Procurar el rescate

PROCURAR EL RESCATElogo 4
por Connie Goulding

Al igual que 33 hombres atrapados por el derrumbe de una mina en Chile, quizás nos sintamos atrapados por nuestras pruebas y debilidades; sin embargo, mediante el Plan de Salvación podemos tener la esperanza de un rescate.

El 5 de agosto de 2010, 33 mineros chilenos quedaron atrapados por un derrumbe masivo después de que la roca en el interior de la mina se desplomara. Quedaron restringidos a una pequeña zona segura y a los túneles de la mina por debajo del derrumbe, a unos 700 m en las profundidades de la Tierra.

La situación era desalentadora. Quedaron separados de su hogar y su familia por una capa sólida de casi un kilómetro de roca, y contaban con sólo un pequeño abastecimiento de comida y de agua. Aunque tenían herramientas y conocimientos, no podían salvarse a sí mismos debido a la inestabilidad de la mina. Su única oportunidad era que los encontraran y los rescataran.

A pesar de ello, eligieron aferrarse a la esperanza; se organizaron, racionaron la comida y el agua, y esperaron. Tenían fe en que las personas que estaban en la superficie estuvieran haciendo todo lo posible por rescatarlos. Aún así, debió haber sido muy difícil aferrarse a esa esperanza mientras esperaban en la oscuridad. Pasaron los días y después las semanas. La comida que habían racionado cuidadosamente se les acabó.

Yo también sufrí un terrible colapso en la vida. Ante mis ojos, mi hijo de ocho años, hermoso, alegre y lleno de vida, fue atropellado por un automóvil. Sostuve su cuerpo mientras su sangre corría por la carretera y su espíritu se alejaba y regresaba a su hogar celestial. Le supliqué a mi Padre Celestial que le permitiera quedarse, pero eso no era parte del plan de la vida de mi hijo.

Me encontraba perdida en la oscuridad, abrumada por la carga de mi dolor; me sentía agotada, incapaz de descansar, debido a que el problema de la mortalidad me nublaba la vista. Llegué a saber que un corazón roto es una verdadera sensación física. Donde una vez tuve el corazón, ahora sólo había una cavidad oscura, herida y adolorida.

Yo sabía que debía ser lo suficientemente fuerte para superarlo; muchas personas habían sufrido más; pero, al igual que los mineros, atrapados por la roca que los tenía cautivos, yo no podía deshacerme de la carga de mi dolor.

Todos podemos sentirnos atrapados de muchas maneras. Algunos quizás se sientan atrapados por pruebas personales, debilidades o circunstancias difíciles de la vida; sin embargo, nos consuela saber que la vida mortal es un tiempo en el que nos volvemos más fuertes a medida que enfrentamos nuestro dolor y nuestra angustia. Encontramos esperanza en Jesucristo. Seguir leyendo

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La caridad nunca deja de ser

Conferencia General Octubre 2010
La caridad nunca deja de ser
Por el presidente Thomas S. Monson

En vez de ser prejuiciosos y críticos los unos con los otros, ruego que tengamos el amor puro de Cristo hacia nuestros compañeros de viaje en esta jornada por la vida.

Nuestra alma se ha regocijado esta noche y se ha elevado hacia el cielo. Se nos ha bendecido con música hermosa y mensajes inspirados. El Espíritu del Señor está aquí. Ruego que Su inspiración esté conmigo al compartir con ustedes algunos de mis pensamientos y sentimientos.

Comienzo con una breve anécdota que ilustra un punto que quisiera exponer.

Lisa y John, una pareja joven, se mudaron a un nuevo vecindario. Una mañana, mientras desayunaban, Lisa miró por la ventana y observó cómo la vecina de al lado colgaba la ropa lavada.

“¡Esa ropa no está limpia!”, exclamó Lisa. “¡Nuestra vecina no sabe cómo lavar la ropa!”

John continuó observando pero permaneció en silencio.

Cada vez que su vecina colgaba la ropa lavada para que se secara, Lisa hacía los mismos comentarios.

Algunas semanas después, Lisa se sorprendió al mirar por la ventana y ver ropa lavada, prolija y limpia, que colgaba en el patio de la vecina. Le dijo a su esposo: “¡Mira, John, finalmente ha aprendido a lavarla bien! Me pregunto cómo lo hizo”.

John respondió: “Bien, yo te contestaré, querida. Quizás te interese saber que esta mañana me levanté temprano y lavé nuestras ventanas”.

Esta noche quisiera compartir con ustedes algunas ideas concernientes a cómo nos vemos los unos a los otros. ¿Miramos por una ventana que debe limpiarse? ¿Juzgamos a pesar de no conocer todos los hechos? ¿Qué vemos cuando miramos a otras personas? ¿Qué juicios emitimos sobre ellas?

Dijo el Salvador: “No juzguéis”1. Continuó: “Y ¿por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, mas no te fijas en la viga que está en tu propio ojo?”2. Parafraseando: ¿Por qué miras lo que crees que es ropa mal lavada en la casa de tu vecina, mas no te fijas en la ventana sucia de tu propia casa?

Ninguno de nosotros es perfecto. No sé de nadie que profesaría serlo. Y sin embargo, por alguna razón, a pesar de nuestras propias imperfecciones, tenemos la tendencia de hacer notar las de otras personas. Emitimos juicios concernientes a sus acciones o inacciones.

En verdad no hay modo en que podamos conocer el corazón, las intenciones o las circunstancias de alguien que podría decir o hacer algo para lo cual hallemos razones para criticar. Por ello el mandamiento: “No juzguéis”.

En esta conferencia general se cumplen cuarenta y siete años de que se me llamó al Quórum de los Doce Apóstoles. En ese momento, prestaba servicio en uno de los comités generales del sacerdocio de la Iglesia así que, antes de que se presentara mi nombre, me senté con los otros miembros de dicho comité del sacerdocio, como se esperaba que hiciera. Mi esposa, no obstante, no tenía idea de adónde ir ni nadie con quien sentarse; de hecho, no podía hallar asiento en ninguna parte del Tabernáculo. Una querida amiga nuestra, quien era miembro de una de las mesas de organizaciones auxiliares y estaba sentada en el área designada para los integrantes de éstas, le pidió a la hermana Monson que se sentara con ella. Esta mujer no sabía nada sobre mi llamamiento, el cual se anunciaría en breve; pero vio a la hermana Monson, reconoció su consternación y le ofreció gentilmente un asiento. Mi querida esposa se sintió aliviada y agradecida por este amable gesto. Al sentarse, sin embargo, oyó un fuerte murmullo detrás de sí conforme una de las miembros de la mesa expresaba su desagrado a quienes le rodeaban porque una de sus compañeras tuviera la audacia de invitar a una “extraña” a sentarse en el área reservada sólo para ellas. No había excusa para su conducta desconsiderada, sin importar a quién se hubiera invitado a sentarse allí. Sin embargo, me imagino cómo se habrá sentido esa mujer cuando se enteró que la “intrusa” era la esposa del apóstol más nuevo.

No sólo tendemos a juzgar las acciones y palabras de los demás, sino que muchos de nosotros juzgamos las apariencias: la ropa, el cabello, el tamaño. La lista podría ser interminable.

Hace muchos años se publicó en una revista nacional un clásico relato sobre el juzgar por las apariencias. Es una historia verdadera; quizás la hayan escuchado, pero vale la pena repetirla.

Una mujer llamada Mary Bartels tenía una casa directamente enfrente de la entrada de un hospital clínico. Su familia vivía en la planta principal y rentaba los cuartos de los pisos superiores a los pacientes de la clínica.

Una tarde, un hombre mayor de aspecto verdaderamente horrible llegó a la puerta y preguntó si había algún lugar para que él pasara la noche. Estaba encorvado y arrugado, y su rostro, más grande de un lado a causa de una inflamación, estaba rojizo y sin piel. Dijo que había estado buscando un cuarto desde el mediodía, aunque sin éxito. “Supongo que es por mi rostro”, dijo. “Sé que se ve terrible, pero mi doctor dice que es posible que mejore después de más tratamientos”. El hombre indicó que estaba dispuesto a dormir en la mecedora del porche. Al conversar con él, Mary comprendió que el pequeño anciano tenía un corazón enorme atrapado dentro de ese diminuto cuerpo. Aunque los cuartos estaban ocupados, le dijo que aguardara en la mecedora, y que ella le hallaría un lugar donde dormir. Seguir leyendo

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Ya rompe el alba

Conferencia General Abril 2004
Ya rompe el alba
Presidente Gordon B. Hinckley

¡Qué época tan gloriosa ha sido y sigue siéndolo! Ha nacido un nuevo día en la obra del Todopoderoso.

¿No fue absolutamente espectacular? Gracias a Liriel Domiciano y al coro. ¡Qué gran declaración de fe!: “Yo sé que vive mi Señor”. Gracias nuevamente por esa música conmovedora y maravillosa.

Quisiera decir, en primer lugar, a todos los miembros de la Iglesia y demás personas: gracias por la bondad que han extendido a mi esposa y a mí; han sido ustedes tan gentiles y generosos, y nos sentimos conmovidos por todo lo que hacen por nosotros. Si a todo el mundo se lo tratara como se nos trata a nosotros, sería un mundo muy diferente; nos trataríamos unos a otros en el Espíritu del Maestro, que tendió la mano para consolar y sanar.

Hermanos y hermanas, ahora que el presidente Packer se ha dirigido a ustedes en calidad de abuelo, me gustaría explayar uno de los temas que él ha presentado. Yo, también, ya soy un hombre entrado en años, incluso mayor que él, si eso es posible. He vivido ya largo tiempo, he viajado a lugares lejanos y he visto gran parte de este mundo. En momentos de tranquila reflexión, me pregunto por qué hay tantas dificultades y tanto sufrimiento en casi todas partes. Nuestros días están llenos de peligro; a menudo se hace referencia a las palabras de Pablo a Timoteo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1). Procede luego a describir las condiciones que prevalecerán en esa época. Creo que es sumamente obvio que estos últimos días son en verdad tiempos peligrosos que encajan con las condiciones que Pablo describió (véase 2 Timoteo 3:2–7).

Pero el peligro no es algo nuevo para la familia humana. En Apocalipsis se nos dice que “hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;

“pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

“Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:7–9). Seguir leyendo

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Y si no…

Conferencia General Abril 2004
Y si no…
Élder Dennis E. Simmons
De los Setenta

Los hombres logran cosas maravillosas al confiar en el Señor y obedecer Sus mandamientos; ejerciendo la fe, aun cuando no sepan cómo los va a formar el Señor.

Cuando era jovencito, volví un día a casa después de un torneo de básquetbol del octavo año escolar desanimado, desilusionado y confuso. “¡No sé por qué perdimos! ¡Yo tenía fe en que íbamos a ganar!”, me quejé a mi madre.

Ahora me doy cuenta de que no sabía entonces lo que es la fe.

La fe no es una bravuconada, no es sólo un deseo, ni sólo una esperanza. La verdadera fe es fe en el Señor Jesucristo, es la confianza y seguridad en Él que llevan a la persona a seguirlo 1.

Hace muchos siglos, Daniel y sus jóvenes compañeros se vieron de pronto lanzados de su lugar seguro al mundo, a un mundo extraño y amenazante. Cuando Sadrac, Mesac y Abed-nego rehusaron inclinarse ante la estatua de oro que había mandado hacer Nabucodonosor y adorarla, éste, furioso, les dijo que si no lo ha-cían, se les echaría en un horno ardiente, y agregó: “…¿y qué Dios será aquel que os libre de mis manos?” 2.

Los tres jóvenes respondieron de inmediato y con confianza: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará”. Esas palabras reflejan la clase de fe que yo tenía cuando estaba en el octavo grado. Pero entonces ellos demostraron que comprendían plenamente lo que es la fe, al decir: “Y si no… no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” 3. Ésa es una declaración de verdadera fe.

Ellos sabían que podían confiar en Dios, aun cuando las cosas no salieran de acuerdo con sus esperanzas 4. Sabían que la fe es algo más que un asentimiento mental, más que el simple reconocimiento de que Dios vive. La fe es confianza total en Él.

La fe es creer que aunque no lo comprendamos todo, Él lo comprende; fe es saber que aunque nuestro poder es limitado, el Suyo no lo es. La fe en Jesucristo consiste en una completa confianza en Él. Seguir leyendo

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Tuve hambre, y me disteis de comer

Conferencia General Abril 2004
Tuve hambre, y me disteis de comer
Presidente Gordon B. Hinckley

Dondequiera que hayan surgido necesidades de cualquier índole, allí ha habido representantes de la Iglesia… Yo he sido testigo personal de la eficacia de nuestros esfuerzos humanitarios.

En 1936, hace sesenta y ocho años, una de las secretarias del Quórum de los Doce me comentó lo que un miembro de ese quórum le había dicho, que en la siguiente conferencia general se iba a anunciar un nuevo programa que se llegaría a reconocer como algo aún más notable que la llegada de los pioneros a estos valles.

Haciendo un paréntesis, nunca deben comentarle a su secretaria nada que se suponga que deba ser confidencial, y ella no debería compartir con nadie ninguna información confidencial que se le haya dado.

Eso sucedió en aquel entonces, pero con toda seguridad que ya no sucede hoy. ¡Claro que no! Debo agregar que mis capaces secretarias nunca han sido culpables de semejante abuso de confianza.

Como bien lo saben quienes estén familiarizados con la historia, en aquel momento se anunció el Plan de Seguridad de la Iglesia, al que más adelante se le dio el nombre de Programa de Bienestar de la Iglesia.

Me preguntaba en aquellos días cómo lo que hiciera la Iglesia podría eclipsar en la mente de persona alguna la histórica congregación de nuestra gente en estos valles del oeste de los Estados Unidos. Aquel fue un acontecimiento de dimensiones tan extraordinarias que pensé que nada llegaría jamás a ser tan digno de mención, pero he descubierto algo interesante en los últimos tiempos.

En la Oficina de la Primera Presidencia recibimos a muchos visitantes distinguidos, entre ellos, jefes de estado y embajadores de naciones. Hace pocas semanas nos visitó el alcalde de una de las ciudades más reconocidas del mundo y después el vicepresidente y el embajador de Ecuador, el embajador de Lituania, el embajador de Bielorrusia y otros. En nuestras conversaciones, ni uno solo de ellos hizo referencia al gran éxodo de nuestros pioneros, pero cada uno, en forma independiente, habló con gran admiración de nuestro programa de bienestar y de nuestros esfuerzos humanitarios. Seguir leyendo

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Tan sólo con pensar en Ti

Conferencia General Abril 2004
Tan sólo con pensar en Ti
Obispo Keith B. Mcmullin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Jesús, tan sólo con pensar en Ti, mi corazón se llena de un gozo inexplicable que controla cada fibra de mi ser.

Recientemente se oyó al presidente Hinckley decirle a una joven pareja de recién casados en el templo: “¡Qué época tan maravillosa en la que vivir y estar enamorados!”. Su perspectiva y personalidad optimistas nos dan consuelo e infunden esperanza en un mundo sombrío. Sin embargo, éstas son más que meras manifestaciones de una personalidad positiva. Un rápido vistazo al pasado servirá para ilustrar mis palabras.

A principios del siglo doce, el clérigo San Bernard de Clairvaux, “hombre de fe intensa” 1 , escribió lo siguiente:

Tan sólo con pensar en Ti
Me lleno de solaz,
Y por Tu gracia, oh Jesús,
Veré Tu santa faz 2 .

Estas líneas tienen que ver con la esperanza, la dicha y la paz, aun cuando se escribieron en una época en la que el mundo estaba sumido en la ignorancia, la pobreza y la desesperación. Esas palabras expresan la calmada certeza que siempre acompaña al testimonio de Jesús. Esta misma certeza brinda aliento y optimismo a nuestro amado profeta y a todos los fieles seguidores de Jesucristo.

Entonces, ¿qué es este testimonio de Jesús, cómo se obtiene y qué hará por los que lo reciban? El testimonio de Jesús es el conocimiento cierto y seguro, revelado al espíritu de una persona mediante el Espíritu Santo, de que Jesús es el hijo viviente del Dios viviente3.

Dado que el testimonio de Jesús procede de Dios, es vital y esencial para una vida feliz; es el principio fundamental de nuestra religión, y todas las demás cuestiones referentes a nuestra fe son apéndices de él 4 . El presidente Hinckley nos recuerda: Seguir leyendo

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Su influencia personal

Conferencia General Abril 2004
Su influencia personal
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Al seguir al Varón de Galilea, el Señor Jesucristo, nuestra influencia personal surtirá un efecto positivo allí donde estemos, cualesquiera que sean nuestros llamamientos.

Mis queridos hermanos y hermanas, tanto los aquí presentes como los que se hallan congregados en todo el mundo: solicito sus oraciones y su fe para responder a mi asignación y privilegio de dirigirles la palabra.

Hace más de cuarenta años, cuando el presidente David O. McKay me llamó a servir en el Quórum de los Doce Apóstoles, me recibió cálidamente con una sincera sonrisa y un tierno abrazo. Entre los sagrados consejos que me dio se hallaba la siguiente exposición: “Existe una responsabilidad de la que nadie puede huir, a saber: el efecto de la influencia personal”.

El llamamiento de los primeros apóstoles reflejaba la influencia del Señor. Cuando Él buscó a un hombre de fe, no lo hizo entre la multitud de los que se consideraban justos y que se hallaban casi siempre en la sinagoga, sino que lo llamó de entre los pescadores de Capernaum. Pedro, Andrés, Santiago y Juan oyeron el llamado: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” 1. Y fueron en pos de Él. Simón, el vacilante, llegó a ser Pedro, apóstol de fe.

Cuando el Salvador tuvo que escoger un misionero lleno de fervor y de poder, no lo halló entre Sus seguidores, sino entre Sus adversarios: Saulo de Tarso, el perseguidor, llegó a ser Pablo, el proselitista. El Redentor escogió a hombres imperfectos para enseñar el camino que conduce a la perfección. Lo hizo entonces y lo hace en la actualidad.

Él les llama a ustedes, y me llama a mí, para servirle aquí y nos asigna las tareas que desea que cumplamos. El compromiso es total y no podemos dudar de que estamos haciendo lo correcto.

Al seguir al Varón de Galilea, el Señor Jesucristo, nuestra influencia personal surtirá un efecto positivo allí donde estemos, cualesquiera que sean nuestros llamamientos. Seguir leyendo

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Recordemos cuán misericordioso ha sido el Señor

Conferencia General Abril 2004
Recordemos cuán misericordioso ha sido el Señor
Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Muchos recuerdos han quedado firmemente grabados en la memoria de cada uno de ustedes. Esos recuerdos pueden ayudarnos a recordar “cuán misericordioso ha sido el Señor”.

Hermanos, permítanme rememorar, de manera informal y con gratitud, días pasados. Espero que podamos hacerlo cómodamente, casi como una conversación, citando unos cuantos recuerdos, unas pocas y pequeñas lecciones de la vida —nada espectacular—, y también varias frases clave para tener en cuenta. El enfoque de esos recuerdos se centra en la forma en que un Señor misericordioso me ha hecho progresar (véase Moroni 10:3).

Si tan sólo uno de esos recuerdos puede “aplicarse” a ustedes (véase 1 Nefi 19:23), quizás padres e hijos deseen analizarlo juntos más tarde.

  1. Remontémonos a sesenta años atrás. Las actas del Barrio Wandamere, de la Estaca Grant, del 4 de junio de 1944, indican que la Santa Cena fue bendecida por mis amigos Ward K. Jackson y Arthur Hicks, y por mí, para una congregación de ciento cuarenta y una personas. Después de eso, fui a la guerra. En mayo de 1945, bendije otra vez la Santa Cena, pero en una trinchera de Okinawa y para una congregación de una sola persona: yo.

Mi capacitación de joven me sirvió de guía sin bombo y platillo, y la aprecié entonces sólo en parte, ¡incluso el abstenerme de tomar café en aquellas circunstancias en las que el agua era escasa y tenía el mal sabor del cloro! Seguir leyendo

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Recibieron el mensaje correcto?

Conferencia General Abril 2004
¿Recibieron el mensaje correcto?
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Debemos mantener nuestra vida en orden para que, cuando recibamos un… mensaje diciéndonos qué quiere el Señor que hagamos, podamos responder.

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos, los saludo con el espíritu de hermandad y amor. Vivimos en la maravillosa época de la autopista informática. La cantidad de información que se envía a través del correo electrónico, el fax, los teléfonos celulares y otros medios es formidable, es excesiva. El volumen es tan vasto que es fácil perder un mensaje esencial, y esas son pérdidas que pueden tener consecuencias graves.

Por ejemplo, en tiempos de guerra, la pérdida de mensajes entre comandantes y soldados del frente ha dado como resultado gran confusión y muchas bajas. En la Primera Guerra Mundial, el Batallón 308 de Infantería recibió la orden de ir al frente en un intento desesperado por tomar a cualquier precio una parte del bosque de Argona. La batalla fue tan encarnizada que las tropas de apoyo de los flancos derecho e izquierdo emprendieron la retirada y el batallón quedó aislado y rodeado por el enemigo. Debido a que el cuartel general perdió la comunicación con ellos, se les llegó a conocer como el Batallón Perdido.

El batallón se comunicaba con el cuartel general por medio de palomas mensajeras, pero, tan pronto como las palomas levantaban el vuelo, las fuerzas contrarias las mataban. La misma artillería del Batallón Perdido, sin saber dónde estaba éste, abrió fuego sobre ellos causando numerosas bajas. El batallón quedó sin alimentos y sin agua, pero resistió y no se rindió a pesar de sus grandes pérdidas. Por fin, una de las palomas, llamada Cher Ami [Querido Amigo], aunque herida, logró llegar hasta el cuartel general llevando el mensaje que indicaba la posición del batallón. Los sobrevivientes fueron rescatados gracias a un mensaje crucial que llegó a destino 1 .

Cada vez que perdemos mensajes importantes hay consecuencias serias, especialmente si esos mensajes provienen de Dios. A lo largo de la historia, Él ha enviado mensajes de diversas maneras. Moisés estaba pastoreando las ovejas de su suegro en el desierto cuando se encontró con “una llama de fuego en medio de una zarza” 2. El hecho de que la zarza no se consumía despertó su curiosidad y quiso saber el porqué 3. Al volverse para mirar, “lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés! ¡Moisés! Y él respondió: Heme aquí” 4 . Dios le dijo: “…quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” 5. Dios había determinado hablar con Moisés desde una zarza ardiente; le dijo que tenía una obra para él, que específicamente era la de sacar de Egipto a los hijos de Israel y llevarlos “a una tierra… que fluye leche y miel” 6. Seguir leyendo

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Raíces y ramas

Conferencia General Abril 2004

Raíces y ramas

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Resumiéndolo sencillamente, digamos que recibiremos las bendiciones más grandes de la vida si nuestro amor por Jesucristo está profundamente arraigado en nuestro corazón.



Cada vez que pasamos por la sección de seguridad de un aeropuerto, se nos pide que mostremos un documento de identidad con fotografía; entendemos el motivo y hacemos lo que se nos pide, sabiendo que es necesario y útil. Pero muestro mi foto como evidencia de mi verdadera identidad un poco abochornado; si al mirar la foto de mi pasaporte alguien dijera que es igual a mí, yo sabría que debo volver a casa para acicalarme. Pero el bochorno tiene otra causa: la foto no indica nada de mis raíces ni mis ramas, y éstas son partes importantes de mi identidad. ¿Podrían ustedes describir un árbol al ver una fotografía de su tronco solamente? ¡No! Las raíces y las ramas de un árbol proporcionan muchos más detalles sobre éste. Lo mismo ocurre con nosotros, tanto personalmente como con nuestra religión.

Las raíces personales

Las raíces personales son sumamente importantes. Mi esposa y yo conocemos a una familia que muestra con orgullo la evidencia de sus raíces ancestrales mediante murales en las paredes exteriores de su casa. Tienen allí pintadas hermosas representaciones del patrimonio familiar de las líneas de ambas familias.

Cuando los parientes se reúnen alrededor de un niño recién nacido, inevitablemente se oyen comentarios como: “Es pelirroja como la madre”, o “Tiene un hoyuelo en el mentón, igual que el padre”.

Cada uno de nosotros tiene sus raíces ancestrales. Todo hombre ha recibido algunas características genéticas iguales a las de su padre; toda mujer ha recibido algunas características genéticas iguales a las de su madre 1 . Además, cada uno de nosotros ha recibido otros rasgos genéticos que nos hacen únicos. Seguir leyendo

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Presentarnos sin mancha ante el señor

Conferencia General Abril 2004
Presentarnos sin mancha ante el Señor
Élder Clate W. Mask, Hijo
De los Setenta

Gracias a la expiación de Jesucristo, todos podemos presentarnos ante el Señor sin mancha, puros y blancos.

Hace años, mi aventurero hijo Jeff y yo nos encontrábamos a la una de la mañana en un viejo autobús que se bamboleaba en un camino de tierra de América Central. Habíamos tomado el autobús que salía más temprano porque era el único que había ese día. Media hora después, el conductor paró para dejar subir a dos misioneros; al verlos, les preguntamos con curiosidad a dónde iban a esa hora tan temprana. ¡A una conferencia de zona! Y estaban resueltos a hacer cualquier cosa por llegar a ella. A las dos de la mañana, otros dos élderes subieron al autobús y abrazaron con entusiasmo a sus compañeros de misión. Esa escena se repitió cada media hora mientras el vehículo subía por el remoto camino montañoso. Para las cinco de la mañana, teníamos a 16 escogidos del Señor como compañeros de viaje y disfrutábamos del Espíritu que trajeron a bordo.

De pronto, el autobús se detuvo haciendo chirriar los frenos, ya que un enorme deslizamiento de barro había cubierto el camino. Jeff me preguntó: “¿Qué hacemos ahora, papá?”. Nuestros amigos Stan, Eric y Allan tenían la misma preocupación. Entonces, el líder de zona gritó a los demás: “¡Vamos, élderes, nada nos va a detener!”, y todos salieron apresurados del autobús. Nosotros nos miramos y dijimos: “Sigamos a los élderes”, y salimos todos chapoteando en el barro tratando de seguir a los misioneros. Dio la casualidad de que había un camión del otro lado y todos subimos. Pero menos de dos kilómetros más adelante nos encontramos con otro deslizamiento, y una vez más, los élderes cruzaron entre el lodo mientras nosotros los seguíamos de cerca, pero esa vez no encontramos a ningún camión. El líder de zona dijo: “Vamos a llegar a donde tenemos que estar aunque tengamos que ir a pie el resto del camino”. Años más tarde, Jeff me dijo que aquellos misioneros y la foto que se tomaron lo habían inspirado y motivado enormemente cuando sirvió al Señor en Argentina.

Aunque pudimos atravesar los montones de barro, quedamos todos sucios. Los misioneros estaban un poco nerviosos pensando en presentarse ante el presidente de la misión el día de la conferencia de zona, cuando él y la esposa estarían examinando cuidadosamente su aspecto. Seguir leyendo

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Permanezcan en el sendero de la rectitud

Conferencia General Abril 2004
Permanezcan en el sendero de la rectitud
Presidente Gordon B. Hinckley

Pidan la fortaleza para transitar por el sendero de la rectitud, el cual a veces puede parecer solitario, pero que llevará a la paz, a la felicidad y al gozo supremos.

Mis queridas jóvenes amigas, hermosas jovencitas, hemos escuchado testimonios inspiradores y maravillosos discursos de esta Presidencia de las Mujeres Jóvenes. ¡Son líderes muy talentosas y capaces! Y respaldándolas, hay una mesa general de la misma calidad, y en conjunto, brindan liderazgo a este grandioso programa para las mujeres jóvenes que se extiende a lo largo del mundo.

Es ahora mi turno de hablarles y casi no sé que decir. Me siento abrumado al ver a tantas de ustedes. En este grandioso Centro de Conferencias hay miles de personas; los edificios de los alrededores acomodarán el exceso de cupo. Estos servicios están llegando a centros de reuniones de muchos países de esta grande y vasta tierra.

Hay tantas de ustedes, y de todo corazón les tiendo la mano. Las aprecio, las honro y las respeto. Qué tremenda fuerza para bien son ustedes.

Ustedes son la fortaleza del presente; la esperanza del futuro.

Ustedes son el producto de todas las generaciones que las han precedido, la promesa de todas las que vendrán después.

Deben saber, como se les ha dicho, que no están solas en el mundo. Hay cientos de miles de ustedes, que viven en muchos países, que hablan diferentes idiomas, y cada una lleva algo divino en su interior.

No hay nadie que las supere; ustedes son hijas de Dios.

Han recibido como patrimonio algo bello, sagrado y divino. Nunca lo olviden. Su Padre eterno es el gran Maestro del universo. Él gobierna sobre todo, pero también escuchará sus oraciones como hijas Suyas, y las escuchará cuando le hablen. Él contestará sus oraciones y no las dejará solas. Seguir leyendo

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Permaneced en mí

Conferencia General Abril 2004
Permaneced en mí
Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Para que el fruto del Evangelio florezca y bendiga nuestra vida, debemos ceñirnos con firmeza a Él, el Salvador de todos nosotros.

Cuando la Iglesia era aún joven, las Autoridades Generales a menudo rendían informe de sus misiones en la conferencia general. Comprendo que estamos en el año 2004 y no en 1904, pero quisiera en esta ocasión retornar a aquella práctica y referirme a algunas de las maravillosas experiencias que mi esposa y yo estamos viviendo en Latinoamérica. Al hacerlo, espero que puedan tener alguna aplicación para ustedes, dondequiera que vivan o presten servicio.

Ante todo, quisiera agradecer a cada uno de los misioneros que han servido a lo largo de las épocas en esta trascendental obra de los últimos días que se nos ha dado. El desarrollo alcanzado por el Evangelio restaurado es un milagro en todo el sentido de la palabra, e igualmente milagroso es que, en gran medida, ese desarrollo sea el producto de los esfuerzos de jóvenes de diecinueve años. Al ver a sus hijos e hijas, nietos y nietas (y en algunos casos a sus padres y abuelos) trabajar fielmente en Chile, he pensado en las decenas de miles de otros misioneros como ellos a quienes hemos conocido por todo el mundo. Esos jóvenes puros, transparentes y entusiastas que trabajan de dos en dos, se han transformado en un símbolo viviente de esta Iglesia en todas partes. Ellos mismos son el primer mensaje del Evangelio que reciben sus investigadores, y cuán magnífico es ese mensaje. Todos saben quiénes son, y los que les conocemos mejor somos quienes más les amamos.

Cuánto me gustaría que conocieran a una hermana argentina que fue llamada a servir con nosotros. Con el deseo de hacer todo lo posible por cubrir ella misma los gastos de la misión, vendió su violín, casi su único y ciertamente su más preciado bien material. Sencillamente dijo: “Dios me bendecirá con otro violín después que yo haya bendecido a Sus hijos con el Evangelio de Jesucristo”.

También me gustaría que conocieran al élder chileno que, lejos de su familia e internado en un colegio, se encontró un día un Libro de Mormón y empezó a leerlo esa misma tarde. Al igual que la experiencia que tuvo Parley P. Pratt, leyó insaciablemente toda la noche. Al amanecer del día siguiente, se sintió conmovido por una profunda sensación de paz y de renovada esperanza. Se propuso averiguar el origen de ese libro y quién había escrito aquellas bellas páginas. Trece meses después estaba sirviendo en una misión. Seguir leyendo

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Para la fortaleza de la juventud

Conferencia General Abril 2004
Para la fortaleza de la juventud
Élder Earl C. Tingey
de la Presidencia de los Setenta

Las normas de la Iglesia son firmes y verídicas; tienen por objeto la seguridad eterna de ustedes.

Mis queridos hermanos del sacerdocio, ¡qué honor es para mí estar con ustedes esta noche! Cuatro de mis nietos se encuentran en el Centro de Conferencias: Craig, Brent, Kendall y Michael; quiero dirigirme a ellos y a todos los poseedores del Sacerdocio Aarónico e invitar a los demás a que escuchen.

En un mensaje de la Primera Presidencia que se halla en el folleto ’’Para la fortaleza de la juventud, leemos lo siguiente:

“Nuestros amados jóvenes… tenemos plena confianza en ustedes. Ustedes son espíritus escogidos que han nacido en esta época en que las responsabilidades y las oportunidades, al igual que las tentaciones, son sumamente intensas. Están iniciando su jornada por esta vida terrenal; su Padre Celestial desea que vivan felices y desea llevarlos de nuevo a Su presencia. Las decisiones que tomen hoy determinarán mucho de lo que habrá de venir durante su vida y la eternidad” 1.

Ustedes viven en un mundo de gran incertidumbre; hay muchas voces a su alrededor, muchos senderos; y no todos conducen a nuestro Padre Celestial. ¿Cómo sabrán a quién deben escuchar y a dónde deben ir?

El profeta Jacob responde a esas preguntas en este versículo: “…el Espíritu habla la verdad, y no miente. Por tanto, habla de las cosas como realmente son, y de las cosas como realmente serán…” 2.

Pero ¿cuáles son “las cosas como realmente son” a las que se refiere Jacob? Al hablar de ese tema, el élder Neal A. Maxwell dijo:

“Si no se responde obedientemente a ‘las cosas como realmente son’, surgen los interminables desvíos y las búsquedas infructuosas de otro curso de vida… Un curso de vida que está equivocado ahora no puede ser ni será correcto más adelante… Seguir leyendo

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No temáis

Conferencia General Abril 2004

No temáis

Presidente Boyd K. Packer
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Los valores morales de los cuales debe depender la civilización misma van bajando en espiral a un ritmo cada vez más rápido. No obstante, no temo al futuro.


Hace unas semanas, nuestro hijo menor con su esposa e hijos fueron a vernos a casa. El primero que salió del coche fue nuestro nieto de dos años, que fue corriendo hacia mí con los bracitos abiertos y gritando: “¡Abelo!, ¡abelo!, ¡abelo!”.

Al abrazarme las piernas, contemplé su carita sonriente y sus grandes e inocentes ojos, y pensé: “¿Qué clase de mundo le espera?”.

Durante un momento, sentí angustia, ese temor del futuro que tantos padres nos dicen sentir. Por todas partes adonde vamos, padres y madres se preocupan por el futuro de sus hijos en este mundo tan turbulento.

Pero entonces me sobrevino un sentimiento de confianza y mi temor del futuro se desvaneció.

El Espíritu que guía y consuela, con el que en la Iglesia estamos tan familiarizados, trajo a mi memoria lo que yo ya sabía. El temor del futuro se esfumó. Ese pequeñito de dos años y ojos vivarachos tendrá una vida buena —una vida muy buena—, y también sus hijos y sus nietos, aun cuando vivirán en un mundo lleno de mucha maldad.

Presenciarán muchos acontecimientos durante su vida, algunos de los cuales pondrán a prueba su valentía e incrementarán su fe. Pero si buscan, con oración, ayuda y orientación, se les dará poder para vencer lo adverso. No se permitirá que esas tribulaciones obstaculicen su progreso, sino que éstas les servirán para llegar a adquirir mayor conocimiento.

Como abuelo y como uno de los Doce, les daré algunos consejos, algunas advertencias y mucho aliento. Podría hacerlo mucho mejor si la abuela de mis nietos, mi esposa durante cincuenta y siete años, estuviera aquí, a mi lado. Las madres saben mucho más acerca de la vida que los padres, pero haré lo mejor que pueda. Seguir leyendo

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