El servicio de adoración dominical

Conferencia General Abril 1991logo 4
El servicio de adoración dominical
Elder W. Mack Lawrence
De los Setenta

W. Mack Lawrence«Asistid con la actitud de adorar al Señor… cantad loor a Dios con entusiasmo… recordad al Salvador al tomar la Santa Cena».

Nunca en la vida me imagine que un día. estaría aquí dando un discurso. Pensé en ponerme una almohada entre las rodillas para que no pensarais que había un pájaro carpintero haciendo hoyos en el púlpito. Me siento muy humilde de estar ante vosotros y ruego que el Espíritu del Señor nos acompañe a todos.

Hoy quisiera hablaros de la reunión sacramental. El obispo organiza y supervisa la reunión para asegurarse de que se lleve a cabo con espíritu de reverencia, agradecimiento y adoración, y que se dirija con dignidad, calidez y el Espíritu del Señor. Espero que todas las personas que asistan sean bienvenidas en la puerta y sientan el gran amor y la preocupación que el obispo siente por ellas. Ese afecto simboliza el amor incondicional que el Señor tiene por nosotros. Debemos sentirnos amados, valorados y aceptados en esas reuniones; nadie debe sentirse ahí como un extraño.

La reunión sacramental es la reunión mas importante de la semana y a la que el Señor nos ha mandado asistir. Esta dedicada a la adoración del Señor. ¿Que quiere decir «adorar»? Quiere decir demostrar amor y lealtad reverentemente, pensar en El, honrarlo, recordar el sacrificio que ha hecho por cada uno de nosotros y expresarle gratitud.

En la reunión sacramental hacemos esto por medio de la música, de la oración, de los discursos, de las Escrituras y los testimonios. Su Espíritu debe estar presente. Tomamos la Santa Cena como recuerdo de Su cuerpo y de Su sangre que simbolizan la resurrección y la Expiación. Debemos pensar en Su vida y sacrificio mientras se reparte la Santa Cena. Parafraseando a Nefi, la reunión sacramental se debe dedicar para hablar de Cristo, para regocijarnos en Cristo, para predicar de Cristo y para profetizar de Cristo (véase 2 Nefi 25:26). Es también allí donde aprendemos acerca de la doctrina de la Iglesia, donde sentimos el Espíritu y recibimos inspiración espiritual.

La reunión sacramental es tan importante que el Señor reveló instrucciones especificas sobre ella a José Smith. Esa revelación se registra en la sección cincuenta y nueve de Doctrina y Convenios: Seguir leyendo

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Escuchad para aprender

Conferencia General Abril 1991

Escuchad para aprender

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«Vuestra alma será bendecida al aprender a escuchar, y luego al escuchar para aprender de los niños, los padres, los cónyuges, los vecinos y líderes de la Iglesia, todo lo cual aumentará vuestra capacidad para escuchar el consejo de Dios.


En la oración de apertura para esta sesión de la conferencia , el élder Hugh W. Pinnock pidió que prestáramos mucha atención a los mensajes que se impartirían. En las publicaciones de la Iglesia ha habido muchos artículos acerca del importante arte de saber escuchar que corroboran el siguiente proverbio que enseña esta lección vital: «Escucha el consejo, y recibe la corrección» (Proverbios 19:20). Sin duda alguna, la sabiduría se obtiene cuando se escucha con el deseo de aprender de los niños, padres, compañeros, vecinos, lideres de la Iglesia y del Señor.

LOS NIÑOS

Los padres y maestros aprenden a escuchar y luego escuchan para aprender de los niños. Un padre sabio dijo en una ocasión: «Mayor es el bien que hago cuando en lugar de hablarles a mis hijos les escucho».

Cuando nuestra hija menor tenía apenas cuatro años de edad, una noche llegue a casa muy tarde del trabajo en el hospital y me di cuenta de que mi querida esposa estaba muy cansada, lo cual no entiendo, pues solo tenía nueve niños a su lado todo el día. Para aliviar un poco su carga, me ofrecí para poner en la cama a nuestra hijita. La lleve a su habitación y empecé a darle órdenes: «Quítate la ropa, cuélgala, ponte el pijama, cepíllate los dientes, haz tus oraciones», etc. Parecía un sargento dando órdenes. De pronto, algo pensativa, ella me dijo: «Papi, ¿soy de tu propiedad?»

Mi hijita me enseñó una lección importante esa noche, pues estaba tratando a esa dulce criatura con coerción. El controlar a los niños por medio de la fuerza es una técnica de Satanás, no del Salvador. No, los hijos no son de nuestra propiedad; el privilegio que tenemos como padres es el de amarlos, dirigirlos y luego darles la oportunidad de empezar su propia vida por si mismos. Seguir leyendo

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Honra a tu padre y a tu madre

Conferencia General Abril 1991logo 4
«Honra a tu padre y a tu madre»
Elder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks«El mandamiento de honrar a nuestros padres es la fibra básica del evangelio y de nuestra relación con Dios nuestro Padre».

Desde la pasada conferencia de octubre, muchos hemos tenido altibajos emocionales debido a la guerra del Golfo Pérsico; conflicto que cambió la vida de un gran número de Santos de los Últimos Días. En el campo de operaciones militares, más de 140 grupos formados por nuestros miembros brindaron liderazgo, apoyo espiritual y hermanamiento a los santos que estaban prestando servicio militar. Durante esa crisis, en los países involucrados, muchas familias se vieron separadas y vivieron con gran angustia. Hoy rendimos tributo a los líderes de la Iglesia y a los miembros que soportaron la pesada carga adicional de cuidar a las familias de nuestros combatientes y que, en muchos casos, todavía lo siguen haciendo.

Los líderes de estaca, barrio, quórumes y de la Sociedad de Socorro, como en tiempos de antaño, fueron y siguen siendo ejemplos de servicio y amor.

Durante esta crisis, compartimos el dolor de los que vivieron oprimidos y en peligro en ambos lados del conflicto. Cada semana en reuniones de los consejos directivos y en todas las capillas y los hogares, al igual que en reuniones privadas y públicas en toda la Iglesia, pedimos por el bienestar y la protección de los integrantes de las fuerzas armadas. También rogamos por que la guerra fuera corta y por qué el número de muertos y heridos fuera lo más bajo posible.

Nuestras oraciones fueron contestadas, y en esta ocasión en que el presidente de la nación ha proclamado un período nacional de agradecimiento, nos unimos a millones de personas de todas las afiliaciones religiosas en acción de gracias a nuestro misericordioso Padre Celestial. Extendemos nuestro amor y un sentido pésame a las familias que perdieron seres queridos y continuamos orando para que los lideres encargados de mantener la paz y de devolver a prisioneros y rehenes, lo hagan con sabiduría y éxito; para que así, empiecen a cicatrizarse las heridas causadas por la guerra.

Hace miles de años, en una montaña al otro lado de la península arábica donde se realizó la guerra, el Dios de Israel dio a su pueblo diez mandamientos. El quinto de ellos que se recibió por intermedio de Moisés dice: Seguir leyendo

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Honremos el sacerdocio

Conferencia General Abril 1991logo 4
«Honremos el sacerdocio»
Elder J. Richard Clarke
De la Presidencia de los Setenta

J. Richard Clarke«Debemos expandir nuestra percepción como quórumes y como individuos, y aumentar nuestra capacidad de servir».

Cuando Bob Barfuss fue a la misión, su madre Mary oraba todos los días recordándole al Señor, en detalle, las necesidades de su hijo. Pero un día llegó a la conclusión de que no debía ocupar tanto del tiempo del Señor con su lista de preocupaciones y se dijo: Condensaré mi petición de esta manera: «Te pido que Bob honre su sacerdocio».

Hermanos, si honráramos el sacerdocio, se satisfarían muchas necesidades y se solucionarían muchos problemas. «Bendíceme, Padre, para que honre el sacerdocio» debería ser nuestra suplica diaria.

En una reunión del sacerdocio de estaca, sostuvieron a un joven para otorgarle el Sacerdocio de Melquisedec. Mas tarde, cuando se le felicitó, el joven dio una respuesta sorprendente:

-¿Por que? ¡No es para tanto!

¡No es para tanto! ¡Si el supiera! Me pregunte cómo había llegado a esa conclusión. Si yo hubiera sido su padre, su obispo, o el asesor de su quórum, ¿cómo me habría sentido al oírlo?

Con frecuencia, cuando somos jóvenes, decimos cosas que no diríamos de adultos; por eso, espero que ese joven este ahora sirviendo en una misión y dándose cuenta de lo que realmente significa poseer el Sacerdocio de Melquisedec.

El presidente Benson dijo: «El poder mas grande de este mundo es el poder del sacerdocio. El hombre no puede recibir ningún honor ni ninguna bendición mayor que la autoridad para actuar en el nombre de Dios» (The Teachings of Ezra Taft Benson, Salt Lake City: Bookcraft, pág. 219) ¡Que privilegio! ¡Que gran responsabilidad! Seguir leyendo

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Jóvenes de Cristo

Conferencia General Abril 1991logo 4
Jóvenes de Cristo
Elder Jack H. Goaslind
De los Setenta

Jack H. Goaslind«Jóvenes de Cristo, quisiera pediros que cultivéis y alimentéis los buenos sentimientos. «Querer es poder» es la clave de la conducta, es la clave de la felicidad.

Me siento muy agradecido por el llamamiento que tengo de Presidente General de los Hombres Jóvenes. Esta asignación me pareció abrumadora cuando la recibí, y me ha parecido cada vez mas difícil al darme cuenta, a diario, del futuro maravilloso que tenéis vosotros, jóvenes, y de los obstáculos que debéis superar para alcanzar vuestras metas.

El potencial que vosotros tenéis se describe en muy pocas palabras en el Libro de Mormón: «Hombre de Cristo» (Helamán 3:29). Quien es el hombre de Cristo? ¿Podéis vosotros diáconos, maestros y presbíteros ser como ese hombre? ¿o es algo reservado para los de otra generación? Como Presidente General de los Hombres Jóvenes, espero estar presidiendo una hermandad de jóvenes de Cristo. Me gustaría llamaros «hombres de Cristo», porque aunque seáis jóvenes, sois también hombres. Ruego que cada uno de nosotros llegue a entender la palabra de Dios, que nos guiara por la senda recta y angosta y nos ayudara a evitar muchos sufrimientos en la vida. Ahora me gustaría hablar de una característica del hombre de Dios.

Esa cualidad la expresaba un slogan que vi impreso hace poco en las camisetas de los jóvenes de una conferencia de jóvenes. Decía «Querer es poder». En broma le pregunte a uno de ellos si también seria cierto al revés: «El que tiene poder hace lo que se le antoja». El jovencito me echó una mirada condescendiente y me explicó con paciencia: «Quiere decir que antes de poder lograr algo, primero hay que desear hacerlo». Me alegre de que supiera bien el significado.

Quienquiera que haya planeado esa conferencia le dio en el clavo. El dicho «querer es poder» comprende varios principios del evangelio y sacamos de el una gran enseñanza.

Me recuerda uno de los atributos de Dios: «…y no hay nada que el Señor tu Dios disponga en su corazón hacer que el no haga» (Abraham 3:17). ¿No es maravilloso confiar en que nuestro Padre Celestial hará lo que se proponga? Seguir leyendo

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La paz

Conferencia General Abril 1991logo 4
La paz
Elder Robert E. Wells
De los Setenta

Robert E. Wells«Para seguir a Cristo y recibir las bendiciones del cielo, debemos ser continuamente hacedores de la paz en el mundo, en la comunidad donde vivimos… y sobre todo, en nuestro hogar».

El domingo pasado, los Santos de los Últimos Días junto con el mundo cristiano, celebramos la Pascua, en la que adoramos a nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, y honramos Su resurrección. También le damos gracias a Dios, y lo hacemos de nuevo durante este día especial de oración, por la liberación de Kuwait y expresamos nuestra esperanza de que en el Golfo Pérsico reine la paz y que las tropas combatientes regresen a sus hogares.

Cuando Cristo nació, los ángeles proclamaron: «En la tierra paz, buena voluntad para con los hombres» (Lucas 2:14). Mas en los dos mil años que han pasado desde que se hizo esa hermosa proclamación, poca ha sido la paz en el mundo. A pesar de que la guerra en el Golfo ya ha terminado, todavía existe entre algunas naciones una paz insegura y entre otras gran desconfianza. Así como la expiación de Cristo nos salvó de la muerte física y de la espiritual, la paz de la que el Salvador de la humanidad habló es también física y espiritual.

Hoy quisiera hablar de la paz espiritual que Cristo ofreció en el Sermón del Monte, cuando enseñó la hermosa bienaventuranza en cuanto a la paz y los pacificadores. Todo el sermón nos sirve como una guía hacia la perfección y como modelo de los muchos atributos y cualidades que debemos desarrollar al buscar la perfección y la paz que Jesús mismo personifica.

Me gusta pensar en el momento en que se dio el sermón. Me imagino una escena llena de paz y de belleza y en ella veo un atardecer a principios de abril sin siquiera una brisa y las nubes haciendo un hermoso contraste contra un cielo azulado sobre las orillas del Mar de Galilea, donde las suaves olas golpean contra las barcas de los pescadores. A un lado del cerro se ha reunido una gran multitud de personas ansiosas de escuchar; muchas se sientan en el pasto mientras que otras se quedan de pie entre las rocas y las flores que ya han empezado a brotar. Todos prestan atención y levantan sus rostros, cada ojo puesto en el Señor y cada oído escuchando lo que el Salvador dice que tienen que hacer para tener paz en su vida. Seguir leyendo

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La paz interior

Conferencia General Abril 1991logo 4
La paz interior
Elder Joseph B. Wirthlin
del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin«A pesar de las funestos condiciones del mundo y de los problemas personales que acosan a cada persona, la paz puede ser. una realidad»

Últimamente, el tema de la paz ha ocupado un lugar muy prominente tanto en la vida como en el pensar de las personas en todo el mundo; además, cuando la paz mundial se vio amenazada, muchos países se vieron involucrados en la guerra. Las noticias mostraron vivas imágenes del sufrimiento y la destrucción tan terribles ocasionadas por este conflicto y de la gran confusión que ha ocasionado entre las personas. La guerra causa ansiedad profunda e interrumpe la vida familiar, los trabajos y los estudios, y emplea recursos que podrían utilizarse en causas mas loables y que beneficiarían al mundo. Estamos agradecidos de que la guerra del Golfo Pérsico haya terminado mas rápido y con menos bajas de lo que se esperaba. Nuestro corazón se llena de compasión al contemplar a familias que, en los distintos bandos, perdieron a seres queridos, así como al ver las víctimas inocentes, especialmente los niños. Ahora pedimos que exista una paz duradera para que los hombres conviertan «sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces» y no se adiestren «mas para la guerra» (véase Isaías 2:4).

En las Escrituras, paz significa verse libre de conflicto, contención o guerra, o la calma interior y el consuelo que da el Espíritu, el cual es un don de Dios a todos Sus hijos y trae al corazón sosiego y serenidad. El diccionario define la paz como un estado de tranquilidad o sosiego, tranquilidad del alma y concordia en las familias.

Mientras anhelamos la paz, vivimos en un mundo lleno de miseria, hambre, dolor, angustia, soledad, enfermedad y tristeza. Vemos el divorcio en todo su apogeo, con las penas y la angustia que causa, sobre todo entre los niños inocentes que están de por medio. Los hijos desobedientes llenan de dolor y de angustia a los padres. Los problemas económicos causan zozobra y la perdida del autorrespeto. Seres queridos cometen pecado y en la abominación se olvidan de sus convenios y andan «por su propio camino, y en pos de la imagen de su propio Dios» (D. y C. 1:16). Seguir leyendo

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La redención de los muertos

Conferencia General Abril 1991logo 4
La redención de los muertos
Elder Earl C. Tingey
De los Setenta

Earl C. Tingey«Hermanos, el Señor ha salido al encuentro de Sus siervos en las encrucijadas. Ahora tenemos en nuestras manos muchos medios para efectuar la historia familiar. Por lo tanto, seria imperdonable que no lleváramos a cabo esta obra».

Estimados hermanos, estoy agradecido por la oportunidad de expresar mi amor y mi gratitud al Señor por el llamamiento que recibí en diciembre. Lo acepto y doy gracias por poder dar testimonio de Jesucristo. Consagraré todo mi tiempo, energía y talento a magnificar este llamamiento. Expreso mi agradecimiento a las Autoridades Generales, a mi esposa Joanne, a nuestros hijos, nietos, a nuestros padres y demás familiares, y también a todos nuestros amigos y vecinos que tienen confianza en mi habilidad de desempeñar este cargo. Se me ha llamado a servir en el Departamento de Historia Familiar de la Iglesia, y hoy quisiera hablar sobre ese tema. Allí vemos la gran obra de redención avanzar en su curso predeterminado.

Hoy quiero rendir homenaje a los miles de obreros, voluntarios y misioneros de servicio quienes, como dicen las Escrituras, dedican su vida a la redención de los que están detrás del velo. El servicio desinteresado que prestan es una verdadera demostración del amor que debemos tener por nuestro Salvador y por nuestro prójimo.

Mucho se ha conseguido a través de los años. Miembros fieles en el pasado, y en la actualidad, han localizado y siguen localizando a millones de sus antepasados. La Iglesia ha ayudado a recopilar información de casi doscientos mil millones de personas que han vivido en la tierra y nos ha dado hermosos templos a los que los miembros pueden ir a hacer ordenanzas sagradas en favor de sus antepasados fallecidos.

Hermanos, han ocurrido muchas cosas que nos han ayudado a acelerar la obra. Yo se que el Señor nos ayuda cuando nos esforzamos por hacer lo que nos ha pedido que hagamos por medio del consejo de nuestro Profeta y otros lideres de la Iglesia. Seguir leyendo

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La situación de la iglesia

Conferencia General Abril 1991logo 4
La situación de la Iglesia
Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«Y más importante aun, ha aumentado la fe y la fidelidad de los miembros de la Iglesia. Me agrada lo que veo; las cosas van mejorando constantemente».

Esta noche me siento sumamente orgulloso de mis hermanos de las Autoridades Generales. He sentido un gran orgullo por ellos en las dos sesiones realizadas en el día de hoy. Hemos recibido mensajes realmente extraordinarios al escuchar a estos hermanos que han dedicado su vida al servicio del Señor. Me estremezco ante la responsabilidad de dirigir la palabra a esta magnifica congregación de poseedores del sacerdocio, mas de cien mil fieles en todo el mundo que están escuchando, por lo que pido al Espíritu Santo que me guíe.

Todo hombre y jovencito presente pertenece a uno de sus quórumes. ¡Es maravilloso ser parte de una organización tan importante, ocupar un lugar que brinda seguridad y amistad, en el mas sano ambiente.

En octubre de 1985, en la reunión del sacerdocio, di un informe sobre’ la Iglesia, haciendo una serie de preguntas y contestándolas. No hace mucho, hice algo similar en una conferencia regional, y voy a hacer algo parecido esta noche.

Me complace que el informe que he de dar sea alentador y edificante. He tratado de que sea fidedigno en todo sentido, porque se que tengo una gran responsabilidad ante vosotros, mis hermanos del sacerdocio, así como ante el Señor, cuya Iglesia es esta.

Por eso haré algunas preguntas y trataré de contestarlas en la forma mas veraz y franca posible.

La primera pregunta que me hacen en todas partes es: ¿Cómo esta el presidente Benson?

Me complace informar que esta bastante bien para su edad. El tiene ya 91 años, ha tenido una vida muy activa, llena de grandes responsabilidades, que lógicamente van acompañadas de grandes preocupaciones, y es por ello que no en vano le pesan los años. Se levanta y se viste todos los días, y a veces asiste a nuestras reuniones. Es un placer contar con su presencia. El es el Profeta del Señor, llamado por la voluntad de nuestro Padre Celestial para lograr Sus propósitos eternos. Tiene grandes limitaciones, como es de esperar, pero os aseguro que no hay nada que sea de grandes consecuencias que se haga sin su conocimiento y consentimiento. Soy su consejero, al igual que el presidente Monson, y tenemos la responsabilidad de ver que la obra siga adelante. Creo que sabemos las limitaciones de nuestro llamamiento y tratamos de mantenernos dentro de sus limites. Con vosotros cantamos: «Pedimos hoy por ti» (Himnos de Sión, 161) . Seguir leyendo

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Llamados a servir

Conferencia General Abril 1991logo 4
Llamados a servir
Elder L Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry«Os exhortamos, jóvenes poseedores del sacerdocio, a empezar ya vuestra preparación temporal y espiritual para ser dignos y estar listos para… usar la placa especial que distingue a los misioneros».

Y Jesús se acercó y les hablo diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

«Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
«enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:18-20).

Para concluir su evangelio, Mateo eligió estas palabras del Señor resucitado dando a Sus discípulos el encargo de llevar Sus enseñanzas a los pueblos del mundo. El encargo era claro: debían enseñar, bautizar y continuar enseñando para que los frutos fueran permanentes.

A través de la historia del evangelio, ese encargo ha sido el mismo, especialmente entre los poseedores del Santo Sacerdocio: enseñar, bautizar y continuar enseñando para forjar un testimonio firme en el corazón de todos los hijos de nuestro Padre Celestial en los que podamos influir. ¡Hemos sido llamados a servir!

Al encontrarme con jóvenes poseedores del sacerdocio en todo el mundo, los saludo con esta pregunta: «¿Piensa ir a una misión?» A menudo la cara se les ilumina con una respuesta afirmativa, y los animo a empezar a prepararse de inmediato para esa gran experiencia.

Que preparación se necesita para este extraordinario servicio? Lo principal es que el Señor lo espera de nosotros; El espera que ayudemos a edificar Su reino. Los profetas de todas las épocas nos recuerdan que todo joven capaz y digno debe ir a una misión.

Esa preparación debe llevaros a poder sentaros con el obispo y asegurarle que sois dignos de ser misioneros; os sentiréis mucho mas cómodos si el obispo ya es vuestro amigo. Seguir leyendo

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Lo que Dios ha unido

Conferencia General Abril 1991

Lo que Dios ha unido

Gordon B. Hinckley

Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primero Presidencia

«Esposas, considerad a vuestros maridos vuestros valiosos compañeros… Esposos, ved a vuestros esposos como a vuestro más preciado don, ahora y en la eternidad».


Hace diez días tuve una experiencia hermosa y emotiva en el Templo de Salt Lake City, el edificio que esta al este de este Tabernáculo. Allí, en ese santuario sagrado, tuve el privilegio de sellar, en dos ceremonias separadas pero consecutivas, a dos jovencitas gemelas con los respectivos apuestos y capaces jóvenes que ellas habían elegido. Esa noche, una recepción de bodas se llevo a cabo para las dos, a la que asistieron cientos de amigos para demostrarles su amor y felicitarlos.

Las madres, por lo general, derraman lágrimas en una ceremonia de bodas. Las hermanas también y, a veces, hasta los padres. Pero es raro que los abuelos se emocionen. Sin embargo, esas hermosas muchachas eran mis nietas y los confieso que a este viejo abuelo se le hizo un nudo en la garganta y no lo pasó muy bien. No entiendo por que, porque fue una ocasión feliz, y el cumplimiento de muchos anhelos y oraciones. Tal vez mis lágrimas eran una expresión de gozo y de gratitud a Dios por esas encantadoras novias y sus apuestos esposos. Con promesas sagradas, ellos se prometieron amor y lealtad el uno al otro por esta vida y por la eternidad.

¡Que hermoso es el matrimonio dentro del plan de nuestro Padre Eterno! Un plan que nos dio con Su sabiduría divina para la felicidad y la seguridad de Sus hijos y la continuidad de la raza humana.

El es nuestro Creador y El instituyo el matrimonio desde el comienzo. Al momento de la creación de Eva, Adán dijo: «Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne;… por tanto, dejara el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Génesis 2:23-24).

Pablo les escribió a los santos de Corinto: «Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón» ( 1 Corintios 11:11 ) .

En las revelaciones modernas, el Señor h Seguir leyendo

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Nunca solos

Conferencia General Abril 1991logo 4
Nunca solos
Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson»¡Que poder, que amor, que compasión nos manifestó… nuestro Maestro! Nosotros también podemos seguir Su noble ejemplo.»

En este día de reposo se ha designado como día de acción de gracias, un día para expresar nuestra gratitud a Dios, un día de oración. Hacemos una pausa para meditar en las bendiciones que nuestro omnisciente Padre Celestial os ha dado, a Sus hijos, al llevar la paz al campo de batalla y consuelo corazón de muchas personas de este bellísimo mundo donde vivimos, al que llamamos nuestra morada. Hoy sonarán las campanas y la gente, de rodillas y con el corazón lleno de gratitud, dirá: «Gracias sean dadas a Dios». En los Estados Unidos de América, una nación agradecida y un Presidente agradecido expresarán su profunda gratitud y regocijo por la paz. ¿Quien de nosotros olvidara amas las conmovedoras imágenes de los padres de familia despidiéndose de sus llorosas esposas y de sus desconcertados hijos, las cuales llenaron las páginas de diarios y revistas y se proyectaron en las pantallas de la televisión? Los niños lloraban sin saber por que. Las esposas lloraban porque sabían del peligro, la soledad y el temor que les aguardaba.

Agitando la mano y con una sonrisa un tanto forzada, los hombres y las mujeres militares se marcharon a la guerra. La expresión de sus rostros al partir, todavía fresca en nuestra memoria, nos transmite su sentir: «Amo a mi país», «siento orgullo de servir», «volveré pronto», «trata de no preocuparte».

Pero… preocupación si hubo. El bombardeo constante no sólo de bombas y misiles sino de la prensa y de la televisión llevaron a muchas personas a preguntarse: «¿Será mi marido el piloto que cayó?» «¿Será mi hijo el copiloto que fue hecho prisionero?»

En su clásico poema «Las puertas del año», la poetisa M. Louise Haskins resumió los sentimientos de todos aquellos a los que afectó la guerra por la inquietud que vivieron pensando en la seguridad de sus seres queridos al decir: Seguir leyendo

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Para ligar a la familia humana

Conferencia General Abril 1991logo 4
Para ligar a la familia humana
Elder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight«Por mucho tiempo la genealogía se ha asociado con el tedio, la búsqueda dificultosa y los libros mohosos. ¡Ya no! Ahora tenemos a nuestra disposición un milagro moderno llamado FamilySeorch.»

Ayer, 6 de abril, como hoy se nos recordó, fue el 161 aniversario del restablecimiento de la Iglesia de nuestro Señor en estos últimos días. La historia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es también la historia de la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

Una dispensación es cuando la Deidad estima conveniente dar bendiciones o aflicciones a sus hijos. También se define como una época en que Dios ha revelado su disposición y voluntad al hombre. Esto «significa el abrir los cielos al hombre; el… darle la palabra de Dios; el revelar al hombre… los principios y las ordenanzas del evangelio; el conferir la divina autoridad a… los escogidos, por la que ellos tienen el poder de obrar en el nombre… [y] con la autoridad de Dios… La dispensación del cumplimiento de los tiempos es la dispensación que incluye todas las otras», en los cielos y en la tierra. Es la dispensación que cumplirá todos los decretos de un amoroso Padre Celestial para «la salvación de [todos] los hombres y la redención de la tierra» («History of the Church», l:xxiii).

El profeta José Smith, inspirado, escribió: «…es menester que… un encadenamiento de dispensaciones… se realicen… desde los días de Adán hasta el tiempo presente» (D. y C. 128:18) .

El evangelio, desde luego, es muy antiguo. Se formó en el Reino Celestial antes de la fundación de la tierra. Desde el principio, se conoció el plan para el progreso y la salvación del hombre. (Véase «History of the Church», l:xxiii-xciv.)

Esta época en que vivimos, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, vera la culminación de todas las obras de Dios sobre la tierra. Por esa razón, estamos anhelosamente empeñados en la obra del Señor, que incluye el efectuar ciertas ordenanzas por todos los que han vivido y vivirán en la tierra. Seguir leyendo

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Para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar

Conferencia General Abril 1991

Para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar

Neal A. MaxwellÉlder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«La vida está proyectada de tal manera que tenemos que ‘vencer por la fe’ y no por agudeza intelectual, ni por riquezas ni por pericia política».

Tras el abundante alimento espiritual que hemos recibido en esta conferencia general, cabe dedicar unos minutos a los pocos de la Iglesia que se encuentren espiritualmente desnutridos, incluso a aquellos cuyo animo se haya cansado hasta desmayar (Hebreos 12:3).

La fe de algunos de ellos se ha visto menoscabada por circunstancias como enfermedades crónicas o graves, angustiosos apuros económicos, la pérdida de un ser querido o un profundo desengaño con el cónyuge o con algún amigo. La adversidad o aumentará la fe o hará brotar la raíz de amargura que nos estorbara (véase Hebreos 12:15). A algunos les ha vencido el preocuparse por lo del mundo, o sea, las fatigosas cosas superficiales de la vida (véase Mateo 13:6-7). A ellos sin duda vienen bien las palabras de Emerson: «Dadme verdades, porque lo superficial me tiene hastiado» («Blight», en The Complete Writings of Ralph Waldo Emerson, Nueva York: Wm. H. Wise & Co., 1929, pág. 874). Otros se encuentran desfallecidos por pecados ocultos. Otros están fatigados de andar vacilantes por «el valle de la decisión» (Joel 3:14; véase también 1 Reyes 18:21). Otros, al concentrarse neciamente en otras cosas en lugar de concentrarse en Jesús, que es el Fundamento Seguro, están agotados por la desilusión (véase Helamán 5:12).

Sean cuales fueren las causas precedentes, cualquier desfallecimiento del animo trae consigo cierta perdida de la conciencia espiritual y, junto con ella, la inclinación a atribuir despropósitos a Dios (véase Job 1:22).

La advertencia de no cansarnos de hacer el bien contiene la prescripción para evitar esa fatiga (véase Gálatas 6:9; 2 Tesalonicenses 3:13; Alma 37:34). Hemos de trabajar en forma constante y de manera realista sólo para esperar segar «a su tiempo» (Gálatas 6:9).

Tenemos que servir siendo «mansos y humildes de corazón», (Alma 37:34) para evitar así las fatigosas cargas de la autocompasión y la hipocresía. Tenemos que orar siempre para no desmayar, a fin de que nuestras obras sean en verdad para el beneficio de nuestras almas, lo cual es muchísimo mas que tan sólo una petición mecánica (2 Nefi 32:5, 9; D. y C. 75:11; 88:126).

Aun cuando seamos justamente disciplinados o reprendidos, no debemos desmayar, puesto que junto con la reprensión viene el renovador amor del Señor: «Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por el;

«porque el Señor al que ama, disciplina…» (Hebreos 12:5-8).

Por consiguiente, no se puede estar lleno de fe y libre de pruebas. El presidente Wilford Woodruff nos hizo ver la bendición inherente a las pruebas de la adversidad: «Los infortunios que hemos padecido de cuando en cuando han sido para nuestro bien, pues son esenciales para aprender sabiduría y enseñarnos lo que sólo se puede aprender por la experiencia» (en Journal of Discourses, tomo II, pág. 198).

Entonces, ¿por que vosotros y yo habríamos de esperar ingenuamente pasar con comodidad por la vida, como diciendo: «Señor, dame experiencia, pero no me des pesar, ni aflicción, ni dolor, ni oposición, ni traición, y, por cierto, no me abandones. ¡Evítame, Señor, todas las pruebas que han hecho de n lo que Tu eres! Y después, ¡permíteme morar contigo y participar plenamente de Tu gozo!»

El servir, el estudiar, el orar y el adorar a Dios son los cuatro puntos fundamentales para completar «lo que falte a [nuestra] fe» (1 Tesalonicenses 3:10). Si dejamos de alimentar nuestra fe en cualquiera de esas cuatro formas, seremos vulnerables.

El no estudiar, por ejemplo, equivale a desnutrirse intelectual y espiritualmente. Las palabras

inspiradas si son importantes, porque «cuando el hombre obra por la fe, obra por… la palabra» (Lectures on Faith, tomo VII pág. 3). En este mundo de maldad, el Señor puede atravesar nuestra conciencia con «la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios» (Efesios 6:17; véase también Jarom 1: 12) . Pero el oír la palabra debe ir «acompañado de fe» (Hebreos 4:2) y del servicio cristiano, como lo hemos oído una y otra vez en esta conferencia.

«Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para el, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón? (Mosíah 5:13.)

La falta de la ferviente oración personal y de la profunda y verdadera adoración a Dios también corroe nuestra fe, por lo cual podríamos desmayar «en el día de la tribulación» (D. y C. 109:38).

Gran parte de cualquier tipo de cansancio se debe a la tarea de llevar a cuestas al extenuante hombre natural. A diferencia de nuestros semejantes, el hombre natural pesa mucho y ¡no es nuestro hermano!

Mucho depende de nuestra fe individual. Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe» (Lucas 17:5). Esa petición es natural, hermanos y hermanas, ya que hemos de «andar por fe, no por vista» (2 (Corintios 5:7). La vida se ha proyectado de tal manera que tenemos que «vencer por la fe» (D. y C. 76:53) y no por agudeza intelectual, ni por riquezas ni por pericia política.

Sin embargo, algunos que buscan los premios de la fe muchas veces se desilusionan cuando se le s dice que deben estudiar, servir, orar y adorar a Dios. Como ocurrió con el leproso Naamán, parece que esperan que acontezca algo grande y dramático que no requiera obediencia al consejo (véase 2 Reyes 5: 13).

La fe nos proporciona cada vez mas evidencia «de lo que no se ve» (Hebreos 11:1). Algunos mortales desechan esa real evidencia espiritual porque «el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para el son locura… porque se han de discernir espiritualmente» (1 Corintios 2:14). Pero esa estrechez de criterio de las otras personas no debe impedirnos al resto llegar a esa vivificante evidencia.

A menudo, circunstancias propicias preceden a la edificación de la fe, beneficiando a los que se hallan «preparados para oír la palabra» (Alma 32:6). Esos comienzos requieren al menos «un deseo de creer» y, luego, el ejercer «un poco de fe» (Alma 32:27).

Si «damos lugar» y plantamos la semilla de la fe, esta crece visiblemente y, al hincharse, nos ilumina y nos fortalece (véase Alma 32:28-30); llegamos a ser nuestro propio verificador interior y confirmamos ese aumento de nuestra fe. Es preferible alimentar así nuestra fe en lo que al parecer es un proceso común a experimentar sucesos extraordinarios sólo para tropezar después ante los problemas usuales de la vida.

En ese proceso de experimentación y verificación personales, no pueden pasarse por alto las diversas pruebas: «…porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe» (Eter 12:6).

Es mas, la fe no se adquiere de una sola vez: «Mas si desatendéis el árbol, y sois negligentes en nutrirlo, he aquí, no echara raíz; y cuando el calor del sol llega y lo abrasa, se seca porque no tiene raíz, y lo arrancáis y lo echáis fuera» (Alma 32:38).

Esa «desatención» de nuestra parte, hermanos y hermanas, adquiere muchísimas formas. De una manera semejante, el «calor del sol» se siente de diversos modos.

El ejercicio constante de la fe cederá el paso al conocimiento al confirmar la veracidad de las verdades del evangelio (Alma 32 34). Así ocurrió al hermano de Jared, pues «para el dejó de ser fe, porque supo…» (Eter 3:19). Brigham Young afirmó que «todo principio que Dios ha revelado testifica su propia veracidad a la mente humana» (Brigham Young, JD, pág. 149). Jesús dijo claramente que el «que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá…» (Juan 7:17). Pero Jesús describió el proceso constante como un proceso de «línea sobre línea, precepto tras precepto…» (D. y C. 98: 12).

Todos nos encontramos en diferentes puntos en ese proceso de desear, experimentar, verificar y saber, ¿no es así? De ahí que «a algunos… hace saber… a otros les es dado creer en las palabras de aquellos» (D. y C. 46: 13-14).

Si bien la fe no es conocimiento perfecto, trae consigo una profunda confianza en Dios, ¡cuyo conocimiento es perfecto! En comparación, ¡nuestro bagaje de experiencia es tan pequeño! Pero el escudriñar las Santas Escrituras nos abre la puerta a un anchísimo mar de divinas experiencias espirituales. De ese modo, las Escrituras, como dice en el Libro de Mormón, ensanchan la memoria (véase Alma 37:8).

La fe completa tiene diversas facetas. La fe en Dios y en el Señor Jesucristo supone fe no sólo en la existencia de Ellos sino también en Su poder para redimir. El Señor nos ha afirmado «…porque mostraré a los hijos de los hombres que puedo ejecutar mi propia obra» (2 Nefi 27:21). ¡Desde luego que podrá hacerlo! En verdad, «todas las cosas en el subsisten» (Colosenses 1:17) . Sin embargo, algunos dudan de que los designios de Dios que se han pronosticado en verdad triunfaran.

La fe también supone confianza en la hora señalada por Dios, puesto que El ha dicho: «Mas todas las cosas tienen que acontecer en su hora» (D. y C. 64:32). Pero, por contradictorio que parezca, algunos que si reconocen a Dios no logran entender que para Dios todo tiene su hora, tanto en lo que toca a las personas en forma individual como a todo lo demás.

La fe igualmente supone tener fe en las pruebas que nos. da Dios para el desarrollo nuestro, puesto que «…el Señor lo considera oportuno castigar a su pueblo; sí, el prueba su paciencia y su fe» (Mosíah 23:21) . Pero aun así, a algunos nos perturba que el Señor nos enseñe mediante las pruebas: pedimos mas exención, o sea el privilegio que exime de una obligación, que santificación, ¿no es así, hermanos?

Se nos ha hecho la tranquilizadora promesa: «Y ningún hombre que salga y predique este evangelio del reino, sin dejar de continuar fiel en todas las cosas, sentirá fatigada su mente, o entenebrecida…» (D. y C. 84:80).

Pero que ocurre si, de vez en cuando, al estar haciendo esas cuatro cosas esenciales-servir, estudiar, orar y adorar a Dios-, ¿aun así nos parece recibir una medida menor de las bendiciones prometidas?

Primero, revisemos «el equipo», ya que los cuatro componentes son necesarios y puede ser que falte alguno o que este funcionando mal.

Segundo, hagámonos una pregunta muy básica: ¡Tenemos de verdad el «deseo de creer»? (Alma 32:27.) En realidad, a algunos les resulta difícil ser discípulos de Cristo porque lo del mundo les atrae. Esas personas sirven superficialmente a Dios, sin verdadera intención.

Tercero, ¡esperamos cándidamente que Cristo venga a nosotros en lugar de ir nosotros a El? De cierto, El espera «todo el día» con los brazos abiertos para recibir al penitente (2 Nefi 28:32; Mormón 6: 17) . «Todo el día» y no a ciertas horas nada mas. iPero nosotros tenemos que levantarnos e ir hacia El! (Lucas 15: 18.)

Bienaventurados los mansos, porque ellos no se ofenderán fácilmente, lo cual es muy importante, pues el Señor ha dicho: «Los de mi pueblo deben ser probados en todas las cosas… y el que no aguanta el castigo, no es digno de mi reino» (D. y C. 136:31).

La verdadera fe acepta las pruebas que Dios nos da individualmente, y, por el fin que tienen de perfeccionarnos, hermanos y hermanas, Dios no puede responder afirmativamente a todas y a cada una de nuestras peticiones con un sí tras otro. Eso, suponiendo que todas nuestras peticiones fueran «justas» y espiritualmente «convenientes» (3 Nefi 18:20; D. y C. 18:18; 88:64-65). Ninguno es tan sabio para suplicar, ya que incluso Pablo admitió que a veces «no sabemos pedir como conviene» (Romanos 8:26; véase también D. y C. 46: 30).

Por ejemplo, con el transcurso del tiempo, aunque ello nos avergüence, nuestras faltas personales pueden hacerse evidentes. ¿Pero de que otro modo veremos por dónde fallamos? El refinamiento espiritual no es sólo refinar lo tosco, sino refinar aun mas lo que ya es fino. De ahí que, dijo Pedro, no debemos pensar que el «fuego de prueba» sea «alguna cosa extraña» (1 Pedro 4:12) .

Pero se requiere fe autentica para resistir este doloroso pero necesario proceso de prueba. Al exponerse las cosas, a veces públicamente, seamos misericordiosos unos con otros. Nunca criticaríamos a los enfermos graves de un hospital por su aspecto descompuesto. ¿Por que criticar entonces a los que se rehabilitan de cirugía del alma? No hay ninguna necesidad de mirarles fijamente; las suturas al fin desaparecerán. Y en este hospital también es importante que todos recordemos que la hoja de registro del hospital no es el paciente. Para manifestar misericordia a alguien, no tenemos que esperar hasta llegar a comprender todos los detalles de sus dificultades. La cualidad del alma de ponerse en el lugar de los demás, de sentir lo que sienten los demás, quizá no se reconozca ni se corresponda, pero nunca se ejerce en vano.

Cuando vosotros y yo escogemos actuar con imprudencia, si tenemos una fe débil, no sólo exigimos que se nos rescate, sino que deseamos que se nos rescate en privado, sin dolor y rápidamente, o, al menos, que se nos. azote sólo con «algunos correazos» (2 Nefi 28:8). Hermanos y hermanas, ¿cómo podremos sentirnos en verdad perdonados si primero no nos sentimos responsables de nuestra faltas? ¿Cómo aprenderemos por nuestra propia experiencia si no la reconocemos nuestra?

En la prueba de nuestra fe, a veces pensamos que Dios nos ha abandonado. Lo cierto es que nuestro proceder nos ha alejado de El. Es cuando comenzamos a sentir las consecuencias de nuestras faltas y apenas hemos empezado a alejarnos de ellas, pero no nos hemos vuelto plenamente a Dios, que podemos experimentar esa sensación de haber sido abandonados.

Ninguna parte del andar por la fe es mas difícil que la de recorrer el camino del arrepentimiento. Pero con «fe para arrepentir[nos]» (Alma 34:16), haremos a un lado el obstáculo del orgullo y suplicaremos misericordia a Dios. Simplemente nos entregamos a Dios: nos preocupa sólo lo que Dios piense y no lo que piensen los demás.

Nuestra fe en el Señor nos llevara a sostener a Sus lideres ungidos, como lo hemos hecho en esta conferencia de abril. Los miembros fieles de la Iglesia poseen lo que Pedro llamó «amor fraternal no fingido» (1 Pedro 1:22). Colectivamente aunque no en forma perfecta, los que han sido sostenidos realizan la obra a la que Dios los ha llamado. Así como fue para José Smith, así es para los que le han sucedido: la promesa sigue vigente, a saber, que el pueblo de la Iglesia nunca se volverá en contra de ellos por «el testimonio de traidores» (D. y C. 122:3). Los fieles saben algo de la resolución divina: saben que los designios del Señor al fin triunfaran porque «…no hay nada que el Señor tu Dios disponga en su corazón hacer que el no haga» (Abraham 3:17). De esa divina resolución y de ese divino amor con alegría y públicamente testifico en el santo nombre de Jesucristo. Amén.

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Profetas

Conferencia General Abril 1991logo 4
Profetas
Elder Rulon G. Craven
De los Setenta

Rulon G. Craven«Exhorto a los santos a seguir a los profetas y estudiar sus palabras. Enseñad su palabra a vuestra familia durante los noches de hogar. Sostenedles en publico y en privado, orad por ellos…»

Hermanos y hermanas, durante mi servicio de trece años y medio en el cargo de secretario del Quórum de los Doce, mi testimonio de los profetas se fortaleció. Por medio del profeta José Smith, el Señor dijo: «Los Doce Apóstoles [son llamados para ser] testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo» (D. y C. 107:23).

Los profetas tienen un don especial del Espíritu, un don profético. Durante el tiempo en que me desempeñé como secretario de los Doce, pude observar a esos hombres a quienes nuestro Padre Celestial ha llamado como testigos especiales de su Hijo Jesucristo.

Las reuniones de los jueves por la mañana en el aposento alto del templo siempre fueron experiencias especiales para mí. A menudo, mi corazón se llenaba de emoción al escuchar a los miembros de los Doce orar a nuestro Padre Celestial, pensando que esos eran los Doce Apóstoles, elegidos por nuestro Padre Celestial y sostenidos por los santos como profetas, videntes y reveladores.

A medida que el presidente Hunter dirigía la reunión de los Doce mientras trataban los asuntos anotados en la agenda para ese día, yo recordaba las palabras del versículo 27 de la sección 107 de Doctrina y Convenios, que dice: «Y toda decisión que tome cualquiera de estos quórumes se hará por la voz unánime del mismo; es decir, todos los miembros de cada uno de los quórumes tienen que llegar a un acuerdo en cuanto a sus decisiones, a fin de que estas tengan el mismo poder o validez entre sí».

Los miembros de los Doce se esfuerzan por vivir de acuerdo con la inspiración del Espíritu. No hay entre ellos hombres tímidos, sino que dicen lo que piensan; sin embargo, saben escuchar y hablan cuando sienten la inspiración del Espíritu Santo. Su actitud en las reuniones de quórumes es la de escuchar y captar el poder de dirección del Espíritu que siempre los lleva a una decisión unánime. Me maravillaba ver cómo el poder de dirección del Espíritu influía en la mente y en el corazón de los Doce haciendo pesar su ascendiente durante el proceso de las decisiones que se tomaban. Seguir leyendo

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