A través del velo

Septiembre de 1983
A través del velo
Ray J. Snelson

Un día, cuando cursaba mi último año de la escuela secundaria, tuve la fuerte impresión de que mi abuelo quería verme, de manera que, después de salir de mis clases, tomé un cuaderno y me dirigí a la casa de mi tío, Jacob Cline, donde mi abuelo vivía desde la muerte de mi abuela.

Cuando llegué, mi abuelo estaba sentado en la cama.

—Entra, Ray —me dijo—. Te he estado esperando.

Quería contarme la historia de su familia, y yo debía anotar la información que me diera. Entonces supe por qué había traído mi cuaderno. Durante la siguiente hora me contó la historia de su familia desde cuatro generaciones atrás, dándome nombres, fechas, lugares y relatos. Cuando acabó, me puso la mano en el hombro y me dijo muy suavemente:

—Ray, te encargo que guardes esta información, porque algún día la necesitarás. Cuando ese día llegue, oirás mi voz y sabrás que el momento ha llegado, y cuál era la razón.

Un cálido sentimiento me invadió el corazón mientras mi vista descansaba fijamente en los penetrantes ojos de mi abuelo. Le prometí que haría lo que me encargaba, aunque no tenía la menor idea por qué estaba escribiendo o preservando la información. Mi abuelo falleció a las dos semanas.

Pasaron los años, y me encontré asistiendo a un instituto para técnicos de radar de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en Biloxi, estado de Misisipí. Durante una charla general cierto día, uno de mis maestros, Norman M. Hale, mencionó que era mormón. Esa noche, descansando en la cama, no podía olvidar la conversación de ese día. Finalmente, salí de la cama, me vestí y caminé hasta donde vivían los maestros. Para entonces ya era más de la medianoche. Toqué la puerta de Norman Hale y lo desperté con el saludo:

—Hola; quiero que me hable acerca de la Iglesia Mormona.

Hale y su compañero de cuarto habían sido compañeros en el campo misional, y ambos pasaron el resto de la noche dándome las charlas. Cuando mencionaron los templos, la obra genealógica y la obra vicaria, una voz resonó en mis oídos, la voz de mi abuelo, y volví a oír el encargo solemne que me había dado. Algo cálido penetró mi pecho y supe que lo que se me enseñaba era la verdad. La siguiente semana comencé a asistir a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y fui bautizado en el mes de octubre de 1954.

Mis padres no estuvieron muy contentos con mi bautismo. Mi padre hasta me hizo prometer que nunca le predicaría el “mormonismo». Seguir leyendo

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Cómo lograr que nuestros hijos se autoestimen

Septiembre de 1983
Cómo lograr que nuestros hijos se autoestimen
James M. Harns

David y Carlos, niños de nueve años de edad, son buenos amigos y aproximadamente del mismo tamaño, pero su comportamiento en el campo de fútbol delata una gran diferencia entre ellos. David muestra gran entusiasmo por jugar, mientras que Carlos parece contentarse con mirar a los demás de fuera del campo de juego. Cuando David juega, lo hace con toda la intención de hacer un gol; cuando Carlos por fin participa, no lo hace con la mira de hacer goles, por lo que nunca parece tener la oportunidad de lograrlos.

La diferencia entre los niños es evidente en muchas situaciones. David espera la oportunidad de tener nuevas experiencias con entusiasmo, confiando en que le irá bien; Carlos tiene por lo general una actitud pesimista y a menudo se niega a participar antes que arriesgarse a un posible fracaso.

De todas las opiniones de un niño, ninguna es de tanta importancia como la que tenga de sí mismo. Los niños con un alto nivel de autoestima ven el mundo con optimismo y confianza y siempre esperan lograr el éxito. Por el contrario, aquellos con un bajo nivel de autoestima tienden a desconfiar de sus propias ideas y habilidades y reaccionan de manera Insegura ante las situaciones de la vida.

Todo niño necesita sentirse querido y capaz, y su nivel de autoestima será comparable al grado que perciba que se le prodiguen aquellos sentimientos que le comuniquen que lo es. Por otra parte, su autoestima peligrará a un nivel comparable al sentir la carencia de tales sentimientos.

Los padres no pueden asumir todo el reconocimiento por la alta autoestima de un niño, ni tampoco deben aceptar toda la culpa por la falta de ella. Sin embargo, hay ciertas cosas que pueden hacer para realzar la manera en que sus hijos se autoperciben. A continuación aparecen varias sugerencias:

  1. Enseñen a sus hijos acerca de su origen espiritual y su divino destino. El tener un conocimiento correcto de quiénes somos nos puede ayudar a aprender a autoestimarnos. Somos literalmente hijos espirituales de nuestro Padre Celestial y tenemos en nuestro ser el potencial de ser más como El.

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Ha resucitado, como dijo

Septiembre de 1983
“Ha resucitado, como dijo”
Por el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. HinckleyLa tumba vacía… se convirtió en un testimonio de su divinidad, la afirmación de la vida eterna

Tiempo atrás leí una serie de interesantes escritos que describían el inteligente razonamiento de teólogos americanos, británicos y europeos acerca de la historia de Jesús de Nazareo A continuación cito lo que un inteligente miembro de una religión protestante escribió:

“Las preguntas que más controversia han provocado son las que han formulado los teólogos. . .quienes han puesto en tela de juicio cada antiguo concepto. Hasta han sugerido la eliminación de la palabra ‘Dios’, ya que para muchas personas esta palabra ya no tiene ningún significado.

“Básicamente, la antigua pregunta que los teólogos liberales han formulado y que una y otra vez ha creado un cisma en la iglesia cristiana es: ¿Quién fue Jesús?

“Los teólogos revolucionarios… se valen de la Biblia como una fuente de verdad, pero la Biblia que tienen es una versión expurgada, con las chocantes referencias a acontecimientos anormales eliminadas. Alguien dijo: ‘Le han sacado todos los mitos’. Otro comentó: ‘Han eliminado el significado literal de las Escrituras’.

“Lo que las nuevas tendencias proponen es un cristianismo ‘sin religión’; una fe basada en un sistema filosófico.» (Revista Fortune, dic. de 1965, pág. 173.)

De esta manera, algunos teólogos modernos han intentado despojar al Señor de su divinidad, y luego se preguntan por qué los hombres no adoran al Señor como debieran. Han tratado de arrancarle a Jesús el manto de deidad y lo han convertido en un hombre común y corriente a la vista de sus seguidores: han tratado de adaptarlo a su propia estrechez de criterio. Durante este proceso le han robado al Señor su divina calidad de Hijo y han privado al mundo de su justo Rey.

Al leer acerca de este muy eficaz proceso del hombre de intentar sacar lo divino de las Escrituras y hacerlas meras historias entretenidas con poca o ninguna relación a los hechos, y de su evidente efecto en la fe de aquellos que son sus víctimas, particularmente los jóvenes de todas las edades quienes a menudo son atrapados por tales falacias, resuenan en nuestros oídos con más claridad que nunca (as palabras expresadas en la antigüedad por el profeta Amos:

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.
«E irán errantes de mar a mar: desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.
“En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed.
.. Por el camino… caerán, y nunca más se levantarán.” (Amos 8:11-14.)

Cuán bien describen esas palabras la situación de muchos en la actualidad; el joven así como todos aquellos que en su corazón ansían tener una fe que les satisfaga, pero, al rechazarla por la manera en que se les ofrece, “se desmayan de sed» y “caen, y nunca más se levantarán”.

A éstos les damos nuestro solemne testimonio de que Dios no está muerto, excepto para aquellos que lo consideran como algo inanimado. Seguir leyendo

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Servíos por Amor los unos a los otros

Agosto de 1983
Servíos por Amor los unos a los otros
Por el élder L. Tom Perry
Del Consejo de los Doce

L. Tom PerryPorque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

“Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Gálatas 5:13-14.)

El servicio ha sido una parte de las enseñanzas del evangelio desde el comienzo del mundo. Desde Adán hasta los tiempos actuales, se nos ha recomendado servir a nuestros semejantes. Yo tuve el privilegio de ser testigo de un verdadero cumplimiento del consejo de Pablo a los gálatas cuando les instruyó: “Servíos los unos a los otros”.

Cuando nuestra familia vivía en el estado de Massachusetts, nuestro hogar se encontraba en la pequeña ciudad de Weston, aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de Boston. Era una comunidad con un toque antiguo exquisito y rebuscado, con una población de unos 11.000 habitantes. Weston contaba con muchos pintorescos y serpenteantes caminos rurales cercados por murallas de piedra. La pequeña sección comercial de la ciudad quedaba completamente desierta a las nueve de la noche. Sin embargo, a pesar de su exquisitez, Weston tenía sus problemas, especialmente con los estudiantes de secundaria que usaban drogas o traían licor a la ciudad, aun cuando en la comunidad no estaba permitida su venta legal.

No obstante, en esta oportunidad me gustaría relatarles algo sobre uno de los estudiantes de la escuela secundaria de Weston, quien estaba muy ocupado en otros asuntos y no tenía tiempo para las drogas o el alcohol. Este joven pasaba bastante tiempo en las pistas de esquí. No es una cosa rara ser un entusiasta esquiador en esa región, pero lo que hacía este jovencito con su talento sí lo era. Era un esquiador experto y amaba ese deporte; de hecho, era instructor y dedicaba aun su tiempo libre para enseñar a otros a esquiar. A menudo se le podía ver descender las montañas muy cerca de uno de sus alumnos, que a menudo eran mayor que él. Empezaban lentamente pero luego ganaban más velocidad, al mismo tiempo que hacían armoniosas curvas en el descenso, siempre manteniendo una conversación, riendo, gozando el fortaleciente aire y el radiante sol. Los observadores podían seguir con la vista a esa pareja hasta que llegaban al pie de la montaña, pensando que eran sólo dos esquiadores más que se estaban divirtiendo. Seguir leyendo

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Espíritu Santo un extraño, un visitante, o un compañero constante

Agosto de 1983
Espíritu Santo un extraño, un visitante, o un compañero constante
Por Coleen Baird

Aun cuando el Señor nos ha instruido usar nuestra sabiduría y buscar la solución a nuestros problemas, no nos ha dejado a solas.

Estaba sentada en la oficina del obispado participando de una de esas ocasiones especiales en que recibimos fortaleza y bendiciones por intermedio del sacerdocio. Me estaban apartando como asesora de las Laureles de mi barrio y muchas de las cosas que se me dijeron en esa oportunidad ya las he olvidado, pero una cosa en particular me impresionó profundamente. El consejero del obispo que en ese momento me estaba apartando me amonestó a que luchara para recibir la compañía constante del Espíritu Santo. Al decir esas palabras, sentí un ardor dentro de mi pecho, y la sabiduría de su consejo se quedó grabado en mí.

Muchas veces había escuchado a los líderes hablar de la necesidad de tener la guía del Espíritu Santo y yo había tratado en diferentes ocasiones hacer que su influencia fuera parte de mi vida. Pero me desilusionaba fácilmente y siempre sentía que no tenía éxito. Frustrada, trataba de justificar mi falla con la idea de que la compañía del Espíritu Santo debía ser para las Autoridades Generales y sus familias. Pensaba que mientras yo viviera una “buena vida”, algún día en un futuro distante podría hacerme acreedora de esa bendición.

¡Qué fácil es engañarnos a nosotros mismos con excusas cuando una tarea no es sencilla! Pero aquel día en la oficina del obispo, no pensé en ninguna excusa. Mientras un siervo del Señor me aconsejaba que buscara la guía del Espíritu Santo, supe que el Señor me estaba recordando algo con lo que me había amonestado hacía algunos años, al ser bautizada. A todos nosotros, una vez que se nos confirma después del bautismo, se nos han puesto las manos sobre nuestra cabeza por un representante del Señor y se nos ha dicho “recibe el Espíritu Santo». Ningún tipo de razonamiento del mundo puede eliminar esa invitación y mandamiento.

Se nos ha dicho en esta dispensación, como también en épocas pasadas, lo importante que es recibir el Espíritu Santo. El presidente Wilford Woodruff lo expresó claramente en una conferencia de estaca en el año 1896;

«Ahora, siempre lo he dicho, y quiero decírselo a ustedes, que el Espíritu Santo es lo que cada santo de Dios necesita. . . Todo hombre y mujer en esta Iglesia debe trabajar para lograr ese Espíritu . . . Este es el Espíritu que debemos tener para llevar a cabo los propósitos de Dios en la tierra. Lo necesitamos más que ningún otro don. . . Debemos orar al Señor hasta que obtengamos el Consolador. Esto es lo que se nos promete cuando somos bautizados. Es el espíritu de luz, de verdad y de revelación, y puede estar con todos nosotros al mismo tiempo.» (Deseref Weekly, 7 de noviembre de 1896, pág. 641-43.)

El don del Espíritu Santo no se restringe a hombres ni a mujeres, ni tampoco a las Autoridades Generales. Está a disposición de todos nosotros mientras obedezcamos los mandamientos de Dios. Con él podemos experimentar cada día dirección, inspiración, consuelo, sabiduría, fortaleza y testimonio. En otras palabras, podemos recibir revelación. El profeta José Smith nos dijo que “Ningún hombre puede recibir el Espíritu Santo sin recibir revelaciones. El Espíritu Santo es un revelador” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 405). Seguir leyendo

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Diez pasos importantes para lograr mayor espiritualidad

Agosto de 1983
Diez pasos importantes para lograr mayor espiritualidad
Por Joe J. Christensen

Joe J. Christensen

Algunas de las revelaciones personales más sobresalientes han estado directamente relacionadas con el estudio individual de las Escrituras.

No hace mucho tiempo, un joven misionero pasó por la oficina de mi esposa en el Centro de Capacitación Misional en Provo, Utah, para hacerle una petición personal. Ya que él sabía que nosotros conocíamos personalmente a sus padres, el misionero deseaba saber si la hermana Christensen podría llamarle a su padre para preguntarle cuándo se efectuaría la operación de su madre. Después le explicó lo siguiente: —Mi madre casi murió cuando nació mi hermana menor. Todos nosotros, incluyendo mi hermanita de cinco años, ayunamos en su favor, y se mejoró. Desde esa ocasión, me preocupo al pensar en operaciones; me ponen nervioso. Tengo que saber para cuándo han fijado la operación para poder empezar mi ayuno.

Mi esposa gustosamente marcó el número de teléfono del padre y le preguntó al élder si deseaba hablar personalmente con él. Él pensó que sería mejor no hacerlo ya que era en contra de las reglas de la misión, además de la nostalgia que podría sentir. Cuando su padre contestó y se enteró de que la llamada provenía del Centro de Capacitación Misional, lo primero que preguntó fue:

— ¿Ha pasado algo malo?
— No— se le contestó, —en absoluto, pero su hijo quisiera saber cuándo se efectuará la operación de su madre para comenzar su ayuno.
— Ah— dijo —se va a sentir descorazonado porque no va a poder ayunar antes de la operación ya que ayer se llevó a cabo. Duró cinco horas y está progresando muy bien; todos estamos felices.

El rostro del élder se iluminó al darse cuenta del mensaje telefónico.

— Dígale a mi padre que lo quiero y envíele de mi parte un abrazo y un beso. También dígale que le dé a mi madre un abrazo y un beso por mí, así como a toda la familia.

Después de que terminó la conversación telefónica y se le explicaron al misionero los pormenores de la operación, este gran joven misionero dijo:

— ¡Estoy tan agradecido que de todas maneras voy a ayunar de agradecimientos

Mi esposa, Bárbara, escribió en su diario: «Nos dimos la mano, él salió de mi oficina y yo me senté y me puse a llorar».

Sería de provecho saber qué tipo de enseñanza, acontecimientos y circunstancias se conjugaron durante los últimos diecinueve años para producir un hijo con esa clase de espíritu, dedicación, humildad y gratitud.

En el proceso de su crecimiento, ha llegado a comprender que el ayuno es algo más que pasar hambre. Tengo la seguridad de que esas cualidades espirituales, combinadas con sus otros talentos, le ayudarán a ser un gran misionero, puesto que ya ha cultivado la espiritualidad al punto de sentirse en armonía con la revelación personal diaria.

En nuestro actual llamamiento en el Centro de Capacitación Misional, mi esposa y yo tenemos la oportunidad de conocer a miles de las mejores personas del mundo. Los misioneros proceden de múltiples y diversas circunstancias, que oscilan entre las más espirituales y estables hasta las más difíciles. Un número considerable de misioneros han cultivado ya un alto grado de espiritualidad y testimonio, mientras que otros aún luchan por lograrlo. Seguir leyendo

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Como Ser Un Mejor Padre

Agosto de 1983
Como Ser Un Mejor Padre
Preparado por el Departamento de Servicios Sociales de la Iglesia

El hacer cosas juntos tiene un especial significado para su hijo cuando la actividad es algo que el niño desea hacer . . . lo importante es que usted, como padre, esté presente dando toda su atención a su hijo

La necesidad de contar con la influencia de un padre
Si se me preguntara que cuál es la necesidad más grande de este mundo, respondería sin vacilar: Sabias madres… y padres ejemplares. (Presidente David O. McKay)

Una de las labores en las cuales se dejará ver más claramente vuestra influencia es en el papel de padres. Sin embargo, muy a menudo algunas personas suponen que el ser buenos padres se refiere sólo a la maternidad.

La madre desempeña un papel Importante en la felicidad y bienestar de la familia, pero la influencia de un padre justo es de igual importancia. Las  investigaciones profesionales han descubierto que el desarrollo intelectual, social y emocional del niño, su masculinidad o femineidad, incluso su habilidad de funcionar eficazmente en su futuro matrimonio, parecen estar directamente ligados con la relación personal que el padre tenga con el niño y con la madre de éste. El presidente Spencer W. Kimball declaró: “. . . la posición más importante en tiempo y en la eternidad es la de ser padre». (El que recibe a mis siervos me recibe a mí, Guía de estudio personal del Sacerdocio de Melquisedec 1979-1980, pág. 182.)

Dé prioridad a sus hijos
“He aquí, herencia de Jehová son los hijos;
“Cosa de estima el fruto del vientre.
“Como saetas en mano del valiente,
“Así son los hijos habidos en la juventud.
“Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos.” (Salmos 127:3-5.)

A veces es difícil imaginar que los hijos sean bendiciones del cielo, como por ejemplo: Cuando el hijo de cuatro años le da de comer al perro la corbata favorita del papá, o el hijo de diecisiete años que vuelve a casa de la mañana después de una cita y se excusa diciendo: “No tenía idea de que era tan tarde».

Los hijos son un gran desafío, así como una gran bendición. Nuestra responsabilidad hacia ellos, como padres, es igualmente grande (véase Mateo 18:10; Marcos 9:37; Efesios 6:4; D. y C. 68:25-28; Mosíah 4:14). Así como con cualquier otra responsabilidad importante, para tener éxito en la crianza de nuestros hijos debemos hacerlos nuestra principal prioridad. Seguir leyendo

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Recordemos quienes somos

Liahona Agosto de 1983

Recordemos quienes somos

Por el presidente N. Eldon Tanner

Somos sumamente afortunados y bendecidos al tener el conocimiento y el poder del sacerdocio que pueden salvarnos, a nosotros y a nuestra familia.

Recuerdo un magnífico mensaje que el presidente David O. McKay me pidió que trasmitiera a los miembros de la Iglesia. En aquellos años en que él ya no podía viajar, cuando yo iba en procura de su consejo antes de salir a cumplir una asignación, me decía: «Presidente Tanner, al viajar entre los miembros de la Iglesia, le ruego que Ies recuerde que tengan siempre presente quiénes son y que actúen de acuerdo con ello; dígales que cada uno de ellos tiene esa responsabilidad”.

Estas palabras quedaron permanentemente impresas en mi memoria, y creo que puedo decir que comuniqué ese mensaje innumerable cantidad de veces al viajar por toda la Iglesia; lo he comunicado a mi propia familia y a las personas que me visitan en mi oficina. Y yo mismo he tratado siempre de ponerlo en práctica y de ser digno de la confianza que ha sido depositada en mí.

¿Quiénes somos? En primer lugar, somos hijos espirituales de Dios; y en segundo, somos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. ¡Qué gran bendición y qué tremenda responsabilidad! Por la restauración del evangelio, por las revelaciones que Dios ha dado a sus profetas y por el hecho de que nos guía un profeta que recibe de El instrucciones para conducir su Iglesia, somos sumamente afortunados y bendecidos al tener el conocimiento y el poder del sacerdocio que pueden salvarnos, a nosotros y a nuestra familia, y ayudarnos a regresar a la presencia de Dios.

Porque hubo una apostasía y porque algunos han endurecido su corazón para no oír, ni creer, ni aceptar la palabra de Dios, muchos en este mundo se encuentran en la oscuridad en cuanto a su salvación y vida eterna. Por lo tanto, tenemos el privilegio, el deber y la obligación de dejar que alumbre nuestra luz delante de los hombres, para que vean nuestras buenas obras, y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos (véase Mateo 5:16).

Es importante que lo recordemos y, si constantemente podemos tener en cuenta que Dios nos ha dado esta responsabilidad, ello nos ayudará a actuar de acuerdo con sus mandamientos.

Siempre he pensado que aquellos de nuestros jóvenes que se encuentran en problemas, ya sea relacionados con la ley o con el consumo de alcohol o drogas, y a menudo demuestran total irresponsabilidad en el manejo del dinero, muchas veces los tienen por el mal ejemplo de los adultos; en la mayoría de los casos, sólo hacen lo que han visto hacer a otras personas. Hay demasiada inmoralidad, deshonestidad y falta de integridad en los líderes que dirigen los asuntos de nuestras naciones, nuestras escuelas y nuestras comunidades. Tenemos que encontrar la forma de volver a los nobles ideales y los elevados principios que caracterizaron la vida de aquellos que pelearon y murieron en defensa de la verdad, la religión y la libertad. Seguir leyendo

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Bendiciones Patriarcales

Bendiciones Patriarcales

James E. FaustPor el élder James E. Faust
Del Consejo de los Doce

La bendición patriarcal es un privilegio único y extraordinario que pueden reci­bir aquellos miembros fieles de la Igle­sia que tienen la madurez suficiente co­mo para comprender la naturaleza y la importancia de dichas bendiciones. Es­tas bendiciones privilegiadas constituyen un testimonio poderoso de la mi­sión del Salvador y de su propósito de darnos a cada uno de nosotros la opor­tunidad de ganar la exaltación. Al igual que muchas otras bendiciones, las bendiciones patriarcales deben ser so­licitadas por la persona o la familia de quien la desea, sobre quienes recae la responsabilidad de recibirla.

Cada vez que leemos nuestra bendi­ción patriarcal, nuestro testimonio pue­de fortalecerse aún más y nuestra vida puede adquirir un mayor propósito. De­bido a su propia naturaleza, todas las bendiciones dependen del grado de fi­delidad de las personas que las reci­ben y están basadas en ciertas condi­ciones, sea que éstas se mencionen o no cuando se les otorgan a la persona dichas bendiciones.

En la actualidad tenemos muchas es­tacas de Sión en muchos de los países del mundo, y en la mayoría de ellas hay por lo menos un patriarca, privilegio que, debido al crecimiento de la Igle­sia, permite que cientos de personas en muchas tierras reciban sus bendi­ciones patriarcales.

Los patriarcas
Deseo rendir tributo a estos hombres fieles que han sido ordenados a este gran llamamiento y quienes, en la ma­yoría de los casos, se cuentan entre los más humildes y fieles de todos nuestros hermanos. La dignidad de la vida de estos hombres escogidos les permite recibir la inspiración de los cielos. Los patriarcas tienen el privilegio de dar bendiciones directamente en lugar de simplemente solicitarlas para que le sean otorgadas al individuo; ellos están autorizados para hablar por el Señor. El oficio de patriarca es uno de los oficios más importantes en el Sacerdocio de Melquisedec, y su función es la de ben­decir, no la de administrar ni de acon­sejar. Este es un llamamiento sagrado que, por lo general, lo desempeñan los patriarcas por el resto de su vida. Nuestros patriarcas se dedican totalmente a desempeñar su llamamiento y hacen todo lo posible por vivir una vida fiel y digna para asegurarse de que cada bendición sea inspirada.

La bendición
Bajo la inspiración del Espíritu Santo, el patriarca declara el linaje de la persona que recibe la bendición y añade bendiciones, dones espirituales, promesas, consejos, exhortaciones y advertencias que él se siente inspirado a dar. Es, en resumen, una declaración profética.

Las bendiciones patriarcales deben leerse frecuentemente y con espíritu de humildad y devoción. Son muy personales, pero pueden compartirse con los miembros de la familia. Son guías sagradas de consejo, promesas e información que provienen del Señor. Sin embargo, nadie debe esperar que las bendiciones den en forma detallada todos los acontecimientos que sucederán durante la vida o que sean la solución a todos nuestros problemas. Si en una bendición se omite un acontecimiento muy importante en la vida, tal como una misión o el matrimonio, eso no quiere decir que la persona no recibirá dichas bendiciones. Mi propia bendición patriarcal es corta y tal vez sólo ocupe tres cuartas partes de una página. Sin embargo, ha sido para mí muy completa, adecuada y perfecta.

El presidente Heber J. Grant nos dice que su bendición patriarcal no fue muy larga: “El patriarca puso sus manos sobre mi cabeza y me confirió una bendición cortita que podía incluirse en menos de una página escrita a máquina. Sin embargo, esa bendición ha predicho mi vida hasta el momento presente.» (James R. Clark, comp., Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Salt Lake City, Bookcraft, 1965-76, 5:152.)

¿Cuándo se cumplen las bendiciones patriarcales?
El élder John A. Widtsoe dijo lo siguiente: “Se debe tener en cuenta que el cumplimiento de las promesas hechas puede realizarse en esta vida o en la venidera. En ocasiones, la fe de algunos se ha visto en peligro debido a que bendiciones que se les habían prometido no se han cumplido en esta vida. Lo que han olvidado es que en el evangelio, la vida con todas sus actividades continúa para siempre y que las labores terrenales pueden también continuar en el cielo. Además, el dador de todas las bendiciones, el Señor, se reserva el derecho de hacer que estas bendiciones se cumplan en nuestra vida en una forma que satisfaga sus propósitos divinos. Tanto nosotros como nuestras bendiciones dependen del Señor; sin embargo, hay un testimonio que todos conocemos, el cual dice que cuando se obedece una ley, las bendiciones prometidas se cumplirán.” (John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations, Salt Lake City, Bookcraft, 1960, pág. 323.)

Este principio quedó muy bien ilustrado en la bendición patriarcal de mi padre, pues a él se le había dicho en su bendición que sería bendecido con “muchas hijas hermosas”. El y mi madre tuvieron solamente cinco hijos varones, pero por supuesto trataron a las esposas de sus hijos como si fueran sus propias hijas. Durante el verano pasado, cuando todos los de la familia nos reunimos, pude contemplar a las nietas de mi padre ir de un lugar a otro, ayudando, preparando los alimentos, cuidando a los niños y a los ancianos, y en ese momento comprendí que la bendición de mi padre se había cumplido literalmente, que él en verdad tiene muchas hijas hermosas. El patriarca que le dio la bendición a mi padre tenía la visión espiritual de ver más allá de esta vida; en ese momento la línea que divide esta vida de la eternidad había desaparecido. Es el Señor y no el patriarca el dador de toda bendición. Dios conoce nuestra alma y también nuestras debilidades y fortalezas; El conoce nuestra capacidad y nuestro potencial. Nuestras bendiciones patriarcales nos muestran lo que el Señor espera de nosotros y nos ayudan a ver nuestro propio potencial. Pueden darnos ánimo en los momentos de desaliento, fortalecernos cuando sentimos temor, consolarnos durante las horas de tristeza, darnos valor con nuestros momentos de angustia y alentarnos cuando estamos espiritualmente débiles.

Bendiciones de padre
El élder John A. Widtsoe declaró: “Todo padre cuyos hijos hayan nacido bajo el convenio es para ellos un patriarca y tiene el derecho de bendecir a su posteridad por la autoridad del sacerdocio que posee”. (Evidences and Reconciliations, pág. 321.)

La Primera Presidencia ha hecho la siguiente declaración; “Indiscutiblemente debemos poner nuevo y adicional hincapié en el papel que corresponde al padre en el otorgamiento de bendiciones a sus hijos. Pensamos que debemos, por lo general, dejar a los patriarcas así ordenados en las estacas la responsabilidad de pronunciar el linaje en lo que se refiere a una bendición patriarcal oficial. No obstante, podemos dar margen para que cualquier padre de familia que se sienta inspirado a pronunciar el linaje dentro de una bendición paternal pueda hacerlo sin impedimento.

“Debemos instar y estimular a los padres de familia para que den bendiciones paternales a sus hijos en ocasiones tales como la partida de ellos al servicio militar, a la universidad, o a una misión o cualquier otra ocasión que lo amerite.

“La bendición paternal puede asentarse en los registros personales de la familia, mas no en los archivos de la Iglesia.” (Manual general de Instrucciones, No. 21, Latinoamérica y España, págs. 60-61.)

Adopción en la casa de Israel
Muchos de los que no son de la simiente de una de las tribus específicas de Jacob están llegando a la Iglesia en esta época. Nadie debe pensar que por el hecho de no pertenecer al linaje de Israel se le nieguen ninguna de las bendiciones que le corresponden.

El apóstol Pablo hizo repetidas referencias a la adopción en la casa de Israel por medio de la fe;

“Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” (Romanos 8:9.)

Y de nuevo dijo:

“Que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloría, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas.» (Romanos 9:4.)

El rey Benjamín se refiere a los fieles como a la «progenie de Cristo, hijos e hijas de él”, siendo de esa manera “engendrados espiritualmente… por medio de la fe”, llegando de esa forma por medio de un nacimiento espiritual a pertenecer a la familia de Cristo. (Mosíah 5:7.)

No importa si las bendiciones de la casa de Israel se reciben por medio del linaje o del espíritu de adopción. El élder John A. Widtsoe declaró: “No importa sí el linaje es un linaje de sangre o de adopción». (John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations, pág. 322.)

El libro de Abraham dice: «Y las bendeciré mediante tu nombre; pues cuantos reciban este evangelio serán llamados por tu nombre; y serán considerados como tú descendencia, y se levantarán y te bendecirán como padre de ellos” (Abraham 2:10).

El profeta José Smith enseñó que «al descender el Espíritu Santo sobre uno que es de la descendencia literal de Abraham, viene con calma y serenidad… mientras que el efecto del Espíritu Santo en un gentil es purgar la sangre vieja y convertirlo efectivamente en descendiente de Abraham. Él hombre en quien no hay (físicamente) la sangre de Abraham debe sufrir una creación nueva por medio del Espíritu Santo.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 177.)

¿Qué sucederá si no permanecemos en el camino que el Señor nos ha trazado y al que se nos asignara antes de que fueran puestos los cimientos de este mundo? De la misma forma en que el Señor le dijo a Pablo, vosotros sois instrumentos escogidos para llevar su nombre «en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15). Esforzaos por ser dignos de recibir las bendiciones pronunciadas sobre vuestra cabeza por los patriarcas y por vuestro propio padre.

Yo recibí mi propia bendición patriarcal cuando apenas tenía doce años de edad, y fue en esa corta bendición que aprendí algo sobre mis responsabilidades y labores que tenía que desempeñar para ayudar en el establecimiento del Reino.

Es mi oración que todos podamos vivir dignamente para poder lograr que se cumplan las bendiciones que nos prometió el Señor por medio de nuestros padres, en su calidad de patriarca del hogar, y también por medio de los patriarcas ordenados, y que nos esforcemos para que todo lo que hagamos sea con el propósito de que estas grandes promesas se cumplan.

(Liahona Junio 1983)

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La obra misional que llamamos orientación familiar

Junio de 1983
La obra misional que llamamos orientación familiar
Por Jay A. Parry

Mi quórum consta de mucha gente maravillosa”, dijo el presidente del quórum de élderes; “sin embargo, la iglesia no parece ser muy importante para ellos”. Y moviendo la cabeza pensativo, agregó: “Me gustaría encontrar una forma de poder influir en ellos».

La preocupación de este líder hace eco en toda la Iglesia; todos los barrios y todas las ramas tienen sus miembros inactivos —y todos los barrios y ramas tienen líderes que quisieran saber la forma de lograr un cambio en la vida de sus hermanos y hermanas inactivos.

Esta no es una preocupación moderna. Jesús habló de la oveja perdida, de la moneda de plata perdida, del hijo perdido —todos los cuales habían sido parte del rebaño, del bolso, de la familia, y después se habían perdido. Junto con estas parábolas, el Salvador dio una amonestación en forma de pregunta:

“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?» (Lucas 15:4, 8; véase el capítulo completo.)

Nuestra asignación es clara, y con ella, el Señor nos ha dado los medios para cumplirla: la orientación familiar. Como dijo el presidente Harold B. Lee en 1964: “La obra misional no es otra cosa que brindar la orientación familiar a aquellos que todavía no son miembros de la Iglesia, y la orientación familiar no es ni más ni menos que la obra misional entre los que son miembros de la Iglesia». (Conferencia General de octubre de 1964.)

En un discurso sobresaliente sobre la “obra de reactivación», el élder Neal A. Maxwell del Quorum de los Doce declaró que “la activación requiere conversión» —tanto como la obra misional lo requiere de las personas que no son miembros de la Iglesia. Luego hace hincapié en que hay otras formas de enseñar a la gente además de las clases regulares de los quórumes y de la Escuela Dominical:

“Hemos visto en los estudios realizados al respecto, que el treinta por ciento de aquellos a quienes se Invita a los seminarios concurren a ellos. En cuanto al resto, la experiencia ha demostrado que si se les trata debidamente, ocho de cada diez permitirán que los líderes del sacerdocio vayan a sus hogares a enseñarles. Hermanos, ante hechos tan evidentes, ¿qué es lo que tememos?

«Estas estadísticas demuestran lo importante que es el no ser únicamente preocupados espectadores, ‘porque, hermanos, francamente la razón por la que se logra tan poco es que estamos haciendo muy poco. En una ocasión, alguien le preguntó a un experto tallador de madera cómo podría llegar a ser como él, a lo cual, el experto, sin vacilación alguna, le contestó: Seguir leyendo

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Acuérdate del día de reposo

Junio de 1983
Acuérdate del día de reposo
Por Sipuao J. Matuauto

Durante mi niñez en Samoa, mis amigas y yo nunca parecíamos cansarnos de nadar, pues ése era nuestro pasatiempo favorito. Recuerdo que a la corta edad de cuatro años quería ir a nadar con mis amigas los domingos después de la Escuela Dominical, pues nos parecía que los seis días de la semana que nos restaban no eran suficientes para dedicarnos a dicha actividad. Sin embargo, yo provenía de un hogar ejemplar Santo de los. Últimos Días, y mi madre me había enseñado ‘con sus consejos y su ejemplo lo importante que era guardar santo el día de reposo.

Mi madre resolvió el problema fácilmente, pues sabiendo que a mí me gustaba dármelas de “sabelotodo» al recitar pasajes enteros de los libros, me preguntó si me gustaría aprender a recitar pasajes de las Escrituras. La idea me pareció fabulosa, de manera que me dijo: “Muy bien, cada domingo después de la cena te voy a ayudar a aprender pasajes de estos dos libros”, y tomó en sus manos la Biblia y el Libro de Mormón.

Los primeros pasajes que aprendí a repetir de memoria fueron los Diez Mandamientos y el primer Salmo, y luego aprendí a recitar la historia de la familia de Lehi que se encuentra en el Libro de Mormón.

Es natural que cuanto más aprendía los principios contenidos en estos libros, más se hacían parte de mi vida y se fortalecían con el ejemplo que me daban mis padres, quienes vivían dichos principios con mucha fidelidad en el hogar. Para el año 1962, época en que salí de casa para continuar mis estudios, las enseñanzas de mis padres estaban firmemente arraigadas en mi corazón.

Al principio asistí a la universidad de la Iglesia en Hawai (ahora conocida co­mo Universidad Brigham Young— Ciudad Universitaria de Hawai) donde permanecí hasta después de la muerte de mi madre el 2 de abril de 1964. (Mi padre había muerto cuando yo era muy jovencita.) Hasta ese momento mi ma­dre me había ayudado económicamen­te, y ahora me encontraba totalmente destituida. Seguir leyendo

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Es esto todo lo que podemos hacer?

Junio de 1983
¿Es esto todo lo que podemos hacer?
Por el Presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballNo creo que haya ningún hogar que no sea vivificado cuando el espíritu de la obra misional pasa a formar parte de la vida familiar.

Una vez más siento la fuerte impresión de que debo volver a preguntaros: ¿Está cada uno de nosotros haciendo todo lo posible por llevar el evangelio a los habitantes de la tierra que el Señor ha puesto dentro de su alcance? ¿Es esto todo lo que podemos hacer?

Siento que hay todavía algunas personas que no han comprendido la urgencia de esta obra. No obstante, el apremio existe, es una realidad, y el Espíritu lo renovará en el corazón de to-dos aquellos que pidan ayuda a Dios con respecto a Su obra.

«He aquí, el campo blanco está ya para la siega; por tanto, quien quisiere cosechar, meta su hoz con su fuerza y siegue mientras dure el día, a fin de que atesore para su alma la salvación sempiterna en el reino de Dios.» (D. y C. 6:3.)

El Señor también nos ha aconsejado:

“Pues si queréis que os dé un lugar en el mundo celestial, debéis prepararos, haciendo lo que os he mandado y requerido.” (D. y C. 78:7.)

¿Hay alguien en; la Iglesia que no conozca el llamado del Señor para que cada miembro sea misionero? ¿Existe en la iglesia alguna familia que no sepa, de la necesidad de que haya más misioneros?

La responsabilidad que tenemos de llevar el evangelio a todas las naciones es divina. Necesitamos más misioneros. Necesitamos más matrimonios prepara­dos para salir en una misión. Es nece­sario que haya aún más jóvenes que den un paso, adelante para que asuman su debida responsabilidad y puedan gozar del privilegio y las bendiciones qué el Señor tiene para sus siervos en la obra, misional. ¡Cuánta fortaleza recibiríamos si todos los muchachos de la Iglesia se prepararan para la obra del Señor!

Los miembros de la Iglesia respondieron fielmente al llamado que se les hizo hace algunos años, y nuestras filas misioneras se duplicaron en número, Pero ahora nuevamente necesitamos alargar el paso y apresurar la marcha, y esperamos que así sea y que podamos avanzar con renovada fortaleza para cumplir el mandamiento del Señor.

Quisiera que pudiéramos inculcar más eficazmente en el corazón de todo miembro de la Iglesia la comprensión de que si una persona tiene la edad re­querida para ser miembro, tiene la edad requerida para ser misionero y no necesita ser apartada especialmente con ese fin, Todos tienen la obligación y el llamamiento de llevar el evangelio a aquéllos que están a su alrededor.

Queremos que todo hombre, mujer y ni­ño, asuma esta justa y legítima respon­sabilidad. Es fundamental que así sea, pues ésta es la justicia del evangelio: Recibimos sus bendiciones, y luego las compartimos con otras personas. Seguir leyendo

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Véanse en el templo

Conferencia General Abril de 2016

Véanse en el templo


Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Quentin L. Cook

Ruego que cada uno de nosotros honre al Salvador y haga los cambios necesarios para vernos a nosotros mismos en Sus sagrados templos.

El avance del Plan de Salvación del Señor durante esta dispensación del cumplimiento de los tiempos es casi incomprensible1. Esto se manifestó cuando el presidente Thomas S. Monson anunció cuatro templos nuevos en esta sesión. Cuando él fue llamado como Apóstol en 1963, había doce templos en funcionamiento en el mundo2. Con la dedicación del Templo del Centro de la Ciudad de Provo, hay ahora ciento cincuenta, y habrá ciento setenta y siete cuando se dediquen todos los templos que se han anunciado. Esto es motivo para que nos regocijemos con humildad.

Hace ciento ochenta años, en este mismo día, el 3 de abril de 1836, se desplegó una gloriosa visión al profeta José Smith y a Oliver Cowdery en el Templo de Kirtland. Ocurrió solo una semana después de la dedicación de ese templo. En dicha visión vieron al Señor en el templo sobre el barandal del púlpito. Entre otras cosas, el Salvador dijo:

“Regocíjese el corazón de vuestros hermanos, así como el corazón de todo mi pueblo, que con su fuerza ha construido esta casa a mi nombre. Seguir leyendo

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El precio del poder del sacerdocio

El precio del poder del sacerdocio

Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles

Russell M. Nelson

¿Estamos dispuestos a orar, ayunar, estudiar, buscar, adorar y servir como hombres de Dios para que podamos tener el poder del sacerdocio?

Hace seis meses, en la Conferencia General de octubre de 2015, hablé a las hermanas de la Iglesia acerca de su función divina como mujeres de Dios. Ahora deseo hablarles a ustedes, hermanos, acerca de su función divina como hombres de Dios. Cuando viajo por el mundo, me maravilla la fortaleza y la tremenda bondad de los hombres y niños de esta Iglesia. Simplemente no hay manera de contar los corazones que ustedes han sanado y las vidas que han edificado. ¡Gracias!

En mi mensaje de la conferencia anterior relaté la devastadora experiencia que tuve hace muchos años cuando, siendo cardiocirujano, no puede salvar la vida de dos hermanas pequeñas. Con el permiso del padre de las niñas, me gustaría contarles más acerca de esa familia.

Tres de los hijos de Ruth y Jimmy Hatfield padecían una enfermedad cardiaca congénita. Su primer hijo, Jimmy Jr., falleció sin un diagnóstico definitivo. Yo entré en escena cuando los padres buscaban ayuda para sus dos hijas: Laural Ann y su hermana menor, Gay Lynn. Se me partió el corazón cuando ambas niñas fallecieron después de la cirugía1. Con razón, Ruth y Jimmy quedaron destrozados espiritualmente.

Con el tiempo, supe que abrigaban cierto resentimiento hacia mí y hacia la Iglesia. Durante casi seis décadas me ha atormentado esa situación y he estado afligido por la familia Hatfield. Varias veces traté de comunicarme con ellos, pero sin éxito.

Entonces, una noche de mayo pasado me despertaron esas dos niñas pequeñas desde el otro lado del velo. Aun cuando no las vi ni oí con mis sentidos físicos, sentí su presencia. Espiritualmente, oí sus súplicas; su mensaje fue breve y claro: “¡Hermano Nelson, no estamos selladas a nadie! ¿Puede ayudarnos?”. Poco tiempo después supe que su madre había fallecido, pero que el padre y un hermano menor aún vivían.

Inspirado por las súplicas de Laural Ann y Gay Lynn, intenté comunicarme de nuevo con el padre, de quien supe que vivía con su hijo Shawn. Esta vez estuvieron dispuestos a reunirse conmigo.

En junio, me arrodillé literalmente ante Jimmy, ahora de 88 años, y tuve una conversación sincera con él. Le hablé de las súplicas de sus hijas y le dije que sería un honor para mí efectuar las ordenanzas selladoras por su familia. También le expliqué que se necesitaría tiempo y mucho esfuerzo por parte suya y de su hijo Shawn para estar listos y ser dignos de entrar en el templo, ya que ninguno de ellos había sido investido. Seguir leyendo

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Fe en el Señor Jesucristo

Mayo de 1983
Fe en el Señor Jesucristo
Por el élder Gene R. Cook
Del Primer Quorum de los Setenta

Gene R. CookAlguien ha dicho que en los grandes acontecimientos se manifiestan en nosotros tres tipos de personalidad: la del que ni siquiera se da cuenta de lo que está sucediendo; la del que se da cuenta de que algo pasa, pero no sabe qué es; y la del que no se ve porque está ocupado en el desarrollo de los hechos.

¿Cómo se logra que ocurra lo que se desea? ¿Cómo se puede alcanzar la excelencia siendo un joven, un padre, un líder en la Iglesia? ¿Cómo se logra en los estudios, en la vida? Creo que se consigue haciéndolo todo a la manera del Señor y por medio de la fe en El.

A algunas personas les preocupan sus estudios y no pueden destacarse en ellos como quisieran. ¿Puede la fe en el Señor indicarles el camino? A algunos les preocupa conseguir trabajo. ¿Puede la fe en el Señor indicarles el camino? A otros les perturba la idea del matrimonio; se preguntan si se casarán, cuándo y con quién. Hay quienes se inquietan al pensar en formar una familia, o en enfermarse, o en la muerte, los problemas de personalidad que tienen o su propio desarrollo. Una vez más os pregunto, ¿puede la fe en el Señor Jesucristo indicar el camino a esas personas?

Algunos tratan de encontrar solos las respuestas a estas difíciles preguntas, con grandes esperanzas de lograr lo mejor; pero aun así toman decisiones equivocadas que los hacen errar. Bien podría el Señor decirles: “¿Cuánto tiempo más es­tarás dando coces contra el aguijón? (véase Hechos 9:5). ¿Por cuánto tiempo harás las cosas a tu manera y no a la mía?”

Los santos fieles desean aprender a utilizar su fe para hacer que todo obre para su bien (véase D. y C. 90:24), para obrar por sí mismos y no para que obren sobre ellos (véase 2 Nefi 2:13-14, 16, 26-27), y para ejercer poder y autoridad en justicia (véase 3 Nefi 7:17-18). Desean co­nocer la voluntad del Señor con respecto a ellos y luego, con fe, ejercer la autodisciplina para so­meterse a Sus designios.

¿Qué es la fe? El profeta José Smith dijo:

“Si no fuera por el principio de la fe, los mundos jamás hubieran sido creados, ni el hombre hubiera sido formado del polvo. Este es el principio por medio del cual obra Jehová y ejerce su poder tanto sobre lo temporal como sobre lo espiritual. Si le quitáramos a Dios este prin­cipio o atributo (porque es un atri­buto), dejaría de existir. . .

“La fe, entonces, es el primer gran principio gobernante que tiene poder, dominio y autoridad sobre todas las cosas; por ella todo existe, todo se mantiene, o cambia, o per­manece, de acuerdo con la voluntad de Dios. Sin ella no existe el poder, y sin poder no podría haber creación ni existencia.” (Lectures on Faith, 1:9-10.)

La definición más sencilla que co­nozco de la fe es que la fe es poder. ¿Cómo podemos ejercerla para resolver los problemas de la vida? ¿Cómo podemos utilizar este poder para bendecir nuestra propia vida y la de otras personas? Me gustaría ofrecer seis sugerencias al respecto.

1 CREED

Cuánto me gustan estas sencillas pero sagradas palabras dichas por Nefi:

“Y sucedió que yo, Nefi, siendo muy joven todavía. . . clamé al Se­ñor; y he aquí que él me visitó y enterneció mí corazón, de modo que creí todas las palabras que mi padre había hablado; así que no me rebelé en contra de él como lo habían hecho mis hermanos.” (1 Nefi 2:16; cursiva agregada.)

¿Creéis así? ¿Podéis ejercer la fe en las palabras de vuestros padres y líderes, aunque no tengáis ninguna evidencia de la razón? Recordad que la incredulidad destruye la fe, como lo demostraron Lamán y Lemuel.

“. . . Lamán se irritó conmigo y también con mi padre; y lo mismo hizo Lemuel, porque se dejó llevar por las palabras de Lamán” (1 Nefi 3:28; cursiva agregada.)

Hay personas que se confunden o se dejan engañar y escuchan otras voces, como hizo Lemuel; defienden causas erróneas o a hombres indig­nos o abrazan principios equivoca­dos. Más adelante, Nefi les enseñó a sus hermanos cómo podemos obte­ner una mejor comunicación con Dios.

“. . . os ha hablado con una voz quieta y delicada, pero habíais dejado de sentir, de modo que no pudis­teis percibir sus palabras.” (1 Nefi 17:45.) Seguir leyendo

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