Con la fuerza del Señor

CON LA FUERZA DEL SEÑORlogo 4
Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Necesitamos una fortaleza que supere la nuestra para guardar los mandamientos en cualquier circunstancia que nos depare la vida.

Siendo joven, serví como consejero de un sabio presidente de distrito de la Iglesia que se afanó por instruirme. Recuerdo que una de las cosas que me dejaron intrigado fue este consejo que me brindó: “Cuando conozcas a una persona, trátala como si tuviera un grave problema… y más de la mitad de las veces habrás acertado”.

En ese entonces pensé que él era muy pesimista, pero ahora, más de cuarenta años después, me doy cuenta de lo bien que entendía el mundo y la vida. Con el paso del tiempo, el mundo se torna cada vez más complicado, y nuestra capacidad física merma lentamente con la edad; se hace patente que vamos a precisar algo más que la fuerza humana. El salmista tenía razón: “Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia” 1 .

El Evangelio restaurado de Jesucristo nos ayuda a saber cómo ser merecedores de la fortaleza del Señor mientras luchamos con la adversidad, nos dice por qué nos enfrentamos con pruebas en la vida y, aun más importante, nos indica cómo recibir protección y ayuda del Señor.

Tenemos pruebas que afrontar porque nuestro Padre Celestial nos ama. Su propósito es ayudarnos a merecer la bendición de vivir con Él y con Su Hijo Jesucristo eternamente en gloria y como familias. A fin de ser merecedores de ese don, teníamos que recibir un cuerpo sujeto a la muerte, y, con ello, entendimos que seríamos probados con tentaciones y dificultades.

El Evangelio restaurado no sólo nos enseña por qué debemos ser probados, sino que también nos aclara en qué consiste la prueba. El profeta José Smith nos lo explicó. Por medio de la revelación, pudo poner por escrito palabras que se pronunciaron durante la creación del mundo referentes a nosotros, los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial que descenderíamos a la vida terrenal. Éstas son las palabras: Seguir leyendo

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Cómo vivir bien en medio de la creciente maldad

Conferencia General Abril 2004

Cómo vivir bien en medio de la creciente maldad

Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Mientras [el Señor] sea el centro de tu mente y de tu corazón, Él te ayudará a tener una vida rica y plena sin importar lo que suceda en el mundo que te rodee.


Todos nosotros nos hemos dado cuenta del medio ambiente en decadencia en el que se vive. Aún así, tenía que ser un profeta de Dios, el presidente Gordon B. Hinckley, quien pusiera las condiciones del mundo y nuestras oportunidades en una perspectiva clara y transparente. En dos de sus recientes comentarios a los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, se ilustra esa visión profética. Primero en relación con el desafío que afrontamos:

“La familia tradicional está bajo un intenso ataque. No sé si las cosas eran peores en los tiempos de Sodoma y Gomorra… Vemos condiciones similares hoy en día, que reinan por todo el mundo. Pienso que nuestro Padre debe llorar al contemplar a Sus hijos e hijas descarriados” 1.

Ahora concerniente a nuestras oportunidades extraordinarias:

“¿Quién, en los albores de la Iglesia, hubiera siquiera soñado con todas las oportunidades que tenemos en esta época?… La Iglesia se encuentra en una condición maravillosa… [ella] crecerá y se fortalecerá… ahora tenemos nosotros la oportunidad y el desafío de continuar en esta gran obra, cuyo futuro apenas si podemos imaginar” 2.

Tú decides: retorcerte las manos y dejarte consumir por la preocupación hacia el futuro o elegir poner en práctica el consejo que el Señor ha dado de vivir con paz y felicidad en un mundo impregnado de maldad. Si decides concentrarte en lo tenebroso, eso es lo que vas a ver. A la mayor parte del mundo lo envuelve un río que se desborda con degenerada indecencia, con el abandono de la virtud, la rectitud, la integridad personal, el matrimonio tradicional y la vida familiar. Sodoma y Gomorra fueron la representación misma de la vida pecaminosa del Antiguo Testamento. En ese entonces eran dos ciudades aisladas, pero ahora esa condición se extiende por todo el mundo. Satanás manipula con destreza el poder de todos los medios de comunicación; su éxito ha aumentado mucho el alcance y la disponibilidad de esas influencias degradantes y destructivas por todo el mundo. En el pasado, se requería cierto esfuerzo para encontrar esa maldad, pero ahora satura partes considerables de virtualmente casi todo rincón del mundo. No podemos secar el creciente río de influencias malignas, puesto que éste es el resultado del ejercicio del albedrío moral que nuestro Padre concedió divinamente al hombre; pero sí podemos, y debemos, advertir, con claridad, sobre las consecuencias de acercarse a su corriente tentadora y destructiva. Seguir leyendo

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Una estrategia de guerra

Conferencia General Octubre 1995

Una estrategia de guerra

Durrel A. WoolseyÉlder Durrel A. Woolsey
Relevado recientemente del Quórum de los Setenta

«La solución continua siendo la misma de siempre: guardar los mandamientos, seguir a los profetas, leer, entender y meditar las Escrituras.»

Hoy quisiera hablarles acerca de una estrategia de guerra. Cantamos el himno «Con valor marchemos, huestes de Jesús» (Himnos, No. 159). Pablo dijo, «Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparara para la batalla?» (1 Corintios 14:8.) En el libro del Apocalipsis se nos habla de «una gran batalla en el cielo» (Apocalipsis 12:7) ¿Qué clase de batalla es? ¿De qué guerra se habla?

Se trata de la guerra por las almas de los hombres. La línea de combate se ha establecido desde la época de Adán: el mal contra la rectitud. En esta última dispensación, y en preparación para el Milenio, las fuerzas del mal se han intensificado y unido bajo la poderosa influencia de Satanás. En el bando opuesto, el Reino de Dios hace resonar con claridad la trompeta de la rectitud, como quizás nunca antes se ha escuchado. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se halla en la ofensiva declarando que el bien es el bien y el mal es el mal.

Isaías profetizó acerca de nuestra época sobre este mismo tema al decir:

«¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!» (Isaías 5:20.)

Satanás ofrece una extraña mezcla con sólo la cantidad suficiente de lo bueno como para enmascarar el mal a lo largo de su sendero cuesta abajo hacia la destrucción, como lo describiera Nefi, el antiguo profeta, al decir:

«porque he aquí, en aquel día el enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres, y los agitara a la ira contra lo que es bueno.

«Y a otros los pacificara y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión; si, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno» (2 Nefi 28:20-21).

Satanás en verdad enfurece el corazón de algunos, adormece a muchos con seguridad carnal, a otros los lisonjea y les dice que no hay infierno. Ha atraído y enlistado a muchos de sus seguidores con promesas de fama, riquezas y poder; ha hecho un arte del llamar «bien» al mal y «mal» al bien; ha confundido a muchos, aun a naciones y dirigentes, usando un enfoque inmoral de los asuntos morales.

Permítanme mencionar solo tres ejemplos de potentes voces impías entre las muchas proclamas de Satanás. Primero: él dice que el albedrío individual justifica la destrucción de una vida humana mediante el aborto; segundo: que las relaciones íntimas y aun los matrimonios entre personas del mismo sexo son aceptables; y tercero: que la castidad y la fidelidad son principios pasados de moda e intolerantes; y considera aceptable el ser sexualmente activo con total libertad.

En este mismo momento, héroes internacionales del deporte, de la música y del cine no solo viven vidas inmorales sino que enseñan la inmoralidad por todo el mundo mediante la poderosa influencia de los medios masivos de difusión y prensa. Millones en todo el mundo los idolatran y aceptan. El mundo en general parece haber caído en un coma de inmoralidad, dejando atrás los valores morales que Dios ha dado y que se respetaron durante tanto tiempo.

Las Autoridades Generales han dicho que debemos desechar lo mundano. Somos muchos más que los «diez» que se necesitaban para salvar a Sodoma y a Gomorra. ¿Cómo hemos de pelear esta batalla? Los santos fieles de Dios, con el sostén de Su Santo Sacerdocio, son la fuerza más poderosa de la tierra. Debemos apegarnos a las firmes proclamaciones de Dios acerca de la santidad de la vida, y a su eterna e imperecedera instrucción de que seamos castos y puros. Su amoroso consejo de que las familias son ordenadas por Dios, con un padre, una madre e hijos que viven juntos para siempre, no se dio como una excepción, sino como la regla. El retorno de una persona a Cristo traerá paz a su mente en lugar de agitación, tranquilidad para reemplazar la contención, y valor y optimismo en lugar de temor.

Esta forma de vida centrada en Cristo, no es solo para las personas en forma individual, sino para las familias, los gobiernos y las naciones enteras, a todos los cuales brindara resultados muy similares. Por ejemplo, la persona o aun la nación que viva en forma recatada y virtuosa, no tiene por qué temerle a la terrible enfermedad del SIDA. Las familias sin padre creadas por la contención y el divorcio serían virtualmente desconocidas. Al examinar su responsabilidad individual, den dónde se hallan? Hay síntomas o señales del camino cuesta abajo. Diez de estos síntomas podrían ser:

  • Una creciente miopía espiritual, o la incapacidad de ver claramente las cosas de naturaleza espiritual.
  • Una insensibilidad creciente en cuanto a las cosas de Dios.
  • Un endurecimiento de las arterias espirituales: El cuidado de las necesidades espirituales pasa a ser de algo diario o semanal a algo mensual, luego se hace de vez en cuando, y por ultimo desaparece totalmente.
  • Una creciente dependencia de un verdadero ejército de especialistas en psiquiatría, en lugar del sacerdocio, de Dios y de uno mismo.
  • Una creciente independencia de las cosas espirituales.
  • Un creciente número de amigos que poseen bajas normas morales.
  • El citar temas de los programas de televisión con invitados especia les en lugar de citar las Escrituras.
  • Voces airadas en lugar de expresiones calmas.
  • Abuso verbal, y aun físico, reemplazando un círculo de amor.
  • Aceptación gradual del mal, no totalmente de golpe, sino poco a poco.

Algunos están mucho más al tanto de la ubicación de las trampas de arena en el campo de golf o de un buen revés en un partido de tenis, que de la ubicación de las Escrituras de salvación. Muchos buscan la felicidad en las páginas de finanzas en lugar de ir al consejo inspirado de los profetas. He observado que la gran mayoría de la gente en el mundo desperdicia su vida comprometiendo lo mejor de su tiempo y de sus esfuerzos en proyectos que no les sirven para ganar la exaltación, pero que tienen consecuencias eternas.

Debemos estar embarcados en una causa buena y justa. Tenemos que ver con claridad, no obscuramente (ver 1 Corintios 13:12). Debemos mirar objetivamente, a nosotros mismos y a nuestra familia, con el fin de que no nos atrape el segundo gran diluvio universal de calamidades a nuestro derredor. Se ha profetizado que los fieles vencerán en esta batalla, y se levantaran triunfantes para recibir al Señor Jesucristo al tiempo de Su segunda venida. La fórmula para obtener esa victoria incluye oraciones diarias familiares e individuales con Noches de Hogar familiares al menos una vez por semana. Tal vez digan: «No tengo tiempo». Hermanos y hermanas, simplemente no pueden  darse el lujo de no disponer de ese tiempo. Es sorprendente cuanto tiempo queda disponible con sólo apagar la televisión. La solución continúa siendo la misma de siempre: guardar los mandamientos, seguir a los profetas, leer, entender y meditar las Escrituras.

Testifico que Dios vive, que Su Hijo Jesucristo ha llevado a cabo la realidad del plan de redención. Que gracias a Él y a Su amorosa Expiación, todos los que así lo anhelen ganaran la batalla y estarán junto a Él eternamente. Lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Testigos

Conferencia General Octubre 1995

Testigos

Loren C. DunnÉlder Loren C. Dunn
de los Setenta

«Toda persona que se bautice en la Iglesia y que reciba y sienta la confirmación del Espíritu mediante el don del Espíritu Santo es testigo de Dios.»

Desde la restauración del evangelio, se ha ofrecido desde este púlpito y en muchos otros lugares el más maravilloso despliegue que se haya registrado de testimonios personales sobre la divina misión del Redentor.

La ley de los testigos ha sido siempre una parte de la obra del Señor sobre la tierra. Esta ley establece que «Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto» (2 Cor. 13:1; Deuteronomio 17:6; 19:15; Mateo 18:1516; Juan 8:1229). El tener testigos confirma que ocurrieron ciertos acontecimientos, y que la doctrina y los principios que Dios ha dado son verdaderos.

El primer deber del testigo es testificar. La persona que pueda dar testimonio de las verdades del Evangelio restaurado de Jesucristo habla de cosas que sabe que son verdaderas. En el Señor y en Sus testigos fieles mora una verdad que supera el entendimiento terrenal. Pablo sabia esto cuando dijo:

«Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,

«lo cual también hablamos, no con palabras ensenadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual» (1 Cor. 2:1213).

Yo era jovencito cuando asistí a una conferencia de estaca efectuada en la Estaca Tooele, Utah, y escuche con atención las palabras de la autoridad visitante. Era el élder LeGrand Richards, que predicó el evangelio a su acostumbrada manera cálida y espiritual; nunca he olvidado aquella experiencia. No recuerdo de que hablo, pero si recuerdo lo que sentí. Más tarde aprendí que la razón por la que me sentí así fue porque estaba escuchando a un testigo especial de Jesucristo. Sé que él estaba consciente de ello, y ese día mi testimonio y fe en cuanto a las verdades del evangelio se hicieron más firmes.

Orson Pratt dijo: «Una persona no puede dar testimonio de aquello en lo que meramente crea. Dios requiere de la humanidad, o de ciertas personas entre la humanidad, que sean testigos de El-testigos de Su existencia-, para que así puedan dar testimonio a otros» Fournal of Discourses, 16:209:210).

Hubo muchos que presenciaron los grandes milagros y escucharon las enseñanzas del Salvador durante Su ministerio terrenal, pero no todos se convirtieron en testigos. No hubo ministraciones personales de Cristo a los incrédulos. El Señor abrió los ojos de sólo unas cuantas personas para que supieran en verdad quien era El.

Con el llamado que el Salvador hizo a los Doce, se instituyó el llamamiento de los testigos especiales de Cristo.

El profeta José Smith, refiriéndose a la resurrección del Señor, dijo «…Dios lo levantó de los muertos, y …ellos (los apóstoles) eran testigos suyos… y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 68).

Toda persona que se bautice en la Iglesia y que reciba y sienta la confirmación del Espíritu mediante el don del Espíritu Santo es testigo de Dios «en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar» (Mosíah 18:9). Al participar de la Santa Cena, ese miembro renueva su testimonio y cometido de tomar sobre si el nombre del Salvador, de guardar Sus mandamientos y recordarle siempre. Y no sólo la persona a quien el Espíritu le testifique de esta manera sabe de estas cosas, sino que El las lleva al corazón de otros. Esta es la base del gran esfuerzo misional de la Iglesia. «…porque cuando un hombre habla por el poder del Santo Espíritu, el poder del Espíritu Santo lo lleva al corazón de los hijos de los hombres» (2 Nefi 33:1).

El testimonio que nos inspira el Espíritu Santo es más potente aunque el testimonio de las cosas que vemos con los ojos. Los miembros de la Iglesia nos convertimos en testigos del Salvador y de la veracidad de esta obra no sólo mediante la palabra, sino al guardar nuestros convenios, al tratar en la debida forma a los demás y al vivir rectamente.

La Primera Presidencia y los Doce son llamados como «testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo» (D. y C. 107:23). Son hombres que, por comisión divina, la ordenación en el sacerdocio y el fuego del Espíritu Santo tienen las llaves del ministerio en la tierra. Los Setenta trabajan bajo la dirección de la Primera Presidencia y los Doce, y son testigos especiales a los gentiles y en todo el mundo. Todos ellos, en conjunto, se convierten en lo que Pablo denomina una «nube de testigos» (Hebreos 12:1).

El profeta José Smith definió la obra del reino en nuestra dispensación con estas palabras:

«Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de el [Jesucristo], este es el testimonio, el ultimo de todos, que nosotros damos de el: ¡Que vive!

«Porque lo vimos, si, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre» (D. y C. 76:2223).

Los Tres Testigos del Libro de Mormón, Oliver Cowdery, David Whitmer y Martin Harris, dijeron:

«Y declaramos con palabras solemnes que un ángel de Dios bajó del cielo, y que trajo las planchas y las puso ante nuestros ojos, de manera que las vimos y las contemplamos, así como los grabados que contenían; y sabemos que es por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, que vimos y testificamos que estas cosas son verdaderas» («El Testimonio de Tres Testigos», Libro de Mormón).

Wilford Woodruff dijo en este Tabernáculo: «José Smith era lo que profesaba ser un Profeta de Dios, un Vidente y Revelador. Vivió… los años suficientes para entregar las llaves del reino… a los Doce Apóstoles… Nosotros hemos edificado sobre los cimientos que él puso…» (Journal of Discourses, 13: 164).

El presidente David O. McKay, cuya vida se extendió desde la época de algunos de los que comenzaron esta obra hasta la de algunos de los que hoy servimos, y que fuimos llamados por él, dijo:

«Tengo un firme testimonio de que el Padre y el Hijo aparecieron al profeta José Smith, y revelaron por medio de el Evangelio de Jesucristo… Deidad, hermandad, servicio: estos son los principios que guían La vida cristiana y que influyen en todo lo que se hace en la Iglesia» (Testimonies of the Divinity of the Church of Jesus Christ of Latterday Saints by Its Leaders, compilado por Joseph E. Cardon y Samuel O. Bennion, Independence, Misuri: Zion’s Printing and Publishing Co., 1930, pág. 118).

Y estas son las palabras de nuestro Profeta actual, el presidente Gordon B. Hinckley:

«Tengo un testimonio de que el Hijo de Dios, Jesucristo, mi Salvador y mi Redentor, el Jehová del Antiguo Testamento, el Mesías del Nuevo Testamento, realmente vive… Por medio de Su sacrificio expiatorio… cada uno de nosotros, si rinde obediencia a Sus verdades, podrá alcanzar la exaltación y una vida eterna que en nuestro estado actual no podemos entender o comprender. Él es mi Redentor, mi Señor, mi Salvador, mi Rey, mi Amigo» (Conferencia Regional de Vacaville/Santa Rosa, sesión para líderes del sacerdocio, 20 de mayo de 1995).

El testimonio que han expresado los que hoy ocuparon este púlpito es compatible con el de aquellos que, mediante la autoridad divina, comenzaron esta obra.

Los miembros y los misioneros de esta Iglesia llevan ese mismo testimonio a cada uno de los hijos de nuestro Padre. Es una invitación para aprender la doctrina, sentir el Espíritu y ser sanado al participar de la plenitud del Evangelio de Jesucristo.

A ese testimonio me gustaría añadir el mío concerniente a la veracidad de esta obra. Sé que tenemos un Dios en los cielos que nos protege y nos cuida. Sé que Dios vive; lo sé, lo sé. Sé que Jesucristo es nuestro Salvador y nuestro Redentor. Sé que José Smith fue un Profeta verdadero de Dios. Sé que Gordon B. Hinckley es un Profeta de Dios hoy día y que este es el Evangelio de Jesucristo. Que Dios nos bendiga a fin de que prestemos oído a los testigos y expresemos nuestro propio testimonio. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Somos una gran familia

Conferencia General Octubre 1995logo 4
Somos una gran familia
Presidente Gordon B. Hinckley
Presidente de la Iglesia

Gordon B. Hinckley«Todos formamos una gran familia. Somos hijos de Dios y estamos embarcados en el servicio de Su Hijo Amado.»

Mis hermanos, es maravilloso tener la oportunidad de reunirnos cada seis meses en estas grandes conferencias mundiales. Nos congregamos desde todos los puntos de la tierra para expresarnos unos a otros el testimonio, recibir instrucción y relacionarnos como hermanos en la fe. Esta sociabilidad de que participamos es algo muy agradable y es parte importante de la cultura misma de nuestra organización.

Estas reuniones han tenido lugar regularmente desde hace más de un siglo en este histórico Tabernáculo. Desde este púlpito ha ido al mundo la palabra del Señor. A través de los años, han pasado por este lugar oradores de personalidades diferentes pero con el mismo espíritu. Es el espíritu al que se refirió el Señor cuando dijo: «…EL que la predica y el que la recibe se comprenden el uno al otro, y ambos son edificados y se regocijan juntamente» (D. y C. 50:22).

Este histórico Tabernáculo parece más pequeño cada año. En algunas conferencias regionales solemos reunirnos con grupos aún más numerosos bajo un mismo techo. Por ejemplo, no hace mucho estuvimos en la región de Tacoma, estado de Washington, donde un domingo por la mañana tuvimos el privilegio de hablar ante una congregación de más de diecisiete mil miembros de la Iglesia. La acústica de aquel lugar no era tan buena como la de este magnífico edificio.

Por supuesto, gracias a los maravillosos medios electrónicos de que disponemos en la Manzana del Templo, nos escuchan hoy muchas personas más. El Tabernáculo se ha ido convirtiendo en un estudio de transmisión desde el cual se propagan estas conferencias por medio de la radioteléfonía y la televisión, por cable o satélite y por otros medios, para el beneficio de decenas de millares de personas en casi todo el mundo. Estas conferencias se transmiten directamente a todos los Estados Unidos, Canadá y la región del Caribe, como así también a las Islas Británicas y Europa. Esperamos que pronto podremos asimismo transmitirlas en vivo a las islas del Pacifico, Nueva Zelanda y Australia, y de igual modo a las naciones de Asia, a México, América Central y América del Sur. Más del cincuenta por ciento de los miembros de la Iglesia pueden hoy, con un poco de esfuerzo, verme y escucharme cuando les hablo. Seguir leyendo

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Si estáis preparados, no temeréis

Conferencia General Octubre 1995

«Si estáis preparados, no temeréis»

L. Tom PerryÉlder L. Tom Perry
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Así como es importante estar preparados espiritualmente, también lo es prepararnos para nuestras necesidades temporales.»

Lehi tuvo un sueño maravilloso mientras viajaba con su familia por el desierto. Este sueño o visión del árbol de la vida, presentado en forma simbólica, nos brinda mucho conocimiento acerca de la vida y el curso que debemos seguir en ella. En las Escrituras leemos:

«Y sucedió que vi un árbol cuyo fruto era deseable para hacer a uno feliz.

«Y aconteció que me adelante y comí de su fruto; y percibí que era de lo más dulce, superior a todo cuanto yo había probado antes sí, y vi que su fruto era blanco, y excedía a toda blancura que yo jamás hubiera visto.

«Y al comer de su fruto, mi alma se llenó de un gozo inmenso; por lo que desee que participara también de el mi familia, pues sabía que su fruto era preferible a todos los demás» (1 Nefi 8:10)

En el sueño Lehi vio a muchos que se adelantaban para participar de ese delicioso fruto, que se definió como el amor de Dios. Una barra de hierro, que simbolizaba la palabra de Dios, los guiaba hasta el árbol. No obstante, también había un vapor de tinieblas, o sea, tentaciones, a lo largo del camino, que hacía que muchos se desviaran y se perdieran. Esto es lo que dicen las Escrituras:

«Y sucedió que vi a otros que se adelantaban, y llegaron y se asieron del extremo de la barra de hierro, y avanzaron a través del vapor de tinieblas, asidos a la barra de hierro, hasta que llegaron y participaron del fruto del árbol.
«Y después de haber comido del fruto del árbol, miraron en derredor de ellos, como si se hallasen avergonzados.
«Y yo también dirigí la mirada alrededor, y vi del otro lado del río un edificio grande y espacioso que parecía erguirse en el aire, a gran altura de la tierra.
«Y estaba lleno de personas, tanto ancianas como jóvenes, hombres así como mujeres; y la ropa que vestían era excesivamente fina; y se hallaban en actitud de estar burlándose y señalando con el dedo a los que habían llegado hasta el fruto y estaban comiendo de él.
«Y después que hubieron probado del fruto, se avergonzaron a causa de los que se mofaban de ellos; y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron» (1 Nefi 8:24-28).

Esa es la parte del sueño de Lehi sobre la que me gustaría comentar hoy día. Los gritos que oímos hoy provenientes del edificio grande y espacioso nos tientan a participar en las cosas de este mundo. Pensamos que necesitamos una casa más grande, con cochera para tres autos, y una casa rodante estacionada al costado; deseamos tener ropa de marcas famosas, varios televisores, todos con videograbadoras, computadoras de último modelo y el automóvil más nuevo. A menudo estas cosas se adquieren con dinero prestado, y sin siquiera pensar en proveer para el futuro. El resultado de toda esta gratificación instantánea está en los tribunales colmados de juicios de bancarrota, y familias demasiado preocupadas por sus cargas económicas.

Vivimos en una de las épocas más emocionantes y difíciles de la historia humana. Mientras la tecnología se infiltra en cada faceta de nuestra existencia, los cambios se suceden con tanta rapidez que tal vez sea difícil mantener el equilibrio en nuestra vida. Para alcanzar cierto grado de estabilidad, es esencial que planeemos nuestro futuro. Creo que es el momento de recordar, y quizás con cierta urgencia, el consejo que hemos recibido concerniente a la preparación personal y familiar. Deseamos ser hallados con bastante aceite en nuestras lámparas para perseverar hasta el fin. El presidente Spencer W. Kimball nos ha amonestado, diciendo: «Al repasar el consejo que nos da el Señor sobre la importancia de la preparación, me impresiona la sencillez del mensaje. El Salvador pone bien en claro que no podemos tener suficiente aceite en nuestras lámparas de preparación con solamente evitar cl mal. Debemos además estar diligentemente embarcados en un programa concreto de preparación».

En El milagro del perdón, el presidente Kimball también expresó: «El Señor no convertirá las buenas esperanzas, deseos o intenciones de una persona en obras. Cada cual debe hacer esto por sí mismo» (véase El milagro del perdón, pág. 8).

A diario somos testigos de reveses económicos, de guerras, de conflictos entre las personas, de desastres nacionales; hay grandes variaciones del clima; innumerables ataques de las fuerzas de la inmoralidad, el crimen y la violencia; acosos y presiones sobre las familias y las personas; avances tecnológicos que dejan obsoletos muchos puestos de trabajo, etc. La necesidad de la preparación es absolutamente evidente. La gran bendición de estar preparados nos libera del temor, tal como el Señor lo garantiza en Doctrina y Convenios:

«…si estáis preparados, no temeréis»   (D. y C. 38:30).

Así como es importante estar preparados espiritualmente, también lo es prepararnos para nuestras necesidades temporales. Cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿que tipo de preparación se requiere para satisfacer mis necesidades y las de mi familia?

Durante años se nos ha exhortado a cumplir por lo menos cuatro requisitos a fin de prepararnos para lo que ha de venir.

Primero, obtener una educación adecuada. Aprendan un oficio o profesión que les permita obtener un empleo estable con una remuneración suficiente para cuidar de ustedes mismos y de su familia. El mundo cambia rápidamente y todo pasa de moda, lo que requiere que nos preparemos en forma continua para el futuro. Podemos quedarnos un tanto estancados en nuestra profesión si no nos actualizamos. Imaginen cuantos pacientes tendría un dentista que continuara usando las mismas técnicas y equipos que usaba hace diez años. ¿Qué haría un empresario que tratara de competir sin usar computadoras? ¿O un constructor que no estuviera al día con los nuevos materiales y métodos disponibles? La educación, por necesidad, se ha convertido en una tarea de toda la vida. Al programar nuestra vida, debemos apartar suficiente tiempo para educarnos ahora y para el futuro.

Segundo, vivan estrictamente dentro de sus ingresos y ahorren algo para los días de «las vacas flacas». Acostúmbrense a la disciplina de presupuestar aquello con lo que el Señor les haya bendecido. En forma tan regular como el pago del diezmo, separen como ahorro una cantidad destinada a necesidades futuras de la familia. Incluyan a sus hijos al planear para el futuro. Estoy convencido de que en muchos patios un pequeño huerto de maíz, fresas o tomates, cuidado y cosechado cada año por los hijos y vendido a los vecinos, podría a su tiempo rendir lo suficiente para hacer una contribución significativa a un fondo para la misión o la universidad. Vayan a la cochera y observen todas las bicicletas, juguetes, equipos atléticos, esquís y patines amontonados sin uso, y calculen el beneficio que hubieran obtenido si hubiesen invertido el costo de todo eso en sus necesidades futuras. Recuerden que recalque las cosas fuera de uso. Muchos han comprado tantas cosas para usarlas sólo un corto tiempo, que ahora les resulta casi imposible guardar el auto en la cochera.

Tercero, eviten las deudas excesivas. Las deudas necesarias deben asumirse sólo luego de mucha oración y consideración, y después de buscar el mejor asesoramiento. Necesitamos la disciplina para mantenernos dentro de nuestra capacidad de pago. Se nos ha dado el sabio consejo de evitar las deudas como evitaríamos una plaga. El presidente J. Reuben Clark aconsejó firme y repetidamente a los miembros de la Iglesia de esta manera:

«Vivan dentro de sus medios; salgan de las deudas; manténganse libres de deudas. Ahorren para los días malos, que siempre han llegado y que volverán a venir. Practiquen y mejoren sus hábitos de ahorro, industria, economía y frugalidad» (en «Conference Report», oct. de 1937, pág. 107).

Deberíamos tener en un lugar visible la descripción que el presidente Clark hace del interés:

«El interés nunca duerme, ni se enferma ni muere… Una vez endeudados, el interés es su compañero cada minuto del día y de la noche; no pueden huir ni escapar de él; no pueden despreciarlo; no cede a suplicas, demandas ni órdenes; y cada vez que se crucen en su camino, atraviesen su curso o no cumplan sus exigencias, les aplastara» (en «Conference Report», abril de 1938, pág. 103).

El adquirir deudas es sumamente tentador. La gran facilidad con que nos hacemos de deudas debería ir acompañada de la prudencia para evitarlas. Dediquen tiempo a calcular cuánto agregarían a su patrimonio personal neto si la hipoteca de su casa fuera a diez o quince años en lugar de treinta. Calculen lo que pueden ahorrar si ustedes mismos invierten su tiempo y talentos en agregar tamaño o comodidades a su vivienda.

Es tan fácil meternos excesivamente en deudas. Si no tienen la disciplina de controlar el uso de las tarjetas de crédito, es mejor no tenerlas. Una familia bien administrada no paga intereses, los percibe.

Cuarto, adquieran y almacenen una reserva de alimentos y bienes esenciales. Compren ropa y tengan una cuenta de ahorro de forma tal que puedan contar con una reserva para tiempos de emergencia. Desde que tengo memoria, se nos ha enseñado que debemos prepararnos para el futuro y tener una reserva de un año de artículos de primera necesidad. Es muy posible que los años de abundancia nos hayan llevado casi universalmente a hacer caso omiso de este consejo. Creo que ha pasado el tiempo de no tendrán cuenta esta admonición; con los acontecimientos cotidianos actuales, es hora de darle seria consideración.

Las carreras cambian constantemente. Se ha pronosticado que los jóvenes que engrosan las fuerzas de trabajo en la actualidad tendrán que hacer tres o cuatro cambios drásticos en sus carreras a lo largo de su vida laboral. El cambiarse de un empleo a otro sucederá con más frecuencia, quizás de diez a doce veces en un ciclo laboral completo. No conozco otra forma de prepararse para esos tiempos de ajuste que el efectuar durante los períodos de trabajo la preparación necesaria para los tiempos menos prósperos, cuando ello ocurra. Comiencen ahora a crear un plan si no lo tienen, o actualicen el plan que tengan; busquen las ofertas que encajen dentro de su almacenamiento. No estamos en una situación que requiera hacer compras urgentes, pero si necesitamos un plan de rotación y reposición de nuestras reservas anuales. La inestabilidad en el mundo de hoy hace indispensable que demos oído a este consejo y nos preparemos para el futuro.

El presidente Harold B. Lee, al comentar en cuanto a la gran visión de Lehi, dijo lo siguiente:

«Si hay algo realmente necesario en este tiempo de tumulto y frustración, en que hombres y mujeres, jóvenes y adultos, buscan con desesperación las respuestas a los problemas que afligen a la humanidad, es una barra de hierro como guía segura a lo largo del recto sendero que conduce a la vida eterna, entre los extraños y tortuosos caminos que al final llevan a la destrucción y a la ruina de todo aquello que es virtuoso, bello, o de buena reputación» (Ensign, junio de 1971, pág. 7).

Lamentablemente, hay muchos entre nosotros que son como los burlones de la visión de Lehi. Se mantienen aparte y tienden a burlarse de los fieles que aceptan a las autoridades de la Iglesia como testigos especiales de Dios y de Su evangelio, y como Sus agentes en la dirección de los asuntos de la Iglesia. Mi sincero consejo en este día es que recuerden los buenos principios básicos que se nos han enseñado desde el mismo comienzo: los de ahorro, laboriosidad e integridad, que han servido a la humanidad en todos los tiempos. Eviten el grande y espacioso edificio que representa el orgullo del mundo, porque caerá, y grande será su caída.

Que el Señor nos bendiga con la sabiduría de seguir el consejo que hemos recibido, y que nos preparemos espiritual y temporalmente para lograr la fuerza y la seguridad de nuestras unidades familiares, es mi humilde oración, en el nombre de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Amén.

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Señor, ¿a quién iremos?

Conferencia General Octubre 1995logo 4
«Señor, ¿a quién iremos?”
Elder Hans B. Ringger
Miembro emérito de los Setenta

Hans B. Ringger«Los Santos de los Últimos Días creemos que Cristo nos muestra el camino y el lugar hacia donde debemos ir y lo que debemos hacer para encontrarlo.»

Al principio de Su misión terrenal, las multitudes se empujaban junto a las riberas del Mar de Galilea ansiosas de acercarse a Cristo y oír Su mensaje. Muchos discípulos lo seguían en esa época; no obstante, algunos se ofendieron con Sus enseñanzas y se alejaron de Él. Al verlos, Cristo les preguntó a los Doce Apóstoles si ellos también lo iban a abandonar. Simón Pedro le contestó, preguntándole a su vez: «Señor, ¿a quién iremos?» (Juan 6:68).

Esa pregunta tiene tanta importancia hoy como hace dos mil años. Los Santos de los Últimos Días creemos que Cristo nos muestra el camino y el lugar hacia donde debemos ir y lo que debemos hacer para encontrarlo. Pero, reconocer el camino de Cristo y seguirlo depende de cada uno de nosotros.

Hace unos meses, tuve el privilegio de escuchar el poderoso testimonio de un hombre que estaba en busca de la verdad. Por medio del evangelio, sus ojos se abrieron a lo eterno y le fue posible cambiar el curso de su vida. Al mismo tiempo, supe de un miembro fiel de la Iglesia que se había apartado del evangelio y había cambiado de creencias. Ambos hombres habían tratado, con buena intención, de saber a quién debían ir, pero llegaron a conclusiones diferentes y, por lo tanto, tomaron caminos opuestos. ¿Cuál podría ser la causa de esas acciones contrarias?

Creo que las palabras y acciones tienen su raíz en nuestros pensamientos, y que estos determinan nuestros actos. Las decisiones que tomamos diariamente, planeadas o espontaneas, son resultado de nuestros pensamientos y nosotros somos responsables de ellas. Aunque como personas individuales pensemos que somos independientes de Dios y que podemos actuar de acuerdo con ello, no nos es posible escapar al hecho de que estamos sujetos a leyes eternas. Nuestra felicidad y nuestra paz, tanto en esta vida como en la venidera, dependen de la disposición que tengamos de basar los pensamientos y las acciones en las leyes de Dios. La verdadera paz mental y la felicidad eterna se consiguen estando en armonía con El. Si vamos a ser uno con la Deidad, somos nosotros quienes debemos cambiar, no Dios. Seguir leyendo

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Redentor de Israel

Conferencia General Octubre 1995

Redentor de Israel

Bruce D. PorterÉlder Bruce D. Porter
de los Setenta

«El recorre largas distancias para hallar y traer de regreso al hogar a los ‘higos pródigos. Nos encuentra fatigados, hambrientos y oprimidos, y nos alimenta y nos da de beber.»

La parábola del hijo prodigo se aplica a cada uno de nosotros. Nos recuerda que todos somos, en cierta medida, hijos pródigos de nuestro Padre Celestial. Porque, como lo escribió el apóstol Pablo, «todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23).

Tal como el hijo errante de la parábola del Salvador, hemos venido a «una provincia apartada», separada de nuestro hogar premortal. Como el hijo pródigo, tenemos parte en una herencia divina, pero, a causa de nuestros pecados, malgastamos una porción y experimentamos «una gran hambre» del espíritu (véase Lucas 15:13, 14). Así como el, aprendemos por dolorosas experiencias que los placeres y afanes del mundo no tienen mayor valor que «las algarrobas que comían los cerdos» (Lucas 15:16). Anhelamos reconciliarnos con nuestro Padre y retornar a Su hogar.

«Hemos errado mucho, clamando a ti, extraños, en yermos del mal.»
(«Oh Dios de Israel», Himnos, N° 5.)

En la parábola del hijo pródigo, sólo el hijo mayor permanece fiel a su padre, según sus propias palabras, «no habiéndo[le] desobedecido jamás» (Lucas 15:29). En forma similar, en el plan de salvación, el Primogénito del Padre es sin pecado y sin defecto. Pero aun así, hay una diferencia esencial: En la parábola, el hijo mayor esta celoso de la atención brindada al retorno del pródigo; en el plan de salvación, en cambio, el Hijo mayor hace posible el regreso de los hijos pródigos.

El Padre lo envía a redimir a Sus hijos del cautiverio. El Hijo mayor acepta la misión: «…y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré…» (Ezequiel 37:23). El recorre largas distancias para hallar y traer de regreso al hogar a los «hijos pródigos». Nos encuentra fatigados, hambrientos y oprimidos, y nos alimenta y nos da de beber. Vive entre nosotros y comparte nuestras cargas. Después, en un acto culminante de supremo amor, el Hijo mayor toma de Sus propios bienes y nos rescata, uno por uno. A fin de pagar la totalidad de nuestra deuda, se ve obligado a sacrificar Sus propias riquezas, sí, todo lo que tiene, hasta el último ápice.

Hay algunos que rehúsan el rescate ofrecido; encadenados por el orgullo, prefieren el cautiverio a la contrición. Pero los que aceptan el ofrecimiento y abandonan sus caminos erróneos, son sanados por Sus manos y reciben el don de la libertad. A estos los lleva de regreso al Padre, con cánticos de regocijo eterno.

Testifico que el Hijo mayor de nuestro Padre Celestial nos ha redimido de los lazos del pecado. Somos un pueblo comprado. En las palabras de Pablo, «Por precio fuisteis comprados…» (1 Corintios 7:23). En el jardín de Getsemaní, el Primogénito del Padre «descendió debajo de todo» (D. y C. 88:6); y como dijo Isaías, «llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores» (Isaías 53:4). En el Gó1gota, «derramó su vida hasta la muerte» (Isaías 53:12) a manos de los mismos hombres cuyos pecados Él había expiado, entregando libremente Su vida mientras vencía al mundo.

En el mundo premortal, Él fue el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Creador de la tierra, el gran YO SOY. Desde esas exaltadas cumbres, descendió para venir a la tierra en la más humilde circunstancia, para que no le fueran extraños nuestros pesares. En lugar de un sitial mundano, eligió nacer en un humilde establo y vivir la vida sencilla de un carpintero; creció en un oscuro villorrio de un distrito menospreciado de Palestina. No quiso forjarse una reputación, y fue «como raíz de tierra seca… sin atractivo para que le deseemos» (Isaías 53:2).

Pudo haber tenido poder y honores políticos; opto en cambio por sanar y enseñar. Pudo haberse ganado el favor de los de Su pueblo liberándolos de la opresión de los romanos; en vez de ello, los salvo de sus pecados y fue rechazado por los suyos. Sacrificó la gloria de Galilea para sufrir la humillación y el juicio de Jerusalén. Luego, de manera literal, el Señor Jesucristo pagó las máximas exigencias de nuestro rescate al sufrir «el dolor de todos los hombres» DyC. 18: 11).

«Y el mundo, a causa de su iniquidad, lo juzgara como cosa de ningún valor; por tanto, lo azotan, y él lo soporta; lo hieren y él lo soporta. Si, escupen sobre él, y él lo soporta, por motivo de su amorosa bondad y su longanimidad para con los hijos de los hombres» (1 Nefi 19:9).

Hace unos años visite Jerusalén poco antes de la Navidad. Las calles estaban frías y desoladas; había una aguda tensión política en el aire. Aun así, mi corazón se llenó de paz pensando que esa era la ciudad que El amo tanto, el lugar mismo de Su eterno sacrificio; que allí había vivido Aquel que fue el Salvador de toda la humanidad.

Volví a los Estados Unidos un sábado por la noche. Al amanecer del día de reposo, desperté escuchando estas palabras de «Oh Noche Santa»:

El Rey de reyes yace en un pesebre
nacido para nuestro amigo ser.
(Recreational Songs, 1949, págs. 142-144.)

Y comencé a sollozar al meditar sobre la vida perfecta y el glorioso sacrificio del Redentor de Israel, de Aquel que nació para ser el amigo de los humildes y la esperanza de los mansos.

Doy testimonio de que el Señor Jesucristo ha pagado el precio de nuestros pecados, con la condición de nuestro arrepentimiento. Él es el Primogénito del Padre, es el Santo de Israel; es las primicias de la Resurrección. Testifico que Él vive. Testifico que es, verdaderamente, «nuestro gran Redentor… del mundo [el] Rey y Señor» («Oh Dios de Israel», Himnos, N° 5). En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Permanezcan firmes frente a las asechanzas del mundo

Conferencia General Octubre 1995logo 4
Permanezcan firmes frente a las asechanzas del mundo
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley«Que el Señor las fortalezca para que puedan hacer frente a los problemas de nuestros dios; que Él les dé una sabiduría superior a la humana a fin de que puedan luchar con los problemas que constantemente enfrentan.»

Mis queridas hermanas, me siento muy privilegiado por la invitación de participar en esta reunión. Mi amada compañera, Marjorie, sabría dirigirles la palabra mejor que yo. Le rindo honor por ser la que es miembro de la Sociedad de Socorro en nuestra familia y gracias a ella y a sus actividades, mi aprecio por esta gran organización ha aumentado. Esta ha sido una reunión maravillosa. Recomiendo a todas ustedes que pongan en práctica todo cuanto hemos escuchado de estas hermanas lideres tan capaces. Tenemos total confianza en ellas.

Que congregación tan extraordinaria de mujeres son ustedes. Hay tres millones y medio de hermanas como ustedes, que viven en muchas tierras y hablan una diversidad de idiomas, pero comprenden con unidad de corazón; cada una es una hija de Dios. Reflexionen en todo el maravilloso significado de esta verdad suprema.

El, nuestro Padre Eterno, les ha bendecido con poderes milagrosos tanto mentales como físicos. Su intención fue siempre que ustedes fueran la corona gloriosa de Sus creaciones.

Les hago recordar las palabras que el profeta José Smith declaro a las mujeres de la Sociedad de Socorro en abril de 1842: «Si ustedes son dignas del privilegio que se les ha dado, no se les podrá impedir a los ángeles que sean sus compañeros» (Libro de actas de la Sociedad de Socorro, 28 de abril de 1842, Archivos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días). ¡Que maravilloso potencial se encuentra en ustedes!

Esta noche contemplo a las hermosas Jóvenes, que suenan con una vida llena de logros y felicidad; contemplo a las madres, cuyo corazón abriga inquietudes en cuanto a su hogar y sus hijos; contemplo a las madres que están solas para criar a sus hijos, que tienen cargas muy pesadas, y que, en SU soledad, suplican y oran pidiendo fortaleza y compañerismo; contemplo a las abuelas y bisabuelas, que tienen muchos años de experiencia, que han capeado las tempestades de la vida y han tenido múltiples experiencias profundas con el correr de los años, algunas amargas y otras dulces. Me siento agradecido por la presencia de cada una de ustedes. Les agradezco su fortaleza y fidelidad, su fe y amor, y la resolución que han tomado en su corazón de andar con fe, guardar los mandamientos, y hacer lo que es correcto en todo momento y en toda circunstancia. Seguir leyendo

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Para llegar al corazón de los niños

Conferencia General Octubre 1995logo 4
Para llegar al corazón de los niños
Anne G. Wirthlin
de la Presidencia General de la Primaria

Anne G. Wirthlin«Nuestro Padre Celestial desea que enseñemos a Sus hijos, que les enseñemos verdaderamente quienes son, y que los llevemos al Salvador.»

Hace exactamente un año, la hermana Susan Warner y yo fuimos sostenidas como consejeras de la hermana Patricia Pinegar en una nueva Presidencia General de la Primaria. Después de haber criado nuestros propios hijos (entre las tres tenemos veinticuatro), tendríamos ciertas razones para confiar en nuestra habilidad de entender las necesidades de los niños. Sin embargo, la responsabilidad de representar a los niños de la Iglesia en el mundo de hoy era un gran peso sobre nuestros hombros. El mayor deseo que sentíamos era conocer la voluntad de nuestro Padre Celestial y buscar Su dirección.

Al reunirnos con el élder Robert D. Hales, después de recibir el llamamiento, él nos sugirió que mientras leíamos las Escrituras, marcáramos los pasajes que se referían a los niños. Hallamos muchos. De hecho, parece que la totalidad de las Escrituras hubiera sido escrita para las familias. Los profetas no dejan duda alguna en cuanto a los deseos del Señor con respecto a Sus pequeñitos. Nefi comienza su registro diciendo:

«Yo, Nefi, nací de buenos padres, y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre» (1 Nefi 1:1).

Enós inició sus escritos así:

«He aquí, aconteció que yo, Enós, sabía que mi padre era un varón justo, pues me instruyó en su idioma y también me crió en disciplina y amonestación del Señor-y bendito sea el nombre de mi Dios por ello-» (Enós 1:1).

Y el lema de nuestra Primaria proviene de las palabras de Isaías: «Y todos tus hijos serán instruidos por el Señor; y grande será la paz de tus hijos» (3 Nefi 22:13). Seguir leyendo

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Nuestro mensaje al mundo

Conferencia General Octubre 1995logo 4
Nuestro mensaje al mundo
Elder Robert E. Wells
de los Setenta

Robert E. WellsNuestro singular mensaje al mundo está centrado en Cristo y consta de tres partes: la divinidad de Jesucristo como Hijo de Dios, la misión divina de José Smith y del Libro de Mormón, y la naturaleza divina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Dios.

En este día del Señor, deseo referirme al singular mensaje que presentamos al mundo, que consta de tres partes y está centrado en Cristo.

LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO COMO HIJO DE DIOS

La primera parte se trata de la naturaleza divina de Jesucristo como Hijo de Dios, doctrina que es esencial para comprender el plan de salvación en su totalidad. Él es el Primogénito del Padre en la existencia preterrenal y el Unigénito del Padre en la tierra. Dios, el Padre Eterno, es el Progenitor literal de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y de todos Sus otros hijos espirituales.  (1 Nefi 11:18, 21; James E. Talmage, Artículos de Fe, Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pág. 512).

Cuando hablamos de la naturaleza divina de Jesucristo por ser Hijo de Dios, nos referimos también a Su función como Dios en la esfera preterrenal. El Primogénito de Elohim, el Padre, fue escogido y ordenado en los primeros concilios de los cielos para ser el Salvador de una raza humana todavía por nacer (véase de James E. Talmage, Jesús el Cristo, Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pág. 6). Jesús fue también escogido y enviado por el Padre para organizar y crear esta tierra, nuestro sistema solar, nuestra galaxia y aun mundos sin número.

Jesucristo fue y es el Jehová del Antiguo Testamento, el Dios de Adán y de Noé, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Jehová se manifestó y habló a los antiguos profetas, y al hacerlo, habló en el nombre de Su Padre y dijo lo que Su Padre habría dicho. El Jehová del Antiguo Testamento es el Jesucristo del Nuevo Testamento que vino al mundo como un Ser mortal. Seguir leyendo

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Misiones, templos y responsabilidades

Conferencia General Octubre 1995logo 4
Misiones, templos y responsabilidades
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley«Es maravilloso y altamente satisfactorio saber que cada uno de nosotros puede hacer algo para fortalecer esta obra del Todopoderoso.»

Si puedo contar con su fe y oraciones, espero decir algo de provecho para todos. Hace una semana, el sábado pasado, tuvo lugar en este Tabernáculo una gran conferencia de la Sociedad de Socorro. Fue una experiencia inspiradora contemplar los rostros de la congregación de mujeres fuertes, valientes y capaces. También es una experiencia inspiradora contemplar sus caras, hermanos, y sentir su fortaleza, su fe, su lealtad y devoción.

Estos han sido momentos de inspiración, en los que hemos oído buenos consejos que nos bendecirán si los aceptamos. Deseo hablar de dos o tres asuntos.

Del primero ya han hablado el presidente Monson y el hermano Hillam, pero quiero agregar mi apoyo a lo que han dicho y algunas observaciones.

Me refiero al servicio misional. Hace poco estuve en Londres y tuve una reunión con los misioneros que trabajan allá. Había representantes de la BBC (British Broadcasting Corporation) para filmar parte de esas reuniones, pues están preparando un documental sobre nuestra obra misional en las Islas Británicas.

Antes de eso, ya me había entrevistado un representante de la radio mundial BBC, que había observado que los misioneros son muy jóvenes. El me preguntó: «¿Cómo puede esperar que la gente escuche a estos jovencitos inexpertos?»

Con eso me quiso decir que son inmaduros, sin experiencia y sin roce social.

Le respondí sonriente: «¿Jovencitos inexpertos? Con estos misioneros pasa lo mismo que pasaba con Timoteo, en la época de Pablo. Fue Pablo quien escribió a su joven compañero: ‘Ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza’ (1 Timoteo 4: 12).

«Lo extraordinario es que la gente los recibe y los escucha. Son sinceros, son inteligentes, vivaces y sobresalientes; tienen aspecto aseado, atraen a las personas y les inspiran confianza.» Seguir leyendo

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Mantengámonos firmes; guardemos la fe.

Conferencia General Octubre 1995logo 4
Mantengámonos firmes; guardemos la fe
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley«Esta es Su obra. Nunca lo olvidemos. Aceptémosla con entusiasmo y amor.»

Mis hermanos y hermanas, deseo agradecerles el sostén que, con la mano y el corazón, nos brindan, y también sus expresiones de confianza y de amor. Lo que he visto y escuchado al haber viajado para visitar a los miembros de muchos lugares durante estos últimos seis meses ha fortalecido mi fe en esta gran obra.

Tengo un gran deseo de estar con ustedes, los Santos de los Últimos Días de todo el mundo, de contemplar su rostro, de estrechar sus manos y, en forma más personal, expresarles mis sentimientos acerca de esta obra santa; de sentir su espíritu y amor por el Señor y por Su causa sublime. Quisiera poder agradecerles en persona la bondad que de tantas maneras siempre nos han demostrado. Yo sé que sólo mediante el servicio que prestemos mereceremos su respeto, confianza y amor. Un solo deseo tengo: que mientras el Señor me de fuerzas, pueda servirle con fidelidad y eficacia por medio del servicio que presto a Sus hijos, que son ustedes, mis hermanos y hermanas. Dedico para ello mis fuerzas, mi tiempo y toda posible habilidad que posea.

Amo mucho a esta Iglesia; amo al profeta José Smith, a quien Dios, nuestro Padre Eterno, y nuestro Señor resucitado le hablaron tan personalmente como yo les hablo hoy a ustedes. Siento un inmenso amor por todos los que aceptaron su testimonio en aquellos primeros años tan difíciles; la vida que llevó esa gente constituye, en gran manera, la historia de los primeros días de esta obra. Es maravilloso tener antecedentes tan extraordinarios. Ellos dieron vida a esta gran causa mundial que conocemos como La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Agradezco al Señor que, desde niño, haya plantado en mi corazón este amor que tengo por el profeta José Smith, por el Libro de Mormón y por aquellos hombres y mujeres nobles que tanto sufrieron para establecer los cimientos sobre los cuales edificar esta causa y reino. Amo cl sacerdocio que tenemos, esta autoridad que se ha dado a los hombres para hablar en el nombre de Dios. Estoy agradecido por su poder y autoridad, que se extienden aún más allá del velo de la muerte. Amo a los santos, dondequiera que anden con fe y fidelidad; doy gracias por la fortaleza de sus testimonios y por su probidad. Amo a los misioneros que se encuentran prestando servicio por todo el mundo, dando testimonio de la restauración del evangelio. Ruego por cada uno de ellos para que sean protegidos y guiados hacia aquellos que hayan de aceptar su mensaje. Seguir leyendo

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Las ventanas de luz y verdad

Conferencia General Octubre 1995logo 4
Las ventanas de luz y verdad
Elder Joseph B. Wirthlin
del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin«Cuando los embates de la vida nos confunden, las ventanas de revelación pueden guiarnos sanos y salvos al hogar junto a nuestro Padre Celestial.»

Mis queridos hermanos y hermanas, al entrar en esta reunión esta tarde, el presidente Hinckley comento: «Decidimos volver», a lo que le respondí: «Menos mal». Es un privilegio estar aquí en esta ocasión para dirigirles la palabra, y pido que el Espíritu del Señor este conmigo.

En esta era de información digital, nuestras computadoras se han convertido en ventanas por medio de las cuales podemos contemplar un mundo virtualmente sin horizontes ni fronteras. Literalmente, con solo apretar una tecla, podemos curiosear de un extremo al otro por bibliotecas computarizadas de universidades, de museos, de agencias gubernamentales e instituciones de investigación ubicadas en todo el mundo. En la actualidad, una red mundial de conexiones electrónicas transporta un volumen de información cada vez mayor y a una velocidad que va siempre en aumento por lo que se le llama la súper vía de información. A través de las ventanas de los monitores de las computadoras, ya sea en nuestra casa o en el trabajo, tenemos acceso a este depósito interconectado de información para ver libros de estudio, arte, fotografías, mapas y gráficas, y para escuchar música y discursos que se encuentran almacenados en lugares ubicados a grandes distancias los unos de los otros.

De la misma forma, hay instrumentos de muchas clases que nos proporcionan una perspectiva que no tendríamos si careciéramos de ellos. Los telescopios y los microscopios nos permiten ver cosas que de otra forma no veríamos ni conoceríamos. La medicina moderna se vale de «ventanas» de imágenes, tales como los detectores de imágenes por resonancia magnética, a través de las cuales se obtiene información de suma importancia que de otra forma no se podría detectar, y que los médicos capacitados pueden utilizar para beneficio de los pacientes. La radioscopia que utilizan los controladores del tráfico aéreo es otra clase de «ventana», el cual nos permite ver objetos a grandes distancias, los que serían invisibles si no tuviéramos ese instrumento tan esencial. Un controlador capacitado puede utilizar la información del radioscopia para guiar al piloto a su destino sin contratiempos. Seguir leyendo

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Para llegar al corazón de los niños

PARA LLEGAR AL CORAZÓN DE LOS NIÑOSlogo 4
Anne G. Wirthlin
de la Presidencia General de la Primaria

Anne Wirthlin«Nuestro Padre Celestial desea que enseñemos a Sus hijos, que les enseñemos verdaderamente quienes son, y que los llevemos al Salvador.»

Hace exactamente un año, la hermana Susan Warner y yo fuimos sostenidas como consejeras de la hermana Patricia Pinegar en una nueva Presidencia General de la Primaria. Después de haber criado nuestros propios hijos (entre las tres tenemos veinticuatro), tendríamos ciertas razones para confiar en nuestra habilidad de entender las necesidades de los niños. Sin embargo, la responsabilidad de representar a los niños de la Iglesia en el mundo de hoy era un gran peso sobre nuestros hombros. El mayor deseo que sentíamos era conocer la voluntad de nuestro Padre Celestial y buscar Su dirección.

Al reunirnos con el élder Robert D. Hales, después de recibir el llamamiento, él nos sugirió que mientras leíamos las Escrituras, marcáramos los pasajes que se referían a los niños. Hallamos muchos. De hecho, parece que la totalidad de las Escrituras hubiera sido escrita para las familias. Los profetas no dejan duda alguna en cuanto a los deseos del Señor con respecto a Sus pequeñitos. Nefi comienza su registro diciendo:

«Yo, Nefi, nací de buenos padres, y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre» (1 Nefi 1:1).

Enós inició sus escritos así:

«He aquí, aconteció que yo, Enós, sabía que mi padre era un varón justo, pues me instruyó en su idioma y también me crió en disciplina y amonestación del Señor-y bendito sea el nombre de mi Dios por ello-» (Enós 1:1).

Y el lema de nuestra Primaria proviene de las palabras de Isaías: «Y todos tus hijos serán instruidos por el Señor; y grande será la paz de tus hijos» (3 Nefi 22:13). Seguir leyendo

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