Tu testimonio personal

Conferencia General Abril 2000
Tu testimonio personal
Élder Angel Abrea
De los Setenta

Ángel Abrea

“El Espíritu Santo tiene el poder de dar luz y entendimiento a nuestra vida, pero debemos pagar el precio para buscar y ganar Su compañía”.

Me gustaría tener una conversación imaginaria con los poseedores del sacerdocio en cuanto al testimonio personal. Considero que esta forma coloquial me permitirá transmitir mi mensaje. Para el objetivo del análisis, usaré el nombre de mis nietos; les ruego que se imaginen que ese es el nombre de ustedes y que me estoy dirigiendo directamente a cada uno de ustedes, jovencitos.

Mi querido James, cuando eras pequeño, dabas tu testimonio y decías: “Yo sé que el Evangelio es verdadero; sé que Jesucristo es el Hijo de Dios; sé que José Smith fue un verdadero profeta”.Sabías estas cosas porque otras personas te lo habían dicho. Debido a la confianza que tenías en tus padres, en tu obispo y en otras personas, jamás dudaste de ese conocimiento. Pero ahora, a medida que te vas haciendo más independiente en tu entendimiento, comprensión y percepción de todos los factores que esta hermosa e intensa vida te presenta, con frecuencia te das cuenta de que no todos los hombres poseen el mismo testimonio de la “paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7).

Jonathan, quizás ya te hayas dado cuenta de que algunos adultos son escépticos y que no te hablarán en cuanto a los hermosos conceptos de la Expiación, la Resurrección y la vida eterna. En vez de ello, te dirán “Comed, bebed y divertíos, porque mañana moriremos” (2 Nefi 28:7). Verás a otros a tientas y tratando de alcanzar algo, buscando respuestas que no pueden encontrar. Y, sin embargo, tratarán de demostrarte un conocimiento de aquello que no tienen. Incluso otros dirán: “Quizás esas cosas sean verdaderas, pero quizás no lo sean. Lo mejor que podemos hacer es vivir nuestras propias vidas de la forma que consideremos correcta y, si hay una vida después de ésta, veremos qué sucede”.

Ahora bien, Andrew, comprendo los pensamientos y sentimientos que puedas tener en tu mente y en tu corazón. Puedo entender que cuando escuches esos diferentes mensajes, tal vez te preguntes qué es lo correcto y qué no lo es.

Estoy seguro de que acuden a tu mente muchas preguntas. La verdad es que no se te condenará por preguntar y cuestionar si haces un esfuerzo sincero por encontrar las respuestas. Se nos han dado nuestros poderes mentales para que los usemos. La fe que se basa en la oración personal, en el estudio y la obediencia es más duradera que la fe ciega; es más gratificante y por cierto tiene una base más sólida.

Y tú, Paul, ¿recuerdas cuando el Salvador dijo: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”.(Mateo 18:3–4). Nosotros nos beneficiamos si retenemos la humildad y la docilidad de un niño, pero debemos asegurarnos de seguir progresando y de no conformarnos con el conocimiento o la comprensión limitados que un niño tiene del Evangelio. Recuerda, Paul, lo que el apóstol que llevaba tu mismo nombre (Pablo) dijo a los corintios: “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar” (1 Corintios 14:20).

Y bien, mi querido Russell, te preguntarás: “En ese caso, ¿debo ir yo mismo a buscar la respuesta? ¿Puede cualquier persona tener esa clase de testimonio? ¿Es un don sólo para algunos? ¿Acaso los que dicen que saben realmente sólo creen que saben o se han convencido a sí mismos por medio de un truco psicológico?”

En respuesta a tus preguntas y para analizar más estas cosas, permíteme decirte que el élder John A. Widtsoe dijo que aquellos que en verdad poseen un testimonio del Evangelio tienen “la clase más grande de conocimiento. Llega como una revelación cuando la verdad se conoce y se obedece. . . Es en realidad la posesión principal del hombre“ (”What Does It Mean to Have a Testimony?, Improvement Era, mayo de 1945, pág. 273; cursiva agregada.) ¿Te das cuenta de que un testimonio se define como “la clase más grande de conocimiento” y como “la posesión principal del hombre”, y que en Doctrina y Convenios el Salvador lo menciona como un conocimiento que “vivirá en tu corazón”.(D. y C. 8:2) Seguir leyendo

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Honremos el sacerdocio

Conferencia General Abril 2000
Honremos el sacerdocio
Obispo H. David Burton
Obispo Presidente

H. David Burton

 “El sacerdocio no es algo que nos quitamos durante la semana y nos lo ponemos el domingo; es un privilegio y una bendición las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana”.

Buenas tardes, hermanos. Durante meses nos hemos preocupado de que este edificio estuviera listo para la conferencia general. Se ha logrado un milagro porque gente profesional, así como hombres y mujeres comunes, han demostrado singular devoción, sacrificio e inspiración que superan las normas comunes de la industria. Expreso agradecimiento a mis consejeros y a toda persona que ha dedicado sus talentos a este proyecto.

He estado en este edificio muchas veces durante su construcción, pero al verlo esta noche lleno de poseedores del sacerdocio, me maravillo por su tamaño y su belleza. Para los que siguen de cerca el fútbol internacional, la distancia desde donde yo estoy hasta la última fila del balcón es aproximadamente tres cuartas partes del largo de un campo. La distancia es el equivalente a tres canchas de básquetbol, una enseguida de la otra, y casi cuatro canchas de tenis. Un golfista probablemente escogería un palo número nueve para lanzar la pelota hasta la última fila del balcón y un velocista de categoría mundial podría correr la distancia en unos nueve segundos. ¡Es verdaderamente asombroso!

En ocasiones me gusta participar o ser espectador en eventos deportivos. Mi esposa me indica que lo hago con demasiada frecuencia. En muchos deportes, si un participante o un entrenador coloca los dedos extendidos de una mano en posición perpendicular contra la palma de la otra, es señal de que se pide tiempo. Se detiene por unos momentos la competencia mientras los entrenadores y los jugadores analizan su estrategia. Algunos padres usan esta señal de “pedir tiempo” para hacerles saber a sus hijos el lugar donde van a parar si continúan comportándose mal. El “pedir tiempo” permite a la persona meditar en su comportamiento.

Mis compañeros del Sacerdocio Aarónico, voluntariamente “pidamos tiempo” esta noche para hablar de asuntos del sacerdocio.

Hace varias semanas conversaba con mi nieta de 16 años. Le pregunté qué diría a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico si pudiera hablarles, y me contestó: “Les pediría que demostraran respeto por el sacerdocio y que fueran poseedores del sacerdocio los siete días de la semana y no sólo el domingo. Algunos jóvenes no demuestran el debido respeto por el sacerdocio porque usan lenguaje vulgar, ven o leen pornografía, y algunos andan en drogas”.Seguramente ustedes están de acuerdo en que el lenguaje vulgar, la pornografía y las drogas no deben formar parte de la vida de un poseedor del sacerdocio.

El sacerdocio no es algo que nos quitamos durante la semana y nos lo ponemos el domingo; es un privilegio y una bendición las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Seguir leyendo

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La santidad de la mujer

Conferencia General Abril 2000

La santidad de la mujer

Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“Cada uno de nosotros tiene el deber de ayudar a toda hija de Dios a reconocer las características sagradas que nuestro Padre Celestial le ha dado”.

Hay un título que la Primera Presidencia y los Doce rara vez utilizan, ya que lo consideran demasiado sagrado: es el de Apóstol. Es en esa función que les hablo, mis amados hermanos del sacerdocio.

Hablaré de la santidad de la mujer. De manera elocuente, el presidente Hinckley ha hablado de lo que el Señor repetidamente ha inspirado a Sus siervos decir acerca de Sus valiosas hijas:

“La mujer es la creación suprema de Dios. Sólo después de que la tierra había sido formada, después de que el día había sido separado de la noche, después de que las aguas habían sido divididas de la tierra, después de que la vegetación y la vida animal fueron creadas, y después de que el hombre había sido puesto en la tierra, se creó a la mujer; y sólo entonces fue que se pronunció que la obra estaba terminada y que era buena.

“De todas las creaciones del Todopoderoso, no hay nada más bello, nada que sea más inspirador que una bella hija de Dios que camine en virtud, con el conocimiento de por qué debe hacerlo, que honre y respete su cuerpo como algo sagrado y divino, que cultive su mente y que en todo momento ensanche el horizonte de su entendimiento, que nutra su espíritu con verdad eterna” 1.

Luego, el presidente Hinckley nos advierte: “Dios nos tendrá por responsables si descuidamos a Sus hijas” 2.

Muchas de nuestras hermanas se sienten descorazonadas, incluso desalentadas y desilusionadas. Otras tienen serios problemas debido a las decisiones que toman. Satanás ha desatado una seductora campaña para debilitar la santidad de la mujer, para engañar a las hijas de Dios y desviarlas de su destino divino. Él sabe muy bien que la mujer es el poder caritativo, abnegado y lleno de amor que mantiene unida a la familia humana. Él quisiera que concentraran su interés únicamente en sus atributos físicos, privándolas del privilegio de ser esposas y madres. A muchas les ha hecho creer la mentira de que son ciudadanas de tercera clase en el reino de Dios. Esa falsedad ha llevado a algunas a cambiar su feminidad divina por la tosquedad masculina.

El éxito cada vez mayor de la influencia de Lucifer quedó grabado en mi mente cuando al conducir en Salt Lake City pasé una camioneta llena de atractivas jovencitas; su vehículo me pasó entonces, cortándome peligrosamente el paso. Las chicas expresaron su desagrado con una variedad de comentarios vulgares y gestos obscenos. Estaban vestidas en su mayor parte con ropa de hombre, aunque algunas tenían ropa inmodesta que no dejaba mucho a la imaginación. Se me cayó el alma a los pies. Éstas son hijas de Dios. Tomé la determinación de que si algún día se me presentaba la oportunidad, alistaría al justo sacerdocio de Dios para ayudar a todas esas jovencitas erradas. Hermanos, podemos y debemos ayudarlas. Temo que gran parte de esa situación deriva de nuestro propio descuido o errores. En nuestra calidad de esposo, padre, hijo o hermano del sacerdocio, cada uno de nosotros tiene el deber de ayudar a toda hija de Dios a reconocer las características sagradas que nuestro Padre Celestial le ha dado. A muchas se les está privando de una vida rica y plena, y de las bendiciones que Dios desea que reciban. ¿Podrían ayudarles a comprender lo que están sacrificando cuando aquellos, que para provecho personal y autojustificación, las conducen como ovejas inocentes y ciegas y les privan de su valiosa calidad de mujer? Muchas mujeres, debido a su naturaleza de dar y de complacer a los demás, no se dan cuenta de su valor intrínseco. Esa pérdida las hace vulnerables a aquellos que tratan de convencerlas de que su función principal es la de ser físicamente atractivas. Seguir leyendo

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Fe, devoción y gratitud

Conferencia General Abril 2000

Fe, devoción y gratitud

Élder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

 “Espero que nos sintamos agradecidos por el conocimiento que tenemos, por nuestro testimonio y por lo que sentimos”.


Hace poco más de dos años, en la reunión en la que el presidente Gordon B. Hinckley anunció que la edificación de este edificio se terminaría para el año 2000, después de haber hecho el anuncio, se volvió hacia mí y me dijo: “David, espero que estés allí”.

Presidente, aquí estoy. Y espero que si él dice que necesitamos otro año o más, o lo que sea, y que espera que yo esté allí, y confío en que me lo diga, yo voy a seguir sus instrucciones.

Es una alegría estar aquí con ustedes y presenciar este gran e histórico edificio de reuniones. Me agradó muchísimo el comentario que hizo el presidente Hinckley referente al nogal con que se hizo este púlpito. El púlpito del tabernáculo tenía una luz roja y otra amarilla para ayudar al orador a controlar su tiempo. Al envejecer, nuestra vista no es por lo general tan buena como antes; la luz amarilla se encendía y, si uno no prestaba atención, la luz roja comenzaba a encenderse y apagarse. Cuando esas luces se instalaron por primera vez, el hermano LeGrand Richards dijo: “Alguien ha puesto una luz ridícula acá; bueno, voy a ponerle la mano encima”.Hoy, aquí no hay ninguna luz, así que no sé cuándo voy a terminar.

¡Qué gran felicidad es estar aquí con todos ustedes! Al mirar esta vasta congregación y reflexionar sobre nuestros comienzos, nuestros muy humildes comienzos, me represento en la mente la cabaña de troncos de Peter Whitmer en Fayette, Nueva York, la cual, si recuerdo bien, sólo medía seis por nueve metros y tenía dos pequeños dormitorios arriba. La familia de Peter Whitmer vivía allí. La casa no tenía tuberías; sólo había un pozo fuera y un fogón que servía para cocinar y calentar el ambiente; pero en esa humilde vivienda se organizó la Iglesia hace 170 años. ¡Se imaginan!

El profeta José había recibido una revelación con instrucciones relacionadas con la organización de la Iglesia. En esa humilde cabaña, no sólo se organizó la Iglesia sino que también se terminó la traducción del Libro de Mormón en uno de los dormitorios del piso superior, puesto a disposición del profeta José y de Oliver Cowdery. Y en esa pequeña casa de labranza, se llevó a cabo la ordenación de los primeros élderes de la Iglesia, cuando el profeta José ordenó a Oliver Cowdery y después éste ordenó al profeta José Smith. Además, en esa pequeña cabaña se efectuó la primera reunión sacramental después de que se hubo organizado la Iglesia. Imagínense. Las hermanas llevaron pan y zumo de uva para la primera Santa Cena. Ésos fueron los humildes comienzos de lo que hoy vemos aquí.

Al mirar desde nuestros asientos hacia esta vasta congregación, es emocionante contemplar nuestro futuro y reflexionar en los humildes comienzos pioneros. En 1820, en la Arboleda Sagrada, en contestación a la humilde oración del profeta José, Dios el Padre y Su Hijo aparecieron a ese joven de 14 años, dando comienzo a esta obra, la restauración del Evangelio.

Piensen en 1830, en la reunión que tuvo lugar en esa pequeña cabaña de troncos donde por cierto tiempo estuvo establecida la sede de la Iglesia. Imagínense qué histórica y celestial reunión se celebró en esa cabaña fronteriza. Hay un relato que dice que María, la esposa de Peter Whitmer, se levantó temprano aquel domingo por la mañana y entró en la sala donde la gente dormía en el piso, abrigándose con acolchados hechos a mano. Habían llegado en carromato, en calesa y a caballo; eran amigos y personas que habían oído lo que sucedería aquel 6 de abril. Probablemente había unas 50 personas reunidas.

Después de aquel tan modesto comienzo, nos reunimos aquí en esta ocasión. Sólo queremos decir: “¡Aleluya! Te agradecemos, Señor, todo lo que ha tenido lugar”.Me vienen a la mente palabras de fe, de devoción y de gratitud; de la fe de las personas y de la fe que hemos demostrado al estar acá hoy día; de la devoción de esos primeros miembros y de la devoción que nosotros tenemos; el corazón nos rebosa de gratitud por lo que ha sucedido y por lo que todavía está por suceder.

Me siento tan agradecido por poder encontrarme aquí, por mis antepasados, por mi esposa Ruby, por nuestros hijos y por todos nuestros nietos. Nuestra familia ha comenzado una tradición: en este día, dondequiera que vivamos, nos ponemos de pie delante del aparato de televisión, ya sea que estemos en casa o en el centro de reuniones o en el centro de conferencias y levantamos la mano derecha para sostener a los oficiales de la Iglesia, en especial a nuestro profeta viviente. Por lo que hoy, en mi mente, he imaginado ver a los de nuestra posteridad en Bruselas, Bélgica; en Londres; en Virginia; en Carolina del Norte; en Texas y en California, levantar la mano en escuadra, aprendiendo a hacerlo, aprendiendo que es importante que ellos sostengan a los líderes en la Iglesia.

Mi corazón rebosa de gratitud en este día por las revelaciones que recibió el profeta José Smith y por todo lo que él hizo para poner en marcha la Restauración, sí, por las revelaciones necesarias para el establecimiento de esta obra, línea por línea, precepto por precepto. Reflexionen en las rigurosas y difíciles condiciones de nuestro comienzo, un comienzo sumamente humilde, y después vean a dónde hemos llegado en la actualidad.

Él [el profeta José Smith] recibió la revelación, la que es ahora la primera sección de Doctrina y Convenios, en la que el Señor promete a José Smith y a otros que recibirían el poder y la autoridad para hacer salir a la Iglesia “de la obscuridad y de las tinieblas” (D. y C. 1:30). Piensen en lo que ha sucedido bajo el inspirado liderazgo del presidente Hinckley, en el Edificio José Smith que tenemos hoy, [renovado] con el fin de preservar el hermoso y antiguo inmueble que era el Hotel Utah, y que ahora es el elegante edificio que es; vimos que eso se hizo realidad a consecuencia de la inspiración que recibió el presidente Hinckley. Y piensen en este edificio, en la orientación que recibió, como él mismo lo ha explicado. Y espero que todos los que nos encontramos reunidos aquí en esta ocasión nos sintamos agradecidos por el conocimiento que tenemos, por nuestro testimonio y por lo que sentimos. Éste es sólo el comienzo. Ésta es sólo una etapa del establecimiento de esta obra.

Y, cuando nos detengamos a pensar en lo que ha tenido lugar desde lo que se verificó en aquel humilde entorno en Fayette, Nueva York, y en lo que ha ocurrido en nuestra vida y en la de nuestros antepasados, espero que todos nos sintamos agradecidos y que tengamos el deseo de transmitir ese agradecimiento a nuestra posteridad junto con nuestro conocimiento y testimonio de que esta obra es verdadera. Espero que nos sintamos agradecidos por las bendiciones eternas que podemos recibir al presenciar el despliegue de la edificación de templos en todo el mundo y comprender la bendición que eso significa para la gente. Seguir leyendo

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¿Qué debemos hacer nosotros?

Conferencia General Abril 2000

“¿Qué debemos hacer nosotros?”

Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

 “Lo más importante que cada uno de nosotros puede hacer es examinar su propio cometido y su devoción para con el Señor Jesucristo”.

Es maravilloso, mis hermanos y hermanas, reunirnos en el nombre del Señor Jesucristo en este nuevo y magnífico Centro de Conferencias al despuntar un nuevo milenio.

Hace cien años, el presidente Lorenzo Snow inauguró en el Tabernáculo la conferencia anual número 70 de la Iglesia. Ésa fue la primera conferencia del siglo 20, y se realizó a fines de un periodo de grandes dificultades y tribulaciones para la Iglesia. El número total de sus miembros alcanzaba en aquel entonces casi los 300.000, la mayoría de los cuales residían en Utah.

El viernes 6 de abril de 1900, el presidente Snow dijo:

“El Señor nos ha hecho progresar asombrosamente y en la actualidad estamos realizando grandes cosas. Ahora, al aproximarnos a nuestro septuagésimo primer año, el Señor espera que hagamos algo más, algo que haga maravillar a las naciones, tal como lo que ya hemos hecho les ha maravillado”.

El presidente Snow les hizo entonces esta pregunta: “Ahora, Santos de los Últimos Días, ¿qué debemos hacer nosotros? Hemos recibido el Evangelio; hemos recibido el reino de Dios, establecido sobre la tierra; hemos tenido dificultades; hemos sido perseguidos; se nos expulsó de Ohio; se nos expulsó de Misuri, de Nauvoo e incluso, cierta vez, de esta hermosa ciudad. Muchos han perdido miles de dólares, sus hogares y todo lo que poseían; algunos de nuestros hermanos han visto a sus esposas e hijos dar la vida como consecuencia de las penurias que tuvieron que experimentar. . . Mucha gente ha observado con asombro la buena disposición con la que los Santos de los Últimos Días han soportado estas cosas. ¿Por qué lo hacemos. . .? ¿Qué es lo que nos permite sobrellevar estas persecuciones y aún regocijarnos?”

El presidente Snow ofreció esta respuesta: “Se debe a que hemos recibido revelaciones del Todopoderoso, porque Él ha hablado a nuestra alma y nos ha dado el Espíritu Santo. . . Esta Iglesia permanecerá porque tiene firmes cimientos. No es producto del hombre; no proviene del estudio del Antiguo y el Nuevo Testamento; no es el resultado de la educación que obtenemos en colegios y seminarios, sino que ha provenido directamente del Señor. El Señor nos lo ha mostrado mediante el principio revelador del Santo Espíritu de luz, y toda persona puede recibir ese mismo espíritu” (en Conference Report, abril de 1900, pág. 2–3.)

Nos convendría, mis hermanos y hermanas, prestar especial consideración a esa misma pregunta en la actualidad: “¿Qué debemos hacer nosotros?” Todo un siglo ha pasado; estamos hoy en el año 171 de la Iglesia. Los miembros de la Iglesia suman aproximadamente 11 millones en todo el mundo. Nuestros miembros son líderes reconocidos en casi todo tipo de vocación y prácticamente en cada país del mundo. La Iglesia continúa progresando; se están construyendo templos a un paso sin precedentes. La obra misional sigue avanzando. Las reuniones de la Iglesia se efectúan con regularidad en casi cada nación. Pero con todo eso, nuestros Profetas han indicado que “el Señor espera que hagamos algo más”. Seguir leyendo

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¿Todavía está aquí?

Conferencia General Abril 2000
“¿Todavía está aquí?”
Élder Gary J. Coleman
De los Setenta

Gary J. Coleman

“De las Escrituras y de los profetas vivientes he aprendido que esta vida es el tiempo en el que debemos prepararnos para comparecer ante Dios y un día disfrutar con Él de la vida eterna”.

Regocijémonos por estar aquí en este lugar de adoración con los profetas vivientes que hoy andan por la tierra y ven más allá de lo visto, oyen palabras inspiradas de los cielos por sobre el barullo diario y conocen a nuestro Dios.

Existe un plan divino; se le llama el plan de nuestro Padre Celestial 1.

Creemos en Dios. Sabemos que Él vive y que podemos tener fe en Él. Las Escrituras testifican que somos hijos de Dios, Su literal progenie espiritual 2. Vivíamos con Él antes de venir a esta tierra; somos creados a Su imagen y Él es nuestro Padre Celestial; por consiguiente, todos somos hermanos.

En virtud del amor que nuestro Padre Celestial tiene por nosotros, ha preparado un plan para el tiempo que vivamos aquí en la tierra. Con respecto a este plan maravilloso, recuerdo mis primeras experiencias antes de unirme a la Iglesia, mientras daba mis primeros pasos en el aprendizaje del Evangelio restaurado. Llegué a familiarizarme con las Escrituras de los últimos días que enseñan sobre la importancia de nuestra capacitación preterrenal en el mundo de los espíritus y que señalan que recibimos allí muchas lecciones en preparación para nuestra estadía aquí en la tierra 3 . De las Escrituras y de los profetas vivientes he aprendido que esta vida es el tiempo en el que debemos prepararnos para comparecer ante Dios y un día disfrutar con Él de la vida eterna 4. El profeta Jacob, al referirse a este plan eterno, exclamó: “¡Oh cuán grande es el plan de nuestro Dios!” 5. Sé que Dios vive y que desea ayudarnos a regresar a vivir con Él.

El gran plan de Dios nos proporcionó un Salvador. Como todas las personas responsables pecan y deben experimentar la muerte al final de su vida terrenal, Dios envió a Jesucristo para cumplir el plan al ayudarnos a vencer el pecado y la muerte. Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor; mediante Su sacrificio expiatorio, que realizó por cada uno de nosotros, Él nos ayuda a vencer el pecado por medio del arrepentimiento y del bautismo. Por medio de Su resurrección, hace posible que todos venzamos la muerte y la sepultura. Tenemos fe para seguir a Jesús y llegar a ser más como Él. ¡Cuánto amamos a nuestro amigo, el Señor Jesucristo, el único “nombre dado debajo del cielo. . . mediante el cual el hombre pueda ser salvo”! 6 Sé que Jesús nos salva de los efectos del pecado y de la muerte.

Agradecemos a Dios el que revelara Su plan y la misión de Jesús por medio de Sus testigos escogidos: los profetas y los apóstoles. Dios da a esos testigos la autoridad para actuar en Su nombre. Sus testimonios de las verdades del Evangelio están escritos en libros sagrados llamados Escrituras. Si las personas escuchan y leen esas enseñanzas de los profetas, pueden saber que son verdaderas mediante el poder del Espíritu Santo.

Hace casi 28 años, tuve el deseo de asistir a una conferencia general de la Iglesia y manejé 14 horas hasta Salt Lake City para hacerlo. A las 8:00 de la mañana, cuando entré en la manzana del templo, la fila de personas que estaban esperando para entrar por la puerta número 10 cruzaba toda la manzana y llegaba hasta la mitad de la parte sur del Salón de Asambleas. Me encontraba a unos 100 metros de mi meta. El acomodador avisó que el tabernáculo estaba lleno. La gente comenzó a salirse de la fila y yo seguí avanzando poco a poco.

Faltaban cinco minutos para las diez y yo era el único que se encontraba enfrente de la puerta que había escogido. Ésta se abrió y el acomodador dijo: “¿Todavía está aquí?”.Volvió a cerrar la puerta y a mí se me cayó el alma a los pies. Cuando a las 10:00 en punto el coro comenzó a cantar el himno de apertura, la puerta se abrió otra vez y el acomodador me hizo la señal para que entrara. Me colocó en un medio asiento y detrás de una columna, ¡pero qué importaba! Ese día especial me fue posible sostener a los líderes escogidos del Señor y escuchar su consejo, de la misma forma en que lo hemos hecho esta tarde. Seguir leyendo

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Mantengan una perspectiva eterna

Conferencia General Abril 2000
Mantengan una perspectiva eterna
Élder Jay E. Jensen
De los Setenta

Jay E. Jensen

“Si ayudamos primero a la gente a comprender el plan, entonces ellos tendrán una motivación más profunda y permanente para guardar los mandamientos”.

Las palabras no pueden describir el sentimiento de ineptitud vinculado con este santo llamamiento, sobre todo la responsabilidad de ser un testigo especial de Jesucristo en todo el mundo (véase D. y C. 107:25). Ruego tener su fe y sus oraciones.

Un principio del cual quiero hablar proviene de Alma: “por tanto, después de haberles dado a conocer el plan de redención, Dios les dio mandamientos” (Alma 12:32).

La secuencia del proceso de enseñanza de este versículo es que nuestro Padre Celestial enseñó primeramente a Adán y a Eva el plan de redención y después les dio mandamientos. Todos los mandamientos tienen su importancia eterna en el contexto del gran plan de felicidad (véase Alma 42:8; 34:9).

Sé que esta verdad es la clave para la conversión, la retención y la activación. Si ayudamos primero a la gente a comprender el plan, entonces ellos tendrán una motivación más profunda y permanente para guardar los mandamientos.

Otra forma de decir lo que Alma enseñó provino de una experiencia que compartió una Autoridad General. Contó que había hablado con una hermana conocida de él en la Iglesia, quien algunos años antes se había divorciado. Ella se le acercó para agradecerle el consejo que le había dado durante sus horas más amargas; le recordó lo que él le había dicho: “Hermana, no vaya a perder su perspectiva eterna. Mantenga siempre una perspectiva eterna”.Ella dijo que esa verdad se había convertido en su fuente de fortaleza.

Cuando comprendemos el gran plan de felicidad, obtenemos una perspectiva eterna y los mandamientos, las ordenanzas, los convenios, y las experiencias, las pruebas y las tribulaciones se pueden apreciar bajo su luz verdadera y eterna.

Sin embargo, recuerden que Satanás disminuirá el resplandor de la esperanza y de la perspectiva eterna por medio de las obscuras e imperiosas exigencias del momento. Ese es el caso de aquellos que se mencionan en el Libro de Mormón que “se habían apartado del camino” (Helamán 6:31) y actuaron “por sí mismos” (3 Nefi 1:29).

Lamán y Lemuel se apartaron del camino y se quejaron por sus padecimientos al no tener consigo sus posesiones, con las cuales, según ellos, hubieran “podido ser dichosos” (1 Nefi 17:21). Sucedió lo mismo con el hijo pródigo. Ansioso por recibir su herencia terrenal, le dijo a su padre: “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde”.se los llevó, pero luego los “desperdició. . . viviendo perdidamente” (Lucas 15:12–13). Seguir leyendo

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Un templo para África Occidental

Conferencia General Abril 2000
Un templo para África Occidental
Élder Glenn L. Pace
De los Setenta

Glenn L. Pace

“Qué gran inspiración ha sido el ver la mano del Señor reunir las fuerzas que llevarán indefectiblemente a la victoria; habrá un templo en África Occidental”.

Hace varios años asistí a un partido de fútbol americano en la Universidad Brigham Young con algunos de nuestros hijos más pequeños. Perdimos el partido; ¡me fastidia tanto cuando eso sucede! Durante el camino de regreso a casa hasta Bountiful, escuchamos por la radio los comentarios de los entrenadores; una vez que se terminó el programa, a mis hijos no les quedó más remedio que escuchar mis propios comentarios acerca del partido. Apenas había terminado de analizar los problemas que había habido en el juego, mi hija de siete años me preguntó: “Papá, cuando miras el templo, ¿sientes algo lindo dentro de ti?”.Mientras me preguntaba qué tenía que ver ese comentario con el partido de fútbol, le eché una mirada y me di cuenta de que ella estaba mirando el Templo de Salt Lake a través de la ventanilla. Por alguna razón, el partido dejó de tener importancia.

Toda mi vida se ha visto enriquecida por experiencias relacionadas con el templo. Nuestros padres nos llevaban a menudo a la Manzana del Templo, en Salt Lake City; nos señalaban el templo y nos decían que ellos se habían casado allí y que por ese motivo nuestra familia estaría siempre junta. ¡Qué gran consuelo para un niño pequeño, cuyo temor más grande era que sus padres pudieran morir! Y ahora, ¡qué gran consuelo le ofrece a un hombre ya mayor cuyos padres ya están en el otro lado del velo!

Cuando tenía diez años, a la sombra del Templo de Salt Lake, leí por primera vez la historia de José Smith y recibí un fuerte testimonio de la veracidad de la Restauración.

Recuerdo con gratitud cuando fui al templo con mis padres para recibir mis investiduras, poco antes de partir para la misión.

Tres años más tarde, mi esposa y yo contrajimos matrimonio en el Templo de Salt Lake. En años subsiguientes, he tenido el honor de efectuar el casamiento en el templo de cada uno de nuestros seis hijos.

Sé que muchos miembros de la Iglesia no han tenido el privilegio que yo he tenido de crecer cerca de un templo. Por esa razón todos recibimos con gran emoción el anuncio que hizo el presidente Hinckley en octubre de 1997, en el cual dijo: “Hemos tomado la resolución. . . de hacer llegar los templos a las personas y brindarles así todas las oportunidades de recibir las valiosísimas bendiciones que brinda la adoración en el templo” (Liahona, enero de 1998, pág. 58).

Desde esa época, nos hemos alegrado y maravillado al escuchar el anuncio de la construcción de numerosos templos, y más tarde al leer acerca del programa de puertas abiertas y de la dedicación de los mismos. Somos testigos de un milagro de los últimos días y del cumplimiento de una profecía. ¡Qué maravilloso es vivir en esta época!

No todos comparten nuestro entusiasmo acerca de la construcción de templos. El adversario en particular está sumamente furioso al ver que su poder peligra.

Durante los últimos dos años, he sido testigo personal de su gira en África Occidental. Él ha estado sumamente ocupado tratando de impedir que se edifique un templo en esa parte del mundo. Dos años atrás, el presidente Hinckley anunció que habría un templo en África Occidental, ubicado en Accra, Ghana. Desde ese entonces, el adversario ha tratado constantemente de impedir que eso suceda. ¿Por qué está Lucifer tan preocupado? Seguir leyendo

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Daréis oído a todas sus palabras

Conferencia General Abril 2000
“Daréis oído a todas sus palabras”
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry

 “La continua expansión de la tecnología tan sólo nos traerá el mensaje. . . [Pero] el desafío que cada persona y cada familia tiene. . . [es el] de poner en práctica los mensajes del Evangelio”.

Hermanos Ted E. Davis, Donald D. Salmon y Frank M. McCord: como miembro de la Iglesia, quisiera agradecerles personalmente las muchas horas, días y años que han dedicado para asegurarme que todo en la Iglesia, desde el punto de vista financiero, está en el debido orden. Estoy seguro que también se lo agradecen profundamente casi once millones de miembros de la Iglesia. Muchas gracias.

Durante los dos últimos años, hemos observado con gran expectativa la construcción de este hermoso centro de conferencias. Ahora nos encontramos disfrutando esta conferencia general histórica con muchos miles más que están presentes para escuchar la voz de los profetas. Con toda seguridad, éste es el comienzo de una nueva era en la historia de la Iglesia; una era de alcance e influencia mayores y más profundos; una era de mayor desarrollo e impacto.

Antes de tener la última reunión del año de la Primera Presidencia y de los Doce, el presidente Hinckley, consciente de los cambios que estaban a punto de llevarse a cabo, propuso que fuésemos al templo en ayuno y que termináramos nuestro año, el siglo y el milenio, con una reunión de ayuno y testimonios. Y para no desmerecer el espíritu de testimonio, nos pidió que dejáramos de lado cualquier asunto de negocios en esa reunión especial y los tratáramos el año siguiente.

La reunión fue un festín espiritual colmado de atestiguaciones y testimonios sobre nuestro Señor y Salvador. Después de participar de la Santa Cena, cada uno de los miembros de los Doce se puso de pie y expresó su testimonio con respecto a la misión de Jesús, el Cristo, el Salvador del mundo. Los tres últimos testimonios fueron ofrecidos por los miembros de la Primera Presidencia, de los cuales el último fue el del presidente Hinckley. Fue una ocasión llena de sobriedad, pero a la vez de gozo, al fortalecernos unos a otros con firmes testimonios.

El presidente Hinckley agregó a su poderoso y emotivo testimonio una lista de asuntos que le preocupan para el futuro. Una de esas preocupaciones en particular se me quedó grabada en la mente. Su inquietud era que con el gran crecimiento de la Iglesia a través del mundo, sería cada vez más difícil que los apóstoles pudiesen visitar a todos los miembros de la Iglesia y exhortarles en forma personal a vivir el Evangelio. Por tanto, en el futuro sería necesario depender más en la tecnología para llevar el mensaje del Evangelio a la Iglesia mundial.

Al revisar la historia sagrada que se encuentra en las Escrituras, encontramos acontecimientos similares cuando un profeta de Dios ve cambios de importancia en el horizonte. Es interesante observar que cuando ocurren esos acontecimientos críticos, se da una grande e inspirada atención tanto al mensaje profético como a la forma en que se da a conocer, o sea, a la tecnología que se usa para llevar el mensaje del Evangelio.

Recuerdo el gran sermón que el rey Benjamín pronunció a su pueblo, que se encuentra en los primeros capítulos del libro de Mosíah. Este rey justo había servido fielmente a su pueblo durante mucho tiempo y era el momento de entregar el liderazgo a su hijo. Antes de hacerlo, deseaba dejar a su pueblo su testimonio con respecto al Señor y Salvador. Primero deseaba instruir a sus hijos para que “llegaran a ser hombres de entendimiento; y que supiesen concerniente a las profecías que habían sido declaradas por boca de sus padres, las cuales les fueron entregadas por la mano del Señor” (Mosíah 1:2).

Y también los instruyó con respecto a los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce, diciendo:

“. . .Hijos míos, quisiera que recordaseis que si no fuera por estas planchas, que contienen estos anales y estos mandamientos, habríamos padecido en la ignorancia, aun ahora mismo, no conociendo los misterios de Dios” (Mosíah 1:3).

El mantener la doctrina pura era la mayor preocupación del rey Benjamín, por lo que deseaba que todo su pueblo recibiera su testimonio y su palabra. Mandó traer a Mosíah, su hijo y sucesor, y le dio instrucciones específicas con respecto a reunir a su pueblo para ésa, su última conferencia. Él dijo: Seguir leyendo

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Resurrección

Conferencia General Abril 2000
Resurrección
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks

 “La resurrección es mucho más que reunir un espíritu a un cuerpo. . . La resurrección es la restauración que vuelve a reunir lo “carnal por carnal” y lo que es “bueno por lo que es bueno” (Alma 41:13)”.

El libro de Job hace la pregunta universal: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14). La interrogante de la resurrección de la muerte es un tema central en las Escrituras antiguas y modernas. La Resurrección es un pilar de nuestra fe; da significado a nuestra doctrina, motivación a nuestro comportamiento y esperanza a nuestro futuro.

  1. LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

La resurrección universal se hizo realidad con la resurrección de Jesucristo (véase Mateo 27:52–53). Al tercer día, después de Su muerte y sepultura, Jesús salió de la tumba; se apareció a varios hombres y mujeres, y más tarde a los Apóstoles que estaban reunidos. Tres de los Evangelios describen ese acontecimiento, pero el de Lucas es el más completo:

“Jesús. . . les dijo: Paz a vosotros.
“Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.
“Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?
“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. . .
“Entonces les abrió el entendimiento. . .
“y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día (Lucas 24:36–39, 45–46).

El Salvador dio a los Apóstoles un segundo testigo. Tomás, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando llegó Jesús, e insistió en que no creería a menos que viera y palpara por sí mismo. Juan escribe:

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.

“Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
“Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
“Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:26–29).

A pesar de estos testimonios bíblicos, muchos que se llaman cristianos a sí mismos rechazan la realidad de la resurrección, o tienen serias dudas al respecto. Como si se anticipara y se respondiera a esas dudas, la Biblia registra muchas apariciones del Cristo resucitado. En algunas de ellas, Él se aparece a una persona en forma individual, como es el caso de María Magdalena ante el sepulcro. En otras, se aparece a grupos grandes y pequeños, como cuando “apareció a más de quinientos hermanos a la vez” (1 Corintios 15:6).

El Libro de Mormón, Otro testamento de Jesucristo, registra la experiencia de cientos de personas que vieron al Señor resucitado en persona y lo tocaron, palparon las marcas de los clavos en Sus manos y pies, y metieron las manos por Su costado. El Salvador invitó a una multitud a pasar por esta experiencia, “uno por uno” (3 Nefi 11:15) para que supieran que Él era “el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que [había] sido muerto por los pecados del mundo” (3 Nefi 11:14).

Durante el curso de Su ministerio personal entre ese pueblo fiel, el Cristo resucitado sanó a los enfermos y también “tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo” (3 Nefi 17:21). Los testigos de este tierno episodio fueron en número unos dos mil quinientos hombres, mujeres y niños (véase 3 Nefi 17:25). Seguir leyendo

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El escudo de la fe

Conferencia General Abril 2000

El escudo de la fe

Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

“Nunca antes en la historia del mundo ha sido mayor la necesidad de tener fe en Dios”.

Mis queridos hermanos y hermanas, hoy es un día histórico. Ésta es la primera conferencia general de este siglo y de este milenio, y la primera que se realiza en este nuevo y grandioso Centro de Conferencias de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me uno a todos ustedes para expresar admiración, respeto y agradecimiento por la visión de nuestro gran Profeta, el presidente Gordon B. Hinckley. Él tuvo la fe y el valor para poner en marcha esta construcción monumental.

Con lágrimas de tristeza, dejamos atrás nuestro amado Tabernáculo, el sitio tradicional de la conferencia general. Como ha dicho el presidente Hinckley: “Ya no cabemos en él”.Nos detenemos a rendir homenaje a la fe, visión e inspiración de Brigham Young y sus colegas, quienes con fe edificaron el Tabernáculo, cuya construcción es en verdad extraordinaria. He estado en el techo del Tabernáculo, en donde las primitivas ataduras de cuero sin curtir todavía sujetan las vigas de la estructura del tejado. Aunque las vigas han sido reforzadas con acero, el trabajo creativo de los fieles santos pioneros todavía existe como símbolo de su gran fe.

Creo que el futuro será grandioso y espléndido en muchos sentidos. Las oportunidades para la educación y el aprendizaje han aumentado y continuarán aumentando de un modo espectacular. Una persona lo definió así: “La educación equivale a saber leer la letra menuda de un contrato; la experiencia es lo que resulta si uno no la sabe leer” 1 . Tanto hoy como en el futuro, enormes cantidades de información se están haciendo más accesibles por todo el mundo a través de aparatos electrónicos que se usan en el hogar, en el trabajo y en la biblioteca local. No obstante, grandes serán los desafíos e infinitos los problemas ya que con ese aumento de conocimiento la vida se vuelve en realidad más complicada. Brigham Young dijo: “Se me reveló a mí al comienzo de esta Iglesia que ésta se extendería, prosperaría y progresaría; pero que el poder de Satanás también crecería en proporción con la difusión del Evangelio entre las naciones de la tierra” 2 .

Al entrar en una nueva era, tenemos sólo un camino seguro: el de seguir adelante con fe. La fe será el fuerte escudo que nos protegerá de los dardos de fuego de Satanás. Los valores no deben cambiar con el tiempo puesto que la fe en Jesucristo es indispensable para la felicidad y la salvación eterna. El siglo de mayor progreso en la ciencia y en la tecnología acaba de terminar. Sin embargo, prevalece en esta época la oscuridad, así como en el tiempo en que Jesucristo iba a ser crucificado. Aun así, como dijo el profeta José Smith: “. . .en este tiempo nos esperan grandes bendiciones, y dentro de poco se derramarán entre nosotros, si somos fieles en todas las cosas, porque tenemos el derecho de esperar mayores bendiciones espirituales que ellos, porque Cristo estuvo entre ellos en persona para instruirlos respecto del gran plan de salvación. Nosotros no gozamos de su presencia personal, por tanto, tenemos necesidad de mayor fe. . .” 3 . La fe es el primer principio del Evangelio de Jesucristo como lo expuso el profeta José Smith: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” 4 . Esta fe será el santuario de nuestras almas.

Nunca antes en la historia del mundo ha sido mayor la necesidad de tener fe en Dios. Si bien la ciencia y la tecnología abren la puerta a ilimitadas oportunidades, también presentan grandes peligros debido a que Satanás emplea esos prodigiosos descubrimientos para su beneficio. La red de comunicación que abarca todo el mundo está sobrecargada de información de la que nadie se hace responsable en lo que toca a su verdad o a su procedencia. El delito se ha vuelto mucho más “avanzado” y la vida más arriesgada. En la guerra, el matar se ha vuelto mucho más eficiente. Grandes desafíos yacen adelante a no ser que el poder de la fe, del buen criterio, del discernimiento, de la honradez, de la decencia, del autodominio y de la integridad aumente proporcionalmente para compensar esa expansión de conocimiento secular. Sin progreso moral, estimulado por la fe en Dios, la inmoralidad en todas sus formas proliferará y sofocará la virtud y la decencia humana. El género humano no podrá expresar plenamente la nobleza potencial del alma humana si no fortalece la fe en Dios.

En nuestra época, la creencia de que la ciencia y la tecnología pueden resolver todos los problemas de la humanidad se ha convertido en una teocracia. Me desesperaría si pensara que nuestra salvación eterna dependiese del conocimiento científico, técnico o secular separado de la rectitud y de la palabra de Dios. La palabra de Dios que han predicado Sus profetas a lo largo de los siglos no justifica ninguna otra conclusión. Muchos creen que las respuestas supremas a las preguntas de la vida yacen en los tubos de ensayo, en los laboratorios, en las ecuaciones y en los telescopios. Esa teocracia de la ciencia excluye la respuesta fundamental a la pregunta central: “¿Por qué?”.El conocer la causa y el efecto es fascinante, pero no explica por qué estamos aquí, de dónde venimos ni adónde vamos. Como dijo Albert Einstein: “Jamás creeré que Dios permite que los sucesos del mundo ocurran al azar” 5 . Seguir leyendo

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Vivir felices para siempre jamás

Conferencia General Abril 2000
Vivir felices para siempre jamás
Coleen K. Menlove
Presidenta General de la Primaria

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“El Salvador Jesucristo nos ha mostrado el camino a la felicidad y nos ha dicho todo lo que debemos hacer para ser felices”.

A los niños les encantan los cuentos. Cuando yo era niña, me atraían de inmediato los relatos que comenzaban con las palabras “Érase una vez”, y que solían terminar con “y fueron felices para siempre jamás”.Pienso que no sólo a los niños les atraen esas frases; todos anhelamos que el “érase una vez” de nuestra vida esté tan lleno de felicidad que sea el “ser felices para siempre jamás” de nuestras esperanzas y sueños.

Ahora estamos viviendo nuestro “érase una vez”, experimentando la probación mortal durante nuestro tiempo en la tierra. En nuestra existencia preterrenal “se regocija[ron] todos los hijos de Dios” (Job 38:7) cuando aceptamos el gran plan eterno de felicidad. Con alegría esperamos venir a la tierra a tener oportunidades de progresar espiritualmente. “Existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25). La oportunidad yace aquí y ahora de obtener la felicidad que se extiende más allá de nuestra vida terrenal; sin embargo, debemos saber lo que es y dónde buscarla.

En el Libro de Mormón, Lehi explica a su hijo Jacob que la felicidad es el resultado de la obediencia. Le dice que las leyes eternas dan lugar o a castigos o a oportunidades de hallar la felicidad. Cuando desobedecemos las leyes de Dios, sufrimos los castigos, pero cuando [las] obedecemos, cosechamos la felicidad (véase 2 Nefi 2:10). Parte de lo que genera la felicidad es la ausencia de remordimiento, de culpa y de pecado.

El profeta José Smith enseñó: “La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 312).

Una joven amiga, llamada Emily, descubrió eso por sí misma. Ella no tenía aún un testimonio del Evangelio y se preguntaba si debía permanecer activa en la Iglesia o intentar buscar la felicidad en otra parte. Al buscar respuestas, comenzó a fijarse en que entre las personas y las familias que la rodeaban, las más felices eran las que eran activas en la Iglesia. Después de descubrirlo, resolvió que aun cuando todavía no tenía un testimonio completo de la veracidad del Evangelio, deseaba formar parte de lo que ayudaba a las personas a ser tan felices. El Evangelio es “buenas nuevas”, y tal como lo descubrió Emily, las buenas nuevas son que el Evangelio nos puede hacer muy felices.

Pero tal vez piensen que aun dentro de la Iglesia hay personas que no son felices, y que personas que suelen ser felices tienen momentos de estrés, de preocupaciones, de desafíos y desánimo. Eso también forma parte del gran plan de felicidad. La vida terrenal es una etapa de prueba, lo cual significa que debe haber momentos de dolor y de incomodidad. Sin embargo, si confiamos con paciencia en el plan eterno, podremos experimentar felicidad a diario y tener la esperanza de ser “felices para siempre jamás”. Seguir leyendo

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Futuros líderes

Conferencia General Abril 2000
Futuros líderes
Élder Harold G. Hillam
De la Presidencia de los Setenta

Harold G. Hillam

“Ruego que ustedes, jóvenes, cultiven la reverencia hacia las cosas sagradas, el respeto por sus mayores y el deseo de guardar los mandamientos. Ruego que aprendan a conocer al Salvador”.

En la última conferencia general, hubo algo más bien insignificante que captó mi atención. ¡Una corbata! Mientras cantaba un coro de niños, una de las cámaras de televisión se detuvo en un niño del coro. Éste creyó haberse visto en el monitor de la televisión, pero parecía no estar totalmente seguro. Así que hizo esto: Al mover la corbata casi imperceptiblemente, lo supo: sí, ¡era él!

Ese simple acto trajo a mi mente un sinfín de pensamientos. Al volverme para mirar a aquellos niños y niñas, pensé: Estos niños representan a millones de niños y niñas como ellos en todo el mundo. ¿Cómo será esta gran Iglesia cuando ellos lleguen a la edad de los líderes aquí presentes y qué papel representarán en ese notable futuro? ¿Qué niños tendrán cargos en barrios y estacas? ¿Habrá entre ellos un futuro miembro de los Doce escuchando esta conferencia o estará incluso sentado aquí hoy día? ¿Qué niño, al crecer, presidirá un día como Presidente de la Iglesia cuando ésta tenga muchos millones de miembros más?

Conforme pensaba en estas cosas, me di cuenta de que hay muchas lecciones que ustedes, jóvenes, deben aprender. Tendrán que prepararse para hacer frente a las grandes responsabilidades que les esperan en una época en la que el mundo parece haber dado al adversario libertad sin barreras para oponerse a todo lo que es bueno y decente. Tendrán que aprender muchas lecciones, pero permítanme compartir con ustedes tres lecciones que creo son esenciales.

La primera lección esencial es desarrollar un sentido de respeto por lo que es sagrado y respeto por otras personas, en especial sus mayores.

El Señor le enseñó a Moisés acerca de cosas y lugares sagrados. Cuando Moisés se acercó a la zarza ardiente que el fuego no consumía, el Señor ordenó: “No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” (Éxodo 3:5). Nosotros también tenemos la oportunidad de estar en lugares santos. Los templos, los edificios de la Iglesia y los hogares de ustedes merecen su respeto porque son sagrados.

Deberán reconocer y valorar todo lo que el Señor ha revelado que es sagrado. Una de las cosas de mayor significado es la naturaleza sagrada de sus propios cuerpos. El apóstol Pablo se refirió a nuestros cuerpos como templos que Dios nos dio (véase 1 Corintios 6:19). ¡Qué trágico sería que se privaran de las oportunidades de la vida si obstinadamente desfiguraran su cuerpo o adormecieran su mente con drogas! No utilicen su cuerpo para cosas inmorales. Vístanlo con modestia y dejen atrás la moda desaliñada de vestir. Cuando tengan el valor de vestirse en forma modesta y de evitar las modas estrafalarias, se darán cuenta que el respeto por uno mismo es compañero de la obediencia, y que el Señor les ayudará.

Nuestro comportamiento y nuestra vestimenta son un reflejo de la importancia que damos a lo que somos y al lugar donde estamos. Permítanme demostrarlo: Una de las cosas naturales que sucede en la obra misional es el cambio en los nuevos conversos, especialmente en los niños, en los jóvenes varones y en los padres, porque cuando van a las reuniones de la Iglesia desean verse como los misioneros. Eso nos dice mucho sobre la importancia de lucir como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Seguir leyendo

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Lenguas de fuego

Conferencia General Abril 2000

Lenguas de fuego

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

“En todos los idiomas, el Espíritu de Dios –el Espíritu Santo– guía o puede guiar a todo miembro de la Iglesia”.

¿Piensan que es posible para los que hemos sido asignados a hablar alejar la atención de este magnífico edificio lo suficiente como para concentrarnos en el propósito para el cual se edificó?

Quizás se pueda lograr por medio de una parábola y un poema.

La parábola: Un mercader que buscaba joyas preciosas encontró por fin la perla perfecta. Pidió al artesano más diestro que le tallara un joyero espléndido y lo forrara con terciopelo azul. Colocó la perla de gran precio a la vista, para que otras personas pudieran compartir su tesoro. A medida que la gente iba a verla, él observaba. Pronto se alejó entristecido; lo que admiraban no era la perla, sino el joyero.

El poema:

Somos ciegos hasta que vemos
que en el plan universal
nada es digno del esfuerzo
si al hombre no ha de salvar.
¿Para qué construir algo glorioso
si al hombre deja sin edificar?
En vano un mundo edificamos
Si el constructor no ha de progresar. 1

Al pensar en el constructor, empezamos en el otro extremo del mundo, hace dos mil años, en el río Jordán con Juan el Bautista. Él predicó: “Yo. . . os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí. . . es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” 2 .

“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él” 3 .

“Y Jesús. . . subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios [el Espíritu Santo] que descendía como paloma, y venía sobre él.

“Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” 4 .

Jesús fue entonces al desierto y Lucifer llegó para tentarlo 5 . Jesús venció cada una de las tentaciones con una Escritura.

“. . .Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre” 6.

“. . .Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” 7.

“. . .porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” 8.

Piensen en eso con detenimiento. Cuando el Señor se enfrentó a la Perdición misma, utilizó las Escrituras para protegerse.

Jesús escogió de entre Sus discípulos a 12 a quienes ordenó Apóstoles: Pedro, Jacobo y Juan; Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Simón, Jacobo, Judas y Judas [Iscariote]. Eran hombre comunes y corrientes a quienes los fariseos describieron como “hombres sin letras y del vulgo” 9.

Los Doce le siguieron y Él les enseñó.

Les ordenó enseñar a todas las naciones y a bautizar a todos los que creyeran 10.

Antes de irse, hizo la promesa: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” 11.

Jesús fue crucificado. Al tercer día se levantó del sepulcro. Dio más instrucciones a Sus Apóstoles y después, antes de ascender, dijo: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” 12.

Ese poder no se hizo esperar. En el día de Pentecostés, los Doce se encontraban reunidos en una casa:

“. . .de repente vino del cielo un estruendo. . . un viento recio que soplaba. . .
“y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo. . .” 13.

Con eso, los Doce recibieron pleno poder.

Cuando hablaron ese día, la gente se maravillaba porque cada persona los oía en su propia lengua: 18 idiomas en total 14.

Los Apóstoles comenzaron a bautizar a todos los que creían en sus palabras; pero el bautismo para arrepentimiento no era suficiente 15. Seguir leyendo

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Mi testimonio a todo el mundo

Conferencia General Abril 2000
Mi testimonio a todo el mundo
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“En este gran salón. . . saldrán las voces de los profetas a todo el mundo para dar testimonio del Redentor del género humano”.

Mis amados hermanos y hermanas, qué extraordinaria vista presentan ustedes, esta vasta congregación de Santos de los Últimos Días reunidos en esta nueva y magnífica sala.

El órgano no está terminado y todavía hay varios detalles de construcción que acabar; pero felizmente la obra se ha adelantado lo suficiente para permitirnos utilizarlo para esta conferencia. Hará un año, al hablar con respecto a este edificio, expresé la opinión de que quizás, para empezar, no podríamos llenarlo, puesto que tiene tres veces y media la capacidad del Tabernáculo. Pero ocurre que ya tenemos dificultades. Todos los asientos ya están llenos.

Durante las cuatro sesiones generales y la sesión del sacerdocio podremos dar cabida a unas 100.000 personas. Se nos han solicitado 370.000 pases. El Tabernáculo y el Salón de Asambleas darán cabida al excedente de asistentes. Pero con todo eso, muchos, muchísimos quedarán fuera. Pedimos disculpas. Les pedimos que nos perdonen. Nada podemos hacer al respecto. Son muchos los que deseaban asistir a esta primera conferencia en este nuevo auditorio, pero lamentablemente, eso es imposible. Me conmovió un tanto enterarme de que las personas de mi propio barrio, que está cerca, y a las que quiero mucho, no recibieron pases.

Estamos agradecidos por el entusiasmo de los Santos de los Últimos Días con respecto a este nuevo centro de reuniones. Confío en que el entusiasmo continúe y en que tengamos el recinto lleno en todas las conferencias futuras.

Éste es el más nuevo de una serie de lugares de reuniones construidos por los de nuestro pueblo. Cuando llegaron por primera vez a este valle hicieron una enramada, que si bien los protegía del sol, no les daba abrigo y casi ninguna comodidad. Entonces edificaron el antiguo Tabernáculo, al cual siguió el nuevo Tabernáculo que tan bien nos ha servido durante más de 130 años.

Ahora, en esta histórica época en la que demarcamos el nacimiento de un nuevo siglo y el comienzo de un nuevo milenio, hemos construido este nuevo y espléndido Centro de Conferencias.

Cada una de las obras de construcción del pasado fue una empresa audaz y sobre todo la del Tabernáculo. Su diseño fue exclusivo, ya que nunca nadie había construido un edificio así; todavía sigue siendo único en su género. Ha sido y seguirá siendo una sala admirable. Seguirá existiendo, pues creo que los edificios tienen su vida propia. Continuará sirviendo largo tiempo en el imprevisible futuro.

La construcción de esta estructura ha sido una obra temeraria. Nos hemos preocupado por ella. Hemos orado por ella. Hemos escuchado los susurros del Espíritu con respecto a ella. Y sólo cuando percibimos la voz confirmante del Señor resolvimos dar el paso adelante.

En la conferencia general de abril de 1996, dije: “Lamento mucho que haya muchas personas que quisieron reunirse aquí esta mañana con nosotros, en este Tabernáculo, y que no pudieron entrar por falta de lugar. Muchas de esas personas se encuentran fuera de este edificio. En este único y extraordinario salón, edificado por los pioneros, nuestros antepasados, y dedicado para la adoración de Dios, caben cómodamente unas 6.000 personas. Algunos de ustedes que han estado más de dos horas sentados en esas bancas duras quizás duden de la palabra cómodamente.

“Me duele el alma pensar en aquellas personas que [deseaban] entrar pero, por falta de espacio, no pudieron. Hace aproximadamente un año, les sugerí a las demás Autoridades Generales que tal vez haya llegado el momento de investigar la viabilidad de construir otra casa dedicada de adoración, una mucho más grande que ésta, en donde cabrían de tres a cuatro veces más el número de personas que caben en este edificio” (Liahona, julio de 1996, pág. 70).

La idea de un nuevo auditorio se estableció con claridad. Se estudiaron diversos diseños arquitectónicos hasta que se escogió el modelo de un edificio grande con cabida para 21.000 personas con un teatro para otras mil. No tenía columnas en el interior que obstruyesen el ver al orador; tenía árboles y agua corriente en la azotea.

La palada inicial tuvo lugar el 24 de julio de 1997, el aniversario número 150 de la llegada de los pioneros a este valle. Aquél fue un acontecimiento histórico.

No lo sabíamos en ese entonces, pero, en 1853, Brigham Young, al referirse a los templos, dijo: “Llegará el momento en que. . . edificaremos. . . en la terraza arboledas y estanques de peces” (Deseret News Weekly, 30 de abril de 1853, pág. 46).

En 1924, el élder James E. Talmage, del Consejo de los Doce, escribió: “Desde hace largo tiempo he vislumbrado la posible construcción de un gran pabellón al lado norte del Tabernáculo, que tenga cabida para unas 20.000 personas o quizás para dos veces ese número, con amplificadores que permitan a todos los concurrentes oír los discursos que se pronuncien desde el estrado del Tabernáculo y que, además, tenga conexión con un sistema de transmisión con receptores en las diversas capillas y otros centros de reuniones de toda la región de las Montañas [Rocosas]” (diario de James E. Talmage, 29 de agosto de 1924, Special Collections and Manuscripts, Biblioteca Harold B. Lee, Universidad Brigham Young, Provo, Utah).

En 1940, la Primera Presidencia y los Doce solicitaron a su arquitecto que hiciera los planos de un edificio que tuviera cabida para 19.000 personas, el cual se levantaría donde se encuentra este edificio. Eso ocurrió hace 60 años. Pensaron en ello, hablaron de ello, pero, por último, abandonaron la idea del todo.

Esas observaciones y esas acciones fueron asombrosamente proféticas. Nosotros nada sabíamos de ellas, pues todas ellas se nos han hecho presentes desde que comenzamos esta construcción.

No hemos construido ningún templo con árboles y estanques de peces en la terraza, pero en este edificio hay muchos árboles y agua corriente. Puede ser que Brigham Young haya previsto este edificio muy cerca del templo. Tenemos lo que el hermano Talmage vislumbró y mucho, mucho más. Estos servicios no los oirán tan sólo los que se encuentran en el Centro de Conferencias, puesto que se transmitirán por radio, televisión y cablevisión, y se transmitirán por satélite a Europa, a México, a Sudamérica. Llegamos mucho más allá de la región de las montañas de la que habló el hermano Talmage. Llegamos más allá de los confines de los Estados Unidos y de Canadá. Esencialmente, llegamos a todo el mundo.

Éste es en verdad un edificio formidable. No sé de ninguna otra construcción comparable que se haya edificado principalmente como salón de adoración que sea tan grande ni que tenga cabida para tantas personas. Es hermoso en su diseño, en su mobiliario y decoración y es magnífica la utilidad que presta. Se ha construido con hormigón reforzado para llenar los requisitos más exigentes de protección de terremotos de esta región. El hormigón está recubierto de granito, el cual se extrajo de la misma cantera del granito del templo. En los dos edificios se pueden ver las mismas impurezas de esa piedra.

El interior es bellísimo y maravillosamente extraordinario. Es enorme y está construido de manera que nada obstruye el ver al orador. Las alfombras, los suelos de mármol, las paredes decoradas, las bonitas cerraduras, la estupenda madera, todo ello es indicativo de su utilidad con un toque de elegancia.

Su presencia será muy valiosa para esta ciudad. Aquí no se realizarán sólo las conferencias generales y algunas otras reuniones religiosas, sino que este edificio también servirá de centro cultural para las mejores presentaciones artísticas. Esperamos que los que no sean de nuestra fe vengan a este lugar a disfrutar de este bello entorno y se sientan agradecidos por su presencia. Agradecemos a todos los que han trabajado tan arduamente en esta obra para adelantarla hasta esta etapa: a los arquitectos con los que hemos tenido muchas reuniones; a los contratistas generales, tres de los cuales han trabajado juntos; a los subcontratistas; y a los cientos de artesanos que han trabajado aquí; al supervisor de construcción y a todos los que han tenido parte en este trabajo. Todos ellos han colaborado en esta faena extraordinariamente difícil a fin de que pudiésemos reunirnos en esta ocasión.

Ahora quisiera hablarles de otro detalle de este grandioso edificio. Si me pongo un tanto personal e incluso un tanto sentimental, espero que sabrán perdonarme.

Me encantan los árboles. Cuando yo era niño, en el verano vivíamos en una granja en la que cultivábamos fruta. Todos los años en esta época plantábamos árboles. Creo que nunca ha pasado una primavera desde que me casé, excepto durante los dos o tres años en los que estuvimos lejos de la ciudad, en la que no haya plantado árboles, por lo menos uno o dos: árboles frutales, de sombra, ornamentales y abetos y pinos entre los coníferos. ¡Cuánto me gustan los árboles!

Y bien, hará unos 36 años, planté un nogal en un lugar denso donde creció derecho y alto para captar la luz del sol. Hace un año, por alguna razón, el nogal murió. Como la madera de nogal es valiosísima para hacer muebles, llamé al hermano Ben Banks, de los Setenta, que, antes de dedicar todo su tiempo a la Iglesia, administraba un negocio de madera dura. Fue con sus dos hijos, que ahora están encargados del negocio, a ver el árbol. Dijeron que la madera era sólida, buena y hermosa, y uno de ellos sugirió que con ella podría hacerse un púlpito para este salón. La idea me entusiasmó. El árbol se taló y su tronco se cortó en tres partes gruesas. Después siguió el largo procedimiento de secar la madera, primero en forma natural y luego en un horno especial. Los troncos se cortaron en tablas en el aserradero de Salem, Utah. Las tablas se transportaron a la planta de ebanistería Fetzer donde expertos ebanistas diseñaron e hicieron este magnífico púlpito con esa madera.

El producto final es precioso. Ojalá todos ustedes pudiesen examinarlo de cerca. Es de espléndida hechura, y aquí estoy dirigiéndoles la palabra desde lo que era el árbol que cultivé en el patio de mi casa donde jugaron y también crecieron mis hijos.

Esto es conmovedor para mí. He plantado uno o dos nogales más. Me habré ido de esta vida mucho antes de que maduren. Cuando llegue ese día y este bonito púlpito haya envejecido, quizá uno de ellos sirva para reemplazarlo. Al élder Banks y a sus hijos, Ben y Bradley, así como a los diestros ebanistas que diseñaron e hicieron este púlpito, expreso mi profundo agradecimiento por haber hecho posible que quede una pequeña parte de mí en este gran salón desde donde saldrán las voces de los profetas a todo el mundo para dar testimonio del Redentor del género humano.

Y también a todos los que han hecho realidad este sagrado edificio, y a todos ustedes, los que están aquí congregados en esta ocasión histórica, expreso mi gratitud y reconocimiento, mi amor y las gracias por este día y por esta sagrada y hermosa casa de adoración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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