En defensa de la verdad y la rectitud

Conferencia General Octubre 1997

En defensa de la verdad y la rectitud

Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell Ballard

“El defender la verdad y la rectitud no es algo que hacemos solo los domingos. Día tras día nuestros vecindarios y comunidades necesitan desesperadamente nuestro respaldo y nuestra contribución a la seguridad, la ley y el orden.”

En defensa de la verdad y la rectitud

Es un privilegio, hermanos, dirigirme a ustedes esta noche.

Hermanos, poseer el sacerdocio es más que una gran bendición; lo acompañan enormes responsabilidades tales como velar por la Iglesia; honrar a todas las mujeres, especialmente a nuestra esposa, a nuestra madre, a nuestras hijas y a nuestras hermanas; visitar el hogar de cada miembro, exhortando a cada uno de ellos a “orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares” (1) y a “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (2).

Cuando en las aguas del bautismo hacemos convenio de “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar”, no nos referimos solamente a las reuniones de testimonio. Tal vez no siempre sea fácil, conveniente o socialmente aceptable asumir la defensa de la verdad y la rectitud, pero es siempre lo que debemos hacer; siempre.

Joseph F. Smith tenía 19 años de edad cuando regreso de su misión en Hawai. Una mañana, mientras viajaba desde California hacia su hogar en Utah, le cortó el paso “una carreta llena de hombres borrachos disparando al aire y vociferando insultos contra los mormones”. Uno de ellos “con revolver en mano”, camino hacia él. Pese a estar aterrorizado, Joseph “considero que sería imprudente e inútil salir corriendo … así que avanzo hacia el sujeto como si no encontrara nada fuera de lo normal en su conducta. ‘¿Eres un mormón tal por cuál?’, pregunto airadamente el extraño. Armándose con el mayor valor posible, Joseph miro al hombre en los ojos y respondió con calma: ‘Si, señor; cien por ciento y de pura cepa, de pies a cabeza’. Casi perplejo por la inesperada respuesta del joven, el hombre se detuvo, dejó caer las manos y, tras echar una mirada incrédula a Joseph, le dijo en un tono amigable: ‘Bueno, ¡eres el tal por cual más cordial que he conocido! ¡Venga esa mano! Me alegra conocer a alguien que defiende sus convicciones’. Y sin más, dio vuelta y se fue” (3).

Como poseedores del sacerdocio, tenemos el sagrado deber de siempre defender la verdad y la rectitud. El sacerdocio, según se le define, es la autoridad de Dios dada al hombre para hacer las cosas que Dios haría si estuviera aquí. Eso quiere decir que somos no sólo Sus testigos, sino Sus representantes.

El defender la verdad y la rectitud no es algo que hacemos sólo los domingos. Día tras día nuestros vecindarios y comunidades necesitan desesperadamente nuestro respaldo y nuestra contribución a la seguridad, la ley y el orden. El delito, en todas SUS manifestaciones, es un mal de proporciones mundiales y un gran problema moral el cual inquieta enormemente a los líderes de la Iglesia. El precio social, económico y moral del delito es incalculable. El delito no hace distinción de raza, religión, nacionalidad, edad ni clase social.

El Libro de Mormón nos enseña que las combinaciones secretas entregadas al delito presentan un serio desafío, no solamente a las personas y a las familias, sino a civilizaciones enteras. Entre las combinaciones secretas de nuestra época se encuentran las pandillas, las organizaciones de narcotraficantes y las mafias. Las organizaciones secretas de nuestros días funcionan tal cual lo hicieron los ladrones de Gadiantón en la época del Libro de Mormón; tienen señas y contraseñas secretas; participan en ritos secretos y llevan a cabo ceremonias de iniciación. Entre otras, tienen la finalidad de “asesinar, y robar, y hurtar, y cometer fornicaciones y toda clase de iniquidades en oposición a las leyes de su patria, así como a las leyes de su Dios” (4).

Si no tenemos cuidado, las combinaciones secretas de la actualidad pueden cobrar poder e influencia tan rápida y completamente como lo hicieron las de los días del Libro de Mormón. ¿Recuerdan los ciclos? Las combinaciones secretas empezaban entre “los más perversos” de la sociedad pero terminaban “seduciendo a la mayor parte de los justos” hasta contaminar a la sociedad entera (5).

La juventud actual, así como aquellos de la “nueva generación” (6) en el Libro de Mormón, son los más propensos a caer bajo la influencia de las pandillas. Nuestros jóvenes se ven rodeados por esta realidad. Existe un cierto grupo social que se suscribe a la conducta criminal de los pandilleros por medio de música, estilos de vestimenta, lenguaje, actitudes y conducta. Muchos de ustedes han observado a muchos de sus amigos abrazar ese estilo por considerarlo “de moda” o “de buena onda”, para ser de a poco absorbidos por ese grupo social debido a su identificación con las pandillas. Todos estamos enterados de casos trágicos de jóvenes que, sin sospecharlo, fueron atacados por pandilleros por el simple hecho de vestir prendas con los colores de pandillas rivales y de estar en vecindarios desconocidos. Seguir leyendo

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Por qué cada miembro un misionero?

Conferencia General Octubre 1997
¿Por qué cada miembro un misionero?
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Elder Richard G. Scott

“¿Cuan en serio han tornado ustedes, personalmente, el pedido del Señor de dar a conocer Su Evangelio? Se trata de una responsabilidad para toda la vida… se aplica de diferentes maneras de acuerdo con los distintos periodos de su vida.”

Muy pocas cosas en la vida ofrecen tanta dicha como la que se recibe al ayudar a una persona a mejorar su vida; esa dicha crece cuando esos esfuerzos hacen que alguien entienda las enseñanzas del Señor y se decida a obedecerlas, se convierta y se una a Su Iglesia. A eso sigue una gran felicidad cuando ese nuevo converso se fortalece durante la transición hacia una nueva vida, cuando se afirma sólidamente en la verdad y recibe todas las ordenanzas del templo con la promesa de la vida eterna. El presidente McKay nos demostró cómo obtener ese gozo mediante una profunda aclaración acerca de la responsabilidad que tenemos de dar a conocer el Evangelio: “Cada miembro un misionero” (1).  Sé que serían muchos más los que seguirían esa admonición si comprendieran que hay muchas maneras de cumplir con esa responsabilidad; pero ante todo, ¿por qué se nos ha pedido a cada uno de nosotros que seamos misioneros?

El Salvador recalcó la importancia vital de dar a conocer el Evangelio cuando dijo a Sus discípulos: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado” (2). Él mandó a Sus siervos: “… no busquéis las cosas de este mundo, más buscad… edificar el reino de Dios…” (3).

Lehi enseñó a su hijo Jacob:

“… la redención viene en el Santo Mesías… él se ofrece a sí mismo en sacrificio por el pecado… por todos los de corazón quebrantado y de espíritu contrito; y por nadie más se pueden satisfacer las demandas de la ley”.

“Por lo tanto, cuán grande es la importancia de dar a conocer estas cosas a los habitantes de la tierra, para que sepan que ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías…” (4).José Smith entendió el pedido de Dios de compartir la verdad con el mundo. Durante los momentos más difíciles de su vida, él envió a sus fieles compañeros a proclamar el Evangelio en otras partes, aun cuando se necesitaba urgentemente que le apoyaran y, en medio de esas duras pruebas y las terribles condiciones de la cárcel de Liberty, dijo:

“Porque todavía hay muchos en la tierra… que son cegados por la sutil astucia de los hombres que… no llegan a la verdad porque no saben dónde hallarla.

“Por tanto… hagamos con buen ánimo cuanta cosa esté a nuestro alcance; y entonces podremos permanecer tranquilos, con la más completa seguridad, para ver la salvación de Dios y que se revele su brazo” (5). Seguir leyendo

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Los compañeros que valen

Conferencia General Octubre 1997
Los compañeros que valen
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin

“Asistimos a las… reuniones de la Iglesia a graves del mundo en busca de compañerismo, de la buena compañía de los hermanos y de las hermanas en el Evangelio y del consuelo de la dulce comunión con el Espíritu de Dios.”

Mis queridos hermanos y hermanas, es un privilegio para mí el reunirme con ustedes en otra conferencia general de la Iglesia. En estas maravillosas reuniones me encanta oír la voz del Señor y sentir la presencia de Su Espíritu. Se regocija mi corazón ante la hermandad que compartimos como Santos de los Últimos Días.

En Compañía De Los Santos

Uno de los muchos beneficios del ser miembros de la Iglesia es el de la compañía de los santos. Durante el tiempo de mi asignación en Europa llevamos a cabo conferencias de estaca memorables para los soldados que prestaban servicio militar en Alemania. Muchos de nuestros buenos hermanos y hermanas viajaban grandes distancias para asistir a las reuniones. Muchos de ellos llegaban la noche anterior y dormían en el piso del salón de recreo. Sin importar el sacrificio, llegaban con corazones alegres en busca de la compañía de los Santos de los Últimos Días y de la oportunidad de ser instruidos y edificados por los líderes de la Iglesia. Cuando nos reunimos, “ya no [somos] extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (1).

Nuestro es el mandamiento y la bendición de “reun [irnos] a menudo para ayunar y orar, y para hablar unos con otros concerniente al bienestar de [nuestras] almas” ( 2). Asistimos a las conferencias generales y a otras reuniones de la Iglesia a través del mundo en busca de compañerismo, de la buena compañía de los hermanos y de las hermanas en el Evangelio y del consuelo de la dulce comunión con el Espíritu de Dios. En nuestros servicios de adoración, la presencia de ese Espíritu llena nuestros corazones de amor hacia Dios y hacia nuestros hermanos.

La Compañía De La Familia

Por supuesto, nuestros mejores amigos son aquellos con los que vivimos como miembros de nuestra familia. Amorosos padres, hermanos y hermanas, hijos y otros miembros de la familia ayudan a moldear nuestro destino. Mi mejor amiga es Elisa, mi compañera eterna; ella es el corazón de nuestro hogar y nos ha inspirado a acercarnos más al Señor. “La maternidad se acerca a lo divino. Es el servicio más sublime y más sagrado que podemos llevar a cabo. Coloca a la mujer que honra su sagrado llamamiento y servicio a la altura de los ángeles” (3). Su servicio se manifiesta en las palabras de un himno familiar:

Quienes nos brindan su amor
reflejan tu bondad, Señor.
Tu nos envías luz y paz
con la bondad de los demás.
Nuestros amigos buenos son
un rico y divino don;
su vida un ejemplo es,
que fortalece nuestra fe. (4).

El dulce compañerismo del matrimonio eterno es una de las bendiciones más grandes que Dios ha concedido a Sus hijos. Ciertamente, los muchos años que he compartido con mi hermosa compañera me han proporcionado los gozos más profundos de mi vida. Desde el principio de los tiempos, la compañía conyugal ha sido fundamental en el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial.

Nuestras vidas reciben una influencia benéfica y somos edificados y ennoblecidos al saborear las dulces bendiciones al relacionarnos con seres queridos en el núcleo familiar.

La Compañía De Los Amigos

La compasión de los amigos que viven las enseñanzas de Cristo influye profundamente en nuestra vida y la cambia. Debemos recordar que el Señor a menudo envía “bendiciones de lo alto, por medio de las palabras y los actos de las personas que aman”. El amor es la esencia del Evangelio de Jesucristo. En esta Iglesia, muchas veces las oraciones en las que se pide ayuda el Señor las contesta por medio del simple servicio diario de hermanos y hermanas que se preocupan por los demás. En la bondad de los amigos genuinos, he visto reflejada la bondad del Señor mismo. Siempre me he sentido humilde al reconocer que el Salvador nos considera a todos Sus amigos cuando decidimos seguirlo y guardar Sus mandamientos (5). Seguir leyendo

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Una conexión celestial en la adolescencia

Conferencia General Octubre 1997
Una conexión celestial en la adolescencia
Élder Richard J. Maynes
De los Setenta

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“Si desean llegar a ser la persona que el Señor quiere que sean, es preciso que trabajen en ello hoy mismo, porque un principio verdadero afirma que lo que hocemos hoy determina lo que llegaremos a ser.”

Hermanos y hermanas, esta tarde me gustaría dirigir mi mensaje a los Jóvenes y a las señoritas que crecen en esta época tan difícil.

Jóvenes, muchos de ustedes han establecido, por lo menos en su mente, metas elevadas que probablemente incluyan cumplir una misión, estudiar, casarse en el templo, obtener una profesión y, por cierto, regresar a salvo a la presencia de su Padre en el reino celestial.

Uno de los grandes desafíos del adolescente es conectar con éxito esas metas celestiales con la vida diaria, y eso es difícil, porque nuestra vida esta tan repleta con las cosas del mundo como la escuela y docenas de actividades, entre las que se encuentran la música, el baile, los deportes, la participación en diversos clubes y, por cierto, muchos de ustedes trabajan media jornada. Entrelazadas con estos horarios tan ocupados también están las actividades del fin de semana, como partidos, bailes, actividades de escultismo y fiestas; adondequiera que van enfrentan la tentación que proviene de sus compañeros, de la televisión, de las películas y de la música. ¡Caramba! ¡Qué aventura!

El verdadero problema es tratar de mantener un equilibrio entre lo que sucederá el próximo viernes por la noche con lo que acontecerá en dos, cinco o diez años. Tal vez se pregunten: “¿Que tiene que ver la noche del viernes con lo que sucederá en dos años?”. Pues bien, quizás tenga mucho que ver, según el lugar donde ustedes estén y lo que estén haciendo.

Si quieren alcanzar su potencial en el futuro, si desean llegar a ser la persona que el Señor quiere que sean, es preciso que trabajen en ello hoy mismo, porque un principio verdadero afirma que lo que hacemos hoy determina lo que llegaremos a ser en el mañana. Si queremos ser buenos estudiantes en la universidad, debemos serlo en la escuela secundaria. Si deseamos vivir una vida celestial en la vida venidera, es menester que la vivamos aquí en la tierra. Nuestro futuro esta inexorablemente conectado con nuestro pasado.

Uno de los sublimes propósitos del Evangelio de Jesucristo es enseñaron en cuanto a nuestro potencial eterno, y la finalidad de la organización de la Iglesia de Jesucristo es ayudarnos a alcanzar ese potencial.

Es importante que ustedes, los jóvenes, reconozcan que la base de su éxito futuro, tanto en lo temporal como en lo espiritual, la están estableciendo en su adolescencia. Si esos años llevan las fracturas del pecado, y no se reparan, entonces la estructura de su vida la edificaran sobre un cimiento débil; su futuro será menos seguro y a la vez más lleno de tensión.

Todos nos damos cuenta de que en la sociedad actual, la familia, y en especial los jóvenes, enfrentan gran oposición en todo el mundo. El profeta Isaías vio nuestros días y dijo que sería una época de confusión. Esa profecía y amonestación se encuentra en Isaías 5:20-21:

“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

“¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!”.

Como jóvenes que crecen en este mundo de confusión, ustedes tienen un gran desafío al enfrentar las diversas presiones de la vida moderna. ¿Cómo se las arreglaran durante su adolescencia a fin de estar preparados espiritualmente para su futuro celestial? ¿Cómo conectaran sus metas celestiales con su diario vivir?

Aun no he conocido a ningún administrador, educador, artista o atleta que haya alcanzado un alto nivel de excelencia en su profesión que no haya conectado con éxito su visión del futuro con su vida diaria. Es muy probable que una meta o visión que no se conecte a la vida diaria con hechos específicos se convierta tan sólo en otro sueño sin realizar, cuyo único sostén sea la esperanza.

Entonces, ¿cómo se hace? ¿Cómo hacemos una conexión de nuestra ocupada vida diaria con esas elevadas metas celestiales? La respuesta es sencilla.

Veamos un ejemplo que todos podamos comprender: supongamos que en dos semanas tienen un examen trimestral de geometría. Una de sus metas es sacar la nota o calificación más alta en esa clase. ¿Qué pueden hacer para alcanzar esa meta? ¿Esperan hasta el último momento y se preparan apresuradamente la noche anterior? Esta técnica es muy riesgosa, porque en lugar de lograr una verdadera comprensión de los temas, lo que hacen es aprender lo mínimo para pasar de alguna manera el examen. Desafortunadamente, en lugar de estar totalmente preparados y confiados en el tema, entran en el salón de clase un tanto nerviosos, con la esperanza de que el maestro les pregunte lo que hayan estudiado. Tengo la impresión de que no soy el único de los presentes que haya experimentado e se sentimiento de inseguridad.

Ahora veamos a otro estudiante que, al tener la misma meta de obtener la nota o calificación más alta en geometría, se da cuenta de que no quiere depender de los factores intangibles de la suerte y la esperanza; de modo que en vez de estudiar a última hora, dedica un poco de tiempo cada día para estudiar el tema con calma y a fondo. Eso le da el tiempo necesario para asimilar y comprender correctamente el material; si se siente confundido en cualquiera de los temas, tiene suficiente tiempo para pedir la ayuda del maestro. ¿Cuál es el resultado de esta segunda técnica? ¿Una comprensión más profunda del material? ¿Más confianza al entrar y tomar el examen? ¿El depender menos de la esperanza? Así lo creo.

¿Es posible entrar en el salón de clase sabiendo de antemano que van a sacar la calificación más alta en el examen debido a su preparación? Yo sé que si porque lo he visto.

Por tanto, si quieren obtener la calificación más alta en la materia, la respuesta es la constante dedicación diaria. Si desean la nota más alta en sus metas celestiales, deben aplicar la misma técnica diaria.

Jóvenes amigos, es muy difícil prepararse a última hora para una misión, así como para el matrimonio en el templo. No se arriesguen; sean prudentes; prepárense día a día; estudien las Escrituras; comuníquense con su Padre Celestial mediante la oración; asistan a Seminario; consérvense moralmente limpios y preparados. Comprendan que lo que sucede el viernes por la noche tendrá al final un impacto en su futuro celestial.

Si les parece que estas cosas aparentemente pequeñas son pesadas o tediosas o que toman demasiado tiempo, ¡sigan adelante! Las cosas pequeñas que confunden a los sabios también confunden a Satanás. Recuerden que las bendiciones celestiales están al alcance de la mano.

¿De qué otra manera pueden protegerse de las presiones e iniquidades del mundo? ¿Con tres horas de reuniones los domingos? No lo creo probable. Tal como en los estudios, la única manera segura de salir victoriosos es hacer un diligente esfuerzo diario. El Señor desea que tengan éxito y El estará con ustedes. Les ayudara, les apoyara y les sostendrá en su hora de necesidad si son fieles a Su plan. Si diariamente se mantienen cerca de Él, estará siempre cerca, y ustedes recibirán bendiciones incontables en todos los aspectos de la vida, y especialmente en el más importante: el espiritual.

Y cuando llegue el día en que habrán de entrar por la puerta del aula del templo tendrán paz, su conciencia estará limpia, tendrán gran confianza y sabrán en su corazón que recibirán la calificación más alta en la materia más importante de todas: su futuro celestial.

Jóvenes hermanos y hermanas, a fin de cuentas, lo que les ayudara a comprometerse y a mantenerse fieles a su plan celestial diario será su amor por el Señor. Sé que el Señor vive y que es Su deseo y esperanza que todos obtengamos un futuro celestial. En el nombre de Jesucristo. Amen.

 

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El hogar: refugio y santuario

Conferencia General Octubre 1997
El hogar: refugio y santuario
Élder Eran A. Call
De los Setenta

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“Que ‘La Familia: Una Proclamación para el mundo se convierta en la guía y la norma por la que vivamos en nuestro hogar y criemos a nuestros hijos.”

Ruego con humildad que el Espíritu de verdad nos acompañe a fin de que podamos “comprendernos el uno al otro, ser edificados y regocijarnos juntamente” (1).

Tal como Nefi, yo también “nací de buenos padres y recibí, por tanto, alguna instrucción en la ciencia de mi padre y he sido altamente favorecido del Señor todos mis días” (2).

Mi padre fue un maravilloso ejemplo de amor, de fe, de integridad y de dedicación al Evangelio. Mi madre murió cuando yo tenía siete años; pero en mis primeros años, ella me enseñó las verdades del evangelio; era una mujer de gran fe. Debido a su fe y a sus oraciones, así como a una curación milagrosa, hoy veo por mi ojo izquierdo. Mi padre estaba de viaje y yo me queme severamente la pupila del ojo con la palanca de metal para levantar las tapaderas de nuestra cocina de leña. Mi madre ejercitó la fe y oró con fervor a nuestro Padre Celestial mientras me sostenía amorosamente entre sus brazos; sus oraciones se escucharon y mi ojo sanó. Estoy muy agradecido por haber sido criado por buenos padres en un hogar de amor.

Hoy el hogar se halla amenazado y desafiado más que nunca; hoy menos de la mitad de los niños nacidos en los Estados Unidos y en muchos otros países del mundo pasaran toda su niñez en una familia con un padre y una madre ( 3 ). La infidelidad, el divorcio, el aborto y los hogares abandonados están en aumento; el padre esta rápidamente perdiendo su papel tradicional de encargado, de proveedor, de protector, de educador moral y de cabeza de familia.

Durante el periodo de 1960 a 1990, los nacimientos fuera del matrimonio se han incrementado en un quinientos por ciento y el divorcio ha aumentado un cuatrocientos por ciento. (4). Como miembros de la Iglesia, no estamos al margen de estas prácticas pecaminosas.

El hogar y la familia son la unidad fundamental de la sociedad así como son los hogares y las familias, así serán la comunidad, la ciudad, la provincia y la nación. No existe la moralidad pública sin la virtud privada. Como Santos de los Últimos Días se nos ha dado mucho, y mucho se espera de nosotros; se nos ha enseñado lo que es correcto y verdadero; “por lo tanto, seamos hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándonos a nosotros mismos” (5). Seguir leyendo

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El Señor bendice a Sus hijos mediante bendiciones patriarcales

Conferencia General Octubre 1977
El Señor bendice a Sus hijos mediante bendiciones patriarcales
Élder Richard D. Allred
De los Setenta

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“Las bendiciones patriarcales son… similares al mapa de un camino que indica la trayectoria en la que se pueda viajar y los lugares a los que llegaremos si permanecemos en ella.”

¿Se han preguntado alguna vez que es lo que el Señor desea que hagan con su vida? ¿Han contemplado alguna vez lo que serla de mayor valor para ustedes? ¿Han meditado en lo que la vida tiene reservado para ustedes? Si lo han hecho, no están solos; el preguntarse cuál es el propósito de la vida y lo que harán con ella es algo natural.

La Biblia expresa que los patriarcas, bajo inspiración y por la imposición de manos, revelaban a ciertas personas la voluntad del Señor y lo que la vida tenía reservado para ellas.

¿No hay patriarcas en esta época? ¿Están los cielos cerrados? ¿Ha cesado la revelación y se limita la comunicación entre el Señor y Sus hijos a los escritos de los Profetas de la antigüedad, tal como se encuentran en la Biblia? ¿Existe la posibilidad de la revelación? ¿Hay alguna fuente divina que de respuesta a las preguntas importantes de la vida?

Atestiguo que tal fuente existe y que está disponible para ustedes.

Les testifico que hoy en día los cielos están abiertos y que desde la primavera del año 1820, cuando el joven profeta José Smith, hijo, vio al Padre y al Hijo y recibió respuesta a su oración sincera, siempre ha habido uno de los ungidos del Señor en la tierra a través de quien el Señor ha revelado y revela Su palabra.

Les doy testimonio de que el Profeta del Señor para todo el mundo, quien posee todas las llaves pertenecientes a la última dispensación, en la actualidad, es Gordon B. Hinckley, Profeta, Vidente y Revelador, y Presidente del reino del Señor aquí en la tierra, es decir, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Fue por conducto del profeta José Smith que el Señor restauró el sacerdocio y la plenitud del Evangelio, y que “la misma organización que existió en la Iglesia primitiva, esto es, apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc.”, se restauró en estos últimos días (Articulo de Fe No. 6).

Los patriarcas tienen el deber de bendecir a los miembros de la Iglesia: “Las bendiciones patriarcales tienen como fin hacer llegar al recipiente una declaración inspirada de su linaje. También contienen una manifestación inspirada y profética de las posibilidades y misión en la vida de quienes la reciben. Además pueden incluir otras bendiciones, promesas, consejos, amonestaciones y advertencias que el patriarca se sienta inspirado a dar. Debe siempre dejarse bien en claro que la cristalización de todas las bendiciones prometidas depende de la fidelidad de la persona y de los designios eternos del Señor” (Información y sugerencias para patriarcas, 1985, pág. 5).

Las bendiciones patriarcales las obtienen los miembros dignos de la Iglesia, a quienes el obispo recomienda: “Todo miembro digno tiene derecho y debe recibir una bendición patriarcal” (Información, pág. 3).

Tal vez piensen que no son importantes, que están ya entrados en años y que el Señor no tiene bendiciones para ustedes, o quizás hayan cometido un pecado y, a pesar de que se hayan arrepentido, se consideran indignos de una bendición o de recibir una bendición. Si es así, les sugiero que tengan una entrevista con el obispo, que busquen su consejo y que en forma activa y humilde soliciten las bendiciones del cielo.

Les testifico que esas bendiciones son inspiradas y que son revelaciones personales para el recipiente; las bendiciones patriarcales son una guía y son similares al mapa de un camino que indica la trayectoria en la que se pueda viajar y los lugares a los que llegaremos si permanecemos en ella; brindan consuelo, gozo y aliento cuando tenemos la necesidad de mirar, de escuchar y de sentir lo que se encuentra en esas bendiciones a fin de que sigamos adelante en el viaje de la vida, no solos, sino con la compañía del Espíritu de nuestro Padre Celestial.

Una tarde, un patriarca recibió una llamada de una joven madre preocupada por su hija que tenía problemas físicos desde su nacimiento. Esta querida madre le pregunto si sería posible que su hija recibiera una bendición patriarcal, a lo que le contesto que si su hija podía obtener una recomendación del obispo, estaba seguro de que el Señor tenía una bendición para ella. Poco tiempo después, se le dijo al patriarca que el obispo había dado a esta encantadora jovencita la recomendación para recibir la bendición patriarcal.

Se hizo una cita y se dio la bendición, la cual se recibió con agradecimiento. Se le revelo su linaje y recibió una bendición que se adaptaba a sus necesidades y a su singular condición. La vida, los planes y las actitudes cambiaron; se le dijo que al aceptar con alegría los esfuerzos y sacrificios de aquellos que la amaban y que estaban a cargo de su cuidado, ella bendeciría sus vidas, y que aceptara la ofrenda de ellos con amabilidad y buena disposición.

El Señor ama a Sus hijos y desea bendecirles, tal como desea que todos ellos regresen a Él y moren en Su presencia por tiempo y toda la eternidad (Moisés 1:39). El Señor está dispuesto a pronunciar Sus bendiciones sobre aquellos que lo aman y que guardan Sus mandamientos.

Es mi sincera oración que todos los que deseen una bendición de la mano del Señor vivan dignos a fin de que la obtengan y que nosotros, que hemos recibido una bendición patriarcal, vivamos de tal manera que seamos dignos de las bendiciones que nos han sido reveladas por conducto del siervo del Señor, el patriarca. Lo ruego humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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En memoria de Jesús

Conferencia General Octubre 1997
En memoria de Jesús
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales

“Jesús es el gran mediador. Aun cuando es omnipotente y omnisciente, teniendo todo poder y conocimiento, Él es nuestro amigo.”

La Ultima Cena, poco antes de la muerte de Jesucristo, fue de gran importancia en varios aspectos. La cena de Pascua es una celebración de la misericordia de Dios a través de los siglos, la cual, declaró Jesús, contenía una promesa aun mayor por venir: Su sacrificio expiatorio.

Había llegado el momento de la conclusión del ministerio de Cristo en la tierra. Era la temporada de Pascua, y la gente celebraba y se regocijaba en la bondad de Dios por haber salvado a sus antepasados. Jesús había reunido a Sus Apóstoles en el aposento alto para la Ultima Cena. Les dio una idea de los acontecimientos que seguirían: Su sacrificio expiatorio para que toda la humanidad —aquellos que habían vivido, los que vivían en ese entonces y los que vivirían sobre la faz de la tierra— se beneficiaran de Su sacrificio expiatorio. Por El y por medio de Él, todos los hombres resucitarían. La misericordia se sobrepondría a la justicia. Se proveyó la forma para que nos arrepintiéramos de nuestros pecados, obedeciéramos los mandamientos y pudiéramos regresar a Su presencia. Esa era una doctrina difícil de entender para los que vivían en Su época. Al caer la tarde, El instituyo la Santa Cena.

Leemos: “… Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomo pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mi” (1 Corintios 11:23-24).

Tomo la copa diciendo: “… Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que el venga” (1 Corintios 11:25-26). Él dijo que esta Santa Cena se haría en memoria de Él. Sus palabras fueron: “Haced esto en memoria de mi” (Lucas 22:19).

En consecuencia, todos aquellos que vienen a Cristo y toman sobre si Su nombre por medio del bautismo, tienen la gran responsabilidad de ser dignos de recibir la Santa Cena semanalmente con el propósito de renovar su convenio bautismal y tomar sobre si Su nombre; para renovar su promesa de guardar todos Sus mandamientos, recordarlo, conocerlo y comprender Su grandeza.

Recordar y conocer a Jesucristo es saber que Él es el Jehová del Antiguo Testamento y Jesús el Cristo del Nuevo Testamento. Fue el Hijo espiritual Primogénito de nuestro Padre Celestial y Su Hijo Unigénito en la carne. A Moisés se le dijo: “Y las he creado por la palabra de mi poder, que es mi Hijo Unigénito, lleno de gracia y de verdad.

“Y he creado incontables mundos, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, que es mi Unigénito…”

“… Y hay muchos que hoy existen, y son incontables para el hombre; pero para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco”

“Y Dios el Señor hablo a Moisés, diciendo: Los cielos son muchos, y son innumerables para el hombre; pero para mí están contados, porque son míos. “Y así como dejara de existir una tierra con sus cielos, así aparecerá otra; y no tienen fin mis obras, ni tampoco mis palabras” (Moisés 1:32-33, 35, 37-38).

Piensen solamente en lo que la ciencia y la astronomía dicen sobre la inmensidad del sistema solar y del universo. Nuestro sistema solar esta

centrado en el sol y es uno de los grupos estelares de aproximadamente 100 mil millones de estrellas que rota alrededor de una masa circular llamada la Galaxia de la Vía Láctea, que tiene un diámetro de unos 100.000 años luz. Los astrónomos no pueden ver el extremo del universo, pero las evidencias sugieren que la inmensidad del espacio contiene miles de millones de galaxias a lo largo de unos 5 a 15 mil millones de años luz de distancia del sol. Comparado con esas distancias, nuestro sistema solar ocupa una parte mínima del espacio. El universo es virtualmente incomprensible para el hombre (Véase, Compton’s Living Encyclopedia, “Solar System”). Seguir leyendo

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Aplica la sangre expiatoria de Cristo

Conferencia General Octubre 1997

“Aplica la sangre expiatoria de Cristo”

Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“Hermanos y hermanas, Cristo pago un precio tan enorme y habilitador por nosotros. ¿Aplicaremos Su expiación a fin de pagar el ínfimo precio requerido para nuestro progreso personal?”

Hermanos y hermanas, deseo reiterar y también ampliar y expresar con mayor profundidad los sentimientos de eterna gratitud que exprese en la conferencia de abril.

Con misericordia se me ha concedido lo que podría llamarse “una demora en la ruta”. Ya sea breve o prolongada, es una maravillosa bendición del Señor. Esto me ha enseñado, sin embargo, que hay otro aspecto de la pregunta “¿porque a mí?”, puesto que hay algunos a quienes no se les concede “ninguna demora en la ruta”. No importa cuál sea el aspecto de esa pregunta, lo que necesitamos es una sumisión terrenal, aun cuando no obtengamos de inmediato una explicación divina. Y así, debemos seguir adelante, por cerca o lejos que este nuestro horizonte, mientras nos regocijamos por lo que allí nos espera.

Al llevar a cabo la caritativa Expiación, ciertas cosas fueron totalmente singulares en cuanto a Jesús. Nosotros, los beneficiarios de la gloriosa Expiación con su dádiva de la resurrección universal y también su oferta de vida eterna, no podemos duplicar estas cosas (véase Moisés 6:57-62). Es obvio que, a diferencia de nuestro preciado Salvador, ¡de seguro no podemos expiar los pecados de la humanidad! Más aun, ciertamente no podemos padecer todas las enfermedades, aflicciones y dolores mortales (véase Alma 7:1 1-12).

No obstante, en nuestra menor escala, tal como Jesús nos ha invitado a hacerlo, podemos, en verdad, esforzarnos por ser “aun como [Él es]” (3 Nefi 27:27). Este proceso de arrepentimiento progresivo ocurre cuando realmente tomamos sobre nosotros Su yugo y así nos hacemos merecedores del mayor de los dones de Dios: la vida eterna (véase Mateo 11:29; D. y C. 6:13; 14:7). Es esta última dimensión de la Expiación —más apreciada ahora por mí— sobre la cual me concentrare brevemente.

La vida terrenal nos ofrece innumerables oportunidades de llegar a ser más semejantes a Cristo: primero, al tener que hacer frente satisfactoriamente a es as dificultades de la vida que son “humanas” (1 Corintios 10:13). Asimismo, existen también nuestras tribulaciones individuales tales como las enfermedades, la soledad, las persecuciones, las traiciones, las contradicciones, la pobreza, la calumnia y el amor no correspondido, etc. Si las sobrellevamos bien ahora, “todas estas cosas” serán para nuestro bien y “ennoblecerá[n] grandemente el alma”, e incluso aumentaran nuestra capacidad para sentir regocijo (D. y C. 122:7; 121:42). ¡El sufrir con humildad suele excavar el alma para aumentar esa capacidad! Siento gran admiración por las muchas personas que son espiritualmente superiores a mí y que son ejemplos de esto para todos nosotros. En el mundo venidero, ellos, los más fieles, recibirán de nuestro Padre generoso “todo lo que [El] tiene” (D. y C. 84:38). Y. hermanos y hermanas, ¡no hay más que esto!

Los siguientes ejemplos de la Expiación no se aplican a Jesús sino a todos nosotros, y en Sus propias palabras instructivas y personalizadas sobre la Expiación se encuentra una orientación especial.

Cuando comenzó a sentir el peso enorme de la inminente Expiación, Jesús reconoció: “para esto he venido al mundo” (Juan 18:37). También nosotros, hermanos y hermanas, hemos venido “al mundo” a fin de pasar por nuestra porción particular de la existencia terrenal. Aunque nuestras experiencias no se comparan en absoluto con las de nuestro Maestro, sin embargo, ¡nosotros también estamos aquí para someternos a la experiencia terrenal! El dedicarnos diligentemente a esta “causa” da un significado fundamental a nuestra vida mortal y nos ayuda en gran manera a entrar con fe en ese pabellón de perspectiva: el plan de salvación. Entonces finalizara toda búsqueda del significado de nuestra vida, aun cuando mayores y gloriosos descubrimientos nos esperan. ¡Que lastima que los miembros de la Iglesia a veces nos comportemos como apresurados turistas y nos aventuremos apenas a ir un poco más allá de la entrada!

Ahora bien, a medida que enfrentemos nuestras pruebas y tribulaciones menores, también nosotros podemos suplicarle al Padre, tal como lo hizo Jesús, que no tengamos que “desmayar”, es decir, retroceder o rehuir. (Véase D. y C. l9: 18.) ¡No desmayar es mucho más importante que sobrevivir! Más aun, el beber de una amarga copa sin amargarse es asimismo parte del emular a Jesús. Seguir leyendo

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La ira ya se secó.

Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.

Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar, Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana.

Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían.

Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.

Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota. Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá ¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo.

Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo: Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó ¿Recuerdas lo que dijo tu abuela?

Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil de quitar.

Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo.

Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor. Un rato después sonó el timbre de la puerta.

Era Julia, con una caja en las manos y sin más preámbulo ella dijo: Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?

Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero él se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado. Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo, No fue mi culpa!

¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo en su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo que se había ensuciado de lodo.

Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil.


“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,” Efesios 4:26

“Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.” 3 Nefi 11:29

“Más cuidaos, ¡oh pueblo mío!, no sea que surjan contenciones entre vosotros, y optéis por obedecer al espíritu malo, del cual habló mi padre Mosíah.

Porque he aquí, se ha decretado un, ¡ay! para aquel que quiera obedecer ese espíritu; pues si opta por obedecerlo, y permanece y muere en sus pecados, bebe condenación para su propia alma; porque recibe como salario un castigo eterno, por haber violado la ley de Dios contra su propio conocimiento.” Mosíah 2:32-33

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Enseñemos a los hijos

Conferencia General Octubre 1997
Enseñemos a los hijos
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

“El niño aprende por medio de la guía paciente y de la enseñanza persuasiva; busca modelos para imitar, conocimiento que adquirir, cosas que hacer y maestros que complacer.”

 

En Salt Lake City se perciben en el aire los indicios del otoño; las horas de la luz del día se van acortando y el clima empieza a enfriar, recordándonos a todos que el invierno está a la vuelta de la esquina. Muy pronto estará aquí la época de la Navidad.

Inevitablemente, el espíritu de la Navidad inspira actos de bondad, conmueve los corazones y remonta nuestros pensamientos a ese humilde establo del distante Belén, a una época en que las profecías de los Profetas, tanto en aquella región como aquí en el continente americano, se convirtieron en realidad. Cristo el Señor había nacido.

Muy poco es lo que se ha escrito en cuanto a la niñez de Jesús. Es de suponer que por haber sido Su nacimiento algo de tan excepcional magnitud, este haya tomado el lugar de los relatos de Su niñez. Nos llenamos de maravilla ante la sabia madurez del niño que, alejándose de José y de María, se le encontró en el templo “sentado en medio de los doctores” (1), enseñándoles el Evangelio. Cuando María y José expresaron la preocupación que les había causado Su ausencia, Él les hizo la perspicaz pregunta: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (2).

El Registro sagrado dice en cuanto a El: “… Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (3). Un pequeño pasaje describe Su transición de niño a hombre: El “anduvo haciendo bienes” (4).

El mundo ha cambiado debido a Jesucristo; la Expiación divina se ha llevado a cabo, el precio del pecado se ha pagado y el temible espectáculo de la muerte cede ante la luz de la verdad y la seguridad de la resurrección.

Aunque pasen los años, Su nacimiento, Su ministerio y Su legado continúan guiando el destino de todos aquellos que lo siguen, tal como El tan tiernamente nos exhorto a hacerlo.

Todos los días nacen niños-incluso cada hora-a madres que, tomadas de la mano de Dios, entraron en valle de sombra de la muerte, a fin de dar a luz a un hijo o a una hija para que bendijera una familia, un hogar y, en cierta manera, una porción de la tierra.

Esos inapreciables días de la infancia unen a la madre y al padre al hijo o a la hija; se le advierte cada sonrisa, se le apacigua todo temor y se le satisface el hambre. Paso a paso, el niño crece. El poeta escribió que toda criatura “es una dulce y nueva flor de Humanidad, recién caída de la morada de Dios para florecer en la tierra” (5).

El niño crece en sabiduría y en estatura. El obtener conocimiento y el aprender a hacer las cosas son prioridades que se tienen que atender.

Hay personas que hacen a un lado estas responsabilidades, ya que piensan que estas se pueden posponer hasta que el niño crezca. La evidencia revela que no es así. El momento óptimo para la enseñanza se esfuma; las oportunidades son cada vez más limitadas. El padre que descuida el desempeño de su responsabilidad como maestro tal vez, en años venideros, logre captar una amarga perspectiva de las palabras de Whittier: “De todas las palabras, habladas o escritas, son estas las más tristes: Podría yo haber sido” (6).

El Dr. Glenn Doman, notable autor y afamado científico, reveló toda una vida de investigación en estas palabras: “El recién nacido es casi una copia exacta de una computadora vacía, aunque superior a esta en casi todo sentido… Lo que se ponga en el cerebro de un niño, durante los primeros ocho años de su vida, probablemente permanecerá ahí. Si durante este periodo se le pone información incorrecta en el cerebro, será muy difícil borrarla” (7).

Esta evidencia deberá persuadir a todo padre a efectuar una renovación de propósito: “En los negocios de mi Padre me es necesario estar”. El niño aprende por medio de la guía paciente y de la enseñanza persuasiva; busca modelos para imitar, conocimiento que adquirir, cosas que hacer y maestros que complacer.

Los padres y los abuelos desempeñan la función de un maestro, así como también lo hacen los hermanos mayores del pequeño. A este respecto, presento cuatro sugerencias sencillas para su consideración:

  1. Enseñen la oración,
  2. Inspiren fe,
  3. Vivan la verdad, y
  4. Rindan honor a Dios.

Primeramente, enseñen la oración. “La oración sencilla es de boca infantil, sublime coro en unión de todo el redil” (8). Seguir leyendo

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Capacidad espiritual

Conferencia General Octubre 1997
Capacidad espiritual
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Russell M. Nelson

“Necesitamos un ejemplo, alguien que nos demuestre como se cultiva la capacidad espiritual… he escogido como modelo al presidente Gordon B. Hinckley.”

La Primera Presidencia no les asigna tema alguno a quienes invita para que hablen en la Conferencia General; cada discursante ora en procura de inspiración y se prepara según la luz espiritual que recibe. Yo he tenido la impresión de que debo hablar acerca de la “capacidad espiritual”.

Un versículo de las Escrituras nos abre el camino de la oportunidad. Job dijo: “… Espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” (1). Para aprovechar esa oportunidad, necesitamos mucho más que un simple consejo verbal. Necesitamos un ejemplo, alguien que nos demuestre como se cultiva la capacidad espiritual. Para mi mensaje he escogido como modelo al presidente Gordon B. Hinckley (2). Espero que el me disculpe, ya que no lo hago para adularlo, sino para emularlo. Todos podemos aprovechar su ejemplo a fin de mejorar nuestros propios atributos espirituales.

Este año, mi esposa y yo hemos tenido el privilegio de acompañar a presidente Hinckley y a su esposa a 11 países (3) en los cuales he tenido algunas responsabilidades. Ello nos ha dado la oportunidad excepcional de observarlo de cerca en diversas circunstancias. Sus enseñanzas son siempre inspiradoras y oportunas, deberían estudiarse cuidadosamente y emplearse en forma individual Ellas representan la palabra de Señor a Su pueblo (4).

Pero mi intención no es repasar el contenido de los mensajes del presidente Hinckley, sino concentrarme en sus aptitudes espirituales. Él ha desarrollado muchas, incluso “la fe la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad [y] diligencia” (5).

Su humildad, por ejemplo, es tan sincera que él me haría señalar solamente al Señor Jesucristo como nuestro gran ejemplo (6). ¡Por supuesto que lo es! El Maestro dijo “… Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (7). Nunca debemos olvidarnos de que la norma constante del Salvador es fundamental para cada uno de nosotros.

Pero también podemos aprender mucho de un hombre que ha dedicado toda su vida a parecerse más al Señor. Hace más de 87 años, Gordon B. Hinckley era una criatura en brazos de padres amorosos e imagino que sería un recién nacido como todos los demás. El cuerpo de una criatura es diminuto y sus aptitudes espirituales no se han desarrollado aun. En tanto que su cuerpo puede alcanzar la cumbre de su madurez en pocos años, el desarrollo de su espíritu podría no lograr jamás el máximo de su capacidad, porque no hay límite para el progreso.

La personalidad, los modales y la inteligencia innata del presidente Hinckley han sido siempre sus características personales. Sin embargo, a tales atributos ha sabido agregarles capacidades espirituales que continúan en aumento. Seguir leyendo

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Zapatos pioneros a través de las edades

Conferencia General Octubre 1997
Zapatos pioneros a través de las edades
Mary Ellen Smoot
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Mary Ellen Smoot

“Cuando nos fortalecemos espiritualmente el uno al otro, al desarrollar la fe y el hermanamiento, nos calzamos con los zapatos de los pioneros.”

Hermanos y hermanas, gracias por el tremendo apoyo que prestaron a la reunión general de la Sociedad de Socorro. Una hermana se me acercó y me dijo: “¡Me siento tan emocionada! Estoy esperando sus órdenes; lista para trabajar”. No estoy aquí para dar órdenes; esas las podemos recibir al encontrarnos de rodillas. Pero con el entusiasmo que detecte en su voz, ella podía abordar y resolver cualquier problema familiar, en el barrio o en el vecindario. En todas las organizaciones auxiliares es preciso que aprestemos en círculo los carromatos y nos preparemos para el aumento en el número de miembros.

En la sección 25 de Doctrina y Convenios el Señor le dijo a Emma Smith: “Y de cierto te digo que desecharás las cosas de este mundo y buscaras las de uno mejor” (1). ¿Cuáles son las cosas “de uno mejor”? Los pioneros, tanto los del pasado como los de hoy, nos lo han mostrado. Caminen junto conmigo en los zapatos de varios pioneros y se darán cuenta, como yo lo he hecho, de cómo los santos han desechado las cosas de este mundo y han encontrado “las de uno mejor”.

Tengo en la mano un par de zapatos pioneros hechos por un pionero moderno, el hermano Robert King, mientras servía como misionero en Nauvoo. Él fue el primer miembro de su familia que se unió a la Iglesia, o al menos eso es lo que pensaba. El hermano King y su esposa sirven actualmente como misioneros de historia familiar y, en el curso de su investigación, el descubrió que su bisabuelo Reed y su tío abuelo Abraham se unieron a la Iglesia en 1835. Pero Reed perdió la fe; anduvo errante por senderos des conocidos, y el tierno vástago de la fe murió dentro de él. Esta actitud de abandonar la fe me preocupa. Al viajar y conocer nuevos conversos, con los ojos radiantes de gozo y de paz que les ha brindado su nueva fe, los he visto realizar grandes sacrificios para unirse al redil. Debemos reconocer su sacrificio demostrándoles amor y fortaleciéndolos. Quisiera suplicar a nuestras hermanas que dejen de preocuparse de sí una llamada por teléfono o una visita trimestral o mensual son suficientes, y que, en vez de ello, se concentren en brin dar cuidado amoroso a esas almas tiernas. Tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que la llama del Evangelio continúe viva en el corazón de esas personas. Se nos ha mandado buscar a las ovejas perdidas y ayudarlas a sentir el amor de nuestro Salvador. Tal como dice el élder Neal A. Maxwell: “Es más fácil buscar y ayudar a una oveja cuando las noventa y nueve están seguras en el redil” (2).

Cuando nos fortalecemos espiritualmente el uno al otro, al desarrollar la fe y el hermanamiento, nos calzamos con los zapatos de los pioneros.

Permítanme contarles el resto de la historia del hermano King. Recordaran que la semilla de la fe se había plantado tanto en la vida de su bisabuelo Reed como en la de su tío abuelo Abraham. ¿Qué fue de Abraham? El guardó la fe. Al sentirse parte de esta gran causa, Abraham soportó las persecuciones y las tribulaciones de la migración pionera hacia el oeste. Debido a su dedicación a la causa de Sión, su posteridad cuenta con más de 2.000 miembros de la Iglesia en la actualidad. Seguir leyendo

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Cuidemos de los nuevos conversos

Conferencia General Octubre 1997
Cuidemos de los nuevos conversos
Elder Carl B. Pratt
De los Setenta

Carl B. Pratt

“En la edificación del reino de Dios, todo hecho positivo, todo saludo amigable, toda sonrisa cálida, toda muestra de consideración contribuye a la fortaleza colectiva.”

Mis hermanos y hermanas, les traigo el saludo de los santos del sur de México. Yo nací en ese país, al igual que mi padre y mi abuelo. Aun cuando me crié y me eduqué en los Estados Unidos desde que tenía unos seis años de edad, conserve a lo largo de mi vida un gran cariño y fascinación hacia Latinoamérica, su gente maravillosa y su amplia gama de culturas. Aun cuando de niño siempre fui consciente de mis raíces en México y del papel que desempeñó mi familia en el establecimiento del reino del Señor allí, mi verdadero apego empezó cuando, de joven misionero en Argentina, vi a muchas personas, preparadas por el Espíritu, abrazar con entusiasmo el Evangelio, el cual llenaba su vida de paz y de dicha.

Mi creciente amor no fue solamente hacia Latinoamérica, sino hacia la obra del Señor entre la gente de allí. Por eso, en 1975, con menos de cuatro años de haberme recibido de abogado, no vacile en absoluto cuando me ofrecieron un puesto como asesor legal de la Iglesia en Sudamérica. Acompañados de nuestros tres hijos pequeños, mi esposa y yo nos mudamos a Montevideo, Uruguay. Fuimos bendecidos con cinco hijos más en los años que siguieron, los cuales nacieron en diversos países de América del Sur. Nuestros hijos se criaron en países de habla hispana y cada uno de ellos tiene un profundo respeto hacia la diversidad de su patrimonio cultural e idiomático.

En los pasados 22 años, hemos sido espectadores directos del dinámico despliegue de la obra del Señor en la América Latina. Literalmente, millones de personas se han unido a la Iglesia en estos años, y nosotros la hemos visto crecer de un puñado de estacas a más de 700 en la actualidad. Tenemos seis templos en funcionamiento y cinco más en construcción en esos países. Que época tan maravillosa en la cual vivir y tomar parte en esta gran obra de ser una bendición para los hijos de nuestro Padre. Seguir leyendo

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Cuatro verdades absolutas que proveen una brújula infalible de la moral

Conferencia General Octubre 1997
Cuatro verdades absolutas que proveen una brújula infalible de la moral
Elder Richard B. Wirthlin
De los Setenta

richard-b-wirthlin

“Hay un Padre Celestial amoroso y Su Hijo Jesucristo; existe un adversario, Satanás; por medio del albedrío todos nosotros elegimos nuestro propio camino; las tentaciones del diablo siempre pueden ser vencidas.”

Siendo un joven misionero en Suiza, me impresiono sobremanera el poder que tiene el Evangelio de Jesucristo para cambiar drásticamente la vida de la gente para mejorarla, al conceder a los que siguen los preceptos del Evangelio restaurado la paz mental, la propia estimación y el gozo.

Sentimientos como esos no siempre son fáciles de alcanzar; después de todo, vivimos en un mundo que a menudo es malo y brutal; nuestras sociedades reflejan con demasiada frecuencia la violencia, el odio y la inmoralidad.

Se Previó Nuestro Día

El apóstol Pablo describió nuestro día con precisión en una carta que escribió a Timoteo: “… en los postreros días”, expresó, “vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos… aborrecedores de lo bueno… amadores de los deleites más que de Dios… siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” ( 1 ).

Información Y No Sabiduría

Es evidente que las tensiones y dificultades que nos afligen no pueden atribuirse a la carencia de conocimiento. De hecho, en una publicación reciente del periódico New York Times hay más información que la que una persona común y corriente podía encontrar en toda una vida en la Inglaterra del siglo diecisiete. ( 2 ).

Lamentablemente, el aumento explosivo de la información no ha conducido a que se produzca un aumento similar de la verdadera sabiduría; por ejemplo Medicare (programa de cuidados médicos del gobierno estadounidense, en especial para los ancianos) tiene uno de los bancos de datos más grandes del mundo; a pesar de ello, envió una carta oficial a un ama de casa jubilada en la que explicaba las razones por las que se le suspenderían los beneficios, la cual decía: “Usted no recibirá más beneficios debido a su fallecimiento; si considera que esta información es incorrecta, sírvase comunicarse con la Administración de la Seguridad Social” ( 3 ). Seguir leyendo

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Llamados a servir

Conferencia General Octubre 1997
Llamados a servir
Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

President Boyd K. Packer

“No es apropiado que nosotros decidamos donde habremos de servir ni donde no lo haremos. Servimos donde se nos llame. No importa cuál sea el llamamiento.”

“Oh soles y cielos y nubes de junio, y flores de junio todas no podéis competir una hora al radiante y azul clima de octubre” ( 1 ).

Hace varios años nos hallábamos buscando algo que sirviera de inspiración para una conferencia de presidentes de misión. De una manera muy interesante, lo encontramos en un viejo himnario de la Primaria. Con unas pocas y simples palabras, el himno “Llamados a servir” nos enseña el mensaje que les traigo hoy día:

Somos llamados al servicio,
a dar testimonio de Jesús.
Vamos a un mundo en tinieblas
para proclamar la luz
Dios nos da Sus ricas bendiciones;
somos hijos del eterno Rey.
Alabamos Su divino nombre;
damos gracias por su ley.
Prestos, todos prestos,
cantaremos en unión…
Dios nos da poder;
luchemos en la causa celestial( 2 ).

La buena voluntad de los Santos de los Últimos Días para aceptar los llamamientos para servir es una muestra de su deseo de hacer la voluntad del Señor. Deriva del testimonio personal de que el Evangelio de Jesucristo, restaurado por medio del profeta José Smith y contenido en el Libro de Mormón es verdadero.

Nuestro bautismo es un llamamiento a servir a Cristo por toda la vida. Tal como aquellos en las aguas de Mormón, nosotros somos “bautizados en el nombre del Señor, como testimonio ante el de que [hemos] concertado un convenio con el de que lo [serviremos y guardaremos] sus mandamientos, para que el derrame su Espíritu más abundantemente sobre [nosotros]” ( 3 ).

Pero el aceptar los llamamientos, los cargos, es solo una pequeña parte del servicio que ofrecen los miembros de la Iglesia.

Yo percibo dos tipos de servicio: uno es el que prestamos cuando se nos llama a servir en la Iglesia; el otro es el servicio que voluntariamente damos a quienes nos rodean porque se nos ha enseñado a ser caritativos.

Durante varios años, he venido observando a una querida hermana prestar un servicio mucho mayor que el de cualquier llamamiento para enseñar o dirigir en la Iglesia. Si alguien necesita algo, ella responde; no dice: “Si necesita ayuda, llámeme”, sino: “Aquí estoy; ¿qué puedo hacer por usted?”. Hace muchas cosas sencillas tales como tomar en brazos a una criatura en una reunión o llevar a la escuela a un niño que no haya alcanzado a tomar el autobús. Siempre está atenta para recibir a la gente nueva en la Iglesia y se adelanta a darle la bienvenida.

Su esposo sabe bien que cuando asistan a una actividad en el barrio, ella por lo general le dirá: “Mejor regresas solo a casa. Veo que necesitan ayuda en la cocina para lavar los platos”. Seguir leyendo

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