El idioma: un medio divino de comunicación

Conferencia General Octubre 1979
El idioma: un medio divino de comunicación
Por el élder Charles A. Didier

Charles A. DidierPadre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre.» (3 Nefi 13:9.)

En la introducción de este ejemplo de oración dada por el Salvador mismo, se evoca un saludo de reverencia, amor y obediencia. Cada palabra ha sido elegida por su significado en particular, para inspirar nobles sentimientos, elevando nuestra alma a un nuevo nivel de comprensión. En verdad tenemos en este ejemplo una expresión y un modelo del idioma divino.

¿Qué son las palabras, las frases, los idiomas? ¿En qué manera nos afectan, a nosotros mismos, a nuestra familia, a nuestro Padre Celestial?

Una palabra, tan sólo una simple y única palabra puede causar una variedad de pensamientos e influencias; y una combinación de ellas puede expresar tanto una gran sabiduría como una gran tontería.

Con una palabra se puede expresar aprobación o negación, bendición o insulto, duda o conocimiento, amistad o enemistad. La manera en que la decimos, la entonación que le damos, pueden despertar el amor o el odio. Las palabras pueden ser ásperas, melodiosas, suavemente pronunciadas, comunes o violentas. Pueden rodar como una ola, provocar entusiasmo y brindar victoria y orgullo, tal como lo escribió Shakespeare:

«¿Quién de la muchedumbre me ha llamado? Oigo una voz más vibrante que toda la música gritar: ¡César!» (Julio César. Acto 1, escena 2). Las palabras pueden destilarse gota agota como un veneno o causar una rápida destrucción como el cáncer. Pueden ser bien articuladas o balbuceadas, pero ¡cuidado!, porque una vez que han salido de nuestros labios, no las podemos recoger. El viento se las lleva. Seguir leyendo

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José Smith, el Profeta y Vidente del Señor

Conferencia General Octubre 1979
José Smith, el profeta y vidente del Señor
Por el élder David B. Haight
Del Consejo de los Doce

David B. HaightLas verdades eternas del evangelio han sido aceptadas por un grupo continuamente creciente de creyentes en todo el mundo. Los productivos esfuerzos de nuestros misioneros, unidos a los de nuestros miembros locales, han dado como resultado el rápido crecimiento de esta Iglesia.

Hace tres semanas tuve el privilegio de recibir la asignación de establecer nuevas estacas en Lima, Perú. Nos reunimos en un coliseo con más de 7.200 santos e investigadores y después de esta gran experiencia espiritual, nos esperaban en el estacionamiento tres reporteros de un periódico, quienes nos hicieron las siguientes preguntas:

«¿Qué hacen ustedes en Lima?»
«¿Con cuántos miembros cuenta la Iglesia en Perú?»
«¿Por qué está creciendo la Iglesia tan rápidamente?»
«¿Cuáles son los planes futuros de la Iglesia?»

Luego una joven periodista me pregunto: “¿Cuál es la diferencia entre su Iglesia y las otras iglesias?»

La multitud era enorme a nuestro alrededor y nos empujaba, el tráfico bastante ruidoso y estábamos apurados a causa de nuestro horario No era aquel el lugar adecuado, ni el que yo hubiera escogido para explicar las diferencias entre la verdadera Iglesia del Señor, y las demás; sin embargo, hicimos propicia la oportunidad para explicar muy brevemente sobre la apostasía y la restauración. Les dijimos que existe mucha evidencia e historia de que hubo una apostasía de la doctrina que enseñaron Jesucristo y sus Apóstoles; que la organización de la Iglesia verdadera se corrompió y que las ordenanzas sagradas se habían cambiado para satisfacer a los hombres; que hoy hay gente buena en todo el mundo que se encuentra confundida ante las contenciones entre las religiones, con doctrinas y métodos diferentes de adoración.

Los reporteros nos escuchaban atentamente. Les explicamos que después de un largo periodo de obscuridad, hubo una restauración divina del Evangelio del Salvador; que un joven llamado José Smith fue escogido e instruido para ser el instrumento que llevara a cabo la fundación de una obra maravillosa, la cual Dios ha establecido como su Iglesia en estos últimos días. Seguir leyendo

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El don de saber escuchar

Conferencia General Octubre 1979
El don de saber escuchar
Por el élder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce

Boyd K. PackerQuisiera en esta oportunidad, dirigirme a los Jóvenes en cuanto al tema de la oración, y en lo tocante a lo que acontece como resultado de las oraciones.

En la mayoría de los casos, en la Iglesia tenemos éxito al enseñar a nuestros miembros a orar. Aun a los más pequeños se les enseña a cruzar los brazos e inclinar la cabeza, y con un poco de ayuda de sus mayores, pronto aprenden a orar.

Hay una parte del proceso de la oración que quizás, al compararla con la otra, tendemos a dejar de lado; me refiero a la parte de la respuesta.

Hay ciertos elementos que se relacionan con la respuesta a vuestras oraciones, que podéis aprender mientras sois jóvenes, lo cual constituirá una gran protección para vosotros.

Hace muchos años una tarde de verano en que el naturalista John Burroughs, caminaba por un parque atestado de gente, oyó entre los ruidos de la vida urbana el canto de un pájaro. Se detuvo para escuchar más percibió que los que estaban a su alrededor ni siquiera lo habían oído, que para los demás había pasado totalmente inadvertido.

Le molesto sobremanera que las demás personas fueran insensibles a algo tan hermoso. Echo mano al bolsillo, tomo una moneda y la dejo caer. Cuando esta choco contra el pavimento, produjo un sonido no más intenso que el del canto del pájaro, y, sin embargo, muchos se volvieron; eso Si lo habían oído.

Es difícil aislar el canto de un pájaro de todos los demás ruidos de una ciudad con su agitado transitar pero uno puede escucharlo con absoluta nitidez si se capacita y predispone para ello.

Uno de nuestros hijos mostró siempre un interés especial en todo lo que se relacionaba con la radiodifusión. Cuando era pequeño, en una Navidad, su regalo fue un juego para armar su propio aparato de radio.

A medida que fue creciendo, siempre que podíamos afrontar el gasto y toda vez que lo mereciera, le fuimos regalando equipos más complejos.

Muchas han sido las oportunidades a lo largo de los años, aun hasta hace poco, en que me he sentado a su lado mientras hablaba él por radio con otros radioaficionados de regiones distantes de la tierra, y he podido oír las descargas atmosféricas que interferían con la recepción, y captar una palabra o tal vez dos, y a veces hasta más de una voz al mismo tiempo; pero, pese a ello, él podía entender sin mayores problemas, pues estaba capacitado y predispuesto para aislar las interferencias.

Muchas veces resulta difícil separar de la confusión que crea la vida, la apacible voz de la inspiración, y a menos que estéis en la sintonía correcta, no la podréis percibir.

Las respuestas a nuestras oraciones llegan de una forma sumamente queda; las Escrituras se refieren a la voz de inspiración como a un silbo apacible y delicado (1 Reyes 19:12).

Si ponéis todos vuestros mejores esfuerzos, sin duda aprenderéis a percibir esa voz.

En los principios de nuestro matrimonio, nos nacieron hijos con muy poca diferencia de tiempo entre uno y otro, y como lo saben quiénes son padres de niños pequeños, contadas noches pueden descansar ininterrumpidamente. Seguir leyendo

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Conservemos la espiritualidad

Conferencia General Octubre 1979
Conservemos la espiritualidad
Por el presidente Marion G. Romney
De la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis queridos hermanos, pido que el Espíritu del Señor este conmigo mientras os dirijo mi mensaje. Para mi discurso he escogido el tema: «Conservemos la espiritualidad». Este tema vino a mi mente mientras pensaba en la amonestación de Jacob, hermano de Nefi:

«Tened presente que ser de ánimo carnal es muerte, y ser de ánimo espiritual es vida eterna.» (2 Nefi 9:39.)

El presidente McKay definió la espiritualidad como «la seguridad de haber triunfado uno sobre sí mismo, y la comunión con lo infinito». «La espiritualidad», dijo el, «nos impulsa a vencer las dificultades y a adquirir cada vez más fortaleza. Una de las experiencias más sublimes de la vida es sentir uno que sus facultades se desarrollan y que la verdad ensancha el alma.» (Stepping stones to an abundant life, SLC, Deseret Book Co., 1971. pág. 99.)

Por medio del profeta José Smith, el Señor reveló la verdad de que:

«Todo espíritu es materia, pero es más refinado o puro, v solo los ojos más puros lo pueden percibir.» (D. y C. 131:7.)

Abraham dijo:

«El Señor me había mostrado a mí, las inteligencias que fueron organizadas antes que el mundo fuese; …y Dios vio estas almas, y eran buenas… pues estaba entre aquellos que eran espíritus.» (Abraham 3:22-23.)

Estos espíritus eran progenie de Dios, quien, de acuerdo con lo que dice Juan, también es un espíritu. En uno de los escritos de Juan leemos:

«Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.» (Juan 4:24.)

Aunque el espíritu de Dios está revestido con «un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre» (D. y C. 130:22); su cuerpo no es ni temporal ni carnal, porque Él dice: «Para mi todas las cosas son espirituales» (D. y C. 29:34).

«…yo he creado por la palabra de mi poder, la cual es el poder de mi Espíritu.

. . .si, todas las cosas, tanto espirituales como temporales.

Primero espiritualmente, en seguida temporalmente, que viene siendo lo primero de mi obra; y además, primero temporalmente, en seguida espiritualmente, que viene siendo lo postrero de mi obra.

…para mi todas las cosas son espirituales; y en ningún tiempo os he dado una ley que fuese temporal…» (D. y C. 29:30-32, 34.) Seguir leyendo

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«Venid a mí…»

Conferencia General Octubre 1979
«Venid a mí…»
por el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenDespués de uno de sus viajes por Palestina, Jesús regreso a su ciudad natal y en el día sabático enseñó en la sinagoga.

Aquellos que le escucharon se asombraron de su doctrina, mas también se sintieron ofendidos. Él había sido su vecino y ahora pretendía predicarles.

Dijeron:
¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?» (Marcos 6:3.)

Jesús se afligió ante el rechazo, y «estaba asombrado de la incredulidad de ellos» (Marcos 6:6). Fue en esta ocasión que declaro: «No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa». (Marcos 6:4.)

Pero no fue rechazado solo en Nazaret. A1 final de su ministerio parecía que casi todo el país estaba en su contra.

Mientras reflexionaba en la forma en que había sido rechazado en Jerusalén, miró hacia la ciudad y exclamó:

«¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!» (Mateo 23-37.)

Y, entonces profetizó el resultado de este rechazo, una consecuencia trágica que los judíos acarrearían sobre sí mismos. Dijo: «He aquí vuestra casa os es dejada desierta» (Mateo 23:38).

¡Y que desolación hubo! Cuando las legiones romanas saquearon la Tierra Santa unos años después, y asolaron Jerusalén, la catástrofe fue tal que se cumplió fielmente la profecía del Señor cuando dijo:

«Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.» (Mateo 24:21.)

Tal como la describe el historiador Josefo en sus anales, después de casi 2000 años, aun nos horroriza el contemplarla.

Una y otra vez, generación tras generación, conforme Israel rechazaba a los profetas, se volvía pagano adorando a dioses ajenos, y al hacerlo atrajo sobre si la desolación tal como había sucedido con sus descendientes cuando rechazaron a Cristo. Las doce tribus fueron sometidas a la esclavitud, y aunque dos regresaron, aun así quedaron sujetas al Imperio Romano. Las diez tribus se perdieron para el resto del mundo, y nuevamente vimos que el fruto de la rebelión fue la desolación.

¿Y que aprendemos de todo esto? ¡Aprendemos que ningún pueblo puede rebelarse contra Dios y vivir! Toda nación sentirá el peso del castigo si vuelve la espalda al Rey de los Cielos y viola sus leyes eternas.

Mientras estudio estas cosas en las Escrituras, contemplo la situación por la que atravesamos hoy día. ¿Nos hallamos en la misma categoría que los de la antigüedad? ¿Acepta o rechaza nuestro mundo moderno a Jesucristo? Y si lo rechazamos, ¿nos espera la perspectiva de la desolación? Seguir leyendo

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Escuchad la voz del Profeta

Conferencia General Octubre 1979
Escuchad la voz del Profeta
por el élder William G. Bangerter
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

William G. Bangerter«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.» (Hebreos 1:1-2.)

Uno de los propósitos principales de esta Conferencia General de la Iglesia es para anunciar otra vez que Dios ha llamado a un Profeta, por medio de quien declara Su voluntad a los habitantes de la tierra. Esto significa que el Profeta no solo es enviado a aquellos que aceptan sus palabras, como los miembros de la Iglesia, sino que también habla en el nombre de Dios a todo el género humano. Tal como lo declaro un profeta de la antigüedad:

«Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová.» (Isaías 1:2.)

El Profeta ha sido enviado particularmente a vosotros, los que no creéis en Dios o en los profetas. ¿Os gustaría saber lo que él dice? Dice que en estos postreros días Dios ha restaurado el evangelio en toda su plenitud y desea hacer un convenio nuevo con todos los habitantes de este mundo; dice que Jesucristo volverá en breve a la tierra para salvar y juzgar al mundo, y que todos debemos prepararnos. Estas son noticias aterradoras, ya sea que las creáis o no.

Lo interesante en cuanto a los profetas, es que la mayoría de las personas no los escuchan y es esa la n razón por la cual muchas veces estos hombres de Dios parecen impacientarse o irritarse. Así es precisamente como se siente el Señor hacia nosotros cuando no lo escuchamos; es la misma forma en que reaccionáis vosotros cuando vuestros hijos no os escuchan.

Sabemos que algunos de vosotros decís que no creéis en Dios. Algunos de vosotros aun habéis sido tan imprudentes como para decir que no hay Dios; esas afirmaciones llevan nuestro interés hacia algunas interrogantes. ¿Creéis que vuestra incredulidad surte algún efecto? Dios no dejará de existir simplemente porque vosotros no creáis en El. Según se informa, cuando a Galileo se le obligó a declarar que la tierra no giraba, el respondió: «Y. sin embargo, se mueve». Quizás tengáis razón en decir que Dios no es el personaje del que se os ha hablado; pero,  ¿cómo podéis saber que no existe? ¿Os lo ha revelado El? ¿Habéis estado en Su presencia para estar seguros de ello? Todo lo que verdaderamente sabéis es que no sabéis si hay un Dios, y esto es una tácita admisión de ignorancia.

Dos rusos viajaron una o dos veces alrededor del mundo en una nave espacial v declararon que habían subido al cielo y que Dios no se encontraba allí. Este es un argumento sumamente débil para un ateo; no es ni siquiera científico, y me hace recordar a un conocido de mi hermano, que tenía fama de hacer burla de todo, y que en una ocasión le dijo: «Soñé que veía a Dios y que era un caballo». El comentario de mi hermano entonces fue: «Ciertamente, para un asno eso es lógico». Seguir leyendo

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Un «libro muy extraño»

Conferencia General Octubre 1979
Un «libro muy extraño»
por el élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce

Gordon_B._HinckleyA menudo cantamos en la Iglesia un himno cuyas palabras fueron escritas hace más de un siglo por Parley P. Pratt. (Himnos de Sión, 112.) Nos hablan del milagroso advenimiento de un libro maravilloso. Hace exactamente 150 años que ese libro fue impreso en Palmyra, Estado de Nueva York.

Permitidme relataros cómo fue que Parley P. Pratt llego a conocer el libro sobre el cual escribió estas estrofas. En agosto de 1830, siendo un predicador de la Iglesia Bautista Reformada, Parley Pratt viajaba del Estado de Ohio al de Nueva York. En Newark, dejo el barco y camino dieciséis kilómetros internándose en el campo; poco después conoció a un diácono bautista de nombre Hamlin, quien le habló de «un libro, un libro extraño, un LIBRO MUY EXTRAÑO». Ese, según le dijo, parecía que había sido escrito originalmente en planchas de oro o bronce, por una de las ramas de las tribus de Israel; y se decía que había sido descubierto y traducido por un joven de las proximidades de Palmyra, en el Estado de Nueva York, por medio de visiones, o de la ministración de ángeles. Parley Pratt continua el relato de este incidente de la siguiente forma:

«Le pregunte a Hamlin como o donde se podía obtener el libro, y me respondió prometiéndome que averiguaría y me lo comunicaría al día siguiente… A la mañana siguiente fui a verlo a su casa, donde, por primera vez, mis ojos vieron E L LIBRO DE MORMÓN, ese libro de libros . . . que fue el medio principal, en las manos de Dios, por el cual cambio por completo el curso de mi vida futura.

Lo abrí con sincero interés y procedí a leer el prólogo. Luego leí el testimonio de varios testigos en cuanto a la manera en que fue encontrado y traducido, y una vez completada esa lectura comencé con el contenido. Leí durante todo el día; el tener que detener mi lectura para alimentarme, significaba un verdadero sacrificio; no tenía ningún deseo de comer, ni tampoco de dormir cuando llegaba la noche, pues prefería seguir leyendo.

Mientras leía, el Espíritu del Señor descanso sobre mí, y supe y entendí que el libro era verdadero, de forma tan simple y manifiesta como un hombre sabe y comprende que el mismo existe…» (Autobiografía de Parley P. Pratt, 3ra. edición, Deseret Book Co., 1938, págs. 36-37.) Seguir leyendo

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Cumplamos con nuestra preparación personal y familiar

Conferencia General Octubre 1978
Cumplamos con nuestra preparación personal y familiar
Elder H. Burke Peterson
Primer Consejero en el Obispado Presidente

H. Burke PetersonHermanos, el presidente Kimball ha bosquejado hoy para nosotros normas de conducta de acuerdo con el tema titulado: «Preparación personal y familiar». Cada uno de los principios presentados, es básico, y debe tener aplicación directa en la vida de cada persona y miembro de la familia en la Iglesia. Las necesidades individuales varían de acuerdo con las circunstancias de cada uno de nosotros, las situaciones personales cambian con el correr de los años. Por lo tanto, debemos evaluar constantemente nuestras necesidades y enmendar nuestro rumbo cuando sea necesario. Nuestra habilidad para evaluar y fortalecer nuestros puntos débiles determina en gran parte, nuestro progreso eterno. Lo que constituye una necesidad para una persona, no necesariamente se aplica a otra. Ahora quisiera daros algunos ejemplos de lo que quiero significar.

Mi esposa y yo tenemos cinco hijas. Para fortalecer nuestra preparación espiritual, durante años hemos tenido la costumbre de leer las Escrituras diariamente en nuestro hogar. Hace quince años, cuando nuestras hijas todavía estaban en casa, nos levantábamos a las 6:15 de la mañana, cuando todo estaba tranquilo, y estudiábamos las Escrituras. Hoy continuamos nuestro estudio con nuestra hija de trece años, sólo que nuestro sistema ha cambiado. Además de leerlas juntos durante nuestra noche de hogar y los domingos, ahora tenemos un nuevo programa de lectura diaria.

En el costado del refrigerador hemos colocado una gráfica con los números del I al 30. Cada número representa días consecutivos para leer las Escrituras, y cada miembro de la familia es responsable de leer un capitulo diariamente y anotar su progreso en dicha gráfica, que está a la vista de todos; si a alguien se le pasa un día sin leer, es necesario que empiece de nuevo a hacer las anotaciones de lectura para poder tenerlas en forma consecutiva. Con este plan, uno es más responsable de sus propias acciones; y además, todos sabemos que si toda la familia tiene éxito en este plan durante un periodo de treinta días consecutivos, nos aguardara a todos una feliz sorpresa. Ninguno de nosotros quiere ser el causante de negar a los demás esa recompensa especial, y esta unión es particularmente motivadora para una niña de trece años.

En el lugar donde conservamos nuestro abastecimiento para un año, hay un cartel que dice:

»Almacén de la familia Peterson». Sin embargo, nuestro programa de abastecimiento para un año no es el mismo de hace quince años, cuando éramos dos adultos y cinco hijas; ahora, nuestro almacenamiento refleja las necesidades de una familia que se compone de dos adultos, una hija y varios visitantes.

Nuestro programa de salud física también ha cambiado. Antes, cuando nuestras hijas eran más jóvenes y estaban juntas, se hallaban involucradas en muchos programas de educación física. Ahora es importante que unos padres ya mayores, logren que su hija de trece años participe en deportes. En aquellos tiempos nuestras hijas competían entre sí; ahora el partido de tenis se realiza con el padre de un lado y la madre con la hija del otro lado.

Mi compromiso de salir a correr diariamente, que ha sido un hábito por quince años, sigue siendo parte de mi vida, aunque me es cada vez más difícil.

Al cambiar las condiciones familiares y al ir madurando, nos damos cuenta de que todavía existe una gran necesidad de las expresiones de cariño. Todavía existe la necesidad de tener entrevistas regulares entre padres e hija. Un padre y su hija de trece años todavía necesitan salir alguna vez durante el verano, a divertirse juntos en un parque de diversiones. Aun la comunicación entre esposos debe ser vigorizada. Todas estas cosas existirán para siempre y se debe cumplir con ellas. Entonces, este es mi mensaje: No podemos progresar sin cumplir con nuestra propia preparación personal y familiar. La preparación no es estática, sino que es algo que esta constantemente cambiando. No conozco ninguna situación en la vida en la que no sea necesaria la preparación. Espero que este programa sea para el beneficio y bendición de nuestras familias. El poco tiempo que nos queda para prepararnos para las eternidades es de mucho valor y no podemos malgastarlo. De esto doy testimonio en el nombre de Jesucristo. Amen.

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Vivamos de acuerdo con estos principios

Conferencia General Octubre 1978
Vivamos de acuerdo con estos principios
Presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. Kimball«Creo que deberíamos ser aún más corteses con nuestra esposa y nuestra madre, con nuestras hermanas e hijas, de lo que lo somos para con otras personas.»

Es un gran gozo reunimos con el Sacerdocio de la Iglesia en esta gloriosa noche. En todo el mundo nos reunimos para adorar al Señor y rendirle honores.

Mis hermanos del Sacerdocio, fue una gran emoción tener reunidas hace poco a miles de hermanas de la Iglesia en una asamblea, en centenares de lugares en todo el mundo; en esa oportunidad realizamos una reunión especial para las mujeres. Vosotros habréis recibido los informes de vuestras esposas, hermanas, madres o hijas, con respecto a dicha reunión Nos sentimos felices de haber podido llevarla a cabo y de disponer de la tecnología que hizo posible que llegara a tantos sitios alejados. Amamos a las mujeres de la Iglesia y sentimos por ellas un profundo respeto.

Continuando con ese esfuerzo, quisiera aconsejaros como hijos, hermanos, padres y esposos. Al servir junto con las mujeres de la Iglesia, seguid el consejo de Pablo cuando exhortando a Timoteo, le dijo:

«Trata a las ancianas como a madres; a las jovencitas como hermanas, con toda pureza». (Tim. 5:12.)

Esta es una de nuestras responsabilidades como poseedores del Sacerdocio, y como tales debemos ser diferentes a otros hombres. La sugerencia de Pablo de tratar a las mujeres de edad como si fueran nuestra madre y a las más jóvenes como si fueran nuestras hermanas, y hacerlo con toda pureza, es un excelente consejo. Los hombres del mundo podrán desdeñar a la mujer, o verla como un simple objeto de deseo o como alguien a quien pueden usar para satisfacer sus propósitos egoístas; pero nosotros debemos ser diferentes en nuestra conducta, así como en nuestras relaciones para con los miembros del sexo opuesto.

Pedro nos insta a honrar a nuestra esposa. (1Pe. 3:7.) Creo que deberíamos ser aún más corteses con nuestra esposa y nuestra madre, con nuestras hermanas e hijas, de lo que lo somos para con otras personas. Cuando Pablo dijo que el hombre que no provee para su propia casa y sus familiares »es peor que un incrédulo’ ‘ (1 Tim. 5:8.), considero que el hecho de proveer debería interpretarse como referente al bienestar emocional que provee el afecto, del mismo modo que a la seguridad económica. Cuando el Señor nos dice en esta dispensación que ‘ ‘las mujeres tienen derecho de recibir sostén de sus maridos» (D. y C. 83:2), pienso que en la palabra sostén se incluye nuestra obligación de mantener el afecto amoroso y proveer consideración y delicadeza, del mismo modo que los alimentos.

El presidente Lee dijo en una oportunidad que los necesitados que nos rodean, tienen tanta necesidad de amistad y compañerismo, como de cosas materiales. A veces pienso que podemos considerar a algunas de las mujeres mormonas necesitadas solo por el hecho de que algunos de nosotros no somos delicados y considerados con ellas en la forma en que deberíamos serlo. Nuestras despensas pueden estar repletas de alimentos, y sin embargo nuestras hermanas pueden estar hambrientas de afecto y reconocimiento. Seguir leyendo

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Compromiso con el Señor

Conferencia General Octubre 1978
Compromiso con el Señor
Elder Jack H. Goaslind Jr.
Del Primer Quórum de los Setenta

Jack H. Goaslind Jr.«Más que nunca siento una dependencia total del Señor y ruego fervientemente por la ayuda de su Espíritu.»

Mis queridos hermanos, mi corazón rebosa al pararme delante de vosotros y aceptar este llamamiento para servir al Señor. Me siento abrumado por la responsabilidad que esto implica, pero me siento también agradecido más allá de lo que las palabras puedan expresar, por esta oportunidad que tengo de servir a mi prójimo.

Desde el último jueves por la tarde, cuando tuve el gran honor de tener una entrevista con el presidente Kimball, mi vida no ha sido la misma. Más que nunca siento una dependencia total del Señor y ruego fervientemente por la ayuda de su Espíritu, así como por vuestra poderosa influencia y amor.

Hay muchas cosas por las que hoy me siento agradecido, y deseo reconocer el amor, el respeto y la devoción que siento por mis padres, quienes al igual que Alma cuando instruía a su hijo Helamán, me enseñaron:

»A no cansarse nunca de las buenas obras, sino a ser mansos y humildes de corazón; y aprende sabiduría en tu juventud; si, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios.» (Alma 37:34-35.)

Viviré eternamente agradecido por el amor y la profunda influencia que mis padres tuvieron en mi vida.

Me siento también profundamente agradecido por mis parientes y amigos, quienes han demostrado tanta paciencia y comprensión para conmigo. He sido bendecido con buenos amigos que han enriquecido y fortalecido mi vida. Jamás olvidaremos las lecciones que aprendimos, en la gran experiencia misional que mi esposa y yo tuvimos en la misión de Arizona—Temple, en la cual presidimos sobre más de 600 misioneros. De mi buena esposa Gwen, una de las más nobles hijas de nuestro Padre Celestial, quiero decir que me ha apoyado con infalible devoción; ella está llena de amor y fe, y posee un gran amor por el evangelio. Ha sido una inspiración para mí y la quiero con todo mi corazón. Aprecio y amo a cada uno de nuestros seis hijos, a mi yerno y a nuestro primer nieto. Sus justas vidas han sido motivo de gozo y felicidad para nosotros.

Quisiera expresar mi amor especial por mi hijo que se encuentra en el Centro de Capacitación de Misioneros, y que pronto habrá de partir para la ciudad de Padova, Italia.

Os dejo mi testimonio, por el cual estoy profundamente agradecido de que el Señor Jesucristo vive, de que esta es Su obra y de que el presidente Spencer W. Kimball a quien mucho quiero es en verdad el Profeta de Dios sobre la tierra. Me comprometo ante él, ante mis hermanos de las Autoridades Generales y ante vosotros, mis hermanos y hermanas, a servir a Dios con todo mi corazón, fuerza, mente y poder, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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El evangelio nos hace más felices

Conferencia General Octubre 1978
El evangelio nos hace más felices
Elder Teddy E. Brewerton
Del Primer Quórum de los Setenta

Teddy E. Brewerton«Debido a que el Evangelio de Jesucristo nos hace más felices, sentimos el deseo de compartir este mensaje con todos los pueblos.»

Hace algún tiempo, hablando con un conocido abogado de Nueva York le dije que el Evangelio de Jesucristo, tal como lo conocemos y como ha sido restaurado a la tierra, nos trae felicidad. El me miró y me dijo: «¿Que más puedes pedir de la vida?» Al analizarlo me proyecte hacia el pasado de mi vida y medite acerca del presente, y una vez más comprendí las grandes bendiciones de que disfrutamos en nuestra unidad familiar. Amo a mi esposa y sé que el Señor me la ha dado; amo el evangelio y sé que es verdadero.

Hace dos días le dije al presidente Kimball que desde hace algunos años, cada vez que miro su fotografía, cada vez que lo veo a la distancia, cada vez que lo saludo y le doy la mano, sé perfectamente quien es él: es el representante del Señor sobre esta tierra. Sé que esto es así.

Debido a que el Evangelio de Jesucristo nos hace más felices, sentimos el deseo de compartir este mensaje con todos los pueblos. Dedico mi vida y todo lo que poseo, al igual que mis servicios, al Señor, a la Presidencia de la Iglesia y a cualquier persona que presida sobre mí. Deseo servir, y en muchas ocasiones recientes he expresado la preocupación de que una de las cosas que más me afectarían sería la de no participar en el trabajo del Señor. No me importa lo que haga, siempre que sea dentro de la Iglesia.

El ejemplo de servicio del Salvador es el más grande e importante de que podamos disponer. Debemos seguir y emular ese ejemplo.

Ruego que seamos bendecidos con bendiciones especiales, que podamos comprender la visión que posee el presidente Kimball con respecto a la gran necesidad y urgencia que existe en el mundo de apresurar la obra del Señor. Ruego que podamos hacerlo así, teniendo presente el hecho de que debemos llevarla adelante y fortalecerla.

En las últimas dos semanas mi esposa y yo nos vimos sometidos a una experiencia muy especial. Algo que habíamos planeado llevar a cabo durante casi veinte años, estaba a punto de hacerse realidad a fines de este año. Sin habernos consultado un día nos miramos y nos dijimos mutuamente: »No sé porque, pero creo que no deberíamos hacerlo.» Y claro está, ahora sabemos porque.

Estoy agradecido por la intervención del Señor en mi vida y ruego poder ser digno de las muchas bendiciones que me da y ser un siervo fiel en el desarrollo de Su reino. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Seamos uno con el Profeta

Conferencia General Octubre 1978
Seamos uno con el Profeta
Elder F. Burton Howard
del Primer Quórum de los Setenta

F. Burton HowardMis hermanos, me siento sumamente agradecido por el amor y la confianza de la Primera Presidencia, y por el voto de sostenimiento que he recibido en esta conferencia, y que me ha traído ante vosotros en esta oportunidad. Amo al Señor y a su obra.

Aun a riesgo de ser indebidamente personal, quisiera deciros que amo el evangelio, no porque haya sido compelido por falta de una mejor selección o por las circunstancias, ni por la irreflexiva adopción de normas foráneas; no porque haya sido manipulado, sino por la actuación consciente, constructiva, con un serio propósito, y brindando la ofrenda voluntaria de mi corazón. Deseo llevar a cabo la obra del Señor, humilde, total, positiva y honestamente; sin subordinar mi alma a otras personas, ni buscar el dominio de las mismas, sino siendo uno, por mi libre elección, con aquellos que son del Señor; compartiendo y poniendo todo mi ser en la obra, agradecido por ser parte de la misma dondequiera que deba estar; no tratando de escapar a la soledad, ni tratando de llenar la vida con una actividad destinada a engañarme, sino llevando a cabo consciente y voluntariamente todo aquello que deba ser hecho. Deseo ser un siervo agradecido, que con amor ponga su hombro en el desarrollo de Sión, brindando mi corazón y mi aliento a una gran causa.

Deseo permanecer firme y sin temores, sin debilidades —porque la debilidad implica la presión externa— irradiando fortaleza y caridad desde lo más íntimo de mi ser; ofensivamente —no defensivamente— entusiastamente, con dulzura, con fidelidad, en eterna armonía con el Señor. Que todos podamos llegar a ser uno con El y con su Profeta, y podamos así brindar armonía a la obra en que estamos embarcados, dondequiera que la llevemos a cabo, y en cualquier tierra. Ruego por cada uno de nosotros y muy especialmente por mí, al reconocer mis debilidades delante de vosotros para aceptar este gran llamamiento, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Mi respuesta al llamamiento

Conferencia General Octubre 1978
Mi respuesta al llamamiento
Elder James E. Faust
del Consejo de los Doce

James E. FaustPresidente Kimball y mis amados hermanos y hermanas, nadie ha llegado jamás a este llamamiento con un mayor sentimiento de insuficiencia de lo que yo lo hago en este momento. En la dulce agonía de la meditación, en las largas horas de los días y noches transcurridas desde el jueves, he tenido el sentimiento de ser completamente indigno y falto de preparación.

Considero que un requisito fundamental para el sagrado apostolado es el de ser testigo personal de que Jesús es el Cristo y el Divino Redentor. Tal vez solamente en base a ese concepto pueda yo llenar los requisitos necesarios. He llegado a conocer esta verdad por medio de la indecible paz y el poder de Espíritu de Dios.

Deseo reconocer el consuelo y el apoyo que ha significado el amor de mi amada Ruth, quien es tanto parte de mí mismo como lo son mi corazón y mi alma. Deseo también expresar mi profundo amor y afecto por cada miembro de nuestra familia.

En la Primaria fue donde primero aprendí los nombres de los apóstoles tanto los antiguos como los de nuestra época. Mi madre fue una de mis maestras y estoy seguro de que jamás, ni en los más atrevidos de sus pensamientos, ella imaginó que alguno de aquellos a quienes ella enseñaba, llegaría un día a sentarse en el consejo de los testigos especiales del Señor Jesucristo.

He nacido con cierta afección a la vista que me impide distinguir determinados colores, y he aprendido a querer a todos los pueblos de los países en los que he sido misionero, soldado o Autoridad General, sin distinción del color de su piel. Tengo la gran esperanza de llegar a ser discípulo de acuerdo con el modelo y el ejemplo del presidente Kimball, y de las demás autoridades en su amor por todos, y especialmente por los humildes, los oprimidos, los pobres y afligidos, los necesitados y los pobres de espíritu. Sé que si olvidamos a estos, de ninguna forma podemos ser discípulos de Jesucristo.

Con tristeza reconocemos el fallecimiento de nuestro amado amigo, el élder Delbert L. Stapley. Nadie podrá jamás tomar su lugar en nuestro afecto y en nuestro corazón.

Expreso mi aprecio por el apoyo y el amor del presidente Kimball, del presidente Tanner, del presidente Romney, del presidente Benson y de todos los miembros del Consejo de los Doce. Al presidente Franklin D. Richards, al igual que a nuestros hermanos del Primer Quórum de los Setenta y otras autoridades generales, expreso mi eterno amor y aprecio. Consagro mi vida, toda mi energía y la poca habilidad que pueda tener, total, completamente, y sin reservas, a Dios y a su Profeta, el presidente Kimball. Sé que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; sé que el Salvador sabe que yo sé que El vive, por lo cual acepto con toda voluntad, el llamamiento, las llaves y el mandamiento, con la promesa de llevar a cabo el mejor trabajo que me sea posible, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

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Somos mayordomos…

Conferencia General Abril 1978
Somos mayordomos…
presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMis queridos hermanos, he disfrutado mucho de esta reunión, en la que ciertamente ha estado el Espíritu del Señor.  Quiero que el presidente Kimball sepa que él ha fortalecido mi determinación de aumentar mis esfuerzos para edificar el reino de Dios.

En verdad, esta mañana se nos ha nutrido con el espíritu de esta obra; se nos ha instruido sobre lo que debemos hacer y cómo debemos hacerlo.  Sólo espero y ruego que el Espíritu del Señor nos acompañe al salir de aquí, y que podamos cumplir las instrucciones que hemos recibido, a fin de que El esté complacido con nuestra actuación.

Quisiera daros mi testimonio de que ésta es la Iglesia de Jesucristo. Deseo repetir esas palabras: Esta es la Iglesia de Jesucristo.  Este es Su programa, nosotros somos Sus mayordomos y El nos pedirá cuentas de nuestra mayordomía.

Monte Bean dijo en una oportunidad:

«Todo lo que tenemos pertenece al Señor.  Nosotros somos Sus mayordomos, y cualquier cosa que El o los líderes de la Iglesia quieran de mí, estaré dispuesto a darlo.»

Qué gran espíritu habría entre nosotros, si comprendiéramos que todo lo que tenemos para administrar, todo lo que reclamamos como nuestro, pertenece al Señor, y que tenemos la responsabilidad de cuidarlo en la misma forma en que El lo cuidaría.

Es mucho lo que se ha hecho, pero hay todavía mucho por hacer, y se hará mejor si seguimos los principios de la mayordomía. Creo que a eso se refería el presidente Kimball cuando dijo en nuestra última reunión de los Servicios de Bienestar:

«Hermanos… teniendo presente estos pensamientos, quisiera exhortaras a seguir adelante en esta gran obra, pues es mucho lo que depende de nuestra buena voluntad para reconocer, colectiva e individualmente, que nuestra presente actuación no es aceptable ni para nosotros, ni para el Señor.» (Liahona, febrero de 1978, pág. 113.)

Ruego humildemente, mis hermanos, que podamos comprender esto al representar al Señor en esta gran obra de bienestar.  Y os doy mi testimonio de que es la obra del Señor. Es responsabilidad nuestra llevarla a cabo, y seremos bendecidos de acuerdo con la manera en que llevemos a cabo nuestro deber.  Que podamos hacerlo bien, lo ruego en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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Los servicios de bienestar comienzan en nosotros

Conferencia General Abril 1978
Los servicios de bienestar comienzan en nosotros
élder A. Theodore Tuttle
del Primer Quórum de los Setenta

A. Theodore TuttleCierta vez tuvimos la interesante experiencia de ver en una zona selvática de Sud América un animalito de color grisáceo que colgaba cabeza abajo asido de un árbol con sus cortas patas traseras; las delanteras eran más bien largas; sus movimientos eran tan lentos, que era difícil darse cuenta de si estaba vivo o muerto.  Se nos dijo que se trataba de un «perezoso», lo cual me despertó la curiosidad, pues la definición del término aparece en las Escrituras.  El Señor lo usó con desdén, al referirse a aquellos lentos para actuar.

Cuando comenzó el Programa de Bienestar en la década del 30, el mismo tuvo como fin eliminar el flagelo de la ociosidad, restablecer el respeto propio y ayudar a la gente a que se ayudara a sí misma.  Los principios básicos del sistema económico del Señor, fueron primeramente revelados al profeta José; casi todo lo que ha acontecido desde entonces, nos ha encaminado a prepararnos para la época en que dicho programa se necesitara en una mayor extensión.  En los pasados años, se han declarado muchos grandes principios, los cuales repasaré brevemente.

El presidente Grant dijo:

«Los miembros de la Iglesia necesitamos bendiciones, y el único modo de que podamos recibirlas… es observando las leyes sobre las cuales se basan.  La ley fundamental correspondiente al bienestar de nuestra gente, es la ofrenda de ayuno.  La razón por la cual queremos poner de relieve la importancia de cumplir con ella, es que tenemos necesidad de las bendiciones que se reciben por medio del pago de la misma.»

El presidente Clark aconsejó lo siguiente:

«Vivid conforme a vuestros medios; libraos de las deudas, y no incurráis en ellas.  Abasteceos para los tiempos difíciles, los que nunca dejan de sobrevenir.  Practicad y reforzad los hábitos del ahorro, la industria, la economía y la frugalidad.» (Conference Report, oct. de 1937, pág. 107.)

«Que cada jefe de familia se asegure de tener disponibles en su casa alimentos y ropa suficientes, y si es posible, también una provisión de combustible, por lo menos para un año… Que quien tenga un pedazo de tierra, o una granja, la cultive. Seguir leyendo

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