Obedecer la ley y servir… a nuestro prójimo

Conferencia General Octubre 1998
Obedecer la ley y servir… a nuestro prójimo
Elder Athos M. de Amorím
De los Setenta

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“El obedecer los mandamientos del Señor constituye la mejor preparación”

Queridos hermanos, hermanas y amigos, estoy seguro de que se darán cuenta de los sentimientos que tengo al allegarme a este púlpito por primera vez, desde donde se han impartido palabras sagradas de los siervos del Señor.

Mi corazón rebosa de gratitud hacia mi Padre Celestial por las muchas bendiciones de mi vida; hacia el Señor Jesucristo debido a Su amor y a Su Expiación por mí; hacia mi querida esposa, mis hijos y nietos por el amor y el apoyo que siempre he recibido de su parte.

En uno de los muros exteriores de la Academia del Ejército Brasileño, los jóvenes cadetes pueden leer las palabras: “Cadete: tu tomaras el mando. ¡Aprende a obedecer!”. Temprano en la vida, aprendí que la obediencia es una gran virtud, algo esencial para nuestro progreso; no me refiero a la obediencia ciega, sino a la obediencia que nos permite alcanzar un nivel más elevado y espiritual en la vida al usar nuestro albedrío para llevar a cabo la voluntad del Señor. El profeta José Smith enseñó que “cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa” (D. y C. 130: 21). El presidente Hinckley declaro de nuevo en 1982 que “todas las bendiciones son el resultado de la obediencia a la ley” (¿Quiénes son los mormones?, folleto, 1983, pág. 8). El ejemplo más grande de obediencia lo dio el Señor Jesucristo cuando dijo: “… pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

Algo más que aprendí en el ejército es que los soldados de mi país no expresan el verbo trabajar al hablar de sus asignaciones; en lugar de eso, pronuncian el verbo servir, lo que les ayuda a recordar su compromiso de servir a su gente y a su país. En el servicio en la Iglesia, esta definición se amplía para incluir un significado más cercano a las enseñanzas del Señor, esto es: servir a Sus hijos doquiera que se encuentren.

Hoy, casi 60.000 misioneros sirven en varios países, la mayoría de ellos lo hacen en entornos muy diferentes a sus lugares de origen. En el Templo de Sao Paulo, tal como en otros templos, muchos hermanos y hermanas están dispuestos a hacer cualquier tipo de sacrificio para servir en la Casa del Señor.

Muchas veces, la gente común que vive a nuestro alrededor nos da el ejemplo más hermoso de obediencia y de servicio. La hermana Ana Rita de Jesús, una anciana viuda que vivía en Anapolis, Brasil, no sabía leer ni escribir y, por esa razón, los misioneros iban a su casa a leerle las Escrituras; era cariñosa y bondadosa, y todos los domingos pedía a los misioneros que la ayudaran a llenar la papeleta de diezmos. Algunas veces, sus diezmos y ofrendas no eran más que unos pocos centavos; pero ella conocía la ley y quería obedecerla. Después de pagar sus diezmos, caminaba hacia la habitación de la casa alquilada que oficiaba como centro de reuniones, donde se llevaba a cabo la reunión sacramental, y ponía una flor en el púlpito; al hacerlo, serbia a sus hermanos y hermanas, y embellecía el lugar donde adorábamos al Señor. Esa hermana nos enseñó, en una forma sencilla, la obediencia y el servicio mediante su fe, porque sabía que el obedecer los mandamientos es la mejor preparación para servir. El presidente Monson nos advirtió en la pasada conferencia general de abril: “obedezcan los mandamientos y sirvan con amor” (véase “En aguas peligrosas”, Liahona, julio de 1998, pág. 51). La hermana Ana Rita de Jesús lo hizo así a lo largo de su vida.

Cuando se me llamó para servir como Autoridad General, tuve una entrevista con el presidente Faust, quien reparó en mi preocupación, ya que me sentía inadecuado para este llamamiento. Con la ternura que lo caracteriza, el presidente Faust me dijo: “Athos, sé tú mismo. Sé tú mismo”. Esa noche, permanecí despierto en la cama pensando en mis nuevas responsabilidades y en las palabras del presidente Faust; y ore. Me pregunté a mí mismo: ¿Quién soy yo?, y la respuesta vino, tan clara y brillante como el amanecer de un nuevo día: Yo soy, como cada uno de ustedes, un hijo de Dios, que desea obedecer al Señor y servir adondequiera que Él me mande para que, de ese modo, sea un mejor hijo de nuestro Padre Celestial y un miembro fiel de la Iglesia de Jesucristo.

Sé que Jesucristo vive y que Él es la cabeza de esta Iglesia. Sé que es nuestro Salvador y Redentor. Sé que José Smith fue el Profeta de la Restauración, y que el presidente Gordon B. Hinckley es el Profeta llamado por el Señor para presidir la Iglesia en la actualidad. De esto doy testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amen.

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Perlas de la arena

Conferencia General Octubre 1998
Perlas de la arena
Elder E. Ray Bateman
De los Setenta

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“Unámonos en este esfuerzo grande y equilibrado de convertir, de retener y de activar para… convertir esos granos de arena en perlas del reino de nuestro Padre”.

Abraham halló grande gracia a los ojos del Señor por su obediencia a cualquier cosa que le mandara. Bajo la dirección del Señor, Abraham llevó a su único hijo para ofrecérselo como sacrificio. Debido a ese gran amor y a la obediencia a los mandamientos, el Señor detuvo la mano de Abraham para que no lo sacrificara y lo bendijo, y le dijo: “… multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar…” (Génesis 22:17). La bendición de Abraham todavía sigue vigente sobre su descendencia, y el convenio que se hizo todavía les pertenece a medida que ellos vengan a Cristo. El apóstol Pablo enseñó: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29). Tenemos la responsabilidad, como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, de congregar a la simiente de Abraham y de traerlos a Cristo.

Debe ser fácil encontrarlos, porque son tan numerosos como la arena a la orilla del mar; eso significa que en realidad están en todas partes a nuestro alrededor. ¿Estamos buscando? ¿Estamos preguntando? ¿Son nuestros buenos amigos, o la gente con la que trabajamos, que no son miembros de la Iglesia, la simiente de Abraham? ¿Estamos abriendo nuestra boca para ver si podemos encontrarlos? El Salvador nos aconsejó: “Y sois llamados para efectuar el recogimiento de mis escogidos; porque estos escuchan mi voz y no endurecen su corazón” (D. y C. 29:7). Para guardar este mandamiento del Salvador, ¿hablamos sobre la Iglesia? ¿Escuchamos los susurros del Espíritu? La descendencia de Abraham escucha Su voz y no endurecerá sus corazones. ¿Los invitamos a venir a Cristo? ¿Les estamos permitiendo que escuchen Su voz?

Escrito esta “… el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:45-46). Ustedes y yo sabemos que el Evangelio de Jesucristo es la perla de gran precio. Cada una de esas partículas de arena son la simiente de Abraham y necesitan ser cultivadas para que lleguen a ser perlas. Necesitan el amigo correcto, una oportunidad que les ayude a crecer en servicio y recibir alimento espiritual para mantenerlos, para que realmente se conviertan en perlas de gran valor en el reino de nuestro Padre.

El presidente Hinckley dijo: “Sean amistosos. Tienen que hacer un amigo antes de que puedan hacer un converso. La conversión sigue a la amistad. La oportunidad de enseñar sigue a la amistad” (Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 375). ¿Invitamos a nuestros amigos a venir a la Iglesia con nosotros? ¿Vamos con los misioneros cuando enseñan las charlas a nuestros amigos? ¿Les invitamos a que se les enseñe en nuestros hogares? ¿Los visitamos entre una charla y otra? ¿Estamos haciendo lo que el Señor desea que hagamos? ¿Abrimos la boca por lo menos? El Señor dijo “más con algunos no estoy muy complacido, porque no quieren abrir su boca, sino que esconden el talento que les he dado, a causa del temor de los hombres. ¡Ay de estos!, porque mi enojo esta encendido en contra de ellos. Y acontecerá que si no me son más fieles, les será quitado aun lo que tienen” (D. y C. 60:2-3).

Quisiera contarles acerca del Barrio Saint Charles y de la forma en que hermanaron y nutrieron espiritualmente al hermano Jim Hueston. Jim pertenecía a otra iglesia, pero se le hacía difícil obtener locomoción para asistir a las reuniones. Nadie lo pasaba a buscar. Yo tuve la buena suerte de conocer a Jim. Le regale un Libro de Mormón y cl se comprometió a leerlo y a orar. Los miembros de la Iglesia le proporcionaron transportación para asistir al Barrio Saint Charles. Los misioneros les enseñaron las charlas y Jim leyó y oró.

Al bautizarse, Jim me preguntó a mí, su obispo, “¿Qué desea que haga? Lo llevé a mi oficina y hablamos sobre la Iglesia, le enseñé con respecto al sacerdocio y sobre lo que el Señor desearía que él hiciera como miembro de la Iglesia. Recibió el Sacerdocio Aarónico y fue llamado para servir como maestro orientador. El presidente del quórum de élderes le asigno a un compañero de orientación familiar fuerte, fiel y diligente. El hermano Hueston, al ser el miembro más nuevo del Barrio Saint Charles, se aseguró de cumplir fielmente con la orientación familiar, no sólo durante ese primer mes, sino todos los meses durante los siguientes 20 años. Ha servido en muchos llamamientos diferentes y el de misionero de estaca fue uno de sus favoritos.

Los miembros extendieron los brazos al hermano Hueston y se aseguraron de que fuera “conciudadano de los santos, y miembro de la familia de Dios” (Efesios 2:19). Jim aprendió a manejar y se compró un auto para poder cumplir con la orientación familiar y con los demás llamamientos que recibió. No estamos seguros si nosotros lo mantuvimos o él nos mantuvo en “el camino recto” (Moroni 6:4). Sabemos que lo que el presidente Hinckley nos pide hoy es lo que logramos con el hermano Hueston en ese entonces.

Hable con el hermano Hueston este verano y él me contó cómo el y su compañero de orientación familiar estaban ayudando a una hermana menos activa a regresar a la Iglesia. Me dijo: “Ella tiene muchos deseos de tomar la clase de preparación para ir al templo y de entrar en él”.

Hermanos y hermanas, renovemos nuestro compromiso de buscar el Espíritu que nos ayude a encontrar a aquellos que son de la simiente de Abraham. Luego, abramos nuestra boca, hermanémoslos, invitémoslos a venir a Cristo y estemos a su disposición para apoyarlos, nutrirlos y retenerlos. Y, siempre que sea posible, acompañémoslos cuando vayan el templo. Nuestro Padre Celestial desea que toda la descendencia de Abraham regrese a Él. Unámonos en este esfuerzo grande y equilibrado de convertir, de retener y de activar, para de esa forma ayudar a nuestro Padre y a Su Hijo a convertir esos granos de arena en perlas del reino de nuestro Padre.

El Salvador dijo: “Y además, os digo que os doy el mandamiento de que todo hombre, tanto el que sea élder, presbítero, o maestro, así como también el miembro, se dedique con su fuerza, con el trabajo de sus manos, a preparar y a realizar las cosas que he mandado. Y sea vuestra a predicación la voz de amonestación, cada hombre a su vecino, con mansedumbre y humildad” (D. y C. 38:40-41).

Yo sé que Él vive y guía Su Iglesia por medio del profeta presidente Gordon B. Hinckley y así lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amen.

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El cultivar atributos divinos

Conferencia General Octubre 1998
El cultivar atributos divinos
Elder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin

“Obtendremos nuevos grados de espiritualidad y pondremos nuestra vida en una armonía más íntima con Jesucristo dependiendo de cuan plenamente la fe, la esperanza y la caridad pasen a formar parte esencial de nuestra vida”.

A menudo marcamos fechas importantes en nuestro almanaque, como es el caso de los días feriados y los cumpleaños. Las fechas que se repiten todos los años nos ayudan a medir el progreso de nuestra vida. Un acontecimiento anual, como lo es el Año Nuevo, es una época para reflexionar y tomar resoluciones.

La fecha de nuestro bautismo, que conmemora nuestro renacimiento espiritual, es una ocasión digna de tener en cuenta. Nos detenemos a reflexionar acerca de la fecha en que fuimos sellados en el templo porque esa ordenanza nos une para siempre con nuestros seres más queridos. Las entrevistas sobre dignidad, especialmente las entrevistas anuales para la recomendación del templo, nos brindan otra oportunidad para repasar nuestro progreso en el cumplimiento de la gloriosa mayordomía que nuestro Padre Celestial nos ha dado a cada uno de velar y de cuidar de nuestra propia alma. En esas ocasiones, renovamos convenios, ratificamos nuestras promesas y establecemos metas eternas.

Pocos son los acontecimientos significativos que tienen lugar sólo una vez en la vida; por ejemplo, en menos de 15 meses, en 454 días para ser más preciso, tendremos la experiencia de un Año Nuevo en el que los cuatro números del año calendario cambiaran al mismo tiempo. Encuestas de la opinión publica indican que ese cambio singular en el calendario “es un acontecimiento que se aproxima y sobre el que la gente piensa cada vez más”. Los estudios al respecto muestran que la mayoría de las personas esperan ese momento con “una perspectiva muy positiva”. Un analista dijo que el cambio milenario del calendario “será un acontecimiento sumamente importante en la vida de la gente, una oportunidad para detenerse y comenzar de nuevo” (1).

El Ministerio Terrenal Del Salvador
El nacimiento del Salvador es un acontecimiento de inmensurable significado, que ocurrió hace casi 2.000 años. En la mayor parte del mundo, los años del calendario se cuentan hacia adelante o hacia atrás desde el día de Su nacimiento. Él enseñó el Evangelio de arrepentimiento y organizó Su Iglesia, expió los pecados de toda la humanidad y fue crucificado; resucitó, abrió el camino para que todos pudiesen vencer la muerte y, si nos arrepentíamos, nuestros pecados fueran perdonados. Sus enseñanzas establecieron normas de conducta para el ser humano, que perduraran eternamente. Seguir leyendo

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Los padres en Sión

Conferencia General Octubre 1998

Los padres en Sión

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

“Quiero instar a los líderes a considerar más detenidamente el hogar paro que no extiendan llamamientos ni programen actividades que impongan cargas innecesarias sobre los padres y las familias”.


En 1831 el Señor dio una revelación a los padres de Sión (1). Es precisamente sobre los padres que deseo hablar.

He servido como miembro del Quórum de los Doce desde hace veintiocho años y serví otros nueve como Ayudante de los Doce, lo cual hace un total de treinta y siete años, exactamente la mitad de mi vida.

Pero tengo otro llamamiento que ha durado más tiempo aun. Soy padre y abuelo. Me llevó unos cuantos años ganarme el título de abuelo y otros veinte años el de bisabuelo. Estos títulos -padre, abuelo, madre y abuela- conllevan responsabilidad y una autoridad que deriva, en parte, de la experiencia. La experiencia es una poderosa maestra.

Mi llamamiento en el sacerdocio define mi posición en la Iglesia y el título de abuelo, en mi posición en la familia. Quiero referirme a los dos en forma conjunta.

El ser padre o madre es una de las ocupaciones más importantes a las cuales puedan dedicarse los Santos de los Últimos Días. Muchos miembros se enfrentan con conflictos al esforzarse por equilibrar sus responsabilidades de padres con su fiel servicio en la Iglesia.

Hay cosas que son de importancia fundamental para el bienestar de una familia y que se encuentran únicamente al ir a la Iglesia. Allí es tan el sacerdocio, el cual faculta al hombre para guiar y bendecir a su esposa e hijos, y los convenios que los unen eternamente.

A los miembros de la Iglesia se les mandó “re[unirse] a menudo” (2) y se les mandó que “al estar reunidos os instruyáis y os edifiquéis unos a otros” (3). Mosíah y Alma dieron la misma instrucción a los de su pueblo (4).

Se nos ha mandado “volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres” (5). Seguir leyendo

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Demos gracias

Conferencia General Octubre 1998

Demos gracias

Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

“¿Damos gracias a Dios ‘por su don inefable’ y por las ricas bendiciones que tan abundantemente nos otorga?”


En una tierra lejana, hace ya mucho tiempo, Jesús viajaba hacia Jerusalén y “pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y acontecido que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postro rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (1).

En el salmo número 30, David ruega: “Jehová Dios mío, te alabaré para siempre” (2).

El apóstol Pablo proclamó en su epístola a los corintios: “¡Gracias a Dios por su don inefable!” (3), y a los tesalonicenses “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios” (4).

Hermanos y hermanas, ¿damos gracias a Dios “por su don inefable” y por las ricas bendiciones que tan abundantemente nos otorga?

¿Nos detenemos a cavilar en las palabras de Ammón: “Ahora bien, hermanos míos, vemos que Dios se acuerda de todo pueblo, sea cual fuere la tierra en que se hallaren; sí, él tiene contado a su pueblo … [de] toda la tierra. Este es mi gozo y mi gran agradecimiento; sí, y daré gracias a mi Dios para siempre”? (5).

Robert W. Woodruff, un prominente líder de negocios del pasado, hizo una gira por los Estados Unidos dando conferencias sobre lo que él titulaba “Curso condensado sobre relaciones humanas”. En su mensaje, dijo que la palabra más importante del vocabulario era: “Gracias”.

Thank you, danke, merci, cualquiera que sea el idioma que se hable, la palabra “gracias”, expresada con frecuencia, alegrara el espíritu, aumentara las amistades y edificara la vida hacia un camino más elevado en la jornada hacia la perfección. Existe simplicidad, incluso sinceridad, cuando se emplea la palabra “gracias”.

En un artículo que salió en un periódico hace algunos años se refleja la belleza y elocuencia de una expresión de gratitud:

El viernes pasado, la policía del distrito de Columbia remató aproximadamente 100 bicicletas que no habían sido reclamadas. “Un dólar”, dijo un niño de once años al empezar el remate de la primera bicicleta. Por supuesto, las ofertas fueron mucho más altas. “Un dólar”, repetía el niño, con la esperanza de lograr una cada vez que remataban otra bicicleta.

El subastador, que había rematado bicicletas robadas o pérdidas durante 43 años, se percató que las esperanzas del niño parecían aumentar cada vez que salta una bicicleta de carrera. Seguir leyendo

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La curación del alma y del cuerpo

Conferencia General Octubre 1998

La curación del alma y del cuerpo

Elder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“Si buscamos la verdad, desarrollamos fe en El y… nos arrepentimos sinceramente, experimentaremos un cambio espiritual en el corazón que solo proviene de nuestro Salvador y nuestro corazón se renovará”.


Como muchos de ustedes saben, desde que nos reunimos en la conferencia general del pasado abril, yo he sufrido mi tercer ataque al corazón, lo cual hizo necesaria una intervención quirúrgica de bypass. Gracias al diestro equipo de médicos; a enfermeras y a eficaces y atentos terapeutas; a mi esposa Mary, que me ha cuidado constantemente con tanta paciencia y amor; y a las oraciones ofrecidas por tantas personas en mi favor, he sido bendecido con renovada salud y renovadas fuerzas. Gracias por su interés y por sus oraciones.

Mi mensaje de hoy se refiere a la manera de favorecer el proceso de la curación del alma. Es un mensaje encaminado a guiarlos a ustedes y a guiarme a mí al Gran Sanador, el Señor y Salvador Jesucristo. Es un plan de lectura de las Escrituras, de orar, meditar, arrepentirse, de ser necesario, y de ser sanados con la paz y el gozo de Su Espíritu. Quisiera compartir con ustedes las cosas en las que medite al pasar por este proceso de curación.

Mientras me recuperaba en el hospital y durante varias semanas en mi casa, mi actividad física se vio severamente restringida por un intenso dolor que aquejo a mí ya debilitado cuerpo, pero aprendí el regocijo de liberar mi mente para meditar en el significado de la vida y de la eternidad. Puesto que mi agenda quedó libre de reuniones, tareas y entrevistas, durante varias semanas pude desviar mi atención de asuntos de administración y concentrarla en asuntos de la eternidad. El Señor nos ha dicho: “… reposen en vuestra mente las solemnidades de la eternidad” (D. y C. 43:34). Descubrí que el pensar únicamente en el dolor que me aquejaba inhibía el proceso curativo, y comprendí que la meditación era un elemento muy importante en el proceso de sanar no solo el cuerpo sino también el alma. El dolor le lleva a uno a un estado de humildad que invita a la meditación. Es una experiencia que agradezco haber podido vivir.

Pensé muy profundamente en el propósito del dolor y estudie en mi mente que era lo que podía aprender de esa experiencia y empecé a entender el dolor un poco mejor.

Comprendí que el dolor físico y la curación del cuerpo tras una operación sería son extraordinariamente similares al dolor espiritual y a la curación del alma en el proceso del arrepentimiento. “De manera que no os afanéis por el cuerpo, ni por la vida del cuerpo; más afanaos por el alma y por la vida del alma” (D. y C. 101:37). Seguir leyendo

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Escuchen la voz del profeta

Conferencia General Octubre 1998

Escuchen la voz del profeta

Virginia U. Jensen
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

“Si escuchamos la voz del Señor por medio de Su profeta viviente y seguimos su consejo, nunca nos descarriaremos”.


Una noche, cuando tenía once años, escuché un alboroto afuera de mi ventana. Me asome y vi que en la calle había niños voceros que llevaban bultos de periódicos en donde se anunciaba el fallecimiento del presidente George Albert Smith, octavo presidente de la Iglesia. El presidente Smith había sido el único profeta que yo había conocido en mi breve tiempo en la tierra. Fue durante la administración de él que sentí los primeros brotes de un testimonio, y aun en ese entonces, sabía cuan importantes son los profetas de Dios. De las enseñanzas que recibí en la Primaria, así como de las que recibí de padres amorosos en nuestro hogar, sabía que el presidente Smith era nuestro vínculo terrenal con nuestro Padre Celestial y con Su Hijo Jesucristo, y que ellos podían hablar conmigo por medio de él … ¡Qué gran concepto para una pequeña! El Espíritu le había confirmado a mi mente de once años que eso era verdad. Cuando me entere de su muerte, sentí una gran pérdida.

Sin embargo, cinco días después del fallecimiento del presidente Smith, el presidente David 0. McKay se dirigió a la congregación en este tabernáculo. Los santos acababan de sostenerle como profeta, vidente y revelador. Mientras se secaba las lágrimas, él dijo: “Nadie puede presidir la Iglesia sin antes estar en armonía con la cabeza de la Iglesia, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Él está a la cabeza; ésta es Su Iglesia; y con Su divina guía y con Su inspiración, no fracasaremos” (1).

En poco tiempo, llegue a amar y a venerar al presidente McKay del mismo modo que había amado y honrado al presidente Smith. De hecho, recuerdo haberle visto en este púlpito, con su resplandeciente y blanca cabellera, y haber pensado que parecía un ángel.

Los profetas antiguos y los contemporáneos fueron y son gigantes del Señor, escogidos y ordenados antes de venir a esta tierra. Nuestros profetas son hombres a quienes el Señor ha levantado específicamente para presidir la Iglesia durante la época particular de su servicio. El Señor está trabajando a través de los líderes de Su Iglesia hoy en día, como siempre lo ha hecho en el pasado.

El presidente Wilford Woodruff dijo “Si tuviéramos todas las revelaciones que Dios ha dado al hombre… y las amontonáramos a 30 metros de altura, la Iglesia y el reino de Dios no progresarían, ni en ésta ni en ninguna otra época del mundo, si no contaran con los oráculos vivientes de Dios” (2).

Hermanos y hermanas, escuchen las instrucciones y la promesa que se encuentran en Doctrina y Convenios: “Por tanto… daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad; porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca” (D. y C. 21:45). Seguir leyendo

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Una época de oportunidades

Conferencia General Octubre 1998

Una época de oportunidades

Obispo H. David Burton
Obispo Presidente

“Es una época para tender la mano y mantenernos en contacto con otra persona; una época para comprometernos a santificar el día de reposo, y una época para que las luces de nuestros templos sigan brillando con intensidad”.


Hace poco, en una reunión sacramental, una amorosa jovencita sugirió que un buen discurso debería comenzar con una pizca de humor o con una falsedad estrafalaria. Prácticamente no tengo ningún talento de humorista; pero puedo decir con profunda sinceridad que me siento perfectamente cómodo y libre de temor al estar ante este estrado.

Al concluir la celebración del sesquicentenario, nuestro amado Profeta volvió a centrar nuestra atención cuando dijo: “Ha llegado el momento de dejar de mirar el pasado y ver el futuro. Esta es una época con miles de oportunidades; depende de nosotros el utilizarlas y avanzar. ¡Qué maravilloso es el que cada uno de nosotros haga su pequeña parte para hacer avanzar la obra del Señor hacia su magnífico destino (Gordon B. Hinckley, “Miren hacia el futuro”, Liahona, enero de 1998, pág. 79).

Todos nosotros enfrentamos desafíos en nuestro diario vivir; a pesar de eso, en los desafíos se encuentran nuestras oportunidades más grandes. Al reconocer y al actuar de acuerdo con ellas obtendremos progreso, felicidad y crecimiento espiritual. Debemos participar en llevar la obra del Señor adelante y aunque las oportunidades disponibles son innumerables, quisiera sugerir algunas de ellas.

Se nos ha recordado una y otra vez desde este púlpito la necesidad de la observancia plena del día de reposo. Si no estamos santificando el día de reposo, hoy es una hermosa oportunidad de comprometernos para aprovechar esa oportunidad a fin de recibir las bendiciones prometidas que se reciben por medio de su observancia.

Muchos piensan que los términos “día de reposo” y “día de diversión” son sinónimos. Un amigo que administra varios almacenes pequeños en comunidades en donde predominan los Santos de los Últimos Días, me dice que él puede decir con precisión cuando terminan los servicios de adoración del domingo porque la cantidad de clientes que visitan sus negocios aumenta extraordinariamente. El recreo, en sus variadas formas, se ha convertido en “el rey del día de reposo”.

Cuando mi esposa y yo éramos recién casados, vivíamos en la parte sudeste del Valle del Lago Salado. Una vez, al hacer las compras en un pequeño almacén del vecindario, vimos al presidente Joseph Fielding Smith y a su esposa que hacían sus compras en el mismo lugar. Después de notar que acostumbraban visitar ese negocio, me arme de valor para preguntarle al presidente Smith por que iban desde el centro de la ciudad, pasando por una docena de almacenes, para comprar en ese almacén en particular. Mirando por sobre sus anteojos respondió enfáticamente: “¡Hijo! (lo que captó de inmediato mi atención), la hermana Smith y yo auspiciamos los establecimientos que santifican el día de reposo”. Seguir leyendo

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¿Llevamos el mismo paso de nuestros líderes?

Conferencia General Octubre 1998

¿Llevamos el mismo paso de nuestros líderes?

Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell Ballard

“Todo consejo… debe estar esforzándose mancomunadamente por hollar las formas de ser más eficaces en la tarea de preparar a nuestros miembros… para disfrutar todas las bendiciones de la Iglesia y… del templo”.


En nuestra última conferencia general, el presidente Gordon B. Hinckley hizo el histórico anuncio de que se construirían treinta o más templos más pequeños en todo el mundo. El primero de esos templos fue dedicado este verano en Monticello, Utah. Como saben, la meta que expuso el presidente Hinckley es tener por lo menos cien templos en funcionamiento para finales de este siglo. Conociendo al presidente Hinckley como le conozco, estoy seguro de que la meta se alcanzara o, incluso, se superara.

El presidente Hinckley ha calificado esta extraordinaria obra de la construcción de templos como “un proyecto extraordinario. Nada, ni siquiera parecido, se había intentado antes” (1). Desde ese anuncio sensacional, he pensado en la extraordinaria confianza que el Señor y Su Profeta tienen en ustedes y en mí. ¡Qué gran responsabilidad descansa ahora sobre todos nosotros de prepararnos tanto nosotros mismos como a los demás para ser dignos de recibir las bendiciones de esos santos templos!

Las Autoridades Generales han estado enteradas desde hace bastante tiempo de que muchos de nuestros miembros viven en lugares del mundo muy distantes del templo más cercano. El corazón de ellos es fiel, tienen una gran fe con respecto a la misión de la Iglesia, aman al Señor y desean hacer Su voluntad. ¡Qué bendición serán estos bellos templos para esos dedicados santos!

Vuelvo a citar las palabras del presidente Hinckley: “Si las ordenanzas del templo son parte esencial del Evangelio restaurado, y yo les testifico que sí lo son, es entonces imprescindible que proporcionemos los medios para que puedan llevarse a cabo… Las ordenanzas del templo se convierten en las bendiciones supremas que la Iglesia tiene para ofrecer” (2).

Hay un apremio en esta obra que nos motiva a hacer llegar las bendiciones del templo a tantos hijos de nuestro Padre Celestial como sea posible. Me impresionó la experiencia que tuvo el presidente Wilford Woodruff y que él contó de una visita que recibió del profeta José Smith algún tiempo después de que el Profeta fue martirizado. Según el propio relato del presidente Woodruff: “[José Smith] vino a mí y me habló; me dijo que no podía detenerse a hablar porque tenía prisa. El otro hombre que vi fue el padre del profeta José, que no pudo hablar conmigo porque tenía prisa. Vi a media docena de hermanos que habían ocupado elevados cargos en la tierra, y ninguno de ellos pudo detenerse a hablarme porque todos andaban apresurados. Me quedé muy asombrado. A la larga, vi al Profeta otra vez y tuve el privilegio de hacerle la pregunta.

“Le dije: ‘Quisiera saber por qué anda usted le prisa. Yo he andado apresurado toda mi vida y esperaba que los apremios acabaran cuando llegase al Reino del Cielo, si llegaba’.

“José me dijo: ‘Se lo diré, hermano Woodruff. Cada dispensación que ha tenido el sacerdocio en la tierra y que ha ido al Reino Celestial ha tenido cierta cantidad de trabajo que hacer a fin de prepararse para ir a la tierra con el Salvador cuando La vaya a reinar a la tierra. Cada dispensación ha tenido abundante tiempo para realizar esta obra; pero nosotros no. Somos la última dispensación y tanto es el trabajo que queda por hacer que tenemos que apresurarnos para realizarlo’.

“Naturalmente, esa respuesta fue satisfactoria”, concluyó el presidente Woodruff, “pero esa era doctrina nueva para mí” (3).

Otros profetas de los últimos días nos han motivado del mismo modo para hacernos avanzar con mayor rapidez en la realización de la trascendental obra de esta última gran dispensación. El presidente David O. McKay animó a cada miembro a ser misionero (4). El presidente Spencer W. Kimball nos instó a alargar el paso (5). El presidente Howard W. Hunter dijo: “Estamos en una época en la historia del mundo, así como en el progreso de la Iglesia, en que debemos dedicarnos a pensar más en las cosas sagradas y a comportarnos más como el Salvador espera que Sus discípulos lo hagan” (6). Y ahora, el presidente Gordon B. Hinckley nos pide “seguir adelante”, hacer mejor las cosas, hacer más. Él dijo: “Tenemos mucho por hacer, muchísimo. Por tanto, arremanguémonos y pongamos manos a la obra con más dedicación y depositando nuestra confianza en el Señor… Podemos lograrlo si oramos y somos fieles” (7).

Evidentemente el poder del Señor está haciendo avanzar a los líderes de la Iglesia, impulsándolos con la misma urgencia que parecía motivar a José Smith en la visión de Wilford Woodruff. El presidente Hinckley está haciendo todo lo que puede por acelerar la obra; viaja por el mundo en una proporción sin precedentes para fortalecer y edificar a los santos y animarlos a elevarse y a seguir adelante. Se ha puesto a la disposición de los medios de comunicación del mundo a fin de dar a conocer el mensaje de la Restauración ante el mayor publico posible, y está supervisando la época de construcción de mayor numero de templos de la historia en el intento de agilizar nuestra capacidad de realizar la enorme cantidad de trabajo que se nos ha designado efectuar en esta dispensación de los tiempos.

Nuestro Presidente esta dinámicamente en la fila delantera mostrando el camino. La pregunta que todos debemos hacernos es: “¿llevamos el mismo paso que él?”. Cada uno de nosotros debe estar preparado para contestar a esa pregunta. Les aseguro que es un tema de considerables deliberaciones entre los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles. Espero que así sea también en todo consejo de todo barrio y de toda estaca en la Iglesia. Esta no es época para reposar ni para no hacer esfuerzos en nuestros llamamientos. Todo consejo de la Iglesia debe estar esforzándose mancomunadamente por hallar las formas de ser más eficaces en la tarea de preparar a nuestros miembros para ser dignos de disfrutar todas las bendiciones de la Iglesia y sobre todo las bendiciones del templo.

Nos vamos acercando rápidamente al momento en que el número de templos en funcionamiento en todo el mundo será el doble de lo que era hace tan sólo cuatro años. Esta es una buena ocasión para preguntar: presidentes de estaca y obispos, ¿qué están haciendo sus consejos de estaca y de barrio para llenar esos templos de miembros dignos y de suficientes y dedicados obreros de templo? ¿Están funcionando sus quórumes del sacerdocio con la mayor eficiencia? ¿Están los maestros orientadores y las maestras visitantes prestando servicio a las familias a las que han sido asignados? ¿Están sus organizaciones auxiliares intensificando activamente la fe y los testimonios? ¿Tienen las actividades de su estaca y de su barrio el objetivo de fortalecer la familia y a cada miembro? ¿Están coordinando con esmero la obra proselitista con los misioneros regulares y los de estaca, ayudándoles a encontrar, a enseñar y a bautizar a muchas personas más? ¿Están sus consejos encargándose de ayudar a que cada nuevo converso y cada miembro menos activo sea totalmente hermanado y esté completamente afianzado en las doctrinas de la Iglesia?

Hermanos y hermanas, es mucho lo que tenemos que hacer para efectuar la obra que el Señor ha asignado a esta dispensación. Debemos concentrar la atención en nuestra obra y trabajar de un modo más ingenioso a fin de llevar a cabo nuestra función de preparar a todos los miembros de la Iglesia para recibir las bendiciones del templo. Los líderes de la Iglesia, hombres y mujeres, pueden y deben extender el radio de su alcance e intensificar el poder de su influencia. Debemos ser prudentes para proteger y enseñar primero a nuestras familias, y, en seguida, aprovechar al máximo el inspirado sistema de consejos de la Iglesia para lograr resultados más satisfactorios en la obra que nuestro Padre Celestial nos ha encomendado realizar y dentro del margen de tiempo que Él nos ha dado para efectuarla.

Consideremos, por ejemplo, la función fundamentalmente importante del consejo de barrio en la labor de hermanar a todo converso y de activar a los menos activos. Como cada miembro lo sabe ahora, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles están sumamente interesados en el bienestar de todo miembro nuevo y de todo miembro menos activo de la Iglesia. Ningún consejo de barrio ni de rama debe permitir que un nuevo converso se sienta inseguro como miembro nuevo de la Iglesia. Todavía hay demasiados de ellos que no se sienten acogidos con cariño.

Hace poco un miembro nuevo me escribió: “A veces… pienso que cometí un error al bautizarme. Sé que esta Iglesia es verdadera y tengo un firme testimonio, pero todavía pongo en duda… Cuando investigaba, todos los del barrio se acercaban a mí y siempre me hablaban y deseaban ayudarme… Pero, desde que me bauticé, es como si ni siquiera notaran cuando voy a la Iglesia y cuando no voy. Casi no sé nada de nadie… simplemente no entiendo por qué la gente de mi barrio me ha olvidado así como así. Me siento tan solo y confuso… No le puedo hablar al obispo porque… no tengo ningún contacto con él; ni siquiera se acordaba de mí cuando volví a la Iglesia. Por favor, ayúdeme si puede”.

Hermanos y hermanas, en tanto que se ha logrado un progreso admirable, ha llegado el momento en que debemos movilizar todos los recursos para hermanar a todos los conversos y bendecir la vida de muchos más de los hijos de nuestro Padre Celestial. Esto se logra con mayor eficacia cuando los miembros de los consejos de barrio se encargan de que cada organización haga su parte para asegurarse de que los nuevos miembros tengan amigos, tengan una asignación y sean nutridos por la buena palabra de Dios. Cada alma es muy valiosa para nuestro Padre Celestial. Nunca debemos olvidar que, por medio de la Expiación, el Señor Jesucristo pagó un gran precio por la redención de cada uno de nosotros. Su padecimiento no debe ser en vano porque dejemos de nutrir y de enseñar a los que se esfuerzan por ser activos en la Iglesia.

Ustedes, las hermanas, pueden edificar un testimonio personal en cada mujer, en cada jovencita y en cada niño del barrio. ¡Cuán agradecidos estamos por su fortaleza! Hermanas, conversen en sus consejos sobre la forma de quererse, de apoyarse y de enseñarse las unas a las otras las hermosas bendiciones y promesas del Evangelio. Que maravilloso sería si todas las mujeres del mundo comprendieran su verdadero destino, el cual se expresa en el lema de las Mujeres Jóvenes: “Somos hijas de un Padre Celestial que nos ama y nosotras lo amamos a Él. Seremos ‘testigos de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar’ a medida que procuremos vivir de acuerdo con los Valores de las Mujeres Jóvenes, que son: fe, naturaleza divina, valor individual, conocimiento, elección y responsabilidad, buenas obras e integridad” (8). El aprender y poner en practica esos valores salvara y bendecirá tanto a las mujeres jóvenes como a las mayores.

Ustedes, los miembros del obispado y de la presidencia de los Hombres Jóvenes, háganse amigos de cada joven y ayúdenle a ser digno de ser ordenado, a la edad correspondiente, al oficio del sacerdocio respectivo. Esta es una parte importante de su obra y la obra de todos los miembros del consejo de barrio. Ningún joven que comience como diácono en el Sacerdocio Aarónico debe dejar de ser ordenado élder ni se le debe dejar de invitar a cumplir una misión regular.

Los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec tienen la responsabilidad del bienestar espiritual y temporal de todos los varones y las familias de ellos. Gran parte de la obra que se realiza entre las familias del barrio y que actualmente llevan a cabo los miembros del obispado podrían apropiadamente llevarla a cabo hombres del Sacerdocio de Melquisedec siempre que ello se analice y se coordine debidamente en las reuniones de consejo.

Presidentes de estaca y obispos, si sus consejos no están concentrados en este más elevado nivel de poder y dirección espirituales, ni funcionando a ese nivel, les ruego que hagan todo lo que este a su alcance por lograr que los consejos comprendan la forma de combinar todos los recursos para preparar espiritualmente a su gente.

Del mismo modo, nosotros, como personas y como familias debemos reunirnos en consejo para examinarnos detenidamente nosotros mismos y examinar nuestra dedicación personal y familiar al Evangelio de Jesucristo. Ese examen es particularmente esencial para los que hemos hecho convenios de consagración y de sacrificio en la Casa del Señor. Debemos preguntarnos: ¿Estamos dando el ejemplo de virtud cristiana y de fidelidad al Evangelio en nuestras vidas y en nuestros hogares? ¿Estamos mostrando interés por nuestros amigos, familiares y vecinos inactivos y por los que no son miembros de la Iglesia, y haciéndolo con amor? ¿Estamos expresando nuestro testimonio con valentía?

Conozco el poder que constituyen hombres y mujeres inspirados que en unión se esfuerzan por fortalecer familias y miembros individuales de la Iglesia. Por favor, utilicen plenamente sus aptitudes para bendecir la vida de cada persona- hombre o mujer, adolescente o niño, que sea o no miembro de la Iglesia-que viva dentro de los límites del barrio. Hermanos y hermanas, unámonos como nunca antes a fin de hacer nuestra parte, individual y colectivamente, para preparar a nuestra gente para recibir las bendiciones que sólo se pueden dar en la casa del Señor.

Esta es nuestra hora, hermanos y hermanas: la época que previeron los santos profetas que han existido desde el principio del mundo; es la dispensación del cumplimiento de los tiempos en la que se verificaran las últimas escenas de la historia de este mundo. Nuestros profetas de los últimos días, desde José Smith hasta Gordon B. Hinckley, nos han exhortado con respecto a la solemne y seria obligación que tenemos de prepararnos para “el día de Jehová, grande y terrible” (9). Ese día se viene acercando inexorablemente, y todavía hay mucho que queda por hacer. Debemos estar preparados para llevar el mismo paso de nuestros líderes y alargar el paso al igual que lo hacen ellos. Quizás como nunca antes debemos concentrar nuestros esfuerzos en las cosas que son más importantes y evitar pasar el tiempo en las cosas que son de poca trascendencia y de escasa magnitud.

Dijo el profeta José Smith: “Hermanos, ¿no hemos de seguir adelante en una causa tan grande? Avanzad, en vez de retroceder. ¡Valor, hermanos; e id adelante, adelante a la victoria! ¡Regocíjense vuestros corazones y llenaos de alegría! …

“He aquí, está a punto de llegar el gran día del Señor … Ofrezcamos, pues, como iglesia y como pueblo, y como Santos de los Últimos Días, una ofrenda al Señor en rectitud; y presentemos en su santo templo … un libro que contenga el registro de nuestros muertos, el cual sea digno de toda aceptación” (10) .

Ruego que nos unamos, hermanos y hermanas, para hacer nuestra parte a fin de preparar a cada familia, a cada adulto, a cada joven y a cada niño para que un día sea digno de recibir todas las bendiciones del templo que el Evangelio brinda. Doy mi testimonio de que el Señor Jesucristo vive; es por medio de El que las ordenanzas eternas del templo vienen a los miembros fieles de la Iglesia. Que el Señor nos bendiga con el deseo, la sabiduría y la dedicación de seguir haciendo avanzar esta gran obra con entusiasmo en el seno de nuestras respectivas familias y en la Iglesia, ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amen.

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Bienvenidos a la conferencia

Conferencia General Octubre 1998
Bienvenidos a la conferencia
Presidente Gordon B. Hinckley
Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Gordon B. Hinckley“Con oración y con humildad damos testimonio a ustedes. Que todos seamos inspirados juntos; que nuestros corazones se eleven en alabanza hacia nuestro Redentor.”

Mis hermanos y hermanas, les extendemos una calurosa bienvenida; les damos la bienvenida a esta gran conferencia. Hay más de seis mil de nosotros aquí en el Tabernáculo y hay muchos millones más en otros edificios a lo largo y a lo ancho del mundo. Somos todos una familia; tenemos un Señor, una fe, un bautismo. En el cumplimiento de las palabras de Pedro, somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunci[emos] las virtudes de aquel que [nos] llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2: 9).

En general, somos gente feliz. Recordamos a aquellos que experimentan dificultades debido a las calamidades naturales o a las causadas por el hombre, y continuamos orando por ellos; sin embargo, aquellos de nuestras filas que están agobiados con dolor y sufrimiento van adelante con fe, con la seguridad absoluta de que Dios vive y de que vela por Sus hijos.

En esta mañana, el Tabernáculo está lleno. Una vez se consideró muy amplio y espacioso; hoy, con el crecimiento de la Iglesia, nuestra gente no cabe en él. Hace tan sólo dos semanas, estuve en el estadio Astrodome, en Houston, Texas, para una conferencia regional en la que tuvimos algo así como veinte mil personas de asistencia: tres veces más de la que podemos tener en este edificio.

Estoy profundamente agradecido por el avance de la construcción de la nueva y maravillosa propiedad que colinda con la Manzana del Templo, una cuadra al norte de aquí; es una estructura inmensa, y me siento agradecido por haber seguido los susurros que aconsejaban construirla. Creo que el Señor nos ha indicado que lo hagamos y que La ha revelado su voluntad en este asunto.

Los obreros trabajan para instalar la inmensa viga mayor que demarca el principio de la estructura superior del edificio. Todo avanza de acuerdo con lo previsto: hay 600 personas trabajando en el proyecto hoy en día y este número aumentará.

El edificio acomodara a más de veintiún mil personas y se dispondrá de mil asientos más en un teatro que será parte de él. A través de las generaciones del futuro, resonarán en él las voces de los profetas. Será principalmente una casa de adoración; pero también será un lugar para el arte: habrá conciertos y otros acontecimientos públicos edificantes, valiosos y espirituales. Salvo alguna circunstancia imprevista, el edificio quedará concluido para la conferencia general de abril del año 2000 y constituirá un obsequio para el Maestro, cuyo nacimiento conmemoraremos en esa temporada.

Al contemplar estas cosas, pienso en nuestros hermanos y hermanas de tierras distantes. Me he reunido con cientos de miles de ustedes, he visto sus rostros y he sentido sus espíritus; ustedes son tan valiosos para esta obra. El Señor los ha reunido “uno de cada ciudad, y dos de cada familia”, tal como lo profetizo Jeremías. Él los instruye con pastores acordes con Su corazón (véase Jeremías 3:14-15). Oramos por ustedes, les visitamos, les respetamos y admiramos, les amamos; somos todos parte de una gran familia-diez millones en número- adorando con corazones y mentes unánimes a los pies de nuestro Maestro, el Hijo de Dios. Doquier que se hallen, sin importar la distancia, tendrán la oportunidad de participar en esta conferencia: la recibirán vía satélite en muchos lugares; la recibirán por video en varios lugares que el satélite no puede alcanzar; y a unos pocos de ustedes, que están en lugares muy distantes, les llegará la palabra escrita mediante nuestras revistas del Iglesia.

Sin importar el lugar donde estén, sin importar nuestras circunstancias, todos pueden ser Santos de los Últimos Días fieles. Podemos orar y adorar al Señor en la intimidad de nuestros aposentos; podemos cantar himnos de loor al Altísimo, incluso cuando estemos solos. Podemos estudiar las escrituras; podemos vivir el Evangelio; podemos pagar nuestros diezmos y ofrendas aunque la cantidad sea modesta; podemos andar por fe; podemos esforzarnos para vivir nuestra vida siguiendo el ejemplo de la vida de nuestro Maestro.

Ahora, hermanos y hermanas, les invito a escuchar a los que han sostenido como Autoridades Generales y oficiales de la Iglesia, porque con fe, con oración y con humildad damos testimonio a ustedes. Que todos seamos inspirados juntos; que nuestros corazones se eleven en alabanza hacia nuestro Redentor, ruego humildemente en Su santo nombre, sí, el nombre de Jesucristo. Amén.

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Sé un auténtico héroe de acción

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Sé un auténtico héroe de acción
Por Charlotte Larcabal
Revistas de la Iglesia

El seguir adelante no es un deporte de espectadores. ¡Levántate y ponte en marcha!

young man

Piensa en tu héroe de acción favorito. Listo… ¡ya! ¿Pensaste en algún temerario de capa y espada que lucha contra adversidades insuperables? ¿O quizá en un aventurero cautivador de cabello perfecto? ¿Pensaste en alguien de las Escrituras?

¿Alguien como Nefi, Noé, Abish o Pedro? Ellos no pelearon contra ejércitos solo con los puños y con un eslogan ingenioso; sin embargo, son lo que podríamos llamar auténticos héroes de acción. Ejercitaron la fe, confiaron en Dios y se pusieron en marcha. Actuaron.

¿Alguna vez has evitado hacer algo porque no has recibido instrucciones claras y detalladas? Tal vez haya alguien de tu clase o cuórum que no ha estado asistiendo a la Iglesia. ¿Dudas respecto a tratar de ayudarlos porque no sabes exactamente cómo hacerlo? La inspiración es importante, y siempre debemos buscarla, pero eso no significa quedarse sentado y esperar a recibir un mensaje de texto de un ángel antes de salir a hacer el bien. El Padre Celestial desearía que entablaras amistad con esa persona; ¡Él quiere que demos un paso hacia adelante y que actuemos!

¿Qué hubiera sucedido si Nefi, Noé, Abish y Pedro hubieran esperado? Todos tuvieron que hacer algo difícil. Imagínate que hubieran decidido sentarse tranquilos con una bebida y una galleta hasta que recibieran instrucciones adicionales. Las cosas habrían sucedido de una manera muy diferente…

¿Esperar a ver?

scripture figures

“Esperaré para hacer lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles una vía, de modo que no haré nada hasta saber exactamente cuál es la vía” (versión no existente de 1 Nefi 3:7).

Al poco tiempo de que la familia de Lehi abandonara su hogar en Jerusalén, el Señor mandó a los hijos de Lehi que regresaran y obtuvieran las planchas que tenía Labán. Sin embargo, hasta donde sabemos, no les dio ninguna indicación de cómo lograrlo. Lo único que Nefi y sus hermanos sabían era que el Señor les había mandado que obtuvieran las planchas. ¿Has sentido alguna vez que no tienes ni idea de cómo llevar a cabo lo que debes hacer? (¡Quizá esa fue una de las razones por las que Lamán y Lemuel se quejaron!). Nefi tuvo que usar el cerebro, ejercitar la fe e ir y hacer. ¿Pero qué hubiera sucedido si se hubiera quedado y perdido el tiempo? ¿Qué hubiera ocurrido si Nefi hubiera rehusado actuar hasta que Dios le proporcionara un plan? Obtener las planchas era difícil; ¡él y sus hermanos lo intentaron dos veces y fallaron! ¿Qué tal si Nefi simplemente se hubiera sentado junto al muro de Jerusalén y hubiera esperado que Dios le dijera qué hacer?

Posiblemente las planchas todavía estarían con el tesoro de Labán. Afortunadamente Nefi no esperó. Seguir leyendo

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Fe, esperanza y caridad: Virtudes entrelazadas

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Fe, esperanza y caridad: Virtudes entrelazadas
Por el élder Chi Hong (Sam) Wong
De los Setenta

chi-hong-sam-wongAl entretejer la fe, la esperanza y la caridad en nuestra vida diaria. llegamos a ser seguidores verdaderos del Salvador Jesucristo.

Si bien el libro de Moroni, en el Libro de Mormón, es relativamente corto (tan solo tiene diez capítulos), nos brinda gran cantidad de consejos maravillosos. Tanto Moroni como Mormón enseñan valiosos principios del Evangelio. Mientras Moroni completa el compendio de su padre del Libro de Mormón, recuerda una y otra vez las enseñanzas que este dio acerca de los vínculos entre la fe, la esperanza y la caridad. Mormón y Moroni claramente querían hacer hincapié en la importancia de estos tres principios.

rope and blocks

En mis estudios anteriores del Libro de Mormón, solía considerar estos tres principios como bloques de construcción: primero la fe, luego la esperanza y por último la caridad. Parecía una progresión lógica: a medida que crece la fe, aumentamos nuestro estudio y conocimiento, y empezamos a poner en práctica el principio de la esperanza. La fe y la esperanza, juntas, nos moldean y nos guían por las sendas que recorrió el Salvador, y empezamos a abrazar las cualidades de la caridad.

Sin embargo, en estudios más recientes, he llegado a entender la fe, la esperanza y la caridad de un modo diferente. Ahora pienso en ellas más como virtudes entrelazadas, cada una desempeñando una parte crítica en el desarrollo y la definición de nuestro testimonio.

A nuestra hija, Joy, le gusta crear animales y objetos con globos. Un día, mientras la observaba haciéndolo, pensé en que una cuerda se forma retorciendo varias hebras juntas. Eso me ayudó a visualizar mi recién hallada comprensión de la fe, la esperanza y la caridad como hebras que se combinan para formar una cuerda resistente.

Fe: “Tendréis poder”
La fe en nuestro Padre Celestial y el Señor Jesucristo es fundamental no solo para obtener la vida eterna, sino también para nuestra vida en la tierra. “Y Cristo ha dicho: Si tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquier cosa que me sea conveniente” (Moroni 7:33). He aplicado este poder mediante la fe muchas veces en mi vida y he confiado en la fe para atravesar algunos momentos difíciles. Seguir leyendo

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Huir en busca de fe y de libertad

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Huir en busca de fe y de libertad
Por Eva Walburger
La autora vive en Idaho, EE. UU.

A medida que buscaban libertad religiosa, mis padres fueron bendecidos por la amabilidad y la aceptación de los Santos de los Últimos Días que los rodeaban, desde Checoslovaquia hasta Canadá.

fleeing the country at nighttime

Mis hermanos y yo crecimos escuchando historias de cómo nuestros padres se sacrificaron para vivir el Evangelio, y hemos sido bendecidos por sus esfuerzos. Ha nacido en mí un profundo sentimiento de gratitud por todo lo que ellos y otros de los primeros Santos de los Últimos Días checos hicieron a fin de que su posteridad pudiese recibir las bendiciones del Evangelio.

Mi madre nació en Poprad, en la antigua Checoslovaquia (actualmente Eslovaquia). Su padre sirvió en el ejército checo durante la Segunda Guerra Mundial, y su familia fue una de las muchas familias de militares que huyeron a un bosque cercano para protegerse de los alemanes invasores. Durante cinco días, mis abuelos se acurrucaron bajo una frazada con mi madre y su hermana, que tenían uno y cinco años respectivamente, alimentándose con una ración de cubitos de azúcar.

En ese tiempo, mis abuelos no eran miembros de la Iglesia ni tampoco oraban con frecuencia; sin embargo, durante esa prueba, se les ablandó el corazón. Mi abuela escribió en su diario: “Esta noche sentí el anhelo de arrodillarme para pedir la ayuda de alguien que tuviera una autoridad superior, de modo que entré en el bosque, me arrodillé y oré con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, y supliqué ayuda”.

Su oración fue contestada. Algunas familias que se hallaban en el bosque fueron asesinadas cuando las descubrieron, pero mis abuelos y sus dos hijas fueron milagrosamente protegidos. Por medio de esa experiencia extenuante y difícil, el Señor plantó una semilla de fe y confianza en el corazón de mis abuelos.

Fe y persecución
Tras concluir la Segunda Guerra Mundial unos años más tarde, mis abuelos vivían aún en Checoslovaquia cuando dos jóvenes misioneros llamaron a su puerta. Después de asistir a la pequeña rama y recibir las lecciones misionales, recibieron un testimonio de la veracidad del Evangelio y decidieron bautizarse. Sin embargo, la noche en que iban a tener las entrevistas para el bautismo, los misioneros y el líder de la Iglesia no llegaron. En la siguiente reunión de rama, mis abuelos se enteraron de que, debido a la agitación política, todos los misioneros habían tenido que abandonar el país y que desde ese momento también se prohibiría toda práctica religiosa. No obstante, el pequeño grupo de santos de la región mantuvo su fe, ahora bajo la dirección de los líderes y de las llaves del sacerdocio locales. Mis abuelos y mi tía fueron bautizados en secreto en 1950. Seguir leyendo

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Por el estudio y por la fe

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Por el estudio y por la fe
Por el élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

M. Russell BallardQue puedan sentir el gozo y la paz que vienen de saber que, por medio de las enseñanzas que ustedes imparten, han influenciado la vida de uno de los hijos del Padre Celestial y lo han elevado en su camino de regreso a la presencia de Él.

En las palabras que dirigió a los educadores religiosos del Sistema Educativo de la Iglesia, el élder Ballard enseña principios y da consejos que se aplican a todo aquel que enseña en la Iglesia.

teacher standing at a whiteboard

En una reunión de capacitación con las Autoridades Generales, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) dijo en cuanto a enseñar la doctrina de la Iglesia: “Nunca podemos ser demasiado precavidos. Debemos tener cuidado de no desviarnos [del curso]. En nuestro empeño por ser originales, modernos y diferentes, puede que enseñemos cosas que quizás no estén del todo en armonía con las doctrinas básicas de esta, la Iglesia restaurada de Jesucristo… Es mejor que estemos más alerta… Debemos ser atalayas en la torre”1.

A medida que la educación avanza en el siglo XXI, nuestros maestros tienen que considerar cualquier cambio que deberían hacer en la forma en que se preparan para enseñar, en cómo enseñan y en lo que enseñan, a fin de edificar una fe inquebrantable en la vida de nuestros preciados jóvenes.

Atrás han quedado los días en los que un alumno hacía una pregunta sincera y el maestro respondía: “¡No te preocupes por eso!”. Atrás han quedado los días en los que un alumno expresaba una preocupación sincera y el maestro compartía su testimonio como respuesta para evitar hablar del asunto. Atrás han quedado los días en los que se protegía a los alumnos de la gente que atacaba a la Iglesia.

Afortunadamente, el Señor ha proporcionado este consejo oportuno y eterno a los maestros: “Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118).

Eso se aplica de manera especial hoy día, puesto que no todos los alumnos tienen la suficiente fe para afrontar los retos que tienen por delante y porque muchos, mediante internet, ya han sido expuestos a las fuerzas corrosivas de un creciente mundo secular que es hostil a la fe, a la familia y a las normas del Evangelio. Internet está extendiendo su alcance en todo el mundo a casi todos los hogares, y a las manos y las mentes de nuestros alumnos.

Ustedes pueden ayudar a sus alumnos al enseñarles lo que significa combinar el estudio y la fe a medida que aprenden. Para enseñarles, demuestren esa habilidad y ese método en la clase.

El presidente Harold B. Lee (1899–1973) observó:

“Les recuerdo que adquirir conocimiento por la fe no es un camino fácil hacia el aprendizaje; exige un esfuerzo arduo y una lucha constante mediante la fe…

“Aprender por la fe no es tarea para el ocioso. De hecho, alguien ha dicho que tal procedimiento requiere doblegar el alma entera, tomar lo que hay en lo más profundo de la mente humana y vincularlo a Dios; se debe establecer la debida conexión; solo entonces se obtiene el ‘conocimiento por la fe’”2.

El conocimiento mediante la fe producirá un testimonio puro; y un testimonio puro tiene el poder de cambiar vidas, como se ilustra en estas tres breves historias. Seguir leyendo

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El divino poder de la gracia

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
El divino poder de la gracia
Por el élder James J. Hamula
De los Setenta

james-j-hamulaDel discurso de un devocional del Sistema Educativo de la Iglesia: “His Grace Is Sufficient for You”, pronunciado en la Universidad Brigham Young–Hawái, el 3 de junio de 2014. Para leer el texto completo [en inglés], vaya a devotional.byuh.edu.

La gracia tiene como fin permitirnos guardar más perfectamente los mandamientos y procurar andar de manera más piadosa, hasta que alcancemos la plena estatura de Cristo.

Christ appears to the Nephites

De todos los atributos de Jesucristo, tal vez el más significativo sea que Él es “lleno de gracia” (Juan 1:14). En las Escrituras, el término gracia se refiere con mayor frecuencia a la disposición y poder divinos para bendecir, otorgar dones o actuar de manera benévola hacia los hombres. En el Diccionario bíblico en inglés leemos: “La idea principal del término [gracia] es: medios divinos de ayuda o fortaleza… La gracia es un poder habilitador” (“Grace” [Gracia]); permite que el beneficiario haga y sea lo que él o ella no puede hacer ni ser si se tiene que valer por sus propios medios.

Todos necesitamos ese tipo de poder habilitador. Somos los hijos y las hijas de Dios y, como tales, tenemos el potencial de llegar a ser como Él.

Nuestra incapacidad en espíritu y en cuerpo
Aunque se espera que logremos la “plenitud de Cristo” (Efesios 4:13), simplemente no podemos hacerlo por nosotros mismos. Cada uno de nosotros se compone de dos cosas: un espíritu eterno y un cuerpo mortal (véase Abraham 3:18). Nuestro espíritu eterno viene al mundo como producto de decisiones que tomamos en el mundo premortal. Esas decisiones premortales son parte de nuestra personalidad, carácter e inteligencia espiritual. Es importante destacar que no hay dos espíritus que sean iguales (véase Abraham 3:19); cada espíritu posee un grado diferente de inteligencia espiritual, o luz y verdad (véase D. y C. 93:36), según las decisiones que él o ella haya tomado en la vida premortal. Si bien al nacer el espíritu de cada uno de nosotros puede llegar limpio y puro a su cuerpo mortal, e incluso noble y grande, nuestro espíritu (el de ninguno de nosotros) no está aún perfectamente desarrollado a la medida de la plenitud de Cristo. La perfección del espíritu se puede procurar durante la escuela de la vida terrenal y la experiencia adicional del mundo de los espíritus, pero la perfección del espíritu no se logra, finalmente, sino hasta la resurrección.

Además de la imperfección actual de nuestros espíritus, nuestros cuerpos mortales también son imperfectos. No obstante lo maravillosos que son, nuestros cuerpos mortales están sujetos a la decadencia, el deterioro y la muerte, así como a deseos, apetitos y pasiones que previamente nos eran desconocidos. Bajo tales condiciones, es sumamente difícil someter completamente el cuerpo a la voluntad del espíritu. Con demasiada frecuencia, el espíritu cede a las órdenes del cuerpo. Algunos de los espíritus más extraordinarios que han venido a la tierra han tenido dificultades para dominar sus cuerpos físicos. “… mi corazón se entristece a causa de mi carne”, se lamentó Nefi. “Me veo circundado a causa de las tentaciones y pecados que tan fácilmente me asedian” (2 Nefi 4:17, 18; véase también el versículo 27). Seguir leyendo

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