Prepararse para comparecer ante Dios

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Prepararse para comparecer ante Dios
Por Devin G. Durrant
Primer Consejero, Presidencia General de la Escuela Dominical

Devin G. DurrantLa Escuela Dominical desempeña una importante función al ayudarnos a todos a prepararnos para comparecer ante Dios. ¿Están haciendo de ello una prioridad?

En el Libro de Mormón, Amulek pronuncia un poderoso sermón sobre la expiación de Jesucristo (véase Alma 34). Entre los hermosos versículos de este capítulo, uno de los que más me llama la atención es aquel en el que Amulek declara: “Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios” (Alma 34:32).

scripture study

Al creer que el propósito de esta vida es “prepararse para comparecer ante Dios”, podríamos hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué estoy haciendo cada día, cada semana y cada mes a fin de prepararme para ese maravilloso reencuentro con nuestro Padre Celestial? ¿Cómo elegiré emplear el valioso tiempo que se me otorga?

¿Cómo nos prepararemos?
Hay muchas maneras en que podríamos emplear nuestro tiempo para prepararnos para comparecer ante Dios. De manera semanal creo que estamos de acuerdo en que el momento más importante de la semana es el que pasamos participando de la Santa Cena, renovando nuestros convenios con el Padre Celestial, reflexionando en el amor que sentimos de Él y en la esperanza que todos podemos tener como resultado de la expiación de Su Hijo, Jesucristo.

También creo que la hora que pasamos en nuestras clases de la Escuela Dominical podría tener un mayor efecto en nuestra preparación de lo que pensamos, pero para beneficiarnos de esa oportunidad tal vez debamos analizar el modo en que enfocamos la Escuela Dominical.

El propósito de la Escuela Dominical es “fortalecer la fe de las personas y de las familias en el Padre Celestial y en Jesucristo mediante la enseñanza, el aprendizaje y el hermanamiento”1. Esos aspectos fundamentales de la conversión son esenciales en nuestros esfuerzos por prepararnos para comparecer ante Dios. Nos entusiasma ver que los maestros en toda la Iglesia se están esforzando por mejorar su habilidad para enseñar haciendo uso del manual Enseñar a la manera del Salvador y de las reuniones de consejo de maestros. Seguir leyendo

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Preparar un lugar para el Señor

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Preparar un lugar para el Señor
Por el obispo Gérald Caussé
Obispo Presidente

Gérald CausséCada vez que escucho el relato del nacimiento y del ministerio terrenal del Salvador, pienso en la responsabilidad personal que tenemos de preparar lugares acogedores para Él, para el día en que Él regrese.

El año pasado, justo antes de la Navidad, asistí a una cena en honor a un prominente oficial francés que no es miembro de la Iglesia. La cena tuvo lugar en el Edificio Conmemorativo José Smith, en Salt Lake City, Utah.

Salt Lake Temple during Christmastime

Antes de sentarnos a cenar, llevamos a nuestro invitado al mirador del décimo piso, el cual ofrece a los visitantes una hermosa vista de la Manzana del Templo. La escena era casi mágica, en la que el Templo de Salt Lake se erguía majestuosamente entre un sinnúmero de luces brillantes. Permanecimos allí varios minutos, casi sin palabras.

Al regresar al salón del banquete, el oficial hizo una pregunta inesperada: “¿Ustedes creen en el fin del mundo?”. Eso condujo a una inspiradora conversación sobre la segunda venida del Señor y la importancia de que todos estemos preparados para recibirlo el día en que Él regrese.

Al pensar en el templo que acabábamos de admirar, vino a mi mente un maravilloso pensamiento: “Cuando regrese, Jesús tendrá al fin un hermoso lugar donde morar”.

La Guía para el Estudio de las Escrituras señala que el templo es “literalmente la Casa del Señor”1. En otras palabras, no es solo un lugar simbólico. Los templos de nuestra dispensación son casas preparadas y consagradas a las que Él físicamente pueda venir. El Señor dijo que Su Iglesia debía establecerse “a fin de que mi pueblo del convenio se congregue como uno en aquel día en que yo vendré a mi templo” (D. y C. 42:36; cursiva agregada). Seguir leyendo

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El gozo familiar se halla en la rectitud

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES

Estudie este material con espíritu de oración y busque inspiración para saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

El gozo familiar se halla en la rectitud

family joy

Dios “estableció las familias para traernos felicidad, para ayudarnos a aprender principios correctos en un ambiente amoroso y para prepararnos para la vida eterna”1. Sobre el “gran plan de felicidad” (Alma 42:8), el presidente Russell M. Nelson, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “En Su plan se declara que el hombre y la mujer existen ‘para que tengan gozo’ [2 Nefi 2:25], y ese gozo viene cuando escogemos vivir en armonía con el plan eterno de Dios”2.

Un hogar centrado en Cristo proporciona las mejores oportunidades para lograr el éxito. El élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, lo describe como un lugar “donde se enseña el Evangelio, se guardan los convenios y abunda el amor”, donde las familias pueden “vivir con obediencia”, y llegar a estar “afirmados con fuerza en el evangelio de Jesucristo”3.

El presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “… podemos decidir hacer todo lo que esté de nuestra parte por invocar los poderes del cielo para [nuestra] familia”, y tendremos más probabilidades de promover el amor, el servicio, la obediencia y la felicidad en nuestro hogar si nuestros hijos “[escuchan] la palabra de Dios y después la [ponen] a prueba con fe. Si lo hacen, su naturaleza cambiará de manera tal que producirá la felicidad que buscan”4.

Hogares centrados en Cristo

Relief Society sealEn las Escrituras encontramos ejemplos de hogares centrados en Cristo. Después de la muerte de su padre, Lehi, Nefi se llevó a su familia y a otras personas que creían en las advertencias y revelaciones de Dios, y que escucharon sus palabras, lejos de la tierra de los lamanitas. En aquel nuevo lugar, los nefitas pudieron guardar los juicios, estatutos y mandamientos del Señor en todas las cosas, conforme a la ley de Moisés (véase 2 Nefi 5:6–10). Con el tiempo, sin embargo, algunos fueron desobedientes incluso entre los nefitas.

Aunque los miembros de nuestra familia en ocasiones se aparten de la rectitud como hicieron los nefitas, el élder Scott dijo que un hogar centrado en Cristo aún “nos proporcionará la mayor certeza de tener paz y refugio en nuestro hogar”. Reconoció que “igualmente tendremos muchos desafíos y congojas, pero aun en medio de las dificultades, podremos disfrutar de paz interior y de verdadera felicidad”5.

Escrituras adicionales

3 Juan 1:4; 1 Nefi 8:12; 2 Nefi 5:27

Considere lo siguiente

¿Qué podríamos hacer para vivir en nuestra familia con más rectitud?

Notas

1. Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 1.1.4.
2. Russell M. Nelson, “El matrimonio celestial”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 92.
3. Richard G. Scott, “La paz en el hogar”, Liahona, mayo de 2013, pág. 31.
4. Henry B. Eyring, “La felicidad en la vida familiar”, Liahona, septiembre de 2005, pág. 36.
5. Richard G. Scott, “La paz en el hogar”, pág. 31.

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Paz en esta vida

Liahona Diciembre 2016liahona-noviembre-2016
Paz en esta vida
Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Henry B. EyringA todos los que hemos venido a esta vida terrenal, el Salvador dijo: “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Sin embargo, durante Su ministerio terrenal, hizo a Sus discípulos esta maravillosa promesa: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). Es un consuelo saber que esta promesa de paz personal se extiende a todos Sus discípulos hoy en día.

emblems of the sacrament

Algunos vivimos en entornos bellos y apacibles, y sin embargo sentimos agitación interior. Otros sienten paz y perfecta serenidad en medio de grandes pérdidas personales, tragedias y pruebas constantes.

Tal vez hayan visto el milagro de la paz en el rostro de un discípulo de Jesucristo, o lo hayan escuchado en sus palabras. Yo lo he visto muchas veces. En ocasiones ha sido en la habitación de un hospital donde una familia se reúne en torno a un siervo de Dios que está al borde de la muerte.

Recuerdo haber ido al hospital a visitar a una mujer pocos días antes de que muriera de cáncer. Había llevado conmigo a mis dos hijas pequeñas, porque aquella dulce hermana había sido su maestra de la Primaria.

Los miembros de su familia estaban reunidos alrededor de su cama, deseando estar con ella en sus últimas horas sobre la tierra. Me sorprendió que se sentara en la cama; extendió el brazo hacia donde estaban mis hijas y las presentó a las dos, uno por uno a cada miembro de su familia. Habló como si mis hijas fueran miembros de la realeza, presentadas en la corte de una reina. Encontró una forma de decir algo sobre el modo en que cada persona en la sala era un discípulo del Salvador. Todavía recuerdo la fortaleza, la ternura y el amor en su voz; y recuerdo cuánto me sorprendió su alegre sonrisa, aun cuando ella sabía que le quedaba poco tiempo de vida.

Había recibido bendiciones de consuelo del sacerdocio, pero nos dio a todos un testimonio viviente de que la promesa de paz del Señor es verdadera: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo”(Juan 16:33). Seguir leyendo

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Cuan cerca de los ángeles

Conferencia General Abril 1998
Cuan cerca de los ángeles
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

“Ustedes llegarán a ser grandes mujeres si están unidos en la angelical causa de hacer el bien y si tienen hambre y sed de justicia”.

Es un placer para mí estar en la presencia de todas ustedes, jovencitas especiales. Es un honor especial esta noche tener con nosotros al presidente Gordon B. Hinckley y al presidente Thomas S. Monson. Felicito a las hermanas Nadauld, Thomas y Larsen por sus excelentes mensajes. La música del Coro de Mujeres Jóvenes ha sido excepcional. Apreciamos a las jóvenes que participaron en el video y a los centenares de jovencitas que respondieron a la petición de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes de escribirles acerca de la forma en que sirven a su familia.

Yo creo que debido a su rectitud en la vida premortal, sus espíritus fueron reservados para nacer en esta época en que las mujeres tienen tantas oportunidades de expresión.

Entre la congregación veo a algunas de mis amadas nietas, y eso me recuerda que la mayoría de ustedes son de la edad de ellas. También recuerdo lo que alguien dijo acerca de los abuelos: son “personas que se pasan de generosas, se pasan de protectoras y se pasan de los cincuenta” (1). Esta noche, les hablo a todas ustedes como si fueran mis nietas. Al mirar sus rostros tan hermosos, veo el fascinante misterio de mujeres en desarrollo.

Para comenzar, queridas jovencitas, deben poner en práctica la virtud en su máximo sentido. La virtud tiene muchas definiciones, como la excelencia moral, el actuar y el pensar correctamente, la bondad del carácter o la castidad de las mujeres. La Primera Presidencia ha dicho: “Cuán gloriosa y cerca de los ángeles está la juventud que es limpia; esta juventud posee un gozo indescriptible y una felicidad eterna en el más allá. La pureza sexual es la joya más preciosa de la juventud; es el fundamento de toda la rectitud” (2). Esto implica que la virtud de las jovencitas debe ser comparable a la de los ángeles (3). No pueden llegar a ser grandes mujeres si no son también buenas mujeres, “mujeres cuya virtud las haga brillar entre la multitud” (4). Ustedes llegarán a ser grandes mujeres si están unidas en la angelical causa de hacer el bien y si tienen hambre y sed de justicia. El Salvador dijo: “… buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (5); si no lo hacemos, lo demás realmente no importa.

Ustedes están siendo constantemente bombardeadas con escenas explícitas de inmoralidad sexual en la pantalla, en los libros, la música, las revistas, el internet y la radio. El mundo parece haberse olvidado del proverbio: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” (6). Les recuerdo, estimadas jovencitas, que ustedes son hijas de Dios. Él las ama; ustedes son la suprema creación de Él. Su propia dignidad y respeto por ustedes mismas deben ayudarles a recordar que, tal como dijo una vez el presidente David 0. McKay, toda “mujer debe ser la reina de su propio cuerpo” (7).

Las mujeres jóvenes deben comprender que los jóvenes no las honrarán ni las respetarán si han transgredido moralmente. Ahora bien, para las que hayan transgredido, por favor, sepan que Dios “no [recuerda] más [su pecado]” (8) si se arrepienten. A fin de emprender el viaje por el sendero del arrepentimiento y del perdón deben acudir a sus padres y a su obispo.

Espero que cada una de ustedes, jovencitas, llegue a ser una persona de sumo valor y de virtud que dé de sí tanto ahora como en la eternidad. Siendo mujeres, han nacido con muchos dones singulares que no son comunes en los hombres.

El presidente Spencer W. Kimball, al hablar de los distintos papeles de los hombres y las mujeres, dijo: “Recuerden que en el mundo anterior a éste, a las mujeres fieles se les dieron ciertas asignaciones, mientras que a los hombres fieles se les preordinó a ciertas tareas del sacerdocio. Aunque ahora no recordamos los detalles, ello no altera la gloriosa realidad de lo que nos comprometimos a hacer. Ustedes son responsables de aquellas cosas que hace mucho se esperó de ustedes, tal como lo son los hombres a los que sostenemos como Profetas y Apóstoles … Con esto se ve que para los hombres y las mujeres hay mucho aún por hacer para progresar juntos en los aspectos de su superación personal” (9). Seguir leyendo

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Las Mujeres Jóvenes: estandartes de la libertad

Conferencia General Abril 1998
Las Mujeres Jóvenes: estandartes de la libertad
Hermana Sharon G. Larsen

Sharon G. Larsen

Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

“No tienen que ser el capitán Moroni para ejercer una buena y notable influencia Nuestro Padre Celestial necesita que cumplan con su deber en su familia Él lo planeó así”

¡El capitán del ejército nefita estaba irritado! Amalickíah, un disidente inicuo y ambicioso, intentaba destruir los hogares, las familias y el país de los nefitas justos. El capitán Moroni tomó su túnica, la rasgó y con un trozo de ella hizo un estandarte; y en él escribió lo siguiente: “En memoria de nuestro Dios, nuestra religión, y libertad, y nuestra paz, nuestras esposas y nuestros hijos…” (Alma 46:12) y lo ató a un asta y lo llamó “el estandarte de la libertad”. Y se enarboló sobre todas las torres que se hallaban en toda la tierra: como un recordatorio para proteger a las familias de los inicuos intrusos.

Mujeres Jóvenes, ustedes son como estandartes de la libertad cuando se esfuerzan por proteger a su familia de intrusos como el egoísmo, la dureza, el enojo y los conflictos familiares. El estandarte de ustedes se enarbola por la paz, por el amor y por el servicio a sus familiares.

Escuchen el ejemplo de una jovencita que escribió: “Al presente, mi familia está pasando momentos difíciles. Se me ha dado la oportunidad de realizar los deberes de mi madre. A veces no participo en actividades después de la escuela porque tengo que cuidar a mi hermano. A veces no salgo con mis amigas porque tengo que preparar la cena o ir de compras”. Y añade: “Gracias a esta responsabilidad, he aprendido muchísimo acerca del papel de madre, del madurar y del asumir responsabilidades, no tan sólo para mi propio bien sino también para el de los demás”.

Al llevar ustedes su estandarte de la libertad, hallarán muchas formas de ser una bendición para sus familiares, de quererlos y de estar prestas a ayudarles.

Por ejemplo, cuando mi hija Shelly iba a regresar de la misión, yo no enarbolé mi túnica en un asta; pero busqué un trozo de alfombra roja largo y angosto. Cuando Shelly volvió a casa, entró en ella caminando por la alfombra roja.

Pero no hacen falta ni una alfombra roja ni una túnica rasgada. A veces tan sólo una notita que se deje en la almohada o una sonrisa o un abrazo es mejor que cualquier otra cosa para expresar amor.

El servicio pone de manifiesto el amor. Seguir leyendo

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La comprensión de nuestra verdadera identidad

Conferencia General Abril 1998
La comprensión de nuestra verdadera identidad
Hermana Carol B. Thomas
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Carol B. Thomas

“Hace mucho tiempo, ustedes y yo nacimos como hijos en la familia de nuestro Padre Celestial… Cada una de ustedes fue una mujer noble y valiente en la vida preterrenal”.

Familia, ¡qué nombre tan sagrado para los que más amamos! Si alguien les pidiera que dijeran lo más grandioso que hay en su familia, ¿qué sería? Sé que la mayoría de las familias, incluso la mía, no son perfectas, sin embargo, cada día tratamos de ser más amables y considerados unos con otros. El mes pasado falleció mi padre; de él aprendí mucho, tenía una gran fe y acostumbraba decir que “el morir es como entrar en otra habitación”. En el día en que murió, pensé: “¡Hoy murió mi padre! ¡Éste fue su último día en la tierra! Acaba de entrar en otra habitación”. Fue una experiencia en extremo dulce y sagrada para mis familiares y para mí.

Fue mi padre quien me enseñó acerca de la vida preterrenal y quien me explicó que, hace mucho tiempo, ustedes y yo nacimos como hijas en la familia de nuestro Padre Celestial. Allá tomamos decisiones sagradas que han influido en lo que hacemos ahora. Cuando era pequeña, mi abuelo me dio una bendición y me bendijo para que “aquí continuara el ministerio que con tanta nobleza había llevado a cabo allá”. Ahora bien, si yo tuve un ministerio en la existencia preterrenal, también lo tuvieron ustedes. No es por casualidad que ustedes han nacido ahora, en esta época de la historia del mundo. Cada una de ustedes fue una mujer noble y valiente en la vida preterrenal.

Abraham dijo: “Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas éstas había muchas de las nobles y grandes” (Abraham 3:22). ¿Se dan cuenta de que él estaba hablando de ustedes? Cada una de ustedes es noble y grande, y ha nacido para vivir en este período de la tierra.

Todas provenimos de varios tipos de familias. Algunas de ustedes realizan cosas difíciles y las llevan a cabo muy bien. Otras podrían sentirse preocupadas por su relación con su madre o su padre al aprender juntos de qué manera vivir en familia; y aprenden que, a veces, el Salvador calma la tormenta y, otras veces, Él deja que brame la tormenta pero las calma a ustedes. Seguir leyendo

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Volver el corazón hacia la familia

Conferencia General Abril 1998
Volver el corazón hacia la familia
Hermana Margaret D. Nadauld
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Margaret D. Nadauld

“Nuestro Padre Celestial tiene un plan para Sus hijos y… las familias son la parte central de ese plan”.

En todas partes del mundo, desde Asia hasta África, desde Nueva Zelanda hasta Noruega, las maravillosas mujeres jóvenes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días están volviendo el corazón hacia la familia. Es una celebración de la familia a nivel mundial durante todo este año. Sabemos que las familias son una parte vital del plan de nuestro Padre Celestial para Sus hijos; esto se explica en el documento “La familia: Una proclamación para el mundo”.

Recuerdo tan bien cuando se presentó esa proclamación. Me conmovió mucho. El 23 de septiembre de 1995, las mujeres de la Iglesia se reunieron en una gran reunión general de la Sociedad de Socorro. Nuestro Profeta, el presidente Hinckley, se puso de pie para hablarnos. Como parte de su discurso, él leyó por primera vez un documento llamado: “La familia: Una proclamación para el mundo”. En esta proclamación, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles nos enseñan otra vez que nuestro Padre Celestial tiene un plan para Sus hijos y que las familias son la parte central de ese plan. Por lo tanto, es vital que fortalezcamos estas familias que son tan importantes a la vista de Dios.

Ustedes, mujeres jóvenes, tienen un papel importante que desempeñar dentro de por lo menos tres familias. La primera es la familia de la cual forman parte ahora, la segunda es la que formarán en el futuro, y la tercera es la familia celestial de la que todos formamos parte. Analicemos nuestro papel en cada una de estas tres familias.

Primero, analicemos la familia en la que se están criando en la actualidad. Cuando yo pienso en la familia en la que me crié, recuerdo cómo mi hermanita y yo compartíamos el dormitorio, el piano y el lavado de la vajilla. Recuerdo que mi hermano y yo nos atacábamos de risa durante la cena y nos reíamos tanto que nos hacían retirar de la mesa hasta que nos calmáramos.

¡Ah!, una aprende de todo en una familia ¿no creen? Y eso es importante porque aprendemos cosas tales como orar, compartir, reír, amar, trabajar y llevarse bien unos con otros. ¡Cuán agradecida estoy por las lecciones importantes sobre la vida que aprendí en mi familia!

Muchas de ustedes, mujeres jóvenes, han escrito experiencias de su familia y nos han hecho partícipes de ellas y de algunas de las cosas que están aprendiendo a medida que vuelven el corazón hacia sus familias. Katie Quinn, de doce años, escribió: Seguir leyendo

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Nuevos templos para proporcionar «las bendiciones supremas» del Evangelio

Conferencia General Abril 1998
Nuevos templos para proporcionar «las bendiciones supremas» del Evangelio
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“Que las ventanas de los cielos se abran y las bendiciones se derramen sobre nosotros como pueblo a medida que andemos delante del Señor con valentía y con fe a fin de llevar a cabo Su eterna obra”.

Desde mi asiento, he visto sentados en la primera fila de bancas del Tabernáculo a un grupo de indios otavaleños, de las sierras de Ecuador, y deseo expresar mi reconocimiento hacia esa gente maravillosa, a estos fieles Santos de los Últimos Días que han venido desde tan, tan lejos a participar junto con nosotros de esta conferencia. Hermanos y hermanas, les estoy muy agradecido.

En caso de que no sepan dónde se encuentra Otavalo, desde Quito deben cruzar el ecuador hasta llegar a las aldeas que se encuentran sobre los cerros de las altas montañas de Ecuador; allí es donde reside esta gente pacífica y maravillosa.

Al terminar esta reunión grandiosa, la cual ha llegado a todas partes del país y allende los mares, con humildad y acción de gracias expreso mi más profundo agradecimiento a todas las personas que han participado en ella, incluso a quienes la han escuchado. La música ha sido maravillosa; las oraciones han sido inspiradoras; los discursos han sido preparados y dados bajo la inspiración del Espíritu Santo. Con corazones agradecidos, hemos disfrutado juntos. Ahora, al volver a casa, es nuestro deber y nuestra responsabilidad poner en práctica en nuestra vida diaria las verdades que hemos escuchado.

Para terminar, deseo hacer un anuncio. Como lo dije anteriormente, en estos últimos meses hemos estado viajando por muchos lugares donde residen miembros de la Iglesia. He estado con muchos que poseen muy poco en lo que respecta a bienes materiales, pero que tienen en el corazón una ardiente fe acerca de esta obra de los últimos días; aman a la Iglesia, aman el Evangelio y aman al Señor, y desean hacer Su voluntad. Ellos pagan su diezmo, por modesto que éste sea; hacen tremendos sacrificios para poder ir al templo, viajando días enteros en autobuses incómodos y en botes viejos, además de ahorrar dinero y privarse de muchas cosas para lograrlo.

Ellos necesitan templos más cerca: templos pequeños, hermosos y prácticos.

Por lo tanto, aprovecho la oportunidad para anunciar a toda la Iglesia un programa para construir de inmediato treinta templos más pequeños. Ellos estarán situados en Europa, en Asia, en Australia, en Fiji, en México, en América Central, en América del Sur y en Africa, así como también en los Estados Unidos y en Canadá, y poseerán todas las comodidades necesarias para efectuar las ordenanzas de la Casa del Señor.

Este será un proyecto extraordinario. Nada, ni siquiera parecido, se había intentado antes. Esos templos se agregarán a los diecisiete edificios que se encuentran en vías de construcción en Inglaterra; España; Ecuador; Bolivia; la República Dominicana ; Brasil ; Colombia ; Billings, Montana; Houston, Texas; Boston, Massachusetts; White Plains, Nueva York; Albuquerque, Nuevo México y los templos pequeños de Anchorage, Alaska; Monticello, Utah y Colonia Juárez, México. Con eso se alcanzará un total de cuarenta y siente templos nuevos además de los cincuenta y uno que se encuentran en funcionamiento. Pienso que sería una buena idea que agregáramos dos más con el fin de llegar a los cien para el fin del siglo, dado que se cumplirán dos mil años “… desde la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en la carne…” (D. y C. 20:1). En este programa estamos avanzando a una velocidad nunca vista antes.

En este momento no les voy a decir específicamente cuáles serán las ciudades. Se les notificará a los presidentes de estaca en cuanto se hayan conseguido los terrenos. Estoy seguro de que los miembros de la Iglesia van a preguntarse si algunos de esos templos se edificarán en su ciudad.

Si las ordenanzas del templo son parte esencial del Evangelio restaurado, y yo les testifico que sí lo son, es entonces imprescindible que proporcionemos los medios para que puedan llevarse a cabo. Todo nuestro vasto esfuerzo de historia familiar está orientado hacia la obra del templo, y no tiene ningún otro propósito. Las ordenanzas del templo se convierten en las bendiciones supremas que la Iglesia tiene para ofrecer.

Sólo puedo agregar que, cuando esos treinta o treinta y dos templos se edifiquen, habrá más que les seguirán.

Que Dios bendiga a los fieles Santos de los Últimos Días; que a medida que vivan los mandamientos sean bendecidos; que todos seamos honrados e incluso generosos en el pago del diezmo y las ofrendas, y que las ventanas de los cielos se abran y las bendiciones se derramen sobre nosotros como pueblo a medida que andemos delante del Señor con valentía y con fe a fin de llevar a cabo Su eterna obra.

Me sentí profundamente conmovido por el discurso que pronunció el hermano Ronald Poelman acerca del diezmo. Él y yo vivíamos en el mismo barrio cuando éramos pequeños; teníamos el mismo obispo. Cuando éramos niños, pagábamos una pequeña cantidad de diezmo y yo les puedo testificar que el Señor nos ha bendecido a lo largo de los años. Puedo visualizar a su querida madre arrodillándose con su familia y suplicar al Señor, y agradecerle el gran privilegio que tenían de aportar de sus escasos bienes en obediencia a Su mandamiento.

Que haya paz, armonía y amor en nuestro hogar y en nuestra familia. Que el testimonio de la verdad viviente y sagrada de esta gran obra se refleje en nuestra vida. Que todos juntos nos regocijemos en alabanzas a Él, de quien provienen todas las bendiciones, nuestro glorioso Líder y gran Redentor.

Esa es mi humilde oración, mis queridos hermanos y hermanas, al concluir esta gran, significativa e histórica conferencia. Que Dios nos ayude a ser Santos de los Últimos Días en la expresión más excelsa de la palabra; es mi humilde oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Cómo eliminar las barreras que nos separan de la felicidad

Conferencia General Abril 1998
Cómo eliminar las barreras que nos separan de la felicidad
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Elder Richard G. Scott

“El aprecio por un patrimonio étnico, cultural o nacional puede ser muy bueno y beneficioso, pero también puede perpetuar costumbres que un devoto Santo de los Últimos Días debe dejar de lado”.

Al preparar este mensaje, he orado fervientemente para poder comunicarlo con toda la claridad y eficiencia de que soy capaz. Es esencial que se me entienda por medio del Espíritu a fin de que no me malentiendan precisamente aquellos a quienes quiero ayudar.

El mundo se divide cada vez más en grupos de personas que se esfuerzan por preservar su patrimonio étnico, cultural o nacional; esos esfuerzos están motivados generalmente por un aprecio sincero por lo que han hecho los antepasados, muchas veces en las circunstancias más penosas. El aprecio por un patrimonio étnico, cultural o nacional puede ser muy bueno y beneficioso, pero también puede perpetuar costumbres que un devoto Santo de los Últimos Días debe dejar de lado.

Como lo que deseo decir es asunto delicado, y, para que no haya malentendidos, te pido que pienses que tú y yo estamos solos en un lugar tranquilo; imagina que hay entre nosotros profundos lazos de amistad y una relación de confianza que se presta a la comunicación sincera. Supongamos que me has preguntado cómo puedes obtener mayor beneficio de tu condición de miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Sé que eres una persona de firme fe y convicción. Sé también que valoras intensamente tu singular patrimonio cultural; hay hilos de ese patrimonio que forman parte de las mismas fibras de tu ser; has recibido de él gran beneficio y tienes el deseo de hundir tus raíces profundamente en su suelo y de que tus hijos y nietos se beneficien también. No obstante, veo que algunos elementos de esas costumbres podrían estar en conflicto con las enseñanzas de Jesucristo y acarrearte desilusión o dificultades. Como amigo, deseo ayudarte a percibir esa posibilidad sin ofenderte ni de ninguna manera restar valor a las preciadas partes de tu patrimonio que deben preservarse y servir de base para mejorar.

Cuando tú aceptaste las enseñanzas de Jesucristo y Su plan de felicidad, recibiste el bautismo y 1a confirmación para ser un miembro de Su reino aquí en la tierra; tomaste sobre ti Su nombre; te comprometiste a ser obediente a Sus enseñanzas y a hacer en tu vida cualquier cambio necesario para cumplir con ellas. Para obtener la plenitud de gozo, es preciso que recibas las ordenanzas del templo. El seguir esas pautas te brindará la mayor felicidad aquí en la tierra y a través de las eternidades. Para casi todas las personas, la conversión a la Iglesia exige un cambio fundamental en la manera de vivir. Si la Palabra de Sabiduría no se ha guardado, esto debe rectificarse; si ha habido una violación de la ley de castidad, debe haber arrepentimiento de ello. Nadie que entienda verdaderamente la importancia de ser miembro de la Iglesia tiene vacilación alguna en hacer esos cambios a fin de recibir las bendiciones de ser un miembro digno de Su reino. Además, hay otras cosas que quizás no sean tan obvias y que también deben abandonarse para disfrutar al máximo la felicidad de ser miembro de Su reino. Seguir leyendo

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El puente que nos lleva de la incertidumbre a la certidumbre

Conferencia General Abril 1998
El puente que nos lleva de la incertidumbre a la certidumbre
Élder Richard E. Turley, Sr.
De los Setenta

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“Esta prodigiosa restauración ha provisto de aquello que necesitamos para reconocer las filosofías y los estilos de vida erróneos que…no complacen a nuestro Padre Celestial”.

Hace unos diez años, mi esposa y yo dedicamos casi todo un domingo a ser anfitriones de un estudiante graduado de la Universidad de Harvard; el joven había venido a Salt Lake City para cerciorarse de que la Iglesia era “algo real”. Sus padres, que vivían en el estado de New England, le dijeron que habían recibido las charlas misionales y que planeaban bautizarse; y el muchacho les había pedido que esperaran hasta que él llegara a Salt Lake City. Al llegar y participar del recorrido por la Manzana del Templo y otras propiedades de la Iglesia, expresó el deseo de hablar con alguien que tuviera, entre otros, conocimientos científicos y técnicos. Se sugirió mi nombre y, subsecuentemente, recibí una llamada telefónica.

En esa época, teníamos un horario ajustado y el único día que podíamos atenderlo era en domingo. Le dijimos que si deseaba ver lo que era la vida mormona, estaríamos complacidos de que pasara el día con nosotros. Tuvimos una jornada interesante y gozosa con el joven: en ese día lo llevamos a dos reuniones sacramentales, una en la que discursaron uno de nuestros hijos y su esposa; y la otra en la que nosotros éramos los oradores. Al entrar en el edificio en el que llevaríamos a cabo nuestra asignación, nos encontramos con el obispo, quien rápidamente nos llevó a su oficina para participar de una reunión de oración, y todos, incluso nuestro joven amigo, nos arrodillamos alrededor del escritorio del obispo, el cual ofreció una humilde y espontánea oración.

Desde la oficina del obispo entramos en la capilla. Presentamos nuestro huésped a un matrimonio joven y él se sentó a su lado durante la reunión. Mi esposa y yo hablamos sobre el Libro de Mormón, lo que fue algo ideal, en especial para el joven, pues se le había desafiado a leer el Libro de Mormón.

Después de la reunión, lo llevamos a nuestra casa, en donde mi esposa sirvió una de sus deliciosas cenas. Durante el resto del tiempo, compartimos con él nuestro testimonio del Libro de Mormón, de Jesucristo y de la restauración de Su Iglesia. Al día siguiente, el muchacho regresó a Boston.

Más tarde, tuvimos la oportunidad de hablar con sus padres. Él les había informado que, en efecto, la Iglesia Mormona era “algo real” también les había mencionado que, por medio de su estudio del Libro de Mormón, había podido desechar las dudas que tenía acerca de Jesucristo.

Comprendimos que el joven afirmaba ser agnóstico, lo que significaba que, para él, era imposible saber acerca de la naturaleza o de la existencia de Dios excepto que fuera por una experiencia directa. Afortunadamente, la visita que hizo a Salt Lake City le otorgó una experiencia directa y la oportunidad de observar un día en la vida de una familia que pertenecía a la Iglesia; sin embargo, no podía llegar a la conclusión de que Jesús es el Cristo sólo a través de sus observaciones.

Al finalizar la lectura del Libro de Mormón, habría encontrado la clave más importante que se requiere para saber si el Libro de Mormón es verdadero, para saber si Jesús es el Cristo, o no; y, de hecho, habría descubierto la clave primordial que se requiere para conocer la verdad de todas las cosas. Moroni declaró en su capítulo final: “… y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5).

Con los años, me he dado cuenta de que es mediante el poder del Espíritu Santo que podemos edificar un puente que nos lleve desde la incertidumbre hasta la certidumbre, lo que explica por qué Jesús dijo lo que dijo a Pedro en Cesarea de Filipo. Jesús preguntó a Sus discípulos: “… ¿quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15).

Y Pedro respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

A esto Jesús contestó:

“Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17).

En otras palabras, el Padre le reveló a Pedro, tal como Él puede revelarlo a nosotros, por medio del poder del Espíritu Santo, que Jesús de Nazaret, Su Hijo más amado y obediente, en verdad fue y es el largamente esperado Mesías que había sido predicho por todos Sus profetas desde el principio del mundo.

Al reflexionar sobre este joven de Boston, también he pensado en los muchos otros jóvenes que están buscando, pero que no saben cómo encontrar las respuestas a las muchas preguntas de la vida. La juventud no vive en un vacío y, como todos nosotros, es susceptible a lo que el apóstol Pablo denominó: “todo viento de doctrina”. Permítanme leer de la epístola que Pablo escribió a los efesios, en la que explica por qué el Señor nos ha dado apóstoles, profetas y otros líderes y maestros inspirados: “… para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:1 114).

¡Cuán agradecido me siento por los profetas antiguos y modernos!, que nos ayudan a darnos cuenta de los que engañan con astucia.

El profeta Isaías contempló nuestra época en una visión, en la cual el Señor: “… [excitaría] la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos” (Isaías 29:14).

Esta prodigiosa restauración ha provisto de aquello que necesitamos para reconocer las filosofías y los estilos de vida erróneos que, aunque sean aceptables política y socialmente, no complacen a nuestro Padre Celestial. Si por seguir el desafío de Moroni un agnóstico creyó, también otras personas pueden llegar a entender por qué existe la tierra. En el registro restaurado de Moisés, el Señor responde a nuestra pregunta acerca del propósito de esta tierra:

“Y sucedió que Moisés imploró a Dios, diciendo: Te ruego que me digas ¿por qué son estas cosas así, y por qué medio las hiciste?
“… Y Dios el Señor le dijo a Moisés: Para mi propio fin he hecho estas cosas…
“Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:30-31, 39).

Abundan las filosofías que menosprecian el lugar del hombre en la tierra. En el registro de Moisés, aun él creyó, después de haber presenciado las creaciones de Dios, que el hombre no es nada; pero Dios le aclaró que el hombre es todo.

Otro ejemplo y fuente que debe considerarse es la proclamación sobre la familia, la que la Primera Presidencia emitió en 1995, y que define muy claramente los objetivos y las expectativas que tiene Dios con respecto al género humano.

Mientras las naciones de la tierra gastan miles de millones cada año tratando de descubrir más acerca del origen y del objetivo de la tierra y de su galaxia, la respuesta se encuentra aquí. Se creó la tierra para el ser humano con el fin de ayudarnos a ganar “la inmortalidad y la vida eterna”. Sin duda, los detalles de la Creación son interesantes; pero lo más importante que hay en la lista de prioridades es la necesidad de aprender más acerca de nuestro Creador y de aceptar Su invitación de seguirle para que nosotros también alcancemos todo nuestro potencial.

El Espíritu nos ayudará en nuestro intento de edificar un puente que nos lleve de la incertidumbre a la certidumbre. Jesucristo es nuestra luz (véase 3 Nefi 18:24). Sigamos esa radiante Luz e invitemos a los demás a hacer lo mismo. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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La obediencia, el gran desafío de la vida

Conferencia General Abril 1998
La obediencia, el gran desafío de la vida
Élder Donald L. Staheli
De los Setenta

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“El Señor reconoce que muchos de nosotros somos propensos a apartarnos de Sus consejos cuando todo nos sale bien, pero cuando nos llegan los problemas procuramos Su ayuda y Sus bendiciones”.

Hermanos y hermanas, me siento humilde y agradecido por este llamamiento de presentarme ante ustedes hoy. He sido bendecido con una esposa y una familia maravillosas. Me siento fortalecido por el sostenimiento de las Autoridades con quienes ahora tengo la bendición de servir; pero de mayor importancia aún, aprecio mi testimonio y mi relación con mi Salvador; doy mi testimonio personal de que Él vive y que dirige Su Iglesia por medio de nuestro amado profeta y presidente, Gordon B. Hinckley.

El paso que dí el año anterior, desde el mundo de los negocios al de tratar de ser un siervo fiel de jornada completa para nuestro Padre Celestial y un testigo especial de Jesucristo, ha sido una experiencia muy tierna para mí. Me ha hecho más sensible a la responsabilidad, a las bendiciones y a las oportunidades que el Evangelio nos proporciona a cada uno de nosotros, si obedecemos sus principios.

En varias ocasiones, el presidente Boyd K. Packer ha declarado que “todos tenemos derecho a la inspiración y dirección del Espíritu Santo”, y luego añade: “Vivimos muy por debajo de nuestros privilegios”. Al meditar en cuanto al razonamiento de esta declaración, es evidente que muchos de nosotros estamos perdiendo algunas oportunidades y bendiciones espirituales al permitir que “las cosas que deberían ser más importantes en la vida queden a merced de las que importan menos”.

Si a cualquiera de nosotros se le preguntara qué es lo más importante en la vida, la mayoría respondería sin demora: nuestras familias y las oportunidades que el Evangelio nos brinda de ser familias celestiales, de estar “juntos para siempre”. Sin embargo, las presiones de la vida cotidiana con frecuencia y en forma subrepticia nos apartan de ese proyecto que con tanto orgullo proclamamos; y, en el proceso, las prioridades que realmente debieran importarnos más quedan supeditadas a las que, aunque en el momento parezcan ser importantes, carecen de trascendencia en cuanto a nuestro objetivo a largo plazo. En muchos casos, las tentaciones y las presiones para lograr lo que es menos trascendente nos conducen por los senderos equivocados de la vida. Seguir leyendo

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El albedrío y la ira

Conferencia general Abril 1998
El albedrío y la ira
Elder Lynn Grant Robbins
De los Setenta

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“Una parte de la astucia de esta estrategia [de Satanás] es separar la ira del albedrío, haciéndonos creer que somos víctimas de una emoción que no podemos controlar”.

“Una familia Dios me dio; la amo de verdad”. Ésa es la esperanza de todo niño expresada en las palabras de uno de nuestros himnos (Himnos, Nº 195; cursiva agregada).

En la Proclamación sobre la familia aprendemos que “la familia es la parte central del plan del Creador…” y que “el esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro…” y “… la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud…” (La familia: Una proclamación para el mundo, Liahona, junio de 1996, págs. 10-11).

La familia también es el objetivo principal de Satanás, quien está haciéndole la guerra. Uno de sus planes astutos e ingeniosos es filtrarse detrás de las líneas enemigas y llegar a nuestro hogar y a nuestra vida.

Él daña y a menudo destruye a la familia dentro de las paredes de su propio hogar; su estrategia es incitar a la ira a los miembros de la familia entre sí. Satanás es el “padre de la contención y él irrita el corazón de los hombres, para que contiendan con ira, unos con otros” (3 Nefi 11:29; cursiva agregada). El verbo “irritar” se podría poner en una receta para un desastre: Haga calentar los ánimos, mézclelos con palabras bruscas hasta que empiecen a hervir; siga revolviendo hasta que adquieran consistencia; enfríelos; deje enfriar los sentimientos durante varios días; sírvalo helado; tiene para rato. Seguir leyendo

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He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren

Conferencia General Abril 1998
“He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren”
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales

“No podemos esperar que habremos de aprender o ser perseverantes en años venideros si hoy en día estamos desarrollando el hábito de darnos por vencidos cuando las cosas se tornan difíciles”.

Las Escrituras nos dicen que es esencial perseverar hasta el fin. “Por tanto, si sois obedientes a los mandamientos, y perseveráis hasta el fin, seréis salvos en el postrer día. Y así es” (1 Nefi 22:31).

“Sé paciente en las aflicciones, porque tendrás muchas; pero sopórtalas, pues he aquí, estoy contigo hasta el fin de tus días” (D. y C. 24:8).

“He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren” (Santiago 5:11).

Los profetas de todas las épocas nos enseñan verdaderos ejemplos de fe al demostrar su valentía mientras soportan problemas y tribulaciones para poder cumplir la voluntad de Dios. El ejemplo más grande proviene de la vida de nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo. Mientras sufría en la cruz sobre el Calvario, sintió la soledad del albedrío cuando suplicó a Su Padre Celestial: “¿Por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). El Salvador del mundo fue dejado solo por Su Padre para que llevara a cabo, por propia voluntad y decisión, un acto de albedrío que le permitió completar Su misión expiatoria.

Jesús sabía bien quién era Él: el Hijo de Dios; sabía cuál era su propósito: llevar a cabo la voluntad del Padre mediante la Expiación; su perspectiva era eterna: “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

El Señor bien podría haber llamado a legiones de ángeles para que lo rescataran de la cruz, pero con fidelidad perseveró hasta el fin y completó el propósito para el cual había sido enviado a la tierra, confiriendo así bendiciones eternas a todos aquellos que habrían de experimentar la vida terrenal.

Me emociona profundamente que, cada vez que el Padre presentaba a Su Hijo a los profetas de todas las dispensaciones, declaraba: “Este es mi hijo amado, en el cual tengo complacencia” (2 Pedro 1:17), o “He aquí a mi hijo amado… en quien he glorificado mi nombre” (3 Nefi 11:7)

En nuestra dispensación, el profeta José Smith soportó toda clase de oposición y aflicciones para llevar a cabo el deseo de nuestro Padre Celestial: la restauración de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. José fue atormentado y perseguido por multitudes enfurecidas; con paciencia soportó la pobreza, las acusaciones ofensivas y los actos desconsiderados; su gente fue forzada a escapar de una población a otra y de un estado a otro; lo cubrieron de brea y de plumas; lo acusaron falsamente y lo encarcelaron.

Hallándose en la prisión de Liberty, en Misuri, abrumado con sentimientos de profunda emoción al ver que sus propias tribulaciones y los problemas que sufrían los santos parecían ser interminables, José oró diciendo: “Oh Dios, ¿en dónde estás? Sí, oh Señor, ¿hasta cuándo sufrirán estas injurias y opresiones ilícitas, antes que tu corazón se ablande y tus entrañas se llenen de compasión por ellos?” (D y C 121:1, 3).

Y entonces le fue dicho: “Hijo mío, paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento” (D. y C. 121:7).

José sabía que si llegaba a detenerse en esta gran obra, sus tribulaciones terrenales probablemente se calmarían; pero no podía hacer eso porque sabía bien quién era él, sabia porque propósito había sido enviado a la tierra, y quería obedecer la voluntad de Dios.

Los pioneros que abandonaron sus hogares en Nauvoo, Illinois y en otros lugares para atravesar las grandes llanuras y establecerse en el Valle del Lago Salado, sabían quiénes eran: eran miembros de la Iglesia del Señor recién restaurada en la tierra. Sabían que su propósito y su objetivo no solamente era encontrar Sión sino establecerla. Y porque lo sabían, estaban dispuestos a soportar toda clase de dificultades para realizarlo. Seguir leyendo

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La Sociedad de Socorro

Conferencia General Abril 1998

La Sociedad de Socorro

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce

“Hermanas, deben abandonar la idea de que sólo asisten a la Sociedad de Socorro y captar el sentimiento de que pertenecen a ella”.


Tengo el propósito de dar incondicional encomio y apoyo a la Sociedad de Socorro, de instar a todas las mujeres a unirse a ella y asistir a sus reuniones; y a los líderes del sacerdocio, de todos los oficios, a hacer cuanto esté de su parte para que la Sociedad de Socorro florezca.

La Sociedad de Socorro fue organizada por profetas y apóstoles que actuaron por inspiración divina, y de ellos recibió su nombre. Cuenta con una historia ilustre y siempre ha dispensado ánimo y sustento a los necesitados.

La tierna mano de la mujer brinda un toque sanador y un ánimo que la mano del hombre, por más nobles que sean sus intenciones, jamás podría imitar.

La Sociedad de Socorro inspira a la mujer y le enseña cómo adornar su vida con aquellas cosas que ella necesite: cosas que sean “bellas, o de buena reputación, o dignas de alabanza” (1). La Primera Presidencia ha instado a las mujeres a participar activamente “puesto que en la obra de la Sociedad de Socorro hay valores intelectuales, culturales y espirituales que no se pueden encontrar en ninguna otra organización y que son suficientes para satisfacer las necesidades de todos sus miembros” (2) .

La Sociedad de Socorro guía a las madres para que encaminen a sus hijas y para que cultiven en su marido, en sus hijos y en sus hermanos la cortesía, el valor y todas las virtudes que son esenciales en un hombre digno. El progreso de la Sociedad de Socorro es tan valioso para los hambres y para los jóvenes como lo es para las mujeres y para las jovencitas.

Hace algunos años, mi esposa y yo nos encontrábamos en Checoslovaquia, en ese entonces una de las naciones detrás de la Cortina de Hierro. En aquella época no era fácil obtener visado, y tuvimos que tener mucho cuidado de no poner en riesgo la seguridad y el bienestar de nuestros miembros, que durante mucho tiempo habían luchado por mantener viva su fe en condiciones de opresión indescriptibles.

La reunión más memorable que tuvimos fue en una habitación del piso superior, a persianas cerradas. Aun cuando era de noche, las personas que asistieron llegaron a horas diferentes y de distintas direcciones, a fin de no llamar demasiado la atención.

Había presentes doce hermanas. Cantamos los himnos de Sión de antiguos himnarios-sin música- que habían sido impresos cincuenta años antes, y la lección de Vida Espiritual fue reverentemente enseñada de un manual hecho a mano. Las pocas páginas de materiales de la Iglesia que pudimos entregarles fueron escritas a máquina por las noches, doce copias en papel carbón a la vez, a fin de distribuirlas de la mejor manera posible entre los miembros.

A aquellas hermanas les dije que pertenecían a la más grande y, en todos los sentidos, la más grandiosa de todas las organizaciones de mujeres del mundo; y luego cité las palabras del profeta José Smith cuando fue organizada la Sociedad de Socorro: “Doy vuelta la llave en nombre de todas las mujeres”.

Esta sociedad está organizada “de acuerdo con vuestra naturaleza… Ahora os halláis en posición tal que podéis obrar de acuerdo con la compasión [que hay dentro de vosotras]…

“Si cumplís con estos privilegios, no se podrá impedir que os relacionéis con los ángeles… Seguir leyendo

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