Porque yo os guiaré

Conferencia General Abril 1988
«Porque yo os guiaré»
por el élder Neal A. Maxwell
del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. MaxwellEstamos en esta vida terrenal y tenemos que seguir adelante con valor; no hay otro camino. Nuestro Salvador nos ha dicho: «. . . tened buen ánimo».

Gracias, presidente Benson, por su exhortación sobre el primer mandamiento y más aun por la forma en que lo pone en práctica por medio de sus expresiones de amor hacia todos nosotros.

Hermanos, a lo largo de la historia cristiana, al concentrarse en unas pocas profecías y pasar por alto otras, algunos creyentes han esperado prematuramente la Segunda Venida. Hoy en día, si bien nos encontramos evidentemente mas cerca de ese momento~0 corremos el peligro de hacer lo mismo.

Por otro lado, la indiferencia es también un gran peligro. Del primer advenimiento de Jesús, el escéptico dijo: » . . . no es razonable que venga tal ser como un Cristo» (Helamán 16: 18). De su segunda venida, Jesús dijo:

«Mirad. . . [no sea] . . . que . . . venga de repente sobre vosotros aquel día   » (Lucas 21:34-35; véase también Mateo 24:37-38; Apocalipsis 3:3; D. y C. 45:26.)

Pedro escribió de los escépticos que dirían: «¿Dónde esta la promesa de su advenimiento?», porque, ¿no es que «todas las cosas permanecen así como desde el principio»‘? (2 Pedro 3:4).

Algunas profecías, como la del regreso del pueblo judío a Israel, se adelantaron décadas a su cumplimiento (véase Ezequiel 39:27). Otras profecías pueden cumplirse en un corto periodo de tiempo. El llevar el evangelio restaurado «para testimonio» (Mateo 24: 14) a todas las naciones del mundo supone generaciones, pero «una plaga asoladora» podría desatarse velozmente en la tierra (véase D. y C. 5: 19). Es lamentable, pero ya existe mas de una posibilidad de esas plagas (véase Marcos 13:10; D. y C. 5: 19). Si bien el florecimiento del desierto «como la rosa» tardó mucho tiempo, una considerable decadencia moral podría acontecer en una sola generación: ya sea en una nación o en una familia (véase Isaías 35:1; Helamán 6:32; 11:36; 12:4).

El Medio Oriente ha sido tantas veces el centro de la historia humana; y aun ahora las palabras de Zacarías son especialmente descriptivas al decir que Jerusalén será la «copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor» y «piedra pesada a todos los pueblos» (Zacarías 12:23).

Por eso es preciso observar mas que el brote de las hojas de la higuera para saber si el verano esta cerca (véase Mateo 24:32). Por analogía, una cosa es observar las bravas olas del mar que se estrellan contra las arenas de la playa al anunciar que viene tempestad y otra, muy distinta, advertir los enérgicos movimientos del fondo del mar que anuncian un espantoso maremoto.

En el contexto de esas advertencias, no vacilo en decir que hay algunas señales-aunque ciertamente no todas-que indican que «el verano esta cerca» (Mateo 24:32). Haríamos bien en advertirlo y reflexionar en ello, pero sin preocuparnos demasiado y sin dejar de observar el brote de las hojas por estar «cargados de los afanes de esta vida» (Mateo 24:32; Lucas 21:34). Seguir leyendo

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No son en verdad felices

Conferencia General Octubre 1987
No son en verdad felices
por el obispo Glenn L. Pace
Segundo Consejero en el Obispado Presidente

Glenn L. Pace«No confundamos el placer telestial con la felicidad y el gozo celestiales. No confundamos la falta de autodominio con la libertad. La libertad total sin restricciones nos hace esclavos de nuestros apetitos. No envidiemos un vivir degradado.»

Deseo conversar sinceramente con vosotros, jóvenes del Sacerdocio Aarónico, particularmente con los que de entre vosotros hayáis venido a esta reunión a regañadientes y a los que quizás ni habríais venido si vuestros padres o lideres del sacerdocio no os hubieran amenazado un poco o recompensado de alguna manera.

Cuando nuestros hijos eran pequeños y nos dirigíamos a las reuniones de la lglesia, de vez en cuando veíamos pasar un vehículo que remolcaba una lancha. Mis hijos se quedaban mirándolos con las naricitas pegadas al vidrio del auto y me preguntaban: «Papa, ¿por qué no vamos a esquiar al lago en vez de ir a la iglesia?»

A veces, me salía por la tangente y solo les decía: »Bueno, porque no tenemos lancha». Pero en mis días de mayor sensatez, reunía toda la lógica y la espiritualidad de que disponía como patriarca de la familia y procuraba explicarles cuanto más felices éramos nosotros porque participábamos en las actividades de la Iglesia.

Comprendí que no me habían entendido cuando, mas adelante, un domingo, al ver a los de una familia que reían muy contentos mientras cargaban sus esquís en su vehículo, uno de mis hijos adolescentes me dijo, riendo socarrón: »Esos no son en verdad felices, ¿no es así, papa?» Ahora decimos eso en broma cada vez que vemos a alguien haciendo algo que nosotros no podemos hacer. Cuando veo a un adolescente conduciendo un bonito y costoso auto deportivo, digo a mis hijos: »Allí va un tipo muy desdichado».

Vosotros, jóvenes, estáis creciendo en un mundo muy difícil y confuso. Actividades siempre prohibidas por el Señor, y durante mucho tiempo condenadas por la sociedad, son ahora aceptadas y fomentadas por esa misma sociedad. Los medios de difusión las hacen parecer muy apetecibles. Agreguemos a la aceptabilidad y a lo apetecible el poder de la influencia de los amigos y tenemos una situación extremadamente peligrosa. Seguir leyendo

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Al servicio del Señor

Conferencia General Octubre 1987
Al servicio del Señor
por el élder Douglas J. Martin
del Primer Quórum de los Setenta

Douglas J. Martin«Tanto esos matrimonios misioneros como nosotros mismos vamos descubriendo un nuevo propósito y sintiendo mas satisfacción en nuestra vida.»

Mis queridos hermanos, hacen varios años, en una conferencia general, oí al presidente Spencer W. Kimball exhortar a los matrimonios mayores, ya con todos sus hijos casados o independientes, a despegarse un poco de ellos y de sus nietos por un año o dos para servir a nuestro Salvador Jesucristo en el campo misional. Eso me impresiono mucho y en cuanto llegue a mi casa, en Nueva Zelanda, se lo conté a mi esposa.

Al hacer nuestros planes para servir, decidimos que yo me jubilaría un poco antes de tiempo, o sea, cuando yo cumpliera sesenta años en abril de 1987. Se lo dijimos a nuestros hijos, quienes, si bien no dijeron mucho al respecto, acataron nuestros deseos y nos apoyaron. También informe a mis socios con tres a cuatro años de anticipación.

Al acercarse 1987, nuestros planes iban marchando bien. Yo esperaba dedicar unos meses a las agradables actividades con que había sonado desde hacia años, pensando que más adelante llegaría nuestro llamamiento a la misión.

Pero un día de fines de marzo de este año,  se me comunicó por teléfono que debíamos asistir a la conferencia general de Salt Lake City antes de la fecha de jubilación fijada en abril. [En esa fecha recibió el llamamiento al Quórum de los Setenta y mas adelante se lo llamo como consejero de la presidencia de área.]

¡Cuánto agradecemos haber prestado oído a la inspiración del Espíritu tras escuchar al presidente Kimball hace ya varios años.

Debe de haber en muchos países, en la lglesia en la actualidad, matrimonios de nuestra edad, de circunstancias parecidas o iguales a las nuestras que estén recibiendo la misma inspiración del Espíritu Santo. Al recibirla, recordad la promesa que recibió el profeta José Smith: «Y ahora, de cierto, de cierto te digo: Pon tu confianza en ese espíritu que induce a hacer lo bueno ‘ (D. y C. 11: 19).

Desde hace sólo un mes, mi esposa y yo estamos en el servicio del Señor trabajando en las islas de las Filipinas. Micronesia y Guam, y nuestra vida ha cambiado totalmente. Hemos pasado del invierno al verano en sólo doce horas. Del cordero de Nueva Zelanda al pescado delicioso que llaman lapu lapu. Aun nos resultaba distinto el delgado y moreno presidente de estaca filipino que me dijo: «Tengo la misma edad que usted, élder Martin».

Poco después de llegar a las Filipinas, nos dirigimos a nuestra primera conferencia de estaca, a unos cien kilómetros hacia el norte. Por el camino, vimos la pobreza de muchas de esas encantadoras gentes, lo cual también era nuevo para nosotros y nos dio mucha tristeza. Nos hospedamos en un pequeño hotel de ese distante pueblo y no tardamos en descubrir que carecía de muchas de las comodidades a que estabamos habituados. Pero, después, cuando entramos en los inmaculados jardines de la capilla, recobramos nuestro animo. Los miembros, vestidos impecablemente, nos saludaron con cariñosos apretones de manos. Ya no éramos »extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:19) Poco después vería entre los filipinos un ejemplo inolvidable y maravilloso.

Al avanzar frente a la hilera de manos que nos saludaban, una mujer joven extendió tímidamente el brazo. Al saludarla, me di cuenta que no tenía manos intercambiamos una sonrisa y seguimos adelante. Después, volví a ver a esa hermana y a su marido cuando los invitaron a hablar. Esta joven pare ja se había casado hacia unos dieciocho meses en el Templo de Manila. Cuando ella se puso de pie, advertí que aparte de haber nacido sin manos, tenia una pierna artificial. Al dirigir la palabra, contaron la notable historia de sus vidas.

Supimos entonces que ella era hija del presidente de la estaca. Pese a lo que para otras personas hubiera sido un impedimento -pero que para ella solo fue una dificultad- esa joven había cumplido una misión proselitista Describió de un modo muy bello los sentimientos que experimentó al ir a casarse al Templo de Manila. En su discurso, puso de manifiesto una madurez en la comprensión del evangelio y una humildad en verdad extraordinaria.

Luego habló su esposo y contó que a los dos meses de estar en el campo misional le había escrito una carta a ella, su novia, y luego otra, hacia el fin de su misión, en la que le expresaba su deseo de casarse con ella en el Templo de Manila al volver a casa. No tuvieron ninguna duda ni habían cambiado de parecer al estar separados sino que, por el contrario, para ellos dos creció su comprensión del significado y bendición del matrimonio en el templo. Cuando con orgullo nos mostraron su bebé después de la conferencia y al considerar lo que había logrado cl joven matrimonio, recordé las palabras del Salvador: «Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan». (Lucas 11:28).

Desde entonces hemos visitado diversas islas y sitios de las Filipinas, y en todas partes encontramos matrimonios misioneros, algunos de los cuales son mayores que nosotros. Hay allí un matrimonio de Fremont, California, que trabaja en lejana Vigan; son los Johnson, que se bautizaron en la Iglesia hace sólo unos pocos años. En Vigan, el carabao, o búfalo de la India,  y los triciclos motorizados son prácticamente los únicos medios de transporte, pero los Johnson tienen una excelente actitud.

Cada vez que conozco a matrimonios misioneros, me lleno de amor y respeto s hacia ellos por su humildad y deseos de ayudar a los miembros filipinos. Todos ellos consideran su misión una de las grandes oportunidades de servir al Maestro Siempre nos preguntan cuantos nietos tenemos. Les decimos que tenemos ocho, número que queda empequeñecido cuando nos dicen «Nosotros tenemos 16 ó 23, ó 27» y casi siempre añaden: »Y hay dos que no conocemos aun». Aunque echan de menos a sus familiares y a sus nietos, no se quejan, sino que están contentos ante la expectativa del reencuentro Mientras tanto, recién todo el amor que pueden absorber de los fieles miembros filipinos.

Tanto esos matrimonios misioneros como nosotros mismos vamos descubriendo un nuevo propósito y sintiendo mas satisfacción en nuestra vida. La sección 4 de Doctrina y Convenios va adquiriendo mas significado para nosotros. Esta dice:

»De modo que, si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra; pues mirad el campo, blanco esta ya para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí, de modo que no perece, sino que trae salvación a su alma » (D. y C. 4:3-4.)

Ruego que los matrimonios que ya no tengan hijos en casa presten atención y obedezcan al Espíritu que insta a prepararse para servir al Señor en el campo misional. Sé que esta es la Iglesia del Señor, que José Smith fue un profeta de Dios, que el presidente Ezra Taft Benson es el Profeta de Dios en la tierra hoy en día. Estoy agradecido por ser miembro de la Iglesia y por todas las bendiciones que el serlo ha traído a mi vida y a la de mi familia.

En el sagrado nombre de Jesucristo Amén.

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El Libro de Mormón

Videos del Libro de Mormón


El Libro de Mormón

  • 0:00:00 — El Señor manda a la familia de Lehi abandonar Jerusalén | 1 Nefi 1–2
  • 0:17:36 El Espíritu guía a Nefi para obtener las planchas de bronce |1 Nefi 3–5
  • 0:42:27 La casa de Ismael se une a la familia de Lehi | 1 Nefi 7
  • 0:54:01 Lehi ve una visión del árbol de la vida | 1 Nefi 8
  • 1:06:09 El Señor guía el viaje de Lehi | 1 Nefi 16
  • 1:21:36 El Señor manda a Nefi a construir un barco | 1 Nefi 17–18
  • 1:35:59 La familia de Lehi navega a la tierra prometida | 1 Nefi 18
  • 1:48:04 Lehi da a su familia una bendición final | 2 Nefi 1–4
  • 2:01:03 Los nefitas se separan de los lamanitas | 2 Nefi 5
  • 2:08:29 Jacob enseña sobre la expiación de Jesucristo | 2 Nefi 6–10
  • 2:15:30 Nefi explica la doctrina de Cristo | 2 Nefi 31–32
  • 2:19:55 Nefi registra su testimonio final | 2 Nefi 33
  • 2:21:23 Jacob enseña acerca del orgullo y la castidad | Jacob 2–3
  • 2:32:06 Sherem niega a Cristo | Jacob 7
  • 2:37:36 Enós clama con potente oración | Enós 1
  • 2:43:12 El rey Benjamín se dirige a su pueblo | Mosíah 1–5
  • 3:00:14 Abinadí testifica de Jesucristo | Mosíah 11–18
  • 3:24:53 Alma, hijo, se convierte al Señor | Mosíah 27; Alma 36
  • 3:35:19 Alma predica la palabra de Dios | Alma 4–7
  • 3:44:54 Alma y Amulek son librados por el poder de Dios | Alma 8–15
  • 4:07:01 Ammón sirve y enseña al rey Lamoni | Alma 17–19
  • 4:29:17 Alma y Amulek enseñan sobre la fe en Jesucristo | Alma 31–34
  • 4:48:17 Alma aconseja a sus hijos | Alma 36–42
  • 5:04:23 Moroni invita a todos a venir a Cristo | Mormon 8–9; Moroni 1, 10

  • 0:00:13 — Jesucristo se aparece en la antigua América 3 Nefi 8–11
  • 0:16:30 Jesucristo enseña y da poder para bautizar 3 Nefi 11–12
  • 0:23:13 Jesucristo enseña cómo vivir la ley mayor 3 Nefi 12–14
  • 0:33:52 Jesucristo testifica sobre un solo redil y un pastor 3 Nefi 15–16
  • 0:39:23 Jesucristo y los ángeles ministran con compasión 3 Nefi 17
  • 0:50:58 Jesucristo establece la Santa Cena 3 Nefi 18
  • 1:01:23 Los discípulos ministran y Jesucristo ora por Su pueblo 3 Nefi 19
  • 1:08:30 Jesucristo profetiza sobre el recogimiento de Israel 3 Nefi 20–23
  • 1:19:40 Jesucristo declara el nombre de Su Iglesia y Su doctrina 3 Nefi 27

Diálogos sobre El Libro de Mormón

Miembros de la facultad de religión de la Universidad Brigham Young discuten sobre los escritos y enseñanzas de los profetas del Libro de Mormón, cubriendo varios capítulos del Libro de Mormón en media hora.


Guerreros Justos – John Bytheway

Guerreros Justos: Lecciones de los capítulos de guerra del Libro de Mormón – John Bytheway ¿Hay lecciones espirituales en estos capítulos? ¡Claro que sí! En este discurso de la semana de la educación, John Bytheway, profesor de BYU, nos enseña poderosas lecciones espiritulaes en los capítulos de guerras del Libro de Mormón.

Acompáñanos a descubrir, junto con Moroni, Helamán, Alma, Lehi, Teancum, y muchos otros personajes, las grandes ensenanzas que tienen para nosotros el Libro de Mormón. También aprenderemos de algunos profetas modernos, como Spencer W Kimball, James E Faust, Harold B Lee y Gordon B Hinckley.


Heroes del Libro de Mormón

John Bytheway hace que el Libro de Mormón cobre vida! Ideal para las clases en la Noche de Hogar, conferencias de jóvenes, y la preparación misional, nos invita a todos a leer no sólo el Libro de Mormón, sino para descubrir la aventura, la emoción, la inspiración, y sobre todo las doctrinas de Cristo encontrado en sus páginas.

De la obediencia de Nefi a la valentía de Alma a la fe de la esposa del rey Lamoni, Heroes: Lecciones del Libro de Mormón es una visita obligada para cualquier persona que quiera fortalecer su testimonio y obtener una apreciación más profunda de lo que Juan Bytheway llama «el más emocionante libro que tengo. «


El Libro de Mormón

Esta Página está diseñado para ayudar a los maestros y estudiantes del evangelio. El formato está configurado para proporcionar más información sobre los temas más importantes en cualquier capítulo de las Escrituras. Se proporcionan citas específicas de las Autoridades Generales para confirmar la validez de la doctrina que se enseña y para proporcionar buenas citas para su uso en clases y charlas.


“Guiados por la fe
Documental del Libro de Mormón”

Filmado en el centro de rodaje en el Medio Oriente, Guiados por la fe hace una crónica del valor y la fe de la familia de Lehi con el lente de la cámara y las percepciones de eruditos de un amplio rango de entornos y formación. La película muestra la tierra de Nahom, donde Ismael fue enterrado, y la ubicación más probable para Abundancia, donde Nefi construyó su barco. Profundo e inspirador, Guiados por la fe muestra cómo Dios moldeó a la familia de Lehi en el desierto para que llegaran a ser un nuevo pueblo de Dios.


Viaje de Fe — El Nuevo Mundo.

Continuación del aclamado documental Guiados por la Fe, esta asombrosa película presenta los interesantes comentarios de 32 expertos mientras continúa el viaje a través de la historia del Libro de Mormón, a lo largo de sus mil años dejándonos conocer mejor este texto sagrado. Las descripciones de Mormón de la tierra, la historia religiosa, su cultura y tradiciones crean un fascinante mosaico. Hermosas imágenes filmadas en Guatemala y México combinadas con el arte de Joseph Brickey iluminan la rica historia del Libro de Mormón.


Enseñanzas del Libro de Mormon — Hugh Nibley

VOLUMEN 2
VOLUMEN 3
VOLUMEN 4

Guía de estudio del Libro de Mormón
Haciendo las cosas preciosas simples

Título de Capítulo Escrituras asociadas
1. Introducción al Libro de Mormón: la clave de nuestra religión  
2. Revelación, obediencia, y las planchas de bronce 1 Nefi 1-7
3. El significado del árbol de la vida 1 Nefi 8-12; 15
4. La visiones proféticas de Nefi 1 Nefi 12-14
5. El viaje al Nuevo Mundo 1 Nefi 16-22.
6. Las bendiciones finales de Lehi y sus enseñanzas 2 Nefi 1-2
7. José y La Restauración; Los nefitas salen 2 Nefi 3-5
8. Las primeras enseñanzas de Jacob 2 Nefi 6-10
Interpretando a Isaías 1 Nefi 20-21; 2 Nefi 7-8 (Isaías 48-51J
9. Isaías en el Libro de Mormón 2 Nefi 11-24 (Isaías 2-14)
10. Las profecías de Nefi 2 Nefi 25-30
11. La doctrina de Cristo 2 Nefi 31-33
12. Las enseñanzas de Jacob en el Templo Jacob 1-4
13. La alegoría de Zenós de los olivos Jacob 5-7
14. La oración personal y la precognición de Dios Enós; Jarom; Omni; las palabras de Mormón
15. El sermón final del Rey Benjamín Mosíah 1-3
16. La gran conversión del pueblo Mosíah 4-6
17. Zeniff y Noé en la tierra de Nefi Mosíah 7-11
18. El mensaje de Abinadí y su muerte Mosíah 12-17 (Isaíah 53)
19. La esclavitud de los nefitas y la liberación Mosíah 18-24
20. Alma, hijo y su conversión Mosíah 25-28; Alma 36
21. El principio del reinado de jueces Mosíah 29; Alma 1-4
22. La lista de asuntos espirituales de Alma Alma 5-7
23. Alma y Amulek en Ammoníah Alma 8-12
24. El sacerdocio, la persecución, y la profecía Alma 13-16
25. Las misiones de los hijos de Mosíah Alma 17-22
Geografía del Libro de Mormón Alma 22
26. Los anti-Nefi-lehitas Alma 23-29
27. Korihor y los zoramitas Alma 30-31
28. Nutriendo al mundo con fe Alma 32-35
29. Las cartas de Alma para sus hijos Alma 36-39
30. El gran plan de felicidad Alma 40-42
31. El Capitán Moroni y las causas de la guerra Alma 43-52
32. Los guerreros de Helamán y las cartas Moroni- Pahorán. Alma 53-63
33. Ascenso de los Gadiantones Ministerio de Nefi y Lehi.. Helaman 1-5
34. El Ciclo de Orgullo de los Nefitas Helaman 6-12
35. Samuel el Lamanita Helaman 13-16
36. Nefi se Va; Nace Cristo 3 Nefi 1-7
37. Muerte de cristo y Aparición a los Nefitas 3 Nefi 8-11
38. Cristo Enseña las Bienaventuranzas a los Nefitas.. 3 Nefi 12-14
39. Cristo Sana, Bendice y Ora 3 Nefi 17-19
40. Cristo Enseña acerca de la Reunión 3 Nephi 16, 20-21
41. Cristo Expone sobre las Escrituras 3 Nefi 22-26
42. Cristo Organiza la Iglesia y Parte; La indescenso de Sión hacia la Destrucción 3 Nefi 27-30; 4 Nefi
43. Vida y Enseñanzas de Mormón Mormón 1-6; Moroni 9
44. Moroni Termina el Registro de su Padre Mormón 7-9
45. El Hermano de Jared Ether 1-6
46. Los Jareditas en la Tierra Prometida Ether 7-15
47. Ordenanzas y Procedimientos de la Iglesia Moroni 1-6
48. Testimonio Final de Moroni Moroni 7-8,10

Tu estudio de — El Libro De Mormón

Tu estudio de — El Libro De MormónPrimera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón
David J. Ridges Con Joaquín Fenollar

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Dar un salto hacia su futuro

Agosto 2016
Dar un salto hacia su futuro
Por Miriam Bay
Servicios de Autosuficiencia de la Iglesia

Una idea, un trampolín elástico y el deseo de ayudar impulsó a una niña de once años hacia grandes lecciones de autosuficiencia y de servicio.

jumping on the trampolineLa mayoría de los niños de once años están atareados con la escuela, las tareas de la casa y las actividades con los amigos; pero Alexandra C., del estado de Durango, México, no era la típica niña de once años. Además de todas las cosas normales que hacen los niños a esa edad, Alexandra estaba ganando dinero con su propio negocio y prestando servicio en su comunidad.

¿Cómo es que una niña tan joven inicia su propia compañía?

A partir de una idea

Todo empezó cuando Alexandra oyó hablar de unas clases que la Iglesia brinda para ayudar a las personas a ser autosuficientes. El grupo era principalmente para personas mayores de dieciocho años, pero Alexandra estaba decidida a formar parte de él. Le encantaba la idea de aprender la manera de obtener un empleo o de empezar su propio negocio.

¿Podía ser que ella, una niña que todavía iba a la escuela primaria, no solo construyera su propio futuro, sino que también ayudara a personas que tenían aun menos que ella? Después de todo, muchos de los miembros de la Iglesia que ella conocía en la ciudad donde vivía tenían poca formación académica y escasos recursos.

Alexandra se unió a un grupo llamado “Cómo iniciar y hacer crecer mi negocio”, uno de los tres temas que se enseñaban. En vez de que la enseñanza estuviese a cargo de un maestro, el grupo lo dirigía un facilitador, un miembro del grupo que guiaba a los demás a lo largo del curso y fomentaba la participación. Alexandra se reunió con su grupo cada semana durante tres meses. Seguir leyendo

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Arraigados en Cristo

Agosto 2016
Arraigados en Cristo
Por el élder L. Whitney Clayton
De la Presidencia de los Setenta

L. Whitney ClaytonEn este artículo y en el próximo, el élder Clayton y su esposa, Kathy, testifican del Salvador y de la capacidad que Él tiene para ayudar a los hijos de Dios a alcanzar su potencial eterno.

En el libro de Juan se encuentra una de las escenas más inquietantes de todas las Escrituras. Ocurrió después de que el Salvador hubo sufrido la agonía incomprensible por nuestros pecados y debilidades humanas en el jardín de Getsemaní (véase D. y C. 19:15–18).

Esa escena también es posterior a Su entrega y arresto, y ocurrió después de la noche de humillaciones y de maltrato físico que sufrió a manos de los líderes de los judíos; fue después de que los soldados romanos que actuaban bajo la dirección de Poncio Pilato lo azotaran brutalmente; y después de que le clavaran la corona de espinas sobre la cabeza.

tree and ChristPilato llegó a la conclusión de que Jesús no había hecho nada que mereciera la crucifixión y ordenó que fuese flagelado, una forma de castigo físico extremo, pero que por lo general no era fatal. Quizás Pilato esperaba que al torturar y humillar al Salvador de tal manera, convencería a los líderes de los judíos de que a Jesús se le había enseñado una terrible y dolorosa lección y se lo había expuesto como un ejemplo ante los demás. Tal vez esperaba despertar un cierto sentido de misericordia en ellos. Por lo tanto, después de la flagelación, Pilato ordenó que se llevara a Jesús ante la vista del público.

“¡He aquí el hombre!”

“Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

“Y cuando le vieron los principales sacerdotes y los guardias, dieron voces diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros y crucificadle, porque yo no hallo delito en él” (Juan 19:5–6).

Pese a lo sumamente importante que es el resto del relato, me detengo en las palabras de Pilato: “¡He aquí el hombre!”.

La súplica de Pilato fue profundamente irónica; la apariencia física de Jesús en ese momento estaba desfigurada, pero no había habido hasta ese momento, y no ha habido desde entonces, ningún hombre ni ninguna mujer que mereciera ser más contemplado. Su vida fue perfecta; no tuvo parangón. Nadie había vivido como Él, ni nadie lo haría; poseía todas las virtudes en su forma perfecta.

El Salvador tenía un poder de autocontrol total; Sus emociones y Sus sentimientos eran perfectos, al igual que lo eran Sus pensamientos; Su entendimiento era ilimitado. Él era el único verdaderamente digno de ser contemplado —desde toda perspectiva— y de ser examinado, medido y adorado. Nada de lo que se viera en Su mente, corazón y sentimientos pudo ni podría ser una decepción. Su apariencia no lo reflejaba en ese momento, pero Jesús era la personificación de la vida en abundancia.

De manera que no fue la apariencia que Él tenía en el momento de Su sufrimiento lo que debemos recordar principalmente (véase Isaías 53:2); fue lo que Él era dentro de ese tabernáculo físico lastimado lo que significó absolutamente todo para todos nosotros. Lo que Él era hizo posible lo que llevó a cabo. Es la magnificencia de lo que Él era lo que atrae nuestra atención.

Lo que debemos ver al oír las palabras “he aquí el hombre” es Su triunfo culminante sobre las fuerzas del mal, a pesar de que entonces no pareciera ser una victoria en lo absoluto. Fue Su perfecta calma en el centro de la tormenta más violenta que sufriría ser humano alguno. Todo recurso diabólico inventado por el enemigo se había desatado o pronto se desataría en contra de Él. Él los superó y conquistó todos. Se presentó ante Pilato en perfecta paz y compostura.

Su dominio sobre los elementos físicos del mundo y de las condiciones de la humanidad se manifestó sin lugar a dudas. Ejerció el mando sobre los espíritus malignos; sanó al enfermo, dio la vista al ciego y el oído al sordo; restauró la vida a los muertos, entre ellos a los niños que devolvió a sus padres. Percibió los pensamientos y sentimientos de todos; perdonó pecados y limpió a leprosos. La noche antes de la escena con Pilato, tomó sobre Sí el peso de los pecados, los dolores, las enfermedades y las flaquezas de toda la humanidad. Irónicamente, incluso sufrió por los pecados de los que en ese momento lo maltrataban.

En verdad, “¡He aquí el hombre!”. Él es el Hijo del Dios viviente; Él es el ejemplo de vida, el que fue enviado para mostrar el camino y para ser el Camino. Él es “el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14:6) para todos nosotros. Con esas palabras: “¡He aquí el hombre!”, Pilato expresó, sin saberlo y sin querer, la fórmula sencilla para alcanzar los objetivos más sublimes de la vida. Seguir leyendo

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Ser mujer: Una perspectiva eterna

Agosto 2016
Ser mujer: Una perspectiva eterna
Por Sharon Eubank
Directora de LDS Charities
Tomado de un discurso pronunciado en la Conferencia de FairMormon el 8 de agosto de 2014 en Provo, Utah, EE. UU.

Deseo decir públicamente que, en mi experiencia, mi vida es abundante y noble e infinitamente mejor como mujer gracias al evangelio de Jesucristo.

women in Relief Society Hace muchos años, una amiga y su esposo estaban llevando a cabo una capacitación de líderes en una zona rural de Ghana, después de la cual una mujer se le acercó y con mucha emotividad le dijo: “Esta es una iglesia para mujeres”. Mi amiga le preguntó lo que quería decir, a lo cual, en esencia, respondió: “Tenemos la gloriosa Sociedad de Socorro que nos enseña en cuanto a cosas espirituales y a cosas cotidianas que bendicen a nuestra familia y a nosotras mismas. Al mismo tiempo, su esposo está en el salón contiguo enseñando a nuestros esposos que deben tratar a sus esposas e hijos con amabilidad y benignidad. Tenemos el templo, por lo que mis hijos que han muerto serán míos para siempre. Todo lo que quiero lo he encontrado en esta Iglesia. Esta es una iglesia para mujeres”.

¿Es esta una iglesia para mujeres? Con unas pocas excepciones interesantes, mi experiencia personal ha sido mayormente una que me ha otorgado poder; así que en vez de responder la pregunta, simplemente me voy a basar en lo que he visto alrededor del mundo. No soy erudita, ni académica, ni la portavoz de la Iglesia, pero deseo decir públicamente que, en mi experiencia, mi vida es abundante y noble e infinitamente mejor como mujer gracias al Evangelio y a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Lejos de ser restrictiva y conservadora, la doctrina de la Iglesia en cuanto a la función de la mujer en la familia, la Iglesia, la comunidad, la nación y el templo —y la forma en que el hombre y la mujer interactúan y se relacionan en conjunto— es la doctrina más moderada, poderosa, clara e innovadora que jamás he escuchado expresar. De manera que les digo a mis hermanas que lo que anhelan como mujeres, como cristianas, como personas intelectuales, como seres eternos, se encuentra aquí en la doctrina de Jesucristo y en la práctica de esa doctrina en la Iglesia.

La doctrina de Dios tiene igualmente por responsables al hombre y a la mujer

El evangelio de Jesucristo se aplica tanto al hombre como a la mujer, y la doctrina de Dios tiene igualmente por responsables a ambos; no hay una doble moral. Dios no tolera la pornografía, el adulterio, el maltrato, el abandono, la negligencia, la desigualdad ni la opresión, independientemente de cuál sea nuestro sexo.

Esa doctrina también nos brinda el conocimiento de dónde vinimos, por qué estamos aquí y hacia dónde vamos. Nos da la comprensión de nuestra condición de ser mujer y de ser hombre, así como también de la función que tenemos como hijas e hijos, hermanas y hermanos, esposas y esposos, y madres y padres1.

El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Los profetas han revelado que primero existimos como inteligencias y que Dios nos dio forma, o cuerpos en espíritu, llegando así a ser Sus hijos procreados en espíritu: hijos e hijas de padres celestiales”2. La inteligencia siempre ha existido (véase D. y C. 93:29).

Soy mujer, y dicho género va acompañado de ciertos atributos y responsabilidades.

Soy hija. Esa función define quién soy en relación con la Deidad. Tengo padres divinos y tengo el derecho, como hija, de comunicarme con el Padre Celestial mediante la oración y recibir revelación por medio del Espíritu Santo3.

Soy hermana. Esa función significa que soy cristiana, miembro de la Iglesia, hermana en el Evangelio, discípula, y que he hecho convenios de que me sacrificaré y me consagraré, prestaré servicio y seré líder.

Posiblemente también tenga la oportunidad en esta vida de ser esposa, pero si no en esta vida, definitivamente en la próxima. Esa función es quien soy en relación a un compañero a quien he elegido como igual, un esposo. Aunque no somos iguales —ya que nadie tiene la combinación de dones y características que yo tengo o que él tiene— hacemos uso de nuestros atributos complementarios para tratar de llegar a ser uno. La palabra sellamiento es una excelente descripción del potencial unificador eterno de un matrimonio establecido mediante la autoridad del sacerdocio en un templo.

La función de madre es quien soy en relación con mi progenie. Ya sea que en realidad llegue a tener esa función en esta breve temporada sobre la tierra, o después, la promesa de una familia eterna se hace a los matrimonios que son sellados en el templo y por el Santo Espíritu de la promesa (véase D. y C. 132:19). Seguir leyendo

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Cómo ayudar a los jóvenes a enseñar

Agosto 2016
Enseñar a la manera del Salvador:
Cómo ayudar a los jóvenes a enseñar
Por Brian K. Ashton
Segundo Consejero, Presidencia General de la Escuela Dominical

Brian K. AshtonEs preciso que los jóvenes enseñen y, con algo de ayuda, lo harán bien.

Los jóvenes tienen que enseñar. El Señor lo aclaró bien cuando explicó los deberes del presbítero:

“El deber del presbítero es predicar, enseñar, exponer, exhortar, bautizar y administrar la santa cena” (D. y C. 20:46; cursiva agregada).

youth teachingUnos versículos más adelante vemos que el Señor también extiende a los maestros y a los diáconos el deber de enseñar y el de exponer (véase D. y C. 20:58–59). La verdad es que todos nuestros jóvenes, varones y mujeres, necesitan tener la oportunidad de enseñar de vez en cuando.

Los beneficios de que los jóvenes enseñen a otros jóvenes

Jesucristo era el maestro perfecto. El enseñar ayuda a los jóvenes a seguir el ejemplo del Salvador y llegar a ser más como Él; también los prepara para ser misioneros, padres y líderes en la Iglesia. Cuando enseñan, los jóvenes tienen que estudiar el Evangelio y vivirlo; y también tienen que tener el Espíritu para poder enseñar (véase D. y C. 42:14). Como resultado, los jóvenes que enseñan generalmente aprenden más y obtienen un testimonio más fuerte del tema de la lección que los miembros de la clase.

Por otro lado, adquieren confianza, aprenden técnicas de enseñanza y empiezan a reconocer lo que no saben. Los jóvenes que han tenido la oportunidad de ser maestros también aprenden a ser mejores alumnos.

Más aun, aquellos a los que enseñan también son bendecidos. Muchas veces, los jóvenes escuchan y participan más cuando el instructor es otro joven. La amistad entre ellos se fortalece cuando analizan temas del Evangelio teniendo al Espíritu presente; y, con frecuencia, los jóvenes están mejor capacitados para ayudarse el uno al otro con problemas que les son comunes.

¿Qué deben hacer los líderes adultos para contribuir al éxito de los jóvenes?

Cuando los jóvenes enseñan, los líderes adultos tienen la responsabilidad de asegurarse de que se mantenga una conducta apropiada y un ambiente espiritual.

Los líderes adultos siguen al Espíritu al invitar a los jóvenes a enseñar1. Algunos jóvenes no están preparados para enseñar y los líderes deben tener cuidado de no hacerlos sentir incómodos por ello; otros tal vez lo estén para enseñar solo parte de la lección, mientras que habrá quienes puedan enseñar una lección entera. Si bien los jóvenes por lo general deben participar en al menos parte de la enseñanza de la mayoría de las lecciones, no deben enseñar todas las lecciones. En clases pequeñas, no se les debe pedir a los jóvenes que enseñen con demasiada frecuencia. Algunas lecciones, en especial las que tratan temas delicados, las deben enseñar los adultos. Por otra parte, los jóvenes necesitan ver a los líderes adultos demostrar los principios correctos de cómo enseñar.

Los líderes adultos o los padres deben ayudar individualmente a los jóvenes a preparar la lección; eso incluye pedirles que lean la lección por lo menos con una semana de anticipación2 y sugerirles que oren para saber qué quiere el Padre Celestial que enseñen; establecer un plan para la lección y practicar con ellos el enseñarla. A medida que los jóvenes reciban revelación durante el proceso de prepararse, los líderes pueden ayudarlos a reconocerla como tal.

Los líderes adultos deben ayudar a los jóvenes a formular preguntas que susciten el análisis, inviten la inspiración del Espíritu Santo y hagan que los alumnos descubran verdades por sí mismos; también pueden enseñarles a permanecer en silencio después de hacer una pregunta a fin de dar tiempo para que los miembros de la clase reciban revelación.

Durante la lección, los líderes podrían relatar experiencias personales y expresar su testimonio para hacer ver a los jóvenes que no están solos en sus dificultades y darles la esperanza de resolverlas. Los jóvenes necesitan la sabiduría y la experiencia que los líderes adultos están en condiciones de ofrecer. Los líderes también deben aclarar la doctrina cuando sea necesario.

El líder adulto debe evitar el impulso de controlar la lección, aunque el joven que la enseñe esté teniendo dificultades para hacerlo; no obstante, debe prepararse para proporcionar apoyo, estudiando de antemano los materiales de la lección y orando para saber cuál es la mejor manera de ayudar al joven.

Los jóvenes pueden enseñar, y hacerlo bien

Hace poco me pidieron en el barrio que sustituyera al maestro de la Escuela Dominical que enseña la clase de los jóvenes de doce y trece años. Le pedí a Jacob, mi hijo de trece años, que me ayudara a enseñar. Preparamos un plan para la lección juntos. Él tomó la primera parte, mostró un video corto, compartió pasajes de las Escrituras relacionadas con el tema, e hizo preguntas reflexivas; también preguntó a los alumnos qué sentían y les ayudó a reconocer al Espíritu Santo.

En la segunda parte de la clase, yo hice que se enseñaran unos a otros la Primera Visión y luego los exhortamos a que se la enseñaran a su familia en una noche de hogar. Después de la clase, enviamos un correo electrónico a los padres informándoles sobre lo que les habíamos pedido.

Cuando le pregunté a Jacob qué sentía sobre la lección, me dijo: “Fue muy buena. Sé que el Espíritu estaba allí, porque yo no pensaba que mis compañeros podrían contestar nuestras preguntas, pero lo hicieron”.

Los jóvenes deben enseñar y ustedes los pueden ayudar a tener éxito. A medida que lo hagan, estarán mejor preparados para ser misioneros, padres y líderes en la Iglesia; y, lo más importante, llegarán a parecerse más al Salvador.

Para más ideas en cuanto a la manera de mejorar la enseñanza, vea el nuevo manual Enseñar a la manera del Salvador, en Enseñanza.lds.org.

Notas

1. Los presidentes de cuórums consultan con sus líderes adultos para decidir cuál de los jóvenes enseñará futuras lecciones (véase Manual de instrucciones 2: La administración de la Iglesia, 2010, 8.3.2).
2. Como la revelación se recibe “línea por línea, precepto por precepto” (2 Nefi 28:30), la lectura de la lección con por lo menos una semana de anticipación da a los maestros tiempo para recibir revelación.

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Aceptar la voluntad y el tiempo del Señor

Agosto 2016
Aceptar la voluntad y el tiempo del Señor
David A. Bednar
Por el élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

David A. BednarDel discurso del devocional del Sistema Educativo de la Iglesia “Que no tengamos que… desmayar”, pronunciado en la Universidad de Texas, en Arlington, el 3 de marzo de 2013.

La fe firme en el Salvador es aceptar sumisamente Su voluntad y Su tiempo en nuestra vida, incluso si el resultado no es lo que esperábamos o deseábamos.

El élder Neal A. Maxwell (1926–2004) fue un amado discípulo del Señor Jesucristo. Prestó servicio como integrante del Cuórum de los Doce Apóstoles durante veintitrés años, desde 1981 hasta 2004. El poder espiritual de sus enseñanzas y su ejemplo de discípulo fiel han bendecido y continúan bendiciendo en formas maravillosas a los miembros de la Iglesia restaurada del Salvador y a las personas del mundo.

Christ in GethsemaneEn octubre de 1997, mi esposa y yo recibimos al élder y a la hermana Maxwell en la Universidad Brigham Young—Idaho (que entonces se llamaba Colegio Ricks). Él iba a hablar al alumnado, al personal y al cuerpo docente durante una asamblea devocional.

Anteriormente, ese mismo año, el élder Maxwell se había sometido a cuarenta y seis días y noches de debilitante quimioterapia contra la leucemia. Su rehabilitación y la terapia continua progresaron en forma positiva a lo largo de los meses de primavera y verano; no obstante, su fortaleza y vigor eran limitados cuando viajó a Rexburg. Después de recibir al élder y a la hermana Maxwell en el aeropuerto, Susan y yo los llevamos a nuestra casa para que descansaran y para comer un almuerzo liviano antes del devocional.

Yo le pregunté al élder Maxwell qué lecciones había aprendido de su enfermedad. Siempre recordaré la respuesta precisa y penetrante que me dio: “Dave”, dijo, “he aprendido que no desmayar es más importante que sobrevivir”.

Su respuesta era un principio del cual había tenido extensa experiencia personal durante la quimioterapia. En enero de 1997, el día en que iba a empezar la primera serie de tratamientos, el élder Maxwell miró a su esposa, la tomó de la mano, dio un profundo suspiro y le dijo: “Lo único que quiero es no desmayar”.

En su mensaje de la Conferencia General de octubre de 1997, él enseñó esto con gran sinceridad: “… a medida que enfrentemos nuestras pruebas y tribulaciones… también nosotros podemos suplicarle al Padre, tal como lo hizo Jesús, que no tengamos que ‘desmayar’, es decir, retroceder o rehuir (véase D. y C. 19:18). ¡No desmayar es mucho más importante que sobrevivir! Más aún, el beber de una amarga copa sin amargarse es asimismo parte de emular a Jesús”1.

Los pasajes de las Escrituras que se refieren al sufrimiento del Salvador cuando ofreció el infinito y eterno sacrificio expiatorio se volvieron más conmovedores y significativos para mí.

“Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten;

“mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo;

“padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar.

“Sin embargo, gloria sea al Padre, bebí, y acabé mis preparativos para con los hijos de los hombres” (D. y C. 19:16–19).

El Salvador no desmayó ni en Getsemaní ni en el Gólgota.

El élder Maxwell tampoco desmayó; este extraordinario Apóstol siguió adelante con firmeza y fue bendecido con tiempo extra en la tierra para amar, prestar servicio, enseñar y testificar. Esos años finales de su vida fueron un enfático signo de admiración para su ejemplo de discipulado devoto, tanto en palabra como en hechos.

Creo que la mayoría de nosotros probablemente esperaríamos que un hombre con la capacidad, experiencia y talla espiritual del élder Maxwell enfrentara una enfermedad grave y la muerte con un entendimiento del plan de felicidad de Dios, con tranquilidad, aplomo y dignidad; pero yo testifico que esas bendiciones no están reservadas exclusivamente para las Autoridades Generales ni para un pequeño grupo selecto de miembros de la Iglesia. Seguir leyendo

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Cómo cultivar la unidad familiar

Agosto 2016
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES
Cómo cultivar la unidad familiar

Estudie este material con espíritu de oración y procure saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

“El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y de cuidarse el uno al otro, así como a sus hijos”1. “El hogar ha de ser el laboratorio de Dios para el amor y el servicio”, dijo el presidente Russell M. Nelson, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles.

“Nuestro Padre Celestial desea que los cónyuges sean fieles el uno al otro, y que estimen y traten a sus hijos como herencia de Jehová”2.

En el Libro de Mormón, Jacob dijo que el amor que los maridos sentían por sus esposas, el amor que las esposas sentían por sus maridos y el amor que ambos sentían por sus hijos, era una de las razones por las que hubo un momento en que los lamanitas fueron más justos que los nefitas (véase Jacob 3:7).

Una de las mejores maneras de invitar el amor y la armonía a nuestro hogar es hablar con bondad a los miembros de nuestra familia. El hablar con bondad invita la presencia del Espíritu Santo. La hermana Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, nos pidió que considerásemos “¿con cuánta frecuencia ‘[nos hablamos] con tiernos acentos’ a conciencia?”3.

Escrituras adicionales

Romanos 12:10; Mosíah 4:15; Doctrina y Convenios 25:5

Relatos de la vida real

El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió una experiencia de su infancia que grabó en él la importancia de una familia amorosa. Cuando sus hermanos y él eran niños, su madre se sometió a una operación quirúrgica para erradicar un cáncer que hizo que fuera muy doloroso para ella usar el brazo derecho. Con una familia de varones, había mucho que planchar; y cuando su madre planchaba, con frecuencia tomaba un descanso e iba a la habitación a llorar, hasta que el dolor disminuía.

Cuando el padre del élder Christofferson se dio cuenta de lo que pasaba, en secreto dejó de llevarse comida para el almuerzo durante cerca de un año a fin de ahorrar suficiente dinero para comprar una máquina que hiciera que planchar fuera más fácil. A causa del amor por su esposa, él estableció un ejemplo para sus hijos de cómo cuidarse unos a otros en el seno de la familia. De esa bondadosa interacción, el élder Christofferson dijo: “En ese tiempo yo no me percaté del sacrificio y del acto de amor de mi padre por mi madre; pero ahora que lo sé, me digo a mí mismo: ‘He ahí a un [gran] hombre’”4.

Considere lo siguiente

¿En qué modo el amarnos y cuidarnos los unos a los otros invita al Espíritu a nuestro hogar?

Notas

1. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
2. Véase de Russell M. Nelson, “La salvación y la exaltación”, Liahona, mayo de 2008, pág. 8.
3. Linda K. Burton, “Ascenderemos juntos”, Liahona, mayo de 2015, pág. 31.
4. Véase de D. Todd Christofferson, “Seamos hombres”, Liahona, noviembre de 2006, pág. 46.

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La esperanza del amor familiar eterno

Agosto 2016
La esperanza del amor familiar eterno
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Henry B. EyringDe todos los dones que nuestro amoroso Padre Celestial ha otorgado a Sus hijos, el mayor de todos es la vida eterna (véase D. y C. 14:7). Ese don consiste en vivir en la presencia de Dios el Padre y de Su Hijo Amado en familias para siempre. Los lazos de amor de la vida familiar solo continuarán en el más alto de los reinos de Dios, el celestial.

Todos anhelamos el gozo de vivir en familias amorosas. Para algunos de nosotros, ese es un sentimiento que no hemos experimentado; un sentimiento que sabemos que es posible pero que todavía no se ha hecho realidad. Tal vez lo hayamos visto en la vida de otras personas. Para otros, el amor familiar se ha hecho más real y preciado cuando la muerte nos ha separado de un hijo, una madre, un padre, un hermano, una hermana o un amoroso y querido abuelo o abuela.

family laying on lawnTodos hemos sentido la esperanza de que, algún día, volveríamos a sentir el cálido afecto de ese familiar al que tanto amábamos y al que ahora anhelamos abrazar de nuevo.

Nuestro amoroso Padre Celestial conoce nuestro corazón. Su propósito es brindarnos felicidad (véase 2 Nefi 2:25) y por eso otorgó el don de Su Hijo, para hacer posible que tengamos el gozo de lazos familiares que continúan para siempre. Gracias a que el Salvador rompió las ligaduras de la muerte, nosotros resucitaremos. Gracias a que Él expió nuestros pecados, por medio de nuestra fe y arrepentimiento podemos llegar a ser dignos del Reino Celestial, donde las familias están unidas en amor para siempre.

El Salvador envió a Elías el Profeta a José Smith para restaurar las llaves del sacerdocio (véase D. y C. 110). Con esas llaves venía el poder para sellar, el cual ofrece el mayor de los dones de Dios a Sus hijos: la vida eterna en familias unidas para siempre.

Es una ofrenda a la que todo hijo de Dios que viene al mundo puede tener derecho. Un tercio de Sus hijos procreados en espíritu rechazó Su ofrenda en el mundo de los espíritus. Debido a la falta de suficiente fe, y a la abierta rebelión después, ellos eligieron no conocer nunca el gozo del don del Padre Celestial de tener familias eternas.

Para aquellos que pasamos esa prueba crucial en el mundo premortal de los espíritus y nos hicimos así merecedores de recibir el don de un cuerpo mortal, la gran opción de la vida eterna sigue estando en nuestras manos. Si tenemos la bendición de encontrar el Evangelio restaurado, podemos elegir hacer y guardar los convenios con Dios que nos califican para la vida eterna. Al perseverar y ser fieles, el Espíritu Santo confirmará nuestra esperanza y confianza en que estamos en el sendero que conduce a la vida eterna, a fin de vivir en familias para siempre en el Reino Celestial.

Para algunos, ese gozo eterno puede parecer una esperanza vaga, o incluso que se desvanece. Puede que padres, hijos, hermanos o hermanas hayan tomado decisiones que parecen descalificarlos para la vida eterna; incluso podrían preguntarse si ustedes mismos se han hecho merecedores de ella por medio de la expiación de Jesucristo.

En una ocasión, un profeta de Dios me dio un consejo que me brinda paz. Me preocupaba que las decisiones de otras personas hicieran que fuera imposible que nuestra familia estuviera junta para siempre. Él dijo: “Se está preocupando por el problema equivocado. Usted simplemente viva digno del Reino Celestial, y la situación de su familia será más maravillosa de lo que pueda imaginar”.

A todos aquellos cuya experiencia personal, o cuyo matrimonio e hijos —o la ausencia de ellos— ensombrezca sus esperanzas, les doy mi testimonio: el Padre Celestial los conoce y los ama como hijos Suyos procreados en Espíritu. Cuando estaban con Él y con Su Hijo Amado antes de esta vida, Ellos plantaron en el corazón de ustedes la esperanza que tienen de vida eterna. Con el poder de la expiación de Jesucristo en acción y la guía del Espíritu Santo, ustedes pueden sentir ahora, y sentirán en el mundo venidero, el amor familiar que su Padre y Su Hijo Amado tanto desean que reciban.

Testifico que, a medida que vivan de manera que sean dignos del Reino Celestial, la promesa profética de que “la situación de su familia será más maravillosa de lo que [puedan] imaginar” también se cumplirá para ustedes.

Cómo enseñar con este mensaje
Para comenzar, podría contar a aquellos a quienes enseña acerca de una ocasión en la que se sintió agradecido por la esperanza de tener familias eternas. Invítelos a reflexionar en momentos en los que ellos se sintieron agradecidos por familias eternas. Pregúnteles si desearían compartirlo. Luego, podría invitarlos a pensar en maneras de mejorar y de vivir más dignos del Reino Celestial, a fin de que ellos también reciban la promesa profética de que “la situación de su familia será más maravillosa de lo que [puedan] imaginar”.

Jóvenes
Compartir la felicidad eterna

siblings
Una de las mejores cosas que ofrece el Evangelio es el conocimiento del Plan de Salvación. Tenemos la increíble oportunidad de estar con nuestra familia por la eternidad. Ese conocimiento nos ayuda a tener esperanza siempre que nos sentimos abrumados por el mundo. El presidente Eyring enseña: “Nuestro amoroso Padre Celestial conoce nuestro corazón. Su propósito es brindarnos felicidad (véase2 Nefi 2:25) y por eso otorgó el don de Su Hijo, para hacer posible que tengamos el gozo de los lazos familiares que continúan para siempre… Es una ofrenda a la que todo hijo de Dios que viene al mundo puede tener derecho”.

Esa bendición se aplica a quienes vivimos en la actualidad, y a aquellos que han muerto —pero solo con nuestra ayuda. En este momento, nuestros antepasados están en el mundo de los espíritus, esperando que nosotros preparemos sus nombres para que las ordenanzas del templo sean efectuadas a su favor. Sin embargo, a veces puede ser difícil hacer la obra por ellos. Tal vez estemos demasiado ocupados, o puede que vivamos muy lejos de un templo para ir con frecuencia.

Afortunadamente, hay otras maneras en que podemos ayudar a nuestros antepasados, como hacer la obra de Historia Familiar, indexar o cuidar de nuestros hermanos pequeños mientras nuestros padres van al templo. Al ayudar, servimos al Señor y llevamos la esperanza de tener una familia eterna a aquellos que están al otro lado del velo.

Niños
Las familias son eternas
Gracias a la expiación de Jesucristo y a la restauración del poder del sacerdocio para sellar a las familias, ¡podemos vivir con nuestra familia para siempre! ¿Qué es lo que más te gusta de tu familia? Sigue estas instrucciones para hacer una cadena de papel en homenaje a tu familia.

1. Dobla una hoja de papel dos veces por la mitad, de modo que quede una tira larga.
2. Dibuja una persona cuyas manos toquen los bordes doblados.
3. Recorta la silueta de la persona. No cortes por donde las manos tocan los bordes doblados.
4. Desdobla el papel. Escribe o dibuja algo que te guste de cada miembro de la familia.
5. Si tienes una familia grande, ¡une con cinta adhesiva muchas cadenas!

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Unidos en amor y fe

Conferencia General Octubre 1985
Unidos en amor y fe
Presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«No hay poder debajo del cielo que pueda detener el crecimiento de esta obra si como pueblo vivimos el evangelio de Jesucristo.»

Es para mí un privilegio y una bendición estar con vosotros en esta gran conferencia. Son muchas más las personas que participan de ella desde lugares fuera de este Tabernáculo que las que están aquí reunidas. Dondequiera que os encontréis y cualesquiera que sean vuestras circunstancias, os damos la bienvenida.

Cuando se construyó este Tabernáculo, hace más de un siglo, cuando todavía éramos relativamente pocos en números, las Autoridades Generales declararon que jamás podríamos construir un edificio lo suficientemente grande como para dar cabida a todos los Santos de los Últimos Días. Si esa era la realidad en aquellos días, más lo es hoy. El número de miembros de la Iglesia se aproxima ahora a los seis millones.

Por medio del milagro de la ciencia y del poder del Espíritu, nos unimos en esta gran conferencia mundial. Os agradecemos vuestro interés y vuestra presencia. Os agradecemos también vuestra gran fe y fidelidad. No hay poder debajo del cielo que pueda detener el crecimiento de esta obra si como pueblo vivimos el evangelio de Jesucristo.

Me siento feliz de ver al presidente Kimball con nosotros esta mañana. A pesar de sus 90 años de edad, ha hecho el esfuerzo de acompañarnos. Con todo mi corazón desearía que pudiera hablarnos, pero eso no parece ser posible. Él nos ha pedido que os hagamos llegar su amor y bendiciones. Él es nuestro Profeta, nuestro Vidente y nuestro Revelador. Él ha sido llamado por el Dios de los cielos, y ha sido preservado en su llamamiento por ese mismo poder. Allí permanecerá por todo el tiempo que el Señor lo disponga. Somos bendecidos con Su presencia.

En esta conferencia echaremos de menos la poderosa voz del élder Bruce R. McConkie, quien falleció el 19 de abril de 1985. Él nos dejó su testimonio final de la veracidad de esta obra cuando nos habló en la conferencia el pasado abril. Era un dedicado estudiante del evangelio y un valiente defensor de su mensaje. Nuestras vidas se vieron enriquecidas y nuestro entendimiento se amplió por la lógica de sus presentaciones y la sinceridad de sus declaraciones. Habló como apóstol, como testigo especial de Cristo.

Estamos agradecidos por la continua fortaleza y vitalidad del presidente Ezra Taft Benson, Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles.

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Esta es la obra del Señor

Conferencia General Abril 1985
Esta es la obra del Señor
Élder Waldo P. Call
Del Primer Quórum de los Setenta

Waldo P. CallLa reacción de un miembro del Primer Quórum de los Setenta recién llamado.

Mis queridos hermanos y hermanas, esta es, como dirían los misioneros, una situación «fantabulosa». En esta ocasión quisiera agradecerles a mis padres el buen ejemplo que siempre me dieron. Hubo un momento en mi vida -y supongo que mi madre, que me ha de estar escuchando, nunca lo supo- cuando el amor que yo sabía que ella me tenía fue mi salvación. Una noche me arrodille a orar, tal como ella me había enseñado, ya que estaba a punto de tirar todo lo que tenía Al comenzar a orar, empecé a pensar en ella y en su amor por mí. Al llorar e implorarle al Señor -y esto duró casi toda la noche- me sentí tan agradecido por saber que ella me quería.

Estoy agradecido por mi esposa. A través de los muchos años que hemos estado juntos, he sabido que me ama, y es por motivo de ese amor que he sentido hacia mi familia y el que ellos han sentido hacia mí que me encuentro aquí ahora.

Estoy agradecido por el presidente Kimball. Al cantar el himno «Te damos, Señor, nuestras gracias», mire a un grupo de jóvenes que estaban enfrente de mí, y me imagine que a ellos les hubiera gustado subir a sentarse aquí donde yo me acabo de sentar, al lado del presidente Kimball.

Sé que esta es la obra del Señor. Sé que Él vive; esto lo sé. También sé que estos hombres, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce, son profetas y apóstoles, videntes y reveladores, y que si los seguimos, tendremos la vida eterna. Lo digo en el nombre de Jesucristo Amén.

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Un milagro hecho posible por la fe

Conferencia General Abril 1984
Un milagro hecho posible por la fe
Presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«La Iglesia nunca ha retrocedido ni un paso desde su organización en l830, y nunca lo hará. Es la obra del Maestro, es la Iglesia de Dios.»

Hermanos, me gustaría primeramente expresaros mi agradecimiento por vuestra presencia dondequiera que os encontréis reunidos. Gracias especialmente a los jóvenes. Los que están en el Tabernáculo vinieron muy temprano y ya hace tres horas, en muchos casos, que están aquí sentados. Sé que estáis un poco cansados. La reunión no durará mucho tiempo más.

Es costumbre que un oficial ejecutivo de cualquier organización presente un informe anual a los accionistas. Os considero a vosotros, hermanos, como accionistas en esta gran obra del Señor, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Creo que me gustaría brindaros un informe a vosotros, como accionistas.

Lo hago humildemente y sin espíritu de jactancia ni arrogancia, con la esperanza de que el Señor me inspire en lo que vaya a decir. Lo hago también porque se está realizando un esfuerzo insidioso por arruinar a la Iglesia y destruir su credibilidad, aun entre sus propios miembros.

Me complace deciros que la Iglesia goza de «buena salud». Muchos habréis escuchado el informe estadístico leído esta tarde por el hermano Francis Gibbons, secretario de la Primera Presidencia. Quisiera ahora mencionar algunas de esas cifras y hacer algunos comentarios al respecto.

El 31 de diciembre próximo pasado, los miembros de la Iglesia sumaban 5.400.000. Esto significa un aumento de 239.000 en relación al año anterior. ¡Qué maravilloso es ser parte de una organización tan dinámica y creciente! Algunos de nuestros críticos y enemigos nos han desafiado para que presentáramos el número de quienes han dejado la Iglesia durante el año. Pero os aseguro que son relativamente pocos. Cada vez que veo una de esas solicitudes me lamento por el individuo. Con todo mi corazón deseo entonces que él o ella no lo hubiera hecho. Pero aun así, no interferimos en su camino. Les alentamos siempre a permanecer en la Iglesia. Pero si desean abandonar todas las maravillosas bendiciones que les corresponden como miembros de la Iglesia, ese es su privilegio. Algunos se fueron y probaron nuevas doctrinas, y después de algún tiempo las encontraron desagradables y pidieron ser admitidos de nuevo en la Iglesia; y les dimos la bienvenida.

Tal vez os interese saber que los bautismos de conversos por misioneros disminuyeron en algo durante 1983. Sabríamos que esto sucedería cuando redujimos el tiempo de servicio misional de los varones de 24 a 18 meses. Esto significa una reducción de un 25 por ciento en el tiempo en que los jóvenes sirven como misioneros. Os aseguro que la disminución de bautismos ni se aproxima a ese porcentaje. Todo esto indica que aun cuando nuestros jóvenes sirven por un período más corto, lo hacen con más vigor y eficacia. Seguir leyendo

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El abrirnos paso entre la niebla

Conferencia General Abril 1984
El abrirnos paso entre la niebla
Élder William G. Bangerter
del Primer Quorum de los Setenta

William G. Bangerter«Debido a que muchos en el mundo aceptan estas acciones [inicuas], si nos oponemos o hablamos en contra de ellas, se burlarán de nosotros. Nos llamarán puritanos, mojigatos y santurrones, como si fuésemos nosotros los pecadores.»

Presidente Kimball, hago eco a los sentimientos de todos los presentes para decirle que le amamos, como tantas veces usted lo ha dicho.

Creo que he elegido un buen tema, ya que muchos lo han mencionado hoy, y quisiera decir algo en cuanto a la necesidad de abrirnos paso entre la niebla.

Al enfrentar esta asignación, recuerdo los principios básicos que expresó, ya hace algunos años, el presidente J. Reuben Clark, hijo, quien dijo:

«Existen tanto para la Iglesia como para todos sus miembros, dos cosas primordiales que no debemos dejar pasar por alto, olvidar, restar importancia o descartar:

«Primero: que Jesucristo es el Hijo de Dios. . .,

«Segundo: que el Padre y el Hijo ciertamente . . . aparecieron al profeta José en una visión . . .; que el evangelio y el santo sacerdocio . . . fueron restaurados . . . a esta tierra ya que se habían perdido debido a la apostasía de la iglesia primitiva» («The Charted Course of the Church in Education», 8 de agosto de 1938, pág. 3).

Testifico que estas declaraciones son verdaderas porque este conocimiento me fue revelado por medio del innegable Espíritu de Dios.

En un tiempo descrito en las Escrituras como lleno de «iniquidad y venganza» (Moisés 7:60), la Primera Presidencia ha enviado el siguiente mensaje especial a la Iglesia en todas las estacas: «Permaneced en el recto y estrecho camino obedeciendo todos los mandamientos.»

Para nosotros que reclamamos tener la dirección que recibimos de profetas llamados de Dios, es un buen tiempo para que pongamos atención. Para aquellos que han abandonado los mandamientos, como si Dios no existiera, quizá no recibirán más advertencias, «porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.» (Mateo 7:13.)

La advertencia es en contra de la maldad. En otras palabras, el pecado y la iniquidad. Como si estuviera hablando de este tiempo, Pedro dice de los que «negarán al Señor», por avaricia «harán mercadería de vosotros», el ejemplo de Sodoma y Gomorra y «la nefanda conducta de los malvados. . . tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar». (2 Pedro 2:1, 3, 6, 7, 14.)

Si reflexionamos por un momento en los medios de comunicación y en la propaganda, nos daremos cuenta de que inducen al uso de las drogas, del alcohol, etc. y muestran claramente que por la ambición de ganar más dinero están tratando de vender o comprar almas para hacer «mercadería de vosotros». Seguir leyendo

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