Conferencia General de Octubre 1960
No Juzguéis

por el Élder Milton R. Hunter
Del Primer Consejo de los Setenta
En su magistral discurso del Sermón del Monte, Jesús dio un mandamiento vital que ha sido prácticamente ignorado por la humanidad. En muchos casos en los que no ha sido ignorado, ha sido quebrantado muchas veces por la mayoría de las personas.
Creo que todos deseamos hacer lo correcto, vivir cerca del Señor; por ello, esta tarde quisiera hablar un poco sobre la observancia de este mandamiento.
“No juzguéis,” mandó Jesús, “para que no seáis juzgados.” Y luego dio esta advertencia:
“Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, os será medido” (Mateo 7:1-2).
A lo largo de mi vida, al relacionarme con muchas personas de diversas denominaciones religiosas, he observado que, por regla general, parece que a los seres humanos les gusta murmurar. Nos agrada escuchar cosas desagradables sobre nuestros vecinos y hablar unos de otros. Parece que a menudo obtenemos cierto grado de satisfacción, e incluso alegría, al decir cosas malas sobre otras personas. Juzgamos a los demás de manera irreflexiva y, en ocasiones, maliciosa. A veces censuramos a nuestros semejantes injustamente, muchas veces con falta de amabilidad, y en la mayoría de los casos hablamos sin tener pruebas que respalden lo que decimos. Parecemos olvidar que Santiago, el hermano del Señor, advirtió que la lengua indómita está “llena de veneno mortal” (Santiago 3:8). Seguir leyendo





































