Cristo cambia la conducta humana

Conferencia General Abril 1998
Cristo cambia la conducta humana
Élder Richard E. Cook
De los Setenta

richard-e-cook

«Cuando los conversos cobran «vida» y necesitan nutrirse en el Evangelio, al poco tiempo cobran «vida» como estudiantes, como padres, en sus profesiones y como ciudadanos».

Mi esposa y yo fuimos llamados a ser misioneros en Mongolia casi un año antes de que se organizara formalmente como misión. Al contemplar esa época, la consideramos una de las más memorables, satisfactorias y benditas de nuestra vida; ese período todavía nos recompensa con ricas experiencias y bendiciones.

El Señor ha dicho a los misioneros: «Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!» (D. y C. 18:15).

Esta promesa se destaca como un faro de luz para cada misionero, pero, como si no fuera poco, hay otras bendiciones que provienen de la obra misional, las que son muchas y variadas. Algunas son inmediatas y otras solamente vienen con el tiempo.

Mi esposa y yo experimentamos una de esas bendiciones que vienen «sólo con el tiempo» este pasado mes de febrero cuando asistimos a la bendición de una bebé mongola de nuestra gran familia de misioneros. Se llama Tungalag. La madre de ella, Davaajargal, es una pionera moderna, la primera mujer que se bautizó en Mongolia. El padre de Tungalag, Sanchir, estudia para obtener su maestría en la Universidad Brigham Young.

Conocí a Sanchir en Mongolia durante un tiempo antes de que llegara a ser miembro. No fue sino hasta después de un año y de muchas charlas con misioneros dedicados que se bautizó. No es nada menos que un milagro que este joven padre, después de tener sólo dos años en la Iglesia, haya podido pronunciar las palabras de esa hermosa bendición, que empezó así: «Tungalag, te bendigo para que seas un buen ser humano». ¡Jamás olvidaré ese comienzo!

En esa bendición dijo cosas que no habría sabido y que ni siquiera habría imaginado antes de su bautismo. El ser testigo de esa bendición y el darme cuenta de la magnitud del cambio que el Evangelio generó en ese joven y en esa familia realmente fue una recompensa misional. Seguir leyendo

Publicado en Comportamiento, Evangelio, Obra misional | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Venido de Dios como maestro

Conferencia General Abril 1998
«Venido de Dios como maestro»
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland

«Debemos dar ímpetu a la buena enseñanza y darle un lugar preeminente en la Iglesia, en el hogar, desde el pulpito, en nuestras reuniones administrativas y por cierto en el salón de clases».

Cuando Nicodemo acudió a Jesús en los primeros días del ministerio del Salvador, habló en nombre de todos nosotros cuando dijo: «Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro»(1).

Cristo fue, por cierto, mucho más que un maestro; Él era el Hijo mismo de Dios, el Santo del plan eterno del Evangelio, el Salvador y el Redentor del mundo.

Sin embargo, Nicodemo estaba empezando de la misma manera que ustedes y yo lo hicimos, de la forma que lo hace cualquier niño, joven o nuevo converso: al reconocer y responder a un maestro emotivo que nos llega a los sentimientos más profundos del corazón.

En meses recientes, el presidente Cordón B. Hinckley nos ha exhorta do a retener a nuestros miembros en la Iglesia, en especial al nuevo converso. Al extender este llamado, el presidente Hinckley nos hizo presente que para permanecer firmes en la fe todos necesitamos por lo menos tres cosas: un amigo, una responsabilidad y el ser nutridos «por la buena palabra de Dios»(2).

La enseñanza inspirada, tanto en el hogar como en la Iglesia, sirve para proporcionar este elemento básico del ser nutridos «por la buena palabra de Dios». Estamos tan agradecidos por todos aquellos que imparten enseñanza. Los amamos y los apreciamos más de lo que nos es posible expresar. Confiamos mucho en ustedes. El enseñar con eficacia y el sentir que se está surtiendo efecto es en verdad una tarea muy difícil; pero vale la pena. No hay «llamamiento más importante»(3) que podamos recibir. Por cierto que en todas partes existe la oportunidad de magnificar ese llamamiento; la necesidad de que se lleve a cabo es eterna. Padres, madres, hermanos, amigos, misioneros, maestros orientadores y maestras visitantes, líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, maestros de clase, cada uno es, a su propia manera, «venido de Dios» para nuestra instrucción y nuestra salvación. En esta Iglesia, es casi imposible encontrar a alguien que no sea un cierto tipo de guía para con los miembros del rebaño. No es de extrañar que Pablo escribiera en sus epístolas: «…puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros…»(4). Seguir leyendo

Publicado en Enseñanza, Espíritu santo, Hermanamiento | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Los Artículos de Fe

Conferencia General Abril 1998
Los Artículos de Fe
Élder L. Tom Perry
Del Quorum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry

«Si los utilizan como guía para dirigir sus estudios de la doctrina del Salvador, se encontrarán preparados para expresar su testimonio de la Iglesia restaurada y verdadera del Señor».

Mil novecientos noventa y siete fue un año magnífico en la Iglesia. La celebración del sesquicentenario de la llegada de los pioneros mormones al Valle del Lago Salado atrajo la atención de todo el mundo. Los periódicos, las revistas, la televisión y la radio contaron nuestra historia. Qué gran oportunidad fue para la gente del mundo saber más acerca de quiénes somos. Ahora debemos determinar si lo dejaremos tan sólo como un gran acontecimiento que publicaron los medios de difusión o si será una oportunidad para cumplir con mayor eficacia nuestra obligación de llevar el Evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

Estoy seguro de que el Señor espera que hagamos eso último. Cuando fuimos sacados de las aguas del bautismo y fuimos confirmados miembros de la Iglesia de Jesucristo, hicimos convenio con el Señor de que participaríamos en la labor de llevar el mensaje de Su Evangelio a Sus hijos. Medité sobre esta nueva oportunidad que se nos presenta y comencé a examinarme a mí mismo. ¿En qué medida estoy preparado para hacer una aportación al reino?

Al repasar mi aptitud, mis pensamientos se remontaron a las enseñanzas que recibí en la Primaria durante mi niñez, cuando tenía entre tres y doce años de edad. La Primaria ejerció una profunda influencia en mi vida y afianzó las enseñanzas de unos nobles padres. Antes de avanzar al Sacerdocio Aarónico, de unirme a los Boy Scouts y de ingresar en la Escuela Dominical de Mayores, tenía que graduarme de la Primaria. Dos de los requisitos eran memorizar el nombre de los Doce Apóstoles de ese entonces y los trece Artículos de Fe. Tenía que permanecer de pie al lado del obispo en una reunión sacramental y responder a la pregunta que él me hiciera a fin de certificar que llenaba los requisitos de la graduación de la Primaria. Sabía que el obispo solía pedir al candidato que dijera uno de los Artículos de Fe. El obispo era mi padre y cuenten con la seguridad de que él no me facilitó las cosas. Por cierto que me pidió que recitara el Artículo de Fe Ne 13, que es el más largo, antes de entregarme el certificado de graduación de la Primaria. Al reflexionar en aquello, me hice una prueba a mí mismo: ¿Cuan bien recordaba esos dos requisitos de memorización? Descubrí que todavía Mil novecientos noventa y siete fue un año magnífico en la Iglesia. La celebración del sesquicentenario de la llegada de los pioneros mormones al Valle del Lago Salado atrajo la atención de todo el mundo. Los periódicos, las revistas, la televisión y la radio contaron nuestra historia. Qué gran oportunidad fue para la gente del mundo saber más acerca de quiénes somos. Ahora debemos determinar si lo dejaremos tan sólo como un gran acontecimiento que publicaron los medios de difusión o si será una oportunidad para cumplir con mayor eficacia nuestra obligación de llevar el Evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Estoy seguro de que el Señor espera que hagamos eso último. Cuando fuimos sacados de las aguas del bautismo y fuimos confirmados miembros de la Iglesia de Jesucristo, recordaba el nombre de los Doce Apóstoles de aquella época: Rudger Clawson, Reed Smoot, George Albert Smith, George F. Richards, David O. McKay, Joseph Fielding Smith, Stephen L Richards, Richard R. Lyman, Melvin J. Ballard, John A. Widtsoe, Marriner W. Merrill y Charles A. Callis. Pero después de los cinco primeros Artículos de Fe, me costó trabajo recordar el orden de ellos y todo lo que dicen. ¡Necesitaba un curso de actualización! Fotocopia entonces los Artículos de Fe de las Escrituras y los fijé con cinta adhesiva a la pared del cuarto de baño donde los viera todas las mañanas al lavarme los dientes y al afeitarme. A los pocos días, otra vez los recordaba muy bien. Eso profundizó aún más mi convicción de que fueron dados por revelación al profeta José Smith. Llegué a la conclusión de que, si estudiaba el contenido de cada uno de los Artículos de Fe, podría exponer y defender cada principio del Evangelio que tuviera la oportunidad de explicar a alguien que buscase la verdad restaurada. Seguir leyendo

Publicado en Artículos de Fe, Evangelio, Obra misional | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón

Conferencia General Abril 1998
«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón»
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

«Las ordenanzas y los convenios… son los medios que el Señor ha proporcionado para que nos conduzcan a la vida eterna».

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos: Con humildad me encuentro ante este pulpito que por más de cien años ha sido santificado por la palabra de Dios expresada en infinidad de mensajes inspirados, los que han elevado espiritualmente el alma de quienes los han escuchado. En concordancia con este legado, ruego que nuestro corazón sea receptivo a todo lo que se diga en esta conferencia.

Hoy deseo hablar acerca de las bendiciones que emanan de los convenios hechos con el Señor. Como base, comenzaré con el convenio que el Señor hizo con la Casa de Israel: «Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo»(1).

Ese convenio es universal para todos los seres de cualquier raza que hayan sido «bautizados en Cristo»(2). Como Pablo declaró: «Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa»(3).

Los convenios no son simplemente rituales externos, sino medios reales y eficaces para cambiar: «El nuevo nacimiento viene por el Espíritu de Dios mediante las ordenanzas»(4). Debemos siempre honrar y guardar sagrados los convenios de salvación que hemos hecho con el Señor y, si lo hacemos, Él nos ha prometido: «…recibirás revelación tras revelación, conocimiento sobre conocimiento, a fin de que conozcas los misterios y las cosas apacibles, aquello que trae gozo, aquello que trae la vida eterna»(5).

Muchos convenios son indispensables para la felicidad tanto aquí como en la vida venidera. Entre los más importantes se encuentran los convenios del matrimonio hechos entre marido y mujer; de esos convenios emana la dicha más grande de la vida.

El convenio del bautismo, con la ordenanza de la confirmación que le acompaña, abre la puerta para la vida eterna.

El juramento y convenio del sacerdocio contienen la promesa mediante la cual los élderes dignos de la Iglesia recibirán «…todo lo que [el] Padre tiene…»(6). Seguir leyendo

Publicado en Convenios, Jesucristo, Matrimonio, Paternidad, Relaciones familiares | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Un tiempo de preparación

Conferencia General Abril 1998
Un tiempo de preparación
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin

«Los días de nuestra probación están contados, pero ninguno de nosotros conoce el número de esos días y, por eso, cada día de preparación es precioso».

Mis queridos hermanos y hermanas, estoy agradecido por reunirme con ustedes otra vez en una conferencia general de la Iglesia y ruego que pueda tener la guía del Espíritu Santo. Me gustaría reflexionar con ustedes sobre la importancia de la vida terrenal como un tiempo para prepararse; tal como Amulek testificó: «…esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra»1.

Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días poseemos una comprensión especial sobre la naturaleza eterna de nuestra alma. Sabemos que tuvimos una existencia premortal, que aceptamos el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial y que escogimos seguir al Señor y Salvador Jesucristo. Los principios que adoptamos y por los que luchamos fueron: (1) el albedrío, la habilidad de elegir entre lo bueno y lo malo; (2) el progreso, la habilidad de aprender a ser como nuestro Padre Celestial y de llegar a ser como. Él; y (3) la fe, la confianza en el plan de nuestro Padre Celestial y en la expiación de Jesucristo que nos permiten regresar a la presencia de Dios. En consecuencia, se nos permitió entrar en la vida mortal y, concerniente a ésta, el Maestro dijo: «Y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare»(2).

Nosotros comprendemos que viviremos una vida pos mortal de duración infinita, y que somos nosotros los que determinamos la clase de vida que será por medio de nuestros pensamientos y nuestras acciones en la mortalidad. La mortalidad es muy breve, pero enormemente importante.

De las Escrituras aprendemos que «la vía del Señor es un giro eterno»(3) y que Dios conoce «todas las cosas, dado que existe de eternidad en eternidad»(4). Además, somos seres eternos; nuestra presencia en la tierra es un paso esencial en el plan de la felicidad de nuestro amado Padre Celestial para Sus hijos. «[Nosotros existimos] para que [tengamos] gozo»(5). El profeta José Smith enseñó que: «La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia… si seguimos el camino… [de] virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios»(6).

Ahora, este mismo momento es parte de nuestro progreso eterno hacia el regreso, con nuestra familia, a la presencia de nuestro Padre Celestial. El presidente Gordon B. Hinckley enseñó: «Estamos aquí [en esta vida] con una herencia maravillosa, una investidura divina. ¡Cuán diferente sería este mundo si toda persona se diera cuenta de que todos nuestros actos tienen consecuencias eternas! ¡Cuán satisfactorios serían nuestros años si… reconociéramos que lo que hacemos a diario aquí determinará nuestra vida en la eternidad!»(7). Seguir leyendo

Publicado en Preparación, Servicio, Vida Terrena | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Un discípulo y un amigo

Conferencia General Abril 1998
Un discípulo y un amigo
Obispo Richard C. Edgley
Primer Consejero del Obispado Presidente

Richard C. Edgley

“La cuestión no es cómo nos definen otras personas sino cómo nos define el Salvador”.

Hace algunos años, cuando yo trabajaba en el mundo de los negocios, nuestro director de personal, que era católico devoto, fue a mi oficina con su secretaria, llamada Darlene. En seguida pude notar que Darlene no estaba allí por voluntad propia y que habría p referido estar en otro lugar. Lo primero que me dijo el director de personal fue: “Por favor, explíquele a Darlene que los mormones son cristianos. Hemos estado discutiendo más de media hora y no he podido convencerla al respecto. Ella necesita que usted se lo diga”.

Lo primero que pensé fue si habría hecho yo mismo algo para que Darlene pusiera en duda mi fe y mi lealtad hacia el Salvador. Pero en seguida me di cuenta de que sus dudas no estaban directamente relacionadas conmigo.

Después de invitarlos a que tomaran asiento, le pregunté a Darlene por qué pensaba que no éramos cristianos; ella me respondió que así se lo había dicho su pastor. Le pregunté si sabía cuál era el nombre oficial de nuestra Iglesia y contestó que no. La conocía, dijo, con el nombre de Iglesia Mormona. Le expliqué entonces que el nombre es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y le pregunté si no le parecía una denominación extraña para una iglesia que no se suponía que fuera cristiana. A continuación, le pedí a mi amigo católico que, en base al sinnúmero de horas que habíamos conversado durante nuestros viajes en avión, al alojarnos en hoteles, al compartir cenas y en otras ocasiones, le explicara algunas de las cosas que había aprendido sobre nosotros relacionadas con Cristo, Sus enseñanzas y nuestras creencias. Él se las explicó entonces quizás de manera más convincente de lo que yo habría podido hacer.

La respuesta de Darlene fue que su pastor le había dicho que nosotros no creíamos en la Biblia y que la habíamos reemplazado con el Libro de Mormón. Yo le contesté declarándole nuestro octavo Artículo de Fe: “Nosotros creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios”.

Entonces le expliqué que el Libro de Mormón es otra Escritura que complementa la Biblia y provee otro testimonio de Jesucristo, y que expone y aclara varias de las enseñanzas más sagradas e importantes de Cristo. Su respuesta fue: “El pastor dice que no es posible que el Libro de Mormón contenga las enseñanzas de Cristo porque no pudo haber más revelaciones después de la muerte de los Apóstoles; por tanto, no hay más Escrituras después de la Biblia”. La interrogante que le presenté fue: “En una época de cambio tan veloz en este mundo turbulento y atribulado con tantos problemas difíciles, ¿no le extrañaría pensar por qué un Padre amoroso habría de cesar de comunicarse con Sus hijos, a quienes ama tanto que aun sacrificó por ellos a Su Hijo Unigénito?”. La polémica continuó durante quince o veinte minutos, en los que yo traté de explicarle nuestra interpretación literal de la Expiación y de la Resurrección, y de otras doctrinas importantes del Salvador. Terminé luego con el testimonio más fuerte que podía darle de un Padre amoroso y de un Hijo sumiso. Seguir leyendo

Publicado en Discipulado, Jesucristo, Religión cristiana | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El enseñar a nuestros hijos a amar las Escrituras

Conferencia General Abril 1998
El enseñar a nuestros hijos a amar las Escrituras
Hermana Anne G. Wirthlin
Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Anne G. Wirthlin

“Mediante la guía de padres amorosos y de maestros dedicados, los niños pequeños se familiarizarán con las Escrituras y con el espíritu que las acompaña”.

Mientras enseñaba a los nefitas, el Salvador confirmó las palabras del profeta Isaías, que profetizó del Israel de los últimos días: “Por un breve momento te dejé, más con grandes misericordias te recogeré…

“Porque los montes desaparecerán y los collados serán quitados, pero mi bondad no se apartará de ti, ni será quitado el convenio de mi paz, dice el Señor…” (3 Nefi 22:7, 10).

Entonces el Salvador reveló una de las formas en las que Su convenio de paz sería conservado para los justos en los últimos días: “Y todos tus hijos serán instruidos por el Señor; y grande será la paz de tus hijos” (3 Nefi 22:13).

Esas palabras del Salvador constituyen el lema de la Primaria y se cumplen en la definición de la finalidad de la Primaria: enseñar a los niños el Evangelio de Jesucristo y ayudarles a aprender a vivirlo.

Al presenciar los sucesos de los últimos días, no dudamos de que en ese pasaje el Señor nos habla directamente a nosotros. Nosotros somos el Israel de los últimos días. Somos los que debemos enseñar a nuestros hijos acerca del Señor. La paz que perdura no depende de fuerzas externas ajenas a nuestro control. “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz” (D. y C. 19:23).

Las palabras que el Señor pronunció hace siglos son palabras de esperanza y de seguridad que infunden consuelo a los padres justos que enseñan a sus hijos acerca del Señor; nos hablan en una época en la que la paz en el corazón de los niños da la impresión de no ser más que un sueño fugaz, pero el Salvador nos ha reafirmado que puede ser realidad, si enseñamos a nuestros hijos. La Primaria apoya a los padres en esta importante responsabilidad.

Mientras me encontraba en una asignación de capacitación de líderes en Brasil, tuve la oportunidad de visitar una clase de la guardería de la Primaria. Había unos ocho niños sentados alrededor de una mesa con su maestra. Contemplé admirada a esos pequeñitos, de dos y tres años, que durante unos breves momentos observaron embelesados una lámina del Salvador rodeado de niños que les mostraba la maestra. Oí que ella les decía que Él quiere mucho a los niños y que quiere a cada uno de ellos, y les enseñó que nuestro Padre Celestial también los quiere mucho. Al ver el modo como escuchaban, percibí que comprendían mucho más de lo que yo hubiera creído posible. Oían las palabras de ella y sentían su amor. En la belleza y sencillez de aquellos momentos, a esos pequeños se les enseñaba la respuesta a la pregunta más importante de la vida: “¿Quién soy yo?”. Con su fe pura de niños, sus espíritus estaban dispuestos a recibir las verdades que se les enseñaban. Esa experiencia se repetirá para ellos en su clase de la guardería domingo tras domingo. Esos son importantes momentos para la enseñanza en la vida de los niños pequeños en esa etapa en la que están listos para aprender. Seguir leyendo

Publicado en Enseñanza, Estudio de las escrituras | Etiquetado , , | Deja un comentario

Vívanlos mandamientos

Conferencia General Abril 1998
Vívanlos mandamientos
Élder David B. Haight
Del Quorum de los Doce Apóstoles

David B. Haight

«Aprovechen esta gran oportunidad que tienen en la vida de vivir bien, de hacer el bien, de hacer obras buenas y de ser una influencia positiva para los demás».

Mis queridos hermanos y hermanas: ¡Qué ocasión tan maravillosa, qué hermoso día, qué momento más glorioso es éste, en especial, para mí por haber tenido la oportunidad de estar presente aquí después de la declaración y el testimonio conmovedores del Profeta de Dios sobre la tierra!

Al sostener él en alto ese ejemplar de la primera edición del libro de Mormón, pensé en una experiencia que tuvimos hace algunos años mientras asistíamos a un seminario de presidentes de misión. Al finalizar los dos días del seminario en el área de Palmyra-Fayette, tuvimos una cena en la casa de la granja de Peter Whitmer, esa hermosa y pequeña construcción ahora remodelada, donde la Iglesia se organizó hace ciento sesenta y ocho años, este fin de semana: ¡fue una ocasión conmovedora! El único lugar para cocinar que tenían en esa época, en esa pequeña cabaña de troncos, era la chimenea; recuerdo que contemplamos la chimenea desde donde colgaba la olla donde ellos cocinaban; claro está que no tenían ninguna de las comodidades de hoy día; afuera, había un pozo para sacar agua.

Casi al terminar esa reunión tan espiritual con los presidentes de misión, subí la escalera y miré dentro de los dos pequeños dormitorios. La familia de Peter Whitmer había vivido allí, pero le había prestado uno de los dormitorios al profeta José Smith y, en ese recinto, él hizo parte de la traducción del Libro de Mormón; incluso Oliver Cowdery trabajó con él en ese humilde y reducido ambiente. Mi corazón se conmovió profundamente con el maravilloso sentimiento de saber que estaba en esa pequeña casa de campo, al imaginar lo que tuvo lugar allí y al pensar en las bendiciones del cielo que se derramaron sobre ellos.

Esa noche, al salir de nuestra reunión y dejar atrás la pequeña granja, divisé, en medio de los árboles, una luna llena resplandeciente; entonces le dije a Ruby: «Puedo imaginarme la noche del 6.de abril de 1830, después de que ese pequeño grupo se hubo reunido, la Iglesia se hubo organizado y seis hombres, que estuvieron de acuerdo con su organización, se encontraban presentes en conformidad con las leyes del estado de Nueva York. Puedo imaginarme lo que se dijo, lo que se profetizó acerca del futuro de la Iglesia y los testimonios que se dieron». Luego dije: «Imagino que la noche del 6 de abril de 1830 había también una luna llena resplandeciente, como demostración de que nuestro Salvador sonreía por lo que había sucedido en aquel sitio».

Más tarde, expresé esa idea a un grupo de personas, entre las cuales se encontraba el hermano Chamberlain, en ese entonces director del Planetario Hansen, de Salt Lake, quien fue tan atento que se comunicó con el observatorio naval con el fin de averiguar qué había sucedido el 6 de abril de 1830. Ellos no tenían registros de tanto tiempo atrás por lo que tuvo la enorme amabilidad de comunicarse con el Observatorio Real de Greenwich, Inglaterra, para saber si en ese lugar se contaba con algún tipo de registro. Más tarde, me envió algunos documentos que registraban lo que había sucedido en el horizonte esa semana del 6 de abril de 1830. En ellos se indicaba que había habido luna llena, una hermosa y radiante luna esos días que precedieron y siguieron al día 6 de abril. El Señor había derramado Sus glorias en esa ocasión. Seguir leyendo

Publicado en Historia de la iglesia, Niños, Testimonio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Damos testimonio de El

Conferencia General Abril 1998
Damos testimonio de El
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

«Seamos verdaderos discípulos de Cristo al observar la Regla de Oro, y como queramos que los demás hagan con nosotros, así también hagamos nosotros con ellos».

Mis amados hermanos y hermanas, les damos una cordial bienvenida a esta conferencia general que ha llegado a ser una gran conferencia mundial de la Iglesia.

Esta reunión se oirá y se verá en todo Estados Unidos y en Canadá, así como en muchas otras partes del mundo. Creo que no hay nada que se compare con ella. Felicito y agradezco a todos los que han tenido que ver con los complicados detalles logísticos de esta gran tarea.

Nos hemos reunido para adorar al Señor, para declarar Su divinidad y la realidad de que Él vive. Nos hemos reunido para reiterar nuestro amor por El y nuestro conocimiento de Su amor por nosotros. Nadie, pese a lo que se diga, puede disminuir ese amor.

Hay algunos que lo intentan. Por ejemplo, hay personas de otros credos que no nos consideran cristianos. Eso no es importante. Lo que importa es la forma en que nos consideremos a nosotros mismos. Reconocemos sin vacilación que existen diferencias entre nosotros; si no fuera así, no habría habido necesidad de la restauración del Evangelio. Hace poco, el presidente Packer y el élder Ballard hablaron de eso en otros contextos.

Confío en que no discutamos por este asunto. No hay razón para hacerlo un tema de debate. Sencillamente, de un modo apacible y sin disculparnos, testificamos que Dios se ha manifestado a Sí mismo y a Su Hijo Amado al dar comienzo a esta plena y última dispensación de Su obra.

No debemos volvernos descorteses al hablar de las diferencias doctrinales. No hay lugar para la aspereza. Sin embargo, nunca podemos abandonar ni acomodar a otros pareceres el conocimiento que hemos recibido por revelación y por otorgamiento directo de las llaves y de la autoridad bajo la manos de los que las poseían en la antigüedad. No olvidemos nunca que ésta es la restauración de lo que fue instituido por el Salvador del mundo, y no una reforma de práctica y doctrina falsas que tal vez surgiera con el correr de los siglos.

Podemos respetar otras religiones, y debemos hacerlo. Debemos reconocer el gran bien que realizan; debemos enseñar a nuestros hijos a ser tolerantes y amistosos con las personas que no sean de nuestra fe. Podemos trabajar, y trabajamos, con personas de otras religiones en defensa de los valores que han hecho nuestra civilización grande y nuestra sociedad distintiva.

Por ejemplo, no hace mucho tiempo fue a mi despacho un clérigo protestante que es un líder muy eficaz en la interminable contienda contra la pornografía. Nos sentimos agradecidos a él. Nos unimos a él y a sus colaboradores y le brindamos apoyo económico a su organización. Seguir leyendo

Publicado en Fe, Jesucristo, Testimonio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

La fortaleza extraordinaria de la Sociedad de Socorro

Conferencia General Octubre 1997
La fortaleza extraordinaria de la Sociedad de Socorro
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

«Obtengamos conocimiento por medio del estudio, hagamos de nuestro hogar un cielo y encontremos gozo en el servicio.»

Hermanas, esta noche se encuentran reunidas en una de las asambleas más numerosas que las hermanas de la Sociedad de Socorro hayan tenido; su conferencia ha sido edificante e inspiradora.

Cabe notar que ésta es la primera reunión general que dirige su nueva presidencia: la presidenta Mary Ellen Smoot, y sus consejeras Virginia Jensen y Sheri Dew. Las presidencias anteriores también han servido con distinción; esta noche nos sentimos honrados por su presencia y por su servicio.

Al prepararme para esta ocasión, me vino a la mente un pensamiento que voy a expresarlo de esta forma: Recuerden el pasado; aprendan de él. Contemplen el futuro; prepárense para él. Vivan el presente; sirvan en él. En eso radica la fortaleza poderosa de la Sociedad de Socorro de esta Iglesia.

Desde los tempranos días de la Restauración, los Profetas de Dios han recalcado la importancia de la organización a la que ustedes pertenecen; el presidente Brigham Young aconsejó: «Ahora bien obispos, ustedes tienen por esposas a mujeres inteligentes… dispongan que ellas organicen Sociedades de Socorro de Damas en los diversos barrios. Contamos con muchas mujeres talentosas y deseamos que nos ayuden en esto. Algunos podrían pensar que esto es algo trivial, pero no lo es; y descubrirán que las hermanas serán la parte esencial de esta causa»(1).

El presidente Lorenzo Snow enseñó que la Sociedad de Socorro ejemplifica la religión pura: «El apóstol Santiago dijo: ‘La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo…'(2). Los miembros de la Sociedad de Socorro ciertamente han ejemplificado en su vida la religión pura y sin mácula, porque ellas han ministrado a los que padecen aflicción, han extendido sus brazos de amor a los huérfanos y a las viudas y se han mantenido sin mancha del mundo. Testifico que no hay mujeres más puras ni más temerosas de Dios en el mundo que las que se encuentran en las filas de la Sociedad de Socorro»3.

Puedo atestiguar de la verdad de la declaración del presidente Snow. La Sociedad de Socorro siempre ha estado compuesta por hermanas que ponen en primer lugar a los demás, y en último a sí mismas. Recuerdo que cuando era un jovencito, durante la Gran Depresión, mi madre era secretaria tesorera de la Sociedad de Socorro de nuestro barrio; en ese entonces se pagaba una pequeña contribución para asistir a los necesitados; mi madre no era en realidad una contadora, por lo tanto, mi papá le ayudaba. Los aportes individuales no sobrepasaban un dólar; más bien eran de veinticinco, de diez, de cinco y de unos pocos centavos. Seguir leyendo

Publicado en Amor, Padres, Sin categoría, Sociedad de Socorro | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

¿Es usted quien me imagino que es?

Conferencia General Octubre 1997
¿Es usted quien me imagino que es?
Sheri L. Dew
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro”

Sheri L. Dew

¿Soy… la persona que deseo ser? Pero más importante, ¿soy la persona que el Salvador requiere que sea?»

Me crié en una granja de Kansas, que estaba vecina a la casa de mi abuela Dew, de quien yo era su sombra. Solíamos ir juntas a todas partes: al banco, al doctor, al club de jardineros, así como a una procesión interminable de reuniones de la Iglesia. En lo referente al Evangelio, la abuela lo defendía con fervor; ella hablaba acerca de la Iglesia a cualquier hora y con cualquiera, incluso con su nieta mayor.

Jamás olvidaré la conversación que tuvimos una noche en que regresábamos de una de las tantas reuniones. Comenzó cuando de pronto hice una pregunta que acudió a la mente de aquella niña de ocho años que era yo: «Abuela, ¿qué pasaría si el Evangelio no fuera verdadero, y nosotros fuéramos a todas estas reuniones para nada?». ¡Bonita niña de ocho años era yo! «Sheri, no tienes que preocuparte por ello», me contestó, «porque sé que el Evangelio es verdadero». Yo insistí: «Pero, ¿cómo puedes estar segura?».

Transcurrieron varios segundos mientras elegía sus palabras con cuidado: «Sé con certeza que el Evangelio es verdadero porque el Espíritu Santo me ha hecho saber que Jesucristo es nuestro Salvador y que ésta es Su Iglesia». Hizo una breve pausa y luego añadió algo que jamás olvidaré: «Y Sheri, Él te lo hará saber a ti también, y cuando eso suceda, tu vida no volverá a ser la misma».

Aún tengo un recuerdo vivido de lo que ocurrió después; una sensación como la que jamás había experimentado me corrió por el cuerpo, y empecé a llorar. A pesar de que no comprendí la razón por la que lloraba, estoy segura de que mi abuela sabía exactamente lo que estaba sucediendo: el Espíritu me estaba testificando que lo que ella había dicho era verdad.

Esta noche, estoy agradecida de poder testificar que durante los años subsiguientes, he llegado a saber por mí misma que Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y Redentor; y con ese conocimiento, mi vida ha cambiado para siempre.

Los Profetas, tanto los antiguos como los actuales, nos han exhortado a venir a Cristo (véase Moroni 10:30). El presidente Gordon B. Hinckley dijo que «[Jesucristo] es la figura central de nuestra teología y nuestra fe. Todos los Santos de los Últimos Días tienen la responsabilidad de llegar a saber por sí mismos y con certeza, sin lugar a dudas, que Jesús es el Hijo resucitado y viviente del Dios viviente» («No tengáis miedo… de hacer lo bueno», Liahona, julio de 1983, pág. 122).

La exhortación de «venir a Cristo» es el eje alrededor del cual gira todo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y, por ende, la Sociedad de Socorro, y por una muy buena razón: el verbo venir implica acción por parte de nosotros. En el conocido pasaje del Nuevo Testamento acerca del más allá, tiempo en el que muchos imploran clemencia al Señor mencionando todas sus buenas obras, Cristo responde: «Nunca os conocí» (Mateo 7:23); sin embargo, la traducción inspirada que José Smith hizo en inglés de ese mismo pasaje señala una marcada distinción: «Nunca me conocisteis», poniendo específicamente sobre nuestros hombros la responsabilidad de venir al Salvador. Jesucristo mismo ha prometido: «Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá» (D. y C. 88:63). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Edifiquemos plazas fuertes

Conferencia General Octubre 1997
Edifiquemos plazas fuertes
Virginia U. Jensen
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Virginia U. Jensen

«Hermanas, reciban todas ustedes mis saludos. Hemos esperado con anhelo el poder reunimos con ustedes esta noche.»

Deseo agradecerles las muchas tarjetas y cartas que nos han enviado, pero más que nada, quiero darles las gracias por sus oraciones en favor de nosotras. Con agradecimiento y humildad reconocemos la guía y la enseñanza que nos brindan los grandes líderes del sacerdocio y la de nuestro Padre Celestial.

Recientemente llevé a mi nieta de tres años a una reunión sacramental en la que iba a hablar un joven antes de irse a la misión. Yo había llevado los acostumbrados libros y cosas a fin de ayudarla a ser reverente, pero ella es una pequeña lista y vivaracha, de modo que en un momento dado la subí al banco, a un lado mío, para que pudiera ver al misionero que dirigía la palabra. Entonces le susurré al oído: «Este joven va a ir a la misión, y eso significa que va a vivir lejos de su casa y les hablará a las personas en cuanto a Jesús». Ella miró alrededor de la capilla llena de gente y dijo: «¿Y dónde está Jesús?». Ella había visto una pintura de El en la Primaria, pero no podía encontrarlo entre los que estaban presentes.

No se imaginan qué gusto me dio el poder decirle dónde está Jesús. A medida que la capacidad de ella para entender aumente, le diré quién es Él, lo que Él ha hecho por ella y por mí, y lo que puede significar en su vida. En esa ocasión, volví a darme cuenta de la gran oportunidad que nosotras las mujeres tenemos de ser una influencia en la vida de las personas que nos rodean. Quiero a mis hijos y a mis nietos y queseo protegerlos. A veces este mundo es un lugar atemorizante; sin embargo, creo que las mujeres tienen oportunidades singulares y dones y talentos especiales para proteger, para cuidar con amor y para influir en los demás. Podemos edificar plazas fuertes en donde los matrimonios, los hijos y las familias puedan prosperar y evitar la maldad de este mundo.

En 1978, mientras dirigía la palabra en una reunión general de las mujeres, el presidente Spencer W. Kimball dijo: «El ser una mujer justa es algo glorioso a cualquier edad; el ser una mujer justa durante estas cruciales y finales etapas de la historia de bibliotecasud.blogspot.com la tierra, antes de la segunda venida del Salvador, es en verdad un llamamiento noble y especial. La fortaleza e influencia actual de una mujer justa puede tener un valor muy superior al que tendría en tiempos más pacíficos. Ella fue puesta aquí para ayudar a enriquecer, proteger y salvaguardar el hogar, que es sin lugar a dudas la institución básica y más noble de la sociedad. Otras instituciones sociales pueden flaquear y hasta fracasar, pero la mujer justa puede ayudar a salvar el hogar, que puede llegar a ser el último y único refugio que algunos mortales conozcan en medio de la tempestad y la contienda» («Privilegios y responsabilidades de la mujer», Liahona, febrero de 1979, pág. 139).

En 1996, el presidente Gordon B. Hinckley dijo: «Hermanas, dondequiera que ustedes vivan, son las verdaderas arquitectas de su nación, porque han edificado hogares fuertes, donde hay paz y seguridad, que constituyen la fortaleza misma de toda patria» («Las mujeres de la Iglesia», Liahona, enero de 1997, pág. 75). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Para esta hora

Conferencia General Octubre 1997
«Para esta hora»
Mary Ellen Smoot
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Mary Ellen Smoot

«Nuestra hora ha llegado. Tenemos que poseer la fortaleza espiritual indispensable para superar nuestros problemas, abandonar nuestras faltas y ofrecer nuestra vida al Señor.»

Me encuentro ante ustedes esta noche, llena de entusiasmo y de fervor con respecto al futuro. El Señor me ha hecho saber el magnífico potencial de los miembros de ésta, la Organización de la Sociedad de Socorro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En el Antiguo Testamento leemos de Ester y de Mardoqueo, el cual trabajaba para el rey Asuero. Mardoqueo crió a Ester como a su propia hija después de la muerte de los padres de ella y la llevó al palacio. Ester agradó al rey y él la hizo reina (véase Ester 2:17).

Mientras tanto, Aman, líder de la corte del rey, se llenó de ira para con Mardoqueo porque éste no se inclinaba delante de él. Por tanto, Aman conspiró para destruir a Mardoqueo y a todos los judíos. Al darse cuenta del grave peligro que se cernía sobre su pueblo, Mardoqueo le suplicó a Ester que acudiera al rey para pedirle ayuda: «Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» (Ester 4:14). Pensemos en el dilema en el que estaba Ester. Estaba prohibido entrar a ver al rey sin haber sido llamado y el castigo por esa infracción era la pena de muerte. Si se quedaba callada, probablemente llevaría una vida desahogada y rodeada de lujos; podría llevar la vida de una reina o arriesgar la vida para salvar tanto a su familia como a su pueblo. Reflexionó en lo que aquello podría costarle y resolvió prestar oído a los deseos de su pueblo y de su corazón. Le pidió a Mardoqueo que reuniera a todos los judíos de Susa y que ayunaran por ella tres días, e indicó que ella y sus doncellas también lo harían. En seguida, dijo: «…entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca» (Ester 4:16). Preparada espiritualmente, Ester entró a ver al rey y él la recibió; entonces ella invitó al rey y a Aman a un banquete que había preparado. Durante el banquete, la conspiración de Aman se dio a conocer y Mardoqueo recibió grandes honores. Ester, que para esa hora había nacido, salvó una nación.

En todos los sitios a los que he viajado, haya sido Finlandia; Idaho; Brasil; Washington, D.C., o Rusia, he visto el Evangelio de Jesucristo en acción y la luz radiante del Evangelio brillar en el rostro de valerosas y fieles hermanas. El Espíritu me ha testificado que cada una ha nacido «para esta hora» (Ester 4:14).

A cada una de ustedes, sea cual fuere su nacionalidad, su raza, su estatus social o sus talentos personales, sea casada, soltera o viuda, haya nacido en la Iglesia o sea nueva conversa y el único miembro de la Iglesia de su familia, le digo: «¡Bienvenida a casa!». La Sociedad de Socorro es su casa y cada una es parte esencial de una hermandad mundial con una misión divina.

El profeta José Smith enseñó que la Iglesia no estuvo plenamente organizada sino hasta que se estableció la Sociedad de Socorro: el sacerdocio para los hombres y la Sociedad de Socorro para las mujeres. Él dijo: «…y ahora, en el nombre del Señor, doy vuelta a la llave… y esta Sociedad se alegrará, y desde ahora en adelante descenderán sobre ella conocimiento e inteligencia…»(1). Además, dijo:

«Si cumplís con vuestros privilegios, no se podrá impedir que os asociéis con los ángeles»(2). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Santos de los Últimos Días en toda la extensión de la palabra

Conferencia General Octubre 1997
Santos de los Últimos Días en toda la extensión de la palabra
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

«Les amo. Amo a la gente de esta Iglesia. Amo a todos los que son fieles; amo a todos los que siguen las sendas del Señor.»

Creo que me apartaré del texto que he preparado para simplemente hablar un poco con ustedes y expresarles mi profundo agradecimiento. Necesitamos estas conferencias. Las necesitamos para que nos recuerden nuestras responsabilidades y obligaciones. Jamás debemos olvidar que la espiritualidad debe ser la característica preponderante de la Iglesia.

Un artículo reciente de una revista nos alababa como una eficiente institución financiera bastante próspera; exageraba terriblemente las cantidades.

El dinero que la Iglesia recibe de los miembros fieles es consagrado. Ese dinero pertenece al Señor. Las entidades de la Iglesia consumen más dinero que el que producen. No somos una institución financiera; somos La Iglesia de Jesucristo. Los fondos de los que somos responsables encierran una sagrada responsabilidad que debe administrarse con absoluta honradez e integridad y con gran prudencia, por tratarse de las consagraciones dedicadas de la gente.

Sentimos una gran responsabilidad para con ustedes, los que hacen esas aportaciones; sentimos una responsabilidad aún más grande para con el Señor, de Quien es el dinero.

Ahora, hermanos y hermanas, rogamos que todos regresen con seguridad a sus hogares. Tengan cuidado; conduzcan con mucho cuidado. Reflexionen en las cosas que han escuchado. Que la experiencia que han vivido sea semejante a la del pueblo del rey Benjamín que clamó a una voz, diciendo: «Sí, creemos todas las palabras que nos has hablado; y además, sabemos de su certeza y verdad por el Espíritu del Señor Omnipotente, el cual ha efectuado un potente cambio en nosotros… por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente» (Mosíah 5:2).

Busquemos la guía del Señor en todas nuestras empresas. Seamos mejores vecinos; seamos mejores patrones y empleados; seamos hombres y mujeres íntegros y honrados en nuestros tratos, en nuestros estudios, en el gobierno, en nuestras profesiones, cualquiera que sea nuestro lugar en la vida.

Mis hermanos y hermanas, tengo algo que confesarles, y es simplemente esto: les amo. Amo a la gente de esta Iglesia. Amo a todos los que son fieles; amo a todos los que siguen las sendas del Señor. El presidir la Iglesia es algo que me llena de humildad. Nunca olvido las palabras de Jesús: el que quiera ser el primero de todos, será el servidor de todos (véase Marcos 9:35; D. y C. 50:26).

Gracias por sus oraciones, por su confianza y aliento. Agradezco profundamente a todos aquellos que tan desinteresadamente nos han ayudado a llevar a cabo nuestro deber.

Para terminar, quisiera leer una o dos palabras de Mormón, de esas maravillosas palabras:

«Más he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios…

«Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios» (Moroni 7:13, 16).

Y luego estas grandiosas palabras, que se convierten en el summum bonum de todo ello: «Cuanto le pidáis al Padre en mi nombre, que sea bueno, con fe creyendo que recibiréis, he aquí os será concedido» (Moroni 7:26). Yo creo en esas palabras.

Nos sentimos orgullosos de unirnos a ustedes en la labor de adelantar esta obra grandiosa. En esto estamos todos juntos. Cada hombre y cada mujer tiene una función que cumplir. Dios nos dé la fortaleza y la voluntad de realizarla bien.

«Para siempre Dios esté con vos» (Himnos, No. 89), mis queridos hermanos. He cantado esas sencillas palabras en miles de lugares de todo el mundo desde que comencé mi ministerio hace treinta y nueve años. Las canto otra vez hoy con amor y cariño. Dios los bendiga, mis queridos amigos, ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Apacienta mis corderos

Conferencia General Octubre 1997
“Apacienta mis corderos”
Élder Henry B. Eyring
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Henry B. Eyring

«Los Santos de Dios han estado siempre bajo el convenio de nutrirse espiritualmente los unos a los otros, y de nutrir en forma especial a los más débiles en el Evangelio.»

El Salvador enseñó a Pedro y a Sus otros Apóstoles y discípulos por qué y cómo tenían que nutrir a los demás. Ustedes recordarán que en el relato de la Biblia, El los alimentó antes de enseñarles. Él había sido crucificado y luego resucitado; sus siervos habían ido a Galilea; habían pescado durante toda la noche sin lograr nada. Al rayar el alba, cuando se acercaron a la orilla, al principio no lo reconocieron. El los llamó y les dijo dónde echar las redes y cuando lo hicieron éstas se llenaron; entonces se apresuraron a ir a la orilla a Su encuentro.

Allí encontraron una hoguera, un pez asándose y pan. Con frecuencia me he preguntado, como se habrán preguntado ustedes, quién encendió el fuego, quién pescó el pez y quién cocinó la comida, más fue el Maestro quien preparó a Sus discípulos para ser alimentados con algo más que pescado y pan. Primero les dejó comer y luego les enseñó acerca del alimento espiritual y Él les dio un mandamiento que todavía se aplica a cada uno de nosotros.

«Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos» (Juan 21:15).

Los Santos de Dios han estado siempre bajo el convenio de nutrirse espiritualmente los unos a los otros, y de nutrir en forma especial a los más débiles en el Evangelio. Somos bendecidos al vivir en una época en que un gran aumento de esa capacidad de nutrir a los nuevos miembros de la Iglesia debe y, por lo tanto, será derramada sobre los santos fieles. Ese poder se ha dado antes entre el pueblo del Señor. He aquí la descripción de cómo el pueblo del Señor lo hizo una vez, en una época registrada en el Libro de Mormón. En un pasaje de las Escrituras que hemos escuchado hoy, recordarán que «…eran contados… a fin de que se hiciese memoria de ellos y fuesen nutridos por la buena palabra de Dios, para guardarlos en el camino recto, para conservarlos continuamente atentos a orar, confiando solamente en los méritos de Cristo, que era el autor y perfeccionador de su fe» (Moroni6:4).

En algún momento, todos hemos tratado de nutrir la fe de otra persona; la mayoría de nosotros ha sentido la preocupación de los demás por nuestra propia fe y, con ello, hemos sentido su amor. Muchos de nosotros hemos tenido un hijo que ha puesto los ojos en nosotros y nos ha dicho: «¿Quieres ir a la Iglesia conmigo?» o «¿Quieres orar conmigo?». Y hemos tenido también nuestras desilusiones. Tal vez alguien a quien amamos no haya aceptado nuestros intentos de nutrir su fe. Por medio de dolorosas experiencias, sabemos que Dios respeta la decisión de Sus hijos de no permitir que se les nutra. Sin embargo, éste es un momento de sentir renovados optimismo y esperanza de que aumente nuestro poder para nutrir. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario