Sé lo que estoy diciendo. Mi propia madre ha sido viuda durante casi tres años. Ella preside como noble matriarca del clan familiar de 247 personas. La madre de mi esposa, de 97 años, permanece fiel y continúa perseverando hasta el fin, a pesar de su mala salud. Estimadas hermanas, su vida misma, como ejemplo de un justo vivir, sigue inspirando a los miembros más jóvenes de la familia a ser mejores. Ustedes siguen siendo maestras.

En un momento determinado del horario de Dios ustedes se unirán a su compañero eterno y servirán juntos, para siempre, en la gran obra del mundo de los espíritus.

A las viudas jóvenes, con responsabilidades familiares cada vez mayores, sepan que Dios está al tanto de sus necesidades y que Él proveerá. Continúen ejerciendo la fe y las buenas obras. Los miembros fieles de la familia y de la Iglesia prestarán ayuda. Estén dispuestas a recibir ayuda de otros, según sea necesario. Sus hijos sabrán que ustedes les proporcionan una doble dosis de amor. Tengo un testimonio de que nuestro Padre Celestial compensará abundantemente a su familia con bendiciones eternas debido a la bondad del corazón de ustedes.

A los familiares y amigos de las viudas digo que Dios sabe en cuanto al servicio que prestan y Él juzgará sus obras de acuerdo con la manera que ayuden a la viuda. En una ocasión, el presidente James E. Faust compartió con las Autoridades Generales una maravillosa historia acerca de cómo los vecinos y amigos en una comunidad agrícola del centro de Utah trataban a las viudas. Cada uno tenía un número determinado de horas y minutos para disponer de agua para irrigar sus huertos. Acordaron que cada uno podría usar menos agua para que las viudas del vecindario pudiesen tener más agua para sus huertos.

Hace poco observé a cinco viudas ancianas ir juntas a una reunión de la iglesia en un automóvil modesto. Entraron juntas al edificio y se sentaron también juntas. Parecían extraer fortaleza y protección la una de la otra. Percibí lo bueno de sus vidas nobles al observar la tierna asociación que sostenían mutuamente en el ocaso de sus vidas.

Hermanos y hermanas, el Señor ama a las viudas. Sé que los líderes de la Iglesia se preocupan por el bienestar de las viudas. Nosotros, los miembros, debemos cuidar y ayudar a las viudas en nuestra familia, hogar, barrio y vecindario. Les exhorto a ustedes, jóvenes –miembros de la Primaria, jóvenes y jóvenes adultos– a aprovechar la oportunidad de ayudar a las viudas de la comunidad y a obtener fortaleza de ellas.

Que seamos más bondadosos y considerados con las viudas de Sión, es mi humilde oración. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Merriam-Webster’s New collegiate Dictionary, 10th ed., s.v. “widow.”
  2. Véase Hechos 6:1–3.
  3. Véase 1 Timoteo 5:3.
  4. 1 Timoteo 5:8.
  5. D. y C. 136:8.
  6. D. y C. 83:2, 4–5.
  7. D. y C. 83:6.
  8. Santiago 1:27.
  9. Véase 1 Reyes 17:8–16.
  10. Véase Lucas 2:36–38.
  11. Véase Lucas 7:11–15.
  12. Marcos 12:41–44; véase también Lucas 21:1–4.
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Tu hogar eterno

Conferencia General Abril 2000
Tu hogar eterno
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

“En un sentido real, estamos edificando viviendas eternas. Somos aprendices del oficio, no constructores profesionales. Necesitamos la ayuda divina para hacerlo con éxito”.

Cierto día, durante Su ministerio personal, nuestro Salvador llevó a Pedro, a Santiago y a Juan “a un monte alto. . .

“y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.
“Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
“Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí” 1.

Hoy, en esta histórica ocasión, nos congregamos en este magnífico Centro de Conferencias y en las instalaciones adyacentes de la Manzana del Templo y a través de todo el mundo.

Hay lágrimas en nuestros ojos y la gratitud nos llena el corazón al hacer eco al hermoso himno “Gracias demos a Dios” 2 . La construcción de este edificio estuvo diseñándose durante mucho tiempo. Necesitábamos un lugar más amplio para dar cabida a la gente que asiste a las conferencias y otras actividades durante el año. Muchos trabajadores de grandes habilidades han estado laborando con su corazón y con sus manos para brindarnos una estructura digna de la aprobación del Señor. “Bien, buen siervo y fiel” 3.

Cuando Jesús ministraba entre los hombres hace mucho tiempo y en un lugar lejano, solía utilizar parábolas, un lenguaje que la gente podía entender mejor. Con frecuencia se refería a las casas y hogares con relación a la vida de quienes le escuchaban. ¿No se le conocía acaso como “el hijo del carpintero”.É l declaró: “Toda. . . casa dividida contra sí misma, no permanecerá” 4. Tiempo más tarde declaró: “He aquí, mi casa es una casa de orden, dice el Señor, y no de confusión” 5.

En una revelación dada por medio del profeta José Smith en Kirtland, Ohio, el 27 de diciembre de 1832, el Maestro aconsejó: “Organizaos, preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios” 6.

¿Dónde podría alguno de nosotros encontrar un plano más apropiado para construir de manera prudente y adecuada una casa en la cual pudiera habitar personalmente a través de la eternidad?

En un sentido real, estamos edificando viviendas eternas. Somos aprendices del oficio, no constructores profesionales. Necesitamos la ayuda divina para hacerlo con éxito. Las palabras de instrucción que ofrece el apóstol Pablo nos brindan la afirmación que necesitamos: “¿No sabéis que sois templos de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” 7.

Si recordamos que cada uno de nosotros es literalmente un hijo o una hija espiritual de Dios, no nos será difícil recurrir a nuestro Padre Celestial mediante la oración. Él realmente aprecia el valor de esta materia cruda que es la vida. “Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios” 8. Ésta declaración de Él encuentra alojamiento en nuestra alma y da propósito a nuestra vida.

Tenemos un Maestro que guiará nuestros esfuerzos si sólo depositamos nuestra fe en Él, sí, el Señor Jesucristo. Él nos invita: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;

“porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” 9.

Se ha dicho que Jesús “crecía en sabiduría, y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” 10 . ¿Tenemos nosotros la determinación de hacer lo mismo? Una simple frase de las Escrituras contiene un homenaje a nuestro Señor y Salvador, de quien se dijo: “Anduvo haciendo bienes” 11.

En su epístola a su amado Timoteo, Pablo sugiere una forma en que podemos mejorarnos y, al mismo tiempo, brindar ayuda a otras personas que piensan para sus adentros y luego preguntan: “¿Y cómo podré [encontrar mi camino], si alguno no me enseñare?” 12.

La respuesta que dio Pablo a Timoteo nos ofrece un solemne consejo. Prestemos atención a este inspirado consejo: “. . .sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” 13.

Examinemos esta solemne instrucción que, en un verdadero sentido, se nos da a cada uno de nosotros.

Primero, ser un ejemplo en palabra. El Señor ha dicho: “Tiendan vuestras palabras a edificaros unos a otros” 14.

¿Recordamos el consejo de un himno predilecto de la Escuela Dominical?

Oh, hablemos con tiernos acentos
en casa y en todo lugar,
cual el canto de aves que trinan
al alma le agradarán 15. Seguir leyendo

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El presidente de estaca

Conferencia General Abril 2000
El presidente de estaca
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“[Los] presidentes de estaca han sido llamados bajo la misma inspiración con la que se ha llamado a las Autoridades Generales. Ruego por éstos, mis amados hermanos, para que el Espíritu del Señor descanse sobre ellos”.

Ahora me complace compartir unas palabras con ustedes. Primeramente, gracias por estar aquí. Nunca he visto algo semejante. Debí haber traído mis binoculares para ver a los que están sentados en la galería. En todo este recinto sólo he contado cinco asientos vacíos. Es un gran placer estar aquí.

Mis hermanos, ¡qué maravilloso es el sacerdocio de Dios! No hay nada que se le compare. Se recibe únicamente por la imposición de manos de aquellos que tengan la autoridad para conferirlo. En esta dispensación, ese conferimiento se remonta a la época de Juan el Bautista y los apóstoles del Señor: Pedro, Santiago y Juan. Ellos vinieron a la tierra y físicamente colocaron las manos sobre la cabeza de José Smith y Oliver Cowdery, y con voces audibles, pronunciaron las palabras del conferimiento de este maravilloso poder. Desde entonces, todo hombre que lo ha recibido lo ha hecho por medio de la imposición de manos de uno que a su vez lo recibió de la misma manera hasta llegar a su conferimiento original.

No es para una clase específica. Todo hombre digno, sin tomar en cuenta nacionalidad, antecedentes étnicos o cualquier otro factor, puede recibir el sacerdocio. La obediencia a los mandamientos de Dios se convierte en el factor determinante. Su conferimiento se basa únicamente en la dignidad ante el Señor.

Éste conlleva el derecho y la autoridad de gobernar en la Iglesia de Cristo. Recuerdo las experiencias que tuve hace mucho, cuando era miembro del Consejo de los Doce. Asistí a una conferencia de estaca, donde el presidente era un hombre de riqueza y afluencia. Era un hombre de mucho éxito, de acuerdo con las normas del mundo. Vivía en una casa sumamente espléndida. Me recogió en el aeropuerto en un automóvil hermoso; almorzamos en un restaurante de primera clase, y, sin embargo, demostró humildad en su oficina; estaba ansioso por aprender y siempre dispuesto a hacer lo correcto en la administración de los asuntos de su estaca.

Después asistí a otra conferencia. El presidente me fue a recoger en un automóvil muy usado. Nos detuvimos en un lugar de comida rápida para comer un bocado. Su casa era sumamente modesta –arreglada, limpia y tranquila– pero sin mobiliario opulento. Era carpintero de oficio; no poseía ninguna de las cosas extravagantes del mundo. Él, también, era un maravilloso presidente de estaca que efectuaba su deber de manera extraordinaria. Era una persona magnífica en todo respecto.

Ésa es la maravilla del sacerdocio. La riqueza no es un factor; la educación no es un factor; los honores de los hombres no son un factor. El factor predominante es el ser aceptados ante el Señor.

Todas las Autoridades aquí presentes podrían testificar que en la reorganización de estacas han tenido experiencias extraordinarias e inspiradoras. Recuerdo la asignación de reorganizar una estaca hace más o menos cuarenta años. El presidente había fallecido repentinamente. Las Autoridades me pidieron que fuera y hablara en el funeral y reorganizara la estaca. Nunca lo había hecho; era nuevo como Autoridad General; iba a estar totalmente solo.

Al llegar, fui llevado a otra ciudad, donde participé en el servicio fúnebre. Pedí que todos los oficiales de la estaca y los obispos se quedaran después del servicio, y anuncié que a la noche siguiente se efectuaría la reorganización de la estaca. Seguir leyendo

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Tu jornada eterna

Conferencia General Abril 2000
Tu jornada eterna
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

“Consideremos nuestros llamamientos, reflexionemos en nuestras responsabilidades, aprendamos nuestras obligaciones y sigamos a Jesucristo, nuestro Señor”.

Uno de mis más vívidos recuerdos era cuando asistía a la reunión del sacerdocio como diácono recién ordenado y cantaba el himno “Venid, los que tenéis de Dios el sacerdocio” 1 . Esta noche, al lleno total congregado en este maravilloso Centro de Conferencias y en las capillas de todo el mundo, hago eco al espíritu de ese himno especial y les digo: Venid, los que tenéis de Dios el sacerdocio, consideremos nuestros llamamientos, reflexionemos en nuestras responsabilidades, aprendamos nuestras obligaciones y sigamos a Jesucristo, nuestro Señor.

Si bien diferimos en edad, en costumbres o en nacionalidad, estamos todos unidos como uno en nuestros llamamientos del sacerdocio.

Como poseedores del sacerdocio, se nos ha enviado a la tierra en una época difícil. Vivimos en un mundo complejo, con corrientes conflictivas a nuestro alrededor. Las intrigas políticas destruyen la estabilidad de las naciones, los déspotas ambicionan el poder y algunos segmentos de nuestra sociedad parecen siempre oprimidos, privados de oportunidades y condenados a vivir con un sentimiento de fracaso.

Nosotros, que hemos sido ordenados al sacerdocio de Dios, podemos hacer sentir nuestra influencia. Cuando nos hacemos acreedores de la ayuda del Señor, podemos edificar jóvenes, corregir a hombres y obrar milagros en Su santo servicio. Las oportunidades que tenemos son innumerables.

Aun cuando la tarea parezca abrumadora, nos fortalece esta verdad: “La fuerza más grande del mundo hoy en día es el poder de Dios que se manifiesta por medio del hombre”.Si nos encontramos en el servicio del Señor, tenemos derecho a recibir Su ayuda. Esa ayuda divina, sin embargo, depende de nuestra dignidad. Para navegar sin dificultades los mares de esta vida terrenal, para llevar a cabo una misión de rescate humano, necesitamos la guía del marinero eterno: el gran Jehová. Para recibir ayuda celestial levantamos nuestros brazos y acudimos a lo alto.

¿Extendemos manos limpias? ¿Son puros nuestros corazones? Al mirar hacia atrás en las páginas de la historia, aprendemos una lección de dignidad de las palabras del agonizante rey Darío. “A Darío. . . por medio de los ritos debidos, se le había reconocido como el legítimo rey de Egipto; a su adversario, Alejandro Magno, se le había declarado. . . hijo legítimo de Amón. Él también era faraón. . . Alejandro, al encontrar al derrotado Darío al borde de la muerte. . . le puso las manos sobre la cabeza para curarlo, mandándole ponerse de pie y asumir nuevamente su posición de rey. . . diciéndole. . .: ‘Juro ante ti, Darío, por todos los dioses, que hago esto con sinceridad y sin engaños. . .’

Darío le reprochó suavemente: ‘Alejandro. . . ¿crees que puedes tocar los cielos con esas manos?’ “ 2.

Podemos aprender otra lección inspirada de un artículo titulado “Viewpoint”, publicado hace algún tiempo en el diario Church News. Dice así:

“Para muchas personas puede resultar extraño ver barcos de diferentes banderas cargando y descargando mercancías en los muelles de Portland, Oregón, ciudad que se encuentra a 160 kilómetros de distancia del mar. El llegar hasta allí constituye una viaje difícil y a menudo turbulento a través del banco de arena del río Columbia y un largo recorrido a lo largo de ese río y del Willamette.

“Pero a los capitanes de barco les gusta atracar en Portland. Saben que al desplazarse sus naves por los mares, un curioso crustáceo de agua salada llamado broma, se adhiere al casco del buque y permanece allí el resto de su vida, cubriéndose con una cáscara semi rocosa. Cuantos más de estos crustáceos se adhieren al casco, más pesada hacen la marcha de la embarcación, reducen su progreso y disminuyen su eficiencia.

“Periódicamente, llevan la embarcación a un muelle, en donde, con gran esfuerzo, desprenden los crustáceos con cincel o raspándolos. Se trata de un proceso difícil y caro que detiene al barco en el puerto durante varios días.

“Pero esta operación no es necesaria si los barcos van a Portland, dado que los crustáceos no pueden sobrevivir en agua dulce. Allí, en las frescas y dulces aguas del Willamette o del Columbia, los crustáceos mueren y otros se desprenden, mientras que los que se quedan se pueden quitar con facilidad. Así, el barco vuelve a su tarea, liviano y renovado.

“Los pecados son como esos crustáceos. Casi nadie pasa por la vida sin que se le queden prendidos algunos; así, aumentan la lentitud, detienen nuestro progreso, disminuyen nuestra eficiencia. Al no haber arrepentimiento y al ir apilándose uno sobre otro, acabarán por hundirnos.

“En Su infinito amor y misericordia, el Señor nos ha proporcionado un puerto en el cual, por medio del arrepentimiento, nuestros crustáceos se desprenden y se olvidan. Con nuestras almas alivianadas y renovadas podemos llevar a cabo con eficiencia nuestra obra y la de Él” 3. Seguir leyendo

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El poder del autodominio

Conferencia General Abril 2000

El poder del autodominio

Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

“El autodominio. . . es la prueba máxima de nuestro carácter”.

Hermanos, esta noche somos parte de lo que va a ser historia. Estamos reunidos en la reunión de sacerdocio más grande jamás llevada a cabo en cualquier dispensación. Sentimos gozo por la asistencia de cientos de miles que están reunidos más allá de este Centro de Conferencias. El reunirnos por primera vez en este nuevo y magnífico edificio es un momento grandioso en la historia de la humanidad. Estamos en deuda con el Señor que inspiró al presidente Gordon B. Hinckley con la visión profética que dio como resultado la construcción del mismo y que lo hizo todo posible. Agradecemos al obispo H. David Burton, al obispo Richard C. Edgley y al obispo Keith B. McMullin, y a todos los que hayan tenido algo que ver con su construcción. Ahora que lo tenemos, debemos usarlo para fortalecer la fe de nuestra gente.

Esta noche, hermanos, quisiera hablar acerca del poder del autodominio, en su amplio sentido. El autodominio es esencial para invocar el poder del sacerdocio de Dios. La razón de ello es porque este gran albedrío divino sólo se puede ejercer en rectitud. El autodominio requiere autodeterminación y fortaleza de carácter; mejora nuestros propios dones y talentos de manera extraordinaria; es el poder de la hombría virtuosa.

Toda alma humana, en especial los poseedores del sacerdocio, tiene el desafío de controlar sus pensamientos, apetitos, expresiones, carácter y deseos. Uno de éstos puede ser el mal genio. Cuando era niño, yo era pelirrojo. A veces mi madre me acusaba de tener mal genio el cual le hacía juego al pelo. Solían llamarme “Rojo”.Ésa era una palabra que incitaba a las riñas. Creo que he aprendido a controlar ese genio. Los pelirrojos no son los únicos que deben aprender a controlar un carácter rebelde. Se necesita fuerza de voluntad para que las irritaciones no controlen nuestras emociones.

Hace poco, un diario local informó acerca de un fenómeno que ha resultado con el aumento de tránsito en las carreteras: “Es el panorama normal de la hora del congestionamiento de tránsito: bocinazos, manejar pegados al vehículo de delante, gestos groseros. Incluso la violencia descarada va en aumento entre los conductores”.Algunas veces se pierde el control y a eso se le llama “furia en la carretera”.A menudo me he preguntado por qué la personalidad de algunos hombres cambia cuando están frente al volante de su auto, protegidos por el cristal y el metal. En cierta forma, eso parece servir de disculpa para su conducta descortés. La violencia en la carretera no resulta por el congestionamiento de tránsito sino por la actitud. Cuando los conductores se impacientan y se vuelven agresivos en la carretera, pueden perder el control y causar daños graves o hasta la muerte a otras personas.

El autodominio es un desafío para todas las personas. Sólo nosotros podemos controlar nuestros apetitos y pasiones. Ni el dinero ni la fama pueden comprar el autodominio. Es la prueba máxima de nuestro carácter. Requiere que salgamos de los profundos valles de nuestra vida y escalemos nuestros Montes Everest.

En calidad de misioneros regulares aprendemos grandes lecciones de autodominio: aprendemos a levantarnos cuando debemos hacerlo, a trabajar cuando debemos trabajar, y a acostarnos cuando debemos acostarnos. Por lo general, a los misioneros regulares se les admira e incluso se les respeta a pesar de que su mensaje no sea tan bien recibido como quisiéramos que lo fuera. La Primera Presidencia y otras Autoridades Generales se reúnen con muchos cabezas de estado, embajadores y ministros de todas partes del mundo. Con frecuencia, cuando se presenta la ocasión, estos hombres de gran poder e influencia expresan su admiración y respeto por los misioneros que prestan servicio en sus países.

Nuestros élderes son modelos de los jóvenes de su edad. Cuando vuelven a casa, a algunos se les critica de considerarse superiores por mantener una apariencia decente y conservar el cabello arreglado y corto. No comprendo por qué a un ex misionero se le considera santurrón si se esfuerza por vivir las normas y los principios que él ha enseñado como representante del Señor a la gente donde sirvió. Naturalmente no se espera que los ex misioneros lleven camisa blanca y corbata todo el tiempo, pero el vestir ropa desaliñada y estilos raros del pelo para supuestamente andar a la moda no es apropiado para uno que posee la divina comisión del sacerdocio. Los ex misioneros son un ejemplo para los jóvenes del Sacerdocio Aarónico, quienes serán los futuros misioneros. Muchas veces tiene más influencia y persuasión lo que el Sacerdocio Aarónico ve que lo que se le dice. Seguir leyendo

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