Conferencia General Octubre 1997
En defensa de la verdad y la rectitud
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles
“El defender la verdad y la rectitud no es algo que hacemos solo los domingos. Día tras día nuestros vecindarios y comunidades necesitan desesperadamente nuestro respaldo y nuestra contribución a la seguridad, la ley y el orden.”
En defensa de la verdad y la rectitud
Es un privilegio, hermanos, dirigirme a ustedes esta noche.
Hermanos, poseer el sacerdocio es más que una gran bendición; lo acompañan enormes responsabilidades tales como velar por la Iglesia; honrar a todas las mujeres, especialmente a nuestra esposa, a nuestra madre, a nuestras hijas y a nuestras hermanas; visitar el hogar de cada miembro, exhortando a cada uno de ellos a “orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares” (1) y a “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (2).
Cuando en las aguas del bautismo hacemos convenio de “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar”, no nos referimos solamente a las reuniones de testimonio. Tal vez no siempre sea fácil, conveniente o socialmente aceptable asumir la defensa de la verdad y la rectitud, pero es siempre lo que debemos hacer; siempre.
Joseph F. Smith tenía 19 años de edad cuando regreso de su misión en Hawai. Una mañana, mientras viajaba desde California hacia su hogar en Utah, le cortó el paso “una carreta llena de hombres borrachos disparando al aire y vociferando insultos contra los mormones”. Uno de ellos “con revolver en mano”, camino hacia él. Pese a estar aterrorizado, Joseph “considero que sería imprudente e inútil salir corriendo … así que avanzo hacia el sujeto como si no encontrara nada fuera de lo normal en su conducta. ‘¿Eres un mormón tal por cuál?’, pregunto airadamente el extraño. Armándose con el mayor valor posible, Joseph miro al hombre en los ojos y respondió con calma: ‘Si, señor; cien por ciento y de pura cepa, de pies a cabeza’. Casi perplejo por la inesperada respuesta del joven, el hombre se detuvo, dejó caer las manos y, tras echar una mirada incrédula a Joseph, le dijo en un tono amigable: ‘Bueno, ¡eres el tal por cual más cordial que he conocido! ¡Venga esa mano! Me alegra conocer a alguien que defiende sus convicciones’. Y sin más, dio vuelta y se fue” (3).
Como poseedores del sacerdocio, tenemos el sagrado deber de siempre defender la verdad y la rectitud. El sacerdocio, según se le define, es la autoridad de Dios dada al hombre para hacer las cosas que Dios haría si estuviera aquí. Eso quiere decir que somos no sólo Sus testigos, sino Sus representantes.
El defender la verdad y la rectitud no es algo que hacemos sólo los domingos. Día tras día nuestros vecindarios y comunidades necesitan desesperadamente nuestro respaldo y nuestra contribución a la seguridad, la ley y el orden. El delito, en todas SUS manifestaciones, es un mal de proporciones mundiales y un gran problema moral el cual inquieta enormemente a los líderes de la Iglesia. El precio social, económico y moral del delito es incalculable. El delito no hace distinción de raza, religión, nacionalidad, edad ni clase social.
El Libro de Mormón nos enseña que las combinaciones secretas entregadas al delito presentan un serio desafío, no solamente a las personas y a las familias, sino a civilizaciones enteras. Entre las combinaciones secretas de nuestra época se encuentran las pandillas, las organizaciones de narcotraficantes y las mafias. Las organizaciones secretas de nuestros días funcionan tal cual lo hicieron los ladrones de Gadiantón en la época del Libro de Mormón; tienen señas y contraseñas secretas; participan en ritos secretos y llevan a cabo ceremonias de iniciación. Entre otras, tienen la finalidad de “asesinar, y robar, y hurtar, y cometer fornicaciones y toda clase de iniquidades en oposición a las leyes de su patria, así como a las leyes de su Dios” (4).
Si no tenemos cuidado, las combinaciones secretas de la actualidad pueden cobrar poder e influencia tan rápida y completamente como lo hicieron las de los días del Libro de Mormón. ¿Recuerdan los ciclos? Las combinaciones secretas empezaban entre “los más perversos” de la sociedad pero terminaban “seduciendo a la mayor parte de los justos” hasta contaminar a la sociedad entera (5).
La juventud actual, así como aquellos de la “nueva generación” (6) en el Libro de Mormón, son los más propensos a caer bajo la influencia de las pandillas. Nuestros jóvenes se ven rodeados por esta realidad. Existe un cierto grupo social que se suscribe a la conducta criminal de los pandilleros por medio de música, estilos de vestimenta, lenguaje, actitudes y conducta. Muchos de ustedes han observado a muchos de sus amigos abrazar ese estilo por considerarlo “de moda” o “de buena onda”, para ser de a poco absorbidos por ese grupo social debido a su identificación con las pandillas. Todos estamos enterados de casos trágicos de jóvenes que, sin sospecharlo, fueron atacados por pandilleros por el simple hecho de vestir prendas con los colores de pandillas rivales y de estar en vecindarios desconocidos. Seguir leyendo






































