Amor entre padre e hijo

Marzo de 1980
Amor entre padre e hijo
por el élder Marion D. Hanks
de la Presidencia del Primer Quorum de los Setenta

Marion D. HanksEn una de esas raras mañanas de domingo en que por un motivo determinado me encontraba asistiendo a mi propio barrio, sentado en la última fila de bancos, observé a nuestro hijo (único varón), un joven muy especial, caminando hacia el pulpito por invitación del obispo.

Este habló sobre él y lo presentó a la congregación, a fin de que le dieran su voto de sostenimiento para ser adelantado en el Sacerdocio Aarónico. El voto de aprobación fue unánime y más tarde, habiendo sido invitado por el obispo, tuve el privilegio de ordenar a mi hijo.

Ese mismo día a la hora de la cena, él les contó a sus hermanas cómo se había sentido en la reunión, diciéndoles que había estado bastante nervioso al tener que caminar hasta el pulpito y pararse allí con el obispo frente a toda la congregación; y agregó: «Pero cuando todos votaron, miré hacia donde estaba papá y vi su mano más alta que todas las demás; entonces me tranquilicé».

Tenía razón; yo había levantado la mano tan alta como la extensión de mi brazo me lo permitió, porque él es mi hijo y me siento muy orgulloso de él. La relación entre un hombre y sus hijos, es muy especial.

Tengo en muy alta estima el Libro de Mormón y, aunque no recuerdo cuando empecé a darme cuenta de ello, sé que lo que más me gusta de él es la instrucción, la enseñanza y los testimonios que los padres dan a sus hijos varones, y que se encuentran registrados allí. El Señor nos ha dado un cometido muy sagrado a los padres, y nos ha dicho lo que desea que enseñemos y aquello de lo cual debemos testificar. Además, nos ha indicado que es nuestra responsabilidad enseñar a nuestros hijos, y nos ha dado ejemplos muy particulares en el Libro de Mormón, en el cual hay registros de una cantidad de padres que cumplieron con este cometido, hombres como Lehi, Alma y Mormón.

¿Os preguntáis qué enseñaban? 1) Enseñaban la verdad revelada, principios de significado eterno, teología que es al mismo tiempo básica y hermosa y que encuentra eco en el corazón de quienes escuchan. 2) Daban consejos prudentes y eficaces, inspirados por experiencias personales. 3) Enseñaban valores sobre los cuales se podía edificar una vida, un país, una civilización. 4) Y en voz unánime, daban ferviente testimonio personal de Jesucristo, del Padre Celestial y del eterno plan de salvación.

Consideremos primeramente a Lehi, cuyo ejemplo e instrucción fueron extraordinarios dones para sus hijos. A uno de éstos, Nefi, su padre le participó las grandes visiones y las advertencias y promesas que había recibido del Todopoderoso. Esto fue básico en la formación de Nefi y le dio motivo para el testimonio con el cual comienza el registro:

«Y sé que la historia que escribo es verdadera…

Sí, tú sabes que creo todas las palabras de mi padre.» (1 Nefi 1:3; 11:5.)

¿Cuáles eran las cosas que Lehi deseaba que Nefi conociera? Por una parte, le relató a su hijo la visión que había tenido de un árbol en un campo, el fruto en el árbol, un sendero que conducía hasta él, una barra de hierro, un río y un espacioso edificio. Estos eran simples símbolos. El árbol era el árbol de la vida y representaba el amor de Dios; el sendero era el que conduce a la rectitud; el fruto del árbol era precioso y deseable, más que cualquier otro; y el edificio representaba el orgullo y la vanidad de este mundo. Seguir leyendo

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Nuestro Amigo bienamado

Marzo de 1980
Nuestro amigo bienamado
por David A. Whetten

David A. WhettenTarde o temprano, cada persona que haya vivido en la tierra recibirá conocimiento de la divinidad de Jesucristo. Las Escrituras nos dicen que cuando El venga por segunda vez las señales de su divinidad serán tan abrumadoras que «toda rodilla se doblara, y toda lengua confesará» que Jesús es el Cristo (D. y C. 88:104).

Pero el conocerlo no es suficiente. El conocimiento que salva proviene de nuestros esfuerzos personales por desarrollar una amistad íntima con el Señor, por medio de la oración y la meditación. El Salvador declaró:

«Y ésta es la vida eterna: Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (Juan 17:3.)

Notad las palabras: alcanzaremos la vida eterna conociendo a Dios y a Jesucristo, y no conociendo algunas cosas sobre ellos. Se me ocurre que hay una gran diferencia entre estos dos tipos de conocimiento.

«La más grande e importante de todas las condiciones que nuestro Padre Celestial y su Hijo Jesucristo nos imponen», dijo Brigham Young, «es… creer en Jesucristo, reconocer que es nuestro Salvador, procurar acercarnos a Él, aferramos a Él, ser sus amigos; y hacer lo necesario para establecer y mantener una comunicación abierta con nuestro Salvador.» (Journal of Discourses, 8:339.)

Generalmente, nos interesamos en conocer mejor a alguien si lo que se nos ha dicho de esa persona, o lo que nosotros mismos hemos observado en ella, nos indica que podemos tener una buena relación mutua. Cuatro atributos de Jesús —que se pueden observar por Su manera de tratar a los demás— me han convencido de que debo hacer un esfuerzo por procurar una amistad íntima con El y cultivarla constantemente.

El primero de estos atributos es la capacidad del Salvador para conocernos íntimamente. Puesto que El conocía los deseos del corazón de las personas y sus cualidades íntimas y espirituales, frecuentemente se mostraba amigo de los destituidos, de aquellos que eran despreciados por sus semejantes. Al seleccionar a los que formarían parte del primer Quorum de los Doce Apóstoles, Jesús no fue a las casas de los ricos o de los nobles ni a las importantes cámaras del Sanedrín, sino que buscó los sencillos botes de los pescadores junto a la costa, y la modesta mesa de trabajo del recolector de impuestos que todos despreciaban.

Prestad atención a las palabras que el Señor dirigió a una congregación hace ciento cincuenta años, en 1831, y que se encuentran registradas en Doctrinas y Convenios:

«He aquí, escuchad vosotros, oh élderes de mi Iglesia que os habéis congregado, cuyas oraciones he oído, cuyos corazones conozco y cuyos deseos han ascendido a mí.

He aquí, he puesto mis ojos en vosotros…» (D. y C. 67:1-2.)

En Doctrinas y Convenios se hallan registradas instrucciones específicas que dio a más de sesenta personas, llamándolas por su nombre y apellido. El Señor conoce a cada uno de nosotros. En muchas ocasiones, durante pruebas que he sufrido, he sentido su influencia sustentadora; cuando sentí temor después de sufrir una dolorosa herida en la rodilla mientras estaba en la misión, cuando sentí soledad en la traumática época de separación de mi familia durante la guerra de Vietnam, cuando experimenté un terrible vacío después de la muerte de un ser amado, en todas estas oportunidades no he encontrado otro bálsamo tan calmante como la seguridad dulce, pacificadora y reconfortante que se recibe de divina fuente: «No temas», «Serénate», «Estoy aquí», «Yo sé». Seguir leyendo

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….Servid a Jehova!

Marzo de 1980
«….¡Servid a Jehová»
por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyEl objeto de mi mensaje es el de estimular al lector a obedecer la exhortación de Josué a los hijos de Israel, y emular su convicción y dedicación a la causa. Él dijo:

“…temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad y quitad de en medio de vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río y en Egipto, y servid a Jehová.

…escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.» (Josué 24:14-15.)

Sería imposible decir que hacemos demasiado hincapié en la importancia de los dos puntos que Josué pone de relieve en esta magistral declaración. Primero, servir al Señor; y segundo, hacerlo ahora («escogeos hoy»). Analizando la exhortación y la sumisión de Josué, me viene a la memoria la gran declaración de Amulek:

«Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios: sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra.

…os ruega, por tanto, que no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el fin; porque después de este día debida, que se nos da para prepararnos para la eternidad, he aquí que si no mejoramos nuestro tiempo durante esta vida, entonces viene la noche de tinieblas en la cual no se puede hacer nada.

No podréis decir, cuando os halléis ante esa terrible crisis: Me arrepentiré; me volveré a mi Dios. No, no podréis decir esto: porque el mismo espíritu que posee vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno.

Porque si habéis: demorado el día de vuestro arrepentimiento, aun hasta la muerte, he aquí, os habéis sujetado al espíritu del diablo que os sellará como cosa suya; por tanto, se retira de vosotros el Espíritu del Señor y no tiene cabida en vosotros, y el diablo tiene todo poder sobre vosotros; y éste es el estado final del malvado.» (Alma 34:32-35.)

Tal como se registra en el capítulo doce, Alma revela el fundamento de la declaración de Amulek cuando dice que «esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios». El recalca que la vida mortal fue dada a nuestros primeros padres mortales, Adán y Eva, y que también nos ha sido dada a nosotros como un «estado de probación; un tiempo de preparación para presentarse ante Dios; un tiempo de preparación para aquel estado sin fin… que llegará después de la resurrección de los muertos» (Alma 12:24). Seguir leyendo

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El glorioso evangelio en nuestros días

Abril de 1980
El glorioso evangelio en nuestros días
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce

élder Bruce R. McConkieQue cada persona sobre la faz de toda la tierra sepa que el glorioso Evangelio de Dios existe y prospera en nuestros días.

Que cada alma viviente sepa que la piedra cortada de la montaña “no con mano” ha comenzado a rodar y pronto desmenuzará todos los “reinos” de los hombres, y llenará toda la tierra. (Véase Daniel 2:31-45.)

Que todos sepan que aquello que “nuestros antepasados con ansiosa expectación han aguardado que se revelara en los postreros tiempos” está fluyendo abundantemente sobre los santos, y que hemos comenzado la época prometida en que “nada se retendrá” (véase D. y C. 121:27-28). Los rayos de luz celestial, que ahora atraviesan la oscuridad de nuestras almas, pronto estallarán en esplendoroso fulgor celestial. Se han puesto los cimientos; la Casa del Señor se está edificando sobre la tierra.

Dios, nuestro bondadoso Padre, ha restaurado en estos últimos días de la tierra su eterno Evangelio para beneficio y bendición de todos sus hijos, y para la salvación y exaltación de aquellos que crean y obedezcan.

Dios, nuestro Padre, y su Hijo Jesucristo, por la voz y la presencia de ministrantes angélicos, les dieron a José Smith y a otros todas las llaves, los poderes y sacerdocios que hay o ha habido en la tierra, estableciendo nuevamente el reino terrenal de Dios; ese reino es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que administra el evangelio y pone la salvación al alcance de todo aquel que crea en Cristo y viva de acuerdo con Sus leyes.

¿Qué es la plenitud del evangelio eterno?

Es el plan de salvación, el plan eterno del Padre para salvar a sus hijos.

Es la procreación de hijos espirituales, las enseñanzas y pruebas de nuestra existencia premortal, la creación de innumerables mundos, y para nosotros, nuestra vida aquí, en el planeta Tierra.

Es la caída de Adán, con su muerte temporal y espiritual; es el poder redentor del Hijo de Dios, quien abolió la muerte y, por medio de Sus leyes, sacó a luz la inmortalidad y la vida eterna.

Es el conjunto de todas las leyes, los ritos y las ordenanzas, todas las verdades y los poderes, todas las llaves, los sacerdocios y los privilegios que ayudarán a “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”. (Véase Moisés 1:39.)

Es la expiación de Cristo, la redención del hombre, la resurrección de los muertos, la maravilla y la gloria de la vida eterna.

Es fe, arrepentimiento y bautismo;’ es los dones del Espíritu, las revelaciones de los cielos y el indescriptible don del Espíritu Santo.

Es matrimonio, vida y exaltación eternos. Es ser uno con el Padre y con el Hijo, y reinar para siempre junto a su trono.

Es las pruebas y aflicciones de esta vida mortal de probación; es dolor, sufrimiento y muerte; es sobreponerse a las cosas de este mundo y seguir un derrotero divino, sean cuales sean las influencias que nos rodeen. Es obedecer los mandamientos y servir a nuestros semejantes.

Finalmente, es estar con Abraham, Isaac y Jacob, y con todos los otros santos profetas en el reino de Dios, para ya no salir de él. Seguir leyendo

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Hasta los confines de la tierra

29 de septiembre de 1978
Hasta los confines de la tierra
por el presidente Spencer W. Kimball

(Discurso pronunciado ante los Representantes Regionales, en el seminario que se llevó a cabo el 29 de septiembre de 1978.)

Spencer W. KimballMis amados hermanos, la obra está progresando y podemos ver las bendiciones del Señor sobre los Santos de los Últimos Días en todo el mundo; pero debemos esforzarnos más, (parecería que siempre nos queda todavía mucho por hacer).

No me preocupa tanto la idea de que los miembros de la Iglesia puedan ser indiferentes a las necesidades de los demás, sino el hecho de que podamos no ver esas necesidades. Moroni advirtió a los pudientes de toda época sobre el peligro de sentirse cómodos y amar todas las cosas de este mundo “más de lo… que a los pobres, a los necesitados, a los enfermos y a los afligidos” (Mormón 8:37); también hizo notar que “el hambriento, el desnudo, el enfermo y ¡el afligido” muchas veces pasan junto a esas personas y éstas las miran “sin hacerles caso” (Mor. 8:39). Os ruego, mis hermanos del sacerdocio, que no os mantengáis tan ocupados con los programas de la Iglesia que descuidéis estos deberes básicos a los cuales el apóstol Santiago se refirió como “La religión pura y sin mácula” (San. 1:27).

Me gusta leer la historia de Rode en el libro de los Hechos; ella era la muchacha que salió a abrir cuando el profeta Pedro llamó a la puerta de la casa de María, “donde muchos estaban reunidos orando”. Rode lo reconoció y fue a llevar las buenas nuevas de su llegada a los demás; éstos no le creyeron, “Pero ella aseguraba que así era”. (Véase He. 12:6-17.)

Aseguremos también nosotros constantemente la realidad de la presencia de profetas vivientes en esta dispensación, aunque los demás duden y aun se burlen de nuestras afirmaciones. El poder afirmar constantemente la veracidad del evangelio, es un maravilloso privilegio que tenemos como líderes y como discípulos. Os pido que notéis que he dicho constantemente.

Hay casos en los que los miembros fieles empiezan a ser inconstantes y negligentes en el servicio a sus semejantes. Quizás fuera esto lo que quiso decir Alma a aquellos que habían “experimentado un cambio en el corazón”, cuando les dijo:

“… si habéis sentido el deseo de cantar la canción del amor que redime, he aquí, quisiera preguntaros: ¿Podéis sentir esto ahora?” (Al. 5:26; cursiva agregada.)

Debemos ser constantes en hacer el bien y no cansarnos nunca (véase D. y C. 64:33). Que el Señor nos bendiga para que podamos vivir de tal forma que en nuestro diario comportamiento y al cumplir con nuestro deber, podamos “cantar la canción del amor que redime”, y hacerlo con igual entusiasmo hoy como ayer, y mañana como hoy.

“…el campo está blanco, listo para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí de modo que no perece, sino que obra la salvación de su alma.” (D. y C. 4:4.) Seguir leyendo

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El origen del hombre y el cumplimiento de profecías

El origen del hombre y el cumplimiento de profecías
por George Albert Smith
Presidente de la Iglesia

George Albert SmithLa Biblia contiene el consejo de nuestro Padre Celestial y yo acepto sin ninguna duda que las afirmaciones que se hacen en los capítulos 1 y 2 de Génesis, acerca de que en el principio Dios creó los cielos y la tierra y todo lo que en ella habita, incluyendo al hombre, son verdaderas.

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y so-juzgadla.”(Génesis 1:27-28.)

‘‘Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra.” (Génesis 2:4-5.)

Todo esto fue una creación espiritual, y después se llevó a cabo la creación material.

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” (Génesis 2:7.)

El plan de nuestro Padre Celestial incluye la reproducción de todos los seres de la creación. Adán y Eva eran los hijos de Dios; ellos fueron nuestros primeros padres y todos los seres humanos que han vivido sobre la tierra son sus descendientes. Dios les dio el libre albedrío para que pudieran tomar decisiones en todos los asuntos y para que fueran responsables de sus acciones; recibieron instrucciones de nuestro Padre Celestial en el Jardín de Edén, y esas enseñanzas fueron preservadas para las futuras generaciones.

De acuerdo con la cronología bíblica sabemos que nuestros primeros padres empezaron su vida en esta tierra hace casi 6.000 años. El Señor les enseñó cómo debían comportarse, y Sus profetas, que habían sido autorizados a hablar en Su nombre, instruyeron a los descendientes de Adán a través de los años y de las épocas sobre la forma de obtener la felicidad mientras eran mortales y calificarse para que al morir pasaran a la inmortalidad, llevando consigo las virtudes de carácter y el conocimiento que hubieran ganado en esta tierra. Los que vivan de acuerdo con las enseñanzas de nuestro Padre Celestial, recibirán las más grandes bendiciones y gozarán de más felicidad aquí y en el más allá.

Además de sus otras responsabilidades, los profetas estaban encargados de llevar un registro de todas las verdades que se les revelaran de tiempo en tiempo, a fin de que fueran transmitidas de padres a hijos para beneficio de su posteridad. Por lo tanto nosotros, los de esta generación, poseemos un registro que ha sido preservado para nuestra guía y el cual contiene información que el Señor ha revelado desde el principio del mundo; me refiero a la Santa Biblia. Esta no sólo declara lo que ha ocurrido en el pasado sino también nos dice lo que ocurrirá en el futuro, en algunos casos con muchas generaciones de anticipación. También nos menciona cuando una profecía se cumple como se había predicho.

El profeta Amos dijo: Seguir leyendo

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La fe, un conocimiento superior

Febrero de 1980
La fe, un conocimiento superior
por el élder G. Homer Durham
del Primer Quorum de los Setenta

G. Homer DurhamEl 2 de enero de 1891, un emigrante noruego de 19 años se sentó en su casa de Logan, territorio de Utah, y escribió lo siguiente:

Me he dado cuenta de que soy tan débil como los demás mortales, tal vez más que la mayoría; y comprendo que sólo es feliz el que tiene un corazón puro, la conciencia tranquila, ama a Dios y obedece Sus mandamientos. También pienso que la felicidad en la vejez consiste en mirar hacia atrás y no hallar pecados graves, pero sí en haber tenido el valor de satisfacer los deseos más nobles del alma humana. Y como sé que mi vida no ha sido hasta ahora como me hubiera gustado que fuese, me dijo estas normas de conducta basándome en las cuales trataré de conducirme, y deseo que el Señor Todopoderoso me ayude en esta empresa.

A continuación escribió diecisiete resoluciones. Casi ocho meses más tarde, el martes 25 de agosto de 1891, pasó en limpio estas normas de conducta en un diario personal; en ese diario seguiría registrando sus años de lucha como estudiante extranjero del territorio de Utah en la Universidad de Harvard, Cambridge, Massachusetts. Su registro comienza con las diecisiete resoluciones siguientes, que habrían de guiar su vida.

Resuelvo:

Primero: Que la religión, la ciencia de las ciencias, será la primera preocupación de mi vida.
Segundo: Que diariamente oraré a Dios.
Tercero: Que todos los días meditaré acerca de Dios y sus atributos, y trataré de ser como El.
Cuarto: Que aceptaré y recibiré luz, sabiduría y conocimiento, no importa dónde o cuándo se me ofrezca.
Quinto: Que nunca me avergonzaré de confesar mi religión, creencias y principios, una vez que me convenza de su veracidad.
Sexto: Que no perderé el tiempo, sino que trataré de usarlo con sabiduría.
Séptimo: Que seré moderado en el comer y en el beber.
Octavo: Que nunca haré nada que no haría si ésta fuera la última hora de mi vida.
Noveno: Que leeré a diario la palabra de Dios para poder conocer su voluntad y ser confortado, fortalecido y animado.
Décimo: Que cuando hable no diré nada más que la pura y simple verdad.
Undécimo: Que siempre haré lo que creo que es mi deber y lo que sea para beneficio de mis semejantes.
Duodécimo: Que viviré plenamente mientras esté en este mundo, para no ser un muerto viviente.
Decimotercero: Que nunca trataré de imponer mi opinión a otras personas con mis palabras ni hechos, sino que simplemente diré lo que pienso.
Decimocuarto: Que procuraré superar el hábito del mal genio, el hablar a gritos, los gestos impacientes, o cualquier cosa que pueda ofender a mis semejantes y herirme a mí mismo.
Decimoquinto: Que nunca olvidaré el deber que tengo para con mi madre, pues ella me ha dado la vida y le debo lo que soy y lo que seré más adelante. Ella ha pasado gran parte de su vida beneficiándome y le debo respeto, honor y todo el afecto que me sea posible dar. Que siempre recordaré mi responsabilidad de cuidar a mi hermano menor, y la que tengo para con mis amigos y familiares.
Decimosexto: Que completaré todos los trabajos que empiece; que consideraré cuidadosamente el propósito y los resultados de cualquier tarea antes de empezar a hacerla.
Decimoséptimo: Que siempre recordaré que los hombres y mujeres a quienes encuentro en mi camino son en realidad mis hermanos, y que primero sacaré la viga de mi ojo antes de tratar de sacar la paja del ojo de mi hermano. Seguir leyendo

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Ofrendas de ayuno

Febrero de 1980
Ofrendas de ayuno
por Larry E. Morris

Willard R. Smith era diácono en Salt Lake City en los días de los pioneros, y tenía asignada la tarea de recoger las ofrendas de ayuno en la manzana de su casa. Su supervisor era el hermano Peter Reid, el cual tenía la responsabilidad de asegurarse de que se realizara esta tarea y se distribuyeran a los pobres las ofrendas en especies. Todos los viernes por la noche, el hermano Re id llamaba a Willard para decirle que el carro estaba limpio, aceitado y listo para la tarea del día siguiente.

Willard se detenía en todas las casas y daba a todos la oportunidad de donar algo para los pobres, tanto a los miembros como a los que no lo eran.

Un sábado, el equipo de fútbol de Willard iba a jugar un partido y él estaba deseoso de participar. Sabía que en lugar de jugar debía recoger las ofrendas de ayuno, pero, como dijo más adelante:

Yo tenía ese día grandes deseos de jugar; tuve que elegir entre el placer y el trabajo, y decidí jugar al fútbol.

Temprano, a la mañana siguiente, el hermano Reid fue a nuestra casa y preguntó por mí. Yo me sentía muy avergonzado, quería correr y esconderme, pero lo recibí con la cabeza baja. Todo lo que me dijo fue: “Willard, ¿tienes tiempo de venir a caminar conmigo?”

Primero fuimos a una casa pequeña, de madera, cerca de la esquina. El golpeó suavemente y vino a abrimos una viejecita.

“Hermano Reid”, dijo, “ayer no nos trajeron comida y no tenemos que comer.”

El hermano Reíd dijo: “Lo lamento mucho; pero estoy seguro de que tendrán algo para comer antes del anocheced.

Llegamos a otra casa y en respuesta a nuestro llamado una voz nos dijo que entráramos; entramos y encontramos en la cama a un matrimonio anciano. “Hermano Reid”, dijo él, “tuvimos que quedamos en la cama porque sin carbón no tenemos cómo calentamos.”

En otra casa nos recibió una madre con sus pequeños hijos a su alrededor; el más pequeño estaba llorando y los otros tenían huellas de lágrimas en sus mejillas. ¡Eso fue más que suficiente! Cuando nos marchamos el hermano Reid dijo suavemente: “Willard, siempre que fallamos en el cumplimiento de nuestro trabajo, alguien sufre”.

Yo estaba a punto de ponerme a llorar y me sentía muy culpable por haber sido negligente en mi llamamiento. Después de ponerme la mano sobre el hombro él se fue. Todos los pobres tuvieron comida y carbón esa tarde, y yo aprendí una lección muy valiosa.

A través de esta experiencia del hermano Smith vemos claramente que pagar las ofrendas de ayuno significa más que poner .dinero en un sobre: significa ayudar a los necesitados. Sin embargo, parece que muy a menudo nos olvidamos o no tenemos en cuenta la importancia de las ofrendas de ayuno. Muchos de nosotros nos inclinamos a hacer hincapié en los diezmos, y esto es loable; después de todo, se nos dice que los que pagan el diezmo serán salvos cuando Cristo venga por segunda vez. Sabemos que en una época de sequía muy grande, el presidente Lorenzo Snow prometió a los miembros en Saint George, Utah, que si pagaban sus diezmos tendrían suficiente agua para regar su cosecha. Y también se nos recuerda que si no los pagamos estamos robando a Dios. (Ver Malaquías 3:8-10.) Seguir leyendo

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Principios para convertirnos en el pueblo de Sión

Febrero de 1980
Principios para convertirnos en el pueblo de Sión
por R. Quinn Gardner
Director administrativo del Departamento de los Servicios de Bienestar de la Iglesia.

Sión es el nombre que se da en las Escrituras al reino de Jesucristo en la tierra (D. y C. 105:32). Esta sociedad está compuesta por los santos que han hecho el convenio de vivir en rectitud, y que, por medio de vivir plenamente las leyes y ordenanzas del evangelio, son “los puros de corazón” (D. y C. 97:21). (Véase D. y C. 76:54-70.)

El concepto de Sión abarca muchos otros: lugar, gente, cualidad. Pero las ideas expresadas aquí se han desarrollado principalmente alrededor de la cualidad que realmente hace a Sión exclusivo: pureza de corazón; porque solamente cuando el pueblo del convenio se convierta en “los puros de corazón”, podrán cumplirse las promesas que ha recibido y se establecerá una sociedad de Sión en toda su plenitud.

Cuando esta sociedad haya alcanzado toda su madurez en el Milenio, será la única aceptable en la tierra porque estará regida por Jesucristo. Sin embargo Sión debe., comenzar desde ahora a desarrollarse hacia su esplendor futuro, convirtiéndose en la Ciudad Santa y el Tabernáculo de Dios, habitada por personas puras. (Véase Moisés 7:62.)

Los habitantes de la Sión de los últimos días solamente lograrán esta madurez, a medida que vivan “de acuerdo con los principios de la ley del reino celestial; de otra manera, no la puedo recibir” (D, y C. 105:5).

Deberíamos sentir la gran necesidad de vivir estos principios hoy, por la promesa que existe de que Sión debe ser y será edificada en nuestros días, como uno de los preparativos para la segunda venida del Señor.

Los principios de la ley del reino celestial fueron hermosamente enunciados por el presidente Spencer W. Kimball, en la sesión de los Servicios de Bienestar durante la conferencia general de octubre de 1977. Al nombrar las seis “verdades fundamentales” que gobiernan nuestras actividades de bienestar en la actualidad, el Profeta indicó:

“Solamente si aplicamos estas verdades podremos acercarnos al ideal de Sión.” (Liahona, febrero de 1978, pág. 112.)

  1. El amor

“Primero es el amor. La medida de nuestro amor por nuestro prójimo y, en gran parte, la medida de nuestro amor por el Señor, se ve en lo que hacemos el uno por el otro y por el pobre y el destituido.”

Sión no puede establecerse por medio de las formas más elementales de amor, sino que se requiere que todos aquellos que se sometan a los convenios y poderes de la expiación, sean investidos con el amor puro de Cristo como un don, (Véase Moroni 7:44-48.)

Desde el amoroso espíritu familiar del hogar hasta la hermandad de los quórumes del sacerdocio, y desde la camaradería que se disfruta trabajando en las granjas de bienestar hasta la amistad compartida por las hermanas de la Sociedad de Socorro, todo el plan del evangelio y el programa de la Iglesia tienen como objetivo engendrar en nosotros ésta, la más pura de las cualidades: el amor. El amor puro de Cristo es un poder santificador y purificador, la única fuerza lo suficientemente potente como para convertirnos en “LOS PUROS DE CORAZÓN” (D. y C. 97:21).

  1. El servicio

“Segundo, es el servicio. Servir es humillarse, socorrer a los que necesiten socorro, impartiendo ‘de sus bienes al pobre y necesitado, dando de comer al hambriento, sufriendo toda clase de aflicciones por amor de Cristo’ (Alma 4:13).”

No se puede ser miembro de la Iglesia por mucho tiempo sin aprender que el servicio es fundamental para toda la obra del reino. Aunque mis padres me enseñaron a servir a los demás por medio del precepto y del ejemplo, llegué a tener una verdadera comprensión del significado de servir durante una lección del quórum de diáconos. Un domingo por la mañana, nuestro asesor trató de penetrar en nuestras desatentas mentes poniéndose ambas manos sobre la cabeza y preguntándonos: Seguir leyendo

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Los principios de la ley de consagración

Los principios de la ley de consagración

Marion G. Romneypor el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Liahona Febrero de 1980


La ley de consagración fue revelada al comenzar esta última dispensación. Cuando la Iglesia todavía no tenía un año de organizada, el 2 de enero de 1831, el Señor reveló lo siguiente mediante el profeta José Smith:

“Y de nuevo os digo, estime cada hombre a su hermano como a sí mismo.

¿Qué hombre de entre vosotros, si teniendo doce hijos que le sirven obedientemente, y no hace acepción de ellos, dijere a uno: Vístete de lujo y siéntate aquí; y al otro: vístete de harapos y siéntate allí, podrá luego mirarlos y decir soy justo?

He aquí, esto os lo he dado por parábola, y es aun como yo soy. Yo os digo: Sed uno; y si no sois uno, no sois míos.” (D. y C. 38:25-27.)

Treinta y ocho días después, el 9 de febrero de 1831, el Señor reveló la ley de consagración para que por medio de ésta se pudieran erradicar las diferencias que existían entre los ricos y los pobres. Estas son sus palabras: Seguir leyendo

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Sigamos un curso firme

Enero de 2005
Sigamos un curso firme
por el presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. HinckleyLos días mencionados por nuestros antepasados ya han llegado para aquellos que vivimos en los albores del siglo XXI. Éstos son los días del cumplimiento de las profecías; y yo, junto con ustedes, agradezco el ser parte de esta obra vibrante y maravillosa que está cambiando para bien la vida de muchas personas de tantas partes del mundo.

Ese progreso no se debe a los hombres, sino a la manifestación del poder de Dios, y espero que nunca nos jactemos ni nos vanagloriemos de ello. Ruego que siempre seamos humildes y agradecidos.

Los frutos de la Primera Visión
Esta obra comenzó con una manifestación sumamente notable cuando el Padre y el Hijo se le aparecieron al joven José Smith una mañana de primavera de 1820. Todo lo bueno que encontramos en la Iglesia actualmente es fruto de aquella visión extraordinaria, un testimonio de la cual ha llegado al corazón de millones de personas de muchos países. Agrego mi propio testimonio, el cual se me ha concedido por medio del Espíritu, de que lo que el Profeta describió de ese acontecimiento maravilloso es verdad, que Dios, el Padre Eterno, y el Señor Jesucristo resucitado hablaron con él en aquella ocasión, y mantuvieron una conversación tan real, tan personal y tan íntima como la que él describió. Elevo mi voz para testificar que José Smith fue un profeta y que la obra que él sacó a luz es la obra de Dios.

Con el tiempo he ido apreciando cada vez más un resumen que uno de los colaboradores del Profeta realizó sobre la obra de José Smith y una declaración de nuestra obligación de continuarla. Las palabras, de belleza poética, fueron redactadas por el élder Parley P. Pratt, del Quórum de los Doce Apóstoles, en 1845, apenas un año después de la muerte de José:

“Él ha organizado el Reino de Dios, y nosotros extenderemos sus dominios.

“Él ha restaurado la plenitud del Evangelio, y nosotros lo llevaremos a todas partes…

“Él ha encendido el alba de un día de gloria, y nosotros lo llevaremos a su máximo esplendor.

“Él era ‘apenas uno’ y ha pasado a ser mil, y nosotros somos pocos y pasaremos a ser una nación fuerte.

“En resumen, él cortó la piedra… y nosotros la haremos un gran monte que llenará toda la tierra”1.

Estamos presenciando el cumplimiento gradual de ese sueño, y espero que nos conservemos fieles a ese deber sagrado que tenemos de edificar este reino. Nuestros esfuerzos no se verán libres del pesar ni de las demoras; debemos esperar padecer una oposición enconada y hábil. Seguir leyendo

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Tragedia o destino?

Liahona Abril 1968

¿Tragedia o destino?

Por el presidente Spencer W. Kimball


Últimamente ha habido muchas tragedias, y siendo que muchas personas parecen culpar al Señor por ellas, y se frustran por lo que parece ser una calamidad, deseo presentar varios puntos, los cuales espero alivien las tensiones, estimulen una manera de pensar sana, y posiblemente sean la respuesta, por lo menos parcialmente, a algunas de las preguntas que tan a menudo se hacen y a las que casi nunca se da respuesta.

Un conocido diario anunciaba en su encabezamiento:

Perecen 43 personas en el accidente de aviación. No hubo sobrevivientes en la tragedia de la montaña, y miles repetían al unísono: «¿por qué permitió dios que pasara una cosa tan terrible?»

Nace un niño con su capacidad mental limitada. Nunca podrá llevar una vida normal. ¿Por qué? ¿Por qué permitiría el Señor que llevara una vida tan dura?

Quisiera poder tener la respuesta a estas preguntas. Algún día entenderemos y estaremos más conformes.

Las siguientes son mis propias conclusiones y tomo entera responsabilidad con respecto a ellas.

Dios y las tragedias

¿Puedo hacer varias preguntas?

¿Fue el Señor quien condujo el avión hacia las montañas para quitarles la vida a sus ocupantes, o hubo algunas fallas mecánicas o errores humanos?

¿Puede el Señor prevenir las tragedias? La respuesta es SI. El Señor es omnipotente con todo el poder para controlar nuestras vidas, salvarnos del dolor, prevenir accidentes, manejar cualquier avión o automóvil, alimentarnos, librarnos del trabajo, es fuerzo, enfermedad, y aun hasta de la muerte.

Pero, ¿es eso lo que deseáis? ¿Protegeríais a vuestros hijos de frustraciones, tentaciones, penas o sufrimientos?

La ley básica del Evangelio es el libre albedrío; el forzarnos a ser cuidadosos o justos, sería anular esa ley fundamental, por tanto, el progreso sería imposible.

¿No hay sabiduría en El al darnos problemas para que podamos vencerlos, responsabilidades para que podamos progresar, trabajo para que podamos robustecer nuestros músculos, penas para probar nuestras almas? ¿No se nos han dado tentaciones para probar nuestra fortaleza, enfermedades para que podamos aprender a ser pacientes, muerte para que podamos ser inmortales y glorificarnos?

En el principio, el Creador explicó a Moisés:

«. . . por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, e intentó destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado…» (Moisés 4:3)

«Y el Señor habló a Adán, diciendo: Por cuanto se conciben tus hijos en pecado, aun así cuando empiezan a crecer, el pecado nace en sus corazones, y prueban lo amargo para poder saber cómo apreciar lo bueno.

«Y les es concedido distinguir el bien del mal; de modo que, son sus propios agentes. . .» (Moisés 6:55-56)

Aquellos que «murieren en el Señor»

Aparentemente, el Señor no siempre consideró la muerte como una maldición o tragedia, porque dijo:

«. . . y benditos son los muertos que murieren en el Señor. . .» (D. y C. 63:49)

La vida sigue su curso y el libre albedrío continúa; y la muerte, que parece una gran calamidad, podría ser una bendición disfrazada.

Melvin J. Ballard escribió:

«Perdí un hijo de seis años de edad y lo vi como un hombre en el mundo de los espíritus después de su muerte, y vi cómo había ejercido su libertad de elección y obtendría por su propia voluntad una compañera, y en el debido tiempo para él y todos aquellos que son dignos, vendrán todas las bendiciones y privilegios sanadores de la casa del Señor. . .» (Three Degree of Glory por Melvin J. Ballard)

Si decimos que la muerte a una temprana edad es una calamidad, un desastre o una tragedia, ¿no sería decir que es preferible la mortalidad a entrar más pronto al mundo espiritual y por consiguiente, a la salvación y exaltación? Si la mortalidad es el estado perfecto, entonces la muerte sería en vano, pero el evangelio enseña que no hay tragedia en la muerte, sino sólo en el pecado.

Durante la II Guerra Mundial, dirigí unas palabras en el funeral de un joven estudiante que había muerto en la misma. Hubo miles de jóvenes arrastrados prematuramente hacia la eternidad a través de las destrucciones de la guerra, y recalqué que creía que esos jóvenes justos habían sido llamados al mundo de los espíritus a predicar el evangelio a aquellas almas que no lo tenían. Seguir leyendo

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Su luz: Una norma para todas las naciones

25 de Marzo de 2006Liahona Mayo 2006
Su luz: Una norma para todas las naciones
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. FaustVeo brillar luz en sus semblantes; proviene del Señor, y al irradiar esa luz, serán bendecidas ustedes y muchas personas más.

Es un honor contar con la presencia del presidente Gordon B. Hinckley, nuestro amado profeta, y del presidente Thomas S. Monson, a quien también estimamos y amamos. Es un privilegio estar con cada una de ustedes, hermanitas, y con sus maravillosas hermanas líderes.

Ustedes son jovencitas de gran potencial que tienen mucho por hacer en la vida. Realizarán una gran obra en sus hogares, en la Iglesia y en la comunidad. Para lograrlo, tendrán que adquirir un testimonio y tener fe en Cristo, centrarse en Él en vez del mundo. Ustedes son hijas rectas de Dios y Él las ama y desea ayudarles.

El tema de esta conferencia es muy apropiado: “Levantaos y brillad, para que vuestra luz sea un estandarte a las naciones” 1 . Veo brillar la luz en sus semblantes; proviene del Señor, y al irradiar esa luz, serán bendecidas ustedes y muchas personas más.

Esa misma luz les iluminó el camino a Mary Elizabeth Rollins, de 15 años, y a su hermana Caroline, de 13, un oscuro y frío día en Independence, Misuri. Corría el año 1833, y una chusma furiosa irrumpía por las calles de Independence, quemando las propiedades y causando destrucción. En su camino se encontraba el hogar del hermano William W. Phelps, donde tenían la imprenta en la que él imprimía las revelaciones que recibía el profeta José Smith. La muchedumbre destruyó la imprenta y lanzó los escombros a la calle. Sin embargo, amontonaron las páginas impresas en el patio para quemarlas más tarde.

Mary Elizabeth y Caroline se habían escondido por el cerco, atemorizadas al ver la destrucción. A pesar de que sentía mucho miedo, Mary Elizabeth no le quitaba la vista a esas valiosas páginas. Ella y su hermana salieron de su escondite, recogieron las Escrituras y se echaron a correr. Los de la chusma las vieron y les ordenaron detenerse, pero las valientes muchachas corrieron hacia un maizal donde sin aliento se tiraron al suelo. Con cuidado acomodaron las páginas de las revelaciones entre las altas hileras de maíz, y para cubrirlas se acostaron encima de ellas. Los despiadados malhechores buscaron con empeño a las niñas, a veces estando a punto de hallarlas, pero nunca lo lograron. Al final abandonaron la búsqueda para ver qué más podían destruir.

Creo que la luz del Señor dirigió a Mary Elizabeth y a Caroline para que supieran qué hacer y cómo protegerse. Hermanas, esa luz brilla para ustedes, y les guiará como lo hizo para las niñas Rollins. Las mantendrá seguras aun frente al peligro. Como prometió el Maestro: “y también seré vuestra luz… prepararé el camino delante de vosotros, si es que guardáis mis mandamientos… y sabréis que yo soy el que os conduce” 2 . Seguir leyendo

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En su rostro se refleja

25 de Marzo de 2006Liahona Mayo 2006
En su rostro se refleja
Elaine S. Dalton
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Elaine S. DaltonUstedes reflejan Su luz. Su ejemplo surtirá un poderoso efecto positivo en la tierra.

No ha habido mejor época que ésta para vivir en la tierra. Éstos son “días inolvidables” 1 . Es la época de ustedes, una época maravillosa. ¡Ustedes son maravillosas! Al mirarlas a los ojos y contemplar el brillo de su semblante, me asombra que sean tan buenas, firmes y puras en un mundo tan difícil. Recuerdo un poema que mi abuelo solía recitarme cuando yo tenía la edad de ustedes, el cual dice:

No precisas decirme cómo vives cada día;
No precisas decirme si trabajas o si te diviertes;
Hay una prueba irrefutable:
Sobran las palabras, pues en tu rostro se refleja…
Si vives cerca de Dios y de Su gracia infinita…
Sobran las palabras, en tu rostro se refleja 2 .

Nunca he olvidado ese sencillo poema y siempre he intentado vivir de manera que ello se reflejara en mi rostro. Veo que ustedes también lo están haciendo. La luz de su rostro indica que han hecho convenios con nuestro Padre Celestial y con Su Hijo Jesucristo, y que los cumplen; y que las decisiones que han tomado les permiten disfrutar de la compañía del Espíritu Santo. Expreso mi admiración por cada una de ustedes.

El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho de ustedes que son “la generación más excelente (y más firme) de jóvenes de toda la historia de esta Iglesia” 3 . Creo que a ustedes se las ha preparado y reservado para estar en la tierra en este tiempo en que los desafíos y las oportunidades serían más grandes. Creo que el Señor está contando con ustedes para que sean líderes rectas y para que sean testigos “en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” 4 . De hecho, se puede decir de ustedes que son “la esperanza radiante” 5 del futuro.

Creo que el apóstol Pedro las incluyó a ustedes cuando dijo: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” 6 .

Esa luz es la del Salvador; es la luz del Evangelio restaurado de Jesucristo. Al vivir de acuerdo con el Evangelio, ustedes reflejan Su luz. Su ejemplo surtirá un poderoso efecto positivo en la tierra. “Levantaos y brillad, para que vuestra luz sea un estandarte a las naciones” 7 es un llamado a cada una de ustedes, un llamado para ascender a un terreno más elevado; un llamado para dirigir en decencia, pureza, modestia y santidad. Es un llamado para compartir esa luz con otras personas. Ha llegado la hora: “Levantaos y brillad”. Seguir leyendo

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Ustedes son de noble linaje

25 de Marzo de 2006Liahona Mayo 2006
Ustedes son de noble linaje
Julie B. Beck
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Julie B. BeckUstedes aprenderán más acerca de su vida y de su misión en la tierra si se preparan para recibir la bendición patriarcal y luego la estudian.

Durante el último año, he visto la luz de Dios brillar muchas veces en el rostro de ustedes, las mujeres jóvenes. La he visto en las grandes reuniones, desde Brasil hasta la República Dominicana. La he visto al tirar ustedes de carros de mano en las representaciones de las caminatas pioneras. He visto esa luz al cantar y jugar juntas en los campamentos. He visto esa luz de Dios brillar en el rostro de las jovencitas en los bautisterios de los templos, desde México hasta Utah. Su luz ha influido en mí y en muchas otras personas. Ustedes poseen esa luz porque literalmente son hijas espirituales de la Deidad, “progenie de padres exaltados” 1 con una naturaleza divina y un destino eterno 2 . Ustedes recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus de parte de sus padres celestiales 3 . Fueron enviadas a la tierra para ser probadas 4 .

Ustedes se encuentran en la etapa de la vida en la que han de tomar algunas de las decisiones más importantes. Debido a que de continuo las bombardean con un sinnúmero de mensajes incorrectos con respecto a quiénes son, precisan orientación adicional. Ustedes aprenderán más acerca de su vida y de su misión en la tierra y de la luz que llevan en su interior si se preparan para recibir la bendición patriarcal y luego la estudian.

Nunca se es demasiado joven para comenzar a aprender acerca de las bendiciones patriarcales 5 . Me alegro de haber recibido la mía antes de haber recibido el fuego nutrido de los mensajes confusos e incorrectos del mundo. Gracias a ella, recibí el consuelo y la certeza de que el Señor me ama y me conoce, y desde aquel día en adelante, comencé a pensar más en lo que tiene que ver con la eternidad que con la popularidad.

Ésta es la época para que las mujeres jóvenes se preparen para recibir la bendición patriarcal y después la reciban. Su obispo y sus padres las guiarán para decidir cuándo sea el momento indicado para recibirla, puesto que la edad y el estado de preparación para ello son diferentes para cada persona 6 . Cuando comprendan el significado y el propósito de la bendición patriarcal y sientan el deseo sincero de realizar la obra del Señor, contarán con la madurez suficiente para recibirla 7 . A veces, las personas esperan un tiempo más prolongado para recibir esa bendición, porque piensan que deben hacerse merecedoras de ellas de alguna forma especial. Si llenan los requisitos para recibir la recomendación para efectuar bautismos en el templo, entonces también los llenan para la bendición patriarcal. Es importante prepararse para recibir ésta con ayuno y con oración a fin de que su espíritu sea humilde y dócil a la enseñanza. Su preparación personal es muy importante. Seguir leyendo

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