Las palabras de cristo: nuestra liahona espiritual

Conferencia General Abril 2004
Las palabras de cristo: nuestra liahona espiritual
Élder W. Rolfe Kerr
De los Setenta

Con fe, llevemos las palabras de Cristo a nuestra mente y a nuestro corazón.

Considero que es un sagrado honor y privilegio el haberme unido a los miembros de la Iglesia de todo el mundo para sostener a la Primera Presidencia y al Quórum de los Doce Apóstoles como profetas, videntes y reveladores. Con humildad declaramos que ellos son “testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo” (D. y C. 107:23). Testificamos que ellos hablan “conforme los inspire el Espíritu Santo. Y lo que hablen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo será Escritura, será la voluntad del Señor, será la intención del Señor, será la palabra del Señor, será la voz del Señor y el poder de Dios para salvación” (D. y C. 68:3–4). El Salvador dijo: “…sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38). Declaramos al mundo que estos siervos del Señor en los últimos días hablan las palabras de Cristo.

El Salvador dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque… ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). El apóstol Pablo escribió a su leal compañero Timoteo lo siguiente: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16). Declaramos al mundo que el Libro de Mormón es Escritura dada por Dios mediante inspiración, y que de igual manera es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

Con fervor declaramos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios, traducida de registros antiguos por el don y el poder de Dios. Este antiguo registro fue escrito y preservado para salir a la luz como cumplimiento de profecía, como compañero de la Santa Biblia, y que ambos se utilizarían como uno en las manos del Señor (véase Ezequiel 37:16–20). En el Libro de Mormón se nos amonesta a “…[deleitarnos] en las palabras de Cristo; porque he aquí, las palabras de Cristo os dirán todas las cosas que debéis hacer” (2 Nefi 32:3). Testificamos que el Libro de Mormón es un segundo testigo de la vida y la misión del Salvador; en verdad es “Otro Testamento de Jesucristo”. Declaramos que el Libro de Mormón contiene las palabras de Cristo. Seguir leyendo

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La preparación para la segunda venida

Conferencia General Abril 2004
La preparación para la Segunda Venida
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tenemos que hacer preparativos… espirituales para los acontecimientos profetizados para la Segunda Venida.

En la revelación moderna tenemos la promesa de que si estamos preparados no debemos temer (véase D. y C. 38:30). Llegué a conocer ese principio hace 60 años este verano cuando llegué a ser Boy Scout y aprendí el lema scout: “Siempre listos”. Hoy me he sentido inspirado a hablar acerca de la importancia de la preparación para un acontecimiento futuro de suprema importancia para cada uno de nosotros: la segunda venida del Señor.

En las Escrituras abundan las referencias acerca de la Segunda Venida, un acontecimiento que los justos esperan con ansias, y al que temen o niegan los inicuos. Los fieles de todos los tiempos han meditado en la secuencia y el significado de los muchos acontecimientos profetizados que precederían y seguirían a ese momento sumamente importante de la historia.

Hay cuatro asuntos irrefutables para los Santos de los Últimos Días: (1) el Salvador regresará a la tierra con poder y gran gloria para reinar personalmente durante un Milenio de rectitud y paz. (2) Al momento de Su venida habrá una destrucción de los inicuos y una resurrección de los justos. (3) Nadie sabe el tiempo de Su venida, pero (4) a los fieles se les enseña a estudiar las señales de la Venida y estar preparados para ella. Deseo hablar acerca del cuarto punto de estas grandes realidades: las señales de la Segunda Venida y lo que debemos hacer para estar preparados para ella.

I.

El Señor ha declarado: “Y acontecerá que el que me teme estará esperando que llegue el gran día del Señor, sí, las señales de la venida del Hijo del Hombre”, señales que “se manifestarán arriba en los cielos y abajo en la tierra” (D. y C. 45:39–40).

El Salvador enseñó esto en la parábola de la higuera cuyas tiernas ramas nuevas dan una señal de la llegada del verano; “así igualmente”, cuando los escogidos vean las señales de Su venida “sabrán que Él está cerca, sí, a las puertas” (José Smith—Mateo 1:38–39; véase también Mateo 24:32–33; D. y C. 45:37–38). Seguir leyendo

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La historia terminada

Conferencia General Abril 2004
La historia terminada
Gayle M. Clegg
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Tenemos que seguir escribiendo, seguir caminando, seguir prestando servicio y aceptando nuevos retos hasta el final de nuestra propia historia.

Hace un tiempo, hallé un gran sobre blanco en el buzón, el cual contenía la historia escrita por un muchacho al yo había enseñado años antes cuando él estaba en el sexto grado. Recordé al alumno y la tarea en la que su clase había trabajado durante meses. También recordé que a él le gustaba mucho escribir y que se sentaba a pensar y pensar. A veces, no escribía más que una o dos palabras en la página y, en ocasiones, trabajaba durante el recreo; pero cuando llegó la fecha de vencimiento, a él todavía le faltaba escribir un capítulo. Le dije que me la entregase como estaba, pero Jimmy tenía una visión distinta y quiso entregar la historia terminada. El último día de clase me preguntó si podía terminarla durante las vacaciones de verano. Volví a decirle que la entregase como estaba. Me rogó le diese más tiempo y, al fin, asentí, y se marchó con un montón de papeles arrugados y emborronados, mientras yo lo felicitaba por su determinación y le reafirmaba mi confianza en su capacidad para terminar una excelente historia.

Pensé en él aquel verano, pero la tarea se alejó de mi mente hasta años después cuando hallé la obra terminada en el buzón. Asombrada, me pregunté qué habría hecho a Jimmy terminar la historia. ¿Qué clase de visión, de determinación y de esfuerzo había sido preciso tener? ¿Por qué cualquiera de nosotros termina una tarea difícil, sobre todo, si nadie exige que se acabe?

El bisabuelo de mi esposo, Henry Clegg Jr., era un hombre que acababa lo comenzado. Él se unió a la Iglesia cuando los primeros misioneros SUD llegaron a Preston, Inglaterra. Henry tenía una visión de su destino cuando él, su esposa, Hannah, y sus dos hijos inmigraron a Utah. Henry dejó a sus padres ancianos, que se hallaban ya muy débiles para hacer tan largo y arduo viaje, sabiendo que nunca volvería a verlos.

Cuando cruzaban las llanuras, Hannah contrajo el cólera y falleció. La enterraron en una sepultura sin nombre, tras lo cual la compañía volvió a ponerse en marcha; a la seis de la tarde de aquel mismo día, el hijo menor de Henry falleció también. Henry volvió sobre sus pasos hasta la sepultura de Hannah, puso el cuerpo del pequeño en los brazos de su esposa y los sepultó juntos. Después de eso, Henry tuvo que alcanzar la caravana de carromatos que ya se hallaba a unos ocho kilómetros de distancia. Padeciendo del cólera él también, Henry describió que se hallaba a las puertas de la muerte cuando comprendió que todavía debía recorrer unos mil seiscientos kilómetros más. Por asombroso que parezca, siguió adelante, dando un paso a la vez. Dejó de escribir en su diario personal durante varias semanas después de que la muerte le arrebatara a su amada Hannah y a su pequeño hijo. Me impresionan las palabras que empleó cuando volvió a escribir: “Seguimos adelante”. Seguir leyendo

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La expiación y el valor de un alma

Conferencia General Abril 2004
La Expiación y el valor de un alma
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Si en verdad pudiésemos comprender la expiación del Señor Jesucristo, nos daríamos cuenta de lo valioso que es un hijo o una hija de Dios.

El mes de enero pasado nuestra familia sufrió la trágica pérdida de nuestro nieto Nathan en un accidente aéreo. Nathan sirvió en la Misión Báltica ruso hablante; amaba a la gente y sabía que era un privilegio servir al Señor. Ese accidente acabó con su vida tres meses después de que yo oficié en su matrimonio eterno a su querida Jennifer. El que Nathan haya sido arrebatado tan repentinamente de nuestra presencia ha vuelto nuestro corazón y nuestra mente a la expiación de nuestro Señor Jesucristo. Aunque me es imposible expresar el pleno significado de la expiación de Cristo, ruego poder explicar lo que Su expiación significa para mí y para nuestra familia, y lo que también podría significar para ustedes y sus familiares.

El precioso nacimiento del Salvador, Su vida, Su expiación en el Jardín de Getsemaní, el sufrimiento en la cruz, Su sepultura en la tumba de José y Su gloriosa resurrección se convirtieron en una renovada realidad para nosotros. La resurrección del Salvador nos asegura a todos que algún día, nosotros, también, lo seguiremos y experimentaremos nuestra propia resurrección. Qué gran paz y consuelo nos da este don, el cual viene mediante la amorosa gracia de Jesucristo, el Salvador y Redentor de toda la humanidad. Gracias a Él, sabemos que podremos estar con Nathan otra vez.

No hay mayor expresión de amor que la heroica Expiación que llevó a cabo el Hijo de Dios. Si no hubiera sido por el plan de nuestro Padre Celestial, establecido antes de que el mundo fuese, en verdad toda la humanidad —pasada, presente y futura— habría permanecido sin la esperanza de progreso eterno. Como resultado de la transgresión de Adán, los seres mortales fueron separados de Dios (véase Romanos 6:23), y lo hubiesen estado para siempre, a menos que se encontrase el modo de romper las ligaduras de la muerte. Eso no sería fácil, ya que requería el sacrificio vicario de uno que fuese sin pecado y que, por lo tanto, pudiese tomar sobre Sí los pecados de toda la humanidad.

Estamos agradecidos porque Jesucristo valientemente llevó a cabo ese sacrificio en la antigua Jerusalén. Allí, en la tranquilidad del Jardín de Getsemaní, se arrodilló entre los torcidos olivos, y de manera milagrosa, que ninguno de nosotros puede comprender totalmente, el Salvador tomó sobre Sí los pecados del mundo. A pesar de que Su vida era pura y libre de pecado, Él pagó el castigo máximo del pecado — el de ustedes, el mío y el de todos los que hayan vivido. Su agonía mental, emocional y espiritual fue tan grande que hizo que sangrara por cada poro (véase Lucas 22:44; D. y C. 19:18). No obstante, Jesús sufrió voluntariamente a fin de que todos pudiésemos tener la oportunidad de ser limpios— mediante la fe en Él, al arrepentirnos de nuestros pecados, al ser bautizados por la debida autoridad del sacerdocio, al recibir el don purificador del Espíritu Santo mediante la confirmación y al aceptar todas las demás ordenanzas esenciales. Sin la expiación del Señor, ninguna de esas bendiciones estarían a nuestro alcance, y no podríamos llegar a ser dignos y estar preparados para regresar a morar en la presencia de Dios. Seguir leyendo

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La expiación: todo por todo

Conferencia General Abril 2004
La Expiación: Todo por todo
Élder Bruce C. Hafen
De los Setenta

Cuando el todo del Salvador y nuestro todo se unan, no sólo recibiremos perdón por el pecado, sino que… “seremos semejantes a él”.

En años recientes, nosotros, los Santos de los Últimos Días, hemos estado enseñando, cantando y testificando mucho más en cuanto al Salvador Jesucristo. Me regocijo de que nos regocijemos más.

Al “[hablar más] de Cristo” 1, la plenitud doctrinal del Evangelio saldrá de la obscuridad; por ejemplo, algunos de nuestros amigos no pueden ver cómo se relacionan nuestras creencias de la Expiación con nuestras creencias sobre cómo llegar a ser más como nuestro Padre Celestial; otros equivocadamente piensan que nuestra Iglesia se desliza hacia un entendimiento sobre la relación que existe entre la gracia y las obras, que se acerca a las enseñanzas de las religiones protestantes. Tales malentendidos, hoy me instan a tratar la singular doctrina de la Expiación, recibida en la Restauración.

El Señor restauró Su Evangelio por conducto de José Smith porque había habido una Apostasía. Desde el siglo quinto, la cristiandad enseñaba que la Caída de Adán y Eva había sido un trágico error, lo que llevaba a la creencia de que la humanidad tiene una naturaleza maligna intrínseca. Ese punto de vista es erróneo, no sólo en cuanto a la Caída y en cuanto a la naturaleza humana, sino también en cuanto al propósito mismo de la vida.

La Caída no fue un desastre; no fue error ni accidente, sino una parte deliberada del Plan de Salvación. Somos “linaje”2 espiritual de Dios, enviados a la tierra “inocentes”3 de la transgresión de Adán; aun así, el plan del Padre nos hace propensos a la tentación y al sufrimiento en este mundo caído como el precio que hay que pagar para comprender el gozo auténtico. Sin probar lo amargo, en verdad no podemos comprender lo dulce 4. Se precisa la disciplina y el refinamiento de la vida terrenal como “el próximo paso en [nuestro] perfeccionamiento” para ser como nuestro Padre 5. Es más, crecer significa padecer los dolores del crecimiento; también significa aprender de nuestros errores en un proceso continuo hecho posible por la gracia del Salvador, la cual Él extiende tanto durante, como “después de hacer cuanto podamos” 6.

Adán y Eva aprendieron constantemente de sus experiencias a menudo difíciles; sabían lo que siente una familia con problemas: piensen en Caín y Abel. Aun así, merced a la Expiación, ellos pudieron aprender de su experiencia sin ser condenados por ella. El sacrificio de Cristo no anuló sus elecciones y los volvió a un Edén de inocencia; eso hubiera sido una historia sin argumento ni crecimiento del carácter. El plan de Él es uno de desarrollo: línea por línea, paso a paso, gracia por gracia. Seguir leyendo

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La aplicación de los principios sencillos y claros del Evangelio a la familia

Conferencia General Abril 2004
La aplicación de los principios sencillos y claros del Evangelio a la familia
Élder Francisco J. Viñas
De los Setenta

Los principios sencillos y claros del Evangelio de Jesucristo… se deben establecer firmemente en nuestros hogares con el fin de asegurar la felicidad en la vida familiar.

En la Reunión General de la Sociedad de Socorro de septiembre de 1998, el presidente Gordon B. Hinkley declaró: “Creo que nuestros problemas, casi cada uno de ellos, salen de los hogares de la gente. Si va a haber un cambio, si se va a hacer un regreso a los valores antiguos y sagrados, se debe comenzar en el hogar. Es allí donde se aprende la verdad, donde se cultiva la integridad, se inculca la autodisciplina y donde se nutre el amor” (“Caminando a la luz del Señor”, Liahona, enero de 1999, pág. 117).

Entre los valores antiguos y sagrados, a los que debemos regresar, se encuentran los principios sencillos y claros del Evangelio de Jesucristo. Éstos se deben establecer firmemente en nuestros hogares con el fin de asegurar la felicidad en la vida familiar.

El presidente Wilford Woodruff declaró: “El Señor tiene muchos grandes principios preparados para nosotros; y los principios más grandes que tiene para nosotros son los más sencillos y claros. Los primeros principios del Evangelio que los conducirán a la vida eterna son los más sencillos y, sin embargo, son para nosotros los más importantes y gloriosos” (“Remarks”, Deseret News, 1 de abril de 1857, pág. 27).

Es precisamente porque estos principios son tan claros y sencillos, que muchas veces no se tienen en cuenta cuando hay que afrontar los desafíos que afectan a la familia. Algunas veces, tenemos la tendencia a pensar que cuanto más grave sea el problema, más grande y más compleja debe ser la solución. Esa idea puede llevarnos, por ejemplo, a buscar ayuda en personas o en instituciones fuera del hogar, cuando en realidad la solución más eficaz se logrará al aplicar a nuestros hogares los gloriosos principios del Evangelio, en los pequeños actos y deberes de la vida cotidiana. Las Escrituras nos recuerdan “que por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas” (Alma 37:6).

En “La Familia: Una proclamación para el Mundo”, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles declaran que “Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes” (Liahona, octubre de 1998, pág. 24). Seguir leyendo

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Elecciones

Conferencia General Abril 2004
Elecciones
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Las bendiciones y las oportunidades del mañana dependen de las elecciones que hagamos hoy.

Mis queridos hermanos del Santo Sacerdocio de Dios en todo el mundo, los saludo a cada uno de ustedes con espíritu de amor y de hermandad. En esta vida tenemos que tomar muchas decisiones; algunas son muy importantes, y otras no lo son. Muchas se toman entre el bien y el mal. Sin embargo, las decisiones que tomamos determinan en gran parte nuestra felicidad o infelicidad, ya que tenemos que vivir con sus consecuencias. No es posible tomar decisiones perfectas siempre; eso no ocurre nunca, pero es posible tomar decisiones buenas que podamos aceptar y que nos hagan madurar. Cuando los hijos de Dios viven dignos de la guía divina, llegan a ser “libres para siempre, discerniendo el bien del mal, para actuar por sí mismos, y no para que se actúe por ellos…” 1.

A veces hacemos malas elecciones cuando cedemos a la presión de los amigos. Kieth Merrill tuvo esa clase de experiencia cuando era joven. Él y sus amigos se estaban lanzando al agua desde las empinadas y peligrosas rocas que forman las paredes de la represa de un cañón que está al noroeste de Salt Lake. En forma inevitable, se convirtió en una competencia de adolescentes cuando uno de los jóvenes ascendió hasta la cima de la represa y se lanzó desde 14 metros hacia las profundas aguas del embalse. El resto de los jóvenes subieron hasta la cima de la represa y se lanzaron tras él. Uno de los muchachos no se quedó satisfecho y dijo: “¡Yo puedo hacer algo mejor!” y subió 18 metros por el acantilado. No deseando quedarse atrás, Kieth subió junto con él y después de que el joven se hubo lanzado al agua, y parecía estar bien, Kieth se armó de valor y se lanzó también. La competencia estaba ahora sólo en manos de esos dos muchachos. El amigo de Kieth subió hasta los 21 metros y se lanzó. Salió del agua riendo y frotándose los hombros y los ojos; y luego desafió a Kieth: “Y, ¿te vas a tirar?”.

“¡Por supuesto que me voy a tirar!”, y todos en la orilla dijeron: “¡Por supuesto que se va a tirar!”.

Así que Kieth nadó de vuelta a la orilla y trepó por las rocas; sabía que si saltaba de la misma altura de 21 metros, su amigo iba a querer saltar aún más alto, así que subió hasta los 24 metros de altura, hasta la cima del acantilado. Nadie podría subir más alto que la cima. Cuando Kieth miró hacia abajo, se sintió aterrado al ver el agua tan lejos. Había tomado una decisión imprudente y no era algo que quería hacer ni que creyera que estuviese bien, sino que había basado su decisión en la insistencia y los desafíos de media docena de jóvenes, cuyos nombres ni siquiera recuerda ahora. Seguir leyendo

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El ser padre, un llamamiento eterno

Conferencia General Abril 2004

El ser padre, un llamamiento eterno

Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Prestemos atención a la voz de los profetas quienes, desde el principio de los tiempos, nos han amonestado acerca de la importancia de los padres en el hogar.

Al contemplar detenidamente el mundo actual, se hace cada vez más evidente que Satanás se esmera sin respiro a fin de esclavizar las almas de los hombres. Su blanco principal es la unidad fundamental de la sociedad: la familia.

Durante el transcurso de las últimas décadas, Satanás ha hecho una agresiva campaña para denigrar a esa organización, la más básica e importante de todas. Su éxito se vuelve cada vez más obvio, y a diario se ven, se reportan y se escuchan hechos desalentadores que tienen que ver con el desmoronamiento de muchas familias. Con la decadencia de la familia, presenciamos los terribles efectos de dicho deterioro en nuestra sociedad: más delitos, problemas de comportamiento, pobreza, consumo de drogas, y la lista sigue aumentando.

A mi modo de ver, el visor de la mira telescópica de Satanás apunta a los esposos y padres. Por ejemplo, los medios de comunicación actuales lanzan ataques despiadados de burla y menosprecio a los maridos y a los padres en sus funciones que Dios les ha dado.

Ejemplos de las Escrituras

Tal vez sea útil refutar con las Escrituras la forma en que los medios de comunicación presentan a los maridos y a los padres, puesto que en ellas tenemos tantos excelentes modelos.

El Padre y el Salvador. En el Nuevo Testamento alcanzamos a vislumbrar la relación del Salvador con el Padre. Una de las vislumbres más vívidas es lo que ocurrió en el huerto momentos antes de que fuese traicionado. Seguir leyendo

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El matrimonio y la familia: Nuestra sagrada responsabilidad

Conferencia General Abril 2004
El matrimonio y la familia: Nuestra sagrada responsabilidad
Élder W. Douglas Shumway
De los Setenta

En una sociedad en la que a menudo se evade el matrimonio, se evita la paternidad y se degrada a las familias, tenemos la responsabilidad de honrar nuestro matrimonio, de educar a nuestros hijos y de fortalecer nuestras familias.

Poco después de casarme, mis tres hermanos y yo, nos encontramos en la oficina de mi padre para realizar una reunión de negocios. Al terminar nuestra reunión y disponernos a salir, nuestro padre se detuvo, nos miró y dijo: “Muchachos, no están tratando a sus esposas como deberían hacerlo, deben demostrarles más bondad y respeto”. Las palabras de mi padre me llegaron al alma.

Hoy somos testigos de un ataque sin fin al matrimonio y a la familia. Ellos parecen ser los principales blancos del adversario para el menosprecio y la destrucción. En una sociedad en la que a menudo se evade el matrimonio, se evita la paternidad y se degrada a las familias, tenemos la responsabilidad de honrar nuestro matrimonio, de educar a nuestros hijos y de fortalecer nuestras familias.

Honrar el matrimonio requiere que los cónyuges se amen, se respeten y sean leales el uno hacia el otro. Se nos ha dado la sagrada instrucción de “amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra” (D. y C. 42:22).

El profeta Malaquías enseñó: “… Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto… Guardaos… y no seáis desleales con la mujer de vuestra juventud” (Malaquías 2:14–15). En verdad, es un privilegio pasar la vida junto a la mujer de nuestra juventud, guardar los convenios, adquirir sabiduría y compartir amor ahora y en toda la eternidad.

Me acuerdo de la expresión: “Cuando la satisfacción o la seguridad de la otra persona llega a ser tan significativa como la satisfacción o la seguridad personal, entonces existe el amor” (Harry Stack Sullivan, Conceptions of Modern Psychiatry, 1940, pág. 42–43).

Se supone que el matrimonio es, y debe ser, una relación amorosa, vinculante y armoniosa entre un hombre y una mujer. Cuando los cónyuges entienden que a la familia la decretó Dios y que el matrimonio puede estar lleno de promesas y bendiciones que se extienden hasta las eternidades, la separación y el divorcio rara vez se llegarán a considerar en un hogar Santo de los Últimos Días. Las parejas se darán cuenta de que las ordenanzas y los convenios sagrados realizados en la Casa del Señor les proporcionarán los medios para regresar a la presencia de Dios. Seguir leyendo

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El llamado al valor

Conferencia General Abril 2004
El llamado al valor
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Tengamos el valor de desafiar la opinión popular, el valor de defender lo que sea justo. El tener valor y no transigir es lo que trae la aprobación de Dios.

Hermanos, es una inspiración verles; es algo maravilloso el pensar que en miles de capillas por todo el mundo, a esta hora, sus compañeros en el sacerdocio de Dios están recibiendo este programa mediante una transmisión vía satélite. Las nacionalidades varían y los idiomas son muchos, pero nos une algo en común: Se nos ha confiado poseer el sacerdocio y actuar en el nombre de Dios. Se nos ha conferido una sagrada responsabilidad y es mucho lo que se espera de nosotros.

Hace mucho, el renombrado escritor Charles Dickens escribió acerca de las oportunidades que nos aguardan en el futuro. En el libro clásico titulado Grandes Esperanzas, Dickens describió a un niño llamado Philip Pirrip, más comúnmente conocido como “Pip”. Pip nació en circunstancias poco comunes: era huérfano y deseaba de todo corazón llegar a ser erudito y caballero. No obstante, todas sus ambiciones y esperanzas parecían estar destinadas al fracaso. Jóvenes, ¿no se sienten así a veces? ¿Pensamos los que somos mayores de esa misma manera?

Entonces un día, un abogado londinense llamado Jaggers se acercó al pequeño Pip y le dijo que un bienhechor desconocido le había heredado una fortuna. El abogado pasó su brazo alrededor del hombro de Pip y le dijo: “Hijo, tienes grandes esperanzas”.

Esta noche, al verlos a ustedes, jovencitos, y al darme cuenta de quiénes son y de lo que pueden llegar a ser, declaro: “Ustedes tienen grandes esperanzas”, no como resultado de un bienhechor desconocido, sino como resultado de un bienhechor conocido, sí, nuestro Padre Celestial, y se esperan grandes cosas de ustedes.

La jornada de la vida no se viaja por una autopista libre de obstáculos, dificultades y trampas; por el contrario, es un sendero marcado por bifurcaciones y curvas. Constantemente tenemos que tomar decisiones y, a fin de tomarlas con prudencia, se necesita valor, el valor para decir “No” y el valor para decir “Sí”, ya que las decisiones determinan el destino. Seguir leyendo

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Deudas terrenales y deudas celestiales

Conferencia General Abril 2004
Deudas terrenales y deudas celestiales
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tenemos deudas terrenales y deudas celestiales. Seamos prudentes al manejar cada una de ellas.

Mis queridos hermanos y hermanas, qué maravilla es asistir a esta conferencia; nos damos cuenta de que las palabras que se hablan son palabras de inspiración, y es una alegría estar presente.

Hoy quisiera hablar en cuanto a nuestras deudas celestiales y nuestras deudas terrenales. Los Evangelios registran que prácticamente en todo lugar al que iba el Salvador, lo rodeaban multitudes de personas, algunas con la esperanza de que las sanara, otras para escuchar Su palabra y otras para recibir consejos prácticos. Hacia fines de Su ministerio terrenal, hubo quienes se le acercaron para mofarse y burlarse de Él y para exigir Su crucifixión.

Un día, un hombre se acercó al Salvador para pedirle que ayudara a resolver una disputa familiar. “Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia”, pidió el hombre.

El Salvador rehusó tomar partido en el asunto, pero sí enseñó una lección importante. “Guardaos de toda avaricia”, les dijo, “porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” 1.

Hermanos y hermanas, guárdense de la avaricia. Ésta es una de las grandes aflicciones de estos últimos días; genera codicia y resentimiento, y a menudo conduce al cautiverio, al sufrimiento y a las aplastantes y abrumadoras deudas.

Es sorprendente el número de matrimonios que se han hecho añicos por causa de asuntos monetarios. El sufrimiento que resulta es grande, y el estrés que es producto de las preocupaciones financieras ha impuesto cargas a la familia y también ha causado enfermedades, depresión e, incluso, la muerte prematura. Seguir leyendo

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Cuando te hayas convertido

Conferencia General Abril 2004
Cuando te hayas convertido
Élder D. Todd Christofferson
De la Presidencia de los Setenta

Suplica a Dios en el nombre de Cristo que escriba el Evangelio en tu mente, a fin de que tengas entendimiento, y en tu corazón, para que te agrade hacer Su voluntad.

Mis comentarios se dirigen en particular a ti, joven, y a ti, jovencita, aunque espero que sean útiles para todos.

Hace años, cuando era presidente de estaca, vino un hombre a confesar una transgresión. Su confesión me sorprendió; por años había sido miembro activo de la Iglesia y me preguntaba cómo una persona con su experiencia podría haber cometido semejante pecado. Después de meditar en ello, se me ocurrió que ese hermano nunca había tenido una verdadera conversión. A pesar de su actividad en la Iglesia, el Evangelio no había penetrado en su corazón; era sólo una influencia externa en su vida. Cuando estaba en entornos propicios, guardaba los mandamientos, pero en medios diferentes, dejaba que otras influencias controlaran sus acciones.

¿Cómo te puedes convertir tú? ¿Qué puedes hacer para que el Evangelio de Jesucristo no sólo influya en tu vida, sino que sea la influencia dominante, y de hecho, el núcleo de lo que eres? El antiguo profeta Jeremías dijo que la ley de Dios, el Evangelio, debería estar escrito en nuestros corazones. Hizo referencia al Señor, que se dirigía a nosotros, Su pueblo en los últimos días: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” 1 .

¿Quieres que esto te ocurra a ti? Yo te puedo decir cómo lo puedes lograr, pero debe ser algo que tú desees. El Evangelio no se puede escribir en tu corazón a menos que tengas un corazón receptivo. Sin tener un deseo sincero, puedes participar en las reuniones sacramentales, en las clases y actividades de la Iglesia y hacer las cosas que yo te diga, pero eso no tendrá efecto alguno; pero si tienes un corazón receptivo y dispuesto, como el de un niño 2, permíteme decirte lo que puedes hacer para ser convertido. Seguir leyendo

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Corazón de madre

Conferencia General Abril 2004
Corazón de madre
Julie B. Beck
de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Al cultivar un “corazón de madre”, cada niña y cada mujer se prepara para su misión divina y eterna de maternidad.

A menudo he oído a mi padre describir a mi madre como una mujer con “corazón de madre”, lo cual es cierto. Su influencia maternal la han sentido muchos centenares, o quizás miles, de personas, dado que ella ha refinado su función de madre en grado superlativo. Su testimonio del Evangelio restaurado de Jesucristo y la clara percepción de su identidad y propósito han guiado su vida.

Ella tardó más que la mayoría de las mujeres en conocer al que sería su marido, pero antes de casarse, dedicó su vida a progresar. Aunque era poco común en su tiempo, prosiguió estudios universitarios y era una destacada profesional. Después de casarse, los hijos llegaron en rápida sucesión, y dentro de unos años, era madre de una familia numerosa. Todo el conocimiento que había adquirido, todas sus facultades y dones naturales, y toda su preparación, ella los invirtió en una organización que no tenía límites terrenales. Como hija de Dios fiel a sus convenios, se había preparado toda la vida para la maternidad.

¿Qué es tener “corazón de madre” y cómo se logra tenerlo? Se aprenden algunas de esas cualidades en las Escrituras. Parafrasearé Proverbios: “Mujer… [con corazón de madre]… ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas… con voluntad trabaja con sus manos… y planta viña del fruto de sus manos… Alarga su mano al pobre… Fuerza y honor son su vestidura… Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde” (Proverbios 31:10,13, 16, 20, 25–27). La mujer con “corazón de madre” tiene un testimonio del Evangelio restaurado y enseña los principios del Evangelio con convicción; guarda los convenios sagrados que ha hecho en los santos templos; comparte sus talentos y sus conocimientos con generosidad; adquiere toda la instrucción que sus circunstancias le permiten, elevando su intelecto y su espíritu con el deseo de enseñar lo que aprenda a las generaciones que la siguen. Seguir leyendo

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Confirma a tus hermanos

Conferencia General Abril 2004
Confirma a tus hermanos
Élder Mervyn B. Arnold
De los Setenta

Qué cada quórum y cada uno de nosotros en forma individual… sigamos el ejemplo de nuestro Señor y Salvador y “lleve consigo al que es débil… para que se haga fuerte también”.

El hermano José de Souza Marques era la clase de líder que comprendía verdaderamente el principio que enseñó el Salvador: “Y si de entre vosotros uno es fuerte en el Espíritu, lleve consigo al que es débil, a fin de que sea edificado con toda mansedumbre para que se haga fuerte también” (D. y C. 84:106).

Como miembro de la presidencia de rama en Fortaleza, Brasil, el hermano Marques, con los demás líderes del sacerdocio, crearon un plan para reactivar a los miembros menos activos de la rama. Uno de los menos activos era un joven de nombre Fernando Araujo. Hace poco, hablé con Fernando y él me contó su historia:

“Comencé a participar en las competencias de surfing los domingos por la mañana y dejé de ir a las reuniones de la Iglesia. Un domingo por la mañana el hermano Marques llamó a mi puerta y le preguntó a mi madre, que no era miembro, si podía hablar conmigo. Cuando ella le dijo que yo estaba durmiendo, le pidió permiso para despertarme. Me dijo: ‘Fernando, ¡se te hace tarde para ir a la Iglesia!’; y sin escuchar mis excusas me llevó a la Iglesia.

“Al domingo siguiente pasó lo mismo, así que al tercer domingo decidí salir temprano para eludirlo. Pero al abrir la puerta, lo encontré sentado en su auto leyendo las Escrituras. Cuando me vio dijo: ‘¡Qué bueno! Te levantaste temprano. ¡Hoy vamos a buscar a otro joven!’ Yo traté de apelar a mi albedrío, pero él replicó: ‘Hablaremos de eso más tarde’.

“Pasaron ocho domingos sin poder librarme de él, por lo que decidí quedarme a dormir en casa de un amigo. A la mañana siguiente, me encontraba en la playa cuando vi a un hombre vestido de traje y corbata que se acercaba a mí. Cuando vi que se trataba del hermano Marques, corrí hacia el agua. De pronto, sentí una mano en el hombro; era el hermano Marques ¡con el agua hasta el pecho! Me tomó de la mano y dijo: ‘Vamos, ¡se te ha hecho tarde!’. Cuando me quejé de que no tenía ropa adecuada para ponerme, me contestó: ‘Está en el auto’. Seguir leyendo

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Con todo el sentimiento de un tierno padre: Un mensaje de esperanza para las familias

Conferencia General Abril 2004
Con todo el sentimiento de un tierno padre: Un mensaje de esperanza para las familias
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

No importa cuán malvado llegue a ser el mundo, en nuestras familias puede haber paz y, si hacemos lo correcto, seremos guiados y protegidos.

Tal como lo profetizó Pablo, vivimos en “tiempos peligrosos” 1. “Satanás [ha estado yendo] por todas partes extraviando el corazón de los del pueblo” 2 y su influencia sigue creciendo. Pero no importa cuán malvado llegue a ser el mundo, en nuestras familias puede haber paz y, si hacemos lo correcto, seremos guiados y protegidos.

El himno que a menudo entonaban nuestros antepasados pioneros nos dice qué hacer: “Ceñid los lomos con valor; jamás os puede Dios dejar” 3 . Ese valor y esa fe son lo que necesitamos como padres y familias en estos últimos días.

Lehi tenía ese valor; él amaba a su familia y se regocijaba en el hecho de que algunos de sus hijos guardaban los mandamientos del Señor. Pero debe haberse sentido acongojado cuando sus hijos, “Lamán y Lemuel no comieron del fruto” que representaba el amor de Dios. Él “temía en gran manera por Lamán y Lemuel; sí, temía que fueran desterrados de la presencia del Señor” 4.

Todo padre se enfrenta con tales momentos de temor, pero, si ejercemos nuestra fe al enseñar a nuestros hijos y al hacer todo cuanto podamos para ayudarles, nuestros temores disminuirán. Lehi ciñó sus lomos y con fe “exhortó [a sus hijos], con todo el sentimiento de un tierno padre, a que escucharan sus consejos, para que quizá el Señor tuviera misericordia de ellos y… les mandó que guardaran los mandamientos del Señor” 5.

También nosotros debemos tener la fe necesaria para enseñar a nuestros hijos y pedirles que guarden los mandamientos, pero no podemos permitir que sus decisiones debiliten nuestra fe. Nuestra dignidad no se medirá por la rectitud de nuestros hijos. Lehi no se vio privado de la bendición de deleitarse con el fruto del árbol de la vida simplemente porque Lamán y Lemuel no quisieron participar de él. Hay veces que, como padres, sentimos que hemos fallado si nuestros hijos cometen errores o se desvían. Ningún padre que haga todo lo posible por amar, enseñar, orar y velar por ellos, habrá fracasado. Su fe, sus oraciones y esfuerzos serán consagrados para el bien de sus hijos. Seguir leyendo

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