¿Qué hay después de la muerte?

Conferencia General Octubre 1974

¿Qué hay después de la muerte?

LeGrand Richards

por el élder LeGrand Richards
Del Consejo de los Doce


Me siento sumamente feliz, hermanos y hermanas, al tener el privilegio de compartir con vosotros esta maravillosa conferencia. He disfrutado inmensamente de la música en todas las sesiones como asimismo de los discursos de mis hermanos. Hoy, en vuestra presencia, quisiera expresar humildemente mi amor por mi Padre Celestial, por su Hijo Jesucristo, que dio su vida como sacrificio expiatorio por nosotros, y también por su evangelio restaurado que nos brinda tan magnífico modelo de vida para guiarnos y la esperanza para la eternidad, después que haya terminado nuestra obra aquí, sobre esta tierra.

Me gustaría expresar mí amor por los santos, muchos de los cuales he llegado a conocer viajando por la Iglesia, en las misiones, en la Casa de Misión, y cuya fe he sentido. Damos gracias a Dios por la grandiosa efusión de su Espíritu que hoy en día está causando el gran crecimiento y progreso de la Iglesia en todo el mundo. Le doy gracias también por nuestros nobles líderes, el presidente Kimball y sus consejeros, a quienes estimo profundamente; y la gente los ama porque son verdaderamente siervos de nuestro Padre.

Hoy quisiera dirigir mis palabras a los padres a quienes la muerte les ha arrebatado hijos, antes de que éstos pudiesen llegar a la madurez, entrar en el convenio del matrimonio y tener sus propios hijos aquí sobre esta tierra. Creo que no son pocas las familias que han sufrido esta experiencia.

Pienso en los miles de nuestros muchachos que han perdido la vida en los campos de batalla por sus países; pienso en nuestros muchachos que han muerto en el campo de la misión. Cuando fui presidente de la Misión de Holanda, sostuve en mis brazos a uno de esos magníficos misioneros mientras pasaba él a gloria eterna. Seguir leyendo

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Unión eterna

Conferencia General Octubre 1974

Unión eterna

Mark E. Petersen

por el élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce


Quisiera expresar en esta oportunidad, el profundo aprecio que siento por la maravillosa dirección que nos brinda al presidente Kimball, sentimiento que, estoy seguro, vosotros compartís conmigo. El me conmueve, y tengo la certeza de que os conmueve también a vosotros. Es un poderoso hombre de Dios, y lo caracteriza una inmensa humildad. Cuenta con la magnífica habilidad de comunicarse claramente con tos demás. Lo amamos profundamente. Además, estoy seguro de hablar en nombre de todos vosotros, al decirle hoy que estamos agradecidos por la dirección que nos brinda y que le apoyamos y sostenemos con todo nuestro corazón y alma.

Tengo un amigo que se llama Kenneth. El tiene una buena esposa y cuatro hijitos; es buen ciudadano y excelente trabajador.

Su familia es muy unida. Hacen muchas cosas juntos, van juntos a diferentes lugares, y juntos se divierten. Algunos se preguntarán con razón, qué más podrían desear. Pero en realidad, a mi amigo Kenneth y su familia les falta algo muy importante: se trata, por cierto, de una deficiencia fundamental; les falta precisamente aquello que puede hacer de su felicidad y unión, algo permanente.

Están tan satisfechos con el presente, que no se han detenido a pensar en la posibilidad de que toda esa felicidad de que disfrutan, pueda llegar a su fin, desvaneciéndose, por lo tanto, todo esto, llegando a convertirse su gozo y unión actuales, sólo en un placentero recuerdo.

Kenneth y su esposa son personas buenas, honestas y rectas. Pero no asisten a la Iglesia y piensan que pueden ser suficientemente buenos sin una religión que los guíe. A los hijos les inculcan la honestidad y la virtud, y se dicen a sí mismos que eso es precisamente todo lo que una religión haría por ellos.

Insisten en que, de todos modos, necesitan los fines de semana para sus actividades de recreo familiar. Los sábados y los domingos son los únicos días que Kenneth está libre de su trabajo, por lo que el ir a la Iglesia sería sólo un estorbo en sus planes para los fines de semana.

Quisiera hablarles ahora a Kenneth y su familia, y a todas las familias que se encuentren en situaciones similares. Entonces, Kenneth, conversemos por un momento.

Sabemos que el amor que sientes por tu familia es muy grande, pero podría ser aún mucho mayor. Tú sabes cuán incierta es la vida y que las buenas cosas de que disfrutas ahora, bien podrían no continuar del mismo modo para siempre.

¿Recuerdas a Ralph Stewart, que trabajaba en el mismo lugar donde tú trabajas? ¿Recuerdas el accidente que tuvo, que lo dejó inválido y que a la postre fue el motivo que le quitó la vida? ¿Qué sucedió con la unión de aquella familia? ¿Dónde está ahora el recreo de fin de semana que ellos solían tener? Seguir leyendo

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“. . . Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos

C. G. Octubre 1974
“. . . Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos
Por el élder L. Tom Perry
Del Consejo de los Doce

L. Tom PerryHace poco tuve la oportunidad de volver a la escuela, pero sólo por un período de cinco días; me invitaron a asistir a una escuela de procesamiento de datos.  Al hacerlo, me sentí cautivado por las últimas maravillas que ha descubierto la humanidad; por ejemplo, me asombré al observar a un instructor que, escribiendo unos pocos símbolos en el teclado de una máquina, en cuestión de segundos tuvo acceso a un archivo que se encontraba a casi 5,000 Kilómetros de distancia.

Nos mostraron una nueva máquina impresora tipo consola, más pequeña que las corrientes.  En el aspecto general es como las otras que existen en el mercado, con la única diferencia de que ésta es mucho más eficiente.  Al hacerla funcionar el impresor comenzó a escribir como toda máquina, de izquierda a derecha; pero al llegar al final de la línea, hizo el espacio y comenzó a escribir de derecha a izquierda, a fin de ahorrar el tiempo que se demora en regresar al principio de la línea.  Me quedé asombrado por la velocidad, la exactitud y las notables ventajas que ésta tenía sobre las otras máquinas de su tipo.

Al pensar en los progresos técnicos de la humanidad, mi recuerdo me llevó a la primera máquina de oficina que conocí, siendo un niño de cinco o seis años: era una vieja máquina manual de sumar, que mi padre usaba para hacer sus cálculos cuando era obispo.  Y pensé en la maravillosa evolución que ha tenido lugar en el transcurso de mi vida, sólo en los distintos tipos de maquinaria.  En ese breve instante en que mi mente resumió esos progresos, sentí también la irresistible tentación de imaginar el futuro y comprendí que todavía veremos muchos avances técnicos que ni siquiera imaginamos.  Y me maravillé ante los planes del Señor al contemplar mentalmente el proceso de su creación; desde el principio de ésta hasta el fin, que será la celestialización de la tierra.  El nos ha suplido con toda la materia prima indispensable para cuidar de nuestras necesidades.  Es en momentos como ese, cuando recuerdo la magnífica escritura que citó nuestro Profeta esta mañana:

«De Jehová es la tierra y su plenitud el mundo, y los que en él habitan» (Sal. 24:1).

Siempre me ha resultado interesante el hecho de que cuando el Señor habla en la,, Escrituras de rectitud, promete siempre abundancia y plenitud.  La escasez y la miseria no vienen de El sino del hombre, como resultado cae que no seguirnos sus instrucciones originales: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread … sobre la tierra» (Gén. 1:28).

Para aumentar nuestra potencialidad desde el principio nos dio guía para la conducta que habíamos de observar en nuestra jornada terrenal como seres mortales.  Primeramente, nos ha pedido que lo amemos y creamos en sus palabras y en segundo término, que amemos a nuestros semejantes lo suficiente como para ayudarles a obtener un testimonio de El.  Cuando el abogado le preguntó, «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?», Cristo le respondió: Seguir leyendo

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Donde mucho se da, mucho se requiere

Conferencia General Octubre 1974

Donde mucho se da, mucho se requiere

President Boyd K. Packer

por el élder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce


Es mi intención hoy informar a aquellos que todavía no son miembros de la Iglesia, y recordar a todos los que lo somos, sobre nuestra responsabilidad de compartir el evangelio con los demás.

Hace tres semanas me encontraba en Nueva York aguardando abordar un avión para Europa. Una empleada de la compañía de aviación dejó su escritorio por unos minutos y se acercó a mí.

«Dos de mis sobrinos se unieron a su Iglesia», me dijo, «y me cuesta trabajo creer el cambio que esto ha efectuado en ellos.» En nuestra breve conversación le pregunté qué pensaba su hermana sobre el paso que sus hijos habían dado.

«No podría estar más feliz», respondió; y pasó a explicarme los motivos que tenía la familia para preocuparse por ellos: eran el tipo de muchachos errantes que ha mencionado el presidente Tanner. «No creería si le contara cómo han cambiado, incluso en su aspecto personal.»

Más tarde, cuando me alejaba para subir al avión, me agradeció otra vez y agregó: «No sé cómo logran ustedes estas cosas.»

Para responder a esa pregunta, quisiera decir primeramente que observamos elevados principios de conducta. Los principios del evangelio están bien fundados; algunos de los programas y métodos cambian, pero las normas no se alteran. Este hecho da a los miembros un gran sentido de seguridad y protección. Seguir leyendo

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Mi galería personal de ídolos

C. G. Octubre 1974
Mi galería personal de ídolos
Por el élder Thomas S. Monson
Del Consejo de los Doce

Thomas S. MonsonAl acercarse rápidamente el fin de esta conferencia, parecería que las palabras del apóstol Pedro reflejaran los sentimientos de cada persona que ha asistido a estas sesiones, que ha tenido la oportunidad de verlas por televisión o las ha oído por radio.

Después de su experiencia en el Monte de la Transfiguración, Pedro le dijo a Jesús: «Señor, bien es que nos quedemos aquí» (Mateo 17:4). Presidente Kimball, bueno es que todos hayamos estado aquí.

Ruego que el mismo espíritu que prevaleció durante la conferencia, continúe acompañándome al corresponder yo a esta oportunidad que se me brinda de dirigiros la palabra.

Durante un claro día de invierno, me encontraba conduciendo mi automóvil acompañado de un amigo; a lo largo de la autopista que une el centro de Manhattan, New York, con los suburbios de Westchester. Mi amigo me fue indicando algunos de los sitios históricos que abundan en esa zona, donde el hombre ha construido en forma indiscriminada, su cinta de caminos a través del curso de la historia.

Repentinamente, al igual que la figura de un viejo e inolvidable amigo, divisamos una silueta, era del estadio de béisbol del equipo de los «Yankees». (Tal como sucede en la América Latina con las impresionantes vistas de los estadios de fútbol de los grandes equipos locales.) Allí estaba el gran estadio de los campeones, el campo de juego de los «ídolos» de mi juventud. En realidad, qué muchacho no ha idolatrado a aquellos que ante los entusiastas gritos de aliento de miles de partidarios, jugaron maravillosamente el juego de béisbol, básquetbol o fútbol.

Como era invierno, la plaza de estacionamiento de automóviles se encontraba desierta. Lejos ya las muchedumbres de los grandes encuentros, los vendedores de maní y los que vendían los boletos de entrada, continuaban presentes en la memoria los grandes ídolos inolvidables como Babe Ruth, Lou Gehrig y Joe DiMaggio. Sus insuperables hazañas y las habilidades que las originaron quedaron registradas para siempre; fueron elegidos para integrar la prestigiosa «Galería de la Fama» del béisbol.

Del mismo modo que con éste o con cualquier otro deporte, así sucede con la vida. En lo más íntimo de nuestra conciencia, cada uno de nosotros conserva una galería privada de aquellos líderes que han tenido poderosa influencia en nuestra vida. Relativamente pocos de los hombres que ejercen autoridad sobre nosotros desde la niñez hasta la edad madura, podrían pasar con éxito el examen para entrar en esa honorable galería. Ese examen tiene muy poco que ver con las galas externas del poder y la abundancia de las posesiones de este mundo. Los líderes que admitimos en este privado santuario de nuestra meditación reflexiva, son por lo general aquellos que nos encienden el corazón con la devoción de la verdad, que hacen que la obediencia al deber parezca la esencia de la humanidad, que transforman algunos acontecimientos ordinarios y de rutina en el ideal característico de la persona que deseamos llegar a ser. Seguir leyendo

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Sé valiente en la batalla de la fe

Conferencia General Octubre 1974

Sé valiente en la batalla de la fe

élder Bruce R. McConkie

por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce


De los escritos de Pablo, tomamos este desafío:

«Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.
«Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna. . . » (1 Tim. 6:11-12).

Así escribió nuestro compañero apóstol que aceptó al Hijo de Dios como su Salvador; que tomó sobre sí el yugo de Cristo; que en las aguas del bautismo hizo convenio de servirle y guardar sus mandamientos. Así también les decimos hoy a todos aquellos que han tomado sobre sí el nombre de Cristo y se han enrolado en la causa de la verdad y la justicia. Sed valientes. Pelead la buena batalla. Permaneced fieles; guardad los mandamientos; luchad por vencer al mundo.

Hablando de sí mismo y de la gran guerra que había ganado contra el mundo, Pablo dijo:

«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida» (2 Tim. 4:7-8). Seguir leyendo

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Corrientes oceánicas e influencias familiares

Conferencia General Octubre 1974

Corrientes oceánicas
e influencias familiares

Spencer W. Kimball

por el Presidente Spencer W. Kimball


Yo recuerdo vívidamente mi primera vista de una montaña de hielo flotante (iceberg). En 1937, la hermana Kimball y yo hicimos nuestra primera travesía del Atlántico en un buque de vapor, saliendo de Montreal, Canadá, por el Río de San Lorenzo hasta el Atlántico Norte.

Un día, cuando ya estábamos muy dentro del océano, hubo excitación en el barco. Se había avistado un iceberg, la mayoría de los pasajeros corrieron a cubierta para contemplar este espectáculo. Podíamos verlo a la distancia, un objeto grande y blanco, destacando contra el mar obscuro y el azul del cielo.

Ahí flotaba quietamente en el agua, como el agudo pico de una alta montaña, una cosa de admirable belleza. Toda mi vida había oído acerca de ellos, y ahora, por primera vez, estaba allí ante mis ojos como un afilado pico de una montaña de hielo. Esto trajo a nuestra mente el trágico hundimiento del Titanic, trasatlántico de la línea White Star, en su primer viaje a través del océano. Un enorme iceberg chocó contra este gran barco nuevo en la noche del 14 de abril de 1912. Mil quinientas tres personas, muchas de ellas eminentes personalidades de Inglaterra y de los Estados Unidos perecieron ahogadas al hundirse el buque y sólo setecientos tres pudieron salvarse. Seguir leyendo

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Los David y los Goliat

Conferencia General Octubre 1974

Los David y los Goliat

Por el Presidente Spencer W. Kimball
Presidente de la Iglesia


Mis hermanos, es maravilloso estar con vosotros esta noche, calculando que somos aproximadamente unos 195.000 poseedores del sacerdocio entre los que estamos aquí y los que están escuchando esta conferencia.  Hoy os rendimos tributo y os expresamos nuestro gran afecto.

Hace muchos años, cuando me encontraba yo en la presidencia de la Estaca St. Joseph, de Arizona, un domingo me tocó ir al barrio llamado Edén.  Se trataba de un pequeño edificio y la mayoría de las personas se apretujaban cerca de la plataforma en la que nos encontrábamos sentados, a unos cuarenta centímetros sobre el nivel del piso de la capilla.

A medida que se desarrollaba la reunión, me llamaron la atención siete pequeños varones que se encontraban sentados en el primer banco de la capilla; me quedé encantado de verlos en esa conferencia de barrio, Después de mirarlos por un instante seguí observando otras cosas, pero al poco rato volví a centrar mi atención en los jovencitos.

Me pareció extraño notar que cada uno de ellos levantaba la pierna derecha y la cruzaba sobre la izquierda al unísono; un poco después, y también todos al mismo tiempo, cambiaban el cruce de la pierna de la izquierda hacia la derecha.  En ese momento me pareció extraño, pero no le presté mayor atención. Seguir leyendo

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Dios no será burlado

Conferencia General Octubre 1974

Dios no será burlado

Spencer W. Kimball

Por el presidente Spencer W. Kimball
Presidente de la Iglesia


Mis queridos hermanos y amigos, me alegro mucho de ver aquí a los líderes y miembros de la Iglesia. Tenemos la esperanza de que en el transcurso de esta conferencia podáis lograr la inspiración que habéis venido a buscar.

En las conferencias de prensa a las que asistimos se nos pregunta a menudo: «¿En qué estado se encuentra la Iglesia?» a lo cual nosotros contestamos; «La Iglesia está bien, se encuentra creciendo, sana y saludable. Gracias.»

Al comenzar esta conferencia, la Iglesia contaba con 661 estacas. Cuando yo vine a trabajar entre las Autoridades en el año de 1943, teníamos 148 estacas; en aquel entonces no había ninguna fuera de los Estados Unidos y habríamos de esperar muchos años antes de que el evangelio cruzara las grandes aguas y los continentes, para llegar a muchos pueblos. Ahora, desde la organización de la estaca de Auckland, en Nueva Zelandia, por el presidente Romney, en mayo de 1958 contamos con 86 estacas fuera de los Estados Unidos. Tenemos también 112 misiones, además de 661 misiones de estaca, contando también con unos 18,000 misioneros, cuando en 1943 contábamos sólo con un puñado de ellos. Mucho nos satisface este desarrollo, que ha sido y sigue siendo estable.

Y cuando se nos pregunta por qué somos un pueblo tan feliz, nuestra respuesta es: «Porque lo tenemos todo, la vida con todas sus oportunidades, la muerte sin temor, la vida eterna con un desarrollo infinito.»

Muy pronto se cerrará otro año de crecimiento y desarrollo, marcado por 3,300.000 miembros de muchas razas, en numerosas tierras y en los cuatro puntos cardinales del planeta. La gente asiste a sus reuniones y se ocupa de sus asuntos personales; los templos están aumentando en número y el trabajo que en ellos se realiza indica una gran espiritualidad de parte de los miembros. Seguir leyendo

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Conozcamos a Dios

Conferencia General Octubre 1974

Conozcamos a Dios

Howard W. Hunter 1

por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce


Esta es la temporada del año cuando nos reunimos para la conferencia general de la Iglesia en este gran e histórico Tabernáculo, construido por los primeros pioneros y colonizadores en lo que era entonces un valle desierto de las inexploradas montañas del oeste. A esta conferencia ha venido gente de todo el mundo; de muchas muchas naciones. Es glorioso ver esta gran asamblea. Algunos están usando audífonos, escuchándolo todo en su propio idioma, pues aunque nosotros estamos hablando en inglés, está siendo traducido instantáneamente para ellos, dándonos un entendimiento común a todos.

Hace pocos años no hubiera sido posible tener esta comunicación simultánea para los múltiples idiomas de esta asamblea, ni tampoco habría sido posible viajar de las distintas partes del mundo en las pocas horas que hemos necesitado para venir aquí. Nos maravillamos de las conveniencias modernas y de los avances de la ciencia en nuestros días. El hombre en su búsqueda del progreso ha alcanzado lo que era desconocido en años anteriores y ha llegado a ser el amo de los elementos de la tierra y de las fuerzas de la naturaleza. Seguir leyendo

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Una ciudad sentada sobre un monte

Conferencia General Octubre 1974

Una ciudad sentada sobre un monte

Gordon B. Hinckley

por el élder Gordon B. Hinckley
Del Consejo de los Doce


Mis hermanos y hermanas: Busco la dirección del Santo Espíritu para que yo pueda decir algo que pueda aumentar vuestra fe. Recientemente he tenido una gran experiencia. Parte de una semana, he estado junto con otros a la entrada del Templo en Washington en calidad de anfitrión para visitantes especiales. Entre éstos asistieron la esposa del presidente de los Estados Unidos, Magistrados de la Suprema Corte, senadores, miembros del consejo, embajadores de varias naciones, miembros del clero, educadores, grandes negociantes, etc. Desde esa semana de invitaciones especiales, otros visitantes, más de trescientos mil de ellos, han venido a ver este sagrada edificio.

En revistas y periódicos han sido dedicadas varias columnas al templo; así mismo, la radio y la televisión han llevado su historia a los lejos y a lo ancho. Dudo que cualquier otro edificio construido en el este en años recientes, haya atraído más atención que éste.

Casi sin excepción, aquellos que vinieron fueron apreciativos y reverentes. Muchos han quedado profundamente impresionados en su corazón. Al dejar el templo, la señora Ford (Esposa del Presidente de E.U.A.) comentó: «Esta es verdaderamente una gran experiencia para mí. . . Es una inspiración para todos.»

Mientras estuve parado en ese sagrado edificio día tras día, estrechando la mano de muchas personas honradas y respetadas, de este país y del mundo entero, dos pensamientos repetidamente cruzaban por mi mente. El primero concerniente a la historia del pasado. El segundo lo ocupaban el presente y el futuro. Seguir leyendo

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No os desesperéis

Conferencia General Octubre 1974

No os desesperéis

por el presidente Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce


Humildemente y agradecido me aproximo a esta responsabilidad sagrada. Es mi esperanza y mi oración que lo que estoy a punto de deciros, os sea de ayuda, tanto física como espiritual en los difíciles días que tenemos por delante.

Vivimos en una época cuando, según el Señor predijo, el corazón de los hombres les está fallando, no sólo físicamente sino en espíritu. (D. y C. 45:26.) Muchos están rindiéndose en la batalla de la vida. El suicidio es la causa más frecuente de muerte entre los estudiantes de colegio. Ya que el enfrentamiento final entre el bien y el mal se aproxima junto con las pruebas y tribulaciones, el desaliento, el desánimo y la depresión.

De todo el pueblo, nosotros como santos de los Últimos Días, debemos ser los más optimistas, porque mientras nosotros sabemos que «se quitará la paz de la tierra y el diablo tendrá poder sobre su propio dominio» —se nos ha asegurado que— «también el Señor tendrá poder sobre sus santos y reinará entre ellos» (D. y C. 1 :35-36).

Con la seguridad de que la Iglesia permanecerá intacta bajo la dirección de Dios, a través de estos tiempos difíciles que están por venir, es nuestra responsabilidad personal ver que cada uno de nosotros permanezcamos fiel a la Iglesia y a sus enseñanzas. «Mas el que permaneciere firme y no fuere vencido, ése se salvará» (José Smith 1:11). Para ayudarnos a no ser vencidos por los designios del diablo, de desesperación, desánimo, depresión y desaliento, el Señor ha provisto cuando menos una docena de sendas que si las seguimos, elevarán nuestro espíritu y nos enviarán gozosos por nuestro camino.

El primero: arrepentimiento. En el Libro de Mormón leemos: «la desesperación viene por causa de la iniquidad» (Moroni 10:22). «Cuando hago el bien, me siento bien» —dijo Abraham Lincoln— «y cuando hago mal, me siento mal». El pecado jala al hombre haciéndolo caer en la desesperación y el desaliento. Mientras el hombre puede tomar algún efímero placer en el pecado, al final resulta en infelicidad. «La maldad nunca fue felicidad» (Alma 41:10). El pecado crea una falta de armonía con Dios y deprime al espíritu. Por tanto un hombre haría bien examinándose a sí mismo para asegurarse de que está en armonía con todas las leyes de Dios. Cada ley cumplida trae una bendición particular, pero cada ley quebrantada trae consigo una consecuencia particular también. Aquellos que están sobrecargados con desesperación, deben venir al Señor, porque su yugo es fácil y ligera su carga. (Mateo 11 :28-30.)

Segundo: oración. La oración en la hora de necesidad es un gran alivio. Desde las pruebas simples hasta nuestros getsemaníes, la oración puede ponernos en contacto con Dios, nuestra gran fuente de consuelo y consejo.

«Ora siempre para que salgas vencedor» (D. y C. 10:5). Oremos, continuamente «…esforzándome con todo mi aliento para pedirle a Dios que me librara . . .»es como el joven José Smith describe el método que él usó en la Arboleda Sagrada para evitar que el adversario (o destruyera (José Smith 2:16). Esta es también una clave que podemos usar para evitar que la depresión nos destruya. Seguir leyendo

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¿Cuál va perdiendo?

C. G. Octubre 1974
¿Cuál va perdiendo?
Por el élder Marvin J. Ashton
Del Consejo de los Doce

Marvin J. Ashton1Una calurosa tarde del verano pasado mi esposa y yo disfrutábamos de un juego de béisbol profesional cuando, durante la primera parte de la competencia, un espectador que llegó tarde desvió nuestra atención del juego al acercarse a mí y preguntarme: «¿Cuál va perdiendo?» Yo le respondí: «Ninguno de los dos.» Después de mi respuesta, el desconocido dio una mirada al marcador de los tantos notando que el juego no iba en empate; siguió caminando, y supuse que indudablemente iría pensando en lo que yo le había contestado.

Segundos después que se hubo sentado en un asiento distante, mi esposa me dijo: «Se nota que no te conoce, ¿no es cierto?» Al preguntarle por qué me decía eso, su respuesta fue: «Pues si te conociera, sabría que tú no crees en eso de que alguien vaya perdiendo, sino que unos van adelante y los otros atrás; pero en tu concepto ninguno pierde. . . ¿no es así?» Sonreí en señal de aprobación, experimentando al mismo tiempo un cálido sentimiento interior.

Todos nosotros, jóvenes y viejos, haremos bien en darnos cuenta que la actitud es más importante que los tantos que se apuntan en el marcador; el deseo es más importante que la ventaja que se logre; el impulso, más importante que alcanzar el triunfo. El rumbo que sigamos es más importante que la posición o el lugar en que nos hallemos.

La verdad que se encuentra en Proverbios 23:7, que dice: «Porque cual es su pensamiento (del hombre) en su corazón, tal es él» es tan aplicable hoy en día como en cualquier otra época de la historia. Recuerdo a un joven que conocí hace años y que se había tatuado en el cuerpo las siguientes palabras: «YO NACÍ CON MALA SUERTE.» Creo que no os sorprenderéis cuando os diga que lo conocí en una prisión del estado.

También recuerdo una ocasión en que pregunté a dos muchachitos si sabían nadar; uno me respondió sencillamente «no» y el otro, «No lo sé, porque nunca lo he intentado.» Tal vez inocentemente pusieron en evidencia sus respectivas actitudes.

Una actitud apropiada en este mundo dominado por la crisis, es una posesión de valor incalculable. Nunca ha sido más importante que ahora, que sigamos hacia adelante con convicción. Podemos quedarnos atrás, pero no estaremos perdiendo si guiamos nuestros pasos en la dirección correcta. Dios no hará la cuenta de nuestros actos sino hasta el final de la jornada. El, que nos hizo, espera que salgamos victoriosos y está pronto y ansioso a dar respuesta a nuestra petición de ayuda. Es triste, pero es cierto, que en la actualidad son muchos lo que se encuentran a la retaguardia en sus contactos con Dios, abrigando y dando forma a actitudes destructivas, tanto hacia sí mismos como hacia sus semejantes. Es necesario que contemplemos la vida con buen ánimo, optimismo y valor si hemos de seguir hacia adelante y hacia arriba.

La esencia de las siguientes palabras: . . .y dad las gracias en todo» (D. y C. 98:1), «darás las gracias al Señor tu Dios en todas las cosas» (D. y C. 59:7) y «el que recibe todas las cosas con gratitud, será glorificado’ (D. y C. 78:19), no constituyen sólo recomendaciones sobre la forma de expresar agradecimiento sino que son poderosísimas pautas de una actitud que presenta modelos satisfactorios. Pensad en el cometido personal de dar las gracias a Dios en todas las cosas. Si damos las gracias a Dios en todas las cosas no nos permitiremos el lujo de quedar atrás. Debemos esforzarnos todos los días por superar el registro de nuestro ayer; el nuestro, no el de otra persona. Con la ayuda de Dios podemos realizar todas estas cosas y ser en verdad ganadores en los procesos de la eternidad. Seguir leyendo

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Las responsabilidades del sacerdocio

Conferencia General Abril 1973

Las responsabilidades del sacerdocio

N. Eldon Tanner

por el élder N. Eldon Tanner
Segundo Consejero en la Primera Presidencia


Es un gran privilegio, honor y responsabilidad pararme al frente y hablar a todo el sacerdocio reunido en este histórico Tabernáculo, y saberme escuchado en otros 800 edificios en los Estados Unidos y Canadá. Este es el mayor grupo de poseedores del sacerdocio que se haya reunido para escuchar la voz del Profeta, y cuando pienso en que ellos pueden ver y escucharlo a través de un circuito cerrado de transmisión mientras él habla para ellos, eso me recuerda que también nosotros tenemos a nuestra disposición un círculo cerrado para comunicarnos con nuestro Padre Celestial, mediante el cual, si nos mantenemos en la frecuencia correcta, podemos escucharlo y hacernos escuchar por él.

Con frecuencia me pregunto si realmente apreciamos lo que significa el sacerdocio. El presidente Romney, que está muy cerca del Señor nos ha dado esta noche algunas instrucciones que, si las seguimos, nos ayudarán a apreciar el sacerdocio y a disfrutar las bendiciones que reciben quienes lo magnifican, esto quiere decir estar en completa armonía con lo que dijo el presidente Romney, magnificar el sacerdocio en el oficio al cual fuereis nombrados, porque esto es lo que debemos hacer mis hermanos. Tenemos esta gran responsabilidad sobre nosotros desde el momento mismo en que recibimos el sacerdocio de Dios.

Cada vez que pienso en el sacerdocio pienso en el gran honor y privilegio que tenemos de hablar y actuar en el nombre de nuestro Padre Celestial, y en la responsabilidad que cae sobre nosotros. Seguir leyendo

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Podrás escoger según tu voluntad

Conferencia General Abril 1973

Podrás escoger según tu voluntad

N. Eldon Tanner

por el Presidente N. Eldon Tanner
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Uno de los dones más grandes que Dios ha dado al hombre es el del libre albedrío.


A una temprana etapa en el viaje de la vida, el hombre se encuentra frente a la encrucijada en que debe escoger uno de los dos grandes caminos, el correcto que conduce al progreso y la felicidad, y el erróneo que conduce al retraso y el pesar. Existe esta ley eterna para que toda alma humana pueda forjar su propio destino a través de las elecciones que haga. Nuestra felicidad o desgracia, depende de las elecciones que hacemos todos los días.

De acuerdo con las Escrituras, el primer y más importante asunto respecto al individuo, fue el de su libertad de escoger según su voluntad. Antes de que el mundo fuese, y en el gran concilio que hubo en los cielos, Dios el Padre presentó su plan de organizar y poblar la tierra.

Explicó que sus hijos espirituales irían a la tierra; obtendrían cuerpos de carne y sangre y serían probados en todas las cosas para ver si guardaban todos sus mandamientos, y se preparaban para volver a su eterna presencia.

Lucifer, el hijo de la mañana, presentó su plan de redimir a toda la humanidad, por la fuerza, de modo que no se perdiera ninguna alma por lo cual él quería el honor para sí. Entonces Cristo presentó su plan, que consistía en seguir la voluntad del Padre y permitir a todos los hombres escoger según su propia voluntad, siendo toda la gloria para el Padre. El plan de Cristo fue aceptado, y todos los que vienen a morar sobre la tierra, en cuerpos de carne y sangre escogieron a Cristo en ese gran concilio. Seguir leyendo

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