El presidir en nuestro hogar significa…

Junio de 1979
El presidir en nuestro hogar significa…
por Joan Flinders

Agradezco todas las buenas virtudes de mi esposo, pues ellas aumentan la influencia espiritual de que gozamos mis hijos y yo, y eso es importante, pues, en gran medida, la atmósfera espiritual de la familia es determinada por la espiritualidad del padre. Si él no posee fortaleza espiritual, le resultará imposible inspirarla en su esposa e hijos. He aquí algunos ejemplos de cómo mi esposo nos nutre espiritualmente:

  1. Hace algunos años nos propusimos llevar un registro escrito de algunos de los atributos y debilidades de nuestros hijos, y realizar cada dos o tres meses, una entrevista personal con cada uno de ellos.

Mi esposo preparó una pequeña carpeta con el nombre de cada uno de nuestros niños. Al abrir la misma, sobre la izquierda, se pueden encontrar hojas de papel con el encabezamiento: “Debilidades”. A la derecha se encuentran hojas con el título: “Atributos”.

Durante la entrevista, la cual constituye un momento muy especial con cada uno de los niños, analizamos las dos áreas, Junto a la fecha del día en que llevamos a cabo la entrevista, anotamos el punto de vista de cada uno (mi esposo, el niño entrevistado y yo), relacionado con cualquier problema que pueda existir; anotamos las tareas que hayan sido bien hechas, y nos aseguramos de incluir ciertas actitudes que hayan mejorado en el correr de las últimas semanas. Damos a los niños la libertad de expresar cualquier sentimiento que tengan hacia el hogar, hacia otros miembros de la familia, hacia sus amigos, o sobre cosas que puedan ser de su interés personal, tras lo cual respondemos como padres.

  1. No siempre resulta fácil lograr que siete hijos trabajen en armonía dentro del hogar, pero a los niños les encanta hacer su tarea cuando el padre puede trabajar con ellos, en cuyo caso ésta se transforma en una «tarea divertida”. Parte de estos resultados se logran merced a que mi esposo comparte con ellos las experiencias que tuvo cuando era muchacho y les dice cuán importante es el amor por el trabajo.

Cada primavera nos dedicamos, toda la familia, a plantar un huerto; todos tomamos parte en la tarea de preparar la tierra, plantar las semillas, regar y quitar las hierbas. Más tarde, en el verano y otoño, cada uno de los niños pasa por la experiencia de la cosecha; sacando papas, arrancando tomates, lechugas, etc.

Mi esposo siempre se vale de toda oportunidad posible para enseñar y comparar aspectos del cultivo de un huerto con la preparación de los muchachos para salir como misioneros, la vida después de la muerte, la importancia de velar por uno mismo y lograr capacitación, la lucha contra el enemigo (las hierbas), etc. Son muchas las lecciones que se pueden enseñar tomando como ejemplo las cosas simples que hacemos a diario. Seguir leyendo

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La forma en que el padre fortalece espiritualmente a su familia

Junio de 1979
La forma en que el padre fortalece espiritualmente a su familia
por Neil J. Flinders
Trabaja para el Departamento de Seminarios e Institutos.

Cuando era apenas un muchacho, solía ir con mi padre a la tablada. Vivíamos en una pequeña granja y a menudo vendíamos algunos animales allí.

Las empalizadas que contenían el ganado, los cerdos y las ovejas, se encontraban a orillas del río; un puente con barandas lo cruzaba, conectando los corrales con una rampa que hacía ángulo con la parte superior de una planta procesadora que había en la otra orilla. Puesto que había que llevar a los animales que se iba a matar a través del puente hasta la rampa, las personas encargadas de esta operación desarrollaron un sistema sumamente interesante: entrenaron a una cabra negra para que entrara a los corrales de las ovejas, se mezclara con ellas, y luego las guiara a lo largo del puente hasta llegar a la rampa, pasando por el portón que daba entrada a la planta procesadora. Una vez dentro del lugar, la cabra se hacía a un lado, y las ovejas entraban rápidamente adonde las aguardaba una suerte fatal.

Recuerdo haber observado esta escena un día, mientras mi padre me explicaba la operación; después de una pausa, agregó:

Que esto te sirva de lección; ten cuidado a quién sigues en la vida. Asegúrate de saber hacia dónde te están conduciendo.

Jamás he olvidado esa experiencia, y cuando pienso en el padre que guía, enseña y nutre espiritual mente a su familia, recuerdo cómo lo logró mi padre de una forma aunque simple, también perdurable.

Las oportunidades de enseñar lecciones importantes, no siempre son planificadas; a menudo surgen de nuestras experiencias diarias, aquí y allí, aprovechando el momento propicio para impartir una enseñanza.

Es probable que la lección más fortificante que he aprendido como padre, sea la de que mis hijos son fortalecidos tanto o más por lo que yo soy, que por lo que trato de enseñarles.

El desafío que más me pone a prueba como padre, es el de crear con mis hijos una relación que sea más fuerte que la que ellos desarrollan con sus amigos. Esto no resulta tan difícil con los niños pequeños, como con los adolescentes; a los niñitos les gusta jugar, y no ha sido difícil para mí tirarme con ellos en el suelo, hacerles cosquillas, contarles cuentos y hacerles gestos que los hagan reír.

Mas una vez que pasan los diez años de edad, la tarea se hace más ardua; los niños mayores tienden a desarrollar fuertes lazos con sus amigos de la misma edad, aún cuando todavía deseen nuestro afecto y atención. El mayor problema, según lo veo yo, es mantener con cada uno de nuestros hijos una relación más fuerte de la que ellos tienen con otros; acercarles a la familia con más fuerza que la atracción que pueda ejercer sobre ellos cualquier otro grupo, permitiendo con esta relación que los padres continúen siendo maestros eficaces de sus hijos. Seguir leyendo

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La mujer y las escrituras

Junio de 1979
La mujer y las escrituras
por Marianne C. Sharp

«Sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros… (D. y C. 88:118.)

“Debemos aprender todo lo que podamos acerca de la tierra y sus junciones, y sobre las leyes de la mortalidad, a fin de alcanzar el conocimiento suficiente sobre el cual basar las decisiones de la vida, apartando la ignorancia de nuestro camino.” Hermana Barbara B. Smith.

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” (Juan 5:39.)

Es factible que alguien se pregunte: ‘‘¿Por qué debe una mujer conocer las Escrituras? ¿Qué significado pueden tener para ella en el presente?’ ’

Las respuestas parecen ser por demás obvias: una hija del Señores tan preciosa ante Su vista como lo es uno de Sus hijos; más aún, la función divina de la mujer en este mundo mortal, no es sólo ser responsable de su propia salvación, sino que también debe apoyar a su esposo y servir de ejemplo y guía para sus hijos, a toda hora, todos los días del año. Por esto es necesario que estudie las Escrituras.

Hay muchas mujeres que han formado el hábito de leer las Escrituras, aunque también hay muchas que no ven la necesidad de hacerlo. Si una persona no puede vivir mejor que lo que sus conocimientos le permitan, entonces, toda madre debe familiarizarse con el contenido de la sección 68 de Doctrinas y Convenios. Esa sección contiene el mandamiento que el Señor ha dado a los padres, en cuanto a aquellas cosas que tienen la responsabilidad de enseñar a sus hijos antes de que éstos cumplan los ocho años de edad. La madre necesita enseñar la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y el don del Espíritu Santo por la imposición de manos. Debe también enseñar a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor. (Véase D. y C. 68:25, 28.) Seguir leyendo

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El Sacerdocio Aarónico

Mayo de 1979
El Sacerdocio Aarónico
Oscar W. McConkie
Extractos del libro «El Sacerdocio Aarónico»

Dios es Todopoderoso, no hay poder que Él no tenga. El Señor, una vez resucitado, dio testimonio de su propia omnipotencia.

“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” (Mat. 28:18.)

Parte de lo que recibimos por la gracia de Dios es el derecho a que Él nos invista con el poder de ejecutar Su obra; podemos así compartir Su poder y autoridad.

El apóstol Pablo nos previene diciendo: “Y nadie toma para sí está honra, sino el que es llamado por Dios. . .” (Heb. 5:4). Es decir que Dios es quien llama y delega Su poder a quienes El escoja. Un hombre no puede inventar el poder ni conferírselo a sí mismo. Es un don de Dios. Jesucristo dejó esto claro cuando dijo a aquellos a quienes había conferido Su poder y autoridad en el meridiano de los tiempos:

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto… para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé.” (Juan 15:16.)

El Señor llama; el hombre responde al llamado y por ende, recibe las bendiciones de Dios.

En la actualidad debemos al profeta José Smith todo lo que sabemos y entendemos sobre el Sacerdocio, y la realidad del mismo en nuestra vida.

“El Sacerdocio es un principio sempiterno y existió con Dios desde la eternidad y existirá por las eternidades, sin principio de días o fin de años.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 183.)

Adán, “lo recibió en la Creación, antes de ser formado el mundo” (Ibid. pág. 182).

Alma dice que fueron ordenados según el orden del Hijo de Dios, y “fueron llamados y preparados desde la fundación del mundo por causa de su gran fe y buenas obras” (Alma 13:2-3), para gozar de las bendiciones y los poderes del Sacerdocio.

El Sacerdocio es el eterno poder y la autoridad mediante los cuales todas las cosas han sido creadas y son actualmente controladas. Es la autoridad y el poder de Dios delegados al hombre en esta tierra para obrar en todos los asuntos pertinentes a la salvación del hombre; todo lo que está en el cielo y en la tierra, está sujeto a su poder y autoridad.

Dios otorga el Sacerdocio para uso y beneficio del hombre. El Señor dijo a Abraham: “. . .te bendeciré sobremanera y engrandeceré tu nombre entre todas las naciones, y serás una bendición a tu simiente después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio y Sacerdocio a todas las naciones; Seguir leyendo

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La importancia del Sacerdocio

Mayo de 1979
La importancia del Sacerdocio
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerEs un gran privilegio el poder tener el Sacerdocio de Dios. Sabemos que somos Sus hijos espirituales, por lo que deberíamos damos cuenta de que nuestro potencial sería ilimitado si tan sólo magnificáramos el oficio del Sacerdocio que poseemos.

Poco antes de ser ordenado diácono, por primera vez me di cuenta de la importancia que tiene el Sacerdocio. El obispo del barrio era mi padre y fue él quien me habló del Sacerdocio; éstas fueron algunas de sus palabras: “Hijo mío, espero que seas la clase de hombre” —me hacía el honor de llamarme hombre aunque sólo tenía doce años “la clase de hombre que al Señor le agrada que posea el Sacerdocio”. Me dijo lo que el Señor espera de un joven poseedor del Sacerdocio: que obedezca estrictamente la Palabra de Sabiduría y que se mantenga siempre moralmente limpio en todos los aspectos de su vida. “No debes ser parte del mundo”, me dijo. “Debes honrar ese Sacerdocio, magnificar tu llamamiento y ser siempre un ejemplo de buena conducta; no debes tener miedo de defender tus ideas; hazlo dondequiera que estés, y verás que aquellos que te critican, ridiculizan y no te apoyan frente a otros, en realidad te respetarán y tendrán gran confianza en ti, si haces lo que el Señor desea que hagas.”

Cuando el presidente David O. McKay estaba incapacitado me dijo varias veces:

“Cada vez que visite a algún grupo de miembros recuérdeles, que siempre deben tener presente quienes son, y actuar de acuerdo a ello. Dígales que tienen una responsabilidad individual al respecto”.

Esa responsabilidad individual es la capacidad de mantenerse firme donde sea que se esté y dar a conocer al mundo que tenemos un testimonio del Evangelio, y estamos determinados a cumplir con él dondequiera que nos encontremos; sea que se haya salido en una cita con un joven del sexo opuesto, sea con los compañeros de estudio, o pescando con amigos, o en cualquier otra actividad, haced saber a esas personas quienes sois y actuad en la forma debida. Nunca lamentaréis haberlo hecho.

Me gustaría deciros ahora cuán importante es el Sacerdocio. Por ejemplo, el Señor lo consideró suficientemente importante como para restaurarlo otra vez en la tierra, y hacer que la Iglesia fuera nuevamente establecida. Lo consideró importante como para enviar a Juan el Bautista a fin de que restaurara el Sacerdocio Aarónico —Juan el Bautista fue enviado a visitar a José Smith y Oliverio Cowdery, diciéndoles que actuaba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan: En esa ocasión también les dijo: Seguir leyendo

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Llamados por profecía

Marzo de 1979
Llamados por profecía
por el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce

Boyd K. PackerQuisiera referirme a un tema muy sagrado, que me llena de gratitud cada vez que pienso en él, y compartir con el lector algunos pensamientos y experiencias relacionados con una pregunta de Moroni, el Profeta de la antigüedad:

“. . . ¿han cesado acaso los días de los milagros?

O ¿han cesado los ángeles de aparecer a los hijos de los hombres? o ¿les ha retenido él la potestad del Espíritu Santo? o ¿lo hará, mientras dure el tiempo, o exista la tierra, o quede en el mundo un hombre a quien salvar?” (Moroni 7:35-36.)

Después, él mismo da respuesta a su pregunta con estas palabras:

“He aquí, os digo que no; porque es por la fe que se obran milagros, y es por la fe que aparecen ángeles y ejercen su ministerio a favor de los hombres; por lo tanto, si han cesado estas cosas, ¡ay de los hijos de los hombres, porque es a causa de la incredulidad, y todo es inútil!

Porque, según las palabras de Cristo, ningún hombre puede ser salvo a menos que tenga fe en su nombre; de modo que si estas cosas han cesado, la fe ha cesado igualmente; y terrible es la condición del hombre, porque queda como si no se hubiera efectuado una redención.” (Moro. 7:37-38.)

Durante Su ministerio, el Señor prometió que estas señales seguirían a los que creyeran:

“En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Mar. 16:17-18.)

Estos milagros han sido siempre un testimonio más de que su Iglesia está sobre la tierra, y son conocidos para nosotros (yo diría que son muy comunes entre nosotros), pero no se habla de ellos a menudo, porque los contemplamos con humildad y con inmensurable reverencia. No es a estos milagros a los que quiero referirme, sino a otro, uno silencioso, que nos acompaña constantemente y, aunque es siempre evidente, muchas veces es ignorado.

En una reunión de testimonios, hace poco tiempo, un amigo mío habló de cierta conversación que había mantenido con uno de sus compañeros de trabajo; mi amigo siempre había pensado que éste era un miembro activo y fiel de la Iglesia; sin embargo, durante esa conversación, él comentó que no siempre creía que hubiese inspiración en los llamamientos que se hacen en la Iglesia, sino que a veces parecían más bien hacerse por desesperación o necesidad. No sé si se referiría a algún llamamiento que él mismo hubiera recibido y para el cual se sintiera indigno; o quizás alguien que tuviera un llamamiento en su barrio lo hubiera ofendido; quizás también estuviera pensando en aquellos —unos pocos— que reciben el llamamiento con desgano, lo aceptan y luego fracasan en el cumplimiento. Para todos los que piensen así, quisiera citar unos versículos de Doctrinas y Convenios:

“Mando, y los hombres no obedecen; revoco, y no reciben la bendición.

Entonces dicen en sus corazones: Esta no es la obra del Señor, porque sus promesas no se cumplen. Pero ¡ay de tales! porque su recompensa viene de abajo y no de arriba.” (58:32-33.) Seguir leyendo

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Escogeos hoy a quien sirváis

Marzo de 1979
“Escogeos hoy a quien sirváis”
por Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyEscogeos hoy a quien sirváis;… pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué 24:15.)

El propósito de este mensaje es recalcar el hecho de que, para nosotros los mortales, esta vida es un día de decisiones, así como de poner de relieve la importante necesidad que tenemos de elegir lo correcto, y de hacerlo ahora.

La tierra fue creada y el hombre fue puesto en ella para ese propósito.

Los hombres son seres eternos, hijos espirituales de Dios, que le nacieron en el mundo espiritual, moraron con El antes de que la tierra existiese, y cuyo destino es el de continuar viviendo eternamente después de la muerte física.

Nuestro Creador nos invistió con el libre albedrío. Al estar en la tierra, vivimos entre dos fuerzas poderosas: la del bien y la del mal. Y debemos elegir una de ellas; no hay escapatoria.

El Espíritu de Cristo ilumina “a cada ser que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre por el mundo, si escucha la voz del Espíritu.

Y todo aquel que escucha la voz del Espíritu, viene a Dios, aun el Padre.” (D. y C. 84:46-47.)

Por otra parte, todo aquel que llega a la edad de responsabilidad es tentado por el diablo y sus ángeles, a rechazar la guía del Espíritu de Cristo y seguirlos a ellos.

El conflicto empezó en el Jardín de Edén, y aún prevalece.

Después que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín de Edén, seres celestiales les enseñaron el evangelio y recibieron el mandato del Señor de que enseñaran a sus hijos, lo cual, ellos hicieron; pero luego, “Satanás vino entre ellos, diciendo:… no lo creáis; y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos” (Moisés 5:13).

Y así ha sido la humanidad durante aproximadamente 6.000 años. En cada dispensación los hombres han rechazado el evangelio, y como consecuencia, han caído en la apostasía, la corrupción y las tinieblas. En cada dispensación se ha vuelto a revelar la verdadera naturaleza de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. También se han vuelto a revelar y a recalcar los principios y ordenanzas fundamentales, y se ha subrayado la importancia de seguir las enseñanzas del evangelio. Seguir leyendo

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Los descubrimientos de John L. Stephens sobre los mayas

Enero de 1979
Los descubrimientos de John L. Stephens sobre los mayas
por James S. Packer
(Recopilado por Norbert y Blenda Bensch)

El abogado de Nueva York John Lloyd Stephens, y el profeta José Smlth, no se conocieron, ni existe evidencia alguna de que el primero haya leído nunca el Libro de Mormón. Y, sin embargo, el logro más importante en la vida de Stephens llegaría a ser un testimonio material del libro traducido por el Profeta.

Todo comenzó en medio de la jungla hondureña, en un húmedo y caliente día de noviembre de 1839, cuando Stephens y sus dos ayudantes nativos desenterraron una estatua; Stephens escribió al respecto:

«Francisco encontró los pies y las piernas, y Bruno descubrió parte del cuerpo. El efecto que el descubrimiento tuvo sobre nosotros, fue electrizante.»

Alguien dijo que aquel día «vio la luz en América un nuevo mundo, una nueva ciencia: la arqueología». Su fundador fue John L. Stephens.

En esa época ya no eran ajenos para él los viajes ni la fama, puesto que había estudiado y escrito sobre Europa, el Cercano Oriente, Egipto, Arabia y la Tierra Santa. Pero todavía se sentía insatisfecho, y tenía visiones del pasado y la ansiedad de sumergirse en su propio destino.

El primer paso en esa dirección, lo dio en una visita que hizo a Londres, donde leyó los escritos de un capitán Del Río, titulados Descripción de una antigua ciudad, en los cuales relata su visita a las ruinas de una extraña ciudad de México, llamada Palenque. Más tarde oyó hablar de otra ciudad mexicana perdida, Uxmal; y en 1835, lo absorbió la lectura de un diario que describía las ruinas de la ciudad hondureña de Copan.

Palenque. Uxmal, Copan. Por la imaginación de Stephens pasaban nebulosas visiones de una civilización que había existido en América Central. Es asombroso, pero él fue el único de su época que se interesó en ella.

«En lugar de electrizar al público», escribió, «el artículo sobre Copan despertó escaso interés.» Seguir leyendo

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La abnegación

La abnegación

Vaughn J. Featherstonepor el élder Vaughn J. Featherstone
del Primer Quórum de los Setenta
Liahona, Enero de 1979

“Vosotros, mis jóvenes amigos que os estáis preparando para la misión, recordad que aunque esta es una de las experiencias más gloriosas de la vida, no es gloriosa porque sea fácil… La mayor satisfacción la experimentará aquel misionero que tenga la voluntad de practicar la abnegación.”

Durante los pasados meses he tenido una de las oportunidades más gloriosas de servir en la Iglesia como presidente de misión. Esta experiencia me ha guiado al tema que deseo tratar aquí.

El Salvador dijo:

«El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.» (Mateo 10:39. Cursiva agregada.)

Durante su visita a los habitantes de este continente, declaró:

«… bienaventurados los pobres de espíritu que vienen a mí, porque de ellos es el reino de los cielos.» (3 Nefi 12:3. Cursiva agregada.)

Además, en los últimos días, ha dicho: «Mando, y los hombres no obedecen; revoco, y no reciben la bendición.

Entonces dicen en sus corazones: Estaño es la obra del Señor, porque sus promesas no se cumplen. Pero ¡ay de tales! porque su recompensa viene de abajo y no de arriba.» (D. y C. 58:32-33.)

La abnegación es uno de los rasgos de carácter más distinguidos y que es evidente en los mejores hombres que conozco. Es un rasgo que muchos jóvenes han adquirido. Algunos años atrás, cuando el equipo de natación de la Universidad de Yale superaba muchas marcas mundiales, alguien preguntó al entrenador del equipo cómo lograba tal éxito, a lo que él replicó simplemente: «Les he enseñado a superar la barrera del dolor».

Un élder en nuestra misión ha sufrido algunos problemas de salud de cierta seriedad; padece de una alergia a la piel, además de bronquitis y sinusitis. Cuando yo llegué a la misión, él estaba durmiendo más tiempo por las mañanas, por temor de debilitarse y así contraer influenza; cuando regresaba a su cuarto a la hora del almuerzo, dormía una siesta por un par de horas para prevenir un posible resfrío o gripe. Mientras tanto, su compañero sufría de frustración y un día me comunicó su problema.

Yo llamé al médico de aquel misionero, el cual me dijo: «Pues bien, su estado de salud es malo, pero es mejor de lo que era cuando llegó al campo misional; sin embargo, no creo que vaya a experimentar grandes cambios, no obstante las horas que trabaje». Invité al élder a mi oficina y le dije que para mí sería preferible verle contraer la gripe de una vez por todas, a verlo en aquel constante temor. Hablamos del principio de sufrir en silencio, de simplemente salir a trabajar y hacer lo que el Señor requiere. Le dije: «El doctor dice que su condición no va a cambiar, y que no será afectada en manera alguna por la cantidad de trabajo que usted haga. Hemos hecho y estamos haciendo lo que puede hacerse. ¿Por qué no aprende a sufrir sus problemas de salud, silenciosamente, sin mencionarlos a nadie?»

Afortunadamente, él aceptó el consejo y lo puso en práctica, convirtiéndose desde entonces en uno de los mejores misioneros en la misión. Al cabo de un período de seis semanas fue avanzado a compañero mayor para capacitar a otros y luego a líder de distrito. ¡Qué gran misionero es ahora! Ha descubierto cómo sufrir en silencio y la forma de cumplir con su trabajo, y se ha convertido en un gran ejemplo de abnegación.

Otro misionero tenía la espalda muy débil, lo que lo hacía padecer de constante dolor. Él no sabía que yo conocía su condición. Aquel joven amaba tanto su trabajo que había mantenido en secreto sus dolores por temor de que se le relevara de su llamamiento.

Había un joven admirable, que habiéndose dañado ambas rodillas en una competencia deportiva, había solicitado al anterior presidente de la misión una bendición especial, que le permitiera seguir adelante por otro año entero, pero cada paso que daba, lo daba con sufrimiento. Cuando lo entrevisté antes de su relevo, me rogó que le diera autorización para permanecer dos años más en la misión. Seguir leyendo

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Sistemas de escritura entre los pueblos del Libro de Mormón

Sistemas de escritura entre los pueblos del
Libro de Mormón

por John L. Sorenson
Liahona, Enero de 1979

Como Santos de los Últimos Días, sabemos algo con respecto a la antigua escritura que se utilizaba en el continente americano por lo que liemos leído en el Libro de Mormón, y podemos complementar este conocimiento con los datos que los expertos han obtenido concerniente al mismo tema.

Los únicos sistemas auténticos de escritura que positivamente se sabe hayan sido usados antiguamente en el hemisferio occidental, se encontraban en la parte central y sur de México, y al norte de Centroamérica. En dicha región, se han descubierto más de media docena de sistemas diferentes pero afines. Durante varias generaciones, los expertos han tratado, con poco éxito, de descifrar los antiguos sistemas de escritura jeroglífica.

La mayoría de las civilizaciones antiguas no empleaban el alfabeto; en vez de ello, utilizaban una sola figura o símbolo, ya fuera para una silaba, o para una palabra o significado enteros. A este último sistema se le llamaba escritura «ideográfica» (representación de ideas). Un sistema ideográfico se componía de cientos, o aun miles de signos distintos, uno por cada palabra o idea. Los sistemas de escritura china y egipcia eran de este tipo; así también lo eran el maya y los de otros pueblos del Nuevo Mundo. El número de jeroglíficos egipcios era de aproximadamente 750, casi la misma cantidad que el de los primeros esquemas centroamericanos.

La mayoría de estos símbolos comunicaban una idea central; el diseño de la huella de un pie podría significar «pie», pero a la vez, podría significar «ir» o «jornada» de manera que el lector tenía que intentar dilucidar exactamente qué significaba el diseño. El significado tenía que aclararse ya fuera en base al contexto o mediante la adición de otro símbolo. Había caracteres que representaban sonidos en algo semejantes a un alfabeto: pero esa técnica, la cual utilizamos todo el tiempo, nunca se perfeccionó ni utilizó extensamente. Como resultado, se requería mucha experiencia y conocimiento para llegar a comprender el sistema escrito. La gente común no disponía de tiempo para ser instruida en tales asuntos; por lo general, sólo los sacerdotes y algunos de los que integraban la clase gobernante aprendían el complejo sistema.

El sistema descrito en el Libro de Mormón parece ser un sistema ideográfico con algunos símbolos que representan sonidos. Cuatrocientos años después del nacimiento de Cristo. Moroni refino que escribían en «caracteres» a los cuales llamaron «egipcio reformado» (Mormón 9:32-33). Esta escritura nefita parece haber sido complicada y un tanto ineficaz. Mormón dijo lo siguiente:

«Hay muchas cosas que no podemos escribir de acuerdo con nuestro idioma.» (3 Nefi 5:18.) Su hijo Moroni se lamentó ante el Señor, diciendo: Seguir leyendo

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La prueba de la adversidad

La prueba de la adversidad

Ezra Taft Bensonpor el élder Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce
Liahona, Enero de 1979

Todos tenemos nuestras vicisitudes. A quien el Señor ama, corrige. Es gracias a los golpes de la adversidad, que los seres humanos aprenden las lecciones que ayudan a forjar hombres y mujeres fuertes, y no a las circunstancias que rodean el pináculo del éxito. En la hora del triunfo se encuentra el mayor peligro del hombre; y a veces, es preciso que éste sufra sus reveses de fortuna para que logre apreciar las bendiciones de que goza, así como para que pueda desarrollar un carácter fuerte y valeroso.

Recuerdo bien a una joven pareja que hace algunos años empezó a dedicarse a la agricultura; eran de circunstancias económicas modestas, pero habían podido hacer el pago inicial de 16 hectáreas de tierra virgen. Decidieron cultivar melocotones, por lo tanto, nivelaron el terreno, plantaron los árboles, y luego se dieron a la tarea de regarlos y cuidarlos hasta que llegara el tiempo de la cosecha. Esa primavera en particular, la huerta se convirtió en un mar de flores, y parecía como si fuesen a tener una abundante cosecha; pero una noche, sin ninguna advertencia, hubo una helada que prácticamente acabó con toda la cosecha en cierne. El joven no asistió a la Iglesia el domingo próximo, ni el siguiente, ni el subsiguiente; por fin, su buen obispo fue a verlo que sucedía; lo encontró en el campo, y le dijo:

—John, no lo hemos visto en la Iglesia por varias semanas; ¿qué pasa? ¿Tiene algún problema?

John respondió:

—No, obispo, no volveré a ir. ¿Cree que puedo adorar a un Dios que permite que esto me suceda?

Y luego, procedió a explicar al obispo lo que había ocurrido. Naturalmente, éste también se afligió, y así lo expresó a John; y mientras miraba la tierra por un momento, le dijo:

—John, estoy seguro de que el Señor sabe que usted no puede producir los mejores duraznos después de la devastación dejada por la helada; pero también estoy seguro de que Él sabe que no se puede producir los mejores hombres sin que éstos experimenten las contrariedades que provocan, entre otras cosas de la vida, las inclemencias del tiempo; y Él está interesado en producir hombres, no duraznos.

Y bien, John asistió a la Iglesia al domingo siguiente, y con el paso del tiempo, tuvo mejores cosechas. Más tarde, llegó a ser obispo en la Iglesia.

Recuerdo también la ocasión en que asistí a una reunión en el Estado de Idaho, hace varios años; era patrocinada, en parte, por la Universidad de dicho Estado. Fue una reunión maravillosa; después que concluyó, saludaba yo a algunos de los agricultores que se encontraban presentes, cuando vi que entre ellos se encontraba el hermano Yost, a quien le pregunté:

—Hermano Yost, ¿cómo van las cosas en la granja?

El hermano Yost respondió:

—Creo que bien, hermano Benson, aunque en tres días perdí aproximadamente 20.000 dólares.

— ¿Cuál es el problema. . .  otra helada? —le dije.

—Sí —respondió—, nos arruinó completamente la cosecha del trigo. Aún tenemos un poco en la despensa, y por lo menos una parte de nuestro abastecimiento de un año en reserva. No nos moriremos de hambre, y habrá otra cosecha. Seguir leyendo

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El hogar ideal para los Santos de los Últimos Días

El hogar ideal para los Santos de los Últimos Días

Marion G. Romneypor el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Liahona, Enero de 1979

“En el hogar debidamente ordenado se pone el fundamento mismo del reino de Dios, de la rectitud, del progreso, del desarrollo, de la vida eterna y del aumento eterno en el reino de Dios,” —Presidente Joseph F. Smith

En un hogar ideal de Santos de los Últimos Días, presiden padres que han sido sellados por el poder del Sacerdocio, y si los hijos no nacieron bajo el convenio, habrán sido sellados a sus padres. Cada miembro de dicha familia pagará un diezmo justo.

En un verdadero hogar de Santos de los Últimos Días, cada día principia y termina con una oración, tanto familiar como individual; en él se enseña y se practica el Evangelio de Jesucristo mediante el precepto y el ejemplo, y se honra el Sacerdocio.

Los miembros de un verdadero hogar mormón, son leales el uno al otro; se aman, respetan y sostienen mutuamente.

Los Santos de los Últimos Días tenemos un concepto del matrimonio que difiere del de cualquier otra persona; para nosotros, el matrimonio es, como para muchas personas, el comienzo de una familia terrenal; pero es también el comienzo de una familia eterna. El esposo y la esposa han sido sellados mediante el Santo Sacerdocio y mediante el Santo Espíritu de la Promesa a fin de que su unión continúe durante las eternidades; sus hijos les pertenecerán para siempre. La realización de esta esperanza, es para los Santos de los Últimos Días el concepto del cielo.

Dicho concepto inspira a los futuros novios a llevar vidas limpias y puras; saben, como solía decir el presidente David O. McKay, “que aunque sabemos que el casamiento en el templo es un convenio digno y esencial, lo fundamental son la dignidad y pureza personales de los prometidos, las cuales se determinarán durante sus años de noviazgo, antes del casamiento mismo… La felicidad de la vida conyugal comienza en el noviazgo, no cuando se efectúa la ceremonia del matrimonio. Una vida pura es esencial para que el matrimonio en el templo tenga éxito”.

Vosotros, los que os habéis casado por las leyes de los hombres y que no habéis sido sellados, deberíais establecer el matrimonio en el templo como vuestra meta; haceos merecedores de ello, viviendo las normas del evangelio; buscad la ayuda del Señor en vuestra preparación, y después, en alguna forma, id al templo y sed sellados.

En una ocasión, el presidente Brigham Young dijo:

“Si comprendiera su importancia, cada joven de nuestra comunidad haría cualquier sacrificio o esfuerzo para casarse en la manera debida mediante el Sacerdocio, en el templo; ninguna señorita de nuestra comunidad que ame el evangelio y desee sus bendiciones, desearía casarse en cualquier otra manera.” (Journal of Discourses, 11:118.)

Ya he mencionado que un hogar de Santos de los Últimos Días, es aquél en donde se paga un diezmo justo. Concerniente al diezmo, el presidente Brigham Young, dijo: Seguir leyendo

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Ayuda por medio del Espíritu Santo

Ayuda por medio del Espíritu Santo
Por el élder Chi Hong (Sam) Wong
De los Setenta

El Espíritu Santo puede ayudarte en la escuela, la familia y el trabajo, así como en cuestiones espirituales.

Chi Hong (Sam) WongEl Espíritu Santo puede ayudarnos en cada aspecto de la vida. Aprendí eso de manera práctica cuando estudié en la Universidad Brigham Young–Hawái.

Por aquel entonces trabajaba e iba a la universidad horario completo. Además, mi esposa y yo teníamos un bebé que cuidar. Con todas esas exigencias en mi horario, no tenía mucho tiempo para estudiar. Cada día oraba para tener la compañía del Espíritu Santo. Necesitaba guía para ayudarme a aprovechar mi tiempo al máximo; necesitaba ayuda para entender el material y recordarlo luego durante los exámenes.

Ayuda del cielo para un examen

Un día, durante una clase, un profesor estaba escribiendo conjuntos de ecuaciones avanzadas en la pizarra para ilustrar un argumento. Aquellas ecuaciones complejas no se relacionaban con la clase, pero él quería comentarlas brevemente. Después de unos minutos, el profesor borró la pizarra.

La clase siguiente era de informática y ese día teníamos examen, ¡y nos preguntaron las mismas ecuaciones que estaban en la pizarra en la clase anterior! Lo más asombroso es que nunca las habíamos estudiado en la clase de informática. Me acordé de la clase anterior a la que había asistido y pude responder el problema.

Cuando el profesor de informática corrigió los exámenes, estaba tan seguro de que nadie había respondido ese problema específico de manera correcta que automáticamente marcó como erróneas las respuestas de todos los alumnos, pero cuando me devolvió el examen, le mostré que mi respuesta era correcta. Fue maravilloso.

El Espíritu Santo me ayudó a aprovechar al máximo todas las oportunidades de estudio que tuve en la universidad. Obtuve altas calificaciones y logré becas que me ayudaron a costearme los estudios.

Guía a lo largo de la vida

Hacia el final de mis estudios, muchos de mis amigos tenían pensado seguir estudiando y cursar una maestría. A mí me encantaba estudiar y quería hacer lo mismo que ellos, pero el Espíritu me dijo claramente que mi misión en Hawái había terminado: era hora de volver a casa en Hong Kong.

Mi esposa y yo hicimos caso de esa impresión. En aquel entonces no pude entender por qué se me disuadía a seguir con mi formación académica, pero a veces seguimos el Espíritu sin saber todos los detalles. Si bien ni mi esposa ni yo sabíamos qué esperar durante nuestra búsqueda de empleo y de un apartamento, fuimos bendecidos y no tardamos en tener éxito.

Al mirar ahora hacia atrás, entiendo por qué el Espíritu fue tan intenso al alentarnos a regresar a Hong Kong. Fue muy valioso para mi familia y para mí ser fortalecidos en la Iglesia entre los miembros de ese lugar. Serví como obispo, consejero en la presidencia de estaca y presidente de estaca antes de ser llamado como Setenta de Área. Después de jubilarme, obtuve una maestría. Todas aquellas experiencias contribuyeron a prepararme para mi llamamiento actual.

Les testifico que procurar la guía del Espíritu Santo y seguirla es siempre la mejor manera de planificar y vivir la vida. Ustedes ya recibieron el don del Espíritu Santo cuando fueron confirmados miembros de la Iglesia, y si utilizan ese don, les será de gran ayuda en todo lo que hagan.

Dos maneras de estar en armonía

Para el Padre Celestial todo es espiritual: cada parte de nuestra vida. Él sabe lo que es mejor para nosotros y quiere enseñarnos y guiarnos por la vida. De modo que, es vital que estemos en armonía con la guía espiritual del Espíritu Santo a fin de recibir esa dirección. Aquí tienen dos maneras que me han ayudado a estar en armonía con el Espíritu Santo:

1. Lean el Libro de Mormón a diario. Cuando yo era joven, el Presidente de la Iglesia, Ezra Taft Benson (1899–1994), enseñó sobre la importancia de leer el Libro de Mormón diariamente. Empecé a hacerlo y, según recuerdo, lo he hecho desde entonces. Cada día procuro un momento apacible para leer y meditar. Mientras leo, muchas veces el Espíritu Santo me enseña algo nuevo.

2. Eviten las distracciones mundanas. Ustedes son jóvenes y tienen muchos talentos. Son inteligentes y pueden estar en armonía espiritual de manera asombrosa; pero el mundo intenta distraerlos por todos los medios. Si están dispuestos a prestar atención y a bloquear las distracciones, entonces recibirán la guía que necesitan del Espíritu Santo.

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Por qué es importante graduarse de Instituto

Por qué es importante graduarse de Instituto
Por Matthew Porter Wilcox
Seminarios e Institutos

Puedes elevar tu nivel de aprendizaje del Evangelio al tomar las cuatro nuevas clases fundamentales de Instituto.

“El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo a los jóvenes adultos en la Conferencia General de abril de 2015: “… lo que necesitamos actualmente es la generación más grandiosa de jóvens adultos de la historia de la Iglesia.“[Los jóvenes adultos] deben inscribirse en Instituto de religión… [Las clases de] Instituto… brindarán equilibrio a su vida y serán un aporte a su formación secular al brindarles otra oportunidad de pasar tiempo estudiando las Escrituras y las enseñanzas de los profetas y apóstoles”1.

A fin de ahondar el conocimiento de los jóvenes adultos sobre el Evangelio, fortalecer su testimonio y dedicación a Jesucristo, y hallar guía para su vida, el programa de Instituto ha recalcado la necesidad de elevar el nivel de aprendizaje de todo joven adulto. Esa elevación se refleja de tres maneras considerables: al proporcionar cuatro nuevos cursos fundamentales, al dar mayor importancia a la graduación de Instituto y al invitar a todos los alumnos a desempeñar un papel más activo en su aprendizaje espiritual, completando las asignaciones de lectura y las evaluaciones de aprendizaje.

¿En qué consisten los cuatro nuevos cursos fundamentales?

Aunque se seguirán ofreciendo cursos tales como el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios, los cuatro nuevos cursos fundamentales constituirán ahora el núcleo de los cursos de Instituto. Los cursos son: (1) Jesucristo y el Evangelio sempiterno, (2) Fundamentos de la Restauración, (3) La familia eterna y (4) Enseñanzas y doctrina del Libro de Mormón. Como lo implica el nombre, esas clases enseñan la doctrina y la historia fundamentales, así como las enseñanzas elementales del Evangelio, tal como se encuentran en las Escrituras y en las palabras de los profetas vivientes.

“[Esas nuevas clases fundamentales] pueden llevar a que se efectúe un estudio más a fondo que en los cursos generales de tipo secuencial anteriores”, declaró Brent L. Top, decano de educación religiosa de la Universidad Brigham Young. Chad Webb, administrador de Seminarios e Institutos de Religión, añadió: “Las Escrituras están entretejidas, y a medida que se avanza en conjunto, hay perspectivas, entendimiento y fortaleza que se logran de un estudio de todos los libros canónicos”2.

Esta jovencita está de acuerdo: “Me pregunté cuánto podría aprender en realidad acerca de la Restauración que no supiera ya, pero comencé a entender principios y a relacionar temas que nunca había entendido ni relacionado antes. El curso incluía temas tales como el matrimonio plural, el sacerdocio para todos los varones dignos y la masacre de Mountain Meadows. Los análisis que realizamos en clase me brindaron información arraigada en la fe en vez de la duda. El curso también ligó la Restauración a los acontecimientos actuales, de modo que reconocí que en realidad soy parte de la Restauración. No solo se trata del Profeta José Smith, del presidente Brigham Young y de otros pioneros, ¡sino también de mí!”.

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Qué nos enseña el Libro de Mormón sobre la felicidad?

¿Qué nos enseña el Libro de Mormón sobre la felicidad?
Por Hank R. Smith
Profesor de Educación Religiosa de la Universidad Brigham Young

Siete principios que podemos extraer de dos capítulos del Libro de Mormón nos enseñan lo que se requiere para ser verdaderamente felices.

Lehi le enseñó a su hijo Jacob: “… existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25).

Todos deseamos ser felices. Con frecuencia añoramos la alegría, la paz y la satisfacción que vemos en nuestros familiares y amigos, cuyas vidas parecen estar llenas de felicidad. Todos, en un momento u otro, han sentido falta de felicidad en su vida; algunos quizás se han preguntado: “¿Seré feliz algún día?”.

El presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “… el Señor ha incorporado en [el Libro de Mormón] el mensaje que Él tiene para ustedes. Nefi, Mormón y Moroni lo sabían, y los que lo compilaron dejaron en él mensajes para ustedes”1. Debido a que Dios desea que todos Sus hijos sean felices en esta vida, Él ha incorporado principios eternos de felicidad en el Libro de Mormón. A pesar de que esos principios se pueden encontrar a lo largo del libro, dos capítulos en particular —2 Nefi 5 y 4 Nefi 1— contienen pautas definidas que nos guiarán a una mayor felicidad si estamos dispuestos a vivir de acuerdo con ellas.

2 Nefi 5

Poco después de la muerte de Lehi, el Señor le advirtió a Nefi que Lamán y Lemuel intentarían quitarle la vida. El Señor le dijo a Nefi que tomara a aquellos que estuviesen dispuestos a ir con él y que huyeran al desierto. Aunque ciertamente debió haber dificultades con ese éxodo y el establecimiento de una nueva comunidad, en 2 Nefi 5:27, Nefi explicó: “Y aconteció que vivimos de una manera feliz”. En ese capítulo se establece un modelo de felicidad que podemos seguir en nuestra propia vida.

Mantener un círculo social en el que la relación sea edificante

Nefi nos dice que aquellos que huyeron con él al desierto eran aquellos que “creían en las amonestaciones y revelaciones de Dios” (versículo 6). Una fuente importante de felicidad es nuestro círculo social. Es importante que pasemos tiempo con aquellas personas que creen lo mismo que nosotros y cuya presencia es edificante. Además de pasar tiempo con la familia, podemos tener una relación edificante con amigos que fortalecen nuestra fe. Esas interacciones y asociaciones tienen un impacto significativo en nuestra felicidad. Christine Carter, socióloga de la Universidad de California, Berkeley, escribió: “La cantidad y la calidad de las conexiones sociales de una persona —amistades, relaciones con familiares, asociación con los vecinos, etc.— están tan estrechamente relacionadas al bienestar y a la felicidad personal que ambas prácticamente se pueden considerar iguales”2.

Alinear las acciones con las creencias

En el versículo 10, Nefi escribe que su pueblo cumplió los “mandamientos del Señor”. La obediencia a los mandamientos es una parte importante de vivir una vida feliz. El rey Benjamín animó a su pueblo a que “[considerara] el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios” (Mosíah 2:41). Es difícil ser felices cuando creemos en los mandamientos de Dios pero no los vivimos. La obediencia brinda tranquilidad mental y de conciencia. Se dice que el líder espiritual y político de India, Mahatma Gandhi, escribió que: “La felicidad es cuando lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos están en armonía”. Si nuestras creencias y acciones no concuerdan, el arrepentimiento es la clave para volver a establecer la armonía en nuestra vida.

Llevar a cabo trabajo arduo

En los versículos 11 y 15 de 2 Nefi 5, Nefi escribe que su pueblo plantó y cosechó, crió animales, construyó edificios y trabajó con diversos minerales. Él dijo: “… yo, Nefi, hice que mi pueblo fuese industrioso y que trabajase con sus manos” (versículo 17). En esos versículos vemos claramente que el trabajo es un factor vital para obtener la felicidad. Cada día proporciona oportunidades para trabajar en nuestro hogar, en sus alrededores, en la comunidad y en nuestro empleo. El presidente Thomas S. Monson ha dicho: “Dios dejó el mundo sin terminar para que el hombre empleara sus aptitudes en él; dejó la electricidad en la nube y el petróleo en la tierra; no tendió puentes sobre los ríos, no taló los bosques, ni edificó ciudades. Dios le da al hombre el reto de la materia prima, no la facilidad de las cosas terminadas. Nos deja los cuadros sin pintar, la música sin componer y los problemas sin resolver, a fin de que nosotros mismos descubramos la dicha y la gloria de crear”3. En palabras sencillas, el júbilo de ser creativo y el sentimiento de logro que con frecuencia acompañan al trabajo arduo brindan felicidad.

Centrarse en el templo

Nefi también nos dice que él y su pueblo se tomaron el tiempo para edificar un templo (versículo 16) a medida que establecían su nueva comunidad. Las bendiciones del templo y la felicidad son inseparables. El templo nos enseña sobre el Plan de Salvación y nos recuerda por qué estamos aquí en la tierra. Aprendemos que somos hijos de un amoroso Padre Celestial y que nuestra vida tiene un gran propósito en Su plan. En el templo nos sentimos más cerca de Él; sentimos Su presencia, Su poder y Su aprobación. Incluso si no podemos asistir al templo con regularidad, el tener una recomendación vigente para el templo y tener en nuestro hogar una lámina del templo nos recuerda las experiencias que hemos tenido en el templo y las verdades que hemos aprendido allí.

4 Nefi 1

En 4 Nefi, el profeta e historiador Mormón nos dice lo que le ocurrió al pueblo después de que el Salvador visitó al pueblo de Nefi. Al describir a esas personas, señaló lo siguiente: “… ciertamente no podía haber un pueblo más dichoso entre todos los que habían sido creados por la mano de Dios” (4 Nefi 1:16).

Compartir lo que tenemos

En el versículo 3, Mormón escribe que esas personas “tenían en común todas las cosas” y que “no había ricos ni pobres”. Al procurar la felicidad en nuestra propia vida en la actualidad, es importante que aprendamos a compartir lo que tenemos con los demás.

Diversos estudios han demostrado que el tiempo que se dedica al servicio y el dinero que se gasta en los demás afectan directamente nuestra felicidad4. Por tanto, no es de extrañar que el rey Benjamín dijera a su pueblo: “… quisiera que de vuestros bienes dieseis al pobre, cada cual según lo que tuviere, tal como alimentar al hambriento, vestir al desnudo, visitar al enfermo, y ministrar para su alivio, tanto espiritual como temporalmente, según sus necesidades” (Mosíah 4:26). Tenemos muchas oportunidades de ayudar a los necesitados mediante el servicio, las ofrendas de ayuno y otros fondos que la Iglesia administra.

El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “A lo largo de la historia, la pobreza ha sido uno de los mayores y más extendidos problemas de la humanidad. Su costo más evidente suele ser físico, pero el daño espiritual y emocional que genera podría ser aún más debilitante. En todo caso, el llamado más persistente que jamás haya hecho el gran Redentor es el de sumarnos a Él para levantar esa carga de las personas”5. Al brindar más esfuerzo, tiempo y recursos para ayudar a los demás, encontraremos un aumento en nuestra propia felicidad.

Pertenecer a una familia

Mormón nos dice que esas personas “se casaban y se daban en matrimonio” (4 Nefi 1:11). El casarse y criar hijos (véase el versículo 10) puede ser una gran fuente de felicidad para aquellos que tienen esas oportunidades. El presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “La felicidad en el matrimonio y la paternidad pueden exceder miles de veces cualquier otro tipo de felicidad”6.

Sin embargo, no tenemos que estar casados ni tener hijos propios para formar con nuestros familiares lazos que brinden felicidad. Los adultos solteros, los jóvenes y los niños pueden también tomar parte en esas bendiciones. A fin de tener felicidad en la vida familiar, debemos esforzarnos por brindar a cada miembro de la familia nuestra amistad, comprensión y amor. La familia puede proporcionar seguridad emocional y física y un sentido de pertenencia, lo cual es esencial para experimentar felicidad.

Ser un pacificador

En cuatro ocasiones a lo largo de 4 Nefi, Mormón nos dice que entre esas personas “no había contenciones” (véanse los versículos 2, 13, 15 y 18) “a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo” (versículo 15). La contención y la felicidad son polos opuestos: el uno nos aleja del otro. El Salvador advirtió a los nefitas sobre los peligros de la contención cuando dijo: “… aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención” (3 Nefi 11:29). Debemos asegurarnos de hacer un gran esfuerzo por no hacer ni decir nada que lleve el espíritu de contención a nuestros lugares de trabajo, a nuestras instituciones académicas y a nuestros hogares. Más bien, debemos hacer todo lo posible por fomentar el amor de Dios en nuestro propio corazón.

Muchas veces, la contención surge de la impaciencia. Con la ayuda del Espíritu, podemos cambiar nuestra naturaleza y ser más pacientes. El presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “La impaciencia… es síntoma de egoísmo. Es una característica de los absortos en sí mismos. Es el resultado de una afección demasiado común conocida como el Síndrome de ‘creerse el centro del universo’, el cual lleva a las personas a creer que el mundo gira en torno a ellas y que todos los demás son simplemente actores de reparto en esa gran pieza teatral de la vida mortal en la cual solo ellas tienen el papel protagónico”7.

Hay una manera mejor. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) nos invitó a “cultivar el arte de la respuesta blanda; será una bendición en su hogar, será una bendición en su vida”8.

Una invitación a procurar la felicidad

El Libro de Mormón contiene principios de felicidad. Hemos cubierto solo una parte de lo que se encuentra en esos dos capítulos. ¿Qué podríamos encontrar en el resto del libro? Sería prudente que iniciásemos nuestra propia búsqueda en el Libro de Mormón para encontrar incluso más pautas para una vida más feliz. El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) prometió a los santos: “El momento en que empiecen a [estudiar el Libro de Mormón] seriamente… encontrarán vida en mayor abundancia”9. El Señor nos ha dado esta increíble herramienta; podemos aprender a utilizarla a fin de bendecir nuestra propia vida y la de las personas a quienes amamos.

Notas

  1. Henry B. Eyring, “El Libro de Mormón cambiará sus vidas”, Liahona, febrero de 2004, pág. 15.

  2. Christine Carter, “Happiness Is Being Socially Connected”, 31 de octubre de 2008, greatergood.berkeley.edu.

  3. Véase de Thomas S. Monson, “En pos de la vida plena”, Liahona, agosto de 1988, pág. 3.

  4. Véanse, por ejemplo, Dunn et al., “Spending Money on Others Promotes Happiness”, Science, tomo CCCXIX, 2008, págs. 1687–1688; Netta Weinstein y Richard M. Ryan, “When helping helps: Autonomous motivation for prosocial behavior and its influence on well-being for the helper and recipient”, Journal of Personality and Social Psychology, tomo XCVIII, 2010, págs. 222–224; y Aknin et al., “Prosocial spending and well-being: Cross-cultural evidence for a psychological universal”, Journal of Personality and Social Psychology, tomo CIV, 2013, págs. 635–652.

  5. Véase de Jeffrey R. Holland, “¿No somos todos mendigos?”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 40.

  6. Véase de James E. Faust, “La santidad del matrimonio”, Liahona, febrero de 1978, pág. 12.

  7. Dieter F. Uchtdorf, “Continuemos con paciencia”, Liahona, mayo de 2010, pág. 57.

  8. Gordon B. Hinckley, “Cornerstones of a Happy Home”, discurso pronunciado en una transmisión vía satélite para esposos y esposas, 29 de enero de 1984, pág. 8.

  9. Ezra Taft Benson, “El Libro de Mormón: La [piedra] clave de nuestra religión”, Liahona, octubre de 2011, pág. 57.

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