El despistado

Octubre de 1980
El despistado
por Cathleen Johns y Laird Roberts

Ha experimentado alguno de vosotros un real revés en ocasión de querer desesperadamente tener éxito? Si así ha sido, bien podréis comprender lo que le sucedió a Enrique.

El pequeño Enrique Marsh no podía ocultar su pasión por el fútbol, inclinación que a los doce años de edad parecía más intensa que nunca. Luego que el equipo de su colegio ganó el campeonato del estado en Texas y fue a participar en los juegos anuales contra los equipos campeones del vecino estado de Oklahoma, todo parecía ir muy bien; éste era un día sumamente importante para nuestro joven amigo.

Enrique permaneció en la banca de los suplentes observando cómo sus compañeros de equipo batallaban constantemente frente a la meta contraria. Casi al final del segundo tiempo, con el marcador empatado, recibió orden de ingresar al campo. Iba lleno de ánimo, a jugar contra el mundo entero. El equipo contrario se lanzó al ataque en tanto que la defensa del equipo de Enrique se agrupó rápidamente para poder controlar la situación. Uno de los zagueros se apoderó de la pelota y la pasó a Enrique, tomándolo por sorpresa total.

Este era el momento culminante de su corta carrera en el fútbol. Retumbando en sus oídos los gritos de la multitud, vaciló solamente un instante antes de empezar a correr a lo largo del campo tan rápidamente como le fuera posible. ¡No podía creerlo… entre él y el gol se interponía únicamente el portero! El público tampoco podía creerlo mientras lo observaba correr en dirección a su propia valla: ¡Iba a convertir un gol en contra! Afortunadamente el equipo de Oklahoma estaba bastante confundido al punto de que uno de sus jugadores se le interpuso antes de que llegara demasiado lejos. Enrique luchó denodadamente para defender la pelota. Súbitamente la gritería de la multitud cambió de tono en sus oídos… y comprendió lo que había sucedido. Si la humillación puede ser representada por un sonido, aquel era el indicado.

Han pasado varios años, y los gritos han llegado a ser parte del nombre de aquel jovencito que ahora le dicen “Enrique el despistado”.

Pero en la actualidad, recuerda los sonidos magníficos que se oían en el estadio olímpico de Montreal, Canadá, cuando estaba de pie junto al resto de los atletas representando a los Estados Unidos en las Olimpíadas de 1976.

La historia del ascenso de Enrique desde el equipo de fútbol de la escuela segundaría hasta la escuadra olímpica demuestra que no importa cuán grande haya sido el fracaso, sino que lo que importa es la altura a la que uno se eleva al hacer un nuevo intento. A los catorce corría dieciséis kilómetros diarios como parte de su entrenamiento. Después que su familia se trasladó a Hawaii, obtuvo el título de campeón del estado en carrera de obstáculos a campo traviesa. Pero no todo fue color de rosas para Enrique. En el transcurso de su primer año en la Universidad Brigham Young, no alcanzó el puntaje necesario para integrar el equipo de atletismo. Seguir leyendo

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Las decisiones determinan el destino

Las decisiones determinan el destino

Thomas S. Monsonpor el élder Thomas S. Monson
del Consejo de los Doce
Liahona Octubre 1980

La juventud de hoy se enfrenta a decisiones trascendentales. El mundo en el cual vivís no es un mundo de ilusión o de pasatiempos; es uno de constante lucha que requerirá lo mejor que podáis aportar y os recompensará siempre que deis de vosotros mismos los mejores esfuerzos.


Es importante recordar ésta verdad solemne: La obediencia a la ley de Dios acarreará libertad y vida eterna, en tanto que la desobediencia traerá cautividad y muerte.

Hace muchos años alguien dijo que la historia rueda sobre ruedas pequeñas, lo mismo que en la vida del hombre. Nuestra existencia gira en tomo a las decisiones que torneamos, ya que ellas son las que determinan el éxito o el fracaso futuro.

Las decisiones acarrean consecuencias eternas, por ejemplo, la decisión tomada por los moradores de la tierra en tiempos del profeta Noé, cuando se burlaron y rieron de este siervo de Dios porque construía un navío llamado arca. Pero dejaron de reír y sus gestos de burla también cesaron al comenzar la lluvia y ver que no paraba. Aquellos hombres habían tomado una decisión contraria a las instrucciones del profeta de Dios, y pagaron con sus vidas el precio de ella.

Pienso en la decisión de Lamán y Lemuel, cuando se les mandó buscar las planchas de Labán. ¿Qué nos cuenta el Libro de Mormón? Murmuraron diciendo: “Lo que se nos exige es cosa difícil” (véase 1 Nefi 3:5); decidieron no obedecer ese mandamiento… y perdieron la bendición. Pero Nefi, al recibir el mandamiento, contestó con aquella hermosa declaración: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado” (1 Nefi 3:7), y así lo hizo. Recibió la codiciada recompensa producto de la obediencia.

Pensad en la decisión de un joven-cito de catorce años de edad que leyó que si alguien carecía de sabiduría debía pedirla a Dios, “que da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Tomo la decisión de poner a prueba la epístola de Santiago; y fue a la arboleda y oró. ¿Fue aquélla una pequeña decisión? No, fue una que afectó a toda la humanidad, particularmente a nosotros que somos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Durante el siglo XIII fue tomada otra decisión importante cuando las hordas salieron de Mongolia, barrieron la parte del mundo que hoy conocemos como Turquía e Irán y luego entraron a Europa. Estaban a las puertas de la ciudad de Viena, y parecía que la Europa occidental y sus civilizaciones estaban condenadas en momentos en que aquel caudillo mongol, Subedei, se acercó allí, listo para guiar su caballería en la aniquilación de la cultura occidental. Pero sucedió algo. Un mensajero llegado de Mongolia trajo noticias de que el Gran Khan, Ogedei, había muerto. Subedei se enfrentó a la encrucijada de seguir adelante y conquistar Europa o regresar a Mongolia; y nunca más amenazó a la Europa occidental. Una pequeña decisión, pero ¡qué consecuencias tuvo! Seguir leyendo

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Hacedores de la palabra

Octubre de 1980
Hacedores de la palabra
por Darla Larsen Hanks

Margarita abrió los ojos con desgano al oír que el, bebé estaba llorando. Mal momento para estar con gripe, pensó al sentir que le dolían los músculos y que tenía la mente embotada. Su marido había salido en viaje de negocios, y ella sabía que sus dos hijos pequeños muy pronto reclamarían ser alimentados. Como era nueva en el pueblo, no tenía parientes o amigas a quienes recurrir para pedir ayuda; y además, carecía de teléfono.

Se levantó y, un poco temblorosa, se esforzó en preparar el desayuno para los niños; pero el esfuerzo que tuvo que hacer la hizo llorar. Cuando al fin pudo volver a acostarse, se sintió agradecida. Temblaba con los escalofríos producidos por la fiebre. Debido a que Martín, de dos años de edad, y Carlos, de uno, eran demasiado pequeños para comprender, no tardaron mucho en subirse a la Cama para jugar con ella.

A media mañana los problemas de Margarita habían aumentado; Carlos mostraba síntomas similares a los suyos y se mostraba inquieto e impertinente. A medida que la temperatura del pequeño ascendía, la madre más se desmoralizaba. ¿Cómo voy a cuidar a un niño enfermo, se preguntaba, si yo misma necesito cuidados? En el momento en que oyó que alguien llamaba a la puerta, sintió profundo alivio, pues pensó que si alguien se enteraba de su situación, ciertamente recibiría ofrecimiento de ayuda.

Llevando en brazos al bebé, se dirigió hacia la puerta mientras Martín se aferraba a su falda. La visitante era la hermana Corrales, una vecina y miembro activa del barrio. Esta hermana se había mostrado muy amable con ella en la reunión de la Sociedad de Socorro realizada la semana anterior.

― ¡Oh, hermana Corrales, cuánto me alegro de verla! -Las palabras de Margarita se agolpaban―. No me siento muy bien y me parece que Carlos está enfermo también.

― ¡Qué pena, querida! Lo lamento mucho- dijo la hermana Corrales; y prosiguió—. Solamente vine a solicitarle ayuda para mi clase de la Sociedad de Socorro la semana próxima. Como usted sabe, soy la maestra de Relaciones Sociales y me gustaría que leyera algo en la clase. Seguir leyendo

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El sacerdocio de preparación

Octubre de 1980
El sacerdocio de preparación
por Marvin K. Gardner

Cuando Wilford Woodruff siendo presbítero cumplía una misión regular en Arkansas y Tennessee en 1834, su vida fue preservada milagrosamente mediante el poder divino, y frecuentemente fue bendecido con la ministración de ángeles. Testificando posteriormente en cuanto a la magnitud del poder del Sacerdocio Aarónico dijo: “Un hombre no debe avergonzarse de ninguno de los oficios del sacerdocio. No hay ninguna diferencia en que sea un apóstol o un presbítero, siempre que honre el oficio que posee. El presbítero posee las llaves de la ministración de ángeles. En toda mi vida como apóstol, setenta y élder jamás tuve mayor protección del Señor que cuando era presbítero; Él también me reveló, por medio de visiones, revelaciones y la inspiración del Espíritu Santo, muchas de las cosas que me esperaban en el futuro.” (The discourses of Wilford Woodruff, ed. por G. Homer Durham. Salt Lake City, Bookcraft, 1946, págs. 298, 300.)

El Sacerdocio Aarónico, otorgado generalmente a jóvenes de doce a dieciocho años de edad, está en vigencia actualmente; la majestad del oficio y la dignidad de su poder permanecen inalteradas.

Capacitación en el sacerdocio
Cuando ejercen el poder del sacerdocio, los jóvenes efectúan un servicio importante en la Iglesia, pero posiblemente de mayor importancia resulte el hecho de que aprenden en cuanto al verdadero valor del poder que se les ha otorgado.

Por ejemplo, cuando Kenneth Miklya se convirtió al evangelio, el quorum de presbíteros del Primer Barrio de Saint Paul, Minnesota, se ocupó de todos los arreglos,, bajo la supervisión del obispo; un presbítero dirigió el servicio, otro presentó un mensaje espiritual apropiado y. un tercero efectuó el bautismo. En el transcurso de los meses siguientes Ken recibió el Sacerdocio Aarónico y fue ordenado diácono, maestro y presbítero; estas ordenaciones fueron efectivas por miembros del quorum.

Fue una experiencia muy significativa para todos los jóvenes’ que participaron en esas ordenanzas, dice el presidente Thomas A. Holt, de la Estaca de Saint Paul, Minnesota. Para ellos el sacerdocio llegó a ser una realidad. En el momento presente la mayoría de ellos están sirviendo en el campo misional.

Este sacerdocio también ayuda a los jóvenes a prepararse para recibir el Sacerdocio de Melquisedec. A los diáconos, maestros y presbíteros se les ofrece capacitación en cuanto a cualidades de liderazgo mientras van gozando de la oportunidad de servir. La Guía para el Quorum del Sacerdocio Aarónico, usada en sesiones de veinte o treinta minutos de duración durante las reuniones semanales de las presidencias de los quórumes, ofrece información muy útil en cuanto a temas como el de presidir un quorum, la delegación y verificación, la enseñanza y activación de miembros del quorum y la preparación de los jóvenes para ser misioneros.

¿Son eficaces estas sesiones de capacitación? Seguir leyendo

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Importancia del matrimonio celestial

Octubre de 1980
Importancia del matrimonio celestial
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. Kimball

Si no hay una fe común, en el camino surgirán problemas. Al casarse dos personas que tienen normas diferentes, formas distintas de encarar la vida y toda una formación dispar, se produce una situación muy difícil de resolver. Hay excepciones, pero en general tendrán grandes dincultades.

Quizá el matrimonio sea la más importante de todas las decisiones que el hombre debe tomar y la que tiene efectos de mayor proyección, pues no tiene que ver solamente con la felicidad inmediata, sino también con el gozo eterno; no afecta únicamente a los cónyuges sino también a sus familiares, particularmente a sus hijos y a los descendientes de sus hijos hasta las últimas generaciones.

Es muy importante preguntarse: “¿Con quién me casaré?” La respuesta adecuada a esta pregunta es la que acarrea la respuesta adecuada a muchas otras. Si os desposáis con la persona apropiada y lo hacéis en el lugar en que debe hacerse, entonces tendréis una probabilidad infinitamente mayor de felicidad eterna.

Por lo tanto, esta decisión no debe tomarse repentinamente, sin meditación y preparación; es algo que debe planearse durante toda la vida. Ciertamente, debe efectuarse el planeamiento más minucioso pensando, orando y ayunando, a fin de asegurarse de que entre todas las decisiones, precisamente ésta no sea la incorrecta.

En el matrimonio verdadero debe existir una unión de intenciones así como de sentimientos. No se debe permitir que sean las emociones que determinen enteramente cuáles han de ser las decisiones a tomar, sino que la mente y el corazón, fortalecidos por el ayuno, la oración y la consideración sincera, darán al individuo la posibilidad máxima de lograr la felicidad marital.

Casamiento de personas dé credos diferentes
He advertido a los jóvenes en cuanto a los riesgos de los casamientos entre personas de religiones diferentes y de los pesares y las desilusiones que provienen de casarse con alguien que no es miembro de la Iglesia. Pero de parte de los jóvenes parece existir una tendencia a formar su propia opinión y a alcanzar sus propias conclusiones para determinar lo bueno o lo malo de todas las cosas.

Nos interesa y preocupa que tantas personas de la Iglesia se casen mediante los oficios de jueces de paz, ministros de otras religiones u obispos, disponiendo como se dispone de templos de Dios que asegura que si hay rectitud, habrá felicidad eterna.

El hecho de que una joven elija a alguien que no puede entrar al templo, o que un joven prefiera a una señorita que no puede ir con él, demuestra muy poca visión; no podéis daros el lujo de enamoraros de alguien que tal vez nunca acepte el evangelio.

Sí, una minoría de los no miembros que se casan con los que lo son llega finalmente a bautizarse. Algunos hombres y mujeres buenos se han unido a la Iglesia después de casarse con miembros y han permanecido sumamente devotos y activos. ¡Dios los bendiga! Nos sentimos orgullosos y agradecidos por ellos; éstos son los que integran nuestra minoría bendita. Otros que no se unen a la Iglesia siguen siendo bondadosos, considerados y cooperativos, permitiendo que sus cónyuges practiquen la religión y sirvan en la Iglesia de acuerdo a las normas, ¡Dios los bendiga también! Seguir leyendo

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Hazlo

Septiembre de 1980
Hazlo
por el élder Robert L. Simpson
del Primer Quorum, de los Setenta

Robert L. SimpsonSobre el escritorio del presidente Kimball hay un cartelito con un lema que simplemente dice: «HAZLO». Para nuestro inspirado Profeta la conveniencia personal está en segundo lugar; todo lo hace para satisfacer la conveniencia del Señor. Su ejemplo en el trabajo ya es como una leyenda, estableciendo la pauta que nosotros debemos seguir.

Mientras me encontraba en una base aérea de Wyoming durante la Segunda Guerra Mundial, en la reunión sacramental de nuestra rama se anunció que se llevaría a cabo una conferencia de rama la semana siguiente con la posibilidad de que nuestro presidente de misión estuviese acompañado de una Autoridad General de Salt Lake City. Al llegar a la conferencia de rama el siguiente domingo por la mañana, nos presentaron a la autoridad visitante, un hombre a quien ninguno de nosotros había visto antes: era el élder Spencer W. Kimball, el miembro más nuevo del Consejo de los Doce, cumpliendo  con una de sus primeras asignaciones. Su forma de ser era agradable, y su testimonio no dejaba lugar a dudas; sin embargo, expresó preocupación porque aquel llamamiento tan importante había recaído sobre él. Luego, con confianza renovada, dijo: «Hermanos, no sé exactamente la razón por la que el Señor me ha llamado, pero cuento con un talento que puedo ofrecer. Mi padre me enseñó a trabajar; y si el Señor tiene necesidad de un trabajador, estoy disponible». ¡Sí, el señor necesitaba aquel trabajador! Necesitaba un buen trabajador que estuviese preparado para asumir una responsabilidad importante en una época crítica.

Esta es la época, y un profeta que sabe trabajar se encuentra señalando el camino. Mas un hecho es cierto: Esta obra de los últimos días requiere que miles de nosotros estemos dispuestos a seguir el paso y el ritmo del Profeta.

Un profeta que trabaja solo no puede hacer mucho. Cada dispensación ha tenido la imperiosa necesidad de discípulos trabajadores y aptos, y el presidente Kimball está llamando al más grandioso ejército de trabajadores en la historia de la Iglesia. Consideremos juntos estos tres objetivos como punto de partida en nuestra preparación para mantener el paso de nuestro Profeta:

Primero, debemos estar mejor informados en cuanto a la doctrina; segundo, debemos estar más dispuestos a HACER; y tercero, debemos ser más accesibles a los dones del Espíritu.

Un gran maestro dijo: «Aquel que no lee, no aventaja en nada al que no sabe leer». La ignorancia en el evangelio es casi inexcusable en esta época de ilustración y modernas técnicas didácticas, especialmente entre aquellos de nosotros que nos hemos comprometido en las aguas del bautismo y que ratificamos ese compromiso al participar semanalmente de la Santa Cena. Seguir leyendo

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El inmutable evangelio de dos Testamentos

Septiembre de 1980
El inmutable evangelio de dos Testamentos
por Ellis T. Rasmussen

Deberíamos considerar muy cuidadosamente las enseñanzas del Antiguo y el Nuevo Testamento, basándonos en el amor, nuestro amor por Dios y el de los unos por los otros

Hay quienes creen que el Antiguo Testamento enseña y pone de manifiesto algunos conceptos y éticas teológicas algo toscos. Este concepto puede parecer lógico para los que creen que las religiones son simplemente instituciones sociales, que se han desarrollado y evolucionado a través de los siglos. Pero para aquéllos que ven la religión como teología revelada y como un código de ética divino con verdades absolutas y conceptos que siguen siendo correctos o incorrectos a través de las eternidades, el evaluar el Antiguo Testamento bajo este concepto no es ni lógico ni aceptable.

Entre los personajes del Antiguo Testamento se encuentran «malos ejemplos», y están allí simplemente porque siempre han sido malos, de la misma manera que ha habido buenas personas y costumbres de las cuales tenemos buenos ejemplos. Los escritores de los registros bíblicos fueron en verdad muy francos acerca de la gente y sus hechos, hayan sido éstos buenos o malos. En un aspecto, estos registros son desalentadores, pero por otro lado, realzan la autenticidad de todo el informe bíblico. Los escritores relatan fielmente tanto los vicios como las virtudes de los héroes y los villanos, la gente del pueblo y los reyes, los profetas y sacerdotes.

En algunos casos, donde se ponen de manifiesto las malas acciones, los escritores señalaron de inmediato los nefastos resultados que sobrevinieron como consecuencia de que no se siguieron las vías del Señor. En otros casos, los resultados y reacciones se registraron meses o aun años más tarde, según éstos surgían a la ley. Naturalmente, los lectores que leen episodios por separado no siempre descubren que éstos tienen consecuencias posteriores. A veces ni los investigadores pueden seguir el hilo de los acontecimientos para determinar si el resultado de los hechos se explica o no más adelante; por consiguiente, es posible que ellos saquen deducciones erróneas. Seguir leyendo

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La Biblia y el papel que tuvo en la Restauración

Septiembre de 1980
La Biblia y el papel que tuvo en la Restauración
Robert J. Matthews

El profeta José Smith declaró que se “puede ver la propia escritura de Dios en el libro sagrado; y el que más a menudo lo lee, más se complace en él, y aquel que está familiarizado con él, reconocerá la mano dondequiera que la vea…”

Ciertamente, las revelaciones que contienen Doctrinas y Convenios son un fuerte testimonio de la veracidad y el valor de la Biblia.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días siempre ha creído en la Biblia y afirmado que ésta contiene la palabra de Dios tal como la recibieron los antiguos profetas. El profeta José Smith declaró que se «puede ver la propia escritura de Dios en el libro sagrado; y el que más a menudo lo lee, más se complace en él, y aquel que está familiarizado con él, reconocerá la mano» (de Dios) «donde quiera que la vea… (Enseñanzas del profeta José Smith, pág. 61.)

José Smith también dijo que la Biblia no ha sido preservada con toda su pureza original: “Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente» (Artículo de Fe N° 8). La palabra traducida en la forma en que se usa aquí debe entenderse también como transmitida; o sea, que no solamente ha habido errores en la traducción de un idioma a otro, sino también en la transcripción de un texto de manuscrito ha manuscrito, aun en el mismo idioma. El texto de la Biblia ha sufrido en su mayor parte de omisiones; no se puede decir que sea erróneo sino que faltan muchas partes importantes, lo que, en consecuencia, hace que otras aparezcan confusas. José Smith explicó mejor esta idea cuando dijo:

«Creo en la Biblia tal como se hallaba cuando salió de la pluma de sus escritores origínales. Los traductores ignorantes, los escribientes descuidados y Ios sacerdotes intrigantes y corruptos han cometido muchos errores.” (Enseñanza del profeta José Smith, pág. 404.)

En el Libro de Mormón se describe la Biblia como el registro de los judíos, y se hacen varias afirmaciones concernientes a ella: los profetas la escribieron por medio de la inspiración; en su versión original era mucho más fácil de comprender; a través de los siglos muchas partes sencillas y hermosas se han perdido. Fin este libro también aparecen profecías referentes a que las partes perdidas de la Biblia serían restauradas. Ciertamente, muchas de las “cosas claras y preciosas” se han dado a conocer nuevamente por medio de apariciones celestiales a José Smith, por la publicación del Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios y la Perla de Gran Precio, y mediante la traducción inspirada de la Biblia hecha por José Smith.

Es evidente que la restauración hizo mucho por lograr que la Biblia fuera comprensible y completa, y viceversa: ésta ha tenido un papel exclusivo e indispensable en la restauración, lo cual es particularmente obvio al restaurarse muchas doctrinas fundamentales del evangelio.

La Biblia y la Primera Visión
La historia de la restauración en sí misma comienza con una importante referencia a la Biblia: Seguir leyendo

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Un pueblo de Dios

Septiembre de 1980
Un pueblo de Dios
por Rodney Turner

«Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito» (Ex. 4:22)

La historia de Israel es la epopeya de todas las épocas, y su alcance es enorme; tuvo sus comienzos en la eternidad, se extiende a través de la vida terrenal y nuevamente hacia lo eterno. El Padre dividió su heredad terrenal entre sus hijos espirituales siempre teniendo presente a Israel:

«Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel.

Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob la heredad que le tocó.» (Deut. 32:8-9.)

Existe un gran plan para la humanidad e Israel es el centro de éste. En la misma forma en que Cristo (Jehová) es el primogénito de todos los hijos del Padre, Israel es la primogénita entre todas las naciones. A Moisés se le mandó que dijera a Faraón: «Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito» (Ex. 4:22).

En la misma forma en que Israel es la principal entre todas las naciones, así también Efraín lo es entre las Doce Tribus. En una conmovedora descripción del recogimiento de Israel en los últimos días, Jeremías profetizó:

«Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de agua, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito.» (Jer. 31:9.)

Cristo el Señor, Israel, Efraín. . . cada uno ha tenido la primogenitura dentro de su linaje.

Aunque Adán y los patriarcas del período antemeridiano indudablemente fueron israelitas en espíritu, en el sentido temporal la casa de Israel no tuvo sus principios hasta varios siglos después del diluvio. Abraham, descendiente de Sem, generalmente es reconocido como el padre de los Hebreos; él era uno de los «nobles y grandes» hijos de Dios preordinados para gobernar en la tierra con la majestad y el poder del Santo Sacerdocio. Abraham tenía unos 62 años cuando el Señor Dios le apareció durante su jornada en Haran: Seguir leyendo

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La perla de gran precio: un libro de escrituras exclusivo

Septiembre de 1980

La perla de gran precio: un libro de escrituras exclusivo

por James R. Harris
Profesor adjunto de escritura antigua en la Universidad de Brigham Young


¿Qué sabe usted de la Perla de Gran Precio? Pruebe su conocimiento de la más pequeña de nuestras obras canónicas respondiendo a las siguientes preguntas:

¿Verdad o falso?

  1. El Libro de Moisés y el capítulo 1 de José Smith son parte de la revisión inspirada que hizo José Smith de la Biblia.
  2. Algunas partes del Libro de Moisés son una restauración de material que falta de la Biblia, y otras partes son una revisión de un texto bíblico.
  3. Abraham tomó como modelo para sus registros el registro patriarcal.
  4. Se ha publicado solamente parte del Libro de Abraham.
  5. Satanás tentó a Moisés.
  6. Las sociedades (o combinaciones) secretas tuvieron su origen entre los pueblos de los que se habla en el Libro de Mormón.
  7. Hubo grandes y nobles espíritus que ayudaron a Cristo en la creación de este mundo.
  8. Al principio, Enoc se resistió al llamado para servir al Señor.
  9. La escritura más antigua que se conoce en esta tierra es el libro de registros de Adán.
  10. El evangelio le fue enseñado a Adán, el primer hombre, y él fue bautizado.
  11. Aunque ha habido muchas dispensaciones del evangelio, en La Perla de Gran Precio se hace referencia a siete dispensaciones importantes.

(Todos los puntos arriba mencionados son verdaderos, con excepción del número seis.)

  1. ¿Son el Libro de Moisés y el capítulo 1 de José Smith parte de la revisión inspirada que hizo José Smith de la Biblia?

El contenido del Libro de Mormón deja claramente establecido el hecho de que de la Biblia faltan muchas partes sencillas y hermosas (véase 1 Nefi 13:26, 28, 32). Pero, ¿habría una restauración del material bíblico perdido? (Véase 1 Nefi 13:34.)

En junio de 1830, José Smith y la Iglesia recién organizada habían sido objeto de gran persecución. A fin de fortalecer y sostener a los hermanos en aquella hora de tribulación, el Señor les dio* una revelación» a la que más tarde Orson Pratt llamó las Visiones de Moisés; esta revelación llegaría a causar un gran impacto en el desarrollo doctrinario de la Iglesia y surtió el efecto inmediato de fortalecer al Profeta y a sus amigos en medio de las pruebas y las aflicciones que tuvieron que soportar. En su diario el Profeta escribió el siguiente prefacio para esta revelación:

«Sin embargo, diré que en medio de todas las pruebas y tribulaciones por las que tuvimos que pasar, el Señor, que conocía muy bien nuestra nueva y frágil situación, nos otorgó una provisión de fortaleza y nos dispensó ‘línea tras línea… un poco aquí y un poco allí’ de conocimiento, del cual el capítulo 1:1-42 de Moisés fue una preciosa porción.» (History of the Church, vol. 1, pág. 98.)

Poco después de recibir esta revelación, José Smith comenzó un proyecto que ocuparía mucho de su tiempo, estudio y meditación durante los años siguientes; dicho proyecto consistía en hacer una revisión inspirada y completa de la Biblia. El Libro de Moisés es un extracto de la revisión que hizo el Profeta del capítulo 24 de Mateo. El Profeta fue preparando e imprimiendo gradualmente durante toda su vida los extractos del Libro de Moisés.

Extracto de la Revisión Inspirada de la Biblia Fecha de la primera impresión
Moisés 1:1-42 Enero de 1844
Moisés 2:1 a 5:59 Abril de 1833  (incompleto)
Moisés 6:1-42 Agosto de 1832
Moisés 6:43-68 Marzo de 1833
Moisés 7:1-69 Agosto de 1832
Moisés 8:1-30 Abril de 1833
  1. ¿Es el Libro de Moisés una revisión o una restauración del texto bíblico o ambas cosas?

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Las consecuencias de la incredulidad

Septiembre de 1980
Las consecuencias de la incredulidad
por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerConozco a dos hombres que tuvieron una infancia muy parecida. Ambos nacieron de padres que eran mormones activos y vivían en la misma comunidad; asistían al mismo barrio, tenían los mismos maestros, el mismo obispo, los mismos amigos e incluso iban a la misma escuela. En la actualidad esos dos hombres son totalmente diferentes, no solamente en su profesión, sino en su filosofía acerca de la vida y su grado de espiritualidad. Ambos han tenido éxito en su carrera, y tienen una buena posición económica, pero esa es toda la semejanza que hay entre los dos. Uno de ellos desempeña una posición de gran responsabilidad en la Iglesia y tiene una familia que honra a sus padres: sus hijos han vivido de acuerdo con las enseñanzas del evangelio, esforzándose por ser el orgullo de sus nobles progenitores, su Iglesia y su comunidad.

El otro hombre, poco a poco se fue alejando de la religión y se casó con alguien que no era miembro de la Iglesia: tuvieron hijos de los cuales, por lo menos dos han sido motivo de una constante preocupación debido a sus amistades, las que los condujeron a lo que parecía una serie interminable de violaciones a la ley: manejaban por encima del límite de velocidad o después de haber tomado bebidas alcohólicas, se daban a las drogas, etc.

Es muy común ver este contraste en los estilos de vida, y no es mi intención juzgar ni indicar quién es responsable por dicho comportamiento. Sin embargo, cuando el hombre que se alejó de la Iglesia vino en medio de su desesperación en busca de consejo, no pude menos que reflexionar y hacerme preguntas acerca de todas esas influencias que alejan a un hombre de su fe y sus creencias. Medité acerca de las circunstancias que llevaron a cada uno de estos hombres a su actual situación en la vida, y recordé las palabras de Pablo cuando advirtió a los élderes de la Iglesia en Efeso diciéndoles:

«Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual El ganó por su propia sangre.

Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.

Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.» (Hch. 20:28-30.)

Tiempo después, luego de expresar agradecimiento al Señor por el amor, la fe y la esperanza de los colosenses cuando aceptaron el Evangelio de Jesucristo, Pablo les advirtió de la siguiente manera:

«Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.» (Col. 2:8.)

¿Por qué algunos hombres se engañan con las filosofías del mundo, mientras que otros pueden aceptar el evangelio y sus enseñanzas por medio de la fe? Algunos son como Tomás, quien no estaba con los Doce Apóstoles cuando Jesús se les apareció después de su resurrección. Recordad lo que sucedió:

«Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Seguir leyendo

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Los zapatos del ganador

Agosto de 1980
Los zapatos del ganador
por el élder Robert L. Backman
del Primer Quorum de los Setenta

Robert L. BackmanYa pienses que puedes hacerlo o pienses que no, siempre estarás en lo cierto.

El escritor James Alien escribió en su libro As a man ihinketh: “Un hombre es literalmente lo que piensa. Su carácter es el resumen de todos sus pensamientos”.

En el tiempo que fui presidente de misión vi una extraordinaria evidencia de la verdad de esa declaración en la vida de nuestros misioneros.

El misionero que estaba conmigo acababa de llegar a la misión, y en ese momento hablábamos de sus deberes y responsabilidades y de la disciplina a la que tendría que ajustarse; mientras yo le hacía una breve reseña de lo que se esperaba de él, me interrumpió y me dijo:

—Un momento, presidente Backman. Hay algo que debo decirle: Yo soy muy obtuso.

Decidido a demostrarle la gran capacidad de servir que poseía como hijo de Dios, y a despertar en él una comprensión de la misión exclusiva que tenía en esta tierra, lo asigné como compañero de un misionero que lo hizo trabajar duramente, incitándolo a aprender, progresar y servir, a pesar de la debilidad que decía tener. Además, ejercí sobre él tal presión que el líder de su distrito me escribió en un informe que el nuevo misionero tenía la intención de darme un puñetazo en la nariz la próxima vez que yo visitara su ciudad.

A las pocas semanas, mi esposa y yo hicimos un recorrido final de la misión antes de que se nos relevara y dediqué tiempo a sentarme en privado con cada misionero a fin de poder expresarle mi amor y confianza. Pronto le llegó el turno al misionero nuevo; cerré la puerta detrás de él, me saqué los lentes que llevaba puestos y le dije:

—Si eso lo va a hacer sentirse mejor, élder, ¡adelante! deme un puñetazo en la nariz. Seguir leyendo

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El único tesoro verdadero

Agosto de 1980
El único tesoro verdadero
por el élder P. Enzio Busche
del Primer Quórum de los Setenta

P. Enzio BuscheLas personas siempre han tenido la tendencia a buscar tesoros escondidos; quieren tener algo que sea sólo suyo, algo que puedan guardar, algo que los haga ricos, que les permita tener mayor fortaleza, seguridad, protección; algo que les ayude a sobrevivir. Buscan constantemente estos tesoros en el mundo, y esa búsqueda es una de las fuerzas que ha llevado a muchos en el pasado de un continente a otro y ha encendido su imaginación.

Sin embargo, es obvio que los tesoros que se pueden encontrar en el mundo no pueden dar lo que la gente busca y espera encontrar. Muchas personas tienen que vivir toda una existencia para comprender al final que con la cantidad de tesoros y riquezas del mundo que han reunido, todavía no han encontrado el verdadero tesoro y permanecen vacíos, desgraciados, insatisfechos y plagados con temores siempre en aumento. El milagro del único tesoro verdadero es que constantemente produce bendiciones y el valor para sobreponerse a la aprensión; me refiero al tesoro de haber encontrado a Cristo, de poder llegar a conocerlo (no simplemente saber todo lo que haya que aprender sobre El, sino conocerlo), lo cual es posible para aquellos que están en su servicio en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, restaurada en esta última dispensación,

Al servir como presidente de misión me siento abrumado por la humildad de compartir esta experiencia misional con muchos jóvenes de diferentes naciones, hijos de nuestro Padre Celestial que dan años enteros de su vida, olvidando su propio bienestar y carrera a fin de poder llevar el mensaje del verdadero evangelio de salvación a sus semejantes. Al desarrollar esta capacidad de seguir a Cristo, de hacer su voluntad, de sobreponernos a nuestros deseos personales y terrenales, elegimos un camino que nos conduce a una profunda y real satisfacción, la protección más segura de las amenazas de la vida y el poder de conquistar nuestros temores naturales y terrenos. Seguir leyendo

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La guía del Espíritu Santo

Agosto de 1980
La guía del Espíritu Santo
por el presidente Marion G. Romney

Marion G. RomneyComo preludio al tema que deseo desarrollar, citaré las palabras de Kurt Waldheim, quien fue Secretario General de las Naciones Unidas: “No quiero ocultar… mi profunda preocupación por la situación imperante en el mundo, impresión que estoy seguro comparte toda persona consciente. Existe un sentimiento internacional de aprensión con respecto a dónde nos conducirán los tumultuosos eventos de nuestros días, un sentimiento de profunda ansiedad ante este fenómeno que no podemos comprender completamente, y menos aun, controlar. En todas las especulaciones sobre lo que nos depara el futuro, la mayoría de ellas deprimentes, existe un indicio de impotencia y fatalismo que se repite y que encuentro sumamente inquietante. Esto no es nuevo, sino que a menudo han aparecido terribles profecías como síntomas de los períodos de cambio y transición en la sociedad humana. Lo que es nuevo es el alcance y la magnitud de los problemas que provocan esas aprensiones. . .

La civilización que actualmente enfrenta tan tremendo peligro no es sólo una pequeña parte del género humano, sino toda la humanidad.” (Discurso pronunciado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 30 de agosto de 1974; cursiva agregada.)

Creo que todos estamos de acuerdo en que el mundo está pasando por una época de tumulto y confusión y, a medida que las condiciones empeoran, día a día se hace más evidente la inminencia del desastre. Al llamaros la atención sobre este desagradable asunto no tengo como objeto desanimaros, sino que lo hago con el deseo de que podáis ver y reconocer claramente las precarias condiciones del mundo en que vivimos.

En lo que me es personal, yo no me encuentro desalentado; me preocupa la situación, pero no vivo aterrorizado por ella. Se dice que en una oportunidad en que el entonces presidente J. Golden Kimball asistía a una conferencia de estaca, el orador que lo precedió empleó casi todo el tiempo que quedaba de la reunión en un intenso y apasionado llamado al arrepentimiento, con una vivida descripción de las terribles consecuencias que esperaban a los que no obedecieran; cuando el hermano Kimball se puso de pie para hablar, dijo simplemente: “Bueno, mis hermanos, supongo que lo mejor que podemos hacer ahora es irnos todos a nuestra casa y suicidarnos”.

A pesar de la seriedad de los problemas que nos aquejan, yo no os repetiría las palabras del hermano Kimball, porque tengo una confianza inquebrantable en que si escuchamos y obedecemos la guía del Espíritu Santo, el Señor nos protegerá y nos conducirá a terreno seguro. La situación en la que ahora nos encontramos no ha sido una sorpresa para El, sino que previo la llegada del desastre y nos proveyó con una forma segura de escapar. Hace mucho tiempo, el 1 de noviembre de 1831, nos dijo:

“Por tanto, yo, el Señor, sabiendo de las calamidades que vendrían sobre los habitantes de la tierra, llamé a mi siervo José Smith, hijo, le hablé desde los cielos y le di mandamientos;

Y también les di mandamientos a otros para que proclamasen estas cosas al mundo. . .” (D. y C. 1:17-18.)

Como prefacio a esta declaración, el Señor explicó la razón de las calamidades mencionadas anteriormente al decir, refiriéndose a los habitantes de la tierra: Seguir leyendo

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El poder del ejemplo

Junio de 1980
El poder del ejemplo
por el élder Charles A. Didier
del Primer Quorum de los Setenta

Charles A. DidierSe oyó llamar a la puerta. Ya era muy tarde en la noche y no esperábamos visitas a esa hora; me preguntaba quién podría ser. Abrí la puerta y para mi sorpresa, allí estaban los dos misioneros que había visto enseñando en el vecindario.

Los élderes me preguntaron inmediatamente si mis hijos estaban levantados, puesto que tenían que hacerles una pregunta; pero ellos ya estaban acostados. Los misioneros se miraron y el compañero mayor, obviamente reuniendo valor, me preguntó si yo podría hablar con mis hijos para decirles que dieran un buen ejemplo en la escuela, pues ellos estaban enseñando a una de sus compañeras de estudios. Era importante que los misioneros pudieran decirle a su joven investigadora que mis hijos eran miembros de la Iglesia, y le preguntaran si había notado alguna diferencia entre ellos y los demás compañeros. ¡Cuán terrible sería si mis hijos no se comportaran bien! Les prometí que transmitiría su mensaje y comentaría con ellos el gran cometido que se les presentaba.

Los élderes se fueron tranquilos, y al cerrar la puerta apareció en mi mente un pasaje de las Escrituras. Yo lo había usado a menudo durante los años pasados al reunirme con los misioneros:

“Id. . . para . . . darles buenos ejemplos en mí; y os haré instrumentos en mis manos para la salvación de muchas almas.” (Alma 17:11.)

Han pasado ya más de treinta años desde que entré en contacto con los misioneros. ¡Qué ejemplo han sido en mi vida! Recuerdo que yo tenía dieciséis años de edad cuando los conocí. Durante los veranos, mis hermanos y mi madre teníamos el hábito de sentarnos frente a la ventana que daba a la calle, y desde allí saludábamos a nuestros vecinos y amigos que pasaban frente, a la casa. Aquel día notamos que dos jóvenes venían subiendo la empinada calle, empujando sus bicicletas; eran diferentes de la gente joven de la localidad y a pesar del calor, usaban traje, camisa blanca y corbata. Por su aspecto dedujimos que eran jóvenes norteamericanos. Nos sentimos intrigados. ¿Qué harían en nuestra ciudad?

Al día siguiente llegaron y llamaron a nuestra puerta. Nos apresuramos a hacerlos pasar pues queríamos satisfacer nuestra curiosidad; así supimos quiénes eran y qué estaban haciendo; aquel fue el comienzo de una amistad eterna. Sus sonrisas, amor, entusiasmo, su deseo de ayudar y servir, la obediencia a los mandamientos y su amor por el Señor nos impresionaron grandemente. Cada vez con mayor anhelo esperábamos su presencia y su espíritu. No solamente nos enseñaban acerca de los nefitas, lamanitas y el Libro de Mormón, sino que compartían con nosotros sus talentos en las artes y en los deportes.

Y aquí estoy, treinta años después. Por causa del ejemplo de estos excelentes jóvenes mi vida ha cambiado, mi perspectiva de la vida ha cambiado. He obtenido un testimonio del Evangelio de Jesucristo y de que ese evangelio ha sido restaurado; he aprendido a vivir de acuerdo con los mandamientos del Dios viviente; y me siento feliz de seguir a un Profeta contemporáneo porque sé que sus palabras vienen de Dios. Ahora soy responsable de cuidar que no se rompa la cadena, una cadena eterna que comenzó con Jesucristo mismo:

“Este es mi evangelio; y vosotros sabéis las cosas que tenéis que hacer en mi Iglesia; pues las obras que me habéis visto hacer, vosotros haréis.” (3 Nefí 27:21.)

Como jóvenes de la Iglesia, vuestra influencia, vuestro ejemplo, pueden ser un factor determinante en la conversión de alguien o en la falta de interés en el mensaje de la restauración del evangelio. Cuidad vuestro aspecto físico, vuestros pensamientos, vuestro vocabulario, vuestros hechos.

Este es el tiempo de prepararos para ser llamados a una misión y es mejor que comencéis inmediatamente. Cuanto más jóvenes sois, más fácil es desarrollar buenos hábitos. William James dijo:

“Un hecho repetido se torna en un hábito, una cadena de hábitos forman un carácter; y es el carácter el que determina el destino.”

No es solamente nuestro destino el que se está decidiendo, sino también el de nuestros vecinos y amigos.

Bien me doy cuenta de lo que dos jóvenes pueden hacer para ayudar en la obra misional. ¡Cuán importante debe de haber sido para José Smith, a la misma edad de mis hijos, ser un ejemplo tal que su obra pudiera ser reconocida por sus frutos! Ciertamente, José Smith es uno de los ejemplos más grandes de fe y la existencia de la Iglesia hoy en día es el producto de aquella fe.

El poder del ejemplo es una extraordinaria forma de motivación. Saber esto debe ayudarnos a comprender el poder de conversión que tenemos, y la necesidad de utilizarlo en una forma divina. Recordemos lo que Cristo dijo:

“Seguidme, y os haré pescadores de hombres.” (Mateo 4:19.)

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