Superemos nuestros errores

Julio de 1981
Superemos nuestros errores
Por Lowell L. Bennion

Lowell L. BennionHace poco tiempo, un amigo pasó más de una hora y media relatándome que su esposa cometió un grave error hace algunos años, y ahora no hace más que pensar en ello. Ha perdido toda la alegría de vivir, e incluso ha pensado en suicidarse. Todo el potencial maravilloso de este ser humano ha cesado, creando una tragedia para ella y su familia; se siente tan desdichada que hace que la vida sea muy difícil para su esposo y sus amigos.

Los historiadores han dicho que no podemos pelear una guerra desde dos frentes; si lo hacemos, generalmente perdemos. De la misma manera encuentro que es muy difícil librar personalmente en la vida dos batallas al mismo tiempo: la batalla con el mundo exterior y nuestra propia batalla. El que tiene una batalla interna generalmente está menos preparado para librar la batalla contra el mundo. De hecho, la batalla externa está siempre presente, y aprendemos a gozar de la vida cuando reconocemos que la vida en sí es una batalla y que siempre habrá problemas y dificultades que enfrentar. Siempre habrá desilusiones; por lo tanto, tenemos que aprender a disfrutar la batalla, y no la victoria que podríamos obtener.

Todos cometemos errores, algunos de ellos muy graves. Cualquier persona consciente se siente desalentada por sus faltas morales. Si hay otros pecadores en la Iglesia, aparte de mí, a ellos me dirijo, y quiero hacerles algunas sugerencias para que aprendamos juntos la manera de superar nuestras faltas, con el objeto de que éstas no obstaculicen nuestro desarrollo y nos impidan pelear la batalla exterior. He aquí lo que podemos hacer para aprender a vivir con todo el potencial del presente sin arrastrar detrás los errores del ayer.

No nos limpiamos revoleándonos en el fango; es decir, no nos purificamos por el simple hecho de martirizarnos pensando en algo malo que hicimos, aunque ciertamente sí aprendemos de nuestros errores. He llegado a saber que no hay fortaleza en la debilidad; no hay fortaleza en el pecado, y no superamos nuestras faltas atacándolas directamente. Pienso que podríamos perder nuestro deseo de redimimos si pensamos demasiado en nuestros pecados.

La segunda sugerencia que tengo es que debemos darnos cuenta de que no importa lo que hagamos en nuestra vida o lo que hayamos hecho con anterioridad, Dios y Jesucristo nos aman tanto como cuando no habíamos pecado. Ellos no se separan del pecador.

Recuerdo a un misionero recién regresado de la misión que estaba asistiendo al Instituto de Religión cuando yo estaba allí. Este joven había cometido un error muy grave y pensaba que por ello su vida estaba arruinada. Yo le dije: «Dios le ama tanto hoy como le amaba el jueves pasado». Él no podía creerlo, y lloró como un niño cuando se dio cuenta de esta gran verdad. Muchas veces pensamos que Dios nos ama según nuestros méritos, según la forma en que nos hayamos comportado. Pero nada puede estar más lejos de la verdad, porque el amor de Dios no es algo que podemos ganar con méritos. El amor viene de un corazón amante y el amor de Dios es incondicional. Yo sinceramente creo que El ama al peor de nosotros tanto como al mejor de sus hijos. Le hacemos sufrir cuando hacemos algo malo, cuando nos ve destruir nuestras vidas y hacer daño a otras personas. Seguir leyendo

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Y la verdad os hará libres

Julio de 1981
«Y la verdad os hará libres»
Por el élder James E. Faust
Del Consejo de los Doce

James E. FaustPilato preguntó: «¿Qué es la verdad? (Juan 18:38). Los hombres han batallado con esta pregunta por siglos. Cada persona puede determinar lo que la verdad es por sí misma. Otra pregunta adecuada es: «¿Dónde se puede encontrar la verdad?»

Existe un relato de un ministro religioso norteamericano, ya fallecido, acerca de unos campos de diamantes:

Ah Hafid, un antiguo persa, era propietario de terrenos extensos, muchos campos productivos con montes y jardines, y de dinero que prestaba a interés. Tenía una hermosa familia y se sentía feliz porque era próspero, y era próspero porque se sentía feliz.

Un día llegó a hablar con él un viejo sacerdote y le dijo que si fuera dueño de un diamante del tamaño de su pulgar, podría comprar una docena de granjas como la que tenía. Ah Hafid inquirió: «Dime dónde puedo encontrar diamantes».

El sacerdote le respondió: «Si encuentras un río que corre sobre arenas blancas, entre las altas montañas, en aquellas arenas blancas hallarás diamantes».

«Bien», respondió Ah Hafid, «iré a buscarlo».

De manera que vendió su granja, juntó el dinero que había prestado a interés, dejó a su familia encargando a un vecino que la cuidara, y se marchó en búsqueda de los diamantes. Así viajó por muchas tierras.

Entretanto, el hombre que había comprado la granja de Ali Hafid llevó su camello al jardín para darle de beber; cuando el animal puso el hocico en las aguas poco profundas, su dueño vio un brillo extraño entre las blancas arenas del arroyo. Estiró la mano y sacó una piedra negra que tenía un núcleo luminoso. Poco después, el viejo sacerdote fue a visitar al sucesor de Ali Hafid y descubrió que la piedra negra con el extraño núcleo de luz era un diamante. Corrieron ambos al jardín y al agitar la arena con las manos, encontraron muchas piedras preciosas y de gran valor. Así descubrieron las’ minas de Golconda, que fueron las minas de diamantes más valiosas en la historia del antiguo mundo. De manera que, si Ali Hafid se hubiera quedado en su casa y hubiera cavado en su propio terreno o en cualquier lugar dentro de sus propios campos, en vez de haber viajado a tierras extranjeras, él habría sido quien encontrara los diamantes.

A menudo, la búsqueda de la verdad no es muy diferente a la búsqueda de Ali Hafid. La verdad no se encuentra en tierras lejanas, sino en nuestro propio hogar.

Sir Winston Churchill dijo: «Los hombres a veces tropiezan con la verdad, pero la mayoría se levantan y se retiran rápidamente, como si nada les hubiera sucedido». Seguir leyendo

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Sigamos sus pasos y Él nos guiará

Julio de 1981
Sigamos sus pasos y Él nos guiará
Por el élder Vaughn J. Featherstone
Del Primer Quorum de los Setenta

Vaughn J. FeatherstoneViene a mi memoria la historia de una persona ávida por la lectura; su biblioteca estaba repleta de libros que leía cada noche al regresar del trabajo, y siempre terminaba de leer los libros que comenzaba.

Una noche decidió leer uno que había estado dejando de lado deliberadamente; lo abrió y comenzó a leer, pero era aburrido y sin sentido; sin embargo, había hecho la promesa de terminar la lectura de cada libro cine comenzara, y por lo tanto, todas las noches leía hasta que al fin llegó a la última página; luego lo puso en la estantería y mentalmente comentó: «¡Es el libró más aburrido que jamás he leído!»

Pasó el tiempo y una noche, al salir con un amigo, éste le preguntó si había leído cierto libro. Ella recordó inmediatamente que se trataba de aquel libro que había considerado aburrido.

— Sí —le contestó —, ¿por qué?

— Lo escribí yo — le respondió su amigo explicándole que había usado un seudónimo, y comenzaron a hablar de él.

Más tarde, cuando regresó a su casa, fue directamente en busca del libro, y sentándose, leyó durante toda la noche. Cuando aparecieron los primeros rayos de la alborada, lo cerró, lo puso en la estantería e hizo otro comentario mental: «Es uno de los libros más hermosos que he leído». La diferencia consistía en que había conocido al autor y hablado con él de su obra.

En Doctrina y Convenios el Señor dice:

«Escuchad al que es vuestro intercesor con el Padre, que aboga vuestra causa ante él, diciendo: Padre, ve los padecimientos y la muerte de aquel que no pecó, en quien te complaciste; ve la sangre de tu Hijo que fue derramada, la sangre de aquel que diste para que tú mismo fueses glorificado; por tanto, Padre, perdona a estos mis hermanos que creen en mi nombre, para que vengan a mí y tengan vida eterna.» (D. y C. 45:3-5.)

Debemos conocer a nuestro Autor, ya que la vida eterna depende de ello.

Supongo que en mis limitados estudios, el tema del cual más he aprendido es el de Jesucristo; he leído y aprendido más de Él y he servido más en su causa que en cualquier otra obra que haya emprendido en mi vida. Por lo tanto, es un placer para mí poder compartir con vosotros los sentimientos que tengo hacia Él.

Creo que de vez en cuando deberíamos ir atrás en el tiempo y pensar acerca de la vida del Salvador.

Alma dijo:

«Y he aquí, nacerá de María, en Jerusalén, que es la tierra de nuestros antepasados, y ella será una virgen, un vaso precioso y escogido, a quien se hará sombra y concebirá por el poder del Espíritu Santo, y dará a luz un hijo, sí, el mismo Hijo de Dios.

Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y enfermedades de su pueblo.

Y tomará sobre sí la muerte, para poder soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo; y sus enfermedades tomará él sobre sí, para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne pueda saber cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos. Seguir leyendo

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Obtengamos un testimonio de Jesucristo

Liahona,Julio de 1981

Obtengamos un testimonio de Jesucristo

Por el eíder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce

élder Bruce R. McConkiePor varios años me he esforzado por aprender todo lo que esté al alcance de un ser mortal acerca de la vida de Jesucristo; me he esforzado por aprender de sus palabras, de sus acciones y de los hechos que llevó a cabo durante su vida terrenal; he tratado de obtener alguna enseñanza de la dignidad de su sacrificio expiatorio, así como de las distintas etapas de su gloriosa vida, de su muerte y su resurrección.

Su imagen despierta en mí sentimientos de reverencia y admiración. La gloriosa Majestad «de los cielos bajó a morar entre los hombres: se hizo mortal; nació de una mujer; se hizo siervo; accedió a dejar su trono eterno para abolir la muerte y dar al hombre la oportunidad de vida e inmortalidad por medio del evangelio. El gran Dios de esta tierra, el Jehová Eterno, el Señor Omnipotente, vino a nosotros como un hombre, como el hijo de María, como Hijo de David, como el Sufrido Siervo; vino como la manifestación perfecta del Padre.

En 1935, en el centenario de la organización del primer Quorum de los Apóstoles en nuestra dispensación, la Primera Presidencia de la Iglesia, los presidentes Heber J. Grant, J. Reuben Clark, hijo, y David O. McKay, declararon lo siguiente:

«Si la humanidad desea salvarse, deberá aceptar dos grandes verdades: Primero, que Jesús es el Cristo, el Mesías, el Unigénito, el verdadero Hijo de Dios cuya sangre expiatoria y resurrección nos salvan de la muerte física y espiritual que heredamos por la caída de Adán y Eva. Segundo, que por medio del profeta José Smith, Dios ha restaurado sobre la tierra en estos últimos días su Santo Sacerdocio con la plenitud del evangelio eterno, para la salvación de todos los habitantes de la tierra. Sin estas dos verdades el hombre no tiene esperanza de disfrutar de las riquezas de la vida en el más allá.» (Improvement Era, ab. de 1935, pág. 205.) A continuación, la Primera Presidencia daba testimonio, que es también nuestro testimonio y el de toda la Iglesia, de que estos dos conceptos son verdaderos.

Tenemos en nuestras manos un mensaje glorioso para llevar al mundo: un mensaje espiritual de salvación, de alegría y esperanza. Por supuesto, muchos se preguntarán cómo pueden establecerse la verdad y la divinidad de un mensaje espiritual.

¿Cómo se demuestran las verdades espirituales? ¿Cómo se prueba la resurrección de Jesucristo? ¿Cómo se prueba que el Padre y el Hijo se aparecieron a José Smith, y que mensajeros celestiales le entregaron las llaves, los poderes y la autoridad para establecer la Iglesia?

Nos encontramos exactamente en la misma situación en que se encontraban los antiguos apóstoles. Ellos también tenían algo para proclamar al mundo; tenían que proclamar primero la divinidad del Señor Jesucristo, que El en verdad es el Hijo de Dios, que vino al mundo para cumplir con el infinito y eterno sacrificio expiatorio que permitirá a todo hombre resucitar de la mortalidad, y a todo el que crea y obedezca recibir la vida eterna. Segundo, que ellos mismos, Pedro, Santiago y Juan, junto con el resto de los Doce Apóstoles, los setentas y los demás, eran siervos llamados por Dios, quien les dio su poder, las llaves del reino, el derecho de proclamar las verdades de su evangelio y el poder para llevar a cabo sus ordenanzas. ¿Cómo es posible que once hombres y sus seguidores, once galileos que no habían recibido ninguna clase de capacitación como rabinos, que no eran considerados eruditos ante el mundo, salieran y cumplieran con la responsabilidad que Jesús les había dado: la de llevar el mensaje de salvación a cada criatura viviente? Seguir leyendo

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Una promesa gloriosa

Julio de 1981
Una promesa gloriosa
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyEl Señor ha dicho: «Si me amas, me servirás y guardarás todos mis mandamientos» (D. y C. 42:29).

El profeta José Smith señaló:

«No podemos guardar todos los mandamientos sin antes conocerlos: y no podemos pretender conocerlos todos, o más de lo que actualmente sabemos, a menos que cumplamos o guardemos aquellos que ya hemos recibido.» (History of the Church, 5:535.)

Cuando el Señor organizó su Iglesia en 1830, comenzó a dar varias revelaciones sobre las cuales estableció la ley de la Iglesia, la ley por la cual esta se gobernaría.

Creo que es de gran provecho para nosotros darnos cuenta de que el Evangelio de Jesucristo no se encuentra sólo en la Biblia. Aceptamos las doctrinas que se enseñan en ella como la palabra de Dios y las consideramos como tal siempre que no hayan sido cambiadas por las traducciones; sin embargo, las enseñanzas del evangelio que aparecen en la Biblia son solo una parte de las que el Señor y sus profetas nos dejaron en dispensaciones pasadas.

En cada dispensación desde los días de Adán hasta los días del profeta José Smith, el Señor ha vuelto a revelar los principios del evangelio. De modo que, mientras los registros de dispensaciones pasadas testifican de las verdades del evangelio, siempre que no hayan sido alterados, en cada dispensación se han revelado suficientes verdades para guiar al pueblo de esa dispensación, aunque no se contará con los registros del pasado.

De ninguna manera quisiera desacreditar los registros que tenemos de las verdades reveladas por el Señor en dispensaciones anteriores. Lo que sí deseo es dejar grabado en nuestras mentes que el evangelio, tal como fue revelado al profeta José Smith, es completo y sus palabras vienen directamente del cielo para esta dispensación. El evangelio en la forma en que se le revelo al profeta José Smith es suficiente para enseñarnos los principios de vida eterna. Los mandamientos que hemos recibido en esta dispensación por medio de los profetas de estos tiempos y con los cuales debemos gobernamos son la verdad revelada.

Consideremos algunos:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerza; y en el nombre de Jesucristo lo servirás.» (D. y C. 59:5.)

«Honrad a vuestro padre y a vuestra madre para que vuestros días sean largos en la tierra que el Señor vuestro Dios os dé.» (1 Ne. 17:55.) Honrar a los padres es agradar y honrar a Dios. Seguir leyendo

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Una luz al mundo

Junio de 1980
Una luz al mundo
Por el obispo Victor L. Brown
Obispo Presidente

Victor L. BrownUna de las experiencias más inspiradoras y que más satisfacción me brinda es cuando conozco a jóvenes y señoritas que ciertamente han llegado a conocerse a sí mismos, aquellos que deciden qué clase de persona llegarán a ser y después despliegan el valor necesario para elevarse por encima de las presiones de la sociedad y ser la clase de hijos de Dios que a Él le complace tener. El llegar a conocer jóvenes de esta naturaleza fortalece mi testimonio y aumenta mi confianza y fe en el futuro.

Una vez, conocí a un marinero que era miembro de la tripulación de un submarino atómico anclado en Escocia; él era el único miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en esa tripulación. El submarino salía en largos viajes que duraban varias semanas. Cuando en su primer viaje se le asignó a este joven su cabina, se encontró con que los otros miembros de la tripulación habían cubierto las paredes con fotografías sensuales de mujeres con escasa indumentaria; esto lo ofendió y decidió quitar todas las fotografías y destruirlas. Aunque sabía la posible reacción que tendrían sus compañeros, aún así tuvo el valor para hacer lo que pensó era lo debido; jamás se volvió a colgar una fotografía de esa naturaleza en su cabina. Más aún, en el primer viaje comenzó a enseñar una clase de la Escuela Dominical a la cual asistían dos o tres personas. Hablando en términos generales, aprendió una importante lección: Que otros sienten respeto por aquel que tiene el valor de hacer lo correcto según sus convicciones.

En otra ocasión, conocí a un jovencito de catorce años de edad, un campeón en el juego del tenis. Había ganado el campeonato de todos los torneos en una zona que incluía varios estados, llegando a las semifinales de uno muy importante que se llevaría a cabo en una ciudad distante. Al llegar al lugar donde se efectuaría el torneo, se dio cuenta de que su partido estaba programado para el día domingo. Se dirigió a los encargados y les dijo que él no jugaba al tenis los domingos; ellos le indicaron que si deseaba participar en el torneo, tendría que jugar ese día, a lo cual él respondió que no lo haría, aunque sabía que así perdería el partido por no haberse presentado. Pero sucedió que debido a la lluvia, los partidos del domingo tuvieron que suspenderse, y el joven jugó el lunes y ganó. Seguir leyendo

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Sobrellevamos nuestras pruebas?

Junio de 1981

¿Sobrellevamos nuestras pruebas?

Por Steve Dunn Hanson

“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17)

Hace más de cien años, cuando mis tatarabuelos se unieron a la Iglesia en Suecia, para llegar a Salt Lake City tuvieron que hacer un viaje en barco, ir en tren desde Nueva York a Omaha y en carreta desde allí hasta el lugar de destino. Cuando subieron al tren en Nueva York, descubrieron que tenían que viajar en vagones en los que se había transportado cerdos, y que estaban sucios y llenos de piojos. Mi tatarabuela aceptó con resignación aquella situación que no podía cambiar; pero en cambio, su esposo, aunque hizo el viaje, se sintió terriblemente humillado: “¡Es increíble que nos traten igual que a los cerdos!”, se quejaba.

Ella estaba encinta; y cuando llegaron a Omaha, antes de empezar la larga jornada en carreta, mi tatarabuelo se mostró preocupado por lo que podría pasarles durante el viaje. El capitán de la caravana le aseguró que viajarían con ellos buenas parteras y que todo saldría bien; y así emprendieron el viaje.

Les nació un bebé sano en las llanuras de Nebraska, pero unos días más tarde, el hijito de tres años contrajo el cólera. Esa misma noche mi tatarabuelo fue a una de las carretas vecinas a pedir una vela prestada, pero le dijeron que no tenían suficientes; entonces se pasó toda la noche a oscuras echando chispas, con el cuerpecito febril y debilitado de su hijo en brazos. El niñito murió esa misma noche. Seguir leyendo

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El mandamiento firme y dulce

Mayo de 1981
El mandamiento firme y dulce
Por el élder Neal A. Maxwell
De la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Neal A. MaxwellEncararé en forma algo diferente las normas re­lativas a la castidad previa al casamiento y la fidelidad después del mismo. Todas esas normas son parte del mandamiento firme y dulce que ocupa el séptimo lugar y que posiblemente sea, de los Diez Mandamientos, el que menos popularidad tiene.

No siendo un tema usual en nuestra época, el séptimo manda­miento es uno de los menos obe­decidos, pero también una de las leyes más necesarias entre las que ha dado Dios; y constituye un ejemplo perfecto de cuánto difiere La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días del resto del mundo en puntos de conducta que son básicos. El mundo poco se preocupa de obedecer este man­damiento, en tanto que las personas puedan ser admirables en otros aspectos.

Siempre he creído que en lo profundo de algunas de las doc­trinas más difíciles se encuentran algunas de las verdades más grandes y preciosas; pero éstas no se pueden descubrir por casualidad ni en forma irreverente. La obe­diencia acarrea bendiciones y ade­más mayor conocimiento, tal como prometió Pedro; y obedecer los prin­cipios correctos aumenta la com­prensión (véase 2 Pedro 1:8). Tal es el caso en relación con el séptimo mandamiento.

Francamente, mis hermanos, de­beríamos estar preparándonos hoy para vivir en un mundo mejor. ¡Esta vida es tan importante! Pero constituye un lapso de tiempo muy breve. Y si somos demasiado pres­tos en adaptamos a las sendas de este mundo pasajero e imperfecto, ese mismo ajuste nos desajustará para la vida en el mundo venidero, ¡una vida que no tendrá fin! No es de extrañar que quien quebranta este mandamiento sea “falto de en­tendimiento” (Prov. 6:32).

Existen, naturalmente, algunos aspectos relativos al séptimo manda­miento que el mundo comparte con nosotros: tanto en la Iglesia como en el mundo existe el deseo de evi­tar las enfermedades venéreas; tam­bién el de evitar el embarazo en las mujeres solteras. Un tercer punto de vista en el que el mundo está de acuerdo con nosotros parcialmente es que la inmoralidad sexual afecta la vida matrimonial y de familia, aumentando el promedio de divor­cios.

Afortunadamente, las razones de la Iglesia para obedecer el séptimo mandamiento van más allá de estos tres puntos o preocupaciones, a pe­sar de lo reales que son. Seguir leyendo

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Cómo obtener revelación personal

Mayo de 1981
Cómo obtener revelación personal
Por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce

élder Bruce R. McConkieCada miembro de la Iglesia puede ver visiones celestiales, hablar con los ángeles, ver el rostro del Señor, y recibir todo el conocimiento y la sabiduría que han sido derramados sobre los fieles en toda época.

Deseo referirme a algunas realidades espirituales y tratar en cuanto a lo que tenemos que hacer para obrar nuestra salvación (véase Filipenses 2:12) y ser miembros dignos del reino de Dios en esta vida, a fin de calificamos para ob­tener nuestra recompensa eterna en la vida venidera. Deseo hablar respecto a la revelación personal, la forma en la que cada miembro de la Iglesia puede llegar a conocer la divinidad de la obra y la forma en la que puede sentir la voz del Espíritu en su corazón y alma; y, además, cómo puede ver visiones, hablar con los ángeles, ver el rostro del Señor y recibir todo el conocimiento y la sabiduría que han sido derramados sobre los fieles en todas las épocas.

Nosotros, los mormones, tenemos el hábito de decir que creemos en la revelación moderna; anunciamos que los cielos han sido abiertos, que Dios ha hablado en nuestro tiempo, que los ángeles han ministrado entre los hombres, que ha habido visiones y revelaciones y que todos los dones que poseyeron los anti­guos se han dado en el presente. Pero, por lo general, al hablar en esta forma pensamos en las expe­riencias de José Smith, de Brigham Young o de Spencer W. Kimball; pensamos en los apóstoles y pro­fetas; en ellos y en la Iglesia misma que sigue adelante sobre el prin­cipio de la revelación.

Y bien, no hay duda alguna respecto a este asunto: La orga­nización a la cual pertenecemos es literalmente el reino del Señor y fue establecida a fin de prepararnos y calificamos para ir al reino celestial; y esta Iglesia es guiada mediante revelación. En distintas ocasiones en que he estado en reuniones con los apóstoles, el Profeta de Dios en la tierra ha dicho, con humildad y testimonio ferviente, que el velo se le presenta tenue, que el Señor guía y dirige los asuntos de la Iglesia, que ésta es su Iglesia y que Él nos está manifestando su voluntad.

Existe la inspiración en los que dirigen la Iglesia; ésta está de­sempeñando su misión y progre­sando en la forma en la que el Señor quiere que progrese a fin de que, tan rápidamente como nuestras fuerzas lo permitan, su mensaje vaya a sus otros hijos en el mundo y a fin de que nosotros, como miembros del reino, podamos pu­rificar y perfeccionar nuestra vida y ser dignos de las más ricas bendi­ciones en esta tierra y en el más allá.

Pero la revelación no es sólo para el Profeta de Dios en la tierra, ni las visiones de la eternidad están re­servadas solamente para las Au­toridades Generales. La revelación es algo que debe ser recibido por cada individuo. Dios no hace acepción de personas (véase D. y C. 1:35), y cada alma es tan preciosa para El cómo las almas de aquellos que son llamados a puestos de li­derazgo. Puesto que El obra sobre principios de leyes eternas y uni­versales, cualquier persona que obedezca la ley que le permita obtener revelación podrá tener un conocimiento similar al del presi­dente Kimball, podrá hablar con los ángeles tal como José Smith habló con ellos, y podrá estar en armonía con todas las cosas espirituales. Seguir leyendo

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La voz del Espíritu

Mayo de 1981
La voz del Espíritu
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyEn cierta ocasión el presidente Brigham Young dijo: “En los comienzos de la Iglesia me fue revelado que ésta se expandiría, prosperaría, crecería y se extendería y que el poder de Satanás crecería en proporción directa a la expansión del evangelio entre las naciones de la tierra” (Discourses of Brigham Young, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1954, pág. 72).

En el presente somos testigos del cumplimiento de esta predicción.

El hecho de que en 1938 hubiera en la Iglesia 126 estacas, 36 misiones y 784.764 miembros, y que a fines de 1977 hubiera 885 estacas, 158 misiones y cerca de 4.000.000 de miembros, es prueba concluyente de que la Iglesia se ha expandido, ha prosperado y ha crecido durante los últimos cuarenta años.

En cumplimiento de la declaración del presidente Young, de que el poder de Satanás crecería en igual forma, vemos en todas partes evidencias de sus frenéticos esfuerzos por obstaculizar el cumplimiento de la misión de la Iglesia.

Entre sus armas más eficaces en­contramos la pornografía, las per­versiones, la prostitución de los po­deres procreadores, y todo otro tipo de prácticas impías e inmorales. Prácticas que desde tiempo inmemo­rial han sido consideradas censura­bles, inmorales, degradantes, e ile­gales en algunos casos, y que destru­yen el alma ahora como siempre la han destruido, se defienden y tole­ran ampliamente en la actualidad, como aceptables en nuestra socie­dad en decadencia.

No debemos, y no tenemos necesi­dad de ser engañados ni corrompi­dos por estas enseñanzas y prácti­cas diabólicas; y no seremos afecta­dos por ellas si recordamos quiénes somos y si usamos los medios con los que el Señor nos ha investido para discernirlas y evitarlas.

Nunca olvidemos: que somos almas, espíritus inmor­tales en cuerpos mortales de carne y huesos;

que nuestros espíritus son el fruto de padres celestiales e inmortales;

que el propósito principal de estar en la tierra, en este estado mortal, es ser probados para ver si haremos lo que el Señor nos mande (véase Abraham 3:25); Seguir leyendo

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Hombres así no pueden ser vencidos

Abril de 1981
Hombres así no pueden ser vencidos
Por el élder Vaughn J. Featherstone
Del Primer Quorum de los Setenta

Vaughn J. FeatherstoneLos que escalan las montañas más altas de la vida son los hombres que tienen disciplina y voluntad.

Se cuenta que un día, Espínola y Richardet, embajadores enviados por el rey de España para negociar un tratado en La Haya. Holanda, en 1608, vieron que ocho o diez individuos desembarcaban de un bote y. sentándose sobre la hierba, procedían a alimentarse con pan, queso y una bebida.

«¿Quiénes son esos viajeros?» preguntaron los embajadores a un campesino.

«Esos son nuestros reverenciados gobernantes, los diputados del estado», fue la respuesta.

Espínola dijo: «Hombres así no pueden ser vencidos». (Tomado de Happy Homes and the Hearts That Make Them, por Samuel Smiles.) Hace algún tiempo tuve el privilegio de concurrir a una conferencia de estaca en compañía del presidente Spencer W. Kimball. En aquel entonces él no era el Presidente de la Iglesia. El élder Kimball trabajó incansablemente realizando una reunión tras otra hasta muy tarde el sábado en la noche. El domingo a las ocho de la mañana tuvimos una reunión con los obispados y miembros del sumo consejo. Esta reunión fue seguida por la sesión general, una reunión con el quorum de los setenta, una entrevista con el patriarca, la dedicación de una capilla y un discurso ante los alumnos de seminario, reunión que tuvo lugar en la noche. Llegamos a la casa del presidente de la estaca a eso de las nueve de la noche para esperar la salida de nuestro avión, salida prevista para las once de esa misma noche. La esposa del presidente de la estaca amablemente quiso prepararnos la cena. El élder Kimball dijo: «Por favor, todo lo que necesito es un vaso de leche y un poco de pan casero para acompañarla». Hombres así no pueden ser vencidos.

La mayoría de los hombres de igual capacidad directriz se deleitarían comiendo carne de faisán, caviar y otros alimentos exquisitos dignos de un rey. Llenarían su estómago con champaña, licores y vinos al grado de quedar ebrios y tontos. Pero los que corren más rápidamente, los que escalan las montañas más altas, los que nadan a través de las corrientes más peligrosas de la vida son los listos y firmes, los que están preparados, los hombres que tienen disciplina y voluntad. Hombres así no pueden ser vencidos.

Hemos leído de líderes políticos y hombres de negocios que cada noche se atiborran de alimentos y duermen hasta las diez de cada mañana, hombres que pronto pierden su poder. La ley de la cosecha es absoluta. Los que «se zambullen en las profundidades del placer salen con más arena que perlas», dijo un profeta moderno.

Se cuenta que el general Antígono (382-301 a. de J. C, general de Alejandro el Grande) se encontraba preparando a sus hombres para atacar al enemigo. Se bosquejó el plan, se decidió la estrategia y se determinó la hora. El número de los hombres de Antígono era inferior al de los enemigos. Se dio la señal de ataque. Nadie atacó. De hecho, estaban listos para la retirada sin gloria alguna. Antígono preguntó a los capitanes cuál era el problema, a lo que éstos respondieron diciendo que eran tan inferiores en número que los hombres no se atrevían a atacar. Antígono pensó por un momento y luego preguntó: «¿A cuántos os parece que equivalgo yo?» Este espíritu se esparció en las filas; atacaron y vencieron. Seguir leyendo

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Los grandes mandamientos

Abril de 1980
Los grandes mandamientos
Por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia

N. Eldon TannerEn una época en la que los hombres están turbados y reina la contención, y en un mundo afligido con problemas para los cuales parece no haber soluciones, nosotros deberíamos hacer una pausa y reflexionar en cuanto a la causa de nuestra intranquilidad y también considerar los remedios que nos pueden volver a la razón y al equilibrio.

Si tan sólo prestáramos atención a las palabras del Autor de la paz y del amor fraternal, podríamos subsanar todo mal, acallar los cañones en las batallas, alimentar a los que tienen hambre, vestir al desnudo, cambiar las espadas por arados (véase Isaías 2:4) y vivir en felicidad que nos permitiría prepararnos más rápida y adecuadamente para el día del juicio que ciertamente debe llegar para cada uno de nosotros.

En respuesta al abogado que preguntó, tentándolo: ¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?» Jesús dijo:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

Este es el primero y grande mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.» (Mateo 22:37-40.)

¿Por qué somos tan lentos en aceptar que debemos hacer lo que Dios dice? ¿Por qué es que no entendemos que todos los problemas sociales se pueden encauzar en forma adecuada conforme aceptamos a Dios como el Creador del universo y vivimos de acuerdo con las leyes por las cuales El gobierna en los asuntos de los hombres?

Cierta vez vi una presentación privada de Los Diez Mandamientos y la película me dejó con este mensaje impresionante: Somos libres de escoger servir a Dios y obedecer sus mandamientos o ser gobernados por un dictador. Podemos ser libres solamente cuando escogemos ser obedientes a aquellas leyes que garantizan nuestra libertad. La violación de la ley puede acarreamos la esclavitud o la muerte, o la restricción de nuestra libertad.

Si amamos a Dios y a nuestros semejantes (esto es, a nuestro prójimo), los trataremos en la misma forma que nos gustaría ser tratados. Hay muchas cosas que entran en juego en lo que a demostrar amor verdadero se refiere. Considerad las palabras del Señor a Moisés:

«No andarás chismeando entre tu pueblo. . .

No aborrecerás a tu hermano en tu corazón. . .

No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo.» (Lev. 19:16-18.)

En Deuteronomio leemos las palabras de Moisés a su pueblo: Seguir leyendo

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Catorce razones para seguir al profeta

Catorce razones para seguir al profeta

Ezra Taft BensonPor el élder Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce

(Discurso pronunciado el 26 de fe­brero de 1980 en la Universidad Brigham Young)

Mis queridos hermanos, es un honor para mí diri­giros la palabra. Voso­tros, jóvenes estudian­tes, formáis parte de una gran generación: una generación que es posible que vea el retorno de Je­sucristo.

La Iglesia en la actualidad no sólo está creciendo en número, sino también en fidelidad; y lo que es más importante: En general, los jóvenes son más fieles y mejores que sus padres. Dios ha esperado para mandaros a la tierra en estos últimos días próximos al “día grande y terrible del Señor” (D, y C. 110:16); y vuestra responsabi­lidad no sólo será la de llevar adelante y hacer triunfar el reino de Dios, sino también la de salvaros y salvar a vuestras familias. Para ayudaros a pasar las pruebas cruciales que tendréis en futuro, voy a daros un consejo que os ayudará a triunfar y a alcanzar la gloria de Dios, a pesar del empeño de Satanás en desviaros.

En nuestra Iglesia cantamos a menudo el himno “Te damos, Señor, nuestras gracias” (Himnos, No. 178); y pronto celebraremos los 85 años del presidente y profeta Spencer W. Kimball. El consejo que quie­ro daros es el siguiente: Seguid al Profeta. A continuación enumeraré catorce de las razones por las que debemos seguir al Profeta y Presi­dente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Sans titre-1Primero: El Profeta es el único hombre que habla por el Señor en cuanto a la Iglesia.
En el libro Doctrina y Convenios el Señor habla acerca del Profeta, o sea el Presidente de la Iglesia:

«. . .nunca hay más de una perso­na a la vez sobre la tierra a quien se confieren este poder y las llaves de este sacerdocio. . .» (D. y C. 132:7.)

En la sección 21 el Señor también dice:

“Por tanto, vosotros, refiriéndose a la Iglesia, daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad;

porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.

Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros.” (D. y C. 21:4-6.)

Segundo: El Profeta de la Iglesia tiene más importancia para nosotros que las Escrituras.
El presidente Wilford Woodruff nos cuenta algo interesante que sucedió en la época del profeta José Smith:

“Os contaré lo que sucedió en una reunión, en la cual estaba yo presente en Kirtland, Ohio. Ese día también se había mencionado el tema de los profetas y la palabra escrita de Dios. Se había expuesto el mismo principio del evangelio, aunque no con tanto detalle cómo se hizo aquí, cuando uno de los líderes de la Iglesia se levantó para hablar del tema: ‘Aquí en la Biblia, en el Libro de Mormón, y en Doctrina y Convenios, tenéis la palabra de Dios; es la palabra de Dios escrita, y vosotros, los que dais revelaciones, debéis hacerlo de acuerdo con lo que los libros contienen, porque contienen la palabra de Dios. Debemos limitarnos a lo que dicen’. Seguir leyendo

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Una hermandad sin fronteras

Una hermandad sin fronteras

President Boyd K. PackerÉlder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce

Hace pocos días mi esposa y yo asistimos a una reunión de la Sociedad de Socorro en una ciudad de Europa Oriental. La asistencia se componía de doce hermanas.

Cantamos los himnos de Sión —letra sin música— impresos hace aproximadamente 50 años.

La lección de Vida Espiritual, extraída de las páginas de un manual casero, se dio con mucha reverencia.

Declaré a esas hermanas que pertenecían a la más numerosa, y por cierto, a la más grandiosa de las organizaciones femeninas del mundo.

Cité al profeta José Smith cuando él y las otras Autoridades Generales de la época organizaron la Sociedad de Socorro.

«Ahora doy vuelta a la llave en provecho de todas las mujeres». Esta sociedad queda organizada «conforme a vuestra naturaleza, sois ahora colocadas en una situación en la cual podéis actuar conforme a la candad que está en vosotras.» (History of the Church, 4:605)

«Si vivís en pos de estos privilegios, los ángeles no pueden ser privados de ser vuestros amigos.» (Ibid, 4:607.)

Si esta Sociedad escucha el consejo del Todopoderoso, mediante las autoridades de la Iglesia, tendrán poder para regir a reinas en medio de ella.

¡El Espíritu se encontraba en esa reunión! Cuando ésta terminó, la encantadora hermana que la había dirigido con gentileza y reverencia no pudo ocultar las lágrimas.

Entonces les hablé de vosotras, y se sintieron fortalecidas; les hablé de la asignación que había recibido de hablaros esta noche, y les pregunté si tenían algún mensaje para transmitiros.

Varias de ellas escribieron pequeñas notas; en cada cosa que expresaban, se destacaba el deseo de enviaros algo, y no el de pedir nada.

Una de tales notas decía: «Un pequeño grupo de hermanas les nace llegar a todas ustedes su corazón y pensamientos, y ruega al Señor que nos ayude a seguir adelante».

Esas palabras, «grupo de hermanas», me inspiraron. Las podía ver dentro de vuestro grupo.

Capté entonces la visión de un gran grupo de hermanas, la misma visión que han tenido los apóstoles y profetas que nos antecedieron.

Esa noche, por un momento, estuve en medio de ese grupo y sentí los impulsos de la fe, el valor y el amor que penetraban en mí ser.

Recordé las salas de sellamiento de los templos. En algunas de ellas hay espejos colocados frente a frente en las paredes. Si uno se para cerca del altar y mira para cualquiera de los dos lados, puede ver un corredor de imágenes que se hacen cada vez más pequeñas.

A uno le da la impresión de que está mirando hacia el infinito, hacia la eternidad. Se puede ver tan lejos como la vista lo permite, y uno siente que si pudiera llegar hasta el límite de la visión, aun así, jamás llegaría al fin de las imágenes. Seguir leyendo

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Organizaos

Organizaos

Marian R. BoyerMarian R. Boyer
Segunda Consejera en la Presidencia de la Sociedad de Socorro

Mis queridas hermanas, es un privilegio para mí reunirme con vosotras en este tabernáculo y participar en esta transmisión televisada para muchas otras congregaciones de hermanas en la Iglesia. Vosotras representáis lo mejor que puede ofrecer esta vida; sois hijas de nuestro Padre Celestial y reflejáis las bendiciones del evangelio.

Para todas nosotras el título de «amas de casa» tiene un gran significado; se nos ha dado la misión especial de ser las creadoras de los hogares de la Iglesia, de la comunidad y del mundo.

En una conferencia de la Sociedad de Socorro, el presidente J. Reuben Clark dijo: «Que Dios os enseñe el propósito verdadero del ama de casa para que podáis salvar, no sólo a Sión, sino también al mundo. Ese es vuestro destino: salvar al mundo.» (Relief Society Magazinc, diciembre de 1949. pág. 798.)

Esto nos ayuda a damos cuenta de que la tarea propia de la mujer significa muchísimo; la importancia de los quehaceres del ama de casa es mayor que la de cualquier otro trabajo. Un hogar es mucho más que una vivienda. Tanto para una persona que vive sola, como para una madre con muchos hijos, el hogar constituye una escuela, y debe ser un lugar en el que la oración señale el camino hacia la vida eterna. La única manera en que el mundo puede salvarse es fortalecer en el hogar a cada uno de los hijos de Dios.

El Señor nos dice en una revelación dada al profeta José Smith: «Organizaos; preparad todo lo que fuera necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios.» (D. y C. 88:119.)

Al meditar este consejo del Señor, recuerdo a una amiga mía, con la cual desarrollé una asociación de servicio estrecha y la que me ha servido de inspiración por su dedicación a su familia y a la Iglesia. El tener muchos hijos y un esposo inválido no le impidió aceptar un cargo de líder en la Sociedad de Socorro. Cuando le pregunté cómo se las arreglaba, me dijo: «Las hermanas de la Sociedad de Socorro me ayudan; su cariño me anima cuando me siento triste y las lecciones me guían y dan fuerza. Además, el confiar mis problemas los hace parecer más pequeños.» Me dijo también que todas las mañanas lo primero que hacía era orar mientras el resto de la familia dormía; con las tareas diarias ya organizadas en su mente, le pedía a nuestro Padre Celestial que le ayudara a realizarlas. Seguir leyendo

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