Conferencia General Octubre 1991
El proceso de la conversión
Elder Julio E. Dávila
De los Setenta
«El mensaje de la restauración del Evangelio de Jesucristo y de su Iglesia eran la respuesta y la solución a mis necesidades.»
Queridos hermanos y hermanas, es muy significativo para mí seguir al élder Boyd K. Packer esta tarde, porque hace precisamente veintitrés años que su hijo Alan, entonces misionero en Colombia, llegó con su compañero a nuestro hogar en Bogotá. Ese fue el primer contacto que tuvimos con La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.
Hoy quiero rendir tributo de gratitud a los misioneros, a sus padres y a quienes los apoyan, a los líderes y los miembros de la Iglesia que con su amor y paciencia hicieron posible que mi esposa Mary y yo ingresáramos en la Iglesia, y que continúan apoyándonos en el proceso de la conversión.
En la época en que los misioneros fueron a enseñarnos, yo pasaba por pruebas, pesares y preocupaciones, y debía tomar importantes decisiones en mi vida. Sin embargo, al comienzo no me di cuenta de que el mensaje de la restauración del Evangelio de Jesucristo y de su Iglesia eran la respuesta y la solución a mis necesidades. No comprendí que esos jóvenes mensajeros eran enviados por mi Padre Celestial.
Ahora comprendo Su misericordia, porque envió a Su hijo Unigénito Jesucristo, para que mediante el milagro de la Expiación sacrificara Su vida por nuestra salvación, rompiera las cadenas de la muerte, desafiara la tumba y nos invitara a seguirle.
No fue fácil para los misioneros comenzar a enseñarnos, pero luego de muchas visitas y charlas recibí la inspiración del Espíritu y acepte ser bautizado, lo mismo que mi querida esposa. Sin embargo, les puse algunos «no» o condiciones: No me llamen «hermano»; no iré a todas las reuniones; no quiero que me asignen para dar oraciones ni discursos; no aceptare llamamientos; no me pidan nunca hablar a mis parientes y amigos acerca de la Iglesia; y otras cosas mas…
Testifico que la conversión es un proceso. Estoy seguro de que los misioneros oraron y ayunaron para que se efectuara un cambio en mi, pues tan pronto como fui a las reuniones empece a criticar muchas de las cosas temporales, como los cuadros torcidos en las paredes. El presidente de la rama, un hombre fino y sabio, me asignó ser «supervisor de cuadros», siendo este mi primer cargo en la Iglesia. Incidentalmente, nunca he encontrado ese puesto en los manuales, pero me sirvió muy bien para involucrarme en el servicio del Señor. Seguir leyendo










Elder Boyd K. Packer



























