Somos activos en el evangelio?

Julio de 1978
¿Somos activos en el evangelio?
por Orson Scott Card

Orson Scott CardFinalmente comprendió cuán importante es ser activo, cuando murió su amigo. “Tenía la intención de ir al hospital a visitar a Luis”, dijo, “pero el martes por la tarde tenía que hacer mis visitas de orientación familiar y el miércoles tuve una reunión con el comité. El jueves era mi entrevista personal del Sacerdocio y mi esposa tenía que salir en seguida para llevar a patinar a sus alumnas de la clase de Abejitas; y el viernes por la noche lo pasé escribiendo mi discurso para la reunión sacramental.”

Y luego, el sábado de mañana, el hijo de Luis llamó por teléfono para darle la noticia. “Yo sé que usted y mi padre eran muy amigos”, dijo, “por eso pensé que le interesaría saber”. “¿Interesaría?”, ‘comentó él después.” “Me interesaría más que saber; quisiera volver atrás el reloj, volver atrás el almanaque, tomar las pocas horas que tendría que haber tomado para ir al hospital a hablar de los viejos tiempos, a recordarle a mi amigo el afecto que le tengo, darle un poco de consuelo en su último dolor, quizás en el temor o la soledad que sintiera antes de morir. ¡Pero yo estaba demasiado ocupado en la Iglesia!”

La experiencia le enseñó algo: Es posible ser tan activo en la Iglesia que uno se olvide de ser activo en el evangelio.

Pero quizás ésta sea una forma mejor de pensar al respecto: Las reuniones a las que asistimos son para prepararnos y deben ocupar sólo una pequeña parte de nuestras actividades de la Iglesia. En las reuniones es donde aprendemos a ser activos.

La actividad en el evangelio tiene tanto valor en nuestro hogar, entre nuestros amigos, en nuestro trabajo, en el vecindario, entre extraños o cuando oramos a solas, como en una reunión.

La Iglesia provee muchas oportunidades de actividad: los maestros orientadores y las maestras visitantes tienen magnificas oportunidades de servir a los demás; los maestros pueden elevar, inspirar, y renovar la fe de sus alumnos; los líderes de quorum pueden organizar a sus hermanos para llevar a cabo buenas obras.

Pero si nos detenemos allí, y nos sentimos satisfechos con tener un buen registro de asistencia que señale que somos suficientemente “activos”, en cierto sentido somos como el siervo que escondió su talento en la tierra. La Iglesia nos provee un cierto número de oportunidades, pero nosotros tenemos la responsabilidad de mejorarnos con ellas y de magnificarlas. Seguir leyendo

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El día de reposo, un placer

Julio de 1978
El día de reposo, un placer
por el presidente Spencer W. kimball

Spencer W. KimballEn una ocasión fui asignado a una conferencia de estaca en una región rural de la parte occidental de los Estados Unidos; llegué a mi destino el sábado al anochecer, y permanecí con el presidente de la estaca y su familia durante esa noche; a la mañana siguiente salimos hacia la capilla, que quedaba a unos cinco o seis kilómetros de distancia, y durante el camino pasamos por varias granjas; los campos desiertos eran una evidencia de que la gente de esa comunidad guardaba el día de reposo.

Admiramos hermosos campos de trigo maduro, con toda la maquinaria inmóvil, tal como la habían dejado la noche anterior; vimos parvas de heno a medio hacer, y los fardos en los campos, listos para que los levantaran. Parte del grano había sido cosechado, pero aún había más para cosechar, y la tierra misma parecía estar descansando. Entramos a la villa, donde también encontramos un escenario de paz y serenidad; no se oía ruido de martillos, maquinaria ni trabajo de ninguna clase; en vez de ello, vimos que de todos lados acudían personas a la capilla. Comenté con el presidente de la estaca en cuanto a aquella vista extraordinaria y le pregunté si los maestros orientadores habrían ido a la casa de los miembros para advertirles que iría un visitante de Salt Lake City.

—No —respondió—. Estamos muy complacidos por la manera en que nuestra gente observa el día de reposo para santificarlo. Casi cada familia en la estaca se encuentra representada en nuestras reuniones de los domingos.

Los registros ratificaban su palabra. Era un día hermoso y tranquilo, soplaba una suave brisa, tibia y agradable; las colinas en la distancia empezaban a transformarse con los colores del otoño; había granjas y campos hermosos, casas bonitas, y un dulce espíritu de contento. Las reuniones de ese día fueron extraordinariamente pacíficas, productivas y satisfactorias.

En contraste, mientras asistía a otra conferencia de estaca en una comunidad diferente, muy temprano el domingo por la mañana me despertó un bullicio considerable, que descubrí había sido causado por un grupo de hombres vestidos como para ir a cazar y cargando rifles; estaban en camino a las montañas y los cañones para la cacería de ciervos.

En otro día de reposo pasé por una región agrícola y vi muchos tractores y maquinaria, así como a los hombres que transpiraban en los campos, ocupados en la cosecha del heno.

En otra ocasión, un domingo noté largas hileras de gente que esperaba su turno para entrar a los cines, así como otros que obviamente estaban en camino a la playa o el campo, llevando canastas de comida y equipo atlético.

En gran parte, nos hemos convertido en un mundo de infractores del día de reposo. En este día particular, los lagos están llenos de lanchas, las playas están colmadas de gente, los cines tienen la mejor asistencia, los campos de golf están repletos de jugadores. El día de reposo es el preferido para los rodeos, las convenciones, los paseos familiares; hasta los torneos deportivos se llevan a cabo en ese día sagrado. El lema de muchas personas es “trabajo ese día como de costumbre”, y así nuestro día santo se ha llegado a convertir en un día festivo, y a causa de que tanta gente lo considera de esta manera, otros se encargan de proveer para las necesidades de los que aman el placer y el dinero. Seguir leyendo

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La carta a Wentworth

La carta a Wentworth

Escritos y discursos de los profetas de nuestros días

José SmithEn el año 1820 cuando un jovencito del Estado de Nueva York llamado José Smith relató por primera vez su experiencia de una milagrosa visión, es muy probable que sus vecinos no tuvieran ni la más mínima idea de la importancia de este evento, ni del impacto que José Smith mismo tendría sobre la vida de millones de personas. El 27 de junio de 1844, cuando el Profeta fue asesinado, la mayoría de la gente que conocía su existencia creía que el trabajo que él había comenzado pronto se desintegraría, pues no tenían idea de la naturaleza de la misión y la obra para las cuales él había sido escogido.

Durante los años subsiguientes a la traducción del Libro de Mormón y la organización de la Iglesia de Jesucristo, José Smith aprovechó toda oportunidad para relatar su historia y explicar el evangelio a todos aquellos que verdaderamente se mostraran interesados.

El 1° de marzo de 1842, el Profeta escribió en su diario lo siguiente: “A pedido del señor John Wentworth, editor y propietario del diario Chicago Democrat, he escrito lo siguiente concerniente al comienzo, el progreso, la persecución y la fe de los Santos de los Últimos Días, de quienes tengo el honor de ser fundador, bajo la dirección de Dios. El señor Wentworth me ha explicado que quiere entregar este documento a un amigo de él, el señor Bastow, quien se encuentra escribiendo la historia de New Hampshire. Puesto que el señor Bastow ha tomado las precauciones apropiadas para obtener información correcta, todo lo que yo puedo pedirle en este momento es que publique esta historia en su integridad, sin hacerle cambios, ni presentaría bajo una luz diferente.”

La carta a la cual se refiere el Profeta se conoce actualmente en la Iglesia simplemente con el nombre de “la carta a Wentworth”. El élder B. H. Roberts (1857-1933), miembro del Primer Consejo de los Setenta y conocido historiador de la Iglesia, ha dicho lo siguiente acerca de ella:

“Este es uno de los documentos más importantes en la literatura de nuestra Iglesia, en el cual él narra todos los eventos de mayor importancia desde el comienzo de esta gran obra… Debido a la combinación de la brevedad de exposición con una buena comprensión del tema… hay pocos documentos históricos que se igualen a éste, y ciertamente ninguno más importante dentro de la literatura de nuestra Iglesia. En el mismo, se encuentran en unas pocas páginas… la extraordinaria y completa historia de los eventos de mayor importancia en la Iglesia, y un epítome de sus doctrinas desde el principio (el nacimiento del Profeta, 1805) hasta el momento de su publicación, marzo de 1842, un lapso de 36 años. El resumen de la doctrina de la Iglesia, desde entonces llamado los Artículos de Fe… no fue el producto de penosos esfuerzos y armonizada contención de académicos, sino que fue acuñado por una mente inspirada y un solo y único esfuerzo… La combinación de la exactitud, la lucidez y sencillez de esta completa declaración de los principios de nuestra religión, puede utilizarse como una fuerte evidencia de la divina inspiración que descansaba sobre el profeta José Smith.» (Historia de la Iglesia, 4:535.)

Debido a que los Artículos de Fe son tan básicos y a que han sido publicados en el libro de Doctrinas y Convenios y otros lugares (por ejemplo, en el dorso de incontables miles de tarjetas utilizadas por los misioneros), habrá muchos que podrían restarles importancia. Aun así, vistos en su forma original, y releídos cuidadosamente, adquieren un nuevo significado. Seguir leyendo

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Para cambiar tu matrimonio cambia tu mismo

Junio de 1978
Para cambiar tu matrimonio cambia tu mismo
por Afton J. Day

Recientemente me encontré con una antigua condiscípula y, como es natural, entre los temas que tratamos se encontraba el de nuestros respectivos maridos, la casa y los hijos. Estas novedades habían tenido lugar en nuestra vida después de la última vez que nos habíamos visto. Me sentí apenada ante el desánimo que pude notar en mi amiga, a través de comentarios como: “Ya sabes que mi esposo nunca fue muy activo en la Iglesia”; y con un tono como de disculpa: “Ahora yo también tomo café; él lo hace, así que decidí seguirle la corriente”.

En una experiencia similar, cuando un maestro de la Escuela Dominical recomendó un libro designado a inspirar mejores relaciones familiares, un miembro de su clase, recién bautizado, se lamentó: “¿De qué me sirve? No dará ningún resultado a menos que ambos lo leamos, y mi esposa no está interesada en nada que tenga que ver con la iglesia”.

Muchos miembros de la Iglesia se desaniman al pensar en el modelo de la familia ideal. En algunos, la sola mención de la familia celestial, donde el padre ejerce el Sacerdocio y adora a su buena y feliz esposa, despierta sentimientos de frustración y a veces de hostilidad; a muchas personas no les es posible ubicarse en esta representación, y por lo general llegan a la conclusión de que, o su familia está condenada a una existencia terrenal o, ya sea consciente o inconscientemente, deben rechazar al miembro de la familia que aparentemente impide que lleguen a esa exaltación.

Dicho rechazo parecería un intento sutil de infringir el libre albedrío de la persona en cuestión. A todos se nos ha otorgado la libertad y la responsabilidad de controlar a una sola persona: nosotros mismos; y en todo momento se nos amonesta a que no debemos tratar de ejercer control sobre los demás. Sin embargo, al mismo tiempo se nos exhorta como miembros de la Iglesia, a inspirar e influir en las otras personas. Parece entonces, que el primer paso hacia una acción positiva, será reconocer qué es lo que podemos y debemos hacer, y cuáles son las cosas que violarían los derechos o el libre albedrío de los demás.

El matrimonio se deteriora y hasta se agria, cuando uno o ambos cónyuges caen en el paralizador hábito de esperar a reaccionar cuando ya se enfrentan a una situación desagradable, en lugar de prepararse y hacer lo posible porque la misma sea una experiencia agradable. En esos casos, por lo general surgen las siguientes situaciones: Seguir leyendo

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Unidad en el matrimonio

Unidad en el matrimonio

Spencer W. Kimball por el presidente Spencer W. Kimball


Ciertamente, un matrimonio honorable, feliz y próspero es la meta principal de toda persona normal. El matrimonio es quizás la más vital de todas las decisiones, la que causa efectos de más alcance, ya que tiene que ver no solamente con la felicidad inmediata, sino también con el gozo eterno. Afecta no solamente a los cónyuges sino también a su familia, y particularmente a sus hijos y a los hijos de éstos a través de las muchas generaciones.

Cuando se elige un compañero para esta vida y para la eternidad, se debe efectuar la más cuidadosa preparación, meditación, oración y ayuno para asegurarse, puesto que entre todas las decisiones, ésta es una en la que no hay que equivocarse. En un verdadero matrimonio debe existir una unión de mentes así como de emociones.

Muchas novelas y programas de televisión terminan en matrimonio: “Y vivieron muy felices…” Hemos llegado a la conclusión de que no se logra la felicidad y un buen matrimonio, con el solo hecho de efectuar una ceremonia. La felicidad no se adquiere apretando un botón, como sucede con la luz eléctrica; la felicidad es un estado de la mente y proviene de adentro; se debe ganar; no se puede comprar con dinero; no se puede tomar por nada.

Algunos consideran la felicidad como una vida fascinante de ocio, lujos y emociones constantes; pero un verdadero matrimonio se basa en una felicidad que es más que eso, una que se logra al dar, servir, compartir, sacrificar, y en la que se destaca el desinterés.

Dos personas que provienen de diferentes hogares, después de la ceremonia se dan cuenta de que es necesario hacer frente a la realidad. Deben asumir las responsabilidades y aceptar los nuevos deberes; tendrán que abandonar algunas libertades personales y efectuar muchos ajustes desinteresados.

Luego de la ceremonia, una persona empieza a descubrir muy pronto que el cónyuge tiene debilidades que  antes no le había notado. Las virtudes que constantemente eran magnificadas durante el cortejo parecen hacerse más pequeñas, mientras que las debilidades que antes parecían tan pequeñas e insignificantes, alcanzan proporciones considerables. Es entonces el momento de tratar de comprenderse, de hacer una autoevaluación y de desarrollar sentido común, razonamiento y planeamiento.

Frecuentemente, falta la voluntad para hacer los ajustes económicos necesarios; algunas esposas jóvenes exigen lujos; constantemente salen del hogar, en donde yace su deber, en busca de logros profesionales o de negocios. Cuando ambos cónyuges trabajan, muchas veces entra en la familia la competencia en vez de la cooperación. Dos trabajadores exhaustos regresan a la casa con los nervios en tensión, más orgullo individual, más deseo de independencia, y como consecuencia surgen las dificultades.

La vida matrimonial es difícil, y es común encontrar en ella discordia y frustración. Sin embargo, la felicidad duradera es posible. Más de lo que la mente humana puede imaginar, el matrimonio puede ser una fuente de dicha y se encuentra al alcance de cada pareja, de cada persona. Aunque la mayoría de nuestros jóvenes tratan con toda diligencia y devoción de encontrar una persona con la cual la vida pueda ser más compatible y hermosa, también es cierto que casi cualquier buen hombre y mujer podría tener felicidad y éxito en el matrimonio si estuviera dispuesto a pagar el precio. Seguir leyendo

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Libre albedrío o inspiración?

Mayo de 1978
¿Libre albedrío o inspiración?
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce

élder Bruce R. McConkieRecientemente mi esposa y yo tuvimos una seria conversación en la que contamos nuestras innumerables bendiciones. Nombramos un sinnúmero de beneficios que hemos recibido a causa de la Iglesia, a causa de nuestra familia, a causa de la gloriosa restauración de la verdad eterna que se ha efectuado en esta época; y luego ella concluyó la discusión haciéndome la pregunta: “¿Cuál es la bendición mayor que ha llegado a tu vida?”

Sin vacilar un momento, respondí:

“La bendición mayor que ha llegado a mi vida ocurrió el 13 de octubre de 1947 a las 11:20 de la mañana, cuando tuve el privilegio de arrodillarme en el altar del Señor en el Templo de Salt Lake y recibirle como compañera eterna”.

Ella respondió: “Bueno, pasaste esa prueba”.

Creo que el acto más importante que cualquier Santo de los Últimos Días realiza en este mundo, es el de contraer nupcias con la persona adecuada, en el lugar adecuado, mediante la debida autoridad; y luego —cuando ha sido debidamente sellado a su cónyuge mediante el poder y la autoridad que restauró el profeta Elías— lo más importante que debe hacer es vivir de tal forma que los términos y las condiciones del convenio de este modo establecido, sean unificadores y efectivos por esta vida y la eternidad. De modo que me gustaría tener la inspiración para hacer algunas sugerencias que se aplican en todos los aspectos de la elección —en todos los campos de actividad, por lo menos en los más importantes— pero particularmente en el del casamiento eterno, destacándolo como uno de los acontecimientos que sobrepasa a todos los demás.

Cuando morábamos en la presencia de Dios, nuestro Padre Celestial, fuimos investidos con el don del libre albedrío; esto nos proporcionó la oportunidad, el privilegio de elegir lo que haríamos, de hacer una elección libre. Cuando Adán fue puesto en el Jardín de Edén, le fue concedido este mismo poder, el cual actualmente poseemos; y se espera que utilicemos los dones, talentos y habilidades, el sentido común, discernimiento y libre albedrío con los cuales hemos sido investidos.

Pero por otra parte se nos manda que busquemos al Señor, que deseemos su Espíritu, que obtengamos en nuestra vida el espíritu de revelación e inspiración. Ingresamos a la Iglesia, y un administrador legal impone sus manos sobre nuestra cabeza y dice: “Recibe el Espíritu Santo”. Esto nos concede el don del Espíritu Santo, el cual, basándose en nuestra fidelidad, es el derecho a la inspiración constante de ese miembro de la Trinidad.

De manera que nos encontramos ante dos perspectivas: una es que debemos ser guiados mediante el espíritu de inspiración, el espíritu de revelación; la otra es que nos encontramos aquí con el fin de utilizar nuestro libre albedrío para determinar por nosotros mismos lo que debemos hacer. Entonces necesitamos establecer un equilibrio definido entre estas dos, para poder seguir el camino que nos proporcione gozo, satisfacción y paz en esta vida, y que nos conduzca a una recompensa eterna en el reino de nuestro Padre.

Cuando nos encontrábamos con nuestro Padre en la preexistencia y poseíamos el conocimiento de que era nuestro Padre y que las enseñanzas que nos presentaban eran suyas, Él nos observó, estudió, y supo en qué manera responderíamos a sus leyes. Antes andábamos “por vista”; ahora le estamos demostrando cómo respondemos cuando andamos “por fe” (ver 2 Corintios 5:7), cuando estamos fuera de su presencia y tenemos que depender de otras cosas, en cambio del consejo personal que en una ocasión recibimos directamente de Él. Seguir leyendo

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La oración: eficaz medio misional accesible a todos

Mayo de 1978
La oración: eficaz medio misional accesible a todos
por el élder Dean L. Larsen
del Primer Consejo de los Setenta

Dean L. LarsenLas puertas están cerradas; las fronteras bloqueadas. A pesar de que miles de nuestros dedicados misioneros, trabajan arduamente en los países libres para salvar almas, hay muchas naciones (más de la mitad de la población mundial), donde aún no se oye el mensaje de la Iglesia restaurada.

Aun así, se nos ha dado el mandamiento de que prediquemos el evangelio a “…toda nación…” Más, ¿cómo podemos hacerlo? Como nuestro Profeta, Spencer W. Kimball, nos ha advertido, el encontrar un medio para destrabar los cerrojos de esas puertas, requerirá de todos los líderes y miembros de la Iglesia mucha diplomacia y oración.

“Yo pienso, mis hermanos, que cuando hayamos agotado todos los medios a nuestro alcance, el Señor nos proveerá la forma para allanar todo obstáculo. Esta es mi fe,” (Ensign, oct. de 1974, pág. 7.)

La Iglesia no está tratando de derribar esos obstáculos a fuerza de martillo. En cambio, los representantes del Señor se mueven lenta y cautelosamente, con el propósito de convencer a los prudentes dirigentes de estas naciones de que la Iglesia será un verdadero beneficio para sus habitantes; que el Evangelio de Jesucristo no insta al rechazo de las reglas establecidas, sino que predica un espíritu de cooperación; que la cultura local no será socavada por la obra misional, sino que será fortalecida, fortaleciendo a su vez el hogar y la familia.

¿Puede la mayoría de nosotros ayudar, a pesar de no estar directamente envueltos en esta dedicada obra? ¡Claro que sí!

El presidente Kimball nos mostró el camino con una “campaña de oración”, pidiendo a todos los miembros que se unieran a ella, “en una continua y seria petición al Señor para que ablande el corazón de reyes y dirigentes, con el propósito de que permitan la entrada de los misioneros a sus naciones, para predicar el evangelio de acuerdo con todas las normas establecidas” (Ensign, oct. de 1975, pág. 70).

¿Puede la oración cambiar los sentimientos de los líderes de las naciones? ¡Claro que sí! Nosotros no podemos menospreciar el poder que emana cuando todos, en oraciones familiares, individuales y en congregaciones, unimos nuestra fe rogando al Señor para que El establezca la rectitud en esta tierra, a fin de favorecer sus justos propósitos, De hecho, el Libro de Mormón contiene elocuente testimonio del poder que posee la oración para abrir puertas que antes se encontraban herméticamente cerradas.

Desde el instante de la primera división entre los hijos de Lehi, los nefitas justos trabajaron arduamente para convertir a sus rebeldes hermanos lamanitas, y así lo registra el profeta Jacob: Seguir leyendo

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Hablemos con bondad

Mayo de 1978
Hablemos con bondad
por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. Romney«Dulce cosa es vivir, cuando hay amor. (Himnos de Sión 192.)

Mi solicitud en este mensaje es que controlemos nuestra lengua, para que mediante la palabra bondadosa hacia aquellos que nos rodean, podamos emular la bondad y el amor que el Señor siente por sus hijos, tal como lo expresara Isaías cuando dijo:

“De las misericordias de Jehová haré memoria, de las alabanzas de Jehová conforme a todo lo que Jehová nos ha dado, y de la grandeza de sus beneficios hacia la casa de Israel, que les ha hecho según sus misericordias, y según la multitud de sus piedades.” (Isaías 63:7.)

Jesús dijo:
“Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es benigno para con los ingratos y malos.

Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” (Lucas 6:35-36.)

La siguiente y breve declaración, resume la incomparable piedad del Salvador:

“Fue un ladrón el que habló la última palabra bondadosa a Cristo. Cristo se compadeció y perdonó al ladrón.” (por Robert Browning. Bardett’s Familiar Quotations, pág. 573-b.)

No es claro el hecho de que Jesús perdonara al ladrón, pero le habló con amor: “. . . de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Y por aquellos que lo crucificaron El rogó: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas.23:34).

El apóstol Pablo, en su epístola a los efesios dijo:

“. . . y os ruego que andéis. . .

con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros con amor,

solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Seguir leyendo

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Maestros del Evangelio

29 de Octubre de 1978. Conferencia de Área en Buenos Aires, Argentina
Maestros del Evangelio
por el élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce

Gordon B. HinckleyMis hermanos, he escogido un versículo de las Escrituras como tema del cual deseo hablar. Comienza con esta declaración hecha por el Señor:

“Las obras, los designios y los propósitos de Dios no pueden ser frustrados ni anulados.” (D. y C. 3:1.)

Al encontraros reunidos esta noche en tan elevado número, más de 11.000 personas, os sentís parte de una grande y creciente organización, sentís la seguridad mutua, la fe y la fortaleza; mas cuando regreséis a vuestros hogares mañana, os enfrentaréis nuevamente a la realidad de que sois apenas unos pocos miles de Santos de los Últimos Días en esta gran nación de millones de habitantes; sabréis que queda aún mucha obra por realizar.

La verdad del evangelio ha de cubrir esta tierra como el Señor ha encomendado que se hiciera, como vosotros sabéis que tiene que ser. La predicación del evangelio restaurado comenzó aquí en Argentina, se extendió desde este lugar hacia el resto de Sudamérica, en años más recientes fue llevado desde aquí hacia países del viejo mundo, a España y Portugal. Fue hace tan sólo nueve años que los primeros cuatro misioneros fueron enviados a España tras haber sido traspasados de la Misión de Córdoba. Con anterioridad a ese hecho, las puertas de la nación española habían estado cerradas para nuestros misioneros, mas el Señor en su poder determinó que había llegado el momento, y en la actualidad España cuenta con tres firmes misiones.

Desearía compartir con vosotros una de las más sublimes experiencias de mi vida. Hace un par de meses mi esposa y yo visitamos España, en donde participamos de un seminario para presidentes de misión. Se nos concedió una audiencia con el Rey de España quien nos recibió con la mayor cordialidad. Tuvimos también oportunidad de conocer a otra autoridades nacionales y provinciales. Se nos concedió tiempo en la televisión así como en varias estaciones de radio. El periódico de mayor tiraje publicó artículos relacionados con nuestra visita, pero lo más significativo fue nuestra visita a la ciudad de Sevilla. Allí, como presidente de misión se encuentra vuestro compatriota, el presidente Hugo Catrón, ese grande y humilde líder fue al campo misional con un sentimiento de incapacidad, pero depositó su confianza en el Señor y adoptó como lema de su obra: “enseñar y bautizar”, y tanto los misioneros como los santos locales captaron el espíritu del mensaje y el Señor escuchó y respondió sus oraciones.

En el pasado mes de agosto tuvieron más bautismos en un mes que los que habían tenido en el transcurso del año anterior. Un domingo por la mañana llegamos a una de las salas de espectáculos del centro de Sevilla, en donde realizamos la conferencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a la que asistieron 772 personas. Hermosas personas en cuyas vidas había entrado el Evangelio restaurado de Jesucristo.

La Misión de Sevilla es presidida por un hombre de gran fe, y trabajan allí muchos misioneros argentinos.

Si es que la obra del Señor ha de cumplirse como Él lo ha mandado, habrá que enviar muchos más de vuestros jóvenes y señoritas a las misiones de Argentina y a las de otros países sudamericanos, deberán ser enviados a España y a otras áreas del gran mundo hispano. Vuestros jóvenes son capaces y tienen la ventaja de dominar el idioma, cosa que no sucede con los que provienen de los Estados Unidos. Jamás debemos encontramos otra vez en una situación similar a la que nos enfrentamos hace diez años en Argentina. En ese entonces uno de los mandatarios de vuestro gobierno decidió que no se permitiría la entrada de ningún misionero mormón a este país. Se suspendió la concesión de visas para aquellos que fueron asignados a venir a este país, mientras que se avisó a los que ya estaban aquí, que se les podría pedir que abandonaran el país dentro de un plazo de 24 horas. Se realizaron distintas apelaciones y pedidos ante el gobierno por parte de nuestras oficinas aquí, por medio del embajador de los Estados Unidos en Argentina y mediante otros canales diplomáticos oficiales, más todos los esfuerzos fueron en vano.

Todo hacía suponer que en poco tiempo quedaríamos sin misioneros en Argentina. Tras recibir instrucciones específicas de la Primera Presidencia, me dirigí a Washington donde me reuní con el presidente Scott quien viajó desde Argentina. Tuvimos una reunión con el embajador de la República Argentina ante el gobierno de los Estados Unidos. No creo tener que recordaros que se oró mucho, tanto en Argentina como en Salt Lake City, a fin de que el Señor llegara al corazón de las autoridades de vuestro gobierno, para que sus propósitos concernientes a esta tierra no se vieran defraudados. El embajador fue cordial pero frío; ninguno de los argumentos que expusimos parecían ejercer la más mínima influencia en él. Tras casi una hora de conversación, nos aprestamos a partir con el sentimiento de que todos nuestros intentos habían resultado vanos. Entonces, el presidente Scott sacó de su portafolio un álbum de fotografías de sus misioneros y dirigiéndose al embajador, dijo: “Señor Embajador, estos son los jóvenes de quienes hemos estado hablando”. El embajador miró las fotografías en las que aparecían los jóvenes pulcros y de buena presencia, quienes estaban prestando un servicio religioso en su país. Y comentó: “Son jóvenes bien parecidos” a lo que yo respondí: “Señor Embajador, son jóvenes bien parecidos y además poco comunes. No están en su país como turistas, sino que son maestros del Evangelio de Jesucristo, que es el evangelio de paz y bondad. Ellos sienten un gran amor por su pueblo, un amor que jamás dejarán de sentir. Tras dos años en Argentina regresarán a sus hogares y a sus estudios y llegarán algún día a ser doctores, abogados o banqueros o tal vez hombres de negocios; educadores o quizás líderes políticos, mas nunca olvidarán Argentina y su gente. Su nación jamás tendrá mejores amigos en ninguna parte del mundo que estos hombres, quienes en su juventud llegaron a reconocer las verdaderas virtudes de la gente de su pueblo durante el tiempo que vivieron y sirvieron entre ellos.” El embajador quedó en silencio por algunos minutos y luego manifestó: “Trataré de ayudarlos”.

No hay tiempo para entrar en detalles en cuanto a la serie de acontecimientos sumamente interesantes que siguieron a esta entrevista, por lo que diremos simplemente que éste fue el momento crucial. El embajador en cuestión regresó a Buenos Aires, y dos meses más tarde su sucesor viajó a Salt Lake City con el anuncio de que su gobierno había levantado todas las medidas restrictivas que afectaban a nuestros misioneros en esta tierra.

El Señor había dado respuesta a las oraciones de sus santos y desde entonces es mucho lo que hemos logrado, como quedó de manifiesto ante la recepción tributada el día de ayer al presidente Kimball y al hermano Kennedy por parte del primer mandatario.

Dos razones me impulsaron a compartir con vosotros este incidente, la primera de ellas, el hacer hincapié en el hecho de que si vuestros jóvenes y señoritas se preparan para salir como misioneros, jamás volveremos a enfrentamos a un problema como el que tuvimos que enfrentar entonces. Dispondremos de un amplio y creciente número de misioneros capaces y fieles, que lleven a cabo la gloriosa obra de predicar las verdades eternas a los hombres y mujeres de esta gran nación. En segundo lugar, a fin de reafirmar el hecho de que si somos fieles; si somos diligentes, si somos obedientes, y si somos humildes y oramos con fervor, el Dios de los cielos escuchará nuestros megos y nos abrirá el camino. Esto lo creo con toda certeza, de la misma forma que Nefi creía cuando tuvo que regresar en procura de las planchas de Labán.

De estas cosas os dejo mi testimonio. Sé que esta obra es divina; sé que Dios no permitirá que la misma se frustre, y que si hacemos todo lo que está de nuestra parte, recibiremos la bendición de ser testigos de un florecer aún mayor de la obra en esta tierra, mucho mayor de lo que jamás hayamos soñado ver, pues esto es parte del propósito de Dios y El no permitirá que se vea frustrado.

Invoco las bendiciones de los cielos sobre cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad

29 de Octubre de 1978. Conferencia de Área en Buenos Aires, Argentina
“Habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad”
por el élder James E. Faust
del Consejo de los Doce

James E. FaustSiempre me siento feliz y agradecido por el privilegio de venir a Argentina; he estado aquí muchas veces, y he aprendido a amar a este país y a sus habitantes. Estamos reunidos en una de las grandes ciudades del mundo. Es un privilegio y un honor muy especial estar en la presencia de nuestro gran Profeta, el presidente Spencer W. Kimball, su magnífico Primer Consejero, el presidente N. Eldon Tanner, así como otras Autoridades Generales, y nuestros líderes locales que se encuentran reunidos aquí.

Debido al progreso tan grande que la Iglesia ha tenido en Argentina en un período de tiempo relativamente corto, me viene a la mente la declaración de Pedro:

“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.” (II Pedro 1:16.)

Estamos felices de que la mayoría de nuestros líderes de la Iglesia aquí, sean argentinos. Vuestros ex misioneros serán los líderes del futuro.

En julio de 1976, mientras me encontraba aquí en Argentina, aprendí uno de los principios más grandiosos de liderazgo. El presidente Miguel Angel Fernández y yo viajamos al Norte del país; en ese tiempo, el hermano Fernández era Presidente de la Misión de Rosario. Conforme viajábamos por un camino en las afueras de la ciudad de Posadas, observamos un hato de ganado que era conducido a un lado del camino; los animales caminaban pacíficamente, en una manera uniforme y sin ningún problema. Al frente del ganado había tres gauchos que dirigían el grupo; iban al frente del ganado y no prestaban atención a los animales que tenían a sus espaldas; de hecho, parecía que fueran dormidos sobre los caballos. El ganado los seguía pacíficamente. Al final del hato venía un solo gaucho a caballo; el animal caminaba con toda calma, y parecía que el hombre tampoco se preocupaba por nada.

Mi propia experiencia en arrear ganado había sido diferente. En la granja de mi abuelo, cuando conducíamos a los animales, necesitábamos perros que fueran tras los que se extraviaban; nadie iba al frente del ganado, sino que los jinetes iban detrás. Los animales estaban asustados, se agitaban y eran ruidosos. Creo que en Argentina sabéis conducir mejor el ganado.

El principio de liderazgo que aprendí en esa ocasión es que los buenos líderes dirigen y muestran el camino, sin forzar; aprendí que tres cuartos de esta dirección consiste en mostrar el camino (como los tres gauchos que iban adelante), y un cuarto seguir la pista, como el que iba atrás. Los líderes del Sacerdocio no son jefes, ni tampoco dictadores, sino que están para dirigir y mostrar la senda. Las llaves de la dirección del Sacerdocio se dan en la Sección 121 de Doctrinas y Convenios:

“Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener, en virtud del Sacerdocio, sino por persuasión, longanimidad, benignidad, y mansedumbre, y por amor sincero; Seguir leyendo

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Nos avergonzamos de nuestros principios?

29 de Octubre de 1978. Conferencia de Área en Buenos Aires, Argentina
¿Nos avergonzamos de nuestros principios?
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerAl dirigirme a vosotros esta noche, ruego humildemente que el Espíritu y las bendiciones del Señor nos asistan, para que lo que os diga, sea de beneficio para todos los presentes.

Pablo dijo:

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.” (Rom. 1:16.)

Por lo que me pregunto: ¿Qué hay en el Evangelio de Jesucristo de lo cual pudiéramos avergonzarnos?

Refirámonos por un momento al comienzo de la existencia humana. En el concilio de los cielos, donde todos estuvimos presentes, Dios presidió y Jesucristo fue elegido como el Salvador del mundo; Satanás se rebeló, por lo que decidió destruir al hombre y al plan de vida y salvación. Todo lo malo está bajo su dirección.

Creemos que fuimos creados por Dios, a Su imagen y semejanza, y que somos Sus hijos espirituales. ¿Hay en ello algo de que avergonzarse? ¿O acaso preferiríais creer que descendéis del mono? ¿Preferís creer y saber que Jesucristo es el Salvador del mundo o no creer en Dios en absoluto?

Mucha gente en el mundo no cree en Dios, el Padre Eterno, y una gran mayoría no cree que Él sea un Dios viviente. ¿Deberíamos avergonzarnos de creer en El, y en Jesucristo, el Salvador del mundo? Deberíamos avergonzamos de saber que Jesucristo, ya sea directamente o por medio de los profetas de Dios, nos da el plan de vida y salvación? ¿Y que Dios amó tanto al mundo que permitió el sacrificio expiatorio de su único Hijo amado, para que quienquiera que creyera en Su nombre no pereciera y tuviera vida eterna?

Creemos que por medio de Su sacrificio expiatorio toda la humanidad resucitará, y que puede ser salva por medio del cumplimiento de los mandamientos. ¿Preferís avergonzaros de esto, y creer que todo termina con la muerte?

Mucha gente del mundo cree que con la muerte se acaba nuestra existencia. ¿Nos avergüenza el creer que resucitaremos, y que podemos volver a la presencia de Dios, nuestro Padre Eterno? Seguir leyendo

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Resistid las tentaciones

29 de Octubre de 1978. Conferencia de Área en Buenos Aires, Argentina
Resistid las tentaciones
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerEs un placer para mí estar reunido con vosotras, madres e hijas de este gran país. He disfrutado muchísimo de los magníficos discursos que se han pronunciado aquí esta tarde, los cuales han sido una bendición para mí. Siento un gran respeto así como un profundo afecto por la mujer que se esfuerza por vivir de acuerdo con las enseñanzas de Dios. Creo firmemente en el dicho que reza: “Quien mece la cuna, gobierna el mundo’ ’.

La influencia que la madre ejerza en el hogar permanecerá patente en sus hijos durante toda la vida de los mismos. Recuerdo perfectamente a mis dos abuelas, las cuales influyeron intensamente en mi vida; y no es que me enseñaran como una madre enseñaría a su hijo, pero es innegable el hecho de que yo sentía la influencia de ambas cuando las tenía cerca. Lo mismo sucedía con mi madre, ya que en casa, su influjo reinaba día a día.

Al contemplar la congregación aquí presente, integrada por miembros de la Iglesia de Jesucristo, no puedo menos que pensar en lo afortunadas que sois vosotras, así como en lo afortunados que son vuestros hijos al temeros como, madres y hermanas.

Ahora, con el fin de poner de relieve la influencia que puede ejercer una jovencita en el joven que habitualmente la invita a salir, os relataré una experiencia. En cierta oportunidad en que asistí a una clase del instituto de religión en la cual se llevaba a cabo una reunión de testimonios, uno de los jóvenes presentes se puso de pie, y confesó públicamente que no siempre había tenido el mismo interés en la Iglesia como el que tenía en esa ocasión,, que había quebrantado la Palabra de Sabiduría, y hecho cosas indebidas, Añadió que sus compañeros y amigos que vivían las normas del evangelio, trataron por todos los medios de ayudarle y llegaron al punto de ofrecerle cincuenta dólares si observaba estrictamente la Palabra de Sabiduría, pero que a él le había sido imposible superar el problema, pues no podía substraerse a la tentación. Dicho todo eso, agregó que deseaba dar testimonio de lo que había, constituido un punto crucial en el cambio que se verificó en su vida, entonces relató que un buen día comenzó a salir con una jovencita que guardaba la Palabra de Sabiduría y que vivía de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia. Dijo que después de haber salido con la joven durante unos pocos meses., ella había tratado de ayudarlo a que cumpliera con la Palabra de Sabiduría, hasta que un día, la chica le dijo: “Si no observas la Palabra de Sabiduría, y vives como corresponde, no podré seguir saliendo contigo”. El muchacho continuó su relato diciendo: “Y como yo la amaba, tomé la firme determinación de empezar a vivir de acuerdo con los principios de la Iglesia, pues me di cuenta de que deseaba casarme algún día con ella, y de qué asimismo, mis deseos eran de que el casamiento se efectuara en el templo.”

Es necesario que cada día recordemos quiénes somos y que vivamos de acuerdo con el conocimiento que tenemos; como miembros de la Iglesia, debemos tener presente en todo momento que el mundo no comprende el propósito de la vida en la forma en que nosotros lo entendemos; no entiende que somos hijos espirituales de Dios, y por esa razón, me gustaría sugeriros, hermanas, que recordaseis cada día que sois en verdad hijas espirituales de nuestro Señor. Y mientras hagáis esto, y os acerquéis a Él en oración, esforzándoos diligentemente en vivir como es debido, el Señor os fortalecerá en vuestra determinación. Seguir leyendo

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Preparad a vuestros hijos

29 de Octubre de 1978. Conferencia de Área en Buenos Aires, Argentina
Preparad a vuestros hijos
por el élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce

Gordon B. HinckleyMis queridas hermanas, estoy profundamente agradecido por la oportunidad de estar con vosotras en esta ocasión y ruego tener la inspiración del Espíritu Santo en todo aquello que diga.

He disfrutado la música de este coro maravilloso, este grupo de madres e hijas cantando unidas las canciones de Sión. No hay nada mejor que pueda desear a cada joven-cita de la Iglesia, que la oportunidad de casarse con un joven Santo de los Últimos Días, un poseedor del Sacerdocio, que lo honre y lo magnifique. Espero que cada una de vosotras tenga este privilegio.

Todos sabemos que, si bien el matrimonio es el deseo de toda mujer normal, habrá algunas que no tendrán esa oportunidad, y no porque les falte dignidad, talentos y belleza. Aunque no puedo explicar la razón para ello, ni creo que nadie pueda, me gustaría referirme a este tema. No os serviría de nada dedicar vuestro tiempo a preocuparos por esa circunstancia, o a buscar errores en vosotras mismas para justificarla; eso sólo empeoraría la situación, y con el tiempo borraría de vuestro rostro la hermosa sonrisa y empañaría la alegría de vuestra vida. Sé que fácilmente os sentiréis desanimadas, y la única cura que puedo sugeriros es haceros comprender que en alguna parte, hay alguien que os necesita. Si observáis a vuestro alrededor, veréis que hay muchas otras personas que se encuentran en circunstancias muy tristes, y que necesitan vuestra ayuda.

Mi consejo es que os olvidéis de vosotras mismas, y os alleguéis a vuestro prójimo con amor, con bondad y con el deseo de servirlo. El Señor mismo nos ha mostrado el camino cuando dijo:

“El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.” (Mat. 10:39.)

Me gustaría citar el ejemplo de una hermana a quien conozco muy bien; ella se convirtió a la Iglesia cuando era muy joven, y al recibir su bendición patriarcal, se le dijo que llegaría a ser madre. Estaba ansiosa por formar un hogar, pero los años fueron pasando y no se casaba; después de los veintiuno, cumplió una misión y fue una gran misionera; al regresar a su casa, aprovechó todas las oportunidades que se le presentaron para prepararse y poder conseguir empleos bien remunerados. Con el tiempo llegó a ocupar puestos de gran responsabilidad, y en la Iglesia la llamaron como presidenta de la organización de Mujeres Jóvenes de la estaca a la cual pertenecía. Así, cumplió los treinta años, los cuarenta, y seguía soltera.

Después de haber cumplido ya los cincuenta años, un buen hombre que había perdido a su primera esposa, reconoció las grandes cualidades que ella tenía y le propuso matrimonio. Se casaron cuando ella ya no podía tener hijos propios; pero se convirtió en una madre amorosa para los hijos de su esposo, en una cariñosa abuela para sus nietos, y todos la amaban y respetaban. Cuando él fue llamado como presidente de misión, ella hizo las veces de madre para los seiscientos jóvenes que servían como misioneros.

Después de relevarlos de su cargo, la llamaron como Presidenta de la Mesa General de la Asociación Primaria de la Iglesia; esto le dio la oportunidad de ser “madre” de unos doscientos mil niños de la Primaria, que recibieron el beneficio de su amor y talento hasta el día en que finalizó su jomada terrenal. La promesa recibida por intermedio de un siervo inspirado del Señor, se había cumplido de un modo extraordinario e insólito. Seguir leyendo

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Predicad el Evangelio a toda criatura

29 de Octubre de 1978. Conferencia de Área en Buenos Aires, Argentina
Predicad el Evangelio a toda criatura
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballAmados hermanos, pocas veces tenemos la oportunidad de reunirnos con tantos miembros del Sacerdocio como en esta noche, y nos regocijamos por tener este gran privilegio.

Hace ya algunos años, el presidente David O. McKay, en ese entonces Presidente de la Iglesia, vino a Argentina, y presidió una reunión que se llevó a cabo en uno de los renombrados teatros de esta ciudad. Fueron muchas las personas que le acompañaron desde el aeropuerto y también las que asistieron a la reunión que se realizó, y entre éstas hubo una persona que no conocía mucho sobre la Iglesia; se trataba del editor de un periódico local. Cuando regresó a su oficina después de la reunión, se sentó detrás de su escritorio y por el espacio de algunos minutos su mirada se perdió en el vacío. (Ya sabéis que a menudo uno se sienta a meditar, dejando que sus pensamientos vaguen libremente.) En esa posición permaneció por unos momentos hasta que su jefe, quien en esos momentos pasaba por la oficina, advirtió su abstracción y acercándose le preguntó: “Juan, ¿en qué piensas que estás tan ensimismado?” Juan suspiró profundamente, miró al jefe a los ojos y le dijo: “Señor, hoy escuché a un Profeta de Dios”.

En esta oportunidad deseo hablaros sobre el Sacerdocio. El élder Packer nos ha dejado un magnífico discurso sobre el tema, y ahora quisiera referirme a otro aspecto del mismo.

A aquellos de vosotros que sois los padres de las generaciones futuras, os digo que todo lo que hagáis ahora marcará el ritmo de aquello que vendrá dentro de algunos años. Si les falláis a vuestros hijos, el daño que causaréis será cuantioso. Esto trae a la memoria la escritura que dice:

“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46.)

El Señor espera que cumplamos con ciertos requisitos; Él quiere que sigamos el programa que ha establecido y nos hace responsables de ello; por lo tanto, es obligación de todo padre asegurarse de que su hijo siga los pasos que ha indicado el élder Packer.

Un niño se bautiza a los ocho años, no a los diez o a los doce, a menos que las circunstancias así lo exijan; y si buscamos en la sección 68 de Doctrinas y Convenios leemos que el Señor dice:

“Si hubiere en Sión, o en cualquiera de sus estacas organizadas, padres que tuvieren hijos, y no les enseñaren a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos,… el pecado recaerá sobre las cabezas de los padres.” (Vers. 25.)

No es suficiente con mandarlos a la Primaria y a la Escuela Dominical, sino que necesitan recibir una capacitación más concreta y deben saber que el Evangelio es verdadero y que hay requisitos que ellos también deben cumplir.

Los padres tienen que enseñarles a comprender. No es suficiente con que el niño escuche acerca de estas cosas tan importantes; debe entender el significado del bautismo y por qué él es bautizado; también de las promesas que hace al recibir esta ordenanza. Si los padres no cumplen con esta responsabilidad, el pecado recaerá sobre ellos. Seguir leyendo

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Sigamos las normas de virtud

29 de Octubre de 1978. Conferencia de Área en Buenos Aires, Argentina
Sigamos las normas de virtud
por el élder Juan Carlos Avila
Representante Regional del Consejo de los Doce

Mis queridos hermanos y amigos, hace más de cinco mil años ocurrió aquí en América una escena maravillosa: Adán, nuestro primer padre terrenal, reunió a su descendencia, que incluía siete generaciones después de él. El Señor le reveló al profeta José Smith lo siguiente:

“Tres años antes de su muerte, Adán llamó a Set, Enós, Cainán, Mahalaleed Jared, Enoc, y Matusalén, quienes eran sumos sacerdotes, y junto con ellos al resto de los de su posteridad que eran justos, al valle de Adán-ondi-Ahman, y allí les confirió su última bendición.

Y Adán se puso de pie en medio de la congregación, y a pesar de que lo agobiaba el peso de sus años, lleno del Espíritu Santo predijo todo cuanto habría de sobrevenir a su posteridad hasta la última generación.” (D. y C. 107:53, 56.)

Mis hermanos, he tratado muchas veces de imaginar esa escena, y tal vez mi mente llevada por el Espíritu me ha hecho participar y saborear otra escena similar que seguramente deberá llevarse a cabo en ese mismo lugar llamado Adán-ondi-Ahman, precediendo la segunda venida del Salvador.

El presidente José F. Smith nos dice lo siguiente:

“Cuando esa reunión se celebre, el mundo no lo sabrá, los miembros de la Iglesia en general no se enterarán de eso, sin embargo, será preparatoria a la venida de nuestro Salvador Jesucristo en nubes de gloria.”

Como lo ha dicho el Profeta, el mundo no podrá saber de ello y los santos no podrán saber de ello, excepto aquellos que oficialmente serán convocados a ese concilio, porque precederá la venida de Jesucristo como ladrón en la noche, ignorado por todo el mundo.

Esta sesión del Sacerdocio, en la que muchos padres e hijos están congregados, me hace recordar que también hace muchos años, cuando yo era un adolescente, el Presidente de la Misión, Emest Young, hacía reunir en la vieja capilla de Liniers a todos los padres junto con sus hijos. Recuerdo que era todo un acontecimiento para mis hermanos y para mí, el hecho de que mi padre nos llevara a nosotros seis para tener esta actividad junto a los otros padres con sus hijos. Recuerdo la reunión de testimonios al finalizar la actividad, cuando los ojos de muchos padres se llenaban de lágrimas al expresar su gratitud por esta sublime experiencia vivida.

A veces he pensado si, como en aquella hermosa ocasión en que Adán se reunió con sus descendientes para darles sus últimas instrucciones y bendiciones, nosotros como padres, estaremos preparados para hacer lo mismo cuando lo requieran las circunstancias. ¿Hemos estado hablando a nuestros hijos de las normas por las que deben regir su vida? ¿Hemos hablado con ellos de la necesidad de mantenerse limpios? Decía nuestro querido élder Richard L. Evans: “Si no tenemos normas, no sabremos cómo conducir nuestra vida”. No habiendo normas, leyes y principios, no sabremos lo que es o no es aceptable; violar o eliminar cualquier norma o principio es como sacar las estrellas del firmamento, o quitar la aguja de la brújula, o las reglas de una misión; si lo hacemos nos quedaremos sin ninguna manera de saber dónde estamos, ni hacia dónde vamos.

Es importante que vosotros, hijos, seáis obedientes a estas normas de virtud. Debéis prepararos desde ahora para ser verdaderos líderes en nuestras misiones. El presidente

Kimball quiere más y mejores misioneros; entonces la meta de cumplir una misión debe estar siempre presente en todo joven. No hagáis experimentos con las cosas profanas. A veces la curiosidad por las cosas obscenas o la pornografía, hace caer a los jóvenes por una pendiente que desemboca en un gran precipicio. ¡Cuántas huellas dejan estas tristes experiencias!

Recuerdo cuando yo presidía la Misión del Sur, a un misionero que en una de las entrevistas descargó su alma dolorida por el pecado, confesándome las terribles faltas que había cometido entre los 16 y 18 años de edad. Me dijo: “Presidenta, ya no puedo vivir más siendo un hipócrita, y tal vez usted deje de amarme, pues no tendrá más confianza en mí cuando sepa lo que yo he hecho de mi vida.”

El Salvador dijo que no podemos esconder nuestra luz debajo del almud, el élder Sterling W. Sills dijo que cuando hacemos lo malo, a semejanza de Lucifer arrastramos a otras personas en pos de nosotros.

Siempre fueron una hermosa guía para mi vida las palabras del querido presidente Heber J. Grant: “Sueña, sueña, oh juventud, sueña noble y varonilmente, y tus sueños serán tus profetas”.

Solía decir el élder Richard L. Evans:

“No os dejéis engañar por la música ni por la luz de la luna. Escoged vuestra compañera consultando al Señor, confiaos a vuestros padres, tened en cuenta que la más fina pieza del universo es el cerebro, y que la naturaleza se cobrará cada centavo que le debamos. Joven, algún día tendrás que volver al mostrador de la naturaleza. Ten en cuenta que el éxtasis de un momento puede ser miseria para toda la vida; no coquetees con el pecado.”

Quiero testificaros que el vivir limpio trae una tranquilidad de espíritu, cuya paz no puede compararse con ningún otro valor terrenal. También os testifico que Jesús es el Cristo, a quien amo tanto; que José Smith fue y es un Profeta y que el presidente Kimball lo es en nuestros días. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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