El propósito de la oración

El propósito de la oración
por William G. Dyer

Un día en que mi madre se encontraba de visita en nuestra casa, y toda la familia se preparaba para salir de paseo, sucedió un pequeño desastre: en el momento de salir no podíamos encontrar las llaves del auto. Los padres, todos los niños y la abuela buscamos por todas partes, pero las llaves no se encontraban y pensamos con desmayo que probablemente tendríamos que quedarnos en casa. Fue entonces cuando mi madre se disculpó por un momento y se fue a su dormitorio. A los pocos minutos, uno de los niños encontró repentinamente las llaves… que habían caído debajo de una alfombra, quedando allí escondidas.

Cuando nos dirigíamos felices a nuestro paseo, uno de los niños le preguntó a la abuela:

— Abuela, ¿por qué te fuiste a tu dormitorio en lugar de ayudar a buscar las llaves?

La respuesta de la abuela penetró lentamente en las atentas mentes de los cinco niños que la escuchaban:

— Como sabía muy bien lo desilusionados que estarían toaos si no podíamos ir a nuestro paseo, me aparté para orar a fin de que pudiéramos encontrarlas. Yo sabía que después de eso las encontraríamos.

Algún tiempo después ocurrió otra pequeña crisis familiar. Mi hija adolescente perdió ambos lentes de contacto; afligida, sólo podía acusarse diciendo:

— ¡Cómo pude ser tan estúpida!

El silencio de los demás de la familia le dio a entender que todos estaban más o menos de acuerdo con ella. Nuevamente, todos nos embarcamos en la tarea de buscar los lentes de contacto perdidos. Mientras yo mismo me encontraba en dicha búsqueda, pasé frente al cuarto de mi hija; la puerta estaba entreabierta, y pude verla arrodillada junto a su cama y oír sus suplicantes palabras rogando al Padre Celestial que “por favor, por favor”, nos ayudara a encontrar los lentes. Aunque todos buscamos cuidadosamente durante horas, y aun a pesar de nuestros mejores esfuerzos, aquellos anteojos nunca aparecieron. Mi hija se encontraba perpleja y más tarde me dijo:

—Después de orar, yo estaba segura de que encontraría mis lentes de contacto; recordaba el día en que la oración de abuela nos ayudó a encontrar las llaves del auto. Pero no los encontramos y no puedo comprender por qué.

Esta jovencita se encontraba luchando con uno de los grandes problemas a los que se enfrentan muchas personas: ¿Es verdad que el Señor realmente oye y contesta nuestras oraciones? A veces parecería que recibimos respuesta a nuestras oraciones, pero otras veces parecería que son totalmente ignoradas. En otras ocasiones, por causa de experiencias como las que tuvimos con las llaves del auto y los lentes de contacto, nos hacemos preguntas como: ¿Contesta el Señor las oraciones de las abuelas y no las de los adolescentes? ¿Tienen algunas personas más influencia sobre el Señor que otras? ¿O es que acaso el encontrar las llaves o lentes de contacto es mera casualidad, sin que Él tenga nada que ver con ello? Seguir leyendo

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La nobleza del trabajo

La nobleza del trabajo
por el presidente Heber J. Grant

Heber J. GrantLa historia de su vida está llena de valiosas lecciones que los padres pueden usar para enseñar a sus hijos importantes virtudes. En el artículo siguiente, escrito para la revista Improvement Era en 1899, el presidente Grant nos relata algunas de ellas.

Siempre me he esforzado por inculcar en los jóvenes la idea de que es indispensable que trabajen hasta lo máximo de su capacidad, y que mientras lo hacen jamás se sientan desalentados por nada de lo que les espera. Alguien ha dicho:

“Nada hay que sea tan inapropiado para un joven que aquella modestia que lo hace imaginar que no es capaz de realizar grandes cosas; dicha modestia es una debilidad del alma, que la incapacita para dar lo mejor de sí misma. Hay que reconocer el genio superior y el mérito de algunas personas, que están convencidas de que nada es imposible para ellas.”

“Levántate, y manos a la obra; y Jehová esté contigo.” (1 Crónicas 22:16.)

“En la vida diaria realizar la tarea que nos depara el día es de primordial sabiduría.

Aquel que pierde riquezas, pierde mucho; el que pierde amigos, pierde aún más; pero aquel que pierde su espíritu, lo ha perdido todo.” (Miguel de Cervantes.)

Lord Bulwer Lytton, novelista inglés y autor del libro Los últimos días de Pompeya, escribió:

“¡Sueña, oh juventud! Sueña virtuosa y noblemente, y tus sueños se convertirán en profecías.”

Si las personas pudieran memorizar las citas anteriores y hacer que los sentimientos expresados en ellas se conviertan en las normas de su vida, esta acción sería de tremendo valor para ellas.

En la batalla de la vida no he encontrado nada que sea más valioso para mí, que llevar a cabo los deberes del día de la mejor forma posible de acuerdo con mis habilidades; y bien sé que cuando los jóvenes hacen esto, se preparan mejor para las labores del mañana…

En mi juventud, mientras todavía asistía a la escuela, un día me mostraron un hombre y me dijeron que trabajaba como tenedor de libros para un gran banco en Salt Lake City, y que se decía de él que recibía un salario de 150 dólares por mes. Recuerdo que después de hacer los cálculos saqué la conclusión de que ganaba 6 dólares por día, no trabajándolos domingos, lo cual me pareció una enorme cantidad de dinero; aunque entonces todavía no había leído las inspiradoras palabras de Bulwer Lytton que he citado anteriormente, empecé a soñar con llegar a ser tenedor de libros y trabajar para la misma compañía que trabajaba aquel hombre; inmediatamente me inscribí en una clase de contaduría en la Universidad Deseret, con la esperanza de que algún día pudiera llegar a ganar lo que en aquel momento me parecía un extraordinario salario. Quisiera citar otra excelente frase de Lytton: Seguir leyendo

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Una religión práctica

Liahona Octubre de 1979

Una religión práctica

N. Eldon Tannerpor el presidente N. Eldon Tanner

En el curso de mi vida a menudo se me ha preguntado: “¿Qué tiene su Iglesia, que hace que ustedes hagan cualquier cosa que se les pida y vayan a dondequiera que los envíen, sean cuales sean sus intereses personales o económicos?”

Al responder a esta pregunta siempre he dado mi testimonio de que la obra de la Iglesia es divina, que está dirigida por Jesucristo, y que no habría ninguna obra más importante en la cual pudiera encontrarme embarcado, ni ninguna tan recompensadora. Muy a menudo se me ha respondido: “Desearía poder decir lo mismo acerca de mi religión”. Entonces he tratado de explicar a mi interlocutor cómo puede lograr un conocimiento de que este evangelio es verdadero, y que es el camino hacia la salvación y la vida eterna.

¿Qué tiene esta religión que la hace tan atractiva a los ojos de todo aquel investigador de corazón honrado? ¿Por qué está la Iglesia creciendo tan rápidamente y obteniendo tantos conversos en todo el mundo? Permitidme citar algunas de las razones.

El principal objetivo de la mayoría de las personas es encontrar la felicidad y una paz interior que puedan ayudarles a lograr lo máximo de esta vida, y a enfrentar los problemas y las pruebas por las que todos tenemos que pasar. Como dicen algunos filósofos, lo que realmente importa no es lo que nos suceda, sino la forma en que nos enfrentamos a esos sucesos. Es en esto que la religión tiene un importante papel en nuestra vida.

En el principio, cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio ciertas instrucciones o mandamientos, y en esencia les dijo que su felicidad dependería de su obediencia a esos mandamientos. En estos últimos días Él nos ha repetido casi la misma cosa cuando dijo:

“Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis.” (D. y C. 82:10.)

Es por medio de la religión, o sea el evangelio, que podemos aprender los mandamientos, lo que Dios quiere de nosotros y lo que Él nos tiene reservado. Yo desafío a cualquiera a que encuentre en el Evangelio de Jesucristo, el más mínimo detalle que no esté destinado a hacernos felices y prósperos, amados y respetados, bondadosos y considerados con nuestros semejantes, buenos ciudadanos y miembros útiles de la comunidad. Cuando no tenemos estos atributos, no podemos culpar por ello al evangelio, sino a las personas que no están viviendo como debieran.

El Evangelio de Jesucristo enseña que el hombre es eterno, que vivió como un espíritu antes de venir a la tierra, y que después de la muerte será resucitado y morará en un lugar que ha de determinarse de acuerdo con la forma en que haya guardado su estado mortal (véase Abraham 3:26). Cada persona puede decidir por sí misma si desea vivir con Dios para siempre, o si se verá eternamente privado de Su presencia.

Uno de los principios del evangelio es que la familia continuará para siempre como una unidad eterna. Cuando existe verdadero amor entre marido y mujer, es sumamente reconfortante saber que por medio de una ordenanza especial, llevada a cabo en el Santo Templo, ambos pueden ser sellados por esta vida y por toda la eternidad, y que los hijos nacidos de esta unión estarán con ellos para siempre. ¡Qué conocimiento tan glorioso! Seguir leyendo

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Seguid a vuestros líderes

Seguid a vuestros líderes

Boyd K. Packerpor el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce

23 de marzo de 1965. Discurso pronunciado en la Universidad de Brigham Young.

Os ruego que por un momento adoptéis una actitud similar a la de esos apóstoles, olvidéis nuestra tendencia humana a rechazar consejos y os hagáis estas preguntas: ¿Necesito mejorar mi manera de ser?… ¿Seré yo uno de ésos, Señor?

En estas pocas palabras puedo expresar por entero mi discurso: Seguid el consejo de vuestros líderes. Esa es la amonestación más importante que puedo daros, y a continuación trataré de ilustrar y desarrollar este tema.

En el capítulo 26, versículo 21 de Mateo, leemos: ‘

“Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.”

Podemos sacar una enseñanza de la reacción de los apóstoles ante esta afirmación de Jesús. Siempre me pareció interesante el hecho de que esos hombres no se codearan los unos a los otros y susurraran: “Estoy seguro de que será Judas. ¿Se han dado cuenta de su extraña actuación, últimamente?” Recordemos que aquéllos eran nada menos que Apóstoles del Señor Jesucristo. Y, sin embargo:

“Entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?” (Mat. 26:22.)

Os ruego que por un momento adoptéis una actitud similar a la de esos apóstoles, olvidéis nuestra tendencia humana a rechazar consejos y os hagáis estas preguntas: ¿Necesito mejorar mi manera de ser? ¿Tomaré este consejo en serio y lo pondré en práctica? Si hay alguien que mostrando debilidad de carácter, no esté dispuesto a obedecer a sus líderes, ¿seré yo uno de ésos, Señor?

En. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no hay un clero profesional, como encontramos en otras iglesias. Y aún más importante que esto, en nuestra Iglesia no hay miembros legos; todos los hombres pueden ser ordenados al sacerdocio y llevar a cabo la obra del ministerio; y tanto hombres como mujeres, pueden trabajar en las organizaciones auxiliares. Se otorga a los miembros esta responsabilidad sin tener en cuenta a qué clase social pertenecen; y ella va acompañada de autoridad. La validez de esta autoridad no depende de que los hombres quieran reconocerla o apoyarla, sino de que Dios la reconozca como Suya.

El quinto Artículo de Fe dice:

“Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas.”

En este Artículo de Fe encontramos evidencia de la verdad del evangelio. Quiero referirme a la palabra “debe”: “Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios…” Como sabéis, nosotros no usamos comúnmente esa palabra en la Iglesia. Creo que ningún presidente de estaca ha recibido nunca instrucciones de las Autoridades Generales diciéndole: “Por la presente le comunicamos que debe hacer tal o cual cosa”. Por lo contrario, pienso que los comunicados son más o menos así: “Después de considerarlo, le sugerimos que…”

Desgraciadamente, muchos lo leen como está escrito, pero luego actúan como si dijera: “Creemos que en algunas ocasiones, no siempre, actuamos guiados por la inspiración cuando hacemos un llamamiento, un cargo; quizás para los cargos más importantes en la Iglesia. Sin embargo, la mayoría de las veces nos basamos en los procesos naturales de la razón”. Esta actitud parece prevalecer sobre todo en los que se complacen en buscar las debilidades de los líderes de la Iglesia, al ver que éstos son también humanos. Muchas veces, cuando éstos dirigen los asuntos de la Iglesia en forma impropia, estas personas lo toman como evidencia de que la naturaleza humana predomina incluso en los asuntos de Dios.

Otros están dispuestos a sostener a algunos de los dirigentes de la Iglesia, mientras critican y dudan de otros.

Dónde empieza la lealtad
Algunos pensamos que si fuéramos llamados a ocupar un puesto importante en la Iglesia, con valentía daríamos un paso adelante y con lealtad nos dedicaríamos por entero al servicio de Dios. Seguir leyendo

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Sin riesgo no hay progreso

Septiembre de 1979
Sin riesgo no hay progreso
por el élder Royden G. Derrick
del Primer Quorum de los Setenta

Royden G. DerrickEl pintor que hubiera conseguido reproducir los colores del paisaje ese día, lo habríamos llamado exagerado. Los brillantes tonos de amarillo, marrón y el gris de las sierras, haciendo contraste con el azul de las montañas distantes, formaban una escena que sólo la naturaleza puede pintar.

Yo estaba al borde de un gran precipicio, y el lugar sobre el que estaba parado era de roca arenisca blanca. Era extraño lo descolorido que se veía el terreno que estaba pisando, cuando la misma piedra a la distancia lucía hermosísima. Así también es la vida, pensé.

Miré hacia abajo y vi el rio Colorado como una diminuta serpiente entre las montañas; sentí que me mareaba y retrocedí por miedo de perder el equilibrio. Frente a mí y mirando más arriba, vi la otra montaña que estaría a unos 180 metros de distancia. Al darme cuenta de lo lejos que estábamos de la civilización me dije sobrecogido: ¡Para qué nos habremos comprometido!

Habíamos firmado un contrato por el que nos hacíamos responsables de construir la base de acero sobre la cual se haría un puente en la garganta del río Colorado; íbamos a emprender el proyecto sin experiencia alguna, solamente basados en los diseños y computaciones de nuestros ingenieros. Lo último que hubiera hecho en esas circunstancias hubiera sido expresar mis dudas en voz alta; mi actitud tenía que ser positiva. Todos, los planes se vendrían abajo si yo, el director de la empresa, demostrara cobardía o poco sentido común en nuestro proyecto de explorar nuevos horizontes.

Era un momento decisivo para los que habíamos trabajado tanto para ganamos una buena reputación como compañía. ¡No podíamos volvernos atrás! Este pensamiento ayudó a disipar mi temor: Si el hombre nunca se arriesgara a buscar nuevos horizontes, el mundo no progresaría.

¿Cómo emprender la tarea de tender un puente a través de semejante abismo? Primero extendimos una cuerda fina de un lado al otro del río; usamos ésta para tirar de una más gruesa y luego de otra de mayor grosor; y seguimos este proceso sustituyendo las cuerdas, con cables cada vez más fuertes hasta que tuvimos un cable de acero de 76 milímetros de espesor cruzando el abismo, sostenido por torres altísimas a cada lado. Ese cable se usaba para llevar las piezas de acero a sus respectivos lugares en la estructura; algunas pesaban alrededor de 30 toneladas. Seguir leyendo

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Siempre hay algo que aprender

Septiembre de 1979
Siempre hay algo que aprender
por Marion D. Hanks
de la Presidencia del Primer Quorum de los Setenta

Marion D. HanksLa historia nos relata el caso de una desconocida mujer soltera, ya entrada en años, que porfiaba en que ella nunca había tenido una oportunidad de aprender nada. Así se lo dijo, refunfuñando, al doctor Louis Agassiz, eminente naturalista, al terminar éste de dar una conferencia en Londres. A esa queja, él le contestó:

— ¿Dice usted que la vida nunca le ha presentado oportunidad de aprender nada? Dígame, ¿qué ocupación tiene usted?
— Soy soltera y ayudo a mi hermana, que administra una casa de huéspedes.
— ¿Qué labores realiza usted? —le preguntó él.
— Pelo patatas y corto cebollas.
— ¿Podría decirme dónde se sienta usted mientras lleva a cabo esas tareas domésticas?
— Al pie de la escalera, en la cocina.
— Y, ¿dónde apoya usted los pies?
— En la baldosa.
— ¿De qué está hecha la baldosa?
— No lo sé, señor,
— ¿Cuánto tiempo lleva usted trabajando en ese mismo sitio? —inquirió él.
— Quince años— le contestó la moza.
— Señorita, tenga usted mi tarjeta de visita, y mi dirección —le dijo el doctor Agassiz—. ¿Tendría usted la bondad de enviarme, por escrito, todo lo que averigüe con respecto a la elaboración de la baldosa?

Ella tomó el asunto con absoluta seriedad. Se fue a casa y al llegar allí, fue directamente a buscar la definición de la palabra en un diccionario: descubrió que era una porción de barro fino y cocido. Pero como esa definición le pareció demasiado sencilla para enviarla al doctor Agassiz, después de lavar la vajilla, encaminó sus pasos a la biblioteca, y allí buscó una enciclopedia, en la cual leyó más acerca del tema. Al hacerlo, fue encontrando nuevas palabras que ella ignoraba, pero la definición de las cuales se dio el trabajo de buscar. Después, visitó los museos. Y así, fue saliendo del sótano de su vida hacia un mundo nuevo, en las alas de la investigación. De tal modo se fue interesando en esa materia, que llegó a entrar en el terreno de la geología, dedicándose de lleno al estudio más profundo de ese campo, hasta llegar a la época en que Dios creó la tierra. Una tarde, fue a una fábrica de ladrillos y baldosas, donde averiguó de la historia de más de 120 clases diferentes de ellos, y la razón por la cual debían fabricarse tantos. Hecho todo eso, se dio a la tarea de escribir sobre el tema de la elaboración de la baldosa y los ladrillos, llenando treinta y seis páginas. Seguir leyendo

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Línea por Línea

Septiembre de 1979
Línea por Línea
por James B. Alien

La historia de la Iglesia revela cómo el Señor siempre ha dado más conocimiento y comprensión a su pueblo.

El 21 de enero de 1836, por la noche, la Primera Presidencia de la Iglesia y su Patriarca, Joseph Smith (el padre), estaban teniendo una reunión especial en un cuarto del Templo de Kirtland a la luz de los candelabros. De pronto los cielos fueron abiertos y vieron visiones magníficas. El profeta José Smith vio el reino celestial, y entre los habitantes del mismo vio a su hermano Alvin, que hacía ya bastante tiempo que había muerto. Esto lo sorprendió.

“… y me maravillé de que (Alvin) hubiese recibido una herencia en ese reino, en vista de que había salido de esta vida antes que el Señor hubiera extendido su mano para juntar a Israel por segunda vez, y no había sido bautizado para la remisión de pecados.” (Perla de Gran Precio, Visión del reino celestial 1:6.)

Aun para José Smith era un nuevo concepto el que las personas que hubieran muerto sin el bautismo autorizado, pudieran cosechar en el mundo venidero las mismas bendiciones que merecían aquellos que eran miembros de la Iglesia restaurada. Pero la Iglesia estaba por recibir aún más información sobre esto; y mientras el Profeta se maravillaba ante lo que estaba viendo, la voz del Señor llegó hasta él diciendo:

“Todos los que han muerto sin el conocimiento de este evangelio, quienes lo habrían recibido si se les hubiese permitido quedarse, serán herederos del reino celestial de Dios; pues yo, el Señor, juzgaré a todos los hombres según sus obras, según los deseos de su corazón.” (Visión del reino celestial, 1:7-9.)

Muchos años después, otro Profeta, el presidente Joseph F. Smith, estaba meditando sobre las escrituras relativas a la expiación. En ese entonces la Iglesia entendía bien el principio de la salvación de los muertos, pero aún faltaba cierta información en cuanto a la misión que había cumplido el Salvador seguidamente de su muerte, en el mundo de los espíritus. El presidente Smith se había preguntado cómo podía ser que el Señor hubiera predicado a iodos los espíritus encarcelados en tan poco tiempo.

“Mientras reflexionaba, mis ojos fueron abiertos y se vivificó mi entendimiento, y percibí que el Señor no fue en persona entre los inicuos y los desobedientes que habían rechazado la verdad…

Mas he aquí, organizó sus fuerzas y nombró mensajeros de entre los justos… ” (Perla de Gran Precio, Visión de la redención de los muertos, 1:29-30.) Seguir leyendo

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Doctrinas y Convemos: La voz del Señor

Septiembre de 1979
Doctrinas y Convemos: La voz del Señor
por el élder Neal A. Maxwell
de la Presidencia del Primer Quorum de los Setenta

Neal A. MaxwellSi se preguntara cuál de los libros de Escrituras provee la mejor oportunidad de “escuchar” la palabra del Señor, la mayoría de las personas pensarían en primer término en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento es una maravillosa recopilación de hechos y de muchas de las doctrinas del Mesías. Pero en realidad, en el libro de Doctrinas y Convenios es donde encontramos un verdadero tesoro de verdades que provienen directamente del Señor Jesucristo. Podríamos decir que casi “le oímos hablar”.

No podríamos leer palabras como las que se encuentran en la siguiente revelación, manifestada en el año 1831, sin sentir profundamente la majestad y el poder del Señor:

“Así dice el Señor vuestro Dios, aun Jesucristo, el Gran Yo Soy, Alfa y Omega, el principio y el fin, el mismo que contempló la ancha extensión de la eternidad y todas las huestes seráficas del cielo, antes de que el mundo fuese;

El mismo que conoce todas las cosas, porque las cosas están presentes ante mis ojos.

Soy el mismo que hablé, y el mundo fue hecho, y todas las cosas se hicieron por mí.

Soy el mismo que he llevado la Sión de Enoc a mi propio seno; y de cierto, aun a cuantos han creído en mi nombre, porque soy Cristo, y en mi propio nombre, en virtud de la sangre que he derramado, he abogado ante el Padre por ellos.” (D. y C. 38:1-4.)

A partir de las primeras líneas de Doctrinas y Convenios, comprobamos la manifestación de Jesucristo, un Dios preocupado, aun cuando omnipotente, quien habla a “todos los hombres»:

“Escuchad, oh pueblo de mi Iglesia, «ice la voz de aquel que mora en las alturas, cuyos ojos ven a todos los hombres; sí, de cierto os digo: Escuchad, vosotros, pueblos lejanos; y vosotros, los que estáis sobre las islas del mar, escuchad juntamente.” (D. y C. 1:1.)

El Señor continúa entonces hablando y declara que “no hay quien escape… la voz de amonestación irá a todo pueblo por las bocas de mis discípulos, a quienes he escogido en estos últimos días” (D. y C. 1:2, 4).

A partir de la primera palabra del libro, escuchad, hasta el último escuchad que se encuentra en los versículos finales, comprobamos la existencia de un Dios razonable quien concluye con:

“Ahora pues, escuchad vosotros, oh pueblo de mi Iglesia, y vosotros, los élderes, escuchad unánimes; habéis recibido mi reino.

Sed diligentes en guardar todos mis mandamientos, no sea que os sobrevengan juicios, y os falte vuestra fe, y triunfen sobre vosotros vuestros enemigos. Así pues, no hay más por ahora. Amén y Amén.” (D. y C. 136:41-42.) Seguir leyendo

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La obediencia  a los mandamientos

Septiembre de 1979
La obediencia  a los mandamientos
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia.

N. Eldon TannerY todos los santos que se acuerden de guardar y hacer estas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en sus ombligos, y médula en sus huesos;

Y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimientos, aun tesoros escondidos;

Y correrán sin cansarse, y no desfallecerán al andar.

Y yo, el Señor, les hago una promesa, que el ángel destructor pasará de ellos, como de los hijos de Israel, y no los matará. Amén.” (D. y C. 89:18-21.)

Esta es una de las promesas más completas que nos ha dado el Señor, ¿hay alguien que no quiera recibir esas grandes bendiciones? Con frecuencia pensamos que esta promesa está relacionada directamente con la Palabra de Sabiduría, pero notad que el Señor dice: “rindiendo obediencia a los mandamientos”, y estas palabras incluyen todos los mandamientos.

Algunos pueden decir que esto es exigir demasiado. No obstante, si nos detenemos a pensar en los galardones que se reciben por la obediencia, y en los castigos que sufrimos por la desobediencia, no hay nadie que pueda decir que preferiría sufrir aflicciones en lugar de gozar de la felicidad. Me temo que con demasiada frecuencia desobedecemos y buscamos satisfacer nuestros deseos y placeres mundanos, porque pensamos que podemos escapar del juicio y los castigos que muchas veces no recibimos inmediatamente; y así nos olvidamos de las grandes bendiciones y promesas que podríamos recibir si fuéramos obedientes.

Es muy importante que nos preparemos para las cosas que nos sobrevendrán en el transcurso de la vida. Debemos esperar el futuro con optimismo y confianza. No vamos a ganar nada si nos quedamos cavilando penosamente en el pasado o en las cosas que podríamos haber hecho y no hicimos; debemos, más bien, decidirnos a corregir nuestros errores de ahora en adelante, arrepentimos y avanzar con la determinación de rendir obediencia a los mandamientos. Estos sólo pueden hacernos personas más felices, más amadas y respetadas y ayudamos a tener éxito en cualquier tipo de empresa que iniciemos. Seguir leyendo

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Los justos no deben temer

Febrero de 1979
Los justos no deben temer
por el presidente Ezra Taft Benson
del Consejo de los Doce

Ezra Taft BensonMis queridos hermanos, con humildad y gratitud me presento ante vosotros; humilde por esta responsabilidad, pero agradecido de poder estar aquí y disfrutar de vuestro exquisito espíritu.

Es un privilegio estar en América del Sur por encargo de la Iglesia. He estado aquí en ocasiones pasadas y siempre me he sentido edificado por vuestra fe y vuestro cariño. También he visitado Sudamérica dos veces como miembro del Gabinete de gobierno de los Estados Unidos, a fin de establecer relaciones comerciales agrícolas entre nuestro, país y nuestros vecinos del Sur, y promover buenas relaciones entre nuestras repúblicas. Nunca en la historia de nuestras dos naciones ha habido una necesidad tan grande de solidaridad hemisférica como ahora.

En viajes anteriores, tuve la oportunidad de visitar a presidentes, ministros, embajadores y otros dignatarios de varios países sudamericanos. Sin embargo, las visitas que más atesoro son las que hice a los santos, a campesinos, ganaderos y otras personas. Mediante estas visitas desarrollé mi gran cariño por el pueblo latinoamericano.

Así que, lo digo con toda sinceridad: es algo maravilloso estar nuevamente frente a vosotros.

¿Sabéis lo que es esta tierra ante los ojos de Dios, nuestro Padre Celestial? En 1844, el profeta José Smith hizo esta proclamación solemne:

“Toda la América es Sión, de Norte a Sur.” (History of the Church, 6:318-9.)

El Señor mismo dijo que esta tierra ha sido elevada por encima de todas las otras (1 Nefi 13:30). Este país, este continente, son parte de Sión y han sido santificados por la presencia del Señor Jesucristo. Esta es una tierra dedicada por sus siervos. Cuando un profeta del Libro de Mormón se refirió a las naciones del mundo, esta tierra fue designada como “buena”. Con toda mi alma os testifico que esto es verdad.

No debéis olvidar nunca vuestra herencia. La mayor parte de vosotros sois hijos de Lehi, el gran Profeta del Libro de Mormón. Escuchad la gran promesa que dio el Señor a él y su posteridad:

“Y si guardáis mis mandamientos, prosperaréis y seréis conducidos a una tierra prometida; sí, a una tierra que yo he preparado para vosotros, una tierra escogida sobre todas las demás.” (1 Nefi 2:20.)

Esa promesa se ha cumplido completamente. También sabemos que debido a que algunos de los descendientes de Lehi no guardaron los mandamientos, esta tierra se vio profanada y sus habitantes se hicieron acreedores a maldiciones, en vez de bendiciones.

Con el tiempo, los hijos de Lehi fueron “redescubiertos” por los .gentiles de Europa. Poco después fueron esparcidos, desposeídos de sus tierras y tesoros, esclavizados, y aun masacrados. Pero los profetas del Libro de Mormón predijeron:

“Y el Señor volverá a extender su mano por segunda vez para restaurar a su pueblo de su estado perdido y caído.” (2 Nefi 25:17.)

El Señor reconoció que la verdad prosperará sólo donde había libertad religiosa. Pero no puede haber libertad religiosa sin libertad política; por lo tanto, Dios levantó entre nuestros antiguos patriotas, líderes sabios que declararon la libertad y la independencia política en los países latinoamericanos.

A mi parecer, es muy significativo que cuando los países de Sudamérica lograron la independencia, se establecieran en ellos gobiernos sobre la base de principios constitucionales. En mi opinión, ese fue un paso muy necesario que precedió a la prédica del Evangelio en Sudamérica.

El Señor declaró mediante profetas del Libro de Mormón:

“Y fortificaré esta tierra contra todas las otras naciones.” (2 Nefi 10:12.)

El presidente Joseph Fielding Smith ha escrito: Seguir leyendo

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Bajo circunstancias adversas

Julio de 1979
Bajo circunstancias adversas
por el élder Robert E. Wells
del Primer Quorum de los Setenta

Robert E. WellsHe volado en muchos tipos de aviones en los últimos treinta años, tanto en los Estados Unidos como en los países latinoamericanos. No hace mucho, al regresar a los Estados Unidos después de una ausencia de varios años, un buen amigo mío me ofreció que usara su nuevo aeroplano Cessna bimotor. Este es exactamente mi tipo de avión favorito. No sólo tenía motores especialmente potentes para llevarlo a mucha altura, sino que también teñía todas las radios, todo el equipo electrónico para aeronavegación, equipo para medir distancias, toda clase de instrumentos para vuelo bajo cualquier condición de tiempo, oxígeno,

etc., tal como los de las líneas aéreas comerciales. No podía pensar en otro avión que me atrajera más para volar; pero aún con todo ese equipo, (lo que lo hacía muy caro y complicado) en contra de mi voluntad rehusé la oportunidad diciendo: “Algún día volaremos a México juntos”.

Pasaron algunos meses, y cada vez que me encontraba con mi amigo él me reiteraba su ofrecimiento, pero nunca sentí que debía aceptarlo, aun cuando aquél era muy sincero. Hasta que un día fue a mi oficina llevando un juego de llaves y un manual para pilotos, como evidencia de que realmente deseaba que yo usara su hermoso aeroplano algún día. El sentir las llaves en la mano me produjo un fuerte deseo de volar a México y visitar algunos de mis lugares favoritos de pesca en el mar. Desafortunadamente, mi amigo no podía viajar esos días que yo tenía libres, pero me aseguró que yo podría ir solo. Conversamos sobre si yo estaría calificado para que me cubriera su póliza de seguro, y nos dimos cuenta de que para ello necesitaba un examen de vuelo con un inspector autorizado, dado que ya hacía algún tiempo que no volaba en ese tipo particular de aviones.

Se hicieron los arreglos del caso y me encontré con el inspector al lado del avión, a la hora concertada, con mis licencias de los Estados Unidos, Argentina, Paraguay y Ecuador, y los libros de vuelo que mostraban que había manejado aviones Cessna 319 a través de selva, montañas, desiertos, fronteras internacionales, etc. Él sonrió con calma pero no se impresionó, y me dijo: Seguir leyendo

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El don del espíritu santo

El don del Espíritu Santo

Mark E. Petersenpor el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce
Julio de 1979


Cada miembro de la Iglesia es bautizado, o sea, nacido del agua y del Espíritu. Cuando se nos confirma miembros de la Iglesia, recibimos el “bautismo del Espíritu”, el cual es una influencia santificadora, destinada a guiamos a través de nuestra vida; cuando nos referimos a él, lo llamamos el don del Espíritu Santo.

Todos recibimos inspiración por medio de este don si vivimos dignamente y oramos por él. Nos puede ayudar en nuestro trabajo, en la escuela, en seleccionar amigos y al tomar nuestras diarias decisiones.

También ha sido una de las más grandes influencias en el campo misional. Por ejemplo, cuando yo era un joven misionero, en una ciudad de la parte este de Canadá, tenía como compañero a un hombre maravilloso cuyo nombre era Henry L. Baker.

Un día, al llegar a una determinada puerta, una mujer respondió a nuestro llamado e inmediatamente nos invitó a pasar, ¡antes de que tuviéramos siquiera la oportunidad de presentarnos! Tan pronto como entramos a la casa ella nos dijo:

¿Dónde está el libro que me traen?

Naturalmente, nos quedamos atónitos. Pero luego ella nos explicó la razón. Nos dijo que la noche anterior había tenido un sueño en el cual nos había visto llegar a su casa; había sido tan real, dijo, que cuando nos vio acercamos a su puerta nos reconoció al instante. Se le dijo en el sueño que nosotros teníamos un libro que la conduciría junto con su familia a la salvación.

Inmediatamente le dimos el Libro de Mormón y conversamos sobre él; después nos invitó a regresar esa misma tarde para conocer a su familia, lo cual hicimos. Luego de un período apropiado de estudio, toda la familia se unió a la Iglesia y aún se mantiene en ella fielmente.

Hace alrededor de veinte años fui asignado para ir a Montevideo, Uruguay, a visitar la misión y dedicar la primera capilla en esa ciudad. El año anterior el presidente David O. McKay había asistido para la colocación de la piedra fundamental, con la esperanza de poder regresar a dedicar la capilla. Otros deberes se lo impidieron, por lo cual yo fui enviado.

Después del servicio dedicatorio una hermana italiana se acercó a saludarme. Antes de hacerlo levantó la mano y me dijo que se la mirara; la miré, pero no vi nada especial. Entonces ella me llamó la atención sobre una cicatriz que tenía en la palma, y me explicó: Seguir leyendo

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La zarza ardiente

Julio de 1979
La zarza ardiente
por Robert E. McGhee

Recibí una gran impresión cuando hace algunos años me mudé al valle de Lago Salado. En esa época no sabía mucho acerca de los mormones, sólo tenía una vaga idea de que vivían en “algún lugar del Oeste” y que de alguna manera ellos habían progresado por sí mismos. Mi interés y conocimiento llegaron sólo hasta ese punto; de manera que quedé sorprendido al saber que habíamos venido a vivir ¡justo en el estado donde habitaban los mormones!

Supongo que la manera en que me crié tiene mucho que ver con mi falta de interés en ninguna religión. Nací en la religión episcopal y mi padre murió cuando yo tenía nueve años; desde entonces viví en un orfanato. Mis experiencias en este lugar me dejaron sin preferencias sobre una iglesia determinada. Más tarde asistí a reuniones de varias iglesias y en cada una de ellas encontré algo bueno.

Mientras pasaba el tiempo en nuestro nuevo hogar, mi esposa y yo comenzamos a darnos cuenta de quiénes eran los mormones. Pacientemente esperé su ataque tratando de convertirme, pero el ataque no llegó. Los mormones que yo conocí eran muy amigables, pero no me importunaban, de manera que hice preguntas, mas las respuestas no me parecieron muy convincentes.

Un día conocí a un hombre. Él tenía una hermosa familia, y llegó a ser mi coordinador durante el año de entrenamiento que tuve en un nuevo aspecto de mi carrera; era un mormón muy entusiasta y quedé muy impresionado. Tenía una fe inequívoca y honesta. Me hizo preguntas, de una manera afable, para ver qué sabía acerca de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para entonces ya sabía algo; había leído la temprana historia de la Iglesia y tenía un conocimiento general de su gobierno y sus creencias.

El obstáculo más grande para mí era el principio de la fe. Yo pensaba que si Dios se había manifestado al pecador Saulo en el camino a Damasco, y habló con Moisés a través de una zarza ardiente, se podría manifestar a mí en una manera similar. Una vez convencido, sería uno de sus más firmes defensores. Pero mi conversión tendría que ser por lo menos tan dramática como una zarza ardiente. Demasiado pronto terminó mi entrenamiento en Utah, y nos mudamos a San Augustine, Florida. Seguir leyendo

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La verdad absoluta

La verdad absoluta

Spencer W. Kimball

por el presidente Spencer W. Kimball
Devocional en BYU el 6 de Septiembre de 1977


Hace algún tiempo le escribí una carta a un incrédulo. Últimamente he estado pensando en muchas de las cosas que decía en aquella carta, y quisiera compartir con vosotros la esencia de su contenido. Con esta explicación, entenderéis mejor el punto de vista que asumí al escribirla, y el estilo que elegí para expresarme. La carta decía así:

Querido Juan:

La resistencia y los argumentos que esgrimes en contra de las verdades del Evangelio, me han causado grave preocupación.

Comprendo que no puedo convencerte en contra de tu voluntad, pero me consta que puedo ayudarte si me escuchas y me permites llamarte la atención sobre ciertas verdades sobresalientes, y en especial, si escuchas con una oración en tu corazón y con el deseo de saber que lo que te digo es la verdad. No trataría de forzar tus pensamientos ni siquiera aunque pudiera hacerlo, puesto que el libre albedrío es la ley básica de Dios y cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de sus propias reacciones. Pero, ciertamente, también cada uno de nosotros debe cumplir con su deber de influir para el bien, sobre todos aquellos que necesiten alguna ayuda.

El Señor le dijo a Enoc:

“He allí a tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y yo les di su conocimiento el día en que los hice; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío.” (Moisés 7:32.)

He permanecido despierto muchas horas, y he ofrecido de rodillas muchas oraciones fervientes, con la esperanza de que pueda decirte las palabras exactas y de que tú puedas recibirlas con el mismo espíritu de humildad con que te las ofrezco.

El encontrar la verdad en la vida no se trata simplemente de un asunto de opiniones. Hay verdades absolutas y verdades relativas. Las normas de dietética, o sea, las que se refieren a la nutrición, han cambiado infinidad de veces durante el transcurso de mi vida; muchos otros descubrimientos científicos cambian constantemente. Por mucho tiempo, los científicos enseñaron que la tierra era una nebulosa masa fundida que se había desprendido del sol; más tarde, otros afirmaron que era una bola de polvo que se había solidificado. Muchas son las ideas que se han dado a conocer al mundo, que más tarde han sido cambiadas para adaptarlas al descubrimiento de una nueva verdad.

Hay verdades relativas. Pero también hay verdades absolutas, inalterables, que eran las mismas ayer, lo son hoy y lo serán por siempre. Estas verdades no pueden ser cambiadas de acuerdo con las opiniones de los hombres.

A medida que la ciencia nos ha ido dando más conocimientos sobre el mundo que nos rodea, ciertas ideas vastamente aceptadas por los científicos han tenido que abandonarse en favor de nuevas verdades que se han descubierto; algunas de ellas se mantuvieron firmes durante muchos siglos. La más sincera investigación científica a menudo sólo llega hasta el umbral de la verdad, mientras que por otra parte existen hechos revelados que nos dan algunas verdades absolutas, como punto de partida para que podamos comenzar a comprender la naturaleza del hombre y el propósito de su vida.

La tierra es esférica. Aunque los cuatro billones de habitantes de este mundo pensaran que es plana, estarían todos en un error; esta es una verdad absoluta y no hay discusión en el mundo que pueda cambiarla. Un cuerpo más pesado que el aire no puede mantenerse suspendido por sí mismo, sino que al soltarlo cae hacia la tierra. La ley de gravedad que hace que esto sea así, es una verdad absoluta e inalterable. Las leyes mayores pueden superar a las menores, pero ello no hace variar la innegable verdad de éstas.

Podemos aprender sobre estas verdades absolutas por medio del Espíritu. Ellas son “independientes” en su esfera espiritual y deben descubrirse espiritualmente, aunque se puedan confirmar por medio de la experiencia o el intelecto (véase D. y C. 93:30). El gran profeta Jacob dijo que “el Espíritu habla la verdad. Por tanto, habla de las cosas como realmente son, y como realmente serán” (Jacob 4:13). Y nosotros necesitamos que se nos enseñe, a fin de poder comprender la vida y quiénes somos en realidad.

Dios, nuestro Padre Celestial —Elohim— vive. Esta es una verdad absoluta. Y aunque los cuatro billones de los hijos de los hombres que viven en la tierra lo ignoraran y desconocieran sus atributos y poderes, todavía sería un hecho que El vive. Toda la gente que vive en la tierra podrá negarlo y no creer en El; pero El vive, aun a pesar de ello. Los seres humanos pueden tener sus propias opiniones con respecto a El; pero aún así, Su forma, Sus poderes y atributos no cambian con las opiniones de los hombres. Dios vive. En resumen, una opinión en sí misma no tiene poder alguno con respecto a una verdad absoluta.

Jesucristo es el Hijo de Dios, el Todopoderoso, el Creador, el Maestro de la única forma de vida pura que existe: el Evangelio de Jesucristo. El intelectual puede borrarlo de sus razonamientos filosóficos, el incrédulo puede burlarse de Su existencia, pero aún así Cristo vive y guía los destinos de Su pueblo. Esta es una verdad absoluta que no puede negarse. Seguir leyendo

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En presencia de lo divino

En presencia de lo divino
por el presidente Joseph F. Smith

Joseph F. SmithNecesitaré la ayuda del Espíritu de Dios, y vuestros buenos sentimientos, fe y comprensión, en mi intento por hablaros brevemente, ya que no tengo el propósito de tomar mucho tiempo. No hay palabras para expresar la gratitud que siento esta mañana por poder estar aquí con vosotros, gracias a la misericordia de nuestro Padre, y contemplar el espectáculo de la multitud congregada aquí en la sesión de apertura de esta conferencia, en el octogésimo sexto aniversario de la organización de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Estoy seguro de que si al profeta José Smith y a sus compañeros, quienes bajo la guía e inspiración del Altísimo, y por su poder, comenzaron esta obra de los últimos días, se les permitiera mirar hacia abajo y ver la escena que yo estoy contemplando en este Tabernáculo, se regocijarían; y estoy seguro de que se regocijan. Yo creo que ellos tienen el privilegio de vernos, así como los ojos de Dios que todo lo ven pueden contemplar cada parte de Su creación. Porque creo que aquellos que han sido elegidos en esta dispensación y en dispensaciones anteriores para establecer los fundamentos de la obra de Dios entre los hijos de los hombres, para su salvación y exaltación, no se verán privados en el mundo espiritual de mirar hacia abajo y ver los resultados de su propia labor, de los esfuerzos y la misión que Dios les asignó en su sabiduría, a fin de que ayudaran a redimir y rescatar de sus pecados a los hijos del Padre.

Los ojos de los profetas cuidan el reino de Dios

Yo tengo la seguridad de que los ojos del profeta José y los de los mártires de esta dispensación, los de Brigham Young, John Taylor, Wilford Woodruff, y aquellos fieles hombres que les acompañaron en su ministerio sobre la tierra, cuidan celosamente los intereses del reino de Dios en el cual trabajaron y por el cual se esforzaron durante su vida mortal. Creo que si bien están limitados por la carencia de un cuerpo físico, tienen un interés mucho más profundo en nuestro bienestar ahora que se encuentran del otro lado del velo, que cuando estaban en la carne. . .

Una visión gloriosa

Agradezco a Dios por el sentimiento que me llena de gozo, y por la comprensión que tengo de que estoy no sólo en la presencia del Dios Altísimo, mi Padre y Hacedor, sino en presencia de su Hijo Unigénito en la carne, el Salvador del mundo; y estoy en presencia de Pedro y Santiago (y quizás los ojos de Juan también estén sobre nosotros y no lo sabemos); y también estoy en presencia de José y Hyrum Smith, Brigham Young, John Taylor, Wilford Woodruff, Lorenzo Snow, y aquellos que han sido valientes en el testimonio de Jesucristo y han cumplido fielmente sus misiones en el mundo. Cuando me vaya de esta tierra, quiero tener el privilegio de encontrarme con ellos con la conciencia de haber seguido su ejemplo, de haber cumplido la misión en la que estos líderes estuvieron involucrados, en la forma en que ellos la hubieran llevado adelante. Que cuando me releven de los deberes de esta vida yo haya sido fiel cumpliendo todo lo que se requirió de mí, así como ellos fueron fieles en su tiempo; y cuando los encuentre en amor y armonía, quiero tener la perfecta confianza de haber hecho mi deber como ellos hicieron el suyo. Espero que perdonéis mi emoción; pero, ¿qué sentiríais si os encontrarais en la presencia de vuestro Padre? ¿Qué diríais si estuvierais en la presencia del Dios Altísimo, en la presencia del Hijo de Dios y de santos ángeles? ¿No os emocionaríais? Os sentiríais conmovidos, impresionados; y esto es lo que siento en este momento hasta lo más profundo de mi alma. Seguir leyendo

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