Ahora es el momento de servir en una misión!

Conferencia General Abril de 2006

¡Ahora es el momento de servir en una misión!

Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Los emocionantes campos de labor misional que se encuentran por todo el mundo permiten que mediante la inspiración del Señor se llame a jóvenes, a jovencitas y a matrimonios devotos a cumplir asignaciones desafiantes.


Sería difícil imaginarme algo más emocionante para los jóvenes, las mujeres o los matrimonios en el mundo de hoy que servir como misioneros de tiempo completo para La Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días. El mensaje del Evangelio restaurado que nosotros compartimos es fundamental. Es de Dios nuestro Padre Eterno, es para cada uno de Sus hijos sobre la tierra y está centrado en Su Amado Hijo Jesucristo. Cuando ese mensaje lo comprendemos y lo vivimos, puede reemplazar el tumulto con la paz, el dolor con la felicidad y proporcionar soluciones a los persistentes desafíos de la vida.

Ahora tenemos una dirección muy clara para el éxito misional, y la proporcionan la guía Predicad Mi Evangelio y las fuentes de consulta que se han creado para acompañarla. Las excepcionalmente eficaces nuevas lecciones misionales se basan en la enseñanza por medio del Espíritu en lugar de la memorización, y han mejorado mucho la manera de compartir el mensaje por todo el mundo. A cada presidente de misión se le ha enseñado minuciosamente la forma de usar los nuevos materiales. El resultado es un grupo de presidentes de misión muy capaces, devotos y entusiastas que poseen la capacidad para inspirar y motivar con poder a sus misioneros.

El estudio y la aplicación de cada uno de los misioneros de los conceptos dePredicad Mi Evangelio en todo el mundo han fortalecido nuestra capacidad de proclamar el mensaje de la Restauración y de enseñar el plan de salvación y otros principios del Evangelio. El elevar las normas de dignidad ha tenido consecuencias de largo alcance. Existe más servicio devoto en el campo misional, relaciones más firmes entre compañeros, una enseñanza más eficaz y una mejor retención de conversos.

La guía en conjunto que se brinda para la supervisión de la obra misional no tiene par. A través de ella se apoya la obra misional mundial por medio de las Presidencias de Área, los siete Presidentes de los Setenta, el Quórum de los Doce y el interés personal y concentrado de la Primera Presidencia.

Los emocionantes campos de labor misional que se encuentran por todo el mundo permiten que mediante la inspiración del Señor se llame a jóvenes, a jovencitas y a matrimonios devotos a cumplir asignaciones desafiantes apropiadas a las necesidades y habilidades personales. Me regocijo por tener la oportunidad de participar en esta fascinante obra que bendice poderosamente a tantas personas alrededor del mundo.

El élder M. Russell Ballard ha hablado acerca de crear un hogar en el que se comparta el Evangelio. Yo voy a hablar sobre cómo prepararse para cumplir una misión de tiempo completo, ya sea como élder, como hermana o como matrimonio. Seguir leyendo

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Buscad el reino de Dios

Conferencia General Abril de 2006

Buscad el reino de Dios

Presidente Gordon B. Hinckley
Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Espero que todos ustedes recuerden que en este día de reposo me oyeron dar mi testimonio de que ésta es la santa obra de Dios.


Mis amados hermanos y hermanas, les doy las gracias por las oraciones que han ofrecido a mi favor y ahora ruego que su fe me sostenga.

Cuando un hombre llega a tener mi edad, se detiene de vez en cuando para reflexionar en lo que lo ha llevado a su situación actual.

Si me lo permiten, quisiera hablarles de un asunto que podría considerarse egoísta. Lo hago porque la vida del Presidente de la Iglesia en realidad pertenece a la Iglesia entera. Tiene muy poca privacidad y nada de secretos. Esta mañana creo que mi discurso será diferente de los que habrán escuchado en otras conferencias generales de la Iglesia.

Estoy en el ocaso de mi vida. Todos nosotros estamos totalmente en las manos del Señor. Como muchos de ustedes ya saben, recientemente fui sometido a una intervención quirúrgica seria y es la primera vez en mis 95 años que he sido paciente en un hospital. No se lo recomiendo a nadie. Los médicos dicen que aún tengo algunos problemas de salud.

Estoy por cumplir mi cumpleaños número 96 y aprovecho esta oportunidad para expresar mi aprecio y gratitud por las maravillosas bendiciones que el Señor ha derramado sobre mí.

Todos tenemos que tomar decisiones en el curso de la vida, algunas con el seductor atractivo de la riqueza y la prosperidad; otras parecen menos prometedoras. De alguna forma el Señor ha velado por mí y ha guiado mis decisiones, aunque en el momento no siempre fue evidente.

Acuden a mi mente las palabras del poema de Robert Frost, “The Road Not Taken” [El camino que nadie tomó], que concluye con estas líneas:

“Dos caminos había en un bosque, y yo…
yo tomé el menos transitado.
Y ésa fue la acción decisiva de mi vida”.
(Robert Frost, The Road Not Taken, poeta estadounidense [1874–1963].)

Pienso en las palabras del Señor: “…buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas” (Lucas 12:31). Seguir leyendo

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Para todos los hombres, de todas partes

Conferencia General Abril de 2006

Para todos los hombres, de todas partes

Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El Libro de Mormón enseña una y otra vez
que el Evangelio de Jesucristo es universal en su promesa y su efecto
.

El año pasado, por invitación del Profeta, millones de personas leyeron el Libro de Mormón y millones de personas se beneficiaron por haberlo hecho. Cada uno de nosotros recibió bendiciones por la obediencia, y la mayoría también aumentó su conocimiento y testimonio del Señor Jesucristo, del cual este libro es un testigo.

La gente aprendió muchas otras cosas, pero lo aprendido dependía del lector. Lo que saquemos de un libro, especialmente de un texto sagrado, depende en su mayor parte de lo que pongamos de nuestra parte al leerlo: del deseo y la disposición de aprender, y de la armonía que tengamos con la luz que comunica el Espíritu del Señor.

I.

Una de las cosas que aprendí yo de esa lectura más reciente del Libro de Mormón fue cuán grande es el amor de Dios por todos Sus hijos de todas las naciones. En el primer capítulo, Lehi alaba al Señor cuyo “poder… bondad y misericordia se extienden sobre todos los habitantes de la tierra” (1 Nefi 1:14). El Libro de Mormón enseña una y otra vez que el Evangelio de Jesucristo es universal en su promesa y su efecto, dirigiéndose a todos los que han vivido, o que vivan, o que vivirán en la tierra. Aquí daré algunos ejemplos, citados de ese libro:

• “…la expiación… preparada desde la fundación del mundo para todo el género humano que ha existido desde la caída de Adán… o que existirá jamás…” (Mosíah 4:7).

• “Y a causa de la redención del hombre, que vino por Jesucristo… son redimidos todos los hombres…” (Mormón 9:13).

• “…él sufre los dolores de todos… tanto hombres como mujeres y niños… Y sufre esto a fin de que la resurrección llegue a todos los hombres” (2 Nefi 9:21–22).

• “¿Ha mandado él a alguien que no participe de su salvación?… no, sino que la ha dado gratuitamente para todos los hombres; y… todo hombre tiene tanto privilegio como cualquier otro, y nadie es excluido” (2 Nefi 26:27–28).

También leemos que “su sangre expía los pecados de aquellos que… han muerto sin saber la voluntad de Dios concerniente a ellos, o que han pecado por ignorancia” (Mosíah 3:11). Del mismo modo, “la sangre de Cristo expía [los] pecados” de los niños pequeños (Mosíah 3:16). Estas enseñanzas sobre el hecho de que el poder resucitador y purificador de la Expiación es para todos, contradice la afirmación de que la gracia de Dios sólo salva a unos pocos electos. Su gracia es para todos. Estas enseñanzas del Libro de Mormón amplían nuestra visión y expanden nuestra comprensión del amor de Dios, que todo lo abarca, y del efecto universal de Su expiación por todos los hombres, de todas partes.

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Crecer en el Señor

Conferencia General Abril de 2006

Crecer en el Señor

Anne C. Pingree
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

El dedicado servicio a los demás, incluso en circunstancias difíciles, se requiere de los que verdaderamente deseen “crecer en el Señor”.


Hace algunos meses, viajaba en un automóvil con dos valientes misioneras mayores. Ellas estaban resueltas a encontrar el apartamento de una hermana del barrio ubicado en el corazón de una ciudad del este de los Estados Unidos. Mientras me encontraba en el asiento de atrás muy preocupada, el sistema de posicionamiento global del auto indicaba: “¡Giro incorrecto, giro incorrecto!”. Sin desanimarse, la misionera que leía el mapa seguía dando una sugerencia tras otra a través del laberinto de las calles de la ciudad hasta que, por fin, encontramos la casa de la hermana a la que le habían prometido enseñarle a leer y a escribir.

Con sus acciones y actitudes, esas extraordinarias hermanas personificaron algo que es mucho más que el reflejo de sus años terrenales: demostraron verdadera madurez espiritual.

Helamán, el gran profeta del Libro de Mormón, dio a sus hijos, Nefi y Lehi, respectivamente, el mismo nombre de sus antepasados y “empezaron a crecer en el Señor” 1 . Jóvenes o mayores, todos debemos hacer lo mismo.

La idea de crecer en el Señor es un concepto convincente. A diferencia del proceso de crecer físicamente, no maduraremos espiritualmente sino hasta que elijamos, como lo expresó el apóstol Pablo “dej[ar] lo que era de niño” 2 .

El orar y estudiar las Escrituras a diario, el observar los mandamientos y los convenios concertados en el momento del bautismo y en el templo son el núcleo del crecer en el Señor. Aprendemos a andar en Sus caminos a medida que hacemos lo que nos acerca al Padre Celestial y al enseñar a nuestros hijos y a los demás a hacer lo mismo. Dejamos “lo que [es] de niño” al escoger ser más semejantes a Cristo y al prestar servicio a los demás, como Él nos lo pide. Seguir leyendo

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El gran plan de felicidad

Conferencia General Abril de 2006

El gran plan de felicidad

Élder Earl C. Tingey
De la Presidencia de los Setenta

A través de la Expiación infinita, Dios ha proporcionado un medio por el cual podemos vencer nuestros pecados y quedar completamente limpios otra vez.


El profeta Jacob preguntó: “…¿por qué no hablar de la expiación de Cristo, y lograr un perfecto conocimiento de él?”1.

Utilizaré esa pregunta como el tema de mi discurso: ¿por qué no hablar de la expiación de Cristo?

Alma se refiere a la Expiación como “el gran plan de felicidad” 2 . Emplearé esa frase para describir la hermosa doctrina que conocemos como la expiación de Jesucristo.

El presidente Hugh B. Brown dijo una vez: “Tarde o temprano las vicisitudes de la vida nos hacen pensar en este tema importante… de la inmortalidad del alma y la relación del hombre con Dios… Cada uno de nosotros, sin importar nuestra raza, credo o nacionalidad, tendrá un encuentro con lo que llamamos la muerte” 3 .

La mayoría de nosotros hemos estado con reverencia ante la tumba de un ser querido, doloridos y sintiendo un gran vacío, y nos hemos preguntado: “¿Hay felicidad en la muerte?”.

Un profeta del Libro de Mormón nos responde a esa pregunta con expresiones gozosas de agradecimiento por la expiación de Jesucristo, la cual nos rescata de la muerte: “¡Oh, la sabiduría de Dios, su misericordia y gracia!… ¡Oh, la grandeza y la justicia de nuestro Dios!” 4 .

Permítanme compartir cinco verdades del gran plan de felicidad que me producen ese tipo de gozo.

Primero: El conocimiento del plan confirma que hay un Dios y que Él tiene un Hijo, Jesucristo. El Padre y el Hijo son perfectos, viven en el cielo y poseen cuerpos glorificados de espíritu, carne y huesos.

En esta dispensación, se nos revelaron esas verdades cuando el joven José Smith se arrodilló en humilde oración y más tarde declaró: “…vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo! 5 . Seguir leyendo

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Las cosas destrozadas pueden repararse

Conferencia General Abril de 2006

Las cosas destrozadas pueden repararse

Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Cuando Él dice a los pobres en espíritu: “Venid a mí”, lo que quiere decir es que Él conoce el camino hacia la salida y hacia el cielo.


Las primeras palabras de Jesús en Su majestuoso Sermón del Monte iban dirigidas a los atribulados, los desalentados y los deprimidos: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” 1 . Sean ustedes miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o personas de entre las decenas de millares que nos escuchan y que no son de nuestra fe, me dirijo a los que se enfrentan con pruebas personales y dificultades familiares, a aquellos que se enfrentan con conflictos que se entablan en las solitarias trincheras del corazón, a aquellos que tratan de detener las marejadas de la desesperación que a veces nos abruman como si fueran un maremoto del alma. Deseo dirigir mis palabras en particular a ustedes que piensan que su vida está destrozada, y que, al parecer, no tiene reparación.

A todos ustedes les ofrezco el remedio más seguro y más agradable que conozco, que se encuentra en el llamado fuerte y sonoro que nos hizo el Salvador del mundo al comenzar Su ministerio y también al finalizarlo. Se lo dijo a los creyentes y se lo dijo a los que no estaban muy seguros de creerle. Se lo dijo a todos, cualesquiera que fuesen sus problemas personales:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” 2 .

En esa promesa, la frase introductoria, “venid a mí”, es crucial; es la clave de la paz y del reposo que buscamos. De hecho, cuando el Salvador resucitado dio Su sermón a los nefitas en el templo del Nuevo Mundo, comenzó diciendo: “Bienaventurados son los pobres en espíritu que vienen a mí, porque de ellos es el reino de los cielos” 3.

Cuando Andrés y Juan oyeron por primera vez a Cristo, se conmovieron tanto que, cuando Él se apartó de la multitud, lo siguieron. Percibiendo que lo seguían, Jesús les preguntó: “¿Qué buscáis?”. Ellos le respondieron: “¿Dónde moras?”. Y Cristo dijo: “Venid y ved”. Al día siguiente, Cristo encontró a otro discípulo, Felipe, y le dijo: “Sígueme” 4 . Poco tiempo después, llamó oficialmente a Pedro y a otros nuevos apóstoles con el mismo espíritu de invitación. “Venid en pos de mí” 5 , les dijo.

Evidentemente, la esencia misma de nuestro deber y del requisito fundamental de nuestra vida terrenal ha quedado captada en esas breves frases de diversas escenas del ministerio terrenal del Salvador. Él nos dice: “Confiad en mí; aprended de mí; haced lo que yo hago; y cuando recorráis mi camino, entonces hablaremos de la dirección que vosotros seguís y de las tribulaciones y de las pruebas que encaráis. Si me seguís, yo os sacaré de la oscuridad”. Él nos promete: “Os daré respuesta a vuestras oraciones y descanso para vuestras almas”.

Mis amados amigos, no conozco otra manera de tener éxito y seguridad entre todos los riesgos y problemas de la vida, ni conozco otra forma de llevar nuestras cargas ni de hallar lo que Jacob, en el Libro de Mormón, llamó: “esa felicidad que está preparada para los santos” 6 . Seguir leyendo

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La restauración de todas las cosas

Conferencia General Abril de 2006

La restauración de todas las cosas

Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Creemos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una restauración de la Iglesia original que estableció Jesucristo.


Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días nos preocupamos por todos los hijos de Dios que viven o que han vivido sobre la faz de la tierra. “Nuestro mensaje”, declaró la Primera Presidencia en 1978, “refleja el amor que sentimos por la humanidad y el interés en su bienestar eterno, sin importarnos sus creencias religiosas, su raza o nacionalidad, sabiendo sin lugar a dudas que somos hermanos y hermanas debido a que somos hijos e hijas del mismo Padre Eterno” 1 . Tal como el élder Dallin H. Oaks dijo hace unos años:

“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene muchas creencias en común con otras iglesias cristianas, pero también tenemos diferencias, y son esas diferencias las que explican por qué enviamos misioneros a otros cristianos, por qué edificamos templos, además de las capillas, y por qué nuestras creencias nos brindan tanta felicidad y fortaleza para hacer frente a las dificultades de la vida y de la muerte” 2 .

Hoy deseo testificar de la plenitud del Evangelio restaurado de Jesucristo, la cual contribuye de manera positiva a las creencias religiosas de otras denominaciones, sean cristianas o no. Originalmente, esa plenitud fue establecida por el Salvador durante Su ministerio terrenal, pero entonces se produjo un alejamiento.

Algunos de los primeros apóstoles sabían que se produciría una apostasía antes de la segunda venida del Señor Jesucristo. De hecho, Pablo escribió a los tesalonicenses al respecto: “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía 3 .

Durante la apostasía se perdieron las llaves del sacerdocio, y algunas de las preciadas doctrinas de la Iglesia que organizó el Salvador fueron alteradas, entre las que destacan el bautismo por inmersión 4 ; la recepción del Espíritu Santo mediante la imposición de manos 5 ; la naturaleza de la Trinidad, respecto a que son tres Personajes diferentes 6 ; que toda la humanidad resucitará merced a la Expiación de Cristo,“así… justos como… injustos 7 ; la revelación continua, en cuanto a que los cielos no están cerrados 8 ; y la obra del templo tanto por los vivos como por los muertos 9 .

El período siguiente se llegó a conocer como el Oscurantismo. Dicho alejamiento de la verdad fue predicho por el apóstol Pedro cuando declaró que “es necesario que el cielo reciba [a Jesucristo] hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” 10 . La restitución sólo sería necesaria si se hubieran perdido esas cosas preciadas. Seguir leyendo

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La necesidad de más bondad

Conferencia General Abril de 2006

La necesidad de más bondad

Gordon B. Hinckley

Presidente Gordon B. Hinckley

¿Por qué razón habremos de ser tan crueles e hirientes con los demás? ¿Por qué no extendemos nuestra amistad a todos los que nos rodean?


Es difícil hablar después del hermano Monson. Tiene un gran sentido del humor y a la vez una gran sinceridad.

Gracias, mis hermanos, por su fe y por sus oraciones, las agradezco profundamente.

Al envejecer, el hombre adquiere un modo de ser más suave y bondadoso. Últimamente he pensado mucho en eso.

Me he puesto a pensar por qué hay tanto odio en el mundo; nos encontramos en medio de guerras terribles donde se pierden vidas y se infligen heridas atroces. En lo que respecta a nosotros, hay mucha envidia, orgullo, arrogancia y críticas continuas; padres que pierden los estribos por cosas pequeñas y triviales, y que hacen llorar a sus esposas y que sus hijos tengan miedo.

El fantasma del racismo ha vuelto a aparecer. Me dicen que lo hay incluso entre los miembros de la Iglesia. No me explico cómo puede ser. Pensaba que todos sentíamos gozo por la revelación que se dio al presidente Kimball en 1978. Yo me encontraba en el templo en el momento en que eso sucedió. No hubo ninguna duda en mi mente o en la de mis colegas de que lo que se reveló fue la intención y la voluntad del Señor.

Ahora me dicen que a veces se oyen entre nosotros comentarios racistas y denigrantes. Les recuerdo que nadie que haga comentarios ofensivos en cuanto a las personas de otra raza se puede considerar un verdadero discípulo de Cristo, ni tampoco puede considerar que esté en armonía con las enseñanzas de la Iglesia de Cristo. ¿Cómo puede un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec suponer con arrogancia que él tiene derecho al sacerdocio, mientras que otro que vive una vida recta, pero cuya piel es de diferente color, no tiene ese derecho?

A lo largo de mi servicio como miembro de la Primera Presidencia he reconocido y hablado varias veces sobre la diversidad de nuestra sociedad; está a nuestro alrededor, y debemos esforzarnos por dar cabida a esa diversidad. Seguir leyendo

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Nuestra sagrada responsabilidad del sacerdocio

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
Nuestra sagrada responsabilidad del sacerdocio
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. MonsonEl sacerdocio no es tanto un don, sino el mandato de servir, el privilegio de elevar y la oportunidad de bendecir la vida de los demás.

Hace algunos años, Clark, nuestro hijo menor, estaba por cumplir los doce años de edad. Un día, él y yo salíamos del Edificio de Administración de la Iglesia cuando el presidente Harold B. Lee se acercó a saludarnos. Le mencioné que Clark pronto cumpliría doce años, con lo cual el presidente Lee se volvió hacia él y le preguntó: “¿Qué va a suceder cuando cumplas doce años?”.

Ésa fue una de las ocasiones en que un padre ruega que su hijo sea inspirado para dar la respuesta apropiada. Sin titubear, Clark le respondió: “¡Voy a ser ordenado diácono!”.

La respuesta fue la que yo había orado y la que el presidente Lee buscaba. Enseguida aconsejó a mi hijo: “Recuerda que poseer el sacerdocio es una gran bendición”.

Espero con todo el corazón y con toda el alma que todo joven que reciba el sacerdocio lo honre y permanezca fiel a la confianza que se deposita en él cuando se le confiere. Ruego que cada uno de nosotros que posee el sacerdocio de Dios tenga un firme conocimiento de lo que cree. Tal como amonestó el apóstol Pedro, ruego que estemos “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” 1 . Habrá ocasiones en las que a cada uno se nos llamará a explicar o a defender nuestras creencias. Cuando llega el momento de actuar, el tiempo de preparación ha terminado.

La mayoría de ustedes, jovencitos, tendrán la oportunidad de expresar su testimonio cuando sirvan como misioneros por el mundo. Prepárense ahora para ese maravilloso privilegio.

Yo he tenido muchas oportunidades de testificar. Una ocurrió hace veintiún años, antes de que la República Democrática Alemana —o Alemania Oriental, como solía conocerse— se liberara del yugo comunista. Visitaba en aquel entonces al ministro Gysi, Secretario de Estado de Alemania Oriental. En esa época se construía nuestro templo en Freiberg, Alemania Oriental, además de dos o tres centros de reuniones. El ministro Gysi y yo conversamos sobre diversos temas, entre ellos el de nuestro programa de construcción mundial. Él preguntó: “¿Por qué tiene su Iglesia tanta riqueza que les permite construir edificios en nuestro país y por todo el mundo? ¿Cómo consiguen el dinero?”. Seguir leyendo

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Real sacerdocio

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
Real sacerdocio
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. FaustMientras que poseer el sacerdocio trae consigo grandes bendiciones, también conlleva grandes obligaciones.

Mis queridos hermanos, es siempre un privilegio y una seria responsabilidad el dirigirme al sacerdocio de la Iglesia. Quizás ésta sea la reunión más grande de sacerdocio en la historia del mundo. Deseo hablarte a ti, hombre joven, sobre cuán bendecido eres de poseer el Sacerdocio Aarónico, que también se conoce como el “sacerdocio menor”. Pero la palabra menor, sin embargo, no le resta en ningún modo su importancia. No hay nada pequeño en él, ¡especialmente cuando veo qué grandes son algunos de ustedes!

Estoy seguro de que recuerdas lo animado que te sentías la primera vez que repartiste la Santa Cena. Mientras los poseedores del Sacerdocio Aarónico preparan, bendicen y reparten la Santa Cena, ayudan a todos los miembros que participan de ella a volver a comprometerse con el Señor y a renovar su fe en el sacrificio expiatorio del Salvador. A los miembros que participan de la Santa Cena se les recuerda tomar sobre sí el nombre del Hijo, a recordarle siempre y a guardar Sus mandamientos que Él les ha dado, y a procurar tener Su Espíritu consigo. Espero que valores el sacerdocio que posees y cumplas siempre con los deberes que a él corresponden.

Hace poco leí la historia de unos diáconos que habían actuado con una actitud un tanto negligente al repartir la Santa Cena. Habían comenzado a pensar que era una tarea impuesta, algo que nadie más quería hacer. Con frecuencia llegaban tarde y a veces no vestían en forma adecuada. Un domingo su asesor del sacerdocio les dijo: “No tienen que preocuparse por la Santa Cena el día de hoy, ya nos hemos encargado de ello”.

Naturalmente, se sorprendieron al escuchar eso, pero como siempre, habían llegado atrasados a la reunión sacramental. No se preocuparon mucho cuando entraron durante el primer himno y se sentaron en medio de la congregación. Entonces fue que notaron quiénes estaban sentados en la banca de los diáconos: su asesor y los sumos sacerdotes del barrio, entre los que se encontraban hermanos que habían servido como obispos y presidentes de estaca. Todos estaban vestidos con trajes oscuros, con camisas blancas y corbatas. Pero más allá de eso, ellos mostraban una reverencia total mientras llevaban las bandejas de una fila a otra. Ese día, hubo algo más profundo y significativo durante la Santa Cena. Aquellos diáconos que se habían vuelto tan mecánicos en sus deberes aprendieron mediante el ejemplo que repartir la Santa Cena era una responsabilidad sagrada y uno de los más grande honores 1 . Empezaron a darse cuenta de que el sacerdocio es, como lo llamó el apóstol Pedro, un “real sacerdocio” 2 . Seguir leyendo

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El arrepentimiento, una bendición del ser miembro de la Iglesia

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
El arrepentimiento, una bendición del ser miembro de la Iglesia
Élder Richard G. Hinckley
De los Setenta

Richard G. HinckleyEl arrepentimiento… no es un principio cruel… Es benévolo y misericordioso.

Mis queridos hermanos, me siento tanto humilde como honrado al ocupar este puesto. Por razones obvias para ustedes, nunca me imaginé que recibiría este llamamiento. Hace un año, cuando fui sostenido, el presidente Hinckley le aclaró a toda la Iglesia que él no había tenido nada que ver con el proceso que resultó en mi llamamiento. Más tarde, le comenté que tal vez yo fuera la única Autoridad General en la historia de la Iglesia que contara con el sostenimiento de los miembros a pesar de que, ¡el profeta declinara toda responsabilidad al respecto!

Sin embargo, estoy agradecido por su voto de sostenimiento y dedico todo mi corazón a esta gran causa. No tengo palabras para expresar mi agradecimiento por mi familia, por mi esposa y mis hijos, y por mis buenos padres. Mi madre falleció hace exactamente dos años, justo dos días después de la conferencia de abril. Ella era pequeña de estatura física; sin embargo, día a día me apoyo en ella. Su influencia permanecerá conmigo para siempre. No puedo atribuirle el debido reconocimiento por lo que diga, sino sólo por mi manera de vivir.

No sé qué podría decir de mi padre que no lo avergonzara, excepto que lo amo y que lo apoyo. Con el riesgo de llevar las cosas a un plano muy personal, diré que al verlo envejecer, mi mente se remonta a los días en que éramos niños, cuando él se acostaba en el suelo y luchaba y jugaba con nosotros, nos levantaba en sus brazos y nos abrazaba y nos hacía cosquillas o nos subía a la cama con mamá y con él cuando estábamos enfermos o teníamos miedo durante la noche. Los recuerdos que tengo de él serán siempre de risas y de amor, de constancia, de testimonio, de incesante trabajo arduo, de fe y fidelidad. Él es bondadoso y sabio, y me siento enormemente bendecido porque no sólo lo apoyo como mi profeta durante esta época de la vida terrenal, sino porque también lo reclamo como mi padre en esta vida y en la eternidad.

Hace varias semanas, se avivó mi curiosidad cuando al élder Douglas L. Callister, de los Setenta, se le pidió expresar una breve historia de su abuelo, LeGrand Richards en una reunión de quórum. Entre las cosas interesantes que mencionó estaba ésta: Cuando el élder Richards era un obispo joven, él visitaba a personas menos activas y, con valentía, las invitaba a hablar en la reunión sacramental sobre el tema: “Lo que significa para mí ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”. Sorprendentemente, varias respondían de forma positiva y esa experiencia las llevaba de nuevo al sendero de la actividad plena en la Iglesia. Seguir leyendo

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Nuestra nueva generación

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
Nuestra nueva generación
Élder Ronald A. Rasband
De la Presidencia de los Setenta

Ronald A. RasbandNuestra nueva generación merece que pongamos todo nuestro empeño en apoyarlos y fortalecerlos durante su trayectoria hacia la edad adulta.

Buenas tardes, mis queridos hermanos del sacerdocio. Esta noche, en todo el mundo, nos hallamos congregados más cerca de los templos del Señor que en ningún otro momento de la historia de la humanidad. Gracias a la amorosa bondad de nuestro Salvador al dirigir a Sus profetas, el pueblo del convenio del Señor cuenta con 122 templos a los que puede ir para recibir sus propias bendiciones y para efectuar ordenanzas vitales por sus antepasados ya fallecidos. ¡Y hay más templos que ya se han anunciado y que tendremos pronto! Gracias, presidente Hinckley, por su dirección inspirada en esta extraordinaria obra.

Durante los primeros tiempos de la época que cubre el Libro de Mormón, los miembros de la Iglesia también se congregaron cerca de un templo para recibir instrucción de su profeta y líder. Hacia el final de sus días, el rey Benjamín mandó a los padres que reuniera a sus familias, para aconsejarles y amonestarles. En Mosíah leemos:

“Y aconteció que cuando llegaron al templo, plantaron sus tiendas en los alrededores, cada hombre según su familia…

“…cada hombre con la puerta de su tienda dando hacia el templo, para que así se quedaran en sus tiendas y oyeran las palabras que el rey Benjamín les iba a hablar” (Mosíah 2:5–6).

Me encanta el simbolismo de estos versículos. Si hablamos en sentido figurado, ¿están las puertas de nuestros hogares orientadas hacia los templos que tanto queremos? ¿Vamos al templo tan a menudo como nos es posible y demostramos así a nuestros hijos, por medio de nuestro ejemplo, la importancia de esos lugares tan sagrados y especiales?

Como se registra en el libro de Mosíah, las familias, por medio de su profeta, recibieron la palabra del Señor con entusiasmo y dedicación. Las personas se sintieron tan conmovidas por las enseñanzas del rey Benjamín, que hicieron un nuevo convenio de seguir al Señor Jesucristo.

Sin embargo, esa historia tiene un final triste. Más adelante, en Mosíah 26, nos enteramos de qué sucedió con los que eran niños pequeños en la época del sermón del rey Benjamín.

“Y aconteció que había muchos de los de la nueva generación que no pudieron entender las palabras del rey Benjamín, pues eran niños pequeños en la ocasión en que él habló a su pueblo; y no creían en la tradición de sus padres” (Mosíah 26:1). Seguir leyendo

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Ver el fin desde el principio

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
Ver el fin desde el principio
Élder Dieter F. Uchtdorf
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dieter F. UchtdorfSi confían en el Señor y le obedecen… Él les ayudará a alcanzar el gran potencial que ve en ustedes.

Mis queridos hermanos, me siento humilde y a la vez maravillosamente bien de estar con ustedes en esta reunión mundial de poseedores del sacerdocio. Les amo y les admiro. Es un honor formar parte de este grupo. Los saludo a ustedes que tienen la autoridad de actuar en el nombre de Dios y de efectuar las ordenanzas que son una fuente vital de fortaleza y energía eternas para el bienestar de la humanidad.

Hoy me dirijo a ustedes, maravillosos jóvenes que se preparan para ejercer una influencia positiva en el mundo, a ustedes que han sido ordenados al Sacerdocio Aarónico y a ustedes que ya han recibido el sagrado juramento y convenio del Sacerdocio de Melquisedec. El sacerdocio que poseen es una prodigiosa fuerza para el bien. Viven en una época de grandes desafíos y oportunidades. En calidad de hijos espirituales de padres celestiales, tienen la libertad de tomar las decisiones correctas, pero ello requiere una labor ardua, autodisciplina y una actitud optimista, lo cual les brindará gozo y libertad tanto ahora como en el futuro.

El Señor le dijo a Abraham: “Jehová es mi nombre, y conozco el fin desde el principio; por lo tanto, te cubriré con mi mano” (Abraham 2:8). Mis jóvenes amigos, hoy les digo que si confían en el Señor y le obedecen, Su mano estará sobre ustedes, Él les ayudará a alcanzar el gran potencial que ve en ustedes y les ayudará a ver el fin desde el principio.

Permítanme contarles una experiencia de mi niñez. Cuando tenía once años, mi familia tuvo que salir de Alemania del Este y comenzar una nueva vida de la noche a la mañana en Alemania del Oeste. Mientras mi padre lograba volver a ejercer su profesión como empleado de gobierno, mis padres operaron una pequeña lavandería en el pueblecito donde vivíamos, y yo era el encargado de entregar la ropa limpia. A fin de cumplir eficazmente con esa función, necesitaba una bicicleta para remolcar el pesado carrito con la ropa. Siempre había soñado con tener una bonita y lustrosa bicicleta deportiva roja, pero nunca había dinero suficiente para realizar ese sueño; lo que conseguí fue una bicicleta negra, durable y fea, pero resistente. Durante varios años hice las entregas de ropa limpia en esa bicicleta antes y después de la escuela. La mayor parte del tiempo, no me sentía muy orgulloso de mi bicicleta ni del carrito ni de mi trabajo. A veces el carrito se me hacía tan pesado y el trabajo tan agotador que pensaba que se me iban a reventar los pulmones, y muchas veces tenía que detenerme para recuperar el aliento. No obstante, ponía de mi parte porque sabía que, como familia, en verdad dependíamos de esos ingresos y ésa era mi manera de contribuir. Seguir leyendo

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Al tomar la Santa Cena

Conferencia General Abril de 2006Liahona Mayo 2006
Al tomar la Santa Cena
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom PerryEl participar de la Santa Cena nos brinda un momento sagrado en un lugar santo.

Hace uno o dos años tuve la ocasión de visitar el Instituto de Religión Logan Utah. Recientemente se renovó el edificio en el que se imparten las clases. Se me informó que cuando los obreros retiraron el viejo púlpito de la capilla, descubrieron unos estantes que habían quedado ocultos durante mucho tiempo. Al abrir la tapa, encontraron una bandeja de la Santa Cena. Parece que era bastante antigua, ya que los vasitos de la Santa Cena eran de vidrio. Me regalaron uno de esos vasitos, como pueden ver aquí, probablemente porque yo era la única persona lo suficientemente mayor como para recordar la época en que se usaban vasitos de vidrio.

Al ver este vasito, vinieron a mi mente agradables recuerdos. Los vasitos de vidrio para la Santa Cena se utilizaban en la época en que cumplí los doce años, un momento sumamente memorable de mi vida. Mi cumpleaños cayó en domingo. Durante años, había observado a los diáconos repartir la Santa Cena, y esperaba con anhelo el día en que tendría la bendición de recibir el Sacerdocio Aarónico y disfrutaría del mismo privilegio.

Cuando por fin llegó ese día, se me pidió que fuera a la Iglesia con antelación y me reuniera con el hermano Ambrose Call, segundo consejero del obispado de nuestro barrio. El hermano Call me invitó a acompañarlo a un salón de clases y me pidió que ofreciera una oración. Después abrió las Escrituras y me leyó la sección 13 de Doctrina y Convenios:

“Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca más será quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en rectitud”.

El hermano Call me pidió entonces que comentara sobre esa sección. Mi explicación no debió ser lo suficientemente completa, por lo que el hermano Call se tomó el tiempo para explicarme lo que significa ser un poseedor del santo sacerdocio. El ser digno de poseer el sacerdocio me daba derecho a utilizar el poder que Dios delega a los hombres. Un poseedor del sacerdocio digno puede legítimamente llevar a cabo las ordenanzas que Dios ha prescrito para la salvación del género humano. Esa autoridad procede directamente del Salvador mismo, a lo largo de una línea continua de poseedores del sacerdocio. Seguir leyendo

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El don del albedrío

Conferencia General Abril 2006Liahona Mayo 2006
El don del albedrío
Élder Wolfgang H. Paul
De los Setenta

Wolfgang H. PaulSi obedecemos los mandamientos de nuestro Padre Celestial, nuestra fe aumentará, lograremos más sabiduría y fortaleza espiritual, y nos será más fácil tomar decisiones correctas.

Hace algún tiempo, mientras conducía, me detuve en un semáforo en rojo. El automóvil que estaba delante de mí tenía un pequeño cartel adhesivo que decía: “Hago lo que quiero”.

Me pregunto por qué alguien escogería poner algo así en su vehículo. ¿Qué mensaje quería comunicar? Quizás el conductor del auto deseaba expresar públicamente que al hacer lo que él quería había alcanzado una libertad plena. Al meditar sobre ello, me di cuenta de que nuestro mundo sería bastante caótico si todos hicieran lo que quisieran.

Es obvio que existe cierta confusión en nuestra sociedad acerca de ese tema. En los medios de comunicación, en los anuncios publicitarios, en el entretenimiento y en todos lados encontramos generalizada la idea de que cuando alguien hace lo que quiere, entonces disfruta de libertad y es feliz. Eso sugiere que el único criterio que debemos tomar en cuenta en nuestras decisiones es si algo nos agrada, si es divertido o si está de acuerdo con nuestros deseos personales.

Nuestro Padre Celestial nos ha dado un concepto mejor. Se trata de Su gran plan de felicidad, que nos da libertad y felicidad verdaderas. En el Libro de Mormón leemos:

“Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, a fin de redimir a los hijos de los hombres de la caída. Y porque son redimidos de la caída, han llegado a quedar libres para siempre, discerniendo el bien del mal, para actuar por sí mismos, y no para que se actúe sobre ellos, a menos que sea por el castigo de la ley en el grande y último día, según los mandamientos que Dios ha dado. Seguir leyendo

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