La aplicación universal del Evangelio

Conferencia General Octubre 1997
La aplicación universal del Evangelio
Élder J. Kent Jolley
De los Setenta

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“El Evangelio de Jesucristo tiene una aplicación universal. Desde el principio fue establecido para bendecir la vida de todos, sin excepción”.

Sería desagradecido si en esta ocasión no expresara mi profundo agradecimiento por las bendiciones que disfruto debido a lo que otras personas han hecho por mí.

Todos los días, mis oraciones personales no parecen estar completas sin las expresiones sinceras de gratitud hacia mi Padre Celestial por mi Salvador: el Salvador de toda la humanidad, quien venció al mundo y dio Su vida a fin de que pudiésemos vivir y labrar nuestra salvación individual.

También estoy agradecido por José Smith, quien nunca dio paso atrás a su llamamiento como el Profeta de la Restauración y todo lo que ésta implicaba. John Taylor escribió: «José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él» (D. y C. 135:3).

También he sido bendecido mediante los esfuerzos de muchas otras personas. Estoy agradecido por mis antepasados, sin cuya fe y sacrificio yo no estaría aquí. Estoy agradecido por mi madre, quien es mi heroína. Ahora, a sus 88 años, ella continúa siendo un ejemplo de industriosidad y de tenacidad en el Evangelio. Durante los años de mi adolescencia, me crié en un hogar con sólo uno de los padres. Que el Señor los bendiga y sostenga a ustedes, maravillosos padres y madres solos, que tienen que llevar tan pesada carga. Sus nombres serán bendecidos para siempre.

Además, estoy agradecido por mi dulce compañera Jill, a quien tanto quiero. Ella siempre ha sido un ejemplo de fe inquebrantable que ha permanecido a mi lado como compañera igual, así como una influencia de apoyo. De igual manera, nuestros siete hijos nos han traído gozo y alegría por medio de su ejemplo y constante unidad familiar.

EL EVANGELIO SE APLICA A TODAS LAS PERSONAS

El Evangelio de Jesucristo tiene una aplicación universal. Desde el principio, fue establecido para bendecir la vida de todos, sin excepción. Con relación a esto, el apóstol Pedro dijo: «En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia» (Hechos 10:34-35). Seguir leyendo

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Ten ánimo, hija

Conferencia General Octubre 1997
«Ten ánimo, hija»
Élder Wayne M. Hancock
De los Setenta

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«Son muchas las historias que podrían y debieran relatarse de mujeres valientes en el testimonio de Jesucristo que son heroínas entre nosotros pero que no reciben ningún reconocimiento.»

El avión comenzó la carrera para el despegue que nos traería de regreso a los Estados Unidos después de haber cumplido con un contrato empresarial de cuatro años en Suiza. Al acelerar frente al Sector B del Aeropuerto Internacional de Zurich, forcé la vista para ver si los fieles miembros del Barrio 2 estaban ahí para despedirnos. Y tal como lo esperaba, de pie en el mirador se hallaban la hermana Gráub y la hermana Kappes. Habían hecho el enorme esfuerzo de viajar en autobús, en tranvía y en tren para despedirse de la familia Hancock. La emoción que había podido contener hasta ese momento brotó en lágrimas que corrieron por mis mejillas. Uno de nuestros cuatro hijos le preguntó a su madre por qué estaba llorando su papá, a lo cual mi esposa, Connie, le respondió: «Porque quiere tanto a la gente de aquí».

Estas queridas hermanas suizas simbolizan a muchas hijas fieles de nuestro Padre Celestial que hacen tanto bien. La falta de un auto para transportarse, de un esposo que las ame y las proteja, de una familia que las apoye, o de una amiga que las comprenda, no disminuye su entusiasmo por el Evangelio de Jesucristo ni su participación en las reuniones y actividades de la Iglesia.

Nos conmueven la lealtad y el amor de la recién enviudada Rut por su suegra Noemí, que también había perdido a su esposo. Aquella moabita escogió abandonar su tierra natal para acompañar a Noemí y cuidar de ella; y, a través de los siglos, las hermosas palabras de esa hija fiel y decidida, que con Booz llegaría a ser la progenitora de Isaí, de David y de Jesucristo, nos inspiran sentimientos de ternura y de compasión: «…No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios» (Rut 1:16).

Son muchas las historias que podrían y debieran relatarse de mujeres valientes en el testimonio de Jesucristo que son heroínas entre nosotros pero que no reciben ningún reconocimiento. Seguir leyendo

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El Plan de Salvación: un plan de vuelo para la vida

Conferencia General Octubre 1997
El Plan de Salvación: un plan de vuelo para la vida
Élder Duane B. Gerrard
De los Setenta

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«Qué grande y maravilloso es el Plan de Salvación, el cual… enseña principios verdaderos para permitir que llevemos a cabo nuestra jornada por la vida.»

El Señor nos ha proporcionado cuidadosamente un plan de vida llamado el Plan de Salvación. Este comprende todas las leyes, las ordenanzas, los principios y las doctrinas necesarios para llevar a cabo nuestra jornada terrenal y progresar hasta alcanzar el estado de exaltación de nuestro Padre Celestial. El Señor le habló a Moisés y le dijo: «Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre»(1). Por medio de Su obra divina —la Creación, la Caída y la Expiación—, Él pone este plan a disposición de todos.

Hace poco me jubilé como piloto de aviación y, como tal, tracé muchos planes de vuelo, planes que me han guiado a salvo hasta mi destino. Las aerolíneas también tienen leyes, procedimientos, principios y reglamentos. Los pilotos siguen de cerca esos estrictos procedimientos y listas de verificación que se agrupan en tres áreas específicas. Primero, tenemos procedimientos normales; éstos los seguimos con regularidad y constancia, en todo vuelo, para asegurar nuestra protección. En seguida, tenemos los procedimientos anormales; éstos se usan cuando sucede algo fuera de lo común, como una falla del sistema hidráulico o del eléctrico. Los procedimientos anormales deben realizarse con precisión y en la debida secuencia para restaurar todos los sistemas a la normalidad. Finalmente, tenemos los procedimientos de emergencia, que se usan sólo en las circunstancias más desesperadas y críticas, como una avería en un motor, la despresurización repentina o fuertes turbulencias.

En esos procedimientos encuentro ciertos paralelos con el Plan de Salvación. Primero, el Señor ha creado una bella tierra en donde vivan Sus hijos, y cuerpos mortales que son templos para nuestro espíritu. Nuestros cuerpos son de verdad una alegría y un placer durante nuestro trayecto por la vida. El Libro de Mormón nos dice que «existen los hombres para que tengan gozo»(2). No debemos corromper ni emplear mal nuestros maravillosos cuerpos; son un don de Dios, son sagrados y han sido diseñados por el Señor: un ejemplo perfecto de la belleza de Sus creaciones.

Somos criados por padres terrenales, cuyo amoroso y bondadoso cuidado nos enseña principios correctos, o sea, procedimientos normales, los cuales, si los seguimos a diario, ciertamente nos ayudarán a continuar el plan de vuelo de la vida. Se nos enseñan principios tales como el amor, la honradez, la bondad, la paciencia, la confianza, el compartir, el arrepentimiento, la obediencia, la fe, el bautismo, la oración y un sinfín de otros principios eternos; los enseñan padres diligentes y amorosos en el seno familiar, y los refuerzan hermanos, hermanas y amigos bondadosos. Estos procedimientos normales son como el adiestramiento básico en el Plan de Salvación del Señor. Seguir leyendo

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Hagamos que la fe se convierta en realidad

Conferencia General Octubre 1997
Hagamos que la fe se convierta en realidad
Janette Hales Beckham
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes, recién relevada

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«Las cosas fundamentales del diario vivir —la lectura de las Escrituras, la oración, la noche de hogar, la conversación a la hora de la comida— proporcionan las experiencias que hacen de la fe una realidad.»

Sería difícil imaginar un ejemplo más puro y perfecto de inocencia que un niño recién nacido. Acabamos de regresar de darle la bienvenida a un nieto nuevo. Mientras tenía al pequeño Benjamín en los brazos, recordé una pregunta que me hizo la directora de una revista nacional. Durante una entrevista, ella me preguntó: «¿Cómo preparan a sus jóvenes para que vivan en el mundo real?». La conversación que tuvimos me recordó que la percepción que tenemos del mundo real depende hasta cierto punto de nuestra experiencia. La editora y yo estuvimos en seguida de acuerdo en los problemas que hay en el mundo, pero para mí, la preparación para el mundo real tiene un elemento de fe que ella no comprende.

Nuestra charla me hizo considerar con renovada gratitud las experiencias que ayudan a que la fe se convierta en una realidad en la vida de una persona. Para tener fe o saber que tenemos fe, necesitamos tenerla junto con la experiencia. Para el pequeño Benjamín, esa experiencia ha comenzado ya al orar juntos su madre, su padre y su hermano mayor antes de que lo arropen en la cama. Ya desde su tierna infancia, él es testigo de la fe de su familia y va adquiriendo experiencia.

Hace unas pocas semanas, después de la Primaria, nuestro pequeño nieto Michael de cuatro años les dijo a sus padres: «Cuando oro, se me ablanda el corazón y parece que se me prende fuego». El ya reconoce el sentimiento que va asociado con la fe. ¡Qué afortunado es al poder darse cuenta de sus sentimientos y estar dispuesto a hablar de ellos con sus padres!

El profeta Alma describió esos sentimientos cuando dijo: «…pues sabéis que la palabra ha henchido vuestras almas… que vuestro entendimiento empieza a iluminarse… Luego, ¿no es esto verdadero? Os digo que sí, porque es luz; y lo que es luz, es bueno, porque se puede discernir…» (Alma 32:34-35).

El aprender a discernir las enseñanzas del Espíritu es una parte importante del hacer que la fe se convierta en una realidad. Mi hija Karen habló sobre su experiencia y dijo: «Cuando era muy pequeña, comencé por primera vez a leer el Libro de Mormón. Después de muchos días de leerlo, una noche, llegué a 1 Nefi 3:7: ‘Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado'». Karen siguió diciendo: «Yo no sabía que era un versículo famoso; sin embargo, al leerlo, me sentí profundamente impresionada. Me impresionó el mensaje de que nuestro Padre Celestial nos ayudará a guardar Sus mandamientos, pero la impresión más profunda fue como una especie de sentimiento. Había visto a mis padres marcar versículos en las Escrituras con lápiz rojo; por consiguiente, me levanté y busqué por toda la casa hasta que encontré uno y, con gran solemnidad y sintiéndome importante, marqué ese versículo en mi ejemplar del Libro de Mormón». Karen prosiguió: «A lo largo de los años, al leer las Escrituras, esa experiencia de leer un versículo y sentirme profundamente impresionada se repitió una y otra vez. Con el tiempo, me di cuenta de que ese sentimiento era el Espíritu Santo. De misionera… he visto a otras personas leer versículos y sentirse profundamente impresionadas, hasta el punto de haber estado dispuestas a cambiar su vida y aceptar el Evangelio, y de haber podido hacerlo». Seguir leyendo

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Sigamos a los pioneros

Conferencia General Octubre 1997
Sigamos a los pioneros
Élder Dallin H. Oaks
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks

«Al igual que los pioneros, ¿tienen el valor y la constancia de ser firmes en la fe y perseverar hasta el fin?»

Hace algunos años le mostré a uno de mis colegas mayores un discurso que había preparado para una ocasión futura. Él me lo devolvió con un alentador comentario en dos palabras: «Entonces, ¿qué?». El discurso estaba incompleto porque omitía un elemento esencial: lo que el oyente debería hacer. Yo no había seguido el consejo del rey Benjamín, quien concluyó un importante mensaje diciendo: «…y ahora bien, si creéis todas estas cosas, mirad que las hagáis» (Mosíah4.T0).

Durante muchos meses hemos estudiado en cuanto a la vida y las realizaciones de nuestros pioneros, tanto los antiguos como los modernos. Nos han emocionado algunas representaciones en las que muchos han tenido la bendición de participar. Yo me sentí humilde al caminar veinte kilómetros en las sendas y en las huellas de carretas de treinta y uno de mis antepasados pioneros por las sierras de Wyoming llamadas Rocky Ridge y unos ocho kilómetros por el camino que tres de ellos siguieron más tarde a través del desfiladero El Cajón para establecerse en San Bernardino, California.

Ahora, después de tales estudios y actividades, corresponde que nos preguntemos: «Entonces, ¿qué?». ¿Son estas celebraciones pioneras sólo académicas, simplemente para aumentar nuestro caudal de experiencias y de conocimiento? ¿O habrán de tener una gran influencia sobre cómo vivimos la vida?

Esta pregunta nos corresponde a todos. Como nos recordó el presidente Hinckley en el pasado abril: «Ya sea que se encuentren ustedes entre los descendientes de los pioneros o que se hayan bautizado tan sólo ayer, todos somos beneficiarios de la gran hazaña de ellos»(1). Todos disfrutamos de las bendiciones de tales esfuerzos y todos tenemos las responsabilidades que acompañan a ese legado.

No basta con estudiar o representar las realizaciones de nuestros pioneros. Es necesario que identifiquemos los grandes principios eternos que ellos emplearon para lograr todo lo que lograron para nuestro beneficio y que luego empleemos entonces dichos principios en los problemas de nuestros días. De ese modo honraremos sus esfuerzos colonizadores y asimismo reafirmaremos nuestro patrimonio y fortaleceremos la capacidad para bendecir a nuestra propia posteridad y a los millones de los hijos de nuestro Padre Celestial que aún no han escuchado ni aceptado el Evangelio de Jesucristo (2). Todos somos pioneros al hacerlo.

Muchas de nuestras dificultades son diferentes de las que los pioneros anteriores enfrentaron, pero quizás sean tan peligrosas como lo fueron para ellos y por cierto tan significativas para nuestra propia salvación y la salvación de aquellos que siguen nuestros pasos (3). Por ejemplo, en cuanto a obstáculos fatales, los lobos que amenazaban las colonias pioneras no eran más peligrosos para sus hijos que los traficantes de drogas o los pornógrafos que amenazan a los nuestros; asimismo, el hambre que sufrieron los antiguos pioneros no les planteaba una amenaza mayor para su bienestar que el hambre espiritual que muchos experimentan en nuestros días. Los hijos de los antiguos pioneros tenían que realizar tareas físicas increíblemente difíciles para superar su medio ambiente; eso no era un problema mucho mayor que el que nuestros jóvenes encaran hoy al no tener que trabajar arduamente, lo cual trae consigo desafíos espiritualmente destructores en cuanto a disciplina, responsabilidad y dignidad. Jesús enseñó: Seguir leyendo

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El himno de los obedientes: «¡Oh, está todo bien!»

Conferencia General Octubre 1997
El himno de los obedientes: «¡Oh, está todo bien!»
Élder David B. Haight
Del Quorum de los Doce Apóstoles

David B. Haight

«Qué maravilloso futuro le espera a la Iglesia…Todas esas cosas dependen de… cómo aceptemos las verdades que conocemos, de cómo vivamos los principios del Evangelio.»

He orado para recibir el Espíritu del Señor y toda la fe que necesito para decir algunas palabras que llevo en el corazón; para que de algún modo les sirva de aliento en sus creencias y en la forma en que viven los principios del Evangelio. Esta mañana el presidente Hinckley nos presentó una de las reseñas más alentadoras para nuestro futuro que yo recuerde haber escuchado; me sentí conmovido al sólo imaginar y visualizar lo que nos espera; y sé que todo lo que él dice es verdad. Al haber tenido la oportunidad de trabajar con él durante algunos años y de sentir su espíritu, su entendimiento, sus deseos, su profunda fe y la inspiración que recibe en ese oficio, esta mañana me di cuenta de que estábamos escuchando palabras referentes al futuro que provenían del Profeta.

Al reflexionar ahora sobre el ciclo de la vida y a medida que el ciclo avanza y al pensar en lo que le depara a la Iglesia, me siento un poco como un amigo inglés que dijo: «¿No sería maravilloso retroceder el ciclo de la vida 50 años y que se nos permitiera vivirlos de nuevo?». Y aun cuando he tenido la oportunidad de declarar, de enseñar, de predicar y de dar testimonio del Salvador en todo el mundo, atesoro el tiempo que todavía se me concede para estar aquí.

Acaban de escuchar los compases de «Santos, venid…» (Himnos N 17). La primera oportunidad que tuve de familiarizarme de verdad con el himno «¡Oh, está todo bien!» fue en un pequeño tabernáculo de piedra en el sur de Idaho, donde me crié. Dentro de aquel pequeño tabernáculo construido con roca de lava por los miembros de la Iglesia del lugar, a fines de 1880, había un estrado, un podio similar a éste y un órgano de tubos al fondo, como este hermoso órgano que tenemos aquí, pero más pequeño. Esto era antes de la electricidad y de los motores, y tenía un sistema de bombas. Para hacer llegar el aire a los tubos de un órgano se utiliza un sistema de fuelles. Alguien se tenía que sentar en un taburete y bombear la palanca que estaba detrás del órgano. Siempre era un gran privilegio para un jovencito el ser seleccionado para sentarse en ese taburete y bombear el órgano. Seguir leyendo

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A los hambrientos colmó de bienes

Conferencia General Octubre 1997
«A los hambrientos colmó de bienes»
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland

«Todo en el Evangelio nos enseña que podemos cambiar si es necesario que lo hagamos, que podemos recibir ayuda si en verdad la deseamos, que podemos ser sanados cualesquiera que hayan sido los problemas del pasado.»

Hace un tiempo, leí una composición que hablaba del «hambre metafísico»1 que hay en el mundo. El autor insinuaba que el alma del hombre y de la mujer se estaba muriendo, por así decirlo, debido a la carencia de alimento espiritual en la actualidad. Esa frase, «hambre metafísico», acudió otra vez a mi mente el mes pasado al leer los numerosos y bien merecidos tributos otorgados a la Madre Teresa, de Calcuta. Un corresponsal aludió a la ocasión en que ella dijo que no obstante lo severo y doloroso que era el hambre física en nuestros días —habiendo dedicado casi toda su vida a mitigarlo— aun así, ella creía que la falta de fortaleza espiritual, la escasez de alimento espiritual, era incluso un hambre más horrenda en el mundo de hoy.

Esas observaciones me hicieron recordar la temible profecía del profeta Amos, quien dijo hace tiempo: «He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová»(2).

A medida que el mundo avanza perezosamente hacia el siglo veintiuno, muchos añoran algo y a veces lo piden a gritos, pero con demasiada frecuencia no saben con certeza lo que quieren. La situación económica del mundo, hablando en sentido general y no específico, probablemente sea mejor que en cualquier otra época de la historia, pero el corazón humano aún está intranquilo y muchas veces agobiado con demasiado estrés. Vivimos en la «era de la información», en la cual tenemos, literalmente al alcance de la mano, un mundo lleno de datos; no obstante, para muchas personas, el significado de esa información y la satisfacción que viene de utilizar el conocimiento en algún contexto moral parecen estar cada vez más alejados que nunca.

El precio de edificar en cimientos tan inciertos es demasiado alto: muchas vidas se están derrumbando cuando llegan las tormentas y rugen los vientos (3). Casi por todos lados vemos a aquellos que no están satisfechos con las comodidades que tienen debido al temor constante de que otros, en alguna parte, tengan más que ellos. En un mundo que tan desesperadamente necesita un liderazgo moral, con demasiada frecuencia vemos a lo que Pablo se refirió como la maldad espiritual en lugares elevados (4). De manera absolutamente aterradora, vemos a muchos que dicen que están aburridos de sus cónyuges, de sus hijos y de cualquier sentido de responsabilidad matrimonial o paternal que tengan hacia ellos. Y hay otros que, yendo a toda velocidad por el camino sin salida de los placeres físicos, exclaman que ellos de verdad vivirán sólo de pan, y que cuanto más tengan, mejor. Lo sabemos por una fuente fidedigna, de hecho, del Verbo mismo, que el pan solo —aunque sea mucho— no es suficiente (5). Seguir leyendo

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Miren hacia el futuro

Conferencia General Octubre 1997

Miren hacia el futuro

Gordon B. HinckleyPresidente Gordon B. Hinvkley

«La clave del éxito de la obra será la mismos Santos de los Últimos Días.»

Las celebraciones de 1997 casi han terminado; el último carromato se ha detenido; el último carro de manos descansa. Hemos tenido un año maravilloso en el que hemos conmemorado la gran migración de nuestros antepasados hacia estos valles del oeste. Nos hemos inclinado en señal de reverencia al recordar los sacrificios de los muchos que murieron en el camino y que tiernamente fueron enterrados en tumbas cuya ubicación desconocemos.

Hemos compartido, en muy pequeña escala, los terribles sufrimientos de los que estuvieron atrapados en las nieves de Wyoming en 1856.

Hemos visto el cumplimiento de la profecía de Isaías: «Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa» (Isaías 35:1).

No podemos subestimar sus logros; no podemos agregar a su gloria; de todos los que se llamen a sí sólo podemos mirar hacia el pasado con reverencia, aprecio, respeto y resolución de edificar sobre lo que ellos hicieron.

Ha llegado el momento de dejar de mirar al pasado y ver el futuro. Esta es una época con miles de oportunidades; depende de nosotros el utilizarlas y avanzar, ¡Qué maravilloso es el que cada uno de nosotros haga su pequeña parte para hacer avanzar la obra del Señor hacia su magnífico destino.

«Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin» (Mateo 24:14).

Hermanos y hermanas, algo maravilloso está sucediendo en esta Iglesia. Al desenvolvernos en el pequeño mundo de nuestros barrios y ramas respectivos casi no lo advertimos; sin embargo, es real y grandioso. Estamos creciendo; nos estamos expandiendo; este año ingresará a la Iglesia suficiente gente como para crear más de 600 nuevos barrios y ramas.

Dentro de un mes alcanzaremos los diez millones de miembros. Tomó más de un siglo, 117 años, desde la organización de la Iglesia en 1830 hasta 1947, para llegar a un millón. La mayoría de nuestros miembros ahora residen fuera de los Estados Unidos. Hemos andado entre nuestra gente y ha sido maravilloso reunimos con ellos, hablar con ellos y compartir testimonios; están llenos de entusiasmo.

Hace poco estuvimos con la Nación Navajo, en Window Rock, Arizona. Era la primera vez que un Presidente de la Iglesia se reunía y hablaba con ellos en su propia capital. Fue difícil contener las lágrimas al reunimos con esos hijos e hijas del Padre Lehi. En mi imaginación, lo he visto llorar por su progenie que por tanto tiempo ha vivido en la pobreza y el dolor. Seguir leyendo

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Los maestros son la clave eterna

Conferencia General Octubre 1997
Los maestros son la clave eterna
Élder Harold G. Hillam
De la Presidencia de los Setenta

Harold G. Hillam

«En esencia, somos una Iglesia de maestros. A pesar de las circunstancias de la vida o de la naturaleza del llamamiento que tengamos, todos los miembros de la Iglesia tienen la oportunidad de enseñar y de testificar.»

Esta carta histórica que tengo en la mano fue escrita hace noventa y ocho años. Cada página está dentro de un sobre plástico sellado para protegerlas. Pero si bien fue escrita hace casi ya un siglo, las palabras que contienen estas páginas tienen un gran significado para todos nosotros hoy día.

El año 1899 fue una celebración de jubileo: el aniversario número cincuenta de la organización de la primera Escuela Dominical de la Iglesia. Como culminación de ese año de jubileo, una cápsula del tiempo, representada por una hermosa caja labrada a mano, se llenó con objetos que se pensó tendrían algún significado para quienes estuvieran presentes cuando se abriera una vez que hubieran pasado otros cincuenta años.

Por consiguiente, en 1949, la cápsula del tiempo se abrió y entre otras cosas de valor histórico se encontró esta carta dirigida a las «Autoridades Generales de la Escuela Dominical, del año de nuestro Señor de 1949». Esta carta dice lo siguiente:

«El establecimiento de la primeras Escuelas Dominicales en las Montañas Rocosas estuvo acompañado de penurias y desánimo. La gente se encontraba en una tierra seca y árida, y expuesta a muchas privaciones. Era necesario que dedicaran todo el tiempo y la fortaleza disponibles para conseguir las cosas más indispensables; sin embargo, aún en medio de todo eso y con recursos sumamente limitados, comenzaron la educación de sus hijos».

La carta sigue diciendo: «Ahora bien, hermanos, apenas podemos vislumbrar lo que sucederá con la juventud de Sión durante los próximos cincuenta años. Los métodos didácticos que utilizamos en la actualidad puede que sean abandonados por otros más nuevos que se descubran en el futuro.

Es posible que cuando ustedes reciban esta caja de jubileo, muchos de los que firmamos esta misiva hayamos pasado al otro lado junto con quienes en el momento integran el grandioso ejército de los que participan en la obra de la Escuela Dominical y por consiguiente el saludo de nosotros que hemos traspasado los umbrales de la muerte será para ustedes como la voz que clama desde el polvo.

«La obra de la Escuela Dominical ha sido para nosotros una labor de amor y nuestro interés en ella no solamente se centra en el día de hoy sino que se extiende hacia el futuro. Seguir leyendo

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Reciban la verdad

Conferencia General Octubre 1997
Reciban la verdad
Élder L. Tom Perry
Del Quorum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry

«Adquirir un conocimiento de Él es primordial en nuestro aprendizaje terrenal. También es preciso que sintamos el vivo deseo de familiarizarnos con la doctrina del reino.»

En las Escrituras se hace constar: «Y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero» (D. y C. 130:19).

El adquirir conocimiento es parte fundamental del eterno plan del Señor para Sus hijos. Para asegurarse de que hubiese medios al alcance de los que buscasen este conocimiento, el Señor ha mandado a Sus Profetas a lo largo de las etapas de la historia llevar un registro de Sus tratos con ellos. La primera familia terrenal, o sea, la familia de Adán, siguió las siguientes instrucciones:

«Entonces empezaron estos hombres a invocar el nombre del Señor, y el Señor los bendijo;

«y se llevaba un libro de memorias, en el cual se escribía en el lenguaje de Adán, porque a cuantos invocaban a Dios les era concedido escribir por el espíritu de inspiración; «Y poseyendo un lenguaje puro y sin mezcla, enseñaban a sus hijos a leer y a escribir» (Moisés 6:4-6).

Al estudiar el Antiguo y el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios, hallamos reiteradas instrucciones de estudiar el Evangelio de nuestro Señor y Salvador. El Señor nos comprende perfectamente. El sabe que para convertirnos de verdad tenemos que comprender la forma en que Él trata con Sus hijos aquí en la tierra. Adquirir un conocimiento de Él es primordial en nuestro aprendizaje terrenal. También es preciso que sintamos el vivo deseo de familiarizarnos con las doctrinas del reino.

El presidente Spencer W. Kimball nos dio algunos preceptos referentes al conocimiento que debemos buscar y a la secuencia con la cual hacerlo. Valiéndose de los ejemplos de Pedro y de Juan, enseñó:

«Pedro y Juan tenían poca instrucción secular; se les calificaba de ignorantes. Pero los dos sabían las cosas importantes de la vida: que Dios vive y que el Señor crucificado y resucitado es el Hijo de Dios. Conocían el camino que conduce a la vida eterna, lo cual aprendieron en unas pocas décadas de su vida terrenal. La rectitud de su vida les abrió las puertas a la divinidad y a la creación de mundos con aumento eterno. Para eso probablemente necesitarían, con el paso del tiempo, adquirir un conocimiento total de las ciencias. Pero mientras que Pedro y Juan tuvieron sólo unas décadas en la tierra para aprender y realizar lo que es espiritual, ya han tenido diecinueve siglos para aprender lo que es secular, o sea, la geología de la tierra, la zoología, la fisiología y la sicología de las criaturas de este mundo. La vida terrenal es la etapa para aprender primero de Dios y el Evangelio, así como para efectuar las ordenanzas. Una vez que hayamos aprendido lo necesario para obtener la vida eterna, podremos adquirir más conocimiento de las cosas seculares (President Kimball Speaks Out, 1981, págs. 90-92). Seguir leyendo

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Lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe

Conferencia General Octubre 1997
Lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

«Debemos concentrarnos en las cosas internas del corazón, las que intuitivamente conocemos y valoramos, y que no obstante muchas veces dejamos a un lado por lo que es trivial, superficial o arrogante.»

Mis amados hermanos y hermanas, y amigos. He rogado con fervor que ustedes entiendan las palabras que les dirigiré en esta ocasión con el espíritu con el que tengo la intención de hacerlo. Por tanto, busco su fe y sus oraciones en mi favor.

Jesús de Nazaret describió Su obra fundamental al decir: «…ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre»1. Su obra se lleva a cabo por medio de Su Evangelio, el cual conlleva la marca distintiva del Salvador mismo. Humildemente, deseo hablar de la esencia del Evangelio. El Salvador enseñó que la justicia, la misericordia y la fe son «lo más importante de la ley»2.

Deseo declarar manifiestamente que los mandamientos de Dios deben observarse a fin de recibir las bendiciones y las promesas del Salvador. Los Diez Mandamientos siguen siendo parte primordial del Evangelio de Cristo; con Su venida, llegaron nueva luz y vida que brindan una mayor medida de regocijo y de felicidad. Jesús introdujo una norma más elevada y más difícil de conducta humana, la cual es más sencilla así como también más difícil por motivo de que se centra en requisitos internos en lugar de externos: Haz con los demás lo que quieras que los demás hagan contigo3. Ama a tu prójimo como a ti mismo4. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra5. Al que quiera quitarte la túnica, déjale también la capa6. Perdona, no sólo una vez, sino aun hasta setenta veces siete7. Esa era la esencia del nuevo Evangelio, con más énfasis en el harás que en el no harás. Se le dio más albedrío moral a cada uno.

José Smith, el Profeta de la dispensación del cumplimiento de los tiempos, estableció la Iglesia mediante la revelación como el receptáculo de la verdad del Evangelio. El trajo a la Iglesia más luz, más calidez y más regocijo por conducto de las numerosas y sublimes revelaciones que recibió, como por ejemplo, la forma en la que debe ejercerse el sacerdocio: «Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero»8. Si se vive esta elevada norma de conducta, se cumplirá la promesa: «…existen los hombres para que tengan gozo»9.

«A lo largo de los siglos, el dogmatismo, la coacción y la intolerancia han contaminado con demasiada frecuencia el agua viva del Evangelio que nos sacia eternamente la sed espiritual10. El Salvador exclamó en Sus tiempos: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.

«¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!»11

Del mismo modo, Pablo dijo: «…porque la letra mata, mas el espíritu vivifica»12.

No sólo debemos evitar el mal y no sólo debemos hacer el bien, sino lo más importante es que debemos hacer lo que es de mayor valor. Debemos concentrarnos en las cosas internas del corazón, las que intuitivamente conocemos y valoramos, y que no obstante muchas veces dejamos a un lado por lo que es trivial, superficial o arrogante.

Los principios salvadores y las doctrinas de la Iglesia están establecidos, son fijos e inmutables. La obediencia a ellos es indispensable para tener «la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero»13. Sin embargo, la forma en que la Iglesia administra los complejos y variados retos por todo el mundo cambia de vez en cuando. Bajo la guía de Profetas vivientes, se instituyen nuevas pautas y nuevos procedimientos. Acojo encantado esos inspirados cambios, puesto que constituyen una prueba de la veracidad del Evangelio restaurado. Pero tengo mis temores de que algunos miembros consideren que las pautas y los procedimientos son tan importantes como las leyes eternas e inmutables del Evangelio tales como: «No cometerás adulterio»14. En lugar de alguna definición legalista del adulterio, la indicación más esclarecida del Salvador es que el pensamiento engendra la acción: el «que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón»15. Seguir leyendo

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Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional

Conferencia General Octubre 1997
Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

«Que consideren la Iglesia como su gran y buena amiga, su refugio cuando el mundo parezca cerrarse a su alrededor, su esperanza cuando las cosas se vuelvan tenebrosas, su columna de fuego.»

Hermanos, ahora que tengo el privilegio de dirigirles la palabra, repetiré algunas de las cosas que se han dicho durante esta conferencia con la esperanza de hacer hincapié en la importancia de ellas. Esta ha sido una reunión maravillosa; si prestamos oído y obedecemos los consejos que hemos recibido, nos beneficiaremos mucho.

Creo que ningún miembro de la Iglesia recibe lo fundamental que esta Iglesia tiene para dar mientras no reciba sus bendiciones del templo en la casa del Señor. Por consiguiente, estamos haciendo todo lo que sabemos hacer para acelerar la obra de la construcción de estos sagrados edificios y poner las bendiciones que allí se reciben al alcance de más personas.

Tras la dedicación del Templo de St. Louis, que tuvo lugar en junio de este año, tenemos 50 templos en funcionamiento. Pronto dedicaremos el Templo de Vernal, Utah. La próxima dedicación de un templo está programada para junio de 1998 y será el Templo de Preston, Inglaterra

Me complace comunicarles que los templos de Colombia; de Ecuador; de la República Dominicana; de Bolivia; de España; de Recife y de Campiñas, Brasil; de México; de Boston; de Nueva York y de Albuquerque siguen adelante ya sea en planificación o en diversas etapas de construcción. El plan de construir un templo en Venezuela, lo cual anunciamos antes, también sigue adelante y tenemos esperanzas de adquirir un terreno en un futuro muy cercano. Y seguimos en la tarea de conseguir los diversos tipos de permisos, contra alguna oposición, para la construcción de los templos de Billings, Montana y de Nashville, Tennessee.

En esta ocasión tengo el placer de anunciar que hemos resuelto edificar un templo en Houston, Texas, y uno en Porto Alegre, Brasil. Todo esto pone de manifiesto el gran interés que tenemos en hacer avanzar con vigor esta importante obra. Pienso que en total tenemos unos 17 templos en alguna etapa de su construcción, lo cual es una tarea prodigiosa.

Sin embargo, hay muchas áreas distantes y aisladas de la Iglesia, donde el número de miembros es pequeño y donde no es probable que éste aumente mucho en el futuro cercano. ¿Se han de negar a los que viven en esos lugares las bendiciones de las ordenanzas del templo? Mientras visitábamos una de esas áreas hace unos pocos meses, meditamos en esa pregunta y oramos al respecto. Creemos que recibimos la respuesta con toda claridad.

En algunas de esas áreas construiremos templos pequeños, edificios que cuenten con todas las instalaciones necesarias para administrar todas las ordenanzas. Se edificarían de acuerdo con el nivel que corresponde a los templos, el cual es mucho más elevado que el de los centros de reuniones. Contendrían todo lo necesario para efectuar bautismos por los muertos, el servicio de la investidura, los sellamientos y todas las demás ordenanzas que se deben realizar en la casa del Señor tanto para los vivos como por los muertos.

Presidirían esos templos, cuando ello fuera posible, hombres de la localidad que serían llamados como presidentes de templo, del mismo modo que son llamados los presidentes de estaca, y tendrían un período indefinido de designación de servicio en el cargo; vivirían en el área, en su propia casa. Uno de los consejeros sería el registrador del templo y el otro, el ingeniero o técnico del templo. Todos los obreros de las ordenanzas serían personas locales que ocuparían otros cargos en sus respectivos barrios y estacas.

Se esperaría que los participantes tuvieran su propia ropa del templo, y de ese modo no haría falta construir lavaderos muy costosos. Un lavadero sencillo podría encargarse de la ropa bautismal. No habría instalaciones para comer.

Esos edificios se abrirían de acuerdo con lo que fuese necesario, quizá uno o dos días a la semana, lo cual quedaría a criterio del presidente del templo. Cuando fuera posible, construiríamos el edificio en el mismo terreno de un centro de estaca y los dos edificios utilizarían el mismo estacionamiento, con lo cual se ahorraría mucho dinero. Seguir leyendo

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La orientación familiar: un servicio divino

Conferencia General Octubre 1997
La orientación familiar: un servicio divino
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

“¿Podemos acaso… llegar hasta aquellos de los que somos responsables y traerlos a la mesa del Señor para deleitarse en Su palabra, así como para gozar de la compañía de Su espíritu?”

Esta ha sido una sesión de la conferencia caracterizada por la espiritualidad y sé que ustedes y yo hemos sido edificados. Se ha declarado: “Donde está el Presidente hay fortaleza; y el saber que él está con nosotros y que está presidiendo infunde fortaleza en toda la Iglesia” (1).

El presidente Hinckley ha tenido un programa exhaustivo el año pasado y ha dado su testimonio a miles de miembros y a otras personas en todas partes del mundo. Para muchos, la experiencia fue única, algo que nunca antes disfrutaron los miembros devotos de lugares lejanos con nombres difíciles de pronunciar; el agradece nuestras oraciones a su favor.

Además de tantas otras responsabilidades, el Presidente de la Iglesia recibe mucha correspondencia todos los días; recuerdo una de esas cartas y la comparto con ustedes. He cambiado el nombre del jovencito que escribe estas líneas, que dicen así:

“Estimado Presidente:

“Hola. Me llamo David Smith y vivo en un lugar donde los estorninos son muy malos; hacen nidos en el bote de mi abuelo y en todo el establo de papa y en todas partes. El abuelo y papa piensan que debo matarlos, pero mama opina que no. Sé que la ley dice que está bien matarlos, pero no le pido su opinión de cazador, sino de líder de la Iglesia

“Atentamente, David Smith

“P.D.: Un estornino es un ave negra que come los huevos de otras aves y hace otras cosas malas”.

Toda carta que llega se contesta. La respuesta, a esta en particular, la envió el Secretario de la Primera Presidencia, F. Michael Watson:

“Estimado David:

“Se me ha solicitado acusar recibo de tu carta del 30 de abril dirigida al Presidente de la Iglesia referida a los problemas que has tenido con los estorninos.

“La Iglesia no tiene una norma oficial en cuanto al asunto; la Primera Presidencia opina que tus padres deben decidir y brindarte la guía apropiada.

“Espero que esta información te sea de ayuda.
“Atentamente, F. Michael Watson”.

No le es posible al presidente Hinckley contestar personalmente cada carta, ni tampoco puede estar en todas partes; tampoco podemos aquellos que le ayudamos llegar a cada miembro de toda nación; sin embargo, por sabiduría del Señor se nos han dado pautas por las cuales los que poseemos el sacerdocio de Dios podemos servir, enseñar y testificar a las familias de la Iglesia. Sí, hablo de la orientación familiar.

Repasemos el consejo del Señor y de Sus Profetas con respecto a esta empresa vital.

El obispo de cada barrio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días asigna a poseedores del sacerdocio como maestros orientadores con objeto de visitar cada mes las casas de los miembros. Van en pareja; con frecuencia un joven del Sacerdocio Aarónico acompaña a un adulto del Sacerdocio de Melquisedec.

El programa de la orientación familiar es una consecuencia de la revelación moderna y comisiona a los ordenados al sacerdocio a “… enseñar, exponer, exhortar, bautizar y velar por la Iglesia … y visitar la casa de todos los miembros, y exhortarlos a orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares … velar siempre por los miembros de la iglesia, y estar con ellos y fortalecerlos; y cuidar de que no haya iniquidad en la iglesia, ni aspereza entre uno y otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias” (2). Seguir leyendo

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Pionero del futuro: “No temas, cree solamente”

Conferencia General Octubre 1997
Pionero del futuro: “No temas, cree solamente”
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

“Somos parte de la causa más grande sobre la faz de la tierra; somos los pioneros del futuro. Avancemos como el ejercito de Helamán y edifiquemos el Reino de Dios.”

Mis queridos hermanos, les saludo con amor y gratitud por su fidelidad y devoción. Hemos tenido un gran día de conferencia: la música ha sido grandiosa, los mensajes han sido inspiradores, inclusive el del élder Maxwell; le he pedido al élder Maxwell que hablara en mi funeral, pero no tengo intenciones de dejar este mundo tan pronto.

Estamos terminando un año maravilloso en el que celebramos el heroísmo y el esfuerzo que desplegaron los pioneros que llegaron al Valle del Lago Salado hace 150 años. Agradecemos mucho a los cientos de miles de fieles miembros de la Iglesia en todo el mundo que contribuyeron a esta gran celebración.

Es importante reconocer que todas esas actividades estuvieron bajo el profético liderazgo de nuestro inspirado presidente Gordon B. Hinckley. Ahora él nos dirige para que lleguemos a ser pioneros del futuro, con todas las maravillosas oportunidades que eso encierra. La fe en cada futuro paso cumplirá la visión profética con respecto al glorioso destino de esta Iglesia.

Jamás ha habido una época más maravillosa en la historia de esta Iglesia. Hay más templos en construcción y en planificación que nunca antes; como un paso importante en este trabajo de pionero del futuro, el presidente Hinckley ha dado la palada inicial para un nuevo e inmenso salón de asambleas que se construirá cerca del Templo, en Salt Lake City. Desde allí, será posible transmitir la voz del Señor durante la conferencia general a más hijos de Dios, tanto en el salón, como a través de satélite o de otros medios electrónicos.

Esta noche hablo con énfasis especial a ustedes, jóvenes poseedores del sacerdocio, quienes serán los encargados de sacar la Iglesia adelante en el futuro. Ustedes no siguen los senderos del mundo involucrándose en actividades indeseables o usando ropas y adornos extraños. Estamos orgullosos de ustedes; tenemos gran confianza en ustedes.

Basare mi discurso en el profundo pero simple mensaje del Salvador al principal de la sinagoga. Recordaran que se le había dicho al principal que su hija había muerto y que no debía molestar al Maestro por eso. Cuando el Salvador fue a la casa del apenado padre, Él dijo: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme”. Y tomando a la niña de la mano, dijo: “Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba… Y se espantaron grandemente” (1).

Las palabras del Salvador al líder de la sinagoga captan la esencia de esta historia: “No temas, cree solamente” (2). Estas cuatro palabras encierran el mensaje que tengo para ustedes. Seguir leyendo

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He aquí el hombre!

Conferencia General Octubre 1997
¡He aquí el hombre!
Obispo Keith B. McMullin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Keith B. McMullin

“Nuestra visión de ustedes y de su trabajo va más allá de los apariencias externas de un joven y vemos, en cambio, a un poseedor del Santo Sacerdocio revestido con sus poderes, sus deberes y sus bendiciones concomitantes.”

Esta vasta asamblea de hermanos nos. recuerda que el propósito y el destino de la Iglesia recaen en gran medida sobre los hombros de quienes poseen el Sacerdocio de Aarón y el de Melquisedec. A pesar de que el Sacerdocio Aarónico es el menor y un apéndice del mayor, o de Melquisedec, cada uno es sempiterno y esencial en la obra del Señor. El presidente John Taylor dijo: “Cuando estos dos Sacerdocios se unen y se llevan a cabo sus responsabilidades en su pureza, la gloria del Señor se manifestara sobre el monte de Sión, en la casa del Señor, ambos operando de acuerdo con sus llamamientos, su cargo y su autoridad” (1).

Con este objetivo en mente, se despliega ante nosotros el deber de retener a quienes acaban de convertirse y bautizarse, de reavivar la fe de los que se han apartado y de proteger el desarrollo de la fe de nuestra juventud.

Los nuevos conversos que se bautizan realizan un abrupto abandono de sus hábitos y cursos pasados; con frecuencia se hallan solos en la Iglesia, sin el apoyo de la familia ni de rostros familiares. Se encuentran en el verdadero, estrecho y angosto camino, que es también nuevo y puede ser un tanto desconcertante.

Están aquellos que una vez estuvieron en ese mismo camino y que se han apartado; su fe se ha debilitado. Para ellos, la posibilidad de un hermanamiento completo parece algo remoto y tal vez no lo deseen; se “esconden” de la Iglesia y se sienten escondidos de Dios.

Amamos y admiramos a cada uno de ustedes, hombres jóvenes del Sacerdocio Aarónico; la vitalidad de ustedes es contagiosa; sus habilidades, asombrosas; su asociación, vigorizante. Pero sabemos que otras fuerzas están interesadas en ustedes: son obscuras y amenazantes; hombres y mujeres inicuos desfilan ante ustedes con feroces tentaciones y decepciones. Su intención es destruirlos y pueden exigirles un alto costo espiritual.

Para escapar de estos peligros, nuestro Padre Celestial nos proveyó un Salvador. (2). El sacrificio expiatorio de nuestro Señor es el acontecimiento más importante en la historia de todo lo creado; esto, entonces, es el Evangelio: que Dios vive y que es nuestro Padre, que Cristo es el amado Hijo de Dios y que Su expiación es real, que Su reino terrenal se ha establecido y que una herencia celestial espera a los que abracen y se ajusten a los principios eternos sobre los que el Evangelio se basa. (3).

El Evangelio se imparte y se recibe de dos maneras: una viene antes que la otra. La primera contiene una porción menor, que prepara; le sigue luego la porción mayor, que trae la plenitud. La sustancia de cada una se encuentra en las ordenanzas y en las obras del Santo Sacerdocio, comenzando con el Sacerdocio Aarónico y culminando con el de Melquisedec. Aquellos que sean “fieles hasta obtener estos dos sacerdocios… y magnifican su llamamiento… llegan a ser… la iglesia y reino, y los elegidos de Dios” (4). Seguir leyendo

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