Por vía de invitación

Conferencia General Octubre 1992

Por vía de invitación

Betty Jo N. JepsenBetty Jo N. Jepsen
Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria

«Como miembros de Su Iglesia verdadera, quizás no necesitemos tanto que se nos. enseñen nuevas cosas como que se nos recuerden aquellas que ya sabemos.»


Una amiga mía les decía a sus hijitos que se apresuraran a meterse en el auto para no llegar tarde a las reuniones dominicales. «Por favor, date prisa, Mateo», dijo. «Ahora voy, ahora voy», se oyó la voz del niño proveniente de alguna otra parte de la casa. La madre contestó: «Si, la Navidad también viene». En ese momento se asomó por la puerta Mateo, que tenia tres años, y exclamó: «¿De veras? ¡Me gusta la Navidad!» Deseo afirmar ante todos que a mi también me encanta la Navidad. Y una de los aspectos maravillosos de ser miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es que nosotros hacemos parte de nuestro diario vivir los acontecimientos de esa época navideña.

Al leer el relato del nacimiento de mi Salvador, añoro tener la experiencia que tuvieron los magos de ser guiados por una estrella; o sentir lo que sintieron los pastores cuando un coro de ángeles les instó a que fueran a Belén; quisiera arrodillarme ante el pesebre y oler la limpia paja, ver a ese pequeño bebe con su madre terrenal y presenciar aquel milagro con mis propios ojos. Creo que todo ser lleva en su interior el deseo de venir a Cristo. Quizás por el hecho de que somos hijos de Dios tenemos la necesidad humana básica de hacerle esa promesa a la parte espiritual de nuestro ser. Cada uno de nosotros trata de llenar esta necesidad de acuerdo con su conocimiento.

Como miembros de Su Iglesia verdadera, quizás no necesitemos tanto que se nos enseñen nuevas cosas como que se nos recuerden aquellas que ya sabemos; eso es lo que logramos cuando meditamos sobre el nacimiento de nuestro Salvador; creo que el hacerlo le recuerda a nuestra mente terrenal aquellas cosas que nuestro espíritu ya sabe.

En estos, los últimos días, he llegado a presenciar sucesos maravillosos. Las invitaciones de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, «Venid a Cristo», y «Volved», van dirigidas a cada uno de los hijos de Dios. Esta invitación ha sido genuina desde que Jesús les dijo a Sus discípulos: «Ven, sígueme» (Mateo 4:19). A través de todas las dispensaciones, los profetas han extendido la misma invitación a todos aquellos que deseen escuchar. Seguir leyendo

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«Por el poder de su palabra Causaron que se derribaran las prisiones»

Conferencia General Octubre 1992

Por el poder de su palabra causaron que se derribaran las prisiones

James M. ParamoreÉlder James M. Paramore
De la Presidencia de los Setenta

«Queridos amigos, Jesús es quien ha abierto y abrirá las puertas de nuestras prisiones personales.»


Mis queridos hermanos, durante muchos años y con los más profundos sentimientos, he estado pensando sobre el mismo tema del que deseo hablar esta mañana. El profeta Mormón nos dice que «por el poder de [la] palabra [del Señor] causaron que se derribaran las prisiones» (Mormón 8:24). En estas últimas semanas he vuelto a leer las historias de Jean Valjean, en la brillante novela de Victor Hugo, Los miserables, y de Bob Merrick en la novela Magnifica obsesión, de Lloyd C. Douglas. Ambas historias, aun cuando muy diferentes en cuanto a la época, las circunstancias y los medios económicos de los personajes, me han impresionado en muchas formas.

He sufrido al pensar en los problemas de Jean Valjean: los diecinueve años que paso en la prisión y todas las cosas que le hicieron por la pequeña transgresión de robar una hogaza de pan para alimentar a su familia hambrienta. Sufrió infinidad de humillaciones, aun después de haber sido finalmente liberado de la prisión.

Me invadieron emociones similares al reflexionar sobre los sufrimientos de Bob Merrick, que el mismo acarreo sobre si. Un cirujano eminente perdió la vida y otro perdió la vista debido a las actividades descarriadas del protagonista, al egoísmo que tenía y al desdén que sentía por sus semejantes. Bob Merrick sufrió en la prisión que el mismo se creo.

Sí, debo reconocer que estos episodios magistralmente relatados son ficticios; pero me llevan a pensar en las varias clases de prisiones que Satanás nos induce a edificar para nosotros mismos y para otros, o que los demás edifican para nosotros. ¿No hemos sido todos liberados de diversas formas de cautividad? ¿Cómo nos sentimos cuando se abrieron las puertas de nuestra prisión personal? ¿Que sentimos al vernos libres? ¡Cuán maravilloso es sentirse libre de cualquier clase de prisión!

Recuerdo cómo me sentí hace cuarenta y un años, estando en Europa, cuando dos soldados de una nación hostil me sacaron a las dos de la mañana del tren en que viajaba; me mantuvieron detenido y me maltrataron física y verbalmente. Pensé que nunca volvería a ver a mi familia ni mi país. Puedo asegurar que, mientras estuve cautivo, la sangre que me corría por las venas era como adrenalina. Aun cuando esa cautividad duro menos de un día me pareció una eternidad. Y cuando me pusieron en otro tren y me enviaron a un lugar seguro, mi gratitud hacia el Señor fue ilimitada. ¡Estaba libre! Al conversar con el conductor del tren me entere de que cientos de personas no habían sido tan afortunadas. Seguir leyendo

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Nuevas oportunidades de prestar servicio

Conferencia General Octubre 1992

Nuevas oportunidades de prestar servicio

Robert L. BackmanÉlder Robert L Backman
Miembro Emérito del Primer Quórum de los Setenta

«Veo las bellas posibilidades que tienen los matrimonios mayores de continuar siendo útiles en el servicio al prójimo. ¡Cuánto nos necesita la Iglesia!»


Hace catorce años, me puse de pie detrás de este púlpito para aceptar el llamamiento que había recibido de integrar el Quórum de los Setenta.

Estos han sido los años mas difíciles, provechosos y satisfactorios de mi vida. He gozado de cada una de las experiencias maravillosas que he tenido.

En esta conferencia se me otorga el titulo de Autoridad General Emérita. Ruego que, a pesar de ello, mi vida productiva no llegue a su fin. Miro hacia el futuro y me pregunto que voy a hacer con el resto de mi vida. No me siento viejo; tengo la mente todavía alerta y no sufro problemas de salud. Mi padre murió a los noventa y cuatro años y mi madre aun vive a los noventa y cinco, así que creo que todavía me quedan algunos años de vida. A menos que tenga un accidente, probablemente viva por lo menos unos veinticinco años mas.

No quiero ser como el hombre jubilado de quien se dijo: «Murió a los setenta años, pero esperó hasta los ochenta y cinco para que lo enterraran».

¿Qué debo hacer?

En todo el Nuevo Testamento hay una sola referencia que describe la vida del Salvador entre los doce años de edad y la época en que empezó Su ministerio. Muchas veces he mencionado ese pasaje al dirigirme a la juventud, pero me pregunto si no se aplicaría igualmente a todos nosotros, especialmente a las personas que se han jubilado. Lucas escribió:

«Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2:52).

En el idioma común de hoy, estas palabras significan que nuestro Salvador progresaba física, mental, social y espiritualmente. ¡qué gran ejemplo! Seguir leyendo

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Nadie nos dijo que sería fácil

Conferencia General Octubre 1992

Nadie nos dijo que sería fácil

John B. DicksonÉlder John B. Dickson
De los Setenta

«Invito a todos a que esta misma noche se pongan de rodillas y se comprometan con su Padre Celestial a no permitir que nada les prive… de cumplir una misión regular.»


Mis queridos hermanos del sacerdocio, sinceramente es un gran placer estar aquí esta noche y expresar mis sentimientos y mi gratitud, al saber que Dios vive y que nos. ama, que Jesucristo es nuestro Hermano mayor y nuestro Salvador, y que hay en la tierra un Profeta que puede decir con toda autoridad: «Así dice el Señor». Contemplo con gran reverencia y humildad el hecho de que el Señor me haya llamado para ser uno de los Setenta y para dar testimonio al mundo de que Jesús es el Cristo; y dondequiera que se me de la asignación de trabajar, haré todo lo posible por hacer avanzar la obra.

Quisiera hablar de la trascendencia del servicio en el Reino de Dios y de la importancia de cumplir una misión regular, tanto para los jóvenes como para los matrimonios mayores.

No tengo el deseo de llamar la atención sobre mi persona, pero quiero hablar un poco a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico sobre el llamamiento que yo recibí para cumplir una misión regular. Fue en el año 1962, y recibí el llamamiento del presidente David 0. McKay para ser misionero en la Misión Mexicana. Poco después de recibirlo, supe que tenia cáncer de los huesos en el brazo derecho y que había muy pocas probabilidades de que viviera mas de unas pocas semanas. Recibí de mi maravilloso padre una bendición, en la que me bendijo con la vida y me prometió que cumpliría la misión, que tendría una familia y que podría servir al Señor todos mis días en la tierra. El doctor me felicitó por la fe que tenia, pero me aseguró que yo no me daba cuenta de lo serio de mi condición. Como muchos lo habrán notado, tengo sólo un brazo, como resultado de aquella enfermedad; pero a los diez meses de que me amputaran el brazo entre en la Misión Mexicana lleno de entusiasmo y listo para poner manos a la obra. Es que varios años antes me había comprometido con el Señor de que lo serviría en una misión regular y que no permitiría que nada me impidiera cumplir con ese llamamiento. Seguir leyendo

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Nacido de buenos padres

Conferencia General Octubre 1992

Nacido de buenos padres

Dallas N. ArchibaldÉlder Dallas N. Archibald
De los Setenta

«Cuando se tiene que corregir y disciplinar, es esencial continuar, al mismo tiempo, elevando y fortaleciendo al que se disciplina, asegurándose de que no pierda ese concepto de que es importante y capaz.»


Recientemente, tuve la oportunidad de estar sentado en la parte de atrás de una capilla durante una sesión del Tiempo para Compartir de la Primaria, y observar a un activo grupo de niños que tenía a la directora de música bastante ocupada. Como canción final, la directora les pidió que cantaran «Soy un hijo de Dios». Los niños se apaciguaron y por primera vez en toda la sesión unieron las voces para cantar en forma armoniosa en vez de fuerte. Las palabras resonaron por toda la capilla como si fuera un coro angelical: «Guíenme; enséñenme la senda a seguir para que algún día. yo con El pueda vivir» (Himnos, núm. 196).

Esas palabras suplicantes se quedaron profundamente grabadas en mi corazón aquel día. Que gran responsabilidad ha depositado el Señor en nosotros, los padres: tomar a estos niños y llevarlos por los caminos de rectitud, guiarlos a través de los peligros de la vida y caminar a su lado por el sendero recto y angosto que conduce a la eternidad. Si, tenemos la responsabilidad de enseñarles todo lo que deben hacer para que algún día. cuando SU cuerpo mortal cambie y pasen a ser inmortales, estén preparados para regresar a la presencia del Padre y moren con El y con su Hermano Mayor, Jesucristo.

El Libro de Mormón enseña claramente el valor de la rectitud y la dedicación de los padres. Las primeras palabras de Nefi son un tributo a sus padres: «Yo, Nefi, nací de buenos padres y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre… » (1 Nefi 1:1). Enós escribió: «…y las palabras que frecuentemente había oído a mi padre hablar, en cuanto a la vida eterna y el gozo de los santos, penetraron mi corazón profundamente» (Enós 1:3). En cuanto a Nefi y Lehi, los dos hijos de Helamán, Mormón registró lo siguiente: «Porque se acordaban de las palabras que su padre Helamán les habló. Y estas son las palabras que habló» (Helamán 5:5). Aquí tenemos un tributo a un buen padre, así como las palabras que les habló a sus hijos. Les recordó los nombres que el les había dado para que siempre se acordaran de hacer buenas obras y desearan el precioso don de la vida eterna (véanse los versículos 6 y 7). Luego les dijo: Seguir leyendo

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Mirad a vuestros pequeñitos

Conferencia General Octubre 1992

Mirad a vuestros pequeñitos

Michaelene P. GrassliMichaelene P. Grassli
Presidenta General de la Primaria

«No hay ningún otro grupo de la Iglesia que sea tan receptivo a la verdad, ni tan listo para aprenderla y retenerla como los niños.»


Un obispo me contó una vez en cuanto al llamamiento que le. extendió a una hermana de su barrio. Juntos leyeron parte del capitulo 17 de 3 Nefi en el Libro de Mormón.

Esos versículos se refieren a la ocasión en que el Salvador había invitado a los nefitas a que le llevaran a sus niños pequeños; relata que Jesús oró por los niños y los bendijo, y que los ángeles se les aparecieron y les ministraron en medio del fuego que los rodeaba. Esas conocidas palabras forman unos versículos inspiradores y poéticos.

Luego, y esto es lo mas notable, el obispo le dijo: «Hermana Breinholt, el Salvador no puede estar personalmente en nuestro barrio todos los domingos, pero mediante la inspiración de nuestro Padre tenemos de ser iluminados

Celestial, le extendemos un llamamiento para que haga por algunos niños de este barrio lo que el Salvador haría si estuviera aquí. Quisiéramos llamarla como maestra de la Primaria».

Al oírlo relatar esa experiencia extraordinaria, tuve el deseo de volver a estudiar esos versículos para entender mejor lo que el Salvador hizo por los niños nefitas y lo que El haría por nuestros hijos si estuviera aquí. El ejemplo del Salvador y la exhortación del obispo se aplican a todos nosotros, ya sea que amemos y cuidemos a los niños de nuestra familia, a los de los vecinos, de los amigos o a los de la Iglesia. Los niños nos pertenecen a todos.

Teniendo esto presente, repasemos algunos versículos del capitulo 17 de 3 Nefi para aprender juntas el modelo que el Salvador nos dejó.

Su invitación que aparece en el versículo 11 no fue ligera ni insignificante. El «mandó» que trajesen a sus niños pequeñitos (cursiva agregada). Y fijémonos también en lo que el versículo 11 no dice: No dice que no se preocuparan por los niños porque todavía no eran responsables; no dice que llevaran a los niños a otra parte para que no interrumpieran la reunión; no insinúa que los niños no entenderían lo que iba a suceder; pero, en cambio, enseña que los niños deben aprender las cosas importantes del Reino. Seguir leyendo

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Los milagros, antaño y en nuestros días

Conferencia General Octubre 1992

Los milagros, antaño y en nuestros días

Thomas S. MonsonPresidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

«No estamos solos; contamos con lo ayuda del Padre Celestial.»


Hace casi cuarenta años recibí una invitación para reunirme con el presidente J. Reuben Clark, hijo, consejero de la Primera Presidencia de la Iglesia, estadista destacado y reconocido erudito. En ese entonces, yo trabajaba en el negocio de imprenta y publicaciones. El presidente Clark me recibió amablemente en su oficina y luego saco de su viejo escritorio un paquete de notas manuscritas, muchas de las cuales había hecho años antes, cuando era estudiante de abogacía. Me lo entregó y me explicó su propósito de publicar un índice correlacionado de los Evangelios; el resultado de ese trabajo es su monumental obra en ingles titulada Nuestro Señor de los Evangelios (Our Lord of the Gospels).

Hace poco, saque de mi biblioteca un ejemplar encuadernado en cuero de este clásico tratado de la vida de Jesús de Nazaret, con una dedicatoria del presidente Clark. Al hojearlo, me detuve en la sección titulada «Los milagros de Jesús». Recordé como si fuera ayer cuando el presidente Clark me pidió que le leyera varios de esos relatos, escuchando atentamente a la lectura, sentado en un sillón. Aquel fue un día que jamas olvidare.

El presidente Clark me pidió que leyera en voz alta el relato de Lucas sobre el hombre que tenia lepra. Leí lo siguiente:

«Sucedió que estando el en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
«Entonces, extendiendo el la mano, le tocó, diciendo: Quiero; se limpio. Y al instante la lepra se fue de el» (Lucas 5:12-13).

Después, me pidió que siguiera leyendo en Lucas, esta vez el relato del hombre paralítico y la ingeniosa manera que tuvieron de atraer la atención del Señor sobre el:

«Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de el. Seguir leyendo

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La sabiduría que lleva a la salvación

Conferencia General Octubre 1992

La sabiduría que lleva a la salvación

John E. FowlerÉlder John E. Fowler
De los Setenta

«Exhortamos a todos a que vengan a la fuente de la luz y la verdad, a la palabra revelada de Dios que enseñan las Escrituras, los profetas y Apóstoles de nuestros días.»


Al comenzar este ministerio, reconozco con gratitud el voto de sostenimiento de los miembros y el amor y apoyo continuos de mi eterna compañera, de mis hijos, mis padres y el resto de mi familia.

El 9 de octubre de 1875, al dedicar este Tabernáculo, el presidente John Taylor leyó las siguientes palabras de súplica y devoción de la inspirada oración dedicatoria de Brigham Young:

«…dedicamos y consagramos la porción de esta casa donde se hallan nuestro presidente y tus siervos para que sea un lugar sagrado adonde tus siervos puedan venir a declarar tus palabras y ministrar a tu pueblo en el nombre de tu Hijo, para siempre. Que tus santos ángeles y tus espíritus ministrantes estén en este sitio, y rodeándolo, a fin de que cuando tus siervos sean llamados a ponerse de pie en estos lugares santos para ministrar a tu pueblo, las visiones de la eternidad se abran ante ellos y sean llenos del espíritu y la inspiración del Espíritu Santo y del don y el poder de Dios. Y permite que todos los que presten atención a las palabras de tus siervos beban libremente de la fuente de las aguas de vida, para que tengan la sabiduría que lleva a la salvación… » (Millenial Star, 15 de nov. de 1875, pág. 724).

Desde el principio de esta obra de los últimos días, los que se han parado aquí para hablar a los santos lo han hecho siempre después de mucha reflexión, introspección, ayuno y oración. Por supuesto, todo discursante habrá procurado tener «las visiones de la eternidad» y estar lleno «del espíritu y la inspiración del Espíritu Santo y del don y el poder de Dios». La esperanza de cada uno de ellos habrá sido, al igual que la mía, hacer llegar a los que escucharan y prestaran atención palabras que fueran una bendición al dar la «sabiduría que lleva a la salvación».

¿Comprenden los miembros de la Iglesia la verdadera importancia de los mensajes que proceden de este pulpito durante las sesiones de la conferencia general y en otras reuniones especiales que se realizan en el Tabernáculo? ¿Comprenden la responsabilidad que tienen de escuchar la voz del Señor a través de la voz de Sus siervos, puesto que «sea por [Su] propia voz o por la voz de [Sus] siervos, es lo mismo»? (véase D. y C. 1:14,38). Seguir leyendo

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Recuerda también las promesas

Conferencia General Octubre 1992

«Recuerda también las promesas»

Jay E. JensenÉlder Jay E. Jensen
De los Setenta

«El Señor nos ha prometido bendiciones específicos por leer y estudiar los Escrituras. Una es la exaltación. Para mi sorpresa, descubrí que la mayoría de las promesas que recibimos por leer y estudiar las Escrituras pertenecen a la vida terrenal.»


Estoy muy agradecido por mi esposa y por nuestros hijos. El disfrutar de su amor, su confianza y su apoyo es una de las mayores bendiciones de mi vida. Deseo expresar mi profunda gratitud a mis padres, quienes amaban el evangelio y vivían de acuerdo con sus preceptos, así como a mis hermanos, de los cuales he aprendido mucho. Agradezco a mis hermanos, las Autoridades Generales, sus enseñanzas tan amables y bondadosas. También estoy agradecido a todas las personas con quienes he trabajado a lo largo de los años y a aquellos que me han expresado su amor y su apoyo en este nuevo llamamiento. Sigo adelante con fe en el Señor y en Sus lideres, confiando en las promesas del Señor de que no recibimos llamamientos como este a menos que hayamos sido preordenado para ellos.

PONER A PRUEBA EL PODER DE LA PALABRA

Amo las Escrituras. Testifico que son la palabra de Dios. He aplicado a mi vida un versículo de Alma: Las Escrituras han tenido «gran propensión a impulsar[me]… a hacer lo que [es] justo… si, [han] surtido un efecto mas potente en [mi] mente… que …cualquier otra cosa que [me haya] acontecido …por tanto… [he puesto] a prueba la virtud de la palabra de Dios» (Alma 31:5).

El presidente Ezra Taft Benson aconsejó: «Os exhorto… a estudiar las Escrituras. Sumergíos en ellas diariamente para… tener así el poder del Espíritu… » («El poder de la palabra», Liahona, julio de 1986, pág. 74). Y el presidente Spencer W. Kimball dijo lo siguiente:

«He descubierto que cuando me he descuidado en mi relación con la Divinidad, cuando parece que ningún oído divino me escucha y que ninguna voz divina me habla, me voy lejos, muy lejos. Pero si me sumerjo en las Escrituras, la distancia se acorta y la espiritualidad vuelve» (Teachings of Spencer NU Kimball, ed. por Edward L. Kimball, Salt Lake City: Bookcraft, 1982, pág. 135). Seguir leyendo

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La obra misional en Filipinas

Conferencia General Octubre 1992

La obra misional en Filipinas

Augusto A. LimÉlder Augusto A. Lim
De los Setenta

«La fe, la devoción y el vivir los principios correctos del evangelio ha mejorado generalmente la vida de los miembros, no solo en el aspecto espiritual sino también en el temporal.»


Quisiera expresar mi amor y gratitud a mi compañera eterna por el apoyo y el amor completos que me ha brindado durante todos estos años en que hemos sido miembros de la Iglesia. Supongo que muchos ya saben que soy de Filipinas, nación que tiene casi sesenta y siete millones de habitantes, la «Perla del Oriente», que ahora es una tierra devastada por los terremotos, los tifones, las inundaciones e incluso por erupciones volcánicas. Sin embargo, no hablare sobre las calamidades que han traído tanta tribulación y puesto a prueba la fe de nuestra gente, sino que deseo hablar mas bien acerca de las grandes bendiciones espirituales que se han recibido en abundancia a medida que el evangelio se ha ido propagando en nuestra tierra.

Los soldados, hombres y mujeres Santos de los Ultimos Días, que servían en Filipinas hacia fines de la Segunda Guerra Mundial, dieron a conocer por primera vez el evangelio restaurado; pero, de acuerdo con los registros de la Misión Sur del Lejano Oriente, la obra misional se inició formalmente en nuestro país el 28 de abril de 1961, cuando el élder Gordon B. Hinckley, en aquel entonces miembro del Consejo de los Doce Apóstoles, se reunió con un pequeño grupo de miembros en los suburbios de Manila, para ofrecer una oración invocando las bendiciones del Señor sobre la obra misional en Filipinas.

Antes de pronunciar su oración, el presidente Hinckley dio un breve discurso en el que hizo esta profética declaración: «Lo que estamos por empezar aquí afectara la vida de miles y miles de personas en esta república, y sus efectos para un bien glorioso y eterno repercutirán de generación en generación» (Conferencia de Area en el Archipiélago de Filipinas, agosto de 1975, pág. 20).

Después de esas breves palabras, el presidente Hinckley ofreció la oración en la cual, entre otras cosas, dijo: Seguir leyendo

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La iglesia sigue el curso establecido

Conferencia General Octubre 1992

La Iglesia sigue el curso establecido

Gordon B. HinckleyPresidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

«El sistema de respaldo de la Iglesia es único y enorme, estructurado por el Señor en Su reino para que este siga sin interrupción progresando, resolviendo cualquier emergencia que se presentare.»

Hace algunas semanas, a mi regreso de una conferencia regional, tuvimos una experiencia que aún permanece vivida en mi mente Al acercarnos al aeropuerto para aterrizar, se escuchó la voz del capitán por los altavoces diciendo con tono claro y autoritario: «Se ha presentado una emergencia; sírvanse poner atención. Estamos en una emergencia y la tripulación de vuelo les dará instrucciones. Por su propia seguridad, tengan a bien hacer lo que ellos les digan».

La tripulación se puso en acción de inmediato. Todos se habían preparado para ese momento y cada uno sabía exactamente qué hacer. Inmediatamente pusieron todos los utensilios en alacenas cerradas.

Se redistribuyeron los pasajeros de manera que en cada salida de emergencia hubiese un hombre fuerte.

Se nos indicó que nos sacáramos los anteojos, agacháramos la cabeza y nos aferráramos firmemente de los tobillos.

Una mujer con un bebe, que estaba sentada inmediatamente detrás de mí, empezó a llorar; también se oía a otros sollozar; todos sabíamos que aquel no era un mero ejercicio, sino que el problema era real y serio.

De la cabina de pilotaje salió un hombre que al reconocerme se inclinó y me dijo: «Yo soy piloto, aunque no de este avión. El sistema primario de controles ha dejado de funcionar, pero creo que todo saldrá bien. Se las arreglaron para bajar el tren de aterrizaje y hacer funcionar las aletas estabilizadoras».

Es extraño, pero no sentí ningún miedo. En muchos años volando en avión, hubo momentos en que sentí miedo, pero en esa oportunidad, me sentía calmado. Sabía que se había instalado un sistema de emergencia en el avión con el que se trataría de solucionar ese tipo de problemas y que la tripulación había sido bien capacitada. Seguir leyendo

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El día seis de abril de 1830

Conferencia General Abril 1991logo 4
EL día seis de abril de 1830
Presidente Howard W. Hunter
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

Howard W. Hunter 1«Lo que hicieron se encuentra entre los acontecimientos mas importantes jamas ocurridos desde la muerte de Jesucristo y sus apóstoles en el meridiano de los tiempos».

El 6 de abril de 1830, hizo ayer 161 años, un grupo de hombres y mujeres que actuaban en obediencia a un mandamiento de Dios, se reunieron en la casa del señor Peter Whitmer para organizar La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Esta Iglesia, en cuya conferencia anual mundial nos reunimos hoy y la cual había sido profetizada como una obra maravillosa y un prodigio, tuvo un comienzo muy humilde.

Aquel día. seis hombres formaron el total de miembros de la Iglesia. Ninguno de ellos afirmó poseer conocimientos o liderazgo especiales. Eran gente honorable y ciudadanos respetables, pero totalmente desconocidos fuera de su vecindario inmediato.

Podemos hacernos una buena idea de la atmósfera moral y económica del circulo de estos seis hombres en la descripción que se hace del señor Joseph Knight, uno de los ciudadanos locales, en La Historia de la Iglesia. La historia dice que «poseía una granja, un molino y una maquina escardadora. No era rico, sin embargo no solo poseía lo suficiente de este mundo para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sino que también disfrutaba de las comodidades de la vida… Era un hombre sobrio y honrado, y contaba en general con el respeto y el aprecio de sus vecinos y conocidos. No pertenecía a ninguna secta religiosa, pero era creyente» (History of the Church, 1:47). Esa era la clase de gente común y honrada que componía el grupo que se reunió en la casa de Peter Whitmer en Fayette, Condado de Séneca, en el estado de Nueva York, hace mas de un siglo y medio.

La mayoría de los acontecimientos mas trascendentales de la vida se han registrado, pero lo que esos hombres hicieron en esa humilde oportunidad no le habría dado al mundo razón para registrarlo. Sin embargo, lo que hicieron se cuenta entre los acontecimientos mas importantes en el meridiano de los tiempos jamas ocurridos desde la muerte de Jesucristo y sus Apóstoles. Seguir leyendo

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El movimiento del agua

Conferencia General Abril 1991logo 4
El movimiento del agua
Elder Boyd K. Packer
Del Quórum de los Doce Apóstoles

President Boyd K. Packer«Todos nosotros manifestamos las obras de Dios en cada pensamiento, en cada gesto de ternura y de cuidado que extendemos a los minusválidos».

Hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

«En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua.
«Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese» (Juan 5:2-4).

Siempre ha habido entre los seres humanos, personas a quienes en las Escrituras se les describe como ciegos, cojos, paralíticos, sordos, mudos y enfermos. Nos referimos a ellos diciendo que tienen problemas para aprender o para comunicarse, que son sordos o ciegos, o que tienen limitaciones de movimiento. Hablamos de los impedimentos intelectuales y emocionales, de los retardos y de las enfermedades mentales. Algunas personas sufren de una combinación de estos males, y nadie, ante tales circunstancias, puede actuar sin que se le ayude.

Quisiera hablarles a las familias de aquellos quienes, desde el nacimiento o como resultado de algún accidente o enfermedad, deben vivir con una mente o un cuerpo impedido. Quisiera llevar un poco de consuelo a aquellas personas para quienes las palabras lisiado o incapacitado tienen un significado muy personal.

LA DOCTRINA

Es mi intención enseñar doctrina, la cual, si se le entiende, habrá de fortalecer vuestro valor y resistencia y hasta os tranquilizara ante circunstancias que vosotros no habéis deseado, ni merecido, pero de las cuales no podéis escapar. Seguir leyendo

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El poder de la oración

Conferencia General Abril 1991

El poder de la oración

Thomas S. MonsonPresidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

«Nuestro Profeta también nos ha aconsejado: ‘Si queremos avanzar en santidad -progresar en la gracia de Dios-, nada puede substituir a la oración».


Mis queridos hermanos, siempre ha sido la costumbre del Presidente de la Iglesia daros la bienvenida y un mensaje de apertura de la conferencia. Con toda la nobleza de su corazón, el presidente Benson querría venir a este púlpito y expresaros su testimonio de la veracidad de esta obra, su gratitud por vuestras oraciones y su ferviente esperanza de que todos viváis de tal forma que merezcáis y recabáis las grandes bendiciones que nuestro Padre Celestial desea daros.

El presidente Benson se emociona hasta las lágrimas cuando recibe cartas de niños que le expresan su amor. El es un hombre de familia que ama a sus hijos, nietos y bisnietos, y a todos los niños de este hermoso mundo en que vivimos.

El Profeta me ha pedido que de comienzo a la conferencia con un breve mensaje suyo. Le complace el hecho de que el Presidente de los Estados Unidos haya designado los días de ayer, hoy y mañana como días de oración, y que en las oraciones se manifieste sincero agradecimiento por el fin de la guerra en el Medio Oriente. La Primera Presidencia ha expresado: » Estamos agradecidos por la conclusión de la guerra y oramos y esperamos fervientemente que todas las naciones participantes se esfuercen juntas por lograr una paz duradera. Las oraciones de la nación y de todo el mundo deben concentrarse no sólo en la paz sino también en las aflicciones de todos aquellos de ambas facciones que hayan perdido seres queridos y sufrido a consecuencia del conflicto».

El presidente Benson ha dicho lo siguiente: «El precio de la paz es la rectitud. Las naciones podrán proclamar a voces: ‘¡Paz, paz!’, pero no habrá paz hasta que las personas cultiven en su alma los principios de pureza, integridad y carácter que fomentan la paz. Esta no puede imponerse, sino que debe provenir de la vida y el corazón del hombre. No hay otra manera de obtenerla» (The Teachings of Ezra Taft Benson, Salt Lake City: Bookcraft, 1988, pág. 703) Seguir leyendo

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El salvador y José Smith: parecidos y, sin embargo, diferentes

Conferencia General Abril 1991logo 4
El Salvador y José Smith: parecidos y, sin embargo, diferentes
Elder Francis M. Gibbons
De los Setenta

Francis M. Gibbons«Si bien honramos y respetamos a José Smith como el Profeta de la Restauración y tratamos de imitar sus cualidades de carácter, adoramos y veneramos al Salvador».

El próximo junio hará ciento cuarenta y siete años que el profeta José Smith fue asesinado en la cárcel de Carthage por una lluvia de balas disparadas por un populacho con las caras pintadas de negro. Con el en la celda estaba un discípulo, John Taylor, quien participó del terror de ese asalto y fue gravemente herido, mas no fue mártir como sucedió con José y su hermano Hyrum.

Algún tiempo después del martirio, John Taylor, que llegaría a ser el tercer Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, escribió:

«José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho mas por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en el, exceptuando sólo Jesús» (D. y C. 135:3).

Esta conexión terrenal entre José Smith, el Profeta, y Jesucristo, el Salvador y Redentor, invita a comparar sus vidas y sus caracteres.

Ambos provenían de la clase obrera. Jesús era el hijastro de un carpintero. El padre de José era campesino. Ninguno de ellos tenía familiares ni amigos ricos, poderosos ni influyentes. Ambos pasaron por las zozobras de los problemas económicos.

Ambos provenían de hogares firmes de gran espiritualidad. Tanto María como José habían conversado con ángeles. El padre de José Smith había recibido visiones notables cuando José Smith era niño; y la madre había tenido una experiencia espiritual insólita poco antes de que este naciera.

Ni Jesús ni José Smith recibieron mucha educación formal; y ninguno de ellos se graduó de una gran universidad, ni eran miembros de una distinguida sociedad académica.

Ambos fueron niños muy precoces. A los doce años, encontraron a Jesús en el templo enseñando a los eruditos rabinos, quienes estaban asombrados de que alguien tan joven poseyera tanta sabiduría y conocimiento. A los quince años, José tuvo una experiencia que le permitió enseñar a su familia y a otros que le escucharon acerca de la naturaleza, el poder y los propósitos de Dios, el Padre Eterno, y Su Hijo, Jesucristo. Seguir leyendo

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